RIESGOS FÍSICOS

Dentro de la exposición laboral a agentes físicos, vamos a tener en cuenta los riesgos debidos a
las condiciones ambientales de los laboratorios (temperatura, humedad, iluminación, etc.),
ruido.

ILUMINACIÓN

Una buena iluminación facilita considerablemente que un determinado trabajo sea realizado en
condiciones satisfactorias de eficiencia y precisión, aumentando su cantidad y calidad y
reduciendo la carga y la fatiga visual.

Por otra parte, evita errores en el desempeño laboral y accidentes provocados por iluminaciones
deficientes, especialmente en vías de circulación, escaleras o lugares de paso.

FRIO:

La utilización de líquidos criogénicos conlleva una serie de riesgos que van más allá de las
congelaciones por bajas temperaturas o las quemaduras por derrame sobre la piel no protegida,
riesgos relacionados con su inflamabilidad o corrosividad. Es necesario extremar precauciones
en las operaciones de transporte, llenado de contenedores y almacenamiento. Si hay riesgo de
salpicadura, debe usarse equipo de protección adecuado. También debe disponerse de ropa de
protección contra el frio y si las condiciones térmicas entre las distintas áreas de trabajo son
muy distintas es recomendable disponer de locales de adaptación desde el punto de vista
termohigrométrico.

CALOR:

Las fuentes de calor abiertas se utilizan normalmente para facilitar y acelerar las reacciones
químicas. El calentamiento por gas implica habitualmente mecheros de gas con recipientes que
contienen material a calentar. El calentamiento eléctrico utiliza normalmente hornos o estufas,
baños de calentamiento o reactores químicos equipados con mantas calefactoras. Se pueden
producir accidentes por sobrecalentamiento ya que el hecho de cortar la corriente no significa un
aporte nulo de energía a partir de aquel momento. Los termostatos de control de temperatura
deben revisarse con una frecuencia predeterminada.

RUIDO

Se entiende por ruido el sonido desagradable e indeseable. Sonido es cualquier variación de
presión, con respecto a la presión atmosférica que se toma como referencia, que el oído humano
puede detectar. Dos parámetros básicos definen el ruido: su frecuencia, entendida como el
número de variaciones de presión por segundo y el nivel de presión sonora, que es la amplitud
de las fluctuaciones de presión. La unidad física en la que se mide este último parámetro es el
Pascal (P.a.) pero se utiliza habitualmente el decibelio (dB) para simplificar el manejo de cifras
relacionadas con la capacidad auditiva del oído. Los altos niveles de ruido (a partir de 80dBA)
provocan pérdidas auditivas precoces (hipoacusias) irrecuperables, pero también pueden
desencadenar alteraciones de naturaleza fundamentalmente psíquica como por ejemplo angustia,
irritabilidad, cefaleas o trastornos como reducciones de la actividad gástrica o aumentos de la
presión arterial.