Si bien el término desarrollo constituye

una noción polisémica e incluso ambivalente, dotada de una

profunda y variada carga semántica, es evidente que existe una

acepción hegemónica de esta noción que ha sostenido por más de

sesenta años imaginarios y políticas de progreso y modernización

en todo el Tercer Mundo (Escobar, 2005a). Tal y como

sostiene Boaventura de Sousa Santos (2010), las posteriores

nomenclaturas y resemantizaciones a las cuales ha sido sometida

la palabra desarrollo (endógeno, ecológico, étnico, etc.), a pesar

de sus intentos, no ponen en duda la naturaleza intrínseca del

concepto.