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Noticias del Imperio

I
CASTILLO DE BOUCHOUT
1927
« La imaginación, la loca de la casa »,
frase atribuida a Malebranche.
Yo soy María Carlota de Bélgica, Emperatriz de México y de América. Yo soy María
Carlota Amelia, prima de la Reina de Inglaterra, Gran Maestre de la Cruz de San
Carlos y Virreina de las provincias del Lombardovéneto acogidas por la piedad y la
clemencia austríacas bajo las alas del águila bicéfala de la Casa de Habsburgo. Yo
soy María Carlota Amelia Victoria, hija de Leopoldo Príncipe de Sajonia-Coburgo y
Rey de Bélgica, a quien llamaban el Néstor de los Gobernantes y que me sentaba en
sus piernas, acariciaba mis cabellos castaños y me decía que yo era la pequeña
sílfide del Palacio de Laeken. Yo soy María Carlota Amelia Victoria Clementina,
hija de Luisa María de Orleáns, la reina santa de los ojos azules y la nariz
borbona que murió de consunción y de tristeza por el exilio y la muerte de Luis
Felipe, mi abuelo, que cuando todavía era Rey de Francia me llenaba el regazo de
castañas y la cara de besos en los Jardines de las Tullerías. Yo soy María Carlota
Amelia Victoria Clementina Leopoldina, sobrina del Príncipe Joinville y prima del
Conde de París, hermana del Duque de Brabante que fue Rey de Bélgica y conquistador
del Congo y hermana del Conde de Flandes, en cuyos brazos aprendí a bailar, cuando
tenía diez años, a la sombra de los espinos en flor. Yo soy Carlota Amelia, mujer
de Fernando Maximiliano José, Archiduque de Austria, Príncipe de Hungría y de
Bohemia, Conde de Habsburgo, Príncipe de Lorena, Emperador de México y Rey del
Mundo, que nació en el Palacio Imperial de Schönbrunn y fue el primer descendiente
de los Reyes Católicos Fernando e Isabel que cruzó el mar océano y pisó las tierras
de América, y que mandó construir para mí a la orilla del Adriático un palacio
blanco que miraba al mar y otro día me llevó a México a vivir a un castillo gris
que miraba al valle y a los volcanes cubiertos de nieve, y que una mañana de junio
de hace muchos años murió fusilado en la ciudad de Querétaro. Yo soy Carlota
Amelia, Regente de Anáhuac, Reina de Nicaragua, Baronesa del Mato Grosso, Princesa
de Chichén Itzá. Yo soy Carlota Amelia de Bélgica, Emperatriz de México y de
América: tengo ochenta y seis años de edad y sesenta de beber, loca de sed, en las
fuentes de Roma.
Hoy ha venido el mensajero a traerme noticias del Imperio. Vino, cargado de
recuerdos y de sueños, en una carabela cuyas velas hinchó una sola bocanada de
viento luminoso preñado de papagayos. Me trajo un puñado de arena de la Isla de
Sacrificios, unos guantes de piel de venado y un enorme barril de maderas preciosas
rebosantes de chocolate ardiente y espumoso, donde me voy a bañar todos los días de
mi vida hasta que mi piel de princesa borbona, hasta que mi piel de loca
octogenaria, hasta que mi piel blanca de encaje de Alenzón y de Bruselas, mi piel
nevada como las magnolias de los Jardines de Miramar, hasta que mi piel,
Maximiliano, mi piel quebrada por los siglos y las tempestades y los
desmoronamientos de las dinastías, mi piel blanca de ángel de Memling y de novia
del Béguinage se caiga a pedazos y una nueva piel oscura y perfumada, oscura como
el cacao de Soconusco y perfumada como la vainilla de Papantla me cubra entera,
Maximiliano, desde mi frente oscura hasta la punta de mis pies descalzos y
perfumados de india mexicana, de virgen morena, de Emperatriz de América.
El mensajero me trajo también, querido Max, un relicario con algunas hebras de la
barba rubia que llovía sobre tu pecho condecorado con el Águila Azteca y que
aleteaba como una inmensa mariposa de alas doradas, cuando a caballo y al galope y
con tu traje de charro y tu sombrero incrustado con arabescos de plata esterlina
recorrías los llanos de Apam entre nubes de gloria y de polvo. Me han dicho que
esos bárbaros, Maximiliano, cuando tu cuerpo estaba caliente todavía, cuando apenas
acababan de hacer tu máscara mortuoria con yeso de París, esos salvajes te
arrancaron la barba y el pelo para vender los mechones por unas cuantas piastras.
Quién iba a imaginar, Maximiliano, que te iba a suceder lo mismo que a tu padre, si
es que de verdad lo fue el infeliz del Duque de Reichstadt a quien nada ni nadie
pudo salvar de la muerte temprana, ni los baños muriáticos ni la leche de burra ni

y me avalancé sobre el tazón. de Bouchout. y que apenas unos minutos después de haber muerto en el mismo Palacio de Schönbrunn donde acababas de nacer. y que si estoy loca es de hambre y de sed. y tú no. Al mensajero se lo contó Tüdös el fiel cocinero húngaro que te acompañó hasta el patíbulo y sofocó el fuego que prendió en tu chaleco el tiro de gracia. si te cuentan eso. Maximiliano. fue de que le cortaran en pedazos el corazón para vender las piltrafas por unos cuantos reales. te lo juro. me la arrebate. y así lo hice. diles que no es verdad. y no sé qué hubiera hecho yo después de no haber ido al mercado a comprar nueces y naranjas para llevarlas al Albergo di Roma: yo misma las escogí. mientras mi hermano el Conde de Flandes se paraba de cabeza y me hacía muecas para hacerme reír y mi hermano el Duque de Brabante inventaba ciudades imaginarias y me contaba la . a nuestra maldita suerte en México. Pero si te lo dicen. nuestros servidores. como tuve yo que cuidarme de todos. que dicen que estoy loca. las pelé. Max. que tú siempre fuiste y serás el amor de mi vida. envenenarnos y no sólo Napoleón el Pequeño y la Montijo. si te cuentan que en todo el viaje nunca salí de mi camarote porque estaba ya loca y lo estaba no porque me hubieran dado de beber toloache en Yucatán o porque supiera que Napoleón y el Papa nos iban a negar su ayuda y a abandonarnos a nuestra suerte. y me entregó. y sin mi camarera Matilde Doblinger que se procuró un hornillo de carbón y me hizo el favor de llevar unas gallinas a la suite imperial para que yo pudiera comer sólo aquellos huevos que viera poner con mis propios ojos. Doña Carlota. examiné las cáscaras. Mis damas de compañía me dan de comer en la boca. y que siempre lo he estado desde ese día en el Palacio de Saint Cloud en que el mismísimo diablo Napoleón Tercero y su mujer Eugenia de Montijo me ofrecieron un vaso de naranjada fría y yo supe y lo sabía todo el mundo que estaba envenenada porque no les bastaba habernos traicionado. porque yo no la suelto. beber sólo de las aguas de las fuentes de Roma en el vaso de Murano que me regaló Su Santidad Pío Nono cuando fui a verlo de sorpresa sin pedirle audiencia y lo encontré desayunando y él se dio cuenta de que estaba yo muerta de hambre y de sed. ¿quiere unas uvas la Emperatriz de México? ¿Se le antojaría un cuerno con mantequilla? ¿Leche quizás. un pedazo de tu corazón y la bala que acabó con tu vida y con tu Imperio en el Cerro de las Campanas. si te dicen que loca salí de México y que loca atravesé el mar encerrada en un camarote del barco Impératrice Eugénie después que le ordené al capitán que arriara la bandera francesa para izar el pabellón imperial mexicano. nada más que por eso. metí los dedos en el chocolate del Papa. las devoré y también unas castañas asadas que compré en la Via Appia y no puedo imaginar cómo me las hubiera arreglado sin la Señora Kuchacsévich y sin el gato. Max. no lo vas a creer. querían borrarnos de la faz de la Tierra. el propio Blasio: cuídate del lápiz-tinta con el que escribe las cartas que le dictas camino a Cuernavaca y de su saliva y del agua sulfurosa de los manantiales de Cuautla cuídate. Maximiliano. que probaban toda mi comida antes que yo. Me lo dijo el mensajero. perdida porque en mi vientre crecía un hijo que no era tuyo sino del Coronel Van Der Smissen. sino hasta nuestros amigos más cercanos. la sílfide de Laeken y jugaba a deslizarme por el barandal de las escaleras de madera del palacio. nunca. Maximiliano. le habían trasquilado todos sus bucles rubios para guardarlos en relicarios: pero de lo que sí se salvó él. sino que lo estaba. y de parte del Príncipe y la Princesa Salm Salm un estuche de cedro donde había una caja de zinc donde había una caja de palo de rosa donde había. Maximiliano. cuando yo era el pequeño ángel. hasta de la Señora Neri del Barrio con la que iba yo todas las mañanas en un fiacre negro a la Fuente de Trevi porque decidí. de Terveuren. me los chupé. el mensajero. Es por eso que me llaman la loca de Miramar. la pequeña bonapartista de los cabellos castaños. Tengo aquí esta caja agarrada con las dos manos todo el día para que nadie. las limpié con la mantilla de encaje negro que me regaló Eugenia. y del pulque con champaña. como si fuera yo todavía el pequeño ángel de mi padre Leopoldo. y jugaba a estarme quieta para la eternidad en los jardines. Y es por eso. Max. loca y desesperada. leche de cabra recién ordeñada? Pero yo lo único que quería era mojar los dedos en ese líquido ardiente y espumoso que me habría de quemar y tostar la piel. Maximiliano. porque yo no te olvido. La Condesa d’Hulst me da de beber leche en los labios. Entonces.el amor de tu madre la Archiduquesa Sofía.

¿te acuerdas de ella. de nada serviría. que me absuelva usted. me dijo sí. y orinarme. no hay noche en que no me dedique a ordenar mi casa y mi conciencia. Belausteguiqué. que nos dijo que no fuéramos a México porque allí nos iban a asesinar?. y sacudo los cuadros y vacío las escupideras de oro del tamaño de un dedal y los ceniceros minúsculos. bajo el dosel de tules y brocados. debía estar inmaculada. mi querido Max. Señor Obispo. y te perdono que en Puebla me hayas abandonado en mi cama imperial. me arguyó. Entonces. que soy yo y no otro para mi condenación. y cuando acaba de orinar me ordena que me vista y que me vaya. hija. ¿y luego?. Mícuaro. con la carne y el espíritu. Padre. de nada. sí. cuando yo era la niña de los cabellos castaños y mi cama era un nido blanco alfombrado con nieve tibia donde mi madre Luisa María humedecía sus labios. se orina en mis pechos. Señor Obispo. pero no te me desvíes de la confesión. y así como te perdono todo lo que me hiciste. Padre.historia de los naufragios célebres. mucho pecó María Magdalena. me pidió. me decías. ¿cómo es eso?. y si yo le cuento todo esto. cincuenta avemarías. hija. y cuando me orina se pone rojo y resopla y se queja. me la mostró. le dije. así. y una de esas veces en el Castillo de Windsor conocí a mi prima Victoria y mi primo el Príncipe Alberto. Padre. me dijo que cada noche de cada día mi conciencia. si Nuestro Señor Jesucristo perdonó a la Magdalena que había pecado tanto. Señor Obispo. Lavo en una palangana los mil platos minúsculos de mi vajilla de Sevres. en los pechos. hija. ¿y luego?. ¿cómo. ¿más arriba dónde?. pero pecó con la carne. le dije. « Mícuaro. luego nada. yo no pequé con el espíritu. así como mi casa de muñecas. mándeme rezar diez credos. Señor Obispo. para irte a dormir a un catre de campaña y masturbarte pensando en la condesita Von Linden. se orina entre mis piernas. te absolvería. le dije. perdono a todos nuestros enemigos y perdono a México. a que nací en Guipúzcoa y a que me apellido Belausteguigoitia. y vamos a lo que me estabas contando porque mis oídos no lo acaban de creer. para que pueda usted absolverme por eso le doy todos los detalles como me los dio ella a mí. Max. le completé. cuando mi padre me había invitado ya a cenar por primera vez con él y me coronó con rosas y me llenó de regalos. le dije. entre tus piernas. hija. no se le. Señor Obispo. y ella. sin ropa. sí. no tienes salvación. Goitia. es porque yo quisiera que comprendiera mi situación. pero yo no. en la Isla de Madeira. Desde entonces Maximiliano. me dijo. luego a veces más arriba. como le pido yo ahora. pero tú hija. Señor Obispo. le dije. Y les saco brillo a las fuentes de plata miniatura. mándeme usted la penitencia que quiera. yo iba cada año a Inglaterra a visitar a mi abuela María Amelia que vivía en Claremont. Señor Obispo? sí. lavo las pequeñísimas uvas de los pequeñísimos racimos de cristal y te perdono que hayas hecho el amor con la mujer de un jardinero a la sombra de las buganvillas de los Jardines Borda. y pues te decía. sí. porque al Coronel Dumaurier no se le. la muerte de una novia a la que quisiste más que a mí. entonces. porque si a la carne te hubieras limitado. y por eso también los nombres que le cite yo tendrá usted que tomar en cuenta que son nombres seudónimos todos ellos principiando por el Coronel Dumaurier que como me dijo ella no se le ponía duro. pasó su mano por mi frente y al igual que le había dicho a su sobrina Victoria la Reina de Inglaterra. me lo dijo con todas sus letras. Sacudo las libreas de terciopelo de mis lacayos en miniatura y te perdono que hayas llorado. Señor Obispo. limpio las alabardas de mis alabarderos liliputienses. yo también pequé con la carne. le dije. lo mismo que usted me dice le dije yo a ella: ay. me dijo. ni con . hija. sí. mi prima Victoria que tanto se asombró de que yo me supiera de memoria los nombres de todos los reyes de Inglaterra desde Haroldo hasta su tío Guillermo Cuarto. ¿que el Coronel Dumaurier te orina?. en premio a mi aplicación me regaló una casa de muñecas y cuando la casa llegó a Bruselas mi papá Leopich como yo le decía me llamó. Después barro con una escoba del tamaño de un pulgar las alfombras del castillo del tamaño de un pañuelo. gracias a que soy vasco. sí. y yo también. me preguntó. veinte padrenuestros. yo también. pero Padre. me volvió a sentar en sus piernas. y fue para poder dárselos sin violar el secreto de confesión que me vine a mula a campo traviesa y por pésimos caminos reales desde mi diócesis de Michoacán a ciento y pico de leguas de aquí a fin de que usted no reconozca a la pecadora aunque al más grande de todos los pecadores sí. lo único que le gusta es que estemos los dos parados en una tina. sí. Señor Obispo.

Señor Obispo?. hija. de esos versos que dicen: Ya vino el güerito. hija. pues mi papá me los cantaba y me los cantaba y no me dejó en paz hasta salirse con la suya. Guebara. yo que soy tan limpia me baño todos los días. ay. ah. Señor Obispo. hágame usted el favor. sí. le dije. ¿cómo?. ¿por qué hay tantas fumarolas?. Señor Obispo?. hija. no. pues porque todos esos agujeros olorosos a sulfuro son caminos directos al infierno. Padre. pues para entenderme con ustedes. Señor Obispo. me dijo y entonces yo le pregunté cómo era que sabía pronunciar el francés tan bien y ella me dijo porque me educaron en el Liceo. me dijo. mándeme usted una gran penitencia. y yo le dije calla. y yo le dije ¿yo?. porque era belga y estaba muy niño y yo creo que por eso le gustaba chupar mis pechos y entonces yo le pregunté ¿el único francés?. ¿no lo sabe usted. y él se sentaba en mi regazo y lo chupaba y al mismo tiempo se acariciaba su cosa por encima de la ropa hasta que acababa empapado y luego se iba y usted se podrá dar cuenta. ¿y con el Capitán Desnois y con ese otro Teniente Galliqué? Gallifet. no lo sé. Padre. ¡ay hija! te pido por yerno un francés?. Padre. me suplicó. pensar que Michoacán tuvo a uno de los mejores obispos que mandó mi país al Nuevo Mundo y que todas las semillas de fe y devoción que sembró en este suelo el ilustre Vasco de Quiroga se volvieron ceniza a flor de tierra. le dije a lo que haces con el Teniente Gallifet.. que son por parte de mi padre Belausteguigoitia-Amorrortu y de mi madre Lamateguigoerría-Azpilicueta y Lazarragaguebara. perdón. y entonces por qué habla usted como gachupín. descubrieron una gruta donde dicen que iba a meditar Don Melchor Ocampo o el Cura Morelos. me dijo y yo le dije. y yo lo que hago lo hago con la conciencia limpia. ¿se acuerda usted. le dije. pues porque está más cerca de las llamas eternas. sí. Señor Obispo. me preguntó. y comprenderá usted mi indignación y mi asombro. pero si las dos cosas no se oponen. Padre. hasta que le di por yerno a un francés. si no es cierto. hija. con un gabacho. el Teniente Gallifet acercó el hachón a una de ellas y le estalló en la cara. Señor Obispo. hija. y me dijo no. pero mi verdadera lengua es el éuzkaro.. no era por morbo. ¿por qué. Señor Obispo. le dije. Señor Obispo. se me olvidaba que usted es español. podría serlo. sí. me preguntó. le dije. no tienes salvación. Padre. absuélvame usted. usted sabe cómo son esas cosas. le dije entonces además eres una adúltera. lo que hacía. y volvamos. Padre. me arguyó. y que me perdonen las excepciones que confirman la regla como los señores arzobispos Munguía y Labastida que yo sé que también son michoacanos. por qué?. ay. inútil. ¿como Tata Vasco?. ay. huele muy feo. Guebara: Lazarragaguebara. le dije. ¿verdad. me aseguró. no. pero volvamos. Señor Obispo. que también ése no es su verdadero nombre. me dijo. ¿la tendré yo. ¿entonces a tu marido no lo quieres?. le dije. y ella me dijo ¿vasco. ay. me dijo. me dijo. Padre. mándeme usted también a . yo qué iba a saber entonces. uy qué miedo. es que los franceses jieden tanto casi como los españoles. ¿por lo que hago con el Coronel Dumaurier?. pobre teniente como usted dice y como ella misma dijo pobre teniente era el único francés al que nunca le tuve tirria. ¿y luego se iba el tenientito?. estoy en mis cabales me replicó y me ofenden los malos olores. Padre. Padre. el vascuence. debes estar loca. Señor Obispo. se lo ruego por el amor de Dios. Señor Obispo. lo inquieto que me ponían todas esas cosas que si yo las quería saber. y porque estoy casada con un gabacho. porque el teniente se murió hace como seis meses en el lomerío de Copándaro. me dijo y yo le dije te preocupas por la limpieza de tu cuerpo. y ella me respondió pero Jesucristo dijo que aviente la primera piedra . con los pantalones mojados. ¿sabes una cosa?. le dije. Padre. ¿o estoy equivocado. porque no sólo Zitácuaro sino todo Michoacán es un criadero de herejes. por lo que haces con el Coronel Dumaurier. Señor Obispo. otra víctima de las balas impías recuerdo que le dije. Señor Obispo?. y yo le contesté ay. me siento tan sucio. ¿sabes por qué en Michoacán hay tantos volcanes?. no blasfemes más. se murió en un accidente. sólo uno. al capitancito o teniente ése. le dije. Padre?. Señor Obispo. y le dije. yo no soy español. Padre. Padre. ¿y qué de la limpieza de tu alma?. Señor Obispo?. y por qué si tanto odias a los franceses te casaste con uno de ellos. inútil. eso no me lo habías dicho. te sacaba los pechos. se acuerda usted. le pregunté y ella me dijo porque me obligó la familia. porque como ya te conté soy vasco por los cuatro costados. me decías. me replicó.cincuenta avemarías. y entraron en ella con unos hachones de ocote y resultó que la gruta estaba llena de cajas de fulminantes. me alegro infinito. absuélvame.

pero ya se imaginará usted el frío que me da allí parada desnuda en la tina así que cuando empiezo a sentir el chorro caliente me sirve de consuelo. que es también nombre seudónimo. me parece que se llama sodomía. y cuando ella me dijo que estar con el Teniente Gallifet era como jugar a las muñecas. y yo asombrado le dije cómo es eso. cahuaro quiere decir barranca en tarasco. una vez en la barranca de Cahuaro. Señor Obispo. así que también has fornicado a pleno sol. es sodomía. le dije. ¿qué cosa?. ya te lo he dicho hasta el cansancio que no es por los pecados de la carne. ¿y cuando la orinaba el Coronel Dumaurier?. pues no es que me guste. una vez que lo hicimos entre las milpas cayó un aguacero de padre y señor mío y llegué a la casa hecha una sopa. ¿qué hacías con ese Capitán Dubois?. pues no . le pregunté. ah. entonces qué iba yo a saber. allí también. y yo le dije hija. qué quiere usted. temor de Dios y de su ira vender tu carne. sino por los pecados del espíritu: porque eres una hereje. y ella me dijo no. ay hija. de católicos así líbrenos el cielo. Señor Obispo?. Padre. viaja mucho. y yo le pregunté que por qué tenía que hacerlo así el Capitán Desnois siendo que la naturaleza ha proveído el canal apropiado y ella me dijo yo no sé. le insistí. me da mucha vergüenza decírselo. Padre. dijo y yo le dije menos mal. le dije. no diga eso que me da miedo y se me pone la carne de gallina. cuando el Teniente Gallifet me chupaba el pecho a veces sentía yo cosquillas entre las piernas y se me humedecían los muslos. y ella me contestó Padre. ay hija. ¿en la iglesia también?. no se dice así porque es como si dijeras la barranca de barranca. me dijo. algo más caro te dan a cambio de tus favores. ¿conoce usted el Portal de Matamoros?. es que no les has alzado la sotana. Señor Obispo?. y me contestó primero fue el Capitán Desnois que le gusta hacer una cosa que a mí no me gusta hacer. le contesté tú hija no quieres entender. ir de rodillas desde mi casa a la catedral. me preguntó. una aliada de las fuerzas del mal. que si dices así es decir el llano del llano porque eso quiere decir tepacua en tarasco. ¿no está usted de acuerdo. me imagino. miedo debía darte. a mí también me da mucha vergüenza contárselo. y profanas tu cama. también yo le pregunté. y en qué otra parte. la amonesté. o así lo entiendo. porque si se las alzaras. le dije. profano mi cama y he profanado el sofá y la mesa de billar. después me dijo lo que hacía con el Capitán Dubois. sino con hombres y hasta con machos cabríos y avestruces y que se le quedó la costumbre. me arguyó. con mi marido nunca lo hago a él no le interesa y tiene sus amantes. lo que usted quiera. le dije. para entonces yo también tenía la carne de gallina. Padre: ellos son el enemigo. ¿verdad. o que rece yo treinta padrenuestros y cien avemarías. en un templo jamás. llano y nada más. me dijo. Padre. y le pregunté entonces ¿dónde hacías eso con el Teniente Gallifet. ¿te parece?. muy de cerca. me dijo. Señor Obispo. una espía de los juaristas. le pregunté. Señor Obispo. Señor Obispo. Señor Obispo. hija. el verdadero enemigo es Benito Juárez. me contestó. una vez. el capitán me dijo que pasó mucho tiempo entre los árabes y que se acostumbró a hacerlo. ¿cómo dice. pero primero le dije yo: si dices que eso no te gusta quiere decir. ay. a veces en un hotel. me dijo. Señor Obispo. me contestó. Padre. no tienes salvación. me dijo. Señor Obispo. pero en mi casa sí. le contesté. pero dicen. no siempre ha habido sol. Padre. ah la carne es débil. cuando te orina qué. Señor Obispo. menos mal. pero yo no vendo mi carne. como también hay sacerdotes que son republicanos. porque no les pido dinero ni regalos. ¿conoce usted el Paseo de las Jacarandas?. pero al Capitán Dubois le gustaba hacerlo en el campo y de día. de los rojos. en mi casa también. que el Presidente Juárez es católico. que lo demás sí. o como el mal llamado llano de Tepacua. y ¿en dónde más?. me llevaba al monte y bajo una ziranda.mí. ¿cómo dice. algo que no tiene precio: el honor. en la garita de Chicácuaro. pero tienes suerte hija porque la ira de Dios es lenta. sí. verías que abajo está la cola del diablo. y sí. como darle el pecho a un nenito. Padre. dónde haces todas tus cosas?. como su misericordia. tu lecho conyugal donde lo haces con tu marido. o doscientas si quiere. ay. mi marido. le contesté. y cuando me lo apunta a la entrepierna. no sabes ni siquiera cómo se llama lo que haces. y yo le dije ni con cien avemarías ni con doscientas te salvas. ay Padre. me dijo. Señor Obispo? Juárez es el anticristo. dime. Señor Obispo. Dios me libre. pero no con mujeres. hija. y me dijo a veces en la cantina del cuartel cuando no nos ven. sí. le dije. Padre?. era sodomía. de madrugada en la plaza de toros.

me contó. yo casi entrego el alma al Señor. me hicieron su madre. madre de todos los blancos y los cambujos. diles que yo soy quien te llevo. hace veinte años cuando llegué al curato de Tzitzipan . no fue con el agua del cenote sagrado. le dije. Yo no soy francesa. me preguntó.. de Manuel Hidalgo y Benito Juárez. y lo lograron. Ellos. Ellos. dices. la iban a llamar Mamá Carlota. que hoy me voy a Irapuato a comer fresas con la Condesa de Kollonitz. acostumbrarse a esta comida. soy su historia y estoy loca. ellos. pues eso mismo le pregunté yo que qué tenía que ver. al menos está caliente como le digo. ¿que qué tiene que ver aquí la sidra. me rezongó. los negros y los saltapatrases.es que sienta yo bonito. cuando la verdad es que no saben comer. que son muy borrachos y cochinos. Te voy a regalar la Florida para que vayas a ella con Ponce de León a buscar la fuente de la . para sorberla. tía de Federico Tercero de Prusia y de su mujer Victoria. » Yo soy Mamá Carlota. ni con el ololiuque que me dieron en la Calzada de la Viga la tarde en que fui disfrazada al mercado con la Señora Sánchez Navarro para comprar una yerba que me hiciera fértil. Maximiliano. ni con trescientas avemarías. los mexicanos. ¿y de los zuavos qué me dice usted?. hija. Dile. esos franceses son el diablo. pues sí señor. ¿no lo piensa usted así. Y a tu hermano Francisco José dile que me voy a Acapulco a comer mangos con el Barón de Humboldt aunque me muera de empacho. A Napoleón y Eugenia. de Tzitzipan . ni belga. se atiborran de chirimoyas y chicharrones y guayabas al mismo tiempo. decidieron que a la tía de Europa.. aunque me espine la lengua y las manos. Porque en México la perfumaron con vainilla. tía de Alberto el Rey de Bélgica. pero yo le aseguré que de todos modos son nuestra única esperanza. de Luis Cuarto el Gran Duque de Hesse y de su mujer Alicia y tía abuela de Guillermo Segundo de Alemania y de Constantino Primero de Grecia y de Haakon Séptimo de Noruega. Porque allí la tiñeron con palo de Campeche. claro. como dote. aunque me envenene con ellas. y que no te voy a dar de dote los cien mil florines que dicen que te entregó mi padre. que me voy a casar de nuevo contigo. me dijo. un tal Dugason que es también un nombre inventado. Señor Obispo. los duraznos de Ixmiquilpan los que envenenaron mi alma con su dulzura. dile a tu madre. decidieron que a la tía abuela de Jorge Quinto de Inglaterra y de Nicolás Segundo el Zar de todas las Rusias y de Alfonso Trece de España. sus orquídeas. los mexicanos. pero no siento feo. le dije. Yo soy Mamá Carlota. fue con México. o como Luis el Grande de Hungría le dio a una de sus hijas. y yo los hice mis hijos. madre de Cuauhtémoc y La Malinche. y luego. los que me enloquecieron. pero es que es muy difícil. Señor Obispo?. Te voy a regalar el Pico de Orizaba para que desde su cumbre veas llegar a Hernán Cortés. ay hija. La frescura de su aire la que me intoxicó. Señor Obispo. Y cómo no voy a estarlo si no fue con una jícara de agua de toloache con la que me quisieron enloquecer. Señor Obispo. Padre. Padre. como Catalina de Braganza a Carlos Segundo de Inglaterra. ni italiana: soy mexicana porque me cambiaron la sangre en México. Diles. ahora usted mismo lo dice. ¿ya lo ve?. en todas partes. y yo. pues para sorberla luego. y no frío como la sidra. Tánger y Bombay. los mexicanos. y a mí me daba mucho frío. Señor Obispo?. sus colores. Maximiliano. le gustaba echarle sidra entre las piernas. a ver dime. Señor Obispo. y ella me dijo que a otro coronel que se había ido para el norte. qué podía decirle. que no te voy a dar. ay. como todos ellos. mándeme usted la penitencia que quiera. y que para qué le echaba sidra entre las piernas. andan a las carrerillas ensuciándose aquí y allá. para sorberla. y a quienes no quieran que me case para que me lleves a México. de Sor Juana y de Emiliano Zapata. nos acusan de querer envenenarlos.. Porque soy tan mexicana. Te voy a dar América. Señor Obispo. madre de todos los indios y todos los mestizos. Y soy la madre de todos ellos porque yo. le dije. Te voy a dar México. Fueron sus frutas: fueron las guanábanas que me regalaba el Coronel Feliciano Rodríguez y las piñas. no. Fueron sus cielos. Yo soy Mamá Carlota. además. Maximiliano. ordéneme rezar cien credos o quinientas avemarías. ya te lo dije. que más de una vez me he embarrado la falda de la sotana con la suciedad de un zuavo. Fue la luz de sus valles la que me cegó. diles que me voy a San Luis a comer tunas con la Marquesa Calderón de la Barca. el Reino de Polonia y Maximiliano Primero a Margarita le dio casi toda Borgoña y Felipe Segundo a su hija Isabel la Católica los Países Bajos: yo te voy a dar algo mucho más grande..

si llego muerta a México. Diles que barran la Calzada de Santa Anita. Las piedras de granito del Tirol de la fachada. Diles que caven una fosa en las faldas del Popocatépetl. Y llegaré en una caja de pino para que me entierren en México. Convoquen a los guardias palatinos. Te voy a regalar la Serranía de Chihuahua para que la recorras a caballo al lado de Ambrose Bierce y del General Pancho Villa. Preparen el carruaje descubierto y las seis mulas color Isabelle con patas de cebra. por lo menos tres metros de tierra. Viva. de mi Imperio perdido. llegará en una caja de cristal. Emperatriz de México y de América. hecha cenizas. que recorrerá de punta a punta el Paseo de la Emperatriz bajo la sombra de los fresnos. pronto. para que me perdone la Virgen guadalupana. Diles a los mexicanos que me preparen mi trono. como una momia de Guanajuato. Te voy a regalar el Archipiélago de los Galápagos para que te vayas a estudiar a las tortugas con Carlos Darwin. Diles que pulan la vajilla de plata. Te voy a regalar la Isla de San Salvador para que desde sus playas veas llegar a Cristóbal Colón. me ha prometido que regresaré a México viva o muerta. Viva. Convoquen al Arzobispo y al Nuncio. aunque se me vaya la vida. en el Bolsón de Mapimí. Te voy a dar la Patagonia. El escritorio de María Antonieta. Preparen mi manto de terciopelo púrpura. descendiente de San Luis Rey de Francia y de la gran Emperatriz María Teresa de Austria. he de regresar coronada con una diadema de abejas y alondras. Empaquen los laureles del jardín. Te voy a regalar el Amazonas para que lo navegues con Orellana y el tirano Aguirre. Llamen al gran mariscal de la corte.eterna juventud y bebas de sus aguas para que te quedes para siempre en tus treinta y cinco años. para que el aire se inunde de palomas y toquen a rebato las campanas. Yo soy María Carlota Amelia Victoria. Las cómodas María Teresa. viva o muerta. Que se presenten los Dragones de la Emperatriz y los guardianes rurales. aunque llegue muerta porque me lo ha dicho el mensajero. en un sarcófago descubierto para que me besen la frente y tañan las campanas a duelo y se vistan de crespones negros mis duques y mis marquesas. Muerta regresaré envuelta. Pronto. Maximiliano. volveré descalza para que me besen los pies mis indios mexicanos. Que junten las joyas de la Corona para amarrármelas al cuello y arrojarme al cenote sagrado. para que veas pasar a Hernando Magallanes. Llamen al batallón egipcio y al cuerpo de voluntarios austríacos. Muerta. Ordenen a todas mis damas de honor que se presenten ahora mismo en el castillo. en el Lago del Xinantécatl. las magnolias. Y volveré en una carroza de marfil con ángeles del Tiziano en las puertas y una letanía de rosas enredada en las ruedas. para que mi pueblo arroje a mi paso confeti y bendiciones. Muerta. Yo soy María Carlota de Bélgica. Empaquen todos los muebles de Miramar. Vistan a mis lacayos con sus libreas de gran gala. Las cortinas de brocado con el lema Equidad en la Justicia. cruzaré el océano en un barco de velas negras escoltado por pájaros blancos y en una barcaza negra remontaré el Río Panuco y el Río Tamesí escoltada por mariposas azules y en una góndola negra me quedaré quieta como tú. Maximiliano. Diles que voy a regresar. para ensombrecer con ellas las nieves del Iztaccíhuatl. Convoquen a los generales edecanes y a los generales de división y a los oficiales de ordenanza. Las sillas del comedor Enrique Segundo. que me regreso a México. Pero si se me va la vida. en medio de las chinampas de Xochimilco. Enciendan las calderas de la Novara. que se me va la vida y se me acaban las palabras. en medio de mi pueblo. Viva. rodeada para siempre por todas las flores del mundo. Llamen al gran maestro de ceremonias. Para que México me devuelva. inmóvil. para envenenar con ellas las aguas claras de los Jardines Borda. Viva volveré a México en el ferrocarril que sube las cumbres de Acultzingo y cruza el Puente de Metlac y los llanos de Texcoco y desde las ventanas del vagón imperial saludaré a mi pueblo y le arrojaré besos y Maximilianos de oro. Diles que me vayan cavando un hoyo. Que presenten armas los cazadores y los zuavos. el kiosko morisco. con los jirones sanguinolentos de tu mortaja. volveré caminando de rodillas y rezando el rosario y con un cacto rasgándome el pecho con sus espinas. Convoquen a todos los Fugger y a todos los Rothschild para que traigan a Miramar todo el dinero que me escondió mi hermano Felipe. Y volveré en un globo de seda impulsado por los vientos alisios que bajará del cielo hasta el corazón del Valle de México. Yo soy María Carlota Amelia. biznieta de Felipe . Pronto.

Landgravesa del Paraguay. Las Fuentes de Roma. Zarina de Tejas y de la Alta California. Yo soy María Carlota Amelia Victoria Clementina. y que un terremoto destruyó San Francisco y un incendio redujo a cenizas Chicago y que los hombres de Plutarco Elías Calles derrotaron. que al corrupto Zar de Bulgaria. y yo voy a envolver con celofán todos los rosales de Miramar para que se conserven vivos hasta tu llegada. para mí escribió. que inventaron el celuloide y tú y yo vamos a jugar ping pong con una pelota de celuloide en la cubierta del Mauritania. Reina de la Quimera y del Olvido. Princesa de la Nada y del Vacío. Me trajo una cocina de azulejos de Puebla. Gobernadora del Darién y de Paramaribo. Yo soy María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina. Alejandro de Battemberg. y me dijo que Carlos Lindbergh está cruzando el Atlántico en un pájaro de acero para llevarme de regreso a México. los uniformes de las pupilas de la Escuela Carlota y las sábanas del Castillo de Chapultepec. . me trajo el calendario azteca y me trajo una calavera tapizada con ágatas negras de los Montes Apalaches y me dijo que era la calavera de la Princesa Pocahontas. y que se murieron José Martí y Alexander Scriabin. en Colima. con él y con Julio Verne me fui a darle la vuelta al mundo en ochenta días. a los soldados de Cristo Rey. Regente de Anáhuac. los submarinos de Ludendorff. Virreina del Caribe y de las Islas Malvinas. Me dijo también que Franz Wedekind escribió para mí Despertar de Primavera. Emperatriz de la Mentira: hoy vino el mensajero a traerme noticias del Imperio. Gustave Klimt y Sara Bernhardt. Maximiliano. lo secuestró el ejército ruso y lo obligó a abdicar. Ferdinand de Lesseps y Gustave Eiffel. al perro que acompañó a Quetzalcóatl en su viaje por el Mictlán. Hoy vino el mensajero. Yo soy María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina. que murió el Conde Chambord sin dejar heredero al trono que nunca tuvo. el Zar Alejandro Tercero de Rusia. y me trajo una calavera cubierta con tus besos y me dijo que era la calavera de María Carlota de Bélgica. la capa de plumas rojas de Bélgica. Condesa de Valparaíso: hoy vino el mensajero y con él y con Cecil Rhodes me fui a fundar un reino en África. Gran Duquesa del Valle de México. como nahual. Baudelaire y Jules Goncourt. Marquesa de Río Grande. me juró que Rodin me dedicó El Beso y Joyce el monólogo de Molly Bloom y Offenbach La Gran Duquesa de Gérolstein y que para mí. hija del Rey de Bélgica y mujer de Fernando Maximiliano de Habsburgo Emperador de México y Rey del Universo. que se llevaron de Alejandría a Londres el Obelisco de Cleopatra. que inventaron el gas neón y yo mandé colocar en la torre más alta del Castillo de Bouchout un letrero luminoso que dice Viva México para que desde Ostende lo vean. Maximiliano. y murió el ilustre tonto. Me dijo que renació el Ku-Klux-Klan y que en Atlanta inventaron la Cocacola y que tembló en la ciudad de México el día en que entró Madero. y Rubén Darío los Cantos de Vida y Esperanza. Me trajo. el penacho y el escudo del Emperador Moctezuma.Igualdad y prima de la Emperatriz de la India. Emperatriz de México y de América. Baronesa de Cacahuamilpa. pensando en mi sed y en mi locura. en el fuego que consume mi boca y mi vientre. con sus periscopios. Yo soy María Carlota de Bélgica. con él y con Lawrence de Arabia me fui a pelear al Sahara contra los turcos. Me dijo el mensajero. que se murieron de sífilis Dumas hijo. que inventaron la máquina de lavar y tú y yo vamos a lavar con ella tu corbata de charro y mis rebozos. y me dijo que inventaron el celofán. Hoy vino el mensajero y me trajo un ramo de flores de cempoalxóchitl. Ottorino Respighi. que se inauguró la Represa de Asuán. Soberana de la Espuma y de los Sueños. me dijo. Podestá de Uxmal. Me trajo una vajilla de barro negro de Oaxaca. y me trajo una calavera tapizada con moscas azules y me dijo que era la calavera de Juana la Loca. que se robaron a la Mona Lisa del Louvre. cuando se descarriló en Crimea el tren imperial. que fundaron la Liga de las Naciones.