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¿ t u r .

Me llamo Jua
montañas de Guat
enormes volcanes ce
que se llama San
rodeado de montes
empinadas laderas
verdes: son las plan
ajos y cebollas.
En los valles,
los cafetales madura
grandes árboles.
Hay muchas
blo y muchas aves: águilas, oropén- Veo también
dolas, buhos, picaflores y bandadas pueblos que están
de loros que se lanzan desde los lago y las miles de
árboles para robar nuestro maíz par- llan allá arriba en e
loteando en esa lengua suya que sólo ce como si cada un
ellos entienden. estuviera diciendo
San Pablo está al borde de un Nosotras estamos a
gran lago y hay otros siete pueblos En San Pab
en sus orillas. La gente va de un pue- amo y polvo en las
blo a otro en lanchas con motor o en coches y sólo algun
canoa. Hay una carretera, pero no es vienen de las gran
buena. unas pocas muías
Nunca he ido a los otros pue- desde las montañ
blos, siempre he estado en San Pablo. gente que tambi
En las noches tranquilas me gusta cántaros de agua,
bajar hasta la orilla del lago y mirar las pan o de verdura
luces de las lanchas de los pescadores cabeza, niños suje
que se reflejan en las aguas oscuras. algunas veces, has
Aquí las histo
madera llevadas al hombro. Todo lo
que necesitan transportar. Como no tantes; los coches, n
hay muchos coches, si alguien quie-
Junto a la pla
re algo tiene que cargar con ello, por
es de verdad muy,
muy pesado que sea.
una casa de un solo
Cuando llega la noche las per-
grande, con mucha
sonas dejan de acarrear cosas; a esa
rodeada de flores y
hora salen de casa sólo para pasear
pavos reales andand
p o r el pueblo, divertirse, contar his-
una puerta de hier
torias y charlar con los amigos. Todo
sale directamente al
el mundo anda por las calles, por el
Allí nací yo. B
centro de las calles, y si un coche
es que yo nací en u
llega cuando alguien está hablando
detrás de la casa g
de algo interesante o contando una
era el guardia de la c
buena historia, pues el coche tiene
y a mi madre les
que esperar, porque nadie se aparta-
casa pequeña par
rá para dejarle paso hasta que la his-
Después de nacer yo
toria se termine.
que mi madre tuvo
salir por las noches con sus amigos,
Sólo tenía diecisiet
igual que lo hacía cuando todavía no
dinero, ni sabía có
estaba casado con mi madre, y mi
cuidar de mí, así q
madre le decía que no tenían sufi-
fuimos a casa de m
ciente dinero para eso, así que se pe-
learon y un día mi padre se marchó.
El abuelo se
Me contaron que tomó el
mucho tiempo» pe
autobús y se fue a la capital, que no
abuela no es pobre
está muy lejos. Nunca volvió para
hecha de bloques
vernos a mi madre o a mí. La verdad
ventanas no tienen
es que yo me acuerdo más de los
nen puertecillas d
pavos reales que andaban por el cés-
abuela cierra por las
ped de la casa donde vivíamos que
llueve. La casa tiene
de mi padre.
nes y en las pared
Cuando mi padre se marchó,
cuelgan muchos cu
los dueños de la casa grande contra-
tado mi tío Miguel
taron a otro guardia y, claro, quisie-
y él dice que algún
ron que viviera en nuestra casita, así
En la parte de afuera, la abuela durante un tiempo.
tiene muchas flores, así que la casa de sus primos han
está muy bonita. Claro que lo mejor das con nosotros.
de todo es que la abuela es la dueña La cosa es que
de la casa y del terreno donde está. familia se queda sin
Guarda los documentos que lo dicen enfermo, o no se ll
en una caja de hierro debajo de su marido, o tiene cua
cama; sabe muy bien lo que dicen blema, se viene a viv
porque una persona de su confianza Ella se ocupa de tod
se los leyó, y nadie, gracias a Dios, que el que sea pueda
puede quitarle a la abuela su casa ni su cuenta. Aunque
el terreno que la rodea. ve claramente que
La casa de la abuela es grande, que la gente no tard
pero está bastante llena de gente, glar sus cosas y mar
porque mis tres tíos que no están La abuela se
casados viven con nosotros, y tam- diendo arroz con lec
bién alguna de mis cinco tías casadas grande, donde la ge
y sus hijos vienen a veces a quedarse comprar cosas de co
leche que hace la abuela es especial:
no se come con cuchara, se bebe
caliente en un vaso. Es un líquido
espeso y dulce, y le pone mucha cane-
la. Nadie en el pueblo sabe hacer un
arroz con leche como el de la abuela.
Se levanta a las cinco de la mañana
para empezar a hacerlo. Ha hecho
esto mismo casi todos los días de su
vida desde que tenía trece años.
Cuando nos vinimos a vivir con
la abuela, yo dormía en la misma
cama que mi madre y me despertaba
cada mañana oyendo los ruidos que
hacían los que se estaban levantando.
Oía a tío Miguel que murmu-
raba entre dientes:
—¿Dónde está mi zapato, mi
zapato, mi zapato...? La abuela tiene
Y a mi tía María que regañaba en su casa, pero la m
a su hijo Carlitos:
blo no la tiene. Ella d
—¿Otra vez te has meado ¿n la sita para mantener
cama?
hacer arroz con lech
Y a Angélica, la regordeta hija de la abuela no hay
pequeña de mi tía Tina, que lloraba
agua caliente. Dice q
porque no quería meterse en la
dad y el agua caliente
ducha.
y no necesarias.
Y me llegaba el olor de la leña
quemándose en la cocina, y el del
arroz con leche hirviendo en el cal-
dero grande y ahumado, y el de las
tortillas que estaban haciéndose para
el desayuno. Entonces mi madre y
yo nos levantábamos y nos íbamos
con nuestras toallas porque era nues-
tro turno de usar la ducha.
2 paseando, un hombre
V madre, sonriendo mu
— ¡ Q u é lindo
parece mucho a ti!
Y luego me co
melo y se quedó ha
Así que mi madre y yo vivimos madre un rato.
juntos en casa de la abuela durante Al poco tiempo
un tiempo; mi madre ganaba un salíamos de paseo no
poco de dinero limpiando casas y bamos y se venía
lavando la ropa de gente del pueblo Después, una noch
en el lavadero que hay detrás de la madre a un baile, y
casa de la abuela. del baile mi madre em
Por las noches me llevaba con en casa cuando salí
ella a dar un paseo por el pueblo y nos porque quería estar s
encontrábamos con sus amigos y Y, de repente,
hablábamos con todos y era divertido. que se iba a casar co
Una noche, cuando estábamos que habíamos encon
Se iba a ir a vivir con é
podría ir con ella por
Él quería una fami
niños que fueran hij
más, no tenía dinero
me a mí.
Y aquel mismo
se fue de casa de la
vivir a casa de mi
tenía una casa con
ción. No tenía cama
madre entraron en c
y desmontaron la ca
míamos ella y yo y s
casa. La abuela no
cuando ellos se llev
casi seguro que ella
dejado que se la llev
Cuando se estaban llevando la dormir es todavía pe
cama yo les seguí hasta la carretera, Cuando dejé d
pero mi madre me dijo: la abuela que me de
— T ú quédate ahí, Juan. ella, pero me dijo q
Así que yo me volví a casa. —Tengo que
mo —me dijo—. Y
Después que se fueron, yo no sar. Demasiado tie
supe qué hacer, así que anduve de que dormir con n
acá para allá por la casa todo el día dan patadas.
hasta que volvió la abuela y le ense- —Yo no doy p
ñé la habitación en que había estado —Eso dices
nuestra cama. cuando estés dormi
Se puso muy seria y dijo: —dijo la abuela.
—Así que ahora no tienes Vio que yo ib
cama. rar otra vez.
Yo me eché a llorar. Ya es bas- —Espera un
tante malo no tener padre ni madre, jo—. Vamos a prep
pero no tener siquiera un sitio donde Anduvo rebus
y encontró un montón de sacos de
arroz vacíos, los puso amontonados
junto a su cama y me dio una de sus
mantas. Como a las cinco, antes de
la hora de cenar, ya había terminado
de preparármelo todo. Creo que ella
se había dado cuenta de lo triste que
yo estaba porque ya no tenía a mi
madre y me sentía abandonado, y
pensó que si por lo menos tenía un
sitio donde dormir ya no estaría tan
asustado.
Entonces me dijo:
—Bueno, nieto, puedes quedar-
te aquí, pero ya conoces la regia acer-
ca del portón de entrada. Ya sabes que
hay que obedecerla sin falta.
—Sí, abuela —le contesté.
Después de la i
Alrededor de la casa de la empecé a salir solo c
abuela hay una verja muy alta que ba de cenar. Nadie
tiene un portón de madera con una por mí, así que yo h
cerradura que ella cierra todas las
quería.
noches. Los únicos que tienen llaves,
Una noche, po
además de la abuela, son mis tíos.
de que mi madre se
Todos los demás tenemos que entrar
paseo muy largo hasta
antes de las ocho y media.
volví a casa de la
Después de esa hora, la abuela mucho tiempo que s
no se levanta para abrir a nadie. Por noche y el portón est
muy fuerte que alguien llame a la No sabía qué
puerta, da igual, ella se hace la sorda. empezaba a tener fr
Y tampoco deja que nadie vaya a abrir. ba pantalones cortos
Yo le había dicho a mi abuela y, aunque por el d
que había entendido muy bien lo del San Pablo, por las n
portón, pero como yo era muy niño porque estamos a
entonces, probablemente no lo entre montañas.
entendí muv bien del todo.
Mi madre abri
Lo único que se me ocurrió fue
una rendija, y me vio.
ir en busca de mi madre. Yo sabía
—¡Tú!
dónde estaba la casa de mi padrastro,
Ella sabía desde
así que decidí ir allá. Cuando llegué,
tumbre que tenía la a
vi a través de la ventana una vela
portón, y también l
encendida. Nadie se acuesta o sale
así que comprendió
dejando una vela encendida, porque
podido entrar en cas
puede arder toda la casa, así que yo
Se quedó un
estaba seguro de que había alguien
puerta; luego me dij
despierto adentro.
—Entra.
No llegaba bien hasta el borde
Vio que yo e
de la ventana y no podía ver quién
algunas veces no se tie
era el que estaba, así que puse una pie-
dra bajo la ventana y me subí enci-
Dentro de la
ma. Vi a mi madre; estaba sola.
mesa con la vela, do
Llamé en la puerta una vez, tan
platos, dos tazas y
suavemente que no me oyó, luego
Había unas pocas r
llamé otra vez más fuerte.
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clavos en la pared y una alfombrilla
en el suelo, y la cama, claro. Eso era
todo. La habitación estaba muy
vacía; lo que más me hubiera gusta-
do es que tuviera otra puerta por la
que yo pudiera escapar si mi padras-
tro entraba por la puerta delantera.
-—Te puedes quedar aquí —me
dijo mi madre—, pero si tu padrastro
te ve cuando vuelva, se pondrá furio-
so y te pegará. Tienes que esconderte
debajo de la cama y dormir ahí.

Así que me arrastré debajo de
la cama bien pegado a la pared para
que no me viera, y mi madre sacudió
la alfombrita para limpiarla un poco
y me tapó con ella.
No podía dormirme; me daba las cosas que iban
miedo pensar en lo que podría ocu- casa.
rrir cuando mi padrastro volviera. —La vela se e
Después de un rato, sonó un jo mi padrastro—,
golpe muy fuerte en la puerta y mi se a dormir.
madre abrió. Desde donde yo estaba Vi cómo sus
lo único que pude ver fueron las y se acercaban; la
piernas y los pies de mi padrastro do se sentó enci
entrando en la casa. Luego oí que zapatos y puso l
besaba a mi madre. sobre el suelo.
—El tipo ese apareció por fin —¿Dónde e
y me pagó el dinero que me debía —preguntó.
—dijo mi padrastro—; así que ma- —La he lavad
ñana puedes ir a comprar las cosas testó mi madre—.
que necesites. —Bueno, n
-¡Ah, muy bien! —dijo mi mi padrastro, y lo
mad^e. Yo me dorm
Luego hablaron un poco sobre
3 corriendo por la
casa de mi abuela.
—¿Dónde
dónde vienes? —
abuela.
— D e la casa
Por la mañana, mi madre me —¿Y qué ha
despertó muy temprano, antes de saber ella.
que se despertara mi padrastro. Salí —Nada —l
arrastrándome de debajo de la cama no puedo volver a
sin decir nada y con todo cuidado Y yo creía de
paia no hacer ningún ruido. Mi volvería; pero al
madre sacó el pestillo y yo caminé de abuela me agarró d
puntillas hasta la puerta. —Ven conm
—Acuérdate — m e dijo mi Y los dos fu
madre en un susurro—, ¡no debes de mi madre.
volver aquí nunca más! La abuela l
Cerró la puerta y yo me fui despacio, tres vece
Mi madre
Vimos a mi padra
sentado en la cam
cuanto vio a la ab
—Hola, ma
—dijo mi madre.
Ella y mi
muy nerviosos, pe
tan tranquila.
—Yo estoy b
—dijo la abuela
necesita una cam
toca conseguírsela
Se dio la vu
mano en el homb
Y me consig
la semana siguie
me la trajeron a
Era de madera, estaba un poco coja
siquiera se enteró
porque las patas no eran igual de lar-
Cuando le v
gas, pero mi tío Luis pidió prestada
en un lado de la
una sierra y me la arregló.
ganas de pegarle
Después de eso yo sólo veía a
darle patadas, po
mi madre algunas veces por casuali-
madre y yo no la
dad en la calle. Ella me decía siempre:
pegué. Era sólo un
— H o l a , Juan, ¿cómo estás?
sabía que él no ten
—como si yo le importara algo.
Yo sólo le contestaba:
—Estoy bien, madre —y nada Bueno, y d
vida no era tan m
más.
bol en la calle co
otros chicos de
Un día, cuando me la encon-
Rodolfo me enseñ
tré, me di cuenta de que estaba espe-
tales hacia adelan
rando un niño, y unos pocos meses
tío Miguel me d
después el niño nació. Así que tuve
un medio hermano, claro que él ni pintar con sus
pocas veces salí
_ ~ • V», . I
— -

m^hm
F-é ^ í t ^ y m^^m.'w^

pasear con mis tías como antes hacía
-fPA
con mi madre. Después de
Y otra cosa que también hice cuantos días con
fue ayudar a mi abuela a vender dijo que creía qu
arroz con leche en el mercado. rado para tener u
Aprendí a servirlo, a cobrarlo y a
cuenta. Me com
devolver el cambio, y también a vigi-
limpiabotas y una
lar que nadie se fuera sin pagar
se sentaran los cl
cuando la abuela estaba distraída.
a lustrar zapatos.
Entre los dos pensamos dónde capaz de ganarse l
me convendría instalarme para con- —Tiene ust
seguir más trabajo, y decidimos que cliente.
sería junto a la Oficina de Turismo Así que lustr
donde estaba la enorme foto de San dejarlos perfectos
Pablo que tenía cosas escritas debajo. —¿Serás ca
Los primeros días la abuela me siempre? —me pr
vigilaba. Los zapatos de los dos pri- Le dije que
meros clientes los lustré muy bien, se marchó otra ve
los del tercer cliente me quedaron un der su arroz con l
poco menos bien. Lustré muc
—Bueno, no importa —me muy pronto ya me
dijo el hombre—, están bien así —y dólar diario. Los h
ya iba a pagarme. dos dólares al día,
Pero la abuela dijo: lo estaba haciendo
—No, no están bien. Tiene Mientras lu
que hacer un buen trabajo cada vez y hablaba con mis
tedas las veces. Si no lo hace, no será guntaba que dón
hacían, y si tenían hijos. Trabajar era
«F
divertido. Todo el dinero que ganaba
se lo entregaba a la abuela, y siempre
que lo hacía ella me abrazaba son-
riendo y me daba un beso y diez cén-
timos para mí.
Sólo había
veces, me hacía se
y era cuando veía
de mí niños que
me pasaba el dí
polvo, manchado
iban limpios y bie
lápices y sus cua
sus clases.
Hay mucho
a la escuela porq
ren que trabajen
todos los niños tienen que ir a la Quería ped
escuela hasta que cumplan doce ir a la escuela, pe
años; pero la verdad es que en la decírselo. Temía
escuela no hay sitio para todos, así no. Porque ento
que nadie los obliga a ir. cuenta de que no
La mayor parte de los niños sino porque esta
que trabajan lo hacen en el campo, para ella.
en las plantaciones de cebollas, así ¿Y si ella er
que yo me sentía muy solo cuando mi madre y mi pa
veía pasar a los niños que iban a la se preocuparon p
escuela. cuenta de que n
Después de un tiempo, empe- estaba fingiéndol
cé a preguntarme por qué mi abuela Después aca
no me habría mandado a mí a la mi abuela era^bue
escuela. Y se me ocurrió pensar en la culpa de tener
que -i me quisiera de verdad me dinero que yo de e
ha! ¡a mandado a la escuela en vez dí que no necesi
de tenerme limpiando zapatos. nada, que yo solo
Preguntaba a mis clientes qué .rj—-

letras eran las que aparecían en los
letreros de los carteles; y muy pronto ' f e - *
\
ya pude leer: COCA-COLA, BANCO DE
fM
GUATEMALA, OFICINA DE TURISMO, y
hasta lo que estaba escrito debajo de
la foto de San Pablo.
Cuando se me acabaron los
carteles de los alrededores, alguien
me dio un periódico y los clientes
me ayudaron.
Corté el periódico y siempre
llevaba una página en el bolsillo de
atrás de mi pantalón cuando iba a
trabajar. Poco a poco empecé a ser
capaz de leer casi todo. Cuando esta-
ba solo allí sentado esperando a los
clientes me ponía a pensar en qué
estarían haciendo los chicos en . la
Y yo le dije:
escuela, y si mi abuela me querría de
—Abuela, qu
verdad. Entonces era como si la vida
se detuviera, porque eso era lo único —¿A la escue
en que podía pensar. asombrada como
dicho que quería
Y finalmente decidí que no
No puedes ir.
tenía más remedio que hacerlo, quie-
ro decir, preguntarle a mi abuela lo —¡Sí que pu
de ir a la escuela. Le pedí a un amigo Todo lo que tiene
mío, Roberto, un huérfano que vive varme.
en la calle, que me guardara mi caja Yo había pe
de limpiabotas, y me fui al mercado me decía que no
para hablar con la abuela. pero no lo hice.
Se quedó muy sorprendida —Eres mu
cuando me vio porque creía que a dijo—, sólo tiene
aquella hora yo estaba trabajando. —Abuela,
—-¿Qué pasa, Juan? —me pre- ¡tengo siete!
guntó. Éramos tant
con ella, que habí
de ios años que yo tenía. haberme hablado
— ¿ Q u e tienes siete? ¿Y por abuela—. Tienes q
qué no me lo has dicho antes? Son cosas, y no impor
muchos y no puedo acordarme de la que importa de ver
edad que tiene cada uno; debiste nunca de batallar
habérmelo recordado en su momen- que de verdad quie
to. ¿Y cuánto tiempo hace que tienes —continuó—, h
siete años? importantes, no de
Y me lo preguntó como si sos- caliente o electricid
pechara que yo le había jugado una verdad que ya t
mala pasada cumpliendo siete años. debes ir a la escu
—Seis meses —le dije. haber estado yend
—¡Y has dejado pasar todo ese mucho tiempo.
tiempo sin decirme nada!
-—Era tan importante para mí
que r o podía hablarte de ello.
—¡justamente porque es impor-
tan r-; para ti es por lo que deberías
—Pues sí, ya
pero no puedes
Entrarás el próximo
Irene.
Me despidió c
se puso a mirar u
A la mañana siguiente, cuando tenía sobre la mesa.
me vestí, no me puse mi ropa de Mi abuela no
limpiabotas, sino mi ropa más lim- —Tiene gra
pia, y, antes de que empezaran las entrar a la escuela —
clases en la escuela, la abuela y yo Doña Irene
fuimos a ver a ia maestra de prime- educadamente y la
ro, doña Irene. reprocharle que no
—Quiero entrar en la escuela rado de lo que habí
le dije. nos hubiéramos ret
—¿Cuántos años tienes? —me -—Tiene un
pregunto. meses. Los otros ni
—Siete y medio. diando aritmética.

\
\ \
—¡Mi nieto sabe aritmética, ha Doña Irene m
trabajado conmigo en el mercado! prendida.
—Los otros ya empiezan a leer —Bueno, en
un poco —dijo doña Irene—. Este
chico nunca podrá alcanzarlos.
—Está preparado para entrar
en la escuela, les alcanzará —afirmó
mi abuela.
Doña Irene estaba seria y mira-
ba a mi abuela fijamente, como para
hacerle comprender que era ella y no
mi abuela la que mandaba en la
escuela.
— N o —dijo doña Irene.
—¡Yo sé leer! —dije. Así que me a
Saqué una página de periódico mero. Iba a la escue
de mi bolsillo de atrás y empecé a de la mañana has
leer en voz alta. tarde. Después lim
Tenía dinero para comprar
/ . 6
libros y cuadernos y todo lo demás
que necesitaba, porque la abuela
había guardado para mí, en su caja
de hierro, todo lo que había ganado
como limpiabotas.

Al cabo de
Irene me dio una n
llevase a la abuela.
pués de la cena y el
Tina que se la ley
había dicho que yo
— N o , Juan —
la—, habla de ti, as
que debe leerla.
La nota decía
querían, si a la abue
pasarme a segun
decía que nunca habían tenido un Pensé que la
alumno como yo, que hubiera apren- me iba a felicitar.
dido a leer solo antes de empezar a fue echarse a llorar
ir a la escuela. Decía que sería una
tragedia que un alumno como yo
tuviera que dejar los estudios, y que
si en algún momento mi abuela no
pudiera seguir mandándome a la
escuela, los maestros me costearían
los estudios.
Cuando mi tía Tina dejó de
leer me miró como si antes no me
hubiera visto bien en su vida v como
si quisiera descubrir ahora qué era lo
que yo tenía de especial y no pudie-
ra verlo, así que se rindió.
—Bueno, pues enhorabuena
—dijo.
Y dijo: yo llegaba a ir a la
—Cuando yo tenía siete años, capital. Mientras el
los maestros iban de casa en casa daría, siempre que
para matricular a los niños en la posible por mi paite
escuela, pero al llegar a mi casa no Me miró com
me vieron porque mis padres me un hombre y me
habían escondido en la leñera. Yo fuerza de estudiar
miraba por entre las rendijas de la día a descubrir por
madera y escuchaba. Mis padres sonas eran pobres y
dijeron a los maestros que no tenían qué algunos países
ningún hijo en edad escolar, ningu- pobres, porque el
no. Lo hicieron porque temían que mucho en ello y n
si yo iba a la escuela no aprendería a guido comprender
trabajar. Lo hicieron por mi bien, y Me sentí muy
yo no me quejé nunca, aunque siem- bién algo asustado, p
pre he sabido que fue un error. que había llegado c
Se secó los ojos y me aseguró que aprender a leer yo so
me ayudaría en mis estudios, incluso si nificaba que yo fuer
Le dije a la abuela: doña Irene y los otr
— A lo mejor no soy siempre no esperan tanto d
capaz de hacer algo fuera de lo La abuela me
común. —Ellos no
— N o tienes que hacer siempre como yo.
cosas fuera de lo común; lo que tienes Luego añadió
que hacer es hacerlo todo de la mejor —Ven, vamo
manera que puedas, eso es todo. Se puso su m
Estaba satisfecho de mí fuimos juntos a la
mismo, pero no estaba seguro de si naba como lo hace
me iba a gustar hacerlo todo siempre y más derecha que
de la mejor manera posible. Se me su lado con mi bra
ocurrió pensar que aquello podía lle- cintura.
gar a ser bastante fastidioso. Si la Fuimos has
gente empezaba a esperar demasiado Turismo. Allí nos
de mí, iba yo a tener que trabajar de la foto de San
más y más cada vez. veían las casas de
—Creo que me pides más que unas rosas, otras
algunas verde pálido, y detrás de
ellas el lago azul y los volcanes y los
escarpados montes.
La abuela miró lo que estaba
escrito debajo de la fotografía, luego
lo tocó con su mano.
— ¿ Q u é dice aquí? —preguntó.
Se lo leí:
—El Lugar Más Bonito del
Mundo.
La abuela pareció sorprenderse.
Y yo empecé a pensar si de ver-
dad San Pablo sería* el lugar más
bonito del mundo. No estaba seguro
de si la abuela habría estado en algún
otro lugar, pero aun así, pensé que
ella sabría si lo era.
—Abuela, ¿lo es? —pregunté.
—¿Es qué?
—¿Es San Pablo el lugar más
bonito del mundo?
La abuela me miró pensativa:
— E l lugar más bonito del
mundo puede ser cualquiera — m e
respondió.
—¿Cualquiera? —repetí.
—Cualquiera en el que puedas
llevar la cabeza alta y en el que te pue-
das mostrar orgulloso de ti mismo.
— S í —asentí.
Pero me quedé pensando que
allí donde hay alguien a quien se quie-
re muchísimo y donde hay alguien
que nos quiere de veras, ése sí que es el
lugar más bonito del mundo.
es acogido por la abuela, que es muy
pobre, aunque tiene una casita propia.
Juan aprende el oficio de limpiabotas,
trabaja mucho y gana dinero, pero quiere
hacer algo más que limpiar zapatos,
es inteligente, quiere progresar, aprender
a leer, ir a la escuela, quizá más adelante
ir a la universidad. La abuela se siente muy
orgullosa de su nieto y le explica cuál es
para ella el lugar más bonito del mundo.
DESDE
«5»
ALE ANOS

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