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Nació el 24 de junio de 1170 en Caleruega, Burgos.

Cuando tenía diecisiete años ingresó en la Universidad de Palencia para estudiar teología y filosofía.

Se dice que vendió todas sus posesiones para ayudar a los pobres durante una época de escasez en 1191. En torno a 1196 comenzó a ejercer como canónigo de la catedral de El Burgo de Osma(Soria) involucrándose muy
pronto en reformas eclesiásticas locales.

Acompañó a su superior, Didaco de Acebes (obispo de El Burgo de Osma) en una misión religiosa a Roma en 1203 donde observó los abusos clericales y la difusión de la herejía albigense (doctrina dualista que rechazaba la
creación como mal, afirmando dos principios eternos de bien y mal). Domingo y varios compañeros recibieron una casa y una iglesia en Prouille (cerca de Toulouse) donde comenzaron su vida de penitencia, estudio y
predicación.

En el año 1206 fundó un convento para mujeres, y en 1216 la orden de los predicadores dominicos obtuvo la aprobación eclesiástica. Los dominicos viajaron por toda Europa transmitiendo su mensaje tanto a clases populares
como a autoridades civiles y religiosas. Sus frailes estudiaron teología en la Universidad de París y derecho canónico en la de Bolonia. Después de cuatro años de dura preparación, la orden fue reconocida y estableció los
siguientes prioratos: seis en Lombardia, cuatro en Francia, tres en Toscana y Roma, cuatro en Provenza y dos en España. Los predicadores dominicos viajaron a Inglaterra, Escandinavia, Hungría y Alemania.

Santo Domingo de Guzmán falleció el 6 de agosto de 1221 en Bolonia, durante una campaña misionera personal en el norte de Italia. Fue canonizado en 1243. Su festividad se celebra el 8 de agosto.

a leyenda narra que Domingo de Guzmán contaba que veía a la Virgen sosteniendo en su mano un rosario y que le enseñó a rezarlo. Le instruyó que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se
convertirían y obtendrían abundantes gracias. El santo se levantó muy consolado y abrasado en celo por el bien de estos pueblos, entró en la Catedral y en ese momento sonaron las campanas para reunir a los habitantes. Sin
embargo el Rosario como tal fue estructurado por Domingo de Prusia con base a una oración con cuentas utilizado en el catolicismo alrededor del año 800. En los monasterios se acostumbraba recitar los 150 salmos en la
Liturgia de las Horas, pero a los fieles que no eran sacerdotes ni monjes, al no poder seguir esta devoción (porque en su mayoría no sabía leer) se les enseñó una práctica más sencilla: la de recitar 150 avemarías. Esta devoción
tomó el nombre de "el salterio de la Virgen". La práctica de meditar ciertos misterios concretos que son esenciales a la devoción del Rosario hoy día parecen haber nacido mucho tiempo después de la muerte de Santo Domingo
de Guzmán y su introducción de esta meditación durante el rezo parecen más atribuibles a un monje cartujo, Domingo de Prusia. Fue el fraile dominico Alano de Rupe alrededor de los años 1470-75 quien primero promocionó la
devoción del Salterio de Nuestra Señora (las ciento cincuenta Ave Marías) como revelado por Nuestra Señora a Santo Domingo de Guzmán al confundir a los dos Domingos. Alano era un hombre serio y devoto pero la historia lo
define también como lleno de alucinaciones quien basó sus revelaciones en testimonios escritos que nunca existieron sobre la existencia del Rosario en tiempos de Santo Domingo. Sin embargo sus predicaciones tuvieron un
gran auge en la promoción y difusión del Santo Rosario.2

Milagro: "Uno de los milagros más conocido es aquel donde Domingo hecha al fuego un libro y un hereje arroja uno de sus libros también al mismo fuego. El libro del hereje se consume
instantáneamente y el del santo no.
Otro de sus milagros es narrado por uno de sus compañeros, que yendo a Roma había lluvias tan torrenciales que todo se inundaba, Domingo al llegar un lugar cubierto con agua trazaba la señal de la
cruz y le decía a su compañero "pasa en el nombre del Señor" y así pasaban sanos y salvos."

El curó veinte y seis endemoniados, doce enfermados, diez y nueve ciegos, catorce cojos, ocho problemas con una mano, siete paralícos, cuatro mudos, un epiléptico, tres hinchados, cinco bocas torcidas, tres jorobados, un leporoso, una sordomuda,
un sordo, un deforme, un inválido, la disentería en alguien y la cegura en un ojo. También el santo ayudó a cautivos escapar ocho veces, volvío un caballo robado y dos veces curó a alguien con los brazos unidos al pecho. Cada milagro tiene la forma
semejante, alguien con una enfermedad o gran problema reza a Dios al sepulcro de Santo Domingo y Domingo hace el milagro. La cosa más interesante de Domingo es la cantidad de milagros que hizo en vez de su poder de hacerlos .