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Le asustó este descubrimiento.

Lo primero que hacer es mirar por todas partes, el
suelo, las esquinas de la calle, pero no encontró nada sospechoso, ni alguna sangre
ni una pieza de ropa. Juan tuvo la conclusión de que estos perros no mordieron a
nadie. Se le ocurrió que era posible que alguien les dejara este pedazo de carne a
los perros. Dijo en voz temblada a sí mismo, "Ay, ¡Dios mío! Hay un homicidio en el
pueblo. El matador es tan cruel que corta la mano del muerto tengo que volver a
casa para alarmar a mi esposa e hijo. "Corrió a toda carrera.
Al entrar en casa, lo que captó sus ojos fue una escena semejante a la que vio
antes: su perro estaba comiendo carne y los restos se parecían una mano humana. El
temor llegó a todas partes de su cuerpo. Juan gritó, "María, ¿dónde estás? Juanito,
¿estás en casa? " Su hijo Juanito salió de su habitación, con una cara de duda.
Juan arrancó los brazos de su hijo. Afortunadamente las manos están donde están.
Preguntó a su hijo de dónde vino la carne. El hijo le explicó que se la compró en
la tienda nueva a cerca del pantano. Y la tienda se especializa en producir
alimentos con forma extrañas. "Ay, ¡pero si casi me muero de temor! "