anteriores lo llevaron a pensar que sería muy triste tener todo eso y que el pobre

sapo se quedara encerrado en una alcantarilla cumpliendo los deseos de otros por
obligación.

De esta manera, es que a Alberto se le ocurre su cuarto y último deseo: pide que
el sapo salga de esa asquerosa alcantarilla y se quede liberado de cumplir los
deseos de otros.

El sapo, se queda sorprendido del último deseo y sin pensarlo dos veces
comienza a tomar mucho aire, dejó caer sus párpados y muchas chispas
luminosas flotaron a su alrededor. Enseguida, bota el aire que había tomado
inicialmente y en un suspiro se deshinchó. Era como si el sapo hubiese salido de
un hechizo y volvió junto a otros sapos que estaban alrededor.

Alberto continuó en su camino y recordó que tenía mucha sed. Dijo que si se
encuentra con otro sapo que concede deseos, le pediría una bebida.

Aspectos destacables:
Es una historia que conjuga la sencillez y la fantasía. La sencillez, porque Alberto
es un niño común, que se describe y actúa como cualquier niño, que se encuentra
caminando por su barrio y que presenta la inocencia, curiosidad y espontaneidad
como la mayoría de los lectores de este texto. Y fantasía, porque si bien los
hechos ocurren en un contexto real, se presenta un sapo que habla y concede
deseos, condición que a muchos niños de su edad les gustaría que le sucediera.

Otro aspecto a destacar es que el Alberto, pudiendo haber pedido lo que fuese,
considera que el deseo más importante y mejor utilizado sería en devolverle la
libertad al sapo. A partir de estos acontecimientos, se reflejan valores como la
empatía y solidaridad.

Por último, un elemento que cobra gran importancia son las ilustraciones que
presenta la obra que complementan el relato y en las que intervienen otros
personajes (un gato y un pájaro) que sin participar activamente en el diálogo,
están presentes en la historia a través de sus expresiones y acciones, lo que
aporta a la comprensión del sentido global de la historia.