JOSEPH BERNA

TERROR EN EL LAGO NEGRO

SELECCION TERROR n.° 398

CAPITULO PRIMERO

El «Pontiac» azul se detuvo junto al lago.

—¿Esto es el Lago Negro, Francis...? —exclamó Sandy Bellows.

—Sí, hemos llegado —asintió Francis Dobkin, parando el motor.

—¡Me gusta, me gusta! —se puso a aplaudir la muchacha, entusiasmada.

Su acompañante rió.

—Por la mañana aún te gustará más, ya verás —aseguró—. Ahora es de
noche y...

—¿Sueles venir mucho por aquí, Francis? —le interrumpió Sandy,
mirándolo a los ojos.

—De vez en cuando.

—Y siempre te traes compañía femenina, ¿eh?

Francis le pasó el brazo por la cintura.

—¿Hay algo mejor que pasar un fin de semana junto a un tranquilo y
hermoso lago, en compañía de una chica bonita?

—Tú sabrás. Yo nunca he pasado un fin de semana junto a un lago con una
chica bonita.

—¿Y con un tipo simpático y agradable? —Francis atrajo a la muchacha

Salgamos del coche. Francis tenía veintiséis años. percibiendo su tibieza a través de la liviana blusa. no demasiado grande pero duro y erecto. Contaba veintidós años de edad.. un rostro alegre y un cuerpo largo y atlético.. larga y apasionada. tonto. —¿Entonces. obligándole a separar su boca de la de ella. Mientras besaba la cálida y apetecible boca de Sandy. el pelo rubio y crecido.? Sandy le sonrió encantadoramente. —Tienes razón. Después tendremos tiempo de sobra para los besos y las caricias. Era morena. Sandy colaboró en la caricia.. Sandy —estuvo de acuerdo Francis—. Montar la tienda de campaña.? —Acabamos de llegar y tenemos que hacer muchas cosas... Bien formada. sonriendo. Sandy le puso las manos en el pecho y empujó suavemente. —A partir de ahora ya no podrás decir eso —sonrió a su vez él. . y la besó en los labios. —Claro que me gusta. Francis retiró su mano del seno femenino y preguntó: —¿No te gusta que. Atractiva. preparar la cena. deslizó su mano hacia el busto femenino y oprimió el seno derecho.hacia sí.. —Tampoco —respondió ella.

Descendieron los dos del «Pontiac», cuyas luces había apagado Francis
Dobkin.

La noche era clara y luminosa, podían moverse perfectamente sin tener que
recurrir a la lámpara de gas que llevaba Francis en el maletero del coche, junto con
la tienda de campaña, la cesta de la comida y algunas cosas más.

Francis y Sandy lo descargaron todo y procedieron a montar la tienda.

Sandy se empleaba con la mejor voluntad, pero jamás había montado una
tienda de campaña y, más que ayudar a Francis, entorpecía su labor, por lo que
éste sugirió:

—¿No te apetece darte un baño, Sandy?

—[Ya lo creo!

—Hazlo pues.

—Cuando hayamos montado la tienda.

—Yo me ocupo de la tienda, no te preocupes.

—No te sirvo de mucho, ¿eh? —adivinó la muchacha.

—Bueno, la verdad es que... —carraspeó Francis.

Sandy rió.

—No me molesta que me lo digas, Francis. Reconozco que soy una nulidad
montando tiendas, porque no tengo ninguna experiencia. Me daré ese baño.

—Me reuniré contigo lo antes posible —prometió Francis—. También a mí
me apetece un bañito antes de la cena.

—¡Estupendo! —exclamó Sandy, que ya se estaba desabotonando la blusa.

Se despojó de ella y quedó con el pequeño sujetador de un bikini negro.

—Venías preparada para zambullirte en el lago, ¿eh? —dijo Francis.

—¡Claro! ¿Tú no?

—También.

Sandy se descalzó y se sacó los ceñidos tejanos color hueso.

El pantaloncito del bikini era muy breve y apenas cubría lo que tenía la
obligación de cubrir.

Francis la contempló con admiración.

—Estás que quitas el hipo, Sandy.

—Agradezco el piropo, Francis, pero será mejor que dejes de mirarme a mí y
te concentres en tu trabajo, no vaya a ser que montes la tienda al revés —repuso la
joven, riendo.

Francis rió también y reanudó su tarea.

Sandy se pegó una carrerita y se metió en el lago, cuyas aguas brillaban al
proyectarse sobre ellas la luz de la luna.

Nadó unos metros y se volvió hacia la orilla.

—¡El agua está deliciosa, Francis! —exclamó, agitando un brazo.

—¡Tú también! —le respondió él.

—¡Gracias! —rió Sandy, y se adentró en el lago unos cuantos metros más.

Se detuvo y se sostuvo en posición vertical, moviendo suavemente los
brazos y las piernas, mientras contemplaba el lago.

Era grande y se hallaba totalmente rodeado de árboles.

De pronto Sandy Bellows dio un respingo.

Algo había tocado su pie derecho.

La joven agitó las piernas, ligeramente asustada

El contacto se repitió, ahora en el otro pie, el izquierdo.

Sandy volvió a respingar y su temor se acentuó.

¿Qué era lo que tocaba sus pies?

¿Una planta...?

¿Un pez...?

Sandy no se quedó para averiguarlo, se hallaba demasiado asustada, así que
braceó vigorosamente hacia la orilla.

Un tercer contacto, éste en el muslo derecho, la hizo dar un chillido.

—¡Francis...!

Francis Dobkin se irguió, alarmado.

—¿Qué ocurre, Sandy?

—¡Algo o alguien me persigue!

—¿Qué...?

—¡Me está tocando!

Francis corrió hacia la orilla.

Sandy la alcanzó también y salió a toda prisa del lago.

Se abrazó a Francis, mojándole la camisa y los pantalones.

—¡Pero Sandy, me estás poniendo hecho una sopa! —protestó él.

Eso ya lo sabía la muchacha, pero no le soltó.

—¡Qué miedo he pasado, Francis!

—Vamos, Sandy, tranquilízate.

—¡Me tocó los pies y los muslos!

—¿Quién te tocó los pies y los muslos?

—¡No lo sé!

había sacado una toalla de su bolsa de deporte y se estaba secando el cuerpo con ella. —Qué chiquilla eres.. Francis! —Entonces. mientras tanto. . Francis sonrió. Ella se mordió los labios. te lo aseguro.. Francis? —¡En abundancia! Y son enormes. —No sé. estrechando cariñosamente el tembloroso cuerpo de la muchacha. —¡Las plantas acuáticas no persiguen a las personas. —No. Sandy —sonrió Francis. y la besó con suavidad. Sandy? —preguntó Francis. Francis Dobkin se despojó de la camisa y del pantalón. no voy a negarlo. —¿Sigues asustada? —Sí. —Seguro que fue una trucha. Mira que tenerle miedo a una trucha. —No tiene importancia —repuso él. Sandy Bellows. —Alguna planta acuática. —¿Las hay en este lago. —Será mejor que te los quites —aconsejó Sandy. —Siento haberte mojado la camisa y el pantalón. Francis. sería una trucha.. —Sí. quedando en bañador. —¿No piensas bañarte de nuevo..

? —¡Vuelve.. —Sandy. en vez de insistir. como si alguien lo hubiese agarrado de los pies y tirado hacia abajo. te lo suplico! Francis no hizo caso y siguió braceando. Sandy! —¡Vuelve. Sandy vio que se sumergía de forma brusca. Sandy. Francis Dobkin. —¡Te demostraré que no existe peligro alguno.. Sandy no pudo evitar un estremecimiento. —¡Francis! —¿Sí. —Yo no estoy tan segura de que fuera una trucha —rezongó la joven. Sandy Bellows no respondió. Repentinamente.! —chilló. yo me he bañado muchas veces en este lago y también se han bañado las chicas que he traído conmigo.. . Nunca ha ocurrido nada extraño. La muchacha tuvo un fallo cardíaco. caminó hacia el lago y se metió en él. —¡Francis. créeme. Francis! —¿Por qué? —¡Temo por ti! Francis rió mientras se adentraba en el lago.. terriblemente angustiada.

Bert quería evitar a toda costa que Vanessa se enfadase aquella noche. También vivía allí Vanessa Heflin. pues no iba a ser la primera vez que llegaba tarde a una cita con su novia. En esta importante ciudad del estado de Oregon vivía él. tenía prisa por llegar a Portland. ¿lo comprendería Vanessa? Bert se temía que no. pero mucho se temía que no iba a conseguirlo. Pero. en donde permaneció más tiempo del esperado. Bert Rialson. el tipo que lo conducía. aceleró aún más la marcha. una precio muchacha de cabellos rubios y dulce sonrisa. Dulce sonrisa. Esa era la causa del retraso. que lógicamente. perdía cuando se enfadaba. y sospechaba que ella le recibiría con cara de vinagre. su novia. había tenido que trasladarse a Pendicton. CAPITULO II El «Dodge» marrón rodaba por la carretera a buena velocidad. Por esa razón. Con mucho retraso. . por razones de trabajo. Bert Rialson era periodista del Portland Express y. Llegaría con retraso a su cita con ella. no otra.

Bert Rialson consiguió esquivar todos los árboles y detener su coche entre ellos. Al periodista se le abrió la boca. Lo que no pudo evitar el periodista. consciente de que acababa de librarse de la muerte por un pelo. El «Pontiac» azul se había detenido en la carretera. Peligrosamente. hermana —rezongó. luciendo un atrevidísimo bikini negro. El tráfico era nulo. —Tú también has vuelto a nacer. Puso el «Dodge» en marcha y lo devolvió a la carretera. ¡Y surgió! ¡Por un camino de la derecha! ¡A toda velocidad! Bert Rialson desvió su «Dodge» en un alarde de reflejos y logró evitar la colisión con el otro coche. exclamó mentalmente. La chica que iba al volante hizo sonar el claxon con insistencia. Milagrosamente. . pero como surgiese un coche de pronto. fue que su automóvil se saliese de la carretera. conducido por una muchacha morena.. contemplando de pies a cabeza el espléndido cuerpo de la chica. «¡Cómo está la morena!». Bert Rialson irguió el torso y volvió la cabeza. El periodista soltó todo el aire que retenía en sus pulmones y se derrumbó materialmente sobre el volante. un «Pontiac» azul.. La conductora del «Pontiac» saltó al suelo.

Bert? —Claro.?. Bert Rialson. le estoy pidiendo ayuda. sigue junto al lago. —¿Te han birlado la ropa mientras te bañabas. Sandy? —No. . Ella se le acercó con rapidez y se asomó por la abierta ventanilla.. —¿Aterrada. —Me llamo Sandy. —¿Ayuda. —¿Quiere usted venir conmigo. con los ojos cerrados. —No le estoy haciendo una proposición. —Sí. —¿Ha oído hablar del Lago Negro. —Me encontraba tan aterrada que me olvidé por completo de vestirme.. —No acierta usted una. Sandy. —Como vas en bikini. preciosa.? —Yo estaba con un amigo. llamado Francis.. ¿eh? Sandy Bellows movió la cabeza negativamente. —¿Se encuentra usted bien? —preguntó nerviosamente. yo vengo de allí. Bert. Bert? —Si no tuviera novia. pero voy tirando —respondió Bert con una sonrisa.. Sandy Bellows. Yo me llamo Bert.. —No tan bien como tú. —Es un placer conocerte.. Está cerca de aquí. —Y el tal Francis intentó abusar de ti.

Sandy? La joven sacudió nuevamente la cabeza. —¿Que se hundió....? Sandy le contó lo que minutos antes le ocurriera a ella.—Estoy muy torpe esta noche. Bert quedó pensativo. lo reconozco. Sandy? —En la orilla. Bert Rialson respingó. El periodista arrugó la cara.. —¿Dónde estabas tú cuando eso sucedió. —Francis se estaba bañando en el Lago Negro. —¿Qué te hace sospechar que. —¿Y.? —Sí. —No. Bert? .? —Se hundió de pronto y ya no volvió a emerger. Bert. —¿No te habrá gastado Francis una broma.. —¿Sabía nadar? —Como un pez. secándome con una toalla.. Francis se hundió porque algo o alguien tiró de -él..? —Sí. La muchacha insistió: —¿Me ayudará usted a encontrar a Francis. —¿Que algo o alguien tiró de él. Bert..

—Tutéame o no te acompaño. del cual ya estaba saliendo Sandy. —Sandy. Mi novia me va a tirar del pelo cuando llegue a Portland. apuntando con su brazo hacia el lago. te ayudaré —respondió el periodista—. —Así está mejor —sonrió el periodista. Bert —dijo ella. Sandy Bellows sonrió suavemente. Se detuvieron en la misma orilla.. Sandy. —Lo que tú digas. reunió con la muchacha. muy cerca de la tienda de campaña y el resto de las cosas.. cuyas aguas seguían tranquilas y brillantes. —Se lo agradezco mucho. Bert observó atentamente las serenas aguas y los árboles que rodeaban el lago. . Sandy se dejó llevar. Bert. aunque le aterraba aproximarse al lago. —Sí. —Aquí fue. *** Sandy Bellows detuvo el «Pontiac» azul de Francis Dobkin junto al Lago Negro. Bert Rialson paró su «Dodge» marrón detrás del «Pontiac». El periodista salió también de su coche y se. —murmuró. Bert. —Acerquémonos a la orilla —indicó él tomándola por el codo. pero no puedo dejarte sola en estas circunstancias.

—Pobre Francis. en silencio. Tal vez más.. Sandy. abandonaron el Lago Negro y se dirigieron a Portland. Bert le pasó el brazo por los hombros. en el «Dodge» del periodista. —¿Qué? —¿Cuánto tiempo pasó desde que Francis se sumergió bruscamente hasta que tú subiste al coche y abandonaste el lago? —Unos cinco minutos. —Sí. —Vístete. Le vi hundirse de forma repentina. —Habrá que informar a la policía. no se puede permanecer tanto tiempo bajo el agua.. —Sí. De noche es imposible. me sumergiría y buscaría su cuerpo. Bert. No vería absolutamente nada. No es seguro que tu amigo haya muerto ahogado. —Si fuera de día. —Yo sí estoy segura. Sandy. —No llores. Francis debió morir ahogado. y ya no salió a la superficie. —Es mucho. calculo. —sollozó la joven. Después. . La muchacha obedeció.

Estaba tan asustada que. En el Lago Negro jamás había sucedido nada. aparte del lógico temor? —Una sensación muy extraña. Sandy? —No sé qué decirle. teniente? —preguntó el periodista del Portland Express. Ya le he contado que a mí me tocó los pies y los muslos. que muy pronto cumpliría los cuarenta años de edad. —¿Qué sintió en esos momentos.. un hombre alto y fornido. ¿eh? —Alguien. Jeff Magnusson. teniente —dijo Sandy. —Insiste usted en que había alguien en el lago.. Bert. Fueron uno contactos fríos. —¿Qué piensa hacer. teniente.. ásperos. cuando la muchacha dejó de hablar. —¿Qué opina usted. —¿Descartaría usted la posibilidad de que se tratase de una mano humana.. viejo conocido de Bert Rialson. se acarició el firme mentón. teniente. —Me hago cargo —sonrió levemente Magnusson. teniente? —preguntó Bert Rialson. o algo.. CAPITULO III El teniente Magnusson. —Es un caso muy extraño. . había escuchado con mucha atención el relato de Sandy Bellows. —Pues esta noche sucedió.. viscosos.

dragaremos el lago. Bert la cogió de la mano. El teniente Magnusson también se levantó. Bert Rialson acompañó a Sandy Bellows. Bert se puso en pie y Sandy le imitó. pero el periodista no lo permitió y la . tirando ya de la muchacha. Si el cuerpo de Francis Dobkin está allí. *** Pese a la prisa que tenía. —Por de pronto. La muchacha quería tomar un taxi. —Gracias. por lo menos —rezongó. Sandy. —No puede estar en otro sitio. —Te llevaré conmigo —prometió el periodista. teniente —repuso Sandy Bellows. —Naturalmente —respondió Rialson—. lo encontraremos. Bert le tendió la mano. Bert —dijo Sandy Bellows. enviaré un par de hombres al Lago Negro. Bert? —preguntó Jeff Magnusson. Al Portland Express le interesará la historia. Por la mañana. Vigilarán el lago y sus alrededores toda la noche. —Yo también quisiera estar presente. —Vámonos. no se preocupe. —Nos veremos mañana. mientras estrechaba la diestra del periodista. lo sacaremos. Mi novia debe de estar maldiciéndome desde hace un par de horas. teniente. —¿Presenciarás el dragado del Lago Negro. —Entonces.

Buenas noches. . Sandy. Bert. La puerta se abrió. —Buenas noches. Bert —sonrió la joven y saltó del coche. por el beso. Sandy. El Lago Negro está lejos y quiero encontrarme allí cuando empiecen a dragarlo. —¿Se enfadará tu novia si te doy un beso? —No. —Pasaré temprano a recogerte. Bert Rialson hacía sonar el timbre del apartamento de Vanessa Heflin. Bert. —Hasta mañana. Bert. —Me encantó ayudarte. —De acuerdo. —Gracias por todo. apenas. *** Quince minutos después. pero sólo lo que permitía la cadena de seguridad. —A ti. El periodista lo puso en marcha en seguida y pisó el acelerador.llevó en su coche a su apartamento. —Vendré a por ti a eso de las siete. —Dime a qué hora quieres que esté lista y lo estaré. Sandy. Sandy besó los labios del periodista. unos diez centímetros. porque yo no se lo diré. —De algún modo tenía que compensarte por las molestias causadas.

—¡No pronuncies mi nombre! —Te explicaré lo que ha pasado. Por ese hueco. —Y tú le gustaste más.. ¿eh? ¡Una chica! —gritó Vanessa.. cariño. ¿no? —Parece ser que el tipo se ahogó en el lago. —¡No quiero saberlo! —Vanessa. Esa joven había ido al Lago Negro con un amigo a pasar el fin de semana. —¡Calla! —Si me callo. —Vanessa. por favor. Y cómo lo miró. Bert emitió un nervioso carraspeo. —No pienses mal. cariño. Vanessa.. Vanessa miró a su novio. —¡Oh! Conque ésa es la causa de tu retraso. . Se diría que quería electrocutarlo. —¡Estoy harta. sintiendo que su cólera crecía. Bert! ¡Prometiste llevarme a cenar y casi te presentas a la hora del desayuno! ¡Es demasiado! —Cuando regresaba de Pendicton. —¡No me llames cariño! —Vanessa.. me tropecé con una joven que necesitaba ayuda. no podré contarte lo que me ha ocurrido...

se hundía de pronto. sin moverse. —¿Encontrasteis a su amigo? —No. Bert. —Pasa. Y Francis ya no volvió a la superficie.. Vanessa. —Terrible. . Se besaron en los labios. Vanessa Heflin desenganchó la cadena de seguridad y acabó de abrir la puerta. vio cómo Francis. su amigo. que así se llama la chica. Mañana dragarán el Lago Negro. Bert dio un paso y abarcó la delgada cintura de su novia. La cólera de Vanessa Heflin desapareció en el acto. —Acompañé a la chica a la policía y hablamos con el teniente Magnusson. —Sandy. —No quería.. —¿Vas a ir. —Y yo a ti. como si alguien tirase de sus pies. Bert! —musitó. hondamente impresionada la joven por las palabras de su novio. pero no tengo más remedio que hacerlo. —¡Qué espanto. —¿Me has perdonado ya? —sonrió el periodista. —Te quiero. Vanessa. Bert. Bert? —Sí. —¿Cómo? —respingó ella. —Sandy me suplicó que la acompañara al Lago Negro y no pude negarme.

entonces. jóvenes y altivos. El periodista la miró con extrañeza. —Creí que me habías perdonado. Vanessa. podría vernos alguien... pues. Bert.? —La puerta sigue abierta. Y lo intentó. sin soltar a su novia. —Te prepararé algo. —Después. —Así es. Vanessa le soltó la mano y permitió que le acariciara tiernamente los senos. Bert abrazó a su novia con calor. —¿Después de qué? . Bert. por lo que el periodista percibía la firmeza de sus formas. —Mucha. —Tendrás hambre. Vanessa ya hacía rato que se había desvestido e iba en bata. Bert se apresuró a cerrarla con el pie. —Ya no puede vernos nadie —dijo. pero Vanessa le sujetó la mano y dijo: —Frena. —¿Por qué. ¿verdad. Bert? —Claro que no. Bert sintió la tentación de realizar una incursión con su mano por el escote de la bata. —No habrás cenado.

Bert. —Pero pareces darlo a entender. ¿No te parece que ya es hora de que vayamos pensando en el matrimonio? Bert Rialson tosió. pero antes me gustaría hablar de algo. —Sé lo que quieres decir. sí que me enfado. Bert. —¿He dicho yo que sea un chiste? —Lo que quiero decir es que.. mientras preguntaba quedamente: —¿No te apetece hacer el amor. Hace tiempo que mantenemos relaciones. —El matrimonio es algo muy serio. —Sí.. ¿Por qué no quieres que nos casemos? —Yo no he dicho que no quiera casarme contigo.. Bert. —¿De mis años y de los tuyos. nos queremos. —De que nos hayamos amado... Yo voy a cumplir los veinticuatro. nena? —Sí. Vanessa. Tú tienes veintinueve. nos comprendemos. Y no me gusta. Bert la besó en los labios y sugirió: . No me gusta nada.? —Sí. Bert. cariño? —De tus años y de los míos. —¿De qué. El periodista no supo disimular su sorpresa. —Bert. —No te enfades. El periodista la besó en ambos pómulos. cariño. Vanessa....

cariño? —Tendrá que ser por teléfono. —¿Qué? —Que tendremos que discutirlo por teléfono. Bert. nena? —De broma. Si quieres que lo discutamos antes. Si quieres discutirlo después.? . —¡No lo he esquivado! ¡Sólo he dicho que me gustaría discutirlo en la cama! —¿Antes o después de hacer el amor? —¿No da lo mismo? —No. —¡Y es cierto! —Tengo mis dudéis. Vanessa. —¿Me echas de tu apartamento. El moreno rostro del periodista se congestionó. —¡Vanessa! —Lo que oyes. —¿Qué broma es ésa.. mi cama no volverá a ser tu cama. no da lo mismo. tómame en brazos y llévame a la cama. —¿Cómo puedes decir semejante tontería? ¿Acaso no te he demostrado sobradamente que te quiero? —Eso pensaba yo.. Tú has hecho que las tenga. Estoy hablando muy en serio. Si sólo te interesa eso de mí. nada Bert. Mientras no pongamos en claro nuestro futuro. porque tú te hallarás en tu cama y yo en la mía. no quiero dártelo. al esquivar el tema del matrimonio. El periodista frunció el ceño. Bert. Bert. —¿Por qué no lo discutimos en la cama. abre la puerta y lárgate.

—Sí. que te vas o que te quedas? —¡No lo sé. Bert. —Pero. —¡Cuernos. perdiéndose rápidamente escaleras abajo. —¡Muy bien. Aunque también te doy la oportunidad de quedarte. —Adiós. pues yo también digo adiós! —rugió el periodista. maldita sea! Vanessa se separó de él y abrió la puerta. Tú dirás lo que prefieres. Bert. —He dicho adiós. y salió del apartamento de su novia. . eso es lo que yo digo! —¿Y qué significa. Vanessa. inflexible. Cuando te hayas decidido. vuelve y dame tu respuesta. Bert —recordó ella...

Ya sabes lo que les pasó al tipo y a la chica. las chaquetas abiertas. CAPITULO IV El «Chevrolet» negro frenó detrás del «Pontiac» azul del desaparecido Francis Dobkin. exhibiendo sus respectivos revólveres de calibre 38. Gordon. Tras echar una ojeada a la tienda de campaña y a las otras cosas. En cuanto al tipo. —La chica dijo que su amigo se sumergió bruscamente. Recuerda que salió del lago aterrorizada . —Esto está más tranquilo que un cementerio —dijo el policía alto. Gordon. pero éste era más ancho de hombros. los dos detectives enviados al Lago Negro por el teniente Magnusson. —Yo tengo mi propia teoría al respecto. —Por si las moscas. El primero contaba veintisiete años de edad y el segundo treinta. se aproximaron a la orilla y contemplaron el lago. Howard era más alto que Gordon. —Porque estaba asustada. debió sentir un repentino ataque al corazón o algo así. Howard Lawson y Gordon Tully. no debemos confiarnos —repuso el otro—. como si alguien lo hubiera agarrado por los pies y tirado de él. debidamente enfundados a la altura del cinturón. descendieron del vehículo y avanzaron unos pasos. —¿De veras? —Lo que tocó los pies y los muslos de la muchacha fue algún pez juguetón. Por eso se hundió.

. Cuando mañana draguen el lago y aparezca el cadáver. Gordon. Howard —accedió Gordon. El tipo era joven. —Está bien. Le dio un mareo y. Se encontró muy cómodo así. fuerte. no sé. De ese modo. y él no lo sabía. Ni tan pesada. Howard Lawson se metió en ella y se tumbó allí. Como lo mismo podía vigilar de pie que sentado. se dejó caer sobre la hierba y se recostó ligeramente. Aquí no va a pasar nada. Los minutos transcurrían lentamente.. el forense le practicará la autopsia y nos sacará de dudas.. Y como para eso basta con un par de ojos. Lo del ataque al corazón es bastante improbable. sano. Aburridamente. nos turnaremos. Nuestra misión es vigilar el lago. . —No sé. o algo así. Quizá fue el cerebro. no es necesario. Tan cómodo. ¿Quieres hacer tú la primera guardia? —Howard.. Howard. Gordon. Como la tienda de campaña estaba prácticamente montada. colocándose la chaqueta bajo la cabeza. —Yo dije ataque al corazón.por los toqueteos del pez juguetón. no se nos hará tan larga la noche. Vigila tú y yo dormiré un par de horas.. Al policía empezaron a pesarle las piernas. Gordon Tully siguió vigilando el tranquilo lago. que lo que empezaron a pesarle ahora fueron los párpados. Luego dormirás tú y yo vigilaré.. —¡Bah!. el teniente Magnusson nos ordenó que vigiláramos los dos. ya lo verás. Howard. —No te calientes la cabeza.. A lo mejor tenía un tumor. a modo de almohada. —Tienes razón.

y el otro en la tienda de campaña. los dos dormían. quien se durmió maldiciendo a su compañero. La quietud y el silencio del lugar eran como una especie de sedante. pero sólo le duró dos o tres minutos. para ver si se despejaba. Lo habían estado desde el primer momento. Un par de ojos redondos. aunque fuese de noche. conversando de mil temas distintos. Un par de ojos que veían sin ser vistos. Lo consiguió. Capacitados para ver perfectamente a través de las aguas del lago. el uno tendido sobre la hierba. en cambio. la cabeza a la que pertenecían ese par de grandes ojos emergió. y el sueño acabó venciendo la resistencia del policía. Gordon se removió. porque. caso de hallarse despierto. Enormes. Ahora. El Lago Negro estaba sin vigilancia. muy cerca de la orilla del lago. al tiempo que sacudía la cabeza. ambos hubieran aguantado perfectamente toda la noche de guardia. sí estaban vigilados. Resultaba difícil saber si pertenecía a un hombre o a un pez. Los policías. Un par de ojos habían seguido todos sus movimientos. Le estaba entrando sueño. Al comprobar que los dos hombres dormían tranquilamente. de haber vigilado los dos juntos. Sí. Gordon Tully hubiera lanzado un grito de terror. . porque la cabeza era realmente monstruosa.

tenía una serie de pequeñas aletas que bajaban desde su nuca hasta el final de la misma. Boca. mucho más grande que la de un ser humano. Por su tamaño. El monstruoso ser. Ojos. Todo eso parecía de pez. Auténticas garras. si bien muy cortos para la longitud de su cuerpo.. relativamente pequeñas para el tamaño de su cabeza y muy puntiagudas. e incluso por su forma. delgadas y flexibles.. que sobrepasaba largamente los dos metros. plateadas y brillantes. Después estaba el cuello. Erguida sobre la hierba. Sí.. La horripilante cabeza se deslizó silenciosamente hacia la orilla y poco a poco fue emergiendo el resto de su cuerpo. Los dedos de las manos y los pies permanecían unidos entre sí por medio de unas membranas. en la espalda.. grande y aplastada. porque estaba cubierto de escamas. mientras que las uñas eran largas y afiladas. De un solo zarpazo podría destrozar el pecho de un hombre. y un par de orejas. La escalofriante criatura ya estaba fuera del lago... Pero tenía brazos y piernas. . Dientes. que parecía asentarse sobre unos hombros poderosos. como si realmente se tratase de un gigantesco pez. donde nacía una corta cola de pez. tan monstruoso como su cabeza. Pero es que también tenía nariz. se diría que pertenecía a un gigantesco pez.

El monstruo del Lago Negro. medio hombre y medio pez. dando unos saltos increíbles. le desgarró el brazo de arriba abajo. A dos metros escasos de Gordon Tully. por lo visto. haciendo brotar la sangre a borbotones.. —No. porque el monstruo. sin poder dar crédito a sus ojos. —musitó. Gordon Tully abrió los ojos y descubrió al terrorífico ser. de un segundo zarpazo. En cualquier caso.. Sin duda fue eso lo que despertó al detective. tenía prisa por acabar con su víctima. proyectando la sombra de su horrendo cuerpo sobre él. Howard Lawson salió de la tienda. —¡Howard. de un brutal zarpazo. No puede ser.! —chilló Gordon. El policía aulló de dolor. le . Debo de estar soñando. El monstruo. para atacar inmediatamente a la otra. Pero fue un aullido corto. El monstruo del Lago Negro dio otro paso. No llegó a extraerlo de la funda porque el espeluznante ser cayó sobre él y le destrozó literalmente con sus poderosas garras y sus terroríficos dientes. quien seguía durmiendo. El alucinante ser dio un paso con sus cortas piernas de batracio y quedó aún más cerca del policía... O ese sexto sentido que a veces advierte al ser humano del peligro que corre.. la que dormía en la tienda de campaña.. ignorante por completo del grave peligro que se cernía sobre él. al tiempo que movía la mano en busca de su revólver.. Hacia ella fue. revólver en mano. con los que seccionó su yugular a las primeras de cambio.. La sangre se le heló en las venas. pero tampoco él pudo efectuar un solo disparo.

Gordon Tully también lo era. era cadáver.abrió la garganta. había sido fulminante. destrozando sus cuerdas vocales. El ataque del monstruo del Lago Negro. Howard Lawson se desplomó en el acto. . en ambos casos. Segundos después.

abierta por delante. Te retrasaste por ayudarme a mí y. —Buenos días.. Bert. Bert estiró el brazo y abrió la puerta del coche. —¿Problemas con tu novia? —Sí. —Hola. —Lo estoy. Sandy caminó hacia el «Dodge» sonriente. . Sandy. pues ella le estaba esperando en el portal. Vestía una blusa lila y una falda blanca con franjas verdes. un bolso de piel. Al hombro. CAPITULO V Bert Rialson detuvo su «Dodge» frente al edificio de apartamentos en donde vivía Sandy Bellows.. La muchacha esperó a que el periodista pusiera el coche en marcha y entonces observó: —Pareces disgustado. Eran las siete y cinco minutos de la mañana. El periodista del Portland Express no tuvo necesidad de subir al apartamento de la muchacha. Bert. —Cuánto lo siento.

. —¿De verdad que no? —Vanessa quiere casarse. —¿Qué. claro.? La curiosidad es uno de mis mayores defectos.... —Oh.. Bert. tú la quieres. me echó de su casa.. sí. —¿Ah. ella misma me abrió la puerta. —¿Con otro? —Conmigo. —¿Que te echó. Como no le di una respuesta.. o se acabaron nuestras relaciones. Bert? . —Anoche me planteó la papeleta... no? —Bueno. ¿Qué derecho tengo yo a. Vanessa me recibió de uñas por llegar a las tantas. —¿Tú. Sandy. Me esfuerzo por corregirme. Qué pregunta más tonta he hecho. perdona. Lo he preguntado sin pensar.? —Sí. Bert? —¡Claro! —¿Y por qué no quieres casarte con ella? —No es que no quiera. O nos casamos. pero me perdonó cuando le conté lo que había pasado. Es sólo que.. —No me importa hablarte de ello.. Sandy. Sandy. pues? Oh. —No fue ése el motivo de la discusión.. —¿Por qué fue la discusión. pero. El periodista sonrió..

Vanessa es una chica preciosa. —Yo sí lo entiendo. salimos a cenar.. La clase de hombre que gusta a las mujeres.? —Eres un tipo alto.. sí... Vanessa teme. hacemos el amor siempre que nos apetece. deseo. no tengo la menor duda al respecto. —Y dale. —¿Dejar yo a Vanessa por otra mujer... y creía que Vanessa también lo era. —Entonces. ¿Por qué ese repentino empeño en casarse? No lo entiendo. Cuando existe amor. la mujer empieza a tener dudas. Eso suele suceder cuando sólo existe atracción física. sacudiendo la cabeza. que puedas conocer a otra chica que te guste más que ella y que la dejes. —Insisto en que Vanessa tiene sus dudas. —Vanessa sabe que yo nunca me cansaría de ella. Sandy. Nos vemos a menudo.. —¿Perderme. ya no. Sandy Bellows sonrió con suavidad. —¿Ah.. —¿Tan hermosa es? —Sí. sí? —Vanessa está muy enamorada de ti y teme perderte. Bert. que teme cansarse de ella. Luego. Pero no digo que no la dejaría porque sea hermosa. Bert.. Yo me siento muy feliz así como estamos ahora. cásate con ella.? ¡Imposible! —exclamó el periodista. fuerte y atractivo. vamos a bailar. Y quiere aclararlas cuanto . Es la mujer de mi vida. De veras que no lo entiendo. es imposible. sino porque la quiero como jamás he querido a nadie. ¿Es que un hombre y una mujer no pueden vivir felices si no están casados? —Un cierto tiempo.. —No sé explicarlo. Bert. Si el hombre no habla de matrimonio. Piensa que él no la quiere lo suficiente. y con razón. diablos.

te casarás con ella. Cuando me propuso pasar el fin de semana con él. Sí es verdad que la amas tanto como dices.. Sandy volvió a reír. la dejarás. Por eso.. La joven se entristeció al recordar al desaparecido Francis Dobkin. actuaría como ella. —Es una chantajista —masculló el periodista. —Ya veremos..antes. no estaba enamorada de él. Tengo que pensarlo con calma. Bert. —Te pones de su parte. Sabía tratar a las mujeres.? Bert Rialson soltó un gruñido. sólo eso. Sandy Bellows rió. ¿eh? —Decididamente. —Quiere estar segura de tu amor. nunca! —¿Y lo primero. —No. en el . —¡Lo segundo.. como eres mujer. Sandy? —¿Cómo? —Que si estabas tú enamorada de Francis. Me gustaba. Era muy simpático y agradable. por eso tenía tanto éxito con ellas. —Claro. te planteó la papeleta. ¿sabes? Y eso es lo que pretende Vanessa. —¿Lo estabas tú de Francis. Si yo lo estuviera de ti. eso sí. —Es una mujer enamorada. —No te enfades conmigo. Bert. Hacía poco que nos conocíamos. anoche. No me gusta que me casen a la fuerza. si no.

*** Sandy Bellows lanzó un chillido de horror al descubrir los cuerpos ensangrentados de los dos policías que el teniente Magnusson enviara la noche anterior al Lago Negro. —¡Puede ser peligroso! . El se hundió en el lago y. siguió rodando por la carretera en dirección al Lago Negro. —Hoy sabremos lo que le pasó. pero Sandy Bellows le agarró del brazo y gritó: —¡No salgas. al tiempo que detenía su «Dodge» junto al «Chevrolet» de los detectives y el «Pontiac» de Francis Dobkin.Lago Negro. Bert Rialson también los había descubierto ya. con intención de salir de él.. Sandy. —Dios mío. No había más vehículos allí. y se hallaba tan horrorizado como la muchacha. que ya hacía algunos minutos que había salido de Portland. Desgraciadamente. con voz estrangulada. El «Dodge» de Bert Rialson. Bert Rialson abrió 1a puerta del coche. con los ojos casi en llanto. —Así lo espero. acepté encantada. —pronunció. no nos dio tiempo a nada.... —se interrumpió. Bert! —Tengo que salir. El teniente Magnusson y los hombres que iban a dragar el lago no habían llegado todavía. Estaba segura de que lo íbamos a pasar muy bien.

Bajo las tranquilas aguas. cuyo cuerpo aún ofrecía mayores destrozos. se acercó a Gordon Tully. Se le encogió el estómago al ver la destrozada garganta del policía. salió del coche y se aproximó al cadáver de Howard Lawson. el más cercano a él. así como su brazo diestro. que se había soltado de la aterrorizada muchacha.. . no sucederá nada. alguien le miraba a su vez. Después. —No temas. El monstruo del Lago Negro. igualmente desgarrado. pero no vio nada. —¡Bert. Bert Rialson miró hacia el lago..! El periodista.

Bert? Se diría que fueron atacados por una enorme fiera. así que descendió del vehículo y corrió hacia el periodista del Portland Express. —Siento un pánico terrible. te lo suplico. Están horriblemente destrozados. Más tarde. Bert. Sandy. —¿Por qué dices eso. Estaba debajo de ti. Parece que les dio muerte una poderosa bestia. es verdad. —Una bestia acuática. Bert? El debió sufrir la misma horrible muerte que los policías.. Tocó tus pies. tus muslos. Sandy? —¿Olvidas que Francis nadaba en el lago cuando fue atacado. El teniente Magnusson y sus hombres no tardarán en llegar.. Vámonos de aquí. pero tampoco se sentía segura en él. El periodista se estremeció.. —No. esa bestia anfibia salió del lago y atacó a los detectives. Sandy. sólo que bajo el agua. —Es posible que tengas razón.. —¿Te has fijado en los cadáveres de los policías. . sola y a bastantes metros de Bert Rialson. al cual se abrazó. Lo que no entiendo es por qué esa cosa no te atacó a ti.. segando sus vidas de manera brutal. toda temblorosa.. CAPITULO VI Sandy Bellows tenía miedo de salir del coche. Bert la rodeó con sus brazos. Debemos esperarles. pudo haberte destrozado fácilmente. —Sí.

Al monstruo del lago. Abrazados. llegar hasta el fondo del lago. como tú lo llamas. sólo quería jugar. hubiera querido matarte. le resultaba sumamente sencillo contemplarlos a ellos debajo del agua. Sus ojos parecían querer atravesar las aguas.. Si la bestia. En silencio. Como esperando el momento de salir del lago y dar buena cuenta del periodista y de la muchacha. Bert. solamente. lo habría hecho. Pálidos. se me eriza la piel. claro. Sólo de pensar que esa cosa. O de él. Muy quieto. o lo que sea. Bert y Sandy observaron el Lago Negro. Sandy. en cambio. Y eso hacía.. Parece ser que. No pudieron. No hay más que ver lo que hizo con los dos detectives que el teniente Magnusson envió para que vigilaran el lago. Estuve a un paso de la muerte. —No lo creo. —Y tan distinto. contigo. descubrir a la poderosa criatura acuática que había dado muerte a Francis Dobkin y a la pareja de detectives. Con Francis debió ser distinto... Ahora fue la muchacha quien se estremeció. me tocó. —No me lo recuerdes. *** .

El teniente Magnusson y el equipo de dragadores llegaron al Lago Negro tan
sólo unos minutos después que Bert Rialson y Sandy Bellows, en un coche y una
furgoneta, respectivamente.

Todos los hombres, seis en total, saltaron al suelo y contemplaron,
profundamente impresionados, los cadáveres de Howard Lawson y Gordon Tully.

Jeff Magnusson, pálido, miró al periodista del Portland Express de forma
interrogante.

—Bert... —musitó.

—Sandy y yo acabamos de llegar, teniente —informó Rialson—. No hemos
tocado nada, todo está como lo encontramos.

—¿Quién o qué pudo...?

—La misma cosa que agarró por los pies a Francis Dobkin y lo hundió en el
lago, creo que de eso no hay duda.

El teniente Magnusson posó la mirada en las serenas aguas del Lago Negro.

¿Cosa...? —murmuró.

—Es evidente que no se trata de un ser humano, teniente. Los destrozados
cuerpos de Howard y Gordon no dejan lugar a dudas. No murieron a manos de un
hombre, sino de una bestia poderosa y desconocida que se desenvuelve igual en el
lago que fuera de él. Un ser anfibio, dotado de pulmones y de branquias a la vez.

Las palabras del periodista produjeron sendos escalofríos a los seis hombres
que le escuchaban.

Sin decir nada, el teniente Magnusson recogió del suelo los revólveres de
Howard Lawson y Gordon Tully y revisó los cilindros.

—No les dio tiempo a disparar ni una sola vez —dijo, mirando a Bert
Rialson—. ¿Cómo es posible?

—El ataque debió ser muy rápido. Por otra parte, el hecho de que Howard
muriera delante de la tienda de campaña, y Gordon muy cerca del lago, hace
suponer que éste vigilaba y aquél dormía en la tienda —adivinó el periodista—.
Gordon lleva la chaqueta puesta, mientras que la de Howard está dentro de la
tienda, doblada a modo de almohada.

Jeff Magnusson dio una cabezada de asentimiento.

—Sí, creo que tienes razón, Bert. Howard se fue a dormir y dejó solo a
Gordon, quien es probable que también se durmiera, al no tener con quién hablar.
Gordon se vio sorprendido por esa... cosa, y ya no le dio tiempo a utilizar su arma.
Sus gritos despertaron a Howard, que salió de la tienda con el revólver empuñado,
pero sin tiempo ya para accionar el gatillo. La bestia anfibia, o lo que sea, saltó
sobre él y lo destrozó —razonó muy acertadamente.

Bert Rialson miró hacia el lago.

—Debe seguir ahí, teniente.

—Si es así, la encontraremos y le daremos muerte, para que no asesine a
nadie más —masculló Magnusson.

—¿Llevan fusiles de pesca submarina en la furgoneta, teniente?

—Desde luego.

—Que sus hombres se equipen, pues. Con ese tipo de armas, podrán dar
caza a esa bestia asesina —recomendó el periodista.

***

Mientras los cinco dragadores se colocaban sus respectivos equipos de
hombres-rana en el interior de la furgoneta, Bert Rialson y Jeff Magnusson
tomaron unas mantas y cubrieron los cadáveres de Howard Lawson y Gordon

Tully, observados por Sandy Bellows, cuyas mejillas no recobraban el color.

Los dragadores empezaron a descender de la furgoneta, totalmente
equipados y convenientemente armados.

Uno de ellos cargaba con un bote hinchable.

Otro, con un motor de fuera borda.

Los cinco dragadores subieron al bote.

Uno de los hombres puso el motor en marcha y tomó la barra de dirección,
guiando el bote hacia el centro del lago.

—¡No os alejéis mucho, en principio! ¡Y rastread el fondo por parejas, para
que esa cosa no os pueda sorprender! —ordenó el teniente Magnusson.

Los dragadores asintieron con la Cabeza.

El tipo que manejaba el fuera borda paró el motor cuando el bote estuvo a
unos quince metros de la orilla e indicó:

—Cuando queráis, muchachos.

Los otro cuatro hombres se colocaron adecuadamente las máscaras de
buceo, mordieron la boquilla del tubo de respiración, abrieron las botellas de aire
comprimido, y se lanzaron al agua, con los fusiles de pesca submarina en las
manos y sendos cuchillos sujetos a sus piernas diestras.

Así comenzó la caza del monstruo del Lago Negro.

Una caza que iba a resultar mucho más larga y dramática de lo que el
teniente Magnusson, Bert Rialson, Sandy Bellows, y los propios dragadores,
sospechaban.

teniente. mientras que el quinto hombre quedaba en el bote. Sandy? ¿No estás nerviosa? —Terriblemente nerviosa. supongo que a usted también —suspiró el periodista. sino a la bestia acuática que lo agarró de los pies y lo hundió en el lago. a quien preguntó—: ¿Y tú. . Bert? —Sí. Y asustada. por medio del Portland Express. Por eso no le dije nada. Bert Rialson. CAPITULO VII Desde la orilla. rodeando los hombros de Sandy Bellows. —Lo de hoy es algo más que un simple dragado. —Lo sé —sonrió Bert—. vigilando a su alrededor con el fusil de pesca submarina presto a ser utilizado. también. —Cierto. —¿Y crees que a mí no. El tuyo es informar a la gente de las cosas que pasan. teniente. —Me hubiera gustado ir con ellos —murmuró el periodista del Portland Express. Sandy Bellows y Jeff Magnusson vieron cómo cuatro de los dragadores se sumergían. —Me pone nervioso no saber lo que está pasando ahí abajo. dragar el lago. pues no sólo buscan el cuerpo de Francis Dobkin. Temo por las vidas de esos hombres. teniente. no puedo evitarlo. —Cada cual tiene su trabajo. —Yo no te hubiera dejado —dijo Magnusson. el de los dragadores. Bert —asintió la muchacha—. Bert.

sonriendo. Bert? —¿Te ayudará eso a tranquilizarte? —preguntó el periodista. fue Vanessa Heflin.. al sorprenderle besando en los labios a una atractiva muchacha morena. —Van armados con fusiles de pesca submarina. Bert. más bien. —¿Me das un beso.? . te lo aseguro. el periodista dio un nervioso respingo y exclamó: —¡Vanessa! Sandy Bellows respingó también al oír el nombre de la novia del periodista. Bert la besó. También el teniente Magnusson giró la cabeza. —¿Qué hace aquí Vanessa. Quien sí se enteró. Al ver que se trataba del «Ford» rojo de su novia. El teniente Magnusson.. cuyos hombros. Sandy lo miró. además. por desgracia para Bert Rialson. que llegaba en aquel momento conduciendo su propio coche. —Seguro que sí —sonrió también la joven. Bert Rialson y Sandy Bellows interrumpieron el beso y se volvieron hacia el coche de Vanessa Heflin. hace mucha pupa. un «Ford» rojo. porque todo seguía en calma—. para llamar la atención de la pareja. muy pendiente de lo que ocurría en el Lago Negro —de lo que pudiera ocurrir. rodeaba con su brazo. *** La bella novia del periodista del Portland Express se puso tan roja como su coche. Hizo sonar su claxon repetidamente. ni se enteró de que el periodista y la muchacha se estaban besando. y un arponazo de ésos.

—¡Gritaré todo lo que me dé la gana! —Por favor.. pero va a ser su mano en mi cara! —sospechó el periodista. —Los dos que están cubiertos con las mantas. —¡Yo sí que voy a sentir. ¿verdad? —¿Por qué dices eso? —¡No te hagas el loco.. —¿Qué muertos? —respingó Vanessa. Bert. —He sido muy inoportuna. —Deja de armar ruido. cuánto lo siento. cuyo claxon seguía haciendo funcionar Vanessa. Bert! —Bueno...? —¡Me temo que sí! —Oh.? . Bert alcanzó el coche y se asomó por la ventanilla. —¿De veras se trata de. que los muertos merecen un respeto. y corrió hacia el «Ford» rojo.. La joven palideció. si te refieres al beso.. —¡Naturalmente que me refiero al beso! ¡Y no te dejo decir nada! —No grites. Vanessa. déjame decirte que. —¡No lo sé! —¿Habrá visto cómo nos besábamos. te lo ruego. ¿quieres? Vanessa lo masticó con los ojos.

¿Alguno de ellos es el amigo de la chica? —No. Porque no la habrá. ya sé que no. El periodista asintió gravemente con la cabeza. —Pero que nada mal. —Es una chica muy atractiva. cariño. —¿Seguro que sólo pretendías eso. —Sí. Vanessa. —Más te valdrá. —Dios mío. descendió del «Ford». Bert. Sandy se encuentra muy nerviosa y asustada. que lucía un ligero vestido mañanero. Vamos. por favor. Sólo pretendía darle ánimos. Vanessa Heflin. La joven lo miró fijamente. —Vanessa.. Bert Rialson rió. Y yo no amenazo en vano. sencillo pero bonito. Bert? —Te doy mi palabra. ¿verdad? —la joven volvió a mirar con fijeza a su novio. Vanessa miró ahora a Sandy Bellows. Por eso la besé. Bert. —musitó Vanessa—.. sal del coche —indicó. ¿Es que vas a dudar de mi palabra? —No. abriendo la portezuela. Tú sabes que yo sólo puedo pensar en ti. Vanessa. créeme. porque si no te pondré un ojo negro de un puñetazo. Los hombres-rana están dragando el lago. no está mal —carraspeó Bert. el cuerpo de Francis todavía no ha aparecido. Bert la cogió de la mano y la llevó hacia la orilla del lago. —Claro que no —sonrió el periodista—. preguntando: . Voy a creer que entre tú y ella no ha habido ni habrá nada. —Ya sé que no.

junto a Sandy Bellows y el teniente Magnusson. —¿Lo reconoces. en el Lago Negro. la amiga del desaparecido Francis. ésta es Sandy. créeme. Vanessa. Sandy? —Bien. El teniente y Vanessa ya se conocían. Vanessa? —sonrió Sandy. —Gracias. ¿Y tú. —Mi comportamiento tampoco fue muy correcto. Por eso estoy deseando que volvamos a tratar el asunto. Bert. por lo que se limitaron a intercambiar un saludo. Vanessa? —Quería verte. . Especialmente. —¿Por qué has venido. Sandy —aseguró Vanessa con algo de ironía. No pudieron hablar más de sus cosas. Bert fue muy amable conmigo. un poco. —¿Te arrepientes de lo de anoche? —Sí. Bert? —Sí. —Muy. me ayudó mucho. El rostro de Vanessa Heflin se iluminó. pues ya estaban en la orilla del lago. Y como me dijiste que ibas a estar aquí. Siento mucho lo de tu amigo. que digamos. Bert? —Sí. Creo que fui demasiado dura contigo. —¿De veras. estrechando la diestra de la novia del periodista.bien.. Sandy. Acto seguido. Bert presentó a Sandy Bellows: —Vanessa.. —¿Cómo estás. Vanessa le tendió la mano. si se trata de una chica tan atractiva como tú. —A Bert le encanta ayudar a la gente. gracias.

En todos esos sitios se habían clavado con saña las poderosas garras del monstruo del Lago Negro. y dijo: —Animo... pero no pudo. Sandy! Sandy.. tiernamente. El cuerpo de Francis Dobkin estaba aún más destrozado que los de Howard Lawson y Gordon Tully. desgarrando la carne hasta el hueso. Vanessa Heflin adivinó que Sandy Bellows sentía deseos de llorar y de abrazarse a alguien. abriéndola espantosamente. Sandy quiso ser fuerte.. brazos. . Iba a decir algo. cuando el teniente Magnusson exclamó: —¡Han encontrado el cuerpo de su amigo. garganta. En efecto. Bert y Vanessa miraron hacia el lago. es horrible. muslos. Tienes que ser fuerte. y antes de que se abrazara a Bert Rialson. —Dios mío. Vanessa la abrazó a ella. El periodista supo captarla y emitió una tosecita. Los otros cuatro hombres-rana se agarraron al bote y se dejaron arrastrar por él. El dragador que se hallaba sobre el bote puso en funcionamiento el fuera borda y guió la pequeña embarcación hacia la orilla. era horrible. Pecho. ayudados por el dragador que quedara en él. Sandy. Era cierto. y sollozó sobre el hombro de Vanessa. Los cuatro hombres-rana acababan de volver a la superficie. y dos de ellos estaban subiendo el cadáver de Francis Dobkin al bote.

la visión fue muy fugaz.. Henry? —Por detrás de una roca. Magnusson también lo miró.. asomó la cabeza de un. Aunque Henry asegura que. Henry? —Bueno... Henry.. con ronca voz. —Sí. yo. Vanessa.. Henry? El llamado Henry se pasó el dorso de la mano por la boca. El teniente Magnusson. todavía. Bert Rialson obligó a su novia a volver la cabeza. El bote alcanzó la orilla. —miró al tipo que tenía a su derecha. —¿Qué aseguras tú. nerviosamente. —Habla sin temor. Los hombres-rana cargaron con el cadáver de Francis Dobkin y lo dejaron sobre la hierba. —Verá. demacrado. teniente —respondió uno de los dragadores—. . teniente. lo cubrió con una manta y preguntó roncamente: —¿Habéis visto a esa cosa? —Ni rastro de ella. —¿Qué viste. junto al de Gordon Tully. pero. algo que te llamara la atención? El tipo cabeceó. ¿Viste algo extraño.. porque la cabeza se ocultó en cuanto yo la descubrí.. —No miréis ninguna de las dos. —¿De un qué. teniente. Es demasiado horroroso —dijo.

presa de los nervios. —¿Te das cuenta de que estás describiendo a un monstruo. Henry. pero.. Y. Bert Rialson y el teniente Magnusson cambiaron una mirada.... maldita sea! —gritó Jeff Magnusson. Las orejas. teniente. pero no debía de ser un pez. —Me pareció la cabeza de un pez monstruoso.. Recordad que ese monstruoso ser descrito por Henry ha matado ya a tres hombres. —¿Orejas y nariz.. hacedlo con todos los sentidos alerta. —Sí. . casi un minuto después. la nariz. Henry? —Sí. se mesaba el cabello e indicaba: —Reanudad la búsqueda. porque tenía orejas y nariz.? —Sí. Bert Rialson intervino: —¿Mirasteis detrás de esa roca.? El dragador bajó la cabeza. Leo y yo la rodeamos.? —No había nada. El teniente Magnusson abrió la boca como un idiota. pequeñas y puntiagudas. —¿Y.. No quiero más víctimas.... la cabeza era una mezcla de hombre y pez. —¡Dilo de una vez. Sé que es más propio de una historia de terror o ciencia-ficción. Por eso me resistía a describir lo que vi. teniente. grande y aplastada. muchachos. Este último. En realidad. Henry. por favor.

la enorme cabeza del monstruo del Lago Negro asomó por un lado de la roca. Henry y Leo iban juntos. iluminándolo suficientemente. Como la vez anterior. en esta ocasión. sino que siguió observándolos con sus grandes y redondos ojos de pez. No era necesario. vigilando. los cuatro hombres-rana reanudaron el rastreo del fondo del lago. Formando dos parejas. El fuera borda entró en funcionamiento y el bote se adentró en el lago. pero éste. A diferencia de la vez anterior. . Como la otra vez. se escondió tras la roca y burló el arpón. en esta ocasión. cuatro de los dragadores se sumergieron y el quinto quedó en el bote. Leo también había visto al monstruo. De pronto. El mortífero arpón partió veloz en busca de la cabezota del monstruo. parándose a unos veinticinco metros de la orilla. hasta donde llegaba la luz del sol. en un alarde de reflejos. pues. Henry dio un respingo y tocó el brazo de Leo. Henry reaccionó antes que Leo y disparó su fusil de pesca submarina. CAPITULO VIII Los cinco hombres-rana volvieron a subir al bote. el monstruo no se ocultó al verse descubierto por la pareja de hombres-rana. Vieron la roca de antes.

intentó revolverse con toda rapidez. para ayudar a su compañero a dar caza al terrible monstruo. sin dudarlo. que no se esperaba aquello. se deshizo de éste y empuñó un cuchillo. En aquel momento llegó Henry. Henry hizo girar rápidamente el carrete del fusil. quien intentó hundir su cuchillo en la espalda del monstruo. que no era tonto. El dragador. por desgracia para el bravo dragador. pero éste le descubrió y se apartó con un veloz movimiento. Leo alcanzó la roca y pasó al otro lado. brutalmente arrancada por las terroríficas uñas del monstruoso ser. Leo. El monstruo se desplazó hacia su izquierda con asombrosa rapidez y el arpón chocó contra la dura roca. pero el ataque de éste llegó antes. Este. consciente de que no tenía tiempo de recuperar el arpón y volver a cargar el fusil. El alucinante ser le esperaba allí. . Henry sólo acuchilló el agua. Atacó al monstruo. con el fusil por delante. para recuperar el arpón y cargar nuevamente el arma. pero el monstruo. Leo perdió el cuchillo y casi toda la carne de su antebrazo. Henry miró a Leo. se lanzó valientemente hacia la roca. quien esquivó con sorprendente facilidad la cuchillada. pegado a la roca. cuya espalda conoció el poder de las garras del monstruo del Lago Negro. agarró el resistente hilo y tiró bruscamente de él. Leo disparó su fusil. para atacar de nuevo al monstruo. respondiendo con un feroz zarpazo al brazo derecho del hombre-rana. vio cómo el fusil de pesca submarina escapaba de sus manos y desaparecía detrás de la gran roca que servía de protección al espeluznante ser. Henry extrajo el cuchillo que llevaba en la pierna derecha y nadó también hacia la roca.

y se preguntó si la estaría perdiendo el monstruoso ser que Henry aseguraba haber visto asomar por detrás de una roca. porque también él sufría espantosamente a causa de su desgarrado antebrazo. o alguno de sus compañeros. pues la pérdida de sangre y el insufrible dolor habían debilitado tanto al dragador. Adivinó que era sangre. acudiría en su auxilio. traje de buceo y gruesos jirones de carne ensangrentada abandonaron la ancha espalda de Henry. si. . *** El hombre-rana que vigilaba desde el bote descubrió la mancha oscura que se estaba formando en el agua. que se llamaba Matt. y el monstruo le dio alcance inmediatamente. él ayudaría a rematarlo. herido por el monstruo. Leo comprendió que lo único que podía hacer era tratar de alejarse del terrible monstruo. Botellas de aire comprimido. alcanzar la superficie y pedir ayuda. El tipo. Desarmado y seriamente herido. era de alguno de sus compañeros. impotente y al borde del desmayo. vio cómo el monstruo atacaba nuevamente a su compañero y lo hacía pedazos. decidió averiguarlo por sí mismo. a unos diez o doce metros de él. Leo. a causa del dolor. se retorció en el agua. Matt se arrojó al agua. Si la sangre era del monstruo. alcanzado por algún arpón. ¿Tendría fuerzas suficientes? ¿Se lo permitiría el monstruo? En seguida se vio que ni lo uno ni lo otro. por el contrario. que apenas pudo alejarse un par de metros. quien.

Estaba muerto. —Bert. El monstruo desapareció. pero la distancia era ya mucha y no le alcanzó. pero no dijo nada. Matt le disparó el arpón. quien ya no se movía. habían descubierto también a los infortunados Henry y Leo. No tardó en descubrir al impresionante monstruo. . que yacía en el fondo del lago. Matt se dio cuenta entonces de que Archie y Bruce. Por eso había huido el monstruo. lo cual los mantenía a los cuatro en vilo. la aparición de Archie y Bruce y consideró demasiado arriesgado hacer frente a tres hombres a la vez. Tan muerto como Henry. igualmente despedazado. antes que Matt. Por suerte para el valiente dragador. Bert Rialson. cogiéndole la mano. El también había descubierto. Habían visto cómo Matt se lanzaba al agua y adivinaban que el dragador había descubierto algo.. El periodista se la apretó.. Vanessa Heflin. Sandy Bellows y el teniente Magnusson apenas respiraban. —musitó Vanessa. y ya se acercaban velozmente. el monstruo del Lago Negro. no quiso hacerle frente y emprendió una velocísima huida. *** En la orilla. que ya le había descubierto. despedazando a Leo. los otros dos dragadores. Matt se lanzó hacia el monstruo.

El monstruo. El teniente Magnusson. Y volvieron. como Magnusson. Matt. pero no pudieron vencerle. preguntó. y Matt puso el motor en marcha. Sandy y la propia Vanessa. para poder cubrirlos con las mismas mantas que cubrían a estos últimos. Archie y Bruce se habían despojado de las máscaras de buceo. Se mueve con una rapidez asombrosa. —Henry tenía razón. teniente. al verme. Los tres estaban pálidos. igualmente horrorizados. Mitad hombre y mitad pez. los tres cargaron con los cadáveres de sus dos compañeros y los pusieron sobre la hierba. desencajados. Le disparé. subieron ellos después. El bote tocó a la orilla. Lo hicieron en silencio. que también necesitaba abrazarse a alguien.rana volviesen a la superficie. Es un monstruo. pero no le di. con una voz que no parecía la suya. por el mismo motivo. muertos. y Sandy. Vanessa. huyó con la velocidad de un delfín. no apartaban los ojos del bote. Cuando yo llegué... de tan oscura que sonó: —¿Qué ha pasado? Matt levantó la mirada. Archie y Bruce depositaron en el bote los destrozados cuerpos de Leo y Henry. sólo que dos de ellos. Un monstruo verdaderamente aterrador. Archie y Bruce llegaron a tiempo . Imposible alcanzarle. sin apenas levantar la vista del suelo. Este y Bert Rialson. se abrazó al teniente Magnusson. atraído por la mancha oscura que la sangre formó en la superficie. horrorizada. esperando que los hombres. ya los había matado a los dos. que seguía acercándose a la orilla. pegados a los de Gordon Tully y Francis Dobkin. Henry y Leo lucharon con él. se abrazó a Bert. Matt paró el motor y Archie y Bruce saltaron del bote. Con el horror y la pena plasmados en sus amarmolados rostros. Matt. que seguía teniendo entre sus brazos a Sandy Bellows. Siguió tenso y con los ojos fijos en el lago.

Es como Matt lo ha descrito. cariño. —Tú tampoco. —Es cierto.. teniente —asintió el llamado Archie—. —¡Hay un horrible monstruo en él. así que vámonos. Cuando esto haya acabado. —Regresa a Portland. —Soy periodista. —¡Que no. Bert. Y tendré cuidado. Vanessa. —No debiste venir. —Estoy aterrada. me reuniré contigo. te lo prometo. El periodista le acarició el dorado cabello. Vanessa Heflin se abrazó más apretadamente a Bert Rialson. .. con ternura. —Y yo soy tu novia y no quiero perderte. —¡Yo no me voy de aquí sin ti! —Vanessa. Una mezcla de hombre y pez. Bert! ¡Y ya ha matado a cinco hombres! ¿Es que quieres que te mate a ti también? El periodista le tomó suavemente el rostro y la besó en los labios. —No puedo abandonar el Lago Negro. Vanessa.de ver cómo escapaba. Bert! Si tú te quedas. Un auténtico monstruo. yo también.

? ¡Soy infalible... Si el monstruo asoma la cabeza. prometo volársela de un balazo.. —¿Que si tengo buena puntería. Yo nunca le he visto disparar. Sandy! Donde pongo el ojo.. en busca de refuerzos. no dejaban de vigilar el lago. Bert.. teniente —sonrió ligeramente Rialson—. . —¿Bromea. pero no logró convencer a Vanessa Heflin. Jeff Magnusson le entregó un rifle diciendo: —Toma esto.. El teniente Magnusson envió a Matt a Portland. Espero que no tengas necesidad de usarlo. Bert? —preguntó Sandy Bellows. el teniente Magnusson. —Gracias. Sin que el periodista del Portland Express se lo pidiera. pues consideraba que tres hombres eran pocos para dar caza a un monstruo tan peligroso como aquél. Sandy. —¿Tienes buena puntería. CAPITULO IX Bert Rialson insistió. Vanessa? —No lo sé. Archie y Bruce. Mientras esperaban el regreso de Matt y los refuerzos. a pesar de lo asustada que estaba. —sonrió la novia del periodista. pero. Bert Rialson. pongo la bala. Tampoco Sandy Bellows quiso abandonar el Lago Negro.

—¿Quién se enfada? —Cuando Bert vino por mí. —Olvídalo —sonrió la novia del periodista. Vanessa Heflin y Sandy Bellows se sentaron en la hierba. Bert se retrasara tanto anoche.. podéis creerme. era la envidia de mis compañeros. —Lamento que. —Sí. De algo teníamos que hablar. socarrón. Yo te pregunté y él. —¿Que lo sabes. —Claro.? —se sorprendió Vanessa.. pero no fue por eso. siempre quedaba el primero —aseguró el periodista. —¿De la cabeza o de la cola? —preguntó Magnusson. El teniente Magnusson y el propio Bert Rialson prestaron nuevamente atención al lago. Bert le hizo una cara fea. a unos cuantos metros de ellos. —No te enfades. —Me lo contó esta mañana. por el camino. teniente. . por ayudarme a mí. parecía muy preocupado. En las prácticas de tiro. —Qué confianza. —Lo sé. —Bert me dijo que discutisteis.. para traerme al Lago Negro en su coche. —Cuando estuve en el Ejército. Vanessa. Vanessa —dijo Sandy.. —Muy gracioso.

Me hallaba tan asustada. Porque no quiere casarse conmigo.. cuando llegué al lago. —Yo también le quiero.. Vanessa. Bert me confesó que está deseando tratar de nuevo el asunto.. —Fue culpa mía. la verdad es que. Vanessa. que. —Es la verdad. Vanessa Heflin sonrió. —¿Te lo dijo él? —Sí. yo le pedí que me besara. pero le eché de mi apartamento. —Pero no sé si lo dijo en serio o sólo para que se me pasara el enfado. —¿Te dijo también dentro de cuántos años? —No seas irónica. —¿Quién ironiza? —Te apuesto lo que quieras a que Bert y tú estáis casados antes de quince días. Vanessa. Como le pillé besándote. —¿De veras? —Sí. Ya sabes por qué. Sandy Bellows se mordió el labio inferior. —Se casará. —Eso me dijo Bert. Vanessa.. Vanessa. —Bueno. Sandy. —Bert te quiere. . —¿Lo ves? —sonrió a su vez Sandy.

Vanessa arrugó el entrecejo. ¿verdad? —Sí. anoche. —¿Seguro? —Se había portado tan bien conmigo. no. —Bueno. por un beso. —¿Te besó Bert anoche. que casi fue un beso al aire. ¿eh? —Sí. —Bueno.. —Pero tú a él.. —¿Nos tiramos del pelo ya.. —Vamos. o lo dejamos para después? Sandy Bellows creyó que lo de tirarse del pelo iba en serio y se apresuró a aclarar: —Fue sólo un beso de agradecimiento. Apenas le rocé los labios. —¿Y anoche. no tiene importancia.. muy corto. Total.. sí. .. él a mí. Vanessa. solamente uno. —¿Fue corto? —¿El trayecto? —¡El beso! Sandy tosió. Incluso me acompañó a casa.? Sandy se puso nerviosa.. Porque sólo te dio uno. Sandy? —No. sí.. —Oh.

Me caes bien. . Los quince hombres-rana. Vanessa sonrió. en las que traían el material necesario para dar una gran batida al Lago Negro y acabar con el monstruo asesino que vivía en él. Tendría que hacerles frente. pero no puedo. *** Matt regresó de Portland con doce hombres. Los hombres traídos por Matt se equiparon rápidamente y descendieron de las furgonetas. —Eso. El monstruo no podía cruzar. distanciados entre sí. lo somos ya —respondió la novia del periodista. cubrían prácticamente todo el ancho del lago.. instalados en dos furgonetas. o abandonar el lago. aunque no tanto como para no poder verse unos a otros. hasta acabar con él.. cuyo personal se hizo cargo de los cadáveres de Howard Lawson. Francis Dobkin. y la besó en la mejilla. junto con los otros doce hombres. ¿Seremos amigas? —Lo somos ya. Henry y Leo. regresando seguidamente a Portland. sin ser visto. Matt volvió a colocarse su equipo de hombre-rana y él. Si se decidía por esto último. se sumergieron en el lago después de recibir instrucciones del teniente Magnusson. el teniente Magnusson y Bert Rialson lo descubrirían y le dispararían con sus rifles. —Tú a mí también. Vanessa. Gordon Tully. —Debería tirarte de las orejas. Llegaron también tres ambulancias. La gran batida del Lago Negro dio comienzo.. la línea que ellos formaban. Archie y Bruce. Sandy. Sandy.

El monstruo no podía burlarla. Lo hizo por la orilla opuesta a la que permanecían el teniente Magnusson y Bert Rialson. para ofrecer un blanco mucho más difícil.. —¡Allí está el monstruo. como se trataba de un ser muy inteligente. Vanessa Heflin y Sandy Bellows también vigilaban las orillas del lago. teniente! —gritó apuntándolo con el brazo.! —chilló Vanessa Heflin. —¡Bert. —¡Fuego. Bert! ¡La distancia es mucha! —¡Vamos por él. El teniente 'Magnusson y Bert Rialson lo perdieron de >vista. Bert! —ordenó Magnusson. sin dejar de correr. —¡No os mováis de ahí. —¡No le hemos dado. . pero eficazmente. aterrorizadas por el horripilante físico del monstruo del Lago Negro. para hallarse lo más lejos posible de sus riñes.. por aquello de que cuatro pares de ojos ven mejor que dos. El inteligente ser se arrojó al suelo y se movió a cuatro patas por entre los árboles que circundaban el lago. echándose el rifle a la cara. Lenta. El periodista del Portland Express fue el primero en descubrirle. El periodista hizo lo propio. Se pusieron los dos a disparar frenéticamente. teniente! ¡No podemos dejarle escapar! Los dos hombres corrieron velozmente hacia la otra orilla del lago. optó por abandonar el lago. El primero escupió una maldición. Vanessa! —ordenó el periodista. La gran batida continuó. mientras Vanessa Heflin y Sandy Bellows se abrazaban. Y.

Por donde había pasado el monstruo. Bert exclamaba: —¡Parece que huyó hacia la orilla que nosotros ocupábamos. El periodista miró la hierba. todavía. Sandy! Jeff Magnusson y Bert Rialson alcanzaron la orilla opuesta del lago. —¡Sigamos su rastro. —¡Corramos. —¡También yo. Vanessa! —gimió Sandy Bellows. apretándose más a la novia de Bert. estaba mojada. teniente! ¡Tenemos que llegar antes que él o las hará pedazos! Bert Rialson y Jeff Magnusson corrieron como flechas hacia la orilla contraria. . pidiendo al cielo que les permitiera alcanzarla antes que el monstruo del Lago Negro. —¡Estoy muerta de pánico. de prisa! Segundos después. solas e indefensas! —se estremeció Magnusson. teniente! —¡Y las chicas quedaron allí. teniente! —¡Sí. pero no vieron al monstruo.

—¡Sandy. Mirándolas con sus horribles ojos de pez. era imposible. CAPITULO X Lo que Bert Rialson y el teniente Magnusson pedían. porque el monstruo del Lago Negro se hallaba ya en la orilla opuesta. agachándose para levantarla. tan pesadamente. Erguido.. Sandy Bellows se volvió y descubrió también al monstruo. No pudo hacerlo.. —¡Sandy! —gritó Vanessa. sintiendo que la sangre se le convertía en agua mineral y los músculos de sus piernas en pura mantequilla. que Vanessa Heflin no pudo sostenerla y su cuerpo se estrelló contra la hierba. . Vanessa Heflin fue la primera en reparar en la presencia del escalofriante ser. y casi se desmaya de terror al verle. Quieto. Estaba a menos de cinco metros de ellas.! —chilló. Sandy Bellows dio un grito y se desplomó. El monstruo dio un gran salto y se plantó menos de un metro de la desvanecida Sandy. La había alcanzado en sólo unos cuantos de aquellos fantásticos saltos que él era capaz de dar.

! —gritó Vanessa. pero se limitó a tocarle las piernas. —Cálmate. Pensó que el monstruo iba a atacarla. Anoche pudo destrozar a Sandy. Bert. al borde del desmayo.. lo mismo que destrozó a Francis. pálida como un cadáver. sin embargo. —¡Sí. En vez de eso. —¡Sandy. y huyó por entre los árboles.. dando unos saltos enormes.. pero no fue así. de no ser porque en aquel preciso momento llegaron Bert Rialson y el teniente Magnusson. Bert —dijo el teniente Magnusson. Las piernas se le doblaron y cayó de rodillas sobre la hierba. Y quizá se hubiera desmayado. hace un momento. se llevó a Sandy. pudo mataros a las dos. El horroroso ser se inclinó. Vanessa. cargó con el inerte cuerpo de Sandy Bellows. Bert! ¡Fue horrible! ¡Pensé que el monstruo iba a destrozarnos a las dos! Bert Rialson abrazó con fuerza a su novia.. —¡Vanessa! —¡Bert! —¿Te encuentras bien? —¡Sí! —¿Dónde está Sandy? —¡El monstruo se la llevó! —¿Que se la llevó.? —exclamó Jeff Magnusson. Es evidente que el monstruo no quiere hacer daño a las mujeres. Vanessa chilló al tiempo que retrocedía con rapidez. Estoy seguro de que no la lastimará. teniente! ¡La tomó en brazos y huyó por allí! ¡Sandy se había desmayado! ¡No pude hacer nada por ayudarla! ¡Oh. —Tenemos que encontrarla. Y. .

Tú vendrás con nosotros. de darle caza. Los hombres-rana se despojaron de sus máscaras de buceo. teniente. Les dijo también que el monstruo se había llevado a Sandy Bellows. Tal vez ahora. —Sí. Bert —apremió Magnusson. concluida la gran batida del lago. y se lanzaron a la búsqueda del monstruo y de Sandy . No quiero dejarte sola. El teniente Magnusson. de las botellas de aire comprimido y de las aletas natatorias. En esta ocasión. Vamos en su busca. pues los pies del monstruo ya estaban secos y no mojaban la hierba que pisaban. al ser muchos más. claro. —De prisa. Bert Rialson y Vanessa Heflin recorrieron los alrededores del Lago Negro. sin embargo. regresaron a la orilla e informaron al teniente Magnusson de que no habían hallado al monstruo. y que él y Bert Rialson habían tratado. Corrieron los tres en la misma dirección que tomara el monstruo del Lago Negro. Había que seguir buscándolos. Vanessa. seguir su rastro iba a ser mucho más difícil. como antes. inútilmente. y que no conseguían dar con ninguno de los dos. *** Los quince hombres-rana. pero no pudieron dar con Sandy Bellows ni con el monstruo. por la orilla opuesta. Jeff Magnusson les informó a su vez de que el monstruo había abandonado el lago a los pocos minutos de que ellos iniciaran la batida. el monstruo no pudiera burlarles y diesen con él y la muchacha.

. teniente. empuñando todos sus fusiles de pesca submarina. La quiere viva. Matt. como ni ella ni el monstruo aparecen. El resultado. pues no hallaron ni rastro del monstruo y de Sandy Bellows. Bellows por los alrededores del lago. —¿Con la muchacha. Moriría ahogada. Bert Rialson intervino: —Yo no creo que el monstruo haya vuelto al lago. —Se diría que se los ha tragado la tierra —rezongó el teniente Magnusson. Totalmente exhaustos. teniente? —preguntó Matt. *** Bert Rialson se llevó la taza de café a los labios y bebió un trago. Debemos ampliar el área de la batida. los ojos fijos . y muerta no le serviría de nada. Por eso se la llevó. desalentado. —Ya lo sé. El debe de saber que la muchacha perecería. Allí la llevó. pero el monstruo y la muchacha no aparecieron..? —Claro.. sin embargo. Debe de tener algún escondrijo cerca. batiendo una zona mucho más extensa. Dieron varias batidas. regresaron al lago para comer algo y descansar un rato.. fue igualmente negativo. El teniente Magnusson estuvo de acuerdo y reanudaron la búsqueda. Pero. —¿No habrá vuelto el monstruo al lago. —Ella no puede respirar bajo el agua.

Quizá antes era un pez normal y corriente.. y se bañaban en el lago. —¿Por qué. porque.en las serenas aguas del Lago Negro. al menos. solía venir de vez en cuando por aquí. el profesor Morley! ¡Edward Morley! ¡Le hice una entrevista para mi periódico hace algún tiempo! ¡Y vive a unos veinte kilómetros de aquí... teniente Magnusson —opinó Vanessa Heflin—. no había ocurrido nada extraño en el Lago Negro. siempre acompañado de alguna chica. —Por qué y cómo es un misterio —dijo el teniente Magnusson—. ya es más fácil de adivinar. extrañados. —Habría que ser científico para tratar de explicar. y algo hizo que se deformara y se tornara gigantesco. según dijo Sandy. Cuándo. al menos. hasta anoche. para que nos dé su opinión? —Muy interesante.? —¡Lo recuerdo perfectamente. Si el monstruo hubiese existido ya. A Francis.. con un poco de lógica. Bert? —¡Yo conozco a un científico. como hizo anoche. teniente! —¿De veras! —¡Sí. respingando. teniente! ¿No cree que sería interesante informar al profesor Morley de lo que ocurre. —Estoy de acuerdo con usted.. Con ese aspecto. Tal vez sólo unos días. el origen de. O puede que naciera ya deforme. No puede hacer mucho.. —¡Científico! —repitió Bert Rialson.. solamente! —¿En serio. desde luego —cabeceó Magnusson. . El primero preguntó: —¿Ocurre algo. El propio Francis Dobkin. les habría atacado. El monstruo lleva poco tiempo en el Lago Negro. si es cierto que no quiere causar ningún daño a las mujeres.. El teniente Magnusson y Vanessa Heflin lo miraron. cuándo y cómo se formó ese horrible monstruo? —se preguntó en voz alta.

Pasó un minuto. *** Minutos después. —¡Voy contigo. —Claro que está —sonrió el periodista. . Una casa grande y antigua. —¡Iré por él! —dijo el periodista poniéndose en pie. Vanessa se irguió también. vamos. El periodista y su novia descendieron del «Dodge» y subieron al porche. y el periodista del Portland Express lo puso en marcha con rapidez. de dos plantas. Nadie acudía a abrir. Corrieron los dos hacia el «Dodge» de Bert Rialson. Bert Rialson detenía su coche frente a la casa del profesor Morley... Bert! —De acuerdo. —Me temo que hemos hecho el viaje en vano.. Bert hizo sonar el timbre. subieron a él. Dos. —¿Cómo lo sabes? —Porque nunca sale de casa. parece que el profesor Morley no está en casa. con un amplio porche. —¿Por qué dices eso? —Bueno.. Bert.

? —Bueno. —¿Vive solo? —No. miró con cierta desconfianza al periodista y su novia. Disculpe usted mi poca memoria. si nos abre él.. —Lo comprendo. Bert. pasen ustedes —invitó Edward Morley. el periodista que le entrevistó hace algún tiempo para el Portland Express.. salpicada de manchas de todos los colores. Lo tiene montado en el sótano. un hombrecillo de abundante y revuelto cabello plateado. —Soy Bert Rialson. profesor? —Oh. que contaba cincuenta y cinco años de edad. joven.. el periodista. profesor Morley. —Déjate de bromas.. sí. en este momento.. En aquel momento se abrió la puerta. acabando de abrir la . sino el propio profesor Morley. Ya me acuerdo. —Pasen. —¿Y por qué no acude a abrir? —Debe de estar en su laboratorio. —¿Qué desean. pero es que siempre ando distraído con mis experimentos y. —¿Tan horrible es. con su ayudante. Te lo digo para que no te asustes. pero no fue el feo Nat quien tiró de ella. y es un tipo bastante feo. si lo comparamos con el monstruo del Lago Negro. sin abrir del todo la puerta... Bert exhibió una sonrisa cordial. Edward Morley. profesor Morley? —Pues. es guapísimo.... —¿No se acuerda de mí. —sonrió el científico—. ¿Me recuerda ahora. Se llama Nat. que usaba gafas de gruesos lentes y se cubría con una bata blanca.? —preguntó.

Edward Morley sonrió. me encantaría hacérsela.. entonces? —Tengo que hablarle de un asunto muy serio. también. quisiera presentarle a mi novia. sí. cariño? Bert tosió nerviosamente. —No tiene importancia. profesor Morley. Bert y Vanessa entraron en la casa. —Es un placer conocerle. —Muchas gracias. Se llama Vanessa. Y un gran honor. El científico cerró la puerta y preguntó: —¿Quiere hacerme otra entrevista. dijo: —¿Qué respondo. Y muy bonita. —¿A qué. profesor. Bert —se golpeó la frente Edward Morley—. . —dejó oír una risita cascada. —¿Cuándo es la boda? Vanessa miró a su novio y. Burt? —Bert. profesor —corrigió el periodista. La joven tendió su mano al científico. profesor. Cuando yo digo que me falla la memoria.puerta. profesor Morley. socarronamente. también. señorita. —Es usted muy amable. Pero. profesor. —Gracias. —Oh. antes. halagado. Encantadora de verdad. En cuanto a lo de una nueva entrevista. y estrechó la suave mano de la novia del periodista.. pero no he venido a eso.

Está decidido. —Me encantaría. Bert lo sabe. profesor Morley. —Ni una palabra más.. pues le quedamos muy agradecidos. —Pero. —Magnífico. —No tiene por qué molestarse. Mi trabajo absorbe todo mi tiempo y no me permite salir de casa. Dije lo de la invitación porque me gustaría enviarles un regalo. profesor. —Bueno. profesor Morley.? —se extrañó Vanessa.. no podrá ser.. —Muy pronto. —Al contrario.. El científico rió. será un placer.. Estoy muy contento de la entrevista que me hizo usted. Burt —volvió a confundirse el científico—. —Hábleme ya de ese asunto tan serio. profesor —dijo Bert. créanme.. —Cuente con ella. . Bert Rialson fue directamente al grano: —Se ha descubierto la existencia de un horrible monstruo en el Lago Negro. profesor. —¿De veras desea asistir usted a nuestra boda. Espero que me manden una invitación. Burt —siguió equivocándose el científico. Desgraciadamente. La boda será muy pronto. Burt. —se emocionó Vanessa. profesor Morley. profesor. —Oh. profesor. y quiero demostrárselo de alguna manera.

Ya sé que es usted un hombre muy ocupado. Bert Rialson se lo contó todo... Un monstruo enorme y sanguinario. Bert preguntó: —¿Querrá venir con nosotros al Lago Negro. precisamente cuando el periodista refería el rapto de Sandy Bellows por parte del monstruo del Lago Negro. Bert —rogó. Bert. profesor Morley? Al teniente Magnusson le interesa mucho conocer su opinión. acertando ahora con el nombre del periodista. Los destrozó literalmente a los cinco. —Sí. Edward Morley palideció más.. —¿Un monstruo. Anoche mató a tres hombres. —Iré con ustedes. profesor..? Bert Rialson asintió con la cabeza. a otros dos. CAPITULO XI El profesor Morley palideció visiblemente. . interviniendo un par de veces Vanessa Heflin en el relato. —Empiece desde el principio. El científico quedó sin habla. pero. y esta mañana. Edward Morley movió la cabeza afirmativamente.

—¿Una fecha para qué? —Para nuestra boda.. —Esperen aquí un momento. —Te lo daré si tú me das una fecha. . —¿Qué boda? —¿A qué te araño? Bert rió. —De acuerdo. profesor. —Por lo de la boda. Vanessa Heflin aprovechó la circunstancia de que el científico los dejara solos unos minutos para rodear el cuello de Bert Rialson con sus brazos y preguntar: —¿Cuánto tiempo es para ti «muy pronto».. —Se lo agradecemos mucho. Vuelvo en seguida. Bert? —¿Por qué lo preguntas? —quiso saber el periodista. Edward Morley desapareció por ella. profesor. El científico caminó hacia la puerta del fondo. —Prefiero que me des un beso. después de. posando sus manos en las firmes caderas de su novia. Por allí se bajaba a su laboratorio. —¿Crees que estamos en el lugar adecuado para fijar la fecha de nuestra boda? —Ya sé que tú prefieres hablar del asunto en mi cama.

No. salía alguien. —Lo mismo me da. ya te lo dije. —O antes de eso. Vanessa se entregó de lleno a la caricia. —Yo a ti aún te quiero más —aseguró Bert. Por fortuna. que seguían besándose apasionadamente. no vieron que por la puerta del fondo. ¡Era el monstruo del Lago Negro. ya no me importa. Tampoco Nat. sin sospechar lo cerca que estaban de la muerte. retiró la . no era el científico. el periodista del Portland Express se acordó del profesor Morley y. Ni negarte mi cama. y besó los deliciosos labios de su novia. anoche. su feo ayudante. la verdad es que yo preferiría que fuera después. —Pues... Te quiero tanto.. la que conducía al laboratorio del profesor Morley. —¿Lo dices en serio? —Sí. —Estoy arrepentida.. No debí echarte de mi apartamento. —¿De veras. pero si tú te empeñas en que sea antes...! *** El espantoso ser se detuvo y observó a Bert Rialson y Vanessa Heflin. Bert? —Bueno.. Enfrascados los dos en el beso... para evitar que el científico les sorprendiese con las bocas fundidas. cuyo esbelto cuerpo estrechó vigorosamente.

con gesto de incredulidad. porque acababa de descubrir al monstruo del Lago Negro. pero. —No es posible.! —chilló de pronto Vanessa. Nat! ¡Acaba con él! *** Bert Rialson lo comprendió todo inmediatamente. en la misma puerta de su laboratorio. el ayudante del profesor Morley! ¡El científico debió de realizar alguno de sus raros experimentos con él y lo convirtió en un monstruoso hombre-pez! ¡En una bestia asesina! ¡Y la bestia se disponía a matar de nuevo! ¡Edward Morley se lo había ordenado! ¡Quería que acabase con él. —musitó. en la casa del profesor Morley.. Se resistía a admitir que el monstruo del Lago Negro estuviese allí. que lo . quien..? La pregunta que se hacía el periodista tuvo una clara respuesta con la súbita aparición de Edward Morley.. nena. ¡El monstruo del Lago Negro era Nat Yorkin. ¿Acaso el científico tendría algo que ver con...suya y dijo: —Es maravilloso besar tus jugosos labios. Bert Rialson giró la cabeza y descubrió también al horroroso ser.. —¡Bert.. gritó: —¡Atácale.. que lo destrozase con sus temibles garras. con cara de loco.

lo había dejado olvidado en el lago. prisionera del profesor Morley y de su horrible monstruo. gracias a su sorprendente agilidad.. Por otra parte. ¿Se los concedería el monstruo. Bert Rialson no quería huir sin la infortunada muchacha... Un olvido que ahora le podía costar la vida.. Bert no tenía la menor duda de que la joven se encontraba allí..? En cualquier caso.. Estaban muy cerca de la puerta. Abrirla.. Con las prisas. Bert y Vanessa retrocedieron. les llevaría algunos segundos. ¿O lo habría hecho ya. que caería sobre ellos mucho antes. Pero.? Bert sospechaba que no. salir corriendo de la casa. en aquella casa. . introducirse en el coche y ponerlo en marcha.devorase con sus feroces dientes! El monstruo avanzaba ya hacia Bert Rialson y Vanessa Heflin. Lentamente. ¿cómo? ¿Con qué? Si hubiera traído el rifle consigo. estaba Sandy Bellows. Como muy seguro de que podía hacer pedazos al periodista en cuanto se decidiese a saltar sobre él. y a saber lo que aquel científico loco pensaba hacer con ella. Tenía que hacer frente al monstruo.

se decidió. aterrada. esperó a que el horriblemente cambiado Nat Yorkin se decidiese a atacarle. los ojos del periodista se posaron en la enorme hacha medieval que pendía de la pared de la izquierda. Nat! —gritó el profesor Morley.. por fin. Bert y Vanessa toparon con la puerta. y no estaba dispuesto a abandonarla. Bert dio un respingo de alegría. —¡Bert. Como esperando el ataque de Bert Rialson. El monstruo se detuvo. se soltó de Vanessa y corrió hacia allí. pero éste no cometió ese error. De pronto. al ver que el periodista empuñaba la temible hacha. Y éste.. sobre el sofá y con la pared protegiéndole las espaldas.! —gritó la joven. era muy ventajosa. Fue un ataque relampagueante.. . a modo de adorno. El monstruo seguía acercándose. En cuanto el monstruo se acercase.. Bert consideraba que su posición. Que atacase el monstruo. con en hacha en alto. que hizo chillar agudamente a Vanessa Heflin. Bert. ¡Ya tenía con qué hacer frente al monstruo! ¡Y con ciertas garantías de éxito! Sin dudarlo un segundo. El periodista se plantó de un salto en el sofá que había debajo del hacha medieval y tomó velozmente la pesada arma. —¡Cuidado.

. al tiempo que descargaba el hacha medieval con todas sus fuerzas sobre la enorme y horrorosa cabeza que ahora tenía el ayudante del profesor Morley.. ya estaba muerto. El monstruo se plantó delante del sofá de un fantástico salto y le soltó un feroz zarpazo al periodista. y esquivó la garra del monstruo desplazándose muy oportunamente hacia su izquierda. destrozando huesos y tejidos. Y aun antes de que su horrible cuerpo tocase el suelo. de la que brotó un auténtico surtidor de sangre. Bert Rialson también estaba dotado de una agilidad poco común.! —chilló Edward Morley. Acababa de derrumbarse.. —¡Nat. Pero Nat Yorkin ya no podía oírle. que lo salpicó todo. El duro filo del hacha se abrió paso. y prácticamente partió en dos la cabezota del monstruo. Afortunadamente.

no yacía el cadáver del horrible monstruo. profesor. dejó de causar efecto. y Nat Yorkin. —¡Maldito periodista! ¡Te arrepentirás de esto. sino el cuerpo desnudo de un hombre alto y delgado. —Usted es el responsable de todo. ahora manchada de sangre. con intenso odio. la droga suministrada por el trastornado científico a su ayudante. Bert Rialson y Vanessa Heflin se estremecieron profundamente.. Y es que estaba ocurriendo algo sorprendente. profesor Morley. te lo juro! ¡Y tu novia también! ¡Los dos pagaréis la muerte de mi fiel ayudante! ¡Yo le vengaré! —Está usted loco. —¡Fue un experimento genial! . miró a Edward Morley con dureza. El periodista. todavía sobre el sofá. poco a poco. y que convirtió a éste en un monstruoso hombre-pez. fue recobrando su aspecto normal. con el hacha medieval en las manos. sino también los de Bert Rialson y Vanessa Heflin. Lo que hizo con su ayudante. pues resultaba mucho más impresionante el ver a un hombre con la cabeza abierta como una sandía que al monstruo. El científico le miró a su vez.. en el suelo. CAPITULO XII No sólo los ojos del profesor Morley estaban clavados en el cadáver del monstruo. sobre el gran charco de sangre. Un par de minutos después. Con la muerte.

. profesor Morley. Al llegar abajo. Bert! El periodista alcanzó la puerta del laboratorio y la destrozó con el hacha medieval.. apuntándole con un revólver la cabeza. pues sabía que el científico no . estúpido! ¡Eres un vulgar periodista. Y yo me encargaré de que se la pongan. no un científico! —Pero estoy cuerdo y por eso le repito que. periodista! ¡Arrójala inmediatamente o le vuelo la tapa de los sesos a la chica! Bert no tuvo más remedio que obedecer. sin deshacerse del hacha. cuya puerta cerró con rapidez. periodista! —rió de un modo anormal el científico y se introdujo corriendo en su laboratorio. Se hallaba tendida sobre una alargada mesa. Su novia hizo lo propio. Sendas abrazaderas de cuero sujetaban sus manos y pies. —Fue una monstruosidad. —¡Yo no estoy loco! ¡Soy un genio de la Ciencia! —Necesita urgentemente una camisa de fuerza. —¡Cógeme si puedes. y lanzándose escaleras abajo. se encontraba el profesor Morley. y otras dos correas cercaban su cuello y su cintura. —¡Qué sabrás tú. quien ordenó: —¡Arroja el hacha. completamente desnuda. descubrieron a Sandy Bellows. Bert Rialson saltó del sofá. Junto a la muchacha. observando a la joven. Bert y Vanessa se quedaron parados. y corrió hacia la puerta del laboratorio de Edward Morley. Vanessa Heflin corrió también hacia allí. gritando: —¡No me dejes sola.

. —musitó. El profesor Morley se había retirado prudentemente de la jaula. —¿No sentís complejo de monos? —preguntó burlonamente. profesor. que sujetó con un grueso candado. El periodista tenía los maxilares fuertemente apretados y miraba a Sandy Bellows. Cuando Edward Morley vio que el periodista y su novia estaban tendidos boca abajo en el piso de la jaula. —Lo que siento es no tener su cuello al alcance de mismanos. entrad en ella y tendeos en el suelo. metálica. —¡No vuelvas a llamarme loco. . parejita! Bert y Vanessa se pusieron lentamente en pie. —Bert.. rió e indicó: —¡Ya podéis incorporaros. para que el periodista no pudiera sorprenderle. cuyos ojos expresaban una angustia y un terror infinitos. tenía unos dos metros de ancha por otros tantos de alta. boca abajo! Bert y Vanessa obedecieron. asustada de ver que el profesor Morley dominaba la situación. periodista! —Lo está. La jaula. El profesor Morley ordenó: —¡Caminad hacia aquella jaula. Vanessa se agarró a su brazo. maldito loco —masculló Bert. El científico dio una furiosa patada en el suelo. se acercó a ésta y cerró la puerta. Entonces.dudaría en cumplir su amenaza. Loco perdido.

—¿Y Nat? ¿También él se hallaba satisfecho de su nueva personalidad. —¡Repítelo otra vez y te lleno el cuerpo de balas! Bert Rialson guardó silencio. . una compañera para que su felicidad fuese completa. Nat podía hacerlo y se sentía muy feliz por ello. —Era una mezcla de hombre y de pez. El Lago Negro era como un paraíso para él. —Porque no comprendes lo maravilloso que es poder vivir en el agua.. Si vuelves a llamarme loco. no podía ser más horroroso. hasta apuntar finalmente al suelo. tras el experimento. De eso se trataba. Y yo iba a proporcionársela. El aspecto de Nat. sino en un hombre-pez.. —¿Sabía él que podía convertirse en un horrible monstruo? —No lo convertí en un horrible monstruo. —Me resisto a creerlo.. yo no lo forcé. vamos. Sinceramente. te lo juro... te mataré. me hallaba muy satisfecho del resultado de mi experimento. —Ha faltado un pelo para que apretara el gatillo. Necesitaba. —Oh. Edward Morley le apuntó al pecho con su revólver. —Morley miró a la desnuda e indefensa Sandy Bellows..? —Nat se sometió voluntariamente al experimento. profesor? —¡Oh. —¿Por qué hizo eso con su ayudante? ¿Por qué lo convirtió en. moverte por ella como un pez. A mí no me parecía en absoluto horroroso. sí! Mucho más que yo. no obstante. La furia del científico fue remitiendo y el cañón del arma empezó a descender. profesor. periodista.

Partiste su cabeza en dos. Tú le privaste de esa dicha. —Tendré que pensar algo.? . Ahora comprendían la angustia y el terror que expresaban los ojos de Sandy Bellows. —Eras un peligro para mí. profesor Morley El científico dilató los ojos. Ya no podrá conocer el nuevo aspecto de la mujer que él mismo había elegido por compañera.. Usted le había ordenado que me atacara. Me hubiera destrozado con sus garras si yo no.. —Si no regresamos al Lago Negro... ya se lo dije. vendrá en nuestra busca. Bert. ¡El profesor Morley pensaba convertirla en una mujer-pez! ¡En otro horrible monstruo! Edward Morley volvió a mirar al periodista y a su novia. —repitió el científico. Nat ha muerto.. profesor. —¿Seguro que no? —Le doy mi palabra. —Desgraciadamente. —Lo mejor es que se entregue. —¿Que me entregue. periodista. Bert Rialson y Vanessa Heflin sintieron oleadas de frío. Acabaste con su vida de un brutal hachazo. —¿Por qué? Yo no sospechaba que usted tuviera nada que ver con el Monstruo del Lago Negro. —Tenía que defenderme. entonces? —Al teniente Magnusson le interesaba conocer su opinión.. —¿Por qué viniste. quedamente. —El teniente Magnusson.

para socorrerla.? —No está mal. no vendrán! ¡Iré yo al Lago Negro! —¿Usted. profesor. periodista. —Sí. pensaba decir Bert. —Entonces. periodista! —rugió Morley.. Milagrosamente. No puede seguir adelante con esto. descubrimos a Sandy Bellows tirada en el suelo.? —¡Sí.. librándome así de ser atrapado también por el monstruo. Bert carraspeó y dijo: —Nada. porque es seguro que vendrán a esta casa. ¿Qué te parece la historia.. . —Se me acaba de ocurrir.. Olvídese de sus experimentos y deje que los médicos le. ahora mismo! —¿Y qué le dirá al teniente Magnusson cuando él pregunte por nosotros. Edward Morley volvió a apuntar a Bert Rialson con su revólver. de sendos golpes en la cabeza. periodista. Sería tanto como llamar nuevamente loco al científico... muchacho. tendrá que hacer frente al teniente Magnusson y sus hombres. Yo vi cómo os dejaba a ti y a Vanessa sin sentido. «Le examinen la cabeza». Nat Yorkin ha muerto. al pie de un árbol. y éste había jurado que le mataría si volvía a hacerlo. Le diré al teniente Magnusson que. Olvídelo. yo conseguí subir al coche y ponerlo en marcha. profesor. —¿Que los médicos qué.? Edward Morley sonrió. cuando nos dirigíamos los tres hacia el lago. Entonces.? —preguntó con fiero gesto. pero no se atrevió... —¡No.. —¡No voy a entregarme. surgió el horrible y sanguinario monstruo del Lago Negro. Salimos del coche..

ya lo sé. —Iba a ser la compañera de Nat. —Conmigo no le valdrá. Soy un excelente actor. periodista.. ¿Qué será de nosotros? —¿De ti y de tu novia. —Sabía que te gustaría. Sin embargo. que el teniente Magnusson y sus hombres os seguirán buscando a vosotros tres y al monstruo del Lago Negro por toda la zona. ¿Por qué iba a sospechar el teniente Magnusson? —Porque es policía. y los policías parecen tener un sentido especial para descubrir a los mentirosos. una joven y sana mujer-pez.. —¿Y qué pasará después de esto? —¿Que qué pasará. además. Edward Morley se aproximó a la alargada mesa y contempló de cerca el maravilloso cuerpo desnudo de Sandy Bellows. —Eso ya no es posible. —Muy bien. no sospechabas de mí.. profesor..? —Y de Sandy.—dijo. —Tú tampoco eres tonto. Bert. Ya no puede ser la compañera de Nat. pero no os encontrarán.. El teniente Magnusson es un tipo muy inteligente. —No sé qué decirle. con nostálgico gesto. —Sí. porque al teniente Magnusson no se le ocurrirá buscaros en mi casa. periodista. El científico rió. Edward Morley volvió a reír.. Nat ha muerto —recordó Bert.? Pues. supongamos que logra usted engañar al teniente Magnusson. Yo miento bien. profesor. Pero sí una joven y sana .

se lo suplico... los hombros. porque la joven no se removió ni le insultó.? —sugirió Morley. ¿Te gustaría Bert Rialson. viejo loco! . pero no me convierta en un monstruo.. y comenzó a acariciarle el rostro. Bert Rialson. profesor Morley. Máteme si quiere. —No me gustaría. —¿Matar yo a una muchacha tan bonita y tan bien formada como tú. limitándose a decir: —Prefiero la muerte a convertirme en una espantosa mujer-pez.. Y. No debía ser la primera vez que sus manos tocaban el cuerpo desnudo de Sandy Bellows.? — sonrió el científico. Un joven y sano hombre-pez. Sandy Bellows también lo miró...mujer-pez. los senos. te proporcionaré un compañero. Y lo será. si quieres. el cuello. —Podrás vivir en el agua. —Ya verás cómo sí. mirando al periodista. —No. rabioso porque el científico no dejaba de toquetear el cuerpo desnudo de la indefensa Sandy... La aterrorizada Sandy se agitó sobre la mesa. como compañero. rugió: —¡Retire sus repugnantes manos del cuerpo de Sandy.

Sandy Bellows gritó: —¡No lo mate. y lo sabía el propio periodista del Portland Express. profesor Morley! ¡Quiero a Bert como compañero! Edward Morley se frenó y la bala no llegó a salir por la boca del arma. Por si quedaba alguna duda. llevado por su cólera.. Pronunciar la palabra «loco» había sido como firmar su sentencia de muerte. Lo soltó sin pensar en las consecuencias. Sin bajar la mano. Edward Morley. miró a la muchacha y preguntó: —¿Has cambiado de idea.? —Sí. ya era tarde para rectificar. profesor. Sandy. periodista! En el preciso instante en que el dedo índice del científico se curvaba sobre el gatillo. Ahora. ni retirar el dedo del gatillo. para accionarlo. con el rostro congestionado de ira. lo sabía Sandy Bellows. apuntó a Bert Rialson con su revólver y rugió: —¡Se acabó. —¿Quieres convertirte en una mujer-pez? . Bert Rialson había vuelto a llamar loco a Edward Morley.. Lo sabía Vanessa Heflin. CAPITULO XIII Sí.

—Está bien. Le perdonaré la vida al periodista y lo convertiré en hombre-pez. el periodista del Portland Express rompió el silencio. Bert Rialson. pequeña. Bert. —Ya lo había hecho antes. —En cuanto vuelva del Lago Negro. Vanessa Heflin y Sandy Bellows no hablaron. diciendo: —Me salvaste la vida. cuando tú ya seas mujer-pez. —No podía dejar que el profesor Morley te matara. Cuando por fin se convencieron de que el científico se había marchado de verdad. cuyos efectos son eternos. Sandy. —¿Y que Bert Rialson sea tu compañero? —Sí. os inyectaré la droga. —Sí. perdiéndose por ella. . Edward Morley dio una cabezada de asentimiento y bajó lentamente el arma. Sólo la muerte. que estuviese escondido en la escalera para escuchar lo que ellos dijesen. y caminó rápidamente hacia la escalera. Procuraré volver lo antes posible —prometió el científico. el muy cerdo. profesor. podrán devolveros a la normalidad. —Ni yo que siguiera manoseándote. —Gracias. Los tres temían lo mismo: que Edward Morley no se hubiese marchado. o el antídoto que yo he creado. *** Durante algunos minutos.

Vanessa. O esperar que nos rescaten el teniente Magnusson y sus hombres.. Vanessa. —masculló Bert. —Yo. zarandeando la puerta. Si zarandeamos los dos la puerta. Sandy —gruñó el periodista. —No me lo recuerdes. —No digas eso. Bert —resolló. Bert. y vuelve. sudoroso y jadeante. Me convertirá a mí en una mujer-pez y a ti. —Puerco..... —rezongó Vanessa Heflin. —dijo. estaremos perdidos... Bert. —Es inútil. hay esperanza. Bert se dejó caer de rodillas. Bert. con escasa convicción. —Inténtalo. Saldremos con bien de esto.. yo creo que hemos logrado algo. —Dios te oiga. —¿Lo dices para animarme? . tal vez consigamos soltarla. Sandy. pero no lograron que cediera. ya verás. Vanessa se derrumbó. Bert —pidió Sandy—. en un. Tenemos que aprovechar la ausencia de ese loco. hasta agotarse. si no somos capaces de lo otro. Si logra engañar al teniente Magnusson. Mientras hay vida.. —Ayúdame. La joven se mordió los labios. —Si pudiéramos salir de esta maldita jaula.. El periodista y su novia agitaron violentamente la puerta de la jaula durante varios minutos seguidos. el rostro y los brazos brillantes de sudor. —Intentémoslo. también. Podemos escapar por nosotros mismos. —A lo mejor te hice un flaco favor impidiendo que el profesor Morley disparase sobre ti.

—¡Eso no es verdad! —protestó Bert—. —¿Por qué dices eso? —Porque no te quita el ojo de encima. la segunda —sonrió picaramente Vanessa.. —Tienes un novio muy alegre. probamos otra vez. —Bueno. —No. —¿El qué? —Que Bert tenga ganas de bromear. Vanessa. para que te enteres! —¿A qué rompemos nuestras relaciones? . —¿No puedes ser un poco más optimista.. Sandy? —preguntó Vanessa. A mí me parece que la puerta ya no está tan fuerte. imaginemos que somos una pareja de rinocerontes. Bert. Tú en peligro de convertirte en una mujer-pez. A ver si te crees tú que Sandy es la primera mujer desnuda que veo. Habría que poseer la fuerza de un rinoceronte para arrancarla. y tú lo sabes. —En todo caso. el muy bribón. Vanessa? —Prefiero ser realista. Sandy Bellows sonrió. —¿Qué. —No cabríamos en la jaula —sonrió Vanessa. de veras que no. y yo en Dios sabe en qué. La puerta no cederá. —Harían falta unas cuantas horas de zarandeo. —Y muy sinvergüenza. en la situación en que nos encontramos. —¡He visto más de cien. Unos cuantos minutos más de zarandeo y. también. rinocerontita mía? —¿Tú te lo explicas. él en un hombre-pez. Bert.

*** Hacía ya casi una hora que el profesor Morley había abandonado su laboratorio. Bert. extenuados y con las manos despellejadas de tanto zarandear los barrotes de hierro. Bert y Vanessa lo habían intentado con todas sus fuerzas repetidas veces. Vanessa Heflin y Sandy Bellows ya no reían. —Pues yo no desespero de arrancar esta condenada puerta. Vanessa se lamió la mano derecha. —¡Lo que tenemos que romper. es la puerta de la jaula! ¡Venga. volvamos con los zarandeos! —Sí. rinocerontito mío —rió Vanessa. contagiado. y empezó a golpearla con los pies. Vanessa — masculló el periodista. Hay que serlo realmente para poseer su fuerza. El periodista y su novia. unió su risa a la de ellas. Para poder golpear con más fuerza. se habían dejado caer sobre el piso de la jaula. pero la puerta seguía casi tan fuerte como al principio. Bert había descansado la espalda en el . Bert. Fue toda una serie de furiosas patadas. que no estaba en absoluto enfadada. Sandy también rió. Los tres parecían haberse convencido de que la puerta de la jaula jamás saltaría. que le escocía como un demonio y murmuró: —No basta con imaginar que se es rinoceronte. Bert Rialson.

El vestido. regresó el profesor Morley. Vanessa. en cuanto recobrasen las fuerzas. Bert? —Uno no es de piedra. gritó: —¡Animo los dos! ¡Seguid golpeando con fuerza! ¡No desmayéis! ¡Estoy segura de que venceréis la resistencia de la puerta! Bert Rialson y Vanessa Heflin le dieron de patadas hasta quedar exhaustos. Pero que muy para arriba. nerviosa. —Olvídate de mis piernas y préstale atención a la puerta de la jaula. Otra serie de furiosas patadas y. en el preciso momento en que se disponían a reanudar los golpes. . frotándose las manos. ¿Crees que con esto cederá? —Tiene que ceder. Desgraciadamente. cariño. ¡Necesitamos que ceda! —dijo el periodista redoblando sus esfuerzos. más alegre que unas castañuelas. se colocó como él y empezó a golpear también la puerta de la jaula con sus pies.. —Eso son un par de remos. Bert y Vanessa lo intentarían.. se le fue para arriba. La puerta no se soltó. —¿Te parece que es momento para piropos. animada por el vigor y la furia con que su novio se empleaba. y en esa posición encogía y desplegaba las piernas una y otra vez. Sandy Bellows.piso de la jaula. Bert dio una ojeada a las torneadas piernas de su novia. pero había cedido bastante. y no lo que te dan cuando compras un bote hinchable. periodista! —informó. —¡El teniente Magnusson se tragó el cuento. lógicamente.

y se acercó a la indefensa Sandy Bellows. Bert Rialson apretó rabiosamente los puños. periodista! ¡No conseguiréis escapar de la jaula! —aseguró. Podía empuñar su pistola y. El profesor Morley convertiría a Sandy Bellows en un espantoso monstruo. Edward Morley rió. Vanessa Heflin le imitó. *** Edward Morley preparó una jeringa y la llenó de una sustancia verdosa. Dentro de unos . —¡Es inútil. con la jeringa en las manos.. y que convertía a los seres humanos en horribles monstruos capaces de vivir tanto en el agua como fuera de ella. Pero no. El chiflado de Edward Morley había vuelto y ellos tres seguían cautivos. Huelga decir que a Bert Rialson. pequeña. y luego haría lo propio con Bert Rialson. No podrían impedir que el trastornado científico llevase a cabo su propósito. —Tranquila. —¡Tenemos que impedirlo. No vas a sentir ningún dolor —sonrió el científico. Era la droga inventada por él. Vanessa Heflin y Sandy Bellows se les cayó el alma a los pies. agitándose violentamente sobre la alargada mesa. aproximando la aguja hipodérmica al cuello de la muchacha—. Vanessa! —rugió pateando de nuevo la puerta de la jaula. La joven sufrió un ataque de histeria y empezó a chillar como una loca. aunque temía la reacción del científico..

. lo dejó sin sentido de dos buenos puñetazos. El cielo quiso que en aquel angustioso momento saltase la puerta de la jaula. .! —chilló Sandy. —¡No. Justo en ese instante. Dejó la jeringa sobre la mesa y se metió velozmente la mano en el bolsillo de su bata. viéndose obligado a aplazar la inoculación de la droga. Bert Rialson ya había salido de la jaula y corría hacia el científico. serás una hermosa mujer-pez.. —¡Maldición! —rugió Edward Morley. el periodista se arrojaba sobre el loco como una fiera. y no resultó alcanzado por la bala. Morley le disparó. Bert derribó violentamente al científico. pues el periodista.minutos. quien ya no tuvo ocasión de efectuar más disparos. mucho más joven que él. sacando el revólver.

sin dejar de llorar. —Tranquilízate. Vanessa Heflin le acarició tiernamente el pelo. exhalando un hondo suspiro de alivio. o tampoco yo dejaré de soltar lágrimas. Bert. la cabeza ladeada. Bert Rialson cogió la ropa de Sandy Bellows y la dejó sobre la mesa. El periodista la recibió entre sus brazos y la estrechó emocionadamente. pero lo conseguimos. —Ocupémonos de Sandy. —Lo conseguimos.. —¡Bert! —gritó Vanessa Heflin. sí. relajada ya sobre la alargada mesa. Vamos. deja de llorar. Sandy. Estamos fuera de peligro. —Se acabó la pesadilla. Entre los dos soltaron las abrazaderas de cuero y las correas que sujetaban a la muchacha. Bert Rialson se separó nuevamente de su novia. pero las lágrimas le impidieron hablar. la cual se abrazó apretadamente a Vanessa tan pronto como estuvo libre. Sandy Bellows también lloraba. corriendo hacia su novio. EPILOGO Bert Rialson recogió el revólver de Edward Morley y se irguió. Vanessa. . los ojos cerrados. —Sí. Vanessa. Ella quiso decir algo.. En el último segundo. Ya ha pasado todo.

sentarse ante su máquina de escribir. Vanessa y Sandy se acomodaron delante. seguía tirado en el suelo sobre su propia sangre. El periodista puso el coche en movimiento. Nat Yorkin. sonrió y felicitó al periodista del Portland Express por haber dado muerte al monstruo y apresado a Edward Morley. a su espalda. cargó con él y se lo echó al hombro como si fuera una alfombra. el ayudante de Edward Morley. pero como todo había acabado felizmente. él. mientras tanto. Como Bert ya había atado las manos del científico. Bert depositó al inconsciente científico sobre el asiento trasero de su «Dodge». porque el espectáculo no podía ser más desagradable. desnudo y con la cabeza abierta. Ayudada por Vanessa. Vanessa. —Que se vista. Bert indicó al teniente Magnusson dónde se hallaba exactamente la casa del profesor Morley. y . Después. se reunían con el teniente Magnusson y sus hombres. Vanessa y Sandy pasaron por su lado sin apenas mirarle. Salieron de la casa. Abandonaron el sótano.» Bert. ataré al profesor Morley. Yo. quienes seguían batiendo la zona. Minutos después. —En marcha. Bert Rialson informó a Jeff Magnusson de todo. Bert tenía prisa por llegar a Portland. y él. El teniente se recriminó a sí mismo por haberse dejado engañar por el profesor Morley. Sandy se puso la ropa. chicas —indicó con una sonrisa. para que sus hombres pudiesen hacerse cargo del cadáver de Nat Yorkin. Vanessa y Sandy abandonaron el Lago Negro.

Ya en Portland. charlando con Vanessa. Luego. el periodista volvía al apartamento de su novia. Un par de horas después. Conversaron unos minutos los tres. en una edición especial. —Pícaro. Bert la despojó del . Bert abrazó a Vanessa y la besó en los labios. La historia sería publicada en exclusiva por el Portland Express aquella misma noche. Una vez en él. Sandy seguía allí. —¿En la cama? —Claro. Sandy dijo que ya era hora de regresar a su apartamento y se marchó. —¿Lo discutimos. —Vamos.plasmar en los folios todo lo ocurrido en el Lago Negro y en la casa del profesor Morley. Vanessa se dejó rodear la cintura y llevar hacia su dormitorio. Bert Rialson dejó a Vanessa Heflin y Sandy Bellows en el apartamento de la primera y él se dirigió rápidamente a la redacción de su periódico. entre tiernos besos y suaves caricias. nena? —¿El qué? —Lo de la boda. dejando solos al periodista y su novia. —Así habíamos quedado. ¿no? —Me parece que sí. cariño.

—Si me das a elegir ya sabes que yo prefiero.. Volvieron a besarse y acariciarse.! El periodista rió alegremente. Bert? —¿Qué boda? —¡Bert. —Tranquila. los hermosos senos de Vanessa quedaban al descubierto. Bert manipuló el cierre del breve sujetador y. nena. apremiantes. Bert la besó con intensidad y sus caricias se tornaron ávidas. porque los dos se entregaban al máximo en sus uniones íntimas..? Bert la besó cálidamente y preguntó: —¿Te parece bien el próximo sábado? . hacían el amor. El periodista se lo quitó todo.. como siempre. menos el slip. Instantes después. tendiéndola seguidamente en la cama. que sólo era una broma. segundos después. hallándose todavía uno en brazos de otro.... Luego.vestido y la dejó en braguitas y sostén. Vanessa Heflin preguntó: —¿Cuándo será la boda. Los besó con verdadera adoración y preguntó: —¿Fijamos la fecha antes o después? —Como quieras. —¿Seguro. al tiempo que le revolvía el oscuro pelo. Larga y apasionadamente. y se tendió junto a su novia. —Me parece que yo también —sonrió maliciosamente Vanessa.

—Y yo una mujer enamorada. Vanessa. FIN . Locamente enamorada. —¡Desde luego! Siempre que no te vuelvas atrás. —Yo soy un hombre de palabra. claro. radiante de felicidad. Bert —repuso ella.