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MANUEL ÁVILA CAMACHO: EL PREAMBULO DEL

CONSTRUCTIVISMO REVOLUCIONARIO
Alumno: Angel Alexis Rangel Benítez Grupo:HBT07
La administración del general Manuel Ávila Camacho es señalada por haber
iniciado el entierro de las reformas cardenistas, por haber sofocado la movilización
popular y su dinámica de reivindicaciones y por haber sido el primer presidente de
la posrevolución en declarar públicamente su fe católica.
La moderación de la política que caracterizo al gobierno avilacamachista. La
administración del presidente Ávila Camacho posibilito la estabilización y
moderación que se buscó desde finales del régimen del presidente Cárdenas,
propicio la reconciliación de las distintas facciones emanadas del movimiento
revolucionario. Dio pauta no solo a la reconstrucción de la infraestructura más
significativa, sino que también sentó las bases para el despegue económico y el
lanzamiento de un modelo de crecimiento que más tarde fue conocido como
desarrollo estabilizador.
El general Manuel Ávila Camacho se impuso por sus posturas moderadas,
mismas que garantizaron el apoyo del grueso de los diputados, de las
organizaciones corporativas del partido oficial (CTM). En la consolidación de esta
candidatura se desarticulo la opción representada por Francisco J. Múgica, que
perdió viabilidad ante el sesgo de moderación que reclamaba el país y ante la
violencia y combatividad de candidatura de Juan Andrew Almazán.
Manuel Ávila Camacho articulo y consolido su candidatura presidencial con un
lenguaje conciliador y moderado frente a los sectores medios y los círculos
empresariales, los cuales estaban atemorizados por los cambios y la
efervescencia social y política del cardenismo.
Desde su postulación oficial como del PRM en febrero de 1939 el general Ávila
Camacho entablo las negociaciones pertinentes para asumir el poder en
condiciones favorables; su jefe de campaña y futuro secretario de Gobernación, el
licenciado Miguel Alemán, se encargó de restar fuerza al contrincante más
peligroso, el general Almazán, mediante exitosas negociaciones con los
empresarios regiomontanos; en forma similar, logro un pacto secreto con la Unión
Nacional Sinarquista, mediante el cual sus dirigentes se comprometieron a no
apoyar al candidato opositor. Al mismo tiempo, Ávila Camacho empezó a delinear
un proyecto político moderado, con el interés de restar fuerza a la oposición y
apaciguar el turbulento clima social y político de finales del cardenismo.
El general Ávila Camacho fue el representante del sector del oficialismo
revolucionario que estaba dispuesto a negociar para neutralizar el descontento
existente, estabilizar el panorama político nacional y favorecer el repunte del
desarrollo económico.
La segunda Guerra Mundial fue un bálsamo. Permitió relajar las tensiones
sociales, aportar al contexto para resolver los diferendos internacionales y
reactivar el mercado de las exportaciones; creo condiciones para reanimar el
aparato productivo; ofreció las condiciones necesarias para la conciliación entre
las tribus revolucionarias y entre los distintos segmentos sociales.
A mediados de 1941, sin mediar el concurso de las compañías petroleras
expropiadas, los gobiernos de México y de Estados Unidos entraron en una
negociación que desemboco en un arreglo; la base de las discusiones consistió en
que las empresas expropiadas no retomarían el control de sus propiedades ni
intentarían reclamar derechos del ramo del petróleo; la liquidación de la
indemnización seria diferida, y su monto y forma de pago se establecería de
común acuerdo entre ambos países.
El arreglo del litigio petrolero tuvo repercusiones positivas para la economía
mexicana; de inmediato se cancelaron el boicot económico y las presiones
diplomáticas que había sobre el país, se aseguró que los hidrocarburos mexicanos
tuvieran acceso al mercado estadounidense y se allanaron las dificultades que
habían obstaculizado la adquisición del equipo necesario para rehabilitar la planta
industrial y continuar los proyectos de expansión de Petróleos Mexicanos.
La guerra mundial facilito la consumación de la expropiación petrolera y dio alivio a
las finanzas mexicanas, lo que propicio su recuperación.
Por otra parte, la guerra fue la ocasión para que el Estado se proveyera de
mejores recursos jurídicos a fin de controlar e impedir el reclamo social, legitimar
el poder, plantear su acercamiento con los llamados países democráticos y pulir el
discurso de la democracia.
Para redondear sobre las repercusiones que tuvo el conflicto mundial, se debe
agregar la inclusión de la “unidad nacional” en el ideario del avilacamachismo. La
Guerra Mundial y la participación de México de lado de las “democracias”
permitieron al Estado promover una política de conciliación nacional y de
consenso en torno a las medidas para enfrentar la contingencia del conflicto
bélico.
Empero, el Estado encontró en la guerra una cobertura favorable para promover
acciones de conciliación nacional, tanto entre sectores políticos como entre grupos
sociales diversos, permitiéndole introducir reformas legales destinadas a
garantizar el control político nacional.
Los resultados de la administración del general Ávila Camacho fueron muy
favorables para el país y beneficioso para el régimen político emanado de la
Revolución.
Esta política colaboracionista en un primer momento estuvo dirigida a solicitar la
cooperación de los trabajadores con el proyecto económico gubernamental, bajo
el argumento de que se le debía apoyar en la defensa del país ante el Estado de
guerra que se mantuvo durante casi todo el sexenio.
La política de colaboración, el favorable contexto de la guerra mundial para la
economía nacional y el apaciguamiento de las pasiones arrojaron saldos positivos.
En esta circunstancia se ampliaron las exportaciones, se derribaron las barreras
que habían restringido el acceso de algunos productos mexicanos al mercado
estadounidense y se estimuló un proceso de sustitución de importaciones.
El de Manuel Ávila Camacho se puede considerar como un gobierno bisagra entre
el radicalismo revolucionario y el conservadurismo modernizador. En esta
administración se concluyó el ciclo de las reformas y reivindicaciones sociales del
cardenismo.
Además, el conflicto mundial y el alineamiento de México con los países aliados
facilitaron la implantación de la moderación política, y sirvieron para restañar las
heridas de los viejos enfrentamientos entre las facciones revolucionarias y las del
propio oficialismo revolucionario con algunos de los afectados o perdedores del
antiguo régimen.
El saldo del gobierno avilacamachista se puede ver en los puntos siguientes: se
concluyó el radicalismo y se moderó drásticamente la política social del gobierno,
se canceló el discurso antiimperialista, el régimen posrevolucionario adquirió una
gran legitimidad y por último se sentaron las bases para la etapa desarrollista
fundamentada en el proteccionismo y la conducción económica por el Estado.