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Cuento de El patito feo

Al igual que todos los años, en los meses de verano, la Señora Pata se dedicaba a empollar. El
resto de las patas del corral siempre esperaban con muchos deseos que los patitos rompiesen el
cascarón para poder verlos, pues los patitos de esta distinguida pata siempre eran los más bellos
de todos los alrededores.

El séptimo era el más grande de todos y aún permanecía intacto lo que puso a la expectativa a
todos los presentes. Un rato más tarde se empezó a ver como el cascarón se abría poco a poco, y
de repente salió un pato muy alegre. Cuando todos lo vieron se quedaron perplejos porque este
era mucho más grande y larguirucho que el resto de los otros patitos, y lo que más impresionó era
lo feo que era.

Esto nunca le había ocurrido a la Señora Pata, quien para evitar las burlas de sus amigas lo
apartaba con su ala y solo se dedicaba a velar por el resto de sus hermanitos. Tanto fue el rechazo
que sufrió el patito feo que él comenzó a notar que nadie lo quería en ese lugar.

Toda esta situación hizo que el patito se sintiera muy triste y rechazado por todos los integrantes
del coral e incluso su propia madre y hermanos eran indiferentes con él. Él pensaba que quizás su
problema solo requería tiempo, pero no era así pues a medida que pasaban los días era más largo,
grande y mucho más feo. A pesar de las diferencias que él había notado, se llenó de valor y se
dirigió hacia ellos preguntándole muy educadamente que si él podía bañarse junto a ellos. Los
cisnes con mucha amabilidad le respondieron todos juntos:

– ¡Claro que puedes, como uno de los nuestros no va a poder disfrutar de este maravilloso
estanque!

El patito asombrado por la respuesta y apenado les dijo:

– ¡No se rían de mí! Como me van a comparar con ustedes que están llenos de belleza y elegancia
cuando yo soy feo y torpe. No sean crueles burlándose de ese modo.

– No nos estamos riendo de ti, mírate en el estanque y veras como tu reflejo demostrara cuan real
es lo que decimos.- le dijeron los cisnes al pobre patito.

Después de escuchar a las hermosas aves el patito se acercó al estanque y se quedó tan
asombrado que ni el mismo lo pudo creer, ya no era feo. ¡Se había transformado en un hermoso
cisne durante todo ese tiempo que pasó en busca de amigos! Ya había dejado de ser aquel patito
feo que un día huyó de su granja para convertirse en el más bello y elegante de todos los cisnes
que nadaban en aquel estanque.

La pobre. La campesina miró hacia arriba ¡El dios le había ayudado atendiendo a sus plegarias! Cogió la mazorca con delicadeza y salió en busca de su marido. Se desahogó un rato más y se enjugó las lágrimas con el puño de su desgastada blusa. La familia salía adelante gracias al cultivo del maíz en un pequeño terreno que tenían muy cerca de su hogar. se arrodilló y comenzó a llorar ¿Cómo iba a dar de cenar a sus cinco hijitos si no podía fabricar bastante harina?… Si al menos su marido la ayudara podrían unir fuerzas y cultivar más maíz. . Si sobraba algo de la cosecha. Miró al cielo y pidió al dios bueno que tuviera compasión y le diera fuerzas para continuar. así que estaba claro que el sol no podía ser. pero era un egoísta que solamente pensaba en sí mismo y en su propia comodidad. con los ojos todavía vidriosos. La mazorca de oro En las hermosas y lejanas tierras de Perú vivía una pareja joven que tenía cinco hijos pequeños. Al levantar la mirada. las mazorcas que había recogido durante la jornada. De repente. sin moverse del rincón del granero. Su vida era bastante dura y no podían permitirse ningún lujo. de esas donde se guardan las herramientas. notó que en una esquina algo brillaba con intensidad. Se pasaba el tiempo holgazaneando y dando paseos por la montaña mientras los chiquillos estaban en la escuela o jugando al escondite Un día. vio que el extraño brillo seguía allí. Eran grandes y tenían un aspecto fantástico. en cambio. Por unos momentos se sintió muy feliz. imaginó que se trataba de un rayo de sol que incidía sobre una caja de metal. para vender a los vecinos. Su marido. como siempre. comprobó que no había suficiente cantidad para hacer pan para todos y mucho menos. la mujer lo molía y hacía con él pan y tortas para dar de comer a sus chicos. lo vendía por la tarde en la aldea más cercana y regresaba con un par de monedas de plata a casa. desconsolada. que roncaba sobre una hamaca dejando pasar las horas. pero cuando se puso a hacer recuento. no hacía nada.De tanto trabajar de sol a sol. Se quedó muy extrañada pero ni siquiera se acercó. la campesina estaba agotada. Cada mañana. la muchacha se sentó en el granero y se puso a limpiar. Cayó en la cuenta de que era casi de noche.

le gritó con todas sus fuerzas: – ¡Eh. Creo que ha llegado el momento de que tú conozcas mi hábitat y descubras lo maravilloso que es el mar. amigo mono! ¿Podrías regalarme una de esas manzanas? ¡Nunca he comido ninguna y tienen una pinta muy apetitosa! El mono. un tiburón solía observarle con envidia porque él no podía llegar hasta la fruta madura que pendía de las ramas. – Amigo mono. que era generoso y tenía fruta de sobra. Tenía la suerte de que.Desde la orilla. . a las fauces del tiburón. esto sabe a gloria! ¡Está buenísima! ¡Muchas gracias! A partir de entonces. lanzó con acierto una grande. El enorme pez la engulló y se llevó una grata sorpresa. roja y brillante. escalando por la copa para mantenerse en forma y mordisqueando una tras otra las ricas manzanas que tenía a su alcance. Un día. empezó a acudir puntualmente a la orilla para comer la manzana que. Después de un tiempo. muy amablemente. El mono y el tiburón Érase una vez un mono que vivía junto a la costa. desde su árbol favorito. – ¡Oh. todos los días acudo a tu encuentro porque me gusta tu compañía y charlar un rato contigo. podía admirar la belleza del inmenso mar ¡Cuánto disfrutaba contemplando el fuerte oleaje en invierno y las calmadas aguas en los meses de verano! El árbol en cuestión era un manzano. el tiburón le hizo una interesante propuesta. En él pasaba la mayor parte del día. Enseguida se creó una complicidad entre ellos que hizo que se convirtieran en muy buenos amigos. Yo ya conozco el hermoso lugar en el que vives. en una de sus conversaciones diarias. le regalaba el mono.

Pasaron diez minutos y comprobó que allí no había más ser vivo que un saltamontes muy pesado empeñado en subirse una y otra vez a su nariz. pero tampoco tuvo suerte. pero el león no se dio cuenta de ello. Su reacción inmediata fue echarse hacia atrás de un salto mientras el corazón le palpitaba a mil por hora. Después. Desanimado. se acercó a la orilla. – ¡Vaya. pero todo a su alrededor era un secarral. La curiosidad y la sed eran tan grandes. Decidió aproximarse de nuevo a la orilla. un hermoso y fuerte león se paseaba por la sabana buscando un lugar donde saciar la sed ¡Necesitaba beber agua como fuera para no desfallecer!Durante un buen rato escudriñó a fondo el terreno en busca de una mísera charca. que prefirió sentarse pacientemente a esperar a que el león saliera a la superficie. y cuando agachó la cabeza… – ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Qué susto se llevó! ¡Un enorme felino de largos bigotes y tupida melena le miraba fijamente desde el fondo de las aguas! Lógicamente era su reflejo. Su superficie era cristalina y parecía un enorme espejo bajo el achicharrante sol. . eso pensó. El león y el lago Una mañana de muchísimo calor. Con mucha cautela se asomó al agua y… – ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡El león volvió a aparecer frente a él! Pegó un brinco y sus pelos se erizaron como si hubiera recibido una descarga eléctrica. ¡La situación era desesperada! Sentía que la lengua se le pegaba al paladar y no le quedaban fuerzas ni para mantenerse en pie. reflexionó: – No conozco a ese león. El pobre tardó un buen rato en recuperar la calma y en respirar con normalidad. Fue entonces cuando se percató de que allí. pero al final no se fue a ninguna parte. Estaba a punto de desmayarse de puro agotamiento. pero debe ser el dueño de esta zona… ¡No quiero meterme en problemas así que lo mejor será que me largue de aquí! Sí. notando el maravilloso frescor del agua resbalando por su cara. Asustadísimo. También miró detenidamente las hojas de los arbustos por si por ellas se deslizaba alguna gotita de rocío que poder lamer. cuando tras unos matorrales descubrió un lago que jamás había visto. se dijo a sí mismo: El sediento animal bebió y bebió hasta la saciedad. se alejó de la manada arrastrando las patas por un camino polvoriento sin saber muy bien a donde dirigirse. qué bien! ¡Cuánta agua hay en este lugar! ¡Al fin podré beber!Aceleró el paso.

dejándose caer de golpe en el suelo. Sus patitas se quedaron enganchadas en una red de la que no podía escapar. Los tres rescatadores respiraron muy hondo y se lanzaron al rescate de urgencia. fingió un desmayo. como si fueran los famosos mosqueteros. se alarmó y les dijo: – ¡Chicos. Empezó a gritar y sus tres amigos. la pequeña tortuga se despistó y cayó en la trampa de un cazador. El cuervo les apremió: – ¡Ya está aquí el cazador! ¡Démonos prisa! El ratón puso orden en ese momento de desconcierto. El ratón la tranquilizó: – ¡No te preocupes. El más elegante y guapo era un ciervo de color tostado al que le gustaba correr a toda velocidad. guapa! ¡Te liberaremos en un periquete! Pero justo en ese momento. El ciervo. el ciervo se acercó a él y cuando estuvo a unos metros. Otro. en plan “uno para todos. ¡El cazador estaba a punto de coger a la tortuga! Corriendo. un cuervo un poco serio pero muy generoso y de buen corazón. apareció entre los árboles el cazador. tengo un plan! Escuchad… El roedor les contó lo que había pensado y el cuervo y el ciervo estuvieron de acuerdo. la escucharon. En cierta ocasión. Con sus potentes dientes delanteros. el ratón había conseguido llegar hasta la trampa. el hombre giró la cabeza y se frotó las manos:Mientras tanto. era genial. no podían ser más diferentes unos de otros. Como veis. es nuestra querida amiga la tortuga! Ha tenido que pasarle algo grave porque su voz suena desesperada ¡Vamos en su ayuda! Salieron corriendo a buscarla y la encontraron enredada en la malla. todos para uno”. y eso. – ¡Tranquilos. porque cada uno aportaba sus conocimientos al grupo para ayudarse si era necesario. la cuarta de la pandilla era una tortuguita muy coqueta que se tomaba la vida con mucha tranquilidad. royó la red hasta hacerla polvillo y liberó a la delicada tortuga. en el fondo. que era el que tenía el oído más fino. que estaban descansando junto al río. . Los cuatro amigos Uno era un simpático ratón que destacaba por sus ingeniosas ocurrencias. amigos. Para compensar. Al oír el ruido.