La etapa más creativa de Ripstein. El papel más emblemático de Robert Cobo.

La película es pura violencia contenida, de un erotismo equivoco e insatisfecho, que resalta en
el personaje de La Manuela (Roberto Cobo), un travesti de burdel señalado por la mala suerte,
y que es el padre de La Japonesita, la muchacha codiciada y despreciada por el desaforado
machista Pancho.
Los tres forman un triangulo amoroso que rompe todos los esquemas del melodrama en el
cine mexicano.
Con ellos, están otros personajes igualmente estremecedores y trágicos, habitantes de ese
burdel que es la sucursal del infierno en este mundo.

Este trabajo en colaboración con el desaparecido novelista Argentino Manuel Puig. Esconde
un miedo al homosexualismo en el macho mexicano. Sentimiento homofóbico que condena a
quienes forman parte de este grupo de maricas hasta las instancias del asesinato.
Una obra, que es un ejemplo en una etapa de crisis en el cine mexicano de los 70´s.
“El lugar sin limites” ocupa el lugar 9 en la lista.

El director mexicano Arturo Ripstein dispone en esta obra la trágica historia de la Manuela
(Roberto Cobo), un travestido de mediana edad que regenta un burdel junto a su hija, la
Japonesita, nacida tras un desliz heterosexual con una prostituta ya difunta conocida como la
Japonesa. A partir de un relato de José Donoso que ya había despertado el interés de Luis
Buñuel, Ripstein compone una atmósfera de exasperante violencia, apoyada en la misoginia
de un entorno podrido y gobernado con mano de hierro por terratenientes de honestidad
dudosa. Don Alejo, el cacique, y Pancho, un antiguo protegido suyo, representan la involución
de un microcosmos social de provincias; las relaciones personales se establecen aquí en
términos de poder y opresión sexual. La visita de Pancho al burdel hace aflorar antiguos
sentimientos en la Manuela, quien mantuvo una tirante correspondencia afectiva con el joven,
antes de que éste abandonara el municipio meses atrás. Paralelamente, la Japonesita ejerce
asimismo su atractivo para seducir a Pancho. El triángulo amoroso resultante se enmarca en
un contexto de pasiones encontradas, de desmedida ambición, de melancólica frustración.
Pancho es la viva imagen del gusto por guardar las apariencias en un ámbito social marcado
por las radicales diferencias de género.

Los personajes son excepcionales: La Manuela (Roberto cobo); sin duda lo mejor de la
película (atención con las escenas finales ¡impresionantes!, incluyendo el beso), El cacique
del pueblo Don Alejo (Fernando Soler) que en su malévolo plan de vender ¡todo! el pueblo,
corta también la luz de esté. En medio de todo esto llega Pancho un machito autodestructivo,
camionero y ahijado-deudor de Don Alejo que desea ver a La Manuela (por motivos muy
profundos y personales). Otros personajes son Las putas: La Japonesita (hija de la Manuela,
no les recuerda un poco a “todo sobre mi madre”), La Japonesa (Lucha Villa interpreta a la
prostituta que se acuesta con La Manuela para ganar una casa en una apuesta hecha con
Don Alejo) ya difunta, pero se recuerda el desliz.

Ripstein nos da una semblanza del México provinciano, amoral, no-solidario y prejuicioso en
un lugar sin límites, un infierno, pero a fin de cuentas México. No sé si este cerca de ser una
obra maestra, pero si es un gran retrato sórdido del México de los setenta.

He vuelto a disfrutar de ésta joya con motivo del festival de cine rosa de Bogotá. Una obra de
arte que no escatima violencia para demostrarnos el infierno en que se vive cuando se es
"diferente". Diferente como la Manuela, desde niña enfrentada a su sexualidad y su identidad

y entonces un travestí que es parte importante del burdel catalizará todos los sentimientos que afloran. asumidas desde el travestismo.sexual. bailando en pequeños burdeles de pueblo para obtener su sustento y por qué no algo de amor. están amalgamados más como elementos de una telenovela que como elementos de una película social. de las calles. sin luz. se hacen todavía más miserables si se trata de los habitantes del prostíbulo de dicho pueblo. diputado. Pero todos esos elementos. La presencia en la historia de un cacique mayor. en las que se mueven unos personajes muy dados a los vestidos de colores fuertes y chillones. lejos de la civilización. La fotografía es muy buena. Como siempre se enfrentarán los sentimientos machistas con los femeninos. El papel de “La Manuela” como travesti es de los que favorecen. Las miserables vidas de la gente que vive en un pueblo. en el guión. de las cocinas. La música tiene su particular sonido mejicano y relaja un poco la tensión de la historia que engancha por saber que ocurrirá a continuación y por saber si el final es el previsto por unos personajes o por otros. padrino-protector. Se cree que en el guión intervino Manuel Puig y posiblemente esa sea la causa de la rara mezcla de lo social y lo sentimental. ganándose el sustento en su camión. consiguiendo reflejar toda la miseria del ambiente. que confluirán para rematar ésta historia de la manera más sórdida posible. cuñado. violencia. Lo peor: algunos secundarios que no dan la talla. ahí está su baile de “La leyenda del beso”. joven de pueblo con esposa. quien encuentra en Manuela la razón de sus mayores pasiones. pero en los pocos momentos que sale “La Japonesa” todos los demás personajes se oscurecen pues Lucha Villa llena la pantalla. rechazo. así como secretos sexuales. conquistando cuanta mujer quiere con su pinta de machote. de las fachadas. . de las habitaciones. Diferente como Pancho. Lo mejor: la actuación del protagonista y un guión que no da respiro. le dará un cierto sentido social a la historia. en una confusión de atracción. de odio y de afecto.