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"2003–los Signos De La Pulsion

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(*) Reunion Lacanoamericana De Tucuman. 2003.-

María Del Carmen Meroni

El consultorio en el que recibo a mis pacientes se ubica en la planta baja de una casa. Un
gran ventanal, sobreelevado, separa al interior de la inmediata vereda. Un poco demorada yo
en la consulta anterior, ella se anuncia pero debe esperar unos minutos. En ese lapso, en la
vereda poco transitada, la escucho taconear rítmicamente, del otro lado del ventanal. Ella
aprende danza flamenca, casi desde que se liberó de una prolongada virginidad, a la edad de
28 años. Hará de esto un año. Es la joven abogada de la familia, la menor de los varios hijos
de un juez , profesional respetado y brillante, cuyo cuerpo atormentado por interminables
dolores y malestares siempre imprecisos y cambiantes, cayó fulminado finalmente por un
cáncer veloz e intratable, poco antes de que ella, ya en análisis, admitiera a un hombre en su
cama.

Se encuentra en plena vacilación una figura de su fantasma, “no saber nada”, que solía
atormentar su dolorida cabeza fálica con esas migrañas interminables, que ella sobrellevaba
con el mismo medicamento que frecuentaba el padre. Hace algún tiempo ese medicamento
ha dejado vacío el lugar que tenía reservado en todas sus carteras.

Dice que ha ingresado al estudio jurídico en el que ella trabaja, ya sin el tormento que solía
cargar, un abogado un poco más joven que ella, que se siente una vieja. La cabeza, que ya
no le pesa tanto, está más bien en las nubes, (nube de pedo, sentencia el Superyó): él es muy
atractivo, se lo ve cómodo, tranquilo, de buen humor.

¿Y ese taconeo en la vereda?. La acción del analista es la de empujar ese signo del cuerpo,
ese ruido, hacia algún fragmento de figurabilidad, aprovechando la puesta en transferencia de
un goce insabido que ese taconeo acaba de otorgarnos. ¿Qué se hace oír allí?. Quizás, si
algo de eso se deja figurar de algún modo, pueda surgir en ese punto un nuevo tramo de
litoral, entre la experiencia inefable de un goce y algo de saber que de eso se pueda escribir.
Ella se disculpa, asombrada y con cierto pudor. Aprovechaba esos minutos para practicar un
paso muy rápido, que no le sale. En el flamenco, el golpe de los tacos se escucha, es parte

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signo que es. Esta es para ella. no tanto lo de abajo. En esta línea. semblante”. que le son correlativos. según una justa traducción del sintagma lacaniano para nombrar la acción del analista. es que esa vieja que siempre debe ir más rápido. cifra rebelde a la fluidez del significante. mujer consagrada al rendimiento. orientan el camino del análisis e indican la oportunidad y la vía para “hacer. Con todo esto. del objeto. en mi hipótesis. deduce ella. “No llego”. pierde el ritmo y entra tarde. una vacilación de su armadura deseante.de la música. es también construir un nuevo fragmento de litoral sobre una cifra de goce hasta entonces opaco. era la frase que solía resumir su angustia ante cada examen universitario. Ambas. una vieja que pisa fuerte.Todos los derechos reservados . debe acompasarse con el canto. del objeto. Pero también: en una nube de pedo a causa de un joven varón tranquilo. una diferencia hasta allí inadvertida. versiones fantasmáticas que sostienen ese ruido de tacos que acaba de hacerse oír en su discordante insistencia. vitalmente fija pero indisponible. Allí donde hace lo que le gusta. empieza a entrar en la construcción de su fantasma de la mano del signo pulsional que se ha puesto de relieve. con la sustancia de los signos discordantes de la pulsión. la guitarra y las palmas. semblante”. no diferencia bien “tranquilo” de “retardado”. es un instrumento más. A ella le sale muy bien lo de arriba (brazos y torso). que entra un poco tarde. que el fantasma . “hacer. Le ocurre. Se trata de un signo de goce. La anorgasmia (que sólo puede descubrirse cuando se accede al encuentro sexual). los signos de la pulsión (siempre discordantes para la tendencia unificante del goce fálico) cuando se hacen notar debido a las vacilaciones del fantasma. como en el sexo. Signo de la vacilación del fantasma inducida (en este caso) por el análisis. producto de cada tramo del trabajo de puesta en forma e interpretación de lo que el Inc. en este caso por el sesgo del circuito invocante.EFBA .Página 2 de 7 - Copyright 2013 . signo pulsional que entonces se muestra (hasta donde lo admite una neurosis) desintrincado de la trama ahora menos compacta con la que el fantasma venía cumpliendo su función normal. lo único que nos parece necesario acotar antes de concluir la sesión. el testimonio y el resultado que habitualmente surge en el camino de construcción del fantasma bajo transferencia. que le debo a Hugo Levin. Algo “no llega” a tiempo para que la cosa ande bien. que es lo que se ve. ese taconeo que se demora en el goce fálico dominante y produce un destiempo en la experiencia íntima. como marca de que ha ocurrido algún cambio en la posición del Sujeto. en el goce fálico que orienta su tendencia. Marca de una falla tenaz. la de sostener esa articulación silenciosa (el montaje) de los circuitos de pulsión que configuran un cuerpo y fijan los contornos erógenos del mundo. fantasma cuya construcción prosigue tomándose del hilo de ese signo pulsional. no admitirá que la apuren. signo cuya guía privilegiamos atentamente. y esa demora (evocada hoy por unos minutos de espera para la sesión) produce una discordancia en la música que incluye a los tacos. que es lo que se escucha. ha entregado. Pero.

Su esposo. él vivió en el interior del país. Se presenta escondida tras el cuerpo de su media hermana mayor. y anunciándole con anticipación cualquier pequeño cambio. y yo iba y venía. ya estaba grande. consintió . y se quedó durante los primeros quince días de vida de la niña. Durante el embarazo. ya que no es posible para ella ir a la escuela común como la mayoría de los niños.EFBA . y así recorre el patio pegada a las paredes. jardines. que privilegiamos. Su madre dice que ella. Durante el primer tiempo en este nuevo marco escolar ella accedía a bailar al ritmo de la música de algún cassette sólo aferrándose detrás del cuerpo de una maestra. se golpeaba el cuerpo. Ante el menor corrimiento. donde había conseguido un trabajo.conmovido muestra a la luz cuando su relieve nos llama la atención. carencia revelada por el signo pulsional. se arañaba la cara haciéndose sangrar. en esa época. tengo ganas de escuchar cassettes.. Ella me decía: vamos a la plaza. la novela de Italo Calvino. Cuando los padres se separaron. y entonces quiso tener un hijo. Volvió al interior. y las visitaba esporádicamente. María ordenaba: “ponete en tu lugar”. Algún saber Inc.Página 3 de 7 - Copyright 2013 . María la miraba y le decía “Mirá. Repite. tengo ganas”. sentada como espectadora. le faltaba el referente”. de la visión que prolifera sin más límite que esa armadura . Vino a verla 15 días antes del parto. “Quiero escuchar cassettes. aceptaba moverse sin pegar. que allí se articule dejará un resto opaco. me perdía. Agradecemos a Adriana Bugacoff el comentario de una versión literaria del punto en el que se encuentra María: se trata de “El Caballero Inexistente”. mientras otra debía permanecer enfrente. No llamamos “juego” a la acción que ocurre bajo semejante indisponibilidad de un cuerpo.Todos los derechos reservados . no. mientras la futura madre lo hacía en Buenos Aires con sus propios padres. mirá lo que hago”. que pueden variar. hacía lo que María quería: “Me faltaba firmeza. María lloraba cuando el padre se acercaba y no dejaba que él la toque. sin moverse. pero no así sus modos. y se arrancaba mechones de pelo. volvió a Buenos Aires. no. La madre dice que ella. aferrándose luego para cubrirse. Un año después. Así empezó el recorrido por pediatras. neurólogos. me perdía. El destiempo que los circuitos de pulsión le marcan al goce fálico es felizmente irreductible. no volvemos . Cuando su madre le prohibía alguna cosa. colegios. gritar o golpearse. con 40 años. Sólo tras esa armadura. pero será otro resto. a su trabajo. Nos perdíamos juntas. con quien vivía desde hacía tres años. mejor volvemos. María tiene 10 años cuando es derivada a un centro educativo – asistencial para niños graves que será su escuela . No siempre los signos de la pulsión indican la presencia de un montaje articulado de circuitos en un cuerpo que anuncia un goce orientado por el fantasma. al delantal de quienes están a cargo de jugar el papel de maestras. María quedó con su madre y el padre se mudó a vivir con sus propios padres. Convivieron tormentosamente los tres en una casa durante un año y medio.. en su pueblo. tapándose la cara. de la que dispone (no es la posición en la que encontramos a un niño autista).

según se va constituyendo una trama en la cual una zona. pero sólo los piés y una parte de las piernas. No hay juego si la pura función corporal. que es crucial. es como si hubiera luz”. En una de esas veces. comer) no ha quedado habilitada a fijarse en un circuito erógeno de pulsión. Entonces. le dice: “Yo no te veo pero te escucho. El circuito escópico empieza a fijar algunas condiciones precisas para el circuito anal. A lo que pasa a partir de entonces con esa puertita y otras cosas. o alguna parte del cuerpo. “dejame apoyarme (en las piernas de su maestra) como almohada”. yo después veo”). se tapa completamente con la sábana. de la sustancia de una zona “contra” otra. La intrincación vida – muerte se sirve del entramado de una pulsión sobre otra. y viceversa. Pero acepta sentarse en el inodoro frente a su maestra. en otro momento: “vení. cuya mirada le hace allí de armadura al cuerpo que se desprende de una parte.EFBA . cuando me vengan a mí. porque se hace posible un velo que organiza selectivamente la visión. caca y ojos”. el cuerpo. lo llamaremos “juego”. Un día. es posible que eso cese de proliferar. en el juego de tapar y destapar con la sábana. en sí misma proliferante (ver. cada una con su puerta vaivén. vos hablame que yo te contesto”. Se trataba de desplazarse recubierta de ese modo. ahora hacés vos. aunque quizás ya deberíamos decir que se esboza un circuito. se envuelve por entero en la sábana y dice: “adentro hay culo. la acompaña. mirá. Hacia esa construcción se dirige la intervención que propiciamos. Por momentos. un circuito en construcción. ante la ausencia del campo escópico organizado en circuito como “mirada”. sino . que no llega hasta el piso ni tiene un marco superior. Es así que llega a pedir ir al baño a hacer caca. Son los signos de la pulsión los que nos autorizan al uso de esa palabra. y decir “qué hay adentro”. sentate acá y haceme caca encima” (y entonces: “ahora no puedo porque no me vienen las ganas. no se anima a hacer correr el agua porque adentro del inodoro hay tiburones (y entonces: “aunque esa caca se vaya. uno fabrica otra vez caca nueva. Síntoma y Angustia). Se le dice que hay un baño en la escuela.sin cuerpo. y su maestra “referente” . excretar. ahora estás tapando la caca. esa se va pero después va a venir otra”). funciona como punto exterior que empuja la construcción de otro circuito. por si ella tiene ganas. Y entonces. acepta que allí haya sólo un poco de esa “armadura a falta de circuito escópico”. María dice: “ahora vamos a dormir”. y ella ve a su maestra. mirando fijamente a los ojos.Todos los derechos reservados . decía la niñita asustada en Inhibición. “¿no me vas a dejar sola?”. porque cuando me hablas. Paulatinamente.Página 4 de 7 - Copyright 2013 . vení a ver” (y se le responde: “no puedo ver porque estás sentada encima. y “te quiero”. disfraz del analista. no puede verla. pero ahora ya no es el tiempo de preguntarle: “qué hay adentro”. algunas sábanas empiezan a tomar la función de la imprescindible armadura. hago yo”). (“Háblame. su maestra en cambio. Esa puertita se cierra. No puede estar dentro de su cabina con la puerta cerrada. mientras dice: “estoy haciendo. y de cubrirse alternativamente ella y su maestra. En el baño hay cabinas individuales. Mientras tanto.

como todas). es el único atributo que hace. es decir sin ignorarla. íntima a la acción ligada al orgasmo. En el campo de la Demanda en el que se infiere el deseo como velo de la falta. circuito que incluye su punto de suspensión. Esa decoración ofrecida a la mirada de los visitantes. María (no el cassette) canta el arrorró. El marco del ciframiento fálico que produce sentido y medida. lo intransmisible. Esto último. el desvío (no la represión. nos presenta una conocida escena: la del novedoso e impactante friso decorativo hecho de cajitas de fósforos ya inútiles. al menos para un espectador. tampoco es una acción íntima (más allá de su experiencia misma. dice señalando un televisor de la escuela: “quiero ir a ver la película”. y a veces :”soy bebita”. quedó en el Seminario incluída por Lacan como ejemplo de lo que él intentaba decir con eso de “elevar el objeto a la dignidad de la Cosa”.Página 5 de 7 - Copyright 2013 . en recorrer ese trayecto fijo del borde erógeno de la mirada que construye la falta singular del objeto. y sin embargo no puede ser intransmisible. el relato de una breve anécdota incluída por Lacan en su Seminario de La Etica. provisto típicamente por el fantasma (a veces ilustrado . que algún fragmento de la trama pulsional que sostiene un cuerpo. la sublimación ha fabricado la ausencia. El placer conseguido bajo marco fálico. después de esa respuesta. pero el punto vacío que se localiza recorriendo incesantemente el circuito. que es otro territorio del “menos fi” socavando al “a”. ni el fracaso) del circuito en el que debía ocurrir la satisfacción según el modo en que la Demanda incondicional la fijaba. Finalmente. falta normalmente velada en algún punto de la articulación del fantasma. Creemos captar allí que un signo escópico de la pulsión indica a través de esa pequeña obra. pero dirimido allí donde se juega si hay o no hay algún punto de diferencia inconmensurable (y no de “más” o de “menos”) entre la presencia y la ausencia del pene. no es lo mismo que fabricar en ese circuito su desvío o su ausencia. no desaparece: por eso no hay creación eficaz si no “atraviesa” en algún punto. la medida propia de su época. en cambio. María vuelve a taparse completamente. que Prevert había diseñado para adornar el salón de su casa. se ha desmarcado de la satisfacción que consiste en reproducir el “a” minúscula regido por la Demanda en el campo del Otro.Todos los derechos reservados . y “desde adentro”. no es comunicable (ya que ninguna descripción recubre su efecto). Una vez. un vacío que pulsa como fuerza constante. que es inefable.EFBA . y a su maestra: “¿me prestás tus anteojos para ver cómo se ve?”. como lo dice años más tarde en su “Lógica del Fantasma”. pero aun sin ser íntima. Es que es necesario algo que consuele un poco. o de socavar con la función “menos fi” el circuito en el cual se produce “a”. En ese mismo tiempo. por la pérdida aceptada de no ser ya transparente.“¿dónde está María?” y la respuesta es: “¡aquí estoy!”. el de su visita a la casa de campo de Jacques Prévert. Si bien no se trata de una acción cuya entidad pueda establecerse en la escala empírica de su influencia “pública”.

cuya obra lograda fragiliza al gran Otro. la sublimación. recibido en esos tiempos franceses de aplastante y oscura obediencia. ya que el gran Otro. Dicha . no puede transcurrir.EFBA . de su auxilio. al apartar el circuito pulsional de la Demanda que configura cada cuerpo humano singular. el goce sublimatorio es transmisible aunque sólo haya dos. cuando lo es. puede ser liviana aunque lleve trabajo. sin extravío. de ese “a” singular que se era en el núcleo de cada fantasma normal. que ha ocurrido una particular inhibición en el fin (es decir en el recorrido. La experiencia del orgasmo es íntima aunque ocurra frente a miles. de no configurarse o de perderse. pero este “trayecto” es el objeto “a”. según Lacan. reubica. es el efecto de transmisión de un poco de libertad.. aislado de algún logro de transmisión que. de su gran Otro singular (en ese caso. requiere el alojamiento y más aún. su goce se equipara en algo al juego del niño que necesita jugar para extraer con su juego un “¿qué me quieres?” liberador. es decir la posición del Sujeto que hace inconmensurable la diferencia que hay entre la ausencia y la presencia de pene. ya que no colapsa la función sino las especies fijas bajo las cuales se efectuaba. una alteración sin obscenidad en el orden de la satisfacción pulsional. Ahora bien. ya que redistribuye. En cambio. Se goza en él de esa pequeña subversión lograda por la obra transmitida. es alguna transmisión lograda para el acto de fabricar ausencia sin desamarre en el campo de la Demanda. como decía Freud. es decir el orgasmo no interferido. el auxilio de algunos otros (a veces problemático. El goce sublimatorio de la pulsión. Por lo demás.con el llamado “placer preliminar”) hace que el goce intransmisible obtenido en el instante de esa “no relación” entre los sexos. La razón del homenaje de Lacan al hallazgo de Prévert. el gran Otro es el cuerpo. ahora más liviano.Página 6 de 7 - Copyright 2013 . es interminable. según traduce Lacan) de la pulsión: lo inhibido no es la meta sino el trayecto. cuando alguna cosa ocupa el lugar de un desvío efectuado en la Demanda (que ha fabricado esos circuito de goce). alguna subversión en la organización del goce donde la Demanda fija el formato de los cuerpos y el vacío pulsante del objeto.) perder vigencia.Todos los derechos reservados . ya que lo que “anda bien” es siempre el goce fálico) y no transcurre. La castración. Dichos semblantes conservados en el fantasma pueden (en principio . con mayúscula. fragilidad del gran Otro en compañía de algunos otros. de lo que habrá sido huella compacta en el campo. burlada en el chiste sólo a medias. la operación sublimatoria sobre los goces de la pulsión. los semblantes de la función “a” minúscula de cada cual. en el campo de un gran Otro que se ha fragilizado. en construcción). es un proceso en principio terminable. en ese punto se ha fragilizado. sin colapso del Sujeto. esto puede equivaler a que ha ocurrido. en el punto en el cual. no equivalga a la locura. lo que hace que el goce sublimatorio. pero que (como el chiste) precisa de la sanción del pequeño otro. empuja hacia la locura. lograda porque no conserva (a diferencia del chiste) la represión. ya que existe toda vez que se hace “otra cosa” con algo de un objeto “a” que en ese acto ya no cumple esa función. pudor o asco. no sea sin embargo enloquecedor.. bordeado y señalado por los diques de piedad. En cambio. y más aún.

o en general.Todos los derechos reservados . y esa fragilidad reclama la presencia del otro semejante. prohibidas por la Iglesia de su época ya que se hacían sobre cadáveres. se da a ver esa carne de “rostros bellos y temperamentos sensuales”. algunos fragmentos de sensual carne humana alojados en la obra sin repugnancia. que existe porque el cuerpo humano es un montaje fabricado por “lalengua”.alteración en el modo de producción del goce es lo que fragiliza de algún modo al gran Otro. Nos detendremos por ahora en la breve puntuación de lo que proponemos. síntomas y angustia. El signo pulsional de una satisfacción transmisible. En ese punto preciso. en un caso sin duda ejemplar. muchas veces inconclusos. un hombre que (en esa época) no comía carne. a su gran Otro. no!” . tal como Freud lo cita: “El acto del coito y todo lo que con él se enlaza es tan repugnante. y que escribió en un cuaderno. sería sin embargo inabordable si no se prestara a alguna articulación con la figurabilidad del semblante y con la legalidad propia del discurso. asco o piedad. que también transporta inhibiciones. aquél que ubicaba un vacío en el Otro solamente reiterando con repugnancia “¡carne. que la humanidad se extinguiría pronto si dicho acto no constituyera una antigua costumbre y no hubiera aún rostros bellos y temperamentos sensuales”.EFBA . junto con su invento de la técnica pictórica llamada “sfumatto” (que hace que la carne pintada de esos bellos rostros parezca hermosa carne y que los pliegues de las telas indiquen la morbidez de los cuerpos) son el signo pulsional de un desvío logrado en el modo de gozar. Entre sfumatto y anatomía. porque dicho punto se instala en el lugar de la efectuación de algún desvío transmisible en la fijeza del circuito que sólo puede fabricar el objeto localizado en la Demanda. postergaba la conclusión y la entrega al alojamiento por los pequeños otros. signo de un goce pulsional sublimatorio que subvierte los circuitos existentes del objeto”a”. será lo que nos autorice a llamar sublimatorio a un goce que ya no podremos sostener de la encarnadura de un personaje o de una acción empírica. La lucha en el Sujeto entre ese desvío logrado y la represión todavía vigente. veían la luz cada vez. es decir a la sustancia del mundo. donde entre “sfumatto” y anatomía. enunciable a priori. podemos reconocer como efecto de goce sublimatorio a la obra.Página 7 de 7 - Copyright 2013 . ciencia o lo que sea. tal como ésta imperaba sobre un hombre que se mantuvo célibe y probablemente apartado del contacto erótico entre los cuerpos. de muchas de esas obras. Las investigaciones sobre anatomía humana de Leonardo. fijado en los circuitos oral y escópico. según el cuerpo pulsional que organiza el fantasma. señalado con pudor. lograda en el lugar de alguna “quita” específica en el montaje de goces fijado en el campo del gran Otro. El signo. arte.