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Las familias incestuosas se caracterizan por el control de sus miembros, utilizando mecanismos de

sugestión y mentiras de quienes la componen. Se da la ley del silencio en sus integrantes, por
medio de las amenazas y manipulación de la víctima. Las cuales son culpadas por los agresores
como causantes de la situación abusiva. Esto es lo que lleva a que los niños/as no sean capaces de
reconocerse como víctimas, responsabilizándose de lo acontecido, generando en ellos
sentimientos de culpa y la necesidad de castigo por la situación abusiva en la cual se encuentran
inmersos.

Se revela la existencia de transgresiones en el ámbito de la confianza que se tenía al interior del
hogar. El niño/a descubre que alguien de quien su vida depende, le ha causado daño. Las víctimas
infantiles pueden experimentar la traición no solo en relación al agresor, sino también a otros
miembros de la familia, los cuales no han podido o querido proteger al niño, o bien no han creído
en su relato. Producto de esta dinámica el niño/a puede manifestar dolor y depresión por la
pérdida de la figura en quien confiaban.

La experiencia de abuso sexual en la infancia puede generar consecuencias a corto y largo plazo en
la victima. Estas dependerán de la edad de inicio, el tiempo de duración del abuso (marcas
emocionales más antigua es más difícil de tratar), la relación con el abusador y la reacción de loa
adultos en el momento de pedir ayuda. Esto determina los efectos, que pueden dejar en la victima
en todos los ámbitos de su vida, a nivel social, familiar, cognitivos y emocional. Incluso pueden
determinar la aparición de diversos trastornos psicopatológicos en la edad adulta.