LA FE QUE NO SE DEBILITA 17

INTRODUCCIÓN
Cuando el pecado incursiona en la realidad humana, notamos una
tendencia general al desorden, al deterioro y a la destrucción. La Biblia
nos revela con claridad que el fruto inevitable del pecado es, la muerte.
Esta tendencia deteriorante es parte de ese proceso de muerte en el
que se encuentra el hombre a causa del pecado.
En la sociedad, se observa de manera acentuada esta inclinación
negativa. En muy raras ocasiones oímos que disminuya alguna lacra
social. Por el contrario, los males sociales aumentan y nuestros pue-
blos se deterioran. El maltrato de menores, el hostigamiento sexual,
la adicción a las drogas, el divorcio, la infidelidad conyugal, el robo,
la mentira y otros tantos males van en aumento día a día sin que los
pueblos encuentren soluciones. También observamos que hay muchas
otras cosas que se consideran buenas y válidas hoy en día, pero que
rechazan de plano la moral cristiana y bíblica. Esto adquiere más dra-
matismo al ver que aun los gobiernos y las religiones también experi-
mentan la misma erosión moral.
Todo parece indicar que si abandonamos un objeto o lo hacemos
actuar en contra de su naturaleza tenderá a deteriorarse hasta quedar
del todo arruinado, a menos que hagamos algo para evitarlo. Lo ve-
mos, por ejemplo, en el plano de la salud. Se requiere de un esfuerzo
consciente para mantener el organismo en condiciones óptimas. De la
misma manera, si cerramos una casa durante un tiempo prolongado
sin que alguien entre en ella, al volver a abrirla nos llevamos la sorpre-
sa de que no se ha mantenido como la dejamos, sino que se ha deterio-
rado. En general, los malos olores, la suciedad, el moho y el deterioro
dominan el ambiente sin siquiera haberlo tocado. Por otro lado, un
jardín desatendido pronto se llena de abrojos, insectos y mala hierba.
De igual manera, las relaciones entre los seres humanos tampoco
sobreviven cuando no se les presta la debida atención. Si descuidamos
nuestras relaciones, al poco tiempo comenzarán las malas interpre-
taciones, los malentendidos, y con el tiempo la frialdad y la distancia
acabarán por arruinar toda relación.

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