UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS

Fundada en 1551

FACULTAD DE LETRAS Y CIENCIAS HUMANAS

Crítica a Ventura García Calderón

ALUMNOS

1. CRUZ LOPEZ, DAVID
2. HUACRE GUTIERREZ, JUAN JOSE
3. GODOY TITO, JOY
4. LAVADO HERNÁNDEZ, ISAAC

LIMA – PERÚ

2013

Crítica a Ventura García Calderón

ÍNDICE

1. INTRODUCCIÓN .......................................................................................................... 3

2. ASPECTOS PRELIMINARES ..................................................................................... 4

3. ¿CAMINOS DE CONVERGENCIA O DIVERGENCIA? INDIGENISMO E
INDIANISMO ................................................................................................................. 7

4. VENTURA GARCÍA CALDERÓN ............................................................................ 11

4.1 BIOGRAFÍA ........................................................................................................... 11

4.2 PRODUCCIÓN LITERARIA .............................................................................. 13

5. ANALISIS DE LA “VENGANZA DEL CONDOR” ................................................. 16

4.1. La venganza del cóndor ........................................................................................11
4.2. La momia ................................................................................................................15
4.3. Murió en su ley ......................................................................................................21
4.4. Yacu-mama .............................................................................................................25
4.5. Coca .........................................................................................................................28
4.6. Amor indígena ........................................................................................................28
4.7. La selva de los venenos .........................................................................................28
4.8. Los cerdos flacos ...................................................................................................32
4.9. Historia de caníbales .............................................................................................35
4.10. La llama blanca ......................................................................................................35
4.11. A la criollita ............................................................................................................55
4.12. El ahogado ..............................................................................................................58
4.13. El despenador .........................................................................................................64

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Crítica a Ventura García Calderón

6. BIBLIOGRAFÍA........................................................................................................... 67

Página 3

Y fue así como descubrieron al alcance de la mano un universo inexplorado. Crítica a Ventura García Calderón 1. Sobrevino entonces una verdadera inundación en la literatura peruana: los motivos "andinos" acapararon la atención de los escritores modernistas. vicuñas. que por entonces giraba en torno al costumbrismo desplegado en espacios citadinos. hermético: los Andes. ponchos. Lo que los llevó a utilizarlo como motivo literario fue justamente la diferencia que veían entre ellos y ese hombre de piel de otro color. de Página 4 . en el mejor de los casos tenían de ella una visión exterior. «Los modernistas conocían la realidad andina de oídas. por parajes rurales o provincianos en los que la naturaleza se muestre y se refleje en el vitalismo de los hombres que habitaban esas lejanas latitudes. huaynos. chicha y maíz. poemas y relatos se poblaron de llamas. o en todo caso ya no la ciudad como centro iniciador o punto de partida. y su comprensión para con él y su entorno. desarrollaron una predilección por lo exótico. El indio les era esencialmente extraño y nada en sus escritos nos asegura que lo consideraran un semejante. indios. no fuera más profunda que la de Francisco Pizarro. INTRODUCCIÓN Los modernistas peruanos ―principalmente Ventura García Calderón. turística. de quien trataremos más adelante de manera capital― descubrieron al indio cuatro siglos después de que los conquistadores españoles. huanacos. En su afán de renovar el quehacer literario de su tiempo.

que el testimonio modernista sobre el indio fuera falso y caricatural. Sobre todo si tenemos en cuenta uno de los aspectos más resaltantes de su obra: «El hombre andino». Nada tiene de raro. más exactamente esa visión parcial que hace de él.1966). tomaba una posición de conquistador hispano frente a una «raza inerme que no supo sublevarse». se estableció un impresionante catálogo de depravaciones sexuales y furores homicidas como pertenecientes a su idiosincrasia. e incluso llegó a ser reconocido como el más verista de todos los escritores de su época en cuanto a la representación del ande. mas no ha sido criticado con mucha rigurosidad. según el propio autor. Página 5 . de abordar la temática del hombre andino. pues. idiosincrasia que posteriormente don Ventura García Calderón (1886 - 1959) publicara con tanto éxito en la lejana España. Crítica a Ventura García Calderón lengua y costumbres distintas. respecto a la interpretación semántica de su obra. con sus Cuentos Andinos (1920). un ser al margen de los beneficios y cualidades de la sociedad moderna. 1964) Tras los primeros intentos de Enrique López Albújar (1872 . García Calderón.» (Vargas Llosa. además. Este gran prosista ha sido objeto de muchos elogios. Por otro lado. considerándolo un incivil.

en la ciudad de Arequipa. a todas luces.1969). concibió severas opiniones contra la obra de Ventura García Calderón. realizado en 1965. europeizado e ignorante del valor de la condición igualitaria. ASPECTOS PRELIMINARES La intención que sustenta todos los esfuerzos realizados durante la presente investigación es la de hacer un análisis de la concepción del indio y su entorno. en la obra del escritor peruano Ventura García Calderón. Posteriormente. a partir de un enfoque sociocultural en el que se desnude las taras adolecidas en la perspectiva de un autor. Estas se produjeron en el contexto del I Encuentro de Narradores Peruanos. la cual comparten todos los grupos humanos y sus manifestaciones culturales. antropólogo y renombrado escritor peruano José María Arguedas (1911 . consideró que los juicios y descripciones que este emitía sobre el indio eran falsos y sensacionalistas. que dedicó su vida al estudio y revaloración del ámbito andino. El autor de Los ríos profundos. Esto lo expresó sagaz y controversialmente en la siguiente frase: «No sé como (sic) el señor Ventura García Calderón había oído hablar de ellos». a pesar de reconocer la influencia de García Calderón y su valía como escritor. en su tesis doctoral La Narrativa indigenista: un planteamiento y ocho incisiones (1971) logró reunir ciertos Página 6 . Diferentes luminarias de la intelectualidad peruana se han pronunciado en este aspecto capital del legado literario en cuestión. Crítica a Ventura García Calderón 2. El etnólogo. el crítico literario Tomás Escajadillo (1939) es uno de los estudiosos que más ha aportado a la difusión y conocimiento sobre el indigenismo. Con ello hizo patente la ausencia de un conocimiento real de causa.

en el artículo José María Arguedas descubre al indio auténtico. a saber: el tratamiento del tema indígena. publicó un libro de cuentos que fue célebre en Europa: La venganza del cóndor. extraño y fascinante. pues. que el indio de Ventura García Calderón sea un personaje tan exótico. eternamente chacchando coca. emborrachándose. sólo piensan en emborracharse y embrutecerse con la coca». o el habitante extraterrestre que todos quisiéramos contemplar […] No es raro. como un mono raro en un zoológico. el autor afirma también con un tono discrepante sobre la visión de García Calderón: «Ventura García Calderón. En esos relatos. García Calderón deleitaba a sus lectores refiriéndoles las costumbres de unos personajes de grandes Página 7 . En nada se parece a un blanco: no tiene sentido de la familia ni del honor sexual (en estos dos aspectos son presentados en realidad más como animalitos que como seres humanos). Asimismo. se propone que: «No debe extrañar. que probablemente no había visto un indio en su vida. por lo tanto. que aparezca continuamente escupiendo. Partiendo de la estela informativa de este gran estudioso. fornicando con llamas o contándoles sus penas gimientes. el sentimiento de reivindicación social y una noción denominada «suficiente proximidad» en relación con el mundo recreado del indio y del ande. Crítica a Ventura García Calderón rasgos indispensables para la consecución de una literatura propiamente indigenista. publicado en la revista Visión del Perú por el premio nobel de Literatura 2010 Mario Vargas Llosa. Traducido a diez idiomas. rascándose los piojos. valió a su autor ser mencionado entre los candidatos al Premio Nobel. siempre sumiso y encorvado con un respeto servil.

y en el Perú las clases sociales están separadas desde la colonia por un sistema de idiosincrasias estancadas y desfasadas: «un limeño de clase media puede pasarse la vida sin ver un indio». en las alturas andinas. tanto de la esfera artística como del campo de los estudios sociales. empleando para tal finalidad varias falacias ad hominem. Página 8 . consideramos que el tema que nos convoca en esta ocasión. Crítica a Ventura García Calderón pómulos cobrizos y labios tumefactos que. cuenta con la vigencia y legitimidad suficientes como para haber sido objeto de opinión y preocupación por personajes de considerable resonancia. procuramos analizar un tema de repercusión transversal por su implicancia en el entendimiento del Perú como nación. y del pueblo peruano como una agrupación de individuos de igual valor. con toda la certeza que la labor de la investigación intelectual proporciona. independientemente del lugar y las costumbres que ocupen. fornicaban con llamas blancas y se comían los piojos unos a otro…» De esta manera. Primero asegura que todos estos escritores modernistas pertenecen a la burguesía de la costa. especialmente a nuestro autor en cuestión. Así como también aseveró que estos conocían la realidad andina mediante una visión foránea. Es decir. el autor de La ciudad y los perros expone su tentativa de descalificar en bloque a los modernistas. En suma.

y por otro lado el de Indigenismo. que fueron llevadas tanto a las colonias como a las metrópolis. cuyo origen se pierde en los anales de la historia americana. esto como consecuencia del legado filosófico aristotélico y su concepción de que el hombre se diferenciaba de su entorno y que no Página 9 . Crítica a Ventura García Calderón 3. Y lo dicho anteriormente dentro del análisis según la crítica del Dr. de 1934). Concha Meléndez. Tomás Gustavo Escajadillo. Las masas de esclavos negros. por un lado el Indianismo (término acuñado por la Dra. ¿CAMINOS DE CONVERGENCIA O DIVERGENCIA? INDIGENISMO E INDIANISMO En este capítulo se busca establecer con claridad la definición de dos términos. arrancadas de África. y principalmente para que quede claro por qué a Ventura García Calderón se le enmarca dentro de la tradición indianista. tanto en los recursos materiales como los metales preciosos y la mano de obra barata proveniente de los esclavos negros traídos de las tierras africanas. en el libro La novela indianista en Hispanoamérica. se acrecentó notablemente. se fue desarrollando discursivamente una lucha por la preponderancia entre las principales potencias de la época. Desde el descubrimiento de América en el siglo XV y los posteriores descubrimientos en el continente africano. A mediados del siglo XVI el interés de las principales potencias mundiales por hacerse con la hegemonía del espacio territorial descubierto y los recursos que ahí se encontraban. Esto en aras de un análisis más claro y una perspectiva más precisa del indigenismo narrativo. constituyeron un agregado demográfico cuya naturaleza limitaba entre lo humano y lo animal.

que evidenciaban tanto estas poblaciones negras y que posteriormente lo evidenciarían las masas indígenas. es decir. sustento y veracidad en la intención. Refiriéndonos de manera puntual a la tesis de la Dr. Concha Meléndez sobre la naturaleza del término indigenismo. crecidos en las nuevas disciplinas científicas. constituyen más bien el acercamiento de las letras a lo políticamente correcto. Los ingleses. El caso de las novelas indianistas con contenido de reivindicación social. Circulan entonces narraciones de viajeros europeos acerca de América. que dinásticamente se había extendido en Madrid (dinastía Borbón). o con extrañeza. encontraron aliciente en el estudio de indios y criollos. que los permitía comerciar limitadamente con la España de Ultramar. Fruto de la Paz de Utrecht. debemos partir de que esta tesis resulta del aislamiento de uno de los aspectos más resaltantes de la literatura romántica en la América española. Nos referimos a estos intentos como pretendidos acercamientos. La literatura de Europa no fue ajena a tal inquietud. el término indianista se circunscribe indefectiblemente al desarrollo de la imagen del indio como un ser que es apreciado desde Página 10 . Los viajeros franceses acudieron al nuevo mundo y tropezaron con la raza indígena y con los criollos. En conclusión. En ese mismo sentido. habían obtenido «navío de permiso». ya sea con simpatía. ya muy tardíamente se desarrollaron novelas indianistas con un pretendido halo de reivindicación social. Crítica a Ventura García Calderón guardaba su relación cuasi-mimética. se otorgó a la monarquía francesa. Al mismo tiempo los españoles. en pugna con los españoles. pues carecieron de fuerza. fundamentalmente desde afuera. debiendo entender por estas a todas aquellas novelas en que los indios y sus «exóticas» tradiciones son presentadas ya sea con paternalismo. este es el de las novelas indianistas. establecida en Países Bajos. una ventaja en el comercio de «piezas de ébano».

en contraposición al indianismo de corte netamente literario. Tomás Gustavo Escajadillo: «Aves sin nido es un libro donde se percibe un fuerte “sentimiento de reivindicación social” y. Mejor expresada en la siguiente cita de la socióloga Marfil Francke Ballve. en estos casos. Crítica a Ventura García Calderón el punto de vista literario. Este comentario fue emitido por el Dr. que nos llevan a considerarla no la primera novela indigenista sino una de las últimas “indianistas”. que sin embargo si conceptúa “indigenista” a la novela). su paisaje tan artificial y. por ser el indio. abarca tanto el ámbito socio-político así como también el aspecto artístico. excepto el de la justicia real y auténtica. una figura nebulosa. clases sociales y problema nacional (1978): Página 11 . es decir. tópicos temáticos y lenguaje exaltado y sentimentalista). en su obra Indigenismo. sus indios son tan borrosos (“cuerpo de indio y alma de blanco” podríamos decir que con Sánchez. los de denuncia de los abusos que se comenten contra el indio» El indigenismo. plana y a todas luces limitada como reflejo de la realidad. la tradición “romántica” (que precisamente ha sido muy bien documentada por Meléndez). la novela muestra tantos elementos románticos (situaciones narrativas. Para graficar más exactamente las diferentes variantes de esta práctica. sin embargo. novela donde confluyen muchos (demasiados para mi gusto) elementos de una tradición anterior del tratamiento de el “tema indígena”. además de ello. simple. que abarcaremos más adelante. presentaremos un comentario crítico de una novela representativa de las adscritas a este movimiento literario. con los elementos “nuevos”. desde todos los ámbitos y perspectivas.

Entre los principales representantes de esta corriente artística tenemos. a José Sabogal (pintor cajamarquino). que abarcó el periodo de 1919 al 1930. fundador del partido socialista peruano. fotografía y música. Durante este periodo se promulgó «El día del indio» mediante decreto supremo del 23 de mayo de 1930. artistas. significó una lucha contra la gestión discriminatoria de la aristocracia limeña. como un homenaje al campesino peruano y a la población indígena. y en revalorizar lo indígena como elemento básico de la nacionalidad» El indigenismo. Esto significó el esfuerzo más concreto dentro de la política inclusiva del gobierno de Leguía. en el Perú. Página 12 . que al inicio había quedado relegado en el estatus social peruano. Los conflictos que se gestaron dentro de esta nueva dimensión social y en torno a este personaje en particular (el indio) se vieron volcados en el sentir y quehacer artístico. etc. maestros. periodo de la etapa republicana conocido como Patria Nueva. Esto en el marco histórico del oncenio de Leguía. entre otros. políticos. Martín Chambi (fotógrafo puneño). la pintura. Crítica a Ventura García Calderón «Indigenismo es un término derivado de la palabra indígena bajo esta denominación fueron agrupados todos aquellos intelectuales. gestión de la cual personajes como el Amauta José Carlos Mariátegui. y el líder histórico y fundador del partido aprista peruano don Víctor Raúl Haya de la Torre. por ejemplo. fueron amplios y profundos detractores. Este nuevo fenómeno expresivo no solo se manifestó en la literatura. que desde diversas posiciones y perspectivas coincidieron en denunciar la situación de miseria y de explotación de la población indígena. sino que también acaparó el dibujo. que implicó un progresivo interés por el hombre del ande. Daniel Alomía Robles (músico huanuqueño). escultura.

se recomienda la lectura del ensayo Andes imaginarios. Crítica a Ventura García Calderón El indigenismo literario. en contraposición al indianismo. puesto que el indio de López Albújar se nos figura vital. Como puerta de acceso al estudio del indigenismo. Discursos del indigenismo-2 del Doctor en literatura peruana y latinoamericana Miroslav «Mirko» Lauer Holoubek. «de carne y hueso». Tomás Gustavo Escajadillo). no solo muestra como un aspecto de su obra la reivindicación social y la superación romántica del indio. cuyo punto de partida lo podemos rastrear en la obra Nuevos cuentos andinos del escritor Enrique López Albújar. que defiende la distinción entre el indigenismo como fenómeno socio-político y el fenómeno artístico por sí. en la esfera artística y no como postura política. sino que a su vez está presente esa «suficiente proximidad» (término acuñado por el Dr. bien dibujado. Página 13 .

Su padre había sido apresado por las autoridades chilenas de ocupación. Biografía Enmarcado dentro del indianismo modernista. y desterrado a Chile en 1881 por negarse a realizar la paz con cesión territorial. o el también llamado modernismo indigenista. Crítica a Ventura García Calderón 4. presidente provisional del Perú durante la guerra del Pacífico.1. donde siguió las carreras de Letras. una de las figuras más relevantes de las letras peruanas. Se desempeñó como canciller del consulado peruano en París (1906-1910) y luego en Página 14 . VENTURA GARCÍA CALDERÓN 4. por lo que se trasladó a Europa junto con su familia. fue un ensayista. y a doña Carmen Rey Basadre. Ciencias Políticas y Administrativas. pero no llegó a culminar los ciclos respectivos porque a la muerte de su padre en 1905 la familia decidió establecerse en Francia. En 1903 ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En julio de 1886 la familia retornó al Perú. Tras la firma del Tratado de Ancón en 1884 fue liberado en condición de exiliado del Perú. La Recoleta (1891-1901). y de Derecho. cuentista y poeta peruano. Inició sus estudios escolares en el Colegio de los Sagrados Corazones de Lima. donde tuvo por compañeros a su hermano Francisco y a José de la Riva Agüero y Osma. Fue por esas circunstancias que Ventura nació en París. Ventura tenía pocos meses de nacido. Tuvo como padres a don Francisco García Calderón.

experiencia rica en episodios que tiempo después le sirvió para forjar sus cuentos peruanos. pero luego de regresar a Lima renunció como acto de protesta por la prisión de Riva Agüero. al poco tiempo de ser nombrado Jefe de la Oficina de Propaganda del Perú en París. y colaborador de numerosas publicaciones de Argentina. Tras el derrocamiento de Leguía en 1930 fue designado delegado del Perú ante la Sociedad de Naciones. México y Cuba. Página 15 . al haber sido nombrado delegado permanente del Perú en la Unesco. renunció a su cargo por divergencias con el gobierno peruano. que nuevamente estaba presidido por Leguía. Venezuela. encabezando las manifestaciones estudiantiles en contra del primer gobierno de Augusto Bernardino Leguía. pero en diciembre del mismo año retornó a París. Polonia (1935). y como tal. Crítica a Ventura García Calderón Londres (1911). director de la editorial Excélsior. ejerciendo esta misión hasta su muerte ocurrida luego de haber sufrido un ataque de hemiplejia. En 1912 regresó a Europa. Bélgica (1935-1939). Portugal (1941) y Suiza (1941-1945). cónsul peruano en El Havre. En París se dedicó a las tareas literarias como redactor de la página extranjera del diario Comedia. En febrero de 1949 regresó al Perú por última vez. En 1921. y posteriormente secretario y luego encargado de negocios en Bélgica (1916-1921). Ocupó también las funciones de ministro plenipotenciario del Perú en Brasil (1932-1933). cargo que desempeñó hasta 1938 con algunas interrupciones. Aprovechó su corta estancia en su patria para viajar por la sierra. Francia (1940). retomando su carrera diplomática como segundo secretario de la Legación del Perú en Madrid (1914-1916).

con prólogo de Blasco Ibáñez. no deja de ser un peruano europeizante. algunos otros están agrupados con los títulos Dolorosa y desnuda realidad (1914) y Peligro de muerte.2. Los primeros versos de Rubén Darío (1917). 4. No añaden gran cosa al valor literario del cuentista los poemas de Cantilenas y Semblanzas de América (1920). pero sí que tienen interés singular ensayos como Del romanticismo al modernismo (1910) y sus estudios sobre las literaturas peruana y uruguaya. Ventura García Calderón también nutrió los campos del teatro. la poesía. la novela. Crítica a Ventura García Calderón Escribe algunos trabajos en la lengua francesa. ni las crónicas de Frívolamente (1907). Los mejores cuentos americanos (1919). Aguja de marcar y El nuevo idioma castellano (1923). cultiva incidentalmente la poesía y escribe cuentos con mano maestra. Otros títulos de obras suyas son Parnaso Peruano (1915). García Calderón es el americano refinado y culto que siembra por Europa la semilla de Hispanoamérica y lleva al nuevo continente los valores culturales de la Europa Occidental. En la verbena de Madrid y Bajo el clamor de las sirenas. algunos de los cuales se han convertido en hitos de su producción. la Página 16 . cuya obra literaria es más trascendente. pero no se quedan a la zaga los del libro Color de sangre. Enamorado de lo francés. Modernista. Une enquête: Don Quichotte à Paris et dans les tranchées (1916). Producción literaria A la par de la producción cuentista que analizaremos en las páginas siguientes. no tardó en atreverse con el ensayo. espíritu refinado. Es primero un cronista. Su mejor colección de cuentos se titula La venganza del cóndor.

Su Obra literaria selecta fue publicada por la Biblioteca Ayacucho (Caracas. Además. el ruso y el francés. sueco y yugoslavo. polaco. un escritor bilingüe.)  1926: Danger de mort  1926: Si Loti hubiera venido (1927. traducido al francés. agrupándola según criterio de género y cronología. traducido al francés. alemán. inglés. pues. 1989). italiano. editada por Ricardo Silva- Santisteban (Pontificia Universidad Católica del Perú. su Narrativa completa se publicó en dos tomos en la colección Obras esenciales. ruso. Cuentos  1914: Dolorosa y desnuda realidad  1924: La venganza del cóndor. Fue asimismo antologista de la literatura del Perú y de Hispanoamérica. el italiano. Muchos de sus obras fueron escritos directamente en el francés. el inglés. donde narra un viaje imaginario al Perú realizado por el novelista francés Pierre Loti)  1931: Couleur de sang. (Premio Heredia de la Academia Francesa)  1933: Virages  1952: Cuentos peruanos. Crítica a Ventura García Calderón crónica y la crítica literaria. Pasaremos a enlistar con cierto detalle el conjunto de su producción literaria. (1948. con prólogo de Luis Alberto Sánchez. Poesía Página 17 . La mayor parte de sus relatos han sido traducidos a numerosos idiomas contemporáneos: el alemán. Fue. 2011).

 1919: Bajo el clamor de las sirenas  1920: Semblanzas de América. se destacó sobre todo como un buen versificador. Sus primeras composiciones aparecieron en el Parnaso Peruano. Probó el metro alejandrino y su mejor arma fue el endecasílabo. luego publicó dos poemarios:  1908: Frívolamente  1920: Cantilenas Dramas  1931: Holofernes (drama sincopado). aunque su producción fue breve y con escasa calidad de contenido.  1920: En la verbena de Madrid  1924: El nuevo idioma castellano  1926: Sonrisas de París  1936: Aguja de marear Página 18 . Crítica a Ventura García Calderón Como poeta se desenvolvió bajo los cánones de la tradición modernista. bajo el seudónimo de Jaime Landa.  1955: Ella y yo  1958: La vie est-elle un songe?  1959: La Périchole Ensayos y crónicas  1916: Une enquéte littéraire: Don Quichotte á Paris et dans les tranchées.

contribuyó a difundir las obras de autores peruanos e hispanoamericanos. Crítica a Ventura García Calderón  1939: Vale un Perú  1941: Instantes del Perú Ensayos críticos de la literatura peruana Sus ensayos críticos sobre la evolución histórica de la literatura peruana son muy rigurosos y sugerentes:  1910: Del romanticismo al modernismo  1914: La literatura peruana 1535-1914  1917: Esquema de la literatura uruguaya (Versa sobre la literatura hispanoamericana)  1946: Nosotros Antologías A través de certeras antologías. por lo que fue llamado «el embajador de las letras».  1910 y 1915: Parnaso peruano  1924: Los mejores cuentos americanos  1925: Récits de la vie américaine Página 19 .

García Calderón inserta en sus relatos temas que pertenecen a las creencias. exótica y sensacionalista. libro de cuentos constituido de 24 relatos cuyo hilo conductor es la exhibición del indio como criatura morbosa. la del mundo andino. Narradores peruanos del siglo XX. extravagante. curanderismo y santería andina. siendo estas el principal motivo de su inusual «amor» por los andes peruanos. leyendas. se ven concentrados en el libro La venganza del cóndor (1924). A lo cual. que fue realizado en procura de sacar provecho de las fértiles minas de plata. La primera consideración que debe tener un lector al abordar un libro como este es la concepción infrahumana que tiene el escritor con respecto al colectivo imaginario andino. Crítica a Ventura García Calderón 5. «Su visión acerca del indio peruano es inexacta. pueril. 1994) Página 20 . esto es. ANÁLISIS DE LA «VENGANZA DEL CÓNDOR» Los textos que componen su más ambicioso intento de abordar esta nueva dimensión literaria. Cabe destacar que la naturaleza original de dicho viaje fue principalmente de origen pecuniario. carente de razón y de menor valía. es decir. esta visión deformada lo hace para sobrevalorar a los “amos blancos” burlando y humillando a los personajes indígenas. la caracterización de estos últimos resulta no sólo esquemática y caricaturesca sino que del cual emerge el punto de vista del autor.» (Escajadillo. La gestación de este cuentario fue en realidad producto de la nostalgia por la patria tantos años lejana y de las expediciones realizadas por el escritor en la serranía de Áncash. el de un “amo blanco” representado con unos símbolos de su dominación: el látigo y el revólver.

desperezándose. y Página 21 . yo porque llevaba todavía en el espíritu prejuicios sentimentales de bachiller. El indio y yo nos estremecimos. Al primer contacto del pie. Yo que tengo que llegar a Huaraz en dos días… El indio dormía vestido a la intemperie con la cabeza sobre una vieja silla de montar. 5. en la pobre fonda del puerto. después de ganarme. con la sangre que goteaba en su rostro con lágrimas.1. que tenía tan lindo látigo con puño de oro y un jeme de plomo por contera. Nunca he sabido si nos miran bajo el castigo. Usted no sabe. Así son estos bellacos. Quiso enseñarme este arte triste. el militar le rasgo la frente de un latigazo. se irguió en vilo. con ira o con acatamiento. mirándome con ojos severos. doctor El capitán Gonzáles me había conferido el grado universitario al ver mis botas relucientes. —Pedazo de animal —vociferaba el capitán atusándose los bigotes don juanescos―. Anoche mismo. durmiendo como un cochino a las siete. en un puerto del Perú. mi poncho nuevo. Mas como él tardara un tanto en despertar a este mundo de su dolor cotidiano. —Badajo —repetía el verdugo. el capitán Gonzales. él. Crítica a Ventura García Calderón A continuación se realizará un análisis pormenorizado de los cuentos en cuyas tramas se evidencie la problemática que gravita alrededor del hombre andino y su ideario en el quehacer literario y social. Detuve del brazo a este hombre enérgico y evite la segunda hemorragia. cinco a mi servicio. Le ordené que ensillara a las cinco de la mañana y ya lo ve usted. Así hay que tratar a estos barbaros. La venganza del cóndor Nunca he sabido despertar a un indio a puntapiés. que no curtieron los vientos y estas piedades cándidas de limeño.

Resonaba otra vez en el patio de la fonda la voz marcial: —¿Y el pellón negro. Por una hora yo también había buscado guía que me indicara los malos pasos de la sierra y me apeara para restaurar el brevísimo camino entre el abismo y las rocas que una galga de piedra o las lluvias podían deshacerse en segundos. ¡Vaya si quería! Era el indio perdido y castigado. Por lo cual el capitán Gonzales se marchó solo. Diez. y dilate mi partida pretextando algunas compras. la más variada explosión de invectivas: dios y la virgen se mezclaban en los labios del capitán a interjecciones criollas como en los ritos de las brujas serranas. ¡Le tiene un miedo a este chicotillo!” Tuve que admirar por largo rato el tejido habilísimo de aquel “chicotillo” de junco que iba estrechándose al terminar en un cono de bala. en un crescendo de orquesta. treinta minutos. anunciando futuros castigos y desastres. —"No se vaya con el capitán. al ensillar mi soberbia mula andariega. amigo mío. Me había aconsejado el posadero. so canalla? Si no te apuras vas a probar cosa rica. —Ya trayendo. Me detenía en una choza a pedir un mate de aquella horaciana chicha de jora que tanto alivia el Página 22 . que provocaron. taita. Es un bárbaro". El indo me explicó en su media lengua que lo hallaría a las puertas del poblacho. Dos horas después. Asentí sin fijar precio. veinte. Pero el ordenanza y guía insuperable no pudo ser hallado en todo el puerto. acaba de mandármelo para que sea mi ordenanza. En los flancos de las bestias y de los indios aquello era sin duda irresistible. taita (padre o señor) El indio se hundió en el pesebre en busca del pellón que no vino jamás. un pellejo de camero vino a mi encuentro y de su pelambre polvorienta salió una cabeza despeinada que murmuró: —Si quieres contigo. Crítica a Ventura García Calderón ahora el prefecto.

Crítica a Ventura García Calderón

ánimo, cuando le vi llegar, caballero en una jaca derrengada, pero más
animosa que ni mula de luja. Y sin hablar, sin más trastos, aquel guía
providencial comenzó a precederme por atajos y montes, trayéndome,
cuando el sol quemaba las entrañas, el cuenco de chicha refrigerante o
el maíz reventado al fuego, aquella tierna cancha algodonada.
Confieso que no hubiera sabido nunca disponer en un tambo del
camino por los ponchos, el pellón y la silla de montar tan blando como
el que disfruté aquella noche.
Pero al siguiente día el viaje fue más singular. Servicial y
humilde, como siempre, mi compañero se detenía con demasiada
frecuencia en la puerta de cada choza del camino, como pidiendo
noticias en su dulce lengua quechua. Las indias, al alcanzarme el
porongo de chicha, me miraban atentamente y parecióme advertir en
sus ojos una simpatía inesperada.
¡Pero quién puede adivinar lo que ocurre en el alma de estas
siervas adoloridas! Dos o tres veces el guía salió de su mutismo para,
en lenguaje aniñado, contarme esas historias que espeluznan al
caminante. Cuentos ingenuos de viajeros que ruedan al abismo porque
una piedra se desgaja súbitamente de la montaña andina. “Allí
viniendo, taita”, en la quebrada agudísima, las osamentas lavadas por
la espuma del río.
Sin querer confesarlo, yo comenzaba a estar impresionado. Los
andes son en la tarde pastos túmulos grises y la bruma que asciende de
las punas violetas a los picachos nevados me estremecía como una
melancolía visible. En el flanco de las gigantescas vértebras, aquel
camino rebañado en la piedra y tan vecino a la hondonada mortal
parecía llevarnos, como en las antiguas alegorías sagradas, a un paraje
siniestro. Pero el mismo indio, que temblaba bajo el rebenque, tenía
agilidades de acróbata para apearse suavemente por las orejas y llevar
del cabestro a mi mula espantadiza, que avizoraba el abismo y
resbalaba en las piedras, temblorosa. Una hora de marcha así pone los
nervios al desnudo, y el viento afilado en las rocas parece aconsejar el
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Crítica a Ventura García Calderón

vértigo. Ya los cóndores, familiares de los altos picachos pasaban tan
cerca de mí, que el aire desplazado por las alas me quemaba el rostro y
vi sus ojos iracundos.
Llegábamos a un estrecho desfiladero, de donde pude
vislumbrar en la parda monotonía de la cadena de montañas, la
altiplanicie amarillenta con sus erguidos cactus fúnebres.
—Tú esperando, taita ―murmuró de pronto el guía y se alejó
rápidamente.
Le aguardé en vano, con la carne erizada. Palpé el revólver en el
cinto, estimulando con la voz a la muy indecisa, que, las orejas al
viento, oscilantes como veletas, medía el peligro y escuchaba la
muerte. Un ruido profundo retembló en la montaña: algo rodaba de la
altura. De pronto, a quince metros de mí, pasó un vuelo oblicuo de
cóndores, y entonces, distintamente, porque había llegado a un recodo
del camino, vi rebotar con estruendo y polvo en la altura inmediata
una masa oscura, un hombre, un caballo tal vez, que fue sangrando en
las aristas de las peñas hasta teñir el río espumante, allá abajo.
Estremecido de horror, esperé mientras las montañas enviaron cuatro
o cinco veces el eco de aquella catarata mortal. Un cono invertido de
alas pardas giraba invertido sobre los cadáveres.
Más agachado que nunca, deslizándose con el paso furtivo de las
vizcachas, hete aquí al bellaco de mi guía, que cogía a mi mula del
cabestro y murmuró con voz doliente, como si suspirara:
—¿Tú viendo, taita, al capitán?
—¿El capitán? —abrí los ojos entontecidos. El indio me espiaba
con su mirada indescifrable; y yo quisiera saber muchas cosas a la
vez, me explicó en su media lengua que, a veces, taita, los insolentes
cóndores rozan con el ala el hombro del viajero en un precipicio, se
pierde el equilibrio y se rueda al abismo. Así había ocurrido con el
capitán Gonzales. “¡Pobricitu, ayayay!” Se santiguó quitándose el
ancho sombrero de fieltro, para probarme que sólo decía la verdad.

Página 24

Crítica a Ventura García Calderón

Con ademanes de brujo, me designaba las grandes aves concéntricas
que estaban ya devorando presa.
Yo no inquirí más, porque estos son secretos de mi tierra
que los hombres de su raza no saben explicar al hombre blanco.
Tal vez entre ellos y los cóndores existe un pacto oscuro para
vengarse de los intrusos que somos nosotros. Pero este guía que me
dejó en la puerta de Huaraz, rehusando todo salario, después de
haberme besado las manos, aprendí que es imprudente muchas
veces afrontar con un lindo látigo la resignación de los vencidos.

Este cuento, acaso el más emblemático, y cuya naturaleza icónica se vincula

con el hecho de compartir el título con el libro como conjunto, concentra los

aspectos y actores fundamentales, enmarcados en temas tan amplios y en lugares

comunes que se repetirán, con diferentes matices y gradualidad a lo largo de los otros

cuentos.

Como aspecto particular de esta narración breve, podemos citar la venganza en

cuanto suceso gestado entre el indio y su opresor, pero contando el primero, en

patente maniobra de exotismo modernista, con la confluencia de una justica

proveniente de la naturaleza; naturaleza a la que se ve ligado por su origen ancestral y

aquella concepción aristotélica del mimetismo que le quitaba la condición humana en

su pleno sentido; robo de identidad que en el siglo XVI el historiador y filósofo Juan

Ginés de Sepúlveda (1490 - 1573) argumentó para brindar completa legitimidad a la

empresa invasora española. Esto es, la naturaleza como ente omnipresente e

indefectible a la que el hombre andino puede acudir siempre, no importa el tamaño de

los conflictos que atraviese, en busca de socorro y concilie ante las embestidas

hostiles, en este caso las del hombre blanco.

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Un camino secreto lleva acaso hasta el río. aquel hidalgo trujillano y severo que blandía al caminar el chicotillo. Para nuestras razas morenas el rubio ha sido siempre un atributo misterioso. y es fama que por allí escaparon los emisarios de Atahualpa. en donde ningún peón quiere extraviarse. dos montañas. Está en el centro del valle. siniestra por sus obscuros pasadizos. La momia Nadie supo exactamente por qué desengaños de política abandonó su diputación de Lima don Santiago Rosales y vino a su apartado feudo serrano a vivir definitivamente en la hacienda de Tambo chico. dispuestos en aspas de molino como los rayos del sol en las vasijas indias.2. según la tradición. una antigua fortaleza y necrópolis de indios que llaman la huaca grande. una belleza de postal que asombraba a los jóvenes de la sierra por el esplendor de la cabellera rubia. La comarca entera sintió una simpatía temerosa por Luz Rosales. y más de una vez se ha escuchado en la alta noche el ruido de sus mandíbulas Página 26 . denominado así con modestia orgullosa por algún español perdonavidas. Rubios son los Cristos y el primer rey mago que en los nacimientos infantiles de diciembre avanza hacia una cuna entre corderos. en compañía de su extraña hija. Llegaban. Sería posible tomarlo sin la vigilancia de las lechuzas que están previniendo el robo con sus silbidos. Luz Rosales. es la más dilatada de las haciendas del valle y encierra en sus términos fertilísimos un río. Las momias de los generales indios allí enterrados se despiertan si alguien quiere violar las tumbas. Crítica a Ventura García Calderón 5. Tambo chico. irguiéndose sobre la colina con sus nidos de lechuza. con sus talegos de oro cuando supieron la ruina del Imperio. Allí quedaron las barras de metal a lo largo de los corredores subterráneos. mas nadie quiso muy bien a su padre.

comprándolos a precio de tambo. los dioses orejones que sonríen dilatadamente llevando en sus manos agarrotadas los rayos del Padre Sol o un vaso de chicha. en las huacas pobres de los contornos rebuscaban los avaros mercaderes. que Página 27 . Pero en la noche acudían a la choza de la vieja Tomasa. las momias admirablemente conservadas. para venderlos en Lima a los extranjeros de tránsito. Don Santiago Rosales iba a arrostrar el poder de Tomasa la hechicera. con sus cabellos lustrosos y los dedos enclavijados sobre el pecho. Quizá. Durante cuatro siglos —colonia española y república peruana— nadie fue osado a buscar momias en esa fortaleza arruinada. más allá del Lago Titicaca. Todo ello es simple atributo del muerto para que al despertar a mejor vida pueda morder unos granos de maíz. porque la imagen obscena era vedada en el Imperio. que era bruja insigne. a lomo de mula. Crítica a Ventura García Calderón al chacchar la coca amarga con esa masticación interminable de los indios peruanos. quiso completar su serie. Cuatro siglos de espanto les han hecho aceptar la peor tragedia. suspirando. Ningún indio del valle se atrevió a oponerse al desacato. beber chicha del cántaro y masticar la coca que le de fuerzas para seguir su ruta hacia el Padre Sol. esas serpientes de barro cocido por cuya boca canta el agua. de rodillas ante Huiracocha. las momias son sagradas. o los más raros modelos de colección. Sólo empleando peones venidos de la costa pudo ir trayendo de la huaca grande. Con infinitas precauciones. Pero las momias. Por eso el día que don Santiago Rosales. los utensilios de oro con que enterraban los indios a sus muertos: vasijas negras con dibujos de lluvia. para pedirle amparo y venganza. las momias de actitud sumisa y adolorida. Durante quince días con sus noches este poder pareció fallar. los platos negros en cuyo fondo una pareja de indios está fornicando desfachatadamente. no. ningún indio neto obedeció. esos caracoles barnizados de negro. y en fin. empedernido coleccionista.

¡Si excavaran más lejos. una lamentación sumisa. jefes militares o príncipes. llorando. Por la elegancia de los vasos y las telas que circundaban los despojos. Entonces. a los poderes infernales comenzó por boca de la hechicera: “Mama coca. unido a extraños menjurjes. Un sapo hinchado agonizaba allí. Todo el santo día vieron pasar a lomo de llama las momias renegridas de larga cabellera colgante. Era una momia de mujer lo que buscaba. Los indios apartaron de ella la vista con temor visible. Todo ello. pudieron procurarse un pañuelo del hacendado y sus cabellos imprudentemente arrojados por el peluquero. Y en el centro del corazón. De lejos la cabellera rubia de la “niña Luz” relucía deslumbradoramente. por todos los diablos rabudos…” Hasta las altas horas las quenas del valle parecían alegres anunciando que la aurora vería la redención de la raza vencida. por las llamas de oro (con el lomo horadado para la coca incinerable). te pido por el diablo de Huamachuco. sirvió para componer un muñeco de regulares proporciones que llevaba en el pecho un corazón visible como en los detentes que regalan los misioneros. Pero al día siguiente estaban don Santiago y su hija a caballo dirigiendo los trabajos de excavación en la fortaleza. Pero don Santiago no estaba satisfecho con sus hallazgos. tétrica. si la suerte sería favorable clavaron todos. mamitay. abría y cerraba un pico triste. una momia de princesa antigua que fuera la mejor pieza de su colección. Crítica a Ventura García Calderón es leonino. se adivinaba que allí hubo gente principal. uno de esos alfileres rematados en cuchara de oro con que cierran el manto las mujeres. en uno de esos subterráneos clausurados con arena endurecida! Entonces dos indios muy viejos salieron al encuentro del amo. junto a los candiles. llevando las monteras en las manos y persignándose la boca antes de hablar para Página 28 . después de haber investigado. prendido por las alas. por la amargura de la coca mascada en común. y el murciélago del muro. por el diablo de Huancayo.

un arete de plata. bajaron todos con el taita por los intricados corredores tallados alguna vez en el granito de la montaña. la noche entera en el tambo de la hacienda. como los antiguos militares. un fragmento de victoria o la fiesta del Sol. Con sollozos y ademanes sumisos pidieron al taita que dejara en paz a los muertos. pues dos días después los mismos indios regresaron diciendo que prometían indicar el sitio de los talegos legendarios. Fue preciso cavar donde indicaron hasta que el choque de la lampa reveló la barra de Página 29 . para que la sorpresa fuera mayor. Encendidas las lámparas de minero. No se supo si fue tal argumento o la belleza de Luz Rosales lo que operó el milagro. quién haría prosperar la coca si todos los antepasados se alejaban del valle y los espíritus rencorosos se quedaban flotando sobre las casas nocturnas? El cura no podía comprender estas cosas. don Santiago se marchó a la fortaleza en compañía de los peones. Prometían todo. domingo. fue la cita y el domingo se bebió la mejor chicha de jora en Tambo chico. A la luz vacilante se vislumbraban todavía las rojizas pinturas borrosas que representaban. A las cinco de la madrugada. pero tal vez el amo sí. Crítica a Ventura García Calderón purificarla. con la misma ingenuidad de los huacos. En el salón de la hacienda a donde le habían seguido. Para el día siguiente. los delegados advirtieron sobre las mesas las momias desenterradas y no las quisieron mirar de frente. Por toda respuesta el amo aludió al excelente chicotillo con que castigaba a los atrevidos. llevando todavía. ¿Quién mandaría llover sobre el maíz. como sus abuelos a los conquistadores. sin despertar a nadie en la casa. gimoteando. según dijeron. De generación en generación había guardado el secreto aquella familia de curanderos cuyo más viejo representante vino arropado con un poncho violeta. prometían sus cosechas y sus ganados si el taita ordenaba que se llevaran de nuevo al sepulcro de la fortaleza las momias de los protectores del valle. que habían pasado.

Era un estupendo museo de huacos. don Santiago no cabía en sí de gozo delirante. A medida que caminaban por él iba ensanchándose. Comenzaba allí un pasadizo de piedras embutidas unas en otras con tan perfecta ensambladura como las del templo del Sol que está en el Cuzco. y en los rebozos de las piedras talladas como zócalos vieron dispuesta. las vendas de tejido blanco y negro. un ídolo afianzaba en la mano su flecha. para asombro del transeúnte. Crítica a Ventura García Calderón plata que cerraba el largo socavón. pero su faz serena reposaba con nobleza regia. Don Santiago corrió hacia la escasa luz del día y se detuvo alborozado. Al torcer de un corredor una luz verdosa iluminó la gruta del fondo. ¡Una momia. Acurrucada en actitud orante. Don Santiago arrancó la linterna de manos del peón. los indios lo habían predicho! Se divisaron las tinajas negras de barro cocido. más alta que una lanza. mientras los indios se contemplaban silenciosos e iban ya a jurar que ignoraban todo. la momia de mujer que deseara tanto. o de esas perlas de Sechura que buscaba la codicia del conquistador. la rápida vigilancia del amo. repercutió en la gruta. como para aterrar al audaz. para mirar el rostro desesperadamente. despavorido. estaba allí custodiando el tesoro milenario! Un grito espeluznante. Dos horas trabajaron afanosamente para levantar una lápida que dejó abierto el forado. ¡Ni en Berlín tenían cosa igual! El piso de piedra desaparecía bajo los tapices de colores que ostentaban con rigor geométrico e ingenuidad llena de gracia perfiles de pumas. La carátula de lana morena que cubría el semblante era el retrato ingenuo y tal vez irónico de Luz Rosales. llamas sentadas o esos ojos circundados de alas que indican. Estaba pintado de azul y rojo. ¡Allí debía hallar el tesoro del Inca. lleno de calaveras. De cuando en cuando. con los dos inmensos rectángulos azules que imitaban ojos en las momias. en pinturas y vasos. Destrozó entonces las cuerdas de esparto. Página 30 . atestadas seguramente de barras de oro y plata. una portentosa colección de vasos antiguos.

empleando los antiguos secretos del arte. que creemos hoy perdidos. pero a él no le importa más que el oro guardado con ellos. la embalsamaron éstos. enloquecido. 5. En este relato que trata sobre don Santiago sobresaltándolo con su utensilio de dominación y superioridad sobre los indios que representa el icono de la opresión el cual intenta desenterrar las ancestros de los pobladores los cuales se niegan debido a los mitos que tienen estos. Pero Luz Rosales había desaparecido de Tambo chico y no pudo ser hallada nunca. se las oye chacchar la coca nutritiva de los abuelos. Estupefacto. que está en los Andes. su hija. desgarrándose los vestidos en los zarzales. en las noches de luna.3. robada en la noche por los indios. llamado “Remington”. y todavía. corrió por la orilla para buscar a Luz en la casa de la hacienda. nadie ha tenido reputación más siniestra que aquel don Jenaro Montalván. Pero toda la gente del valle sabe muy bien que fue venganza de los muertos de la fortaleza. Por esto los pobladores van a la bruja e intentan hacer hechizos. La prueba está en que desaparecieron las momias de la casa cuando se llevaron a don Santiago al manicomio. como sus Página 31 . estaba allí su hija Luz Rosales. Durante la noche habían macerado en grandes tinajas el cuerpo de la momia rubia. llamándola a gritos por el camino. Algunos cholos liberales del “Club Progreso” explicaron más tarde al juez de primera instancia de la provincia que. Crítica a Ventura García Calderón con las manos en cruz. y corrió. la rubia cabellera desparramada sobre el pecho muerto. o por lo menos su imagen exacta y duplicada ya en los siglos. salió al río por la abertura de la peña. Murió en su ley Desde las riberas del Mar Pacífico hasta el “Cerro de las brujas”.

¡Quién iba a condenarlos. en la soledad de un cañaveral. invencible en las canchas de los contornos. por la oreja de menos que le rebañaron los chinos vindicativos en una antigua sublevación peruana. un gallo desplumado y feroz. tan temido por lo menos como su dueño. seguro de la victoria. si eran ellos los caciques del departamento. y la provincia entera temblaba si en su erizado y espumante caballo de paso acudía a una pelea de gallos. murmurando con respeto: —¡Murió en su ley! Le enfadaban únicamente los gallos que eludían el combate. Se perseguían a balazos por una carretera. Porque una aversión misteriosa como las querellas de la clásica antigüedad iba acabando con la raza de los Montalván. Con “el Mocho” atemorizaban las madres a los niños. Crítica a Ventura García Calderón parientes de la provincia. pero más frecuentemente “el Mocho”. arropado en su poncho negro. había perseguido a sus parientes. “Ya viene el Mocho”. que se exterminaban impune y recíprocamente por querellas de agua de riego o de política. exclamando: —¡Cincuenta soles de plata al que derrote a mi gallo! Crispado en el menudo redondel. don Jenaro los hipnotizaba con aquella mirada magnífica bajo las cejas frondosas. Un entusiasmo temeroso encendía a los gañanes cuando. poderoso hacendado también. trayendo en su alforja a su Ají seco. esta lucha abierta era el drama popular de la provincia. maliciosamente. Desde veinte años atrás. diputados o senadores que con la amenaza de revolución hacían temblar en Lima a los presidentes! Pero ninguno se había aborrecido tanto como Jenaro y su primo Jacinto. y de un salto brusco le tajaba la cabeza con la navaja atada en el espolón. capitaneando la peonada a Página 32 . el gallo medía a su rival con el ojo redondo. Llegaba. Así. raza hermosa y bravía de jinetes rencorosos. como su dueño. y los perseguía fuera del redondel con su revólver. decían las gentes. dos o tres veces. Don Jenaro recompensaba entonces al propietario de la víctima. por el uso abusivo del rifle. decían las gentes del país.

la suave y pálida Clorinda que lloraba sin término. En la paila fue quemada viva doña Clorinda de Montalván. a su joven esposa en brazos del primo Jacinto. en el lomo de la cabalgadura y llevada así a la hacienda. Los peones del camino vieron pasar el cortejo lento con un asombro creciente. Aquel don Jenaro. arrojó a su romántico amor. La provincia. fue atada como estuvo. dividida en jacintistas y jenaristas. a galope. pero la esposa de don Jenaro Montalván. Crítica a Ventura García Calderón caballo. que parecía tener sabor a sangre. que ostentaba en la feria los mejores caballos de paso. don Jenaro halló en una cabaña de pescadores. miraba con asombro aquel encono perdurable y sin causa aparente. y durante dos años por lo menos nadie quiso probar azúcar. sólo los viejos muy canosos podían contar que “hace tanto tiempo. y en la inmensa paila en que hierve el moreno zumo de la caña de azúcar —a pesar de los llantos clamorosos y de las indias que se arrastraban de rodillas implorando la clemencia del amo—. y con algún emisario secreto. los ponchos de relumbrón y esos sombreros de Catacaos tan sutiles que sólo pueden tejerlos manos de mujer en una noche de luna. que iba a ser terror en toda la comarca. Página 33 . mi amito”. Casi desnudo. gallero insigne y amparador de bandidos. se invadieron mutuamente las haciendas. Sólo los viejos peones de las haciendas. acabó por ser este viejo mugriento de cejas foscas y poncho negro. pudo éste huir sin que lo persiguiera nadie. tan buen mozo. sin más vestidos que sus cabellos. junto al mar. los negros “bien hablados” y casi brujos que saben dónde están escondidos los tesoros de los “gentiles” y por qué la viuda blanca salta al caballo del viajero nocturno para clavarle las uñas como aguijones. se envenenaban periódicamente el agua de una tinaja. Don Jenaro llevó de la brida al caballo hasta llegar al edificio de la molienda.

y el alma romántica de las gentes se entusiasmaba con la santidad de aquel epílogo. era el diablo que venía a llevarse el alma prometida. aseguraban los cortadores de caña. para perdonar los rencores pasados. besándose el pulgar y el índice cruzados. por supuesto. Así decían. Fue culpa de la finadita. la provincia entera tuvo el entusiasmo de un espectador de quinto acto. la compasión fue general. señor. el reverendo obispo del departamento no vaciló en cabalgar dos días para traer los santos óleos. Al saberse el proyecto de reconciliación sublime. añadiendo un “¡Pobre don Jenaro!” los peones ancianos para explicar la ruina de aquella vida. Con los años parecía relajarse su crueldad antigua. y como el penitente era de fuste. Había pedido confesión. que en su capilla del Carmen alto. El agarró y se desgració. Crítica a Ventura García Calderón —Estaba en su ley —observaban las gentes con esa ruda justicia de mi tierra—. El gallo tiene su espolón. que le faltó. quedaron parejos. pero en su lucha con la santa. Por las noches. “Yo la vide. se lo juro por estas cruces”. antes de morir. En los curatos lejanos se decían misas por don Jenaro. a su primo Jacinto. pues. con el alba. circundada de cañaverales de azúcar. ésta había vencido de tan celeste manera que don Jenaro manifestó el deseo de ver. parecía mudar toda la dulzura ambiente en un irresistible don melífico. Era Mandinga. los gañanes detenían los bueyes para dejar en la capilla la flor que llaman “la bandera”. Se estaba arrepintiendo al cabo el tremendo autor de tanta fechoría. el viejo hereje que instalara en la capilla de la hacienda una cancha de gallos. cuando pasaban las carretas. Junto a la casa de la hacienda se habían visto luces rojas en la noche. Ya no ataba a los culpables del más simple delito con un cepo de clavos que los hacía ulular toda la noche. El lunes. Y cuando circuló por las haciendas comarcanas la noticia de que estaba muriéndose. en medio de repiques Página 34 . Tal extremaunción fue. Pero noticias más extrañas acrecentaron la curiosidad y la simpatía. una de las más ejemplares fiestas de la provincia. Milagro fue de Santa Rosa. comadre.

que el mayordomo de la hacienda le tendió sobre el rostro un pañuelo de colores. María y José”. y el martes por la tarde su regreso fue triunfal en el patio de la hacienda. Sin descalzar espuelas ni quitarse el poncho. Vestidos de fiesta. gimió una vieja. se sinceraba. —Jacinto —dijo el moribundo. excusándose de lo ocurrido. decorado con arcos y guirnaldas. La voz de don Jenaro. los peones esperaban la bendición como en las romerías. estremeciéndose y besando el suelo por humildad. Pero cuando éste se hubo afianzado en los estribos del cajón. el revólver que ocultaba entre las sábanas brilló un momento en sus manos inhábiles y cayó al suelo con un ruido fúnebre. temiendo tal vez que los creyeran cómplices en la emboscada aviesa. te he llamado para que me perdones. le oyeron que murmuraba con un asombro respetuoso ante aquel rencor magnífico: —¡Pobre don Jenaro! ¡Murió en su ley! Página 35 . y concluyó diciendo: —¡Dame un abrazo. enronquecida por la agonía. el fundo del primo Jacinto. don Jacinto Montalván avanzó. silabeó entonces con desaliento: —No puedo… ¡Hijo de… perra! Estaba muerto ya. silencioso y ceñudo. Su Ilustrísima acompañó hasta el caballo a don Jacinto. mezclaba a Dios y los santos. El obispo y sus familiares rodearon con estupor indignado a don Jacinto Montalván. Crítica a Ventura García Calderón de campanas. El viejo se había erguido a medias. Dos voces de mulatos sollozaron: “¡Mi amito!” Conmovido también. Con voz asmática explicaba el pasado. “Jesús. desde el solemne lecho colonial. y tan pavorosa expresión reflejaban los ojos vidriosos. con la mano crispada en el corazón. entreabriendo los ojos—. hermanito! En el cuarto obscuro rezaban algunos servidores. al cuarto en donde el primo Jenaro exhalaba a trechos un quejido anhelante. salió el obispo a Tamborán. Jacinto se inclinó sobre el lecho para dar el abrazo de paz. precedido por el obispo. pero retrocedió bruscamente.

a pesar de sus protestas del niño mimado. estaba ahí seguramente durmiendo y dirigiendo. en su soledad acuática. educado por indios de Loreto. Crítica a Ventura García Calderón 5. a orillas del sonoro Ucayali. como ellos dicen. pero la empecinada boa no quiso moverse. Para consuelo y paz dióle al partir una vela y un cartucho de hormigas tostadas que son golosinas de los niños salvajes. aquel indio convino que tan bien flechaba los monos gordos para convertirlos en manjar blanco manjar exquisito. de donde regresaban con su bondadosa sonrisa doméstica. Bien conocía los hábitos de la maravillosa bestia de terciopelo. ¡Cómo iba a dejar solo a este hijo de 7 años. y lo amonestó severamente: ¡Cuidado con salir! Ya regreso. Jenaro Valdivian vio con sorpresa que las prisiones y las balas se acababan. se marchó. errantes y alucinantes sobre la ojiva de la tiniebla. que sigue durmiendo días enteros a su presa y ataca solamente cuando ha observado los pasos y agilidad del adversario.4. Un disparo las dispersa por un momento pero la ronda vuelve y el Página 36 . el pecarí cazado ayer. vieras dos luces rojas. a pasear dos o tres días de misteriosa excursión por la selva. que. Su fiel servidor. llena de orquídeas sangrientas y de mariposas deslumbradoras para el chiquillo. En noches pasadas fumando su cachimba bajo la luna. Resignado en fin Jenaro Valdivia cogió el machete y la carabina encerró en la choza a Jenarito. Valdivián no las tenía todas consigo desde la víspera al zanjar un árbol de caucho le pareció advertir que el tigre le estaba espiando en la espesura. tenía ya vivacidades de salvaje! Salió a la orilla del rio y silbó largo rato en vano. Yacu-mama En una choza amazónica. En el centro del agua un remolino de burbujas pareció responderle.

o tal vez Gutiérrez. El hércules de siete años grito en el lenguaje conivo. La canoa crujía con un zumbido tropical de flecha o de abejorro. junto a la choza abandonada por los indios witotos huidos del alto Putumayo. Llegó de la espesura a la canoa aquel perfume caliente que embragaba siempre como un efluvio de paraíso podrido. La obscura lengua en horqueta bebió todavía con molicie la frescura del agua torrencial. En seguida las hormigas tostadas con sabor de pimentado bombón ingles fueron la delicia de un cuarto de hora. Crítica a Ventura García Calderón cauchero. Querida salir al rio a bañarse en el remanso de la orilla como los niños del país. (Es un recio tronco horadado con tan extraño arte que. el niño empezó a devorar la vela de esperma. pensó Jenaro Valdivián. Su servidor le había enseñado esa clave inalámbrica y seguramente algún indio amigo escucharía su mensaje distante. Yacu-Mama! En el rio. al golpear sus nudos redondos. La sed comenzaba atormentarle y sacudió la puerta enérgicamente. Jenaro Valdivián había asegurado la cancela de cañas con la caparazón de una inmensa tortuga muerta. rió abajo. En la solitaria choza. En su canoa. la selva toda resuena a cinco leguas con un rugido). Poco a poco el cuerpo de la boa Página 37 . ”Será penoso el regreso”. —¡Yacu-Mama. con un calosfrio molesto: “ya está aquí el tigre esperándome”. su admirable y misterioso telégrafo: el manguare. Recordaba que a dos vueltas del rio hallaría en la “quebradas de las serpientes”. hojas dispersas de un árbol rotos en el huracán. que sueña al aire libre . Un estruendo de menudos loros verdes paso en el viento. se dice lanzando bocanadas de humo . hundiendo apenas el remo en el agua espumante. coronada en el sombrío vértice por monos y guacamayos tricolores. el cauchero más rico de los contornos le despacharía un “propio” con pertrechos y víveres. Jenaro pensó que era preferible no alejarse mucho. Avanzaba la selva en las riveras de su fronda chillona y parlante. unas fauces tremendas emergieron del agua con un bostezo lento.

Se dirigió en vilo como un árbol muerto. Crítica a Ventura García Calderón fue surgiendo en la orilla con un suave remolino de hoja. con los ojos sanguinolentos parecía escuchar. y el color de la hojarasca. jinete de tortugas y boas. Solo quienes no han vivido en el oriente del Perú ignoraran que generosa compañera puede ser si la domestica manos hábiles. pero de pronto volvió la cabeza airada hacia la selva. Inmovil. pues es en realidad el can y la criada de los niños salvaje. El niño batió palmas y grito alborozado cuando la espléndida bestia vino a su llamado retozando como un perro doméstico. Era preciso tener oídos de boa para percibir en tal estruendo el leve rasguño de unas garras. De un coletazo la bestia rampante raspo la concha de la puerta y entro meneándose con garbo de bailarina campa. Como una madre bárbara. por lo menos. ¿En qué rincón cercano había muerto un árbol? Su turba de aves sin abrigo iba buscando otro alero en el vivero de la selva poblada . algún susurro conocido. se agazapo batiéndose rabiosamente los ijares con la cola nerviosa. Tenía cinco metros. la boa preservó primero al niño derribándole delicadamente en un rincón polvoriento de la cabaña. El felino salto al adversario. Los monos chillaron estrepitosamente. sobre la rotunda fuga del rio. Por sus escamas pasaban un crujido eléctrico y la cola empezó entonces a latiguear el suelo de la choza con espanto del guacamayo azul y verde que estaba columpiándose en su cadena. La lucha había comenzado silencioso y tenaz como un combate de indios. en el profuso clamor de la arboleda. Jenarito grito riendo: —¡Upa! La boa lo enrosco en la punta de la cola para elevarlo hasta el techo de la cabaña. El tigre la selva entro de un salto. Una garra había destrozado la lengua serpentina y la boa adolorida deshizo el abrazo Página 38 . A nadie obedecía como al minúsculo tirano. pero sus garras parecieron mellarse y por un minuto quedo envuelto en la red impalpable que hizo crujir las costillas. que le enterraba el puño en las fauces y le raspaba las escamas con una flecha.

Crítica a Ventura García Calderón por un minuto para volver a enlazar otra vez.5. Cuando.7. murmuraba y gemía con extraña ternura: —¡Yacu. sir. cerca de la cala.6. Amor indígena 5. El niño lo había mirado todo con un terror oscuro primero. abrazo al chiquillo alborozadamente. pobre Yacu-Mama!. un marinero moribundo hablaba español y pedía gimiendo que buscaran un intérprete en el barco. pero el oficial no retiraba la mano de la gorra. con alegría de espectador después.Mama . volvió Jenaro Valdivián y comprendió de una mirada a lo pasado. 5. Coca 5. La sangre salpicaba de un doble surtidor y ya solo se divisó en el suelo un remolino rojo que fue aquietándose hasta quedar convertido en una charca inmóvil de sangre negra. La selva de los venenos Ni yo ni el capitán pudimos aceptar con entusiasmo que se interrumpiera la partida de poker cuando habíamos ganado cinco libras y el stout era tan sabroso en la monotonía del mar. Abajo. a dos días de todo puerto. pero en seguida. acariciando con la mano las fauces muertas de su boa familiar. El juego y la cerveza negra pueden consolar de muchas soledades. en el recinto oliente a brea y bacalao. acabando en un jadeo abrumado. Un alarido resonó. de su criada bárbara. seis horas más tarde. Por eso el joven oficial se había atrevido a Página 39 . excusándose: —I am sorry.

Me moriré y no le molestaré más. Le seguí malhumorado. Le voy a cansar. No vaya. que espanta hasta a los indios cuando viene de pie como una persona dando chicotazos al tronco de los cauchos. pero antes prométame que llevará esta sortija a mi madre. apenas alumbrado por la portilla. me retuvo de la mano para que no escapara. se enloquecen y empiezan a echar espuma por la boca. —Señor… —balbuceó el enfermo en voz de lágrimas. ¡Si se pudiera dormir siquiera en el campamento! Pero todo grita. Estaban sudorosas y temblaban. señor. como era necesario que contara antes de morir a un ser viviente la congoja de su vida marrada. y este paquete cerrado. nunca. nunca. todo se queja. atravesando corredores en que silbaban ingleses bajo los balde de la ducha o zapateaba lúbricamente un negro tinto. señor… soy del Callao… Que el señor no se vaya y me perdone. gritando que los lleven río abajo. dispensa… Muchas gracias… ¿Por qué me fui a Iquitos? A hacer fortuna. por escaleras de caracol. reposaba un enfermo sobre el colgante lecho de lona. su alegría pareció delirante. ¿El señor no conoce la selva virgen? ¡Ah. ya le han hablado de ese infierno! La primera vez. hediondas y pegajosas. todo canta. dos manos titubearon para coger la mía. Era un camarote obscuro. sí. y este retrato del chiquillo. señor. Crítica a Ventura García Calderón subir hasta el camarote del capitán en que jugábamos. cuando las gentes llegan allí de noche. brea salada y tabaco inglés. En el camarote. y yo sé apenas traducir la fiebre de su monologo: —Sí. con ese olor peculiar de las cámaras bajas. que puede dar el vértigo: olor de aceite. que se ponen a ver pasar a la gente para rascarse y Página 40 . Peor son los monos y los loros. como tantos. Las fieras no son lo más perjudico ni los silbidos de la serpiente de cascabel. Cuando saludé en español se irguió en vilo un perfil amarillento. —Aquí es —murmuró el oficial cuando llegamos a la recamara en cuya puerta jugaban dos grumetes a los dados. Pero cuando supo que yo era también peruano. señor. Y como no había podido hablar en quince días.

porque se espera temblando lo que va a pasar: un rugido. una fiebre que tiemblan las quijadas y se mueren los hombres como moscas). Nadie sabe todas las cosas que vuelan. Tuvimos que amenazar con el revólver a los otros que se querían meter también a la Página 41 . No salio más. al brasilero. empezó a dar grandes gritos y se metió de un salto en un charco de agua. volvería… En la mañana quise ya salir a trabajar en el caucho cuando quién te dice que don Cristóbal el brasilero nos llama para decirnos: “Ya vienen las hormigas. millones de hormigas..” Unas hormigas gordas como el dedo pulgar. lo mismo que si lo clavaran en el suelo para espantapájaros. como le estaba diciendo. ¡Lo habíamos salvado…! Aquella excursión llevándolo en unas andas de ramas cubiertas con nuestros ponchos… ¡No le digo nada! Al pasar bajo la cima de los cedros. son cosa rica… pero antes de huir. No se veía nada en la selva obscura. señor. pero. señor. señor. Parece que vienen del cielo y se queda un cristiano atravesado de arriba abajo. un mar moreno que avanzaba por un claro de la selva. un peón. Agarré y me levanté en la noche para gastarme algunos cartuchos.. pero es malo mirar la selva bajo la luna. Crítica a Ventura García Calderón burlarse. una víbora aterrada mordió en la mano al patrón. un olor que no se olvida! Por respirarlo otra vez. qué sé yo! Un peón enfermó de beri-beri (es como terciana. Prendimos fuego y estalló el pedazo de carne. todos los pasos que se pierden con el crujido de la muerte en los caminos. ¡Paf! Sin confesión. si todo estaba lleno de ruidos?. ¡Y de silencio peor que el ruido. los monos tiraban ramas podridas y los papagayos parecían estar anunciando a la selva entera nuestro paso. una flecha. ¿a dónde. Cuando volaban juntos no se les podía mirar. pero caían flechas como lluvia. El cauchero nos gritaba en portugués que disparáramos. como al sol. señor. ¡mamita!. ¡Eso sí. ¡Qué atrocidad! Tuvimos que vaciar las balas de escopeta para rociarle la mordedura de pólvora. Parece que taladra los oídos la carcajada de los papagayos y un tiro de fusil resulta inútil. Los peones cogieron algunas para tostarlas y comérselas… No crea. porque nos cegaba la color. qué olor delicioso.

pero ella me ayudaba cada mañana a zanjar. conociendo estos bichos. mi indiecita estaba con el niño recogiendo los vasos de caucho y había encendido su linterna. una florecita que vuela. sólo una india es capaz de hacer cosa semejante! En dos por tres se arrodilló en tierra. por la tarde. allá se va. ¿qué le parece? Una cosa tan linda. cuando a la hora de la hora viene volando. se tropieza con uno y le clava el aguijón. Mire. donde el patrón. como le decía. sale de su covacha como los murciélagos. Sólo ella. afiló el machete y. corría por la selva nocturna llena de luciérnagas y de rugidos y del sonido más terrible de la serpiente de cascabel. sin gemir. la chicharra machacui. en la fotografía. señor. Donde ve luz. Sí. Y como era casi de noche. Llegó. señor. ¡Ah. vio el bracito mojado de sangre. ¡Como si me lo hubieran cortado a mí. Cuando empieza a refrescar. y si a mano viene me quedo en una tribu campa porque no le dije que me enredé con una india de buena cara que me parió un indiecito. Se nos había acabado la quinina. No sale por las tardes porque le diré que es medio cegatona. pero yo no comprendía nada. ¡tras! le cortó el brazo hasta el codo. pero lo estoy cansando. que era algo médico. La madre agarró y miró a todos lados como si buscara amparo de la Virgen Santísima. cómo se parece el pobre ñaño… No estábamos juntos ese día. con el machete. en la selva endemoniada… Se quedó lelito bajo un árbol Página 42 . los árboles de caucho. gimiendo. que tiene ponzoña. señor! Se oyó tan lejos el grito y los llantos que hasta el bosque pareció callarse. como le estaba diciendo. y el niño se puso a dar grandes alaridos. pasábamos a recoger los vasos en que ha goteado la resina todo el día… ¿El señor no oyó hablar jamás de la chicharra machacui? Una mariposa que es una víbora. y el niño se me murió allí. ¿Se figura? La madre amarraba el muñón con un pedazo de la camisa y corría. en dirección al campamento. y yo estaba loco de atar. señor. Después. Yo iba detrás con el fusil listo para los tigres. Cayó al fin muerta de mal de corazón. Durante una hora estuvo corriendo. Crítica a Ventura García Calderón charca llena de caimanes. podía quizás curar al niño.

y allí me enganché de marinero para volver a la patria… Era una mariposa bonita. en el curso de la larga ceremonia del funeral Página 43 . al muertecito. resecado y moreno. Tomó a dos manos. sobre el hecho de la tierra endurecida. rebosante aguardiente de caña. Asunción Quispe quiso probar el remedio heroico. y aquel hombre sencillo murió repitiendo el nombre de la chicharra machacui. que se agitaron relamiéndose. señor. escenario en el cual todo individuo o comunidad humana debe modificar sus costumbres y concepciones de lo que es vivir. el brazo del hijo muerto. que así se me llevaran a mi angelito. sollozando con el porongo en las manos. lloraría al compás de quenas y danzas. Este breve discurso ficcional grafica con una crudeza carente de todo atenuante. Entonces. una mariposa que tenía veneno. y empezó a verterlo con abundancia en los labios de la moribunda. Los cerdos flacos Como la vieja se quejaba con un ronquido estridente en su jergón de paja. la violencia. Asunción Quispe n lloró. Crítica a Ventura García Calderón de caucho. Lloraba más tarde. Pero esta vez solo sirvió para suavizar una agonía. señor. una mariposa linda… Estrujaron la mía sus manos sudorosas. Cuando pude separar de sus dedos el saco impermeable hallé dentro. Dígame si es justo. El cañazo lo cura todo en la sierra del Perú. para comérselo… Yo no sé cómo pude escapar a Manaos. en unión de sus parientes.8. bajó de la sombra el tigre que había estado siguiéndonos y se llevó. 5. Era una mariposa de todos los colores. blanco como el papel. la inmensa vasija de barro cocido. por la santa caridad. rudeza y vitalidad de los parajes de la amazonia americana. en un rincón. de un salto.

Crítica a Ventura García Calderón como sus padres y abuelos de los tiempos sin memoria. tres. que sirve de alcancía a los indios. en la pascana de santo Cristo. A medio camino. Dos compadres de la vecindad se prestaron a disponer con troncos enlazados la litera en que transportar a la finada. El camino tallado en la montaña. era mejor salir al encuentro del taita cura llevando en hombros a la muerta. Calculó contando con los dedos. Iba detrás Asunción Quispe. El infierno es un país de nieve. entonces se decidió a atar con un ronzal a sus dos cerdos rosas que estaban osando la tierra junto a la cama de la muerta. que se forjaba mullendo a su paso las piedras de cuarzo puntiagudo. los tres amigos se detenían a cobrar ánimos con aquel porongo de aguardiente instalado en los brazos de la muerta. Bien pensado. Todas las cumbres blancas tenían una aureola de alas negras: los cóndores. una semana. donde se trabaja todo el santo día bajo el látigo de un alcalde negro. junto a la cruz de hierro del santo Cristo. Era el único bien que le quedaba. Un nacimiento puede durar dos días. en el fondo del muñeco tejido con lana de colores. que empañados ya por la humedad de la sierra. al taita cura. y comprendió Página 44 . suavizado hacia ratos a causa de la nieve de la alta cima. atentos a la presa posible en el fondo del valle desamparado. ¿En dónde estaría el señor cura? Los vecinos dijeron que se marchaba temprano a caballo para festejar un nacimiento en la cima de los andes. Cuando arreciaba el viento helado. no son jornada extrema para los indios. Al taita cura era preciso hablarle con buenas razones. le quedaron a Asunción Quispe algunos soles de plata de diferentes puños. hallaron al cura. interceptaba la ruta. tirando del ronzal de los cerdos. que dispusiera el entierro católico. casi negros. según la cantidad de alcohol y el lujo de los vecinos. Diez horas de marcha pie. pues si hisopo y latines la india se iba al infierno derechamente. desprovisto de alcohol y de llamas familiares. que montaba a caballo. Por el momento era preciso buscar al cura. sino algún rebaño de llamas. Nadie. por senderos de serranía.

y esperó la sentencia de don Felipe Muñoz. hinchada la nariz de barros violetas. entreabrió los hocicos lodosos. La mano gruesa palpó el vientre y el lomo. se redujeran las tarifas. Crítica a Ventura García Calderón sin palabras. que no sabían decidirse. las palmadas intermitentes acompañaron una danza rápida y contoneada. volvió a montar. ¡Dos cerdos flacos! El entierro valía mucho más. acostumbrado ya a estos lances. Dos horas después. al chiquillo por bautizar y le daba a probar algunas gotas de aguardiente para ser de pronto enérgico. todos los latines del libro mayor. Era un hombre recio. atado a los hombros. que el cura mismo seguía con un meneo de la cabeza. pasarían en él toda la noche. ¡Era quizá la danza de las vírgenes en los antiguos templos del Sol! Sentada en la Página 45 . con sardónico sonreír. Asunción y sus compadres se miraban con sus espantos de esclavos. y regresarían mañana con más dinero que podrían prestarle quizá a otros compadres. Puesto que festejan bautizo en el villorrio cercano. Junto al fuego de estiércol de llama. Pero el cura Muñoz conoció muy bien a estos indios avaros. La dejarían bajo el alero de esta choza en ruinas. desdobló prolijamente una tela de colores en cuyo centro estaban arropadas las monedas de plata. ¡No podía ser! Asunción Quispe corrió tras el caballo del cura gimiendo que. De las guitarras bien templadas se elevó un acorde brusco. el cura del valle. sacristán con sobrepelliz. Encogiéndose de hombros. Un entierro decente de misa baja. Con agilidad insospechable se apeó para examinar de cerca los cerdos rosa. ¿Qué hacer ahora? Era muy pesada la carga para volver con ella al pueblo. bien jinete. Para los indios. por esta vez. arropada en su poncho de violeta. breve en palabras. La muerta se quedó allí. Proponían hoy dos cerdos. llegaban a la pascana en fiesta. mañana vendrían con la vaca. tradicional en el país. Bailarían llorando ante la cuna como ante una tumba. Llevaba a cuestas en el poncho. la madre bebía con cara de concurrente. Asunción Quispe se despojó del cónico sombrero de fieltro. brutal en su ademán. la alegría y el luto se parecen.

Siguieron su caballo Asunción y sus amigos cantando en quechua las milenarias canciones al padre Sol. El cura mismo se inmutó. comprendieron que los cóndores la habían devorado en la noche. Estaban ya consolados. vestido de fiesta. bajo el rústico alero. casi felices. El cura Muñoz sonrió entonces ferozmente porque una idea genial le afloró las sienes. tal vez abuela de todos. solo faltaba el cadáver. Pocas veces el cura había visto en sus indios incertidumbre y terror semejantes. dulcemente. como en los sermones de cuaresma. la litera de troncos. y como el dinero se acabó. si no se alejaba agrandes brincos de la peña del abismo. De tarde en tarde. Entonces mirando el cielo lleno de alas. un toco de oro. Duraba la marcha algunas horas cuando un grito de espanto de Asunción Quispe les erizó la carne a todos. al padre benévolo que regresa cada mañana para visitar a sus hijos terrestres. dejaron en prenda del aguardiente adquirido los cerdos flacos. En quechua.. explicó a los indios lo ocurrido: era venganza de los demonios encarnados en aves de rapiña. ¡Artimañas del diablo debían ser!. sus manos vacilantes tanteaban en las trenzas el piojo que romper con los dientes con un estallido exacto y suave… Infatigables.. estaba adivinando la sunción de la luna con los ojos empañados por la gota serena. se puso a perseguir a pedradas a un cóndor perezoso que no quería volar. el poncho en jirones. con dos sombreros sobrepuestos y las trenzas colgando sobre el pecho una vieja antiquísima. a exorcizar a los Página 46 . ¿Quién se había llevado a la muerta? Estaban allí. Jamás en el poblacho los cóndores devoraban otra cosa que las bestias de carga. el cura mandó a ensillar. Crítica a Ventura García Calderón puerta. y para aplacar las sagradas iras vendría mañana. Cuando a las cinco de la mañana un sol moroso arrastraba por las punas. Uno de los indios. porque nadie quiso pagar este año un diezmo conveniente a su taita y señor. furioso. los tres compadres danzaron y bebieron la noche entera. bajo su lomo de vicuña herida.

Crítica a Ventura García Calderón cóndores. otra quena respondió más lejos. “un colonial” que había recorrido todas las selvas del mundo. yo puedo contarles su aventura entre los indios witotos de mi tierra. por supuesto. de perilla afilada. le da por dar la vuelta al Atlas!. que rampando montañas atraviesa infinitos picos nevados y está suspendido sobre abismos de torrentes. Solo así tendría descanso eterno el alma de la india muerta. pero no quiso quedarse en Lima. 5.. límpidos. las gentes se reían en mis barbas con una perfecta incredulidad. con ojos azules. sino se encaminó a la floresta virgen. muy simpático. Vignon fue el primero que exploró algunas islas oceánicas y el misterioso reino del Tíbet.. a lomos de mula. Pues bien. ¡Sin embargo.. Vignon — ¿no le conocen?—.. pero cada vecino del pueblo debería llevar al curato sus mejores rebaños. como si en un tugurio de Londres no pudiésemos hallar salvajes auténticos…He frecuentado mucho a Lucien Vignon.nos dijo Víctor Landa-. El viaje a Iquitos. Historias de caníbales —Cuando yo refería eso en Europa. a Página 47 . era un francés nervioso. Amigo de Gauguin. Un día se marchó al Perú. Y es que se tienen ideas preconcebidas acerca de la civilización y de la barbarie. el explorador que ha publicado tantos libros excelentes y de quien no se ha vuelto a hablar más después de la guerra. Le conocí en La Legación del Perú en Paris. Después. todo el paisaje embrujado.9. ¡Cuando un francés. polo menos un mes. Todas las flautas del valle parecían cantar la endecha de la raza que nunca supo sublevarse. en primer lugar el tren. no era a la sazón una sinecura. Resonaron quenas en la altura. el vasto puerto del amazonas. la cabaña. ello es tan simple!. rociando con agua bendita las agudas piedras. utilizando todos los medios de locomoción. tan casero. Los indios inclinaron le frente morena y sumisa.

¡Diantres! ¡Si venía en busca de sensaciones fuertes. los outlaws que el domingo. Entonces es necesario dejarse atar en una como plataforma de madera. que no hallaba el país tan salvaje como podía suponerse. pues esa caída a través de las estrellas os puede dar el vértigo. él había sentido. la balsa del país. entre la vegetación monstruosa de un Canaán venenoso. en donde todas las tribus del amazonas acuden a matarse buscando el precioso condimento. el inglés más correcto del mundo.parten a alimentar el más amplio río del universo. Página 48 . las víboras pequeñas. los outlaws de veinte pueblos. medio empapado por los remolinos que hacen virar la balsa. escapados acaso de la Cayena. apenas había llegado a Iquitos cuando quiso partir a la selva incógnita. porque el cielo está azul. Solo que han bebido y llevan encima los mejores revólveres de Europa… Al gobernador de Loreto le fue muy simpático en seguida este francés enérgico y burlón. por simple diversión. podéis enviar un adiós cordial a vuestros parientes. Pocos días antes se había visto a míster Roberts. se persiguen riendo a través de las lianas de la floresta. que se desliza a ras del agua. la atracción funesta de la selva. más lejos que la “ montaña de la sal”. Crítica a Ventura García Calderón pie o en litera de hoja. Ya es suficiente Iquitos para el aficionado a exotismos: las boas. Sin duda al explorador Lucien Vignon no le pareció demasiado rudo tal deporte. como dicen en mi tierra. Tan aprisa como una buena flecha india. que a veces halláis en vuestro lecho— ¡y no hablo en sentido figurado!—. el director de la “Iquitos Rubber Company”. donde comienza la gran región de lluvias torrenciales… De allí los vertiginosos afluentes – Los rápidos. muy lejos. que os acarician las manos como gatos domésticos. que fuera a tierra de caníbales! No le chocaba esta afición de explorador. con el evidente peligro de no poder contar después la aventura si el río está revuelto. cerrando bien los ojos. como tantos otros.

que ha llegado a ser jefe de tribu y el coronel de Lima. Puesto que Lucien Vignon era tan intrépido.. Fue necesario atarla como a una bestia. El lenguaraz se había enterado que era una hechicera temible. El gobernador le prestó algunos indios civilizados y un lenguaraz (hablador o intérprete). Página 49 . riendo. podía partir al encuentro de los antropófagos. Un día que los exploradores habían descubierto en un calvero a una tribu pequeña. la vieja. estas son historias íntimas que la discreción nos veda comentar. sentíase moribunda y parecía rogar a su nieta que le otorgase un servicio. Y helos allí durante un mes extraviados en el infierno magnífico. De regreso a Iquitos. En fin. y sus dos Hijas casadas con salvajes?. profiriendo alaridos. los más feroces indios de Loreto. decía Vignon más tarde. maldiciendo con magnificencia. que conocía una veintena de lenguas locales. con plumas en la cabeza y el cuerpo desnudo embadurnado de colores chillones. vestido de salvaje campa. mal repuesta de sus emociones. “¡Lo que me molesta un poco —confesaba a sus amigos antes de abandonar la vida civilizada— es la fama de la Gran Bretaña”. sus flechas. largas como lanzas. ¿pero y el sobrino de Garibaldi. la hechicera de la tribu. Acaso pudiera decirse que este inglés era un excéntrico. una hermosa muchacha que mordió en el brazo a sus raptores. caen rectas del cielo y clavan a un hombre para siempre. “Una sirenita”. Juan Cancio Garibaldi. salvo una pobre vieja y su acompañante. los salvajes lograron escaparse. devorando monos y tortugas gigantes. resguardándose de los tigres y de los naturales. y Lucien Vignon la llevó en una hamaca peruana que la rodeaba como una malla. como bien lo indicaban los ojos disecados que llevaba en forma de collar.. un gran servicio. con los brazos en alto y la boca espumante. a la que persiguieron a tiros. por lo menos. peores que los tigres. Crítica a Ventura García Calderón perderse en el alto Paraná. Murió al día siguiente.

Los hay que son materialistas y solo piensan en el “trozo selecto”. Aquella vieja hechicera procedía. y el robo no existe en las costumbres de los salvajes de mi tierra. Muy de prisa aprendió algunas palabras en español. decía siempre la verdad. y permaneció turbada un instante. se volvió con prudencia para contemplar la persona colocada detrás de la luna. como todas las de su raza. por dios. como si no fuera aquello novedad. De tal modo se divirtió. Crítica a Ventura García Calderón Cuando la vieja supo por su intérprete que la enterrarían después de su muerte. en donde se atribuye siempre a los caníbales hábitos de vil glotonería. en suma. pero os aseguro que los indios de mi tierra son espiritualistas a menudo. que la idea de ser enterrada le parecía repugnante… Lucien Vignon no quiso permitir a la nieta que cumpliera con el deber filial de los witotos. estaba decidida a no extrañarse de nada. Orgullosa. Pero en el cinematógrafo— en Iquitos lo hay también— ni siquiera vaciló. como una dama católica que desea morir según sus ritos. Pongamos que era una reaccionaria. ella quería que después de muerta se la comiera su nieta. Ante el primer espejo que hubo visto en su vida. no. las cuales resumían para ella la civilización. Extraordinariamente vivaz era la indiecita. invocando a todos sus dioses. Ella estaba segura de que la energía de la raza se conserva comiéndose los muertos y solo así se transmiten las virtudes a través de los siglos. pero admitamos. Esta es la parte de mi relato más difícil de explicar en Europa. ataviándola con un vestido blanco y un ramo de azahar. embusteros y ladrones. No. que seis meses después. se Página 50 . En realidad había pasado su juventud bañándose desnuda durante el santo día en las riberas. Lucien Vignon se divertía con la moza como con un animalito familiar. La pequeña se mantuvo inconsolable por ocho días. y solo se calmó al convencerle de que la prohibición no había sido castigo. tres sobre todo que pronunciaba bien: sucios. se echó a llorar desgarradoramente.

a juntar las manos y a rogar al dios exótico. en cuanto pasó por Manaos. Por prudencia dejó a su mujer en Francia. como el director de la Compañía inglesa de caucho. decía cosas perfectamente cuerdas. más grave aún: se lo había comido la tribu de su mujer. el explorador regresó a Europa. En seguida supimos que se había convertido en jefe de una tribu. pero a fe mía que tenía una soberbia presencia esta pequeña endiablada. qué digo. que había aprendido perfectamente— merced a las lecciones de un fraile misionero de Ocopa— a arrodillarse. La ciudad había acudido a verles en son de burla. o el sobrino de Garibaldi…Pero no. La menuda antropófaga leía ya novelas y relatos de viaje. La “Montaña” entera Página 51 . era algo. Ante los extraños. como el paludismo. con su singular madame Vignon. ella permanecía silenciosa y crispada. las mujeres hermosas me interrumpían siempre: “Sí. Evidentemente. ¡Estos franceses son incorregibles! Os aseguro que hablo enserio y refiero al epílogo tal como me lo contaron amigos de Loreto: Los salvajes se visitan fácilmente en la floresta. en el Brasil. Apenas Lucien Vignon estuvo de regreso en Iquitos. alternando el francés con el español. y la historia de la menuda civilizada los había enfurecido. Un día me indicó sobre un mapa el lugar exacto de la selva donde la había hallado su marido… Lucien Vignon quiso regresar al Perú a completar sus trabajos. Meses más tarde nuestra Legación recibía un telegrama de Lima: “Lucien Vignon desaparecido en los alrededores de Iquitos”. Crítica a Ventura García Calderón casaba con ella en la iglesia de Iquitos. cuando yo explicaba esto en París. meditaron matarle. pero en familia. comido por su suegra”. enfermo acaso del mal de la floresta. En fin. y en su torpe lenguaje. Y era una carcajada general. que nadie puede curar y que da accesos. y yo los vi en París sin asombro.

Pero ¿Madame Vignon?. Bien pronto supieron atraerle. escapados un día de Ocopa. son idealistas. pues mis indios. Los indios de su tribu la desdeñan porque es una civilizada ya. en el transcurso de una fiesta suntuosa. Antiguos alumnos de los padres. su guía. os lo ruego. Todo quedaba en paz y la tribu de los conservadores no cabía en sí de gozo. adquiriendo además de las potencias diabólicas de estos hombres de cabellos dorados y de ojos azules que manejan tan bien las armas de fuego. ¡Cuán simpáticos y lisonjeros son los indios cuando quieren serlo! El explorador no desconfiaba. comprado con algunas libras de pólvora. Se encontraron allí después los Evangelios abiertos y dos cirios regados de sangre. Un día entero en la floresta. Comiéndose al francés que había devorado el cadáver de la vieja hechicera —de ellos estaban persuadidos— la tribu recuperaba sus pérdidas fuerzas espirituales y sus amados secretos de magia. bajo las flechas en cruz. que lleva todavía en el fondo de la floresta virgen. Descartad. es decir. que ha aprendido a mentir. que roba los maridos a las demás Página 52 . se avino a extraviarle para que pudieran cogerle vivo en las trampas altas de los tigres: una especie de nido de hojarascas podridas. sólidamente rodeado de bejucos. sonidos telegráficos— que el explorador llegaba al país. lo repito. También volvió poco después. con sonoridad de cañón. habían dispuesto la fiesta para probar a estos civilizados que conocen bien sus libros de hechicerías y sus dioses ridículos. se me preguntará. una extraña y sin duda irónica ceremonia en una calva floresta. Crítica a Ventura García Calderón sabía por el telégrafo de los indios —un tronco vacío capaz de lanzar a muchas leguas a la redonda. no pudiendo habituarse a permanecer desnuda. El jefe fue quien lo comió primero. con sus vestidos de parís. toda idea de glotonería. porque le prometieron las mariposas de fuego más hermosas.

nos dijo Víctor Landa-. ¡Cuando un francés. Le conocí en La Legación del Perú en Paris. tan casero.10. El viaje a Iquitos. de perilla afilada.. límpidos.. Crítica a Ventura García Calderón mujeres y que se niega a bañarse de la mañana a la noche. el explorador que ha publicado tantos libros excelentes y de quien no se ha vuelto a hablar más después de la guerra. La llama blanca — Cuando yo refería eso en Europa.. Un día se marchó al Perú. Los actores. pasando por los foráneos y culminando tan intensamente en la ficción tejida sobre un grupo humano que a pesar de vivir en los márgenes de la civilización 5. las gentes se reían en mis barbas con una perfecta incredulidad. Vignon fue el primero que exploró algunas islas oceánicas y el misterioso reino del Tíbet. Esta muestra de exotismo recorre vericuetos nuevos y más concretos en el abordaje de un mundo hostil que ya no solo se circunscribe al escenario en sí. sino se encaminó a la floresta virgen. “un colonial” que había recorrido todas las selvas del mundo. el vasto puerto del amazonas.. con ojos azules. pero no quiso quedarse en Lima. por supuesto. era un francés nervioso. como sus compañeras. polo menos Página 53 . Y es que se tienen ideas preconcebidas acerca de la civilización y de la barbarie. Pues bien. le da por dar la vuelta al Atlas!. en los sagrados ríos de mi tierra… Un relato modernista por excelencia. muy simpático. Vignon —¿no le conocen? —. no era a la sazón una sinecura. yo puedo contarles su aventura entre los indios witotos de mi tierra. ello es tan simple!. como si en un tugurio de Londres no pudiésemos hallar salvajes auténticos…He frecuentado mucho a Lucien Vignon. desde la naturaleza. ¡Sin embargo. Amigo de Gauguin.

podéis enviar un adiós cordial a vuestros parientes. ¡Diantres! ¡Si venía en busca de sensaciones fuertes. los outlaws de veinte pueblos. Solo que han bebido y llevan encima los mejores revólveres de Europa… Al gobernador de Loreto le fue muy simpático en seguida este francés enérgico y burlón. Sin duda al explorador Lucien Vignon no le pareció demasiado rudo tal deporte. pues esa caída a través de las estrellas os puede dar el vértigo. entre la vegetación monstruosa de un Canaán venenoso. medio empapado por los remolinos que hacen virar la balsa. Tan aprisa como una buena flecha india. que no hallaba el país tan salvaje como podía suponerse. Después. los outlaws que el domingo. donde comienza la gran región de lluvias torrenciales… De allí los vertiginosos afluentes — Los rápidos. que fuera a tierra de caníbales! No le chocaba esta afición de Página 54 . apenas había llegado a Iquitos cuando quiso partir a la selva incógnita. con el evidente peligro de no poder contar después la aventura si el río está revuelto. las víboras pequeñas. se persiguen riendo a través de las lianas de la floresta. más lejos que la “ montaña de la sal”. Ya es suficiente Iquitos para el aficionado a exotismos: las boas. Crítica a Ventura García Calderón un mes. que rampando montañas atraviesa infinitos picos nevados y está suspendido sobre abismos de torrentes. que a veces halláis en vuestro lecho— ¡y no hablo en sentido figurado!—. en primer lugar el tren. porque el cielo está azul. escapados acaso de la Cayena. a lomos de mula. la balsa del país. cerrando bien los ojos. Entonces es necesario dejarse atar en una como plataforma de madera. como dicen en mi tierra— parten a alimentar el más amplio río del universo. utilizando todos los medios de locomoción. por simple diversión. muy lejos. en donde todas las tribus del amazonas acuden a matarse buscando el precioso condimento. que os acarician las manos como gatos domésticos. a pie o en litera de hoja. que se desliza a ras del agua.

De regreso a Iquitos. “Una sirenita”. peores que los tigres. sentíase moribunda y parecía rogar a su nieta que le otorgase un servicio. Y helos allí durante un mes extraviados en el infierno magnífico. Murió al día siguiente. Un día que los exploradores habían descubierto en un calvero a una tribu pequeña. “¡Lo que me molesta un poco —confesaba a sus amigos antes de abandonar la vida civilizada— es la fama de la Gran Bretaña”. ¿pero y el sobrino de Garibaldi. la vieja. vestido de salvaje campa. Fue necesario atarla como a una bestia. y Lucien Vignon la llevó en una hamaca peruana que la rodeaba como una malla. riendo. resguardándose de los tigres y de los naturales. Juan Cancio Garibaldi. que ha llegado a ser jefe de tribu y el coronel de Lima. estas son historias íntimas que la discreción nos veda comentar. la hechicera de la tribu. como bien lo indicaban los ojos disecados que llevaba en forma de collar. Crítica a Ventura García Calderón explorador. podía partir al encuentro de los antropófagos. Acaso pudiera decirse que este inglés era un excéntrico. caen rectas del cielo y clavan a un hombre para siempre. el director de la “Iquitos Rubber Company”. y sus dos Hijas casadas con salvajes?. Puesto que Lucien Vignon era tan intrépido. devorando monos y tortugas gigantes. decía Vignon más tarde. maldiciendo Página 55 . largas como lanzas. salvo una pobre vieja y su acompañante. la atracción funesta de la selva. perderse en el alto Paraná. que conocía una veintena de lenguas locales.. los salvajes lograron escaparse. por lo menos. un gran servicio. El gobernador le prestó algunos indios civilizados y un lenguaraz (hablador o intérprete). una hermosa muchacha que mordió en el brazo a sus raptores. sus flechas. a la que persiguieron a tiros. como tantos otros. mal repuesta de sus emociones. El lenguaraz se había enterado que era una hechicera temible. con plumas en la cabeza y el cuerpo desnudo embadurnado de colores chillones. Pocos días antes se había visto a míster Roberts. En fin. el inglés más correcto del mundo. él había sentido. los más feroces indios de Loreto..

como todas las de su raza. que la idea de ser enterrada le parecía repugnante… Lucien Vignon no quiso permitir a la nieta que cumpliera con el deber filial de los witotos. en suma. y solo se calmó al convencerle de que la prohibición no había sido castigo. pero admitamos. por dios. Los hay que son materialistas y solo piensan en el “trozo selecto”. como una dama católica que desea morir según sus ritos. y el robo no existe en las costumbres de los salvajes de mi tierra. como si no fuera aquello novedad. Cuando la vieja supo por su intérprete que la enterrarían después de su muerte. decía siempre la verdad. embusteros y ladrones. Lucien Vignon se divertía con la moza como Página 56 . en donde se atribuye siempre a los caníbales hábitos de vil glotonería. y permaneció turbada un instante. Ante el primer espejo que hubo visto en su vida. profiriendo alaridos. tres sobre todo que pronunciaba bien: sucios. Pero en el cinematógrafo— en Iquitos lo hay también— ni siquiera vaciló. invocando a todos sus dioses. Orgullosa. Muy de prisa aprendió algunas palabras en español. con los brazos en alto y la boca espumante. En realidad había pasado su juventud bañándose desnuda durante el santo día en las riberas. no. las cuales resumían para ella la civilización. ella quería que después de muerta se la comiera su nieta. No. se volvió con prudencia para contemplar la persona colocada detrás de la luna. Crítica a Ventura García Calderón con magnificencia. Esta es la parte de mi relato más difícil de explicar en Europa. pero os aseguro que los indios de mi tierra son espiritualistas a menudo. Aquella vieja hechicera procedía. Extraordinariamente vivaz era la indiecita. estaba decidida a no extrañarse de nada. se echó a llorar desgarradoramente. Pongamos que era una reaccionaria. La pequeña se mantuvo inconsolable por ocho días. Ella estaba segura de que la energía de la raza se conserva comiéndose los muertos y solo así se transmiten las virtudes a través de los siglos.

¡Estos franceses son incorregibles! Os aseguro que hablo enserio y refiero al epílogo tal como me lo contaron amigos de Loreto: Los salvajes se visitan fácilmente en la floresta. era algo. las mujeres hermosas me interrumpían siempre: “Sí. y en su torpe lenguaje. Por prudencia dejó a su mujer en Francia. Evidentemente. alternando el francés con el español. ella permanecía silenciosa y crispada. que había aprendido perfectamente— merced a las lecciones de un fraile misionero de Ocopa— a arrodillarse. pero a fe mía que tenía una soberbia presencia esta pequeña endiablada. ataviándola con un vestido blanco y un ramo de azahar. decía cosas perfectamente cuerdas. que nadie puede curar y que da accesos. comido por su suegra”. La menuda antropófaga leía ya novelas y relatos de viaje. pero en familia. más grave aún: se lo había comido la tribu de su mujer. Un día me indicó sobre un mapa el lugar exacto de la selva donde la había hallado su marido… Lucien Vignon quiso regresar al Perú a completar sus trabajos. con su singular madame Vignon. enfermo acaso del mal de la floresta. se casaba con ella en la iglesia de Iquitos. En seguida supimos que se había convertido en jefe de una tribu. o el sobrino de Garibaldi…Pero no. En fin. La ciudad había acudido a verles en son de burla. Apenas Lucien Página 57 . que seis meses después. De tal modo se divirtió. y yo los vi en París sin asombro. Ante los extraños. como el director de la Compañía inglesa de caucho. cuando yo explicaba esto en París. el explorador regresó a Europa. y la historia de la menuda civilizada los había enfurecido. Y era una carcajada general. Crítica a Ventura García Calderón con un animalito familiar. como el paludismo. a juntar las manos y a rogar al dios exótico. Meses más tarde nuestra Legación recibía un telegrama de Lima: “Lucien Vignon desaparecido en los alrededores de Iquitos”.

Se encontraron allí después los Evangelios abiertos y dos cirios regados de sangre. Comiéndose al francés que había devorado el cadáver de la vieja hechicera —de ellos estaban persuadidos— la tribu recuperaba sus pérdidas fuerzas espirituales y sus amados secretos de magia. sonidos telegráficos— que el explorador llegaba al país. sólidamente rodeado de bejucos. qué digo. porque le prometieron las mariposas de fuego más hermosas. con sonoridad de cañón. son idealistas. meditaron matarle. Un día entero en la floresta. su guía. en el transcurso de una fiesta suntuosa. en el Brasil. Pero ¿Madame Vignon?. una extraña y sin duda irónica ceremonia en una calva floresta. con sus vestidos de parís. se me preguntará. comprado con algunas libras de pólvora. Bien pronto supieron atraerle. La “Montaña” entera sabía por el telégrafo de los indios —un tronco vacío capaz de lanzar a muchas leguas a la redonda. También volvió poco después. Antiguos alumnos de los padres. Crítica a Ventura García Calderón Vignon estuvo de regreso en Iquitos. que lleva todavía en el fondo de la floresta virgen. Todo quedaba en paz y la tribu de los conservadores no cabía en sí de gozo. no pudiendo habituarse a permanecer desnuda. adquiriendo además de las potencias diabólicas de estos hombres de cabellos dorados y de ojos azules que manejan tan bien las armas de fuego. lo repito. toda idea de glotonería. escapados un día de Ocopa. bajo las flechas en cruz. El jefe fue quien lo comió primero. ¡Cuán simpáticos y lisonjeros son los indios cuando quieren serlo! El explorador no desconfiaba. habían dispuesto la fiesta para probar a estos civilizados que conocen bien sus libros de hechicerías y sus dioses ridículos. pues mis indios. os lo ruego. Descartad. en cuanto pasó por Manaos. se avino a extraviarle para que pudieran cogerle vivo en las trampas altas de los tigres: una especie de nido de hojarascas podridas. es Página 58 . Los indios de su tribu la desdeñan porque es una civilizada ya.

vestida con anchas y sonoras faldas de percal. aseguraba sonriendo aquel poeta limeño desterrado voluntariamente en un rincón de la sierra cuando llegamos al despacho de El Alba Roja. que ha aprendido a mentir. El Alba Roja era su diario. un soberbio cura serrano que tenía tantos hijos como haciendas y gobernaba por el doble terror del infierno. como sus compañeras. A la criollita «A la criollita. el dueño del único bazar. Crítica a Ventura García Calderón decir. Su infancia había sido monótona y gris. su periodismo y su matrimonio con esta lánguida morena de ojos inmensos que no decía palabra. que fue. el jefe del Correo. clavaba sus Página 59 . el juez de paz y el cura. y de una cuchillada de sus acólitos. Una trasquila de carneros o una doma de potros fueron sus únicas fiestas. en la otra vida. en los sagrados ríos de mi tierra… 5. «A la criollita. no más». con todo. que lo era también de un bar contiguo. no más». Primero Manuel la vio los domingos. cuando. Manuel Junqueira explicaba que se podían contar éstos con los dedos: el boticario. en ésta. que roba los maridos a las demás mujeres y que se niega a bañarse de la mañana a la noche. En contra suya estaban los poderes constituidos: el gobernador. Era una de esas mozas sentimentales y candorosas que en el fondo de una hacienda peruana viven en espera del novio venido de lejos. sobre todo. una hoja mal impresa en papel de estraza. venía a misa y a feria: ambas cosas ocurren a las once del día. Todo había sido criollo. explicaba el poeta. el mejor periódico y el órgano de los liberales de la comarca. El mismo día de mi llegada a Huaraz bebí doce aperitivos con los doce liberales notorios. como la sierra. Trepaba el chalán al lomo nuevo que no había recibido montura.11.

agravó las cosas y nunca fueron más furibundos sus artículos. y fue milagro patente. que dos lágrimas resbalaban de los ojos del santo Cristo de la iglesia mayor. lloraba en un cuarto de la hacienda. los hermanos de Inés. señor. podía ser. Entonces Junqueira publicó el relato de un viajero inglés que viera en Lima. lleno de filigranas de plata y abanicos dorados. Durante un mes se comentaba el lance. entretanto. Crítica a Ventura García Calderón espuelas nazarenas y por una hora divertía a los hacendados con la prueba tremenda: el potro rezumante que no puede correr porque lleva atada una pata. se cruzaron apenas las miradas como en todos los idilios de mi pueblo romántico. el pacto humano del bozal y las riendas. en fin. señor. la llegada de un poeta limeño de melenas rubias que ostentaba por las calles una corbata roja y fundaba un diario impío debía inquietar exquisitamente a todas las mozas de los contornos. Aquello fue también netamente criollo. pero estaba ya seguro de ser querido y fue a pedirla sin ambages en un lindo caballo de paso. para turbarlo. “Más tarde. a fuer de poeta. sudoroso y rendido hasta aceptar. La novia. señor. Página 60 . en vanguardia silenciosa y taimada. Junqueira vio a Inés de lejos. Al salón colonial. un Cristo de la Inquisición que abría y cerraba los ojos frente al reo. en tiempos coloniales. ya verían. Cuando yo llegué a Huaraz. que camina a saltos bajo el implacable rebenque. por obra y gracia de un misionero descalzo. Junqueira. la lucha de la juventud liberal con la vejez conservadora. jurando que iba a meterse monja. advirtieron las gentes. En tal vida agreste. sin mirar de frente ni responder sino con evasivas serranas. con la boca blanca de espuma. fueron saliendo gentes de luto: los padres. Un familiar oculto tras de la efigie hacía girar los santos párpados como los de una muñeca. la lucha había sido ya larga. En aquellos días.” Pero la moza no volvió a misa y Junqueira comprendió por los chismes locales la imposibilidad del matrimonio con un hereje de Lima que leía los libros de González Prada. rodando al suelo.

hijita. Su prestigio romántico favorecía sus andanzas. Crítica a Ventura García Calderón Esto era sólo verdad histórica. pero durante una mañana entera la procesión de desagravio circuló por las calles de Huaraz. resignada a aceptar la suerte de todas las novias de la comarca que tienen padres severos. mientras Junqueira se reía. —No tengas miedo. Se la robó llevándola en las ancas. un caballo que tenía amarrados a los cascos jirones de poncho para que su paso fuera silencioso. ¡Vénganme a mí con muñecos de estopa! Página 61 . el rapto de cada día que no ofende la moral ni el honor de las mujeres si ello acaba después. sólo vestida con su camisa de dormir. como tantas veces. Manuel! Son capaces de una atrocidad. En el salón su pobre compañera suplicaba: — ¡Que no te vean. Sólo que Junqueira no aceptaba las leyes de la Iglesia y habló de un matrimonio civil. románticamente. Tú no los conoces. azotándose las botas con el chicotillo de junco. que es una ofensa pública al Señor. ufano de su revólver. en donde nadie. Él iba cada semana a tocar la quena en las cercanías de la hacienda e Inés acudía como una Sulamita criolla. El idilio comenzaba así. Una noche vino a caballo. que estaban pervirtiendo a la provincia con sus doctrinas ateas y diabólicas. que vimos arder desde los balcones de El Alba Roja. el cura hizo quemar los números de El Alba Roja. desfalleciente de amor. después de misa. Aquello fue un escándalo. con el perdón de lo pasado. habitual si puede decirse. Una tarde. sospechó el ardid. pintado el rostro de ocre. fue conduciendo su rebaño hasta la casa de la hacienda. sino la novia. en un matrimonio fastuoso. disfrazado de pastor de llamas. Comenzaba el poeta a ser una gloria local. El domingo. Yo estaba allí cuando le quemaron en efigie: un muñeco de estopa vestido de levita. El poeta de Lima comenzó a ser entonces el enemigo del pueblo.

un grupo de enmascarados destrozó las puertas de El Alba Roja. a caballo. cuando no hostiles e incompatibles. Ya verá cómo los voy a domar con este látigo. «A la criollita. Crítica a Ventura García Calderón Al día siguiente vimos desfilar por la plaza a la familia de Inés. e Inés ha de ser ahora una de esas mujeres prematuramente viejas. los encuentra dificultosamente asimilables. Se persignaron al cruzar por la plaza como delante del cementerio nocturno donde hay almas en pena que salen suspirando. mientras amarraban en la silla de amazona a su esposa. y con doce tiros en la cabeza le dejaron por muerto. no más. vestidas de luto riguroso. Es decir. que era la casa del poeta. compañero.» No puedo recordar la frase sin estremecerme. que gemía desgarradoramente. Junqueira me acompañó hasta las afueras: —A la criollita. De modo que. por ejemplo. que vienen en las tardes de trisagio y novena a gimotear a los pies de aquel Cristo que tiene llagas moradas en las palmas y llora de verdad como los hombres. vestida de negro. por no pertenecer a la costumbre cristiana por naturaleza. no más. Aquí el autor comienza a desentrañar en su relato los sustratos religiosos del hombre andino. y cuando me marché del pueblo para seguir buscando minas de plata. sino también el hecho de que Página 62 . *** Pocos días después. El poeta publicó un artículo vengador sobre aquel desfile. quien. a las dos de la mañana. tenemos a un «cura serrano que tenía tantos hijos como haciendas»: no sólo la tara de procrear irresponsablemente y sin la necesidad de que sea por función reproductiva. al menos en cuanto a cuestiones religiosas y de creencias arraigadas. la idiosincrasia conflictiva del indio. Iban a casa del cura. El liberalismo de la provincia quedó muerto con la cabeza acribillada.

despierta y contraria los ánimos de los pobladores de la sierra. quien se torna de a pocos. en donde se desmerita de tal modo que pasa desapercibido o. Será este intrigante personaje quien terminará con la cabeza y la casa destrozadas a punta de ráfagas de balas. el enemigo del pueblo. Los potros relincharon dulcemente con las orejas apuntadas al Norte. Por otro lado. patrón. el cuento está escrito de tal forma que se presentan estos defectos sacrílegos en un hombre de religión por el mero motivo de descender de la etnia indígena. El poeta encarna al artista difícilmente incomprendido en parajes lejanos y exóticos como lo son los serranos. el caso del poeta. Crítica a Ventura García Calderón demuestre un notorio apego a los bienes materiales. en este caso haciendas. encontramos la presencia artística en un campo presentado como impropio. peor aún. como un lugar prácticamente nacido de espaldas al arte de la palabra. Esto no se daría comúnmente en un sacerdote propiamente cristiano y heredero de la religión ortodoxa. 5. por considerarse su alma como un escudo hosco y poco sensible. Quitose el negro el ancho sombrero de jipijapa para rascarse el pelo crespo que blanqueaba en las puntas. El ahogado — ¿Pasamos? —Etá un poco chúcaro. por demás. Página 63 . Particularmente. según la perspectiva ya conocida del autor. tiene la imposibilidad de asimilar algo tan sublime como la expresión del alma.12. pero a pasos irremediables. Se presenta así al hombre indio como un ser inculto que. propiciadas por un grupo de enmascarados que no son sino los renuentes a civilizarse con el arte.

como decía el chimbador. Volvió a mirar el reloj. Pero en la tremenda serenidad del más alto cauco pasó flotando. Crítica a Ventura García Calderón A sus pies. se extendía el río en avenida. Explicó que estuvo a punto de caer. Su poncho anaranjado y verde palpitó como una vela rota. le miraba con recelo. Se vieron flotar las ancas mojadas y la cabeza arrogante. ¡Qué imprudencia! Si hubiera pensado que el río podía crecer tanto no fuera a vigilar el nuevo corte de caña. de órgano. En la madrugada. El negro parecía decidirse. salía del agua espumosa y negruzca sangrada ya por el poniente. exhalando un intermitente grito rauco. Se adelantó al hacendado para hablarle con la esperanza de que hubiera vado. ensanchábase majestuosamente como una marea de tempestad. pues su esposa debía estar inquieta. en pocas horas desbordado por campos de maíz y de caña de azúcar. que volvía jadeante. el joven hacendado. chúcaro. «Un poquito má y me desgracio». pues el sol quedaba ya sumergido a medias en el grávido horizonte de agua. Y era menester ahora pasar a todo trance. Don José respondió sobresaltado: Página 64 . pues un madero flotante iba a cogerlo de flanco. con sus raíces lodosas y los nidos mojados. Una voz ronca. una vaca hinchada y cárdena. con las cuatro patas en alto. echó un taco redondo. y con un ronco «¡jallo!» estimuló a su cabalgadura. El chimbador había vuelto grupas. hasta el brumoso horizonte. que hendía a veces los chillidos del viento y de las aves en fuga. El chimbador iba curvado sobre la silla. Él estaba seguro de que el madero era una viga del puente de San Jacinto. Después. Aseguró la única espuela que llevaba amarrada en la pierna desnuda. pero el negro. Cuando más tardara era peor. Desde la orilla don José Quirós. De pronto el clamoroso rodar de piedras en el fondo abría remolinos para exhibir aves muertas o cañas de azúcar. Oscilando y chapaleando como náufragos pasaban árboles arrancados de cuajo. a las cinco fue posible vadearlo.

Incontenible. Él mojaba la mano en la corriente. y poniendo una mano en la oreja para escuchar el viento. Renuncio a describir el cepo de las haciendas del Perú. cuando «le da capricho». Don José Quirós replicó furioso: —¿Un poncho. no? Estará tragando aguardiente. Crítica a Ventura García Calderón —¿El puente? ¿Tú crees que ha saltado el puente? Pero si lo reforzamos en febrero. inquieto ya: —Mire. Hablaba del río con un amor obscuro. ¡Pasar el río y de noche. se quedó en un tambo del camino para comprar un poncho nuevo. Pues te vas a decirle que si no pasa el río esta noche lo meto mañana al cepo. murmurando: —¿Tienes miedo? Página 65 . El negro extendió en silencio la palma rosa de la mano para designar todo el paisaje familiar. mientras el negro receloso murmuraba. cuando podía fritarle don Juan Miguel! El hacendado se contentó con espolear el caballo en silencio. abría sus ojos afelpados de negro como si divisara el fondo del antro. le venían a consultar en las crecidas. como un amo cruel observado y temido en veinte años. Pero esta palabra pareció tan contundente que el indiecito volvió grupas y puso la mula a galope para cumplir la orden. De niño lo vadeaba ya saltando de piedra en piedra como un diablillo turbulento. y ahora. a los cincuenta años. denominado así por la amplitud de las orejas. mientras el negro festejaba la gracia. Don José le gritó cuando estaba lejos: —¿Dónde has dejado al Orejón? El indiecito respondió jadeando que su compañero. Él conocía los maderos de todos los puentes y las cañas de todas las orillas y las cóleras de este río. patroncito… Por toda respuesta don José amarró a la silla los estribos y puso las piernas sobre el lomo de su caballo. aconsejaba al imprudente que antes de pasar se persignara… Cortó su elocuencia la llegada de un indiecito que venía trotando en una mula por la carretera.

pero clavó espuelas. miamo. que había perdido la cabeza. el hacendado. Espeluznadas. pudo decir que Florencio Motiles el chimbador tenía miedo. El chimbador iba adelante volviéndose para gritarle un consejo en la bocina de la mano curvada porque se desgarraban las palabras en la ráfaga: —Cuidado. resistiendo con cabezadas de esfuerzo y resoplidos de náufrago a la corriente impetuosa que quería llevarlos a los pantanos de la muerte y al mar. enorme y negro en la noche incipiente. espoleó al caballo río adentro. Detuvo el caballo en escorzo para designar un árbol que venía girando como el eje de una rueda invisible. A pesar de llevar las piernas suspendidas sobre el pescuezo de su caballo. levantando una tromba de agua que los mojó como un chubasco. Pasó en un santiamén. Y canturreando una tonada de zamacueca. Era profunda y ya manchaba de rojo el anca húmeda. El chimbador. que no se atrevía a murmurar de esta «locura de niño». cede al vértigo. Se acercó don José a palpar la herida de la espuela. Echó a reír como si esta idea de temor en un miembro de la familia Motiles fuera irresistiblemente cómica. dijo sólo que era preciso alejarse pronto para que no fuera a Página 66 . miamo! Sin este grito. las bestias nadaban penosamente de costado. Crujían las monturas como jarcias. pudo llegar a la orilla en un cuarto de hora seguido por el chimbador. sino algún bribón borracho y jactancioso. don José Quirós sintió el agua a la cintura y cerró los ojos mareado por los remolinos. Crítica a Ventura García Calderón ¡Miedo él! En el valle de Vilca y en toda la hacienda del «Catay» nadie jamás. El negro rugió: —¡Espuela. el viento echaba al rostro una polvoreda de agua y del centro del río subía la obertura de la orquesta salvaje. y como ya menguaba la corriente en el meandro del río. Desmontaron un instante para dejar reposar a las bestias que temblaban con las patas abiertas regando orines humeantes. con las orejas oscilantes a todo ruido.

¡Bien se conocía que el «niño Pepe» acababa de llegar a la hacienda! Don José Quirós bostezó con fatiga y se fue a dormir. resignada. Contó suspirando apenas que el río se llevara esta tarde a su hijo. Crítica a Ventura García Calderón gritarles don Juan Miguel. mi amito. a la tragedia. —¿Quién es ese señor? Las indias y el negro se miraron con asombro. Era don Cristóbal. el médico de la hacienda. ¿Ese es el poncho nuevo? Pero el cholo se acercó. —¿Don Juan Miguel? —Sí. Con ella había venido la mujer del Orejón. Tiritaba a causa de la terciana bajo los dos ponchos presupuestos. niña. Ya ves que no te pasó nada. la vaca. De lejos parecían tañer su flauta rústica. Al día siguiente con el alba estaba ya a caballo vigilando el nuevo corte de caña. chorreando el jugo almibarado. Orejón? —dijo el amo dirigiéndose a un cortador—. —¿Eres tú. el jarro de chicha. En la cima verduzca de los altos carros retozaban chiquillos desnudos mordiendo con labio goloso las cañas. que lo va a gritar don Juan Miguel. amarillento como el paisaje de caña. ella misma preguntó en dónde habían dejado al Orejón. alumbrado por quinqués. la choza. como su raza. Era la primera una chola vieja con dos sombreros embutidos uno en otro. Después de una hora de marcha llegaron a la hacienda. un viejo campechano más avezado a beber el fino aguardiente destilado Página 67 . se levantaron a saludar al amo dos formas pálidas. en cuya puerta la señora abrazaba al hacendado y el negro exclamaba misteriosamente: —Ha sido un milagro. la india gimió. Cuando supo que iba a pasar el río por la noche. hinchandos los carrillos de suculencia. Como nadie le conocía por otro nombre. aterrada: —Ayayay patrón. En el salón de la hacienda. —Anda a pedirle quinina a don Cristóbal —dijo el amo. su alma. Enumeraba detalles sin gemir.

uno de esos cantos serranos que erizan la carne cuando las plañideras viejas y las quenas sumergidas en el huaco de barro parecen tener el mismo ulular de perro melódico. que no podía retener el caballo. terminando en un largo suspiro de vendaval: «Don Juan Miguel. Un canto lúgubre los detuvo. Crítica a Ventura García Calderón que a remediar males graves. ululó tres veces. menguaba ya su corriente. Con grandes palmadas en la espalda recetó un poco de ron «para matar el gusano». —Bueno. Desmontó. y en ese caso… Cuando llegaba el amo por la tarde a la casa de la hacienda una india sollozante lo detuvo en la puerta. enloquecido ya. A pesar del tumulto del río. como en secreto. yo lo curo. El río. iluminada por la rojiza luna de la prima noche. como si fuera muy difícil decidirlo. que relincharon apenas. riéndose de las supersticiones de «estos cholos brutos». Temblaron los estribos de los caballos. sin embargo. se escuchó un silbido largo y estridente que hizo encabritarse a las cabalgaduras. De nuevo una voz triste y sin eco. miamo. don Juan Mi…guel. o tal vez un poncho flotante que batió en el viento y le llevó el sombrero. la curiosidad tantas alusiones y por la noche llamó al negro chimbador. Era una lechuza acaso la que había rozado el rostro de don José Quirós con sus alas de seda. seguido por el amo. don Juan Miiiiii…guel». la voz aterrada del negro gimió: —Es el diablo. —El Orejón se me va a morir… Que lo suelten. Le habían picado. el chimbador galopaba hacia la hacienda. adonde llegaron a caballo a las diez. una voz de muerto. Anderemos a gritar a don Juan Miguel. Le habló al oído largo rato. a no ser que fuera miedo. En la tiniebla más espesa porque la luna se escondía. *** Página 68 . niño. Sin esperar. haz lo que quieras.

Contaron obscuramente que habían gritado tres veces a don Juan Miguel y que el chimbador muerto salió del río a responder con un silbido. en el presente relato. al contrario. queda resuelta su predilección por el hombre negro sobre el indio. mientras que del indio. y el médico tuvo que certificar que en realidad cesó el extraño paludismo. tanto el negro como el indio constituyen una relación de co-sirvientes. el cepo. según su costumbre inmemorial. el hacendado. aparece la figura del negro. Dice sobre el negro que «vestía un ancho sombrero de jipijapa para rascarse el pelo crespo que blanqueaba en las puntas». al menos no con la severidad con que se describe a su prójimo. o al menos una posición elevada del primero sobre el segundo. más precisamente el cholo. Sin embargo. al negro no le causa sino gracia. Dice el autor que «renuncia a describir el cepo de las haciendas del Perú». se dice que era Página 69 . A ambos se les especifica los dialectos hablados. Desde un comienzo. Ambos. de modo que los giros idiomáticos empleados por cada uno. distintamente. que incluso el autor utiliza símiles geográficos para describirlos. lo que. además. por ejemplo. El negro y el indio están emparentados de tal manera con la naturaleza. descrito con cierta apacibilidad. el indio. Crítica a Ventura García Calderón A las seis de la mañana estaban el Orejón y su mujer en la casa de la hacienda a besarle las manos al «niño Pepe». Pero don José Quirós y el negro no quisieron hablar más de aquella noche en el río y lo pasaban durante el día santiguándose. pero se limita a enunciar que basta el nombramiento de esa palabra para espantar terriblemente al hombre indio. Así se había curado el Orejón. ambos compartiendo una hermandad con respecto a su amo. son aplicados sobre el papel por García Calderón. están sujetos a los castigos que puede propinarle el amo ante cualquier arbitrariedad. Con ello.

pero representado como un servil de dignidad considerable. La Serafina. Lo mordaz de García Calderón parte más bien de las funciones sociales de casa uno en su contexto. que tornaba sofocante la atmósfera. hacia los malos poderes del aire. y junto al fogón lleno de taquia. Nadie podía pegar los ojos en la cabaña: ni los cerdos rosa. las hierbas serranas que el brujo del pueblo vecino propinaba en un mate de chicha después de haber escupido. Se retorcía. que se acostaban todos juntos. ni los hijos del moribundo. como las llamas. discutieron todos sin prisa. El despenador Lo habían ensayado todo sin éxito: el sebo de jaguar. ni el perro pastor. resignado a lo inevitable. hechicera insigne. Ambos son descritos bucólicamente. apenas quejoso. en silencio. se untó el sábado por la noche el cuerpo entero de polvos amarillos y salió volando a Huamachuco a besar a tres veces el trasero del macho cabrío. ni las alpacas. 5. No moría el viejo como los demás. la lana de llama blanca que alivia el dolor si se ha friccionado con ella el pecho enfermo. ¿Hasta cuándo iba a gemir el taita viejo? Los malos espíritus se habían cernido allí como las lechuzas en las tumbas.13. el estiércol de llama. mientras que el indio. es figurado como otra de las manos útiles del hombre blanco. maldiciendo. Crítica a Ventura García Calderón «amarillento como el paisaje de caña». Tal vez el taita Página 70 . como una de las manos serviciales de los hacendados. bebiendo chicha y aguardiente para acelerar el tránsito a mejor vida. un ente débil tanto a nivel colectivo como particular. aunque de menor valía social e individual. y al menos en ese sentido convienen en más semejanzas que discrepancias. en cambio. El negro. espumaba. por su parte. Pero ni el diablo ni los santos pudieron aliviar al viejo cacique de indios que agonizaba en su cabaña.

último recurso antes de pagar al cura el entierro. en cuclillas. Sentía sobre sí la mirada fría del cacique y perdía los bríos para estrangularlo. respetado y pagado. pudo amarrar al perro hambrón que aullaba siniestramente y. corazón de cóndor) —regañó entre dientes con un gemido gutural. El moribundo pudo deshacerse. pidió el despenador un mate de chicha y se estuvo chacchando la coca en la puerta. de aquellos garfios de los dedos. de barbas ralas y solapado mirar estrábico. Crítica a Ventura García Calderón escuchó algún comentario. disecados ojos de muerto. Era la manera habitual de despenar. porque había «trabajado» toda la tarde en un pueblo de los contornos. Por primera vez el despenador veía con espanto la resurrección de un Página 71 . Era un indio hercúleo. Vestía poncho obscuro con pantalón de paño militar y llevaba los desnudos pies roídos por la nigua mal curada. Bruscamente le apoyó en el cuello el peso de su flaca rodilla. cuntursoncco (Ojos de puma. —Pumañahui. es decir. sudaba envuelto en el poncho. sonriendo torpemente al cielo en que viraban los cóndores. Sudaba el despenador en la cabaña. El despenador apartó los cerdos. Es un verdugo de buena voluntad. Colgaban de su cuello esas piedras que las gentes del país aseguran ser «ojos de gentiles». Cuando el caso es desesperado. pues se irguió en el lecho de paja con tan siniestra mirada que el hijo mayor se puso a temblar y persignarse. sin hablar. le sujetó ambos brazos con un ronzal. el despenador viene a abreviar la agonía. Adentro el indio viejo siguió chirlando y fue preciso entrar a calmarlo. Estaban de acuerdo: era necesario llamar al despenador. en fin. sin terminar. se irguió como un hombre sano y la lucha comenzó en silencio. La aguda rótula penetró en las carnes y el moribundo empezó a acezar con ese estertor apresurado que era siempre el preámbulo de la fácil agonía. avanzó hacia el agonizante. Para darse bríos. Sólo pudo llegar dos horas después. De vez en cuando cogía un piojo de los cabellos y lo hacía estallar en los dientes.

como un ciego de lazarillo. se decidieron los hijos a derribar la puerta. como se escucharan ruidos violentos en la choza. para obsequiarlos. lozano. por una rata monstruosa: llevaba atada al rabo una cuerda de lana roja. Al sentir entrar a sus parientes no se quejó y volvió el rostro para mirar con severidad a nadie. carbonizado ya. fecundo y dadivoso cuando quiere. que agonizaba allí. en la más alta roca de los Andes. para alejarse a los malos espíritus que circundaban la cabaña. todos los signos de abundancia del Padre Sol. Entonces. Para probarlo levantó a un cerdo en brazos y salió entonces al aire libre masticando la coca amarga. en este caso a los denominados integrantes del curanderismo. A Página 72 . para calmar a los poderes infernales. el cacique estaba quemando. con el rostro adolorido y anguloso de las antiguas momias. a beber y bailar con toda la parentela serrana que preparaba el funeral. El moribundo había llevado hasta el fogón de taquia al despenador. El protagonista del relato. Un alarido común los retuvo. trajeron chicha y aguardiente en los inmensos porongos que ostentan en relieve chorreras de lluvia y mazorcas de maíz. y nunca jamás la acción de despenar a un moribundo había tardado tanto. representa firmemente a las figuras míticas del ande. Sobre un nido salvaje se removían dos aguiluchos recién nacidos que alguien robara. Pero él estaba vivo. fuerte. Matar a los moribundos era la costumbre inmemorial y él la acataba como todos. En cuclillas. Para esperar con calma. unas hojas de coca en vasija negra. ¡El cacique había recobrado aquella fuerza famosa que le permitía matar indios de un solo abrazo! *** La familia aguardaba en la puerta a que el despenador saliera a llorar con ella al cacique muerto. Junto al coro de bebedores un chiquillo se dejaba conducir. Crítica a Ventura García Calderón cliente sin acertar a defenderse. el despenador.

Crítica a Ventura García Calderón partir de la figura del hombre que está agonizante. de la manera en que lo describe el autor. de allí el fatalismo que García Calderón atribuye a la idiosincrasia del indio. el despenador. y la agonía del enfermo se verá en determinado momento inacabable: «¿Hasta cuándo iba a gemir el taita viejo?» Y es cuando aparece el despenador. Sólo pudo llegar dos horas después. aquel viejo cacique al que «ni los santos ni el diablo podían curar». porque había “trabajado” toda la tarde en un pueblo de los contornos.». respetado y pagado. no necesariamente para finiquitar el dolor. con ello se redondea una idea negativa. Este personaje demuestra cierto fatalismo en su destino. Es una descripción llana y que no despierta polémica. sino al menos para abreviar la agonía. casi corrosiva de la imagen del hombre de campo peruano. que tiene como costumbre inmemorial matar a los moribundos. es expuesto como un ente tradicionalista. en este caso el concerniente al ámbito mítico. en donde no se puede sino resignar ante la desgracia. Pero el lado más angular consiste en la posterior descripción: «De vez en cuando cogía un piojo de los cabellos y lo hacía estallar en los dientes. salvo en el gesto del autor de subrayar acaso sarcásticamente el verbo en participio trabajado. de barbas ralas y solapado mirar estrábico». o al menos Página 73 . por cumplir con el avatar histórico de tener que darle muerte a los moribundos. De esto se desprende que los indios en general son representados como personajes aborrecibles. Era un indio hercúleo. se haga lo que se haga u ocurra lo que ocurra. el cacique va a morir. Ni la aparición del curandero. tras no considerarlo serio o poseedor de una ciencia a carta cabal. ¿Cómo es descrito el despenador? «Un verdugo de buena voluntad. podrá evitarlo. pero también como un ser despreciable para quienes le observen la conducta. pues. mas no combatir contra ella. lo que indica las conceptualizaciones negativas del autor con respecto al oficio del curanderismo. Este ser.

José María Arguedas descubre al indio auténtico Revista: Visión del Perú (http://letras-uruguay. VENTURA GARCÍA CALDERÓN REY. BIBLIOGRAFÍA:  PINTO ROMAN. en este caso el despenador. DIPLOMÁTICO. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. como alguien superior al resto de sus congéneres andinos. Ficción y realidad en la narrativa de Ventura García Calderón. Más aún. Iván Augusto. Revista: Humanidades y Lenguas Modernas Nº 15 (URP) (http://www.pe/urp/imagenes/avisos/revista15_3.htm)  ANCHANTE ARIAS. si tenemos en cuenta que el autor considera al curandero.pdf)  VARGAS LLOSA.espaciolatino. Jim. Crítica a Ventura García Calderón indignos de elogios o buenas imágenes en su descripción.urp. Página 74 . Lima.edu. 6. Mario.com/aaa/vargas_llosa/literatura_peruana. 2011. y que todavía así es considerado despectivamente. entonces se nos proporciona una imagen más que suficiente acerca del concepto que guardaba Ventura García Calderón sobre la imagen del hombre andino.

Recopilación y edición de Ricardo Silva Santisteban. Lima ed. La habana ed. Historia de la literatura peruana – modernismo – Tomo II  ESCAJADILLO. Antonio.(1991)  CORNEJO POLAR. Tomas. Cesar. Casa de las Américas  -------. Revista de crítica literaria latinoamericana  -------. Lasontay  Francke. (1985) Narradores peruanos del Siglo XX.(1980) La novela indigenista. Narrativa completa. CLASES SOCIALES Y PROBLEMA NACIONAL Página 75 . (1978) El indigenismo y las literaturas heterogéneas: su doble estatuto sociocultural. M. Lima. 2011  TORO MONTALVO. Pontífice Universidad Católica del Perú. INDIGENISMO. (1978). C. Ventura. Crítica a Ventura García Calderón  GARCÍA CALDERÓN.

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