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PARADIGMA COMPLETO DE LA PELICULA AMELIE

ACTO 1

Todo comienza con unos padres que establecen una relación férrea y aséptica con la pequeña
Amélie, obligada así a desarrollar sus capacidades imaginativas y emocionales más allá de lo
habitual.

Amélie Poulain vive en el parisino barrio de Montmartre, rodeada de personajes tan insólitos
como sensibles y queribles. Amélie sufrió un trauma de pequeña al ver a su pez de colores
deslizarse hacia las alcantarillas municipales, a su madre morir en la Plaza de Notre-Dame y
a su padre, médico de profesión, rehuir cualquier contacto con el exterior y dedicar todo su
afecto a un gnomo de jardín. La niña creció y se convirtió en camarera de un bar cuya
propietaria es una antigua jinete circense.

Amélie es feliz tirando piedras al río Sena, observando a la gente y dejando volar su
imaginación.

De adulta, mientras trabaja como camarera en un bar de París, descubre un objetivo en la
vida: arreglar la existencia de los demás. Inventa toda clase de estrategias para alterar los
acontecimientos sin que sus vecinos y familiares se den cuenta.

Mientras Amélie miraba atónita frente al televisor la noticia de la muerte de la princesa
Lady Diana deja caer de sus manos, en forma accidental, la tapa de un perfume. La tapa cae
bajo las tablas del piso de su departamento lo que le permite a la protagonista descubrir
escondida una caja vieja con tesoros infantiles. Es aquí cuando la vida de Amélie cambia su
curso, ella se propone devolverle el “tesoro” en forma anónima a su dueño (el antiguo
locatario del departamento). Luego de varias idas y vueltas para poder dar con el
propietario, cuando lo encuentra, la muchacha contempla, a la distancia, cómo la vida de esta
persona se transforma tras el descubrimiento. Y es entonces cuando comienza su odisea: una
serie de inventivos planes para resolver la vida de los demás.

Podríamos pensar que Amélie quiere realizar el bien a una persona y cuando lo logra dicha
acción es finalizada; pero cuando Amélie menos se lo imagina, conoce a un joven seductor,
Nino. El joven tiene dos trabajos: de fantasma en un túnel del terror y como dependiente en
un sex shop de Pigalle. Sus paranoias están condenadas a colisionar con el sentido mágico de
la vida que tiene Amélie. Él pierde un álbum de fotos y es la protagonista quien lo encuentra
y es aquí nuevamente donde se propone devolverlo para poder seguir cumpliendo con su misión:
hacer feliz a la gente. Lo que no sabe Amélie es que esta no será una misión más ya que
detrás de Nino se encontrará con lo que será su gran amor. La duda es si ahora tendrá Amélie
el coraje.
ACTO 2

Amélie comienza lentamente a pensar que es su persona la que tiene que estar
bien, feliz, contenta y debe poder cambiar su vida con una decisión
trascendental que se le presenta a ella: dejarse ver, dejarse sentir amada.

Cabe destacar que el amor que envuelve a Amélie por “su” Nino es tan loco
como las características de ambos personajes, es que era obvio que con
personajes tan raros y alejados de lo común y lo cotidiano, el azar los haga
encontrar y luego enamorar. Él se enamora de esa chica diferente, de ese
misterio. Amélie en varias oportunidades lo cita a Nino, como una manera de
corroborar si él la ama, pero cada vez que él aparece, luego de unos
segundos de contemplarlo ella desaparece. Ahora falta el acercamiento y la
confirmación cara a cara. Esto es lo que Nino espera y también lo que Amélie
espera, pero no lo espera de su amado, lo espera de ella. Espera que pueda
romper con ese miedo interno que le impide el acercamiento con toda aquella
persona que no sea más que un simple amigo o compañero de trabajo. A partir
de una serie de sospechas y posteriores investigaciones Nino da cuenta de
que la chica de sus sueños es Amélie. Gina, una de las compañeras de Amélie
del trabajo, le da a Nino la dirección de su departamento. Donde Amélie se
encontraba triste y apenada pensando en su amado, él le golpea la puerta y
la llama. Ella estaba frente a la posibilidad de cambiar en forma certera su
mundo interno, de darle un giro definitivo a su vida y enfrentar lo que
siempre quiso y soñó... pero no, Amélie deja pasar unos segundos hasta
esperar que Nino se vaya para nuevamente hacer lo que mejor le sale:
espiarlo a la distancia y en el más absoluto anonimato, y es eso
efectivamente lo que ocurre porque Amélie ve a través de la ventana irse al
protagonista por las pequeñas calles parisinas en la más absoluta soledad.
ACTO 3

La protagonista recuerda las palabras que el hombre de cristal (conocido vecino del edifico
quien intuye algo de lo que le pasa a Amélie) le dijo: “si dejas pasar esta oportunidad entonces
tu corazón se volverá cada vez más seco y frágil...ve por él, ve por él...”, y es aquí que
frente a estas palabras que le resonaron a la protagonista como determinantes es que logra
romper definitivamente con el anonimato con que se manejaba y se deja ver. Abre la puerta en
busca de su amado y esta él que regresó y gracias al cambio de actitud presente en la
protagonista pudo terminar con los momentos de timidez, retraimiento y flaqueza frente a la
figura de su enamorado. Ahora sí podemos decir que los dos personajes además de amarse (ya no en
forma anónima) se conocen y se sienten.

Amélie al abrir la puerta que la separaba de Nino se está “jugando” no sólo por el amor sino
también por ella misma, se está jugando a salir de ese lugar de mujer anónima con el que
coqueteó durante casi todo el film. A su vez el abrir la puerta implica una necesidad no sólo de
dejar de ser anónima para entregarse al amor, implica la necesidad de que le pase algo a ella
como mujer, que haga algo por sí misma, de igual modo que lo hacía por los demás. Al abrir la
puerta, y por ende inaugurar este tercer tiempo, siente la necesidad de sentirse liberada de esa
infancia y en especial de esos padres que le marcaron (para mal) el camino de quien y como fue
en el futuro. Este abrir la puerta de la protagonista para ir al encuentro de su amor nos pone
frente a un acto, ya que el mismo implica una decisión tomada por fuera de los otros, sin los
otros. Implica una decisión por fuera de lo moral, una decisión por fuera de la ley. Es una
decisión de alguien que no se retrasa, que no se precipita, que no se calcula y que no
espera.[3] En consecuencia el abrir la puerta de Amélie implica un acto y no una acción. A su
vez este acto que implica una decisión tiene consecuencias tanto para quien lo produce (Amélie)
y también para los otros (Nino), pero para los otros el acto de Amélie será visto como una
acción, lo que los otros ven en la dimensión del acto de la protagonista es una acción, por eso
nadie podrá juzgar a Amélie por su acto, pero sí por sus acciones.

Es necesario destacar que la interpelación no le dice a Amélie lo que es sino que la invita a
leer lo que ella hace. Por ello, la interpelación es productora del sujeto. La interpelación no
asegura tal resultado, pero brinda las condiciones a partir de la cual es posible para alguien -
Amélie- situar su responsabilidad por lo que dice, por lo que hace y por lo que sueña.

Para finalizar este análisis, quisiera destacar que la elección de la protagonista, interpretada
por la actriz Audrey Tautou está completamente a la altura de las circunstancias. Y sus
cualidades pueden ser enmarcadas en lo que Juan Fariña en “Etica y Cine” denomina cine new age.
Estamos aquí ante un nuevo ideal de mujer, que no atrapa ya por su belleza exótica o por su gran
exuberancia. Este cine new age, tal como Fariña nos cita, requiere modelos femeninos cuya
sensualidad se vaya edificando a lo largo del film, y sobre todo que esté acompañada de una
frescura sin maquillaje. Tal como ocurre con Amélie, quien nos va enamorando a lo largo del
recorrido de la película, y es una mujer que nos irradia la seguridad del militante cotidiano
más que el éxtasis de una única y efímera noche de pasión.

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