ETNOGRAFÍA EL SABOR DE NUESTRA HISTORIA

Centro de Mayores Huete (Cuenca)
Vol-OptensesVol-Optenses- Curso “Recuperación etnográfica”
2007

INDICE CAPITULO I: VIDA FAMILIAR OPTENSE EL HOGAR 1. La vivienda 1.1. Tipos de vivienda 2. La mujer rural en las tareas domésticas 2.1. En la matanza 2.2. Haciendo el pan en casa 2.3. Elaborando el queso 2.4. El aceite 2.5. El lavado de la ropa. 3. Gastronomía y calendario 3.1. La matanza 3.2. La siega 3.3. La Navidad 3.4. Las fiestas de Mayo CAPITULO II: EL CAMPO 1. Agricultura de secano 1.1. Aperos principales 1.2. Faenas principales 1.3. El viñedo en Huete 2. Agricultura de regadío 2.1. El huerto 2.2. Los agricultores y el yeso

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3. La mujer en el campo 4. Ganadería 4.1. La matanza CAPITULO III: INDUSTRIA Y COMERCIO 1. Industrias creadas desde 1.925 1-19: Fábricas de harina, Batanes, Carpinteros y Carreteros, Carpinteros y Ebanistas, Herreros y Cerrajeros, Zapateros, Guarnicioneros, Fondas y Posadas, Peluquerías de Caballeros, Peluquerías de Señoras, Fábrica de guantes, Fábrica de pantalones, Fábrica de gaseosas y sifones, Fábrica de hielo, Sastrerías, Cines, Hornos de pan y cocer, Tejares, Caldereros y fontaneros, Relojerías. 2. Herrerías 2.1. El trabajo en la fragua 2.2. Herramientas 3. Albañilería 3.1. Las tapias 3.2. Suelo cuadro y cubierta 3.3. Adobes de barro 3.4. El suelo 3.5. Las herramientas 4. El comercio textil 4.1. Otros productos 4.2. El hielo 4.3. El Estanco 4.4. Anécdotas Anexo: Comercios, comerciantes y otros negocios a través del tiempo

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CAPITULO IV: TRANSPORTES Y COMUNICACIONES INTRODUCCION 1. Historia del Correo en Huete durante los siglos XIX y XX 2. Telégrafos 3. Teléfonos 4. Transporte de viajeros y mercancías 5. El viaje de los Illaneros 6. El Ferrocarril

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Capítulo I

VIDA FAMILIAR OPTENSE

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EQUIPO DE TRABAJO

GABRIELA MORA MOCHALES SOCORRO PEÑA LOPEZ QUITERIA GUIJARRO MARTINEZ LUISA GUIJARO MARTINEZ TERESA GOMEZ GONZALEZ LAURA GARCIA PALOMARES

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I.1. EL HOGAR

I. 1. 1 LA VIVIENDA

La vivienda en Huete ha tenido muchas transformaciones a través de los tiempos. Las primeras noticias se remontan a tiempos prehistóricos, eso sí, sin documentación escrita que lo atestigüe, pero demostrado a través de los restos arqueológicos encontrados (Castillo, valle del río Mayor, etc.). A partir del siglo IX ya

tenemos escritos de unas viviendas singulares: el Castillo de Luna y su recinto amurallado (historiadores árabes). A partir de esa fecha han llegado hasta nosotros testimonios escritos(archivos notariales, eclesiástico y municipal, provincial y otros…) que aunque no de forma detallada, sí de una forma global, nos hace deducir la estructura, asentamiento y forma del caserío en la Edad Media; posteriormente en la Edad Moderna y, sobre todo en el siglo pasado, al ser nuestros abuelos y bisabuelos, familiares, vecinos y últimamente nosotros mismos, testigos de los grandes cambios ocurridos en la fisonomía de las viviendas y su distribución en el casco residencial de Huete.

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I. 1. 2. Tipos de vivienda

Lógicamente la vivienda o el hogar depende siempre de la situación económica del dueño o arrendatario de la misma (hay excepciones), por lo cual se describirán distintos tipos de vivienda, referidas naturalmente a la antigüedad.

Por un lado grandes casas y palacios señoriales pertenecientes a la nobleza, el clero, hombres de armas, de las letras, terratenientes, etc., muy numerosas en Huete y de las que todavía se conserva alguna en buen estado. Para hacernos una idea de cómo sería la vida del hogar bastaría con visitarlas. Generalmente constan de dos plantas, cámaras, patio, jardín, cuadras, cuevas o sótanos, y grandes corrales con construcciones anexas para los animales.

Estaban construidas con materiales nobles y caros: sillería tallada, rejería de hierro forjado, maderas de calidad, columnas de mármol y granito, etc. Casi todas ostentaban en las fachadas el escudo familiar. Muchas de ellas tenían un patio porticado, con galería superior de madera donde, al igual que en la inferior, daban todas las habitaciones, salones, capilla, cocina, dormitorios, etc.; los criados también solían vivir en ellas, pero en dependencias menos lujosas que las de los señores.

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No podemos olvidar la más importante de las viviendas de Huete en la antigüedad: El Castillo y su Alcazaba. Allí vivieron durante muchos siglos familias de muchas razas y religiones, gobernadas por un caudillo, en tiempos de guerra, y por gobernadores o señores, en tiempos de paz. Pero como el estudio del Castillo ya ha sido realizado por personas expertas y sería muy largo de explicar la vida de las familias dentro de él y de su recinto amurallado, queda emplazado para otra ocasión.

Describiremos las viviendas de clase media o media baja, por ser las más numerosas y de las que tenemos un recuerdo más directo o cercano (siglos XIX y XX). Estas casas tenían una o dos plantas, con fachadas en cal y zócalos de colores o, al contrario, pintadas de colores, la mayoría de las veces de añil, con zócalos y bordillos blancos en las ventanas. Por lo común, la población residía en locales de muy pequeña superficie.

No era raro que sólo tuvieran uno o dos dormitorios, que un inmueble se dividiese entre varios vecinos o familiares y también que alguna habitación de una vivienda se situara encima o debajo de la vivienda de otro vecino; todavía existen casos que lo atestiguan, aunque por suerte cada vez son menos.

En épocas más antiguas, como la Edad Media, la propiedad en este nivel económico era muy escasa y estaba en manos de las Órdenes religiosas, Cabildo de Curas y de algunos particulares (nobles, judíos,…) que arrendaban por alquileres muy altos, siempre según el espacio y categoría de la vivienda.

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Las casas contaban con un corral situado delante, detrás o a un lado y, algunas veces, separado de la casa, aunque nunca muy lejos por ser un espacio clave para realizar funciones muy necesarias: fisiológicas, lavado, fregado, etc.; muchas veces poseían un pozo o aljibe. Existían también casos en que, a través de un corral, se accedía a varias viviendas. Ejemplos en “el portalón” de la calle del Ranero y “el corralón” en la calle de la Cruz.

Los materiales empleados para su construcción son la piedra caliza y el yeso, muy numerosa en los alrededores, los adobes de barro crudos y cocidos, los ladrillos macizos, que muchas veces se colocaban de adorno en las fachadas (Ejemplo.- La Civera), baldosas de barro, baldosones, maderas de pino sin sangrar y chopo, tejas árabes para la cubierta de los tejados. En el interior, las vigas eran “vistas”, con bovedillas entre ellas, enlucidas de yeso o en forma de rústicos artesonados (vigas y tablas cruzadas).

El yeso y la cal eran la única argamasa utilizada en la construcción. El yeso lo cocían los particulares que iban a realizar una obra en pequeños hornos de piedra construidos al efecto en sus propiedades y lo molían con rodillo, acribándolo para que quedase lo más fino posible. También lo vendían, junto con los demás materiales, en los tejares.

Algunas veces, las cuadras de los burros y mulas estaban situadas detrás de la vivienda, situación que obligaba a sacarlos a la calle a través de las habitaciones de la planta baja (cocina, portal, etc.).

Generalmente, todas las viviendas poseían un sótano o cueva que servía para muy diversos usos: conservar los alimentos frescos y salados, hacer el vino, vinagra, muchas veces amasar. Otros sótanos también servían de cuadra a la que se accedía por una rampa desde el portal o por otra calle a nivel inferior (Palacio Episcopal). Las casas de agricultores se abastecían de sus propios productos del campo y animales de corral, huevos, etc. Y lo sobrante se lo vendían a las familias que no tenían tierras ni animales: artesanos, escribientes, obreros, clero bajo, maestros, curanderos, médicos, etc.

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En el interior de la vivienda, las piezas fundamentales eran:

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La cocina, pieza importante donde la mujer, sobre todo la madre de familia o esposa, tenía un papel importante. Allí se cocinaba, generalmente en lumbre baja de leña, paja, arbustos, hierbas secas…, lo que tenía cada cual. Constaba de campana con repisa, chimenea, fraile y losas en el suelo resistentes al calor. En ella se colocaban llares, morillos, trébedes que acompañaban de tenazas, fuelles, atizador, etc.

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Los utensilios empleados para cocinar eran calderos, latas metálicas, pucheros de barro cocido, sartenes de hierro, etc.

En la cocina no podía faltar la tinaja, en un soporte de madera, y los cántaros o botijas de barro en una cantarera, tapados con bonitos paños bordados o con vainicas, festones, etc., y una jarra para distribuir el agua potable cuando fuese necesaria. El agua la recogían con los cántaros, botijas y botijos en las fuentes públicas. Generalmente esta labor la realizaban las mujeres, las “mozas” de la casa, que aprovechaban para hablar, reír y “coquetear” con algún mozo que asomaba por allí al atardecer para ver el género femenino.

Existían poyales de obra y alacenas con puertas de celosía dónde se guardaban todos los utensilios y alimentos que necesitaban. En lo poyales, las fuentes, de todas la formas y materiales, -porcelana, barro, metal, cristal- eran muy importantes porque generalmente en ellas comía toda la familia encima de una mesa tocinera rodeada de “asientos” de madera y esparto. La cocina también era una fuente de calor, en el invierno, generalmente la única que tenían por lo que la vida familiar transcurría en ella.

Otra pieza importante de la vivienda era el portal o entrada de la casa. Tenía una mesa grande, banca, asientos, botijos, cuadros de láminas coloristas, almanaques y algún reloj de péndulo. No faltaba casi nunca un frailecillo con capucha que predecía el tiempo que iba a hacer. Si se le subía la capucha, el tiempo sería bueno, y al revés si se bajaba la capucha.

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El número de habitaciones o dormitorios era reducido; situados generalmente en el primer piso, al que se subía por una estrecha y oscura escalera. También existía en medio de los dormitorios la sala, que era una especie de gabinete que servía de acceso a las habitaciones, aunque también era muy frecuente que estas estuviesen una a continuación de la otra, sin acceso independiente. Muchas veces los dormitorios eran interiores para reservarse mejor del frío y del calor. Los que tenían ventanas daban a la calle o al corral. Los muebles eran muy austeros y resistentes: camas de hierro y latón dorado, arcas y cómodas de pino para las ropas y, algunas veces, un palo en una esquina para poner las perchas y la “ropa de colgar”.

Ya hemos dicho que, junto con los cereales y productos de huerta, los animales del corral eran la principal fuente de alimentación de la familia, sobre todo de agricultores, mozos de mulas, jornaleros del campo, etc. Se criaban gallinas, pollos, conejos, cerdos y algunas palomas, siendo muy importantes los huevos como base de alimentación; también capones (para las fiestas) y las gallinas viejas (algo exquisito para dar un buen caldo en

celebraciones festivas, bodas y para reponer a las parturientas).

Las mujeres de la casa eran las que realizaban las principales tareas de cría y alimentación de los animales así como llevar a cabo la tarea de la reproducción en épocas de cría. En los meses de mayo y junio, las gallinas se quedaban “cluecas”, las colocaban en un escriño o canasta llena de paja, encima de una “parva” de huevos que previamente habían sonado para que no estuvieran huecos y se aseguraban que los potentes y cantarines gallos las hubiesen “cubierto”. La tapaban con otra canasta, la cuidaban, alimentaban, limpiaban sus excrementos y ella no se movía

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durante los 21 días que duraba la incubación; al cabo de esos días empezaban a “picar” el cascarón e iban saliendo uno a uno, con la ayuda de su madre, que les calentaba, secaba y les daba el aspecto de un copo de algodón con unos ojillos y un pico amarillo que resaltaba del vellón. Era una verdadera delicia verlos y, después, a la gallina en el corral, seguida de su prole a todas partes, enseñándoles a comer y cobijándolos bajo sus alas.

Lo mismo hacían las mujeres con los demás animales del corral; “echaban al verraco” a la cerda si querían tener una manada de “mamoncillos” lechones agarrados a todas horas a la madre; las conejas que luego parían en una mullida cama, hecha de su propio pelo, en las “conejeras” o jaulas, dónde alimentaban con su leche a unos diminutos gazapos acurrucados junto a ella.

Los conocimientos “ganaderos” de las mujeres eran heredados de madres a hijas, así como la forma de manipularlos para aprovechar sus carnes. Mataban, pelaban, desollaban, capaban pollos, partían y cocinaban con destreza desde jóvenes.

La Naturaleza ha brindado a los mayores, sobre todo a las mujeres, de unos goces y privilegios que le han resarcido con creces de sus duros trabajos, inclemencias y dedicación a la familia, de las que ya no conocen ni disfrutan las actuales generaciones agobiadas por la depresión, el estrés y demás tributos que tienen que “pagar” por avances, prisas, exigencias, explotaciones, etc., que conllevan los “nuevos tiempos” de grandes inventos y profundísimas transformaciones.

Una vez descritos estos dos tipos de vivienda optense no hay que olvidar una vivienda singular que viene de la antigüedad pero que todavía pervive, es la choza o cueva. Posiblemente para aprovechar el poco terreno edificable alrededor del castillo y dentro del recinto amurallado, surgió esta vivienda que no utiliza muchos materiales de construcción, sino el esfuerzo físico del que excavaba en la base de los cerros con pico, pala y mucho sudor. Estas viviendas, naturalmente eran ocupadas por familias de bajo nivel económico, y aunque sus condiciones térmicas son inmejorables, dejan bastante que desear en cuanto a higiene, intimidad, ventilación, etc. Actualmente hay muchas de esas chozas habitadas, la mayoría por familias de raza gitana o quincalleros.

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Constan de cocina con chimenea, que asoma sobre la verde hierba del cerro, portal con puerta-ventana partida por la mitad (hoy quedan pocas o ninguna) y dormitorios todos hacia el interior del cerro, sin puertas de comunicación (alguna cortina). Tienen un corral delantero, alguna cuadreja y las habitadas tienen un baño o aseo y alguna habitación, edificados en los corrales .

Todas estas pequeñas reflexiones y descripciones sobre el hogar, la mujer, las costumbres, pueden constituir una base para muchas más que se nos tienen que quedar en el tintero, como se suele decir. Darían lugar a muchísimos relatos sobre costumbres desaparecidas, relacionadas con la familia y el hogar. Veamos ejemplos: - El noviazgo y relaciones entre sexos. Las bodas. Costumbres religiosas y profanas. Las diversiones. Los estudios. La escuela. Las aficiones. La artesanía casera.

I. 2. LA MUJER RURAL EN LAS TAREAS DOMÉSTICAS

La mujer tenía como tareas habituales el llevar la casa, atender a los hijos y ayudar al marido en las faenas del campo. Además, en el tiempo de la matanza del cerdo era también una tarea compartida a la que se solía invitar a familiares cercanos a fin de que éstos les ayudasen ya que, al no existir agua corriente, el “menudo” del cerdo se lavaba en el río. Igualmente había que lavar la ropa en el lavadero público e ir a buscarla a la fuente con cubos de zinc que se llevaban en la mano y cántaros de barro en la cadera. El pan se amasaba en las casas y se cocía en el horno cuando avisaba, por ello había que madrugar levantándose no después de las seis de la mañana. Cuando había que ir al campo para escardar, por ejemplo, o para atender el huerto sacando patatas o recogiendo hortalizas, se hacía en compañía del marido y los

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hijos y posteriormente se guardaban en conserva para que el hogar estuviera surtido todo el año. También la atención de los animales domésticos y faenas como alimentarlos o limpiarlos era tarea de la mujer. Respecto a las comidas, se elaboraban “al amor de la lumbre” que todos los días había que limpiar de cenizas y volver a encender con leña ya que, además de cocina, era el único sistema de calefacción existente. I. 2. 1. En la matanza. Dos días antes de matar el gorrino se cocía la cebolla. Todos ayudaban para pelar la cebolla, partirla y cocerla, en una cantidad aproximada de treinta y cinco kilos; se le añadía calabaza para que estuviera más suave.

Hacer las morcillas daba mucho trabajo pero era como una fiesta para toda la familia: nada comparado con lo de ahora, se compran y es más cómodo.

En la matanza se repartía el trabajo; los hombres para matar el gorrino y en un barreño una mujer recogía la sangre a la que se añadía un poco de sal, para que no se cuajara, y la cebolla previamente picada con la criba fina de la máquina.

Los hombres acababan su tarea una vez colgado el gorrino y acudían a la bandeja de dulces caseros, el anís y el coñac.

Seguían las mujeres con su trabajo: lavar el menudo con agua del caldero puesto a calentar en la lumbre; si no había agua en la casa se podía ir al río; otras, mientras, hacían las gachas y la carne para la comida adelantando también la cena de judías cocidas al fuego en puchero de barro; un lujo añadido era preparar dos pollos del corral con tomate.

Una vez lavadas las tripas a preparar las morcillas: a la sangre se añadían la manteca y las especias: orégano, pimentón, alcaravea, y un poco de clavo para que no se abrieran. Una variante son las morcillas de año preparadas con los siguientes ingredientes: cabeza de cerdo cocida, riñones, corazón, asadura y carne picada de los chorizos y revuelto de dos morcillas normales. Todo mezclado y una vez embutidos se

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ponían a secar como los chorizos. Estas morcillas se guardaban para los cocidos de todo el año.

Seguidamente se preparaba la carne de los chorizos: con pimentón, pimienta molida y en grano, ajo y sal. Pasado un día, para coger bien el adobo, se embutían en las tripas y se colgaban a secar. Pasado un tiempo se freían y ya había reserva para la familia y la merienda de los segadores.

Las costillas y los lomos se cubrían con el siguiente adobo: agua, pimentón, ajo, orégano y sal; durante varios días había que remover cada doce o veinticuatro horas para que se empaparan bien.

Los jamones y paletillas se salaban con una cantidad fija de sal según el peso; se vigilaban durante días para que no les faltara la sal y una vez salados se lavaban, se adobaban y a colgar para su secado.

Otros productos menores eran los huesos. Entonces no había frigoríficos ni congeladores en las casas y el método para su conservación era el salado. I. 2. 2. Haciendo el pan en casa

Ingredientes: Harina Agua Levadura natural Levadura artificial Sal La levadura natural es masa fermentada; el día anterior por la noche con esa levadura natural se hace un poco de masa y se deja reposar toda la noche. Al día siguiente se calienta el agua en un cubo de cinc, en la lumbre, y en una artesa de madera se pone la harina y se hace un hoyo en medio, se deshace la sal y la levadura artificial y la natural; a continuación se va echando el agua caliente y cogiendo la harina de los lados, se va batiendo con las manos hasta que se mezcla toda la harina y el agua; se amasa todo bien y se pone en una canasta donde previamente ya se ha puesto una manta y encima una sábana blanca, envolviendo la masa. 16

La masa se llevaba al horno cuando el hornero lo decía; se partía en porciones de un kilo y se volvía a dejar en los tableros, hasta que fermentaba un poco, para a continuación meter en el horno para cocerse. También con la masa del pan se solía hacer unas tortas muy finas, con azúcar por encima, que estaban muy buenas; otras veces se hacía harinosas: en un trozo de masa se echaba en el centro harina y azúcar y se tapaba con la misma masa haciendo un montículo, cuando se cocía en el horno estaba de muerte. I. 2. 3. Elaborando el queso Cuando traían la leche, recién ordeñada, se ponía al lado de la lumbre, se añadía el cuajo y se removía hasta disolverlo todo. Cuando la leche cuajaba se echaba en el molde de esterilla con un paño blanco y así se colocaban todos en la quesera, con un tablero encima con peso. Por la tarde se les daba la vuelta y así hasta que escurría el suero. Después se echaban los quesos en agua con sal durante unos días sacándolos para que se orearan. Había varias formas de guardarlos: en aceite, untados de manteca colgados en una cueva o envueltos en papel y metidos entre el trigo para su curación. I. 2. 4. El aceite Cada persona llevaba la aceituna al molino el día que le asignaban; se extendía como una parva pequeña y con los molones grandes se enganchaba una mula y allí daba vueltas hasta que se molía todo, después con esteras se llevaba a la prensa que estaba en alto donde se prensaba y caía el aceite a una pilas y el perchín iba a otro sitio y a cada uno se le daba el aceite que le correspondía por la aceituna que había entregado. I. 2. 5. El lavado de la ropa Estos recuerdos se remontan a cincuenta años atrás, viendo el trabajo de madres y vecinas. Lo primero que se hacía era pedir ceniza al hornero y poner un tinajón encima de unas patas, con espacio suficiente para colocar un cacharro debajo que recogiera el agua sucia. Una vez colocada la ropa dentro del tinajón se ponía un trozo de lienzo y encima la ceniza; el agua calentada en la lumbre se echaba para que fuera filtrándose por la ropa. Esta operación duraba casi todo el día. 17

Hay que entender este primer remojo porque la ropa estaba muy sucia, más si era del campo, ya que la gente cambiaba de vestuario como mucho cada semana. Al día siguiente del remojo se hacía el lavado normal. Los tejidos eran difíciles de manejar: las camisas eran de serga, una tela fuerte, los calzoncillos de retor moreno, muy dura para que duraran más. Una vez lavada había que solear la ropa; si no había sol se quedaba al sereno para que se blanqueara. En fin, cuatro días duraba la colada; se explica que no se cambiaran porque con este sistema las mujeres empleaban mucho tiempo en el lavado. Hay que reconocer el trabajo de nuestras abuelas y madres, nuestra generación lo ha visto; nosotras hemos llegado a tiempo de usar la lavadora que trabaja sola, nos asegura la higiene, nos ha quitado trabajo y nos da más tiempo para otras cosas. I. 3. GASTRONOMÍA Y CALENDARIO La gastronomía era diferente según las épocas: I. 3. 1. La matanza: Era una tradición que coincidía con el final del engorde del animal, hacia los meses de Diciembre o Enero y servía de abastecimiento de alimento durante el invierno, dado que del cerdo se aprovechaba todo. Era una fiesta gastronómica; a primera hora se asaba la barba y se solían hacer las hojaldras de chicharretas. A mediodía se comían gachas de matanza y por las noches judías.

Hojaldras de chicharretas: Pan de horno, chicharretas y azúcar. Se mezcla el pan con las chicharretas, se extiende con los dedos, se espolvorea con azúcar y al horno. Gachas de matanza: Tocino, hígado, harina de almortas, pimentón, alcaravea, pimienta, clavo y sal. Se fríe el tocino y el hígado, cuando está casi frito se apartan unos trozos de hígado y se machacan en un mortero. Se fríe el hígado machacado, una cucharada de harina y otra de pimentón, cuando está frito se le echa una cucharada de harina por persona y se tuesta. Añadimos agua poco a poco y se baten las gachas a fuego lento; por último se añade la pimienta, la alcaravea, el clavo y se les pone a punto de sal.

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I. 3. 2. La siega: Duraba aproximadamente quince días y todos se comía cocido, tanto los segadores como la gente de la casa. Por la mañana los segadores comían huevos revueltos y al medio día se les mandaba la olla al rastrojo con la comida y la cena. I. 3. 3. La Navidad (Las Pascuas): Se celebraba comiendo postres caseros como las rosquillas de anís y vino y los pan benitos. La primera Nochebuena era el día 8 de diciembre. (Día de la Inmaculada Concepción.) Rosquillas de vino y aguardiente: Azúcar, harina, aceite, y aguardiente o vino. En un cuenco se pone la harina y hacemos un hueco en medio y le ponemos dentro el aceite y el aguardiente o el vino, se amasa todo bien y se moldean las rosquillas, a las de vino se les echa azúcar por encimo y se meten al horno. Pan benito: Pan de horno, cañamones, aceite y azúcar. Se fríen los cañamones y después se mezclan con el pan y el aceite amasándolo todo bien. Se extiende muy fino, se pican, se le pone azúcar por encima y al horno. I. 3. 4. Las Fiestas de Mayo: Eran días de fiesta y por lo tanto, días de comer bien; el día principal se solía hacer el asado de cordero y el día de la víspera cocido con albondiguillas, tradición que todavía se mantiene en muchos hogares.

Asado de cordero: Cordero, cebolla, pimienta en grano, limón, laurel, tomate, vino blanco, ajo, manzana y sal. Se fríe el cordero previamente salado y se coloca en una cazuela de barro con un poquito de su aceite, se le añade el ajo, la cebolla, el tomate, el limón, el laurel, la pimienta, la manzana y el perejil, todo crudo. Se le pone un vaso de vino blanco, un chorrito de agua y se pone a cocer. Eran tiempos duros, pero en los que no faltaban la inteligencia y la sabiduría popular. Se aprovechaba todo, como por ejemplo: el pan duro para hacer la comida del día siguiente, las migas de la abuela María; de merienda teníamos pan con tomate, aceite y sal, y otras veces con vino y azúcar.

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Migas de la abuela María: Pan duro, panceta, ajos y pimentón. Se fríe la panceta, cuando está frita se aparta y en ese mismo aceite se fríen los ajos sin pelar y el pimentón; después se le echa el pan que se va friendo poco a poco y sin dejar de mover, cuando están sueltas, se les añade la panceta que hemos frito previamente. Se acompañan con uvas.

Migas

Gachas

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Capítulo II

EL CAMPO

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EQUIPO DE TRABAJO

EMILIANO CARRASCO CORPA MARÍA EUGENIA GARCÍA FERNÁNDEZ SEBASTIÁN HUERTA HUERTA CONSUELO MARTÍNEZ GONZÁLEZ JESÚS RENESES CORPA

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II. 1. AGRICULTURA DE SECANO Faenas Cereal: Barbecho, sulfatado del trigo, siembra, escarda, siega, acarreo, trilla, aventado, traslado y venta del grano, traslado de la paja al pajar y al tejar... Otras: Labrado de la viña y del olivar; cavado de las cepas y de las olivas; poda de cepas, almendra... Carruajes Carro, galera, volquete... olivos y almendros; recogida de la uva (vendimia), aceituna y

Aperos Aguaderas, albarda, allegador, amugues, angarillas, arado, arreos, aventadora, bozal, cabezada, capacho, cargador, celemín, collarín, collera, espuerta, hacha, horca, horcate, horquilla, horquillo, hoz, media de medir, ramal, rastrillo, rastro, ruedo, serón, tijeras de podar, tranchete, trillo, vertederas, yugo, zoqueta...

Cultivos CEREALES: Avena, cebada, centeno, escaña y trigo. LEGUMBRES: Almortas, garbanzos, lentejas, veza y yeros. OTROS: Aceituna, almendra (amarga y dulce), azafrán, girasol y uva. Animales utilizados Bueyes, burros, caballos percherones y mulas. Locales usados Cámara, corral, corte, cuadra (camastro, pajera y pesebres), gallinero, pajar... Especies vegetales autóctonas Árboles: Álamo, almendro, chopo, encina, olivo, olmo, roble, sauce... Hierbas: Aliagas, cardillos, collejas, escobas (amargas, dulces y de soplillo), esparto, espliego, gamones, jaboneras, lenguazas, setas (de cardo y de chopo), tomillos, zarzas...

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Especies animales Abejas, alondras, codornices, conejos, liebres, palomas (común y torcaz), perdices, ratas de agua, topos, tordos, tórtolas, totovías, urracas... Oficios relacionados Almazarero, bodeguero, carretero, guarnicionero, herrador, herrero, molinero, muletero...

Fincas Casa de Carlitos, Casa del Monte, Casa de la Vega, La Heredad, Parrales, San Bartolomé, Vistalegre... Molinos Calzadilla, Espantaperros, Juanillo, Lárez, La Retuerta, El Santo...

Fábricas de harina Borbotón, Cruces, Degando y La Paz. Ferias San José (19, 20 y 21 de marzo), Septiembre (21,22 y 23) y Feruela (11, 12 y 13 de noviembre).

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II. 1. 1. Aperos principales

CARRO: Vehículo de carga con dos ruedas, consistente en un armazón de madera (que semeja a un gran cajón cuyos costados pueden estar formados por laterales o tablas al igual que los frentes), el cual se coloca sobre el eje que une ambas ruedas. Dispone de lanza o varales para ser arrastrado. La lanza permite uncir dos bestias formando yunta; los varales son para enganchar una sola caballería. Tiene tentemozo ya que es rígido en sus dos ruedas. Para frenar lleva zapatas en las ruedas.

GALERA: Semejante al carro pero con cuatro ruedas: dos grandes y fijas en la parte trasera y dos pequeñas y móviles en la delantera que sirven para dirigir el vehículo. Es un medio de transporte tirado por dos o más caballerías, usado en la agricultura para llevar toda clase de productos: gavillas de mies desde la parcela a la era, el grano desde la era a la casa o al almacén, la paja, el estiércol... La caja es rectangular (mayor que la del carro) con laterales; debajo están los ejes que se engarzan a las cañoneras de las ruedas; en la parte delantera lleva el asiento, el freno, el balancín, las borriquetas de

enganche y la lanza. Las ruedas se componen de cubo o piña con su cañonera en el interior, los radios, las pinas y el cerco de hierro. Para frenar lleva las zapatas, una en cada rueda trasera. Tanto el carro como la galera se construían con madera de olmo porque es muy dura y no se agrieta. Para enganchar a los animales al carro o a la galera se les coloca una collera y un collarón al cuello; después el arreo, que consiste en una horquilla de madera puesta delante del collarón y de ahí salen las cintas de cuero que unas van sujetas al animal y otras a la punta de la lanza. De las cabezadas que se ponen a la bestia salen las riendas que van hasta el conductor para su manejo y guía.

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TRILLO O TRILLA: Especie de tablón de unos dos metros de largo y más de uno de ancho que, en una de sus caras, tiene trozos pequeños de pedernal incrustados en la madera y sierras metálicas para cortar las pajas y desgranar las espigas. Todos los años, en primavera, el empedrador le ponía las piedras que se le habían caído el verano anterior.

YUGO: Instrumento de madera empleado para uncir el par o yunta de caballerías por el pescuezo para tirar del arado. Se compone de un palo grueso de madera de una longitud aproximada de metro y medio llamado toza, del cual salen cuatro palojos o costillas, dos a dos formando horcajo y colocados a los lados, entre los cuales se mete el cuello de las bestias. Lleva en el centro una argolla de cuero o metálica en la que se introduce el timón del arado. De las cabezadas de los animales salen las riendas para su manejo.

ARADO: Instrumento movido por fuerza animal que sirve para labrar la tierra, abriendo surcos en ella. El arado romano se compone de dental, reja, pescuño o cuña, orejera, esteva (con su mancera o empuñadura), timón y tenilla.

VERTEDERA: Especie de arado caracterizado por tener dos estevas, en las que el labrador apoya sus dos manos, una reja, una cuchilla y una especie de orejera o teja colocada al lado derecho, la cual vierte la tierra que levantan la reja y la cuchilla. También tiene cama y timón. También existen la vertedera móvil y la doble vertedera. La primera voltea la tierra de forma alternativa a uno y otro lado y la segunda la voltea a ambos lados a la vez.

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II. 1. 2. Faenas principales

LA SIEMBRA: Al comienzo del otoño se empezaba a sembrar el cereal, primero el centeno en las tierras más flojas; seguidamente la escaña, el trigo y la cebada; finalmente la avena, al principio del invierno. El abonado de la tierra se hacía, fundamentalmente, con estiércol de toda clase de animales y también con abono químico.

La siembra se hacía a mano con una espuerta que solía ser de esparto. A una de sus asas se ataba una cuerda que iba al hombro del sembrador y la otra se cogía con una mano. Con la otra mano se extendía el grano por la tierra.

LA ESCARDA: Se hacía a mano, en primavera. Los utensilios empleados eran un tranchete, muy parecido a la hoz, y una horquilla de madera con la que se sujetaba la maleza que se quería eliminar.

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LA SIEGA: Se hacía a mano y se solía empezar a mediados de junio con la cebada; a primeros de julio el trigo, el centeno, la escaña y la avena. Solía durar de veinte a veinticinco días.

En algunas casas la hacían los propios dueños y en otras, la mayoría, contrataban a segadores que llegaban de otras localidades, mayoritariamente de Quintanar del Rey. Venían con caballerías y algunos también con carro, más bien de varas. Se instalaban en los arcenes de la carretera, próximos a la población, hasta que alguien llegaba a un acuerdo con ellos. Como la siega se hacía manualmente, se llevaba en una mano la hoz y en la otra la zoqueta. De ésta salía una cinta que se sujetaba a la muñeca de la mano; su función era evitar cortes de la hoz. La siega era lo más trabajoso del verano ya que se empezaba al amanecer hasta que anochecía. La mayor parte de las cuadrillas dormían en el rastrojo; la cama consistía en mies de lo que se estaba segando (que se extendía sobre el suelo), encima de la paja se colocaba una manta y otra para taparse, y así evitar el fresco de la noche.

La mies se cortaba con la hoz; se ataba en gavillas, haces, y se acarreaba, es decir, se llevaba a la era. 28

Para alimentarse venían diariamente desde el rastrojo al pueblo con una caballería o iban de la casa a la parcela y llevaban la comida cocinada y agua. Casi todos los días era cocido, otros judías con chorizo; para la cena y el almuerzo comestibles sin cocinar, casi siempre los mismos: huevos, carne, queso, jamón, chorizos... Éstos los preparaban en el campo haciendo una pequeña hoguera con leña que, junto con los alimentos, también se llevaba desde el pueblo. La ropa que se empleaba durante la siega era la más usada y cada dos o tres días se traía al pueblo para lavarla.

LA TRILLA: Todas las mañanas, al amanecer, se extendía la mies en la era y cuando el sol la había calentado se procedía a trillarla con el trillo. Éste era tirado por caballerías; llevaba una persona encima con el fin de hacer peso y guiar a los animales.

Al cabo de dar vueltas en las horas centrales del día se quebrantaba todo; de cuando en cuando había que dar vueltas a la mies con una horca para trillar la parte que había debajo. Una vez bien trillado se recogía en un montón.

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EL AVENTADO: Una vez trillado, se procedía al aventado, lanzándolo al aire con una horca y una pala o por medio de una máquina aventadora. Si no quedaba completamente limpio el grano, se acribaba (pasaba por una criba). Cuando estaba el grano limpio se metía en sacos o costales (de cáñamo o de yute), se cargaba en el carro o la galera y se llevaba al almacén para su venta o a la casa para su almacenamiento. La unidad de medida era la fanega que de trigo pesaba cuarenta y cuatro kilogramos. Equivale a doce celemines.

Vocabulario

ACARREAR: Transportar la mies de la parcela a la era. Para ello se utilizaban galeras o carros con redes, estacas, miriñaques... También se hacía con amugues (a carga).

ANGARILLAS: Especie de red que, colocada en la galera o en el carro, servía para acarrear la mies y llevar la paja.

AVENTAR: Separar el grano de la paja por medio del aire.

BARBECHO: Tierra que se labraba varias veces a lo largo de un año para sembrarla al siguiente.

CARDILLOS y COLLEJAS: Especies vegetales que se criaban principalmente en los sembrados. Se recogían en primavera siendo un alimento natural, hoy desaparecido.

ESCOBA AMARGA: Vegetal que se cría en el campo, se recoge en verano y se ata en forma aplanchada. Se usaba mucho para barrer en la era.

ESCOBA DULCE: Similar a la escoba amarga y con el mismo uso. 30

ESCOBA DE SOPLILLO: El soplillo es una hierba, de aproximadamente un metro de altura, que crecía en calveros oscuros que estaban eriales. Se cortaba en verano y con él se hacían escobas suaves como plumeros y se utilizaban para lo mismo que ellos.

ESPLIEGO: Planta aromática. Se segaba con la hoz, se ataba en gavillas y se llevaba a la destilería para su destilación. De él se obtenía un perfume de gran calidad.

GAMÓN

Y

LENGUAZA: Tanto el gamón como la lenguaza son plantas

herbáceas. Se cogían verdes en primavera y se empleaban como alimento de los cerdos, cocidas con centeno o cebada, mezcladas y machacadas con salvado. Las raíces del gamón cocidas se han usado en medicina popular, contra afecciones de la piel.

HORQUILLO: Especie de horca con mango de madera y dos dientes de madera o hierro. Se usaba para pinchar los haces y echarlos al carro o galera.

MASIEGA: Comida festiva que se hacía el día que terminaba la siega.

MULETERO: Persona que se dedicaba a la compraventa de mulas, asnos, caballos...

RUEDO: Pieza alargada hecha con esparto, de aproximadamente un metro de ancha, que se colocaba en el carro o en la galera para transportar la paja.

SETAS: Por aquí sólo se crían de cardo y de chopo. Aparecen en otoño cuando llueve.

ZOQUETA: Trozo de madera hueco en el que se introducían, al segar, los dedos corazón, anular y meñique.

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II. 1. 3. El viñedo en Huete

Hace bastantes años en esta localidad había mucho terreno dedicado al cultivo de la vid, muy próximo al pueblo (el paraje conocido como Los Verdejales, que se extendía desde La Fuenzorita hasta Parrales; Los Cosos con menor extensión; La Peña Tajada y alguno más), hasta que apareció la enfermedad de la filoxera, a finales de la década 1930-40, y casi nadie volvió a plantarlas de nuevo con raíz borde o americana. Solamente tres o cuatro parcelas se conservaron posteriormente, siendo arrancada la última a mediados de los años setenta debido a que había que guardarla desde dos meses antes de la vendimia ya que acudían a ella toda clase de animales, sobre todo bandadas de tordos. El trabajo en la viña daba comienzo en el mes de febrero con la poda y recogida de sarmientos; éstos se hacían gavillas y servían para la lumbre en las casas. Seguidamente se labraba la tierra con una yunta de mulas o asnos con un arado romano o vertedera, acto que se repetía a finales de mayo. A la hora de la vendimia iba toda la familia con la galera y las mulas. La uva se echaba en cestas de mimbre o espuertas de goma y de éstas a cuévanos de mimbre. Cuando se llenaban diez o doce se venía a descargar a la bodega y otra vez se regresaba a la parcela, y así hasta la terminación.

ELABORACIÓN DEL VINO Mientras duraba la recogida de la uva, por la noche con los pies lavados y descalzos se pisaba la uva, agarrados a unas cuerdas sujetas al techo para no resbalar; de prensa se usaba media puerta de madera muy pesada subiéndose encima dos o tres personas. El mosto iba a un pequeño pozo y con cubos se echaba a las tinajas de barro. Lo que quedaba después de prensada se cernía con una zaranda y se separaba la madera del racimo. La piel y el granillo de la uva se echaba a las tinajas y servían de madre para la fermentación. Todas las noches, con una horquilla de madera, había que bajar la madre y lavar las bocas de las tinajas con el fin de que no se avinagrase el vino, y así hasta que la madre quedaba en el fondo de las tinajas que solía ser con las primeras heladas. Poco después se trasegaba el líquido de una tinaja a otra para su reposo y, cuando estaba claro y limpio, el vino se iba sacando y echándolo en garrafas de cristal para consumirlo.

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A las tinajas llenas se les echaba un poco de alcohol que le servía de tapa para su conservación, además de estar tapadas con una tela fuerte o tapa de madera. Antes de la llegada de la filoxera, en casi todas las casas de la población había cuevas subterráneas donde se elaboraba el vino, con sus tinajas de barro. Actualmente han desaparecido casi todas las tinajas y gran parte de las cuevas.

La Bodega “La Calzadilla” es la única plantación de viñedo en Huete con cerca de cuarenta mil plantas pero aún no están todas en producción. Están plantadas con raíz borde o americana; la plantación se halla alrededor de lo que es la bodega. Ésta está totalmente mecanizada y modernizada para la elaboración y conservación del vino. Éste es de gran calidad pues la uva empleada es de las clases más selectas.

II. 2. AGRICULTURA DE REGADÍO

Faenas Labrado, cavado, abonado (basura), regado, escarda, recolección de productos, siega de alfalfa, traslado de los productos a la casa, venta de productos... Aperos Azada, escardillo (palón pequeño), guadaña, horca de hierro, hoz, pala, rastrillo... Cultivos Acelgas, ajos, alfalfa, calabazas, cáñamo, cebollas, espinacas, judías (secas y verdes), lechugas, maíz, melones, patatas, pepinos, pimientos, remolacha (azucarera y forrajera), repollos, tomates, zanahorias... Vegas de Huete BORBOTÓN: Regada por el río Cauda o Borbotón, que nace a unos dos kilómetros del casco urbano.

FUENZORITA: La riega un río así llamado, que emana a unos tres kilómetros del pueblo.

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PEÑAORA: Cruzada por un río homónimo, que brota en Saceda del Río. Se dedicaba, principalmente, al cultivo de la remolacha.

ALDEHUELA: La atraviesa un río llamado así, nacido en La Langa.

RÍO MAYOR: La más extensa de todas. Dicho río, que nace en la Sierra de Cabrejas, fluye por ella.

II. 2. 1. El huerto

Hacia la mitad del siglo XX hubo un periodo de carestía o, mejor dicho, hambre. La mayoría de los labradores tenían muchos hijos. La manera de poder sacarlos adelante era, además de con el cultivo de los cereales y la cría de los animales de corral, con los productos del huerto. De él se sacaban varios esquilmos muy importantes, que les duraban todo el año: patatas, judías, ajos, cebollas (con las que se hacían las morcillas), remolacha y tomates (que embotellaban al “baño María”). Otros cultivos eran sólo de temporada: pepinos, pimientos, lechugas, calabazas, judías verdes, acelgas, espinacas... En esa época, casi todos los días, comíamos al medio día cocido y por la noche cenábamos judías; los que comían en el campo, tortilla (elaborada con patata y huevo) y cualquier otra cosa. Todos los alimentos que se tomaban se producían en la casa, no había que comprarlos. El huerto no es todo sembrar y coger.. Primero hay que limpiarlo; después, antes del invierno, labrarlo profundamente; luego, darle otra vuelta. La basura es necesaria, si no la tienes hay que comprarla; antes se tenía de los animales, pero había que sacarla, removerla y llevarla al huerto; allí se cargueaba y se extendía. Se labraba nuevamente y entonces estaba preparado para sembrarlo. Ajos: Según el refrán: “Tantos días pasan de enero, tantos ajos pierde el ajero”. Antes se sembraban muchos (para consumo doméstico y para vender); ahora, los optenses siembran pocos. Se siembran como se hacía tradicionalmente, a mano y con el palón. En la actualidad vienen de Las Pedroñeras y se siembran grandes parcelas. Lo hacen mecánicamente, tanto la siembra como la recogida. La mayor parte de la producción es para la exportación y otra parte para venderla en mercados españoles.

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Judías: se sembraban bastantes pues los agricultores, normalmente, tenían un huerto con cebada que, después de segada, se sembraba de judías y se cogían para el consumo doméstico y para vender algunas. Remolacha: cultivaban de dos clases: forrajera para alimentar a los animales propios y azucarera que vendían para elaborar azúcar. En Aranjuez había una fábrica en la que hacían un contrato, facilitaban la simiente (que se pagaba al entregar la cosecha) y la compraban. Cuando se recogía, la llevaban a la estación del ferrocarril donde había una báscula con la que pesaban el carro o la galera cargados, la descargaban y pesaban los carruajes vacíos; les ponían un porcetaje de descuento según estuviese de sucia y calculaban el peso neto de ese viaje. Algunos llevaban bastantes viajes, pues se cultivaba gran cantidad de terreno. Salían trenes y trenes, con decenas de vagones cargados con destino a Aranjuez. Las patatas tempranas se siembran antes de San José; son de la cosecha del año anterior, pues normalmente se hielan. Las patatas tardías se siembran con simiente seleccionada y comprada. Hay de varias clases pues, según las tierras, pintan mejor unas que otras. Se tienen que partir en gajos y dejar las coyunturas o repartirlas. Se cortan los caballones y... ¡A sembrar! Es muy importante, al tajar, la caída de la tierra. Al trazar el surco tiene que estar lo más a nivel posible para que el agua, al regar, llene todas las cajas por igual. Con el palón se abre el surco y se ponen los gajos a una distancia de un pie; se le echa un poco de veneno para combatir el taladro y se tapa. De la misma manera se hace con el resto de los surcos, hasta que se acaba la simiente. Las cebollas. Se compra el cebollino en manojos (cada uno tiene unas cien plantas). Unos las siembran en eras y otros en surcos. Los pepinos se siembran de otra forma: al tajar el surco se hace un hoyo; a lo largo de él, se echa basura; se tapa ésta con un surco ancho y encima se ponen las pepitas y un poco más de basura. Se tienen que regar muchos días. Nacen y se siguen regando con la regadera, hasta que se hacen de escardillo. Luego se riegan a reguera como casi todo. Para los tomates se hacen surcos parecidos a los de los pepinos, pero se siembran con matas que se crían en invernaderos. En cada surco se ponen ocho o nueve. También, al principio, se riegan a mano. Los pimientos se plantan de manera similar a los tomates. Las plantas se sacan del invernadero y se ponen en eras o en surcos. En cada surco se colocan como mínimo veinte. También, hasta que se riega a manta, se hace un poco a mano. 35

Judías verdes se siembran pocos surcos porque suelen echar muchas. A la mayor parte de las matas, se les ponen varas y los tallos trepan por ellas hasta arriba; incluso algunas bajan y rinden exageradamente. Las calabazas se siembran en casillas. La simiente son las pepitas. Se colocan muchas, después se entresacan, como los pepinos. En cada casilla se dejan tres o cuatro matas. Las demás cosas que se siembran en el huerto se hacen de forma parecida, la mayoría en surcos. Los cuidados son casi los mismos. Después de plantar queda mucho trabajo por hacer: regar al principio, algunas plantas casi diariamente; labrarlo con el palón una o varias veces; arrimarle la tierra a los cultivos; a veces, cuando se riega, hay que mover la tierra con un escardillo; coger el fruto, en algunos productos (pepinos, calabazas, tomates, pimientos, judías verdes...) muchas veces, en otros (patatas, judías secas, remolacha...) una sola vez. II. 2. 2. Los agricultores y el yeso

Otra forma de ayudar económicamente a las maltrechas economías era fabricando yeso cuando había que hacer una obra. En tiempo de invierno, cuando no se podía hacer nada en el campo porque llovía o estaba la tierra helada, los labradores se dedicaban a preparar lo que se necesitaba para hacer el yeso. En cualquier montículo se cavaba hasta hacer una caja de unos dos metros de fondo, dos de ancho y dos de alto, dejando un lateral a ras de tierra. Las piedras de yeso que salían al labrar la tierra y otras que se sacaban con el pico y una barra de hierro haciendo palanca, se llevaban hasta la caja que se había construido. Las mayores se colocaban junto a las paredes y otra fila en el centro hasta una altura aproximada de 80 cm.; de ahí se hacían dos arcos de medio punto y se echaban piedras hasta llenar todo. El combustible empleado para quemar las piedras consistía en hierbajos (tomillos, jaboneras...) que se cortaban en el campo, cañas de girasol, etc. Seguidamente se procedía a la quema, introduciendo en los arcos los materiales combustibles con una horquilla de hierro; esta operación duraba de quince a veinte horas, según fuese de grande la caja.

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Cuando se había enfriado, se procedía a la trituración, partiendo las piedras mayores con una maza de hierro. A continuación, con una especie de palanca de madera se terminaba de moler, se pasaba por una criba, se cargaba en la galera, se traía al pueblo y quedaba listo para su uso. La palanca de madera consistía en un trozo de tablón de dicho material con un ojal en el centro, del cual salía un mango. Es parecida a un azadón pero más pesada.

II. 3. LA MUJER EN EL CAMPO

La mujer desempeñaba un papel fundamental, tanto en las actividades agrícolas como en las ganaderas. En la agricultura de secano participaba en casi todas las faenas: escardar, segar, llevar la olla, acarrear, trillar, aventar, trasladar el grano, guardar la paja, recoger (uva, aceituna y almendra), sulfatado del trigo... En la de regadío intervenía, prácticamente, en todo: sembrar, regar, escardar, recoger las cosechas, segar alfalfa, vender los productos... En cuanto a la ganadería su intervención era mayor que la del hombre pues la mayoría de las faenas las realizaba ella, al estar el marido en el campo durante el día. Por si lo ya citado era poco, tenía que hacer las labores de “ama de casa”, sin contar con los medios que se disponen en la actualidad: lavadoras, lavavajillas, frigoríficos... Tampoco las casas, en su mayoría, disponían de agua potable; la mujer iba con cántaros a la fuente pública a coger la necesaria. El lavado lo hacía a mano, con el jabón que ella misma elaboraba, con aceites y grasas de desecho. El jabón lo hacían de la siguiente manera: Por cada litro de grasa, ponía 250 gramos de barrilla (sosa cáustica) y 2 litros de agua; se ponía el caldero (pieza semiesférica de cobre, con asas) en la lumbre; se echaban la grasa, la barrilla y el agua todo junto; se calentaba y se removía con un palo; cuando el palo se mantenía vertical, ya estaba hecho. Se vertía en un cajón y, cuando estaba duro, se cortaba en pedazos. Como se puede deducir, la vida de la mujer era durísima pues, además de las faenas domésticas, debía ayudar en las labores agrícolas y ganaderas para colaborar en la precaria economía familiar. Y si tenían niños pequeños, la situación se le complicaba todavía mucho más. Todas se merecen un gran homenaje.

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II. 4. GANADERÍA

Faenas Amamantar, cortar la miel, echar comida a los animales, limpiar (cuadras, apriscos y gorrineras), llevar y recoger el ganado a la dula, ordeñar, pastorear, recoger los huevos, incubar pollos, sacrificar animales... Especies animales Abejas, aves de corral (gallinas, palomas, patos...), cabras, cerdos, conejos, ovejas, vacas... Productos Carne, chorizos, huevos, jamones, lana, leche, manteca, miel, morcillas, pieles, queso, tocino... Oficios relacionados

Carnicero, huevero, lechero, matarife, obrero de fábrica de lanas, pastor, pellejero, quesero, rochano...

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II. 4. 1. La matanza La matanza es una fiesta familiar que se hacía con motivo del sacrificio del cerdo. Al amanecer se reunían la familia y el matarife. Se abría la puerta de la pocilga; el matarife hincaba un gancho debajo del morro del animal y los demás lo agarraban de las orejas y las patas, y lo echaban encima de una mesa. El

matador le pinchaba con un cuchillo y la sangre que salía era recogida en un barreño; con la sangre y cebollas cocidas se hacían las morcillas. Una vez muerto, se socarraba para quemarle los pelos, se lavaba, se colgaba, se abría en canal y se le quitaban las tripas. Posteriormente se lavaban los intestinos; el grueso se utilizaba para elaborar las morcillas y el delgado, para los chorizos. Horas después se descuartizaba y se separaban las piezas: jamones, brazuelos, lomos, huesos, solomillo, tocino, costillas... La carne magra y algo de témpano (tocino) se picaba y con ellos se fabricaban los chorizos. Los jamones, los brazuelos, parte del tocino y algunos huesos se salaban para conservarlos. Las costillas se metían en adobo. ¡Todo se aprovechaba! Para comer se guisaban gachas con hígado picado y después se freía hígado, asadura y tocino; de postre melón o naranja. Para cenar se cocinaban judías bolas con chorizo y oreja. La vejiga de la orina, inflada, servía de balón para los pequeños durante el día.

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Capítulo III

INDUSTRIA Y COMERCIO

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EQUIPO DE TRABAJO

LOURDES PARRILA GARCIA GUILLERMO PEREZ SALAMANCA FRANCISCO PEREZ SANTANA AGUSTIN IGLESIAS HERNANSAIZ

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III. 1. INDUSTRIAS CREADAS DESDE 1.925 II. 1. 1. Fabricas de harinas

EL BORBOTON.- En principio fue de la familia López Rubio, con posterioridad de Gregorio Loste Isen, hasta su cierre en el 1.979, producido por acogerse al consorcio del Estado.

LA PAZ.- Formó parte de la Sociedad Eléctrica de los Desamparados, regentándola Gregorio Madero; con posterioridad pasó en propiedad a la familia de Vicente Valdeolmos, siendo regentada por Luis Vicente Valdeolmos hasta su fallecimiento, pasando a regentarla su hermana Maria Vicente Valdeolmos, hasta su cierre en 31 de diciembre de 2.006.

DEGANDO.- En sus inicios fue propiedad de Jesús Rodríguez “alias el gordo”, después de Manuel Degando Mayo, hasta su cierre en 1.979, por acogerse al consorcio del Estado.

EL BATAN.- Fue propiedad de la familia Cruces, y regentada por Lorenzo Cruces hasta que en 1.968 se incendió y desapareció como fábrica de harinas. III. 1. 2. Batanes En el Borbotón, después fue fábrica de papel. En la Peña Palomar, después fue fábrica de lanas. En el Batán, después fábrica de harinas, hoy Escuela de Formación Agraria. III. 1. 3. Carpinteros y carreteros Familia Quintero Plaza, en C/ La Solana Familia Manuel Izquierdo, después su hijo José Izquierdo, en C/ Caballeros Hermanos Remigio y Juan Fustel Hualda, en C/ Anselmo Cuenca. Ninguna de estas carpinterías existe actualmente. III. 1. 4. Carpinteros y ebanistas Han desaparecido las industrias de: Teofilo Redondo, C/ bajada San Francisco. 42

Eusebio González Poveda, C/ Mariano Pozo. Jesús González Poveda, C/ San Esteban, Familia Botija Galindo, C/ Ctra. Carrascosa. Santiago Gómez, C/ Guadalupe. Hermanos Remigio y Juan Fustel Hualda, C/ Anselmo cuenca. Francisco Martínez, Ctra., Carrascosa. Trabajan actualmente: Francisco Martínez, en polígono Industrial. Luis Martínez, en Ctra. Carrascosa. III. 1. 5. Herreros y cerrajeros Han desaparecido las industrias de: Juan Pablo Guijarro Plaza, Ctra., Carrascosa. Mariano Quintero Plaza, C/ Solana. Antonio Parrilla, C/ Colon. Pedro Guijarro, C/ Santa Catalina. Félix Cuesta, plaza de la Merced. Máximo Plaza, C/ San Benito. Trabajan actualmente: Telesforo Serrano Almonacid, Ctra, Madrid. Miguel Ángel Serrano y Marcelino Murcia, C.B., Ctra. Madrid III. 1 .6. Zapateros Han desaparecido las industrias de: José Alonso, C /Mayor. Doroteo Lozano, C /Anselmo Cuenca. Benito Cuenca, C/ Juan Carlos I III. 1. 7. Guarnicioneros Han desaparecido las industrias de: Domingo Martínez, C /Juan Carlos I, Sergio Martínez, C/ Juan Carlos I. Basilio Calle, C/ Ranero. Luis García, C/ Mamerto Alique (reconvertida actualmente en fábrica de guantes en C/ San Esteban)

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III. 1. 8. Fondas y posadas Han desaparecido: Posada del Carmen, sita en la C/ Nueva, propiedad de la familia Chacón, fue regentada por la familia Salmerón hasta 1.925, después por la familia Ruiz Canales hasta su desaparición. Fonda Leis, sita en la C/ Mayor, propiedad de la familia Montoya, después de la familia Leis, existió hasta 1.979. Fonda la Española.- sita en la C/ mayor, fue regenta en propiedad por Eusebio López Rubio y esposa hasta 1.965. Posada del Reloj.- sita en la C/ Mayor, hoy no existe, propiedad de la familia Almonacid de la Pedrueza, y regentada por la familia Salmerón hasta 1.929. Posada de Inocencio, en la plaza del Mercado, hasta el año 1.968. Posada de Salmerón.- sita en la C/ Nueva, regentada en propiedad por la familia Salmerón Justo hasta el 1.990. Posada de San Juan.- en C/ Juan Carlos I, regentada en propiedad por la familia Reneses Sanz hasta 1.960. Posada de Jesús, sita en la C/ Juan Carlos I, regentada en propiedad por la familia Reneses Corpa hasta el 1.964. Existen en la actualidad: Hostal Duque, en Ctra, Carrascosa, regentada en propiedad por la familia Ruiz Amor. Hostal Chibuso, en Ctra Carrascosa, propiedad de Jesús Martínez y regentada por su hijo Raúl Martínez. III. 1. 9. Peluquerías de caballeros Han desaparecido las Peluquerías de: Bautista, “el barberillo” en C/ La Solana Eugenio Calle en Juan Carlos I Miguel Calle, en C/ Mayor. Trabaja actualmente: Pablo Salvador, en C/ Nueva.

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III. 1. 10. Peluquerías de señoras Han desaparecido las Peluquerías de: Hermanas Juanita y Petra Calle, C/ Mayor Mercedes Palop, C/ Mayor. Rosario Ruiz, C/ La Plaza Anita Calle, sita en la C/ Carlos I, hoy no existe. Trabajan actualmente: Nieves, en C/ Mayor. Hermanos Agustín y Luci, en C/ Anselmo Cuenca. Petri Serrano, en C/ Mamerto Alique. III. 1. 11. Fábrica cooperativa de guantes “Sta, Justa y Rufina” Desaparecida, en C/ San Esteban. III. 1. 12. Fábrica cooperativa de pantalones “San Esteban” Desaparecida, en Plza de la Merced III. 1. 13. Fábrica de gaseosas y sifones Han desaparecido las fábricas de: Félix Bermejo, en C/ Juan Carlos I. Vicente Díaz, en C/ bajada San Francisco. Pedro Martínez, en C/ mayor, III. 1. 14. Fábricas de hielo Han desaparecido las fábricas de: Vicente Díaz, en la Bajada San Francisco. Ambrosio Rubio, en C/ Mayor. Bautista Navarro, Bernabé Collados y José Martínez, en C/ Almazán. III. 1. 15. Sastrerías Han desaparecido las sastrerías de: Santiago Pérez, en C/ Mayor. Gregorio Corpa, en C/ la Carrera. Mariano García , en C/Juan Carlos I, Julián Díaz, en C/ Mayor.

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III. 1. 16. Cines Ya no existen los cines: Adolfo Millán, en Plaza de Toros Vieja. Cine Crumog, (Cruces y Millán).

III. 1. 17. Hornos de pan y de cocer Han desaparecido los hornos de: Natalio Torres, en C/ Guadalupe. Manuel Martínez, en C/Muralla. Julián Serrano, en C/ Zacatín. Modesto Grande, en C/ Zacatín. Domingo Cruces, en C/ Travesía del Colegio. Trabajan actualmente: Antonio y Regina Grande, en Travesía del Colegio. III. 1. 18. Tejares Timoteo Mora, Martín Mora; actualmente Antonio y José Mora, en Ctra. Carrascosa. Francisco López, hoy Pedro González López, en Ctra la Estación. Ambos reconvertidos en empresas de materiales de construcción. III. 1. 19. Caldereros y fontaneros Desapareció el oficio de calderero con: Antonio Muñoz, en C/ Mariano Pozo. Valentín Muñoz, en C/ Arco de Almazán. Ángel Muñoz, en C/ Mamerto Alique. Esteban Sirodey, en C/ Guadalupe. Marcelino Sirodey, en C/ Guadalupe. Trabaja actualmente: Marcelino Sirodey hijo, sito en la C/ Madrid. III. 1. 20. Relojerías Desaparecieron las de: José Arroyo Luna, en Plaza Ambrosio Montesinos. Jesús y Fernando Castillo, en C/Juan Carlos I. 46

III. 2. HERRERÍAS Una experiencia

Podemos decir que estaban consideradas no sólo como pequeñas industrias, sino como oficios artesanales, puesto que, aunque iban introduciendo algunos avances técnicos en sus trabajos, éstos eran totalmente manuales y artesanales. Había varias herrerías en Huete. También había un herrador; pero éste era un oficio distinto. El herrador sólo se dedicaba a herrar las caballerías e incluso había veces que hacía él las herraduras, pero no otras cosas. El nombre popular de la herrería era fragua. Mi padre, Antonio Parrilla, tenía una. Ésta aún se conserva en el mismo sitio y con las herramientas originales que él utilizó. Muchas las hizo él. III. 2. 1. El trabajo en la fragua

En estas fraguas se hacía forja, cerrajería y útiles para el hogar. Pero a lo que más se dedicaba el tiempo de trabajo era a la agricultura.

Los labradores eran muchos y necesitaban arados, vertederas, carros y galeras para el transporte de la mies, de la paja y el grano. Se hacían nuevos, pero también había que arreglarlos.

Puede decirse que el trabajo en la fragua estaba vinculado a las faenas agrícolas y variaba, en parte, con

arreglo a las estaciones del año. En general era un trabajo duro; desde la mañana hasta la noche, con muchas horas de dedicación.

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Cuando los agricultores labraban el campo (otoño y primavera), la reja del arado, con la cual se levantaba la tierra, debía estar bien aguzada. Para ello se llevaba a la fragua a aguzar. Esto se hacía con mucha frecuencia, pues a veces la tierra estaba muy dura. El herrero debía estar aguzando por la noche y por la mañana temprano porque la mayoría de los labradores madrugaba para ir con sus mulas y su arado a labrar las propias tierras o las de sus amos. En este trabajo le ayudaba el oficial o el propio agricultor. El pago de las aguzaduras no se hacía con dinero, sino en especie. Era la “iguala". Se concertaba con el agricultor, según los pares de mulas que tuviera, la cantidad de trigo a entregar: una fanega, dos fanegas, etc. Esto se hacía en el mes de septiembre, al terminar la recolección. Las rejas de arado, al igual que otros objetos, también se rompían y desgastaban. Había que "calzarlas " soldando las piezas necesarias para que quedasen resistentes. Mi padre lo hacía de esta manera: Calentadas las piezas que iban a pegarse y colocadas una sobre otra, encima del yunque, introducía un trozo de placa que vendían en ferreterías y las unía golpeando con el martillo; primero suavemente, y luego más fuerte. A veces era yo la encargada de ir a comprarlas. Se llamaban placas de soldar marca "ROIG". Venían en cajas de cartón y eran unas finas Desconozco el material de que estaban hechas. Con anterioridad a este sistema de soldadura existieron otros métodos datados de antiguo y en los cuales entraba, entre otros elementos, la arena. Para finalizar esta sencilla explicación incluyo una definición entresacada de algún texto alusivo al tema: "La soldadura es el procedimiento por el cual, yuxtaponiéndose en caliente, pero a una temperatura conveniente, dos partes de una pieza, se las liga entre ellas de tal manera que formen cuerpo con enorme energía. Las buenas soldaduras son, por lo tanto, irrompibles". Otra tarea dura en la fragua era "echar aros". Se hacía en verano, en la calle, y con la participación del herrero, el carretero y varios ayudantes. Consistía en lo láminas oscuras.

siguiente: En un círculo grande de fuego y ascuas, limitado con piedras, se introducían los aros (las llantas de hierro de las ruedas de las galeras) para recortar en caliente y ajustarlas a la madera. Se sacaban del fuego con ganchos y largas tenazas e

inmediatamente se colocaban sobre la rueda y se enfriaban con agua. De este modo quedaban ya las galeras preparadas para las duras faenas del verano. 48

III. 2 .2. Herramientas

Para ejercer su arte el herrero ha de tener a su disposición fundamentalmente el hogar, hornacha o fragua, que de todas estas maneras se llama. Ahí es donde se lleva el hierro a altas temperaturas. La hornacha puede ser de fundición o de mampostería. Mi padre tenía hecho el hogar de mampostería a una altura de 0`80 m. sobre el suelo. En la superficie, con un reborde, se colocaba el carbón mineral, que una vez encendido recibía aire por medio de un gran fuelle del cual se tiraba con una cadena. El fuelle, del siglo XIX, es inglés y todavía puede verse funcionando. Sobre el hogar está la campana para la salida de humos.

Otra pieza importante es el yunque que es una masa de metal rectangular un poco hueco por debajo, terminándose por un lado en forma de cono y por el otro de forma triangular. El yunque reposa sobre un tajo o pie derecho de madera fijado en el suelo, con una altura de 0`70 m.

Existen además otras varias herramientas de las cuales menciono las siguientes: Diversos tipos de martillos: De mano, de bolas, de forjador o "macho". Este último ha de pesar más de tres kilos. Otros: martillo de plana o aplanador, martillos de madera para enderezar chapas Tajaderas. Punzones. Claveras . Tijeras de cortar chapa. Tenazas diversas: de punta, de vuelta. Taladro de pecho, berbiquí.

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Instrumentos de medida: escuadra, regla, cartabón, compás, rodeta (mide circunferencias). Torno o tornillo sobre banco, llaves fijas de dos bocas, llaves para tuercas, alicates, terrajas, cortafríos,etc . Y por último menciono dos máquinas de taladrar a brazo y una fragua portátil con ventilador de mano.

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III. 3. ALBAÑILERÍA Una experiencia

Empecé a trabajar con unos tíos hermanos de mi madre, albañiles, yo tenía 11 o 12 años. Más tarde, con 17 años, encabezaba una cuadrilla que ya dirigía (hasta entonces trabajaba acercando materiales a ellos). Estos recuerdos se remontan al año 1942, de mucha escasez incluso para comer y un trabajo muy duro; muchas horas de trabajo, desde que se veía por la mañana hasta la noche, sin Seguridad Social, todo una aventura sin derecho alguno.

III. 3. 1. Las tapias Las paredes de tapia se hacían con tierra semi húmeda y se apisonaba con unos pisones de madera especiales, dentro de unos cajones llamados tapiales; éstos eran conjuntos de tablas hechas a propósito: dos tableros de 2’20 x 0’80 de alto, compuestos de: 2 tapiales 2 pisones 6 costeros 1 frontera 3 agujas 3 tornos Todo este conjunto era desmontable y se podían hacer más gruesos y más finos; las paredes desde 40cm. hasta 60 cm. se podían hacer con estos componentes.

Las tapias las hacían dos personas a la vez con un sonido acompasado, nunca bajaban los dos pisones a la vez sino uno detrás del otro produciendo un sonido agradable. Un sonido bonito en aquella época.

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Parece mentira que con aquel material de tierra se pudiera montar, al terminar, el hilo de la pared y otro hilo encima de ese; las esquinas se hacían con yeso y piedra porque no se podían hacer con tierra.

III. 3. 2. Suelo cuadro y cubierta Se hacían con madera y bovedillas de yeso; la cubierta encima de la madera. Se ponían unos zarzos de carrizo para sentar las tejas; la teja generalmente era curva, llamada árabe, de barro cocido, se sentaba con barro crudo porque así era más fácil de quitar si se rompía alguna (otras sí se sentaban con cemento o yeso) ya que el material crudo se maneja mejor, porque no fragua y se puede amasar de nuevo y aprovecharlo otra vez.

III. 3. 3. Adobes de barro El barro era fundamental para la mayoría de las obras; los adobes hechos de barro se hacían con un molde de madera rectangular, en superficie plana como las eras de trillar o superficies semejantes; una vez hechos, pasados dos o tres días, se

levantaban y se ponían de pie para que se secaran y así poder usarlos, ya que se podían romper fácilmente al cogerlos. Los adobes se solían gastar principalmente en los tabiques que separaban las habitaciones.

III. 3. 4. El suelo Los suelos de las habitaciones bajas se hacían de yeso y cemento; más tarde vino el mosaico hecho de cemento y arena y después el terrazo, de cemento y trocitos de piedra natural. Más tarde se fabricó la cerámica de azulejos y pavimentos de gran calidad, llamado gres, hecho de barro cocido de una calidad especial para suelos y alicatados.

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III. 3. 5. Las herramientas Para hacer paredes de piedra y yeso, piedra y cemento, se usaban unas reglas, entonces hechas de madera que se torcían mucho; también unas cuerdas hechas de cáñamo. Hoy las reglas se llevan de hierro y son más cómodas. Para cortar el mosaico se utilizaba una pieza de madera donde se ponía el ladrillo, encima de un poco de arena, y dándole un golpe con una maceta se partían; era el único procedimiento porque las máquinas no existían

Herramientas: Martillo, Maceta, Destral o piqueta, Paletas catalanas, Palustre, Llana, Paletín

Cuando yo empecé a trabajar, con 10 o 12 años, mi sueldo era de 1’75 Ptas. al día; entonces no había horas, la jornada era desde que salía el sol hasta que se hacía de noche y sin Seguridad Social por ser menor de edad.

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III. 4. EL COMERCIO TEXTIL Una experiencia: 52 años en el mismo mostrador

En el año 1946, estando trabajando con el abuelo Timoteo en el tejar (yo tenía 13 años) me trasladó a la tienda su hija María porque no podía con 5 tejas; ese día vestía un pantalón gris y una camisa malva con una pieza en el pecho izquierdo (no tenía otra cosa). Cuando cumplí los 14 años me dieron el alta en la Seguridad Social; en aquella época la categoría laboral se adquiría de la siguiente forma: los tres primeros años de aprendiz, el cuarto y quinto auxiliar y después pasabas a dependiente. Así hasta el año 1998 en que me jubilé.

El comercio o negocio era mixto, se vendía de todo: alpargatas, ropa interior de ambos sexos, sargas para camisas, para pantalones y faldas, telas blancas o muselinas, viellas para vestidos, panas de surco gordo, fino o liso (esta última es muy bonita, parece terciopelo), para pantalones, retor blanco y moreno; más tarde vino el cambio, tuvimos que dejar los tejidos por la confección.

Para adquirir los tejidos había que viajar unas tres veces al año a Barcelona; el viaje era un martirio, pues el tren salía a las 11 de la mañana y llegaba al día siguiente a las 8 de la mañana. Los asientos eran de madera. No se descansaba, porque no podías moverte del asiento; ni dormir por la noche, por miedo, ya que sólo tenías ojos para la cartera, porque en aquella época el género se pagaba sólo al contado y era mucho dinero. Desde el año 1947 a 1955 los tejidos, como otros artículos, estaban intervenidos y racionados en España. Tenían un precio puesto por el Gobierno; estaba señalado en el orillo de las telas. Por ejemplo, las sargas o telas blancas estaban marcadas a 1,90 pesetas y los demás tejidos por el estilo. Aunque el precio estaba marcado la realidad era otra, porque el verdadero era otro mucho más elevado. Se hablaba del precio oficial como “precio de orillo” pero era imposible comprar el producto así.

En Barcelona había

que recorrer toda la zona del comercio, pedir, rogar,

regatear, ya que el precio que se obtenía valía para otros pedidos o para la visita siguiente. El género apenas se veía, sólo enseñaban lo nuevo o lo desconocido; si vendían todo el pedido era por amistad. 54

Los géneros se llevaban al enfardador y éste los enviaba en grandes fardos, por ferrocarril “puerta a puerta”. Al llegar a la casa se tenían que esconder en la cámara o en la trastienda, camuflados. Cuando llegaba el cliente a la tienda, se le preguntaba qué deseaba: “Dos metros y medio de pana de surco gordo para unos pantalones” podía responder; el dependiente lo sacaba ya envuelto, con lo que el cliente casi no veía el género (¡dichoso estraperlo¡).

También había inspecciones de la Fiscalía y de la Guardia Civil, pero desde la estación nos avisaban que llegaban y escondíamos el género que estaba en el mostrador. Si la autoridad descubría algún género, había que venderlo al referido “precio de orillo”, perdiendo claro está, ya que ese género había costado mucho más. Estas visitas originaban levantar acta de lo visto. Dada la importancia del comercio para Huete y su comarca en aquella época, estos hechos afectaban a un gran número de comerciantes.

En esos años había en Huete unos 35 dependientes, además de los titulares de los comercios y sus familiares. Los pueblos más importantes, como Carrascosa, Palomares, Villalba o Garcinarro, tenían sus comercios pero se abastecían en Huete.

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Entre las ventas más importantes de la época estaban las sábanas y los toldos para hacer sombra que usaban los segadores de Quintanar. Al llegar el invierno, se vendían mantas y pellizas en grandes cantidades y también los restos de las piezas de todo el año; para animar la venta se hacían retales de piezas enteras. La picaresca, alimentada por la escasez de medios, hacía que a veces desaparecieran piezas enteras en el cesto de la compra. Las ferias se sucedían en septiembre y en noviembre. ¡Qué gentío!, daba gusto ver tanto personal. En esos días el comercio no cerraba; había que turnarse a la hora de comer. Por las tardes los dependientes no estábamos muy contentos, ya que todo el mundo estaba de fiesta. Lo peor de todo era oír la música del baile, sufriendo porque quizás la chica que te gustaba podía estaba bailando con otro. En el mejor de los casos su pareja de baile podía ser una amiga.

Lo más duro de aquella época, cuando todo estaba intervenido, era el “estraperlo” (1), por la escasez y carestía de los alimentos y demás productos de primera necesidad. Lo practicaban habitualmente las viudas de la guerra, para poder comer; viajaban en el tren de la mañana y regresaban por la noche; llevaban huevos, harina, pan, carnes, etc., y con esto se ganaban algún dinerillo; en Madrid ya tenían clientes fijos (casas de señores, restaurantes como Pedro Chicote).

(1) La palabra "estraperlo" es de introducción bastante reciente, su significado se vincula a cualquier modalidad de comercio ilegal o negocio fraudulento. Es una de las aportaciones lingüísticas al Diccionario que debemos al período de la II República Española (1.931-1.939); más concretamente, su significado se desarrolló entre 1.933 y 1.935. Dos holandeses, Strauss y Perlowitz, con antecedentes muy turbios en el mundo de los juegos de azar, llegaron a España y lograron engatusar a varios miembros del gobierno y políticos del momento. Aunque el juego estaba prohibido en España, plantearon una magnífica ruleta eléctrica que podría ser una maravillosa innovación tecnológica. El "invento", que llevaba el nombre de sus creadores ("stra-perl") resultó un magnífico timo. El uso popular consagró los términos "straperl", "estraperlo" o "estraperlista", para referirse a cualquier forma de "mercado negro" o ilegal,… y a quienes viven de forma poco clara.

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III. 4. 1. Otros productos El negocio de mi empresa, además del comercio textil, abarcaba otros productos que también abastecían a toda la comarca: - Vino traído en barricas desde Santa Cruz de la Zarza o Noblejas y que se vendía de medio litro en adelante. - Licores de elaboración propia como coñac, licor 43, de café, beso de novia, etc.: en un gran caldero de cobre se calentaba el agua, después el azúcar, el alcohol (según los grados) y la esencia del licor elegido, removiéndose hasta su elaboración final. - Licores a granel - Licores embotellados - Hielo - Tabacos - Cerveza, gaseosas, coca cola, naranja y limón - Butano - Abono (vendido donde ahora se sitúa el Museo Etnográfico) - Electrodomésticos de distintas marcas, con frecuencia vendidos a plazos; (a veces los últimos pagos se retrasaban y era imposible cobrarlos porque los aparatos ya estaban viejos). - Servicio de fotocopias. III. 4. 2. El hielo Hacer hielo para vender era bastante complicado en aquella época. La fábrica disponía de una cámara frigorífica y se hacía con 100 “canjilones”. Se sacaba en una gran pila de agua y se trasladaba a la cámara. La maquinaria funcionaba de día y de noche y había que repartir el hielo por las tabernas y bares de la comarca. Durante los fines de semana y las fiestas de los pueblos se vendía más; para el reparto se utilizaba una furgoneta llamada “La quinquillera”. (En la subida a

Caracenilla había que echarle agua porque se calentaba.) III. 4. 3. El estanco En el estanco o expendeduría se vendía toda clase de tabacos; en los años de racionamiento, en la posguerra, los fumadores tenían una cartilla con cupones y

siempre que retiraban un paquete se le quitaba un cupón.

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En la subalterna, almacén de distribución, había inspección (de la compañía nacional de Tabacos) por lo menos una vez al año; venían a ver las cuenta y, sobre todo, las existencias. Cuando subía o bajaba el tabaco, había que hacer una declaración jurada de las existencias (para cobrar o abonar la diferencia de precio). Como anécdota tengo que contar que mi jefe me hizo una cartilla de fumador para poder pasar al baile, ya que no tenía 18 años y además era muy pequeño (entonces no existía ningún documento de identificación personal).

En la subalterna de tabacos los estanqueros tenían que hacer la saca: venían con animales, los más importantes con coche, y el tabaco lo retiraban en pequeñas cantidades (podían hacer 2 ó 3 sacas al mes) y se pagaba cada 10 días. Se llevaban picadura para liar, ideales, caldo, bisonte, etc. III. 4 .4. Anécdotas En el comercio antiguo lo peor era que la puerta se cerraba hacia dentro con un escalón de 30 centímetros. La persona que salía sin mirar daba un traspié saliendo a la calle; el peor caso le sucedió al viajante de La Lechera que, con sus dos metros de altura, rompió la puerta y las cortinas y casi llegó a la mitad de la calle. En la tienda nueva, frente a la entrada, había un espejo muy grande que cubría un muro desde el que se veía toda la plaza de Fray Ambrosio Montesino, el pilón, los bancos y los árboles. Entró una señora y vio a la señora María, dueña del establecimiento, que estaba sentada detrás haciendo punto y le dijo: “Qué bien está usted ahí en el jardín” y la otra le contestó: “Sí, estoy aquí contigo”. Dejaré de contaros más cosas porque estaría otros 52 años, sólo que el día de mi jubilación fue muy triste, aunque me dieron una placa y un reloj de oro.

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III. ANEXO Comercios, comerciantes y otros negocios a través del tiempo

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Bares. La Mina, C/. La Carrera Bar Chibuso I, Plz. Fr.Ambrosio Montesino Bar Chibuso II, C/. Carretera Carrascosa Bar Raúl. C/. Carretera Carrascosa El Duque, C/.Carretera Carrascosa Antonio Cezar , C/. Nueva Bar Nacho, C/. Nueva El Francés, C/. San Francisco El Francés, C/. Nueva Bar Leis, C/. Mayor Bar Espejo, Plaza Fr. Ambrosio Montesino Agustín Palomar, Plz. Fr. Ambrosio Alberto Collados, C/. Mayor La Civera, C/, Mayor M. Covisa “El Sol”, C/. Anselmo Cuenca El Mesón, C/. Anselmo Cuenca Bar Serrano, C/. Santo Domingo El Arco Iris, C/. Juan Carlos I La Cueva, C/, Mamerto Alique Felipe “Las telarañas” C/. M. Alique Tabernas Mónica, C/. Olmillo Cipriano “Conejito” C/. El Chorro Muñoz Molinero (Pataescombro) C/ El Chorro Ricardo Corpa, C/. La Carrera El Zurcillo, C/.La Carrera Mariano Concha, C/. La Carrera Quintero, C/. Las Monjas El Viche, C/. Las Monjas La Cantina, Estación F.C. Parrilla, C/. Nueva El Metro, C/, Nueva Muñoz Molinero, C/. Nueva El Abarquero, Carretera Estación F.C. Julián López, C/. Nueva Eulogio Chele, C/. San Benito Anibal, C/. San Benito Valenciano, C/. Mayor Pedro Martínez, C/. Mayor El Farolillo, C/. Guadalupe Julián García, C/. Las Escuelas Félix Bermejo, C/, Santo Domingo Luis Marre, C/, Caballeros Amalio Sanz, C/. Mariano Pozo Petra, C/. Ranero Bravo, C/. Mayor

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Comercios de ultramarinos o comestibles Emiliano Solera, C/. Nueva Segundo Sanz, C/. Nueva Manuel Fraile, C/. La Plaza Carmelo Collado, C/. Mayor Alejandro Cruz, C/. Mayor Federico Crespo, C/. La Plaza José Martínez “Chibuso”, C/. La Plaza José Salmerón, C/. La Plaza Agustín Salmerón, C/ Mayor Petra “La Nico”, C/. Ranero Félix Grande, San Gil Julia Navarro, C/. La Plaza José Fraile, C/. Ranero Súper Hnos. Elvira, C/. Mayor Súper Iglesias, C/. La Carrera Comercios de tejidos y confecciones Zoilo Mondéjar, C/. La Civera Matías Escobar, C/. Mayor Eulogio Collado, C/. Mayor Miguel Collado, C/. Mayor Antonio Cuevas, C/. Mayor Ambrosio Rubio, C/. Mayor Dionisio Rubio, C/. Mayor Carmen Minguito, C/. Mayor Ismael Uribes, C/. Mayor Justo M. “La Catalana” C/. Mayor Viuda de Pérez, C/ Calvo Sotelo Félix Montoya, C/. Calvo Sotelo Droguerías Dionisio Collada, C/. Mayor Sierra, C/. Juan Carlos I Pili, C/. Mayor Mari, C/. Mayor Sebastián López, C/, Juan Carlos I Peluquerías Juanita y Petra Calle, C/. Mayor Eugenio Calle, C/, Mayor Miguel Calle, C/. Mayor Petri Serrano, C/. Mamerto Alique Rosario Ruiz, C/. La Plaza Nieves, C/. Mayor Lucy, C/. Anselmo Cuenca Anita Calle, C/. Juan Carlos I

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Ferreterías Segundo Quintero, C/. Mayor Ignacio Serrano, C/. Mayor Antonio García, C/. Mayor Casinos Adolfo Millán, Plaza Toros Vieja Germán Leis, C/. Mayor Carnicerías Nicolás Medina, C/. Juan Carlos I Jesús Elvira, C/. La Plaza Bautista Sansigre, C/. La Plaza Demetrio Grande, C/. La Plaza Eusebio Elvira, C/. Calvo Sotelo Carmelo Elvira, C/. Mayor Juan Elvira, C/. Mayor Gregorio Elvira, C/. Mayor Fruterías Aurelio Bellot, C/. Mayor Los Murcianos, C/. La Plaza Amparo, C/. La Plaza Pescadería Carmen Frutería Expósito Fruterías-pescaderías Isidoro, C/. Mayor Consuelo e Hijos, C/. Juan Carlos I Panaderías y Hornos Rafael Álvaro, -Panadería- C/. Mayor Valbuena, -Panadería- C/. Mayor Modesto Grande, -Panadería y Horno- C/. Mayor y Callejón del Horno Manuel Martínez, -Panadería y Horno- C/. Mayor y La Muralla Regina Grande, -Panadería y Horno- C/. Mayor y Callejón del Horno Cándido Serrano, -Horno- San Gil Dionisio Almonacid, -Horno- C/. Guadalupe Domingo Cruces, -Horno- C/ Callejón del Horno Librerías Román Martínez, C/. La Plaza Pablo Pasto Panadero, C/ Mayor Sagrario Serrano Corpa, C/. Mayor Pastelerías Gumersindo Rodríguez, C/. Mamerto Alique Gregorio Ramos, C/. Mayor Fariñas, C/. Mayor Bermejo C/ Mayor

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Farmacias Luis Madero, C/. Calvo Sotelo Gabino Ramírez, C/. M. Alique Javier Ramírez, C/. M. Alique Juan Aº Carrasco, C/. Mamerto Alique Sastrerias Mariano García (Modas), C/. Calvo Sotelo Santiago Pérez, C/. Mayor Julian Díaz Muñoz, C/. Mayor Gregorio Corpa Barrios, C/. Las Monjas Relojerias José Arroyo, C/. Mayor Fernando, C/. Calvo Sotelo Molinos El Borbotón Juanillo Calzadilla Retuerta Lárez Espantaperros Bancos y cajas de ahorro Banco Zaragozano, C/. La Plaza Banesto, C/. Mayor Popular, C/. Mayor Caja Rural, C/. Mayor Caja Castilla la Mancha, C/.Calvo Sotelo Corresponsalías bancarias B. Hispanoamericano. Ambrosio Rubio Banesto. Miguel Collado Varios Salón de Baile, C/. Bautista Navarro Estanco, Mª Jesús López C/ Mayor Churreria, Andrés Ruiz, C/. La Plaza Casa Tacolo, C/. La Plaza Zapatería Juan, C/. Juan Carlos I Zapatería Benito, C/, Juan Carlos I Televisiones Sierra, C/. Juan Carlos I

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Capítulo IV

TRANSPORTES Y COMUNICACIONES

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EQUIPO DE TRABAJO

PABLO PASTOR PANADERO Mª ISABEL TORRIJOS PASTOR JULIO SÁIZ MARTÍNEZ PASCUAL MARTÍNEZ MARTÍNEZ

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INTRODUCCIÓN

Huete estaba comunicado con Cuenca por ferrocarril a 56 Km y con Tarancón 42 Km.; por carretera Cuenca a 68 Km y Tarancón a 42 Km Con Priego, por carretera, a 60 km., haciendo el recorrido con coche de

caballos; posteriormente se hacía con un autobús de línea que además de viajeros también traía la correspondencia de Correos; el concesionario de la línea era Agustín Bachiller y salía de Priego a las cuatro de la mañana para llegar a Huete a las siete y enlazar en la estación de fc. con el tren, donde entregaba el correo y recogía a los viajeros. A las doce partía de nuevo para Priego, llegando a su destino a las cuatro de la tarde; era un viaje bastante rápido para aquellos tiempos teniendo en cuenta que efectuaba paradas en todos los pueblos del recorrido.

Otro coche también hacía el servicio SacedónHuete recorriendo 40 km., y efectuando parada en los siguientes pueblos:

Santa Mª de Poyos, La Isabela, Buendía, Jabalera, Garcinarro y finalmente Huete; el concesionario de esta línea era el Sr. Manolo y normalmente llegaba a Huete a las diez de la mañana retornando a las cinco de la tarde; éste no hacía el servicio a la estación .

El ferrocarril en Huete se inauguró en 1886; hasta entonces el correo se traía en otos medios como diligencias, en caballo o mulas. El transporte del correo desde la estación a la oficina de Correos estaba subcontratado y se hacía en función de los medios que tenía esta persona. Uno de los pioneros para realizar este servicio, a partir de los años 30 del siglo XX, fue Agustín López y posteriormente su hijo Sebastián.

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Para los pueblos eran otras personas las encargadas de este servicio y una de las más antiguas fue el tío Adrián Delgado que empezó con su padre Adón, desde muy joven, para llevarlo a Gascueña y los pueblos por donde pasaba, Saceda del Río y La Peraleja. El tío Adrián, que murió con casi 100 años, me contaba muchas anécdotas; una de ellas, que cuando salían de Huete con la diligencia, él se subía al pescante y su padre dentro y cuando iban caminando el padre le voceaba desde dentro del carruaje para decirle “Adrián, al llegar a la cuesta de la Varga si tienes frió te lo aguantas”. Además existían otros servicios desde la oficina de Huete, a diferentes pueblos como a Verdelpino de Huete que lo llevaba Primo Palomares en una caballería; a Carrascosa del Campo, Sixto en bicicleta y después en una furgoneta; a Valparaíso de Arriba y Abajo, Loranca del Campo y Olmedilla del Campo, Aurelio; a Vellisca el Sr. Vivas; a Jabalera y Buendía el Sr. Félix; a Garcinarro y Mazarulleque, Honorio Pérez; y a Moncalvillo de Huete, Valdemoro del Rey y Portalrubio de Guadamejud, Cándido. Todas esta personas traían y llevaban el correo, desde estos pueblos a Huete, en los medios de que disponían (carros, mulas, bicicletas o coche) y además repartían la correspondencia en los respectivos pueblos por los que pasaban.

IV. 1. HISTORIA DEL CORREO EN HUETE DURANTE LOS SIGLOS XIX Y XX.

El correo se estableció en Huete hacia el año 1.850 con la apertura de la Estafeta número 1803, recibiéndose la correspondencia de la siguiente forma: Por el Sur en carruaje, que partiendo de Tarancón recorría las localidades de

Huelves, Paredes y Alcázar del Rey, donde recogía la procedente de Cuenca y partiendo de Huete hasta Priego y Sacedón donde se

distribuía la relativa a esta zona. En Huete se recibía la correspondencia que entregaban a pie, por el Norte la Cartería de Garcinarro en la que rendían Buendía, Jabalera, Villalba del Rey, Moncalvillo de Huete y Bonilla; por el Este entregaba Carrascosilla, Castillejo del Romeral, Caracena, Caracenilla y Verdelpino de Huete y por el Oeste Saceda Trasierra y Vellisca.

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Durante los meses de marzo, junio y agosto del año 1.873 se anuncian en el Boletín Oficial de la Provincia tres convocatorias de plazas de Peatón-conductor a Caracenilla y Bonilla, por un sueldo anual de 378,00 pesetas. Otra plaza de Peatón-conductor de Huete a Vellisca y Saceda Trasierra por un sueldo anual de 500,50 pesetas. Y finalmente otra plaza de Peatón-conductor de Huete a Caracenilla por un sueldo anual de 378,00 pesetas.

El Boletín Oficial de la Provincia del día 6 de octubre de 1.880 da a conocer las condiciones por las que se saca por primera vez en pública subasta la conducción diaria del correo de ida y vuelta entre Priego y Huete; las condiciones eran las siguientes: 1º. Conducir diariamente a caballo o en carruaje de ida y vuelta, desde Priego a Huete, toda la correspondencia y periódicos que le fueran entregados. 2º. La distancia de 44 Km. debe ser recorrida en 8 horas y 30 minutos, sin contar el tiempo que se invierta en las detenciones. 3º. Por los retrasos injustificados se exigirá al Contratista una multa de cinco pesetas por cada cuarto de hora, a la tercera se podrá rescindir el contrato. 4º. Los conductores deberán saber leer y escribir. 5º. El contrato tendrá una duración de cuatro años. 6º. Si fuese necesario variar en parte la ruta de la línea designada, serán de cuenta del contratista los gastos que esta alteración ocasione. 7º. El tipo máximo de licitación será de 4.000,00 pesetas anuales. 8º. Se constituirá una fianza de 400,00 pesetas en metálico o bien en efectos de la Deuda Pública. La última licitación convocada fue el 18 de enero de 1.897 entre Cuenca y la estación férrea de Huete por un tipo máximo de 4.000,00 pesetas anuales. Esta convocatoria la firma el día 5 de enero de 1.897 el Director General Marqués de Lerma.

Cuando todavía no se habían inventado los sellos postales, existían las marcas postales, que hacia 1.840 tenía la siguiente configuración: en dos líneas aparece en primer lugar el nombre de la estafeta “HUETE” en letra mayúscula, románica de 27 milímetros de largo por 5 de ancho.

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También se conoce la existencia de dos marcas de abono; la primera se usa durante 1.865 y la forma una “A” mayúscula, recta, de palo de 17 mm. de alto y la segunda formada por una “A” mayúscula cursiva de una altura de 25 mm. que fue usada durante 1870. Con la llegada del ferrocarril en 1.886 la correspondencia se empezó a recibir por este medio. En la actualidad se recibe por carretera en furgonetas.

Ya en el siglo XX y como el correo se recibía desde Cuenca y Madrid por ferrocarril, existía una contrata para hacer el servicio desde la Oficina de Correos a la Estación y por los años 1.940 y varios después, este cometido era efectuado por Agustín López, conocido por Agustín el Correo; cuando éste se jubiló le sustituyó su hijo Sebastián hasta que ingresó en Correos como Cartero; finalmente lo desempeñó Juan José Fernández, conocido como Juan José el Fotógrafo, por dedicarse también a la fotografía. Los tres, además de traer y llevar la correspondencia, también transportaban la prensa que llegaba en sacas especiales para distinguirla de la correspondencia normal; al mismo tiempo también mercancías para el comercio. El correo de los pueblos de la comarca lo traían los Carteros Rurales, siendo el más antiguo el tío Adrián Delgado que empezó con su padre Adón a principios del s. XX, siendo muy joven, para llevarlo a Gascueña. Este hombre hacia el servicio en diligencia y contaba que él iba en el pescante y su padre en el interior, y que desde dentro le voceaba para decirle “Adrián al llegar a la cuesta de la Varga si tienes frío te lo aguantas”, y esta frase quedó como “muletilla” que todavía se utiliza. A partir de los años 40 éstos eran los Carteros que se encargaban de llevar y traer la correspondencia a los distintos pueblos de la comarca: Sixto Rozalén que traía el de Carrascosa del Campo; Aurelio González traía el de Valparaíso de Arriba, Valparaíso de Abajo, Olmedilla del Campo y Loranca del Campo; Cándido Rodríguez traía el de Valdemoro del Rey, Portalrubio de Guadamejud y Moncalvillo de Huete; Primo Palomares el de Verdelpino de Huete; Vivas Cervigón el de Vellisca; Bautista Iñiguez el de Alcohujate, Cañaveruelas y Villalba del Rey; Saturnino Cañada el de Buendía y Jabalera; Honorio el de Villanueva de Guadamejud y La Peraleja; Leandro el 69 se encargaban de traer y llevar pequeños paquetes de

de Bonilla y Caracenilla y al jubilarse éste y Primo, se hizo cargo de Verdelpino de Huete, Caracenilla y Bonilla; Santiago López y Honorio Pérez el de Mazarulleque y Garcinarro.

De esa época recuerdo como Administrador de la Oficina (ya no era Estafeta, sino Administración) ubicada en la calle de Calvo Sotelo, nº 11 (hoy Juan Carlos I) a D. Juan José Reneses que la desempeñó durante muchos años hasta que fue destinado a Madrid. Esta Oficina fue trasladada después a la calle Mariano Pozo, más tarde al edificio del Monasterio de la Merced y finalmente a la calle Caballeros, donde se encuentra hoy,

Posteriormente hubo varios Administradores que desempeñaron el cargo interinamente, hasta que se hizo cargo D. Emiliano Toledano que estuvo varios años, siendo sustituido por D. Antonio González Arjona; estando también como Auxiliar D. Jesús Calle Cañas, que sustituyó a D. Antonio y que sigue en ese cargo en la actualidad.

Como carteros de reparto el primero que recuerdo de los años 40 es Enrique Valladolid, un tipo muy peculiar y con algunas excentricidades, aunque una excelente persona. Por ejemplo, el reparto en verano lo hacía de una forma normal y regular pero en cuanto llegaba el invierno y empezaba el frío el reparto era de lo más curioso: se ponía detrás de la puerta de la Librería (me lo contaba su propietaria) y a través de los cristales cuando veía pasar una señora o caballero salía y los llamaba diciéndoles que tenían carta y se la entregaba; a los que no pasaban por la puerta de la Librería se las llevaba a su casa.

Posteriormente al primero que recuerdo es a Alejandro de la Fuente que estuvo varios años hasta que marchó a Cuenca; al Sr. Luján, a Juan, a Sebastián López, Antonio de la Torre de Jaén y a Ángel Cañas recientemente jubilado.

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IV. 2. TELÉGRAFOS

De los años 40 recuerdo como Jefe de la Oficina de Telégrafos, ubicada en la calle de Serrano Súñer (hoy La Civera) a D. Esteban Limas y como repartidor a Alejandro de la Fuente. Anteriormente desempeñó el cargo de Jefe Doña Natividad Contreras, hasta que fue trasladada a Cuenca.

Hacia los años 50 la Oficina fue trasladada a la calle de Mariano Pozo, en el mismo edificio en el que estaba Correos; posteriormente se traslada, junto con Correos, al edificio del Monasterio de la Merced y finalmente a la calle Caballeros donde sigue al día de hoy.

Al jubilarse el Sr. Limas fue sustituido por varias personas que desempeñaron el cargo interinamente hasta que se hizo cargo D. Francisco Caballero, natural de Tarancón, y como repartidor Jesús Jiménez.

Al Jubilarse el Sr. Caballero el servicio de Telégrafos pasó a la Oficina de Correos con idéntico funcionamiento. Sí cambió el sistema de transmisión: hasta entonces el telégrafo se hacía por el alfabeto

Morse y al pasar a Correos se cambió por el teletipo. IV. 3. TELEFONOS La Compañía Telefónica Nacional de España tenía instalada una centralita manual para el servicio telefónico de Huete, ubicada en la calle Mamerto Alique; los teléfonos de la época eran de pared y con una manivela para hacer las llamadas; esta llamada inicial iba a la centralita manual que tenía un cuadro con registro y clavijas donde, generalmente, la atendía una señora o señorita: para establecer la comunicación local se introducía la clavija del abonado que llamaba en el cuadro y otra clavija para el teléfono con el que se quería comunicar.

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Para las llamadas provinciales o nacionales, si eras abonado, llamabas a la centralita y pedías una conferencia con el abonado con el que querías hablar y cuando se establecía la comunicación, después de varios minutos (a veces, incluso, más de una hora) la telefonista pasaba la comunicación al que había pedido la conferencia.

Si no se era abonado el sistema era el mismo que con los abonados, con la diferencia de que había que personarse en la central para solicitar el servicio; en este caso se daba una hora aproximada de cuándo se podría hablar, pues dependía de la congestión que hubiera en el servicio; una vez personado de nuevo en la central se esperaba la llamada y cuando se recibía la pasaban a una de las dos cabinas que había en la sala y desde allí se realizaba la conferencia.

Si no se era abonado y alguien llamaba, desde la central llevaban al domicilio un “aviso de conferencia” en el que decían quién llamaba y la hora, siempre

aproximada, a la que había que

acudir a la central para la conferencia; una vez

personado en la central los pasos son los mismos que en el apartado anterior.

Las encargadas de la central desde los años cuarenta del siglo XX fueron Esperanza Castro, las hermanas Pili y Fita Garcia de la Fuente y posteriormente y hasta que Telefónica instaló la nueva central automática, las hermanas Juliana, Adelina, Mª Paz y Mª Jesús Serrano Huerta, sucesivamente hasta el cierre de la central manual, por establecerse el servicio con la nueva central automática.

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IV. 4. TRANSPORTES DE VIAJEROS Y MERCANCIAS.

Desde Huete, como centro radial de comunicaciones, partían en la Edad Media tres caminos muy importantes que hacían: por la ruta de Uclés, hacia tierras de la Mancha; por el camino de Cuenca hacia Valencia y hacia el Norte por el camino de Alcocer.

Estas

rutas

resultaban

lentas

y

pesadas, ya que los firmes de sus caminos eran de tierra y piedras; se hacían a pie, en caballerías y carros y los más alejados en diligencias. En la mitad del siglo XX hubo en Huete cuatro líneas de autobuses para viajeros que realizaban regularmente los

siguientes recorridos.

HUETE- CUENCA.- Hermanos Sanz Millán (Chicharra). Loranca del Campo, Carrascosa del Campo, Horcajada de la Torre, Naharros, Villar del Horno y Cuenca.

HUETE- ALCOCER.- Hermanos Sanz Millán (Chicharra). Huete, Villalba del Rey, Cañaveruelas, Alcohujate y Alcocer.

Moncalvillo de

HUETE- PRIEGO.- Antonio Cruces. Moncalvillo de Huete, Saceda del Río, La Peraleja, Gascueña, Tinajas y Priego.

HUETE- SACEDÓN.- Antonio Cruces. Garcinarro, Jabalera, Buendía y Sacedón. Durante las dos décadas de los años 40 al 60 continuaron prestando servicio las líneas de Huete a Priego con Agustín Bachiller; éste salía de Priego a las cuatro de la mañana para llegar a Huete a las siete y enlazar con el tren donde entregaba y recogía la correspondencia regresando a las doce para llegar a Priego a las cuatro de la tarde.

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Así mismo la línea de Huete a Sacedón, con el Sr. Manolo, que hacía el siguiente recorrido: Santa Mª de Poyos, La Isabela, Buendía, Jabalera, Garcinarro y Huete; solía llegar a Huete a las diez de la mañana para regresar a las cinco de la tarde. Al jubilarse el Sr. Manolo esta línea la tuvo unos pocos años Balbino Gómez Palomares con el mismo recorrido y horarios.

Además de transportar viajeros, también recogían y transportaban pequeños paquetes de mercancías que les encargaban los comerciantes y personas particulares.

En la década de 1930 existía también un servicio de auto-taxi que atendían los hermanos Juan José y Enrique Reneses Millán y Manuel Leis Poveda y a partir de los años 40 los hermanos Antonio y José Sanz Millán, (los Chicharra), Jesús Quintero Plaza, José Izquierdo Gómez, Dionisio García Palomares, José Salmerón Justo, Jesús Corpa Barrios, Julián Jarabo Montoya y Rafael Fraile García; en algunas épocas

llegaron a coexistir cinco taxistas, después empezó a descender el número de licencias hasta hoy en que solamente hay una licencia que la tiene Ana Belén Delgado Muñoz.

El transporte de mercancías se hacía regularmente a través del ferrocarril, aunque hasta los años 50 se empleaban todavía los carros y las galeras; las mercancías llegaban a la estación del Fc. y desde allí las repartía con un carro Agustín López, ayudado por su hijo Sebastián, especialmente las destinadas al comercio que eran las más frecuentes y abundantes; el mismo Agustín se encargaba de recoger en el comercio la paquetería para llevarla a la estación y facturarla a los distintos destinos.

Por los años 60 RENFE cerró el servicio de mercancías y abrió un llamado Despacho Central de Puerta a puerta y que consistía en recoger y entregar estas mercancías en el domicilio de los remitentes y destinatarios; este Despacho fue gestionado por María Infante y Pablo Pastor como titulares, encargándose este último de la gestión administrativa y de facturación y el marido de María, Sebastián López, de la recogida y entrega de las mercancías, primeramente con un carro y al final con una moto-carro.

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También en la década de los 40 hubo un servicio llamado de Recadero entre Huete y Madrid y que consistía en transportar pequeños paquetes previo encargo de los mismos; este cometido lo realizaba un señor llamado Valero, que al mismo tiempo también regentaba una pequeña pescadería.

Otro medio que también se usó en los años 40 fue el de “Manchanga” y su mujer que con una carretilla salían a los trenes para recoger y traer las maletas de muestras de los “viajantes” (de comercio), ya que en aquella época los viajantes venían en tren (no había llegado todavía la era del automóvil) y como eran maletas pequeñas y de poco peso las traían esta pareja; cuando eran más voluminosas (los jugueteros, por ejemplo) las transportaba Agustín con el carro.

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IV. 5. EL VIAJE DE LOS ILLANEROS

Los “illaneros” eran hombres, nunca mujeres, que venían a Huete para vender lo que cultivaban en sus huertos. Illana es un pueblo de la provincia de Guadalajara a unos 50 Km de Huete. Sucedía por los años cincuenta; en aquella época los medios de transporte eran caballerías, carros o galeras, pero estos hombres traían su mercancía en burros; solían venir dos o tres por familia, cada uno independiente del otro para vender, pero el viaje lo hacían juntos.

El puesto de venta lo ponían en la confluencia de la calle de San Benito con la de La Plaza, hoy calle Mayor, y el mostrador era el mismo serón o aguaderas en los que transportaban la mercancía, que siempre era lo que producía el huerto en cada época del año.

El día de venta no lo tenían fijado de antemano y con lo que les sobraba en el puesto, al finalizar la mañana, hacían lotes que vendían más baratos recorriendo el pueblo; eran las ofertas o el saldo de entonces.

Salían de su pueblo a las cuatro de la mañana para llegar aquí sobre las nueve; lo primero que hacían era almorzar en la taberna más cercana (en Casa Pedro), al tiempo que se calentaban. En la taberna lo que consumían era la bebida ya que la comida, la “merienda”, la traían ellos.

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IV. 6. El FERROCARRIL Una experiencia Recuerdo cuando los trenes eran remolcados por unas máquinas de vapor muy pequeñas y de muy poca potencia y velocidad, por el poco diámetro de las ruedas; a estas máquinas las llamaban “las 300” .y “las catalanas” que pertenecían a la

Compañía de los ferrocarriles de M.Z.A., Madrid, Zaragoza y Alicante. Pasado un tiempo estas máquinas solo remolcaban trenes de mercancías, las de viajeros las remolcaban otras un poco mayores llamadas las “compus” que eran un poco más rápidas por tener las ruedas más diámetro y disponían de freno automático, lo que no tenían las otras.

Más tarde las 300 y las catalanas seguían remolcando a los mercancías y a los de viajeros las 1700; estas máquinas eran muy rápidas y potentes y podían remolcar muchas más toneladas. Todas las máquinas pequeñas pasaron a las Estaciones de gran movimiento, para las maniobras, como Aranjuez, Alcázar de San Juan, Cuenca y muchas más.

Máquina de la Serie 300 de vielas y pistones y tres ruedas motoras

Cuando se unificaron M.Z.A., Caminos de Hierro del Norte y Andaluces se creó la RENFE; incorporaron otras máquinas nuevas llamadas Micado, Pasamontañas y Santa Fe, muy potentes y rápidas, que llevaban sólo trenes rápidos y expresos.

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En 1936 la RENFE compró

diez máquinas, las 1800, que dieron un mal

resultado y tuvieron que ser retiradas del servicio porque siempre estaban averiadas; todas estas máquinas de vapor han sido desguazadas, sólo han quedado las de los museos y la que hace el tren de la fresa de Madrid a Aranjuez. Hoy los trenes son remolcados por máquinas eléctricas en las líneas electrificadas y en las que no están electrificadas las remolcan las máquinas Diesel Eléctricas. Antiguamente los coches de viajeros eran de dos ejes muy cortos, los asientos de madera para los de 3ª clase y de paño azul para los de 2ª; el alumbrado de candilejas de aceite; luego llegaron los coches de cuatro ejes con 82 plazas, éstos ya tenían el alumbrado eléctrico, con lavabo en un extremo pero la 3ª clase seguía con asientos de madera y la 2ª de paño. Los coches de 1ª clase eran de pasillo, con departamentos de seis plazas, asientos muy cómodos y con dos lavabos, uno en cada extremo. También había coches de correo, para los ambulantes, furgones para los equipajes y personal del tren, coches restaurante y coches cama de la Compañía Internacional. El servicio se atendía por el Jefe de tren, el Mozo de tren y un guarda frenos. En el año 1933 la Compañía MZA puso en servicio unos automotores Fiat entre Madrid y Cuenca, en principio, sólo los domingos, sin parada en estaciones Intermedias; más tarde

circulaban todos los días y parando en todas.

Por el año 1940 fueron sustituidos por otros de la marca MAN con el mismo servicio.
Tren a su paso por Huete en 1960

Cuando se inauguró el tramo de vía Cuenca – Utiel, en el año 1947, estos automotores hacían el servicio entre Madrid y Valencia hasta que fueron sustituidos por el tren TALGO I; el automotor continuaba entre Cuenca y Utiel, saliendo por las mañanas de Cuenca.

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