Y la quinta fue el escenario de mis mejores emociones, porque nada hay como los árboles para

multiplicar la diversidad de juegos infantiles. Cuando los vi me preparé para disfrutarlos,
pensando en la cabalgadura mansa de sus ramas una de latiguillos y de orquestas, en el hartazgo
prematuro de la fruta pintona, en el escondite seguro del follaje para eludir los coscorrones, en su
altitud para hurgar vidas vecinas; En el latrocinio de huevos empollados.

Pocas cosas son más universalmente concretas que el dinero. Para mí , sin embargo, sólo fue el
precio de mi familia, pues todas las actividades que acabo de recordar