LOS CRIMENES DEL
INVISIBLE
CURTIS GARLAND

Colección
SELECCION TERROR n.° 408

Publicación semanal
EDITORIAL BRUGUERA. S. A.
BARCELONA — BOGOTA — BUENOS AIRES — CARACAS — MEXICO

ISBN 84-02-02506-4
Depósito legal: D. 30.704 — 1980
Impreso en España — Printed in Spain
1a edición: diciembre. 1980

Curtis Garland — 1980
Texto

Norma — 1980
cubierta

Concedidos derechos exclusivos a favor de
EDITORIAL BRUGUERA, S. A.
Mora la Nueva, 2.
Barcelona (España)

Impreso en los Talleres Gráficos de
Editorial Bruguera. S. A.
Párets del Valles (N-152. Km 21.650)
Barcelona — 1980

Clark Currados 407 — La furia de los instintos. .ULTIMAS OBRAS PUBLICADAS EN ESTA COLECCION 403 — La dama de los cien cuchillos. Ralph Barby 406 — Satanás no necesita médicos. Clark Carrados 404 — Fetichistas. Lou Carrigan. Lou Carrigan 405 — El escribano de Yama.

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y algunas más abundantes allá. y por la tremenda herida escapase a raudales la sangre celeste. en sus oscilaciones. en la falda de una colina. en el negro desconocido de los cielos. que se extendía bajo el palio denso de nubes plomizas. Las calles del lugar. acompañado por la deslumbrante luz cárdena de la descarga eléctrica. descargando en tromba sobre la tierra. donde se alzaba algún aislado villorrio. varias luces se mantenían en la noche. los tejados y los caminos. como era habitual en las regiones septentrionales de Inglaterra. El paisaje oscuro. aunque en dos ocasiones. Allí continuaron. pugnando por brillar a través del aguacero. Más allá. CAPÍTULO PRIMERO El cielo negro pareció desgarrarse brutalmente por un momento. se fueron extinguiendo poco a poco. y algún que otro farol aislado en sus vericuetos. en medio de aquel diluvio repleto de chispa/os eléctricos. a punto de apagarse. más tamborileantes. se hizo casi estruendoso. pero ya menos intensos. arrancándole un destello lúgubre y cegador. Sin embargo. La luz exterior. se diluyeron. A aquel primero y terrorífico estampido. El agua. apenas si mostraba luces aisladas. muy pronto. que no era otra cosa que agua torrencial. sobre un pavimento vacío. tétrico. Un temporal que duraría horas y horas. se dedicara ahora a batir tambores más allá de la cortina de lluvia. entre las colinas y los yermos. no lejos de los marjal». aunque pareciese imposible. caía de vez en cuando de lleno sobre una placa de metal donde se podía leer en gruesas letras: . por el que no circulaba más que el agua a raudales. impasibles. relámpago y lluvia coincidieron en un formidable estallido que inició el temporal. en la distancia. a medida que los asustados vecinos se iban retirando a descansar. oscilaron. mientras reventaba un estruendo estremecedor. siguieron otros muchos. y su ruido al galopar las piedras. oscilaba peligrosamente. Trueno. mezclándose con las tinieblas. a impulsos del aire húmedo y de las fuertes ráfagas de lluvia. No llegaron a extinguirse. creciendo constantemente su cauce. no todo era silencio. Fue como si una gigantesca mano oscura acuchillara la masa de espesos nubarrones sombríos. y en un alto piso de la edificación alargada y sombría que se alzaba en el terreno vallado. como si la misma mano que acuchilló la noche momentos antes. dada la proximidad del chispazo del rayo. luciendo en la entrada de la alta tapia de ladrillos rematada en alambrada de espinos y vidrios cortantes. Pronto las escasas luces hacinadas del villorrio aislado. rebotando Juego de eco en eco. especialmente en aquella época del año. salpicando la campiña. quietud ni oscuridad en la región devastada por el temporal. aumentó de caudal.

de guardia. en la segunda planta. Al ser ambos jóvenes. y consideraba que era ridículo echarlo ahora todo a rodar y tener que empezar de nuevo. Pero se velan borrosamente. dos figuras que cruzaban fugaces ame el cristal. Unas cortinillas ligeras velaban cualquier otra circunstancia. en previsión de cualquier contingencia con los peligrosos pacientes que allí se alojaban. Pero ambas tenían algo en común: el blanco de sus uniformes. se dedicaba a besar fogosamente a su superior. Una era masculina. y cedía sin dificultades a todos sus impulsos gustosamente. sintió el placer de verse correspondido apasionadamente por ella. las hojarascas de setos y plantas. la situación podía conducir justamente a lo que estaba conduciendo. sentada sobre las rodillas del doctor Miles. sólo por una rutinaria ronda que no cambiaría las cosas lo más mínimo. sumiéndole en una impaciencia irrefrenable de llegar lo más lejos posible con aquella hembra deseable y dócil a sus insinuaciones. La enfermera Parker. pero le había costado cierto trabajo romper el pudor de la enfermera hasta este punto. el frondoso jardín era una masa de sombras donde solamente brillaban. estar de servicio durante toda la noche. El doctor Miles recordó vagamente que tenían que dejar sus caricias para otro momento. Femenina la otra. en turno. por su parte. De modo que siguió besando y acariciando a la enfermera. . al reflejo del oscilante farol de la tapia exterior. no parecía hacer demasiados ascos a los audaces propósitos del joven médico. en una ponderación evidentemente admirativa de sus formas. Abajo. Y también la enfermera Parker era joven. Se habían empezado a olvidar incluso de su tarea. en lomo al edificio con la única luz abierta a la noche. empapadas de lluvia. filtrándose por las gruesas rejas del portón de entrada al centro psiquiátrico. El uniforme blanco no hacía sino resaltar su poderoso busto y sus amplias caderas. El reloj del muro iba desgranando los minutos. era un hombre joven. El doctor Miles. y ni siquiera se acordaban de hacer la ronda habitual que correspondía cada dos horas. de vez en cuando. y compartir las largas horas de una velada tormentosa como aquélla en el silencio tétrico del centro hospitalario. como era la psiquiatría. aunque sus formas recordasen a cualquier modelo de Rubens por sus opulencias. incluso demasiado joven para su especialidad en Medicina. dejando que el joven médico recorriese su generoso cuerpo exuberante con ambas manos. de trecho en trecho. CENTRO PSIQUIATRICO DEL ESTADO DARKMOOR HILLS PROHIBIDA LA ENTRADA RIGUROSAMENTE Arriba. Ella. a quien tocaba de servicio esa noche. la luz interior también asomaba por detrás de los cristales chorreantes de agua de la ventana. y eso terminó ya por enloquecerle.

producían en su joven naturaleza. que se fijaban en ellos con total ausencia de emociones sexuales. impetuosa. afilada y siniestra. Todo ocurrió de forma rápida e imprevisible. en una impresionante. y sus roncos jadeos advertían bien a las claras de los efectos inevitables que los largos y húmedos besos de la moza. lívido. sus ojos demoníacos. con su arma goteante. y en la otra mano. con los ojos desorbitados. unos ojos dilatados y vidriosos. de su reciente pareja en los escarceos sexuales. Ninguno de ellos llegó a advertir con tiempo suficiente el roce de las pisadas de unas blancas zapatillas con suela de goma. pensaban ambos. deslizándose sigilosas en la noche. para quedarse allí inmóvil. que lentamente asomaba tras la puerta entornada. y éste. antes de que el cuerpo ensangrentado de la enfermera resbalara de sus rodillas para caer al suelo en medio de una auténtica fuente de sangre palpitante. El grito que ella empezaba a proferir. dejó ver una mano crispada. cuando una hoja de acero afiladísima siega la garganta de oreja a oreja. atroz orgia . Ellos estaban demasiado absortos en su tarca. Apenas si llegaron a darse cuenta confusa de algo. pese a lo procaz de la situación. en ese momento. rasgando la yugular y Cortando de cuajo las cuerdas vocales en medio de un torrente de sangre que fluía. la cruda luz lechosa del recinto hospitalario arrancó el frío destello de una hoja de acero. yendo a verterse copiosamente sobre sus grandes senos. sólo existía la hembra. se clavaron en ellos. así como sus candas hábiles y apasionadas. Hubiera podido ser un alarido atroz e interminable. pero no fue nada. para su infortunio. Pero las cosas. a su vez. Porque al entreabrirse la puerta lo preciso. mezclando su sangre con la de ella. Cayó el doctor Miles. y el corazón partido brutalmente en dos. sintiendo aprisionadas sus rollizas carnes por las manos ávidas del médico. en el corazón. sobre el pavimento del hospital.. solamente logró articular un bronco gemido de horror. cuajado de terror infinito. El horror se abatió sobre la joven pareja con escalofriante rapidez y contundencia.. con sigilo. Nadie grita. antes de que la faz crispada del intruso. podía ser una noche de servicio particularmente grata para los dos. el rostro convulso e incrédulo. entreabriéndose con lentitud. sobre el cadáver todavía agitado en una agonía insensible. sólo existía su inesperado macho. Aquélla. empezaba incluso a olvidarse de quién era. mientras los internados en el manicomio de Darkmoor Hills descansaban tranquilas en sus celdas de seguridad. Ni mucho menos. Para el doctor Miles. Para la enfermera Parker. Ese fue el gran error de los dos jóvenes. El doctor Miles. La enfermera gemía. aquella terrorífica navaja de afeitar que había utilizado para su doble crimen. para caer sobre la enfermera Parker en primer término. no eran de ese modo. clavándole hasta la empuñadura. y el centelleante acero tratase un zigzag espeluznante en el aire. apenas si brotó de su garganta. le atacara también a él. Su último error en la vida. y antes de que el demoniaco agresor. Ninguno de los dos jóvenes empleados del centro psiquiátrico se dio cuenta oportunamente del leve movimiento de la puerta del cuarto de guardia.

Salió cauteloso del cuarto de servicios de guardia nocturna. papeles. Antes de pisar el vestíbulo del centro hospitalario. su vida no hubiera durado unos segundos. brotó una sola y ronca palabra despectiva. fríamente.. con un destello lúcido de crueldad en sus helados ojos. y plegar luego la fulgurante hoja en su vaina negra de la empuñadura. con los ojos vidriosos y espantosamente abiertos: —¡Cerdos. Tal vez el encargado de noche de la centralita nunca sabría lo cerca que había estado de morir. certificados y un pequeño fichero. silencioso corredor. brotó de la boca contraída del agresor. para secarla. psicópata homicida. apresurándose a empuñar la navaja. que abrió con la llave correspondiente. Una risa aguda. Era como si no estuvieran allí. dibujando parte del relieve de la suela. provistas de unas iniciales y un número bordados toscamente en la chaqueta rugosa. Sus ojos se quedaron clavados en un punto de la mesita donde el doctor Miles se acomodaba durante su tumo de noche. A su lado. Luego. buscando una ficha determinada en la letra D. un llavero con diversas llaves. El asesino se puso en guardia. sobre la propia bata blanca del médico. Guardó la afilada arma en un bolsillo de sus blancas ropas de internado. Sólo con que hubiera estado allí en ese momento. Abrió el fichero. aunque dejando sobre el pavimento manchas de sangre. Al fondo del pasillo chirrió una puerta. e . Con gesto triunfal.» La guardó también. maligna. y echó a andar por el desierto. Rió. pisando con indiferencia el charco de sangre y las ropas salpicadas de los cadáveres. tomó las llaves y echó a andar hacia la salida. contemplándose a sí mismo en aquella fotografía. sin producir ruido con sus zapatillas de suela de goma. Avanzó decidido. hiriente. Un sello en rojo indicaba. El enfermo asesino pasó ante la centralita. hacia la escalera descendente. y se acercó a la puerta de salida. sin verle. dirigida a los dos asesinados que le contemplaban. No había nadie. mirando en torno curiosamente. Eso salvaba una vida. Respiró hondo. alzó una cartulina verde. Pero sonó agua al correr. De sus labios trémulos. y el teléfono estaba silencioso y sin asistencia. Había allí apuntes. provista de una fotografía y una serie de datos mecanografiados. Sonrió. enfermo peligroso. Siempre con idéntica cautela. arrancó de cuajo la navaja de afeitar del corazón de su última víctima. Desconectó la alarma. y supo que el conserje de noche había utilizado los servicios sanitarios en ese momento.escarlata. La encontró pronto. que contempló con aire complacido su espantosa obra. en su puesto de servicios. en su encabezamiento: «Atención. Bajó por ésta. indiferente. ligeramente bordeados de espuma. junto a unas huellas dactilares. y salió al jardín en sombras. y empezó a retirarse con lentitud.. no sin antes demostrar su rara aguda astucia con una maniobra sobre el tablero eléctrico.! Se inclinó y. Ni siquiera les dedicó esta vez una ojeada. azotado por la intensa lluvia. escudriñó la cabina de recepción. recetas médicas. sin dejar de reír con un soniquete ronco y chirriante.

para hundirse en la oscuridad y llegar rápidamente a la puerta de la verja. contemplaban. También allí había quedado desconectada automáticamente la alarma. en realidad. la pequeña botellita conteniendo el líquido transparente. pese a su proverbial calma y sangre fría—. ¡pero es imposible de creer! —balbuceó el doctor Howard. mezclándose con el bramido del aire. está ahí. pero no se extinguió. sin embargo. Cuando la sirena de alarma del sanatorio mental de Darkmoor Hills aulló en la noche. ya era tarde. ¿comprende? Es como para volverse loco. ¡pero ha ocurrido! Lo que tan insistentemente hemos buscado durante años. de bello color caramelo.. haciendo temblar los cristales de la casa. —Pues ha ocurrido —la voz del profesor Talbot temblaba de excitación en esos momentos. puesto en medio de la mesa de trabajo. Es cierto que eso puede hacernos inmensamente ricos. . Es la primera muestra. O entregarla al Gobierno por una suma respetable. La luz osciló. más sangre que derramar. Ha ocurrido. pero sin detenerse por ello en su carrera para huir definitivamente de su lugar de reclusión. su creador. Un poderoso trueno bramó en el exterior. bajo la tormenta. Buscando. Y sus ojos azules. Pero también puede causar mucho daño a todos. estaba lejos de allí. si no nos creen.iluminado de vez en cuando por el fulgor cárdeno de los relámpagos. como en trance hipnótico.. Pero ya nada nos impide comercializarla. Ahí. la llave adecuada. Deambulando en la campiña oscura. El loco evadido. adquiría un mágico halo de fantasía y de irrealidad. Lo que sea.. La lluvia parecía arreciar. a la sociedad misma. —Pero. para no creer una sola palabra de ello. ante nosotras. el golpeteo violento de la lluvia y el estampido intermitente de los truenos.. doctor Howard. O venderla a otro país. Un momento después.. a la luz de las palabras trémulas y excitadas del profesor Talbot. El fugitivo del centro psiquiátrico encontró. totalmente. profesor Talbot? —Sí. pequeños y miopes. lo que la razón parecía negar y la propia lógica rechazar. a cuánto hay establecido.. Creo que lo he encontrado. a la luz del laboratorio.. hundiéndose en la negrura nocturna. El doctor Howard también dirigió su mirada oscura. pero hacer posible esa maravilla de alguna forma.. a la botellita de apariencia normal y que. doctor Howard. amenazadora. cristalino... mirando con estupor a su compañero de trabajo. bajo el azote furioso de la lluvia torrencial. estaba fuera del recinto hospitalario. justo bajo el cono de luz de la lámpara. que hizo girar en la cerradura. en busca de algo que le ayudara a salir de aquella zona que sabía peligrosa para él. —Profesor. bajo el ceño fruncido. *** —¿Está seguro de eso. Cruzó como una sombra por entre los matorrales y setos. no deje que la codicia le ciegue ahora —jadeó—. empapado de agua. La única en el mundo.

un rostro pegado repentinamente al cristal. pero me da miedo.. —¿No cree que es hora de descansar un poco. Simple perfeccionamiento.» con la seguridad de unos resultados que pueden ser ya definitivos. Pero pasarse de la dosis podría dar resultados negativos. profesor. Ni lo sueñe. No tiene sentido que diga eso. —musitó—. como usted sabe. pesimista. Es maravilloso. El logro supremo de unos investigadores. ¿Por qué motivo? Es algo sublime. fantástico. después de todo. Vamos. Y se encaminó. empezando a sentir miedo por la egolatría de Talbot—.. obsequiándole con algo que. profesor. Luego. ese producto maravilloso me ha costado años enteros de mi vida. ni sus consecuencias. para iniciar la gran prueba en un organismo humano. Creo que deben ser personas elegidas. Que hemos conseguido lo básico: el suero capaz de producir algo que la Humanidad jamás soñó en conseguir.. las consecuencias que pueda producir en el ser humano. decidido. a la gloria científica. —Doctor. —Algo que debería asustarnos. He gastado todo mi dinero en la búsqueda de la fórmula. Luego se despegó de la ventana. puede hacer mucho daño. No sabe los resultados definitivos. con expresión entre dubitativa y preocupada.. Tiene un sabor dulce y agradable que apetecerá a quienes lo prueben. doctor Howard... Recuerde: sólo unas gotas. Al menos debemos dedicar ahora el resto de la noche a los experimentos. en el ser viviente. —Pero si ni siquiera ha concluido sus trabajos. mientras el doctor Howard apoyaba sus dedos en el recipiente de vidrio del líquido color caramelo. dejando de mirar a los dos hombres de bata blanca que trabajaban en el . Usaremos cobayas para ir mejorando la obra. Ambos estaban demasiado absortos en su tarea para ver en las vidrieras chorreantes de agua de una de las ventanas del laboratorio. No voy a regalar todo eso al mundo.. sí. Mañana podremos dormir cuanto queramos. Haremos ingerir unas gotas a nuestros cobayas. del resultado definitivo que me proyectase a la inmortalidad. Pero todavía. No todos tienen derecho a disfrutar de algo así. —¿Asustarnos? —se irritó Talbot—. Aquel rostro flotó un momento en el sombrío exterior. producir graves alteraciones en los tejidos. Y a usted le asusta. doctor Howard. no sé. a una de las jaulas que contenían cobayas para experimentación. Lo positivo es eso: que está ahí.. tras la tarea agotadora que llevamos estos días? —¿Descansar? —negó vivamente Talbot—. —No sé. una cara pálida y siniestra. —¿Qué importa todo eso? —se encogió de hombros con desdén el profesor—.. Es mi obra. siguió al profesor para ayudarle en la nueva tarca iniciada. aquellos que gocen el privilegio de mi creación. como usted dice. si no se controla. en la que brillaban dos ojos dilatados con destellos de locura. su compañero y colaborador.. Algo que maravilla.. profesor —le advirtió. y veremos los efectos inmediatamente. hay que iniciar inmediatamente las pruebas. Miró aquel cristalino contenido y meneó la cabeza. ni yo mismo sé cuál puede ser su alcance definitivo..

. Ni el profesor Talbot ni el doctor Howard oyeron el leve chasquido que produjo la rotura de un vidrio en otro punto de la casa. para reaparecer con una navaja de afeitar que produjo un leve chirrido al abrirse y mostrar su rectangular y terrible hoja. Una mano se hundió en el bolsillo.aislado laboratorio situado en aquella granja perdida en la campiña azotada por el temporal. Siguieron con su tarea. contemplando a sus animalitos de pruebas. la luz de un relámpago. introducidas en un cuentagotas pequeño. haciendo ingerir a unos cobayas unas gotas del líquido cristalino. sobre la cual se quebró. Luego. Unas empapadas zapatillas blancas se hundieron en la tierra encharcada del exterior. circundando la casa. Ninguno de ellos sabía que la muerte caminaba ahora por la casa con unas chorreantes zapatillas de suela de goma. encerraron a esos cobayas en una jaula determinada. Se quedaron absortos. lívida.

hojeando indiferente las documentaciones obtenidas—. no. —Nunca se sabe —suspiró el policía amargamente—. constable? —Por supuesto —afirmó el policía rural arrugando el ceño—. Allí asesinó al doctor Miles y la enfermera Parker. llamado Desmond Darnell.. tras cubrir de nuevo los dos cadáveres. —Pero un loco no puede ir muy lejos. Pero no entraba en el laboratorio para nada.. —Mucho peor que eso. Les debió sorprender en plena tarca... aunque poco o nada sociable. en cuya pensión habitaba. Pasaba a veces por aquí. ¿Sabe por qué ingresó en ese hospital? —Supongo que por otra felonía parecida. al parecer. Una navaja de afeitar.. CAPÍTULO II El constable John Nickleby meneó la cabeza con desaliento. ya que existían indicios de violación en la dueña de la casa y en una hija de doce años que formaban . El peligro estriba en que se nos vaya de las manos. del turno de noche. —¿De modo que es el mismo del hospital. Su mirada vagó por el laboratorio del profesor Edmond Talbot... Se trata de un caso típico de psicopatía homicida. Una mujer del pueblo venía aquí cada semana a limpiarles la casa. Pobre gente. terminando de apuntar en su agenda de tapas de hule. además de loco y peligroso. sin duda. creo que disfruta matando. Aquí tienen su contrato de arrendamiento. Es un loco peligroso. No recibían visitas ni tenían servidumbre. Químicos —recitó. asintió. —Lo sé. había la posibilidad de enviarle a la horca. Ya le he dicho que es listo y de gran astucia.. y les veía. El agente que le acompañaba. Puede recurrir a artimañas y tretas para salir de la región.. constable. —Lo mismo que en el hospital psiquiátrico —dijo con voz sorda—. es sumamente astuto. Eso indica algo: el tipo. Falta su ficha del archivo. porque no estaba claro si lo hizo por demencia o por codicia y por desviación sexual. —Profesor Edmond Talbot y doctor Mark Howard.. según me ha contado el director del sanatorio. que guardó en un bolsillo del uniforme. Cada tajo es una muerte segura. Creo que ni siquiera pudieron resistir. Les degolló a ambos sin dificultades. —Desmond Darnell. Sería una amenaza para todo el mundo. No tuvieron muchas oportunidades de defenderse. ¿Tienen fotografía de él? —Por desgracia. Ese hombre es una bestia salvaje. Alquilaron esta granja hace seis meses. a quienes por lo que he visto. sorprendió en un momento de intimidad que les había hecho incumplir su ronda habitual. Pero así ocurren a veces las cosas. Parecían gente correcta. Ellos mismas adquirían sus provisiones en el supermercado del lugar. eso era todo. Cuando se le juzgó. si no damos pronto con él. En realidad. Asesinó a toda una familia. adonde se acercaban con esa furgoneta que hemos visto en el garaje.

. tú tal vez no estés habituado todavía. posiblemente. —El norte de Inglaterra es sombrío en esta época del año —comentó. que está herméticamente cerrada. Llevamos varias semanas de lluvias coronantes en la región.. pensativo. Ahora hay siete. anda suelto por ahí. Así se hizo. que acababa de dar con la clave del asunto.. Y nadie ha tocado esa jaula.parte de la masacre... contemplando la triste campiña. pascó por la estancia. Menos mal que el tiempo se anuncia algo mejor para ahora.. un asesino loco.. Pero ahora. Pero los psiquiatras dictaminaron que todo eso formaba parte de su enfermedad mental. ¿quién sabe? Pero tiene manchas de sangre en el vidrio. Meneó la cabeza. —Sí.. viene a significar lo mismo —sonrió el que hablara inicialmente. bostezando—.. Ni una gota de líquido quedaba en él.. *** Neil Freeman suspiró. Y que ésta había resbalado entre sus manos. y que debía ser recluido a perpetuidad en un hospital mental del Estado. el constable Nickleby olfateó el interior. si es preciso. —Algo dulzón y aromático —comentó. un psicópata peligroso. dejando de nuevo el frasquito en su lugar—. en resumen. Desmond Darnell. Freeman. Tocándolo con sumo cuidado. aunque siempre con riesgo de empeoramiento súbito. amenazando muchas otras vidas mientras no vuelva a ser aprehendido. Y nosotros. O un producto de laboratorio. con desviaciones sexuales y sádicas sumamente agudas. —comentó. no cabe duda de ello. teniendo que viajar de sitio en sitio» aunque caigan chuzos de punta. Llévelo a examinar. y luego contempló con interés un frasquito vado que había en medio de la mesa de trabajo. Pero no hay duda que lo vi mal. Es el poco tiempo . El constable Nickleby paseó hasta las jaulas de los cobayas. —Es raro. —Es nuestro sino —sentenció el otro. Mira.. Terriblemente sombrío. volcado y sin tapón. El constable dejó de hablar. riendo. Tal vez una bebida. sacudiendo la cabeza con cierto desaliento—. como algo escurridizo y sutil. Juraría que sólo había tres cobayas ahí dentro cuando llegué aquí.. —Y tanto —admitió su compañero de asiento. El constable Nickleby nunca llegaría a saber. —Que. Pestañeó. con un encogimiento de hombros—. Como si no hubieran tocado unas manos ensangrentadas. empezando a contar de nuevo los animalitos que contenía y que se agitaban en su interior excitadamente—. constable —el policía ayudante envolvió el botellín en un pañuelo. perplejo. y salió con él. Que lo analicen en el Condado o en Scotland Yard. Sorprendido miró hacia una de ellas. la que estaba más cerca de los cadáveres. por favor. pero lo olvidó un momento después. que sólo había robado los ahorros y objetos de valor por cleptomanía.

envuelta en la luz nubosa. que se acomodó a su lado. ya lo verás. Una vez. —¿Por qué motivo? —rió cínicamente Timothy Watson—. Después de lodo. Freeman. dubitativo. —Sí que está dándome ánimos. Y el Drury Lane o el Globe son simple utopía que. besándole amorosamente. incluso. Llevo más de diez años haciendo de «villano» por esos escenarios. —Ya estoy aquí. Hay en la obra sangre abundante. por la campiña grisácea. desnudos de hojas. dejando vagar su mirada a través de la ventana del vagón. ahora mismo me bajaría de este tren y volvería a mí vida anterior. el joven actor de la compañía teatral de grand-guignol de Malcolm McKey. Los árboles. Siempre puede ocurrir que seas la excepción. Seguro que jamás habrán visto nada semejante. eran como esqueletos tristes. La única vez que he podido interpretar el Yago de Otelo o el Laertes de Hamlet. con neblinas distantes y abundantes charcos y zonas inundadas al paso del convoy. Iba a responder algo. las más de las veces. hoteles y teatros de provincias. —Bastará para aguantar sin comer nada hasta la hora de la cena en Abbotshead. La obra saldrá bien. —Quizá —admitió el joven Freeman. que ver esas atrocidades en un escenario les volverá locos de emoción. amigo mío. querida. Watson. ya ves: haciendo siempre el «malo» de nuestro grand-guignol. —No renuncies tan pronto —sonrió Watson. y esta clase de engendros en un escenario les llena de entusiasmo. sobre todo cuando se empieza en esta profesión. A la gente provinciana le vuelven loca esos engendros. querido —dijo entregando a Neil un paquete de galletas y una lata de cerveza—. Ahora. yendo de pueblo en pueblo con un pequeño tren de provincias. Tienen muy poca variedad. —Te digo la verdad. Su texto es tan absurdo y sin sentido como el de todas las demás obras que representamos. Londres queda muy lejos. Freeman —suspiró Timothy Watson—. cuando soñaba con ser el mejor actor de Inglaterra. fue en compañías de pueblo. Vamos a un sitio tan enormemente tranquilo y tan pequeño. olvidándome de que existe un escenario. El ser actor no significa siempre ver uno su nombre con grandes letras luminosas en el Strand o en Picadilly. Gracias. —De pensar que dice usted la verdad completa. cuando entró en el compartimento una joven pelirroja y de exuberantes formas. Neil Freeman. sin conocer otra cosa que trenes. se encogió de hombros.que llevas metido en esto del teatro. Y quizá un día debutes en Londres como un actor de categoría. No. inmóviles en el paisaje— Pero lo importante ahora es el presente. hachas ensangrentadas y todo eso. llegué a representar el papel de Macbeth. y nada más. uno nunca alcanza realmente. pero eso ocurría en el colegio. ellos no disfrutan de emociones en su rutinaria vida. Esa nueva obra que vamos a estrenar me tiene preocupado. con cierto aire risueño ahora—. en un teatro decente. eso es lo cierto. ¿Tú no has comprado nada para ti? . Eso es todo lo que he conseguido en el bar. Pero ya te irás acostumbrando a ir de acá para allá como una maleta. muchacho. efectos de horror.

no había sentido tanta atracción por ningún hombre. No te pareces a ningún otro actor de teatro que haya conocido. Candy.. —Ni yo por otra chica —sonrió él. Además. Esto nuestro empezó hace dos meses. lo mismo da —rezongó Timothy Watson con ironía—. —Tal vez porque no tengo mucho de actor —rió suavemente el joven. casi todo —bostezó Timothy Watson. Perdonad. La hace sentir a una como un gusano. cariño. Hasta entonces. —No tengo apetito. ¿no es cierto? —Bueno. no debo comer demasiado. y abriendo la puerta del compartimento—. tienes razón —se animó ella. Creo que es el mejor tema de que podemos hablar. si —rió ella con picardía. —Aborrezco a ese tipo —murmuró con rabia—. dibujados nítidamente por la falda estampada—. ha terminado por creerse su propio papel. o acabaré anquilosado. Pero no tienes aspecto de actor. —En esta compañía. —Eres muy alentador en todo. Neil. y las puso sobre sus firmes muslos. ¿Eres feliz a mí lado? —Claro. —Tonterías —rechazó Freeman—. —Creo que eso le divierte y le hace verter la amargura que lleva dentro. apenas iniciamos la gira por provincias con la compañía. pegándose al joven apresuradamente—. Recuerda que me debo a un público. pensativo—. se volvió hacia Neil. —Es corrosivo. ¿No estás bien así? —Según tú. mirándole con sus grandes ojos pardos. cínico y hasta insultante. Es un perfecto villano. —Eso es cierto. Le tomó las manos a su pareja. riendo burlonamente. siempre está el escenario casi a oscuras y la gente sólo mira las salpicaduras de sangre o las cabezas que ruedan por la escena. amigos. tensando el jersey sobre su cuerpo. Debo cuidarme para seguir siendo la dama joven de una compañía. poniéndose en pie. furiosa. No le hagas demasiado caso. ¿Por qué no habría de serlo? No sé.. eres maravilloso. como una actriz despreciable y de ínfima condición. ¿Realmente te gusta esto? . Tim —se irritó Candy Spencer. Voy a estirar un poco las piernas. Interpretas bien. un hombre amargado. Después de todo. cielo —sonrió la pelirroja con un mohín frívolo en sus carnosos labios—. A fuerza de representar al «malo» en todas las obras. —hizo uno de sus mohines de niña adulta—. Se alejó. tanto dentro como fuera del escenario. —Sí. Os gustan las mujeres metidas en carne. de modo que destacara la firmeza opulenta de sus senos— Pero los hombres no sois de fiar. la dama joven de la formación teatral de Malcolm McKey—. Recuerda que quiero adelgazar un poco. no odiarle. más bien. resentido por su fracaso en la vida profesional —comentó Freeman. —¿De veras? —dudó Candy. tienes una excelente voz y gustas al público femenino. Según tú. —Yo diría que es. Dejemos a Timothy y pensemos en nosotros. no lo niegues. Hay que compadecerle. todo en esta compañía es una basura. Candy.

Me van a parecer siglos las horas que faltan hasta que nos vayamos a dormir.. Sólo que entraste como actor para suplir a nuestro anterior galán. y nada más. A veces digo tonterías. el único en buen estado de . pero. mientras pegaba sus poderosos pechos juveniles contra el brazo de Neil—. algo evasivo de repente—. —¿Tan malo soy? —No es eso. que me haya enamorado de un hombre que ni siquiera existe. Sólo tengo miedo. o de Susan Lester.. La verdad es que también Thorold Benson. ¿Hay algún misterio en ello. me intrigas. —¿El qué? —Viajar. cielo. asomó por la puerta del compartimento.. Él no me preocupa. Hice teatro de aficionados en Liverpool y Manchester. No. Olvídalo. vivir en hoteles o fondas. Me pregunto qué clase de persona eres realmente.. el ajado rostro de Susan Lester. Pero es diferente. Se alegró de ello. No vas a perderme. dejando resbalar sus manos ávidas por el torso de él. —Tonterías. Y entornó sus ojos. Trabajamos juntos. es nuevo en la compañía. —Oh.. nuestro gerente y apuntador. estamos juntos los dos. un hombre del mundo del teatro. y acepté el contrato. embelesada. y un agente de Londres me habló de una baja en la compañía de grand-guignol de Malcolm McKey. la gran actriz incomprendida. bajo su melena rubia platinada. Seguramente ha sido siempre lo que es. mientras ella se estremecía en sus brazos—. dejé mi último empleo.. porque momentos más tarde. busqué trabajo en el teatro. ¿no? Estoy aquí. seguida por el rostro aguileño y rugoso de Malcolm McKey. —¡Qué tontería! —rió Freeman.. No sé nada de ti.. Porque te imagino cualquier cosa menos actor. su lóbulo de la oreja izquierda.. no tener un hogar. en cambio. y sigo siendo tuya... esto sea demasiado hermoso. que se cree el mayor genio teatral de la época.. pero se apartó de él. Tú. ensayar y soportar los caprichos del estrafalario señor McKey. Eso es todo. mostrando su peluquín negro. estáte quieto o no podré soportarlo. inclinándose y besando su cuello. No pareces un actor. temo que todo. Neil.. Trabajé en unas oficinas. y su impecable traje gris. —Sí. obra del tinte.. y que me enamoré locamente de ti y fui tuya. de la que también era primer actor. Miedo de perderte pronto. temiendo que lo peor resultara inevitable en aquel compartimento ferroviario. nada —suspiró ella—. Creo que soy bastante sólido. eso es cierto. Finalmente. —Pero ¿qué. Neil —rechazó ella. el director y empresario de la compañía. rodeando a la muchacha con sus brazos—. y lo sabes —rechazó ella. en un liana». ¿no? —No es eso solamente. Cindy? —Me gustaría saberlo —se inclinó y le besó de nuevo—. en una agencia de publicidad en Londres.. Eso es todo.. salir a escena. acariciando su rostro. impecable. ¿Lo eres. realmente? —Creo que lo ves día a día —rió él—. Pero es que en ocasiones. amor —susurró Neil. con expresión pensativa—.. Pero ¿qué has sido antes de llegar a esto? —Creo que ya te lo dije —suspiró Freeman.. Neil. Candy? —No. tal era su pasión hacia su pareja.

todo su equipaje. se le ocurre irse a pascar por ahí. poniéndose en pie y mirando huraño al exterior—. y envuelta en una bruma fantasmal. —Estaba aquí hace un poco. se comporta de un modo raro... Desde que empezamos la gira. La cara de Timothy siempre ha parecido una máscara de goma.... Tenedlo todo a punto. Este Timothy se vuelve cada vez más raro. acaso procedente de los cercanos marjales que formaban una amplia extensión en el paraje. Benson ya debe haber montado el escenario en ese lugar. parejita —saludó la primera actriz con una sonrisa que agrietó la considerable capa de maquillaje de su rostro maduro. Salió a pascar por el corredor —explicó Cindy. Pues cómo habrá sido tiempo atrás. —Oh. no hay duda. por nada —McKey sacudió la cabeza—. Algo le pasa a Timothy para que haya cambiado tanto de carácter. Todo estará a punto.. sin hacer comentario alguno. Podríais quedaros a bordo si os demoráis. —¿Apacible? —dudó Neil. hijita —sentenció Susan Lester—. no parece el mismo. ceñudo. dejando su equipaje en la red. y adiós debut esta noche. Ahora a saber por dónde andará —se irritó Susan Lester—. —Buenas tardes. diría que es otra persona. se pasaron más de mes y medio de tormentas. Es una estación pequeña y el tren se detiene muy poco tiempo. Malcolm tiene razón. Según el interventor del tren. o como aquel siniestro personaje de Los Crímenes del Museo de Cera. incluso se olvida de pasajes de las obras que más ha representado. conociendo bien esta región. Ahora parece haber olvidado muchas cosas. asomaba una pequeña y gélida estación ferroviaria. —¿Por qué dices eso? —mostró Neil su extrañeza. Tal vez llenemos.. Si no fuera por su inconfundible cara de pájaro maligno. al pie de una colina. Conozco bien a Timothy. Hemos trabajado durante años juntos. alisándose en un gesto mecánico el engomado cabello artificial de su peluquín—.. justo cuando estamos llegando a Abbotshead. —¿Otra persona? —rió Candy de buen humor—. Pero yo jurarla que no ha cambiado en nada y sigue siendo el mismo. —Tú lo conoces menos que nosotros. Estamos llegando a Abbotshead. Allá. A veces. que se cubría su verdadero rostro con una cara de cera. —¿Y Timothy? —gruñó McKey. —Vaya. Freeman torció el gesto. —Y tan raro —sentenció McKey.. McKey y la primera actriz parecieron buscar a alguien con la mirada. Eso tiene gracia. Freeman miró por la ventanilla al silbar el tren en una curva. . el justo para bajar nosotros y los equipajes. Y ahora. —Horrible —afirmó Malcolm McKey con aquel tono enfático suyo. puesto que ha dejado de llover y el tiempo es más apacible que en días pasados. como perdida en el panorama campestre. en la distancia. que hacía suponer que se escuchaba a si mismo cada vez que hablaba—. y luego otros quince o veinte días de lluvias intermitentes y de intensas nieblas. falsamente rejuvenecido para seguir siendo la misma Susan Lester que había sido siempre—..

Miró a Candy. —Creo que ya estamos —dijo el joven. —Poco menos. —¡Eh. mirando al solitario jefe de estación que regresaba a su oficina. camino del norte. y las primeras figuras de la reducida compañía descendieron tras ellos. pisando el andén—.y algo más lejos. Pero ¿qué diablos hacías ahí arriba? —Calculé mal y me pilló en el servicio —se excusó el otro. sutil y menuda. Gracias. y contemplando luego el distante lugar entre la bruma—. echando a andar: —Creo que nunca debí meterme a este oficio. ya virtualmente borrada por la niebla. viejo tonto —le acusó Susan Lester con enfado. y atrajo contra si a la aterida Candy. oteando todo el andén a ambos lados. Supongo que aquello es Abbotshead. por todos los diablos! —bramó Timothy Watson. McKey y Susan Lester cambiaron una mirada de inquietud. —Lo es. El convoy se detuvo en la estación con un chirrido de frenos. Neil Freeman se envolvió mejor en su gabardina. sí —sonrió McKey. Al descender al pequeño andén azotado por una fría brisa húmeda.. Miró a Neil—.. que se estremeció pegada a él.. —Te hubiera estado bien empleado. y tomó sus maletas—. —Hermoso lugar —comentó Neil.. Ya lo hice otras veces en sitios más distantes. en busca de Watson. encogiéndose de hombros y mirando con disgusto la fría llovizna que.. Habrá que ir andando. con su rastro hermético y anguloso convertido en una máscara sin expresión. No me hubiera hecho gracia perder mis cosas. Finalmente. sarcástico. hartas de andar de sitio en sitio. dejando su lata de cerveza a medio vaciar y las galletas sobrantes del paquete—. Se cubrió con una gorra escocesa a cuadros. tomando los bultos de ambos en sus manos. y comentó entre dientes. iniciando de nuevo su marcha. . Los bultos del equipaje fueron depositados en el mojado suelo. la población a que correspondía aquella parada. el tren silbó. Tim —le calmó McKey algo seco—. Cuando aceleraba ya el convoy. por todos los diablos. muchacho. Bajaré el equipaje de Watson. Vamos. —Y distará al menos una milla. Freeman las bajó por ti. empapaba ya su peluquín. buscando los equipajes con mirada frenética. —¡Vete al diablo! —se irritó Watson.. Neil suspiró. farfullando una imprecación al recoger sus dos maletas. hacia la cercana divisoria con Escocia. sacudiendo la cabeza con disgusto. por si acaso. tan gastadas y viejas como él. ¿Y mis maletas? —No te preocupes. alguien saltó precipitadamente al andén.

puede creerme... Espero que les guste mi establecimiento. parpadeando con rapidez al oír aquel interrogante—. Qué espantoso suceso. y vino hacia mi para unirme a la lista de víctimas que. ¿Qué fue de esa pensión.. atrezo.. eso tenía entendido por otros compañeros —asintió Thorold Benson. de la rubia muchacha propietaria del hotel La Corona y el Escudo se movieron nerviosas. señorita Turner? —Algo horrible —se estremeció Moira Turner. Me miró con ojos enloquecidos. Un día alojaron en ella a un viajante de comercio llamado Desmond Darnell. las habitaciones dispuestas. pensé que ella no pondría inconveniente en hacerme tal favor. —¿Usted? —Fui uno de los escasos testigos que pudieron salir con vida de aquel horror. clavando una mirada de curiosidad en la joven y atractiva propietaria del hotel local—. a su criada. Resultó ser un psicópata homicida. La cena preparada. Casualmente. —Ya puede imaginarlo. aparecía en la puerta de la cocina. entonces en Abbotshead había una pensión particular. a la hija y a un sobrino.. —Cierto. Asesinó a la propietaria. con un hacha ensangrentada. ya que yo tenía lleno el hotel por entonces. simultáneamente. Lo cierto es que nunca alojé aquí a artistas de teatro. para pedirle prestada por unas horas a su criada. y mi criada se había ausentado por una grave enfermedad de su madre. Además. Éramos buenas amigas y sabía que podía pedírselo. y con una cocina excelente. montaje del escenario y apuntador y traspunte en las comedias de la compañía de Malcolm McKey—. Mi padre tal vez lo hizo. señor Benson. Un sitio pequeño y tranquilo como Abbotshead. —Dios mío. consultando su reloj—. había ido a ver a Laura. y él dejó de existir cuando yo era casi una niña todavía. señorita? —SI —afirmó la dueña del hotel—. —Es muy amable. — las manos delgadas. sin yo saberlo. suaves y pálidas. ¿Ya tiene todo preparado. muy limpia. Pude huir. más económica que el hotel. CAPÍTULO III —Deben estar al llegar —comentó Thorold Benson.. Yo tuve la desgracia de ser testigo del suceso.. la dueña de la pensión.. Como la pensión sólo tenía ese huésped por entonces. y la policía local le capturó tras un duro enfrentamiento. unido al de un . salpicado horriblemente de sangre. Hemos conocido lugares mucho peores. las tareas de gerencia. pero de eso hará años. —Benson pareció anonadado—. se hacinaban en la cocina de la pensión. —Seguro que les gustará —sonrió el hombre que ejercía. Su casa es acogedora y confortable. ese hombre. Al llegar. estrujándose entre sí—... Mi testimonio. Todo a punto.

Se lamenta de no haber ido a recogerles con su coche. ¿Todo dispuesto. estoy seguro. Gracias de todos modos. —Debió ser una experiencia horrible para usted. Benson. seguro que no iré —se estremeció la hostelera—. oscurecía gradualmente. empapadas por la fina llovizna y la humedad ambiental. si bien los psiquiatras salvaron su cuello enviándole a un sanatorio mental. señor Benson. Cuando se viaja por provincias. Benson. —Entonces. yo hubiese pagado ese taxi —refunfuñó Neil Freeman. en la calle. olfateando el aire—.vecino de la pensión. —Mejor sabe. Thorold? —Todo. —Una historia digna de nuestro género —admitió Thorold Benson. fueron decisivos para su sentencia condenatoria. y la niebla se iba espesando por momentos. De haberme dicho usted que venían en el tren de esta noche. voy a prepararlo todo para la cena —se apresuró a decir Moira Turner. a punto. no se permita esos lujos con su sueldo —terció vivamente Susan Lester—. También en escena hay hachas con sangre. la puerta de vidrios emplomados del hotel. es muy amable y eficiente. —De haberlo sabido. que dejando sus bultos en el suelo con suspiros de fatiga. no se preocupe —rió Benson—. meneando la cabeza—. Poco después. . El teatro. No podemos aumentar el presupuesto. Voy a tomar ese baño enseguida. se abría para dar paso a cinco personas fatigadas. pero yo no me atreví a pedirle ese favor. se agruparon en torno a Benson con rapidez. señor —sonrió su gerente—. mirando luego con rapidez a Benson—. La comida hoy ha sido excelente. y cobran tres libras cincuenta por ir y venir hasta la estación. frotándose las ateridas manos—. ¿Y tú. Sólo hay dos. ya hemos llegado —resopló Malcolm McKey. señorita Turner. —Perfecto —aprobó el viejo actor. Ya deben estar llegando al pueblo. también. El trayecto de la estación aquí se hace muy largo en esta época del año. No le aconsejo que vaya a vernos actuar. Mis compañeros están habituados a cosas así. Hizo bien. y los taxis aquí son tan escasos como caros. —Bien. Thorold Benson la dejó ir con un gesto de asentimiento. La cena y las habitaciones. —Entonces. —Demasiado gasto —refunfuñó McKey—. Hay que saberse administrar para no desequilibrar la economía. —La peor de mi vida. —Oh. —Al diablo con eso —dijo el joven actor—. creo que está a punto. la hostelera. Miró en torno suyo. hubiera ido a recogerles con el coche. Es algo que jamás podré olvidar mientras viva. señor McKey —asintió su empleado—. esperando a los comensales. como era habitual en las vecindades de los pantanos. encaminándose a la cocina. Si quieren un baño caliente. al comedor limpio y pulcro. Huele bien. donde las mesas aparecían ya dispuestas. Candy? —Por supuesto —asintió ella. Fuera. muertes brutales y todo eso. aunque puedo obsequiarla con una invitación. —Jovencito. La señorita Turner. los actores deben armarse de valor y de fuerza.

Esmérense para que la gente de este lugar se impresione y horrorice con nuestra actuación y llene mañana el teatro. estaría dispuesto a prorrogarnos un día más.. cuando Benson sugirió a Moira Turner. —Excelente —McKey se frotó las manos. la bella y joven propietaria de dorados cabellos y ojos azules y límpidos. Sin embargo. Lo comprenderán cuando les cuente la historia completa de ese crimen de la pensión.. Tampoco describió la espeluznante escena que más tarde revisaría el juez local. —Se lo dije. Ella lo hizo sucintamente. y su hijita de doce años escasos. Salvaríamos uno de los días perdidos de la gira. y el encargado de la ley local. —Tendremos que rizar el rizo si queremos asustar a la gente de Abbotshead — comentó irónico Thorold Benson—. y aún saboreaban los componentes de la pequeña compañía teatral las delicias del menú.. señorita Spencer —afirmó Benson. el lunes. ¿Qué es eso? —Se lo contaré luego. empresario del teatro. y el pudding de manzana final. Recuérdenlo todos. mal. pareció como si el excelente asado de cordero. sobrino de la propietaria. sobre todo en otoño e invierno. con las tres mujeres. tomando su habitual aire grandilocuente—. —¿El crimen de la pensión? —masculló McKey. Saddie.Supongo. La gente sale poco de noche en este pueblo.. El empresario local. Jonas Pershing. con su guarnición de patatas doradas y zanahorias. supongo que le habrá dicho a la hotelera que somos matrimonio. Nos iría muy bien estar aquí sin movernos estos tres días. Por un momento. Pero todos podían imaginarse fácilmente la escena. Parece muy lista y observadora. señor McKey. sin recrearse en los macabros detalles de aquellas muertes. el relato de la sangrienta historia de la pensión de Abbotshead. muchachos. *** El silencio tras la cena se hizo casi tangible en el pequeño y confortable comedor de la Corona y el Escudo. Benson —terció McKey—. Pero sepa que para mañana. al ser sábado además. c imagino que menos aún desde el crimen de la pensión.. Ya sabe que en los pueblos no entienden ciertas cosas. la dueña de la pensión. arrugando el ceño—. Pero no creo que puedan engañar a esa joven fácilmente. el teatro está lleno para la función de tarde. que es a la vez el juez de Abbotshead. dado que es el segundo y último día de feria local. ¿Cómo va la venta de localidades? —Para el debut de esta noche. la digestión había sido excelente. Y posiblemente también haya buena entrada por la noche. por ser la feria anual de Abbotshead. degollados como .. y el único hombre. —Dejemos esos asuntos. el intento de violación previo a la masacre de dos de las mujeres víctimas del maniaco. hija y criada. dueña.. hubieran sentado pésimamente a los comensales. sonriente—. si llenamos mañana.. Hasper Dodds. Laura Francis.

tan inoportunamente —la sonrisa del recién llegado se amplió.. Es donde creo que encerraron a aquel monstruo para siempre. —El teléfono lleva dos días sin funcionar —dijo ella con un suspiro. a bastante distancia de aquí. hacia el hombre enlutado y poco tranquilizador que había aparecido en la puerta del comedor. ganándose una mirada de recelo de su pareja. manejada por las poderosas manos de un loco. —Usted lo recordará. —¿Era un hombre solitario? —se atrevió a preguntar Neil Freeman. con lluvias frecuentes. y nadie llamó . fue juzgado en el condado y sentenciado a muerte... lo era. recobrando parte de su color en las mejillas—. mal tiempo y nieblas densas. pálido y con una extraña sonrisa en su demacrado semblante. Hoy se reparó a media mañana. —No es fácil que pueda olvidarlo —se estremeció la hotelera afirmando con la cabeza—. Hay un manicomio estatal en Darkmoor Hills. estuvo un tiempo en las colonias y regresó muy joven a la metrópoli. ¿no es cierto? —Sí. señorita Turner —se apresuró a asentir Neil Freeman. Pero el asunto está cerrado. del color de la cera. En Londres nadie sabía gran cosa de él tampoco. llegado de Londres a Abbotshead como ángel de exterminio o mensajero de la Muerte en una fecha invernal muy parecí da a la que ahora vivían.. el viajante de comercio Desmond Darnell. empapado de lluvia. —Al parecer. supongo que sí —los ojos azules de Moira se fijaron en él con viveza—.cerdos en la cocina. Y que en la realidad resulta sórdido y repugnante. Se sabía poco de su pasado. Según algunos. sí. señorita Turner. bajo el hacha de cortar leña. —Comprendo lo que siente. quién es usted? —preguntó roncamente Moira Turner. —Después de todo eso. —¿Quién. a quien no parecía gustar demasiado que él prestara excesiva atención a una mujer atractiva y joven como Moira Turner—. siendo el primero de los huéspedes del hotel en romper el silencio.. Mi nombre es Alvin Kellaway y creí que tendría hecha mi reserva en este hotel por anticipado. evidentemente impresionados. Por eso desde entonces me aterran las películas y obras teatrales de carácter violento. sin duda —dijo con voz fría el inescrutable Timothy Watson. *** —Perdonen que me presente así.. provocadas por los marjales. —¿Para siempre? —rió una hueca voz desde el fondo de la sala— lamento llevarle la contraria. casi asustada. y todos giraron su cabeza. ¿Es que nadie sabe aquí que Desmond Darnell escapó de ese manicomio hace poco más de dos meses? Moira lanzó un grito de sobresalto. ostensiblemente—. como un perfecto villano de teatro. Los psiquiatras salvaron su vida al declararle clínicamente como enfermo mental. Sé que eso puede no ser sólo cosa de ficción. y fue internado en un manicomio del Estado —concluyó Moira Turner con un suspiro. después de todo.

La niebla ha cerrado tanto. dejó ver su uniforme de la policía local—. por favor. desde el vestíbulo. —¿Cómo ha llegado usted a Abbotshead.. lamento molestarla a deshoras. despojándose también de su empapado abrigo y yendo a calentarse ante el alegre fuego de la chimenea—. Pasen y séquense.. todavía andaría perdido por ahí. —¿Evasión? —repitió la joven. Sólo dije que no sabía nada de un huésped llamado Kellaway. Creí que no había otro tren en toda la noche. ¿Es acaso... Hay sitio en el hotel. —Se lo dije —terció otra voz bronca. señor Kellaway? —se interesó Malcolm McKey—. —Espere. He cenado hace un rato. señor Dodds —asintió ella. se forma una bruma muy espesa. Es culpa de esos marjales. Esta es una región poco acogedora en otoño. —Y no lo hay —sonrió el viajero de ropas negras y rostro céreo—. —¿Qué le pasa? ¿Le asusta mi profesión? —los ojos oscuros del recién llegado escudriñaron vivamente a Moira Turner—. es el último del día. donde alquilé uno para recorrer esta región sin tener que depender del horario de trenes. volviendo a palidecer—. Lo que me sorprende es que ignorasen ustedes las noticias de su evasión. Yo aceptaré un trago. sacudiéndose el agua de un impermeable negro. —Sólo por referencias —rió suavemente el llamado Kellaway—. Conozco gran parte de Inglaterra. Vengo muerto de frío y de hambre. apareciendo un segundo hombre tras el primero. Buenas noches. ¿Desea cenar.. al despojarse del mismo. —repitió la hotelera con voz insegura. aunque mi cena no despedía el olor de su asado. Yo soy quien ha traído hasta aquí a este caballero. señorita. Si ustedes llegaron en el correo de las siete. escaso y no demasiado puntual. —Mucha gente lo conoció en su día. que no se ve absolutamente nada en las calles.. No era una broma. —¿Conoce usted bien la región? —indagó Moira Turner. deberé buscar dónde alojarme. Y saludó jovialmente a la dueña del hotel—. Cuando hay mucha humedad en el ambiente. no es agradable andar por ahí sin techo donde guarecerse.. señorita Turner. —el viajero se frotó las manos enguantadas—. Y de nuevo pareció sobrecogida por algo.. Yo he venido en coche desde Sunderland. Moira. Eso bastará.. Luego dijo usted la verdad antes. Si no es por él. —Encontré al agente Dodds en el camino —explicó el viajero. ¿De veras tiene habitación para uno más? —La tengo. —Es peor en invierno —rió el del impermeable negro que. Sí no hay sitio en su hotel. —En ese caso. . con un suspiro de alivio. Tenga en cuenta que soy viajante de comercio... salvo los señores de esta compañía teatral. no hubiera llegado aquí a causa del último temporal. dando un paso atrás. Le indiqué que era muy probable que la reserva de habitación hecha por su empresa.. charolado por la lluvia.para reservar nada. Moira. —Es bien cierto —asintió Dodds—.. Con esta noche. desde luego. —Viajante de comercio. señor Kellaway? —Si es posible. por Desmond Darnell? —¿Quién le dijo ese nombre? —se asustó Moira..

—Tengo entendido que en principio decidieron no alarmar a la gente. Luego dijeron algo los diarios. tío bromeaba. sigue suelto. Nos miró a todos con ojos terribles.. Es horrible imaginar algo así.. vieja y quemada—. Yo recuerdo lo que dijo en el momento de ser procesado y condenado. señor Dodds. irónico. Lo cierto es que no lo encontraron nunca. señorita Turner. —¿Por qué no? —Dodds se encogió de hombros.. —¿Piensa que puede volver por aquí? —sonrió Kellaway. ¿Cómo no han llegado a enterarse? —La verdad es que yo tampoco lo sabía —resopló Dodds. —Dios mío. señorita Turner —objetó con suavidad el viajero—. No. Dijo que un día volvería a Abbotshead para terminar con todos los que entonces le causaban da fio.. Esté donde esté ese tipo. Han debido publicarlo poco destacado en los periódicos. el policía—. cachazudo. dedicándose la policía a buscar a ese hombre por todas partes en muchas millas a la redonda. agitando sus brazos esposados para amenazarnos con exterminar a todo el que le enviaba a un lugar de locos. Prefiero no recordarlo. Y ustedes están asustados por ello... de forma discreta —explicó Alvin Kellaway con un bostezo.. Pero la verdad es que lo dijo —concluyó cínicamente el viajante—.. —tembló Moira—. a morir enterrado en vida. no diga esas cosas —jadeó Moira muy inquieta—. —Por favor. pero debió trascender poco la noticia. empezando a llenar de tabaco una pipa de brezo. Por favor. Y fui yo quien capturó a ese monstruo. sentándose a una mesa individual. frente al fuego—. —No creo que se pueda bromear respeto a un loco homicida suelto. ¿puede servirme ya esa cena? .

Debajo. Nada ni nadie. En el fondo. Meneó la cabeza y dejó caer la cortina de la ventana. El tiempo era inclemente. ciertamente. Como despertar viejos miedos y angustias. Regresó a su mesa. eso no era posible. CAPÍTULO IV Levantó el hombre los ojos. pensativo. Pero el recuerdo seguía vivo en todos. encendiendo un cigarro y echando humo con aire preocupado. Estaba seguro de haber oído un ruido en alguna parte de la casa.. Pero una vez ocurrió. Y aún había miedo a la noche en la vecindad. Tal vez había oído mal. invadiendo las calles del pueblo. Como si acabara de suceder. Sin embargo. Miedo. La niebla ni siquiera dejaba ver con nitidez la edificación vecina. Simple imaginación o error auditivo.. todavía cerrada. Había dejado de llover. Alan Baxter se asomó a la ventana. pero la niebla era muy espesa esta noche. A aquellas horas de la noche. La idea hizo estremecer a Alan Baxter. Vivía sólo. Y eso nadie lo podía borrar de su mente. No era fácil olvidar cosas así. sobre la mesa. Ante él. y hada mucho tiempo de su soledad. Allí nunca ocurría nada. no era frecuente ver gente por la calle. los demás textos impresos: UNICOS DIAS EN EL PAVILLION DE ESTA CIUDAD: LA COMPAÑIA DE GRAND-GUIGNOL AL ESTILO CONTINENTAL: PRESENTA SUS ALUCINANTES OBRAS DE TERROR Y DE «SUSPENSE» ¡NO FALTE! . la gente temía ocupar una vivienda donde cuatro seres humanos habían sido bestialmente sacrificados por un loco sediento de sangre. vacía y silenciosa desde entonces. La cercana farola del alumbrado callejero era apenas una mancha de luz difusa flotando en las brumas que parecían algo sólido. sorprendido. Las rojas letras eran como un vago recuerdo más que añadir a aquel otro grabado en su mente: EL HACHA SAGRADA DEL LOCO Como desenterrar el pasado. estaba desplegado aquel prospecto publicitario del teatro Pavillion de Abbotshead. Nadie adquirió la vieja pensión de Laura Francis. No podía ser de otra forma. Los únicos ruidos posibles podían proceder de la calle. De eso hacía ya más de dos artos.

Aquel ruido tenía que ser provocado por otra cosa. convulso. MALCOLM MCKEY Y SUSAN LAESTER. sin otra ocupación que su jubilación y la lectura. brotó de alguna parte. ¿Qué sucede aquí? Una risa hueca. como flotando en el aire por artes mágicas. Un chirrido. era eso. palo en ristre. ¿Quién diablos anda ahí? ¡Responda pronto o le rompo la cabeza! Y para dar mayor fuerza a sus palabras. Fue realidad. paralizando nervios. POR VEZ PRIMERA EN ESTA LOCALIDAD. Tal vez. ¡Un gran cuchillo de su cocina. Eso no tenía sentido.. para asegurarse. ¿Quién podía entrar en su casa de noche? ¿Por qué motivo? Lamentó no tener teléfono para llamar a la policía. pero pareció . si no era para tener más gastas inútiles? —¡Eh! —voceó. Recordaba haber girado la llave y haber lirado. dado que el aire hacía crujir la madera en esos momentos. CON SU IMPRESIONANTE TEATRO DE HUMOR. como si estuviera dolado de vida propia! —¿Qué. Nunca había tenido aquel chisme por la sencilla razón de que no lo necesitaba. molesto. Pasos. al ver emerger algo en el vacío. Absolutamente a nadie. mirando incrédulo aquel objeto afilado que bailoteaba en derechura hacia su persoga. sin presencia humana de ningún género en el largo corredor—. enfrentándose con un largo corredor silencioso y oscuro que iba a morir en la cocina y el patio interior de la planta baja. Los ojos se le desorbitaron. y era el aire frío y húmedo de la noche el que provocaba los ruidos inquietantes. qué significa eso? —jadeó. sostenido por NADIE en el aire. Y. No le gustaba recordar el hacha. Aquello no fue simple teatro. No supo de dónde. intrigado y perplejo. Una dura y espantosa realidad. se acercó a un rincón y tomó un grueso palo seco y pulimentado. Sin embargo. músculos y tendones. No vio a nadie. De nuevo levantó la cabeza. algo atrajo su atención: la puerta del patio.. Apartó ese folleto. Pero no. Ni el loco. Estaba convencido. para dirigirse a la puerta de la estancia. Estaba entreabierta... Ni la sangre. El. Su casa era humilde y solitaria. siniestra. ¿para qué podía necesitar un teléfono. de repente. el aterrorizado solterón. pese a que giró un interruptor. Una puerta abierta. y una bombilla amarillenta alumbró el lóbrego pasillo hasta el fondo. dispuesto a dar un duro escarmiento a cualquiera que pretendiese molestarle o causarle un susto. un solterón viviendo sólo. volaba hacia él. ahora podría dudar de si quedó abierta. por alguien. Esta vez no había error. La idea le aterrorizó.. Ni trucos de escenografía. Y dentro de su vivienda. No cabía duda. el horror atenazó su cuerpo todo. roces en el sucio. Si. Avanzó. Pero nunca hubo ratas en ella. haciendo acopio de valor—. de cortar carne y trinchar huesos. Había sonado dentro de la casa.. Un repentino escalofrío recorrió la espina dorsal de Baxter y erizó los cabellos de su nuca. Luego. dispuesto a lo que fuese. La abrió.

rebotando sus ecos en las paredes—.. mientras la voz. Este alzó la cabeza.. Un alarido ronco de horror escapó de labios de Alan Baxter. Es imposible. Pagarás con la vida tus palabras de entonces. vomitando también sangre por su boca torcida.. Señor. temblando. entre sus oscuros y húmedos muros. como si estuviera cazando fantasmas. ¡Alan Baxter.. pobre estúpido y cobarde? —No... haciendo estallar su pecho en un espantoso torrente de sangre que hervía. con el rostro blanco como el papel.. —Nada hay imposible para mí.. en dirección a Baxter. imposible.. aunque no puedas verme. No puede ser Darnell... volviendo a volar por el aire hacia él. desorbitados. en la pared. ante ti. Agitó su palo en el vacío. y ha llegado el momento. yo te juro.. y rodó de bruces. Cayó de rodillas Baxter. Rolos sus pulmones y tráquea. Quiso hacer algo.. escapaba de su garganta a borbotones: —¡Dios me proteja! ¡Si algún ser infernal o diabólico se ha materializado en mi casa.. Baxter —dijo la voz macabra que no venía de ninguna parte—.. ¡No puede ser! El cuchillo se arrancó por si solo de la vieja chaqueta. como si alguien que no existía lo hubiere incrustado allí de un brusco golpe. —Alan Baxter. desesperado—. hizo al mismo tiempo un extraño.. ¡Desmond Darnell ha vuelto para matarte. —jadeó. sus ojos se clavaron. Mortalmente pálido. a menos que haya vuelto del infierno. reventando su piel y tejidos. al brotar tumultuosa del atroz impacto mortal. alma infernal. convulso. El cuchillo de enorme hoja triangular. Dios mío. No es posible.... aunque no puedas verme! ¡Vamos. vamos! ¿Dónde estoy? ¿Es que no puedes adivinarlo? ¿No te asusta saber que te matará hagas lo que hagas.. mirando con infinito horror « . Muere por cerdo embustero. a que abandones este lugar y seas maldito por toda la eternidad! La única respuesta que recibió fue otra carcajada larga y burlona que heló la sangre en sus venas.. en aquel acero puntiagudo que venía hacia él como una centella. Y se quedó clavado en una vieja chaqueta de pana que colgaba de un perchero. ayúdame. luchar contra lo imposible. no. El cuchillo partió vertiginoso. burbujeante y humeando. seguro de que no servía para nada ante aquella invisible amenaza llegada de lo insólito. No.. y no le vea. Esto no puede estar sucediendo.. —sollozó Baxter. El terrible y ancho cuchillo trinchante se incrustó de forma bestial en su pecho hundiéndose hasta la empuñadura. temblorosa. maldita rata. —siseó una ronca voz en algún sitio indefinido. quebrando su tórax.emerger ante él. No puede ser que este aquí.. sin aparente sentido. no. sollozando y arrojando lejos de si su bastón. Y no pudo ser. a deshacerme de él! ¡En nombre de Dios. el infortunado solterón bramó. como movido de una mano inmaterial.. recto y seguro. he vuelto a por ti! Te dije que vendría. Baxter estuvo ahora más convencido que nunca de la existencia de algo maligno e intangible cerca de él. convertido en un servidor del diablo. que estoy en este corredor. y extenderse con ecos siniestros por todo el pasillo..

Recuerdo lo sucedido aquí hace tiempo. Baxter. anunciaba finalmente: —Te lo dije. les gusta la obra. en medio de una laguna roja. Y cayó el telón. —Tal vez estén dispuestos a ello —señaló Neil Freeman secamente—. La gente está en nuestro bolsillo. Desmond Darnell ha vuelto para ajustar cuentas. al caer el hacha sangrante de nuevo. La sangre parecía escapar. La puerta del patio chirrió de nuevo. sobrecogida. Está saliendo todo de maravilla. algo que acababa de destruir su vida. —¡Perfecto. se hicieron las luces en la escena y el patio de butacas y todo pareció infinitamente más seguro y tranquilizador para los sobrecogidos espectadores. fantasmal. Sus agónicos espasmos se ahogaron contra el suelo. Calurosos y sinceros. Alan Baxter. Un cuerpo decapitado rebotó en el suelo.. sonaron los aplausos. donde apenas media docena de filas aparecían ocupadas por los espectadores en la inclemente noche. La gente. sin embargo. era ya un simple cuerpo sin vida. El segundo acto de El Hacha Sangrienta del Loco había terminado. muchachos! —aprobó McKey. porque nadie había allí. sonando el chasquido seco de la cerradura al ser girada una llave desde el exterior. sin que nadie pareciera producirlas. los trucos y efectos —rechazó con altanería el primer actor y director mirando fríamente a su subordinado—. tras los cortinajes del escenario—. A los ingenuos espectadores de Abbotshead les había gustado el trágico relato puesto en escena por Malcolm McKey y sus actores. del cuerpo mutilado que se desplomaba trágica. entre borbotones sanguinolentos. *** La cabeza rodó por el suelo. se abrió sola. grotescamente. mientras unas pisadas apagadas se perdían pasillo adelante. salvo el hombre moribundo. Gritos de terror acogieron la decapitación. y se cerró despacio. señor McKey.. La puerta se cerró tras el invisible poder mortal. —De todos modos. Pero algo jugaba a favor de la compañía: el recuerdo de un hombre semejante en la propia comunidad. y que.. no tenía forma ni materia. ante él. Una especie de sensación de intenso frío se había apoderado del patio de butacas del teatro.incredulidad hacia algo que no le era posible ver algo que sin duda estaba allí. radiante. De modo que sigan . Un alarido de horror sonó en las tinieblas. mientras sonaba una risa espeluznante y una voz que se alejaba hacia el exterior. tal como prometió en su día. Después. tumultuosa. tardó unos momentos en reaccionar y aplaudir. Saludaron los actores. entre luces rojizas y espectrales. más allá de las luces rojas..

airado.. durante el efectista truco del final del segundo acto. Eso les animará a los demás a venir mañana. Recuerda que la obra . atrezista y traspunte de la reducida formación escénica. Una serie de trucos y jugarretas escénicas. a la niebla y todo eso. Y nosotros no hacemos gran cosa por mejorarla. llamando luego a los dos tramoyistas locales que le ayudaban al montaje—. ¿Tienes frío? —No. Puede que el ambiente de este pueblo me haya influenciado. la sangre. para el cambio de decorado. Neil Freeman seguía apretando entre las suyas las manos de Candy Spencer. no sabía lo que se aproximaba a la realidad. Dentro de cinco minutos empezaré el tercer acto. no lo olvides. no lo sé —gimió ella—. La «cabeza» de cera. Será mejor que vayáis a vestiros para el tercer acto. y emergió Candy Spencer. que había sido la «victima» decapitada por el loco asesino del drama teatral. aun sin quererlo. Lo más increíble puede ser cierto —admitió Neil. Se desalojó la escena. dando media vuelta—. No puedo olvidar el relato de esa mujer. aferrando las manos de Freeman con viveza. las víctimas.. —Hemos hecho la obra otras veces —comentó—. Ella se quitó la negra túnica que cubría su cuerpo y rostro. frunciendo el ceño cuando se detuvieron ante la puerta de su camerino compartido— . Cada uno fue a su camerino. id a los camerinos —pidió Thorold Benson. estoy seguro. —Tú siempre tan alentador. —Estás helada —señaló él. ¿Por qué estás así hoy. y contempló con cierto desasosiego el «cuerpo» falso que ocupaba ahora en la escena. El loco. Eso irá bien para el éxito.. apareciendo entre los cortinajes. Esa gente tiene miedo a la noche. sobre el fondo de cortinajes negras. —Bah. Observó de reojo que el rostro de la muchacha estaba demudado. con un ropaje lleno de falsa sangre. El intermedio será breve. Se parece demasiado a esta obra. el gerente. quizás el autor se basó en hechos verídicos. mirándola preocupado—. el hacha. Esa pobre gente cree revivir lo que entonces experimentó en la vida real.. no es el frió —rechazó ella—. —Da escalofríos pensar que algo así sucedió aquí en realidad. siendo retirado seguidamente. Es preferible que vuelvan pronto a sus casas. Después de todo. Tim —se quejó McKey. Quiero que esto se llene mañana de un público de emociones. ¿entienden? Una escotilla se abrió en el suelo del escenario. no hace mucho — comentó la muchacha.igual. —Siempre ocurre así. y sus dedos goteando hemoglobina—. su compañera y amante. tonterías —replicó Timothy Watson. —Vamos. con cabellas rojos y el rostro exacto de la muchacha... Creo que hoy me metí más en situación.. Candy? —No. Esas cosas logran pasar las candilejas y llegar al público. era recogida y guardada en una sombrerera por Thorold Benson. eso es todo. —Cuando el autor escribió este drama. La obra sigue siendo tan mala como siempre. —¿De la señorita Turner? —Si. —Sólo que esto es simple teatro.. —Eso nos ocurre a todos —apuntó complacida Susan Lester—.

pero quizá sólo fueron suposiciones. Lo hiciera quien lo hiciera. cuando Benson había avisado de que faltaban sólo dos minutos para levantar el telón. a los que le enviaron al manicomio.. no hables de eso. Sólo faltaba suponer que regrese a Abbotshead.. ¿Tú no? —A mí no me impresionan las cabezas de cera. acechando a quienes le acusaron entonces. juez Pershing —suspiró Neil—. como ese múltiple crimen de hace dos años. Los locos no visitan a los artistas en sus camerinos. Me alegra que le guste. Su autor pudo conocer estos hechos u otros parecidos. los maniquíes decapitados ni las hachas de plástico con hemoglobina —rió Freeman. Además de magistrado local. correré el riesgo. pero ¿no teme que en día laborable puedan mermar las liquidaciones de su teatro? —No lo creo. Y si no. Ser empresario y poder perder algo de dinero. hasta hoy no me he sentido impresionada al interpretar esta obra. animoso. cuando la voz de Benson anunciaba el levantamiento del telón—. Y usted. y tendió su mano a ambos. después de todo. elegante y de cabellos canosos. Candy parecía asustada. juez Pershing —sonrió Freeman. —Es muy amable. —se encogió de hombros.. —Vamos. En fin. Les aseguro que voy a volver inmediatamente a mí butaca de platea para admirar el resto de la obra. Entraron en el camerino. ¿No se rumoreó entonces que el verdadero autor es Malcolm McKey y que el nombre del supuesto autor es sólo un seudónimo suyo. —De eso no me cabe duda —rió suave y jovialmente el juez—. En pocos minutos cambiaron sus ropas para el tercer y último acto de la representación. sobre todo. Ambos jóvenes se miraron. pero el teatro tiene muchas facetas para gustar o impresionar a su público. en la pensión. Estoy seguro de que ha dado una gran alegría a nuestro empresario con esa decisión. Cuenten con el lunes para nuevas representaciones en esta población. Es una idea demasiado espantosa.se empezó a ensayar cuando yo llevaba ya dos semanas en la compañía. —Gracias. estrechando la mano del visitante—. asomó por el hueco. Neil. bien cuidados. —Por Dios. Repito mi enhorabuena . Lo que me afectan son los hechos auténticos.. ¡Adelante. Ya se lo he dicho también al señor McKey. para que todo quede en casa y cobrar los derechos de autor? —Se habló de eso. señor Freeman. la posibilidad de que ese monstruo loco esté suelto otra vez. No es un género demasiado refinado. —Soy el juez Jonas Pershing —se presentó—. Es último día de ferio y puede cuajar. Permitan que les felicite a ambos. vamos —la serenó—. Y. también soy el empresario de este teatro. Un caballero alto. Golpearon suavemente en la puerta con los nudillos. que acaso deambule por esas calles envueltas en niebla. risueño—. Han estado magníficamente en el primer acto. amigos. La señorita Spencer es de una gran sensibilidad e inteligencia. con una cordial sonrisa. Vestía sobriamente de gris oscuro. Ser juez es una obligación no siempre grata. es un hobby. Neil sonrió. por favor! Se abrió la puerta. está francamente bien en su papel.

Te lo suplico. Esos crímenes y ese loco forman parte del pasado. Pero hubiera jurado que algo o alguien. —Vamos. Ese hombre es el juez que le condenó. sin que nadie la tocara en apariencia.. aferrándose a la mano de Neil—. con sorpresa. Por supuesto. ¿no es cierto? —Si —musitó Candy. todos tus temores son infundados. Neil. no bromees con esas cosas —se estremeció ella—. y Freeman la abrazó. junto a sí. Ella suspiró. Me da miedo. En la platea. Estrechó con calor la mano de Candy. le rozaba por un instante. y parece bien tranquilo. Como verás. el héroe de la obra. No vio nada ni nadie. querida. justo al lado de la primera actriz. Allí no había otra persona que ella.a ambos. antes de que yo. Su regreso al escenario fue en completo silencio. hay que ir a escena —la recordó—. Vamos al trabajo.. No me gusta ese aplazamiento. El grand-guignol de Malcolm McKey surtía de nuevo sus efectos sobre el público ingenuo y sobrecogido. en vez de seguir aquí hasta el martes. Neil. Recuerda que todavía tienen que decapitar a otro personaje. —Por Dios. saludó cortés a Neil.. tenía que ser un error. capture al loco asesino. En absoluto. Mucho miedo.. Una especie de ráfaga de aire agitó las cortinas negras del fondo y movió unas cuerdas. Susan Lester. besándola los labios. Ni uno ni otro advirtieron que una puerta trasera del local se abría y cerraba suavemente. un cuerpo sólido. —Tonterías —sonrió Freeman—. sin comentar nada. Esta miró. y abandonó el camerino. Freeman la miró. la gente chillaba. . Pero preferiría haberme ido el domingo.

Son palabras del propio Dodds. Bien. ¿Qué es lo que ha ocurrido ahora? —Otro crimen. claro está. ¿no? —Sí.. ¡Horrible! Dios mío.. CAPÍTULO V —Es horrible. creyó oír murmullos de gentes reunidas aquí y allá. el viajante de comercio de las ropas negras. evidentemente: sangre y horror. Numerosos corrillos de personas de ambos sexos se agrupaban en una y otra acera. En la calle. vecino de la pensión de Laura Francis. luego ustedes y su teatro del miedo. Fue a la ventana y asomó. Miró de soslayo a Candy. El tema de su conversación debía de ser muy grave. Voy a enterarme de más detalles.. uno de sus blancos pechos había quedado casi al descubierto. Era cierto. gracias. envuelta en las sábanas. Pisadas iban y venían. Primero fue Desmond Darnell. Pero desde luego. Neil Freeman despertó inmediatamente. —Un crimen —Neil Freeman apretó los labios con firmeza—. preguntándose qué pensaría ella cuando supiera lo sucedido—.. espantoso. porque gesticulaban y hablaban con evidente excitación. cuidadosamente. un viejo solterón. Como si nadie hubiera entrado allí. Creo recordar que testificó contra Desmond Darnell. ¿Quién? —La víctima. delante de su puerta. —Oh. Ella dormía. qué tragedia. Lo han descubierto esta mañana. no por la .. Ambos se miraron con fijeza. Es el destino de este lugar. sonaban repetidamente en el pasillo del hotel. ¿verdad? Todo el pueblo está conmocionado con ello.. saliendo con sigilo al corredor y cerrando suavemente tras de sí. —Lo nuestro es sólo eso lo que usted dijo —replicó Neil secamente—. Se incorporó. Neil se vistió con rapidez.. Yo no he visto el cadáver. Lo tapó suave. Se encontró casi de bruces con Alvin Kellaway. —Alan Baxter. Lo raro que todo estaba cerrado. señor Kellaway. de nada. Raro. Sangriento.. Cautelosamente.. cuando la mujer de la limpieza fue allí como cada día. Al moverse.. Es como si hubiera visto algo espantoso. como preguntándose mutuamente algo que no necesitaba palabras.. Le destrozaron el pecho con un cuchillo de cocina. —Resulta lógico — miró aprensivo hacia la puerta del dormitorio que compartía con Candy. eso dijeron anoche. esas palabras. Esas voces. Alan Baxter. —¿Sucede algo? —fue Neil el primero en romper el silencio. eso parece —suspiró Kellaway—. algo que no pudiera creer y que le aterrorizó tanto como la misma muerte.. El agente de policía Dodds asegura que jamás vio una expresión tan terrible en muerto alguno. qué nueva tragedia. y finalmente esto. Como entonces. Sólo teatro. —Sí.

No he visto a nadie. mi querido amigo —rió Kellaway desagradablemente. Kellaway fue escaleras abajo. sino un sueño. ¿A qué se refiere con ese término? ... todo había ocurrido tal como yo lo soñara. no siendo cierto. Le miró fijamente al entrar. —Pues la señorita Turner dijo simplemente esto: «Sabía que él volvería. sin importarle que sus pechos desnudos. —Habló usted de un hombre sin rostro. ¿Y sabe qué dijo antes de desplomarse? —¿Cómo podría yo saberlo? Me acuesto tarde. Si. ¿quién desearía mal alguno a un viejo solterón como Alan Baxter. Al oír la noticia se desmayó. Ahí desperté bruscamente. —¿Un sueño? —repitió Dodds.. ¿verdad? —jadeó—. Está muy impresionada. y alguien sin rostro que me perseguía al descubrir mi presencia en el lugar del nuevo crimen. abundantes y marmóreos. pero recordé que muchas veces en mi niñez tuve sueños premonitorios. Pensé que todo era simplemente un sueño. Todos caeremos víctimas de su venganza. Neil se preguntó si era porque la llamaban así. Desmond Darnell ha vuelto a Abbotshead. con un encogimiento de hombros y una mueca burlona en su desagradable rostro pálido. —Es un crimen. caminando hacia su dormitorio de nuevo—. fue concreta en sil respuesta: —No tuve un presentimiento. Candy estaba despierta... —¿Por qué tuvo usted ese presentimiento. *** Hasper Dodds carraspeó. con sobresalto. Veía sangre. Porque si no. asomaran en toda su plenitud sobre la sábana. Que Desmond Darnell volvía a Abbotshead y mataba de nuevo.. a quien ni siquiera han robado nada? La puerta del dormitorio se cerró tras de Neil. Sentada en el lecho. Neil Freeman se encontró con dos sorpresas ingratas al entrar. Sin embargo.señorita Turner. —comentó pensativo el juez Pershing—... es todo. señora Freeman? —preguntó a Candy. imaginó que. —Acostumbra ocurrirme —musitó la muchacha con ojos ensombrecidos—. viendo anticipadamente cosas que luego sucedían Y me asusté Al ver a Neil preocupado y oír voces y comentarios en la calle y en el hotel. Es obra de Desmond Darnell. mientras el juez Jonas Pershing hacia una serie de anotaciones rápidas en un bloc. Esta noche soñé que algo ocurría... —Pero muy posible.» —La venganza de un psicópata homicida —se estremeció Neil Freeman. es una idea horripilante. o porque realmente no sabía cómo expresarse. Ella vaciló. una vez más. perplejo. a sus espaldas—. mucha sangre. Esas voces me despertaron.

la camarera del mismo.. el pub La Zorra Dorada. —Perdone. —Pues Desmond Darnell no es precisamente invisible —apuntó con ironía Moira Turner. —Totalmente de acuerdo —suspiró el juez. mirarle y murmurar: Creo que es justo lo que dije. De todos modos. estremeciéndose ante algún ingrato recuerdo. se ve perfectamente si alguien entra o sale. porque todo estaba cerrado. En ese momento habló Dodds tras anotar la respuesta de la joven actriz: —Es evidente que. —Bueno. aprovechando que la poca gente que sale aquí de noche estaba en el teatro viendo su representación —dijo Dodds—. Neil permaneció pensativo. Lo del sueño curioso de la señora Freeman. estuvo limpiando anoche las cristaleras. el policía Dodds y el magistrado Pershing. No se comprende cómo pudo entrar y salir el asesino. Moira.. No se puede desechar la posibilidad de que alguien con cierta sensibilidad especial pueda ver o intuir cosas en sus sueños. pero su aspecto físico no puede variar mucho. me aterró la circunstancia de que no tenía rostro. fornido. para terminar aferrando una mano de Neil. —No sé. vigoroso. fijan la muerte de Baxter en la hora aproximada en que ella trabajaba en esa tarea. En ningún momento vio entrar ni salir a nadie de la vivienda. intrigado. y Annie Howell. con la mirada fija en ella. Puede que haya adelgazado en el manicomio. —Candy pareció de pronto sorprendida y miró de forma alternativa a sus interrogadores. O unas ganzúas. Pero al volverse hacia mí y mirarme. pese a que según los cálculos del doctor Kent. —Probablemente sea así. mirándola con ojos sorprendidos. —Sí. pero estamos buscando posibles rastros que nos lleven a Darnell — carraspeó circunspecto el juez Pershing—. Quiere decir eso: que no tenía nada. . cubierto con una capucha o con algo? —sugirió Freeman frunciendo el ceño. ni siquiera después de estos dos años de encierro. en pie junto a ella. y por tamo forense también. todos sabemos cómo era él. —Eso es posible. Incluso daba la impresión de que el joven actor revelase cierta sorpresa. —Tal vez tenga llaves de la casa de Baxter —sugirió Freeman—. Joven. Era un hombre. haciendo otra anotación. nuestro único médico local. Pero enfrente de su casa hay una taberna. Pese a la niebla. usted vio en sueños lo que de forma onírica le sugería su falta de identidad real: Un simple vacío en vez de una cara que ignora cómo es. —¿Eso quiere decir que iba enmascarado. Su rostro era un simple vacío. al ignorar cuál era el verdadero rostro de Desmond Darnell. —No —manifestó simplemente ella—. —¿Por qué dice eso? —preguntó. pero tú sabes la distancia entre la taberna y la casa de Baxter — objetó Dodds—. tenemos un feo caso entre manos. —Neil Freeman giró rápido la cabeza. fue sólo una simple anécdota en todo esto. —La niebla era muy espesa anoche —sugirió Moira Turner. pero ¿no cree que resulta poco serio buscar la verdad de lo sucedido en el sueño de una muchacha? —terció vivamente Moira Turner. estoy segura. pensativa. si.

Annie Howell. —Como todos —bostezó el juez Pershing poniéndose en pie—. —Yo sugeriría una zona mucho más reducida —suspiró el juez. —Por Dios.. Moira. No creo que me haya olvidado en estos años. Yo la acepté. puesto que tampoco olvidó a Baxter. Ninguno la creímos. supongo? —terció Neil Freeman. Eso se hará hoy mismo. encontrándose con Moira Turner. Un enorme. Los dos fuimos sus principales testigos de cargo.. El jurado no tardó ni diez minutos en llegar a un veredicto. Revisadlo todo a fondo.. Es una moza que gusta mucho del buen trago. —jadeó Moira. se entretuvo tomándose alguna jarra de cerveza durante la tarea. No quiero ni imaginar que pudiera ocultarse aquí esa bestia sanguinaria. Lo confirman los médicos del . acechando a su próxima víctima. Entonces oyó pasos y salió. Aunque ella diga que anoche no bebió porque sentía cierta irritación de garganta a causa de su catarro. —Además. como si fuese su mazo en una sesión judicial—.. y ese momento lo aprovechó Darnell para entrar a por Baxter —sonrió Dodds encogiéndose de hombros—. indiferente. como dijo Moira. ¿podremos registrar también su bodega y el desván? —Claro —ella miró aprensivamente a sus pies y al techo—. señor juez —asintió el policía—.. salpicado de sangre. Dodds. significa permitirle la oportunidad de volver. Desmond Darnell sigue siendo un tipo fuerte. y cómo corrió tras de mí. Dodds. y que al tratar de ayudarles le salpicó su sangre. Que le ayude la gente en forma voluntaria. —¿El alegó inocencia. Y sigue aquí. unido a la energía que da la locura. debidamente armada por si dan con él y resiste. como es lo más probable. —El arma utilizada fue un cuchillo de cocina del propio Baxter. Habrá que empezar a pensar en dar una batida en la región para buscar a ese maniaco. —Exacto —asintió el juez y empresario teatral de Abbotshead—. Freeman sintió la mano de Candy apretando con fuerza la suya. es obvio que es un loco peligroso. ancho y afilado cuchillo que servía para trinchar carne. Aún no he olvidado cómo me miró cuando le vi salir con el hacha. pero siempre tuve mis dudas sobre su locura.. Juraba y perjuraba que él bajó a la cocina de la pensión y se encontró a los Farrow y a Samantha. Ese hombre está aquí. ¿no es cierto? Como así ha sido. revolcándose en su sangre en plena agonía. palideciendo. Lo cual. la criada. —Sí. —Lo que creo que es encerrar a un ser tan peligroso. concluyó por su parte: —Eso confirma que. en el pueblo. llamándome por mi nombre. Sólo los psiquiatras pudieron salvarle alegando demencia homicida. Golpeó con su fuerte dedo índice sobre la mesa. Debería disponerlo todo para registrar casa por casa y granero por granero. —¿Cree que lo que hace es obra de un ser normal? —dudó Freeman. Esperando. Era una versión ridícula. —Tal vez esa chica. granja por granja y rincón por rincón. le convierten en un ser sumamente peligroso. Se lo clavó con tal fuerza al pobre Baxter que le destrozó virtualmente la caja torácica. ¿no? —quiso saber Neil Freeman.

señor Freeman. Y desplegando un ejemplar del Sunday Times de la semana anterior. que lo condenó. cuando estuve en Darkmoor hace unas semanas. pidiendo suavemente a Moira: —Por favor. Leí todo lo sucedido en un amplio reportaje. juez. Pero la vida no es un escenario. el viajante se enfrascó en su lectura sin añadir una palabra más. se flor Freeman? Anoche vi su obra. fue a sentarse en su mesa de la noche antes. sobre todo durante la noche. señor —explicó el huésped—. tintes. que le miró ceñudo. El enlutado y pálido personaje. Añadidos de plástico. —Y yo puedo confirmarlo —terció una voz suave y fría desde la puerta del comedor—. lentillas de contacto de diversos colores. —Es verdad —sonrió Neil—. Y por si eso fuera poco. —Al parecer. con total indiferencia. sobresaltando incluso al juez Pershing. y que el juez Pershing.. del viajante de comercio.centro psiquiátrico de Darkmoor Hills en un informe —explicó Dodds—. goma. usted debe saberlo —sonrió a su vez Kellaway. espero el desayuno. y se encaminaron a la salida. caballeros. Fue algo espantoso. materias moldeables. viajante de comercio. señorita Turner. Colega de Desmond Darnell.. eso no le valió de mucho al tal Baxter —fue el agrio comentario. mirándole divertido—. Pero les aseguro que no tengo nada que ver con ese sujeto. lo mismo que yo. Moira. Resulta mucho más difícil engañar a los demás a plena luz.. Alvin Kellaway. por desgracia. tras su periódico. Recuerde que usted. —Hay otros medios que el maquillaje. tenemos cuatro asesinatos que añadir a su cuenta: un médico y una enfermera del manicomio.. El policía Hasper Dodds y el juez Pershing habían dado por terminada la pesquisa en el hotel.. Su rostro no se nos ha olvidado aún. así consta en el informe del constable Nickleby de esa región.. señor Kellaway. Aquí conocemos muy bien a Desmond Darnell. si una persona es lo bastante hábil para ello. puede ser a veces un gran escenario si el actor tiene suficiente categoría para ello. ¿no es cierto. Dodds avisó amistosamente a Moira Turner: —Tenga cuidado con los desconocidos. con expresión poco complacida. A todos los asesinó con una navaja de afeitar. podemos ser la próxima víctima de su venganza. y al menos usted cambió hasta tres veces de rostro durante la misma. por cierto. —Un rostro puede alterarse. —Nadie ha dicho tal cosa —replicó Pershing con cierta sequedad—. Una vez más. —No lo he olvidado —susurró la hotelera con expresión sombría—. La vida. —¿Quién es usted? —preguntó el juez Pershing fríamente. aunque antes de salir. y posteriormente dos científicos solitarios en una granja de las cercanías de Darkmoor Hills. Durante la noche lo tendré iodo bien cerrado. El maquillaje se vería sin dificultad alguna. . con sus guantes negros ajustados. que apresé a ese loco. el viajante de comercio Alvin Kellaway hacia su entrada sigilosa e imprevista en el recinto.

que a la luz del día mostraba más que nunca las numerosas arrugas de su ajada piel—. ha cambiado mucho —asintió ella—. diga lo que diga. viéndoles partir. eres un perfecto cretino —replicó airado su superior—. y se disponían a iniciar el desayuno. —¡Id todos al diablo! —refunfuñó Watson airado. Ellos no buscan a un actor sospechoso. —¿No entramos nosotros en la encuesta? se sorprendió McKey. mirando a su joven compañera. Nunca me ha preocupado la publicidad. mientras Neil Freeman se sentaba junto a Candy. de ese teatro inmundo que hacemos y sobre todo. bacon y café se extendió por la sala. —Ya hablamos de eso en el tren. sino a un criminal a quien creen conocer muy bien. pero que me ha impresionado el oírlo. —No digas tonterías. ganándose una reprobatoria mirada de Malcolm y de Susan. es evidente! Y cerró de un portazo. entraban en el comedor para el desayuno. Malcolm McKey es lo bastante conocido en toda Inglaterra para recurrir a efectos de tan pésimo gusto.. Los demás se miraron entre sí. —En algo que no tiene sentido ni relación con esto. —¿Es cierto que Timothy Watson ha cambiado tanto últimamente. ¿Por qué lo preguntas? —Oh. —¿Qué es ello? —Ese hombre. —Parece ser que no es necesario —dijo Freeman—. cuando ya Malcolm McKey. y ambos salieron del mismo. en forma airada. Porque no va a engañar a nadie sobre el padre de la criatura. señor McKey? —Oh. de esa sucia obra del loco del hacha. enea minándose a la salida con paso rápido—. —Malcolm tiene razón —apoyó Susan Lester. simplemente. ¿recuerdas? Si. Y más violento también. Sabes que Malcolm no merece un trato así. que la hotelera empezaba a servir en esos momentos. —¿Pensando en qué? —se intrigó ella. por nada. Estaba pensando. Timothy. Has cambiado mucho en estos últimos meses. Le hubiera gustado el papel de héroe real. Mencionó que es posible cambiar de rostro en la vida real como hacemos en la escena. Candy? — quiso saber Neil. cambió una mirada significativa con el policía local. Un grato aroma a huevos fritos. Es más irritable. ¿verdad. Kellaway —le señaló con un leve ademán—. ¡El escribió ese engendro. más duro y amargo. —Lástima — comentó Candy con ironía—. eso carece de importancia —replicó con aire presuntuoso el viejo actor y empresario—. —Tim. que Malcolm parece haber plagiado del caso de Desmond Darnell. Pershing miró con disgusto al huésped.. .. Kellaway rió burlón tras el parapeto de papel del Sunday Times. Susan Lester y el «villano» Timothy Watson.. Malcolm —se irritó Timothy Watson— Sabes que estabas muriéndote de ganas de aparecer en todos los periódicos como el actor que vivió en la realidad un suceso digno de sus obras. Tus palabras resultan últimamente muy molestas y hasta groseras. haciendo temblar todos los vidrios emplomados del bello comedor de La Corona y el Escudo. Estoy harto de vosotros.

. Al menos. —Tuvo que serlo.. Este asunto te ha impresionado demasiado.. que ni Malcolm McKey. desconcertándola—. Tienes derecho a sospechar de mí. dices las cosas por lo claro. hace dos meses.. puedo sospechar de los demás. ni yo misma. Y que no se notara ese cambio de persona salvo en leves detalles de carácter. ¿eh? —rió Freeman—. El loco no tenía rostro. aunque sin dejar de pensar. Desmond Darnell huyó del manicomio. Es lo que pensaba.. —No estarás sugiriendo que. querido.. —Bueno. Que es. Por tanto.. que Timothy Watson pudiera estar. ¿Te refieres a eso? —los ojos de la bonita pelirroja se clavaron en él asombrada. tomando un trago de café—. —Cálmate —él apretó cariñosamente su mano. había oído hablar de ti antes de que te incorporases a la compartía en Londres. No te habíamos visto antes. —A ti también. Pero yo nada sabía de él hasta hace dos meses que le conocí. —Ya lo sé —sonrió el joven. —Ya sé que suena absurdo dicho así.. esta mañana dices cosas absurdas. Neil. que no es él. —No me lo recuerdes —se estremeció ella. pero tenía un peculiar destello en el fondo de sus pupilas—.. Fue horrible.. según esa teoría. —Recuerda.. ¿qué sentido tiene hablar de eso ahora? —Pensaba si sería factible que alguien pudiera suplantar a otra persona conocida.. Pero como tú dices. Por fortuna. engañándonos. ni ninguno de nosotros. Y atacó los huevos fritos con aparente apetito.. sin duda.. Pero yo sé que no soy Darnell. si. Por tanto. Recuerda que tuviste un sueño premonitorio. es como si no hubiera nada en lugar de su cara. que yo sepa. al iniciar la nueva gira.. Neil. no lo tenía. de modo de ser y comportarse. todo el mundo tiene un rostro. ¿verdad? —No. —Oh. Nunca soñé nada parecido.. tú podrías ser Desmond Darnell. —Es posible. Candy. otra persona.. Es. —Y hace dos meses.

Las farolas se difuminaban en la bruma. Hasper Dodds. Pese a ello. Esa gente nunca da una en el clavo. oscurecía ya. —Ya saben —dijo Jonas Pershing. Cuando se levantó el telón y sus ojos contemplaron la repleta platea y los palcos atestados. amigo mío. Se sirvió café. se hinchó como un pavo real. en la calle. bostezó. y los puestos y tenderetes de la feria local comenzaban a recogerse. y ese acontecimiento quería conocerlo con todo detalle. Después de todo. tras cerrar la puerta vidriera bajo el farol azul de la pequeña estación policial. una música de fondo de órgano. En la función de noche también se mostraban buenos auspicios de cara a la taquilla. Tienen asegurada la actuación del lunes. —farfulló entre dientes. ya que la búsqueda . tras apurar un buen sorbo de whisky escocés. y se dispuso a leer el suplemento deportivo de un diario londinense algo atrasado. la llovizna era gélida y molesta. La representación comenzó en medio del expectante silencio del público... pertinaz llovizna. Esto marcha. Dentro. para volver el lunes como último día de aquellas fiestas. Tal vez la publicidad tétrica del último crimen. Frente a la taberna. señor McKey. eran como recuerdos en piedra de una sangrienta historia de horror y de muerte. acercándose a la vieja estufa de hierro ennegrecido donde se calentaba un pote de café—. ahora en su papel de empresario—. y las luces amarillas de sus ventanales recortaban en la bruma y en el pavimento mojado rectángulos de claridad macilenta. y el aire se llenó de olor a humedad. el teatro estaba abarrotado. había despertado la morbosidad de la gente hacia un género truculento y sanguinario. según los boletines meteorológicos. no había gran cosa que hacer por el momento. Su equipo favorito había ganado fuera. Y eso que iba a mejorar. empezando a declamar con su habitual grandilocuencia de actor mediocre. Annie Howell servía jarras de cerveza sintiéndose pellizcar el trasero en cada mesa llena de vociferantes clientes. comenzó a caer una fina. sirviéndose un buen trago de whisky en un vaso de grueso vidrio. se asomó a la puerta de su oficina. policía local. La gente ya apenas circulaba por las calles. CAPÍTULO VI El sábado por la tarde comenzó de nuevo a desplomarse sobre Abbotshead la niebla densa de los marjales. grabada en cinta magnetofónica. —Peste de tiempo. como todos los sábados. y efectos especiales de truculencia garantizada. Fuera. Malcolm McKey no cabía en sí de gozo por aquel éxito. La taberna La Zorra Dorada también aparecía llena. y regresó al interior. con el escenario en penumbras rojizas. las mansiones solitarias y silenciosas de la antigua pensión de los Farrow y de la vivienda de Alan Baxter. Además.

se abrió la puerta de la oficina. haciéndose añicos en el suelo. sobre el hierro caliente. De súbito. Abrió la radio.minuciosa de algún rastro del loco asesino. el viejo modelo que aparecía arrinconado en un punto de la estancia. tamo para él como para su docena larga de voluntarios ayudantes. junto a su escritorio. Seguía estando solo. esta vez se puso sobre el uniforme su correaje y la funda de la pistola con el arma dentro. No había luz en el dial. No es que la emisora hubiera dejado de emitir. palmeando suave y afectuosamente el bulto marcado en la funda de cuero negro—. el teléfono y la vetusta máquina de escribir. La infusión burbujeaba. empezando a preguntarse si no estaría loco. por toda la población.. había dado resultado totalmente negativo. —¡Por todos los diablos! —rugió—. Miró en torno. Maldijo todo lo habido y por haber. —Hasper Dodds. y miró en torno. Giró tan rápido. dejando caer el periódico y dirigiendo con rapidez su mano al arma enfundada. que derribó la silla y de nuevo el pote de café voló por los aires. Rascándose los cabellos cortados a cepillo. siguiendo la tradición de sus colegas londinenses. No había nadie. y derramándose el preciado licor. Sobresaltado. a su espalda. .. masculló: —No lo entiendo. Canturreó Dodds mientras se servía café y abría el periódico para leer el suplemento de deportes. Debí beber más de la cuenta. La botella de scotch había caído de su estante en el pequeño armario. se incorporó.. tuvo que girar hacia otro punto de la salita. perplejo. Con ese tipo no se puede nunca saber nada. Y sonaba allí dentro. Se dirigió allí en dos zancadas y cerró de nuevo. angustiado. goteando luego al suelo. había respondido a sus palabras. llamándose a si mismo estúpido. Manipuló el botón. apagada.. La radio. La retiró enseguida. la música se reanudó. asegurándose esta vez de que el pestillo encajase. porque no aseguró bien el pestillo. Apenas había puesto éste de nuevo en su posición normal. Estaba apagada. con nuevo sobresalto. como preguntándose qué clase de corriente o movimiento pudo haber hecho perder el equilibrio al sólido pote. Una música bailable se extendió por el recinto. Aunque habitualmente no llevaba consigo arma alguna. El pote de café se había derramado sobre la estufa. ¿Qué es lo que pasa aquí? ¿Es que hay brujas? La sangre se heló en sus venas. cualquier lugar de Abbotshead podía resultar sumamente peligroso. —Por si acaso —se dijo. estaba cerrado. Sólo se trataba de una ráfaga de aire que sin duda empujó la hoja de madera y vidrio. Para asombro suyo. —No puede ser —manifestó hablando consigo mismo—. Y con una noche así. Soltó una imprecación y fue hacia allá. dejó de emitir música. un estallido de vidrios le hizo girar sobre sí mismo. Dodds se volvió. Al girarlo de nuevo. soy Desmond Darnell —dijo una voz susurrante cerca de él—. Una risa hueca. Y he venido a por ti. ¿Cómo pudo cerrarse sola? Esta vez. Seguía sin saberse dónde se ocultaba el asesino.

partiéndola en dos. Apuntó al vacío... para volver a cerrarse. martilleaban su mente. se había quedado inmóvil. descolgaba el teléfono. unas vagas palabras le asaltaron. la joven actriz. pensó el policía. De repente.. de nuevo. golpeando el vacío con ambos brazos. Quebró los vidrios de la puerta. sin blanco para elegir. Dodds. en la mejilla. Giró sobre sus talones una vez más... —¡Nooo! —jadeó. Nuevos papeles bailotearon por los aires.. No puede ser cierto lo que ven mis ojos. Las palabras de Candy. descubrió entonces que algo movía sus papeles. como por arte de magia o por un increíble fenómeno de levitación. No se oían sonidos. Osciló. al ver que esa puerta se abría sola. antes de que la radio volviera a cerrarse misteriosamente. Pero suficiente. Todo. SIN ROSTRO.. y algo. La sangre corrió por su rostro cegándole.. si se utilizaba con fuera. Mirándole acaso desde la nada. salvo al . De pronto. agazapado.. giró sobre sí mismo. para hundirse en la cabeza de un hombre.. in.Veía sangre.. Justo a su espalda se producía. unos pasos o unos roces en el pavimento mojado de la calle. cayendo de bruces en el bordillo. Lanzó un grito terrible. y luego contempló la luz de la pequeña estación de policía con la vidriera destrozada por el agente.visible.La voz había sonado tan próxima. y el auricular permanecía flotando en el aire. a punto de ser recogido. sudoroso. Emitió un terrible alarido en la niebla: ¡Es invisible! ¡Es invisible! ¡Está ahí. y disparó. Un aterrorizado buhonero le miró con expresión de angustia. cayó al exterior. se alejaban a toda prisa...! Su vida se agotaba por momentos. que incluso había notado la escalofriante impresión de que un aliento humano rozaba su piel. angustiado. llevando esta vez su mano temblorosa al arma de su cintura—. Pequeña y no muy afilada. Exhaló un alarido de horror.. y alguien sin rostro me perseguía.. El hacha cayó sobre él.. logró extraer su arma de fuego..» ¡Sin rostro! Hasper Dodds. junto al último tenderete de feria que permanecía allí.. Sintió que algo helado y terrible se incrustaba en su frente. al acecho. como un recuerdo malévolo: «. El buhonero se ocultó rápidamente tras su tenderete. lívido. Con ojos desorbitados. con el dedo en el gatillo. Pero no pudo evitarlo. dejando caer su arma. por muy policía que fuese. crispado. mucha sangre. dispuesto a hacer fuego sobre la primera cosa que se moviese. La risa se repitió en otro punto de la habitación y colgaron el teléfono. Era el hacha de cortar leña para la estufa... Era demasiado para un hombre. en mi oficina! ¡Desmond Darnell es. estaba quieto. Si había «algo» o «alguien» allí dentro. a la nada. Aunque él no vio absolutamente a nadie en ningún momento. con el hacha clavada en su cráneo. se precipitó hacia adelante. un roce erizó sus cabellos. que giraban como aspas.

. porque se trata de un buhonero que vende por las ferias. y que Hasper Dodds. y cuenta muchas fantasías para vender mejor sus productos. —¿Invisible? —repitió sordamente McKey—. esta vez no parece hacer propaganda cuando jura y perjura que no había nadie en la estación policial salvo el propio Dodds. como en él era habitual. como si alguien hubiera removido todo aquello. señor juez. Pero ni siquiera Gaylord inventaría nada parecido. y grupos armados de hoces. que vio abrirse y cerrarse la puerta de la oficina por sí sola. juez? —inquirió Neil Freeman sombríamente. con tono despectivo. no es lo peor. taciturno. señora —se irritó el magistrado. pronto! ¡Han asesinado a un policía. —terció Susan Lester. era la viva imagen del terror y la angustia. arriba y abajo.. Eso es absurdo. llamado Terence Gaylord. —No irá a decirnos que usted cree que existe un ser invisible. Hasper Dodds ha sido la víctima número dos de Desmond Darnell en su demencial venganza. El juez Jonas Pershing. Suele beber más de la cuenta el pobre diablo.. —Lo es —admitió el juez.. Hemos perdido a un policía y a un buen amigo y vecino de todos. sólo repetía unas palabras. en su agonía.infortunado policía que yacía en un charco de sangre. junio a su puesto de venta. «¡Es invisible! ¡Es invisible! ¡Desmond Darnell es invisible!» Según el buhonero Gaylord. con ser malo. El pobre fue sorprendido en la estación policial y. no pudo evitar la muerte a manos de ese maniaco. —Esto es lo ocurrido hoy. murió con esas palabras en sus labios. —No. ante el fuego del hogar. aunque disparó una vez su arma reglamentaria. Moira Turner. clavando sus ojos preocupados en el primer actor—.. con el rostro demudado y las manos temblorosas. gritando a todos los puntos de la calle: —¡Socorro! ¡Auxilio! ¡Un policía muerto! ¡Socorro! ¡Vengan. cuchillos. recorrían la población en todos los sentidos. y luego prosiguió—: Había mucha confusión dentro de la oficina de Dodds.. ¿verdad. que está seguro de haber oído unos pasos alejándose aunque no vio a nadie. en el fondo del comedor del hotel. palos y hachas. Y tenemos un testigo de la misma. Sin embargo. el viajante de comercio..! *** La compartía teatral de Malcolm McKey permanecía acurrucada en silencio. señores —dijo al fin con un suspiro—. pascaba arriba y abajo. —Yo no puedo asegurar tal cosa. —Pero eso no es lo peor. Dodds sobrevivió unos momentos a su muerte. No tiene imaginación para tanto. Linternas y antorchas encendidas pascaban de vez en cuando por la calle. Alvin Kellaway. Carraspeó. y comenzar a correr. Esperó allí un tiempo antes de incorporarse. Cierto que es un hombre poco fiable. se enfrentaba a todos los presentes tratando de aparentar una serenidad que no sentía. sentada en un sillón. Gaylord insiste en . señor Freeman. Esta vez.

. regresando aquí bajo otra personalidad que no despierte sospechas? —Si fuese invisible. señor Watson. Y el lugar no tiene otra salida. Sólo vende baratijas. usted siempre lleva guantes —señaló agudamente Pershing—. ¿Por qué no suponer que Desmond Darnell es un loco lo bastante astuto como para alterar su aspecto físico. Sé que usted tiene que cenar y descansar. absolutamente necesario? —dudó. —Ese buhonero. Todos ustedes son los únicos forasteros en Abbotshead. Se quitó los guantes. Kellaway sonrió tristemente . —No necesitaba llegar a tanto. —Señor Kellaway. señor juez —suspiró el viajante de comercio—. yo soy la única ley. Miraba a todas partes con temor. —Yo también lo estaría si hubiese visto caer a ese Dodds junto a mí. sarcástico. —No. el rostro. Puedo obligarle a ello como magistrado local. el gerente de la compañía. Parecía realmente aterrado. de angustia y de cierta repulsión. Dice que el invisible asesino puede estar junto a él para silenciarle... por favor.que nadie salió por aquella puerta tras la muerte de Dodds. y estos señores volver al teatro a representar la función. ¿Por qué no nos hace el favor de quitárselos un momento aquí. Pero de veras me causa usted un grave daño al hacer esto. señor juez —protestó Alvin Kellaway de pronto—. si se niega. gorras y juguetes. —¿Sospechosos? —repitió Freeman sin mostrar disgusto alguno—. señor juez? ¿Por qué sospechar de nadie. Se miró las manos enguantadas. visible o no. ¿no vende viejos folletines? — rió Timothy Watson. ¿Qué tenemos que ver nosotros con su historia de un asesino a quien nadie ve? ¿Por qué nos ha reunido a todos aquí esta noche? —Lamento molestarles. Su aliento no olía a alcohol en absoluto cuando fue atendido por mí y por otros que acudieron a sus gritos de socorro. pero también sé una cosa — sostuvo el juez Pershing con energía—. —Todo esto es ridículo. ¿Qué significa esa palabra. Lo es.. pero sin salir nadie visible. Moira Turner y Candy lanzaron sendos gritos leves. —Sí. pañuelos. Y por tanto. juez —apuntó Kellaway. Estaba ligeramente pálido. con un hacha clavada en la frente —jadeó Thorold Benson. los únicos sospechosos. insiste en que la puerta se abrió y cerró. —Su terror era de otro tipo —objetó el juez—. si usted conoce bien a Desmond Darnell. encendiendo un cigarrillo con mano insegura. Eso sí. Hasta que llegue otro policía a suplir a Dodds aquí. el cuello. Pero he decidido tomar en serio las palabras del señor Kellaway. como si en el vacío mismo pudiera haber un enemigo acechándole. ante todos? El viajante de comercio pareció sorprendido y puso gesto de desagrado. ¿Cómo esconder un cuerpo sin forma? ¿Con ropas solamente? Quedan las manos. Un buen actor puede engañarnos a todos con una falsa identidad. eso sería más difícil... Alargó sus manos. puede crearse un nuevo rostro si tiene habilidad para ello. Un hombre. —¿Es. irónico—. entre otras cosas. igual que la señorita Turner y el resto de la población? —Tal vez estemos fantaseando. como muchos de ustedes suponen —suspiró el juez—. bufandas.

señor McKey —se irritó el juez. señor juez. creyéndose ese disparate de un hombre invisible. Colgó. —El que llamaba era el constable John Nickleby. les guste o no. Miró a los presentes.. ¿Por qué no admitir la remota posibilidad de que sea invisible? —Oh. pueden ustedes cenar tranquilos —pidió—. —Por favor. por último. regresando al comedor pensativo.. que la sonrió amablemente. No es agradable que la gente las vea así. —Es. dominando un estremecimiento. Me abrasé las manos.. de Darkmoor Hills. comprendo —volvió a enfundarse ambos guantes. Moira fue a él. —Repito que lo he sentido. señor Kellaway. tenemos un testimonio onírico en la señora Freeman. era químico. Mientras no haya más evidencias. Pero era inevitable. El hecho de que usted dé crédito a la absurda historia de un buhonero borrachín y fantasioso. ¿recuerdan? Se hizo un profundo silencio. cubiertas de llagas. Yo. tendió el aparato al juez. —Tal vez no... es cierto —jadeó ella—. —No lo he olvidado —musitó ella débilmente. Por otro lado. impresionado. El juez le dio las gracias. Pero cumplo con mi estricta obligación. Habló por él breves momentos. La camarera de la taberna La Zorra Dorada no vio a nadie entrar o salir de casa de Alan Baxter anoche. —Sí. No podía saber eso. —Lo siento —manifestó roncamente—. Ó tal vez sí. No les molestaré más.. aferró las manos de Neil Freeman.exhibiendo sus manos. que afirma que había un ser invisible. creo que está propasándose en sus atribuciones —protestó vivamente Malcolm McKey. Hubo un error con ciertos productos. Candy. informes y repugnantes.. una cosa así. Él tiene cierta experiencia en este caso. e insiste en que no dejó de limpiar cristales durante más de una hora. recuerde que tenemos un testigo: el buhonero Gaylord. Ella soñó con «un hombre sin rostro». Sólo quedamos ahora usted y yo. Antes de ser viajante. En ese momento sonó el teléfono del hotel.. señora Freeman —suspiró el juez—. Vendrá a suplir al difunto Dodds provisionalmente. Luego. No pude intuir. Encontró los cadáveres de dos científicos muertos a manos de Darnell en las cercanías del manicomio de Darkmoor Hills. asustada. encarándose con el actor—. para que Desmond Darnell complete su venganza. —Para usted. Por el momento. Hasta el juez Pershing se echó atrás ligeramente. juez Pershing —dijo—. yendo presuroso al aparato. hasta que nombren a otro sucesor oficial. Especialmente usted. no le permite causar daño moral a los demás. y que así lo dijo Dodds antes de morir. Dios mío... adelantándose como si fuese hacia las candilejas de la escena—. Es de Darkmoor Hills. tenemos algo más. estamos delirando todos —saltó airado Timothy Watson—. señorita Turner. Y. —Juez Pershing. Aparecían desolladas. penosa su expresión—. preguntando. ¿Y . Pero vivan todos alerta. Lo descolgó. lo cierto es que Desmond Darnell no aparece por ninguna parte. clavando sus ojos angustiados en el juez Pershing.

. señores? Y abandonó bruscamente el comedor. Extraño.saben lo que me ha dicho cuándo le hablé del testimonio del buhonero Gaylord? Que él tiene motivos para pensar lo mismo. dejando a todos sumidos en un silencio profundo y sobrecogedor. ¿verdad.

Y además. perdiéndose en la distancia. Neil? —De algo que nos afecta a los dos. Hoy vas muy despacio. Pero no tardes mucho. —¿De qué. Estaba empezando a notar que aquello era algo más que un vulgar romance de la vida teatral. en el patio de butacas. una vez intentó violar a dos mujeres antes de degollarlas a hachazos. —Su verdad. Estaba comenzando a sentirse .. Y. No puedo evitarlo. —musitó. estremecida. regresando al tocador para reanudar el maquillaje que tan mal se le daba esta noche. y se volvió hacia Candy. Candy oyó las pisadas de Neil. Cuando veníamos hacia este lugar. la gente gritaba. con uno de los macabros efectismos de la obra. Neil.. Ve abajo. —No te retrases. Candy. Abajo. Es justo que sepas la verdad. pensando que esa misma noche iba a despejarse una incógnita en su vida. No me gusta dejarte sola ni siquiera aquí.. —Está bien. Algo me dice que Neil no puede ser así. Creo que no debe haber secretos entre los dos —sonrió. Creo que ha llegado el momento de que yo te responda. como tantos otros existían en su mundillo. Dentro de siete u ocho minutos entras en escena. querido. me preguntaste algo. Yo cerraré con pestillo para que estés tranquilo. en el camerino. sin embargo. hacia la escena. agitando una mano desde la puerta—. contemplando su propia imagen—. —¿Qué verdad? —se extrañó ella. Candy asintió. —¡Freeman. —¡Qué tontería! —rió ella suavemente. CAPÍTULO VII La función de la noche entró en su tercer acto. mirándole a través del espejo—. recuerda que Desmond Darnell es un demente. Neil terminó su nueva caracterización. quizá todavía impresionada por el curso de los últimos acontecimientos en Abbotshead. ¿Qué podrá ser ello? Continuó su tarea de maquillaje con mayor ilusión. Y recuerda: ciérrate bien por dentro. tenemos que hablar. angustiada. dejando de maquillarse los ojos con su mano temblorosa—. Pero no puede ser nada malo ni inconfesable. algo oculta. —Lo sé —musitó ella. por favor.. Ve tú.. Después de la función. Se apresuró a cerrar la puerta con el pestillo. —De acuerdo —besó su mejilla al inclinarse—.. Sabía que había una verdad. a escena! —se oyó gritar la voz de Thorold Benson desde abajo. Candy. —Mi verdad. Aunque nosotros no tenemos nada que ver con la tragedia de este pueblo. que estaba maquillándose con lentitud superior a la habitual. Bajaré enseguida. Y en la de Neil también.

enamorada. Era tan fácil amar a un muchacho como Neil Freeman...
De pronto, los ojos se le desorbitaron.
—No, no es posible... —gimió, notando cómo se alzaba el pestillo de la puerta
como por arte de magia, sin que nadie lo tocara—. No se puede abrir más que por
dentro. No...
Lívida, se incorporó, dejando caer su asiento al suelo y derribando un pote de
polvos que flotaron, aromáticos, en el aire, empolvando el espejo.
La puerta del camerino se abrió lentamente. Candy miró con terror hacia allá,
empezando a retroceder.
—¿Qué... qué significa? —comenzó, aterrada—. ¿Qué es lo que...?
Como fascinados, sus ojos se clavaban en aquel hacha manejable y afilada que se
reflejaba con siniestros relampagueos en el espejo y se movía, implacable, hacia ella.
Lanzó un agudo, estridente grito de terror...
Pero justo en ese momento, abajo, en el escenario, se producía un terrible
efectismo que provocaba el grito del público. Y se ahogó así el alarido de Candy
Spencer al venir hacia ella el hacha y golpearla...
Cayó contra el tocador, del que derribó todos los botes y tarros con su brazo. De
allí, se fue al suelo, donde quedó inmóvil. Una sombra humana se inclinó sobre ella.
Un ronco jadeo invadió el pequeño camerino.

***

Neil miró angustiado hacia los bastidores. No vio a Candy entre cajas. Frente a
él. Timothy Watson acababa de irrumpir en escena, con su aire de malvado, y era el
momento de aparecer también Candy por el lado opuesto.
Sus ojos se encontraron con los de Thorold Benson. El gerente y traspunte
sacudió la cabeza negativo, mirando hacia arriba. Por otro punto asomó la cara
preocupada de Malcolm McKey, al notar el bache en escena. Neil tuvo que fingir
unas palabras, a las que Watson respondió con grandes dotes de improvisación.
Pero la situación se hacía insostenible, estaba llena de lagunas y pausas, y el
público comenzaba a mostrar su disconformidad con un discreto siseo. Rápido.
Neil se metió entre cajas.
—¿Y Candy? —gritó—. ¿Dónde se ha metido?
—Nadie lo sabe —respondió Susan Lester—. Benson acaba de subir a buscarla...
Esa chica va a arruinar la representación... El juez Pershing, de nuevo en su digno
papel de empresario, que parecía distanciarle de sus tareas jurídicas, apareció por la
puerta lateral del público, con aire preocupado y molesto.
—¿Qué es lo que sucede? —indagó—. La gente empieza a impacientarse. ¿No
tenía que aparecer en este momento su esposa, señor Freeman?
—¡Sí, maldita sea! —tronó Neil, furioso, lanzándose también hacia las escaleras
de camerinos, en pos de Benson—. ¿Qué es lo que puede ocurrirle?
Antes de llegar arriba, mientras en la platea arreciaban las protestas, oyó gritar a

Benson con horror. Una sacudida, un profundo escalofrío, conmovió su ser. Lanzóse
como una vorágine, llegando ante la abierta puerta cuando Thorold Benson,
convulso, mortalmente pálido, se tambaleaba, apoyándose en la pared, a punto de
vomitar.
—¿Qué pasa? —clamó Freeman, frenético. Y asomó al camerino.
El impacto fue brutal. La angustia, el horror, la ira y la impotencia le aferraron
como zarpas heladas. Sus ojos incrédulos contemplaron el pobre cuerpo femenino,
roto ante el tocador, rodeado de tarros de cremas y maquillajes. Y rodeado también
de sangre... Un hacha yacía entre sus muslos, tras haberla seccionado parte del cuello
y de sus pechos, y haber trazado brutales tajos en sus bellas piernas.
Ropas desgarradas hablaban de otro tipo de violencia, previo a la masacre. Neil
Freeman, tambaleante, comprendió la terrible verdad.
Alguien había violado a Candy, antes de asesinarla salvajemente en su propio
camerino...

***

—Violada...
—Sin duda alguna, señor Freeman —asintió sombríamente el doctor Steve Kent,
de Abbotshead—. El primer examen lo confirma. Su agresor abusó sexualmente de
ella y luego la remató a hachazos. Ella debía estar ya inconsciente cuando sucedió,
golpeada sin duda por algo contundente, quizá la propia hacha por el lado sin filo...
Un Neil Freeman lívido, convulso, desesperado, se movía arriba y abajo del
escenario ya desierto, de cuyas bambalinas colgaba una macilenta luz, tras la brusca c
incompleta finalización de la obra a causa del drama real acaecido tras los decorados.
El juez Pershing, toda la compañía de McKey y el propio médico, se hallaban
ahora reunidos allí, sobre el suelo de madera polvorienta con olor a teatro vacío, y tal
vez también a sangre, a serrín y a muerte. También había acudido, desde el hotel, al
saber la noticia, Moira Turner y Alvin Kellaway, que miraban sombríos e inquietos
hacia el enfurecido, trémulo Neil Freeman.
—¿Se da cuenta ahora, Freeman? —murmuró el juez amargamente—. Ya no es
sólo la venganza. Desmond Darnell vuelve a sus viejos hábitos de violencia sexual y
crimen. No tenía nada contra esa pobre muchacha, su esposa...
—No era mi esposa, juez —cortó Neil, tajante—. Esas cosas ocurren en el teatro.
Sólo éramos amantes. Fingimos estar casados para no escandalizar a la gente de este
lugar, es todo. Ella era Candy Spencer, una joven actriz sencilla y afectuosa,
necesitada de cariño, sola en el mundo. Y ha tenido que terminar así. A pocos pasos
de mí, sin que yo pudiera hacer nada por ella... Precisamente esta noche, cuando ella
y yo teníamos que hablar de tantas cosas de cara al futuro... — No necesitaba fingir
conmigo —suspiró Moira Turner moviendo negativamente su cabeza—. Siempre
imaginé la verdad, Freeman. Yo comprendo esas cosas.
—Gracias, señorita Turner —musitó Neil—. Ahora ya poco importa todo eso. Lo

que cuenta es ese monstruo, esa bestia sanguinaria, Desmond Darnell. ¡Hay que dar
con él aunque se esconda en el mismo infierno, juez Pershing!
—Es lo que estamos intentando hacer. Pero no es fácil. Freeman, usted lo sabe.
Ese demonio parece conocer cada rincón de este pueblo tanto o mejor que nosotros.
Entra y sale como quiere, como... como...
—Como si realmente fuera invisible —gruñó Kellaway, ceñudo.
Neil Freeman se volvió hacia éste. Su lívida faz era una máscara de odio y de ira.
—Es que ES invisible, señor Kellaway —dijo fríamente—. Yo lo sé.
Todas las miradas convergieron con asombro en el joven actor. Este paseaba de
nuevo por el escenario, como un tigre enjaulado.
—¿Qué quiso decir con eso? —terció el juez Pershing, sorprendido—. ¿Cómo
puede usted saber nada, señor Freeman?
—Iba a decírselo esta noche a Candy —murmuró Neil, cabizbajo—. Ella había
intuido la verdad. Se daba cuenta de que no soy lo que parezco. Y no pude llegar a
revelarle quién era yo, exactamente. Dios mío, ¿por qué tuvo que suceder
precisamente en ese momento? ¿Por qué ese maldito monstruo atacó a Candy para
desahogar su perverso, su sucia libido?
—¿Está tratando de decirnos que usted... no es lo que parece? —farfulló el juez.
—Exactamente, juez Pershing afirmó Neil—, Eso trato de decirles ahora.
—Pero en concreto, ¿quién es usted? —interrogó, alterado. Malcolm McKey—.
¿Es que ha estado engañándonos a todos durante todo este tiempo, Neil?
—Tenía que hacerlo —asintió el joven actor tristemente. Buscó en sus bolsillos.
Extrajo algo que tendió a su empresario. Ora un carnet de tapas de piel marrón, que
abrió para mostrar algo—. Superintendente Neil Freeman de Scotland Yard. ¿Lo entiende
ahora, McKey?
—¡Dios! jadeó el actor, palideciendo, asombrado—. ¡Un policía de Londres! ¡Un
oficial del Yard como actor en mi compañía!
—Formaba parte de mi misión, desde que supimos que su compañía iba a parar
dos o tres días en Abbotshead. Esperaba encontrar aquí a Desmond Darnell. Y
fracasó... He fracasado miserablemente, permitiendo, además, la muerte de otras
personas. Entre ellas la propia Candy... Pobre muchacha. Pobre muchacha...

***

El teatro se quedaba ya vacío.
Solamente la solitaria bombilla colgaba entre las bambalinas, proyectaba un
círculo de luz en el escenario. Más allá, la platea era una zona ominosa de sombras y
de tapizadas butacas en hileras, sin espectador alguno en sus filas.
El juez Jonas Pershing suspiró, recogiendo sus pertenencias en una carpeta. No
quedaban con él más que Neil Freeman y Moira Turner, la dueña del hotel. Ella se
había puesto ya un chal encima de sus ropas. Empezaba a sentirse frío en el teatro
desierto y silencioso donde aquella noche había golpeado la muerte de nuevo. Con

agazapado en la sombra. pero sin trucos de grand-guignol. no tengo miedo. Yo debo apagar todas las luces y cerrar las puertas. —¿Insiste en quedarse solo? —Será un momento. Moira caminó unos pasos sobre el pavimento que la lluvia había tornado negro. Enseguida estaré con ustedes. sentirlo cerca. —No —susurró Moira—. La radio y la televisión hubiera sido cosa de brujería. además de eso. ¿Vamos nosotros? Ella asintió. superintendente.. Cerraré el teatro antes de irme.. El mal está en otra cosa. Observó que el juez hundía una mano en el bolsillo exterior de su chaqueta. Su voz sonó trémula: —He oído lo que dijo ahí dentro. ¿Es cierto que Scotland Yard cree en la teoría de la invisibilidad? . si es que sobrevivo a este horror —dijo apagadamente—.. Moira se estremeció al verse rodeada de niebla y silencio. En un ser humano convertido en bestia feroz y enfermiza —respondió gravemente Neil.. —Gracias. Ese loco ya ha cometido bastantes atrocidades para un solo día. Darnell podría estar aún aquí. Nadie va a correr riesgos inútiles mientras me sea posible. Sólo eso —Neil encajó sus mandíbulas con fiereza—. —Nadie podía volar tampoco en el siglo pasado. señorita Turner. Llevo un arma conmigo. soy el dueño y empresario de este local —le mencionó apagadamente el magistrado—. preocupado—. Sigo sin creer posible eso. De todos modos. ¿Qué hace usted. no efectismos teatrales. —Quizá —el juez miró en torno..sangre y con horror. O a plena luz. —No. Y saldré enseguida de aquí. al revelar su verdadera identidad. Se encaminaron a la salida.. resbaladizo y brillante. cruzando la calzada con ella.. Esta vez. viscosa y repugnante. Nadie puede volverse invisible. —Le esperaremos. Si al menos pudiera verlo. —La niebla no es lo malo. el terror era auténtico. Es tarde. a la luz difusa de los amortiguados faroles públicos. —Creo que nunca podré ya caminar en la niebla. sin duda empuñando un revólver o cosa parecida. Vayan saliendo ustedes. Freeman.. —¿Se quedan ustedes? —preguntó el hombre que era. poder destruirlo. Es muy amable —sonrió ella con tristeza. Se envolvió mejor en su chal y apretó la mano sobre el brazo tenso de su acompañante. Soy práctico. No diga tonterías. Y la bomba atómica una locura de ilusos. —Yo la acompañaré —dijo roncamente Freeman—. Es como sentir el frío de la muerte pegándose a mí piel. Ellos caminaron hasta la calle. ¿qué más da? A él no podemos verle. a la vez. Se alejó hacia el cuadro eléctrico cachazudamente. —Como quiera —miró de soslayo a Moira Turner—. empresario y juez. Vuelvo al hotel. Pero todo eso existe. señorita Turner. juez? —Recuerde que. perdidos en la densa bruma—. Todos se han marchado ya.

aunque tal agujero. nada podía ser mejor para él que tal circunstancia. sin ser visto ni percibido por nadie. Eso significaba que. —No.. como una dolencia.. Yo lo sabía. Pero nos envió una muestra de un botellín de laboratorio que hallara vacío en la granja donde asesinara Darnell al profesor Talbot y al doctor Howard. volvía a haber siete. llega un momento en que el afectado por esa droga ya nunca es visible mientras vive y está condenado a sobrevivir invisible para siempre. nadie había tocado aquella jaula. otra vez la jaula le mostraba la presencia de sólo tres cobayas. señorita Turner. Sentí atracción física por ella y juzgué más fácil para mí trabajo tener un romance con una chica de teatro. es horrible imaginar algo así. ¿comprende? —se detuvo Neil bajo una farola. al tacto no existía! En suma. ¿Dónde estaba el resto del líquido del botellín? Sin duda alguna.. no lejos del hotel. Pero Darnell se lo buscó él mismo. dado su sabor dulzón y agradable. Candy no formaba parte de este sucio juego. Para asombro suyo ¡cuatro cobayas más aparecieron. de no ser porque al siguiente día. —¿Qué pasó entonces. para su idea de venganza demencial. Él pensó primero que veía visiones. Eso le permite deambular entre nosotros y matar a placer. el que vendrá mañana para suplir al pobre Dodds. —¿Y. Momentos después. sin explicación posible. como los cobayas..? —Esperó unas horas más. le mostró de pronto atete de esos animalitos. aunque poco antes no eran visibles! Era la evidencia de una invisibilidad inexplicable en principio.. superintendente? —Scotland Yard creyó que el constable Nickleby fantaseaba —sonrió duramente Neil—. llegué a quererla. El buhonero Gaylord tenía razón. —Dios mío. roció de pintura el interior.. sin forma reíd ni propia. empapadas de pintura. Pero en los cobayas descubrimos algo terrible: la invisibilidad iba creciendo por momentos en duración. El laboratorio lo probó sobre una plataforma. Hubiera hecho cualquier cosa por salvar su vida. Es decir. cuando una jaula con tres cobayas. mirando a la joven propietaria con atención—. Apenas si quedaba una mínima parte del líquido original en el fondo. Y.. herméticamente cerrada. Y lo asombroso es que lo habían conseguido. como la tuvo el pobre Dodds al morir. —No hemos tenido más remedio que creerla. ¡y ésta mostró un agujero donde estaba el líquido. El primer informe llegó del constable Nickleby. Cuando de nuevo vio tres animales allí dentro. su ayudante. Luego. hasta ser total. porque cuando Scotland Yard me envió a esta misión como falso actor de una compañía de truculento repertorio. Horrible.. —¿Y ahí entra Candy Spencer? —quiso saber Moira con femenino interés. Lo malo es que hasta ahora nos ha vencido él a todos. se iba tornando invisible a intervalos.. . sin embargo. los científicos asesinados trabajaban en la búsqueda de la fórmula de la invisibilidad de los cuerpos. Pero quizá nunca hubiera prestado mayor atención al hecho. Me siento culpable. el asesino se la había tomado. tenía conocimiento de lo investigado sobre los cobayas y los leves residuos del líquido del botellín y sabía la clase de enemigo que tenía que combatir. Sin embargo..

sin casi llegar al suelo. De sus ropas. El asesino era invisible. Nunca un policía se había enfrentado a algo tan irreal y. Luego. Ambos giraron la cabeza. vamos. guiaban a su vez. agudizados por la tensión. en los jirones de niebla y en el vacío. negra y pavonada. señorita Turner! Tiró de ella con desesperación. a Moira para poder seguirle lo más deprisa posible. ya lo sabe — musitó Moira. Pese a la escasa visibilidad. Ni objeto alguno.. Yo. el falso actor había extraído una automática plana. Eso casi me asustó. Freeman. desesperadamente. El corazón de Neil palpitaba con fuerza. Agitó sus brazos al verle. de un hombre al lado.. Lo sabía. —Pero no lo es —suspiró la hotelera—. Clavó sus ojos en la nada.. algo chapoteó en un charco. ¿quiere? Hace frío y humedad. y ambos echaron a correr. sencilla y solitaria. Sigamos. Su mirada se fijó en ese punto. Era una buena chica. Eso era seguro. ¿Con qué arma? Esta tenía que ser también visible en sus manos. regresando a grandes zancadas al teatro. despavorido y tembloroso. No llevaba ropas. Un cono de luz lechosa se derramaba en la niebla. Se interrumpió. la voz aguda. apretando su brazo con calor—. no se veía a ser viviente alguno. Pronto el juez apareció ante él. Los gritos de Pershing le guiaban en la bruma. Una detonación de arma de fuego había sonado en alguna parte. No se torture. Me atraía. presta a hacer fuego. ¡Vamos. sin embargo. Clavó sus ojos en una farola cercana. tan cierto.. sin ver a nadie. atacaba y perseguía al juez Pershing.. sordo rumor de unas pisadas en el pavimento mojado. El agua se removía como si algo la hubiera pisado. o éstas hubiesen sido perfectamente visibles. —Sí. por cuya puerta del escenario había salido de estampida el juez. Y. —Ahora. pronto Neil estuvo alejado de ella. Luego. La fría lógica se abrió paso en su cerebro de repente. —¡Ahí detrás de mí.. Pero estaba. Ante él. Estaban allí. Sus ojos centelleaban como los de la fiera al acecho. Un sueño la hizo ver algo más real de lo que imaginaba. En alguna parte. sin embargo. Sin embargo. hundida en la niebla: —¡Socorro! ¡Me persigue! ¡Es Darnell! ¡Es invisible. el invisible se había detenido para no hacer ruido con sus pies ni pisar un charco. es usted un gran chico. incluso creyó captar no lejos de él una respiración jadeante que se contenía. A sus oídos. dado el miedo que sentía a quedarse sola rodeada de aquella densa niebla helada. exactamente..! —¡El teatro! —rugió con repentina rabia—. en alguna parte. maldito sea ese loco asesino! Neil asintió. llegó el ahorcado. donde ella está. Y después. Y sus fuertes pisadas. desgarrada.. aunque él . Pese a los esfuerzos de la joven. apartándole para encararse con la oscura fachada posterior del teatro. ni siquiera pudo llegar a saber quién era yo. Por un momento. ¿La amaba mucho? —No sé si la amaba. con sus cabellos canosos despeinados y los ojos desorbitados por el pánico. Era intuitiva y presentía las cosas. ahora lo sé! ¡Viene tras de mi! ¡Ayúdenme. del juez Pershing. por el amor de Dios. Necesitada de afecto. Neil podía ver el negro poste de la farola.

Era su parapeto. Cautelosamente comenzó a caminar en círculo.. Descubrió el otro lado del poste de la farola. una vez más. Y el invisible lo notó. fuese cual fuera ésta. De repente.. la navaja avanzó centelleante hacia él. A la claridad lechosa. La lógica se cumplía. Captó Neil un gruñido sordo. Neil Freeman sentía un helado sudor pegajoso adherido a su piel. El invisible. Ocultaba detrás de la farola el arma. Era él.. dio un salto adelante.no lo fuera.. Luego. El poste negro de metal. una especie de imprecación surgida de la nada. Parecía colgar en el aire. destelló una terrible navaja de afeitar de larga y afilada hoja. Estaba allí. Pero no era eso. flotar en el vacío por un extraño fenómeno de parapsicología. Enfrente suyo. La farola. .

sin duda una mano invisible. Disparó dos veces seguidas. Lo juré esta noche. la sangre brotó de la nada. Luego. volviéndose al aterrorizado magistrado—. brotó del vacío mismo que llenaba la niebla y la luz de la farola. Darnell! ¡Tú invisibilidad ya no va a ser obstáculo para que caigas por fin. Casi no se sentía policía ya. —Juez. De su mano cayó la navaja de afeitar. No podía ir muy lejos. que tintineó lúgubremente en el suelo.. Estás malherido. en sordo choque repetido. Va herido. Te cazaré. sin embargo. porque estos dejaron de sangrar y de ser visibles flotando en el aire. debió presionar los orificios. maldito monstruo! Nadie le respondió. pero produciendo un efecto espeluznante.. no se dejó sorprender por su temible enemigo sin rostro. Y sangrarían mucho. Darnell. el invisible debía de estar herido en el vientre y estómago. ¡El invisible estaba herido! Neil lanzó una exclamación de salvaje júbilo. Quizá en el principio de su desastre. por no decir imposible. Vagamente. Esta vez no tiene escapatoria. Era un duelo a muerte entre un monstruo y un hombre vengativo y dolorido. y estaba en guardia. Un par de agujeros en el vacío derramaban sangre sobre el pavimento mojado. mágicamente. te cazaré. La tos sonó más lejana. la Ley y el Crimen. Una tos seca. CAPÍTULO VIII La sorpresa pudo haber paralizado de terror a cualquier otro. Apenas se movió la navaja. Estaban en un grave aprieto por fin. El ser invisible retrocedía. Un choque primitivo entre dos símbolos eternos y acaso maniqueos. Pero Neil no tuvo miedo esta vez. . alzó su automática. Esperaba algo así. con voz ronca—. Quizá no eran lesiones mortales. Su sangre es el mejor rastro a seguir. que avisen algunos perros de caza —silabeó Neil. —Es inútil. aproximadamente. Por la altura a que viera sus impactos de bala. Sin vacilar. oyó unos pasos suaves que se alejaban. retroceder ante el enemigo. dar con el fugitivo ahora. Neil Freeman. —¡Quieto! —silabeó Neil. al ver muerta a Candy. pero sí dolorosas. Mezclada con algunas palabras sordas c incongruentes. Darnell —avisó con energía—. ¡Quieto o disparo. no lejos de donde los boquetes de bala provocaban los goterones de sangre. No tienes escapatoria ya. pero ciertos: el Bien y el Mal. El enemigo huía.. Si se vendaba. Era difícil. No importa adonde vayas.. La bruma se enroscó en torno a una forma sin materia que debía huir. Juré que te daría caza. Algo. sería visible en su vendaje. Pero la sangre era un rastro implacable. escalofriante. La niebla lo envolvía todo. La navaja se paró en el aire en seco.

empezando a sentirse mejor. comprensiva. removió las brasas de la chimenea con un atizador de hierro. en estos momentos. Cuanto antes lleguemos al hotel y preparemos la cacería.. sintiéndose ligeramente mejor. por favor —rogó el magistrado—. —Quisiera estarlo —sonrió forzada ella—. —Sí —musitó el magistrado—. Luego se echó a reír. —Ya está —murmuró. alrededor suyo. He pasado una mala noche. caminando a grandes raneadas—. señorita Turner! —la apremió el juez. juez —suspiró Moira—. ¿Quiere tomar algo? —Sí.. —¡Vamos. No debe temer nada del invisible. Cuando iba a tomar un vaso. sintió un frió sutil recorriendo su espina dorsal. eso no es posible. Ya no sentía miedo por sí misma. Fue al mueble-bar del comedor y se inclinó para tomar una botella de whisky escocés. Moira sonrió. —Quizá tenga usted razón. Y Moira Turner. Moira se sirvió un dedo de brandy y lo apuró de un trago. Freeman. tanto mejor. Ese maldito Darnell ya no tiene evasión posible. se volvió bruscamente hacia el juez. sólo unos momentos más tarde.. Algunas ventanas brillaban ya en la noche. mientras el juez se dirigía al teléfono. Tomó a Moira de un bruzo y se encaminó con ella hacia el hotel. se sintiera más sola que nunca. para iniciar la búsqueda con sus mejores perros y mastines. para preguntarle—: ¿Lo quiere solo o con hielo? . Cuide usted de la señorita Turner. Pero no puedo.. pese a la compañía del magistrado local. acercándose a ella con aire de cansancio—. e ignoro la razón.. la invisible forma que huía de él hacía alguna parte—. sino también por el joven superintendente de Scotland Yard Luego. para disponer la cacería definitiva del asesino invisible. Un poco de scotch puede que me anime. El juez Pershing colgó el teléfono con un suspiro. ¿Y usted? ¿Adónde va? —En su busca —señaló a la noche. la bruma se engulló definitivamente al joven policía. Y más asustada. No se preocupe. acechándonos desde su impunidad. de modo que esté tranquila. Arriba. pero no pudo evitar una mirada hacia la cada vez más distante y borrosa silueta de Neil Freeman. asegurándola con el cerrojo. Le gente de Abbotshead se reunirá en pocos minutos en la plaza mayor. créame. encendía las luces del comedor y cerraba la puerta.. dormían los huéspedes de su establecimiento y todo era tranquilo alrededor. por favor. Ella asintió. señalando el sobresalto de los vecinos de Abbotshead al estruendo de los disparos y las voces en la calle. y se volvió hacia la bella hotelera—. —Claro —asintió el juez Pershing. entrada en la confortable atmósfera del hotel. créame. Lo haré. mi querida amiga. temeroso. Es como si algo o alguien me dijera que ese ser invisible puede estar aquí ahora. —¿Aquí? —el juez miró con sobresalto a su alrededor. No. Sin embargo. Sí. Neil Freeman es un auténtico sabueso y está tras su presa. mirando de vez en cuando. Era como si. la niebla. La llevare al hotel y prepararemos la cacería de ese modo enseguida. todavía sacudido por violentos temblores—. de repente.

en medio de la espesa niebla. En las últimas yardas. Tuvo cierta suerte. al golpear el suelo mojado. No era difícil. con leños y un hacha a un lado. porque había rendijas y grietas en su superficie de húmeda piedra. normalmente apacible. Sonrió torvamente en la oscuridad. Sus ojos se elevaron hacia el muro donde la última gota de sangre casi había rozado la pared. Se preguntó cuál sería el camino seguido por su presa. de lujuria insaciable. No sabía dónde se encontraba exactamente. con su peligrosa ristra de vidrios agudos y punzantes. Pero era mínima. Pero lo intentarla. una expresión demoniaca de deseo. Una serie de patios y de viejas caballerizas se extendían ante él. Y en el rostro del afable juez Jonas Pershing. Porque ahora él creía saber algo más al respecto. en un auténtico demonio de morbosidad y de furia homicida. Ha buscado refugio allí.. rematada por vidrios cortantes... lanzó una imprecación de júbilo. el rastro había ido decreciendo. de perversión infinita. hasta hallarse en un punto que le resultó vagamente familiar.. No iba a ser cosa sencilla dar con él.. Y entonces vio el atizador de la chimenea alzado hacia ella. mientras la otra bajaba con el atizador. Comenzó a escalar el muro. a punto de golpear su cabeza. Su linterna le reveló la presencia de hilachas ensangrentadas en una de las aristas vidriosas. perplejo.. dirigiendo una ráfaga de luz en cada sentido. Miró a ambos lados. —musitó—. y un viejo coche situado en el otro extremo. El invisible había pasado por allí. que convertía su rostro. para ocultar su herida. . Su corazón dio un vuelco. Su linterna reveló una pared elevada y sombría. *** Neil Freeman se detuvo. Guardó su linterna y su pistola. para golpearla brutalmente en la cabeza. El grito de terror y asombro de Moira se ahogó en su garganta. Quizá fuera realmente la última oportunidad de su enemigo. bajo un viejo toldo descolorido. la total orientación y sentido de su marcha. prueba de que el herido encontró algo con lo que taponar sus heridas. al menos momentáneamente. había llegado a perder. —Luego es cierto. Cuando alcanzó el borde superior. La siguió. pasando de un patio a otro. En su recorrido por el dédalo callejero de Abbotshead. De eso no tenía duda alguna. No descubrió ninguna otra gota de sangre. El invisible es un huésped del hotel. formando un terreno fácil para ocultarse un fugitivo. Otras hilachas y unas gotas de sangre le revelaron la ruta seguida por el criminal herido.. Era un patio cuadrangular. El patio del hotel La Corona y el Escudo. Miró al otro lado. cuando el juez puso una de sus rectas manos contra su boca. Pero hasta allí había llegado el invisible. Es su última oportunidad..

sonaba en el fondo de la oscura estancia. Un jadeo ronco. Procedía del comedor. Su linterna le reveló otras manchas de sangre. Su lámpara proyectó un reguero de luz dentro. Me engañó bien.. Pero también quería saber si el juez y Moira Turner estaban sin novedad. paso a paso. Me trataron inhumanamente. Maldito policía. Sangre humana.. Se agitaba en el suelo.. termina volviéndose en un maldito y sucio .. Giró la cabeza hacia un reflejo distante de luz. Lo hizo con las Farrow.. Ni entonces ni ahora. Unos lejanos ladridos. le demostraron que Pershing había reclamado ya la ayuda del fino olfato de los canes. cerrado y asegurado herméticamente. —No. aunque no le era posible descubrirla. salvo el recio portón a una calleja trasera. Puso su mano en el pomo... —Miente.. moviéndose espasmódicos. Ya no vio sangre en el resto de la cocina ni en el corredor que conducía al almacén.. Esos cerdos del sanatorio me enloquecieron más aún. Oscura y espesa.. Dudó... había iniciado su inicial tapón para retener la hemorragia con otros paños limpios. El que no está loco. Unos paños ensangrentados pare clan flotar sobre la nada. en algunos puntos del pueblo. cuando tuviera la primera oportunidad — dijo duramente Neil acercándose al invisible herido—. gana. ¿Quién era. violé a nadie —jadeó la voz. Avanzó lentamente. el hacha. Y con Candy esta noche. salió gritando. Pero eso era todo. Yo estaba enfermo. Proyectó su luz sobre el ser a quien no podía ver. No lo hice. Y si la cacería del asesinato había comenzado. La delgada línea de luz de su lámpara le reveló su naturaleza. Luego esa chica.. Esperaba curarme en estos sitios. Sangre. La sangre. Miró en torno. tratamientos brutales. Freeman —rechazó la voz del invisible—. —jadeó una voz sorda.. Electro-shock. Una puertecilla lateral conducía a la cocina y almacén del establecimiento... El invisible había entrado por esa puerta en el hotel. Faltaban bayetas y paños sin duda.. —Yo nunca. Neil entró. Todo me condenó. Era la única en aquel punto. madre e hija. Escaló la última tapia y saltó al patio del hotel cayendo elásticamente sobre sus piernas flexionadas. al sentirla mojada de algo viscoso. Lo dije cuándo violó y mató u aquella pobre chica. metido en mi trabajo. La retiró vivamente. una leve tos agónica. No vio arma alguna al alcance del invisible. un trapo ensangrentado apareció caído junto a los fogones.. Yo no maté a nadie aquella noche. a través de otra puerta situada al extremo opuesto del mismo corredor. —Usted. Decidió seguir hacia el almacén.. Se quedó rígido. Sólo descubrí los cadáveres bañados en sangre... Candy Spencer.. —Juré darle caza y acabar con usted. Moira Turner. si.. irreconocible—.. Volvió a empuñar su pistola.. mi expresión. Cuando llegó a la cocina. Neil juró entre dientes. Era mucho su afán de dar con el invisible Darnell. Casi pudo intuir una mirada fría fija en él. realmente? Avanzó con suma cautela. Baxter me vio al asomar. Allí estaba el invisible..

El hallazgo del profesor Talbot. Nunca. helado de horror. Lo juro. ¿Quién mentiría cuando va a morir? Neil estaba agazapado junto al herido. Freeman. regido por médicos que no entienden la mente humana ni se preocupan de sus pacientes. Mojaba la forma invisible.. Palpó el vacío. El provocó las muertes de entonces..psiquiátrico.. Alguien que sin duda.. No. Notó los lentos latidos de un corazón que se debilitaba. Freeman. Por eso maté. Sin duda alguien respetable. Le encañonaba con su arma. ¡El juez Pershing. Darnell? —jadeó sordamente— ¿Quién? —No lo sé. Freeman. una vez más. sintiendo en su corazón y en su cerebro el frío mismo de la muerte. —Pero ¿quién.. Pero eso chica del teatro.. El don de la invisibilidad en un fracaso. La sangre encharcaba ya los partos y el sucio.! Y a la desesperada.. El impacto sobre la mente de Neil fue terrible. aquella noche en la pensión. conoce ese teatro mejor que yo. La escasa presión arterial de un moribundo. Alguien capaz de abrir la puerta de un camerino sin llaves. Un ser envilecido. sobrecogido...... se precipitó a la carrera hacia la luz del comedor del hotel.. Donde parecía no existir nada... No la toqué. Se incorporó de un salto. había un cuerpo humano. por eso escapé. por eso odié tanto y juré cumplir mi venganza. Y digo la verdad. convencido trágicamente de que llegaba tarde. Como la vieja alquimia medieval. —¿Qué está diciendo? —Hay otro en este lugar. dándole cuerpo en un rojo siniestro... Peor que yo.. tangible. Se estremeció. y la de Candy Spencer.. Alargó la mano. —¡No! —aulló—. Un sádico asesino que mata después de violar.. yo nunca lo haría.. Lo hizo el mismo que mató a los Farrow y a la criada. ... Sólo que no se le podía ver.. reprimido y vil. del que nadie sospecha. sólido...

revelando la desnudez mórbida de sus muslos. como esta misma noche con esa chica del teatro.. gozara de aquel cuerpo espléndido..... desde la puerta del comedor—. volvió la cabeza con sobresalto.. sólo por vengar a su amante. preciosa. la boca babeante del transformado juez Pershing seguía pronunciando palabras obscenas. Es usted policía. hermosa Moira. moviéndose cauto hacia él. excitándose con la proximidad de la violación de su joven víctima. tan hermosa y deseable. se inclinó sobre el cuerpo inerte de Moira Turner. Eres mía.. Usted. en un baño de sangre.. No lo hará sobre el juez. totalmente mía. sucio pervertido.. un hombre asesino y un degenerado de la peor especie. Estaba viva. abatida de un seco pero no demasiado contundente golpe de atizador en su nuca. —Le mataré. sometido ahora totalmente a su merced. Nadie sabrá nada. aquella mujerzuela de teatro.... a sangre fría. con mano crispada. De pronto.. maldito cerdo asesino. Unas pisadas fuertes sonaron a su espalda. —¡Juez Pershing! —jadeó Neil Freeman... Será el último crimen de Darnell. con ojos dilatados por la lujuria. brutales. morirás como los demás.. Bajo esa capa de honorabilidad de la dignidad de su cargo. CAPÍTULO IX El juez Jonas Pershing. Freeman. sólo se encierra un ser perverso. Le mataré por lo que ha descubierto —susurró con voz chirriante el magistrado.. con el atizador en ristre—. la belleza de sus senos jóvenes y potentes. iba dejando más al desnudo las formas y las partes más íntimas de aquel hermoso cuerpo de mujer sometido a sus morbosos deseos. ¿Quién puede sospechar en Abbotshead de un hombre honorable y digno como Jonas Pershing? Y mientras hablaba y hablaba con voz cada vez más ronca. Temblando de codicia» de avidez insana.. lívido. acompañadas de una retahíla de expresiones que más bien parecían un monólogo que el diálogo con alguien que no podía oiría en ese momento: —Cuando hayas sido mía. . Mientras tanto. se precipitó sobre la víctima. Usted no se atreverá a disparar. Las manos vigorosas del magistrado arrancaron las ropas de Moira.. Aferró el atizador... Su venganza sobre ti. Mía.. Como entonces. —Todos creerán que fue otra hazaña de Desmond Darnell —jadeó—. Sus dedos se hincaron en la carne joven y maciza. los ojos saliendo de sus órbitas. No puede matarme así. Moira Turner. Lo suficiente viva como para que el sádico enfermizo. convertida su amable cara en una máscara de perversión sin freno.. De modo que era usted. empezando a ensañarse en caricias rudas..

en una crispación suprema de dolor y angustia. Neil le contempló. al regreso de su invisibilidad. acariciando la mejilla de la joven—. Junto al costado de Neil. Cayó atrás. el invisible. tratando de arrancarse con ambas manos la ancha hoja de acero hincada en su carne y huesos. Algo zumbó en el aire violentamente. saltó sobre su enemigo.. Usted le hubiera matado fríamente. Hágalo. —jadeó—.. maldito sea.. ¡Era el juez Pershing. Es el final. —Juez. Dios mío! —estalló ella repentinamente en sollozos al verse .. Pershing. tambaleante. no lejos de Moira Turner. Estoy aquí. puede creerme.. Ya no hay nada que temer. dudando entre su obligación de policía y sus sentimientos de odio y cólera hacia el perverso asesino. angustiada. casi sintiendo compasión por aquel que fuera víctima de muchas incomprensiones. que empezaba a recuperar lentamente el conocimiento.. esperando que se recuperase. cállese. —¡Pershing! —gritó—. Será justicia... flotando en las líneas inciertas de un rostro incompleto.. Neil Freeman dominó su horror ante la espantosa escena. materializándose. simplemente. le miraron. Se incorporó. Cuando lo hizo. en medio de un alucinante baño de sangre.. Freeman. mientras pataleaba en vano. hasta hacer de un pobre enfermo un auténtico ser peligroso y cruel. Y todos dirán que sólo trató de vengarse. lo sé —sonrió Neil.. se vuelve visible. o le mato.. los ojos de ella le miraron con terror.. absorto. No lo hará. Un ser cristalino. Luego. La alzó en sus brazos. Al morir. Lo sé todo. —Su conciencia siempre le diría que hay dudas sobre eso —rió malignamente el juez—. mientras su cuerpo todo iba cobrando forma poco a poco. Alguien revolvió por él. No será venganza. enarbolando el atizador para descargarlo bestialmente sobre el cráneo de Neil. partiéndole en dos. dejando regueros de sangre por doquier. A sus espaldas hubo un arrastrar de pies. cayó de bruces. Freeman. ahorita Turner. he cumplido. toda la pesadilla maldita que hemos vivido estos días. que empezaba a materializarse al fin. pasó sibilante una ancha hoja de acero. No tenga miedo ya. Sé que no lo hará. él tenía razón..... hacia la inconsciente Moira.. Antes. al sentirse así masacrado por un hacha bien dirigida. dando convulsos espasmos. cobrando forma humana. Absolutamente todo. mi venganza. para caer al fin pesadamente de bruces. —¡Oh.! —Lo sé. Giró la cabeza. Suelte ese objeto y entréguese —silabeó Freeman. Este vaciló.... Freeman. Caminó lento. Y se quedó inmóvil en el suelo. El hacha de cortar leña del patio alcanzó de lleno a Jonas Pershing. a su lado. mientras una voz rota balbuceaba: —Al menos. unos ojos incoloros. Todo pasó.. se tambaleaba. convulso—. Se clavó en su rostro. por encima de su condición de policía. Y soltando una agria carcajada. —Ahora lo entiendo... la llevó fuera del comedor y la depositó suavemente sobre un sofá. El magistrado rugió..

Sin duda. Ambos entendieron. sin dejar de consolar a aquella joven y bella mujer que buscaba apoyo y protección en él. De no ser por usted. y tal vez a mí. Por las escale ras. —Darnell. Moira Turner se merecía eso.. los médicos. ¿cómo se escondía de todos? ¿Quién era.. Y estaba seguro de volver algún día a Abbotshead... Todo ha terminado. En su habitación sólo hay tarros de plástico.. Y el eterno «villano» Timothy Watson. no como policía. Ahora. Le debe mucho al invisible.. Creo que sí lo entendemos. en realidad? —Creo que pronto lo sabremos —suspiró Neil..... El mató a Pershing para salvarla a usted. ¿Es que en este pueblo no se puede descansar nunca? —No se preocupen —sonrió Neil—. el manicomio.. Y apretó con calor las manos de Moira entre las suyas. Neil la confortó afectuosamente. Moira volvió la cabeza. Incluso a Candy. ¿Ustedes lo entienden? Neil y Moira se miraron.... —Es curioso —comentó Watson—.. a fin de cuentas.. aunque sí era un loco... —Pero Darnell. alguien de entre todos ellos va a faltar hoy. Se abrazó a él. No logro encontrar por parte alguna a Thorold Benson.. mirando a la escalera.. Bajan todos los demás. —Por mí.. Susan Lester. Escuche. No era tan malo como imaginamos. nuestro gerente y encargado de escena y aire/o.. Seguían a McKey su primera actriz. FIN . muerto? —Si. ¿Está.... no. Sólo como Neil Freeman. —Si —dijo roncamente el joven superintendente de policía—. sin soltar a Neil. Le volvieron loco las acusaciones. tras la amarga experiencia vivida—. descendían los huéspedes. debidamente caracterizado para su gran interpretación. a Desmond Darnell. todos podremos descansar ya tranquilos.. Luego. de cera moldeable. pelucas y cosas así.. Y mucho más. precisamente. atraídos por el ruido y las voces. negó despacio. Y el viajante de comercio Alvin Kellaway. aunque no pueda usted creerlo. Todos nos equivocamos un poco con él.medio desnuda y comprender de lo que había escapado—. Se dijo que con el tiempo era posible llegar a olvidarse todo. —¿Qué diablos ocurre ahora? —tronó la voz de Malcolm McKey. lentillas... Y ése. guantes que parecen carne. será el invisible Desmond Darnell..

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