TRIUNFADORES EN CRISTO

Triunfador: Vencedor, Ganador, exitoso
Cada vez que escuchamos este tipo de palabras, nos preguntamos si ese término
esta destinado solamente para un grupo selecto de personas, increíblemente
inteligentes, dotadas con muchísimas virtudes y llenas de condiciones físicas y
emocionales para cumplir con sus metas trazadas.

La verdad, pareciera que es así siempre. Pero, en realidad, no es así.
La verdadera realidad es que cada uno de nosotros, dotados o no de muchas
virtudes, conocimientos, ideas y condiciones, podemos llegar a ser hombres y
mujeres exitosas, capaces de realizar cada uno de nuestros sueños y
anhelos. (Salmo 37:4-5) (Mateo 25:26)
Como vemos en la parábola de los talentos, a cada uno de nosotros se nos da una
serie de dones o talentos, según nuestra capacidad; en la medida que nosotros
sabemos aprovechar y multiplicar estos talentos y dones, el Señor nos va
premiando, multiplicando nuestros talentos. ¿Pero cómo empieza a multiplicar
nuestros talentos?
Antes que nada debemos empezar a pensar en 4 puntos importantes para que el
Señor empiece a trabajar en nuestras vidas y empecemos a ser los triunfadores
que debemos ser.

1) Corazón puro (Proverbios 4:23) (Romanos 7:20)
Uno de los puntos clave para que seamos triunfadores es tener un corazón limpio.
A lo largo de nuestra vida, vamos acumulando muchos sentimientos en nuestro
corazón; muchas veces, los sentimientos que más arraigados están dentro de
nosotros, son los malos; celos, envidia, odio, rencor, incredulidad, son algunos de
los sentimientos que impiden que tengamos un corazón limpio. Esto nos impide
que tengamos un crecimiento espiritual y, por consiguiente, recibamos todas las
bendiciones que Dios tiene para nuestra vida (Mateo 6:33). Por otro lado, si
nuestro corazón está sucio, El Espíritu Santo no puede obrar en nuestras vidas y
no puede habitar en nuestros corazones.
Uno de los puntos clave que permite reconocer a una persona que lleva el Espíritu
Santo dentro de su corazón es alguien que cambió drásticamente en su forma de
ser. Si alguien tenía mal carácter, El Espíritu Santo permite que tengamos un buen
carácter (Nadie puede enojarme, porque ni yo ni el Espíritu Santo que mora en mí
lo permitimos) (Gálatas 5:22-23)
2) Andar en Espíritu (Gálatas 5:16-17)
Si dejamos de andar en nuestra carne (pecado) y empezamos a andar en Espíritu
(santidad), realmente podremos empezar a experimentar las bendiciones de Dios
para nuestras vidas. ¿Es posible ser santo todos los momentos de nuestra vida, a
cada instante? Por nuestras propias fuerzas, seguro que no. Es la comunión que
tengamos con el Señor, con la Palabra de Dios y el arrepentimiento lo esencial
para que podamos llegar a ser santos. La gracia que el Señor nos da de ser
santos, funciona solamente a través del arrepentimiento, del perdón, del cambio
de vida, de actitud y del compromiso que tengamos con Dios.

3) Caminar por fe, fundamentando nuestra Vida en Cristo (Hebreos 4:2)
Muchas veces, lo que más nos falta para creer, es la fe. Si no tenemos fe, no
podemos caminar en Cristo; muchas veces esperamos que las bendiciones y los
encuentros con Dios sean de manera sobrenatural, con Fuego de Dios cayendo
del cielo, con tamboriles y trompetas, con ángeles a nuestro alrededor, con el
mismo Jesucristo descendiendo a nuestra presencia. Y en algunos casos, puede
suceder. No siempre es así. La verdad es que nuestro Señor Jesucristo se agrada
más de una persona que camina sin haber visto nada, que empieza a creer como
si fuera un niño, que empieza a Caminar confiado en que Él es todo, aunque
nunca lo haya visto. Eso es caminar por fe.
Entre los pensamientos que tenemos que nos impiden ser triunfadores en nuestra
vida, están:
- Tengo muchos temores (1 Juan 4:18)
- No tengo fe suficiente (Romanos 11:17)
- Dios no ha sido fiel conmigo (Salmo 23)
- No tengo paz en mi vida (Salmo 4:8)
- Soy un hombre pecador (Isaías 1:18)

4) Si tienes problemas, busca a alguien que te ayude (Eclesiastés 4:9)
Es importante que no caminemos solos; hemos sido llamados a andar rodeados
de personas; estas personas nos pueden ayudar mucho; solamente debemos abrir
nuestros corazones y confiar en que el Señor actúa a través de las personas,
cuando son hijos de Él.