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LA GUERRA QUE NUNCA QUISO ALEMANIA

El Congreso de Berlín de 1878, fue una asamblea diplomática de los representantes de varios estados
europeos, con el propósito de reorganizar la región de los Balcanes y armonizar los intereses de
Inglaterra, Rusia y Austria-Hungría en la zona. Fue organizada bajo la presidencia de Otto von Bismarck,
canciller del recién nacido Imperio Alemán.

Los Balcanes habían sido propiedad del Imperio Turco desde el siglo XVII, pero ese imperio estaba en
decadencia para finales del XIX y otras potencias buscaban el momento de arrebatar esos territorios, y de
hecho de destrozar a todo el Imperio Turco para dividirse sus despojos.

Al Congreso de Berlín del 23 de julio de 1878, además del anfitrión alemán, acudieron el Reino Unido, el
Imperio Austriaco, Francia, Italia, el Imperio Ruso, el Imperio Turco, Grecia y representantes de los
movimientos nacionalistas de las regiones de Rumanía, Serbia y Montenegro. Cabe señalar que, de todos
los asistentes, Alemania era el único país que no tenía aspiraciones territoriales en esa zona, de hecho
organizó el Congreso para mediar entre beligerantes y evitar una gran guerra

El Imperio Ruso buscaba tener posesión de los Balcanes para tener salida al Mediterráneo, el Imperio
Austriaco quería dominar toda la región, los turcos trataban de no perderla, y los pueblos de la zona
luchaban por sus independencias. La zona era un barril de pólvora donde sólo faltaba una chispa.

Se determinó que Armenia sería de los turcos y no de los rusos…, lo que dejó una semilla de conflicto
entre ellos. Se estableció que Bosnia-Herzegovina sería soberanía austriaca, lo que generó conflictos
nacionalistas entre la población eslava de la región y de la vecina Serbia. Montenegro, Grecia y Serbia
crecieron territorialmente a costa del decadente Imperio Turco Otomano. Rumanía obtuvo su
independencia de los turcos y Bulgaria adquirió el estatus de principado autónomo dentro del Imperio
Turco.

Inglaterra se quedó con la Isla de Chipre, ante las quejas de turcos y griegos, y se estableció la
posibilidad de que Francia o Italia pudiesen ocupar Libia, despojando nuevamente a los turcos.

Ese día 23 de julio se llegó a acuerdos; pero los Habsburgo del Imperio Austriaco aún querían crecer,
Rusia aún buscaba llegar al mar, los turcos daban sus últimos zarpazos de fiera herida e Inglaterra
esperaba la oportunidad de quedarse con la zona de Mesopotamia en Medio Oriente.

Todos esperaban guerra menos Alemania…, en 1914 ahí en los Balcanes se prendió la mecha, la
prendieron los nacionalistas serbios que asesinaron al archiduque austriaco, los austriacos en su
obsesión de invadir Serbia, los rusos en su obsesión de aprovechar la situación para llegar al mar, los
italianos en su ambición de ampliar su territorio, los francés en su obsesión de tener Alsacia y Lorena y
los ingleses con la obcecación de tener la zona petrolera del Imperio Turco.

Así comenzó una guerra que se hizo mundial, en la que el único país no interesado era Alemania, y en la
que los hechos se han torcido de forma tal que los alemanes aparecen como únicos causantes. Como
siempre, no es que los buenos siempre ganen, sino que los que ganan cuentan su versión, en la que ellos
son los buenos.