RISA NEGRA

NOVELA

SHERWOOD ANDERSON

EDITORIAL FUTURO
BUENOS AIRES

Hecho el depósito que marca la ley 11723
Todos los derechos reservados
Copyright by EDITORIAL FUTURO. 1944

Traducción de
A. CENTENO RILOVA

I

Estaba Bruce Dudley de pie ante una ventana, toda manchada de pintura, por la cual escasamente podían distinguirse,
primero, un montón de cajas vacías; luego, un solar de fábrica, colmado de escombros y desechos, que se extendía en
declive hasta un alto desmonte, y más allá, las aguas oscuras del río Ohío. Pronto ya, podrían abrir las ventanas. La
primavera ya no tardaría en llegar. Ante otra ventana, al lado de Bruce, estaba Sponge Martín, un viejecillo delgado y
nervudo, de espeso bigote negro. Sponge solía mascar tabaco y tenía una mujer que se emborrachaba con él algunas veces,
en los días de pago. Varias veces al año, en tales ocasiones, salían los dos de casa sin comer y se dirigían a un restaurante en
el barrio comercial de la ciudad de Old Harbor, donde cenaban por todo lo alto.
Terminada la comida, compraban bocadillos y un par de litros de whisky de contrabando, fabricado en Kentucky, y se iban de
pesca al río. Ocurría esto solamente en la primavera, en el verano y en el otoño, cuando las noches eran hermosas y los
peces picaban bien.
Con la madera de deriva que encontraban, se ponían a hacer una hoguera, y luego, después de haber preparado los
anzuelos, se sentaban. Río arriba, a unas cuatro millas de distancia, había un lugar con una máquina aserradora y almacén
de madera, donde, antiguamente, los barcos se abastecían de combustible en tiempos de crecida. Allá se encaminaban. Era
una larga tirada. Ni Sponge ni su mujer eran jóvenes; pero gente recia y nervuda, contaban con el whisky de maíz para
alegrar el camino. El whisky no tenía ese color característico del whisky comercial; era claro como agua, puro, quemaba la
garganta y producía un efecto seguro y duradero.
Decididos a correrla, se ponían a juntar leña para el fuego tan pronto como llegaban a su favorito lugar de pesca. Lo demás
marchaba de por sí. Sponge le había dicho muchas veces a Bruce que a su mujer todo le importaba un bledo. “Es dura como
un perro”, decía. Dos hijos le habían nacido al matrimonio, años atrás; el mayor, un chico, se había cortado una pierna
subiendo a un tren en marcha. Sponge se gastó doscientos ochenta dólares en médicos, pero bien hubiera podido
ahorrárselos. El muchacho murió al cabo de seis semanas de sufrimiento.
Cuando hablaba del otro hijo, una muchacha a quien en broma llamaban Bichito Martín, Sponge mostraba cierta turbación y

mascaba tabaco más vigorosamente que de costumbre. Esa, desde un principio, había sido de rompe y rasga. No había
manera de hacer carrera de ella. Ni quien la apartara de los muchachos. Sponge lo intentó, su mujer lo intentó; ¿pero de qué
había servido?
Una vez, la noche de un día de pago en el mes de octubre, Sponge y su mujer estaban en el río en su lugar favorito;
volvieron a casa a las cinco de la mañana, todavía bastante alumbrados, ¿y con qué creía Bruce Dudley que se encontraron?
¡Y fíjate bien! Bichito tenía entonces quince años. Pues bueno: Sponge había entrado en la casa antes que su mujer, y allí
estaba la chica, en el corredor, en la alfombra nueva, dormida, y a su lado un mozalbete, dormido también.
¡Hacía falta frescura! El mozuelo era un individuo que estaba de dependiente en la tienda de comestibles de Mouser. Ya no
vivía en Old Harbor. Sabe Dios lo que habría sido de él. Cuando despertó y se vió a Sponge delante, con la mano en el
picaporte, rápidamente, de un salto, se lanzó a la calle, y poco faltó para que derribara a Sponge al salir por la puerta.
Sponge le alargó un puntapié, pero no le alcanzó. Estaba bastante borracho.
Entonces Sponge la emprendió con Bichito. La zamarreó hasta que los dientes de la chica empezaron a castañetear. Pero,
¿creía Bruce que había dejado escapar una queja? ¡Ca! Dígase lo que se quiera de Bichito, la chiquilla tenía su miajita de
coraje.
Quince años tenía cuando Sponge le dió aquella paliza, una paliza de las buenas. Ahora estaba en una casa, en Cincinnati,
creía Sponge. De vez en cuando escribía una carta a su madre, y en las cartas siempre mentía. Contaba que estaba de
empleada en una tienda, pero eso era un cuento. Sponge sabía que era mentira, porque se había enterado de la cosa por
uno de Old Harbor, que luego se había marchado a vivir a Cincinnati. Una noche, de visita en una casa, vió a Bichito, que
estaba de juerga con unos cuantos señoritos ricos de Cincinnati. Ella no le vió. El se mantuvo confundido entre los otros, y
más tarde le escribió a Sponge, contándoselo. Decía que lo que Sponge debiera hacer era tratar de enderezar a Bichito; pero
que, después de todo, no había que armar un escándalo, que la muchacha había sido así desde niña.
Pensándolo bien, ¿qué tenía que ver el tío ese con el asunto? ¿Y qué hacía él, tan alto y poderoso, en una casa por el estilo?
Más le valiera meterse en lo que le importaba. Sponge no le enseñó la carta a su mujer. ¿Qué objeto tenía darle el disgusto?
Si quería creer los cuentos de Bichito y de su tienda, ¡que los creyera! Si algún día Bichito volviera a la casa, para visitarlos,
cosa de que siempre hablaba en sus cartas a la madre, Sponge no se daría por enterado.
La mujer de Sponge era una buena mujer. Cuando ella y Sponge se iban de pesca, y echaban sus cinco o seis buenos tragos
de whisky, parecía una chiquilla. A Sponge le entraban ganas... ¡Santo Dios!
Estaban echados sobre un montón de serrín medio podrido, cerca del fuego, en el mismo sitio donde el antiguo aserradero
había estado situado. Cuando su vieja se alumbraba un poco y se portaba como una chiquilla, Sponge se sentía un chiquillo
también. No había que darle vueltas: la vieja era una buena compañera. Desde que se casó con ella, cuando él tenía irnos
veintidós años, Sponge nunca había andado con otras mujeres, excepto, quizá unas cuantas veces, cuando estaba de viaje, y,
además, un poco bebido.

II

Sí que fué una idea fantástica la que había traído a Bruce Dudley al estado en que ahora se encontraba: de operario en una
fábrica de Old Harbor, Indiana, pueblo donde había vivido de niño y de muchacho, y donde se presentaba ahora, disfrazado
de obrero, bajo un hombre falso. El nombre le divertía. Un pensamiento le cruzó la mente, y John Stockton se convirtió en
Bruce Dudley. ¿Por qué no? Por ahora, al menos, se dejaba ser todo lo que quisiera dictarle su fantasía. El nombre lo había
encontrado en un pueblo de Illinois, donde se detuvo viniendo del Extremo Sur, de Nueva Orleans, para ser más exacto. Esto
fué en su viaje a Old Harbor, adonde llegó guiado por un capricho. El pueblo de Illinois era la estación dé empalme, donde
tenía que cambiar de tren. Acababa de dar una vuelta por la calle principal, cuando vió estas dos muestras de tienda: Bruce,
Smart y Feeble. Ferretería. Dudley Hermanos, Comestibles.
Lo mismo que un criminal. Quizá fuera un criminal de tipo especial. Quizá se hubiera convertido en uno, de pronto. Pudiera
ser que el criminal fuera un hombre pomo él, uno que, de pronto, se había apartado del camino llano por donde van la
mayor parte dé los hombres. Los criminales se apoderaban de las vidas de otras personas o de bienes que no les
pertenecían. El se había apoderado, ¿de qué, de sí mismo? Quizá esta fuera la mejor manera de expresarlo.
“Esclavo, ¿crees que tu propia vida te pertenece? Pamplinas. Lo ves y no lo ves. Bruce Dudley. ¿Por qué no?”
Presentarse en Old Harbor como John Stockton pudiera traer complicaciones. No era probable que se acordaran de aquel
niño tímido que John Stockton había sido, ni que le reconocieran en este hombre de treinta y cuatro años; pero algunos

pudieran recordar a su padre, a Edward Stockton, el maestro de escuela. Además, pudiera ser que hubiera un gran parecido
entre los dos. “De tal palo, tal astilla, ¿eh?” El hombre Bruce Dudley tenía su intríngulis. Daba una impresión de solidez y
respetabilidad. Bruce halló entretenimiento para una hora, paseándose por las calles de un pueblo de Illinois, mientras
esperaba el tren de Old Harbor, tratando de imaginar otros Bruce Dudleys en el mundo. “El capitán Bruce Dudley, del
Ejército americano. Bruce Dudley, pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana de Hartford, Connecticut. Pero ¿por qué
Hartford? Bueno, ¿y por qué no? El, John Stockton, no había estado nunca en Hartford, Connecticut. ¿Por qué se le había
metido este nombre en la cabeza? Tenía cierto significado, ¿verdad? Probablemente la razón era que Mark Twain había
vivido allí mucho tiempo, y habían existido ciertas relaciones entre Mark Twain y un pastor presbiteriano o
congregacionalista o baptista de Hartford. Además había una relación más o menos estrecha entre Mark Twain y los ríos
Misisipí y Ohío, y John Stockton llevaba seis meses vagando por el Misisipí, el día que bajó del tren en el pueblo de Illinois,
de camino para Old Harbor. Y, Old Harbor, ¿no estaba a orillas del Ohío?

Cántaro, quéntaro, quintar o, cóntoro,
Cógeme a un negro por el dedo gordo.

“Lento río grande, que se desliza por el ancho, fértil valle, entre sierras lejanas. Vapores en el río. Patrones que blasfeman a
garrotazo limpio con los negros. Negros que cantan, negros que bailan, negros que llevan cargas en la cabeza; negras, libres
y sueltas, que paren niños, casi blancos muchos de ellos.”
El hombre que había sido John Stockton y que, de repente, por capricho, se había convertido en Bruce Dudley, había
pensado mucho sobre Mark Twain durante los seis meses anteriores a su cambio de nombre. El estar cerca del río y en el río,
le había hecho pensar. No era extraño, después de todo, que, además, se le ocurriera pensar en Hartford, Connecticut. “Ese
sí que tenía una corteza dura”, se decía a sí mismo aquel día, en el pueblo de Illinois, mientras daba vueltas por las calles
gozando, por primera vez, del nombre Bruce Dudley.
“Un hombre como ese, ¿eh?, que había visto lo que había visto; un hombre que sabía escribir y sentir y pensar una cosa
como su Huckléberry Finn, y que termina por irse allá a Hartford y…

Cántaro, quéntaro, quintare, cóntoro,
Cógeme a un negro por el dedo gordo, ¿eh?

“¡Santo Dios!
”Ser capaz de pensar, sentir, arrancar racimos de Uvas, metérselas en la boca, las uvas de la vida, escupir las semillas.
”Márk Twain, aprendiz de piloto en el Misisipí, en los buenos tiempos del valle. ¡Qué cosas debió ver, sentir, oír, pensar!
Cuando escribió un verdadero libro tuvo qué dejar a un lado todo lo que había aprendido, sentido, pensado; en sus años de
madurez, tuvo que volver a su infancia. Y lo hizo bien, estupendamente bien, ¿estamos?
“Pero vamos a suponer que hubiera tratado de poner en sus libros algo de lo que había oído, sentido, pensado, visto, en sus
años maduros. ¡Qué escándalo se hubiera armado! Que no lo hizo nunca, ¿eh? Sí, una vez escribió una cosa que se titulaba
Conversaciones en la Corte de la Reina Isabel. El y sus amigos la pasaban de mano en mano, con una risita contenida y
placentera.
”Si se hubiera metido en la vida del Misisipí hasta dentro, como un hombre, ea, ¡qué cosas memorables nos habría dejado!
Debía de ser un buen sitio aquel, repleto de vida, lleno de vida hasta los topes.
“Lento río grande, que se desliza entre las orillas cenagosas de un imperio. Allá, al Norte, inmensos campos de maíz, ricas
tierras de Illinois, Iowa, Misurí, peladas de árboles, productoras de maíz. Hacia el Sur, bosques, colinas, negros. Y el río, cada
vez más ancho. Pueblos a las orillas del río, pueblos de gente recia.
“Luego, más abajo, orillas cubiertas de musgo, la tierra del algodón y de la caña de azúcar. Más negros.
”Y si no has sentido nunca el querer de una morena, no sabes lo que es querer.
“Tras algunos años de todos eso, viene, ¿qué? ¡Hartford, Conneticut! Y sus otras cosas. Los Inocentes en él Extranjero. A la
buena de Dios, montones de chistes rancios, y todo el mundo satisfecho.

Cántaro, quéntaro, quíntaro, cóntoro,
Cógeme a un negro por el dedo gordo.

Quizá no se propusieran nada de esto. pero silencioso. continuó hacia el Sur. Más de dos meses le había llevado dejarse el bigote y una barbita espesa. vida por todas partes! ¡Grandes barcos vistosos. y desde allí. el río se desliza lento. pero cada vez que ensayaba a poner sus ideas y palabras en papel terminaba por sentirse fatigado. “De un hombre como tú.Oeste. Entre orillas cenagosas y pueblecillos miserables. ahora silencioso. Si le hubiera contado a su mujer lo que pensaba hacer. Y. los Estados centrales se levantaron y pelearon como demonios. Unos cuantos remolcadores con sus hileras de gabarras. la mujer que él había contribuido a formar. Lo hizo sin darle gran importancia. en una nueva era de vértigo. siempre río abajo. ¡Cante. extraño como siempre. negros bailarines. al menos por lo pronto. ¡Qué le vamos a hacer! No siempre podemos estar ofendiendo a la gente. pero. Expresaban cierta esperanza de que algo gracioso y bello surgiera de ella.“Eso es. olvidado. estaba dispuesto a no discutirlas. y ella se dejó llevar. olor de mercancías. mientras tanto. En vez de esto. le había dicho. voces en el silencio de las noches. Eres demasiado inconstante”. quizá no hubiera podido hacer lo que había hecho. Más tarde. que aventura y comercio son enemigos naturales. Bruce creía que su mujer no tenía la culpa. escribir quizá. después de haber leído Huckleberry Finn. hasta llegar a Nueva Orleans.” Bruce no parecía un obrero. Había dejado a su mujer en Chicago. Iba tras algo que había estado buscando durante todo un año. en cuanto se presentó la ocasión. con menos de trescientos dólares en el bolsillo. pero no los tenían. un imperio que descarga su riqueza en la superficie de las aguas de un río! Cuando estalló la guerra civil. vida. El gran río ahora desierto y silencioso. lo encontró de su gusto. se pasó un par de meses vagando. Mientras peregrinaba río abajo. de los derechos de las mujeres. la cara le picaba continuamente. extrañamente. Si él y Bernice hubieran tenido hijos. Ahora no le daba por ahí. portándome como si ella fuera algo superior”. “La gente de las fábricas era gente de pupila. era como un río perdido. en el que ya llevaba diez años. ¿eh? Lo primero que hicieron. Recordaba las cosas que le había dicho a ella acerca de su superioridad. fué estrangular al río. la mayor parte de los hombres que vivían en el valle del Misisipí. en la jerigonza del . hazle tu esclavo. hermanos escribidores? III En llegando a Old Harbor. donde ella tenía un puesto en el mismo periódico en que él estaba de redactor. El considerarse a sí mismo insignificante le había conducido a imaginar en ella un ser casi extraordinario. No. y desde entonces sigue muerto para siempre. Lo mismo sentían. En su juventud. embarcado. misteriosamente. Desde niño. Era divertido imaginarse a uno mismo yendo por la vida desconocido. No más barcos vistosos. su pueblo natal. se había dirigido a un sitio llamado La Salle. balsas cargadas de maderos. habiendo perdido el barco. Siempre a la deriva. En un principio quizá él había hablado de aquella manera porque sentía la necesidad de idolizar. por el río Illinois. de la muerte de la risa. en lo profundo del corazón. Bruce se dejó de epopeyas. ahora. Bruce era inconstante. Había tenido ese capricho toda la vida. ¿Por qué se le ocurrió dejarse bigote y barba? Cuando se marchó de Chicago. creía él. poderoso como siempre. y luego continuaron lo mismo. escribió chistes rancios.” Río grande. Bruce había pensado que Mark Twain. separar el espíritu de aventura del espíritu comercial. acerca de los hombres amontonados en rebaño. Quizá venía a representar la perdida juventud del Medio. Tenía sus razones. “Yo mismo he contribuido a torcer las cosas. Con el ferrocarril le dieron el golpe de gracia al río. Ella no quiso. entre él y Bernice. por pura inercia. de su talento. en Illinois. cayó finalmente en el periodismo. y la verdad del caso. al enterarse de su huida. de trenes veloces. ¿Verdad. animación. pensaba sonriendo. Siempre había querido hacer algo. cante. El haberse dejado la barba no era porque temiese que su mujer se esforzara grandemente en encontrarle. a él le desagradaba la mujer en que ella se había convertido. Hubiera podido escribir acerca de la muerte del cante. blasfemias. blasfemias. jugadores. y. risas. Este era el tono de las relaciones entre los dos. de fábricas. Quizá se habría metido demasiado de lleno en la rutina. habrían tenido una escena interminable de discusiones. de su mente. llenó su libro de datos estadísticos. los Estados centrales habían alentado con el aliento de un río. dejando a su mujer. cante. la idea se le había metido en la cabeza. se había lanzado en busca de aventuras. porque no querían que les quitaran su río. abandonado. y repentinamente. habían empezado en esta forma. Doma al mocito. después que el ferrocarril había puesto fin a su vida» que Mark hubiera podido escribir un canto épico. y él lo sabía. al volver a visitar el río. Fué sólo un capricho. tomó todo lo que él decía con una seriedad absoluta. de los derechos de los hombres.

y. se le había metido en la cabeza que él. de emociones. pues con avivarse un poco podría terminar casi tantas ruedas como yo. para hablar de arte y de la vida. titiriteros de la palabra. le tenía miedo al mismo tiempo. cuestiones obreras. Y luego la guerra.periódico. ¿era todo lo que había conseguido formar dentro de sí. un movimiento rápido. La brocha se cogía así. de funeraria. En cuanto a su mujer. y la ventana aquella frente al solar. cuando Bruce mismo era niño y cuando Sponge tenía su propio taller. suave. Había sido construido por el viejo Sil Mooney. Sponge llenaba bien su brocha. Quizá a Grey. Sponge. de salir del paso. En el cuarto. el frontero a Sponge Martín. llevó toda una tarde. Había tenido suerte en el puesto que le asignaron.” Pero ¿qué le quedaba a uno? Sponge hubiera podido ser jefe del taller de pintura si hubiera querido hacer de lamebotas. solamente guardaba desprecio. sin tener que mirarla. Con mucha frecuencia pensaba en él. Después de diez años. al oído de sus compañeros. sin tener que escribir nada. A menudo. Había conocido a los Greys cuando el hijo. Algunos días no hablaba más que de los tiempos antiguos. Con el tiempo. cuando él tenía taller propio. al otro lado. ideas. Quizá. periodistas que querían escribir novelas. Uno tenía que sonreír y hacer su poquito de carantoñas cuando el señor Grey. ella tampoco creía que él llegara a ninguna parte. y todas las palabras llegaban. Bruce observaba las manos de Sponge. Se mandaba el material por teléfono y se dejaba que otro lo arreglara por escrito. lo cual es la verdad. pero no se atreve a hacer averiguaciones. había sido pintor de coches en el pueblo de Old Harbor. con todas las de la ley. había un constante zumbido sordo de maquinaria. Había una manera de ser periodista. manejando las palabras como si fueran piedras preciosas. Había un cuarto muy largo en un gran edificio de ladrillo. cada vez más cansado. peor que nunca. Estando bollado se vió obligado a hacer algo. donde él las colocaba. pero Sponge nunca dejaba de hablar. cerca del río. y le habían dado trabajo en el taller de pintura. Junto a Sponge Martín. incendios. que tenía un taller de carrocería junto al taller de Sponge Martín. volteadores de vocablos. relacionándole con los hombres a quienes había tratado en los últimos años: intelectuales. a espaldas de Bruce Dudley. “Yo le diré a usted lo que le pasa. aparecía por el taller. por ganar triunfos de pacotilla. que no tiene maña pa ello. una por una. La mayor parte de los hombres en el cuarto trabajaban en silencio. por ejemplo. Sponge hacía un guiño y le hablaba a Bruce al oído acerca de él. pero Sponge inventó una treta para alzar la voz convenientemente sobre la baraúnda. antes de que nadie hubiera pensado en tal cosa como un automóvil. el barnizado de ruedas. hijo. pero cada vez más aburrido de todo. cualquiera lo hace. qué época! Bruce se las arregló de modo que se quedó con las noticias locales: crímenes. El brochazo era como una caricia. mujeres feministas. Había querido experimentar. sin ir más lejos. su mujer. ¡Dios. donde ahora estaba empleado. profunda y sepultada. Cada año se ponía la cosa peor. jerigonza de palabras. Pudiera resultar que lo que sospecha fuera un hecho. engastándolas. Una vez había pintado un coche para Grey. Escribidores de la jerga periodística. que se pasaba el día sin hablar. capturas de contrabandistas. La descripción del coche construido para Grey. emociones. Le despreciaba y. no era más que un chiquillo. Cree que su mujer se la pega con otro. antes de que a nadie se le ocurriera construir una fábrica de ruedas. el viejo. trataba de imitar el movimiento de sus manos. cogiéndole todos los lados. de ideas. Un muchacho traía las ruedas en un camión y las descargaba junto a una percha. dibujantes que hacían ilustraciones de anuncios para los periódicos. era un curda perdido. sin embargo. y por su trabajo actual. tras la pared de ladrillo. hasta terminar el barnizado. Ahí está usted. Eran cosas estas de que no había para qué hablar. y la farsa pura. el Gobierno mismo hecho un farsante. Le había llamado inconstante. . se fabricaban ruedas de automóviles. siempre había existido en Bruce cierta ternura interior por las palabras. lo cual ocurría una vez al mes. Había en él cierta especie de orgullo en cuanto se ponía a desarrollar tal tema. extrañamente. “Esto. la manejaba de tal manera que el barniz no goteaba ni quedaban grumos feos en las ruedas. Demasiada gente metida en el oficio por el relumbrón. estaba un individuo muy huraño. que podía barnizar una rueda. el banquero de Old Harbor. Bernice. Luego. En cuanto a Sponge mismo. ahora un pez gordo. El viejo operario era tan diestro y rápido con la brocha. Había toda una caterva de chupatintas de éstos. y hacerlo lo mismo de bien. hijo. La subía hasta cierto diapasón. claras y distintas. Este solía venir por el taller de Sponge trayendo al chico consigo. de modo que ahí le tiene usted. donde se sentaban de tertulia. odio por la vida? En la fábrica de Old Harbor. gente toda a quienes les agradaba tener lo que llaman un estudio. Lo malo con Sponge era que había conocido a los Greys de muy antiguo. lenta cuidadosamente. Bernice. Bruce escribía cada vez menos. El coche era cosa fina.

la luz era tan fuerte que el hombre no pudo menos de notar que la mujer a quien amaba era de cera. pudiera ser que el manejar palabras no le interesara en absoluto. y Bernice estaba entusiasmada. en la calle 47. Algunas veces la muñeca estaba allí. celos de ello? Cuando los dos iban juntos a uno de esos sitios donde se reunían otros periodistas. Era evidente que ella tenía un gran porvenir por delante. vió en el escaparate de una tienda una muñeca de cera. más tarde. quíntaro. en Chicago. ella empezó a hablarle y él no la oyó. quieto. o un músico joven quería ponerse al habla con una persona de influencia en centros musicales. esperando a que les despacharan. Bruce era redactor en un periódico de la noche. Un periódico de Nueva York le había ofrecido un puesto. Todo esto iba ocurriendo. arreglado ya. de escritora de novelas cortas para revistas. ¿Cómo iba a terminarlo? Una noche. Bruce no había tratado de hacer nada nuevo en su propio trabajo. Una muchacha joven salía de la Universidad y quería entrar de periodista. Tenían una significación para él. donde hombres y mujeres se sentaban a charlar. otras había desaparecido. Bruce. algún día sería una gran escritora. a la orilla del mar. ¿Qué era? Las manos del carnicero habían manejado un cuarto de vaca con un toque seguro. ¿eh? ¿Tenía él. mientras marchaban por la calle. poetas y músicos jóvenes. Llevaba un abrigo de pieles y marchaba por una calle de invierno. Bernice arreglaba la cosa. ella se metería en un cuarto interior del apartamiento y empezaría a escribir. Ella sabía hacer favores a la gente. gradualmente. De vez en cuando le hablaba con cierto tonillo. Ahora bien. estaría libre hasta mañana por la mañana. donde vivían muchos escritores y pintores. donde la gente que venía del centro de la ciudad en los tranvías del Norte y del Sur cambiaba a los del Este y Oeste. y contaba la historia del coche construido para el viejo Grey. ¿Había empezado a protegerle un poquito? Sonreía al pensar en ello. por lo tanto.. de que le traía sin cuidado. una de esas en que se metían a menudo. pintaba. y él se sentó a una ventana que daba a la calle. junto a Sponge Martín. que para Bruce quizá representaba la manera en que él quisiera manejar las palabras. y ella le había mirado también. El edificio estaba en una esquina. De manera que. En aquel momento estaba trabajando aún. ella se fué a la cocina a freír las chuletas. ¿Por qué no ir a averiguarlo? Salió Bruce de la tienda con su mujer. qué cantidad de cosas escribía! Cuando no estaba ocupada en su sección del domingo. noche tras noche. ¡Dios. pero. de operario ahora en la fábrica. el farol de la esquina. La escena lé había fascinado. Seguía pensando acerca de haber dejado a su mujer tan livianamente. Poco a poco llegó a tener su pequeña corte en Chicago. a Bruce se le ocurrían nuevos pensamientos. La mujer de Bruce. Mientras hablaba. en la oscuridad. rápidas. a punto de zambullirse en el agua. cóntoro. dibujantes. mientras tanto. Habían tenido algo así como una riña sin palabras. cerca del parque. En llegando al piso. y echar a correr por la calle abajo para no aparecer nunca jamás. y Bernice quería irse a vivir allí. a los estudios.Sponge hablaba de aquellos tiempos en que él tenía su propio taller. y Bernice. . Bernice hacía artículos especiales para la edición del domingo. ¿De qué hablaba? De repente. que hablaba de libros y de cuadros. ella seguía hablando. ¿escribiendo artículos especiales para los periódicos del domingo. nada más. y mientras continuaba en la tienda. Había un sitio en Chicago. Y luego —¿comprenden ustedes?—. Era algo disparatado todo ello. y. Había sido una gran experiencia. Pudiera ser que no supiese lo que quería. todos ellos habitualmente dirigían sus observaciones a Bernice más bien que a él. le había dicho a su marido. el cual. Había querido relacionarse más y más con gente que escribía. Bernice. ¡Eran cosas tan aleves y esquivas!. El farol de la esquina se había apagado. Había hecho lo que tenía que hacer. paseando una noche por las calles. se ponía a trabajar en novelas cortas. que. eh? Durante algún tiempo Bruce la había acompañado a las reuniones del club de escritores. quéntaro. Ahora volvía con un vestido. Durante un rato se quedó mirándola. y ahora estaba planeando irse a vivir a Nueva York. se hizo socia de un club de escritores. Trataba de un hombre que vivía absolutamente solo en la ciudad. Había empezado la hora de congestión. hábiles. en las manos. y al hombre la muñeca de cera le había parecido una mujer viva. Le asustaban un poco las palabras. Cántaro. Bruce se había dado cuenta de que no lo sabía. y había escrito un cuento que fué aceptado por una revista. y se puso a observar la manera en que el viejo carnicero gordo manejaba sus herramientas. En lo que él estaba pensando era en el viejo carnicero. Más tarde. ¿Qué tal estaría hacer que cogiera una piedra y rompiera el farol? Luego. junto a su mujer. o parecía en traje de baño. y. el banquero. Otra vez se presentaba con un vestido de verano. del viejo carnicero. y ella estaba estudiando la oferta.. en cuanto él y Bernice terminaran las chuletas. pero como está tan solo sigue yendo al escaparate. sonreía al pensar en sí mismo. podría comprimir sus labios sobre el frío cristal del escaparate. un edificio pequeño y bajo. le pareció una mujer hermosísima. había llegado a respetarle cada vez menos. “Tú puedes encontrar trabajo allí lo mismo que aquí”. Un día fué con Bernice a uña carnicería a comprar chuletas para la comida. puesto allí para la Feria. la noche siguiente con otro. el pobre hombre se da cuenta de su absurda equivocación. leía libros.

“Pero que muy bien”. Le contó a su vieja lo ocurrido. Fué una de las mejores juergas que habían echado en toda su vida. pensamientos. no había que discutir. Bruce estaba escuchando las palabras de Sponge Martín. a entregar una chapucería? Por fin. ni el banquero ni nadie. Sponge creía que aquel día el joven Grey había oído lo suyo. Bernice. Quería que el gobernador arrastrara coche nuevo al venir de la estación. el obrero. Aparejos de pesca. “Es mi coche. Describía la madera que habían empleado.. porque a un obrero no le daba la gana de entregar una chapucería. Old Harbor. en Chicago. tiene usted que hacer lo que yo le digo”. la tierra era muy baja.” Sponge le había hablado así al banquero. usted ya no es joven y además está un poco gordo. y ¿creía el viejo Grey que Sponge iba a ir entonces. Había empezado a desarrollar cierta habilidad en los dedos. Se acercó al viejo Grey con el puño cerrado. y en el invierno las . había hecho una cosa de primera. ¡Cuántas veces había oído la historia de Sponge. gozando de sus propias palabras. lo que es aquel día. había mandado al c. y Sponge. El gobernador de un Estado tendría que pasearse en un coche de alquiler.. Sponge hablaba y hablaba. cerró la tienda y se tomó un día de vacación. ¿Sabe usted lo que le va a pasar? Pues que le echo a usted de aquí a puntapiés. Nada. ¡Si se creería él que porque su padre era dueño de un Banco y porque la gente como el gobernador venía a visitarle. Luego le dijo a Sponge que él valía más que una docena de Greys. ni demasiado claro. como Sponge Martín ponía al barniz: ni demasiado espeso. y a veces traía consigo a su hijo. al banquero. mientras. escribía aquella novela corta acerca del hombre y la muñeca de cera del escaparate. al magnate local. hablaba de la finura y lisura de las vetas. y el banquero era el encargado de agasajarle. había dicho. Supongamos que se pone usted tonto conmigo y que porque quiere usted ese coche de prisa viene usted aquí a quitarme el trabajo o cosa por el estilo. con su máquina de escribir. El viejo Grey venía por el taller algunas tardes. Quizá hubiera su poquito de exageración. pero a Sponge le gustó oírlo. El viejo Grey se enfureció y empezó a hablar fuerte. mientras barniza ruedas en la fábrica de Grey Wheel Company. cuando estaba un poco alumbrado. IV Fuga de palabras en la mente de Bruce Dudley. Cuadro de un hombre y una mujer sobre un montón de serrín. y luego. eso es. me voy a su Banco y lo majo. Indiana. y. y Bruce escuchaba percibiendo todas las palabras. porque Sponge había mandado al c. Una hoguera cerca de la orilla del río. con una botella de whisky por medio. había anunciado.. y si yo le digo a usted que ponga menos capas de pintura y que no las deje tanto tiempo hasta poner la otra encima. un hombre como el viejo Grey podía vociferar todo lo que quisiera. eso es. Tenía prisa en que terminaran el trabajo. que su papá era algo así como Dios todopoderoso! Pues. hijo. Sponge Martín y su mujer se iban de juerga. un día se agarraron. Río abajo y río arriba. hacía artículos especiales para la sección del domingo. ni Dios todopoderoso podía venirle a él con advertencias acerca de su trabajo. Bueno. eso es. Había noches de verano maravillosamente suaves en el valle de Ohío. que trabajaba ahora como un simple operario. pero ¿de qué le servía? Silas Mooney. Para que el viejo Grey aprendiera. Bruce debiera haber conocido a la vieja en los días de antaño. A él no había quien le obligara a hacer una chapucería. “¡Que pasearan al gobernador en un coche de alquiler! Esto era lo que se decía a sí mismo. ¿Podría uno también desarrollar habilidad en los pensamientos? ¿Poner imágenes. mientras barnizaba una rueda de automóvil. sin un grumo? Sponge. y él y su vieja se fueron juntos a pescar. No había manera de terminar el coche como Dios mandaba. “Mire — le había dicho—. cuando el banquero salió del taller sin decir palabra. uno de esos días iba a haber no sé qué festejo en el pueblo. ¡Ajajá! ¡Esa sí que era buena! ¿Quería Bruce saber lo que le dijo al viejo Grey? Ocurrió que aquel día se había echado en el cuerpo cuatro buenos tragos. al construir el coche. Iba a venir el gobernador del Estado. seguía el hilo de sus propios pensamientos. él se fué a la taberna de la esquina y se compró una botella de buen whisky. Y si va usted por las malas y manda a alguien aquí. Pensamientos fugaces le cruzan la mente. Bruce imaginaba la escena en una noche suave de verano. si tenía que estar listo para la llegada del gobernador. por encima y por debajo de la colina en la cual Old Harbor estaba situada. No se olvide de que lleva usted muchos años metido en ese Banco de ahí. y a ella le pareció graciosísimo lo que él había hecho. en papel. de lo cuidadosamente que las partes habían sido ajustadas. Imágenes a la deriva. dueño actual de la fábrica. de prisa y corriendo. Le había dicho todo eso. Con los nudillos le voy a abrir a usted una cueva en esa cara gorda. Cogió su botella de whisky.En la fábrica de Old Harbor. además. En aquellos tiempos en que uno tenia taller propio. y qué delicioso era oírla una vez irás! Aquel había sido el momento grande en la vida de Sponge. tuvo que abrir los ojos. ponderaciones de aquellos tiempos en que él tenía su propio taller y estaba trabajando en el coche que habían construido para el viejo Grey.. amenazando a Sponge con el puño. Entonces era joven y con un tipazo como la que más en todo el Estado. Grey. su mujer. al viejo Grey diciéndole que lo iba a echar del taller a puntapiés. después que el Banco había cerrado.

los dos se sentarían a comer. olores de floración. improvisada—. Pretendían despreciar el trabajo que tenían que hacer. bueno. físicamente. trabajando junto a Sponge. lo mismo que Bruce. haciéndolo bastante bien. los aparejos listos. entró en un periódico de Indianápolis. en Indiana. todos ellos trabajaban en redacciones . me siento hecho un chiquillo también. Le llevaría a ella unos veinte minutos preparar la comida y ponerla en la mesa. Quizá sobre ellos hubiera. ella y sus amigos hablaban una enormidad. Quizá utilizaban todas sus pequeñas emociones como materia para novelas cortas. pero seguían haciéndolo exactamente lo mismo. Bruce fué entonces a vivir con su abuela. mientras esperaba las chuletas y las patatas. y se había casado con una mujer que tenía tres hijos de su primer matrimonio. realmente. Bruce Dudley continuaba recordando la noche en que se marchó del apartamiento donde había vivido con Bernice y de Chicago. Cuando hablaba de él con otras personas. se puso a pensar en su padre. y ahora.de periódicos y empresas de anuncios. lo mismo que cuando estaba de periodista en Chicago. una gran luna. Se había sentado a la ventana observando la calle. bajo una luna de verano. Su padre se había casado con una mujer joven. Figuras grises en una calle gris.aguas la alcanzaban y la cubrían. Había contestado así. Se le habían ocurrido aquella noche . Luego. de repente. una gran cantidad de hombres y mujeres pasaban de irnos tranvías a otros. de emociones. el olor especial del río y de los peces. se reunían por las noches para hablar. En la calle. cuando padre e hijo almorzaban juntos en algún restaurante del centro. al hombre con quien se había casado. en el interior del apartamiento. juntos. muy rico. ¡Qué de conversaciones había habido acerca de la necesidad de comer! Mientras escuchaba la historia de Sponge Martín y su reto al banquero. En la ciudad. que se entiendan. por fin. Tendrían patatas y ensalada. algunas veces. No podían soportarse la una a la otra. Bruce le veía una o dos veces al mes. Bruce estaba rumiando pensamientos viejos. mientras yacían juntos en la cama. pero muy inconstante. ¿Qué sería de él? Había sido maestro de escuela rural cerca de Old Harbor. el aire lleno de olores. Bernice y sus amigos tenían la costumbre de hablar abiertamente de sus amores. de gran fertilidad. millas de por medio! No habían tenido hijos porque Bernice no los quería. Las palabras que Bruce le había oído a Sponge: “Cuando se alumbra un poco y se pone como una chiquilla. “Tengo que atender a mi trabajo”. Ahora. y. se ponía a perorar. los jóvenes dibujantes y los escritores. el fuego brillaría entre ellos y el río. pero lo que había querido decir era otra cosa. Bernice estaba friendo las chuletas. pensó. a media vara de distancia.” Amantes echados sobre un montón de serrín viejo. cuando Bruce era un niño pequeño. Sus pensamientos se movían en círculos. Aquella sonrisita no habría aparecido tan fácilmente. No quería sentirse atada a él. Había algo malicioso en sus pensamientos acerca de la novela. bueno. y se alegraba de que fuera así. había estado pensando en Bernice. sin embargo. mientras su mente enmarañaba el presente y el pasado. de cosas que germinan. había dicho en las dos o tres ocasiones en que él había aludido a este punto. siempre se reía. Le parecía absurda. V La novela aquella que Bernice estaba escribiendo acerca del hombre que vió la muñeca de cera en el escaparate y creyó que era una mujer. ni Bernice a ella.” En el taller de Old Harbor. y su padre se marchó a Chicago. saber cómo se resolvía. ¿Le interesaba a Bruce. Todos ellos. suspendida. su mujer. decía con frecuencia. Consiguió un puesto en la escuela del pueblo. qué clase de final había escogido ella? A decir verdad. decían. Trabajaba ahora en una agencia de anuncios. y no lo había conseguido? Estos pensamientos que se le1 ocurrían mientras trabajaban en la fábrica de Old Harbor ya se le habían ocurrido antes. y allí murió la madre. que no le era simpática a Bernice. el problema de sus relaciones habría sido diferente. no. crecían profusamente flores y maleza. La crecida dejaba en la tierra un cieno esponjoso. frente a la ventana a la cual Bruce se había sentado. Dondequiera que la tierra no estaba cultivada. “Entonces habría tenido que mirar por mi amor propio”. ¿Le ocurría esto porque había querido ser un hombre de palabras. El tiempo dejaba de existir para él. un poco alumbrados. La pequeña familia se trasladó a la ciudad. Bernice. No tiene ambiciones”. de ideas. En el taller. siempre lo mismo. Estarían echados sobre el montón de serrín Sponge Martín y su mujer. y luego se había casado con una maestra de escuela que vino de Indianápolis. “Si un hombre y una mujer se entienden así o asado. trivial. Bruce poseía la facultad de trabajar en lo que tenía delante. y más tarde. “No es malo. afablemente. Todavía seguía allí. Comparaban notas. ¡Cuántas noches sentados así. a orillas del Ohío. “Hay que comer”. y no quiere trabajar. Si Bernice hubiera triunfado de verdad en lo que se había propuesto —y no en esta forma casual.

” El padre de Bruce era un tipo raro. Mandaba casi todo el material por teléfono. Cuando muriera. Pasito y suave como un barco en un mar tranquilo. Lo que les gustaba acerca de Bruce era que éste estaba considerado como hombre de cabeza. incapaz de decir una palabra cuando iba con su mujer a las reuniones del grupo artístico intelectual de Chicago. Escribió allí sus artículos del domingo. aunque estaba viejo y canoso. Nada de cambio de velocidades. la señora rica. Y si no. y Bernice iba a alguna reunión que él quería evitar. Bruce le preguntaba: “¿Qué hay. Bruce no necesitaba un rincón para escribir. en Chicago. que tenía una casa en el campo y otra en la ciudad y que escribía versos y dramas. si uno no se dice que no somos tan rematadamente malos. a la ventana de su apartamiento. Hombres y mujeres en las calles. ¿Cómo sería su padre en sus relaciones con su mujer. Bruce. chico: en cuanto salga este coche. “Ahora tengo un nuevo producto. porque escribía muy poco o nada. que los otros deseaban para sí. los conocía a todos. Alguien sería capaz de escribir algo que hiciera bambolearse a todos los escritores de que Bruce tenía noticia —no sería muy difícil. cuando Bruce salía solo. Cuando se encontraban en el Loop. Ezra Pound y Lawrence. un automóvil de vapor —decía—. pero. Habían tenido tiempo para otros más. pero él se llevaba siempre las tareas de importancia. Luego. en música. y algún individuo de la redacción se lo adornaba por escrito. Había conseguido cierta reputación. Cuando el padre y el hijo almorzaban juntos evitaban hablar de sus mujeres. el padre se ponía a hablar de su último entusiasmo. unos quince mil dólares. Eso sería demasiado trivial. Este y el de más allá sabían escribir. ¡Cuántos entusiasmos había malgastado en su larga vida! Y aun ahora. pero saldrán estupendamente. aquellos hombres y mujeres que cambiaban de tranvías en la calle. se acabó el negocio de gasolina. Lo que tenía era maña. Bruce tenía diez años cuando murió su madre. La abuela. por haberse casado con una mujer casi tan joven como el hijo. El hombre que ha inventado este coche es un verdadero prodigio. Desde donde estaba sentado. El cochecito se las trae. ¡Y qué empuje! Tienen que arreglar unas cosillas todavía. terminaríamos todos por tiramos al río”. Por toda la ciudad. mientras su padre hablaba. su padre se sentía un poco avergonzado. en la cocina del apartamiento donde había vivido con Bernice. la gente de su mismo periódico. le había dicho a Bernice. Hacía más de tres meses que él no le había escrito. Bruce sospechaba que. pequeños grupos que discutían de artistas: artistas de la palabra. y el joven judío creía que no valía absolutamente nada. Douglas. artistas del sonido. en algún restaurante. mientras que con la madre de Bruce había tenido uno solo —Bruce—. con quien había pasado algún tiempo en Indianápolis. la mujer joven con quien se había casado. pensó—. cuando Bruce almorzaba con él. Su propia mujer no creía que él fuera gran cosa como periodista. El era quien arreglaba casi todas las informaciones de Bruce. Treinta millas por galón de petróleo. ¿eh? Me gustaría saber cómo va a terminarlo. Probablemente. Sabía llegar al corazón del asunto o algo así. aquella noche. qué enormidad de gente en Chicago! A causa de su oficio tenía que andar correteando por las calles de Chicago. todavía vivía. No. De noche. y la mujer de Bruce.” Bruce se agitaba nervioso en la silla. sin duda dejaría su fortunita a Bruce. ella tuvo presente sus propias necesidades. El genio mecánico más grande que he conocido. pensó. artistas del color. “Lo único que quiero es un sitio para dormir”. Mrs. ¿Qué tal hacer que una linda muchacha que trabajaba en la tienda salga al escaparate una noche? Sería el comienzo de una aventura. Bruce sonreía al elogiarse a sí mismo en sus pensamientos. “El hombre solitario que se enamoró de la muñeca del escaparate. Orgullosos de sus prestidigitaciones de palabras. papá? ¿Cómo andan los chicos?” Entonces. máquinas de afeitar. Por las tardes. ¡Qué enormidad de gente apeándose de unos tranvías. frente al apartamiento. subiendo a otros! Habían estado todos ellos trabajando en el centro. se sentaban a charlar acerca de Huysmans. y trabajaba también en sus novelas cortas. Era escritor de anuncios y daba vueltas por la ciudad buscando anuncios de jabones. ¡Dios. Bruce podía ver hombres y mujeres subiendo y bajando de los tranvías. ¿A qué venía este continuo ajetreo en pintura. casi siempre tenía uno nuevo. al tanto. y ahora volvían a apartamientos muy parecidos a aquel en que él vivía con su mujer. lo cual era perfectamente natural. Había un joven judío en la oficina que hacía bailar las palabras en el papel. “Por lo visto. Su marido era hombre muy rico y aficionado a cosas de arte. a la muerte de la madre de Bruce? Con ella habían venido los tres niños. en literatura? Debía de haber algo dentro. Ya verás. hechos ya. El apartamiento no era suyo. tampoco resolvería nada. cuando marchaban por la calle o mientras esperaban el tranvía en una esquina. después de la salida del periódico. En Chicago y en otras ciudades que él había visitado. el barrio comercial. donde las líneas del centro enlazaban con la del Loop. Bernice. La gente no paraba de hablar. en el restaurante. la gente toda parecía reflejar en la cara aquel mismo cansancio y aburrimiento cuando se les cogía desprevenidos. Nunca hablaban de sus mujeres. automóviles. una vez hecha la cosa.en que las chuletas chisporroteaban dentro de la sartén. Joyce. en el cruce de calles. tendrá que resolverlo de una manera más moderna. A Bruce le disgustaba pensar que él era uno de ellos. Cuando Bernice lo amuebló. algunas veces . ¿Por qué parecían todos tan cansados? ¿Qué les pasaba? No era cansancio físico.

Y eres tan impotente que ni siquiera escribes tus propias informaciones. Un lío horroroso. “San Francisco sabe”. Dice que toda la costa del Pacífico es lo mismo —una cosa por el estilo. ¿Tiene sentido todo esto? Un día matan a uno en esta ciudad. y ten en cuenta que los actores de la pantalla son los favoritos de los Estados Unidos. permanecía silencioso. márchate a Los Angeles. pensaba y sonreía. Tom Wills. ¿eh? Hargrave dice que en Los Angeles la gente marcha por las calles a millares. ¿Qué sabe? Atraerse los desperdicios de Iowa. como no te puedes imaginar. acerca de lo único de que sé algo. que se han marchado allí a hacerse ricos en la vejez. Vivía en un estado de ensimismamiento. Los compran y luego vuelven a la ciudad a pasearse por las calles. Decía que todos tienen un complejo de inferioridad horroroso. En esos momentos nada de lo real tenía existencia. durante el día. después de echar unos tragos. Tom y Bruce. Corrían. y la mayor parte escapaban vivos. Depende de lo que tenemos disponible. dice Hargrave. Había que tener agallas para eso. eres un tío muy grande. también. y entre los dos terminaban un cuartillo de whisky de contrabando. sin saber dónde meterse. Se sentaban en un cuartito interior. no exactamente. cosas de éstas. tratando de hacer gestos elegantes. Supongo que exagera un poco. grita a más no poder: “Soy hermosa. al andar por la calle. como si fuera la cosa más interesante del mundo. Y lo que es en cuanto a impotencia. No es eso. el jefe de redacción. preguntaba. luego. ese es el lema de la ciudad. agotados. ¿crees que nadie en el mundo va a leerla? Lo único de que yo podría escribir sería justamente de esto de que siempre te estoy hablando. en pequeños rebaños. Y. de la impotencia. soy grande. ¿No lo sabías? En San Francisco también tienen uno. una fuerte inclinación hacia lo concreto se .” Fíjate en Chicago. son diez veces peor. sentado en su cuarto de Chicago aquella noche. En el centro. no me doy postín. Andan agitándose de un lado para otro. de Illinois. que ha caído sobre el mundo como una epidemia. Y si escribo una. y las películas. Todavía le duraba la sonrisa. una de aquellas sonrisas que desconcertaban a Bernice. al maldecir de la impotencia de la vida americana. si es que voy a hacerlo. Viven en casas en que las señoras y caballeros deben vivir. si tú me ganas a ello. Se necesitaba algo para que un hombre se enfureciera. en el Loop. donde vendían bebidas. y si esta guerra no es una señal de impotencia universal. porque están demasiado cansados para saber lo que se hacen. “Yo. Por la tarde. Siempre decía lo mismo. ¿qué haces? Coger las papeletas. quiero decir—. le tenía cierto afecto a Bruce. soy eficaz. del Eagle. ¿Qué es el teatro? ¿Has ido recientemente? Le entran a uno tales fatigas que duelen los costados. Tom empezaba a hablar. Cuando llegaban a la otra acera. anda. novela o una obra de teatro. Pero todos tratan de conducirse como señoras y caballeros. Dice que mi perro que se pare a oler un poste hace que la gente se estacione. después de la salida del periódico. y luego se maldecía a sí mismo. La prueba de su fuerza estaba en lo furioso que se ponía el hombre al hablar. Y mientras sonreía. ¿no crees?” Le contó sus planes a Bruce. Y tú. Las mujeres ensayan el papel de grandes damas. Tom Wills. El guardia iba a tocar el silbato. al menos. aparte de la gente que le rodeaba. él y Bruce iban a menudo a un pequeño restaurante alemán. “Haré”. ¿No has notado. Unos cuantos vivales les Venden terrenos —en medio del desierto—. dice. El alemán le hacía a Tom Wills una rebaja especial. “Hay una cosa de la que me gustaría escribir: la impotencia. impotentes?”. “Tú eres un tío macho. el mismo crimen sale inflado en todos los periódicos de la ciudad. leerlas y trotar por las calles recogiendo noticias. la gente marchaba preocupada con el próximo cruce de la calle. Un conocido mío. Dios. las películas. decía. una mirada de satisfacción. de Indiana. Tú lo sabes. Bueno.veía gentes que comían en un café o sentados juntos en el parque y que no tenían aquella mirada de aburrimiento. y. Primero maldecía de la guerra y condenaba a los Estados Unidos por haber entrado en ella. Bruce no creía que Tom fuera otro impotente más. y todo lo que saca son seis líneas en el periódico. “No valgo para nada”. y le gustaba hablar de ello con Bruce porque no creía que Bruce tuviera tales ambiciones. “¿Qué es un periódico? La cosa más impotente del mundo. como bandada de codornices. estuvo en ese sitio que llaman Hollywood. Quería escribir una. Y yo debiera estar escribiendo mi novela o mi obra de teatro. le resultaba muy divertido. que luego hay que inflar en el periódico. ¿Qué hago yo? Sentarme a la mesa y repartir papeletas. entonces no sé lo que me digo. porque Tom le traía muchos clientes. Se había levantado de la ventana para ir desde el estudio al sitio donde Bernice había puesto la mesa. Era curioso que en tales ocasiones. andan y hablan como señoras y caballeros. Escritores de revistas. Otro día. Nada existía. en que nada parecía concreto. sin conseguirlo. de la gran cantidad de ella que hay aquí. Hargrave. Tom era como todos los periodistas que Bruce había conocido. Me estuvo contando cosas. Hargrave dice que si no te tiras al mar te vuelves loco. ¿Y crees tú que hay quien quiera tal clase de literatura?” VI Bruce. que toda la gente que uno encuentra son individuos agotados.

mandarle que se marchara. y en la parte trasera había una alcoba y una cocinita. y decía que Bruce le recordaba a un viejo trapero chino en una callejuela. pensamientos en torno a la mirada en los ojos de Bernice y en las del joven pintor — aquella vez que irrumpió en el cuarto—. Nunca leo nada en ningún periódico excepto mis propias informaciones. El tener miedo era disminuir de importancia a sus propios ojos. Sentía que su deber era cambiarse de algo. otras. miedo. Bruce seguía sonriendo de sus propios pensamientos. los trajes los colgaba en el ropero de Bernice. sonriendo. Cleveland y Des Moines. ¿Cómo iba a dejar de sonreír aun sabiendo que disgustaba a Bernice? ¿Cómo podría explicar que aquella sonrisa no era causa de las tonterías de ella tanto como de las suyas propias? “Por razones de arte”. pensó. silenciosa y maliciosamente. le tomara por un loco o por un ladrón que trataba de robar la tienda. Si tuviera su talento. pensó. ¿Cómo iba a terminarla? Vamos a suponer que un guardia se presentara por allí. pero tengo que volver a salir inmediatamente. pensamientos en torno a sí mismo. Después de la comida él iría a sentarse a la ventana. para cambiar de camisa. El cuarto de baño estaba entre el estudio y la alcoba de Bernice. ¿Había algo entre Bernice y el jovenzuelo? No le importó gran cosa. al volver Bruce de la redacción una tarde. Había querido preguntarle a Bernice acerca de esto. hubiera dicho Tom Wills en un arrebato de mal humor. sentado con Bernice. “La vida tal y como es”. En un momento así hubiera podido prender fuego a un edificio lleno de dinamita. sin duda”. El que Bernice había encontrado y amueblado para sí y para Bruce tenía un cuarto grande a la calle con una chimenea. “Lo siento —dijo—. en Chicago. Sentía desprecio por Bernice y por sí mismo. “Matrimonios sin hijos y sin ganas de tenerlos. No miro el periódico del domingo ni una vez al mes. A veces caía ella en un mutismo malhumorado. y Bernice se apresuraría a salir del cuarto para pasar la noche con algunos amigos. Quizá volviera ella a su alcoba y se pusiera a trabajar en aquella novela. Por medio de la distorsión se podían conseguir ciertos efectos imposibles con la técnica común. de la pastelería generalmente. poniendo una de las chuletas en un plato y sirviendo a Bernice. En la alcoba de Bernice había una cómoda donde Bruce guardaba las camisas y la ropa interior. vamos a suponer que el guardia le detuviera. Bruce sintió que se había metido donde no le llamaban. El muchacho había asistido una noche a una reunión en casa de Bernice —Bruce estuvo presente— y había hablado sin parar. viendo al hombre enamorado de la mujer de cera. y eso sólo para ver qué partido ha sacado de ellas ese judío. Bernice le tenía miedo. entonces me pondría a escribir. ella estaba enfadada con él y tendrían que cenar en silencio. donde Bernice estaba ya sentada. realmente. con la misma calma con que encendía un cigarrillo. Unos cuantos días más tarde. Algo por el estilo de lo que traen los periódicos del domingo. pero no se había atrevido. donde Bruce pasaba la noche —cuando no iba al cuarto de Bernice. lo cual ocurría raramente—. Quizá en tales ocasiones él mismo fuera como un edificio lleno de dinamita. y. pero. Cuando el matrimonio comía en casa solían traer algo de la tienda. Se imaginaba la conversación entre el guardia y el hombre: el hombre trataba de explicar su amor y su soledad. probablemente para toda la noche. y se estaban poniendo rápidamente de moda en otras ciudades más pequeñas. ¡Qué lástima que Bernice no sea caricaturista! Viéndome en calzoncillos podría sacar una escena estupenda de la vida moderna. algo de este tipo. y se desconcertó. lo absurdo de su mente y de su vida. estudios. Fué un momento difícil.apoderara de él. la noche que se sentó con Bernice frente al plato de chuletas. destinados especialmente para matrimonios sin hijos. Tengo tarea en la redacción. pero ya sabes lo que quiero decir.” Después de decir esto salió precipitadamente del estudio y entró en la alcoba de Bernice. Esto para conseguir un efecto expresionista. como él y Bernice. “Quisiera que me vieras por las mañanas. piano y un sofá. como Detroit. y Bernice lo servía en una mesita de alas que luego quitaba de en medio. se encontró con que el individuo estaba allí. Lo que había querido preguntar era por qué había consentido ella que la retrataran así. Había una porción de éstos en Nueva York. Había pintado a Bernice en anchos planos de color y le había torcido un poco la boca. Tuvo que pensar muy de prisa. a los Estados Unidos. “Entre los mortales”. y Bruce quiso retroceder después de haberse asomado a la puerta del estudio. Después se puso a pensar en el retrato. trataba de tomarle a risa. En la pared había un retrato de ella. y vergüenza de tener miedo. rígido. Ahora. El sitio donde Bruce vivía con su mujer era uno de tantos pisos existentes hoy en las ciudades americanas. “El marido de la señora novelista preparándose para un día de trabajo”. dando vueltas en el cuchitril —le dijo una vez a Tom Wills—. Ella no podía. Los llamaban apartamientos. pero no supo hacerlo sin que ellos se desconcertaran. todavía sonriendo.” Bruce había atravesado lentamente el cuarto dirigiéndose hacia la mesa. En una librería del centro había un joven a quien Bruce había visto una vez en una reunión de artistas adonde él . Pensamientos en torno a Tom Wills. y él se sentaría allí. Su mente gustaba de juguetear con frases así. Bernice dormía en la alcoba y escribía en el estudio. En momentos así. hubiera podido volar a toda la ciudad de Chicago. pintado por un muchacho que había pasado un año o dos en Alemania después del armisticio y había vuelto entusiasmado con el resurgimiento del arte alemán. Una oreja era dos veces más grande que la otra. gente cuyas aspiraciones están por encima de eso”. “Por razones de arte.

y Bernice ahora se puso furiosa. Consideraba el arte como algo más allá de la realidad. ¿eh?” Bernice salió apresuradamente del cuarto. Al llegar al momento de la prueba. y yo me bajaré del mío. No temas. Ni él ni Bernice habían probado las chuletas. Se marcharía de la casa hasta que él saliera. ¿Había estado sonriendo toda la noche. pálido y macilento. a solas. pero sí creía conocer a Tom Wills. esclavizarla? Bernice decía que sí. sólo un poeta pudiera enamorarse de un maniquí de escaparate. pero la dificultad estaba en que.” ¿Por qué se le había pegado a Bruce esa frasecilla? Era un estribillo estúpido. Ella no dijo una palabra. ¿eh? Bruce se daba perfecta cuenta de la malicia de sus pensamientos. Era evidente que. pensó Bruce. hablando seriamente. Bernice. no era llorona. o algo por el estilo? Una vez. colgados del aire. y temía a todos los hombres. frías. Evidentemente. éste tenía más cariño al arte que ninguna otra persona a quien Bruce había conocido. Cosas de poeta. Tenía labios extraordinariamente gruesos y los ojos negros. y la mujer de cera del escaparate. “Por razones de arte. Bruce recordaba haber oído que escribía versos. Esa era la manera de hacer las cosas en tales establecimientos. “Anda. y si lo tenía. morder. Una mujer venía dos horas por la mañana a limpiar. ¿Por qué seguía sonriendo? Eso era lo que la ponía furiosa. y luego. El pequeño poeta. ciertamente mucho más que Bernice o cualquiera de sus amigos. Por fin había conseguido amargarle la comida y la noche. por qué? Ahora ella quería habérselas con él. Bueno. pegar. tan tierno. De quedarse allí. patalear. sin embargo. y yo me portaré contigo como un hombre. “Por razones de arte. y ella no perdía nunca de vista la necesidad de la dignidad en el sexo. ¿Por qué no dejarse ir suavemente por la vida. además. Bernice había expresado tales ideas. ¿Se atrevería ella a pegarle? No. Pudiera ser que realmente el muchacho se hubiera enamorado de un maniquí y que se lo hubiera contado a Bernice. no podía pronunciar una palabra. El escaparse por la puerta trasera y por la callejuela estaría por debajo de su dignidad de mujer. Ahora. El hombre era un perfeccionista. “Por razones de arte. sin saber por qué. ¿por qué? Si una mujer llegaba a ese punto en sus relaciones con un hombre. a causa de esa frasecilla? Y.” La frase sonaba en su cabeza como un estribillo. temía la posibilidad de que él la conquistara. ¿por qué se escapaba siempre Bernice? ¿Se iría ahora a su dormitorio a llorar? No. odiaba ella. y había pintado al héroe de su cuento como un majadero porque quería hacer aparecer insignificantes a todos los hombres? ¿Y por qué quería descollar ella. y en todos ellos los hombres eran parecidos al joven aquel de la librería. por lo que se refería a Tom Wills. aquel joven se le había convertido en el protagonista de la novela que Bernice estaba escribiendo. Varias veces había creído adivinar en Bernice el deseo de ser maltratada por él. El poeta y la mujer de cera se quedarían. con Bernice o con cualquier otra mujer. en la mesa. su mujer. Ahora lo habían echado todo a rodar. Bruce tuvo una idea. Seguía sonriendo. ofendida. Esto ocurrió antes de que Bruce consiguiera romper algo en ella. pórtate como una mujer. Bruce no creía entender o conocer bien a Bernice y sus amigos. Ella misma. pasara lo que pasara. él sabía que no lo haría. ¡Qué furiosa estaba! ¿Iba a pegarle? ¡Qué mirada confusa. El muchacho de la librería era bajo. la hembra? ¿Era este el objeto de todo el movimiento feminista? Bernice ya había escrito varios cuentos. Esto. con un bigotillo negro recortado. tan suave. sin molestar a los demás? ¿Tenía un propósito especial en atormentar a Bernice. Bernice se levantó y permaneció de pie. y las chuletas se quedarían allí. ¿Era verdad que todos los hombres querían romper algo en la mujer. ¿Habían llegado ya a no tener qué hablarse? Si así fuera. como hubiera podido mirar hacia la calle. al menos. como un animalillo furioso. poco después de su casamiento. una fragancia que rozara la realidad de las cosas con los dedos de un hombre humilde y . bájate de tu pedestal. Bernice. de hombre a mujer. muy brillantes. si ella quería salir de la casa tendría que cruzar el estudio y pasar por delante de él. Bernice no volvería a sentarse en el cuarto aquella noche mientras él estuviera en la casa. sin duda él había tenido la culpa. Bernice había descrito así a su héroe. ahora. enfureciendo a Bernice con la sonrisa. no era lo que él se había propuesto. El matrimonio no tenía criados. sin enfado alguno. ¿a qué se debía? Bruce se había sumergido en sus propios pensamientos y fué a sentarse a la ventana que daba a la calle. Se puso pálida y la mirada aquella apareció en sus ojos.había ido con Bernice. Bastante curioso. mirándole fijamente por encima de la mesa. por encima de todas las vulgaridades. se parecía un poco al joven de la librería. ¿qué es el arte? ¿Se reían del arte los hombres como él y Tom Wills? ¿Se inclinaban a pensar que el arte era una especie de exhibicionismo asqueroso por parte de algunos majaderos para quienes tal cosa era un medio de aparecer grandes y nobles a sus propios ojos. Anda. se pondría a trabajar en aquella novela corta. Sería un bajón para el sexo hembra —representado por Bernice—. Los dos parecían llevarse bastante bien entonces. ¿Podía ser verdad esto? Y si lo era. y durante mucho tiempo él la había creído. ¿Estaba Bruce preparado para ello? El creía que siempre lo había estado. irrealizados. cuando Bernice llegaba al colmo de la excitación. por decirlo así. su amor propio quizá. en sus ojos! Bruce levantó la cabeza y la miró impersonalmente. ¿Odiaba ella. después de todo. y ahora.

y de pronto sus dedos tocaron algo grasiento y desagradable. no podía recordar nada. ¿Es posible que el arte sea la cosa más exigente del mundo? Por regla general parece que cierta clase de hombres que no son físicamente fuertes casi siempre se dedican a cosas de arte. claro está. Cántaro. con boxeadores. vamos a suponer que yo sea un majadero tan grande como Bernice o . Pero. Vamos a ver. y durante algún tiempo. fué a ponerse delante del retrato. y al pasar apagó la luz. donde las manos del carnicero le habían interesado mucho más que las palabras de Bernice. Quizá estuviera sonriendo en aquel preciso momento con aquella sonrisa desesperante que la volvía medio loca. Bruce se levantó de la silla. pero ¿quién deja de tener pretensiones de una clase o de otra? Bueno. Fuera. que él sabía lo que el joven aquel dejaba de saber? Continuó así. Tenía. de sus pretensiones de fuerza. Se podía apostar cualquier cosa a que en tal caso. sin embargo. ¿Estaba esperando a que Bernice cruzara el cuarto. sacó el pañuelo del bolsillo de atrás del pantalón y se limpió los dedos. fué cuando ella cruzó la habitación sin que él levantara la mirada. cóntoro. de su fantasía. y la última emoción que había de tener en su vida de la presencia de su mujer. ¿por qué se había casado con Bernice? Volvió a su silla junto a la ventana. se preguntó. Había una porción de hombres de otros tipos. individuos como Tom Wills. dejadas allí en el plato. La técnica de distorsión sin duda significaba algo para los artistas europeos que la habían iniciado. Si tenía tal facultad. creía Tom Wills. como dicen los periodistas. se mantenían a la mayor distancia posible de estas conversaciones sobre arte. Bruce había tratado con puntos de juego. pero dudaba mucho de que el joven pintor tuviese idea de su verdadera significación. frecuentemente recibía una impresión. quizá lo mismo que una bella querida a quien el hombre. contrabandistas de licores. Señor. Al comenzar su carrera periodística. fumando un cigarrillo. frías. Aunque Bruce se había sentado a la ventana como para mirar afuera. muy especial. las sintió. de voluntad. En el periódico tenía una reputación especial. sin más ni más. de pie. era darse cuenta de las cosas. Estaba sentado con las manos cruzadas. sonriendo. Las tocó con los dedos. Le cogían y le ponían en la pista de un crimen. Ella se puso un vestido de noche y salió de la casa sin decir nada. sino en Tom Wills. Ella tenía. lo que tanta rabia le daba siempre que ocurría. Probarlo. ¡Qué fatalidad que ella tuviera que recordarle así! Continuaría pensando que él se reía de ella. el olfato. ¿por qué no la había puesto en juego en un momento de tanta importancia vital? En la oscuridad volvió a sonreír. sin duda. Oyó sus pasos. con un encogimiento de hombros. Tom Wills nunca discutía el asunto con nadie. Era una habilidad de la cual Bruce apenas hablaba. ¿De qué hablaba? ¿De su última novela corta o de una idea para un artículo en el número del domingo? Como no había estado escuchando. y. Lo que él hubiera podido traer le había parecido a Tom Wills una ofrenda tan mezquina que le avergonzaba el pensamiento de intentar la ofrenda. A causa de sus tareas como reportero. con gente de la pista. y luego. como el individuo anduviera por allí. oprimiendo el botón de la luz eléctrica. ladrones. Otros hombres de tipo más rudo. quéntaro. mirando al suelo. Bernice. con toda la gente del bronce. Cógeme a un negro por el dedo gordo. Seguía haciendo lo que tanta rabia le dió a ella al principio. Lo que sí sabía hacer. De todos modos. él y Bernice se habían metido en un atolladero. No escribía bien. era otra cosa. en realidad no veía a la gente que pasaba por la calle. no lo intentó siquiera. pero en aquel momento no pensaba en ella. para castigarla un poco más? “¿Me estaré convirtiendo en un sádico?”. sino de algo completamente femenino. excepto con Bruce. su actitud sí que le había impedido a ella continuar. Entraba en un cuarto donde varios hombres estaban reunidos. tal penetración. la calle estaba completamente a oscuras. quisiera traer todas las cosas bellas y ricas de su mente. de sus aspiraciones como escritora. y eso solamente después de una amistad de varios meses entre los dos. al cruzar el cuarto donde estaba sentado con la vista fija en el suelo. tales pretensiones. si tenía tal facultad. vamos a suponer. con jugadores de baseball. Pasaría la noche probablemente con sus amigos. Había otros que también lo tenían. el niño dentro del hombre.enamorado —algo de este tipo—. Cuando un individuo como él iba con su mujer a reuniones de los llamados artistas. no de fuerza masculina y de virilidad. Muy bien. al entrar en un cuarto donde una porción de ellos se hallaban congregados. quintara. en una taberna de contrabandistas. quizá con aquel joven que estaba de dependiente en la librería o con el pintor que había estado dos años en Alemania y que había pintado su retrato. ¡Qué gran superioridad la suya! ¿Iba él a erigirse en juez y a concluir. Eran las chuletas. la habilidad. ¡De modo que ella había resuelto atreverse a pasar por el cuarto haciéndole un desaire! La cosa había empezado en la carnicería. al fondo de una callejuela. mirando el retrato. Bruce podía señalar con el dedo al autor de la fechoría. fué escritor de deportes.

bajo el cielo estrellado. Su contacto físico con el apartamiento en que había vivido con Bernice era muy ligero: unas cuantas corbatas muy usadas. ¿eh? Se encogió de hombros. Vamos a suponer que Bruce hubiera ido a casa de Tom la noche que dejó a Bernice. la caricia de aquella mano que cogía la brocha. el whisky. aquella vez en su taller de pintura. que vuelve a casa por la mañana temprano. “Pase usted. Antes de sembrar la semilla. ¿Por qué no he caído en el surco? ¿Por qué no he encontrado tierra en que arraigar? “Vamos a suponer que una noche me hubiera llegado a Bernice y le hubiera dado un par de sopapos. blasfemias. Casi todo lo que Sponge contaba ya lo había oído antes. algunas camisas y cuellos. vamos a suponer que sea ella la que se ha quedado atrás. mientras trabajaba junto a Sponge Martín. Señor!. más tarde transformado en Bruce Dudley. la verdad. en relación con la tierra sobre la que yacía. Vamos a suponer que sea diez veces peor. dormida. con el valle del Ohío. Eso de escribir se queda para mí.. “¿No saben ustedes? Pienso dejar a mi esposa. era hombre de fuerza. La noche que dejó a Bernice. ¡Sabe Dios! Y la idea me ilusiona. dentro de un cajón de la cómoda. Sí. se dijo a sí mismo. las raíces inútiles. al oírle contar la historia de sus relaciones con su vieja. Vamos a suponer que hubiera tirado por la ventana la máquina de escribir de Bernice. rudezas. a ver qué es lo que descubro. He pensado hacer una pequeña excursión por dentro de mí mismo. soltar una buena carcajada para uno mismo. quizá por la respetabilidad. como un ruido de pasos silenciosos y obstinados que cruzaban el cuarto. dos o tres trajes. mejor. Bruce recordaba haber oído en la redacción del periódico: “la mujer de Tom Wills es metodista”. abrazada al mozalbete. Tal vez no escribiera novelas cortas. donde vivía Tom. ¿a qué viene el querer vivir? Vamos a suponer que hubiera ido a casa de Tom Wills la noche que dejó a Bernice. Bruce. ¡Maldita sea! Se acabaron las palabras vacías. a rastrillar. y luego cogió el sombrero y salió de la casa. contando su historia. Más tarde. Me resulta mucho más agradable que no el pensar que soy un infeliz o que era un infeliz cuando me casé. Bien pudiera suponerlo. Soy un obrero. El “Uno mismo” es un país que muy pocos hombres conocen. La historia de Sponge. Voy a emprender un viajecito de exploración. de pasión —afeada después—. Te voy a desbrozar.cualquiera de los otros. bebido. pensaba en Tom Wills y ¿en qué más? ¡Oh. no sentía el menor remordimiento por la forma en que se había marchado de la casa. devanaba esos pensamientos la noche en que dejó a su mujer. Poesía de semilla hambrienta. con cuidado. Treinta y cuatro años. cuando así apetece. le daba la chifladura por otra cosa. Ahora siempre recordaría a su mujer como algo vago y distante. lo mismo da una forma que otra. Bichito. Bruce entra en el cuartito de estar. en compañía de Tom y su mujer. siempre estaba bien. Tom en zapatillas. Trataba de imaginarse a sí mismo en el tranvía que le llevaba a las afueras. y desde entonces haya crecido un poco. Indiana. que guardaba en un armario. pero siempre era agradable oír un buen relato. Tú.” Mientras Sponge Martín hablaba. A juzgar por los informes que tenía. el montón de serrín. La mujer de Tom abre la puerta. me largo. pero. Sí. en el momento de llamar a la puerta. criatura llena de vida. Hay otras cosas que le interesan más. con la vista en el suelo. una noche de otoño. Sponge. que he dejado de estar al tanto de las cosas. métete en fila y sé la mujer de un obrero. la expresión del momento verdaderamente dramático en una vida. el labrador ara el terreno. “De marcharse. cuando puso al banquero en la calle. no tengo la menor idea de lo que voy a hacer. humildemente. como se hace con un campo. y. Ella cree que soy una inutilidad. aunque Sponge la contara mil veces. Vamos a suponer que también Tom Wills sea diez veces peor. Sponge en relación con el pueblo. Tal vez sea un . de operario en la fábrica de Old Harbor. mientras menos escándalo. la mujer de Tom era bastante parecida a Bernice. y que se encuentra a Bichito echada en la alfombra nueva. Se sentó en la oscuridad un par de horas. y. Tendría gracia ver a Bruce sentado en el cuartito. acostado sobre el montón de serrín. Bruce se sentía a sí mismo como algo flotante y desorganizado. origen de poesía tal vez. percibiendo todas las palabras. podía seguir el hilo de sus propios pensamientos. Físicamente. luego. en las palabras. un abrigo de invierno. ”He tenido la ocurrencia de venir aquí a decírselo a ustedes. pensando: Sponge. Si no va a poder uno reírse de sí mismo.” Después. Y. y sin prole. entonces. Yo voy a ello despacio. al oír hablar a Sponge. ¿Por qué no se había apoderado de la vida con sus propias manos? Palabras. “Soy como una semilla que flota en el viento. pero. el cariño de una mujer vieja y dura como un “foxterrier”. donde él. porque mañana no pienso aparecer por la redacción. Tal vez hubiera arte en ello. a lo mejor. no quiere portarse como una mujer. Tal vez fuera yo un chiquillo cuando me casé con Bernice. brocha en mano al pintar ruedas de automóvil. eso es. destruye la maleza. que vivía ahora en una casa de Cincinnati. Las palabras son cosas tiernas que llevan a la poesía —o a la mentira—.. tres pipas. VII John Stockton.

unos trescientos cincuenta dólares. hierro. Todo el mundo interesado en Leopold y Loeb. los campos mismos. Leopold y Loeb se convierten en los favoritos de la nación. Tal vez desde el principio. había perdido todo contacto con las cosas: piedras amontonadas en los campos. una idea divertida con la que le gustaba jugar mientras barnizaba ruedas. al par de todo esto. y. ”¿Si me habré metido a poeta?” Después de salir de Chicago. Tenía cierta cantidad en el Banco. Una vez establecida una costumbre. herramientas. pensaba. un nómada. un hombre honrado. lo es en nuestras relaciones con los demás. trescientos cincuenta estaban todavía intactos. La nación. Bruce se entretenía tratando de imaginar la conversación en que hubiera contado sus planes a Tom Wills y a su mujer o a cualquier otra persona. al menos. y por la mañana. por dos dólares. Tal vez esto explique por qué no podía soportar más la presencia de Bernice”. “¡Buena se habría puesto la señora. árboles. donde. tomó un cuarto para pasar la noche. Durmió bastante bien. tenía la intención de hacerle a Bernice lo que por fin había hecho. “Tal vez sea yo un amante de hombres. casas. y luego. ¿eh? ”Estuve cerca. Todo el mundo con los mismos pensamientos. Vagamente tenía la creencia de que él. en lo que pudiera hacer con ellas. un ladrón que. sin decirle nada a su mujer. y buena se la habría cargado al pobre Tom por tener amigos de esa clase!” Al fin y al cabo. a una mujer atribulada. durante todos aquellos meses de peregrinación hacia el Sur. sustituido ahora por Sponge Martín. VIII Primero una cosa y luego otra. en Illinois. Pensaba en lo absurdo que hubiera sido tratar de contar a Tom Wills y la metodista de su mujer todos los pensamientos que tenía en la cabeza. Toda la pamema de la visita a Tom Wills era cosa inventada. Estaré cerca de nuevo desde lejos. Gran suerte que así fuera. tenía gracia que el tal individuo se pasara la mañana jugueteando con la idea de ir a visitar a Tom Wills y a la metodista de su mujer en una casa de las afueras. gente en las aceras. dejó la casa de su abuela para ir a vivir a Chicago. antes de ir al Banco. Recoge lós hilos sueltos de la vida. paredes de fábrica. pensaba. mientras daba vueltas por las calles de Chicago la noche de la riña muda con su mujer. de los cuales. en realidad. los reúne en un tejido. en busca de un hotel barato. ¿Qué hace ahora Harry Thaw? ¿Quién se ha divorciado? ¿Con quién se ha escapado la hija del obispo? ¡Siga la vida! ¡Ruede la bola! Un pillo que se marcha de Chicago en el tren de las once. como la mayoría de los norteamericanos. aceras. por el hombre que. tierra. fuego y agua. esmerándose por conseguir la rápida habilidad de manos que el obrero tenía. o. El periódico es uña parte necesaria de la vida moderna.hombre primitivo. hombres y mujeres en automóviles. hombres con traje de mecánico. pensaba. los muchachos asesinos. Esto pensaba al sentarse en el tren la mañana aquella de su marcha. Tenía gracia. dejándose atrás. a las diez. que un individuo dispuesto a marcharse a un pueblo llamado La Salle. repentinamente. desde el momento en que se casó con Bernice. Bruce pensaba que el comienzo de la educación quizá consistiera en la relación existente entre el hombre y sus manos. Claro está que no fué a visitar a Tom y a su mujer. abandona el servicio de un periódico diario en una ciudad norteamericana. Para Bruce había dejado de tener importancia lo que realmente había acaecido aquella noche. Una mujer casada que echa de menos a su marido. sonriendo de su propio pensamiento. ella le había regalado quinientos dólares. El mismo Tom Wills se había convertido en una especie de fantasma. Cuando. es muy difícil . La vida libre es algo peligroso —para las mujeres—. trabajaba a su lado. con el propósito de comprar allí una lancha de lance y de empezar a remar río abajo. Al salir del apartamiento se dirigió al parque Jackson a dar un paseo y luego echó a andar hacia el centro. ríos. la vida es una cosa muy seria. en la fábrica. estoy lejos. horrorizada del crimen de Leopold y Loeb. se informó de que a las once salía un tren para un pueblo llamado La Salle. cuerpos de mujeres. en lo que pudiera palpar con ellas. de muchacho. en las anunciaciones que los dedos llevaran al cerebro desde las cosas: acero. en la estela de la barca. mientras trabajaba al lado de Sponge Martín. que había dejado depositados a su nombre durante un par de años sin decirle nada a Bernice. Un embustero.

al menos. a meterse en ella. decía. ¡Siga la danza! Y. o tengan crios. por lo menos. porque el verano anterior se le había muerto una niña que había subido al cielo. Tal vez pensara Bernice que el periódico le había mandado fuera de la ciudad. los que encontraban la vida pesada y confusa. ¿verdad? Pero sería mucho mejor esconderla en el trigo. y él pensó que. Fíjate en los aeroplanos que tenemos y en la radio. muchas de ellas. Sólo se oía un distante zumbidillo de alas. ¿Sí? ¿Y aquellos trescientos cincuenta dólares que Bruce había tenido guardados durante más de cuatro años. al salir yo anoche se quedó él aquí.romperla. “Allá en Oregón se crían unas manzanas muy buenas”. Una de ellas fué con Tom Wills y duró tres días. ahora que el equipo de baseball no jugaba en la ciudad. cuando no se ha ganado ni una sola apuesta y la temporada ha terminado ya. le resultaría muy difícil a Bernice explicar la súbita desaparición de Bruce. ¿Crees que el mundo no progresa nada? Ya lo creo que progresa. Además. el dinero de su última jugada? Cuando uno va a las carreras y la temporada dura unos treinta días. contestaba Bruce. Se puso a hablar de una mujer que él conocía. siempre atareada. puede tratar libremente con hombres (las mujeres modernas hacen todo esto. como diría Ring Lardner. Bruce y Tom Wills se ponían a hablar juntos. quizá no lo sean. siempre pendiente de su marido. Bernice pidió algún dinero prestado. “Luego todo cambió. “No me entusiasman las manzanas”. como una cometa. No hacía falta tener que destrozar un hogar para que la gente se encontrara en ciertas situaciones que requerían justificación. y Bruce tuvo que hacer lo mismo. sobre este punto se cometen muchos errores. ¿Está enfermo John. Bueno. lo que creen que quieren. ¡Eh. Era bastante bonita y tocaba bien el piano. pero afortunadamente ocurrió durante las vacaciones de Tom. ¿Adonde iba? ¿Y a qué? Al llegar a este punto se quedaban los dos un poco cortados. Si no fuera tan compleja sería más simple. conquístala. A nadie se le figura el cielo como un sitio muy divertido. es un verdadero infierno”. Estoy seguro de que te gustaría ese tipo de hombre. un individuo. ¿cómo va uno a marcharse del pueblo sin tener un centavo ahorrado? ¿A la chita callando? Hay que marcharse a pie o vender la yegua. ”De modo que le hizo una buena oferta por tocar en su cine. A veces. no le hace diferencia”. Al principio tendría que mentir: “Ha tenido que salir de viaje por unos cuantos días”. con sólo el aire. jorque luego se muere uno y puede que se acabe la risa. muy calladita.. de un ser imaginario. “con todo y todo. Una mujer puede escribir novelas cortas o artículos para la edición del domingo. y éste consiguió salvarle el pellejo al amigo. era el momento oportuno para ponerse al corriente con Dios. si se puede.. que había hecho la canallada de dejar su casa y su trabajo. hombre! Las cosas han cambiado en estos últimos veinte años. Es mucho más cómodo.” Bernice. Bruce y Bernice se quedaron sin dinero. o. ¿eh? Bernice. Una mujer es una cosa muy especial. pues no puedes. entró un domingo en la iglesia. decía Tom. y. Oh. Pero no por eso son menos mujeres en el fondo. mejor será que haya un hombre en la casa. no dijo ni media palabra de los trescientos cincuenta dólares. con su amor propio humillado. La vida debiera ser otra cosa de lo que es. Las mujeres que hoy dan sus grandes batallitas por conseguir lo que quieren. ¿No hicimos una guerra piponuda? ¿No le pegamos a los alemanes? Los hombres engañan por engañar. así es que se colocó de organista en una iglesia. tú. “Como no sean muy religiosas. después. Quizá telefoneara Tom Wills al apartamiento —un poco enfadado—. Pero. Bruce se había ido de juerga dos o tres veces. Hay que darse cuenta de esto. En todas partes los maridos trataban de justificar las acciones de sus mujeres. ¿El coste del viático. Estando ya casado. ¡Despabílate. creería que estaba de borrachera. las mujeres trataban de justificar las acciones de sus maridos. eh? ¿Se había propuesto desde un principio hacer lo que finalmente había hecho? Cuando se es un tipo por el estilo hay que saber reírse de uno mismo. Le parecía a Tom que no eran sólo los hombres. si a mano viene. o qué pasa? “No. no. pero la picadura no se tradujo nunca en palabras. No. Si no puedes. IX Tres o cuatro veces después de casados. Ella se daba buena maña con las teclas y tenía un tipito muy . Las mujeres pensaban lo mismo. “Era una buena mujercita de su casa. bueno. hablaban a tirones de un individuo. esto no hace al caso. con toda probabilidad. es la moda). antigualla! Si puedes conquistarla. Después de tomar cuatro copas. si es que te gustan los hombres de ese tipo. dueño de un cine. pero. La misma mosca les había picado a los dos. Estuvieron a punto de perder sus puestos.

una vez viajó en una gabarra. noches calurosas. Después de todo.. no pudo menos de hacerlo. pero. a un alemán. pero ahora. audaz. Y ella. así les parecía a muchos hombres. ahora. que ríen. estaban formados por gente que no era americana. mi perro banjo.. entre pueblos y aserraderas.mono. a establecer comparaciones. atendían al negocio. pero lo primero que hizo fué empezar a darse importancia delante de su marido. pobre o rico.” Tom Wills no creía que ella se lo hubiera propuesto. Se podía tomar el tren y marchar a donde uno quisiera. Ella no tenía la culpa. se sentaba a la puerta de las tiendas. ay. No se puede hacer de un sitio lo que este sitio no quiere ser. italianos. ¿Existía tal cosa como un americano? Quizá Bruce mismo fuera esa cosa. y al día siguiente. alemanes. a la sombra de los árboles. días enteros vagando por los pueblos de la orilla. En la redacción del periódico se decía que su mujer le tenía dominado. Si uno es un hombre que piensa —Bruce lo era—. “Y ya la tienes subida en un pedestal —decía Tom—. septiembre. sea joven o viejo. Tom nunca llegó a decir: “yo me largaría también”. judíos. recién llegado de su viaje por el río. Era inquieto. Pocos o ningunos barcos. mi perro banjo! *** Que yo a ti no te daría nada de mi bollo dulce. julio. dormía. La gente hablaba de una manera lenta. algunos negros trabajaban en los campos de algodón. pescaban en el río. temeroso. en paquebotes de excursión. ingleses. Las mujeres. facciones caucásicas. le daba los mejores trabajos de la redacción porque creía que los dos estaban metidos en el mismo berenjenal? X Calor. dijo. continuamente pensaba en algo. ¿Podría él llegar a conocer a un judío. soñaba. Junio. medias—. en Nueva Orleans. amistades con franceses. Los círculos intelectuales del Medio-Oeste. el moreno de terciopelo. Y eso le pasa todos los sábados por la noche. creando una raza de color cada vez más claro. Desde su altura se puso a contemplar a su maridito. a un francés. Voces bajas. siempre iba a estrellarse contra el judío. otras. se lanzaba en ellos. morenas. que podía resumirse en la frase: ¿A qué la prisa? Se sentaba en la orilla. a un negro. mientras Bernice. A menudo. ¡Ay. agosto. Nunca le dió tan fuerte. Si uno es un lienzo. “La pura”. Bruce. *** Muchas cosas de estas en la vida americana. Sombras fugaces al borde de los campos de algodón. Muchos hombres que pasan gradualmente del color negro al moreno. la picadura de la mosca. El viaje río abajo fué cosa muy lenta.” Se acercó a Bruce y le habló al oído. El judío y Tom no se llevaban bien. Antes. un escultor italiano. Cuando Tom se presentaba por la mañana de mal humor. en los pueblos del río. Tom le dijo a Bruce lo mismo del joven judío. con un poco de tacto. ¿a qué la prisa? En aquel tiempo. a un inglés? Y. uno hace medios — conocimientos. Bruce Dudley. Ay. aparecía por todas partes. de color moreno. perezosa. ¿Se portaba Tom amistosamente. Tan orgulloso porque puede hacer bailar a las palabras de coronilla. . Había un joven escultor polaco. él parecía todo un hombre. En los negros. El judío de la redacción le dijo una vez a Bruce que Tom le tenía un miedo cerval a su mujer. otros. que acababa de dejar a Bernice y su puesto en el periódico. ¿tiembla uno al ver al pintor delante? Todos los otros les prestan sus colores. Noches suaves del Sur. en los caminos oscuros. es cosa muy fácil pescar a un hombre. Una composición en proceso. Bruce tenía algo que mirar. un aficionado francés. almorzando juntos. al margen de los cuales Bruce había vivido. más intrépida. “Cochino chupatinta —decía—. o al menos. que tenía talento para eso. Uno mismo la composición.” Lo que Tom quería decir era que el instinto de escape. algo en qué pensar. tímido. Venían luego el moreno claro.

Mucho mejor que nadie conozca su propia insignificancia. Bruce escribió irnos cuantos poemas. cógelo mientras baila! Tonos de canción en las palabras. con una risa y con un ritmo de baile en el cuerpo. en serio. “JESUS SALVARA”. Los escoceses bajo la bandera inglesa. o en el Item o en States. aceites. la calle. suecos. Harry Wills. cuando uno quiere tener el cuerpo perezoso y la mente activa. ¡Pintores americanos. rojos. que ningún judío alemán. Y uno sabe arreglárselas cuando no se quiere mirar y escuchar. más ávidos por entrar. cántanos algo. hay que empezar a hacer. negros que ríen. morenos. ¡Ay. los blancos en un pabellón. sentada en una mecedora. negros por las calles de la ciudad. música en las palabras —en los colores también—. hombros anchos. entraban por la puerta falsa. un hombre macilento. moreno rojizo. algunas veces. descalzo. Días de calor. morenos de terciopelo. Tullula Bankhead.Conciencia de hombres morenos. Cuando el sudor corre por los hombros oscuros. los negros. mujeres negras. Necesitamos gente seria. hay que despertar. sin itinerario fijo. Negros en el muelle. mi perro banjo! Van Wyck Brooks. “Mini. a la llegada de Bruce. William Alien White. canta. Más dispuestos a entrar. En el río. hubiera podido ir al centro y tantear el terreno en el Picayune. ¡Párame eso. Los domingos. Un gato pardo al acecho en la sombra de una casa. Bruce. si no tenemos gente de este tipo? En cuanto a Bruce. ¡Ay. Letreros. mi niña! . provista de un motor de gasolina. Ring Lardner. Y la yerba que crece en el prado de en medio. amarillos. En el Sur se baila —al aire libre—. junto al primero —no. ¿Por qué no ir a visitar a Jack McClure. madera. Bernice estaba muy lejos. colores chillones de los negros en las mujeres negras. polaco. Anda. en un prado. En Nueva Orleans. Sudan. Una mujer morena. baila. las muchachas morenas se sueltan el pelo con los colores. mentecatos! Tras una sombra de Gauguin en el mar del Sur. tendidos sobre la estrecha cubierta. Dos chiquillos descalzos. una voz suave. Hombres: si queréis progreso. Anita Loos. cantarina —dedicada a Dios el domingo por la noche—. japoneses. caras de monos viejos. una tonada criolla. géneros. G. tenía algún dinero. hombres negros. ojos tranquilos. los largos muelles del río. negros medio desnudos —un baile de sombras. verdes de maíz en brote. ni Cleveland o Detroit. Capitanes de barco franceses. ingleses. cuerpos de dioses jóvenes. madre de trece chiquillos —un hombre distinto para cada uno—. Jack. ¿Qué más daba? Todavía le quedaba algún dinero del que se había echado en el bolsillo al salir de Chicago. Sus dientes eran raigones negros. mi perro banjo! Cante en el aire. Gracias a Dios. Los muelles de la ciudad forman una gran media luna. Muchachas negras por las calles. con un arrastre de pies. Calor. maíz. Stark Young. en las últimas veinte millas. Barcos limpios. “HAGASE TU VOLUNTAD”. Hubiera podido conseguir trabajo. ¡Ay. morenos oscuros. colgantes. H. un hombre serio? Si no podemos producir hombres buenos y serios. Algún predicador errante que viajaba de Norte a Sur para salvar al mundo. Frank Crowninshield. de mujeres morenas. cuando van a la iglesia. escriben sus opiniones sobre cosas de arte —¿por qué no?—. mentecato de pintor. ¿Cuánto cuesta producir un hombre bueno. en otro pabellón. En todo un ritmo pausado de baile. que se adentraban más y más en la vida americana. o a un bautizo en las rías. El predicador. Heywood Broum. Mucho mejor que ella no lo supiera. minino. Su mujer. dos más allá. Bill Heywood. Los alemanes navegando ahora bajo otras banderas. ¿cómo vamos a hacer ningún progreso? Nunca llegaremos a ninguna parte si no somos conscientes. italiano. en busca de un puesto. toma la leche”. ¿Quién va a dirigir la función. junto al timón. En Nueva Orleans. se puede encontrar un desván en que dormir por cinco dólares al mes. ningún sentimiento sensual que necesitara expresarse con el cuerpo. labios gruesos. en este tiempo. De pie. amarillo de oro. Los hombres que trabajan en los muelles de Nueva Orleans tienen ijares esbeltos como caballos de carrera. Hay que tener más hombres serios en este país. escriben Buenos libros. la noche es calurosa. va a la iglesia. como Bruce. pero. ¿no es verdad?: The Literary Digest. entonces. por lo tanto. ¿qué más daba? Bueno. moreno morado. se adentraban más en él mismo. Jack Johnson. escoceses. una casucha flotante. frutas. que cargan algodón. dedicada ¿a qué? el miércoles por la noche. Eva Le Gallienne. Estos hechos establecidos pronto tendrían que ser aceptados por individuos que. caderas anchas. oscuros. un baile pausado. americanos. plátanos. algunas veces. Henry Mencken. Nueva Orleans no era Chicago. estaban quizá borrachos de intelectualismo. sabiendo arreglárselas. Los colores de la piel: moreno. riendo. Grandes barcos mercantes que descargan café. una llamarada: morados. de barba sucia. un baile. The Dial Book of Modern Art. hombros anchos. Wells. descalza también. barcos sucios. el coplero del Picayune? Anda. hay que tenerla a toda costa. los colores resaltan y bailan ante los ojos.

¿Por qué? Los hombres del Norte. reíd un poco. Y los mares serán rojos. Ella sabe que Bruce la está mirando. un cuento. sobre todo después de la muerte de Gauguin. De noche. donde el alquiler era muy barato. Bruce se levantó y. Dame la palabra. En la estrecha callejuela. Desnudo en la cama. cien. pero un día todo será derruido para construir fábricas. no hay prisa. Muchacha morena de cuerpo esbelto. Bruce vivió cinco meses en una casa vieja. Entonces. ¿Por qué no venderlo a una señora de la aristocracia en Nueva Orleans? Pudiera cobrar algún dinero para seguir vagando un poco más. marchando por la callejuela. perezosa. barcos. Pintar los ijares suaves. Una rota jerigonza de palabras en la cabeza. El cuerpo de la muchacha morena era como la gruesa hoja ondeante del plátano. por qué ríe a la salida del sol?” Calor. que entre húmedas paredes viejas conducen a frescos sitios. Una taza de buen café y un panecillo por cinco centavos. ¿Qué importa? Está contemplándola como uno pudiera contemplar los árboles o potros cerriles que juguetean en la pradera. ni señales de haber llovido. ¿Recordáis cuando la mujer morena trató de seducirle y cómo se escapó? Gauguin puso la mar de sal en su libro. Nada de aguachirle. cerca del río. Algunas veces duerme sola. Dame la palabra. antes de ponerse a escribir versos. Bruce yacía perezosamente en la cama. al pensar en los negros. se muestran brutales o sentimentales. “¡No fastidiar. una negra de veinte años se levanta a las cinco y se despereza. El sol lo sorbe todo. Mandarlo al Art Institnte de Chicago. ¿Pensar claro sobre qué? Bueno. Chaparrones en remolinos sobre media docena de manzanas en las calles de la ciudad. contra el tronco de un árbol. donde por cinco centavos le daban un panecillo y una taza de café. sangre blanca. Vamos despacio. una docena. en la casa de enfrente. flexible. Bruce recordaba estas palabras escritas por un negro: “¿Llegará a saber algún día el poeta blanco por qué mi gente anda tan despacio. donde las cucarachas corrían por las paredes. café. pero luego se encargaron de recortarlo. estrechos. En la vieja Nueva Orleans. salió a otra calle. se atiborran de Keats y Shelley. de un trabajador moreno. hombres! ¿Qué importa el significado? Dame la palabra. La risa lenta. Es algo muy bello —viejas sombras que bailan por las amadas paredes viejas—. si quiere. frente por frente. Estoy regalando de mi propia riqueza a muchas mañanas. Dan compasión a quienes no la necesitan. nunca sentía ganas de escribir nada. a los días y a los barcos balanceadores. Pintar una muchacha negra en una hoja ancha. Sale el sol en un cielo color de mostaza. Correrá mi sangre por las heridas y ensangrentará los mares y la tierra. leche! ¡Dejamos solos! ¡Ya flotaremos!” Sangre morena. Bruce se revuelve en la cama y la contempla. Si uno fuera pintor podría pintar eso tal vez. uno podría llegar a pensar claro. echándose un traguito. Cuando estaba en el periódico.Tenía gracia que Bruce intentara escribir poemas. uno deja que la lenta brisa del río llegue. Un baile pausado. maíz. Dame tres palabras. Mi sangre está espesa de rendimiento. Demasiado calor húmedo para que un poco más de calor húmedo importe nada. En otro cuarto. pero otras un hombre moreno duerme con ella. en diez minutos. algodón. Hombre moreno de ijares delgados. no lo adivinaría nunca. de los negros. Me he rendido a los mares. río hondo. también estoy yo murmurando. a los soles. Aquí. Freddy O’Brien se marchó también. cuando las aguas de los mares murmuran. puede ser. Pensaba en los negros. Ensangrentará la tierra allí donde los mares se acercan a besarla. . ondeante. Mandarlo a la Anderson Galleries de Nueva York. Los hombres y las mujeres del Sur comprenden mejor. los dos se desperezan. Ella no lo sabría. vivían mujeres negras. ¿Qué significaba todo esto? Oh. A nadie le importaba. Un pintor francés se marchó al mar del Sur. y mandarlo al Norte. las estrechas calles están llenas de verjas de hierro. música. las mañanas calurosas de verano. Deja que mi garganta y mis labios acaricien las palabras de tus labios. donde un hombre tiene por fuerza que escribir. Los hombres blancos del Sur. En Chicago.

No hay prisa. mi madre va a darme a mí un pan de pasas. Cante. en un cuarto de cinco dólares. Luego. zas. Noa-Noa. “Ahora a casita. Cuando se te quite la manía de la prisa. con tu poquito de sangre blanca. ¡Y. El baile de los cuerpos. Sin prisas. oliendo la extrañeza. A mirar y a escuchar. otro poquito más blanco grisáceo. lío el petate y de vuelta al Norte. Me joroban. No hay prisa. A Sponge le divertía mucho aquella prisa. puede que la mente empiece a funcionar. “¿Sabes por qué mi gente ríe por la mañana? ¿Sabes por qué mi gente anda tan despacito?” Sigue durmiendo. Cante. Las mujeres se conocen bien: las blancas y las negras. Ay. ¡Como que cuesta un ojo de la cara hacerse hoy con una mujer! ¡Como que ya van quedando muy pocas! ¡Nada más que . Vamos despacito. Palabras dulces. Quiere y no quiere ir. Los viajeros del Norte contribuyen.” Sponge canta mientras arregla y guarda sus herramientas. Dentro de poco. ¿Recuerdas la sensación de extrañeza? Un pintor francés. quita la tapa. labios gruesos. de camino para la plaza.” El individuo huraño que trabajaba al lado de Sponge tenía mucha prisa por salir. Sponge Martín guarda las brochas. en el Sur. Y este tío con la pipa en la boca. si se le va ésta. por café y un panecillo. en cuanto lleguen los días de frío. blanco barroso. que yo a ti no te daría nada de mi bollo dulce. un baile pausado. Con instinto de verdadero trabajador. no va a poder agenciarse otra. Sponge. gordas y buenas. las otras allí. *** Que yo atino te daría nada de mi bollo dulce. otro poquito más. Y me quede aquí. un poquito más. Dios! ¡Ay. y la comida en la mesa. un baile pausado. “No me gusta la gente zarrapastrosa. XI “Noche del sábado. Cada dos minutos miraba al reloj. A los negros les gusta tener la garganta libre para cantar. Negras y blancas. Despacito. La muchacha morena oliendo la extrañeza. según dicen. Marineros de ojos pitarrosos. y el lunes por la mañana estarán que de perilla. Bruce en la cama. y allí. A los negros les gustan las cosas buenas. las anchas hojas mecidas del plátano. Mi vieja de trajín en la cocina. Puede que nazca en ti la canción. Luego a la calle. No hay prisa. “Deja las brochas así. un baile pausado. mi perro banjo! ¿Recordáis aquella noche que Gauguin volvió a su cabaña. mejor es que no lo haga. Algún día quizá vuelva. al otro lado! Algo perdido también. Tiene miedo de que. Misticismo moreno por las paredes del cuarto. en el pelo de un francés. maíz. a ver si su vieja está allí todavía y si está sola.el café del desayuno en los sitios baratos es como aguachirle. Le gustan las cosas en orden: éstas aquí. en los ojos de una muchacha morena. Nada de limpiar las brochas o de poner las cosas en orden. que a veces no cambian. estaba la esbelta muchacha morena aguardándole? Mejor será que leáis el libro. y Bruce le imita en todos los movimientos. Tú eres un negro allá abajo. esperando. baile. carne. hombre blanco. en un cuarto de cinco dólares al mes. cinco centavos. Hacía diez minutos que estaba listo. Noa-Noa se llama. Calor. ¿Amor? ¡Ca! Olor de extrañeza. Un hombre blanco echado en la cama. caña de azúcar. ¡Qué bien si Tom Wills estuviera aquí! ¿Qué tal si le escribiera una carta? No. ¡Ay." Saca el perol. de rodillas en la oscuridad. Lejos. *** Tarde del sábado en la fábrica de Old Harbor. Un sinvergonzón muy ordenado. en la cama. ¿A qué viene la bulla? Un poquito más blanco.

había suficiente espacio para varias vías de (ferrocarril y para la hilera de fábricas. Es la pasión norteamericana de la agitación. sin saberlo. o una finca. por fin. un niño y una niña. y un poco antes de que la pequeña familia se fuera a vivir a Indianápolis. como su padre —director de la escuela—. Cuando una de estas tribus se queda bollada. Siguen hacia Tejas. Se bajó de un salto y se alejó con gran . Las tardes de primavera y otoño siempre estaba jugando a la puerta del hotel. sentada en las rodillas de un muchacho. El país va llenándose de tales caravanas. que. y se había casado. El hotel donde paraba Bruce estaba en una calle de trabajadores. El hijo de la viuda del hotel se había marchado a Chicago. Una tarde. “Me gusta. Hay una porción de gente de este tipo. y de aquí a la Florida. pero pronto se cansan de aquello. otras. Lo mismo da tener unas intenciones que otras. “Véngase usted a comer con nosotros el domingo”. se contentaban con la fondita limpia. la hija empezaba a encargarse de las cosas. Era entonces una viuda joven con dos hijos. y le daban cuartos y caramelos. La hija de la casa era entonces una muñequita muy mona. pero la hija no tuvo esa suerte. Ahora que la madre iba haciéndose vieja. millares de ellas. Marchaba ahora junto a Sponge por la empinada calle. Querían guardarse algo del dinero que se les concedía para viajes. Bruce sospechaba que Sponge había inventado aquella historia del obrero y su mujer para divertirse y para divertirle a él. dándose mutuamente explicaciones por estar en el hotel más barato. Su padre y el chico aquel. porque el pueblo había cambiado. colina que abruptamente ascendía desde la misma orilla del río. Gira que gira. gente de Illinois. y. No sabía lo que era. luego. pero ellos continúan su viaje.ton. un pequeño parador de trabajadores situado en una calle a media ladera de la colina de Old Harbor. Era en la época en que su padre era director de la escuela. por lo visto. No dió con un hombre. Era muy dificultoso subir la cuesta. No estaba bien que siguiera haciendo aquello. decía Sponge. ¿A qué edad se daría ella cuenta de que ya era una mujer? Quizá pasara. como ahora. Salieron juntos a la calle. de arriba. Era una historia acerca de cierta clase de gente. cuando Bruce era niño. según dicen”. entre el río y las vías. aquello era lo de más postín en el pueblo. a empezar de nuevo la función. El coche. Señor! La vida es un círculo. y parecían avergonzados de ello. El hotel había cambiado. desvencijado. Se ponen en marcha hombres. entonces Juan Stock. “¿Cuánto duraría eso?”. Años ha —cuando Bruce. pequeños artefactos de madera. y todas ellas sueltas. en vez de irse al hotel más caro de la calle principal. Aquí hay menos ruido”. Toda la parte de la ladera era campo entonces. comenzaba lo que Sponge llamaba “el barrio de postín”. suena como el carro de la leche. y. por encima de las calles comerciales. uno tras otro. estos hombres sacaban las sillas a la puerta y se sentaban a charlar. una posada para obreros. paralelas a las vías daban la vuelta a la colina. muy juntos entre sí. Se empieza en un sitio y se acaba donde se empezó. los dos dedicados al mismo trabajo en Chicago. tuvo una emoción rara. A la orilla del río. de lo uno a lo otro. antes que hubiera automóviles. La sentaban en las rodillas. A California se ha dicho. mayormente en Nueva Inglaterra!. donde encontró trabajo. Por las noches. el apiñamiento de callejas con sus casas para trabajadores. el niño era el mayor de los dos. arriba. se cruzarían en el camino. El largo edificio de ladrillos rojos de la compañía de ruedas. Bruce se acordó de repente de una historia que le habían contado en la redacción. de camino hacia su hotel. dijo Sponge. al sitio de donde salieron. luego. Vuelven. se había marchado a Chicago. gente de Ohío. El hotel pertenecía aún a la misma mujer: una viuda. decía uno de ellos. con sus largos rizos rubios. entonces de pantalón corto. era un chiquillo y vivía en el mismo hotel—. Invitaba a Bruce todos los sábados y Bruce había aceptado ya varias veces. sin un hombre. No era el mejor hotel del pueblo aún en aquella época. gente de Iowa. Cogen la finca o la tienda.unos diez millones. seguían dos calles de tiendas. Bruce sonrió de dientes afuera: “¡Ay. y que de pronto se da cuenta de que no van a ninguna parte. Algunas calles ascendían perpendiculares a las vías y al estrecho camino que pasaba por las puertas de las fábricas. Old Harbor no tenía mucha gente de postín. Al oír esto. por último. algunas personas de medio pelo. donde consiguió trabajo como escritor de anuncios en una agencia. y ella se divertía. El barrio comercial estaba a media ladera. “Mitad morralla y mitad postín”. Había desaparecido de la escena cuando Bruce volvió allá. además. ¡tan serios en sus tareas! Cuando oyó lo que el hijo de la casa hacía en Chicago. Cuando Bruce era un chiquillo de pantalón corto y vivía allí con sus padres. las vías del tren. un camino polvoriento. El periodista de Chicago había tratado a una porción de gente una vez que hizo una excursión en automóvil con un amigo. “Gente que tiene un negocio. Lo ves y no lo ves”. que ya lo tenía cuando Bruce era niño. ni tampoco. mientras el obrero huraño se alejaba sin dar las buenas noches a sus dos compañeros. y la colina estaba cubierta de árboles. Bruce. va degenerando. y en un terraplén por encima de la marca de las aguas. Los viajantes la mimaban. y. se preguntó Bruce. Los viajantes de comercio que querían ahorrar algún dinero. la venden y compran un Ford. mujeres y niños. acampa en cualquier sitio y se ponen a trabajar en los campos o en las fábricas. un médico joven y soltero y dos muchachos abogados paraban en el hotel. manifestó Sponge con un guiño. había vivido con sus padres en el segundo piso del hotelito aquel de madera. Y.

El complejo de los psicoanalistas o cosa por el estilo. No hay que mirar atrás. aquella figura se le aparecía distinta e indistintamente. gozaba de cierto prestigio a los ojos de los demás. El cuarto de baño estaba en el mismo piso. A lo mejor me despierto una noche llorando. ”Más vale así. con deseos de sentir la caricia de sus brazos suaves. Su padre. Cuando Bruce era niño. Lo de ahora es otra tocata. hubiera querido ser niño otra vez? ¿Era ese el motivo de su vuelta a Old Harbor? “Claro que no —se dijo a sí mismo con energía—. y por la tarde volvía a casa solo. La cabeza empezó a hacerle tictac como un reloj en una casa vacía. entre viajantes. en la vida de su fantasía se presentaba joven y bella. se echó a temblar. se fué a su cuarto. después de muerta. Cenaban en el comedor. había estado a punto de hacerle algunas preguntas al viejo. ¿de hotelera también? ¿Por qué no dió con un hombre? Tal vez no quiso. entrando en el hotel. dime. la Audiencia y la madre del muchacho criminal. Marta Stockton? ¡Qué extraño! Desde que era hombre. en las tardes de primavera y otoño. ¿Ocurrió esto cuando Bruce era niño? El. se aclaró. papá: ¿Qué prefieres tener a tu lado: el cuerpo vivo de la mujer joven o el sueño. cansada de vivir. Se había puesto un poco gruesa. su padre y su madre solían sentarse algunas veces a la puerta del hotel. y también le daba vergüenza del niño. ven. había vivido con sus padres en el mismo piso donde tenía ahora sil cuarto. en el momento de subir la escalera conducido por la mujer. y otra más pequeña para él. creyendo que iban a llevarle a su antiguo cuarto. bañada por un líquido que cambia y flota. el reloj de la torre está dando las diez. La cena costaba entonces veinticinco centavos. ¿No me he escapado para dejarme de recuerdos? ¿Para respirar otro aire. unas cuantas puertas más allá. hilos de plata. Por la mañana. Idealización. vieja. Cuando padre e hijo almorzaban juntos en Chicago. El día que volvió a Old Harbor y entró en el hotel. al quedarse solo en el cuarto. acompañado de su padre generalmente. El viajante joven quería que volviera a sentársele en las rodillas. ¿Por qué no? Ha desaparecido. mitad invención. sabe Dios con qué sentimientos. En un principio. ven a mi lado. labradores y gente del pueblo. lo mismo que él. No quería que lo fuese. *** Perdidos en él oro. Madre. Tal vez el hotel tuviera entonces el mismo aspecto. si el tiempo era bueno. iba a la escuela. Hay que seguir hasta el fin. al mismo tiempo. Ocupaban dos habitaciones: una para sus padres. pensó que pudiera ser el mismo que había ocupado de niño.” Pero aquella mujer. de reposar la cabeza en su seno. A la caída de la tarde. querida madre. Una procesión de gente extraña. Señor! Da una vuelta y lo encontrarás. Su padre se quedaba en la escuela hasta más tarde. Tenía el pelo entrecano. ¡Eh! ¿Qué música es esa?” La mujer que le había conducido a su habitación era. pero ella no consintió y. “¡Ay. cosa que hizo reír a los viajantes y a las otras personas de la reunión. pero iba muy arregladita. ¿Seguía siendo una niña por dentro? ¿Y él. el Jurado enternecido”. cuando ya no se la tiene más a nuestro lado. la niña de los rizos. Canción de corro. tal vez los conociera demasiado bien. otras.dignidad. ¿Por qué se odiaban las dos? Pero hubiera valido la pena preguntarle al viejo: “Anda. ¿Era tan sólo una figura de invención con la que su fantasía gustaba de jugar? La madre. en una solución de fantasía. sin duda. toda vestida de negro. mitad realidad. cuando era un chiquillo de pantalón corto y vivía con su familia en el hotel. Lo supo por el nombre. Tal vez hubiera sido posible si Bernice y la mujer de su padre no se llevaran tan mal. ¿Qué hacía ella durante todo el día? No tenía que preocuparse de preparar la comida. Bruce y su madre salían de paseo. ¿eh? La cosa. que . se transforma en algo con que la fantasía masculina puede jugar y soñar. el abogado defensor —aquel tío zorro—.” El judío listo de la redacción tenía la mejor mano del mundo para aderezar madres literarias: “Las madres de la guerra. con sus banderitas estrelladas de oro y sus escenas de despedida. viene a ser parte de la danza grotesca de la vida. A veces. que era dos o tres años mayor que él. pero a Bruce le parecía ahora mucho más destartalado. Decidió que no era el mismo. la hija de la viuda. atareado en escribir las calificaciones o cosa parecida. porque le daba vergüenza de la niña cuando la encontraba sola por los pasillos. Soñaba y pensaba en ella. A veces. pero no se atrevió. como director de la escuela. Bruce se preguntaba si su padre habría inventado también una nueva idea de la muerta. de la que murió? Una figura de madre. si es que puede ser? ¡La danza de la vida! No hay que parar. ¿Y la madre de Bruce. También venían algunos comerciantes. por fin. De pequeño no había jugado nunca con los dos niños del hotel.

una mujer —la señora de Grey. a la puerta de la tienda. Bernice se alegró mucho. adormecido durante el día con el calor del valle. contemplaba las aguas movedizas del río a la luz del atardecer. hombros y espaldas. La vida. se despertaba de repente. formaban palabras en sus labios. Ciertas cosas. impresiones. un torbellino de energía se apoderaba del pueblo. Bruce había sido un chico muy callado. blasfemias y gritos! El río. se transformaban en conciencia. al otro lado. se levantaba una nube de polvo. desnudos de cintura arriba. volvía la espalda el antiguo centro de la vida del pueblo. Se pasaba del barco al terraplén por medio de un puente de tablas. y . el cual. señora?” El hombre y la mujer se ponían a hablar del calor. agujas o un carrete de hilo. ¿no es verdad. ¡Qué algarabía! ¡Qué de canciones. algunos. Tal vez ocurriera esto. luego. Aquella parte del pueblo se iba quedando armiñada. Iban descalzos y. Más tarde. cómo piensa? ¡Ama a los hombres! ¡Goza a las mujeres! ¡Que las horas te lleven a la deriva! La continuación de la vida no es cuenta suya. lenta. ¡Qué cosa tan poco romántica resultaba el ferrocarril. porque en Bernice no parecía haber misterio alguno. Por la tarde. y por la parte trasera corría el ferrocarril. ¡cómo relucían las caras.desfilaba por la fantasía del chiquillo. Algunas palabras. El amante ha de amar. Bajaban los carromatos por las calles en fiesta. Amor de mujeres. La mujer. Llegaba entonces un parroquiano. Como mujer del director de la escuela. Los barcos descargaban mercancías. a la salida de la fábrica. ¿Había fabricado Bruce aquellos sentimientos hacia su madre en los años que siguieron. cuando el chico —ahora un hombre de treinta y cuatro años— volvía de la escuela hacia ego de las cuatro. gente trabajadora que vivía. La fachada de las tiendas daban al río. en los años de su desarrollo. El invierno casi de vencida. Los hombres como Sponge Martín. comparado con el río y con la vida del río. con quien había vivido después que su madre murió. hambre de tierra. en la costa de Kentucky. ¿cómo siente. Parecía una cuestión de vida o muerte no detener al barco ni un solo momento más de lo preciso. Le escribió una carta a la abuela. ¿Cómo son? ¿Como los árboles? La mujer que penetra en el misterio de la vida. pero firmemente. Eran muy finos. Está en su naturaleza. fantasías en la mente de un hombre. Su madre había muerto antes de que él pudiera sentirla como otro ser humano. ¡Qué pocas veces hablaban! No. Desdén de mujeres. Bajaban la madre y el niño por la calle en cuesta y se detenían en una de las tiendecitas frente al río. de color amarillento de años. Pensamientos fugitivos. “Al pequeño le gusta mirar el río y los barcos. Se sentaban. El comercio se alejaba del río. sentada al volante del automóvil. en el sol de la tarde! El barco. en un banco. y a la mujer y al niño les gustaba dar una vuelta por el muelle. excesivo para fines de septiembre. su madre le llevaba de paseo. Una porción de cosas con que alimentar la fantasía. hubiera podido tener muchas amigas en el pueblo. Bruce y la mujer del automóvil se miraron en los ojos un breve instante. cuando Bruce se casó. Es cuenta de las mujeres. cerca de una calle llena de tiendas y tabernas. el sábado por la noche. Hambre de semilla. sentados en el banco. ladraban los perros. ¿Por qué? La llegada o salida de un barco era algo emocionante. Las palabras en la mente de Bruce eran palabras de la Biblia: “Entonces. Enfrente de la fábrica. corrían los chiquillos dando gritos. palpaba y sentía con las manos. además de darle una pequeña ganancia al tendero. tan cerca y tan lejos. Misterio. Judá dijo a Onán: Entra a la mujer de tu hermano. El padre era el que hablaba por toda la familia. dejaban y recibían pasajeros. la abuela. En un banco otra mujer. pero esto parecía ofrecer poco interés para ella. a la ribera de un rio. dueño de la fábrica—. donde compraban alguna menudencia: alfileres. Mucho coser. mostrándose muy agradecida por el regalo. el verde de los árboles. La luz se suavizaba y la fresca brisa del anochecer corría por el valle. y los negros andaban y trotaban de un lado para otro llevando las cargas en la cabeza o sobre los hombros. Y hacer encaje. El niño sabía que su madre había comprado aquellas cosillas para tener un pretexto y poder sentarse en el banco de la puerta. se le presentaba ahora confundida con las emociones que él atribuía a un niño sentado junto a una mujer. y aun más tarde. en el lugar ahora ocupado por la fábrica de ruedas de Grey. Pensamientos de un hombre descontento. el tendero se metía en la tienda y ya no volvía a salir. En los días calurosos de fines de mayo o principios de septiembre. iba ahogando la vida del río. después que él mismo se había hecho hombre. Su madre también era así. le había mandado a Bernice muchos de aquellos encajes. Allí permanecieron después que murió la mujer. cogidas en las redes de su imaginación. La madre y el niño se quedaban allí una hora. hecho ya hombre maduro? Tal vez. y el tendero venía a charlar con ellos. escenas y recuerdos habían quedado fijas en la mente del niño. En aquel tiempo muchos paquebotes de río tocaban en Old Harbor. La realidad de la vida se nublaba por un momento. ¿Qué hacía su madre durante todo el día? Coser. Mientras Sponge hablaba. la primavera en puertas. y la mujer sentada al lado del niño. Bruce y Sponge Martín. tal como él la había conocido. las aguas grises del río. la madre de Bruce había sido muy poco sociable. entendían la vida con más claridad. y de la posibilidad de un chaparrón. con su niño al lado.

barcos. “Le tiene miedo a su mujer. Saúl. Otras noches sólo se veía el espacio negro del cielo y la ventana. graneros. Recuerdos de su madre. El cielo estaba negro y misterioso. No quiso detenerse en el tema de la mujer del automóvil. Una mujer en un automóvil con los ojos clavados en Bruce. Los trabajadores son gente muy positiva. acero. ¡Qué extraña confusión de palabras. sobre un montón de serrín. tratando de esquivar la lluvia. la mayor parte de sus observaciones eran falsas. decía. hombres y mujeres echados juntos en las eras. miel. hierba. Bernice. de ideas! Hacía varios meses que había dejado a Bernice. pero. Los trabajadores son así. ¿Iba ahora a la captura de otra mujer? ¿A qué venía aquella mirada asustada de la mujer del automóvil? ¿Se había desconcertado ella porque él la había mirado fijamente? Pero ella le había mirado también. A veces el director de la escuela se ponía a discutir con uno de los presentes. mientras andaba diez pasos al lado de un obrero llamado Sponge Martín. Un hombre como Bruce pensaba mil cosas diversas. a él. relaciones de hombres y mujeres. Más y más agua. Historias. las semanas de viaje por el río. Y apartóse del camino hacia ella y díjole: Ea. sus padres salían a dar un paseo. gozaban de las cosas con sus manos. árboles. y suscita simiente a tu hermano”. ¡Qué cosa la Biblia! Era uno de los pocos libros que nunca se cansaba de leer. a dormir”. solía leer el Nuevo Testamento. pero él prefería el Antiguo. entre forasteros. Parecía como si ella estuviera a punto de hablarle. años de abundancia. al cabo de un rato. él.” ¿Qué era el yunque? El padre y la madre se retiraban entonces a sus habitaciones y se ponían a leer: ella. José. años de hambre. ahora entraré a ti. después de dejarle acostado. rascacielos. tal vez con las manos. se desbarataba de pronto un aguacero.despósate con ella. junto a su vieja —la vieja aquella dura y despierta como un foxterrier. Más pensamientos acerca de su madre. furioso con el judío. pisadas fuertes de hombres gordos. abejas. Bruce sonrió. ¿Había notado Sponge el pequeño incidente con la mujer del automóvil? Se había dado cuenta de ello.” ¿Por qué no había leído el judío de la redacción el libro de sus padres? No hubiera construido entonces tales artilugios de palabras. “Y viola Judá y túvola por ramera. Cosas sentidas con todo el cuerpo: ríos. cuerpos de mujeres. de sus propios cuerpos. se reunía con otro río: el Misisipí. tarariri. y el niño saltaba de la cama y corría a la ventana abierta. a ensartar mentiras. campos. Tom Wills. polvo en las calles de las ciudades. a ese le dejan reventado. los muelles de Nueva Orleans. y luego. Más allá. ovejas. David. . y juntos continuaban hacia el Sur. En las noches de primavera. cuando las noches eran hermosas. Tal vez fuera una pulla por parte de Sponge. caras en las calles de las ciudades. Con toda probabilidad. pues. Algunas noches. Abajo. Sponge. hierro. Sin prisas. mieses. la gente corría por las calles: unos. atareada en su novela acerca de la mujer de cera. Al niño acostado le parecía sentir que el río pasaba por dentro de su cabeza. un libro. La mujer entraba luego en el cuarto del niño y le besaba en ambas mejillas. Los trabajadores como Sponge veían. mientras marchaba al lado de Sponge. al asomarse a la ventana del segundo piso. ¿Adonde iban? ¿A orillas del rio. porque había ella cubierto su rostro. un obrero en la fábrica de su marido. a sentarse en el banco aquel de la tiendecita? Y el río —el gigante— siempre en movimiento. la vista no podía. cielos. palpaban. Y Sponge. Bruce recordaba o creía recordar ciertas cosas acerca de su madre. calles de ciudades. cuerpos ágiles y finos de los niños. y desde su vuelta a Old Harbor esos recuerdos se le apiñaban en la imaginación. se sentaba con sus padres a la puerta del hotel. siempre piensan lo mismo de las mujeres. su huida de Chicago. otros. ser más divertida. Trataría de escuchar a Sponge. que seguía hablando. Sansón.” Bruce. Otras veces ella seguía con su costura. sus cuadernos de clase. Al terminar la cena. “¿Nos conviene la tarifa proteccionista? ¿No le parece a usted que los precios subirían considerablemente? Y al que le cojan entre martillo y yunque. bajaban muy de prisa por las cuestas en dirección al río. Esa mujer se ha encaprichado con usted — dijo Sponge. Su abuela. ta ta. algunas veces que sus padres habían salido. Se oían los pasos. —Mucho ojo. saltaban de portal a portal. Aquel judío de la redacción de Chicago dedicado brillantemente a ensartar palabras. “Anda. sin volver la cabeza. La vida enfermaba porque los hombres se alejaban de sus propias manos. trigo. semillas. Por el corredor -pasaban algunos huéspedes —los viajantes que iban a agostarse—. Tariri. le llevaban a acostar. que siempre lo tenía a mano. Las noches en el hotel. viajantes y otra gente. el hombre fuerte. recuerdos de los pensamientos de un niño acerca de su madre. Bruce siguió andando al lado de Sponge. ganados.

evidentemente gente forastera. pasando el río. Tom Wills. Pero tal vez hubiera algo dentro. el delgado. ¿Qué esfuerzo? El de clavar la vista en un punto negro que se movía y cambiaba en la superficie gris amarillenta. alpinas veces hablaban muy quedo. “Camelo poético”. algo que Mark Twain tuvo casi en la mano y no se atrevió a coger: el comienzo de una gran poesía continental. No hay quien nade millas y millas en el Ohio. Lo que uno trataba de hacer con ella era enlazarse. ¿eh? Ríos grandes. tenía el pelo negro y las manos muy grandes. pero no. con un gruñón “no me vengas con memeces”. Cuando los dos jóvenes pasaban por delante del banco donde estaban los Stockton. El hombre o la mujer que sentados en un banco contemplaban al atardecer las oscuras aguas. En aquel momento no estaba mirando. charlando. A lo lejos. Simbolismo. Lo que quedaba por averiguar era si la madre y el niño tenían al mismo tiempo los mismos pensamientos. El madero pasaba con un ligero cabeceo. no vaya a ser que algún tío lince de la ciudad se ría a costa tuya. por la calle. una manchita negra aparecía en el agua. tenía ciertas relaciones con su madre. como un nadador. Pasó la mañana. reían. y un alquilón los llevó al embarcadero. Madre Misisipí. que estaba a su lado. Madre Misisipí. mientras el barco se despegaba de la orilla y entraba en la corriente. por ejemplo. El otro era delgado. qué gente viviría allí. Cuando Bruce era niño y se sentaba en el banco mirando el agua. Tal vez fuera un hombre nadando allá lejos. sin duda. y el niño creía notar que uno de ellos. digo. lo hubiera llamado Tom Wills. Por lo pronto. ¿Cuánto tiempo duraría hasta perderse de vista en las aguas grises del río aquel puntito negro que se empequeñecía cada vez más? Se convertía en verdadera prueba de resistencia. Sería curioso. Como si los dos se hubieran conocido antes y ahora se sintieran sobrecogidos por hallarse juntos en el mismo sitio. otras permanecían callados. además. hacía lo mismo. Tal vez sus recuerdos de aquella época merecieran mayor confianza. fué. y su madre. millas y millas en el Misisipí. Pudiera conducir al misticismo. Había otros dos pasajeros. Madre Ohío. el decir una cosa por otra. El niño la veía acercarse lentamente. de una gran intensidad para Bruce. en la lejanía. a la puerta de la fábrica. La fantasía era cosa de juego. pero la distancia era tan grande que no podía adivinar lo que era.En la mente de Bruce los recuerdos de su madre y sus emociones del río habían llegado a mezclarse y confundirse. eso no podía ser. cuidadito. ancho de hombros. Bruce tenía entonces doce años. Cuidadito con el camelo. sin embargo. Juego peligroso. Se terminó el desembarque de mercancías. allá. XII Más pensamientos extraños. el delgado no miraba . el salirse de quicio. El esfuerzo era terrible. Quizá los pensamientos que más tarde Bruce se había figurado tener de niño no los había tenido nunca. hablaban con animación. Los dos jóvenes paseaban por la cubierta. ¿eh? Música celestial. de templada corriente. ¿Quiénes eran? Hay personas que quedan fijamente grabadas en la memoria. Aquella mujer del automóvil. y un místico norteamericano sería algo bastante ridículo. al menos conscientemente. Bruce. si se toma en serio. Bruce era entonces un chiquillo. Estaba fumando en pipa. y para un chiquillo la aventura de ir a vivir a otro sitio distinto tiene un encanto extraordinario. con un bigotillo negro que atusaba continuamente. donde la corriente tiene mayor fuerza. ¿qué miraban? ¿Por qué sentían la necesidad de hacer juntos una cosa tan absurda? ¿Sentían los padres del niño la misma necesidad de sus paseos nocturnos? ¿Satisfacían la necesidad en aquella forma tan infantil? Cuando volvían a casa y se metían en la cama. y que su marido —el padre de Bruce — no lo supiera. Uno era ruño y se sentaba a la orilla del río. Se daba cuenta de que tenía una verdadera maraña en la cabeza. El viaje de Old Harbor a Indianápolis con sus padres. ¿Qué cosas habría que ver en el nuevo sitio. que la madre de Bruce experimentara tales contactos también. A veces pasaban algunos maderos. Ahora se hacía cada vez más pequeño. Se levantaron muy de mañana. dos muchachos jóvenes. ricos. Era curioso que Sponge hubiera notado lo ocurrido —¿lo ocurrido?— entre ella y Bruce. Tal vez ella misma no lo supiera. el de mirar fijamente hasta no poder más. Aquel día de su niñez. Bruce se sentó en un banco con sus padres. Ya estaba enfrente. en algún modo misterioso. Bruce y Sponge acababan de salir. cómo sería la vida aquella? Los dos jóvenes que entraron en el barco la mañana que él y sus padres se marchaban de Old Harbor estaban acodados sobre la barandilla del puente superior. entornaba los ojos. acompañado de Sponge. Madre Ohío. Fueron embarcados hasta Louisville. Uno de ellos era un tipo corpulento. casi completamente sumergidos. con los demás. cerca de la costa de Kentucky.

Se quedó absorto. Antaño. Bruce sentía un deseo tímido. ¿Comprendía las emociones de la madre y del niño y deseaba tomar parte en ellas? No había duda de que. mientras pasaban de un lado para otro por el puentecillo de madera. El sol de la tarde parecía ahora a punto de caer en el río. mi perro banjo! ¡Ay. de llamarle. Palabras apresadas. y los negros trotaban por el puentecillo de madera. en las gargantas de los harapientos negros. Pero fué después de la guerra cuando empezamos a sacarles el jugo. Las palabras que salían de la garganta de los negros estaban llenas de fuerza y encanto. cariñosamente. sobre la tierra fangosa. Amor inconsciente por las ya cosas inanimadas. y la madre. pero en raras ocasiones aparecía extraordinariamente animada. Era casi siempre muy fría y callada. su imagen quedó fijada en la mente de Bruce: una mujer delgada. sino hacia el río. cuando niño. Un río muerto. y Bruce se sentó a solas con su madre. Hablaba de los trabajadores negros: “Entonces eran de uno. cantando. Fué durante su viaje en lancha por el Misisipí. en las gargantas de los negros. a la orilla del río. cansado ya de corretear por el barco. como el cielo era para el río. Amantes de la palabra. ¡Qué joven estaba aquel día! Parecía una muchacha. No miraba hacia el joven. nadie se quebraba la cabeza con averiguaciones”. mi niña! ¡Ay.nunca hacia ellos. La costa descendía en suave pendiente y había sido empedrada a lo largo de los muelles. que los blancos han olvidado —el cielo. se acariciaban entre sí. antes de que una tormenta le dejara sin embarcación. mientras el barco remontaba afanosamente la corriente. Tal vez las palabras sean siempre de poca importancia. Les dábamos entonces cinco o seis dólares al mes. cuando un negro desaparecía. vino a sentarse otra vez junto a ella. insistentes. ¿Para qué? Si había uno que se las echara de guapo. Al atardecer. La cara de la mujer era roja como el cielo de la tarde. ¿Sería que su madre deseaba otro hijo? Cosas extrañas ocurrieron algunos años más tarde. El capitán y el padre de Bruce habían subido al puente de mando. mi perro banjo! Y los cuerpos morenos. Estaban descargando sacos de grano. El capitán y el maestro de escuela se alejaron hacia otra parte del barco. y. se representaba las voces cantarínas de los trabajadores negros como si fueran colores. hacia la parte del río. se recortaba la figura de un marinero. ni eso siquiera. amantes del sonido. El joven apoyaba la mano en el hombro de su compañero. misticismo negro—. Ya no podíamos venderlos. unos en otros. Había empujado la lancha hasta el pie de un árbol y se había tendido en la hierba. contemplando al joven y a su madre. Iba hacia la mujer como el sol va hacia el poniente. un barco en marcha. Años más tarde. el chico. los negros parecían guardar las notas en un no sé dónde de calor. ¿sabe usted?. Dentro de una hora atracarían en Louisville. presos. lo mismo que un caballo. No hay quien los eche de aquí. ciertas relaciones habían existido entre el joven y la mujer. sin importancia alguna. Llegó la noche. ¿Qué era un “perro banjo”? ¡Ay. Junto a los dos estaba el joven que había embarcado por la mañana. a veces. aunque algo más pequeño. y el niño pasaba la mirada de la cara del joven a la cara de su madre. de cara grave y simpática. “¡Ay. El barco se acercó a los muelles. en las gargantas negras. cuando Bruce recordaba aquel momento. Después de muerta ella. y el cielo era de un rojo rosado. Bruce no había tenido hermanos. estaba entusiasmada también. La madre apretaba con fuerza la mano del niño. echadas a volar. había hecho un viaje en barco con su madre. los cuerpos negros. Cerca de Bruce y de su madre estaban los dos pasajeros. estos pensamientos de un hombre que. Se perdían entre sí. mientras trabajaban. Los abultados labios eran como paredes que escondieran el sonido. ay! ¡Ay. de amarillos de oro. La madre de Bruce había cogido al niño de la mano y le retenía suave. al río con él. pero el niño y el compañero del joven delgado se habían dado cuenta. pero constantemente habían sentido la atracción de aquella mujer sentada junto al niño. Parecía maldecir al cielo y al río. durante todo el día. De pie. pero tenía vuelta la cara hacia la mujer y el niño. el río. bajo las rojas lenguas quizá. expresado únicamente en el cante o en los movimientos del cuerpo. Los tonos de las gargantas de los negros se tocaban. Todos los hombres que trotaban por el desembarcadero formaban como un solo cuerpo. El padre de Bruce se había puesto a charlar con el capitán del barco. Había alusiones extrañas a un “perro banjo”. mi niña!” Sonidos aguantados. quien ponderaba sus experiencias en los tiempos antiguos del río. de bronces. lleno de apariciones. El pueblecito donde se detuvieron era muy parecido a Old Harbor. en el puente. Parecía mentira que los cuerpos de la gente se perdieran así. Notas extrañas. Era imposible distinguirlos separadamente. El niño estaba entusiasmado. pero seguían siendo nuestros y podíamos tener todos los que quisiéramos. Torrentes de rojos. Durante todo el día el joven y su compañero habían paseado juntos. infantil. algunas veces. sino al otro lado. Allá a los lejos el cielo salpicado de rojo tocaba la faz de las aguas. un cierto algo medio consciente. pero el niño no podía entenderlas. A los negros les gusta el río. sentada a su lado. El maestro de escuela no había notado nada. bajita. Más tarde. allá en el Oeste. Las palabras. en cuanto al sonido. Los cuerpos de los trabajadores negros eran de uno para otro. se . y había que cuidarlos lo mismo que a los caballos. Era la última parada antes de llegar a la ciudad. retenidas en la garganta. Notas partidas en cuartos de tono. corrían de acá para allá.

Los recuerdos que Bruce tenía de su madre bien pudieran ser otras tales invenciones. ¿qué significación tenía el hecho? Aquel día lejano. lo mismo que el de la mujer. recordando otra noche pasada en el río. Un desvencijado alquilón. “Pierda cuidado. Los negros —puro baile— seguían cantando y trotando por el desembarcadero. Hace diez años que está loco”. con las rodillas. permaneció callado hasta que el barco empezó a desatracar. y aquel joven del bigotillo que se había pasado el día charlando con su compañero y que no había dicho ni una palabra a la mujer? ¿Qué puede ocurrir entre gentes que no se conocen. la costa oscurecida. Nadie se dió cuenta de ello. “Era un infeliz”. ¿era ya. alto como tronco de un árbol seco. sentado en el muelle. Porque la ganancia no había sido mucha. veinticuatro. Es probable que hubiera habido un árbol en aquel lugar. al compás del canto de los negros. El loco se puso a dar voces. quizá —disparatadamente—. con la mirada fija en el barco. entre las manos. gritó. algo así como un rápido consentimiento. sin saber cómo. Por fin. dueñas del mundo. el joven delgado hacía un esfuerzo por seguir la conversación de su compañero de viaje. La tarde avanzaba rápidamente. el barco. todo parecía mecerse suavemente al compás de la melodía de los negros. la sensibilidad perdida. y al niño. La mente se le colmaba de fantasías. la voz del capitán explicaba al maestro de escuela: “Tiene tres cuartos de blanco y un cuarto de negro. ¡Ay. al pasar con Sponge Martín por delante de la mujer sentada en el automóvil. en aquel momento. El loco. Allí estaba. de los hombres negros. el capitán dijo que tenía la costumbre de gritar así siempre que un barco tocaba en el pueblo. de los sonidos. El niño los observaba con gran atención. Fué antes de aquella tormenta que se había llevado la lancha. Uno de ellos. un beso tal vez. ¿Qué había sucedido entre la mujer bajita y callada. de las calles de las ciudades. un capricho? ¿Un sueño del niño dormido en el regazo de su madre? El día había sido caluroso sobre cubierta. Permaneció un buen rato en la oscuridad. Dos hombres blancos estaban en el muelle. Ciento veintidós. El loco. por vivir con Bernice. le había entrado sueño. En el barco del Ohío. a bordo del paquebote de río. en el puente superior. Encaramado en lo alto de una colina aparecía el pueblecito. de los hombres blancos. Abría unos labios desmesurados. pequeño y vivaracho. quien. continuaba sentado en el muelle. El rápido progreso de la civilización blanca con todos sus periódicos. Por lo visto. por fuerza han de hallar explicaciones para todo. donde apuntaba los sacos de grano conforme los iban descargando. Sobre cubierta. Más tarde. descompuesto. se balanceaba lentamente. Un beso. Aquel joven a quien Bruce había conocido en un barco del Ohío. de explicársela a sí mismo. buen hombre —gritó la voz del capitán—. dijo. veintitrés. tal vez hubiera tenido más de coste que de ganancia. ¿Fué una ilusión. ¡Qué derrotada y sucia la ropa del loco! Sobre cubierta. hubiera servido de instrumento para realizar la aproximación. todo era cosa fabricada con el objeto de justificar a su madre. que no nos vamos a ahogar.” . por vivir en una ciudad. se alejaba hacia el pueblo por una calle en cuesta. de los pensamientos y fantasías. Es posible que el cuerpo de una mujer. Las aguas grises chapoteaban en los costados del barco. sola en un banco de cubierta. que se hunden!”. La extrañeza y el encanto de las cosas —de la Naturaleza— que había sentido en su niñez. el de su madre. ay! El otro hombre era alto y flaco y tenía una mirada de loco. sus anuncios. En el aire tranquilo de la tarde se oyeron claramente las palabras del capitán. el cielo. de los cielos. erguido. y su cuerpo se mecía con ligero balanceo. y que luego había perdido. medio despierto. El universo entero. Todo él estaba hecho un andrajo. finalmente. Fué algo repentino. Arriba. lo que Bruce había sido después? ¡Qué extraño subterfugio de la mente si resultara ahora que aquel joven jamás había existido y fuera tan sólo invención de la fantasía de un niño! A lo mejor. que ni conocen a otros ni casi se conocen a sí mismos? Cuando. y.presentaba ante sus ojos. gruesos —los labios de los negros cuando cantan—. Un temblor en el cuerpo de un niño. Un temblor en el cuerpo del joven. de los edificios. Había llegado a experimentar una rara simpatía por el joven delgado. tirado por dos jamelgos. Bruce estaba medio dormido. la madre de Bruce había vuelto la cara hacia el joven pasajero. Tenía un corte en la cara y la sangre se había cuajado en la sucia barba. se levantó y se puso a dar voces. “¡Que se hunden. sucedió lo que había sucedido. en cuclillas sobre el cobertizo. la mujer y el joven delgado. Tres o cuatro personas bajaron del barco. tenía un libro de cuentas en la mano. que hablaba con el padre de Bruce en el puente de mando: “Está chiflado”. la madre de Bruce. mi perro banjo! ¡Ay. sus grandes ciudades y sus mentes agudas e ingeniosas. pierda cuidado. Los trabajadores negros se callaron instantáneamente. Quizá había querido sentirse cerca de él. Mentes como la de Bruce. y que el niño dormido lo hubiera soñado todo. el loco había sufrido un accidente. Un temblor en el cuerpo de la mujer. excepto el niño. y su cuerpo se mecía también imperceptiblemente. ¿Llegaría a recuperarla? La extrañeza y el encanto de los árboles. el loco del embarcadero.

A lo largo del río. luego tendría que ayudar a su mujer a quitarlos de en medio. Como que voy a tener que buscarme un mocito: uno así como usted. queda dulcemente en el aire. tierra de tantos ríos. Una casa vieja. Chicago. Los dos viejos duermen. Pollo frito. La fachada trasera daba a las vías del ferrocarril. Campiñas de maíz. que esperen hasta que él se marche”. Illinois. Sponge se echaba a reír. no tiene usted quien le atienda. Bruce se figuraba la conversación entre los dos: “Oye. Trajín en la cocina. Bruce tomaba un par de copas. quien mire por usted. Michigan! El sábado por la tarde Bruce y Sponge. Por el camino. adquirida por Sponge y convertida en casa propia —Sponge era entonces un mozalbete acabado de casar—. *** Que yo a ti no te daría nada de mi bollo dulce. La vieja se sentaba entonces en una mecedora y se dedicaba a echarle pullas al marido: “Este ya no es el que era. nombres de pueblos. Keokuk. Aquella cuadra de ladrillo. Sponge se empeñó en que Bruce fuera a comer a su casa el domingo por la noche: “Hombre. Tenía su taberna y su parador de diligencias. Una de esas noches. El domingo se atracaba de pollo frito.. Bruce tenía la seguridad de que los platos quedaban en la mesa por fregar a causa de Sponge. a la puerta de la casa. por fregar. Dientes postizos. de modo que. cambiaba de postura y gruñía como un cerdo viejo. de praderas alfombradas—. Sponge se agenciaba una botella de whisky y echaban los dos unos cuantos tragos. hacia la madre de todos. en el recodo que se forma al Norte del pueblo. tendido en el suelo. y la comida en la mesa. quien no quería que nadie le viera dedicado a faenas mujeriles. que fluyen hacia el Sur. mi madre va a darme a mí un pan de pasas. Illinois. inmensas.” “Oye. salsa. madre morena y fuerte. XIII Noche del sábado. va perdiendo la chicha. Nombres de ríos. ¡Qué banquete! Desperdicios. surcado de profundas rodadas. la crecida cubre todavía los campos. Tierras de cultivo maravillosamente fértiles. el Old Harbor. vieja?” Los platos. ayudado por su mujer. después de guardar las brochas. después de cobrar la paga. y Sponge. a voleo.” El sábado por la noche Sponge estaba siempre de buen humor. ¿Qué te parece. quita la tapa. Arboles. Bosques inmensos. Muy pocos automóviles pasaban . de bosques. se bebía el resto. gordo y reluciente: “Dos chicos te hice. La primera promesa de calor y humildad. con un guiño expresivo. pronto habrá que ir preparando los bártulos de pescar. con la boca abierta. pregonaba sola la pasada grandeza de aquella parte del pueblo. allí tuvieron sus fiestas. Cuando Bruce venía a comer con ellos. de salsa. de patatas. pueblo de Indiana. vieja: los platos. Las inundaciones de primavera cubrían este camino. Sponge. a principios de primavera. merodeaban cinco o seis gallinas y un gallo. Probablemente. *** Un sábado por la noche. tiempo atrás. El camino de arena fué. Tierra para vivir. y se quedaba dormido. en la mecedora. Las moscas se posan en la mesa. Ay. en la mesa. para bailar. como semillas. y la principal a un camino de arena paralelo al río. para querer. Saca el perol. Sponge tenía una casa junto al río. que yo a ti no te daría nada de mi bollo dulce. El gran imperio norteamericano del Medio-Oeste —cruzado de lluvias deliciosas. Luego se tumbaba en el suelo. salieron de la fábrica. de pasteles. Arrojaron poemas al aire. ¡Ohío. de ladrillo. Allí bailaron los indios. La vieja prepara la cena. compañía del verano. su mujer. A mi vieja le gusta que vaya usted por allá. patatas. que antiguamente había servido de cuadra. y muchas veces Sponge tenía que vadearlo para llegar hasta las vías.” Le decía a Bruce. la carretera por la que se entraba en el pueblo..

Se fué alejando por momentos hasta convertirse en una manchita negra. la mente se inunda en oleadas de pensamientos. en la orilla. “¡Qué vida para un hombre como yo! ¡Qué farsa! ¡Dando órdenes a los demás. Cuando Bruce se cansaba de contemplar el río. en el taller. a ver cuánto tiempo duraría en el horizonte. al despertar de una noche pasada con su mujer en un montón de serrín. que casi rozaban el borde del camino. una tarde salió de la redacción. Luego. Cuando Bruce era periodista en Chicago. Su marido sabía hacer algo útil. ya en las afueras. porque no había querido ser su pareja. “Vale más que tú y que yo”.” ¿Qué buscaba Bruce? ¿Algo muy parecido a lo que Sponge poseía ya? Quizá había dejado a Bernice porque ella no había sabido aparearse con él. en ella y en su madre. al atardecer. por el camino de arriba. él y Tom Wills. la cama en que se acostaba? ¿Es que no tenía ilusiones? ¿Ni deseos que le atormentaran? ¿Qué pensamientos le visitaban en aquellas mañanas de verano.. un madero pasó flotando en las aguas del río. Pero. Miraba uno con toda su fuerza. Fragmentos de pensamientos flotan en la mente. infiltrarlos en los tejidos del cuerpo. declamaba: “Noche del sábado y la comida en la mesa. El sábado por la tarde. Sponge. desapareció en el ancho paisaje gris. Bruce. hacerlos —pensamientos y fantasías— parte de uno mismo! Podríamos manejarlos entonces como Sponge manejaba la brocha. El estar o no estar satisfecho importaba poco en el caso de Sponge. mientras Tom maldecía de todo. Por último. un hombre como Sponge no andaba por ahí dando vueltas a las imágenes fugitivas de su cerebro. se alejaba del pueblo. su marido. como algo que no necesitaba explicación? ¿Algo así como el nacer o el morir? Esto no significaba necesariamente que el viejo estuviera satisfecho de sí mismo. entonces.. Y los pensamientos. Sponge. ¿Seguía allí todavía? ¡Sí! ¡No! ¡Sí! ¡No! Ejercicio de la mente. dejemos a Bernice. ¿Le satisfacía la vida? ¿Le satisfacía su mujer? ¿La casa en que vivía. Desorganización. se quedaba dormido para no despertar en toda la tarde. apartándose del río. hubiera dicho Tom. los árboles lejanos. sin escape. se paran y estacionan. parecida a la de Tom Wills. vacío. y su mujer se apoyaba en él. tan cerca. No tenía ésta la facha avejentada usual en las mujeres de la clase obrera. claro y pequeño. sintiéndose descontento. su mujer. saltaba cuidadosamente por encima del cuerpo de Sponge y.por allí. se habían movido con soltura en un círculo. Era aquel un buen sitio para sentarse. Parecía que el camino iba a caer dentro del agua. aunque viejo. para Sponge. aunque bien pudiera haber otras razones. se levantaba y echaba a andar a campo traviesa. le gustaba acostarse en seguida. al disponerse a dejar la fábrica. la vida. mi César? . no le cansaban. para soñar y pensar. El domingo. recogiendo toda la basura de la ciudad! ¡Para que luego se luzca el judío!” A Sponge. Pasaban algunos maderos a la deriva. y lo hacía mejor que los demás. Una vez. volvía al pueblo por el camino nuevo. Sponge estaba acostumbrado a ella. como un hecho natural. Para un trabajador. el cielo. no le cansaba gran cosa el trabajo de la fábrica. al mediodía. Pero no ocurrió esto instantáneamente. El estar o no estar satisfecho de la vida importaba poco a Sponge Martín. Sponge. pero pronto volvían al centro de la corriente. el momento más feliz de la vida. sin embargo. Había en él una rara humildad. Bruce había estado toda la tarde pensando en ella. camino arriba. Probablemente. en cualquier sitio poco céntrico. momentos antes de sonar el silbato de la fábrica. De vez en cuando le gustaba irse de juerga con su marido —ir de pesca. y luego. en lo que recordaba de su madre. Solían. después de cenar. A eso de media milla. La destreza manual del viejo era algo cierto y seguro en la vida. de vida. de fantasías. En cuanto a su vieja. rápida y angular. presa de aquel continuo sentimiento de asfixia. Un hombre que se había pasado la vida trabajando. Quizá porque solamente había tenido dos hijos. Parece ser que la mayoría de los hombres. como algo taponado. La vieja era una buena cocinera. cada vez más lejanos. Tom Wills habría simpatizado con Sponge. ¿Y si la mayoría de los hombres estuvieran muertos sin saberlo? Cuando se está vivo. Pequeñita y dura. en cuanto los dos viejos se quedaban dormidos. Sábado. en acabando la copiosa comida de las doce. Hombre y mujer habían permanecido dentro de los límites de sus facultades. ¿Y si en un millón de hombres uno de ellos tuviera el don de organización? ¿Qué resultaría? ¿Cómo sería ese hombre? ¿Sería un Napoleón. A Bruce le encantaba sentarse allí. ¿qué quería? Bueno. decían ellos—. se dirigía hacia la colina. Sentados en un rincón oscuro pasaban dos o tres horas bebiendo. el camino. se lanzaba contra la margen. las manos en alto. ¡Si uno pudiera organizar un poco esos pensamientos y fantasías. todo era uno y lo mismo? ¿Miraba Sponge a su mujer sencillamente. a orillas del río? ¿Sería quizá que. Encontraron uno donde servían vino y whisky de contrabando. refugiarse en algún pequeño restaurante oscuro. y en aquel sitio la corriente. al cabo de algún tiempo. comiendo y durmiendo. Sponge se apoyaba en este hecho. el río. cuando Bruce era niño.

han dejado algo de sí mismos en cada lugar.J. Señor! Su madre —en el viaje aquel por el río. poco antes de su marcha de Chicago. pero había surgido de un cerebro que no era el suyo. Y. En América. imitar. ciertas desagradables experiencias de su vida se le presentaban.J. su propia madre.ce. ¿había sido también. Creía percibir un vago olor desagradable —algo así como huevos podridos— en algún montón de desperdicios —al otro lado del río— allá en la lejanía. al verle dormir tumbado en el suelo.” Ya sabéis lo que quiero decir. Fué a caer sobre un montón de piedras. Realismo literario. Y coge colillas del arroyo. Ha negado a su padre. en sus ojos. Bruce había pensado mucho acerca de Sponge: mientras trabajaba a su lado en el cuarto de la fábrica. ella se conducía como una chiquilla. Prefería seguir adelante pintando ruedas y continuar hablando de otros tiempos. cuando respira. conquistas—. Los pensamientos de la mujer —la noche de animalidad—. ¿Se había marchado Bruce de Chicago con la esperanza de encontrar curación en las noches suaves de verano de un pueblo de río? . que se mueve allí. borracho. Al levantar la venda. a veces.No es probable. Bloom le parecía real. Mi ciudad es muy extraña. Se desliza por los pasillos de la casa y escucha a la puerta de un cuarto. cuando ya no hay luces. Cuando él y su mujer se achispaban un poco. queda la llaga en carne viva. Sponge le dijo un día. Un hombre sensitivo que vive allí. en una calle sucia. ciudades que se alzan en el barro de los pantanos. Una mujer vino a mi ciudad. emborrachándose. Prefería seguir así. Ya no había coches que pintar. durmiendo. para hacerse envidiar. de noche en su alcoba. Hubiera podido montar un taller para pintar automóviles. otra Bloom? Bruce desechaba tal pensamiento. Curiosidad parecida experimentaba Bruce cuando trataba de imaginarse a Sponge y a su mujer en aquellos momentos de placer íntimo y mutuo. riendo. Se codea con ladrones y prostitutas. Eso sería demasiado molesto. lo recibe dentro de su ser. Mi ciudad es una mujer cuyo amante está enfermo. a reírse de él. ¿Cuántas veces ocurría esto? Unas cuatro veces al mes. mientras caminaban juntos por la calle. y él se sentía un chiquillo también. Aquellas páginas: Un individuo. Tom Wills le habría traído el nuevo libro del irlandés Joy. en su aliento. todos los otros querrían ser como él. un hombre del continente —el Joyce ese—. Los que viven en mi ciudad dicen que cayó. mi ciudad es el hijo de un soñador. Bruce trató de imaginarse a sí mismo en el lugar de Sponge: Sponge echado sobre el montón de serrín con su mujer al lado. una gran parte de la tierra está aún por estrenar. todo minuciosamente registrado. y luego. Hay muchas ciudades. en la manera de utilizarlos. ¿De despertarlos? No. Piensa demasiado. ciudades en hileras. en los tejados de las casas. Mi ciudad es un beso de los labios febriles de mucha gente cansada. Había leído Bruce un libro de Zola: “La Terre”. y la ciudad la arrojó desde el tejado. De noche. Una mujer —la de Bloom—. ¡Ay. su aliento es el aliento de mi ciudad. En Europa los hombres han vivido mucho tiempo en un mismo sitio. Tendría que desplegar vestidos. Aunque Sponge se había quedado sin su taller de pintura. Mi ciudad está en su pelo. Ese es mi ciudad. mi ciudad es un hombre que se levanta de la cama y contempla la oscuridad. burlonas. De día. Un europeo. No puedo decir cómo es mi ciudad. de despertarlos. intensamente real. LA COJERA A. Sus propias reacciones se le entremezclaban con esas otras fantasías. Mi ciudad es un murmullo de voces que salen de un hoyo en la tierra. No ha conseguido hallar una mujer y se entrega al placer solitario. Un Napoleón o un César tendrían que estar regalando juguetes a los otros para entretenerlos —ejércitos. Y los otros se asoman. Atengámonos al sol. curiosos. llamado Bloom. no. Tiene dientes postizos que chasquean al masticar. Mi Ciudad vive en los aleros. no fué suya la culpa. cuando conoció al joven del bigotillo—. Hay un hombre enfadado cuya mujer le es infiel. Un Napoleón o un César han de estar continuamente pensando en los demás hombres. comiendo. Tal vez exagerara. Ciudades que duermen. Mi ciudad es un viejecillo que vive en una casa de viajeros. el viejo operario despojado de su oficio. y que ahora. No pudo. al viento y a la lluvia. riquezas. Lo que le ocurría a Bruce era que. acompañado de varias mujeres. como un cerdo. Está cansada y nerviosa. Punza y quema. No conseguía ser Sponge. de cuando él era propietario. se las echaba de chiquillo en sus relaciones con su propia mujer. “No me gusta esa mirada inquieta y ávida que tiene. De hacer tal cosa. aparecía en una playa. El tipo de. ante el pensamiento de tal transformación. pero ya se encontraba un poco viejo para eso. después de haberse atiborrado de aquellas cosas buenas que su vieja preparaba.

¿Pa qué? ¿Pa tenerla que mantener? ¡Y que ella se iría con gusto!. “A casita. Hecho un pellejo de whisky. no había duda. el más macho. Sponge poseía masculinidad. que no tendrá usted más hijos. mientras más hábiles las manos. hacia el barrio comercial de Old Harbor. y mucha otra gente. el río . al menos. en compañía de su mujer. aunque usted no lo sepa. Sponge no se reía de Bruce. más que nunca. no sabría arreglármelas para conseguirme otra. Y Bernice debiera alegrarse de no tenerle más a su lado. bajo la luz de las estrellas. que trabaje el marido y que gane dinero. así que el individuo aquel se mostraba más huraño de lo que hubiera sido naturalmente si Sponge se hubiera portado con él como se portaba con Bruce. alardeaba y enseñaba a Bruce los secretos del oficio. siguieron. un soñador. Ese desprecio se le exacerbaba en su trato con el otro compañero. de mujer a mujer. pero no hay cuidado de que se la lleve.¿Qué se proponía? Vamos a suponer que fuese algo de esta suerte. Bruce daba los buenos días a su compañero. Momentos antes había tratado de transformarse en Sponge: Sponge. Había tratado de imaginarse a sí mismo en tales circunstancias. En la luz primaveral de la tarde brillaba la sonrisa de Sponge. Sponge. ¡Que se le lleven a la mujer. el sencillo. ¿Pero quería ser así. Desde que se marchó del lado de Bernice había pensado y sentido mucho. Porque Sponge se agarra a todo con las manos. Sponge hizo un guiño. Y para decir verdad. de buenas a primeras: “Sé que no ha de vivir usted mucho tiempo. se presentaban siempre como artistas. Bruce. sus fantasías. de Bernice y de su grupo. porque de los dos él era el más hombre. Si me quedara sin mujer. aquel tipo huraño que trabajaba en el banco contiguo al de Sponge. Tal vez hubiera ciertos momentos en que se pudiese hablar así. en sus relaciones con Bernice? Sí. Las horas de trabajo en la fábrica no contaban. cruzaron las vías del ferrocarril. obedecía al simple hecho de que todos se esforzaban por ser una misma cosa! Los hombres y las mujeres del grupo de Bernice a todas horas hablaban de ser artistas. aquí y allá. más me parezco a usted que a Sponge. virilidad. El otro compañero. de hombre a hombre. todo le viene por las manos. mayor la libertad de imaginación. ¿Era ésta una de las mañas de Bruce. realmente? Bueno. ¡Pero no. era lo que él quería ser. Que el joven del bigotillo le hubiese dicho a su madre. sus emociones. cuesta arriba. como Sponge manejaba la brocha! ¿Qué ocurriría? ¿Cómo sería ese hombre? ¿Sería un artista? ¡Pues sí que la habría hecho buena si ahora resultara que su huida de Chicago. Los dos hombres marchaban por la calle. el paso de las horas. Bruce y Sponge salen de la fábrica. y pronto se agarraría a otra! Pero yo soy como usted. y el joven del bigotillo. Había cierto encanto en. y. repartidas por el mundo. La conozco a usted mucho mejor de lo que usted misma se conoce”. Soy de los que se pierden en la vida. pero al menos lo pasaba bien y no se aburría como antes. El tipo va a verla todas las tardes. Sponge era el tipo que admiraba. el hombre niño. al entrar en la fábrica. a ver si la mujer está todavía allí o si se ha largado con su amiguito.” ¡Con cuánta mayor facilidad se transformaba Bruce en el. echado sobre el montón de serrín. en parte. Soy un hombre que piensa. No soy de los que se las llevan de calle. ¡Si el hombre llegara a manejar sus pensamientos. jugaba. Barnizar ruedas y pensar no eran incompatibles. Se le arremolinaban los pensamientos. “Barcos que pasan en la noche. convergían ahora hacia el compañero huraño. había salido precipitadamente: se les había adelantado en la puerta.. Todas las mañanas. y eso salía ganando. y sentía desprecio por todo hombre que no supiera hacer lo mismo. ¿Por qué sentían desprecio por aquel grupo él y Tom Wills? ¿Es que él y Tom Wills aspiraban en secreto a ser artistas de otra clase? ¿Era eso lo que le corroía cuando se largó de Chicago para venir a Old Harbor? ¿Se le había perdido algo en el pueblo —de niño— y volvía ahora para buscarlo? ¿Algún hilo suelto que venía a recoger? XIV Tarde del sábado. como si dijera: “¡Si pudiera contarle a usted las cosas tal y como son! ¡Qué distinto sería! Soy el que soy. Los pensamientos de Bruce dieron un salto atrás. y estaba tan orgulloso de ello como de su habilidad de manos. hablaba. Por primera vez se veía Bruce capaz de hacer algo con las manos. y antes que él su madre. Con fuerza y con maña se había apropiado una mujer.” Al pensar en esto se sentía uno en ridículo consigo mismo. o entre hombre y mujer. sino del tipo huraño. pero indudablemente él. Y éste parecía mirarle con ojos ávidos. para que ella coma y se vista!” ¿Por qué creía Bruce en la ingenuidad de Sponge? Dios sabe que no carecía de malicia. las estrellas brillaban. experimentaban esa misma necesidad. de los artistas conscientes. Era la misma sonrisa lejana y un punto malicioso que a veces aparecía en la cara de Bruce y que tanto molestaba a Bernice. Y se pavoneaba a manera de gallo.. Era muy posible que no hubiera llegado a ninguna parte. obrero huraño y silencioso! Sin embargo.

el obrero huraño e ineficaz. él o ella? Indudablemente. Bruce sonreía también: “Me figuro lo que quiere decir. el viejo obrero cambió la conversación rápidamente: “Ah. no iba contra Bruce. sino contra el obrero huraño. Sintiéndose observado. Recordaba algunas de sua experiencias con mujeres. Sponge no había dado en el blanco. no es como nosotros. se había recreado. Era evidente que aquel Joyce. Sponge no aparecía precisamente como un hombre de ideas sutiles. A echarnos un vistazo. hombre eficaz. y aquella sonrisa desconcertaba. veré de conseguir una botella de whisky. A veces. calle arriba. y la mujer que le acompañaba se sentía niña también. ocupado en sus propios pensamientos: “No estaría mal el baquetazo. A darle un paseíto al marido. Pero se me figura a mí que la tiene todavía por domar. Estaban sentados en el apartamiento. dijo riendo.” Y. que se entregaba de un modo total. de camino para el hotel. El coche subía la cuesta en segunda. Smedley era el obrero huraño. podía hacer a su compañero huraño mucho más real que a Sponge. y tenga usted cuidado. pasó muy cerca. sin dejar la sonrisa. Le invitó a comer el domingo con gran insistencia. asustado. en parte al menos. cuando fué a la guerra. y esto le aliviaba. esperanzado. No. descontento. saturado de pensamientos. Imaginarse a sí mismo derrotado por una mujer a quien temía. Tal vez estuviera Sponge riéndose de él como del obrero huraño de la fábrica. quería ser más sensitivo que los demás en la comprensión de todo aquello que ocurriera a su alrededor. Se hubiera despertado a la luz fría del amanecer. porque a veces tiene usted una mirada como la de Smedley”. y voy a tratar de sacarle una receta. Dos o tres momentos de ineficacia. Así había sido él con Bernice. y desde allí. terminada la cena. se defendía con la sonrisa. Tal vez se había portado ineficazmente con Bernice. Caminaba ahora. Lo único que había conseguido era sentir su propia ineficacia. Habían llegado a la calle principal. como diciendo: “A mí no me la pegan”. “Muy bien —dijo Bruce—. y que esto había ocurrido tres veces. Sponge. Porque usted. Le era conocido de antemano el desenlace de tal escena. Bruce estaba seguro de esto y se sentía a salvo. atrincherado. Y Bruce. y Sponge sonreía de la misma manera que él solía hacerlo en presencia de Bernice.” La sonrisa hacía su aparición en la cara de Bruce. Sponge seguía sonriendo. ¿Por qué no le dijo un día. Pensó: “No me gustaría que el vejete supiera leer en mí mejor que yo mismo. enfurecía a Bernice. podía adentrarse en él más rápidamente. y por su mujer.” . y esto en una de sus actitudes más ineficaces. No creo que me cueste mucho trabajo convencerle. y el motor resonaba con fuerza. La mujer sentada al volante volvió la cabeza. Bruce se refugiaba en los camaranchones de su mente. sin embargo. El la conoció fuera de aquí. y siguieron andando entre grupos de obreros. andaba metido en el mismo atolladero. Bruce quería ser el primero en algo. no como un Sponge. no era una sonrisa. todos ellos empleados de la fábrica. no le salía. pero no creo que pase nada. Su Bloom era mucho mejor. calle abajo. para evitar todo comentario sobre el asunto. mientras Bruce permanecía fijo. pensaba. Y.” Sponge seguía sonriendo. Llegaron a la esquina donde Bruce se separaba para subir al hotel. sino como él mismo. algo raro. casi le hacía feliz. el pecho hacia fuera. la desazón de Bernice duraba un día entero.” Sponge sonreía. lo que es a usted. No me marché del lado de Bernice para buscarme otra mujer. Era cierto que la mujer del automóvil le había echado unos ojos que le hicieron temblar.corría silencioso a pocos pasos. y por eso baja a la fábrica a la hora de la salida. No podía escribir ni una sola línea. Se desconcertó. Puede que usted le recuerde a ella otros amores viejos. al lado de Sponge. por qué no le dijo con una palabrota que el cuento que estaba escribiendo era una majadería? Por el contrario. en imaginación. donde ella no podía penetrar. se puso a sonreír. al fin y al cabo. ¿Quién había sido el ineficaz. se alejaba. En el retrato que Bruce había hecho de su compañero. La señora a lo mejor estará aburrida en un pueblo como este. escritor y soñador. Imaginarse a sí mismo como el Bloom de “Ulises”. bien que le mira. mirándole. Un automóvil ocupado por Grey. A Bruce le pareció un chino viejo y sabidor. no crea que no lo he notado. más real que su Stephen. Conozco a un muchacho médico que vive en el hotel. y que tanto le gustaba. suntuoso. y se casaron. inmediato. en imaginación. era mucho más fácil transformarse en el obrero huraño. había tratado de imaginarse a sí mismo en tales circunstancias. Era un reír de dientes afuera. Fantásticamente. Y lo que es yo no sentiría mucho que un Grey se llevara un baquetazo de los buenos. Es otra mosca la que me pica”. Pero figurarse a Sponge como un ser de fina sensibilidad sería como tratar de imaginarse a Bernice superior a él mismo en aquello en que más le importaba descollar. Hubiera sido una desilusión para Bruce pensar que el obrero era hombre de sensibilidad. dueño de la fábrica. el viejo se contoneaba ligeramente. ser el hombre que yace en la cama. Nada. Bernice se levantaba de pronto y decía: “Tengo que ponerme a escribir. se sentía niño. podía comprenderle mejor. Ser. Sponge le dijo a Bruce quién era la mujer: “Ahora le ha dado a la señora por venir a la fábrica casi todos los días. Eso sí que podía hacerlo. sin gente de su condición. ¡Qué mala intención la de Bruce! La de Sponge.

Hay que arriesgarse en la vida. tenemos demasiado sentido común. saber conversar. vestidos. ¿Lo estaba? Cuando todo está resuelto. Uno fijo en su imaginación. aunque sin atreverse a reconocerlo. ser mujer o aun madre. Aline iba muchas tardes a la fábrica en busca de Fred. Los días pasan. al menos. Además. Pero ¿es que ella soñaba con un amor así. La gran suerte. temblaríamos de miedo. Incapaces de exigir mucho. Sí. Andar de cierta manera. charlando. ¿Cómo evitar que ciertos pensamientos acudieran a la mente. Bajos y altos. un obrero de la fábrica. Una mujer como ella. ¡Cuantísimos hombres en el mundo! El suyo. dice a uno de sus oficiales: “Antes ser rey de un muladar que mendigo en Roma. en el cuarto de Rosa Frank. En apariencia. su marido. Que no era mucho. ¿qué podía ser sino un obrero y nada más? No debiera de pensar en él. las apariencias. Aline no había tenido hijos. tenía dinero y posición social. y en este caso el riesgo valía la pena. Una confianza completa en ella. Hay mujeres que se dirigen abiertamente a los hombres. En el fondo. de estilos decorativos. viejos y jóvenes. de vuelta de la fábrica de su marido. Le intrigaban. “Pero. todos iguales. y. sino más bien una mujer que amara el peligro. Cuando una mujer se casa. Era Bruce. los dos hombres subían por la calle adoquinada. Significaba tener casa. Según Fred. . ante todo. No consiguió ella acercársele en toda la noche ni oír una palabra de sus labios. Un mismo aire de generosidad. de música. antes de haber empezado la vida. ver pasar los días. tenía todo lo que él pudiera ofrecer. se preguntaba. La perspectiva de vivir once meses al año en un pueblecito de Indiana no era cosa atrayente. En un pueblo como Old Harbor. Hombres. aquel mismo deseo que la había empujado hacia el muchacho a quien conoció en París. por fuerza ignoraba este término. en línea recta. Ya no era joven cuando Fred la pidió en matrimonio. la vida estaba resuelta para ella. no entraba en el vocabulario de una dama. ¿Por qué?. Ella no conocía a Sponge.” Un pensamiento parecido. qué sentía? Figuras negras en traje de mecánico. y volvían a la indiferencia. con un hombre así? “¿Por qué no? Es el sueño de toda mujer. ¿a qué viene este abandonarse de una misma a la ilusión?” No se vive sin imaginaciones. La primera vez que le vió. nunca había oído hablar de él. esconderlos. el encanto consistía en insinuarse sutilmente. y ardían en llamas. Fred tenía sus ideas fijas acerca de la mujer en general y de su mujer en particular —la esposa de un hombre de su posición—. si alguien viniera a ofrecérnoslo. ¿Qué sentían ellos al verla? ¿Y ella. y ésta había tenido buen cuidado en defenderle. lo mejor es sentarse en una mecedora y esperar a que llegue la muerte. El viejo pasaba. El muchacho la había eludido. automóvil. de pintura. Abrasarse. pero ya es algo. la cosa no era fácil. Sus requisitos en cuanto al estilo. bien ordenados. Y luego. Quizá el muchacho de París y este otro hombre de ahora ni siquiera se habían fijado en ella. al pasar por un miserable poblado. Los días. ¿en qué? En un trabajo. de abandono. XV Quizá Aline lo tuviera todo planeado desde un principio. sin nada más? Ella tenía a Fred. Es inútil tratar de mantener las ilusiones. Es nuestra naturaleza. pero eso no era todo. vestir con distinción. Fred se daba por convencido muy fácilmente. todo cambia. y seguramente no había pronunciado la palabra muladar. La precisión en citas históricas no era el fuerte de Aline. Aline respondía exactamente a las exigencias de Fred. y a veces se preguntaba ella si hubiera consentido en tal casamiento de no haber sido la mejor solución. leer las últimas novelas. Recordaba haber sentido impulsos de pararle a la verja. ¿Le escuchaba? De todos modos él la había mirado una o dos veces — una mirada tímida y corta. todas las mujeres somos demasiado prácticas. pero. Y de no poder ordenarlos. pasaban junto al coche donde ella esperaba sentada al volante. se estaba a la cabeza de todo. Los obreros. él iba acompañado de un individuo bajito y bigotudo. Hacer el papel asignado por la posición social del marido. Su parecido con el muchacho de París era algo puramente accidental. Era. Abrasarse. Aline no quería aparecer grosera. entonces. posición. entender de arte. el viejecillo bigotudo. que salía acompañado de Sponge. Quizá la vida fuera sólo eso: vivir. pero también de improviso se cansaban de la pasión. de improviso se apasionaban por algo. Pero ¿qué sacaban? ¿De qué servía el hombre como hombre. en masa. Aunque Rosa no parecía ser así. Una experiencia imaginada no es lo mismo que una experiencia sentida. una confianza injustificada e infantil. Sabemos demasiado para eso. La muerte. y el otro en silencio. una señora. Estos hombres cruzaban por la vida indiferentemente. Arder en llamas. y se daba por convencido de que ella era tal y como él la imaginaba. su marido. en el amor de una mujer. soñar y guardar los ensueños bajo llave. Quizá fuera cosa propia de Rosa. al fin y al cabo. una señora. César. No logramos realizarlo.

el mayor del mundo. Fred. Además. Da unos cuantos pasos hacia atrás y lánzate contra el tronco. ¡No cede. Aline no gustaba de tales pensamientos. la mujer de Striker. la primera vez que ella lo vió. con seguridad que la hacían papilla. Estos dos eran los únicos que parecían tener un interés mutuo. El viejecillo parecía tan ufano. en Nueva York y en París. nunca lo habría. A lo mejor se lo teñía. era el hombre más importante del pueblo. con aquel andar y aquella manera de atusarse el bigote. creyendo que la vida es esto y lo otro y. Un árbol crece en el campo. en nuestro propio cuerpo. Sentada al volante del soberbio automóvil. la mujer del juez. El pensamiento. Fué una noche memorable. El árbol tiene una significación para ti. Algunos árboles sangran al ser heridos. Aline seguía con los ojos a Bruce Dudley y a Sponge Martín. El bigote era demasiado negro para un hombre de su edad. durante el primer verano después de la llamada guerra del mundo. Este les describió las operaciones hechas en los árboles para sacar la savia. de pronto. su padre. Sentía sobre sus hombros el peso de la responsabilidad. pero las mujeres del pueblo no se atrevían a prescindir de ella. Y esto las desconcertaba. el campeón del mundo. ¿Qué era la trementina? ¿El elixir dorado de la vida? . escuchaba. ¿Era que Fred no había logrado conmoverla hasta lo hondo? ¿Quedaba todavía en ella algo dormido. de conocer —a los otros o a uno mismo—. en el cuarto de Rosa Frank. la mujer del médico. Cuando Aline Aldridge era niña. y de aquí la trementina. para llegar a conocer algo. Y su marido. en el tronco vigoroso. Si Aline hubiera sido como Rosa Frank y sus amigotes de París. su marido. No dejaba de ser divertida. se preguntaba. ¡Y qué pareja tan rara! El más joven no tenía aspecto de obrero. mutilado. Todo un bosque inmenso. música. Se va pasando la vida sin necesidad de pensar mucho. Tal vez fuera esto debido al hecho de haber pasado temporadas en Chicago. Tal vez se sintiera atraída hacia los dos trabajadores a causa de la simpatía mutua que demostraban. sentada en un taburete junto a su padre. no se les cae de la boca. Fred. Aun el pensar en tal cosa era de mal gusto. de muchacha. Cuando las señoras del pueblo venían de visita. a los nórdicos. por despertar? Cambiaron de curso sus pensamientos. No había secreto de que apoderarse. pero no era fácil que esto ocurriera. el cajero del Banco en que Fred era el primer accionista. el muy presumido. otros lloran. ¡Todo este hablar acerca de la importancia de su propio trabajo! Se preguntaba ella hasta qué punto era verdad. de sentir mucho. sentirlo en nuestra propia vida. como un gallo con sus gallinas. la manera en que ella conseguía hacerse admirar de la gente del pueblo y de su marido. pero lo que es el hombrecillo aquel. Tomó una actitud que ella misma hubiera llamado cínica. cuando venían de visita se creían obligadas a conversar sobre cosas culturales: libros. hablaba como si la fábrica amenazara hundirse de no estar él en su despacho a todas horas. En algo tenía que pensar Aline. había cruzado por su mente. ¿Por qué no salía Fred? Desde que murió su padre y entró en posesión de la fortuna. Te sangra la cara. ¡zas! Sucede algo. ancho de hombros. Creía uno saber exactamente lo que haría en determinadas circunstancias. no tenía nada de particular. en casa de su padre? Se figuraba una al obrero como un hombre naturalmente humilde. Si una de estas señoras lograra apoderarse de un secreto suyo. XVI Aline conoció a Fred en París. concebido en términos algo distintos. Y ella tenía talento para vestirse y presentarse. Le metes el hacha en el cuerpo. Aquel hombre — pensaba ella sonriendo— bien hubiese podido ser un Napoleón Bonaparte. Pero es curioso esto de insistir en la palabra mundo. cortado. Fred tomaba la vida muy en serio. Quizá hiciera falta. Subía por la calle adoquinada con andares de gallo. se hubiera imaginado a Sponge Martín pavoneándose delante de las mujeres. Brillante y negro como carbón. que subían por la calle adoquinada entre otros trabajadores. No ignoraban que Aline había estado estudiando pintura. pálpalo con los dedos. Era evidente que no contaba con grandes simpatías. estaba una vez en el salón de la casa hablando con un hombre. ¿Es realmente un árbol? ¿Qué es un árbol? Anda. que tenía negocios forestales en el Sur. Y uno no es lo que creía ser. ¡Qué corteza tan áspera! Te duelen los hombros. no tenía nada de humilde. con algo tenía que entretenerse. ¿Por qué?. A los anglosajones. de los hombres que eran amigos de Fred o de los hombres a quienes ella había conocido. pero al fin de cuentas resultaba que tales creencias no eran más que mentiras. ¿La tiene para los otros? Vamos a suponer que fueras un trabajador y tuvieras que cortar el árbol. pero ¿en qué consistía tener aspecto de obrero? ¿En qué se diferenciaba un obrero de otro hombre cualquiera. no! Duro como una roca. A mucha gente les pasó esto durante la guerra.Aline no había tenido hijos. después de todo. la guerra del mundo. ¿Para qué? Para sacar la trementina. Aline. El mejor del mundo. pintura. Bueno.

dedicarse a cosas culturales: leer libros recién publicados. Aline los invitó a su casa. brazos. No los había sentido hondamente en su vida. pero esto. que tanto han sacrificado. Nunca la hubo. le devolvía ahora el favor: “Has estado muy amable con nosotros. nunca la habría. la fabricación de la trementina. ¿Cuántas mujeres sentían lo mismo que Aline? La guerra se llevaba algo íntimo de las mujeres. por último. de talento. vacilantes y ensangrentados. No los sentía cerca de sí. cierta música.. ¿Para qué hacían todo eso? ¿Para qué querían la estúpida trementina? Árboles que lloran y sangran. Esos hombres que los herían y los cortaban con sus hachas. A principios de la guerra. en la pintura verdadera. las quemara y destruyera! Pero a las mujeres no se les ocurren tales pensamientos. técnicamente. hecha ya una mujer. Unos árboles caían al suelo con un gemido. La guerra le aburría. matricularse en una escuela de pintura. Más valiera dedicarse al arte.. hábil y rápida. Al comenzar la guerra. Vamos a suponer que tuviera que vendar la herida de un árbol y dijera “no”. que vivía en casa de los Aldridge. y cuando.. entretanto Esther. En el barco ya había empezado a sospechar algo.¡Qué cuento tan maravilloso! Aline se había puesto un poco pálida. y su novio. Al acabar la guerra. se echó a llorar. Teddy Copeland no era precisamente un árbol. ”La Belleza perdura. murió de la gripe en un campamento norteamericano. No de una manera directa. en circunstancias como las presentes. Aline se habría casado con Teddy Copeland y habría descubierto algunas verdades acerca de la vida.” Ni la menor traza de grosería por parte de Esther. Su mujer murió cuando Aline tenía diez años. Aunque tenía cierto talento para el dibujo. ir al teatro. Estos hombres —cuesta trabajo decirlo abiertamente—. Aline quiso hacer algo útil. Sobre todo si son mujeres distinguidas. en vez de plantar las semillas. se desangraban. pero ni su padre ni el amigo lo notaron. que van derechos y solitarios. Y con el talento que tiene. estuvo cuidando del viejo. Aquellos muchachos que se iban a la guerra. La mujer del retratista. guiño o encogimiento de hombros. ya en la cama. donde ella estaba entonces matriculada. Era un muchacho muy guapo. mientras otros permanecían derechos. Aquél explicaba ahora. el padre y el hermano de Aline se hubieran dado por satisfechos. No hay duda. pensó Aline. pero no consiguió entusiasmarse con aquello de “colaborar por la victoria”: hacer medias. dos o tres semanas—. cada uno se lleva. en algún lugar remoto y extraño. no pudo menos de sonreír al ver su propia docilidad en dejarse conducir por Esther Walker. ¿Cómo decir “no” a un muchacho que va a que lo maten? Hubiera sido lo mismo que decir “no” a uno de los árboles. Aline. No adivinaron los pensamientos suyos. Hombres callados. Había consentido en casarse con Copeland porque el muchacho se marchaba a la guerra y le había pedido palabra de casamiento. Quince mil dólares no son de despreciar. recordó el cuento de los árboles y de la trementina. a los conciertos. Tantas cosas en la vida que deben ser veladas. Había algo en la pintura grande. De no poder hacer esto. Un bosque de árboles heridos. nunca dice nada. Pero esto no hace al caso. Más tarde conoció a Esther Walker. estos hombres. "¡Pobre Aline! Sin novio y sin hermano. formó su convicción acerca de la pareja. llamaban a la niña asustada. luego que su hermano y Teddy se marcharon. calladita. y los dos tuvieron palabras muy amables y elogiosas para su trabajo de pintura. El padre de Aline había sufrido mucho a causa de la guerra. Aline hizo un viaje por Francia en compañía de Esther Walker y de su marido Joe. Teddy Copeland. La tierra estaba roja de la sangre. Había pintado también el de Teddy Copeland y uno de la madre de Aline —a cinco mil dólares por cabeza—. que era tres años mayor que ella. y un labrador se acercara con un saco lleno de semillas. De haberse casado con Copeland. entonces. Y a éste le parecía que se había casado otra vez. y ya en los surcos. Para ella no estaban muertos. Al escuchar música. no se había tomado demasiado en serio. Aquella noche. Es como usted. cuando se tiene alguna habilidad con los pinceles. al menos no mucho más cerca que los árboles del cuento. vender acciones del Estado. en que los jóvenes pierden la fe. lo mataron en Francia... No podía comprender su objeto. “Nosotros los viejos tendremos que hacer de padres y madres de la generación nueva. Había visto una obra suya en el Art Institute. Bueno. que ella no podía alcanzar ni comprender. Los árboles tenían ojos. cientos de miles. No había manera de rehusar. Una mujer distinguida tampoco debe pensar acerca de tales sentimientos. Esther hablaba con toda reverencia del carácter del viejo y del talento indiscutible de la hija: “Hombres como usted. en medio del desbarajuste social en que las antiguas normas de vida se relajan. que enfrentan obstáculos sin una queja. A su hermano Jorge. ¡Como si uno fuera un campo. al llegar la primavera. el pintor que había hecho el retrato de su hermano copiándole de una fotografía. Un año de . Sin ella. Y mientras Aline estaba en Chicago y Joe trabajaba en los retratos —los retratos de cinco mil dólares no se pueden pintar de prisa. al menos. Aline fué quien le habló a su padre de este pintor.. Aline no se dió cuenta de qué clase de gente era Joe Walker y su mujer hasta llegar a París. que contribuyen a mantener intacto el orden social. Ahora haremos por ti todo lo que podamos. era pura cortesía. Todo aquello que tiene valor en la vida perdura. piernas y cuerpos. Miles de ellos. sino heridos y desangrados.

viaje por el Extranjero la salvaría de una posible postración nerviosa. Al fin y al cabo tenían acorralado al pobre viejo. de la belleza y de una porción de cosas por el estilo a un hombre que acaba de perder un hijo en la guerra. éste. como ya has visto. bien vestida —sombrero elegantísimo—. más tarde. Aline tenía veintinueve años. Sus relaciones con Aline eran de un carácter muy especial. Sin embargo Aline no conocía la vida de Nueva York como los . y si el industrial no dedicaba parte de los fondos a la ampliación futura del negocio. aunque no había tenido gran experiencia. no debiera andar solo con mujeres como Esther a su alrededor. Un hombre viudo. se hubiera dado cuenta de la situación. Le había dicho a su mujer que estaría ocupado con un agente de anuncios de Chicago. Creía Aline que. sin correr el menor peligro. más tarde. El dinero empleado en anuncios era parte del capital activo. Nueva York cada año se parece más a París. Y Aline. mientras el padre arreglaba allí algunos asuntos de importancia. por último. finalmente todo se le iría en contribuciones. hijo único de familia rica. Un murmullo apagado de voces masculinas. si se hubieran quedado en los Estados Unidos y si hubieran seguido tratando a su padre. Su compañero. Aline tenía veintiséis años. Cierta humildad en los trabajadores al pasar coche y mujer. Fred debía de saber muchas cosas de las que nunca había hablado con Aline. Hombres con traje de mecánico salían por la puerta de la fábrica y pasaban muy cerca del coche. el astuto abogado! ¡Qué fáciles los hombres! Aline hubiera debido quedarse en los Estados Unidos. muchacho norteamericano en una Universidad del Este. No había miedo de que la parejita permaneciera mucho tiempo en un mismo sitio. Se ganaba mucho dinero en la fábrica. Chicago…” Aline había vivido con su padre en Nueva York dos o tres veces. Y las mujeres norteamericanas lo mismo: “Colaboremos por la victoria”. muchacho rico que se enlista generosamente como soldado raso —a colaborar por la victoria—. ¿Se lo propuso Aline. pero ¿qué necesidad había de encender las luces del coche? ¡Se estaba tan bien en la penumbra. La oscuridad avanzaba en la calle. No hubo necesidad de palabras. Ventajas de ser artistas. luego. una “campaña de propaganda nacional”. ¡Qué cosa tan confusa y embrollada era la vida! XVII Casamiento. con dinero. sentada al volante. Cuando Joe Walker vino a la casa de los Aldridge para pintar los retratos. de conversaciones. Joe estaba pintando el retrato de ese hijo y el parecido había salido tan exacto! ¡Buena pareja era ésta para dejar escapar una buena oportunidad! La gran pareja para educar a una mujer astuta como Aline. Gente respetable. Seguramente estaba ahora en su despacho hablando con el agente de Chicago. Hombres altos. uno tras otro. Nos tratamos con lo mejor. de París. parecía decir el gallito viejo. en un campo de instrucción militar. La noche que Aline vió a Fred por primera vez. “Te enseñaremos la función desde bastidores y así no tienes que comprometerte. temporadas cortas. Había ido a casa de Rosa Frank en compañía de Esther y de Joe. La tarde que. extenuadas por la guerra.” ¡Qué fácilmente se dejó envolver el padre de Aline. Vemos la vida por todos sus lados. en Chicago. las mujeres inglesas. Esther lo sabía. un gasto necesario.. las mujeres inglesas. Fred iba a intentar una campaña de propaganda. perdieron la cabeza? ¿Por qué se casaba la gente? ¿Cuáles eran las intenciones de la gente al casarse? ¿Por qué el hombre que ha conocido docenas de mujeres decide súbitamente casarse con ésta? Fred. se lo propuso Fred aquella noche en París. que había venido a visitarle para discutir un plan de negocios. Poca humildad en el viejecillo aquel de hombros anchos que venía atusándose el bigote —¡tan negro!— con sus dedos de porra. la noche crítica. Vivieron en un hotel de gran lujo. Aline esperaba a la puerta de la fábrica.. Nosotros somos gente casada. sentada en el automóvil. en Francia. Como si quisiera reírse de Aline. porque éstos lo habían decidido así. Esther y Joe empezaban a divertirla. soldado. la noche que Rosa Frank y también Fred. al cual se dirigía constantemente. cuando. Cuando el primer contingente norteamericano desembarcó en Inglaterra. no era tonta. le recordaba a ella el muchacho de París a quien conoció en el cuarto de Rosa Frank la noche aquella. Fred tardó bastante en salir. hombres bajos. “Te tengo calada”. finos y largos dedos posados en el volante del automóvil. además. ¡Hablarle de arte. La tarde que sentada al volante del automóvil esperaba a la puerta de la fábrica. imaginando cosas! Una mujer esbelta.

Walkers.
Estos lograron tranquilizar al padre por lo que se refería a Aline. Y, sin duda, el viejo se sintió aliviado cuando ella se marchó
por una temporada al menos. Este pensamiento lo insinuaron hábilmente en Aline. En conjunto, fué un arreglo ventajoso
para todos los interesados.
Y de un gran valor educativo para Aline. ¡Pero, qué gente! ¡Era tan extraño que su padre, hombre listo en la abogacía, no
hubiera descifrado las intenciones de los dos desde el comienzo! Trabajaban los Walkers en perfecto acuerdo, como un
equipo. Y sacaban cinco mil dólares cada vez que tropezaban con un hombre como su padre. Gente sólida, respetable, estos
Walkers. Esther era la encargada de sonar esta noche. Y Joe, que nunca se dejaba ver sino en la mejor sociedad —mientras
estaba en los Estados Unidos—; Joe, que pintaba hábilmente y que hablaba con la audacia justa —ni por encima ni por
debajo—, contribuía también a formar la necesaria atmósfera de arte propicia a sus tejemanejes.
Aline sonreía en la penumbra, “¡Qué cínica soy!” ¡Cómo se podía revivir con la imaginación un año entero de vida, en tres
minutos de espera, a la puerta de la fábrica, mientras el marido despachaba en la oficina, y, luego, subir por la calle
empinada y pasar a dos obreros que han servido de estímulo a la mente, y dejarlos atrás antes de que hubieran andado tres
manzanas por la calle en cuesta!
En cuanto a Esther Walker, Aline creía que se había llevado muy bien con ella durante el verano en París. Al empezar el viaje,
las dos mujeres parecían decididas a poner las cartas sobre el tapete. Aline fingió tener un gran interés en cosas de arte —
quizá no fuera todo ficción—. Aline, con su talento para el dibujo. Y Esther habló a más no poder acerca del talento oculto,
latente, que había que despertar, sacar a luz.
“Te tengo conocida y tú a mí lo mismo. Sigamos juntas y no hablemos más del asunto”. Sin necesidad de palabras, Esther
había conseguido insinuar el mensaje en Aline. Y Aline se acomodó al estado de ánimo de la otra. Bueno, no era un estado
de ánimo. La gente de ese tipo no tiene estados de ánimo. Era, sencillamente, una jugada. Esta gente debe ser agradable y
simpática cuando se juega con ellos.
Aline lo adivinó todo, confirmando sus propios pensamientos, una noche en el barco. Tuvo que pensar, enérgica y rápida,
tuvo que contenerse —unos treinta segundos— mientras formaba una decisión. ¡Qué sentimiento malo de soledad! Tuvo
que apretar los puños, toda en tensión, por no echarse a llorar.
Y se dejó ir. Decidió continuar el juego con Esther hasta el fin. Joe no contaba. Se educa una de prisa si se consiente en ello.
No puede alcanzarme ella en lo hondo. No podrá. La seguiré con los ojos abiertos.
Lo hizo. ¡Qué gente tan repugnante los Walkers! Pero Esther tenía algo dentro. Vista de fuera, aparecía la intrigante, la mujer
dura; pero dentro había algo suyo, firme, que nadie había sabido conmover. Joe Walker, su marido, nunca sabría hacerlo. Y
Esther era demasiado práctica para arriesgarse con otro hombre. Un día se descubrió con Aline: “El muchacho era muy
joven y yo acababa de casarme. Fué el año antes de la guerra. Estuve cerca de una hora decidida a todo, pero luego no.
Hubiera sido darle la ventaja a Joe, y no quise hacerlo. No soy. de las que van hasta el fin, hasta la perdición. El muchacho,
un chico norteamericano, era una bala perdida. Así es que decidí no comprometerme. ¿Comprendes?”
¿Qué quería ahora con Aline? ¿Qué había intentado aquella noche durante la travesía? Aquella noche en el barco, mientras
Joe, en el centro de un grupo, hablaba de pintura moderna, de Cézanne, de Picasso y de los otros, mientras hablaba suave,
amablemente, de los artistas rebeldes, Esther y Aline fueron a sentarse al otro extremo de cubierta. Dos muchachos se
dirigieron hacia ellas con intenciones de agregarse al grupo, pero Esther conocía bien esta clase de esgrima y los hizo
retroceder sin tener que herirlos. Evidentemente, creía que Aline sabía mucho de la vida, y, naturalmente, Aline no se
esforzó en desilusionarla.
¡Qué instinto tan poderoso, allá en lo hondo! ¡Instinto de conservación! ¿Qué había intentado Esther?
Hay muchas cosas que no hay manera de poner en palabras o aun en pensamientos. Lo que Esther había presentado era un
amor que no pedía nada. ¡Sonaba ten bello! “Debiera ser entre dos personas del mismo sexo. Entre hombre y mujer no
resulta. Lo he ensayado”, dijo Esther.
Había tomado la mano de Aline y, durante un largo rato, permanecieron en silencio. Una extraña sensación de hormigueo en
Aline. ¡Qué prueba! ¡Continuar el juego con una mujer como aquella y no dejar que la otra supiera lo que le pasaba por
dentro, no dejar que le temblara la mano, sin un solo gesto físico de huida! La voz suave de la mujer, cariciosa, sincera, en
cierto modo: “Es un amor más sutil. Y dura más tiempo. Se tarda en llegar a sentirlo, pero luego es algo que dura. Algo muy
bello. He estado esperando toda mi vida. Quizá te estaba esperando a ti. En cuanto a Joe, he sido buena con él. Es difícil de
explicar. Hay tantas cosas de que no se puede hablar. Cuando te vi la primera vez en Chicago, pensé para mí: “A tu edad, una
mujer de tu posición se ha casado ya. Tú tendrás que hacer lo mismo, pero es de una gran importancia para mí el que no
estés casada, el que no lo estuvieras cuando te conocí. Hoy día, cuando dos hombres o dos mujeres están siempre juntos, la

gente murmura. Norteamérica es ya casi tan sabia como Europa. ¡Y los maridos son una comodidad tan grande! Se les ayuda
todo lo que se puede, cualquiera que sea su ocupación, pero se preserva la mejor para el otro — para el que sabe
comprender la verdadera dirección de nuestra vida”.
Aline se revolvía inquieta en el asiento, al recordar la noche del barco. ¿Fué aquello el comienzo de su conocimiento del
mundo? La vida no es lo que se cuenta en el caión. ¿Hasta dónde quieres llegar en tus averiguaciones? Juego de vida y
muerte. Es muy fácil dejarse llevar por el romanticismo — y por el temor—. Para las mujeres norteamericanas, la vida ha
sido muy suave. ¡Los hombres norteamericanos saben tan poco! Y no se atreven a saber más. Puede uno pasarse la vida
evitando toda decisión, pero ¿vale la pena? ¿No es mejor conocer las cosas por dentro? Y si se conoce la vida —con todas
sus máculas—, ¿puede uno mantenerse puro? “Creo que no”, hubiera dicho el padre de Aline, y Fred hubiera contestado
poco más o menos lo mismo. Cada uno tendría que vivir entonces su propia vida. El barco, al alejarse de la costa
norteamericana, iba dejando atrás todo aquello que preocupaba a Aliñé y aun más. Woodrow Wilson andaba averiguando
por entonces algo de esta suerte. Y su afán le mató.
De todos modos, la conversación con Esther preparó el casamiento de Aline tan pronto como ésta conoció a Fred. Se sentía
menos exigente, menos segura de sí misma y de los demás, de todas aquellas personas que había tratado durante el verano
que pasó con Esther y Joe. Fred era, y había sido, bueno. Bueno como un perro bien criado. Si en esto consistía lo
norteamericano, Aline, como mujer, se hallaba dispuesta a correr el riesgo a la norteamericana.
Las palabras de Esther, tan lentas y suaves. Aline lo recordó todo claramente en unos segundos; pero, sin duda, Esther tardó
mucho más en pronunciar todas aquellas frases que insinuaban su deseo.
Aline, en su ignorancia, tuvo que saltar instintivamente a la conclusión. Esther era de las que sabían cubrir la retirada. Era
mujer lista, no había duda. Y Joe, tan poquita cosa, tuvo suerte en encontrarla.
Tan pronto se está arriba como abajo. La mujer que tiene algo dentro, a los veintiséis años está ya preparada. Y si no tiene
nada dentro, entonces, una mujer como Esther no se molesta en acercarse. ¿Quieres un pobre hombre por marido? ¿Un
bobo romántico? Cásate con un norteamericano, con un hombre de negocios norteamericano. Se portará bien contigo y tú
te quedas sana y salva. No sabrá conmoverte en lo hondo. Vivirás una larga vida, sana, salva y oronda. ¿Te gustaría eso?
Era como si Esther la hubiera arrojado al mar. ¡Y el mar era tan bello la noche que Esther le dijo aquellas cosas! Quizá por
esta razón se sintió segura. Algo que esté fuera de nosotros, el mar, por ejemplo. Es un alivio porque es algo bello. El mar.
Rompen las olas, se deshacen blancas en la estela del barco, crujen en los costados, como desgarrones de seda, y las
estrellas aparecen en el cielo, lentamente. ¿Por qué cuando se altera el orden natural de las cosas, cuando nos hacemos más
exigentes, cuando queremos más y más, por qué aumenta el riesgo que corremos? ¡Qué fácil es pudrirse! Pero un árbol
siempre es un árbol.
Alguien habla. Una mano se posa —amorosamente— sobré la tuya. Palabras y pausas. Al otro extremo de cubierta, Joe
perora sobre el sempiterno arte. Varias señoras le rodean. Luego citarán sus palabras: “Como decía J. Walker, el famoso
retratista, Cézanne es esto. Picasso es lo otro”.
Una muchacha norteamericana de veintiséis años, educada como corresponde a la hija de un rico abogado de Chicago,
astuta, sin estar viciada, fuerte y joven de cuerpo. Y la muchacha tiene un sueño. No, no era Copeland el novio con quien iba
a casarse. Copeland era bastante buen chico. Aunque poco enterado de la vida. La mayoría de los norteamericanos nunca
pasan de los diecisiete años. Así parece, al menos.
Y con estos sentimientos, cuando de pronto la arrojan al mar. Esther, la mujer de Joe, fué quien le dio el empujón. ¿Qué
hacer? ¿Salvarse? Y, allá ya, de cabeza, cortando la superficie de las aguas. ¡Ay, Señor, cuántas cosas en la vida ajenas al
término medio de hombres y mujeres! ¿Y por qué son ajenas? Todo —o casi todo— parece tan obvio. Quizá un árbol no sea
un árbol hasta haber chocado contra su tronco. ¿Por qué encuentran algunos la tapa levantada, mientras otros permanecen
a salvo, cerrados y herméticos? Las señoras de cubierta escuchaban a Joe —las muy picoteras—. Joe, el artista chalán,
hombre de pupila. Nada tendría de particular que, tanto él como Esther, anotaran en un cuadernito los nombres y las señas
de todos sus conocidos. Buena idea la de ir a Europa todos los veranos. En el otoño, vuelta a Norteamérica. A la gente le
gusta tratar a escritores y artistas durante la travesía. Tiene sabor a Europa. Muchos artistas usan de esta martingala. ¡Y
cómo pican los norteamericanos! ¡Pececitos al anzuelo! Sin embargo, en el caso de Esther y Joe, momentos de fatiga, de
horrible cansancio.
Lo único que se podía hacer en una situación como la de Aline era tratar de contenerse y no indignarse. La indignación no
hubiese servido de nada. Una mujer como Esther sabía cubrir la retirada, sacudirse él polvo.
Después de la zambullida había que pensar en salir a flote, limpia y sana, como cuando se bajó. Allá en el fondo todo es
quietud fría —camino de muerte—. Los poetas lo saben. ¡Ven, muramos juntos! Las manos enlazadas. Un largo camino de

blancura. Hombre con hombre. Mujer con mujer. Amor —con Esther—. ¿Qué es la vida? ¿Qué importa que la vida se
perpetúe o no? ¿Y que surjan nuevas formas, creadas de nosotros mismos?
Para unos, el fondo estaba lleno de grandes peces blancos —y nada más—. Hay que figurarse las cosas solito, y si uno es de
los que no se dejan empujar al agua, entonces permanece uno a salvo. Hay gente que nunca ha corrido un peligro. La
mayoría camina a pie enjuto — año tras año.
Norteamericanos, ¿eh? Algo se sacaba de un viaje a Europa con una mujer como Esther. Después de la noche en el barco, no
volvió a ensayar nunca más. Tenía sus planes. Si Aline no había de ser algo íntimo suyo, al menos le sería útil. La familia
Aldridge era muy conocida en Chicago, habría otros encargos de retratos. Esther se había dado rápida cuenta del gusto de la
gente en cosas de pintura. Aldridge, padre, le había encargado a Joe dos retratos y quedó muy satisfecho del parecido. Los
retratos de Joe subirían de cotización, sobre todo después de haber cobrado cinco mil dólares por cada uno. “Creo que es el
mejor pintor contemporáneo”, Esther imaginaba a Aldridge diciendo esto a sus amigos de Chicago.
Quizá Aline, la hija, adivinara sus intenciones, pero lo probable es que se estuviese callada. En cuanto Esther decidió su línea
de conducta con respecto a Aline, lo primero que hizo fué cubrir su retirada. Lo había conseguido ya la noche aquella en el
barco, y todavía con más éxito en otra ocasión, a las seis semanas de estar en París, la noche que Aline, Esther y Joe fueron a
casa de Rosa Frank. En esta segunda noche —Aline conocía ya el género de vida que los Walkers hacían en París, y Esther la
creía más enterada— Esther fué hablándole a Aline en voz baja, mientras Joe, que las acompañaba en el paseo, seguía su
camino sin escuchar, sin intentarlo siquiera. Hacía una noche hermosísima. Pasaron por los muelles de la orilla izquierda
hasta llegar a la Chambre des Députés y allí torcieron hacia el Quartier Latín. Los pequeños cafés de la rué Voltaire estaban
llenos de gente, y sobre la escena flotaba la luz fina de la tarde parisiense —luz de pintor—. “Aquí no hay que fiarse de
hombres ni de mujeres —dijo Esther—. A los norteamericanos nos toman por tontos porque no queremos darnos por
enterados de ciertas cosas. Y es que somos de un país joven. Es que tenemos fuerza y salud.”
Esther dijo muchas cosas de estas en su conversación con Aline. Aunque el significado real era algo muy distinto. Lo que
estaba haciendo era negar que la escena del barco tuviera la menor importancia. ¿No lo crees así? Entonces tú eres la
viciada, no yo. Eso era lo que estaba intentando. Aline la dejó hablar. En la escena del barco ella había ganado la batalla.
Había habido un momento en que tuvo que respirar ansiosamente —llenar los pulmones de aire puro, impedir que le
temblara la mano entre las manos de Esther, luchar contra el sentimiento horrible de soledad y tristeza, contra la emoción
de acabamiento, dejadas atrás, para siempre, niñez y juventud—. Pasado el momento, permaneció quieta, muy quieta,
hasta el punto de asustar a Esther. Que era lo que ella quería. Es siempre lo mejor, dejar que el enemigo recoja sus muertos
después de la batalla. No hay para qué regatear sobre este punto.

XVIII

Fred salió de la fábrica molesto —o al menos fingió estarlo— por encontrar a Aline sentada en la oscuridad esperándole, en
vez de haberle mandado recado inmediato. El agente de anuncios con quien había estado hablando en el despacho iba ya
calle arriba, pero Fred no le ofreció un asiento en el coche. Y esto porque Aline estaba allí. Hubiera sido preciso presentarle.
Las relaciones entre Fred y el agente hubieran tenido que sufrir un ligero cambio. Se brindó a conducir el auto, pero Aline se
echó a reír. Le entusiasmaba a ella sentir el poder del coche cuando zumbaba cuesta arriba. Fred encendió un puro y, antes
de recaer en el mutismo de sus propios pensamientos, se consideró obligado a protestar de nuevo por haberla encontrado
esperando, en vez de mandarle recado. En realidad le gustaba la idea, le enorgullecía. Aline, medio esposa, medio criada,
sentada allí fuera, esperándole a él, el hombre de negocios. “Si hubiera querido llamarte no tenía más que tocar la bocina.
Además, te estaba viendo desde aquí, por la ventana, hablando con ese hombre”, dijo Aline.
El coche zumbaba en segunda al ascender la cuesta. En la esquina, junto a un farol, el obrero aquel charlaba todavía con el
viejecillo de anchas espaldas. Su cara era muy parecida a la del muchacho norteamericano a quien había visto en casa de
Rosa Frank la noche que conoció a Fred. ¡Qué extraño que fuese un obrero en la fábrica de su marido! Y, sin embargo,
recordaba haber oído que el muchacho norteamericano había estado trabajando en una fábrica. Lo oyó en un vacío de la
conversación antes de que Rosa Frank diera el estallido. Pero ¿por qué parecía tan absorto en las palabras del otro
individuo? No podían ser tipos más diferentes estos dos obreros. Trabajadores que salían de la fábrica, de la fábrica de su
marido. Hombres altos y bajos, hombres corpulentos y hombres esbeltos, hombres cojos, tuertos, mancos, hombres en
trajes sudados. Pasaban arrastrando los pies por el empedrado, cruzaban las vías del tren, se diseminaban por el pueblo. Su
casa estaba en lo alto de la colina. Se dominaba desde allí el pueblo, el río, con su gran recodo, las vastas praderas. En el

se rebeló contra su padre. y fué unido a su pueblo. Su único hijo. por último. después de muerto Abraham. “Y míralo ahora. Se labraba la tierra. Aquel muchacho. Se había quedado en París. ahora. dejaban de pagar y venía el embargo. que Dios bendijo a Isaac. Lo que había que hacer era mandar allí una hueste de peones y acomodarlos en tiendas y barracas construidas sobre postes. su hijo. Y Fred —gradualmente— cambiaba de tono. no hubiera conocido a Aline. que el pueblecito no era más que un pobre barrizal. Lo único que Fred había sacado de su año en París fué Aline. tan fina. ”Y sucedió. como le llamaban en el pueblo— se las había arreglado de manera que se quedó con una buena parte de la tierra del valle. ni siquiera había recibido carta suya. Y hasta pensó dedicarse a la pintura o cosa por el estilo. pasado el año. y el maíz crecía a la altura de los árboles gracias al depósito de cieno. Para Aline. Pero. Fred le había contado todo esto a su mujer. Quédate en París. . sus hijos. hijo de Zoar Hetheo. se guardaba el maíz en hórreos. Fred. Tal vez Fred no había querido que se conocieran el padre y la mujer. su compañero de cuarto en la Universidad. Ni siquiera había conocido a su nuera. Aline no se embarcó hasta un mes más tarde. “El retrato del artista de joven. solo en la casa. Al llegar la primavera. después de haberse portado bien en la guerra. Y el viejo Grey. ¿A qué atribuía Fred el hecho de que su mujer no le hubiera dado un hijo? Debía de tener extraños pensamientos acerca de Aline cuando se quedaba solo. después de la guerra. pedían dinero prestado sobre las fincas. y murió Abraham en buena vejez. El hijo recibiría todo el dinero que necesitara. Todos los años la crecida dejaba un depósito de cieno gris. cuando vió que su hijo había tomado una determinación. sentía no haberse quedado en casa durante aquel año: “Le hubiera servido de aliento. Fred tenía cierta habilidad para el dibujo. no se hubiera casado con ella. que el pueblo produjera. hasta que él lo tomó por su cuenta. Aline no consiguiera formar una idea clara del viejo Grey. Se ganaba dinero a porrillo. ¿Era esto bastante? El pobre viejo. hasta el punto de negarse a volver a casa. en cuanto la crecida inundaba los campos. o cosa parecida. estudia arte. y este hijo allá en Francia. el río tornaba a su cauce. construidos también sobre postes.” Fred. le declaró una vez su mujer. orientada. determinaron que la tierra no servía para nada. Los labradores no sabían cultivarla ventajosamente y. lo que quieras. maravillosamente fértil. a pesar de todo lo que Fred le había contado de su padre. vuelves a casa a trabajar conmigo”. como una araña. como no pudieron edificar allí graneros y casas de labor. Le escribió: “Haz lo que te dé la gana durante un año.. Estuve desacertado. tan callada siempre! Con una mujer así había que tener cuidado. Aline le escuchaba y sonreía —una sonrisa adivinadora—. en la heredad de Ephrón. Luego.invierno. Los labradores acudían al Banco. "Grey el viejo” estuvo al acecho. esperándole. anciano y lleno de días. lo mismo que Aline. ni que decir tiene. y habitó Isaac junto al pozo del Viviente que me ve. Pero ¿y qué? No tuvo nunca una idea clara. aturdido. Hablaba a todas horas y le prestaba libros. Tuvo el tiempo justo para coger el barco que salía aquella misma noche —el día que recibió la noticia de la enfermedad de su padre—. que está enfrente de Mamre. y Sara. y el maíz crecía que era un gusto. era el mejor del Estado. Fred decía que su padre había dado vida y espíritu a Old Harbor. Le atemorizaba la posibilidad de que ella conociera sus pensamientos. Y quizá fuera este el motivo de su comportamiento asustado algunas veces que Aline le miraba a la cara. “En toda Francia no había un solo hombre que pudiera compararse con mi padre”. haciendo el vago. ¿Y Aline? ¿Sabía ella adonde se dirigía? ¡Qué bien si pudiese hablar con Aline de todo esto! ¡Era tan dulce. su mujer. allí fué Abraham sepultado. Los primeros labradores trataron de construir diques. que lo mejor era dejar que las aguas cubrieran la tierra. y se esperaba hasta poder traerlo al pueblo. ¿Los conocía Aline? “Y exhaló el espíritu. en la cueva de Macpela. el valle era todo gris.. perdiendo el tiempo. ”Y sepultáronlo Isaac e Ismael. El terreno. Y a ti hubiera podido conocerte en Chicago o en Nueva York”. muy fino. El padre de Fred —“Grey el viejo”. Pero. hizo lo que le pareció más astuto. y así transportaban el grano.” Su padre hizo que el valle produjera. Estaba convencido de que su padre había sido uno de los hombres más listos del mundo. ¿Fué todo astucia por parte del banquero o simple casualidad? Se descubrió.” Era extraño que. se plantaba. A veces hablaba de él como la Biblia del patriarca Abraham: “El Néstor de la casa de Grey”. “Heredad que compró Abraham de los hijos de Heth. pero las aguas los rompían y se llevaban por delante graneros y casas de labor. Un ancho mar de grises formado por las aguas del río que inundaban las bajas praderas. Había muerto poco después de la boda de Fred y mientras éste hacía el viaje de vuelta a Norteamérica dejando a su mujer sola en París. Fred había estado ciego en no haberlo visto antes. Obras de George Moore. Y cuando hacía una de estas afirmaciones tomaba un tono algo enfático. el banquero “Grey el viejo” era un mito. Se hacía la recolección. de James Joyce. de no haberse quedado en París. los peones volvían en grandes balsas.

se cambiaba de segunda a primera velocidad. después de la noche del barco. la mente y la fantasía de Aline giraban y giraban en un torbellino. “Es lo mejor que he hecho hasta ahora.El coche zumbaba cuesta arriba. comerciantes. gente joven. Y éste. esos franceses. hombres bajos. Aline sentía una sensación rara de hormigueo. el que estaba en casa de Rosa. Con dinero y con una posición social era necesario desafiar abiertamente el orden establecido antes de poder entrar en otro mundo más libre. eso sí que era un pecado. con una posición social lo suficientemente alta para sentirse a salvo. y aunque me han ofrecido dos mil dólares. podían hacer lo que les diera la gana con tal que tuviesen cuidado de cubrir las apariencias. hablaba francés con un acento parisiense casi perfecto. en casa de Rosa Frank. como no quiero perderlo para siempre.” Y Fred picó. Pensaba: “La vida es sólo una dramatización. Y éste creía que su amigo. así no tendrían que gastar mucho dinero. Lo bueno y lo malo. como si en vez de tener delante a su marido estuviera en presencia de su padre: su padre. cuando ella llegó con Esther y Joe. en el círculo de los amigos de Esther y Joe. si coincidía con sus propios planes. En Norteamérica. Hombres en los bulevares de París. ¡Qué absurdo no poder hablarle. que enseñara el retrato de Joe Walker a uno de sus clientes o colegas. además. Era hombre listo el agente aquel. Una mujer honrada cuenta con el respeto otorgado por los hombres a las mujeres honradas. Dos o tres veces ya. y Fred se echó a reír: “Sponge Martín. de pensamientos. El muchacho. Tal vez aquella noche de París Aline aceptaba a Fred mientras deseaba al otro. Era de una limitación horrible. en su deseo de tener hijos propios. No hay nada como echarse un amigo rico cuando se es joven. Su compañero de cuarto. mi único amigo verdadero. la noche que bajó a la fábrica a esperar a Fred. sabían ser discretos cuando se requería discreción. había de rehusar cualquier hijo de adopción? Hombres. con sólo ver a otro hombre. de noche. ¿Qué tenía de distinto? ¿Por qué se le había quedado. como ella. Hombres. no le había dirigido la palabra. verdaderamente repulsiva. acompañado del viejo bajito con aires de gallo. se parecía extrañamente al muchacho de París. Y Esther consiguió que la incluyeran a ella y a su marido en muchas de aquellas reuniones. se sentía más o menos tranquila en presencia de su amiga. en casa de Rosa Frank. chabacanamente. Representarlo mal. El mundo habitado por — . La ley del embudo. Elegimos un cierto papel y tratamos de representarlo lo mejor posible”. y este mundo que parecía más libre no lo era tampoco. lo moral y lo inmoral. Hubiera podido añadir algo más. estrecho y preciso. Y ésta insistía en atribuirle un conocimiento de la vida que Aline estaba lejos de poseer. no poder enterarse de quién era! Le preguntó a Fred cómo se llamaba el hombre bajito. Ese medraría. agentes de anuncios. Quieren que las mujeres hagan por ellos lo que ellos no se atreven a hacer. Empezaba a moverse con mayor desenvoltura en el círculo de sus propios impulsos y pensamientos. Tú. le había sucedido esto. Ya le tenía puestos los puntos a Fred. poseía todo lo necesario para ser pintor. El muchacho pudiera llegar a ser otro Joe Walker. Se mueve una en un círculo. pero. Había cobrado ochocientos dólares por un cuadro que le vendió a Fred. Al menos así lo creía Aline. El obrero que subía por la calle. Los norteamericanos. ideas y emociones. No tardaría mucho en empezar sus viajes a Norteamérica para vender cuadros y para pintar retratos. Esos conocían a las mujeres. XIX Aquella noche. esta sensación de seguridad se respira en el aire mismo. Cuando una mujer se casa. son cosas perfectamente bien definidas. fijo en la mente. pero quería seguir pensando sobre las palabras del agente. Obreros en la fábrica de su marido. Tom Burnside. ¡Que sirvan! Los norteamericanos. Aline. durante todo este tiempo? Y ahora. ¿por qué no se contenta con tener a su marido como si fuese un hijo? ¿Sería que toda mujer. El pintor y su mujer conocían a muchos norteamericanos ricos que venían a París en busca de diversiones. tanto mejor para Fred. Es un vejete de cuidado”. conocía la lista de vinos. Claro que iba a su negocio. Sabía sentarse en el café. prefiero que te lo quedes tú. por lo que se refería a las mujeres. Obreros. Hombres altos. Al entrar en una calleja muy torcida y empinada. Cuando Fred enseñaba el cuadro a los amigos de Old Harbor. Daban la nota artística y. eran unos pobres mentecatos sentimentales. después de la seudoexperiencia con Esther y a las pocas semanas de vida en París. la noche que V conoció a Fred. Otro Joe Walker. pero también se siente una horriblemente limitada. Los amigos de Fred en París. Franceses de aire especial. aquel que le indujo a rebelarse contra su padre y a ensayar la pintura. que le producía la misma impresión que el primero. de dinero. no la había mirado siquiera. sobre todo si tuviese la suerte de encontrar a otra Esther. Pero ya era algo ganado.

aquellos caballos enteros enganchados a los carromatos.bueno. que valiera la pena. hacían gestos expresivos con las manos o con la boca. pensó. Las palabras del muchacho francés fluían rápidas y eran difíciles de entender. En París. por . hombres vulgares? Aline no podía determinarse a creerlo. Y de pronto ella. estallando de pronto en ardiente admiración por sus héroes. Notó la mirada de la mujer. de cara bonita y delicada. y quizá también para una mujer inglesa. El mundo había perdido mucho hasta que ellos vinieron. entonces. Había conocido a algunos europeos en compañía de Esther y de «Toe. una mujer sola tenía que acostumbrarse a ciertas molestias. Una mañana se sentó en un banco de las Tulleries. Los urinarios públicos para hombres. en suma. bobita norteamericana?” Esther. de aquella Europa donde los hombres sabían demasiado acerca de las mujeres — demasiado y demasiado poco tal vez—. Fué al Louvre. pero cada vez le gustaba más pasearse sola por las calles. todos aquellos pintores. Era del Viejo Mundo. ¡Y a mí me gustaría tanto! ¡Sería tan bello. y la habían celebrado mucho por su talento. magnanimidad. por las actrices de cine. Aline no conocía muy bien el francés. levantándose rápido. aceptación natural de la vida. Aline se había inclinado para oír mejor. cariñoso. Aline. En Norteamérica había seguido cursos de dibujo y de pintura en el Art Institute. Aline pudo darse cuenta de algo profundo en la vida francesa. Si el hombre que así se expresaba. al ser humano con carne de mujer. Joe Walker. en círculos donde su propia posición estaba reconocida y bien asegurada. por la calle. creyendo que esto lo soluciona todo? Ahí estás. por Cézanne y Matisse. de Cézanne. más graciosos en su contacto con la vida. pero. gracias a la devoción grande de esos hombres. el muchacho era europeo. su padre andaba continuamente leyéndolo con gran regocijo. Joe Walker hizo elogios de su trabajo. unos novios que se besaban en medio de la calle. Alguien vendrá y empañará tu belleza. Mark Twain. habilidositas. Eran franceses. el hombre que tal fervor poseía por lo que consideraba bello en la vida. Y. Aquel fervor intenso por la pintura. y esto a pesar de Esther y Joe. se revelaban más maduros. de Fra Angélico y de otros latinos. ¿Su padre y Mark Twain eran. Pequeños incidentes de la vida diaria. a pasar el día con los amigos norteamericanos. No la habían visto llegar. ¿Cuál era el verdadero camino? Uno de ellos se declaró por los modernos. Era como un ataque constante a la mujer como mujer. algo se perdía también. Y le parecía a Aline que. comparando a estos hombres con la mayoría de los norteamericanos que conocía. Era hermoso oír hablar así. y que a ella le parecía deliciosa. demasiado benévolo quizá. es decir. los hombres como él. grandeza. escritores y músicos de fama. “Me dejé llevar por el error norteamericano de conceder valor a todo lo que tiene éxito”. de tobillos tan finos. pero espantoso. aquellas cositas imitativas. fué como una revelación. de cuello tan gracioso. Y otras personas también. más interesantes y con mayor capacidad de trabajo — de trabajo real. en presencia de la obra de El Greco. Al fin y al cabo. Los trabajitos que ella había hecho. ¿Tenían razón los europeos o no la tenían? Parecían incapaces de concebir a la mujer excepto como algo carnal. absolutamente imposible entre ingleses o norteamericanos. tomar un taxi. Cuando Aline era pequeña. Matisse lo seguía aún. Poseían devoción. Una figurita preciosa de mujer. Y este pensamiento. era algo horrible y profundamente verdadero al mismo tiempo. benévolo. la norteamericana. Esos artistas habían seguido el verdadero camino. la seguían por la calle. En otro banco cerca hablaban dos muchachos. para una mujer norteamericana. y esto. autor de Los Inocentes en el Extranjero. Y Esther no la dejaba quieta un solo instante. se dirigió hacia el banco. que relinchaban estrepitosamente a las yeguas. aquí. parecían balbuceos infantiles. y. acompañada de Esther y Joe. sería posible recobrarlo ahora. digamos—. Si algo se ganaba con la franqueza de la vida continental. libro que tanto gustaba a su padre. Algo advirtió a Aline que tendría que escaparse. Parecía querer aprisionarla con ganchitos de acero: “¿Te has dejado conmover por la vida. Fué varias veces con Esther y Joe a la plaza Vendóme. de cuerpo soberbio y elegante. en París? ¿O eres una norteamericana estúpida. ¿Qué te propones? Muy pronto —en tres o cuatro años— empezarás a engordar. el tal libro no era nada más que el desprecio de un chico bastante mal educado por cosas que no podía comprender. tan gozoso! ¿Crees que vas a escaparte? ¿Es eso lo que te propones. se sintió humilde ante la obra de los hombres. Para ella su padre había sido siempre amable. pudiera acercarse a ella! En aquel momento el muchacho francés se dió cuenta de su presencia allí. En París. Los hombres le dirigían la palabra. héroes de Norteamérica. y siguieron hablando. de algo que la fascinaba. se achicaban por momentos a sus ojos. Papilla para el vulgo. con deseos recónditos de mujer. que era suyo porque lo había descubierto sola. sin que nadie se lo impusiera. sin embargo. Y los artistas que tanto significaban en la historia del esfuerzo norteamericano por la cultura. Aline creía entonces que Joe Walker era un gran pintor. Aguardaba cada palabra con el cuerpo inclinado hacia adelante. satisfecha de ti misma y en busca de un hombre.

se tocan. Joe. “He pasado las negras. la mirada clavada en Aline. que había estado charlando hasta entonces. Pudiera decirse que en ciertos instantes salimos de nuestro cuerpo para entrar en el cuerpo del otro. tejida de comadreo. o cosa parecida. A Aline no la miró siquiera. Se puso un poco nerviosa. El muchacho aquel tan callado. el pintor y su mujer era gente conocida. indiferente. asido a Aline: “A usted puedo comprenderla. Cuatro personas. “¡Ay.” Pensamientos de Rosa Frank. Unos cuantos muchachos y muchachas se sentaron en el suelo. un ser humano sufre un choque. La voz era atiplada y nerviosa. se puso a hablar. se dió cuenta de algo muy extraño. se decía a sí misma. pero. Algo estaba a punto de ocurrir a los cuatro. su marido. La gente. instintivamente. Aline le miraba. que se había sentado junto al primero.” La noche después del baile de Quat’z Arts. pero su marido. El muchacho. Las gotas. que Rosa se hubiese alegrado de estar sola —sola o casi sola. El cuarto en que estaban reunidos era un estudio muy espacioso. Ya estaba ocurriendo. lo encontraba todo delicioso. Inunda tierras. “¡Bueno. preciosa! Si te pasa algo esta noche. Hay ciertos instantes en que los seres humanos salen de su aislamiento. de Indianápolis. habrá materia para una crónica. la mano del cigarrillo hizo un gesto. Lo haré por encima de todo. Sonreía. arrastra casas. por haber venido. si no hubiera sido porque Rosa había invitado ya a toda esta gente para aquella misma noche. ¿amaba a Rosa Frank? ¿Amor entre gente así. Rosa Frank. concluyó que. no me culpes a mí. norteamericanos de esta especie. y luego miraba a Rosa. sin que hubiera explicación posible. a cuya casa se dirigían. bueno! ¿Usted también? No recuerdo haberla visto a usted en mi vida.” Un periodista norteamericano. Rosa Frank quería contar lo que le había ocurrido. A los demás no. De pronto. Hay que hablar. clavó la mirada en Aline. pensó mirando a Fred. Algo estaba a punto de ocurrir en el cuarto. El muchacho callado parecía —¡qué raro!— parte de Rosa Frank. arranca árboles. Su periódico le había enviado a Irlanda con motivo de la revolución: “Me pusieron una venda en los ojos y me metieron en un coche. aisladas en una habitación llena de gente. sentado allí solo. Y a Esther le había parecido prudente tener a Rosa de su lado. parecía decir. No hay más remedio. y Esther lo sabía. con una mirada ausente en los ojos. con la vista fija en el suelo. gotas de agua en un río manso.las calles de París. Aline. Dios! ¿Ustedes están invitados también?”. El amor sería algo así. No tiene ideas de estas cosas”. El año del armisticio. extrañas entre sí. ¿Que a Rosa no la engañaban ni Esther ni Joe? Bueno. se alejó de Esther y de Joe. Fué la noche después del baile de Quat’z Arts. Y. se confunden. Hay que estallar. periodistas. París de noche. y Aline. gira que te gira. interrumpiendo a Rosa insistentemente. ¿y qué? Al fin y al cabo. Fumaba cigarrillos. Siente uno lo mismo que sienten los otros. sentada entre sus invitados. gente joven y radical. el río se enfurece. pensando en ella. Rosa. Yo. Hombres y mujeres. acerca de los norteamericanos en París. piensa que piensa. La señorita Fulanita. extrañas entre sí. parecía tener ciertas afinidades indefinibles con Rosa Frank. callado. estudiantes de pintura. Y el otro norteamericano —Fred Grey—. París. Cúlpate a ti misma. gente de interés para los periódicos norteamericanos. aisladas en una habitación llena de gente. Hombres y mujeres. si es usted de la pandilla de los Walkers. sentada en un rincón de la otomana. norteamericanos todos. ella y el otro muchacho llamado Fred Grey. los más profundamente interesados iban a ser el muchacho callado. mujer muy sensitiva. que no había pronunciado media palabra. ausente de la reunión aquella noche. pero. y esto en contestación a una pregunta. Hubo un silencio difícil. Joe. Aline. excepto lo de trabajar en una fábrica de bicicletas. Al reconocer a Esther y a Joe. y Rosa andaba de un lado para otro fumando cigarrillos. más dinero en el bolsillo. tan pronto como entró en el cuarto. se absorben mutuamente. Sucede a veces que un ser humano — puede ocurrirle también a una rica norteamericana como usted—. el cigarrillo en la boca. Torbellinos. jugueteaba con el bastón. ¡Las negras! Y tengo que contarlo. se acomodaron en sillas y en la otomana del rincón. mirando a Aline. ¡Cuidadito. Aquí no estoy en mi elemento. sin darle importancia a nada. Bajaban por la rué Voltaire en dirección al puente o se detenían en los cafés del bulevar. Esther —menos penetrante— no se fijó. más tarde. Poco me importa la gente reunida aquí. “Ese es como yo. Varias personas estaban reunidas allí. apiñados en un estudio de París? ¡Qué extraño que Esther y Joe estuviesen allí! Desentonaban en aquel sitio. de origen irlandés. Cuatro personas. Fué a sentarse sola junto a una ventana que daba a la calle. A nuevo amigo. a los que enviaba una crónica semanal. . Empezó. Tal vez estuviese preocupada con Aline. Por la ventana abierta podía ver a la gente. era corresponsal de varios periódicos norteamericanos. repartidos en grupos. Rosa Frank había asistido al baile con un muchacho amigo. calló de repente. Los Walkers no pierden el tiempo. “O hablo o reviento”. mientras otras personas entraban en el cuarto.

Se les enseñaba a mentir. y luego que hable otro. se acabó la guerra. las mujeres. ¿Por qué con estos cuatro? Aline no conseguía explicárselo. los pintores. gritó con voz muy ronca. de pronto. Tuvo lugar la noche anterior. Se celebra todos los años. se acabó la suciedad. no sabía adonde me llevaban.claro está. los gobiernos. pero tenía confianza en mi acompañante. Lista y competente en su profesión. de callar a Rosa Frank. Los que no habían estado en la guerra. Falló. ¡Esta noche! ¡Ca! Vienen mujeres —la mayoría modelos—. se moría por marcharse. Los predicadores. los ciñas. los hombres más sensitivos del mundo occidental. sensibilidad de color. Risa negra.. de Sudamérica. Pero lo adivinaba.” Intentona. Risa atiplada. en las trincheras. los escritores. yo estuve presente. de unos treinta años. Alegría. del Canadá. La prohibición. y esa noche los estudiantes que acuden a París de todo el mundo occidental —de Norteamérica. Y Esther y Joe lo mismo.” Esto es lo que quiso decir a Rosa y a los demás cuanto empezó su cuento. Rosa. “Aguarda. una vez es una vez. No le he visto nunca. lo sentí todo”. Mujeres de cabellos grises que besaban a los muchachos. cerradas. Su paseo en coche por las calles de Rouen. La vuelta del baile. Una noche es una noche. de Irlanda. Los reyes. Forma parte de la vida estudiantil en la capital del arte. Tiene lugar todos los años. todas las personas del cuarto. a quien los agentes secretos del Gobierno británico persiguen encarnizadamente. en San Luis. Y. ¿Habían notado todos que algo raro le pasaba a la mujer? Después de invitar a toda aquella gente. el papa. esa noche echan la casa por la ventana. Las cortinillas estaban echadas. los que se habían desgañitado haciendo propaganda de guerra. Algo le ha pasado a Rosa. y ahora. Los hombres. el coche saltaba por el empedrado. el año después de la guerra. comprendieron lo que quería decir. A los irlandeses les gusta lo dramático. por la querida Francia? ¿Madre del arte. Con ese hombre callado. Ahora hablo yo. de odio. se acabó la hipocresía. y se había conmovido extrañamente. todos mentían. Demasiado tiempo. Se acabó la mentira. ¿no habían estado en las trincheras. Los dos solitos en el cuarto. Con el muchacho y con el otro norteamericano llamado Fred Grey. Delicadeza de línea. demonio. Lo mismo ocurrió en Nueva York. Pero. de Inglaterra. El periodista norteamericano trató de contar sus experiencias para aligerar la tensión del cuarto. Y se pasa del límite. los muchachos que vienen a París a estudiar una de las cuatro bellas artes. recónditamente. aunque no dijo el sitio. “Pues bien. nerviosa. Aline lo sintió venir. Los jóvenes artistas que acuden a París de todo el mundo. Era una norteamericana bajita y regordeta. desiertas. todos mentían. Ya se sabe. sin agitaciones. así como las demás personas que lo vieron y sintieron. mujeres libres. ternura de línea. Queremos pasar la noche entretenidos. Canciones. por parte del irlandés americano. Mentira a la mentira. Les saqué una interviú formidable. quería quedarse a solas. Venía cerniéndose en el aire desde hacía algún tiempo. en Cleveland. pero estoy seguro de ello. Por el camino fui pensando en madame Bovary. aguarda un poco y te ayudaremos a pasar el mal rato. Orgía de mentiras. ¡Anda con él! ¡Que bese el polvo! ¡Grita más alto! ¡Duro y a la cabeza! ¡Mátale! ¡Mátale! ¡Libertad! ¡Amor de Dios! ¡Amor al prójimo! ¡Mátale! ¡Mátale! Lo de París fué planeado con un cuidado exquisito. Debe de ser su amante. me hallé en el cuarto con él —con usted—. una amenaza en el aire. lo vi todo. a morir por Francia. los niños. eh? Muchachos jóvenes. los cardenales. Anda. artistas. tan tranquilos y repanchigados como si tal cosa. Tomé parte en todo. Bueno. Joe. En París. por los suelos. en Nueva Orleans y hasta en los pueblos pequeños de Norteamérica. Las oficinas. Una promesa. Rosa Frank se echó a reír. los obispos. de España—. A solas con Aline. muchachas que abrazaban a los hombres. Así es que voy a pedir un aumento de sueldo. Aline había sentido algo de esto en Chicago el día del armisticio. Las fábricas.. el baile de Quat’z Arts es una institución. Alegría grotesca. El baile de Quat’z Arts de aquel año. ”Y. incluso Aline y Fred Grey. En la oscuridad. quiso marcharse. todos mentían. Había reñido con su amante. .

los árboles talados. tres. dos. estudiante de pintura. fumando cigarrillos. Lo había visto todo. se había pasado entero el día despierta. ¿eh?. y ellas. la capital de nuestra civilización occidental? ¡Anda. el muchacho se echó a reír: “Me parece una tontería. si una mujer quería correr el riesgo. ¿eh?. no es eso! ¡Ahora lo verán! ¡Dale en la cara a las mujeres! ¡Dale donde le duela! ¡Duro con los charlatanes! ¡Dale pal pelo! En los parques de las ciudades. paseando por el cuarto. . Durante varios años se había ganado la vida escribiendo para los periódicos de Norteamérica. que vengan a verlo! ¿No éramos los mismos? ¿No soñábamos? ¿Y no amábamos un poquito también? ¡Al desnudo! ¡Ahora! ¡Perversión! Bueno. eh? ¿Cómo que no? XX Rosa Frank había estado en el baile de Quat’z Arts la noche anterior. Pensamientos. de las trincheras. Estaba en el aire esta sed. Tuvo que hablar por encima de todo. el sabueso de las trincheras. Aunque no se permitía la entrada a los periodistas. ayudando todo lo que podían! Con mucho de David y de Uriah. Y las inglesas y las irlandesas. a las mujeres les gustaba. cuatro. ¡Nosotros. cinco.¡Ahora lo verán! ¡Ahora van a verlo! ¡Echárselo a la cara! ¡Tirárselo! ¡Tanto hablar! ¡Ahora van a verlo! ¡A ver si les gusta! Bueno. ¿qué quedaba? Los campos destruidos. metidos hasta el pomo. Y a ellas les gustaba. Fíjate en mí. Y las italianas. Aquella noche. ¿Habéis estado en las trincheras? ¿Un año. no había manera de librarse— se entraba en la sangre. ¡Muchachos artistas del mundo occidental! ¡Ahora verán el mundo occidental! ¡A pasar del límite. A la Madre Tierra le habían dado lo suyo. esperando. Fíjate en la morenita aquella. ¿os acordáis? Las mujeres francesas se desgañifaron. Habiendo estado presente en la bacanal la noche anterior. pero lo haré si usted se empeña”. allá ella. amores. sensaciones. en su cuarto. Cuando Rosa se lo propuso. no pudo callarse. por esta vez! ¿Te gusta. ¡Que lo vean ahora! Cherchen la femme. Rosa fué al baile con un muchacho norteamericano. hasta la coronilla! ¡Sentimentalismo! ¡Babosería! Eso es lo que había por dentro. rorrito! ¡Dulce femineidad! ¡Pureza! ¡La casa y el hogar! ¡Estrangula al niño en su cuna! ¡No. la luna entre los árboles. claro. ¿Era éste el querido París. Y una porción de Bathshebas sueltas por ahí. cuyo nombre no mencionó. en el pelo. hasta que llegara el momento de hablar. ¿y qué? ¡Tírales al suelo! ¡Súbete encima! ¿Eres bueno todavía? ¿Te queda por dentro una sola partícula de bondad? ¿Cómo es que traes un ojo pocho sin que te sangren las narices? Está bien. ¿Cómo que no? ¡En las trincheras hediondas! ¡La vida! ¡La civilización occidental! El hedor de las trincheras —en los dedos. eh? ¡Los inocentes! ¡Rorro. en la ropa. las viñas arrancadas del suelo. Y también ella sintió la sed de orgía. ¿Y esta maldita civilización nuestra ha de seguir adelante sin que haya quien le escupa a la cara? ¡Qué leche! ¿Dada. seis? ¡Al carajo con la luna! ¡Dale en la cara a las mujeres! ¡Qué bien se metieron en ello. Las mujeres hablaban mucho de ternura —“nuestros amados hijos”—.

No hacía falta.. a lo vivo. para que el cura olvide su vieja Biblia. Sería un hombre público. ¡El niño tenía unos ojos tan bonitos! ¡Ay. desde el paseo cercano. El muchacho que venía conmigo. como pasajero en una tormenta. A las mujeres les traía sin cuidado. Si. Después de las doce se echaba la llave. ¿qué necesidad tenía yo de servirle de estorbo? “¡Qué sentimiento tan extraño por dentro! Lo mismo que una negra del Africa. el chico lo había pasado muy mal. La orgía era una orgía de hombres. Eso era lo que querían. que no puede una dormir ni quedarse despierta. Y les gustaba. Yo lo vi. de aspecto distinguido. a veces tenía lágrimas en los ojos. Señor! Marmita y esbelta tiene que ser la niña. algo primitivo. en vez de ser blanca. La gente paseaba. El muchacho que me acompañaba dijo que me defendería. Y decidirse pronto. ¡maldita sea!. como siempre. Yo me escapé por chiripa. Un señor viejo. cuatro. Porque. Un chico de unos diez años jugaba en la hierba con un perrillo blanco. tomaron un coche y se fueron al Bois. Pero. Rosa bailó con un hombre que le rasgó el vestido de arriba abajo. una mujer le miraba jugar. Estaba intranquila y nerviosa. todos en cueros. “En Irlanda. Tenía sus motivos. Tuve que engañar. Señor! ¡Ay. Veintinueve maneras distintas. pasó montado a caballo. Cantaban los pájaros dulcemente. y volvió a empezar. si una mujer quería escapar. Se calló. dijo. “Todos esos pensamientos representados por seres humanos —por hombres y mujeres— delante de una.. Dios. Que ha corrido un poco. “Y yo me quedé. Castigar a las mujeres. Una mujer como yo. Por su culpa. ¿podía yo participar en ello? Muchas lo hicieron. “¡Fango! ¡Hombres y mujeres! ¡Fango! ¡La guerra! ¿Por qué había de escapar yo?” El periodista norteamericano trató de interrumpirla. en cuerpo y en alma. claro. Ni siquiera fumó. pero el muchacho norteamericano no bebió nada en toda la noche. su babosería. Quedarse en cueros. “Allá en Irlanda”. Lo que más la mortificaba era el haber salido ilesa físicamente. cinco veces. Porque. dijo. Como mujer. Esther fué a sentarse detrás de Aline. hubiera sido yo una mujer negra. Rosa no recordaba bien. Refregárselo por la cara. esos pensamientos y esos sueños horribles que una tiene de muchacha —a los quince años— una noche de calor en la cama. Figuraos esos pensamientos vergonzosos —todos los tenemos—. ¡Qué experiencia! Rosa aprendió algo. todavía era tiempo. Eso era lo que querían. ¿Qué? Eso no lo sabía. ¿quién puede decir que se ha salvado en este mundo? . A veces se echaba a reír. Hacerles ver su sentimentalismo.” A las doce empezaron las pantomimas. entonces sí que no me hubiera librado! ¡Seguro! “Aquí me tenéis. Era desagradable tener que mirarle. Aquel momento. Y. desde que Rosa se puso a hablar. Y eso me salvó. “O lo intentaré. Joe casi se relamía de gusto. dijo Rosa. Esos pensamientos. diputado o cosa así. cada vez que me agarraban. si es que me he salvado. acudía a socorrerme. “Pero la lucha por la libertad de Irlanda sigue adelante. ¿Qué más daba? El muchacho corrió a rescatarla. porque una periodista tiene que darse cuenta de las cosas. Todos estaban borrachos. Y esto ocurrió tres. Todo el mundo borracho. ¡Anda. Rosa siguió hablando. A lo vivo. “Había que decidirse. después del baile. “No volveré a contar esto en toda mi vida”.Y añadió que él la defendería de cualquier cosa que pudiese ocurrir. todo el mundo estará borracho. Le daba vergüenza del muchacho norteamericano.” Y a la mañana siguiente. algo exótico.

los norteamericanos por unos cuantos recuerdos. sus responsabilidades ante los propietarios. ¿y en su casa? En ésta se sentía un tanto nerviosillo. ¡La gran imbécil. me dijo. ¿Qué más da? No hay que tomarlo a pecho. “¿Pues qué se creían? ¿Que éramos demasiado tiernos para la guerra? Hay que defender a nuestra gente. La fábrica y su posición social significaban mucho para él. Bueno. tiene su coche? El plan vale la pena de ser estudiado. por Norteamérica. Rosa.”La orgía. Y no le importe a usted el haber salido ilesa. “No se acueste usted”. Una tras otra se inclinaron y la besaron en la frente. el día del armisticio. ¿Que los obreros querían tomarse un día de asueto. Me dió buenos consejos.” Rosa terminó de hablar. ¡Qué lástima que no estuviera al timón durante la guerra mundial! ¡Qué cosas habría dicho de esos hombres de negocios que trataban de rehuir las responsabilidades de su posición social! Si Teodoro hubiera estado allí al principio de la guerra. Fred tenía un héroe: Roosevelt. Era por la mañana temprano. creo que lo mejor es hacerlo. muy simpático. pero si no lo hacemos tendremos que pagar más contribuciones a causa del exceso de ganancia. Y al concluir se dejó caer en una silla. Fred y Aline habían terminado de cenar. salvaje. Es decir. En la fábrica era el rey. a darles lo suyo a los alemanes. Esther y Aline permanecieron sentadas. ¡Y qué pensamientos en la cabeza! Las cosas que el chico y yo habíamos visto. Cuando se han visto cosas. pero pueden cambiar las cosas. por ejemplo? Allí estaba él para decir “sí” o “no”.” En ese momento hubiera podido hacer de mí lo que le hubiera dado la gana. Y no iban a dejar que el Gobierno se llevara esa tajada. Afortunadamente. o usted a mí. La fábrica de ruedas era el centro de su vida. allá arriba en el pueblo. Ya se lo dije a usted. Llegaría usted a odiarme. sin decir palabra. ¿qué más da? Me parece mejor que no volvamos a vernos hoy. La experiencia no tenía la misma significación para las dos. ¿Se estaba portando Aline con Fred lo mismo que Bruce se había portado con Bernice en el apartamiento de Chicago? Fred hablaba ahora de sus asuntos. A menudo. debiera tener para ella la misma importancia que tenía para Fred. Algunas mujeres se le acercaron a consolarla. el secretario de la Compañía: “Yo soy otro empleado más”. se había casado con un hombre que tenía un dineral. ”No es la primera vez que veo una cosa así. ¿No lo sabías? ”El chico me llevó a dar un paseo en coche. Casi todos los hombres eran muchachos jóvenes que habían estado en las trincheras. Aline sonreía. todo les traía sin cuidado. Un par de zapatos le costaba . la suerte de la fábrica. los árboles verdes y los pájaros. demonios. Algo indomable. por Inglaterra. Como se odia a la gente en la guerra. Allí Fred era un pequeño rey. No se avergüence de ello. Así le había parecido siempre a Fred. entre gente de menos categoría. Tenemos mercado para todas las ruedas que se fabrican. hubiera dicho Esther. ¿Qué significaba? Fred creyó necesario iniciar la conversación. desnudarse así enfrente de todo el mundo!. Se portó muy bien conmigo. Ella estaba acostumbrada al lujo desde niña. Se ensanchaba al entrar allí. que habían luchado por Francia. un mundo aparte —un pueblo amurallado en el recinto de otro pueblo—. sobre todo después de haber servido en el ejército de soldado raso. y que luego descubrimos que yo no le gustaba a usted. con objeto de recordarse a uno mismo las obligaciones propias de un hombre de negocios. Tenía aspecto de mujer europea más bien que norteamericana. Anunciar en todo el país es cosa que cuesta una enormidad de dinero. las mejillas gordezuelas surcadas de lágrimas. Se echó a reír. nos habríamos metido en ella de cabeza. Lo que es los recuerdos no les faltarían. con motivo de una fiesta nacional. Fred le decía a Harcourt. En el Bois. y el rey era él. el ganar dinero o no ganarlo. Claro que había que tener cuidado de no exagerar la nota. ¿no es verdad?” Era su manera de mantenerse puro. de sus planes de propaganda nacional en periódicos y revistas. de las ruedas que se fabricaban en Old Harbor. Los franceses lucharon por su propia conservación. En su cinismo. Convenía decir estas cosas de vez en cuando. ante los otros accionistas. ¿es que se estaba riendo de él? Pero. dejarse ir así. XXI Ya en la casa. los ingleses por el dominio de los mares. “Se ha metido usted en un atolladero. como obreros y empleados. nos permite considerarlo como gasto necesario. ante los obreros y sus familias. Las revistes y periódicos tienen gran fuerza política. Hágase usted de cuenta de que nos habíamos casado. Había estado dos años en las trincheras. Pero. La cuestión es ésta: ¿sabe el dueño de un automóvil dónde se hacen las ruedas que. Aquella sonrisa de su mujer mientras él hablaba de sus asuntos. Cuando Aline sonreía en esa forma. pero ambas estaban disgustadas. El Gobierno deduce lo que se gasta en anuncios. ¿Qué hace esta mujer aquí? ¡Ahora verás! ¡Maldita sea tu casta! ¿Quieres guerra? ¡Tanto mejor! ¿Te gusta la baba? Esto es amor. Era su gran juguete. Había estado paseando y fumando nerviosamente mientras hablaba.

Pensamientos extraños. Tal vez fuera Esther quien le incluyó en el grupo. Lo mejor era dejarla sola. gracias al chico norteamericano. cansada de todo. y tenía que encargarlo a la medida. No había estado en las trincheras. ¡Qué silencio en el jardín! En el Medio-Oeste se vivía aislado del mundo. algo más delicado y sensitivo que yo. pero no fué así. a esta misma hora. cuando me metieron en el ejército. Todo el mundo tenía la impresión de haber entrado en un dormitorio donde yacía una mujer desnuda. en Nueva York. al salir de casa de Rosa Frank. “Oro es todo lo que reluce. Dentro de un rato se le pasaría. ¡qué bien! ¡Cavar. Cuando todo pasó no volví a escribir música. tener diabetes. de un trago. Tenía dinero y empecé a coleccionar grabados. Cuando empezó la guerra. No le hubiera gustado a Fred tener que batallar con una mujer marimandona. ahora estaba ella en uno de sus momentos de mutismo.treinta dólares. Y la gente joven cansada. remolinos de gente. en el jardín. En París. la noche que le pidió palabra de casamiento. de acabar con la farsa. Y Aline estaba muy bien para mujer propia. Fred . ¡Demasiados pensamientos! La noche en casa de Rosa Frank. instintivamente. “Me pusieron a cavar letrinas. de esas que se meten en todo. Era extraño que no hubiesen tenido hijos. al menos. se dirigió al salón de la casa y. hubiera visto la vida de la misma manera? Aquella noche. Se apoderaba de una. Le daba cierto aire —de Europa. su marido. Las mujeres no entendían de tales cosas. Risas también. ¿qué eran las mujeres que asistieron al baile? ¿Prostitutas? Intento de romper la careta. con Esther y Joe. teniendo que enterarse de los secretos íntimos de los demás! Letrinas. seis. no salió con los otros. Fred. trincheras. todos apiñados. Vino. porque le lastimaba. la guerra y su fealdad —los hombres de las trincheras empapados en suciedad— durante varios años. A Fred le gustaba que fumara. un neurótico. Cuando Fred se encargó de los negocios de su padre. lo mismo que Fred. Aquel muchacho judío que estuvo hablando con ella una noche en París. que había jugado con ellos como el viento con las hojas secas. me pasarán por alto”.” Rosa Frank estuvo presente en la bacanal. Necesitaba cosas delicadas — encanto de línea y de sentido—. y. Pensamientos como gotas de lluvia. Aline tenía el pie largo y estrecho. después de haber pasado lo que pasé en esos años. la gente se disponía para ir al teatro. avergonzada de no haberse anegado en suciedad. eran demasiado complicados para Aline. tenían esa esperanza. El judío norteamericano era coleccionista de grabados. sin chistar. Fred. Se libró gracias al muchacho que la acompañaba. Terminada la cena. aquella intensidad que se apoderó de Fred y de Aline. Había unos veinte pares en el armario de su alcoba. en Londres. Se sentó en un banco y encendió un cigarrillo. dale que dale a sus planes de propaganda nacional y a las ruedas de automóvil. si puede ser. el mejor del montón. Salieron juntos. los asuntos de la fábrica. y salió ilesa. por la libertad del mundo. ¡Bendito Dios! Tal vez la sonrisa no significara nada. que le dieran a uno por inútil. así que no podía comprar calzado de fábrica. ¿Cuál? Dos estaciones y la balanza en el fiel. la suave humedad de un invierno tardío o de la primavera que entraba. se acercó a Aline. Habían tenido irnos cuantos días de calor excepcional para esa época del año. Aline sonreía al recordarlo. un hombre sensitivo como yo. Para eso hacía falta un cerebro de hombre. Se sentían muy cerca. luces. desordenados. ¿Y Aline? ¿Había salido ilesa también? ¿Y Fred. sentándose en una butaca. cavar las chozas repugnantes en que vivíamos. ¡Tanto hablar insincero durante la guerra! La guerra por el derecho. encendió un puro y se puso a leer el periódico de la noche. conversación. De noche. Ser ciego. algo que estuviese fuera de mí. Al fin y al cabo. había salido ileso también? Si Fred no hubiera estado en la guerra. tal vez— de clase. Rosa era norteamericana. Fred y Aline salieron juntos de la casa. Adentro. Faltaba tiempo para adentrarse en el laberinto de los propios pensamientos. Dos por tres. Risa negra. es decir. aquella noche al menos. Aline se escapó sin que él lo notase. Pensé: “Bueno. Las palabras de Rosa Frank. Quiero buscarme un hombre. Cava que cava en un suelo rocoso. Aline se puso un abrigo ligero y salió al jardín. aunque no lo dijeran. letrinas. Las palabras de Rosa —avergonzada de haber salido ilesa—. exageración del goce. danza de palabras desnudas.” El muchacho que se sentó cerca de Fred y que dijo aquello de trabajar en una fábrica se había quedado en casa de Rosa. millas y millas de letrinas. Todos pensaron lo mismo o. ¿hubiera tenido los mismos pensamientos. ¿De quién era la culpa: suya o de Aline? Bueno. yo estaba ensayándome én escribir música. Los árboles estaban desnudos. pensamientos de una mujer. llevadas por el viento. La experiencia les había unido. El armisticio —liberación—. De treinta a cuarenta dólares el par. con su cuenta y razón. Seiscientos dólares en calzado. Cada vez que había que cavar letrinas me llamaban a mí. después de su casamiento con Fred: Lo mismo que Rosa Frank. La esperanza la teníamos todos. Fred sospechaba que sus asuntos. todo el mundo creyó que el resultado sería fatal.

Y Fred sabía también quién era Aline. Fred estuvo en el cuarto de Rosa. El desconcierto interior iba desapareciendo. a mí me. hacer que ella recordara. Siguieron paseando por la orilla izquierda del río y entraron en un cafetín para beber algo. no lo demostraba. en la casa que los Greys tenían sobre la colina! Sería como una de esas estatuas antiguas con que la gente adornaba sus jardines. a una muchacha norteamericana. ¡Qué mujeres! Mujeres repugnantes. quisiera beber unas cuantas copas de algo fuerte. otros.. en Old Harbor. que sería ya dentro de poco. El brandy le hizo locuaz. ¿Por qué no le había sucedido nada? ¡Si Fred hubiese querido aquella noche! Pero no quiso. ¿Que comprendiera el qué? Bueno. detrás de Notre Dame. dos o tres mujeres daban de mamar a sus hijos. detrás de la catedral. —Tengo algo que decirle a usted —dijo. Siguieron paseando por las calles —Esther y Joe se habían adelantado—. Fred se alegraba de no haber conocido hasta aquella noche a la mujer que iba con él. dijo. poco importa. En la semioscuridad del parquecito. de brandy. le dijo a Fred. Quiero pensar y sentir. los dos. ¿Qué idea era esta? Aline no lo sabía entonces. Esther había hablado con Fred. la intención de Fred fué hablarle de la vida allá en Norteamérica. “Verdad y libertad. Este se echó a reír. la histérica de Rosa. y Fred la miró a ella. con bohemios. La cuestión era explicárselo a Aline. Howells —“lo mejor de nuestra vida norteamericana”—. no estaban al tanto de esas cosas que Rosa había mencionado. hombres y mujeres de la clase media con sus familias. Era una sensación muy agradable para Fred.. Aline y Fred. Norteamérica. matar hombres en un combate. D. Las tres o cuatro copas de brandy que había tomado infundieron ánimos en Fred. W. —¿Qué? —preguntó Aline. Tan pronto como se halló a solas con Aline.. ¡Qué maravillosamente resultaría allá en Old Harbor. el pie estrecho lujosamente calzado. Aline se sentía intensamente avergonzada por haber escapado en un mundo que era un fangal. en su fealdad. Fred y Aline se sentían revueltos por lo que acababan de oír.” Había sido soldado raso en las trincheras durante dos años. pero creía —siendo pintor y viviendo en París—. Demasiadas cosas que mostraban la vida en toda su crudeza. ¿Decirle el qué? Decirle lo que un muchacho norteamericano. ¡La imbécil aquella. por fin. necesitaban reafirmar algo en sí mismos. las manos aristocráticas posadas en el regazo. ¿Era éste el motivo de. Nadie como ella para hacer informaciones acerca de un muchacho que tenía tanto dinero como Fred. comen. Después de oír a Rosa. “Si usted me permite. “He visto muchas cosas de esas —dijo—. los nombres de las figuras representativas en la vida norteamericana: Emerson. duermen.” En realidad. ¡Rosa Frank y su eclosión! Parecía mentira que tales sentimientos salieran de boca de mujer. palabras francesas. el poeta Longfellow.. y de pronto se encontraron solos. era su primera noche en París. una encima de otra”. hacer el amor. se hallaron en el parquecito.” ¿Estaba borracho? Pensaba una cosa y decía otra. Roosevelt. porque Tom Burnside le llevó allí. el gran experimento de la Humanidad. Terminaren las copas. y pensaba: “Si él quiere. El parquecito en donde entraron por azar estaba lleno de franceses. que la gente distinguida. Fred contemplaba a su compañera: aquella cara fina de rasgos delicados. empezó a sentirse fuerte y varonil. Había muchas mujeres de ese tipo.era para Aline lo que el chico norteamericano había sido para Rosa.” Realmente. lloraban. Alcahuetes de norteamericanos y de ingleses. Aline era una muchacha norteamericana como lá que él tomaría por mujer cuando volviera a Norteamérica. un hombre que había visto lo que había visto en Europa.? ¡Cuántas cosas que Aline hubiera querido preguntarle! Y que no podía. Aline oyó una vez este juicio acerca de los franceses: “Hagan lo que hagan. La respetable hija de un abogado —tan respetable— de Chicago.. pueblo de Indiana. hacer que ella le comprendiera. Ciertos nombres flotaban en su mente. como Rosa Frank. Lo que uno deseaba de la mujer no era la participación consciente en los hechos de la vida. recoger heridos en el campo de batalla. sobre todo las mujeres. Tom era de muy buena familia. gente de la vecindad: novios. Cuando llega la hora de morir.. Me gustaría emborracharme”. hombres repugnantes. Fué una tontería quedarse en París. Benjamín Franklin. Algunos niños chicos retozaban en la hierba. Un río de palabras. Aline no había conocido hasta aquella noche al hombre que iba con ella. pura y exquisita. He estado en el frente. Los derechos del hombre. Ahora que era su mujer. Decirle lo que quería de ella. Aunque nada le había sucedido a Aline. Continuaron a lo largo del Quai Voltaire y cruzaron el río por el Pont Neuf. Precisamente la noche anterior Tom Burnside le había llevado a un sitio de Montmartre para ver el París de noche. creía que debía tratarse con gente de costumbres libres. La cuestión era decirle a ella. Cuando llega la hora de comer. en París al menos. Era una perra pachona en eso de levantar la caza. Algo que sentía. Se había enterado de quién era el muchacho. Si Esther sentía responsabilidad por Aline. Finalmente. Fred trató de explicarse. y las cosas que había dicho! . Tenía su idea. Norteamericanas. “No quiero acostarme esta noche.

Las mujeres. en sus hombres y en sus mujeres. hablando para sí: “Mujer. ¡Apártate. Si él quiere algo mío —un hombre que ha sufrido tanto—. Después. A veces se pudren en los hoyos de los obuses. “Anda. “Eres una buena muchacha. sobre los tejados de la catedral. Cosas de la guerra. Tenemos que creer en algo. “No quiero nada más con Europa. Bueno. huyeron en manada. Fred no parecía querer —quererlo. Dulce y hermosa. Norteamérica. ¿verdad. Ella estaba dispuesta. Necesidad invencible después del escape. Fred Grey. por último. ¿por qué he de negárselo? Las palabras de Rosa Frank vivas en su mente. al empezar el avance. que suben hasta Dios. se encontró un hombre que avanzaba arrastrándose en la oscuridad. No sabe lo que las espera. Podridos de vida. El y los otros volvían con vida. Tal vez se hubiera emborrachado con las palabras de Rosa. compadre?” Fred y Aline asidos fuertemente. El hombre dió un salto de carnero y cayó muerto. Angeles que vuelan por el cielo —mujeres vestidas de blanco—. para revolverse contra ella y maldecirla. salir de aquí. “Nunca se les olvidaba pedir el dinero. Fred rompió a sollozar. Fred la tomó en sus brazos. Cásate conmigo. De noche se ven ángeles en los tejados de Notre Dame. Y. boca abajo. Aquella necesidad de palabras sucias. . y Fred le pidió que se apartara un poco. Escapar con vida. ¿Qué le pasaba a Aline? Estaba llorando. Otra vez. Asidos fuertemente. Fué un acto de histeria por su parte. Palabras sucias. Al amanecer fueron al Bois —lo mismo que Rosa y el chico norteamericano —. “Quiero que te cases conmigo y que vivamos en Norteamérica. Tengo la cabeza llena de visiones. ¡No sueltes! ¡Agárrate el alma con las manos! ¡Dulzura. Horror. cansados. y Aline lo tomó en sus brazos. ángeles que volaban por el cielo. Tienes que hacerlo. ¡Perro con más suerte! Tanto mejor para él. en el parquecito de París. los soldados rezaban y hablaban de Dios. ¿Por qué me quedé aquí después de la guerra? Tom Burnside me convenció. muy lejos. No la besó. Mata al que diga la menor cosa contra nuestras mujeres. Tom Burnside me presentó a la mujer que estaba contigo. y nada más. Tom no estuvo en las trincheras. Estamos cansados. Para nosotros los norteamericanos la vida era buena. Una noche. Conocían todo esto de memoria. Mujeres. Era la única vez que había matado conscientemente. No había sitio para los dos. Quería algo que ella simbolizaba. habla. no le dijo una sola palabra tierna. ¡Que se pudra Europa!” Pasearon en coche hasta la mañana. Hora de volver a casa. matar al que no crea. Rosa Frank avergonzada de permanecer — lo que se llama— pura. Como un tren que se pone en marcha cuando ya estamos dentro. Se muere. Cosa inevitable. y verdadera! Campos. No se mata mucho en la guerra. Hora de dormir. si eso te alivia. Te quiero a ti. sobre todo. no quiso. sobre todo. Un hombre muerto. Hay que seguir. Lo adiviné desde el primer momento.” Y al levantar la cabeza vió Fred a aquellas mujeres de piedra blanca. el casamiento. No quiero hablar más. Fred disparó. Curioso noviazgo. La patrulla pudo hacer que se rindiera. como las trincheras. ¿Por qué no abandonarse? Fred era joven y guapo. soy mujer". Hasta pudiera ser el mismo individuo a quien había matado la noche que se puso histérico. se iba haciendo tarde. Las prostitutas francesas durante la guerra. Las mujeres. con la preciosa vida.Baile de palabras en el cerebro. Aline. Como un niño. Se encontró con un hombre que yacía allí. muy cansados. Casas. Los franceses del parquecito ni miraban siquiera. Había que creer en ella. Se deshacen entre las manos al ser recogidos. lo quería desesperadamente. Se acababa. Quiero olvidar. muerto y podrido.” Un hombre muerto en la oscuridad de la noche. Fred tuvo que esconderse en uno de esos hoyos. Un impulso. ¿Cómo iba Fred a saber —en la oscuridad— si el otro era alemán o no? Fué un acto de histeria por su parte. durante un avance. leche! El otro estaba muerto. Calles. Íbamos adelante. Ciudades. Pero te he conocido. malolientes. Tienes que ser mía. Más conversación. pero no la besó Fred.” Tomaron un coche y pasearon hasta la mañana. Y maldecir a Dios. de patrulla con otros soldados por la tierra de nadie. Arboles. contra nuestros campos y ciudades. Mi familia es gente de posición. Fred y sus compañeros se echaron a temblar. Otras veces. Tal vez estuviera Fred borracho.

los volvía a vender al general Grant. Aquella noche.?” No era difícil manejar a los dos. Sitio fertilísimo. Probablemente había tenido un día de mucho trabajo en la fábrica. Esther apresuró el casamiento al día siguiente. Y Aline. Hablarían un ratito. que vivían en una casa cercana. bueno. en la oscuridad. Vivir con una mujer no es vivir solo. joven: que podía pasar la noche con una muchacha como Aline y. hecho de terrazas y terraplenes. Deliberadamente. la periodista. y otras. Rosa Frank. del tío Trampeta. La vida era extraña. Cuando la primavera avanzara un poco más —en unas cuantas semanas— las faldas de la colina se llenarían de tierno follaje verde. flores tempranas. una emoción. al poco tiempo. crecían por todas partes. Por la noche. Aline y su marido subían ahora el tramo de escalera. pero ella se excusó. ¿podría derribar aquella muralla y acercarse de verdad al hombre que era su marido? ¿Querría Aline hacer eso? ¡Qué bien hallarse a solas en una noche así! El jardín. Era tratante de caballos al por mayor. Ella —Rosa— se había metido en algo. No había muchos de su clase. mejor dicho. Aline y su marido fueron invitados también. no tenía sentido. desde su llegada a Old Harbor. A veces Fred se quedaba dormido en la butaca. y la calle estaba llena de automóviles. Los señores Willmott. una hora tal vez. excepto una vez. Vendía unas bestias al ejército de Grant. En el descansillo de la escalera Aline sonreía a su marido. Rosa le descubrió la guerra —su significado— de golpe y porrazo. había un momento de vacilación. Aline tendría que estarle agradecida. XXII En el jardín. Más tarde. Aquella mujer la había trastornado. pero ahora podían ser distinguidas sin dificultad. Otra hora más y su marido estaría ya en la cama. ¡Qué extraño.Se toma lo que se tiene al alcance. ¿quería derribar la muralla? Lo había intentado varias veces. Surgen nuevos problemas.” Aline. Sabía quién era Fred. En aquel tiempo la colina era un depósito de caballos. Y se había escapado. a solas con su marido. Reían. Habría que enfrentar las cosas. sería el ama. no. Esther había empujado a Fred. Aline había ido limitando su vida social y la de su marido. dentro de poco tiempo —en cuanto aprendiera algo del mundo y de la vida—. eran libros muy . ¿Quién era ella? Tal vez. Ya en el descansillo. Dentro de la casa —terminada la breve conversación—. En la primavera. Las mujeres toman lo que pueden. tenía muchos árboles. ¿Quería Fred realmente derribar aquella muralla? Hacerlo supondría muchos cambios. felicitándola por su habilidad en zafarse de aquellos compromisos. En Old Harbor todavía se hablaba del abuelo de Fred. El suelo era muy rico. una barrera entre los dos. porque. dentro de la casa. no sabía lo que pasaba. le besaba y luego corría a su cuarto. ¡Buen galardón para Esther cuando el padre de Aline se enterase de todo! Si él hubiera tenido que elegir marido para Aline. No he decidido nada acerca del plan de propaganda. Fred se ponía a leer el periódico o un libro. Se anunciaba en el aire una promesa de primavera.. Aline quería meterse en algo hasta las orejas— por una vez en su vida.. querida. En el matrimonio con Grey. a veces. pero conocía el mundo. Fred hubiera sido el favorito. se levantaban. “¿Quieres que vaya a tu cuarto esta noche?” “No. Estoy muy cansado. y. aquel mismo día. “¿Qué creía usted. un hondo. un niño que ha sido maltratado. y se decía que durante la guerra civil había vendido ganado a los dos partidos y que había tomado parte en algunos robos de caballos. querida. el día siguiente.. Vivía aturdida.” Una muralla. Estaba avergonzada de su escape. una noche en París. La mujer que se casara con un hombre así. y lo ocurrido ahora era un nuevo triunfo para ella. Aline se levantó del banco en que había estado sentada media hora. Unas veces me parece bien. Y una pared muy baja separaba el jardín de la calle. estar tan cerca y tan lejos de otra persona al mismo tiempo! Si Aline quisiera. como le llamaban en el pueblo. después de cenar. silencio. experimentarlas. Ella entraría ahora en la casa. para ir de una mesa a otra. plantas. donde Fred aparecía más tarde. Y en el jardín la promesa primaveral de que Fred no parecía darse cuenta. El viaje a Europa fué muy instructivo para Aline. “¿Marchan bien las cosas de la fábrica?” “Muy bien. charlaban.. había un robo. si no les falta el valor. Ando muy atareado estos días. y ella venía a despertarle. el follaje obstruía la vista de las casas vecinas. según decía. Esther era dura como pedernal. Prefería las novelas policiales. Por estas razones. Le tomaba la cabeza entre las manos. con bancos al pie. Toman un hombre. varios días después. En el verano. el tío Trampeta se. Siempre había sido lo mismo. una gran cuadra. los caballos desaparecían. Los invitados jugaban a las cartas en una sala brillantemente iluminada. La vida cobra nuevos aspectos. Aline parecía aturdida. Y Fred aprobaba. Y se había metido en. árboles. fingiendo dolor de cabeza. daban una fiesta aquella noche. en imaginación.

Arrancaba una rama de arbusto y la estrechaba a manera de cruz contra su seno. pero los arbustos la ocultaban casi completamente. Y más abajo se veía una fila de casas. Aline hizo un ligero movimiento. Permanecía así —su marido leía el periódico o dormía en la butaca— y los minutos pasaban. ¿La vió el hombre? Se le ocurrió una idea. Aline tenía un concepto muy vago de las relaciones entre patronos y empleados. de la brisa pasajera. En los viejos jardines de Europa había figuras blancas sobre pedestales o columnas medio ocultas por el follaje. pensó Aline. años. cuando llovía. Fred y Aline salían a dar un paseo en auto. Por siempre jamás. Por la ventana vió a su marido: el cuerpo arrellanado en la amplia butaca. sin ruido. Así lo pensó. el periódico por el suelo. ¿Se guardaba para algo? ¿Para qué? Cansada de lo infantil de su juego. pero confortante y dulce para uno descontento de la vida real. de la tierra. pero sin éxito. no sería tenido en consideración. Y cuando tronaba sobre el valle del Ohío. de las plantas. Era una monja en el jardín del convento. surgiría de la tierra. fijamente. y esto muy pronto tendría que ser tenido en cuenta. Era Bruce Dudley. Pasó junto al farol. acariciada por los graves tonos de la sombra nocturna. y Aline. . Figurita de piedra. indiferente. ocurre entre los dos. Había que estar juntos. nunca se abalanza. la tensión se rompería al instante. la mujer de piedra extendía las manos hacia el niño. El corazón le saltaba en el pecho y luego parecía que había cesado de latir. Rosa se apoderó de él. la cabeza juvenil. Miró hacia la casa. La monja estrechaba la cruz en que murió su amado. camino de la casa. El muchacho de París a quien conoció en casa de Rosa Frank. Formaba parte de la belleza de los árboles. Si aquel hombre había pensado en ella como ella había pensado en él. El hombre trabajaba en la fábrica de su marido. Tal vez él pensaba en ella también. hacia donde ella estaba. días. y ella le contestaría. Aline hubiera resultado ridicula. El hombre seguía allí. sin duda la rozaría al pasar. Algunas tardes. Era una mujer de piedra y se inclinaba para levantar a un niño que extendía las manos hacia ella. alcanzaba el Nirvana. despacio. El hombre venía derecho hacia ella. Fred —ella lo sabía— la vió así en su imaginación la noche aquella. En una exposición o museo. Y todo su juego infantil se vendría abajo. Las relaciones con su marido le hacían desear eso: ser extrañamente bella a sus propios ojos. no tenía pensamientos. sino que aguarda quieto. ¡Qué absurdo que Aline no le hablara al hombre del camino! Hacía muchos días que pensaba en él. y era posible que viniera para hablar de negocios. Y nadie más tiene que ver con ello”. Se conocían. Lo contempló un momento y siguió luego por el sendero que conducía a la puerta de la calle. de muchacho. Era un juego infantil. del cielo. un farol alumbraba la calle. Los dos caminos que subían del pueblo formaban calle al juntarse en una esquina del jardín. a pesar del temor que la sobrecogía. noches. Se colocaba enfrente de un árbol. pero la entrada de la casa quedaba en la penumbra. Aline se metamorfoseaba en aquellas exquisitas visiones. Aline se levantó del banco y empezó a pasear por el jardín. Si la ocasión se presentase de nuevo. Y el amante reía ante la idea de necesitar consentimiento. pueril dramatización. Exquisita figura de piedra. en una de las cuales varias personas jugaban a las cartas. “Cuando una cosa ocurre entre un hombre y una mujer. Si el hombre la descubría y se acercaba a hablarle. Se había quedado dormido. sin un pensamiento. De la lluvia. Un hombre subía por el camino. y la situación no podría ser más absurda. pero esto no ocurría con frecuencia. para llevársela lejos. Fred. pero no hizo el más ligero movimiento. su belleza era extraña. como las obras llamadas serias. su cuerpo temblaba ligeramente. y estrechaba la cruz contra su seno. Se quedó inmóvil. rígido. Y realizaba cierta belleza transitoria en la noche oscura del jardín. y venía derecho hacia la puerta de la casa. como el pájaro frente al perro de caza. se puso a mirar hacia afuera. En la esquina donde se juntaban los dos caminos. Algo ocurrió. Si el hombre tomaba ahora por el sendero que conducía a la casa. muy divertido. cruzaba los brazos y ponía una mirada muy grave. rodeada de noche y de jardín. Un hermoso nogal se alzaba cerca de la puerta. Hubiera sido mucho mejor para Aline alejarse hacia la casa. caería de las ramas de un árbol. Estaba vestida de blanco. Aline empezó a sonreír. No había casas enfrente.entretenidos y además no le distraían de sus negocios. entonces ya se conocían. ¿La vió? ¿Se dió cuenta de que ella le miraba? Cuando el perro cazador descubre su presa. Llegaría el amante. ¿tendría ella más audacia que la vez pasada? Una cosa era cierta: si algo ¡Sucedía. Aline hizo una débil tentativa de conquista. Tomó el sendero. Le gustaba poco usar el coche con su marido. su marido. Sin nada de que hablar. Le preguntaría por su marido. despacio. reclinada contra su tronco. a unos cuatro pasos. Formaba parte del jardín. sin una emoción. Juego de niños. Llegó hasta la puerta de entrada y se detuvo. inmóvil. pero en aquel lugar. Se convertiría en estatua de piedra. en el parquecito de París. y luego. el obrero que ella había visto acompañado del individuo de anchas espaldas.

Permaneció allí tres o cuatro minutos. Este continuaba en la butaca. esos trescientos mil. Se necesitaba un gran esfuerzo. Dos veces se detuvo para mirar hacia atrás. El hombre aquel estuvo tan cerca de Aline como el muchacho a quien conoció en Francia. las fábricas modernas. de su impotencia. No podía. el cuerpo después. ¡Trescientos mil suscriptores! ¡Figúrate lo que esto significa! ¡Trescientos mil pares de ojos fijos en la misma página a la misma hora! ¡Trescientos mil cerebros absorbiendo el contenido de una página! ¡Y qué página! ¡Qué horror! Si realmente tuvieran cerebros. se decía. Akron. Sonreía. la guerra moderna. El hombre se alejó de mala gana. “Bueno. las academias de arte. si los trescientos mil. Los Angeles. ¿Para qué? Eso no lo sabía. Este otro hombre que se presentaba ahora en tal forma parecía traer un reto consigo. le repugnaba grandemente. Aline se dirigió hacia la casa y hacia su marido. no se puede hacer en absoluto. la cabeza por último. una tarea. XXIII Aline le tenía cogido. Tal vez no necesitaran —como él— períodos intensos de actividad emocional. no fueran completos idiotas?” ¡Como si esto le importara a Bruce o a Sponge Martín! A Tom parecía importarle mucho. Gente astuta que se movía con desenvoltura en un círculo pequeño de vida. de la que había surgido momentos antes. Aunque no sea más que por una temporada. de amante profesional”. de ser conocido como tal. ¿Tendría usted la amabilidad de acercarse un poco para que yo le vea bien?” No se puede hacer una cosa así en un pueblo pequeño. otro ser humano. Se iba de pesca. “Sería lo mismo que tener fama de amante. realmente. desaparecieron en la oscuridad. Sponge era un misterio. Una de las cosas que Bruce se repetía frecuentemente en aquella época rezaba así: “Hay momentos en la vida en que el hombre debe enfocar toda su energía hacia algo concreto. las universidades. pero la idea de hacerse poeta. ¿Qué . Al menos. con tal desvergüenza. Le encantaba pensar en su propio rendimiento.” Las palabras le bailaban en la cabeza. porque una mujer llamada Rosa Frank me tomó la delantera. Reno. profundamente dormido. al experimentar una honda emoción. Sería el comienzo. Le fascinaban los tipos como Tom Wills y Sponge Martín. ¡Figúrate! Chicago. la radio. Las piernas primero.Aline quería tenerle a su lado. gozaba de estar despierto. De vez en cuando. pero no quiso aceptarlo. Y. Tom Wills se daba cuenta de su futilidad. se dió a imaginar toda suerte de trazas para realizar la aproximación. Prefería imaginarse a sí mismo como el amante rendido y dejar que Aline representara el papel de indiferente. y entonces el acercamiento era real y verdadero. Cuando se ponía a maldecir del periódico en que ambos escribían: “¡Chico.” Siempre había pensado lo mismo. dejar que algo se apodere de él. El hecho mismo le ofendía. más alejado estaba. Cosas parecidas. al menos por una temporada. ¿Tendría valor para salir de su escondite y dirigirle la palabra? “Sería el comienzo. Trabajo ordinario. se dijo. lo mismo que un anuncio matrimonial en el periódico. El proceso de la conquista fué algo cómico y grotesco. Cleveland. fíjate bien!— decía—. El y su mujer eran foxterriers más bien que seres humanos. Por fin. en el caso de una Aline. ¿Lo aceptaría ella? Con la sonrisa en los labios. las películas. Aquí no había miedo de verterse emocionalmente. Bruce no se consideraba lo suficientemente artista para encontrar salida en el arte. Por lo que se refería a la tarea. Youngstown. ya está arreglado”. El otro se me escapó. Aline le tenía cogido. una proyección hacia afuera. Tan pronto como ella se convenció de que quería tenerle cerca. escribirle al hotel: “Se parece usted mucho a un hombre a quien conocí en París. Barnizar ruedas en una fábrica. feliz. Pittsburgh. Se hundió en la tierra. más allá del círculo luminoso proyectado por el farol. los profesores de música. había whisky de contrabando. Y ella sintió una de esas pausas de la vida tan triviales y tan importantes a un mismo tiempo.» Redactar noticias para un periódico. sucedió. y al verle a usted he vuelto a sentir la misma emoción exquisita. pero a veces —raramente— habla llegado a sentir su propia totalidad. los gobiernos. Bien lo sabía él. ¿podrían todas estas cosas seguir adelante. ¿qué ocurriría? ¡Santo Dios! Un estallido que se acabaría el mundo. Mientras más cerca se sentía de los demás. el muchacho a quien había tratado de conquistar con su gracia y encantos de mujer sin resultado alguno. había escrito cosas que pudieran llamarse poemas. con el periódico a sus pies. ¡Si los ojos vieran! ¡Si las manos tocaran! ¡Si las orejas oyeran! Pero el hombre es ciego y sordomudo.

la rica colcha. Una carta lo hubiera echado todo a rodar. Había gastado muy poco dinero en Old Harbor. ¿Cómo era posible que el muy granuja. De dramatizarse uno mismo. acabada la faena del día. Lo que más le intrigaba era la actitud de Sponge Martín. en casa de Sponge. en caso de que ella se prestara! Pudiera durar una larga temporada..hacer.. Aunque no hubiera visto el anuncio. Pero la que más gozaba de lo ocurrido era la mujer de Sponge. Ensayó a decir algo más rudo. No se asustaba de sus . Inventa pequeñas mentiras. al menos había que representar bien el papel. Es un poco absurdo. mientras Sponge continuaba sus figuraciones. sonriendo interiormente. sonriendo. absurdamente feliz. Sponge estaba en su taller. Sponge se divertía imaginándose a sí mismo en el lugar de Bruce. Lo malo es que no tengo habilidad alguna con las manos. De todos modos. O a un personaje de Laura Jean Libbey. La novela que escribimos nos sale bien. Se sentía como esclavo o caballo que traen a la venta. Si ella era tal y como él se la imaginaba. “He estado trabajando en la fábrica de su marido de usted. todo. al oír su voz. Ese era el tono. Tenemos conversaciones imaginarias. por la mañana. las habitaciones. Lo había visto en el periódico porque dos obreros de su hotel habían estado hablando de ello. consiguió a Bruce. la carta hubiera concluido el asunto. y en caso de que usted me tome tendrá que dirigirme en todo. Se presentaron cuatro hombres. así que le sonaba la plata en el bolsillo. Y le gustaba la emoción. Quiso presentarse en persona a solicitar el puesto.. y la mujer encantadora es todavía más encantadora. la primavera iba acercándose. Una sonrisita por parte de Sponge. me gusta”.. citas nocturnas. Pero en eso consistía la prueba. Ahora que viene la primavera. La mujer que queremos nos quiere. un momento de intensa satisfacción para Sponge: “Me lo veía venir hace tiempo. en su propio terreno. lo mismo que escribir una novela. haciendo un esfuerzo por reprimir la risa. Hay que tener ilusiones. Extraño lo difícil que era para un hombre reconocer el triunfo de otro en tales materias. los cortinajes de colores suaves. ensayaba su papel en el caso del otro.? Y luego. pero no le salía. La vez aquella que se peleó con el padre de Fred. y ahora su amigo Bruce.. Pero. pero me he despedido —dijo—. Por las tardes. ella se imaginaba las sábanas de hilo. al verlo. cuando tenía la vista buena. pensó. que Aline declaró incompetentes. no pudo menos de recordar las maldiciones de Tom Wills. Momento difícil aquel en que Bruce entró por la puerta. Ponemos en juego la fantasía. los periódicos sirven para algo”. De noche. ¡En una casa como la de Grey. Hasta que. dijo. pero ahora que viene la primavera quiero trabajar al aire libre. Pero no siempre existen tales limitaciones. y nada más. ¿verdad? Es muy divertido. al informarse de los detalles. Eso le había salido mejor. Se figuraba lo ocurrido. el vejete se puso a sonreír con aire de persona enterada. A ver quién cedía primero. en la cama. habría dejado el trabajo de la fábrica. Lo que es de jardinería no sé una palabra. Y a veces pensaba que la comedia era un poco excesiva. y las palabras que había pronunciado no se parecían en nada a las de los obreros que él había conocido. ¿Le ayudaría él a salir del paso? Bruce lo intentó. En cuanto le anunció su propósito de dejar el trabajo. y luego. ¡Qué divertido iba a ser representar la comedia con la mujer. Estuvo varios domingos. Despidió al jardinero negro que tenía y puso un anuncio en el periódico local. le confundía y desconcertaba. presentarme aquí a solicitar el puesto. los muebles. y había dejado la fábrica el día anterior. lo que es ella. por mi parte. quiero trabajar al aire libre. “No le dé a la señora cuidao por el jornal”. como no lo había sido nunca. Seguía con la cabeza baja.” ¡Qué mal representaba su papel! Estaba haciendo de obrero. El vejete no podía ver a los Grey. Tener a Bruce en la casa era como recibir a un héroe de novela francesa. Bruce estuvo muy franco con Aline. XXIV Era feliz.. Y. por último. entonces? Aline se arriesgó. pero no pudo mirarla abiertamente en aquella primera entrevista No sabía si ella le estaba mirando o no. De noche. se sentaba a descansar en un banco del pequeño pabellón que le servía de alojamiento. pero me gustaría probar si usted no tiene inconveniente en enseñarme. Bruce no sabía por dónde se andaba. “Por lo visto. Algo le andaba bailando por dentro desde el instante en que leyó el anuncio. libros que ella había leído de joven. A veces triunfamos de verdad. y tanto éste como su mujer le recibieron muy bien.! Lo cierto era que la casa. Una vez —hacía ya mucho— le había dado a “Grey el viejo” lo que se merecía. Ella no se habría molestado en contestar. y se sentía cansado de barnizar ruedas. Ella le tiene cogido. ¿no es eso? Bueno. no está mal. El hombre que se imagina una pasión de amor con una mujer encantadora. A ver quién se cansaba antes de hacer su papel. y tal vez sea esto conveniente.

El haber trabajado en la fábrica con su marido le parecía una profanación. El libro dice. A veces. amarillas brotarían pronto de este suelo en que ahora cavaba. Los charcos se secaban y el color verde aparecía por todas partes. levantaba la cabeza y miraba con atención hacia las tierras del valle. mientras ella paseaba por el jardín o se sentaba en un banco. sino amar. tan corriente. Estas cosas ocurren. era demasiado parecida a Bruce. ¡Qué absurdo! ¡Ser una mujer bella. Bruce empezaba su nuevo trabajo bajo la dirección de Aline. Tenía gran interés en que se conservara bien de salud. ¿Y ella? Bueno. tocaban las plantas que Bruce manejaba tan torpemente. Parecían acariciar. En suma. Algo así como el príncipe de Gales. dedicado por broma a un menester inferior. La carne. de un sitio para otro. El color verde asomaba por la tierra gris.pensamientos. Y Bruce se murmuraba a sí mismo: “Dejaré que se me duerma el cuerpo. Las suyas sí que eran fuertes. plantaba semillas. Bruce echaba una mirada tímida a las manos de la mujer. De todos modos. se quedan para solteronas anticuadas o para chicas mecanógrafas que lo leen en el metro o en el elevado. cargada de abono. dejando grandes charcos por todas partes —charcos que el sol de Indiana no tardaría en sorber—. Juan cayó muerto”. Bruce hacía feliz a la señora Martín. Las aguas del río habían vuelto a su cauce. de gruesos dedos y palmas muy anchas. para utilizarle luego en sus ensueños nocturnos. De eso estaba seguro. el alcalde de Nueva York arrojando la pelota al campo para dar comienzo a la temporada de baseball. no importa. “Así y así”. Había ensayado el trabajo material. y cuando Bruce venía a la casa. Aline era algo muy bello —tan bello. Bruce no pensaba en Aline como en algo carnal. Flores azules. Además se daba cuenta ahora de que Bernice no ofrecía posibilidades de belleza —en sí misma— en su persona. Era a mediados de abril. Así”. Pero ¿le saldría bien delante de Aline? Bruce. Es muy fácil decir: “Juan volvió la espalda. Era un pintor delante de un vasto lienzo. y cuando. parecían decir sus rápidos dedos. al despedirse de ellos. Hombres ilustres dedicados a menesteres vulgares para ponerse a tono con la gente vulgar. No te muevas. Y los escritores que creen en él y que lo utilizan como fondo de sus libros suelen ser gente bastante estúpida. y a veces erguía el cuerpo. Las de Aline también parecían acariciar cuando. Lo que más le interesaba era salir de sí mismo. pero no-a la gente que conocemos. eso sería distinto. En el jardín de Grey. Una capa de cieno gris cubría las orillas. Sin embargo. dejando al descubierto las tierras bajas que se extendían alrededor del pueblo. llevaba la carretilla. Un pequeño rincón de la vasta superficie de la tierra. Sus manos. Duras. proyectar su vida hacia algo exterior. tan torpes e inútiles. Eran manos listas y muy suaves. realizar en sí misma su propio encanto! ¿No bastaba esto? ¿Qué más podía desearse? Así pensaba Bruce —al menos en aquel instante—. Si su propia fantasía le auxiliaba en hacerla todavía más bella —a sus ojos—. el problema sería muy distinto. o tira el libro o tiene que creerlo. que vacilaba en acercarse—. simplemente: “se amaban”. por esa época. de camino entre la oficina y su casa. Eso debe ser. Se había desentendido de todo encanto personal y femenino. sentado ahora en el banco del pabellón donde tenía su cuarto. Le apuntó con el revólver y disparó. de creerse digno de ser amado. el verde avanzaba visiblemente. Las aguas del río se retiraban a su cauce. Matar a un hombre de un plumazo no es lo mismo que matarle de verdad. está ya bien entrada la estación. Era como el actor que ensayara su papel ante mi grupo de amigos poco exigentes. En la fábrica se había fijado en las manos de Sponge. Para Bruce. En los días calurosos de la primavera. aunque no fuertes. y Silvestre salió de entre los árboles. Concentraré toda mi atención en los dedos de mis manos. echaba por el camino poco frecuentado de orillas del río y ascendía la cuesta hacia la casa de Grey. Por lo menos. como ocurría algunas veces. Palabras para enseñar a amar. Las fotografías que traen los periódicos del domingo: el presidente de los Estados Unidos aventando la parva en una granja de Vermont. el príncipe de Gales teniendo al caballo de la brida para que monte el jockey. sentía un goce intenso de participación en la obra de la Naturaleza. Y en el valle del Ohío. Al ponerse a escribir de tales cosas se arman un lío espantoso en la cabeza. La primavera avanzaba en la Indiana del Sur. Y el lector. dirigidos por los de . claro. Pero si esto llegara a ocurrir. Contraste significativo.. como Sponge de los suyos. Y no había en él la vanidad. Los pensamientos que se le ocurrían eran muy complejos: “Estoy enamorado. A lo sumo. sus pensamientos tornaban al asunto y se sentía contento y satisfecho. y trabajaba con otros hombres. el tono gris iba desapareciendo del paisaje. hubiera querido presentarle los manjares más delicados. ¿no era esto bello también? Hubiera querido murmurarle al oído: “Suavito. Algo reservado a la literatura barata. se halla dispuesta a creer que lo está”. adquirían cierta habilidad dirigidas por la mente de Aline. Y a ningún hombre inteligente le interesa nada esa especie de libros. Cavaba la tierra. Hay muchos hombres inteligentes y conocedores de la vida que niegan el amor en absoluto.. No era ser amado lo que quería Bruce. pero no encontraba ninguno que le absorbiese por completo. cierto. rojas. No costaba mucho representarlo bien allí. y este rincón era suyo y de Aline. Solamente se evita el amor cuando no es amor. ¡Pero tratar de encontrarlo en la vida!. Y ahora que Bruce era jardinero y que trabajaba la tierra con sus manos.

nunca más amaré. el del corte en la cara: “¡Que se hunden! ¡Que se hunden!” fueron las palabras del loco. Tómalo y ríete. Para Bruce sería lo que su fantasía le dictase. usa un lenguaje que hiere los oídos—. querida? Las maldiciones de Tom Wills no eran de extrañar. Se sientan en la hierba. Bruce podía distinguir algunas figuras de hombres que se movían en los campos de abajo. Si Aline se dejara absorber en él. que luego ha de dejar a un lado. lo estúpido del amor. la ruptura sería inevitable. Tenía más de treinta años y sentía hallarse en un recodo del camino. Uno de los perros ya había tirado una dentellada al agua. Pero mañana se-ré viejo y cuerdo. Si alguien tiene dudas acerca de ciertos aspee- tos de la vida. No cuesta tanto esfuerzo mostrar la podredumbre de la vida. Y toma también lo que venga detrás. Y se enorgullecía de esto que él consideraba su fuerza intelectual. Y ahora lo veía de nuevo con Aline. sino que toma estas-emociones que yo siento ahora y las traduce en poemas. ¿Cree usted que hace buen tiempo hoy? Puede ser. Un hombre de ciencia alemán puede explicarlas perfectamente. por los caminos del campo. respiraba. No hablaban de nada. cuando ella se presentaba en el jardín para hablarle de su trabajo. Se levantaba y salía al jardín. “¡Que la tierra está pronta! ¡Que la tierra está pronta! ¡Hunde el arado! ¡Ara! ¡Siembra!”. un poco gorda. Y el niño era incapaz de contarle a su madre lo que sentía. a sembrar! ¡Siembra! ¡Siembra! Bruce mismo era otra figura gris como aquellas de abajo. que todo se borra y desaparece antes de lo que quisiéramos. La lluvia fría y la casa a oscuras. XXV Bruce empezaba a formar parte de la casa de Grey. que nunca tendrían lugar. ¿Qué tenemos de cena. como él lo estaba ya en ella. los labradores del valle bajarían con sus yuntas y tractores para empezar el arado. cruzaban por su mente. tengo un ataque de indigestión. Hombres y mujeres en los parques de las ciudades. Un hombre viejo no se sienta en el jardín bajo la lluvia y se pone a contemplar una casa en la oscuridad de la noche. la mujer era incapaz de contarle a su hijo lo que sentía. comprenden estas cosas. El tono de vida en el jardín cambiaría por completo. De noche. Dentro de su ser algo nacía. El hombre enamorado de una mujer —todo su ser físico en tensión— es algo corriente.ere y cínico? Cualquier chupatinta de periódico puede dar lecciones de cinismo. Lo había visto de niño con su madre.” Que los momentos bellos son contados. por haber tomado parte en las batallas. Aburrimiento. a sentarse en un banco. La colina de Old Harbor. Una noche la lluvia lo caló hasta los huesos. ¿es esto razón suficiente para convertirse en algo medio. tal vez. Si no amo plenamente ahora. Keats y el ruiseñor. No debí de comer esos langostinos. el hombre aquel. Bruce creía poseer una rara sabiduría. mientras el barco entraba en la corriente. Keats. A veces. Aun soy joven y puedo hacer tonterías. a sus mujeres. Tal vez Aline no sintiera lo mismo que Bruce. sentado a la mesa con Fanny Brawne —ella. con la mayor alegría posible. Viene la primavera. quizá. Bruce conocía todo esto. señora Vida. Son contados los momentos de dulzura en una vida. hubiera querido gritar Bruce. Eran como moscas en el cristal de una ventana. ¡Dios asista a lo bueno. que consulte las obras del doctor Freud. Es cosa fácil. sin que le importase nada. Shelly y el suegro aquel suyo. el hombre histérico por haber matado a otro ser humano en un momento de ofuscación? Bueno. en su catre. bajo los árboles. Acechaban la aparición del verde primaveral. de la vida que llevaba como mujer de un fabricante vulgar en un pueblecillo de Indiana. Pero no hablaron. Y lo mismo la primavera próxima y la primavera del año 2010. lo bello y lo verdadero! Los quehaceres de la casa. Los mariscos siempre me sientan mal. Era otro loco como el del muelle. sobre la cual se asentaba el pueblo. que publica luego para aumento de su fama. roto y desquiciado. ahora. una experiencia más. no había para qué imaginar a Aline en tal situación. Bruce medio esperaba que Aline reanudase la escena comenzada imaginariamente la noche anterior. excepto de los trabajos de jardinería. momentos de profunda tristeza. Cien conversaciones imaginarias. O. No podía dormir. Shelley y la alondra. Muchas veces tuvo la tentación de gritar a las figuras grises de abajo: “¡Hala. Si . fuese para ella tan sólo un capricho pasajero. ¿Dormía Aline junto al marido que había conocido en Francia. puro deseo físico. Shelley y la lima. lo que era para él una cima de experiencia. Las colinas cercanas al río eran como perros de caza que estuviesen al acecho. Después. ¿Tiene importancia alguna? Los hombres que han pasado ya de los treinta y que tienen inteligencia para comprender.” Muy pronto. bien conocido. El poeta tiene su momento de éxtasis. Cuando Bruce era niño y salía de paseo con su madre. cada vez más basta. y. pero ya ve usted. “Buenos días.ella. Figuras de un gris oscuro sobre el fondo gris claro del paisaje. Trabaja en un Banco o es un profesor de Universidad. El cuadro desentonaba del conjunto. los dos hombres vuelven a sus casas. Lo hicieron la noche del día que César pasó el Rubicón.

una de esas aventuras en busca de las cuales había salido al marcharse de Chicago. ” Mi casa está en el perfume de la rosa que crece en su jardín. Hierbas y vides silvestres crecen en las paredes. escribió estas palabras en varios pedazos de papel. Y quiso preservarlas. cantemos. morir antes de tiempo. Una de las habitaciones del segundo piso aparecía encendida con luz muy discreta. las emociones que le agitaban? De día. en el arqueo de los hombros y en la línea de la espalda. No podía resistir el deseo de anotar sus emociones del momento. al borde de un camino. Una cosa llamada conocimiento de la vida. Sí. ¿Quieres venir? Toma la. El y Aline. No soy lo suficientemente sutil para edificar mi casa. se había dicho a sí mismo. ni siquiera le dirigía la mirada. Y este disgusto que sentía se revelaba en su andar. Entra. en el jardín. dentro de la ciudad coronada de humo. adquirían una significación. vivían un momento de quietud. edifiquemos. una casa donde me sea grato vivir. ¿Que no eran vestidos de mañana? ¿Qué importaba eso? Aguardaba a que Fred se marchara a la oficina. ¿Por qué no decirse a uno mismo que Aline tampoco dormía? ¡La dulce patraña! Dos o tres días más. Más tarde. la Junta de consejeros. Una serie de aventuras —momentos luminosos. No hay hombre suficientemente sutil para edificar su casa. No te apures. Al fin y al cabo. Un pintor pinta un lienzo. y mi casa es un montón de ruinas. Bruce volvió a su pabellón y se echó en el catre. los dos. Puertas y tejas quedan asentadas. Sin duda le molestaba la idea de tener a un hombre blanco y joven por jardinero. Y las vigas yacen por el suelo. No hablaba con Bruce. no existía —por lo menos en el mundo de su imaginación. le aceptaré. y los gusanos habitan allí. dos horas por la mañana y a veces una o dos más por la tarde. su proximidad a Aline. y despertaré. quedaría algo. Los vestidos que había comprado en París y que no había tenido ocasión de ponerse servirían ahora para algo. Y versadas en cosas de mujeres. la aceptación del marido sería un hecho necesario. colina abajo. o cuando se sentaba a poca distancia en un banco. A Bruce le producía una satisfacción medio repulsiva. Ayer no fué nada. pero las dos eran negras. ” Esto es un día. sentado en el borde del catre. junto a la iglesia de piedra— en el campo. encajados en hileras. junto a tu propia casa. no quedaría nada.” Tal vez no pueda ser edificada. una semana. pero al cabo de un rato se levantó y encendió la luz. pero ahora no. Mañana o pasado mañana. van formando paredes.yo fuera su amante reconocido. Parte de la ganancia producida por su labor había servido para comprarle a ella adornos y cosas de vestir: una tirita de encaje que llevaba a la muñeca. Y el aire esparce fragancia de madera recién cortada. llave. todo aquello no era más que una aventura. Encontrarás las ruinas de mi casa en una calle de tu aldea. por edificar. equidistante entre dos acontecimientos. Bruce salió de nuevo al jardín. Si a cantar. ¿Lo sabía Aline? ¿Compartía ella. otras a pie. Bruce había trabajado en la fábrica varios meses y había barnizado un cierto número de ruedas. Algunas veces en automóvil. Las mujeres negras conocen por instinto. Cada día era una nueva aventura. Eso sí. “Bueno. “Estoy edificándome una casa. temporalmente. ¿Por qué? El marido. ¡Qué bien mirarla y sonreír y jugar con aquellas fantasías! Lo mejor es tomar las cosas como son. no contaba. y entonces se vestía. despacito. Después de tocar la pared de la casa con sus dedos mojados. en una calle muy larga. No convenía. ” Mañana verás la casa que edifico —está en la calle. cuando llegase la ruptura. allí donde el camino baja precipitado y cruza el puente. Escuchaba los planes de Aline y cumplía cuidadosamente siguiendo sus indicaciones. resplandores en las tinieblas— y luego negrura y muerte. ¿Estaría alguien enfermo? ¡Qué absurdo! Si vamos a edificar. Y duerme en los ojos de un negro que trabaja en los muelles de Nueva Orleans. La aventura estaba en verla salir de la casa. ” Y es mañana y la casa está casi acabada. en cuanto me marche de aquí. Bruce nunca hubiera tenido éxito como industrial. Había dos criadas en la casa. su trabajo como jardinero. unas pulgadas del vestido que tenía puesto. Se han podrido. mientras la lluvia de primavera azotaba la colina donde vivía ahora. Ella hablaba. ¿sigue siendo su cuadro? Un . en estar cerca de ella. bueno. Bruce cruzó el jardín bajo la lluvia y fué a tocar con sus manos las paredes de la casa donde dormía Aline. si ella fuese mía. Aline era la mujer de Fred Grey. Bruce no se atrevía a levantar los ojos hacia ella por miedo de encontrar su mirada. Mi casa está. ” Es de noche. ¡Qué bien que su marido pudiese comprarle vestidos tan caros y zapatos tan finos! La fábrica de ruedas. secretamente. Y sus manos eran cada vez más torpes. Descansa en los cimientos de una emoción que no sé como expresar. en cuanto ella salía al jardín para dirigir el trabajo. Y cuando juzgaba que ella tenía vuelta la espalda. Bruce la miraba furtivamente. que no ha pasado nada todavía”. un mes. Esos insectos de colores brillantes que invadían el jardín sólo vivían unas horas. en cuanto pase la primavera. se decía a sí mismo. el trabajo de Sponge Martín.” Bruce. como lo son. Lo que pueden coger lo cogen. cerca de Aline. Día tras día los ladrillos. Fred salía a las ocho. por lo tanto. y él oía su voz. no chistan. matar la vida con el mucho pensar. por fuerza habré de despertar.

Era saludable ir y volver a pie todos los días. subía por la calle de vuelta a casa. El matrimonio es un vestigio de barbarie. No. nunca matamos al hombre aborrecido. Manos al negocio. ¿A qué venía esto de creerse uno mismo demasiado feo para amante? Lo que el mundo necesitaba era mayor número de amantes y menos matrimonios. Grane dinero. ¿adonde vamos a parar? Una tarde de mayo. A pocos pasos delante de él iba Fred Grey. cuando ese hombre es blanco y de buena apariencia y cuando no hay nadie por allí cerca. no lo estoy. ¡Si Old Harbor tuviera un club para jugar al golf! Debería organizarse uno. Los dos hombres iban subiendo la calle. Si yo estuviese en su pellejo. en el Estado de Indiana. Porque yo no puedo. no. Más tarde aprendieron a vestir. como en la guerra. Bruce no dudaba de la solidez de sus pensamientos. Pero. Si él la quería. que había estado en el pueblo para comprar algunas herramientas.. Convertirse en amante. ¿Cómo insistir? Naturalmente. ¿Había notado Bruce el movimiento suyo? Era una de esas preguntas enojosas capaces de afilar los nervios. no sólo el cuerpo. desarrollando cierto gusto decorativo en el proceso. “La vida es mejor —murmuraba para sí— ahora que los hombres y las mujeres están lo suficientemente civilizados para no querer estar juntos a todas horas. Los dos hombres no se habían hablado nunca. por una temporada al menos. Bruce. entonces hubiera podido regular el paso y contemplar al otro a su sabor. El hombre civilizado viste su cuerpo y el de sus mujeres. ¡Ni qué pensar en ello! No puede uno portarse como un bárbaro. Hubo un tiempo en que el hombre no se vestía. verla a todas horas. Pieles hediondas cubrían el suelo de la caverna. Bajaba el sendero que conducía a la puerta principal y a veces se volvía para mirar a Bruce. su dama. ¡Qué fastidio! Si él hubiera ido detrás y Bruce delante. no era posible hacer la menor sugestión o advertencia. Como algo les guste. No puede ser. ¿A qué pensar en ello? Tanto mejor que Aline fuese la mujer de otro. señor de Grey. Pero lo malo era que faltaba gente de su clase en el pueblo para hacer posible la fundación del club. a solas con su mujer durante todo el día. sentarse juntos a la mesa. ¡Qué piara! Si no podemos crear hombres honrados y serios en este país. Aline era dueña de su imaginación. En la situación presente. hasta que se pusieron de moda los perfumes. ese no era el objeto de su aventura.. le habían hecho engordar. si el resultado no era una Aline? ¿Vamos a continuar para siempre en la barbarie? Si su estado de ánimo hubiera sido otro. no lo niegan. Bruce se habría detenido a pensar en Fred. y él no haría nada por alterar sus pensamientos. Le hizo algunas preguntas a su mujer. ¿Sabía algo? ¿Qué sabía? ¿Es que puede ocurrir algo en el mundo sin que todos los interesados lo sepan? Pero tratarían de negarlo. ¡Qué natural y humano era eso! En la paz. A ningún hombre le gusta la idea de tener a otro hombre en la casa. Cuando Bruce entró de jardinero en casa de Grey. Y lo peor sería que ella tendría que verle constantemente. sino que es muy buen jardinero”. Este era más joven que Bruce. Y llegaría a conocerle. sino los detalles de la vida.” Las casas de hoy día se construían en tal forma que era posible vivir existencias separadas e individuales bajo un mismo techo. Se construyeron alcantarillados. Las mujeres negras no tienen sentido moral. Las damas de la antigua corte de Francia —y las Médicis— debieron oler abominablemente. ¿De qué servían las fábricas en sitios como Old Harbor. Cómprele usted cosas bonitas. ¿Dudaríamos de la solidez del pensamiento de Cézanne cuando se colocaba frente al lienzo? ¿Dudaríamos de la solidez del pensamiento de Keats cuando cantaba? Tanto mejor que Aline. XXVI Fred Grey salía de casa por la mañana temprano. ya ve usted. Si fuera la suya propia sería preciso entrar en la casa con ella. Y todavía sería preferible que estas casas permitieran una separación mayor y mayor. Por esto se indignan tanto los blancos al pensar en los negros. pero un poco más bajo. Fred le reconoció al punto como el obrero que trabajaba en la fábrica al lado de Sponge Martín. perteneciera a Fred Grey —fabricante de Old Harbor. ¡qué satisfacción pensar que otro la quería también! Va usted muy bien. podía concebirle como quisiera. Son capaces de cualquier cosa. Que entrasen los amantes. pero ésta le respondió con un encogimiento de hombros: “No sé nada de él. ¿sigue siendo su poema? ¡Qué absurdo! Fred Grey debiera estar satisfecho. .poeta escribe un poema. junto con la buena vida que se daba. excepto dos criadas negras. Sus ocupaciones sedentarias en la oficina. Tratamos de matar aquello que aborrecemos en nosotros mismos. Volvió la cabeza un momento y al ver a Bruce detrás siguió su marcha sin detenerse. y Fred Grey se había dado cuenta de la presencia de Bruce. Había echado un poquito de barriga y la cara se le había puesto bastante gordinflona.

bueno. Si Fred hubiera ido en automóvil aquella tarde. Había un individuo en nuestra compañía que pesaba solamente 118 libras. pero el padre de Aline era un hombre respetable y tenía una de las mejores clientelas de Chicago. además. el cajero del Banco. Sponge era un excelente operario. Médicos y abogados. El dueño de una fábrica no puede tratar a la gente como le dé la gana. se gruñe un poco: “Sí. Una señora es una señora. Ya hay algo de que hablar. lo mejor del pueblo vivía allí. Una mujercita encantadora. ¡Qué tío! Duró la mar de tiempo”. El dueño de una fábrica tenía que adoptar cierto tono al tratar con sus empleados. Aligeró el paso. Aunque no sabía por qué. Tal y cual hombre de negocios observaba un régimen muy severo. todos los hombres de los pueblerinos de Indiana eran iguales. A veces leía artículos en periódicos o revistas. hace tiempo que eso pasó a la Historia.” ¡Pero a pie! Debiera dejar de fumar. ¿Y si Fred esperaba a Bruce y subían los dos juntos? ¿Qué pasaría? ¿De qué iban a hablar? “No me gusta su facha”. “Tendré que andar más de prisa y evitar una situación enfadosa”.. Y. Todo el mundo le conocía y le quería. porque la casa de arriba. La calle por donde subían ahora era una de las más aristocráticas de Old Harbor.. ¿no cree usted?” “Oh. Me parece que voy a venderlo y a comprar un Ford”. Aline tenía una figura preciosa. En el ejército. parar y decir: “Suba usted”. tendría cierto derecho a sospechar de ella. ¿por qué se había casado con él? Además. las cosas habían cambiado. La cabeza despejada para los negocios. No puede uno enemistarse con el pueblo donde hay que vivir. ¿verdad?. pero a mí que no me digan: eso del barco de la paz era una chifladura. El majadero pudiera creerse que le tenía miedo. Se habla de Henry Ford sin la menor traza de envidia.. ¿qué se debe hacer? En el tiempo de su abuelo. Muy simpático. y aun en el de su padre. Pero Fred les llevaba la delantera. antes de acostarse. se dijo. Y Fred sabía bien quién era Sponge. había pertenecido a su familia por tres generaciones. pero cuesta mucho mantenerlo. Decir la menor cosa implicaría. un peligro físico. £e hace el elogio de Ford. Eso no hubiera estado mal. ¡se habla de Henry Ford como de un gran hombre: “Ese es el tipo de hombre que debiéramos tener por presidente. Por la mañana se levantaba temprano y daba un corto paseo. Lo malo era que Sponge había vivido toda su vida en el pueblo. claro. Eso estaba bien en el Ejército —allí era una necesidad—. Recordaba la escena. El jardinero que Aline había tomado era gran amigo de Sponge Martín. ¡Qué fastidio! . Lo que necesitamos es tina buena administración”. No hay que perder esto de vista. No tener que quebrarse la cabeza con dudas y sospechas. Cuando se conduce un auto magnífico. pero. Creo que había sido dependiente de una droguería. Afortunadamente. Al fin y al cabo. Fred estaba orgulloso de ella. así lo creían. aunque no demasiado. Se habla del automóvil. pero en la vida civil. al menos. Decir la menor cosa sería decir demasiado. Tenía Fred algunos cuentos de su vida militar que le gustaba mucho referir. Un giro diferente a la escena. sin perder el prestigio. Se lo contaba a Harcourt o a uno de los viajantes de comercio: “Nunca se sabe lo que son los hombres hasta que se les pone a prueba. Esto implicaría —¿el qué?—. sobre todo si se tiene dinero. No tiene nada que ver con la cuestión de resoplar ün poco más o menos al subir una cuesta empinada. Y ella se echaría a reír. Por la noche. El capataz decía que trabajaba más que todos los otros y que podría barnizar ruedas con las manos atadas. la suya. Cuando se sube por una calle de cuesta muy empinada y a pocos pasos detrás camina un hombre que es el jardinero de casa. que los hombres fuertes tendrían mayor resistencia. Se muestra uno generoso: “Bueno. Se porta uno llanamente. Cualquiera pensaría. En el Ejército teníamos hombres fuertes y hombres débiles. Recordaba haber estado en el taller con su padre una vez. ¡con qué facilidad se habría resuelto todo! Parar el coche y ofrecerle un sitio. Me gustaría despedir a Sponge. ¿Por qué demonios había despedido Aline al jardinero negro? Bien. Aline tenía razón en no querer pasear en automóvil. un plan de igualdad entre él y Bruce. pero él no podía decirle a su mujer: “No me gusta el aspecto que van tomando las cosas. tomaba un vaso de leche con una galleta. No me gusta la idea de dejar a un hombre joven y blanco a solas contigo durante todo el día”. pero nos engañó a todos. No quería que el otro sospechara su intención. Andaban siempre juntos. Estaba haciendo una vida demasiado sedentaria. Había que tener en cuenta ciertas responsabilidades. Prefería entretenerse en el jardín. El capitalismo tiene sus obligaciones. cuando era niño. uno es el dueño del coche. bueno. Se cambia de velocidad. Pues se equivocaría en redondo. Pero las cosas habían cambiado. el coche no está mal. Y eso ya era algo en un pueblerino de Indiana. es cosa distinta. Precisamente era la gran ventaja de casarse con una señora. Comía menos que un gorrión.. Pensamientos que molestaban a Fred. ¡Qué estupidez! Se compra uno un magnífico automóvil y luego se va a pie para conservarse bien de salud. pensó Fred. si él se hubiera casado con una muchacha pobre. o. parecía moribundo.Si Aline no le quería. se pone el pie en el acelerador.

. atendiendo al bienestar de las familias de sus empleados y otras cosas así. ¿Soy Fred Grey o no lo soy? ¡En cuanto a estos advenedizos!. en la línea de los hombros! Ya veis que no se puede ser más imperturbable. como un hombre humilde que no pedía nada. Si quisiera lo haría. y todo su cuerpo tenía un aire de dignidad como si dijera: “No estoy enterado de lo que ocurre. Los pasos del jardinero se acercaban cada vez más. Y él parecía estúpido. alcanzaba la verdad última. Te asaltará la duda. Luego sabe algo. ¡Qué audaz puede ser uno con la imaginación y qué difícil serlo en la realidad! Viéndole trabajar a diario en el jardín sentía ella más intensamente que nunca la masculinidad del varón. Aline ya no era joven. con la sonrisa en los labios y un sentimiento de vil satisfacción por dentro: “Tiene miedo. pero tuvo que refrenarse. por lo menos del varón norteamericano. ¡Qué buenos somos los hombres! ¡Qué buena voluntad tenemos todos! Estaba tan cerca ahora que con un pequeño esfuerzo podía pisarle los talones. el tipo huraño que tanto divertía a Sponge. demostrarle que. Lo sabe. sobre el empedrado del arroyo. a veces. ¡Fijaos en mi manera de andar. Subir la cuesta no le cansaba. Fred sintió ganas de echar a correr. había notado el movimiento de Fred al volver la cabeza.” ¿Haría qué? XXVII Aline había conseguido traerle a su lado. Sabía lo que pasaba por dentro del otro. esencial. Fred. como un vestido perfecto. tenía buenas piernas y pulmones. Se alegraba infinitamente de que Bruce no fuese francés.. piensa la mujer. ¿de qué le sirve a ella? Solamente siendo joven puede la mujer ser mujer. Si no. excepto el privilegio de amar! Había estado gozando en hacer sufrir al marido. pero tiene miedo de confesárselo. atento a las pisadas: “¡Si los obreros de la fábrica tuvieran esa energía! Apuesto cualquier cosa a que no se daba esa prisa para llegar al trabajo”. Era cuestión de dignidad. Irás en busca de un amante espiritual. El paseo fué uña revelación para Bruce. Primero. Aline subía a su dormitorio a contemplarle desde allí.Había que aligerar el paso. Bruce tenía buenos pulmones. La ventaja estaba de su parte. la idea del más allá. Aceptaba una al envejecer las nociones morales de los hombres. ¡Y luego se figuraba a sí mismo. Cantan los negros: Y dijo él Señor Dios: ¡aligera! ¡aligera! El cante de los negros. las fuertes pisadas sobre la acera de cemento. sentada a la ventana de su cuarto. Se tiene o no se tiene. El hombre cuya mujer carece de encanto. Bruce. Un espíritu de reto le cantaba en la mente: “Si quisiera lo haría. ¡Aligera! Si cruzas la raya. mientras Aline. distribuyendo salarios. Lo sentía ella —el cuerpo— en sus paseos por el jardín. no se atrevía a nada. ¡Qué raros los hombres! Frecuentemente. se habrían indignado tanto que se habrían marchado de la casa para no volver.” Cerca ya de la casa. y Aline corría a su cuarto para verle marchar. Solamente siendo joven puede el hombre ser poeta. pero dentro de lo justo. pero su cuerpo retenía aún la fina elasticidad antigua. ¡Qué ahínco ponía en su trabajo y qué chapucerías le resultaban! ¿Qué pensaba Bruce? Si él y su marido supieran que a veces le entraban a ella deseos de reírse de los dos. Para eso está la imaginación. Fred no se atrevía a volver la cabeza y se agarraba desesperadamente . a pesar de todo. Bruce dejó de cavar para mirar a Fred. Se nacía así. La menor sospecha en este sentido estaría por debajo de mi dignidad. cuidando de los asuntos de la gente obrera. Demostrarle que aunque se pasaba el día en el despacho. Bajaba Fred por el sendero que conducía a la puerta. ¡esparza en tomo suyo la justa fragancia! Y ella se lo agradecerá. y después. que la mujer tuviera sus diversiones. Fred había llegado a la puerta de entrada unos segundos antes que Bruce y había seguido hacia la casa sin volver la cabeza. En esto había de someterse al varón. en su imaginación. La línea de su espalda le decía a Bruce todo lo que quería saber. El francés hubiera sido un problema distinto. Fred salía de casa a las ocho. Se acordó de Smedley. Bueno. contemplaba a su marido que salía y a Bruce que trabajaba en el jardín.” Bueno. El encanto personal era algo como la garganta de un cantante. Para eso está la imaginación masculina. no podrás volverte. Las dos negras cantaban en la cocina.

la carne de Aline. Este hecho natural. Se decía a sí misma que aquel hombre sería capaz de cegarse —momentáneamente—. ¿Verdad?” Aline observaba a Bruce.” Momento luminoso en que la mujer era mujer. Bruce en el jardín. pero otra mujer. “El mundo está lleno de restricciones. pero se han separado de la vida. extendidas por el suelo. pero. hay que distraerse con algo en los ratos de aburrimiento. Y en Aline una emoción de vida avasalladora en estos días de primavera. ¡Qué cosa tan estúpida los libros! “Pero. sistemas de moral? “Pero. Y nada de pensar en el hombre que cavaba la tierra o en el otro que iba ahora de camino para la oficina. sorbían la humedad necesaria para la vida. ser otra Rosa Frank. mira qué música. Esta especie de odio viene más tarde. Bruce iba de un lado para otro atareado en arrancar las plantas endebles. En torno todo es vida. por algún tiempo al menos. Lo cubrimos de barro para que no les guste a los demás. querida. otra Esther Walker. Todo eso de no tener que luchar está muy bien cuando se está segura de una misma. Pensar. de volver a la Naturaleza de que había salido y ser hombre frente a una mujer. No importaba en su caso. Surgía una planta y asfixiaba a la que crecía por debajo. ¿Por qué los criticas? ¿Qué más pueden hacer? A las mujeres nos pasa lo mismo en nuestras relaciones con los hombres. ¡Qué crueldad nativa en las mujeres! En la cocina. Una cosa que los hombres no quieren aceptar. Vendría para ella en caso de que nada ocurriera ahora. el poeta era poeta. Bastaba con mirar los árboles y las plantas cómo crecían. Seguro en su recinto. fuera de las murallas.” Muy pocas mujeres logran ser amadas. sentirse parte suya. de la hierba. qué cuadros pintan. ¿Podría una mujer ser una mujer? Y. Y de aquello que nos está vedado nos reímos. Sus raíces. La jardinería no era cosa tan difícil. de romper por todo. No se había comprometido en nada. atendían al trabajo. de las flores. Y Aline no estaba dispuesta todavía a sentirse masculina. Claro está. exigentes. Pero la pregunta misma era más bien preocupación de hombre. pero éste no se atrevía aún a levantar la mirada. Fred había querido construir para sí y en torno suyo una muralla firme y resistente que le aislara. Sentada a la ventana o en un banco del jardín. Aline se sentía muy tranquila. reforzándolas. imaginariamente. Sin sentido común sería imposible vivir en sociedad. claro. las dos negras cantaban. Era la mujer que aguardaba aquel su único momento de intensidad. con un libro en la mano. Son —los hombres— toscos. Aline permanecía tranquila. el misterio. La tensión aumentaba en la casa de la colina. las plantas nuevas. Sus manos tocaban los árboles nuevos. La civilización no es nada más que un proceso de averiguación en el que descubrimos qué es lo que nos está vedado. Quería sentirse a salvo. imperfectos. Cosa de que Fred era incapaz. Orgullosos. en caso de que dejara escapar el momento presente. La carne de la mujer es la carne de los árboles. Aline sintió cierta emoción. ¿A qué? A sí mismo. Paseaba por el jardín o se sentaba a la ventana. Había intentado. querida? Sí. acechaban. ¿Era de extrañar que los hombres se hubieran pasado la vida construyendo murallas. erigiendo sistemas de filosofía. Lo que no se atreven a aceptar es el hecho. El árbol grande cubría con su sombra al más pequeño y le privaba de la luz del sol. Una vez. Nos burlamos —y Dios lo sabe—. Sonreía. Los demás. ¿verdad. La carne de Aline se . si no. dejaría de serlo. seguros de sí mismos y de sus pequeños sistemas. y lo mejor es aparentar que las aceptamos. le tomó la delantera. la vida en sí. Infantiles. Rosa Frank. La carne es la carne. Un árbol era un árbol. la hierba es la hierba. La mujer le agrada. llamado la Naturaleza. cruel y simple. Una mano de mujer oprime la suya. No son muchos —hombres o mujeres— los que creen en el amor hoy día. Esto era cierto. si es posible. Mira qué libros escriben. ¿Y después? Después Aline aguardaría hasta ver los resultados.a una tabla de salvación. Lo degradamos. ¿no comprendes?. una noche en París. En cuanto lo hiciera sería el momento de prueba. dentro de las murallas no hay necesidad de luchar. Un hombre a salvo dentro de las murallas. querida. matando. un árbol es un árbol. Se aprendía pronto. lo queremos con todas nuestras fuerzas. ¿cuánto tiempo puede estarlo una mujer? Por lo que más quieras: ten sentido común. miraba a Bruce escrutadoramente.

astuto. Su Grey. en Indiana. El día era fragante. que la posición en el pueblo de la familia Grey era todavía de mayor importancia. Grey el banquero. Eso no importaba. No era conveniente presentar la candidatura de un banquero en un año dudoso. lo que. pero más prudente —amigo del gobernador. sobre todo. Era indudable que ella no se hubiera atrevido a tanto de no haber estado decidida a todo en el momento oportuno. Fred era el mejor de los tres. candidato sugerido para un puesto en el Senado. Aline había dejado de pensar. Todas estas cosas eran importantísimas para él. Había ocurrido aquello entre los dos. que se pasó la vida ahorrando dinero. Señor Dios! ¡Ay. semanas. Aline no lo sabía. Ella fué más audaz de lo que se había propuesto en un principio. Una tarde. XXIX Aline yacía en la cama. tan orgulloso. Pasaron días. Lo que quiso fué sencillamente ejercer su encanto sobre un hombre. ¿Se atrevería ella a tanto? Sería demasiado arriesgado. Media hora antes había bajado por la escalera y Aline oyó. pero tenía miedo de confesárselo. Y era la verdad. se sentaba en un banco. Y lo hubiera logrado a no haber sido banquero. y Aline se daba cuenta ahora de que también tenía cierta importancia secundaria para ella. Adonde. sus pasos en el sendero de grava. caluroso. cantaba por dentro. ¿Dejaría ella que Fred lo creyera hijo suyo? ¿Por qué no? Fred se pondría tan contento. Un cuarto Grey que no tenía nada de Grey. ¿no? XXVIII Aline se paseaba por el jardín observando a Bruce. Libros. ¡Qué sorpresa para los dos hombres si supieran qué astuta y audaz era aquella Aline —tan inocente y calladita!—. a principios de junio. En cuanto a Bruce —bueno—. le había elegido inconscientemente. Durante los días anteriores. Luego. Pero Bruce no se daba cuenta. Si Bruce era discreto. Las dos negras de la casa andaban al acecho. Y resonaba en el aire la risa negra. Algo tendría que suceder después de una conmoción tan honda. Hay momentos en que la audacia es el atributo más importante de la vida. aficionado a las carreras de caballos. verdadero demócrata. Es una forma de evasión. representaba una gran antigüedad. el chalán. honradez en la calidad. Paseaba por el jardín. Estos dos Grey y ahora Fred —ni tan audaz ni tan astuto—. con el libro en la mano. llanote. Ya llevaban tres generaciones. Iba a tener un hijo. Indiana. que su hoja de servicios en el Ejército era de una gran importancia. el astuto Grey. Aguardaba. Quería poner a prueba la audacia del amante. y esto. Sin duda. ¡Mírame! Soy el centro de la vida —el creador—. esculturas. un poco basto. poemas.encendía. Y soltaba la risa. ¿Por qué negarle entonces lo que más quería en la vida. Era muy . Fred Grey lo sabía. y Bruce se había marchado dé la casa. Había ocurrido lo que había ocurrido. ¿Y ahora? Su marido creía que la fábrica era de una gran importancia. Primero. al menos. más tarde. La risa chillona de las negras. Tal vez le llamara Dudley Grey o Bruce Grey. Los hombres escriben. De una cosa estaba segura. pinturas. ¿Sería un hombre capaz de tal discreción? Aline sonreía. pintan. A veces se miraban y soltaban la risa. —¡Ay. Las negras saben guardar silencio cuando se trata de asuntos de los blancos. Lo que le interesaba. Fred la había irritado frecuentemente con sus chiquillerías. Cuando yo muera. Las negras quizá lo supieran. y una brisa suave entraba por la ventana. gran mascador de tabaco. Señor Dios! —exclamaba una. esculpen. Al comienzo de su vida matrimonial. en Norteamérica. y el pensamiento era como una mano fría que acariciara su carne febril. contribuyente a los fondos de propaganda del partido republicano. desaparecería. Nunca lo sabrían. era la calidad. nada existirá. un niño tal vez. se figuraba querer? Los Grey de Old Harbor.

Fred estaba entusiasmado con el acontecimiento. en la colina. el príncipe de Gales. los grandes generales y el mismo Tigre de Francia. con un libro en la mano: La ascensión de Silos Lapham. Hay ciertas cosas comunes a todos los hombres —el nacimiento y la muerte. Solamente los vivos.. Llegó de la fábrica al mediodía para ponerse el uniforme. Aline tembló un poco. La banda militar estaba tocando abajo. Los hombres desfilaban. el hombre más rico del pueblo. Nadie se había enterado. Bueno. siguiendo el ejemplo de París. y los hombros muy anchos. ¿Venía ahora a visitar a Aline o iba. En Londres. Vamos. Esta bajaba por la calle para visitar a una amiga. las hermanas Dolly. ningún plan. mi niña!” “¡Huy. al Estado de Michigan. Vestido de uniforme. le fué imposible protestar. de hacer una cosa así. en el pueblo. Quiso decir: “Anda. a casa de una amiga? Si entraba en la casa de Grey. bronceada. y con sólo volver la cabeza en la almohada. Dentro de una o dos semanas se marcharía al Norte.. por ejemplo—. el monumento erigido iba a dar grima a los artistas. ¡Qué tontería. de Howells. y Aline permaneció dos o tres horas arriba. Contoneo de las morenas ante sus morenos. en el dormitorio de la casa de Grey. pensó Aline. venían a pronunciar discursos. cuando todo el mundo había bajado al pueblo! La señora Willmott se ponía mala con el calor todos los años. Uno era parte de algo más grande que el individuo. Fred.aburrido sentarse a esperar y esperar en un jardín de la colina. Quiso que Aline estuviera presente. Aunque muchos de los hombres que formaban en las filas —soldados rasos también— eran obreros de su fábrica. de Nueva York y de millares de ciudades. Con el jardinero. había erigido un monumento a los soldados muertos en la guerra. Se habían puesto sus vestidos de fiesta. Señor!” “¡Huy. novia. otros hombres de menos prestigio que él estarían en el desfile luciendo los galones.. ¡De manera que también ella se había quedado en casa. tan activo. hay que tener mucho cuidado con el calor. No era lo mismo que subir la cuesta con el jardinero detrás. en el pueblo. Aline podía distinguir. Había corrido grandes peligros. Se sentó en su cuarto. es decir. Luego. .” Aline no tenía formado. ven a verlo”. Se divertía a costa de la señora de Willmott. La banda tocaba abajo. por encima de la tapia que rodeaba el jardín. pero no lo hizo. marchaba en formación con los soldados rasos. y desde la casa y el jardín se oía distintamente la música callejera. En Old Harbor. Fred se marchó. El jardinero Bruce no andaba por allí. Aquella mañana Fred se puso su uniforme militar. ya en el pueblo. Para servirla. mi ama. Sí. el rey. no haberse hecho oficial cuando estaba en el Ejército! Pero. en fin. ¡Si la señora de Willmott lo supiera! Pero no sabía nada. Sentía una satisfacción como la del hombre que escapa con vida de una batalla. Las dos negras iban al desfile también. Bajó por el sendero para subir al coche. pero. ya no tenía arreglo. Aline fingiría estar dormida. Este fué el comienzo del día. de modo que no se cansara al subir la cuesta. Los muertos no podían desfilar. niño?” “Sí. el Tigre ya no tendría que pelearse con el presidente Wilson. los sobrevivientes. ¿verdad? El y Lloyd George podían descansar ahora. contoneándose un poquito. ¡Si la señora de Willmott supiera lo ocurrido en la casa aquella tarde! ¡Qué alegrón para ella! Alegrón parecido al de muchos miles de personas al leer los escándalos en la primera página del periódico. el alcalde. Todo el mundo iba al desfile. Sus pensamientos tenían algo de ruin. parte de una nación. batallón de Zapadores. entre los hombres que marchaban y con la música de la banda. Bajarían ahora por la calle. el gobernador del Estado. A pesar de que Francia era el centro de la civilización occidental. el presidente de la República. la otra tenía la piel morena. con un criado. como ella había declarado que se quedaría en casa. ejército norteamericano. no. Fred tenía un aire tan importante. Nadie podría asumir igualdad por haber estado en la misma compañía durante una batalla. la parte superior de cualquier persona que pasara por la calle. “j Ay. y más tarde su marido tendría que ir a buscarla en el automóvil. La señora Willmott salió de su casa. Aquí todo era impersonal. de su grandeza y poderío. Aline. por haber marchado en formación en un desfile conmemorativo de una batalla. en su dormitorio. de no engordar tanto en los carrillos. los miembros del Ayuntamiento. calle abajo. Señor!” “¿También estuvo en la guerra. Fred parecía absurdamente joven. Ahora. Guerra del Gobierno. en un pueblecillo de Indiana. Desde su cama. Los ciudadanos de prestigio pasaban en automóviles. arriba. La más joven era una mujer alta y muy negra. No se asume igualdad porque todos nacemos de mujeres o porque todos morimos cuando llega el tiempo. los diputados. En París. Ya no había guerra. de Londres. no. El pueblo de Old Harbor. había que tener cuidado de no echar barriga. señora. Las páginas le bailaban delante. se contonearían todavía más. marchaban en las filas.

De sí misma tal vez. Echada en la cama con el libro en la mano. Ahora estaba avergonzada de sí misma. No había dicho nada. querida. naturalmente. Dos veces extendió la mano hacia el tirador. se había creído muy superior a su marido Fred. rameras? ¡Qué tontería! Dejó el libro que tenía en la mano y tomó otro. Al alzar la mirada. “Y no diré poco importa porque. ¿Qué es lo que quieren? “Pero. Bruce no era de los que entraban en la guerra. no insistiría.” Pensamientos. daría la vuelta y se marcharía. XXX Aline yacía en la cama. Desde allí podía ver el cielo y las copas de los árboles. a Bruce. La idea le producía vértigo. Entonces. y Bruce regaba en la de abajo. y ahora estaba en el jardín regando con la manga. también. Pero entretanto. o. Ahora. al contrario. Aline se alegró. no era probable. llenan los ratos perdidos. al cerrarse ésta. cruzó el umbral y se quedó un momento como buscando el tirador de la puerta para cerrarla. Extraña farsa. Detrás sonaban los pasos de Bruce en el sendero de grava. Ocurriría lo que tenía que ocurrir. en el fondo. El día que Fred subía la cuesta perseguido por esos mismos pasos. Sus ojos. en su dormitorio de la casa de Grey. No había remedio. que había estado sin tocar un rato. como los de un gato soñoliento. y ella tenía un miedo horrible. vivían solitarios. sabían que aquella tarde. y hasta que sepamos si es la flor la que lucha por mantener y perfeccionar la vida con que la Naturaleza la ha dotado. no. él. o si es la Naturaleza que hace un esfuerzo por mantener y mejorar el grado de existencia que la flor ha asumido. notó que Bruce la miraba fijamente. Se levantó. Y estos hombres. Llegó a la casa. ¿Se reía de ella? Aline.¡Ahora! ¡Ahora! Un murmullo dentro de Aline. tan astuta. en el momento de la prueba. Llegaría a la puerta y. Se había puesto aquel día un nuevo uniforme azul. ¡No te canses! ¡No te canses! “¡Que se hunden! ¡Que se hunden!” ¿Y si se cansa uno? Aline se sentó en un banco de la terraza superior. arriba.? Le temblaban las manos. Ella no le vería más. el uniforme azul de los trabajadores. No. esperaban algo. conocer la respuesta era de una importancia suprema para nosotros. Con piernas temblonas se dirigió hacia la casa.” ¿Qué quería decir el autor del libro? ¿De qué estaba escribiendo? Hombres que escriben libros. Tal vez Bruce estuviera en el pueblo. ¿qué sabía de él? Tomó otro libro y lo abrió al azar. a menos que los obligaran. él no parecía asustado. Los pasos eran seguros y firmes. En cuanto a Bruce. No había que . Era quien era: un hombre que vagaba en busca de algo. y al otro. ¿Qué sabía ella de él? ¿Y si le desafiara en ese momento? Pero ¿cómo se hace tal cosa? ¡Qué absurdo fingir que leía! La banda. ¿Cuánto hacía que se marchó Fred? ¿Cuánto hacía que se marcharon las negras? ¿Sabían las dos negras. Lo ves y no lo ves. Se puso un poco blanca. Y la tela de tejido burdo era muy agradable al tacto. La miraba fijamente. ¿El qué? Bruce estaba trabajando en el jardín. El entró sin vacilar... empezó de nuevo. Se volvió entonces y cruzó el vestíbulo hacia la escalera que conducía a su cuarto. Parecía un muchacho haciendo su papel de trabajador. “Surge a veces de las cosas ordinarias. Ella no le miró. ¿De él? No. Un pájaro se posó en un árbol cercano. pero no pudo hallarlo. al separarse de los hombres comunes. Pero ¿se proponía realmente? ¿Para qué quería tener a Bruce a su lado? ¿Es que todas las mujeres eran. una multitud de apariencias nos invita a creer que algo igual a nuestros más elevados pensamientos surge a veces de las cosas ordinarias. al bajar por la calle —contoneándose—. mientras estaban fuera. finalmente. ¿era él quien desafiaba? No había pensado en tal posibilidad. Fred representaba el papel de soldado raso. si es el azar que gobierna al azar. Si la cerraba.” Aline se levantó y bajó al jardín con el libro en la mano. Bruce no la miró. El color azul del uniforme era muy bonito. Aline lo vió desde la ventana de su cuarto y tuvo vergüenza por Fred. Buscaban.

de un momento a otro. Recuerdos de los pasos de Bruce. *** Entró. Y luego la presencia de Bruce no le molestaría nunca más. Tendría que ver a Fred. Eso era indudable. las criadas preparaban la comida. por parte de Aline. Aline comprendió que se sentía feliz al recordarse a sí mismo en formación con los trabajadores. XXXI Una tarde. Fred estaría de vuelta. Decía Kipling: “Quiero . profunda. de negra. pared por medio con el suyo. más tarde. Son como niños que le miran a uno con sus ojos extraños. madre quizá. Y el pensamiento le agradaba. La señora de Willmott. Los pasos de Fred venían derechos bacía el cuarto. En realidad. ¿Se marcharía ahora? La idea le aterraba. El cielo era muy claro y azul. ¡Qué bien se estaba en la cama! ¿Por qué creía Aline que iba a tener un hijo? Se figuraba a su marido Fred con el niño en brazos. La campaña de propaganda nacional empezaría en unas cuantas semanas. de su masculinidad individual. A los norteamericanos les gustaba leer anuncios. como nunca lo había sentido! La tomó en sus brazos. Fred no debiera continuar en la situación en que ella le había puesto. Las negras estarían de vuelta. Kipling escribió una vez al director de una revista norteamericana. Tal vez entrase a verla. No escribía con claridad. Posiblemente volvería muy contento. Aquel escritor. Una risa chillona. inocentes. hombre común por unas cuantas horas. aunque no añadió nada más. cuando salió al jardín. Después tendrían más hijos. camino de su casa. No estuvo azorado en lo más mínimo. El director le había mandado un ejemplar al que le faltaban las páginas de anuncios. Primero niña. lo había provocado. pero ya se estaba oscureciendo. Fred subía por la colina de Old Harbor. perplejo. El reconocimiento. Si entraba. niña. un escalofrío por el cuerpo. subiría inmediatamente a su cuarto. ¡Si lograra eso. perdida de vista. Y. Esta sería su verdadera función. No quería pensar en ello. ¡Qué bien que Fred no hubiese muerto en la guerra! Volvería ahora. Las dos negras volvían de ver el desfile y la inauguración del monumento. de su valor como hombre. Pronto sería de noche. completamente. Sentirían y pensarían de acuerdo con su naturaleza. que había divertido mucho a una de las negras y se lo estaba contando a la otra. y luego mujer. Fred sintió. Otro pensamiento le asaltaba. la señora de Willmott no venía a visitarla. tener hijos de Fred. Risa que no lastima demasiado. Ella lo había querido así. que se alejaban. Algo debió de ocurrir en el pueblo durante el desfile. en la cara morena —risa—. ella quería a Fred. a principios de otoño.” Se oyó un ruido abajo. “Bueno. Y si Bruce se hubiera marchado para siempre esto le alegraría mucho más. Una mente seca que pensaba secamente. resonó por la casa. el autor del libro que había tratado de leer. mujer. Vivir con Fred. El sentido de su prestigio en el pueblo no había sufrido la menor alteración. y Fred se inclinó para besarla. Paz al cuerpo y al espíritu. Mejor pensar en Fred. Las negras no importaban. Si Fred se presentaba ahora.” Le preguntó si no iba a vestirse para la hora de la comida y luego habló del desfile. Las mujeres tenían más de una manera de querer. Aline permanecía inmóvil. Acababa de firmar el contrato con la Agencia de anuncios. El mundo cambia. Todo había salido muy bien. suaves. Primero. pero de esto no sabía nada todavía. qué cariñoso era! No se había equivocado en su elección. y a la invitación de los ojos de Aline se sentó en el borde de la cama. “Una multitud de apariencias nos invita a creer que algo igual a nuestros más elevados pensamientos surge a veces de las cosas ordinarias. No más pensamientos. abriendo la puerta tímidamente. ella se alegraría. ¡Qué fuerte. No hay manera de saber lo que una negra piensa o siente. Evidentemente. No importaba. Ojos blancos. La vida no sería tan mala. la estrujó contra su pecho. intranquilo. Abajo. Abrasaban los labios de ella.pensar en lo ocurrido. Aline le invitaba con sus ojos. Tal vez Aline se había quedado dormida. y de pronto oyó los pasos de Fred en la escalera. ¿Qué era aquello? ¡Qué día tan hermoso había sido! ¡Aline se le rendía! Siempre lo había querido Fred. dientes blancos.

Estaba ya a la puerta. No tenía prisa alguna. Como la noche era hermosa. Había hecho más que nadie por engrandecer el pueblo. ¿No era eso precisamente la prueba de un buen norteamericano? Fred dejó al agente a la puerta de su hotel. atracaban en los muelles de la Compañía Grey. Fred siguió su camino. Se hacían los dibujos. De aquí en adelante. y. habían venido cuatro individuos de la Agencia. “Las ruedas Grey son invencibles”. Old Harbor. hasta cuarenta o cincuenta mil dólares al año. ¿Que vienen unos años malos y se pierden doscientos o trescientos mil dólares? Bueno. en los pueblecitos de Nueva Inglaterra. preocuparse demasiado de la propia importancia. no hay nada que pueda pararlo. Tuvo un éxito enorme con la gente del pueblo. Era gente muy lista. Alguien le dijo: “Como usted quiera presentarse candidato para la Alcaldía. sentía dentro de sí la presencia del río. cuando faltaba aliento. veinte. después del ataque —terminada ya la horrible faena—. que no habían estado nunca en un . Las once. Lo que pasa es que la gente menuda tenía que quitarse de en medio. En realidad. soldado raso. algo que entrase por los ojos. hombres de peso. y. Fred se sentaba en su despacho y los repasaba. o para el Congreso o aun. para el Senado de los Estados Unidos. somos nosotros. ¿y qué? Se agarraba uno con todas sus fuerzas. No. escribiendo frases para anuncios. Este país era demasiado grande. Es la parte más interesante de la revista. Hace falta una cabeza serena para saber lo que hay que hacer. Noches en el Ejército —Fred. gracias a Ford y a otros varios. esperó a que llegasen los otros. Noches intensas en espera de la muerte. Fred. allá en París. en Iowa. le dijo el jefe a Fred echándose a reír. arrojando vapor. menudo país es este. Indiana. Enfrente. ¡Qué ovaciones! Lástima que Aline no estuviera presente. Fred miraba con gran satisfacción. entre dos faroles. no había más remedio que admitirlo. Estrechó manos con los tres. Pasó a mi espacio más oscuro. Fred sacó su reloj de bolsillo. detrás de Fred y de su jefe. la gente leería los anuncios de las ruedas Grey. cuando se comete la estupidez de alistarse como Roldado raso! Pero aquel día de primavera en que marchó por las calles de Old Harbor vestido de uniforme. aun. demasiado rico. Pero a veces contrataban a pintores famosos.” En Francia —por los caminos oscuros—. y a su lado marchaba un agente de Chicago. Nubes de humo gris escapaban de las chimeneas. en Nueva York. Devolverle aquella vida que tenía en tiempo de su abuelo. Había fortunas en este país absolutamente a salvo de cualquier eventualidad. aunque ya no podía verlo. Muchos de ellos ganaban quince. colina arriba. Y a los recién casados les gusta la noche. vaya si lo conseguían. El asunto les interesaba mucho. Había que encontrar el epíteto justo. bien pudiera él hacerlo también. Había que cuidarse físicamente. sin embargo. los que tenemos que darles las ideas. por convertirlo en una ciudad. Compañía de Ruedas”. Akron. Y la mar de idiotas. Había que ser uno de los peces gordos y ejercer su poderío en un cierto campo. allá abajo.. y cuándo hay que hacerlo y cuándo no hay que hacerlo. decidió ir a pie. La tarde que no sentía ganas de pasear. Muchas de las cosas dichas por el hombre de Chicago formaban ya parte de los pensamientos de Fred. (La Compañía de Anuncios había mandado uno de sus jefes de oficina. No que no. “Naturalmente. alumbrada por un farol. despacio. “Águilas de la carretera”. Estos marchaban juntos. Los hombres gritaban. para que un estado de depresión pudiera durar mucho tiempo. Otras noches. y un mecánico venía a buscarle. pero ya la encontrarían. El agente de Chicago había dicho bien: todo automóvil tenía cuatro ruedas. que obligase a la gente a pensar en las ruedas Grey. Fred guardaba ahora su automóvil en un “garage” del pueblo. Los que hacían los dibujos eran estudiantes de pintura. pero los otros tres eran escritores. y a Detroit. gente como Tom Burnside. Había que recordar lo que pasó a. Se veía la fábrica y el río Ohío. telefoneaba. Y su cerebro determinaba cuál servía y cuál no. Los remolcadores. Cuando los industriales norteamericanos se proponían algo. pararse un momento y contemplar el pueblo. se veía el cielo.. calle arriba. rodaban sobre el valle. ¡Qué hermosa estaba la noche! Al llegar a una esquina. tranquilo. se escribían los anuncios.) Al pasar por las calles comerciales. de insignificancia. y todavía se proponía hacer mucho más. “Sansones de la carretera”. muchachos jóvenes. de la razón social “Grey. Se volvió para mirar hacia atrás. y a esperar hasta que llegara la buena. En California. Fred se sentía feliz como un recién casado. Ford no hizo más que esperar la ocasión y agarrarla así que llegó. Cuando se es director de una gran Empresa.” Dentro de pocas semanas el nombre de la fábrica de Grey aparecería en todas las revistas de gran circulación. salpicado de estrellas. y la noche era hermosa. de aquel hermoso río a cuyas orillas había vivido siempre. Cuando se monta un gran negocio. no debe uno darse tono. Hasta ahora había sido Fred Grey. Los agentes de Chicago no habían encontrado todavía la frase insustituible. Subir así. Lo único que Fred tenía que hacer era aprobar el trabajo de los agentes. ¡Qué sentimiento de pequeñez. Subía por las calles comerciales de Old Harbor. en cuanto empezaron a fabricar neumáticos allí. Lo que Ford había hecho. de color negro azul. sería una figura nacional.ver los anuncios. a comprar las ruedas Grey.” Los escritores tienen todos algo de chiflados. marchaba por un camino de Francia—. hombres alineados para un ataque. El pueblo de Old Harbor hubiera perdido mucho si le hubieran matado en la guerra.

La casa de la colina hacia la cual se dirigía. “Estos son mis brazos. sin pronunciar una palabra en voz alta! El judío. aguardando la muerte. Todavía quedaban irnos cuantos solares en aquella parte. Mi cuerpo está entero. Miró hacia el pueblo. locos por entrar. sentado con otro hombre a quien nunca había visto. se despertaba. solamente había una familia de judíos en Old Harbor.” ¡Qué rico estaba el suelo! ¡Qué bien sentirlo en las posaderas! Fred recordaba una noche de estrellas. “Me gustaría alcanzarlas con la mano y comerme un puñado. Una pena que no lo consiguieran. Fred. Era como si quisiera rasgar el cielo y arrancar las estrellas para comérselas o para tirarlas al suelo con desprecio.” “Bueno. Los muertos no importaban. A lo mejor no eran cazadores de dólares. XXXII Fred se veía ya padre de sus niños. o a cualquier otro hombre. ¡Ay. Le siguieron por la calle gritando: “¡Mata-Cristo! ¡Mata-Cristo!” ¡Qué raro se sentía uno después de un combate! Fred. con los nervios de punta. allá en Francia. y ya era otra cosa distinta. y a pesar del cansancio y de los nervios. Aline despertaba de la siesta. Después de un combate. y los chicos estudiaban en la escuela pública. digamos— Kentucky Bourbon. Se imaginaba el jardín lleno de risas infantiles. Mata-Cristo”. sentado al borde del camino. Las noches después de un combate. No estaba bien tener solamente un hijo. Aquella tarde. mis manos. al borde de un camino de Francia. Fred se juntó con una partida de chicuelos que estaban pegando a uno de los chicos judíos. sin poder descansar. sentado junto a Fred. ¿todavía por aquí?” No se pensaba más que en uno mismo. mis piernas. una pasión intensa cruzó por su cara. Tenían una tiendecita cerca del río. y pensar pensamientos que abrasaban y mordían como balas. En Francia. mis ojos. después de un combate. pronunciaba para sí las palabras insultantes: “Mata. Y columpios colgados de las ramas bajas. allá en Francia. donde jugaran los niños. Los hombres nunca llegaban a conocerlas. Se paró un buen rato junto a la valla de un solar. era judío. Desde la terminación de la guerra todo le había salido bien. ¡Qué divertido lastimar. Un hombre alto. de pelo rizado y nariz grande. ¡Qué cambiada estaba Aline desde lo del niño! Realmente era otra mujer desde la tarde aquella de verano que Fred marchó en el desfile. y después del primero quizá vinieran otros. quién tuviera ahora unas botellas de buen whisky! ¡Unos cuartillos de —bueno. los hombres se miraban a la cara. Una noche como esta. lentamente. piensa que piensa. Figurillas vestidas de blanco que corrían entre los macizos de flores. Conozco yo algunos tíos en mi pueblo que lo beben desde mozos y tienen casi cien años. Se conoce casi siempre. Había que darle toda clase de facilidades en su educación. porque lastimarían al individuo extraño que estaba a su vera. en una cama de hospital. del añejo! No hay nada mejor ¿eh? Se lo echa uno al coleto y no hace daño. Aunque los planes de propaganda no resultaran como él quería. a un hombre como aquel. alegría intensa. “Se cargaron a mi compadre. al decirlo. Aline iba a tener un hijo. ¿eh?. el desconocido. ¡Qué despertar tan maravilloso! Las mujeres eran muy extrañas. El —d ella— necesitaría un compañero de juego. Subía la cuesta y pensaba. a ver qué les parecía a los muy idiotas. y luego se acostaba un rato a echar una siesta. hombre. Había que aventurarse. al borde de un camino de Francia. Mandaría construir un pabelloncito en un extremo del jardín. Ahora tendré que buscarme otro. hechos pedazos. ¡Estoy vivo! ¡Estoy vivo! Otros están muertos. en que subía por las calles de Old Harbor. No se puede saber si el hijo tendrá talento o no. después de un combate en que tanta gente había muerto. cuando llegara a la casa. ¡Qué raro. Una mujer era una cosa por la mañana. Extendió el brazo hacia el cielo de color negro azul. El otro. Me gustaría tener una mujer ahora. Anduvo una o dos manzanas y se paró junto a un árbol. Tenía los dedos agarrotados. Una vez. calle arriba. sin duda. algo . cuando volvió a casa. Echados en el suelo. No las decía en voz alta. un judío luchando por la patria! Supongo que le obligaron a ello. Ya no tenía que componer mentalmente las frases que diría a su mujer. Pero yo estoy vivo. Noches intensas. ¡Qué ricas!” Y. en su imaginación. Cuando Fred era niño. No tengo patria. ¿Cómo conoció Fred que el otro era judío? No hubiera podido decirlo.combate. le miró con una sonrisa lastimosa. salpicado de estrellas.” ¿No decía la Biblia que el judío era el hombre sin patria? La gran ocasión. hombre de aspecto delicado y sensitivo. ¿Qué hubiera pasado si se le ocurre protestar? “Pero soy judío. Casi todos los vecinos estaban ya acostados. Lo que importaba era estar vivo.Cristo. tampoco se expondría a la ruina.

Por eso el matrimonio era una cosa tan incierta. él estaba desorientado. vagabundos. después de una larga espera. pero todo el mundo se había portado como si Fred fuese un general que revistara las tropas. Verás cómo funciona. el día que Fred tomó parte en el desfile. todos ellos eran realmente trabajadores. Mucho mejor. precipitadamente. . o bien se despertaba más mala de lo que era. Tuvieron que preparar la comida por segunda vez. al hombre que había desaparecido. en Old Harbor. Los minutos pasaban con lentitud abrumadora. y ella le miraba. Pero ahora. Hacía falta que ciertos hombres no se apartaran un momento del timón. Los individuos que escribían anuncios. aquella tarde en el cuarto del hotel. ¿qué importaba? Si Aline hubiera estado en el desfile y hubiera visto a Fred. Aquella noche. a pasear en la oscuridad. Iría dando bandazos. Desde un principio lo había sido. Un barco no anda sin piloto que lo guíe. de dar un paseo en automóvil. ¿Qué más podían hacer? Por la noche. A veces ella se acercaba y le ponía los brazos al cuello. “Nos hacen tres pedidos de Detroit. pero esto fué después de haber notado el cambio de ella. ¿se podía tener confianza en ellos? Claro que no. Es tan grande como una casa. encontrar a la verdadera esposa. cuando volvía de la fábrica. y por último se hundiría. después de cenar. Desesperado. eso era lo que le hacía pensar en aquel individuo. pisándole los talones. realmente. él y Aline no bajaron a comer hasta cerca de las ocho. Era tan cariñosa. a la deriva. Siempre se refería al hombre que había sido obrero en su fábrica y luego jardinero en la casa. indisciplinables. Esperaba sentirse fuera de lugar. los horrores de la guerra. Entonces. Esa gente era así. recién casados. en el momento en que él pasaba. Pero me gustaría saber qué ocurriría si no hubiera también otra clase de hombres. Palabras. trabajaba ahora en el jardín. La sociedad era así. Estaba pendiente de él. Relámpagos de felicidad. tan arriesgada. Un negro. el hombre que trabajaba al aire libre. Su parte en el desfile tuvo gran éxito. ¡Qué ternura! Era como si él hubiera estado enfermo o herido o algo así. de soldado raso. Más tarde. Bueno. Era curioso el sentimiento aquel de ira. ¡Qué hermoso era estar vivo y tener una mujer así! Ella escuchaba. en París. se ponía a leer el periódico.” Muchas veces ahora. su cambio de actitud hubiera sido más fácil de comprender. Fred subía la cuesta y pensaba. Y más tarde —dos meses más tarde— cuando le dijo que iba a tener un niño. No podía menos de recordar la noche aquella que subía por la calle con Bruce detrás. seguidos de relámpagos de ira. más dulce. y ella salía al jardín. de un tipo especial. Tenemos una nueva prensa en el taller. ¿Por qué volvía a presentársele en su imaginación? Había desaparecido precisamente en el momento en que se efectuaba el cambio de Aline. Naturalmente. sonreía. recién terminada la guerra. pero. sin cobrar el jornal. gente inútil. Y vamos a ver. nada le había sucedido. Se sintió temporalmente acobardado. él la miraba. traía muestras de anuncios para enseñárselas. Fred Grey. ¿De qué iban a hablar? No tenían nada de particular que contarse. en formación con los trabajadores y con dependientes de comercio. por las tardes. Si eran demasiado verdes los cambiaba un poco. y alguien salió del cuarto y los dejó solos. Fred le contó todo lo ocurrido con muchos detalles.infinitamente superior. Era como si él. hombre de edad. le contaba cosas insignificantes que habían ocurrido durante el día. de los labios de Fred. más cariñosa. Cuando él y Aline. Se había marchado sin hacer advertencia alguna. que escribían para los periódicos. El subir la cuesta. que trabajaba físicamente. Las ovaciones empezaron. Fred recordaba con satisfacción las palabras del agente de Chicago. un poco azarado. ¡Pero ahora! Ahora Fred podía volver a casa y hablar de todo con Aline. Se había conquistado la simpatía de todo el pueblo. cuando él estaba haciendo la maleta para volver a Norteamérica. como una madre. de golpe. en aquella otra noche. hubiera conseguido. Nunca tenía ella ganas de hacer una visita. El hombre más rico del pueblo. a pie. ¿Qué iban a decirse? No había nada que hablar. un río de palabras. ¿Tienes lápiz? Te haré un dibujo. Y luego volvió a casa y se encontró con una Aline que él no había visto desde la fecha de su casamiento. mientras subía la cuesta. tenía mejores pulmones que el que trabajaba en una oficina. no parecía cansarse de sus palabras. Las palabras de aquella mujer habían resucitado. cuando llegaba el momento. ¡Qué cariñosa era! Volvía a ser la misma mujer de París aquella noche que él le pidió palabra de casamiento. Y Fred era uno de esos hombres. Había algo en el aire mismo de la casa. pensaba exclusivamente en las cosas que había de contarle. Todo estaba mejor ahora en la casa de Grey. era ternura. Hasta repetía los chascarrillos que le contaban los viajantes de comercio —si no eran demasiado verdes—. Les faltaba cabeza. Le contaba sus planes de propaganda. Casi todas las noches se quedaba dormido en la butaca.

en la fábrica. de una vez para siempre! ¡Guerra a la guerra! Y. En momentos así la gente habla en voz baja. Decidimos olvidarle. En estos momentos. Fred se detuvo un momento. ¿adonde iríamos a parar? Mejor era dejarse de tales pensamientos. paz. La realidad parece desvanecerse. No podía uno dejarse llevar por tales pensamientos. Ya sabéis lo que quiero decir. y nace entonces una especie de conexión mística con otro mundo distinto del externo en que nos movemos. Y de pronto una emoción de suspenso. se preguntó Fred. nunca más se dejó ver. confianza en las posibilidades de la vida. o el hombre con él? ¿Era un desafío que no había sido aceptado todavía? ¡Diablo! Si empezamos a devanar tales pensamientos. XXXIV Fred. las figuras de gente medio olvidada vuelve a nuestra memoria. o haciendo una visita a los talleres. Ya en lo alto de la colina. XXXIII Fred no quería pensar en Bruce. pero no olvidamos. Sería una cosa impropia. Y nada más. alzó la cabeza y echó a andar con paso de soldado. No podía uno dejarse llevar por la fantasía. frases acerca de las obligaciones del capital. Sacó el pecho afuera. y de pronto aparecen a nuestro lado. Aline y Bruce estuvieron solos toda la tarde. ¿Por qué pensaba en Bruce —Bruce que volvía— cuando sucedía algo así? ¿Qué tenía él que ver con el hombre. esperando encontrar a Fred en casa. quizá. cruzó un pequeño trecho de arena y llegó a la verja. ¿qué me pasa a mí?”. el hombre ya no estaba allí. Abajo. veía todas las mañanas al viejo obrero. sentados en un banco. en la oscuridad. Fred estaba en su despacho dictando cartas. quedar en suspenso. dedicados a nuestros asuntos. De todos modos. Marchaba sin hacer ruido. Porgue uno fuera dueño de una fábrica no había que pensar en echárselas de amo. No creo que vaya a pasarme nada. Ocurre a veces. Se meten donde nadie las llama. Fred empezaba a sentirse furioso mientras caminaba. Si a ella le pasaba lo que le había pasado a él en esas semanas que estuvo sin verla. se enteraría. Era extraño que ella no hubiera tenido interés en ver el desfile. Entraría en la casa con paso firme —ya no era el criado—. era muy trabajador. ¡Qué noche! Gozo. había contestado. . Reclinó el cuerpo contra el tronco de un árbol. Trató de pensar en sus planes de propaganda. se meten en nuestros pensamientos y no hay quien las eche. No quiero creer que va a pasarme algo. y las dos criadas habían bajado al pueblo. ¿Era suya Aline o pertenecía a Fred? Hablaría con Aline. Bruce se había marchado. Esperanzas y temores se revolvían en su interior. ¿adonde íbamos a parar? Terminaría uno por dudar de la legitimidad de su propio hijo. Siempre que lo hacía se ponía muy nervioso. Tenía una meta que alcanzar. Aline sin duda estaría dormida. Todo le iba saliendo bien. era un hombre poderoso en el pueblo. Una vez estuvo muy insolente con su padre. Estamos tan seguros. “Pero. y luego vendría otro y otro. sigue sus ocupaciones en silencio. Como había subido la cuesta muy despacio. cuando Fred volvió a casa. Bruce Dudley había vuelto a las ocho de aquella noche. a Sponge Martín. alegría de vivir. pensaba. “No sé dónde estará”. Dentro del jardín. la fábrica seguía adelante con gran éxito. Pero ¡y si se atreviera a reconocer la verdad! ¡Si se atreviera a confesar que tenía miedo de despedir al viejo Martín. Fred no sentía fatiga alguna. todo mezclado con extraños temores. ¿Por qué le tenía Fred en la fábrica? Bueno. Se había desesperado. ya cerca de la casa. pero esto parecía desagradarle a ella y no quería hablar del asunto. por último. Queremos olvidar y no podemos. algo como las noches que precedían al combate. El día que Fred estaba en el desfile. Fred dió un salto. Fred trató de repetirse a sí mismo ciertas frases favoritas que siempre andaba diciendo cuando hablaba con otros hombres dg negocios. ¡Si Fred pudiera borrarlo todo. que tenía miedo de investigar demasiado en la desaparición repentina de Bruce! Lo que Fred hacía era tratar de sofocar toda duda. Pero Aline había conocido a Fred con motivo de su actuación en el Ejército. A veces encontramos a un hombre que cruza nuestro camino y desaparece. Por un momento se mirarían en los ojos. toda interrogación. Era como volver a estar en la guerra. La Naturaleza toda parece detenerse. Iba llegando a lo alto de la cuesta. Si empezaba uno así. y esto le hacía pensar en Bruce. ¿Por qué? Hay personas así. Aline iba a tener un hijo. Su mujer le quería. cuesta arriba. Fred estaba en su despacho. había desaparecido el mismo día que Fred notó el cambio de Aline. Le había hecho algunas preguntas a Aline. “Me gustaría despedir al canalla ese”. El pensamiento le volvía loco. Luego. que había tenido miedo de despedir a Bruce cuando éste era el jardinero de la casa. vería a Aline una vez más. Bruce Dudley y Aline estaban hablando. y alguien llamó a la puerta.

Fred lo sabía. Esther tuvo su oportunidad y no se atrevió. Ya lo creo que lo necesito. paganas. infinitamente contenta. traicionar a Bernice. Lo sabía todo. Los anzuelos.” Los pensamientos de Bruce pasaban también por la mente de Aline. por no lastimar a alguien? Allí estaba Aline. dijo Aline. Algo así. Un hombre se sitúa firmemente en la vida. Es de noche y mi casa es un montón de ruinas. La noche iba a ser un comienzo y un fin.. la voz del hombre. tendría que decidir. todo marcha bien. la juventud pasada. Las mujeres blancas proporcionan a las negras muchas horas de entretenimiento. Aquella noche en París. Aguardaría a que llegara a casa. Fred estaba ya a la puerta del jardín. lo dejaba. y. la vejez en puertas. echadas en un montón de serrín gozando del momento. en el mal que le había hecho. XXXV Bruce había vuelto aquella noche y había encontrado a Aline sorprendida. sangre de su sangre. Siempre lo había sabido —en el fondo de" su ser—. La noche suave. Quería saberlo. del hijo que iba a nacer dentro de pocos meses. bueno. “Sería una tontería si dijera que no necesito dinero. Permanecían callados en la oscuridad. Un pensamiento horrible le cruzó la mente. Estaban esperándole. le habló de su hijo. También Aline iba a proponerse una meta. tocaba con sus manos la ropa de Bruce. cosa de la carne. Este era el momento. se había sentido vagamente amenazado. Tendría que vivir conmigo como la mujer de Sponge vive con Sponge. En la cocina de la casa las dos negras se miraban y reían. Los hombres eran los hombres. Lo que uno quiere es que le dejen solo. “Bueno. ¿Por qué reían? Aline y Bruce volvieron a la casa. y luego se había largado. Los negros y las negras “se juntan”. en la mente de Bruce —toda la noche—. Hierbas y vides silvestres crecen en las paredes. Pensaba: “He sido otra Esther en mi vida de casada. de la tierra. las mujeres eran las mujeres —la vida era la vida—. Fred entró quedamente en el jardín y se detuvo junto a un árbol. las cosas desagradables del pasado están ya olvidadas. la luna de verano. Pensamientos unidos en el silencio de las noches. Desde el día de su casamiento. Estaban febriles. Y ahora es lo que es”. Y a veces permanecen “juntados” lo que les queda de vida. Le asaltaban ideas perturbadoras. en el . el río silencioso en la oscuridad. Aunque le era imposible ver nada en la oscuridad. lloró un poquito. ¿Pasar la vida hambriento. Los pensamientos que le asaltaban eran tan confusos que se sentía finalmente aturdido. Pasaría lo que tenía que pasar. Quedarse significaba traicionarse a sí mismo. y de pronto. No se atrevía a pensar en Fred. Ella le hizo entrar en la casa. agitados. lo hace. Hablaron muy poco. Aline y Bruce salieron al jardín. ¿Estaba Bruce de vuelta? Lo estaba. Trataron de formar algunos planes de vida interina.entonces. Conseguía un empleo. Eso era lo que Bruce había hecho con Bernice. que era sólo un capricho pasajero”..” Recordaba a Sponge y a su vieja. asustada. una casa donde me sea grato vivir. A la media hora de estar juntos. Tantos hombres y mujeres que yacían juntos toda la vida. una mujer hastiada de la vida que se procuraba una excitación momentánea. listos. ahora tendré que trabajar. gozándose mutuamente parte de la noche. Pensaba y pensaba en Aline. y a pesar de la sensación de triunfo producida por las palabras del hombre de Chicago. Aline subió a su cuarto para hacer las maletas. Las dos negras —era su noche libre— bajaban el camino riendo. “No tengo dinero. encima. En su mente. Las bajó al vestíbulo y las dejaron en el jardín. Tal vez hubiera querido ella a Bruce sólo por un momento. Bruce estuvo vagando unas cuantas semanas. bueno. Toda la noche. en el mal que estaba a punto de hacerle. pero tal vez sintiera ella como sentía él. Tendré que proponerme una meta. El mismo árbol desde el cual Aline había contemplado quedamente a Bruce la primera vez que él subió a la colina. Un hombre y una mujer sobre un montón de serrín. Que Aline se marcharía con Bruce era cosa tácitamente entendida. dos criaturas amorales. Aline reía y lloraba: “Creí que yo no te importaba nada. del cielo salpicado de estrellas. se presentaba una figura: Fred. como se conocían los dos. el futuro es de color de rosa. reía. Carne de su carne. Bruce respiró fuertemente y aceptó el hecho. Cuando una negra quiere irse a vivir con un negro. con hambre de separación. ¡Si la vida pasara siempre como un río! Estoy edificándome una casa. ¿Qué iba a pasar? No hablaron del asunto. Fred había estado aguardando a que algo horrible le pasara. pero. Todavía no había oído la voz de Aline. ¿Era eso lo que Aline estaba haciendo con su marido? ¿Lo sabía ella? ¿Se alegraría de ponerle fin como él se había alegrado? ¿Le saltaría el corazón de alegría cuando le viera llegar de nuevo? Llegó a la puerta de la casa. ¿qué le vamos a hacer? Te necesito a ti todavía más”. allá en Francia.

¡Qué pregunta más temible! ¿Qué significaba? ¿Qué era el amor? Fred era realmente modesto. y demasiado poco—. cuando esto era necesario. En un momento algo se apoderaría de su cuerpo. Y entonces Aline le dijo algo: “Voy a tener un hijo”. más audaces.” Creyó ponerse malo. ¡Haz que yo crea! Los hombres de hoy no somos los hombres de la antigüedad. Estaban aguardándole para decirle algo. la tensión en el aire del cuarto— los hombres y las mujeres reunidos allí—. manifestaban su simpatía.” Desde su casamiento con Aline. más guapo—. Fred había estado aguardando un cierto momento. lo que los otros creían. El día que marchó en el desfile. no era hijo suyo. creyendo que había conquistado a Aline. y luego. Aline. preparaban un plan. Por fin. O creemos o perecemos. Estaba furioso. La mujer —norteamericana también— había estado en un sitio. Y Fred había querido que las mujeres engañasen. casas. “He sido un infeliz. Varias semanas antes. ella era una muchacha norteamericana. más fuerte. un pobre infeliz. Se casaban con un hombre respetable como él. Aquel día que bajó al pueblo para tomar parte en el desfile —que las criadas bajaron también—. que envejecía antes de tiempo. “No puede uno fiarse de los negros. ¿Qué era eso? Evidentemente un sitio donde la sensualidad más repugnante corría desenfrenada.parquecito de la Catedral. Aline le hubiera preguntado: “¿Me quieres?” Vamos a suponer que Fred se hubiese visto obligado a preguntarle esto mismo a Aline. ella. Se sentía primero furioso. Todas aquellas semanas que él había estado tan contento. aquellas palabras. Era un hombre norteamericano. ¿Por qué? ¿No había sido bastante audaz? Lo sería en adelante. lo había atribuido al amor. Era una noche muy oscura. ¿Qué hacía ella? Tenía escondido a otro hombre —más joven. ¡Qué engaño! Sin duda. aquellos temores iban a convertirse en realidades. las palabras de la mujer —aquellas palabras—. Tan débil. Por un momento Fred enfrentó la realidad. el individuo se metería en la casa. no se dejaría ver. que volaban por el cielo. engañase. Todos aquellos temores vagos que le asaltaban desde el momento en que dejó a su mujer en Francia para volver solo a Norteamérica. ellos. Las mujeres de Europa hacían cosas así. tan orgulloso. algo horrible. Quizá no fuera demasiado tarde. Era lo que uno parecía hacer. Tenemos que creer en algo. como si no estuviera escuchando. Las mujeres le miraban también. temeroso de no hacerlo. Adivinaba quién era el hombre que estaba con ella en el jardín. ¿No había conocido Fred a su mujer en Francia? Bueno. Mientras él tomaba parte en el desfile.. Y el mismo hijo. que su mujer. un amante. a quien creía lejos para siempre. y él. en un espectáculo llamado el baile de “Quat’z Arts”. y luego. Aline se había quedado en casa. Mujeres vestidas de blanco —ángeles— volaban por el cielo.. ¡Qué gentuza! Los negros no tienen sentido moral. que tan orgulloso le hacía sentirse. Y. en la oficina —Harcourt—. durante el último año. Tenía poca confianza en sus méritos para ser amado. No era lo que uno hacía. Fred era feliz. que ganaba dinero para ella. “Estoy tratando de vivir pomo un hombre civilizado. Lo sabía todo. había dicho tranquilamente. el momento había llegado. Los criados de la casa eran negros. de la mujer que se maldecía a sí misma por vivir engañando. lo sabía. No podemos aceptar a Venus. Venían los dos de la casa de la mujer histérica. en qué compañía. abajo. gran imbécil. somos como debemos ser. Oía las dos voces distintamente. Aline era desesperante algunas veces. y ella había cambiado de conducta porque en secreto estaba con el otro. sin más ni más. mientras Fred estaba ocupado en sus negocios. La había conocido en Francia. a la admiración que Aline empezaba a tenerle a él —a su marido—. Y Fred había creído que Aline. temeroso de verlo llegar. Había tratado de arrojar fuera de sí tales pensamientos.” No sería extraño que Aline estuviera manteniendo a Bruce. las mujeres fumando cigarrillos —las palabras en boca de una mujer—. Uno hacía lo que podía. Ahora temblaba de miedo. Un recuerdo penoso le cruzó la mente. Eso era lo que contaba. ¡Qué deshonra! Un Grey de Old Harbor. Vamos a suponer que.. Recordaba la noche en casa de Rosa Frank. Bruce desaparecería. Déjanos la Virgen. Aquel día ella estaba ocupada en procurarse lo que siempre había querido —un amante—. El no había sabido despertar su amor. Fred y Aline estaban sentados en un banco del jardín. sentada allí. con el amante. ni siquiera se había marchado de Old Harbor. El hombre y la mujer se habían sentado en un banco. el día que el pueblo entero le aclamaba como el hombre más importante del pueblo. Bruce. Fred se apoyaba contra el árbol. y en qué sitio. ganando dinero para ella. La mujer significaba demasiado para él —demasiado. Mujeres blancas.. que se extenuaba trabajando. . Hablaba de algo —sin duda de sus planes para la fábrica—. temeroso de aludir al asunto. Aquel cambio en Aline. ¿Sería ira o temor? ¿Cómo sabía él que todas esas cosas horribles que se decía a sí mismo eran verdad? Bueno. lo que esto supondría para él. Aline nunca le había querido. la pérdida de Aline. que le compraba vestidos. y luego débil. Su mujer se escapaba con un trabajador —los hombres se volvían a mirarle —. los amantes... que le parecía imposible sostenerse sobre las piernas. mientras él cumplía sus deberes de ciudadano y de soldado. ¡Auxíliame. mujer! Los hombres somos como somos.

Quizá todo fuera una equivocación. Y en Fred un torbellino de pensamientos. Aquí está ahora. Aline temblaba. Fred cedía a la tentación. él saldría de la casa y volvería a entrar pisando con ruido. Tuvo un arrebato de magnanimidad. encontré al hombre a quien quiero. El jardín estaba muy oscuro. Un viajero que paraba en el hotel de abajo había salido a dar un paseo. Pisando con mucho cuidado pondría llegar a la casa sin que le sintieran. El orgullo se apoderó de Fred. el primer hijo. en cuanto el hombre que estaba con Aline se marchara. entonces vendría el escándalo —los Grey de Old Harbor—. como un ladrón. Le estaban esperando a él. Fred pensaba.La mujer con quien uno se ha casado va y dice. Avanzaba. y se metería en otro peor. Si Aline tenía allí a su amante. Aline era una chiquilla traviesa. Tal vez —porque. los dos. todos estos pensamientos pudieran estar equivocados—. se había perdido y por equivocación había entrado en el jardín. Permanecieron así unos instantes. extrañamente mezclados con el deseo de huir. si ella supiera que él sabía. se había olvidado del tiempo. podía proporcionarle todo lo que ella quisiera —ella viviría a salvo. El día del desfile. mitad asustada.. No era posible que tuviera la intención. tratando de sofocar sus pensamientos. Si lo fuera. Fred lo sabía ahora. entonces era que no le importaba nada ser descubierta. Ya le llegaría su hora a Fred. Ella debiera haber llorado un poquito. Una vez. La mujer de Fred Grey — Aline. audazmente. Fred había matado a un hombre: “Esperaré. Ya llegará mi hora”. con la cabeza erguida. por un sendero de grava bordeado de rosales. Parecía una estatua. después. Si esto llegara a suceder. rápido. Eso hubiera sido la cosa más natural del mundo. un hombre apareció en el jardín. en un cajón. Unas cuantas lágrimas.. Salía. En realidad. Sin embargo. pero no se atrevía a ponerlo en práctica. lo mismo que una observación casual acerca del tiempo. No pasó nada. aterrados. Los dos tuvieron tiempo de recobrarse. y la cara de Aline era un óvalo blanco en la oscuridad.. sino en dirección a la casa. que se marchaba con otro— con un hombre que era un operario de la fábrica. besarla tiernamente. Y. Pero Aline se lo dijo con una calma tan grande que. entonces todo acabaría. de conversación con el hombre. Derecho. Tuvo que recobrarse. Lo que había que hacer era evitar la escena. Fred tendría que proceder con cuidado. Aline se había portado ligeramente tal vez. de ser descubierta. mientras él la contemplaba. Aline creería que él no sabía nada. de labios de Aline: “Estaba esperando para decírtelo. ¿qué haría? Subiría. al fin y al cabo. Una sensación de espera. en la guerra. Y en aquel momento. Los dos estaban pensando en Bruce. Y ahora estaba furiosísimo con Bruce: “A ése me lo cargo”. Fred tenía más miedo de Aline que de Bruce. Fred tenía dinero.. conmigo”. No entraría en su propia casa furtivamente. Sonó la . sorprendidos. y luego un largo silencio. defendida—. incapaz de pronunciar una palabra. Estuvo un momento con Fred y con Aline hablando del pueblo. había un revólver cargado. a su cuarto. mientras estabas en el pueblo. pisaba muy quedamente sobre la grava del sendero. Continuaba inmóvil en el sendero. Se imaginaba a sí mismo pidiendo explicaciones —el esfuerzo por sostener la voz—. mitad alegre. Ya muy cerca de la casa se le ocurrió un plan. Al salir el hombre. tal vez la noche aquella fué un terror sin motivo —sombras. él no supo qué decir. al encuentro de los dos y averiguaba lo que no quería averiguar. ya era demasiado tarde para decirle a Aline algo tierno. pero no haría una imbecilidad. ¿qué haría Fred? ¿Qué haría uno en tales circunstancias? Matar al hombre. quedamente. Lo que haría sería no descubrirla. En un banco cercano. el hombre y la mujer seguían hablando. Lo que uno hacía en un momento así era tomarla en brazos. posición. en la vuelta de Bruce. por unos instantes. Se quedó mirándola fijamente. En la biblioteca de la casa. dió tres o cuatro pasos. El hijo que voy a tener no es hijo tuyo.. un jardinero. Ya estaba metido en un laberinto. sin ruido. Aline y Fred. Fred temblaba. Pero eso no resolvía nada. Una piedra con que tropezó en la oscuridad casi le hizo caer al suelo. de temores —deseos de matar.. Si Fred se dirigía. Unas palabras en voz baja. de escaparse. Aline. Era un reto por parte de ella. Eso era. La anunciación del primer hijo había pasado. sin duda. claro. del encanto de la noche y del jardín. se pusieron de pie. ¡Si pudiera servirle de consuelo aquella valentía suya y entrar en la casa sin ser descubierto! XXXVI De nada le valió. él no sabría nada en concreto. A pesar de su valentía. Se vería obligado a pedir explicaciones. Meterse en un rincón el resto de su vida sería su perdición. pero no hacia el lugar de donde salían las voces. En fin. nada—. Aterrados ¿de qué? ¿Tenían los mismos pensamientos? Sí.

Era un actor que aguardaba a que los otros actores terminaran sus partes. en un lugar extraño y solitario. Bueno.. necesitaba tiempo para desarrollarse. otros camaradas que marchaban al lado. Los segundos pasaban lenta. allá arriba. cerca del camino por el que se avanzaba con otros cientos de hombres —máquinas vacías. las balas le alcanzan a uno o bien consigue uno escapar y seguir viviendo. y los tres permanecieron en silencio. Lo que se había figurado. pero ahora el hombre a quien quería había vuelto. al casarse con Aline. la tierra bajo los pies. era una muchacha. Una vez empezado el combate. Fred sabía lo que aquello quería decir. enfrente. Aline! ¡Quédate! ¡Dame un poco de tiempo! ¡No te vayas!” Las palabras de Fred eran como disparos al enemigo. Fred. necesariamente tomaría parte en la escena. había intentado. Recordó —el hombre desconocido en el camino de Francia— al joven judío que habló de arrancar las estrellas del cielo para comérselas. Los árboles crecían. el sentirla allí en su propio jardín. al salir de una de las terrazas superiores. Ahora sabría la verdad. cubrirse la cara con las manos. Se caía o se escapaba. después que la guerra había terminado. los árboles. Al entrar en el combate se perdía toda relación con la vida. “No puedo remediarlo. ella.” Fred era quien hablaba ahora. No marcharse con su amante sería mentir. “Guerra a la guerra. Ahora. Fred conocía bien esta emoción que experimentaba ahora.” Fred no decía nada. sólo la muerte. después de ser amantes. el cielo. de que las cosas fueran parte de uno mismo. Fred. Y el volverla a sentir. ¿Qué iba a decir? En el combate. El ser valiente o cobarde no tenía nada que ver con el hecho. El enemigo trataba de hacer algo horrible con uno. En el combate no se sentía miedo. penosamente. El hombre era Bruce. Fred había creído. Nada de esto le pertenecía. había intentado seguir queriendo a su marido. el matrimonio —un hombre y una mujer que vivían juntos—. La muerte. Las palabras eran balas. Siguió un silencio contenido. Era como una mujer de piedra colocada allí frente a él. le llenaba de antiguo terror. Se sentía lo mismo que cuando estaba en el Ejército al entrar en un combate. Bueno. había estado antes en la guerra.voz de Aline: “Fred”. Pero no miedo a Bruce. Al caer herido. El matrimonio para ella era eso. El hombre. que no dijera nada. después de tantos meses de vida apacible con Aline. parecía que nunca había de terminar. que la guerra había terminado. ni a Fred ni a su amante. como en el combate. seguir viviendo con él. Acertaban o pasaban silbando. En un momento ella empezaría a decir palabras. el jardinero. Estábamos esperando a que vinieras para decírtelo. ¡No te vayas. y uno trataba de hacer algo horrible . Ni se amaba ni se era amado. Las palabras salían de sus labios lenta. El hombre y la mujer se levantaron.. la tierra bajo sus pies. al volver a Norteamérica. Tuvo suerte. no sabía nada. por encima de los hombros de la mujer. Un intenso silencio. La cara era un óvalo blanco en la oscuridad. penosamente. a punto de esquivar la muerte y de matar a otros. Se disparaba con la esperanza de hacer daño. era miedo por parte de Fred. a la puerta de su misma casa. no fué ésa su intención. El cielo encima de la cabeza. de abandono.. Los camaradas eran extraños a uno mismo. Aline no pertenecía a Fred. Había descubierto que quería a otro hombre. “Nos conocíamos tan mal. había escapado. eran cosas ajenas a los hombres. Sintió ganas de llorar. ¿Qué le pasaba a Fred? ¿Era furor o miedo? Bruce no tenía nada que decir. XXXVII Aline estaba hablando. ¡Qué humillante! Estaba rogando: “Es una equivocación. ya no había necesidad de luchar más. se habían colocado ahora entre él y la casa. El asunto era entre Aline y su marido. y ella no podía continuar mintiendo.” Quiso dejarse caer al suelo. Era el enemigo. la tierra. Aline. Fred estaba ya muy cerca de la casa cuando le descubrieron. Aunque se había portado con Fred de una manera imperdonable. y este hombre había venido a buscarla. “El hijo que voy a tener no es hijo tuyo. sino a la mujer. Quería expresar el deseo de volver a ser parte de las cosas. pero Bruce y Aline. venían a su encuentro. o saldría ileso o caería. Aline. pero el cielo. Se gritaba. Cuando ella y Fred estaban en Francia. cosas—. una cosa inconexa. Pasaban las balas. a punto de morir. Seguir viviendo con Fred sería mentir.” Se había estado diciendo mentiras mucho tiempo. Se le acercaron. Sí. Quería que Aline dejase de hablar. Aun después de encontrar al hombre a quien quería. quiso rogarle a Aline. eso era. mientras Fred temblaba en el sendero. Fred no podía ver sus labios. se sentían ganas de llorar. Si a Fred se le ocurría hacer algo violento —disparar—.. la casa entrevista en la oscuridad. Se estaba allí. ¡Qué horribles podían ser las palabras! “¡No! ¡Cállate! ¡No digas más!”. Creyó ponerse malo. Y el pasado era una sombra que se desvanecía. La mujer. nada. El mismo sentimiento de soledad. Aunque Fred había estado luchando varias semanas contra la sospecha de que algo había ocurrido entre Aline y Bruce. No había futuro. lo mismo que el hombre. Bueno. flotante. Nos marchamos ahora.

Este se había retirado unos pasos. La dejaba marchar. ¡Qué horas de experiencia les aguardaba! Bruce. sino que tomaron el sendero aquel. se hundieron en la oscuridad. La separación de Aline y su marido era inevitable. rígido. Eso era lo que tendría que ocurrir. El amo seré yo. después de cierto tiempo. y habiendo fracasado. Si Aline se marchaba con Bruce. se alejaban por el sendero donde él estaba. “Es todo mentira. La recibiré en la casa. Miedo. y Fred lo recordaba muy bien de cuando era niño y bajaba por allí con otros amigos. El sendero que Bruce conocía de sus paseos del domingo. Habiendo experimentado con la vida y con el amor. estaba hecho. y le hubiera besado. que bajaba precipitadamente hacia el camino del río. Descendía abruptamente hasta el camino que bordeaba el río. El permanecía rígido. Otra vez su mente saltó a la cuestión del dinero. se habían dejado coger. Una nueva vida. Bruce iba delante con las dos maletas. Eso era lo que ocurriría. ¡Qué bien! Se alegraba de herir a Aline. los hombros después. La mujer de Lot. Bernice. No puede pasarles nada. Aline lloraba tiernamente. otro—: “¡No! ¡Quédate! ¡No! ¡Quédate! ¡No!” Sintió que lastimaba a Aline. Aline volvería. Fred seguía diciendo las mismas tres o cuatro palabras. ¿Tenían un coche esperando? ¿Adónde iban? Ya habían llegado a la verja y salían por la puerta del jardín cuando Fred gritó una-vez más: “¡No! ¡Quédate! ¡No!” XXXVIII Aline y Bruce se habían marchado. Se verían obligados a enfrentar nuevos problemas. ¿qué dinero iba a tener? ¡Ah! ¡Ah! Bruce y Aline no siguieron ninguno de los dos caminos que conducían al pueblo. otro. mañana la gente murmurará. excepto por los criados de las casas de arriba. sin dinero que gastar. se puso a pensar inmediatamente en otra cosa. pero. pero tenía miedo de perder el valor. Era muy empinado y de paso difícil. por causa de Fred. Yo seré quien le diga esto puedes hacer y esto . dejado solo allí. que tanto la había deseado y que ahora. Era como si disparase un rifle en el combate —un disparo. claro. Aline puso la mano en el brazo de Fred. Aline y Bruce. pero eso no era nada más que la mitad del asunto.. Bruce pasó con dos maletas. “No puede pasarles nada. al oírlo. Mientras cruzaban el jardín y salían al camino. Sin embargo. una vez y otra. a causa de los espesos matorrales que lo cubrían. Había querido encontrar la mujer verdadera.. Fred permaneció quieto. a Fred. las palabras que dijo: “Ciertos hombres se colocan en una posición tan segura que no hay quien los toque. El sendero era poco frecuentado. dejando solos al marido y a la mujer.. y la mente de Aline tomó una dirección práctica. no podían volverse atrás. ¿Lo que acababan de hacer valía el precio que habían de pagar? De todos modos. Habiendo tratado de vivir con una mujer.” El agente de Chicago. rígido. Sabe que. Bruce tendría que empezar de nuevo. durante unos momentos. Tiene que volver. Iba llorando. la mujer para casarse. Quería encontrar también el trabajo verdadero. Tocaba a Bruce en el brazo. mira! ¡Aline. la cabeza por último.. El hijo de Aline removería la sentimentalidad masculina de su padre y de Fred. Aline tendría que empezar de nuevo. pero Fred no lo sabía. y Aline le seguía sin volver la cara. Como siempre ocurre entre un hombre y una mujer. Era hija única. como lo había sido su separación de Bernice. con dinero.” Las palabras zumbaban en los oídos. Fred y Aline empezarían una nueva vida. sin comodidades. pero de aquí en adelante nuestra vida será distinta. Su padre. la mujer de Bruce. quizá de trabajador. y. Fred apenas había notado a Bruce. echó a correr hacia la puerta para verlos marchar. empezaba para ellos. cuando el camino del río era la carretera principal del pueblo. en la oscuridad. a quien había dejado a la puerta del hotel. El cuerpo primero.al enemigo. sin lujo. a enfrentar una nueva especie de vida. sí que había tenido una advertencia: “Maldita sea la. Abajo era donde vivía Sponge Martín en la vieja casa de ladrillo que había servido de cuadra y de posada. Y. sería más difícil de manejar. mira!” No dijo nada. y el hombre y la mujer pasaron por delante. Bueno. tendría que ceder. poco frecuentado. la estatua de sal. y. cuando iba a casa de Sponge. Era curioso: Bruce. ¿de qué? De todo lo que había caído sobre él sin advertencia alguna. Fred quiso gritar con todas sus fuerzas: “¡Aline. No puede pasarles nada. Y ahora los dos. mejor o peor. Aline. de pronto. se pondría furioso. Aline le había echado los brazos al cuello. Eso era cuenta de Aline. que marchaba ahora con su amanté por él trecho de arena fuera del jardín. al fin. Bruce estaba un poco asustado —medio asustado y medio cariñoso—. la tenía consigo. ¡Cómo odiaba al hombre de Chicago! Aline. pero Fred se apartó. si no está de vuelta. El aún tenía su propio problema. Entraban en un nuevo capítulo. Hubiera querido volver la cara. No había miedo de que le volviera a pescar. por fin. Tenía el cuerpo agarrotado por el miedo.” Se refería al dinero. nuevo matrimonio. No tendrá valor.

Se sentó en la butaca. Basta de chiquilladas. Se oyó el sonido lejano de una bocina de barco. el hombre que es hombre. El agua chapoteaba suavemente. No contra la casa. tenía alguien con quien hablar. había un revólver cargado. Su masculinidad quedaría a salvo. pero no sabía concretamente si la furia era contra Bruce. No . el hombre que merece el respeto de los demás. Silencio. ¡Qué ocurrencia! “Aline no puede ser tan imbécil! No puede ser. habían insultado a su padre: “Si usted se emperra le echaré de aquí a puntapiés. El viejo Martín siempre había odiado a los Grey. declaró para sí. en el taller de Sponge. lo arrojó al suelo. ¡Qué gentuza. ramas de árboles. Y.no puedes hacer. Fred. Aporreó la puerta con el puño del revólver. volvió al camino y disparó el revólver. silencioso y oscuro. Un hombre así. era él. un trabajador -insignificante. Nada. Había decidido buscar a Bruce. socavaba el camino. Recordó que en el cuartito del piso bajo. Volvió a entrar en la casa. y en el pueblo donde su padre era el ciudadano principal. de pie en el cuarto iluminado. Fred salió de la casa y tomó el sendero que conducía al camino. Alzaría el revólver y dispararía. Fred jugaba al baseball. La casa estaba oscura. Deseó que una de las criadas negras entrase ahora en el cuarto. Cuando llegara al lugar donde comenzaba el sendero. Fué a cogerlo y. pero la tentación desapareció pronto. Salió al jardín y se sentó en el mismo banco en que había estado con Aline cuando ella le habló del hijo que iba a tener —el hijo que no era su hijo. contra Aline o contra sí mismo. Estaba furioso con el agente de Chicago. ¡Qué extraña parecía la casa y el cuarto! En un rincón estaba la butaca en que solía sentarse a leer el periódico mientras Aline paseaba por el jardín. ¿Podía una madre abandonar así a su hijo? Volvió a tener la seguridad de que ella volvería. Revólver en mano. Tropezó varias veces. revólver en mano. sendero arriba. a quien estuvo hablando una hora antes. allí estaría Aline esperándole. La vida sería como antes de que Bruce viniera a perderlos. furioso con las criadas. Sí. se puso a contemplarlo estúpidamente. el amigo de Bruce Dudley.” Echó a correr por el camino en dirección al pueblo. solía coger el periódico para ver el resultado de los partidos. la cabeza entre las manos. El río pasaba en la oscuridad.” Por un momento tuvo la tentación de apretar el gatillo y dispararse a la cabeza. ¿Cómo habían bajado Aline y Bruce? Estarían abajo. Furioso. Al llegar al camino de abajo se detuvo unos instantes. En momentos de preocupación y desaliento. Fred había decidido matar a Bruce. durante el verano.” Fred pronunció estas palabras como si hablara con un niño. Nadie acudió al ruido. Se oyó un grito lejano. Se sentía débil. Fred avanzó. “El hombre que ha sido soldado. y todavía guardaba interés en este deporte. La casa le abrumaba. Trató de centralizar sus emociones. Últimamente se había portado más y más como una madre. ¡iban a distraer a un río como el Ohío tan fácilmente de su terco propósito! Alguien pudiera estar escondido en el montón de escombros. Pasaban los minutos. ¡Si Fred hubiera despedido al canalla de Sponge Martín cuando tomó posesión de la fábrica! De un momento a otro se encontraría con Aline. más silencio. después. Era como si alguien tosiera de noche en una casa oscura. Cuando Fred era niño. Entró en la casa. Era el momento de hacer algo. Con un esfuerzo consciente dirigió su furia contra Bruce. corría ahora por el camino. no más palabras horribles de los labios de Aline: “El hijo que voy a tener no es hijo tuyo”. que llamaban la biblioteca. Llegó a la casa de Martín. que volvía. ¿Ganarían otra vez los “Gigantes”? Automáticamente cogió el periódico. diciéndole lo que había de hacer. Tal vez amara al otro. Un pensamiento lo asaltaba. corría. penosamente. Era una conspiración. Aline había sido como una madre. Sí. “No pienso continuar los planes de propaganda. quedamente. Oprimió el botón de la luz. los negros! “No tienen sentido moral. Mataría a Bruce y Aline tendría que volver. XXXIX Silenciosa. no se sienta tranquilamente y deja que se le lleven a la mujer. Empezó a bajar la cuesta del sendero. Se levantó. dentro de un cajón. Sí. Se paraba a escuchar. Después del disparo. De muchacho. en curva muy cerrada contra la margen. fuera del jardín. No conseguía hacer converger su furia hacia un punto determinado. no”. no había remedio. él era un hombre de acción. El sendero era muy abrupto e inseguro. Con el propósito de arrestar el avance de las aguas habían arrojado en aquel lugar montones de escombros. Bueno. pero había distintas maneras de amar. Las luces de la casa quedaron encendidas. Bruce y Aline habrían ido a casa de Sponge Martín. Mataría a alguien. con Sponge Martín. Sí. Empezaba a ponerse furioso. Ni usted ni nadie me obliga a mí a entregar una chapucería”. Los encontraría allí. cerca de allí. Bueno. Esperó. Era el sitio donde la corriente. cansado. Con ganas de dormir. ¡Qué tranquila estaba la noche! Fred echó a andar pesadamente. troncos secos. Fred volvía por el camino. dando tropezones.” Ya habían desaparecido los dos. matarle. sino hacia el río. Por las noches.

Eso se quedaba para Bruce. frente a la casa. “Ha ido a Chicago.” La gente se cansaría de hacer preguntas. Hombre valiente. Cada vez más fuerte. El adiós de los amantes. Y lloró mucho tiempo. Diría que había ido a Chicago. pero cuando llegó al montón de escombros. Las voces en el camino. XL La noche continuaba oscura y silenciosa. cuando uno cae herido. Fred ahora no tendría que hacer su papel nunca más al lado de una mujer como Aline. sonriendo al decirlo. traían dos negros de compañía. ¡Ah. de lueguito”. Pasaron unos minutos. Era de buena familia. en el combate. ¿eh? Una mujer casada tiene obligaciones. Lo ensayó. y vió que no había nadie allí. automáticamente. Bs. sin éxito. Quería tener paz. “Ha ido a Chicago. ¿Estaban ya de vuelta Aline y su amante? ¿Querían torturarle todavía más? ¡Si ella volviera ahora! Vería quién era el amo en la casa de Grey. una sensación de alivio. una extraña sensación de alivio. Ha ido a Chicago. pero Aline se había marchado por poco tiempo. Ahora a curarse. después voces. Volvían de pasar la noche en el pueblo y. En Old Harbor. Lo que hay que hacer es sonreír.” “Ha ido a Chicago. Su padre era un hombre respetable.importaba. FIN Se terminó de imprimir el día 31 de Mayo de 1944. “Ha ido a Chicago. Fred Grey era hombre respetado. Las mujeres a la antigua eran todas así. En la guerra. Cuando uno escapa de algo hay una sensación de alivio. rígido. a oscuras. Ha ido a Chicago. Aline no era una mujer moderna. como un niño. As. chillona y penetrante.” Se oía a sí mismo diciéndoselo a Harcourt y a los otros. en la cama. . volvió a su desesperación. cuando uno cae herido. se llevó las manos a la cara. habría que dar explicaciones. Seguiría adelante con sus planes de propaganda. invadió el jardín y el dormitorio donde Fred se incorporó. el revólver caído a sus pies. sentado sobre un tronco. Un obrero.” ¡Ese Bruce! Zapatos de veinte a treinta dólares el par. un jardinero. pero no pudo. Aquellas palabras absurdas seguían zumbando en sus oídos. Y la risa. “Se acabó. ¡Ese Bruce! Zapatos de veinte a treinta dólares el par. gritaba. yo lo sabiba. con la risa chillona. a la más negra. Un rumor apagado. eran las de las dos negras. La más vieja trataba de aquietar a la más joven. En el camino. En la cama quedó exhausto. El otro dejaba el pueblo. pero ésta seguía riéndose. Luego se metió en la cama. En la oscuridad. En la lejanía se oyeron pasos. frente por frente del sendero. Gráficos "La Mundial" Sarmiento 3149. “Yo lo sabiba. Fred se sentía casi alegre.” Pronunció las palabras en voz alta. frente a la casa. Aline le acompañaba para despedirle. Fred había subido la empinada cuesta y entrado en la casa. ahora una de las negras se echó a reír. Si no volvía. Tal vez ella recibiera del otro algo que Fred no podía dar. se desnudó. ¡Ah! Fred quiso reír. penetrante de las negras. En la guerra. Arriba. ah! ¿Por qué no podía reír? Siguió ensayándolo. ya en su cuarto. en los Tall. Llevaba dos maletas.