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Me ahogo.

Me hundo en el negro, el negro soy yo, el negro me envuelve, me llama, me acoge. El negro dentro
de mí, líquido viscoso que nace de la cabeza e irriga hasta el último poro, me mata y quiero morir,
yo soy el negro pero lucho contra el negro. ¿Quién es el negro? Mi compañero, mi verdugo, mi
carcelario. El negro es todo lo que soy. Mi cuerpo se rebela pero el negro tiene más fuerza. El negro
es silencioso, el negro no perdona, el negro llega a todas partes, me atrapa en cualquier momento, se
ha instalado para quedarse, ha hecho de mí su casa, y yo lo alimento. Enamorado de mi
secuestrador. El negro es cálido y no tiene espinas. Te envuelve con su susurro y te inmoviliza, y
hace que olvides que en otro tiempo no fuiste su amigo, su amante. ¿Quién eres? Yo soy el negro y
nada más. La lucha se apacigua, las defensas se acaban, el pulso mantenido se abandona, la caída al
vacío, una piscina de negro al fondo, negro sobre negro, sólido hecho líquido se amalgama con más
líquido hasta engrosar el negro universal, el negro hacia donde todo fluye.

Caigo.
El mundo es el dulce prohibido, el placer al que renunciar, el objeto del castigo, el premio al que no
tienes derecho, el jardín para los otros, el escenario en el que ves a la gente actuar y tú te quedas
sentado en un ángulo oscuro, inmóvil, paralizado por la oscuridad, sin ver nada, queriendo subir al
escenario y no pudiendo, miles de manos que te quieren subir al barco pero tú pesas mucho, la
sombra te ha imantado, subes y te caes, subes y te caes, subes, te mantienes y te caes, subes y no
llegas ni a subir antes de volver a caer… En cada intento las fuerzas disminuyen, la confusión
aumenta, el fracaso te envuelve. Y así terminará la función y tú habrás permanecido todo el tiempo
fuera, ahí abajo. Ni siquiera habrás conseguido unos guiñoles y te habrás quedado en tu rincón
fingiendo participar en una función a menor escala, con los guiñoles en tus manos, solo,
abandonado de ti mismo, pero creyendo que esa era la vida. Habrás pasado tu vida luchando por
subir al escenario y cayéndote.

Odio.
Me odio. Odio cada pequeña parte de mí. Odio mis pies, mis manos, mis dedos. Odio mis hombros,
mi espalda. Mis piernas, mis rodillas. Mi cuerpo débil, mi armazón ridículo. Odio mi cara, mi boca,
mi barba, mi cabeza, mis cejas, mi pelo. Odio mis oídos, mis compañeros de cárcel y a la vez
verdugos, mis tiranos, hijos de mis errores. Odio mis ojos. Odio mis ojos cansados, mis ojeras, mis
bolsas, mi cara de muerto, mi cara de encarcelado. Odio la imagen que doy y que me doy. Odio mis
zapatos, mis pantalones, mis camisetas ridículas, mis camisas, mis vanos intentos por arreglarme,
mis gafas, mis relojes, mis zapatillas, mi bata. Odio mirarme al espejo. Odio mi mirada perdida, mi
energía negativa reflejada. Odio hasta el último rincón de mi mente, mi mente perversa, mi mente
lúcida para matarme, lúcida para odiarme, lúcida para pisarme, machacarme, denigrarme, clavarme
agujas grandes y pequeñas. Me lleno de cuchilladas desde que mis ojos se abren hasta que se
cierran. Mi mano ya no sabe empuñar una flor, sólo cuchillos. He olvidado cómo abrazarme, cómo
abrir las puertas para que entre el aire y el sol, cómo mirarme al espejo, cómo abrazar el amor a mí
mismo reflejado en otros ojos. He olvidado cómo amar. ¿Alguna vez me amé o fue nada más que
orgullo y odio hacia los demás?

un cuchillo puntiagudo. un cuchillo. de pasear por una ciudad nueva. hacerme un punto negro. de intentar una y otra vez con energía. más ropa. de sentir el viento en mi cara. expiar la culpa. condensarme. Fracaso. sólo al resto. sigue su camino entre los demás cuchillos. de cerrar los ojos al sol. de soñar. renunciar a todo. menos cuchillos pero el mismo daño. Más protección. no haber recogido nada satisfactorio de ese sacrificio en el presente y no saber asumirlo y disfrutar en el futuro. de una canción preciosa. derecho a una vida. muy pequeño. de la compañía de mi familia. insignificante. Miles de cuchillos invadiéndolo todo. de amar. caminos equivocados. error tras error? ¿Cómo sentirse digno de una vida cuando el fracaso te envuelve? ¿Cómo perdonarse? ¿Hay perdón posible para una automutilación? ¿Cómo asumir que nada será como soñabas? ¿Cómo asumir que todas tus renuncias apuntaban a la dirección equivocada? ¿Cómo asumir que todo ha sido en vano? ¿Cómo renunciar a tu escala de valores original para sobrevivir? ¿Merece la pena sobrevivir con otra escala de valores o morir con la original? Mi fracaso es triple: haber sacrificado el placer pasado en la inversión equivocada. de un viaje con un amigo querido. Menos movimiento. los mismos cuchillos ahí fuera. Cada ventana abierta. Envidia. menos vida. No le afecta. en cada asiento. de llorar de emoción. O vida. cada puerta. pasar entre ellas rebotando. de reír. de sonreír. silencio. sin dejarme moverme. Sólo quien ve la lluvia de cuchillos puede pincharse. darme latigazos.. de fallar. de un trocico de queso. con una burbuja más grande en las manos con la que apartar las demás? Muerte. de cantar. envolverme en mi caparazón y desaparecer del mundo. tropezando pero intacto.. los muros de mi cárcel de muerte que me separan de la vida. Puertas cerradas. ¿Cómo no odiarse cuando suspendes la asignatura más importante? ¿Cómo vivir con la culpa de decisiones erróneas. ventanas clausuradas. . de arriesgar. del canto de un pájaro. Cada movimiento. Un cuchillo no puede pincharse a sí mismo. menos cuchillos y el mismo daño. No logro encontrar mi dignidad. hacerme pequeño. de abrazar. de tocar mi piano. Al cuchillo no le importa quién se va hiriendo. de una conversación interesante. no encuentro razones por las que pueda sentir que sigo teniendo un lugar en el mundo. menos aire. de una caricia. cada paso. ¿Merezco algo bueno? ¿Merezco disfrutar del verde de un árbol. de un buen libro por la noche. de bailar. apartándolas para ver. de levantarme. abrir los ojos y sólo ver oscuridad.Castigo. ¿Cómo transformar los cuchillos en burbujas elásticas de colores. cada respiración. de un baño refrescante.? ¿Merezco vivir? ¿Merezco exprimir algo bueno de la vida? ¿De verdad merezco algo cuando la culpa de todo es mía? ¿O merezco sólo sufrir. meterme en la cama y que llegue la noche eterna.

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