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RESTAURANDO LOS MUROS CAÍDOS

Preparado por:
Hna. Mary Aneth Alvarez De Pérez

“…y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban
consumidas por el fuego” (Nehemías 2:13)

INTRODUCCIÓN

Cuando se habla de restaurar algo se hace referencia a volver una cosa al estado o circunstancia
en que se encontraba antes; asimismo, restaurar es reparar algo que se ha dañado. También tiene
la connotación de restablecer algo que existía y que ha sido sustituido por otro.

Partiendo de este concepto y haciendo una lectura de la situación de crisis que vive el hombre y la
mujer, reconocemos la imperiosa necesidad de volverse a Dios, de restaurar la comunión con Dios,
para así restablecer la comunicación que se ha venido deteriorando.
El libro de Nehemías es un claro ejemplo de restauración, Dios lo usó de manera especial para
levantar los muros de Jerusalén que habían sido derribados. Los muros son símbolo de
protección, eran construidos alrededor de las ciudades para evitar la entrada de los enemigos y
para defenderla desde allí en caso de una confrontación. Los muros que protegen y defienden a
los hijos e hijas de Dios son la confianza en sus promesas y los principios que hemos aprendido a
lo largo de nuestra vida cristiana.
No podemos desconocer la dura realidad del mundo que va en decadencia a todo nivel:
económico, social, físico y espiritual. De allí que, conscientes de lo que está sucediendo a nuestro
alrededor, de la pérdida de valores como el pudor, el respeto, la obediencia, la honestidad, (pérdida
de la ética y la moral) sustituyéndolos por anti-valores como la falta de pudor, el irrespeto, la
desobediencia, la deshonestidad, entre otros, de lo cual no ha sido ajena la iglesia, ni las mujeres
que hacen parte de ella o que están llegando a ella, es urgente empezar con un PLAN DE
RESTAURACIÓN AL 100%.
Dios está empeñado en restaurar, en volver a su estado ideal a la mujer, pero es necesario que por
lo menos una persona esté dispuesta. La restauración empieza con un hombre o con una mujer y
para ello miremos el ejemplo de Nehemías.
1. LA RESTAURACIÓN EMPIEZA CON UNA PERSONA SENSIBLE Y DISPUESTA
Nehemías estaba tranquilo en su trabajo en el palacio del rey Artejerjes a quien servía en un
puesto muy importante como copero, pero llegaron noticias de su pueblo, de sus hermanos que lo
inquietaron: ellos estaban en la cautividad, en gran mal y afrenta. La actitud de Nehemías no fue
indiferente, por el contrario su sentido de pertenencia con el pueblo de Israel salió a flote: “Cuando
oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de
los cielos” (Nehemías 1:4).
Miremos lo que hizo Nehemías:
a. SE SENTÓ Y LLORÓ: sus pensamientos, sus recuerdos de lo que había sido su pueblo y la
grandeza de su ciudad lo conmovieron y lloró de tristeza.
b. HIZO DUELO POR ALGUNOS DÍAS: en situaciones de crisis es necesario “hacer duelo” (no
solo por muerte, sino cuando ha habido una pérdida), conmoverse, entristecerse, ser conscientes
de la realidad.
c. AYUNÓ Y ORÓ: se sentía impotente, no tenía a quién quejarse, no podía hacer nada y por
eso elevó una oración en la que confiesa que se han olvidado de Dios y de su ley, pero le
menciona la promesa de restauración si se vuelven a Él, y toca el corazón de Dios cuando le
recuerda: “Ellos, pues son tus siervos y tu pueblo que redimiste con tu gran poder, y con tu mano
poderosa” (v. 10), y termina la oración pidiendo su gracia y su bendición para ejecutar su plan.
Cuánto sentido de pertenencia y cuánta sensibilidad nos falta cuando escuchamos que nuestras
hermanas, nuestras jóvenes, nuestras niñas, nuestras ancianas están en gran mal y afrenta!, esto
nos debe llevar a mirar la realidad, a llorar con los que lloran, a conmovernos, a entristecernos y a
rogar la ayuda divina en ayuno y oración.
2. EL SENTIR PRODUCE CAMBIOS
Dios produjo un sentir en Nehemías y eso cambió su semblante; ya no estaba ajeno ni indiferente a
la condición de su pueblo, ahora estaba triste y el rey notó que algo estaba le estaba sucediendo.
Al verse descubierto sintió temor, sin embargo, no pudo callar y en pocas palabras expresó el
motivo de su dolor: “¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de
mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?” (2:3).
LA REALIDAD DE NUESTRO PUEBLO TIENE QUE MOVERNOS: Cómo no vamos a estar tristes
escuchando historias de niñas abusadas, viendo las adolescentes involucradas en tribus urbanas,
viendo las jóvenes entrando en la prostitución y en las drogas, viendo cantidad de adolescentes
embarazadas, viendo las madres solteras, viendo mujeres abandonadas, golpeadas, viendo
ancianas maltratadas y discriminadas…, viendo las mujeres alejadas de Dios???. No podemos
callar ante esta realidad!
3. DIOS TIENE TODO DISPUESTO PARA LA RESTAURACIÓN
El rey supo que era serio lo que sentía Nehemías y le ofreció su ayuda: “Qué cosa pides?” (2:4),
pero antes de hacer la petición de permitirle ir a Jerusalén a reedificarla, Nehemías oró. Halló
gracia ante el rey y le pidió todo lo que necesitaba y le fue concedido: cartas para los gobernadores
y madera para los trabajos, además no lo envió solo sino con capitanes del ejército y la caballería.
Cuando Dios da el sentir y ese sentir es el motor para buscar la restauración, él provee toda la
ayuda necesaria y su gracia siempre estará con nosotros, podemos contar con su respaldo ya que
Él es el más interesado en restaurar a la niña, a la adolescente, a la joven soltera, a la mujer
protagonista, a la mujer casada, a la mujer mayor, a la líder, a la esposa del pastor, a la esposa del
directivo.
Es que Dios ama a la mujer y aunque por mucho tiempo fue y quizá sigue siendo discriminada,
Jesús vino para reivindicarla, Jesús vino para restaurarla, Jesús vino a devolverle el honor que
había perdido y a darle la gran oportunidad de ser protagonista en su propósito redentor al nacer
de una mujer, al prestar especial atención a la mujer durante su ministerio, al permitirle anunciar su
resurrección y en este tiempo, al concederle el privilegio de testificar que Cristo salva, sana y viene
otra vez y que a través de ese mensaje muchas mujeres sean restauradas!
4. ADVERSIDADES QUE QUIEREN ESTORBAR LA RESTAURACIÓN
a. AMENAZAS: Contra Nehemías se levantaron Tobías y Sanbalat pero él siguió con su
proyecto restaurador. El enemigo siempre tratará de estorbar el propósito de Dios y no quiere el
bien para nuestras mujeres sino la derrota, verlas desanimadas y apartadas del Señor. Aquellas
que han pasado por las drogas, por la prostitución, por las tribus urbanas han sufrido amenazas al
decidir salir de allí, porque el enemigo no quiere que sean restauradas, él quiere acabar con sus
vidas y las impulsa a destruir su cuerpo; pero aunque el ladrón no viene sino para hurtar y matar y
destruir; Jesús dice: “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (San
Juan 10:10).
b. FALTA DE APOYO: A Nehemías el sueño se le escapó y aún de noche salía a mirar la
realidad de la ciudad en compañía de solo unos pocos varones. La realidad que nos ha tocado
vivir es tan fuerte que no podemos dormirnos, el enemigo nos tiene amenazados de muerte y
aunque seamos pocos los decididos a enfrentarlo, no podemos atemorizarnos ni ser compasivos
con él porque él no tiene compasión de nosotros: “porque mayor es el que está en vosotros, que el
que está en el mundo” (1 Juan 4:4).
CONCLUSIÓN:
Nehemías se persuadió de la tragedia de su ciudad: sus muros derribados, sus puertas
consumidas por el fuego, no había caminos, el pueblo lleno de terror. Hoy también muchas
mujeres viven una continua tragedia, muchas hermanas de tu congregación sufren, muchas
jóvenes están desorientadas, todas necesitan ser restauradas, Dios quiere restaurarlas pero Él no
lo hará solo, Dios quiere contar con nosotros.
Nehemías calló por algún tiempo pero finalmente no pudo contenerse y decidió acabar con el
oprobio y la vergüenza de su pueblo. Nosotros podemos ser portadores de buenas noticias, “el
Dios de los cielos nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y restauraremos”
(2:20). Nehemías siempre tuvo su confianza en Dios y nosotros también creemos y confiamos
que Dios nos ayudará.
En esta restauración podemos trabajar todos e invitar a muchos a que nos acompañen. En la lista
de los que restauraron con Nehemías estaban el sumo sacerdote, los sacerdotes, los plateros, los
comerciantes, los vecinos, los gobernantes, los sirvientes del templo, los guardas, sólo unos
cuantos grandes no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor (3:5) pero los que se pusieron
de acuerdo lo lograron y estoy convencida que todos aquí estamos decididos a actuar por la
restauración de la mujer.
Los programas de las Damas Dorcas van dirigidos hacia la restauración de la mujer en todas las
áreas de su vida: espiritual, moral, física, intelectual y socio-afectiva, teniendo en cuenta que
somos “VASIJAS LLENAS, ESCOGIDAS PARA ESTA GENERACIÓN”, y que Dios nos ha llamado
para esta hora (Ester 4:14).
Dios tiene todo para restaurar lo que está descuidado o dañado, solo hace falta una persona
sensible y dispuesta que atienda el sentir de Dios. Él ya ha provisto lo necesario, así que…
VAMOS A RESTAURAR LOS MUROS QUE SE HAN DERRIBADO EN LA VIDA DE LAS
MUJERES!
“Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien”
(Nehemías 2:18)