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El perdón (Mt 18, 21 ss

)
Por San Juan Crisóstomo

Dos cosas, pues, son las que de nosotros quiere aquí el Señor: que condenemos nuestros
propios pecados y que perdonemos los de nuestro prójimo. Y el condenar por el perdonar,
porque lo uno hará más fácil lo otro; pues aquel que considera sus propios pecados, estará
más pronto al perdón de su compañero.
Y no perdonar simplemente de boca, sino de corazón, pues de lo contrario, manteniendo el
rencor, no hacemos sino clavarnos la espada a nosotros mismos. Porque ¿qué es lo que pudo
haberte hecho tu ofensor comparado con lo que tú te haces a ti mismo cuando enciendes tu ira
y te atraes la sentencia condenatoria de Dios contra ti? Porque, si estás alerta y sabes obrar
honoríficamente, todo el mal recaerá sobre la cabeza del ofensor y él será quien lo pague todo.
Mas, si te obstinas en tu malhumor y enfado, entonces el daño será para ti, no el que te hace
tu enemigo, sino el que te haces tú a ti mismo. No digas, pues, que te injurió y te calumnió y
te hizo males sin cuento, pues cuanto más digas, más demuestras que es un bienhechor tuyo.
Porque él te ha dado ocasión de expiar tus pecados. Si más te hubiera agraviado, de mayor
perdón hubiera sido causa. A la verdad, como nosotros queramos, nadie será capaz de
agraviarnos ni dañarnos. Nuestros mismos enemigos nos harán los mayores favores.
Y no digo sólo los hombres. ¿Puede haber algo más perverso que el diablo? Y, sin embargo,
hasta el diablo puede ser para nosotros ocasión de la mayor gloria, como lo demuestra la
historia de Job. Si, pues, el diablo puede ser para ti ocasión de corona, ¿a qué temes a un
hombre enemigo? Mira si no, cuánto ganas sufriendo con mansedumbre los ataques de tus
opresores. En primer lugar, y es la mayor ganancia, te libras de tus pecados; en segundo
lugar, adquieres constancia y paciencia; y en tercer lugar, ganas mansedumbre y misericordia.
Porque quien no sabe irritarse contra quienes le ofenden y dañan, con más razón será manso
con los que le quieren. En cuarto lugar, te limpias definitivamente de la ira. ¿Y puede haber
bien comparable a éste? Porque el que está libre de ira, evidentemente también estará libre de
la tristeza, de que es fuente la ira, y no consumirá su vida en vanos afanes y dolores. El que
no sabe irritarse, no sabe tampoco estar triste, sino que gozará de placer y de bienes infinitos.
En conclusión, cuando a los otros aborrecemos, a nosotros mismos nos castigamos; y al revés,
a nosotros mismos nos hacemos beneficio cuando a los otros amamos. Sobre todo esto, tus
mismos enemigos, aun cuando fueren demonios, te respetarán; o, para decirlo mejor, con esta
actitud tuya, ni enemigos tendrás en adelante. En fin, lo más valioso de todo y lo primero de
todo es: así te ganarás la benevolencia de Dios; y, si has pecado, alcanzarás perdón; si has
practicado el bien, añadirás nuevo motivo de confianza.
Esforcémonos, pues, por no odiar a nadie, a fin de que Dios nos ame. Así, aun cuando le
debamos diez mil talentos, se compadecerá de nosotros y nos perdonará.
¿Pero dices que tu ofensor te perjudicó? Pues tenle compasión, no le aborrezcas; llórale, no le
rechaces. Porque no eres tú el que ha ofendido a Dios, sino él; tú más bien has adquirido
gloria, si lo sabes llevar pacientemente. Considera que, cuando Cristo iba a ser crucificado, se

pero él quedó desacreditado delante de Dios. tanto más hemos de llorar a quienes nos agravian y perjudican. rogaba al Señor no les imputara aquel pecado. a fin de que también a nosotros nos perdone Dios nuestros pecados. no obstante no poder ni contar cuánto sufrió de parte de los judíos. todo lo contrario. sino que se le dio crédito. De ahí que éste dijera: Si al amo de casa le han llamado Belcebú. ruega a Dios por él. Porque a nosotros. para quien vive vigilante. con quien sea al Padre y al Espíritu Santo gloria. ahí Moisés. impostor y enemigo de Dios. de El hizo correr que era un endemoniado. que hace salir su sol sobre buenos y malos. así también su Unigénito. ello no es difícil. que apedreado. después de tanta insidia de parte de su pueblo. ¡Pero es que me calumnió delante de los otros! ¿Y qué tiene que ver eso? cuando ha de ser Dios el que te ha de pedir cuentas y no esos que oyeran a tu calumniador. después de sufrir tanto de parte de ellos. ahí Pablo. sino de infamias y culpas gravísimas. mucho más se lo llamarán a sus familiares. Ahí está José. Y no sólo calumnió al Señor aquel maligno demonio. sólo bien puede venirnos de ello. A la verdad.alegró por sí y lloró por los que le crucificaban. Amén. que. Él te desacreditó a ti delante de los hombres. en fin. que. si no te bastan estas consideraciones. y no le calumnió en cosas de poco más o menos. si te parece superior a tus fuerzas. . aún pedía ser anatema por su salvación. poder y honor ahora y siempre y por los siglos de los siglos. ¡Pero es que me insultó. Considerando también estos ejemplos. sino también de lo que dijo contra ti. yo te pondré ejemplos de hombres como tú. sino también por los hombres. A sí mismo fue a quien se añadió materia de castigo. y calumniado ante quienes más Él amaba. fue el bienhechor de sus hermanos. desechemos de nosotros toda ira. no sólo por Satanás. Mas ¿es que después de hacer beneficio se te ha pagado con malos tratos? Pues por eso justamente has de llorar por quien te los ha dado y alegrarte por ti. Tal ha de ser también nuestra disposición de alma: cuanto más se nos agravie y perjudique. pues no sólo tendrá que dar cuenta de sus propios actos. que. ahí Esteban. por la gracia y misericordia de nuestro Señor Jesucristo. es que me hirió en presencia de todo el mundo! Al instante en presencia de todo el mundo se cubrió de ignominia y deshonor y abrió la boca de infinitos acusadores y tejió para ti más numerosas coronas y juntó mayor coro de heraldos de tu paciencia. Mas. pues has venido a ser semejante a Dios. Pero. En efecto. considera que también tu Señor fue calumniado. mas a ellos. Acaso te parezca por encima de tus fuerzas el imitar a Dios. Y como el Padre.