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EL CÍRCULO MÁGICO

Utilizamos unas tizas de color blanco.
Dibujamos círculos en el suelo con la ayuda de la tiza. .

Pensamos en cómo jugar:
El círculo de tiza puede ser un comodín, transformándose en un círculo mágico.
Al poner un pie o una mano dentro del círculo, éste adquiere el color que se necesita.
Cuando el círculo se borra por el uso y desaparece, ya no se puede utilizar.
Estas reglas no son fijas. Se pueden variar

Observaciones:
Los círculos podrían ser un buen apoyo para zonas de difícil recorrido, cumpliendo así su
función de comodín. En un principio se piensa en círculos, pero puede tener cualquier forma.

Enseñar a inventar historias a los chicos que Rodari emprende .

. no. pero también habría moscas. blanco y negro? ¿qué pasaría si yo soy uno de los Power Ranger y vos venías a atacarme?`. María Morfín. ¿qué pasaría si toda la ciudad estuviera en peligro de ser invadida y estuviera en manos de nuestro salón salvarla? ¿qué pasaría si durante todo un día tuviéramos que escribir con la otra mano (diestros con la izquierda. productivas y cargadas de posibilidades que otras. Como se ve. quebrarían las fábricas de dulces. respetando su "lógica" y en base a algunas reglas. el desarrollo del tema es la ampliación de esa pregunta inicial (o. nos hartaríamos de los caramelos y las golosinas empezarían a ser de cosas saladas. En la primavera de este lado del mundo.Taller de animación musical y juegos) 16 El juego como un círculo mágico: en busca de su forma de ser Yolanda Corona. disparatadas. etcétera."? Seguramente encontraríamos varias maneras (más intensas.. sorprendentes. Luego buscamos todas las consecuencias que se desprendan de eso: podríamos ir a la escuela pasando la lengua por la calle... ¿qué pasaría si fuéramos una serpiente que debe atacar a otra serpiente y evitar que le muerdan la cola? ¿qué pasaría si el pupitre fuera un barco que atraviesa una tormenta? . . Graciela Quinteros. ¿qué pasaría si la maestra perdiera el habla por un día? ¿qué pasaría si todos perdiéramos el habla por una hora? .. El asunto será ponernos a buscar con los niños.. Veamos un ejemplo. ¿Qué pasaría si yo soy la mamá y vos sos mi hijo? ¿qué pasaría si el suelo es el mar y sólo podemos caminar flotando sobre hojas? ¿qué pasaría si nos hacen preguntas pero tenemos prohibido contestar sí. la ciudad olería mucho mejor. zurdos con la derecha)? ¿qué pasaría si un día ponemos el pizarrón en el fondo del salón? ¿qué pasaría si cada día nos propusiéramos un "qué pasaría si. Desde este punto de vista los juegos se pueden ver como el desarrollo de hipótesis fantásticas. como lo dice Rodari: el desarrollo del tema es la ampliación de un descubrimiento). Por lo pronto podemos crear juegos planteándonos hipótesis fantásticas. ricos y pobres. las hipótesis más provocadoras. divertidas) y nuevos motivos de estar juntos o de ir a la escuela. etcétera.. habría caramelos para todo el mundo. Primero establecemos la hipótesis: qué pasaría si una mañana nos despertamos y las calles y veredas son de caramelo.Nos planteamos una pregunta fantástica y lo que sigue es desarrollarla con una "lógica" que se dé dentro del ámbito de esa pregunta. demasiadas moscas para todo el mundo.. animadas. se nos pegarían los zapatos en la vereda. Al igual que en la creación de historias nos vamos a encontrar con que algunas son mucho más ricas. los dentistas trabajarían más. (Luis María Pescetti.

El jugador puede descansar 2 tiradas.JuEGOS LiBeRADoS.. Le damos forma con la ayuda de tijeras.HOMENAJE A MONDRIAN # 2 . Se pueden variar Observaciones: Aunque el tacto es áspero. visualmente da la sensación de ser muy confortable.ALUNIZAJE URBANO # 4 . Se puede situar en medio del recorrido.LEMAN # 5 .ZONA VERDE Juego Liberado # 6 ZONA VERDE Utilizamos moqueta de cesped recuperada del Bred&Butter.. Estas reglas no son fijas. Pensamos en cómo jugar: La zona verde se convierte en zona de descanso.EL CÍRCULO MÁGICO # 6 . barcelona # 1 .PSICODÉLICO_ # 3 . .

para pedirles consejo. —Entonces. Para enriquecerse fácilmente no hay nada más seguro. pintó él mismo el letrero: Se venden ratones en lata . —¿Y qué podría vender? —Pianos. —Ya está: pon un estanco en Capri. los estantes. —¡Y qué más da! Muchos cantantes cantan como borricos y se convierten en nuevos ricos.. ¡Anda! ¡Esta sí que es buena! Espera. Es una isla maravillosa. para no tener que pagar al pintor. Alquiló un local en la planta baja de una casa nueva y dispuso el mostrador. —Podrías ser cantante —dijo el tío Segundo—. y la gente hará cola para gastarse el dinero. decidió poner una tienda de alimentación. ¿te has decidido? —Lo pensaré —dijo el gato. —¡Y qué más da! Entre los ladrones hay muchas personas honradas. la caja y la cajera. uno tras otro.arriba Los negocios del señor Gato por Gianni Rodari Ilustraciones de Montse Ginesta Una vez. —Lo pensaré —dijo el gato. —Podrías ser ladrón —le dijo el tío Primero—. El tío Tercero le dijo: —Dedícate a los negocios. Para ser rico y famoso sin esfuerzo no hay nada más fácil. —Guantes de señora. un gato decidió hacerse rico. Pon una tienda. —Pesan demasiado.. que me la apunto. y entre las personas honradas hay muchos ladrones. Tenía tres tíos y fue a verlos. Tú saca tajada. —Pero tengo una voz horrible. locomotoras. —Soy demasiado honrado para eso. —Lo pensaré —dijo el gato. al final. Hay muchos turistas y todos compran por lo menos una postal y un sello para mandarla. frigoríficos. Bueno. Después. perdería la clientela masculina. Hace buen tiempo todo el año. Lo pensó siete días y. que de noche todos los gatos son pardos.

En ellas aparecía un ratón guiñando el ojo y. tengo un hermano. —Señor Gato —dijo la cajera—.. con su permiso. Las etiquetas eran de papel brillante. si entra gente a comprar. —Pero —dijo la cajera —¿dónde están las latas? —Llegarán. el día de mi cumpleaños. y decir que se hacen envíos a domicilio. No se ganó Zamora en una hora. —¿Con el abrelatas? —Le daré un abrelatas en Navidad. Mientras tanto. Sólo sé escribir a la perfección. y otro. no se me habría ocurrido a mí. —Señor Gato —dijo la cajera—. que era una gatita en su primer empleo—. —Si no fuese genial. —Estáte quieto —dijo el señor Gato—. —Yo soy así —dijo el gato—. en Semana Santa. Ratones enlatados. Y que le ayude su hermano. Su sueldo será de dos latas al día. debajo. En un cartel más pequeño escribió: Un abrelatas gratis por la compra de 3 latas A la cajera le pareció que su jefe tenía una letra preciosa. ¿qué hago? —Anotar los encargos en esta hoja. Tomar nota también de la dirección. No sería capaz de cometer un error ni aunque me aplastasen la cola. que me voy a enfadar. —¿Y el mío? —A usted le daré tres. Es una idea genial. —Están como tienen que estar. están todas vacías. encárguese usted de pegar las etiquetas. La cajera pensó que su jefe era muy generoso. ¿tiene ya un recadero? Porque yo. Al día siguiente llegaron las latas. otro. de colores. —Y. Ya me encargo yo de los ratones. —Dígale que venga a prueba una semana. la siguiente inscripción: RATONES EN LATA DE CALIDAD SUPERIOR REÚNA LOS PUNTOS RECHACE IMITACIONES .—¡Qué maravilla! —dijo la cajera. llegarán.. El hermano de la cajera era un gatito de pocos meses que se divertía un montón correteando por la tienda con la cabeza metida en una lata.

tenía olfato para los negocios. no sacó ni la punta de la cola. —Usted no sabe nunca nada —dijo el gato. señor Gato. —No seas torpe —dijo la cajera en tono severo—. —Perdone. Venga. mira. hacen imitaciones. La cajera suspiró. todavía no sabe lo que significa ganarse los ratones en lata. por más que insistió el gato. pues tanto gusto. porque generalmente están ya casados. —¿Qué veré? —Verá que tengo razón. con unos bigotes de auténtico comerciante de éxito. encárguese de la tienda. Pensaba que su jefe era realmente un gato apuesto. hámsters? —Está claro que. —A mí me gusta más ver los dibujos animados. Y además. es más: un día histórico. . Si luego no las hay. todavía no se había casado. ¿Todavía no están los ratones en las latas y ya existen imitaciones? ¿Y que llevan? ¿Topos. irritado—. pero ¿qué manera es ésa de contestar? —No sé si será un buen día o no. pero las habrá cuando el negocio esté en marcha. El hermano de la cajera se había pegado una etiqueta en la nariz y no conseguía despegársela. Hasta luego. dé un saltito. no hay imitaciones —le explicó el señor Gato—. Los clientes pensarán: mira. de momento.» El señor Gato encontró el primer ratón en el sótano. Además. El ratón se metió en su guarida y. Yo me voy en busca de la materia prima. La cajera lo siguió con una mirada lánguida mientras se alejaba. Los gatos suelen darme mala espina. —Buenos días —dijo el gato. Un bombazo. no me gustan los caballeros.—¡Pero bueno! —dijo la cajera—. Tendrá usted el honor de ser el primer ratón enlatado del planeta. —¿Y será realmente superior? —Será extraordinario. ¿Qué le parece? —No sé —repitió el ratón. ¡Qué inteligente era su jefe! Verdaderamente. ¡Qué porte! ¡Qué mirada! «Un comerciante —pensó— no es un caballero. luego debe de ser un producto superior. —Confío en usted —dijo el señor Gato—. ¿Quieres que te despidan el primer día? Le ruego que tenga paciencia. pero casi. escondido detrás de un montón de carbón. estoy pensando que están a punto de poner unos en la televisión. —No sé —contestó el ratón. Por cierto. entre en esta lata de colores tan bonita y verá. —Hoy será un día grandioso —afirmó el gato—.

fuera de sí. No me gustaría perjudicar a la compañía ferroviaria anulando el viaje. Contésteme de otra forma. Se le venderá a su justo precio y se le valorará como se merece. me gusta la idea y reconozco que la etiqueta es preciosa.. y saludos a su mujer. ¿Sabe lo que he pensado? Que usted sería el socio ideal para mi tienda de alimentación. —No sé —dijo el ratón. —No vale —se enfadó el gato—. estaba su primo.El segundo ratón se hallaba en el desván. —Estoy y no estoy —contestó el ratón—. Venderemos ratones enlatados. Le mandaré una postal. pero tenía la cola metida dentro de su madriguera y. en el sótano. —Nada de discursos. preparado para tirar de él a la primera señal de peligro. no me apetece. pero desgraciadamente me voy de vacaciones. Mire qué bonita. —Pues porque mi compañía le ha elegido a usted para inaugurar su tienda de ratones en lata. Sólo tiene que entrar en esta preciosa latita. —Gracias. Que siga usted bien. dígame por qué soy un tipo afortunado. preséntele mis saludos cuando se case. siempre desconfiando —dijo el señor Gato—. —¡Qué bonito! —¿De veras? —Qué pena que no pueda aceptar. —Es usted un tipo afortunado —gritó el gato de lejos en cuanto lo vio. porque me encargaré de las ventas. —¡No estoy casado! —bramó el gato. por supuesto. Y yo que venía con las mejores intenciones. —Da lo mismo. Mire. . El tercer ratón tomaba fresco en un prado del extrarradio. los ratones. —¿Qué tal está? —preguntó el gato. —¿Mejores para quién? —Pues para usted. —Estupendo. ¿Se anima? —¿A qué? —A entrar en la lata. Un colega suyo me ha contestado del mismo modo abajo. es difícil que esté yo también mucho tiempo. ya tengo el billete para Palermo. —Ustedes. y su ratonera estaba detrás del baúl.. —Primero. pegado a su cola. Yo haré la mayor parte del trabajo. —Si tengo que pronunciar un discurso. Si está usted aquí.

—Mire qué bien ha trabajado mi hermano —continuó la cajera. Buenos días. —Gracias. había colocado algunas al revés porque no sabía leer las palabras de la etiqueta. lo metió en la madriguera tan de prisa. que al gato le pareció que se había esfumado en el aire como una poma de jabón. y recuerdos a sus gatitos. tienen abuelas que están locas y que piensan todavía en subirse en el tiovivo. Pero la satisfacción del trabajo realizado brillaba en sus jóvenes bigotes. El señor Gato. —¡Hay que ver! —gritó el señor Gato—. los ratones se niegan a entrar en las latas y mañana tengo que entregar un importante pedido a la condesa De Felinis. además. Ya nos han hecho ciento diecisiete pedidos. para el oído derecho. He hecho la cuenta y tenemos que darle sesenta y seis abrelatas y medio. señor Gato? —preguntó la cajera. El señor Gato dijo: —Bueno. —Entonces. Por hoy es suficiente. fue de nuevo a pedir ayuda a su tío Tercero. para el izquierdo. y su primo. —¡No tengo hijos! ¡No estoy casado! —Entonces. los ratones! No les importa nada los negocios.—Estupendo. cepillándose el pelo como hacen todas las cajeras antes de salir. bueno. Para ser sinceros. —Querido tío. que precisamente es muy simpática porque está medio loca. El medio abrelatas ¿se lo doy de la parte de la punta o del mango? El señor Gato farfulló algo entre dientes. Y. no para hacer preguntas. El gatito dependiente había colocado en el escaparate las latas formando una pirámide. Y deje a mi abuela en paz. —Basta ya. tirándole de la cola. Les pago para trabajar. El ratón hizo una seña. La condesa De Felinis ha encargado doscientas latas. ¿vamos? —No —¿Por qué? —Porque tengo que acompañar a mi abuela a dar una vuelta en el tiovivo. y otra. no mueven un dedo para incrementar las ventas y para que el dinero circule como es debido. —Por supuesto. Pero ¿por qué me lo ha dicho dos veces? —Una. La cajera y su hermanito se dieron cuenta de que no era el momento de hacer más preguntas y se largaron con el rabo entre las patas. y en los columpios. tras cerrar la tienda. cásese. Pueden marcharse a casa. —Magníficas operaciones. ¡Hay que ver cómo son ustedes. señor Gato —maulló la cajera al ver regresar a su jefe—. ¿Qué puedo hacer? . —¿Ha encontrado buenos ratones.

Es. pero no para los ratones. tric. y ambas con caseta. «En este mundo —pensaba—.» . se cierra la tapa y. —La mejor publicidad para los ratones es el queso. —Y ¿cómo lo hacía? —De día vivía en casa de un vigilante nocturno. Digerían el queso din ninguna dificultad. El ratón que quisiera salir tendría que pasar a través del queso. Para salir de su guarida. Nosotros lo llamábamos Multiplicado por Dos. burlón. ¿Y cómo se llamaba? —En casa de la maestra se llamaba Plumón. Engordaban a ojos vistas. Y. hasta cierto punto. sin duda. todos lo son. tazón de leche y plato de comida. —Es verdad. hasta la mañana siguiente. en nuestra familia. según lo previsto. y en casa del vigilante. Por la noche. siempre y cuando puedan excavar galerías. adentro. taponando la salida. ¡zas!. Ya lo he cogido. gruyer o de oveja. El señor Gato compró un queso parmesano bien grande. Tu abuelo tenía siempre dos casas al mismo tiempo.. en casa de una maestra. el ratón tuvo que entrar en el parmesano excavando una galería. si les doy los abrelatas también a ellos. Cuando el vigilante salía para ir al trabajo. da lo mismo. propias de su edad. trac. el gato—.—Hijo mío —dijo el tío—. fingía acompañarla y se iba a casa del vigilante. La verdad es que. se escapan de la lata. lo acompañaba un rato y regresaba a casa de la maestra. porque el parmesano era auténtico. Este trabajo no le disgustaba en absoluto. en todas direcciones. el ratón reflexionaba.. Hacer las dos cosas a la vez no le suponía ningún esfuerzo porque era un ratón inteligente. a la tienda. —Increíble. Sus siete hijos se divirtieron un montón excavando pequeñas galerías. —Por supuesto que lo sé: he ofrecido incluso un abrelatas y puntos. ¿Es que no sabes que el reclamo es el alma de los negocios?. Sin dejar de comer. y cuando el ratón salga del queso. debemos averiguar quién ha puesto el parmesano delate de la puerta de nuestra casa. —¡Ya está! —exclamó el señor Gato—. Las cosas se desarrollaron. ¡hala!. Cuando la maestra salía para ir a la escuela. —Esa publicidad está bien para quien quiere comprar ratones en lata. Su mujer le echó una mano y royó buena parte. —¿Parmesano o gruyer? —Parmesano. una grosería. Napoleón. —Me quedaré aquí con la lata —reía. te has olvidado de la publicidad. de gran calidad y estaba en su punto. —Eres muy espabilado tú —afirmó el tío Tercero—. nadie te regala un queso sin pedirte nada a cambio. ante todo. pero hay que tenerlo en cuenta. lo llevó al sótano y lo colocó delante de la guarida del ratón. Cualquiera es bueno.

Esto no es justo. Este queso no será nuestra trampa ni nuestra cárcel. —Hay que ver cómo son ustedes. —Sí. no se moleste.. salió del sótano y se dirigió hacia el tribunal. que recibían golpes por todas partes. Y él mismo. Será nuestra fortaleza. ¿Qué le parece? —El queso es de excelente calidad. El señor Gato oyó la vocecita que salía del queso. para dar ejemplo. La gente se volvía para ver y oír. cantaremos nuestro himno. Le dejo la corteza. robo e insolencia. —No. Se zampan el queso. es un placer. uno tras otro. Para animarnos. cuando las ranas críen pelo. sin dejar de rodar el queso como una rueda de automóvil. así estamos en paz.. muy bien. ¿Quiere usted entrar? ¿Le ayudo a salir? —Por favor. sangre fía y música clásica.Para saberlo. —No. . —¿Qué está haciendo? —¿No lo ve? Hago publicidad de mis latas. hizo un agujero pequeñísimo en la corteza y vio al señor gato con la lata en una mano y la tapa en la otra. pero no dan nada a cambio. indiferente a los gritos de terror de los siete ratoncillos. gracias. —Buenos días —dijo el ratón. —Buenos días tenga usted. los siete ratoncillos dejaron de lloriquear y empezaron a cantar: ¡El queso de oveja está bueno. —Al contrario. las latas serán incluso mejores. —¿Ha visto? Piense entonces: si el queso es bueno. entonó la primera estrofa: ¡Bien por los ratones que en el queso están! ¡Bien por los ratones que valientes van! La mujer del ratón siguió a su marido y. contestó al saludo. y más teniendo en cuenta que había reconocido la voz del ratón. hoy mismo. Tendrá que responder de sus actos ante los tribunales. los ratones. —Le denunciaré por fraude. nos gusta el gruyer y los demás también! El señor Gato. el gato cogió el queso y se lo llevó rodando hacia la puerta del sótano. diciendo esto. pero no vio a nadie. —Está bien. Y. Sin embargo. El señor Gato se enfadó muchísimo. Vamos a ver quién es capaz de sacarnos. para no parecer maleducado. Calma. En los negocios hay que hacer las cosas bien: yo te doy una cosa a ti y tú me das otra a mí. No me apetece salir. —No tengáis miedo —dijo el ratón a su familia—.

al que había puesto música un antepasado suyo llamado Juan Sebastián. ordenó que se entregue a los ratones un salvoconducto para que. Los ratones fueron escoltados hasta su casa y. no dejaron ni un momento de cantar el himno. —¿Es verdad? —preguntó el juez. todo menos una cosa. No merece la pena pensar en el prójimo. «¡Pam!» Con un golpe de mazo. los ratones me han robado el queso! —La verdad —dijo el juez— que parece que el queso ha robado a los ratones. —¡A que soy formidable! —dijo el gatito recadero— ¡A que merezco un aumento! Sin decir ni una palabra. —Inventan todo. compras las latas. señoría! ¡Nueve personas en total! ¡Siete. El señor Gato pagará las costas del juicio. —¡Idiota! Personas que comen y no trabajan te puedo asegurar que hay más de siete. ¡Y menos en los ratones!» . —Nos lo hemos comido porque nos lo han ofrecido. el señor Gato regresó a la tienda. Las quiere para esta noche a las ocho menos veinte.—¡Qué raro! Un queso que canta. así es! —gritó el ratón. donde la cajera le salió al encuentro diciéndole alborozada: —La marquesa De Angoris ha encargado setecientas quince latas. Y todo porque los ratones se niegan a entender las ventajas del negocio y no se preocupan en absoluto de los problemas de la alimentación. y ¡qué consigues? Perder un queso y pagar las costas del juicio. me como un trozo yo también —dijo el juez—. Te sacrificas. Me encanta la publicidad. con escolta. asomándose a la boca de la galería—. Tras lo cual. En Parma les encanta la ópera. He calculado que mi hermano tendrá que hacer siete viajes para poder servir el pedido. pegas las etiquetas. pones una tienda nueva. En cambio. menores de catorce años! —¡Pero os habéis zampado el queso! —gritó el señor Gato. —Entonces. te preocupas por la clientela. puedan regresar a su residencia sin peligro. durante todo el camino. ¡Se trata de un secuestro. El gato empujó el queso hasta el estrado del juez y pidió justicia: —¡Señoría. —Pues claro: es parmesano. Un obsequio de la casa. Era un queso publicitario. contratas personal. —Desgraciadamente —tuvo que admitir el señor Gato.» «Es el fin del mundo —pensaba el señor Gato. mientras se lamía distraídamente una pata que olía todavía a parmesano—. el gato se subió al mostrador y se puso a meditar: «Mira la gratitud de la gente —pensaba—. —¿Cuál? —La forma de comer sin trabajar. el juez dio por terminado el juicio y se atusó los bigotes. —¡Así es.

Basta ya de ratones en lata. al que nadie quería dar las tres carabelas cuando intentaba descubrir América. aunque llueva. A mí me juzgará la posteridad. —Señor Gato —dijo el hermano de la cajera—. —Si no fuese una idea excelente —dijo el señor Gato—. abandonándose a la más honda tristeza.. el año que viene juego en el equipo local. en las que los ratones están incluso más guapos de lo que son en realidad. dejando caer la cola como una bandera a media asta en un día de luto nacional— tienen una vida mezquina y sin gloria. Con el veneno para ratones haremos unos negocios estupendos. ponerlos en el escaparte. —Ya lo tengo decidido. El señor Gato consideró todo. También Galileo Galilei sufrió no pocas persecuciones cuando dijo que la Tierra giraba alrededor del Sol. Y a cambio. puesto que no hay nada que hacer. Las ideas geniales no siempre son comprendidas y apreciadas inmediatamente. Yo he nacido para estas cosas. pongo un precio al alcance de todos los bolsillos. —¿Sí? —dijo la cajera. Quizá el proyecto es demasiado avanzado para la época. —¡Excelente idea! —suspiró la cajera. una bandera negra con la calavera y las tibias cruzadas. ha visto que no había ni un duro y ha dicho que volverá mañana. Ha mirado en la caja. —Señor Gato —dijo la cajera en ese momento—. no perdía palabra de lo que decía. Ya no hay decencia en este mundo.«Los ratones —pensaba el señor Gato. El negocio de los ratones en lata no cuaja. el señor Gato acarició esta posibilidad. Regalo abrelatas. ¿puedo ir a jugar al fútbol con mis amigos? Soy el portero de mi equipo. En la cola. Les proporciono. ha venido el de los impuestos. latas. no se me habría ocurrido a mí. ¡Cuántas responsabilidades! La mercancía. para las entregas a domicilio. Se veía ya como un bandido. un pirata.» Veía ya los titulares de los periódicos que exaltaban sus hazañas: ¡EL TERROR DE LOS SÓTANOS ATACA DE NUEVO! ¡UN MILLÓN DE RATONES PARA QUIEN CAPTURE AL GATO BANDIDO! TODAS LAS COLAS DE LA CIUDAD TIEMBLAN. la clientela. ¿sabe? Paro los penaltis con la cola. . Venderé veneno para ratones. Ya no hay fe. Con un parche negro en el ojo izquierdo. doy puntos. Daría lo mismo si me convirtiese en un bandido.. ellos me hacen sabotaje y sobornan al juez con el parmesano para que me condenen. YA NO CRECEN MÁS RATONES. o la casa me proporciona una furgoneta? —Señor Gato —prosiguió la cajera—. con auténtica veneración.» Por un instante. la cajera. Y por no hablar de Cristóbal Colón. —Amigos míos —dijo el señor Gato con decisión—: borrón y cuenta nueva. A lo mejor. resistentes y bien cerradas. con etiquetas pintadas por un artista de primera. que. el equipo local. a mi costa. los impuestos. ¿utilizo mi triciclo. el recadero. un salteador de caminos. Su lema: «DONDE YO PONGO LAS PATAS. ante la mirada de todos. Yo quiero darles un porvenir mejor. ¿qué hago con la condesa De Felinis y con la marquesa De Angoris? —Señor Gato —dijo el hermano de la cajera—.

¿Sabe que siempre quiere que le hable de usted? El señor Gato no dijo si lo sabía o no. —¡Increíble! Se lo contaré a mi madre. —¿Se harán también envíos a domicilio? —preguntó el recadero. —Qué le voy a hacer. El texto de Gianni Rodari —con traducción de Juan Carlos Fernández-Caparrós (prosa) y Emilio Pascual (versos)— y las ilustraciones de Montse Ginesta fueron extraídos. ante tal espectáculo. Fíjese. De hecho.—¡Qué intrépido es usted! —maulló la cajera. . y sus amigos. Cuando escribo a máquina lo hago aún mejor. Y el ratón se hizo tan rico que se cambió el nombre y se puso el de Barón. uno de ellos se hizo su guarida en la tienda. peleándose de la mañana a la noche. cuando voy en coche. con autorización de sus editores. supongo. seguro que terminó sabiéndolo. consigo adelantarme constantemente. el señor Gato y la gatita se casaron. se divertían a más no poder. —Les pagaré con dinero contante y sonante. Historias y rimas felinas. del libro Los negocios del señor Gato. —Es usted mejor que usted mismo —dijo la gata. Es más. Y ahora. se perseguían blandiendo el abrelatas de forma amenazadora. de Editorial Anaya (Madrid. El ratón cobraba diez liras por mirar. ¡puedo ir a jugar al fútbol? —Ve —dijo el señor Gato generosamente. —Se harán. al final. Pero. pero pagaban y miraban. se tiraban al lomo las cajas de veneno. soy así. —¿Y cómo nos pagará? Con veneno. Todos decían que era caro. colección Leer y pensar). Se arañaban la nariz. Quitó del escaparate el letrero que había y escribió en seguida otro que decía: VENENO PARA RATONES DE CALIDAD SUPERIOR PUNTOS DE REGALO EN CADA CAJA UNA CAJA GRATIS POR LA COMPRA DE TRES —¡Qué letra tan bonita! —admiró la cajera. familiares y conocidos iban de visita sólo para poder asistir a las peleas de la simpática familia. tendré que aprender a contar —dijo el recadero—. y vivieron felices y contentos. 1999. Los ratones. —Entonces. —No tiene importancia —dijo el señor Gato—.

org. Artículos relacionados: Autores: Gianni Rodari Lecturas: La imaginación en la literatura infantil. 1992) entre muchas otras. es autora de sus propias obras: los libros de la colección "Los artísticos casos de Fricandó" (Barcelona. el Premio de Ilustración de la Generalitat de Catalunya. de la Editorial Anaya. y Guía de gigantes y otros seres extraordinarios (Madrid. Es colaboradora en diversas revistas y publica en importantes editoriales españolas. 1992) —historias de género detectivesco inspiradas en movimientos del arte universal—. de Gianni Rodari Reseña del libro "La góndola fantasma". Montserrat Ginesta nació en Seva (Barcelona) en 1952. el Lazarillo en 1987. de Gianni Rodari http://www.educared. Anaya.ar/imaginaria/12/5/rodari3. Estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona. europeas y norteamericanas. Destino.Imaginaria agradece a Antonio Ventura y a Pablo Cruz. 1988 y 1994. Además de ilustrar libros de otros. y el Premio Nacional de Ilustración en dos oportunidades. Historias y rimas felinas". las facilidades proporcionadas para la reproducción de estos textos e ilustraciones. por Gianni Rodari Reseña del libro "Los negocios del señor Gato. Su vasta trayectoria le permitió obtener prestigiosos premios: el Crítica Serra d’Or 1982.htm .

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