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Los Jesuitas, precursores en la Ordenación Territorial La acción de ordenar los lugares habitados por el hombre es una tarea que

se ha generalizado en el último decenio del Siglo XX, promovido por los efectos de la globalización. La definición de Sáenz de Baruaga (1969) donde “la ordenación del territorio es el estudio interdisciplinado y prospectivo de la transformación óptima del espacio regional, de la distribución de esta transformación y de la población total entre núcleos urbanos con funciones y jerarquías diferentes, con vistas a su integración en áreas supra regionales”, es algo nuevo aplicado a dar solución a los crecientes desequilibrios sociales que se manifiestan en el inequitativo uso del territorio en el mundo contemporáneo. De alguna manera, lo definido por el geógrafo español ya fue llevada a la práctica por los Padres Jesuitas, pertenecientes a la Compañía de Jesús, localizados en la Cuenca del Plata entre 1609 a 1767, más precisamente, en los 30 pueblos que conformaban una estructura organizada dentro de la región guaranítica (Argentina, Brasil y Paraguay), abarcando una superficie aproximadamente de 150.000 km2 entre los ríos: Tebicuary, Paraná, Uruguay, Ibicuy y Miriñay.

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En dicho espacio geográfico cada reducción formaba un sistema integrado por un conjunto de subsistemas. La interacción solidaria que se dio entre estructura, sistema y subsistemas, hizo que funcionara por 150 años de la mejor manera posible el uso de los componentes del espacio en función de las necesidades de cada reducción. Este enfoque sistémico fue posible por la formación multidisciplinar de los padres jesuitas, la obediencia jerárquica, el respeto a las Leyes de Indias y la aplicación de un modelo en el uso del suelo. De esta manera crearon y Reducción de Santa Ana-Provincia de Misiones ordenaron un espacio urbano y rural en cada reducción, el desarrollo humano de los neófitos y el crecimiento económico de los 30 pueblos que integraron la región. Los padres jesuitas, “el hermano coordinador” y los nativos reducidos fueron los agentes fundamentales en la dinámica del paisaje de las reducciones. Originaron un paisaje armónico, adaptándose a una planificación con evolución articulada con el entorno. La forma de organización en armonía con la naturaleza, demuestra la preocupación que pusieron en preservar el medio y los recursos. Mucho se ha escrito sobre las fuentes que inspiraron a los padres jesuitas en el desarrollo de un proyecto tan adelantado para la época, cuyo objetivo fundamental en estas tierras era educar al nativo conjuntamente a la ordenación del territorio ocupado. Para fortalecer la premisa que los jesuitas tenían como objetivo la ordenación del paisaje (la reducción) y el territorio (la región guaranítica), me remito al geógrafo francés, Dollfus, O. (1990), quien considera que los paisajes ordenados son el reflejo de una acción meditada, concertada y continua entre los seres humanos y el medio natural. La acción es meditada cuando los grupos que se localizan en un medio, se empeñan en sacar el mejor provecho de los recursos para satisfacer sus necesidades y aquellas que le permitan ventajas para la vida en relación. Para ello, el hombre organiza el espacio de acuerdo a su estructura social y a las técnicas que posee. ¿Qué fue meditado, pensado y estudiado por los padres jesuitas? La elección del lugar físico donde desarrollar un asentamiento debía reunir una serie de requisitos: lugares altos, clima benigno, bondades del agua, alejados de las aguas estancadas y zonas que se inundan, Valoraron la visibilidad del paisaje, la fertilidad de las tierras y los recursos del subsuelo. Se decidieron por los biomas: “donde crecen árboles altos y frondosos, con troncos gruesos y derechos, frutos grandes de buen color y sabor”; suficientes recursos para la

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caza y pesca, y donde se facilita la conexión y accesibilidad con otros lugares. Se alejaron de grupos belicosos (bandeirantes). Demostraron un gran respeto por el espacio del aborigen. Y como estrategia en la organización social, la incorporación del “hermano” coordinador en cada misión. Además, el plano de la reducción, salvo algunas pequeñas modificaciones por exigencias locales es común a todas, y recién se iniciaba la construcción definitiva cuando estaban seguros de las acciones pensadas. La acción es concertada, cuando los individuos que forman una sociedad se proponen alcanzar determinados objetivos, respetando su origen étnico, tradiciones y nivel social. Con esta acción los jesuitas alcanzaron no solo el crecimiento de la reducción, sino el desarrollo humano de los neófitos.
Reducción de Santa María-Provincia de Misiones

¿Qué fue concertado? El pago de tributos a la tesorería Real de Buenos Aires por los nativos reducidos, seguridad y protección ante el ataque de otros pueblos belicosos, dignidad ante el abuso de “encomiendas” y “mita” y otras actividades de parte de los españoles. Potenciaron cualidades y virtudes de los aborígenes como la agricultura, el trabajo colectivo, el respeto por el liderazgo natural, el canto, el baile, la música y el arte. También, la ubicación y tipo de vivienda de los aborígenes dentro de la reducción, la educación y enseñanza de oficios de acuerdo a las capacidades de los nativos. Realizaban la distribución de tareas, espacial y temporal, de acuerdo a la edad y sexo, y respeto por la libertad y voluntad de permanecer en la reducción. La acción es continua cuando se conjugan la acción meditada y la acción concertada y se dan a lo largo de un período de tiempo más o menos lejano, sacando el mejor provecho posible a los recursos, utilizando métodos y técnicas adecuadas que no produzcan desequilibrios en el medio. Fueron acciones continuas, optimizar las anteriores, el control de las epidemias, la preocupación por los lactantes, el aislamiento de los enfermos, el cambio en las dietas alimentarias, énfasis en la higiene de los retretes, la evolución y aumento de las viviendas, el equilibrio demográfico entre las reducciones, la programación del uso del suelo en las actividades agropecuarias, el control en los desmontes respetando la época y técnica en la tala de árboles, la prohibición de la quema de campos y bosques, explotación de especies autóctonas e introducidas que solamente dan beneficio al hombre, labranza mínima e introducción de cultivos permanentes para evitar la erosión del suelo. Además, el mejoramiento de las comunicaciones y construcción de posadas de caridad a lo largo de los caminos.

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Si bien el bautismo era el pasaporte de entrada al paisaje ordenado de los jesuitas, existían otras acciones necesarias que debían ser cumplidas en armoniosa cooperación para alcanzar los objetivos de tan novedoso proyecto para la época. Todas estas acciones no fueron interpretadas por las autoridades políticas del momento, fue más sencillo truncar el desarrollo de esta magnífica obra, mediante la calumnia y el empleo del poder y la fuerza, antes que imitar o competir con la empresa de los jesuitas. Alguna vez nos habremos preguntado ¿qué hubiese sido de la Región Guaranítica, si los jesuitas no hubiesen sido expulsados? La historia hubiese sido otra, como quizás, la realidad socio-económica y ecológica actual no se presentaría tan conflictiva para la región. Ahora, ¿es tan difícil considerar las acciones desarrolladas por los padres jesuitas y poner en marcha la ordenación de los paisajes que conforman la provincia de Misiones en articulación con nuestros vecinos? Licenciada Elida Arenhardt de Romagosa Departamento en Geografía Instituto Superior “Antonio Ruiz de Montoya”

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