Apuntes sobre teoría conductista

En 1953, B. F. Skinner – también neo-conductista en su obra Ciencia y Conducta Humana, analiza
y teoriza diversos elementos de la conducta, tales como pensamientos, imágenes, emociones y
respuestas psicofisiológicas. Lejos de ser indiferente a tales elementos encubiertos, los
considera parte de la conducta. Su conductismo radical, considera el comportamiento “de raíz”,
donde las imágenes mentales y los pensamientos también forman parte de la conducta.

Un punto de especial relevancia es que en dicha obra Skinner destaca la importancia de las reglas
y el lenguaje en el condicionamiento y control de la conducta. Este autor, expresa que las reglas
están compuestas por la internalización de las contingencias. Las reglas, en sí mismas, al ser
aprendidas, pueden ejercer efecto en la conducta, más allá de los estímulos presentes en el
ambiente. El comportamiento gobernado por reglas implica que no siempre es necesaria la
exposición directa a los estímulos para que se produzca el condicionamiento y aprendizaje. Por
ejemplo, todos nosotros sabemos que algunas serpientes son peligrosas, aunque nunca no nos
haya mordido ninguna. También podemos pensar o imaginar una serpiente y sentir respuestas
fisiológicas de ansiedad. Tanto los pensamientos como las imágenes mentales tienen íntima
relación con la regla aprendida sobre la peligrosidad de las serpientes.

Tanto Skinner como los representantes del conductismo mediacional adhieren directa o
indirectamente a la continuidad, homogeneidad, interacción y transferencia entre las conductas
observables y las conductas encubiertas. En ese sentido, la conducta siempre incluyó a la
“cognición”, por ende, el término cognitivo-conductual es, de algún modo redundante. Por eso,
dentro del neo-conductismo, no se asume el significado de la revolución cognitiva. (Morris,
1998)

- El mito de la Revolución cognitiva - Minici, Dahab y Rivadeneira.