You are on page 1of 2

Genética y aprendizaje

Capítulo 3 “Los tres básicos: lectura, escritura,…”
Aprender a leer significa decodificar un lenguaje cifrado. La lectura no es un
aspecto innato en los seres humanos, pero sí hay factores provenientes de
nuestra genética que predeterminan nuestra habilidad como lectores, ya que son
los que influyen directamente en el desarrollo de esta aptitud. Estos factores son la
capacidad de ver y oír, de hacer conexiones y de imaginar. La capacidad de ver y
oír se vincula con poder relacionar los fonemas y los grafemas, la capacidad de
hacer conexiones nos permite agrupar los sonidos en oraciones y palabras y la
capacidad de imaginar nos permite hacernos una imagen mental de esas palabras
y oraciones.
Por lo tanto la lectura es una construcción social que utiliza estas habilidades
para su desarrollo, y como estas están determinadas por la genética, determinan a
su vez la capacidad de leer con mayor o menos dificultad.
Según algunos estudios nuestra capacidad de lectura está influenciada entre un
60% y 80% por la genética, y solo un 20% por condiciones ambientales. La lectura
se puede analizar desde la clásica curva de campana, siendo que la mayoría de
las personas se ubican en la capacidad media considerándoselas como “normal”,
y los que exceden esa capacidad o tienen más dificultades se ubican en los
extremos y se los considera “anormales”. Según los autores es erróneo pensar en
normales y anormales, exceptuando los que tienen un trastorno genético.
Las habilidades lectoras se reflejan desde el primer momento y permanecen
activas a lo largo de la vida (aprendizaje del alfabeto, aptitudes prelectoras). Por
esto se considera que la continuidad es genética y el cambio es ambiental. La
variación genética existe desde el momento en que nacemos, pero se multiplica a
medida que nuestros genes interactúan entre sí y con el medio ambiente. Por esta
razón una educación universal tiende a hacer más visibles las diferencias
genéticas en la habilidad lectora. Con la escolaridad obligatoria las desigualdades
entre los niños son producto de las diferencias individuales en sus respuestas a la
instrucción. Sin embargo, las aptitudes genéticas no se desarrollan sin el
ambiente, es decir si nadie le enseña a leer. Es por esto que sin enseñanza nunca
se desarrolla el potencial humano.
Existen tres tipos de correlación genotipo-ambiente:
 Pasiva: Recibir nuestros genes y nuestro ambiente de los mismos padres,
es decir, no les gusta leer ni tampoco hay un ambiente que favorezca la
lectura (libros en la casa). En este caso el niño tiene doble desventaja.
 Evocativa: El niño tiene una predisposición genética a amar la lectura y
provoca conductas en su entorno que favorecen la genética.

. La genética conductual en sus investigaciones sobre escritura se ha centrado en la ortografía. ya que solo con el hecho de que un niño no pueda leer tan bien como esperamos es todo lo que necesitamos para que se le ofrezca ayuda adicional. aunque lamentablemente no hay muchos estudios de base genética sobre la misma. De todas maneras no hay una base genética que permita diagnosticarla. Por eso los autores consideran que se debe dejar de lado el diagnostico y el etiquetamiento. por lo que identificar las experiencias que podrían superar la genética en quienes tienen dificultades es un objetivo científico y social. La escritura es una aptitud esencial para la vida en sociedad. ya que la ortografía se considera más cercana al proceso de lectura. Se puede detectar porque en estos casos la lectura es lenta y laboriosa y la comprensión que realizan en pobre.  Activa: Lectura favorecida por la genética y por el ambiente. y la padecen en un 5% y 10% de niños en edad escolar. se la entrelaza con la lectura. pero eso tampoco brinda la información necesaria. La dificultad de lectura más comúnmente citada es la dislexia. No se ha investigado profundamente sobre la capacidad de escribir. importante y valioso.