Encuentro con las religiones y la cultura 385

que pudieran quedar dispersas en el largo tratamiento, y preci­
sar cuestiones no abordadas de modo expreso 197.

1. Cristianismo y religiones
a) El tema cristianismo y religiones — ya queda dicho al prin­
cipio— constituye hoy un tema mayor de toda reflexión teoló­
gica responsable. Dejó de ser definitivamente un tema teórico y
casi abstracto de relación con entelequias lejanas, para hacerse
contacto vivo, conocimiento inmediato y diálogo inaplazable. Por
eso acaso lo primero que se pida en la cuestión sea un decidido
realismo que no tenga delante ideas o esquemas, sino hombres
concretos con su vida religiosa y con su relación activa con Dios.
En este sentido, dos ideas deben estar en la base de toda la
reflexión. La primera es la presencia real de Dios en el centro
de toda la realidad y en el corazón mismo de toda la historia de
los hombres (cf. cap. V): conviene eliminar de raíz todo esque­
ma subconsciente que funcionase como relación cristianismo / re­
ligiones = relación religión / no-religión, o como presencia de
Dios / ausencia de Dios. La segunda es que la « elección» no
consiste en privilegiar para apartar, sino en llamar a unos para
llegar mejor a todos (cf. pp, 314-333): también aquí conviene eli­
minar todo esquema de «nosotros sí» y «los otros no», normal­
mente traducido «nosotros verdaderos» y «los otros falsos».
Personalmente, cuanto más reflexiono sobre el tema, más me
convenzo de la importancia de esta última advertencia, que vale
ya respecto del mismo comportamiento lingüístico. Si partimos
de la contraposición religión verdadera / religiones falsas, aparte
de adoptar una postura pretenciosa e injusta, difícilmente podre­
mos ya entablar un diálogo auténtico.
Dado que todo hombre está en co n stitu tiv a relación sobrena­
tural con Dios y, por tanto, en contacto vivo con él, y que las
religiones son justamente la tematización de esa relación y de
ese contacto, todas las religiones son « verdaderas». De lo que se

197 No haremos, como es natural, comparaciones de detalle. Un breve
tratamiento más concreto, con sensibilidad para lo africano y oriental, pue­
de verse en A. Shorter, La revelación y su interpretación (Madrid 1986}
221-263. 306-313; también el n.” monográfico de «Concilium» 203 (1986):
«E l Cristianismo y las grandes religiones»; y la obra en colaboración cita­
da en nota 46 y, en general, las monografías comparativas (hoy, afortu­
nadamente, casi nunca ya «comparatistas»).

.e l atributo específico de la luz reside en que. 191­ 210.. 462-505. I Schau der Gestalt (Einsiedeln 1961) espec. necesariamente.. La segunda intuición consiste en interpretar la palabra bíbli­ ca como «mayéutica histórica». central en el evangelio de Juan. mientras todas las demás cosas se ven y se conocen por medio de la luz. por lo demás. Material protegido por derechos de autor . A lo que se añade una firme con­ vicción: la mejor «. muy condicionado por todo esto. Idea. op. Es el hombre quien hace tan oscura y dramática la historia de la re­ velación. H. que se quiere dar plenamente. excepto por el resplandor de la luz. en su «gloria».demostración » de la revelación es ella misma. el despliegue mismo de la «figura de la revelación». En efecto. 329. la revelación es «autoevidente» 8. cit. Dodd lo explica con brillantez en su ya clásico comentario: « . De modo que los límites en la revelación efec­ tiva nacen tan sólo de la incapacidad y del pecado del hombre. que frena. E s decir — conforme a una idea muy querida y muy bien des­ arrollada por H . tanto en las religiones de la humanidad como en el peculiar camino de la Biblia. La revelación como problema 23 nerosidad ir restrid a de un amor siempre en acto. que informase sobre misterios en de­ finitiva externos y lejanos. Eicher lo expresa muy bien: «el proceso de verificación es idéntico con el mismo proceso de captación». La idea principal de todo el evangelio es mostrar 8 Herrlichkeit. Así el sentido real de la respuesta de Jesús (cuando se proclama ‘luz verdadera’) es que su pretensión es evidente por sí misma. Urs von Balthasar— . sino como palabra que ayuda a « dar a luz» la realidad más íntima y profunda que somos ya por la libre iniciativa del amor que nos crea y nos salva. C. ella es conocida por sí misma: <pcox[ pXi-nexai (la luz se ve por medio de la luz). El proceso expositivo va a estar. precisamente el autor bíblico que reflexionó tal vez de modo más profundo y explícito sobre el misterio de la revelación. lleva en sí la propia fuerza de per­ suasión. en su íntima coheren­ cia y en su correspondencia con lo más profundo de nuestro ser y de nuestras aspiraciones. deforma o no reconoce la manifestación divina. la pretensión de ‘ser la luz’ no podría ser justificada por nada. no como palabra que aporta un sentido añadido. P. Como la luz. es decir. 3. pp.

L A R EV ELA C IO N D E DIOS E N L A R ELA IZC IO N D E L H O M BRE A N D R ES TO RRE Q UEIRU G A E D ICIO N ES CRISTIAN D AD M ADRID 1987 .

por su misma estructura. al apoyarse necesariamente en una palabra «inspirada». de su autonomía. pero que lo que pretende es justamente «traer a la luz» la realidad más profunda del sujeto: su propio ser. ajena a la radical intimidad del hombre. Pues bien. esa pregunta se desdobla en dos cuestiones que llevan largo tiem­ p o preocupando al pensamiento actual. tan querido y sensible. pa­ rece recubrir los hechos históricos con un sentido añadido. La categoría de mayéutica histórica A l lado de esta intuición fundamental aparece.464 Intuiciones de base e ideas fundamentales te otro tipo de amor auténtico?— que vertebra toda la historia bíblica.4). La revelación pare­ ce caer de lo alto — «com o un aerolito»— . revelación para nosotros. ahora sí. L a revela­ ción. E l problema de la historia y de su sentido. en definitiva. de verdad. Indica que la palabra revela­ dora llega ciertamente de «fu era» — fides ex auditu— . se romperían así los postulados más pro­ fundos y legítimos de la Ilustración. la otra categoría clave: la de mayéutica histórica. Desde ella resulta po­ sible lograr una claridad notable sobre aspectos de la revelación bíblica que son fundamentales en sí mismos y que tienen una especial incidencia en las preocupaciones del hombre moderno. tanto filosófico como teo­ lógico: 1. cabría unificarlas en torno a la pregunta de cómo una revelación que aparece en la palabra externa de la Biblia puede ser. estaba llegando al mundo» (Jn 1. En esta perspectiva. la frase medio oculta en un escrito más bien secundario pasa a primer plano del realismo: «D ios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2.9). en cuanto radical y última- Copyrighted material . rompiendo su inmanencia y amenazando así el principio. arbitrario. no controlable por el hombre. L a mayéutica — de claro abo­ lengo socrático y que en diversas ocasiones había tratado ya de entrar en la teología— se presta bien a recoger la tensión dual que aparece en ambas cuestiones. sólo admisible por autoridad y. 2. Y desde ella se enciende con más brillo la evidencia de la revelación enunciada en un prólogo fun­ damental: «la luz que ilumina a todo hombre. En conjunto. L a relación inmanencia-trascendencia. Desglosada. 2. esta categoría permite interpretar la palabra reveladora haciendo justicia a lo m ás legí­ timo y auténtico de esas exigencias.