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EL ORIGEN DEL CRUCIGRAMA

En los años 20, la manía de los crucigramas barrió Norteamérica
de tal manera que algunos individuos enloquecieron: un hombre
disparó a su esposa cuando ésta no pudo ayudarlo y otro se
suicidó, dejando una nota explicatoria en la forma de un
crucigrama.
Esta es la historia de cómo los crucigramas llegaron a ser lo que
son y porqué el New York Times tardó veinte años en
convencerse de publicar este juego.

ORIGEN
Arthur Wynne escribía para la página de los juegos del New York
World en los finales del siglo XIX. Una tarde del invierno (*) de
1913, mientras pensaba en nuevos tipos de juegos para la edición
especial de Navidad del periódico, se le ocurrió una manera de
adaptar los "word squares" que su abuelo le había enseñado
cuando era un chico. En un "word square", todas las palabras de
un cuadrado tienen que leerse tanto en sentido horizontal como
vertical (en la imagen).
Pero en el nuevo juego que Wynne proponía, las palabras
"cruzadas" eran diferentes de las "verticales". Era un juego más
exigente porque había que trabajar con más palabras.
El juego de Wynne, al que llamó "Word-Cross" o palabras
cruzadas, se publicó por primera el domingo 21 de diciembre como estaba planificado
(en la imagen). Y fue muy bien recibido. Tanta gente escribió para elogiar el juego que
publicó otro al domingo siguiente y otro más al tercer domingo.

INVERSIÓN AFORTUNADA

A las cuatro semanas de haberse publicado el juego por primera vez, los tipógrafos del
periódico invirtieron por error las palabras del título de forma tal que se leía "Cross-
Word" o crucigrama. Por alguna razón, el nombre pegó —tanto como el juego—.
Cuando el World quiso dejar de publicarlo pocos meses después, los lectores se
enojaron tanto que el periódico dio marcha atrás y decidió convertirlo en un título
permanente de la página de juegos en lugar de otro.
Aunque los juegos eran populares entre los lectores, sin dudas eran todo lo contrario
entre los redactores. Los crucigramas eran difíciles de imprimir y estaban plagados de
errores, entre ellos los tipográficos. De hecho, ningún otro periódico quiso saber nada
de ellos. De manera que por los próximos diez años, si uno quería resolver un
crucigrama, tenía que comprar el World.