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Reflexiones Sobre La Herida Materna

Por Ricardo Iglesias

Si hemos elegido el sendero de la meditación, es probable que hayamos encontrado referencias que
mencionan los “lazos o nudos del karma", esos traumas emocionales que hemos acumulado a lo
largo de nuestra vida. Por ejemplo, cuando nos sentamos a realizar la práctica de la meditación
durante largos periodos, podemos sentir como algunos dolores se presentan en los músculos de los
hombros, el cuello, o el palpitar inusitado del ritmo cardíaco, y a veces hasta las punzadas o
agujetas lacerantes en las piernas, los cuales pueden ser el resultado de viejas lesiones y la natural
tensión que genera el cuerpo. Similarmente, los asuntos y cuestiones no resueltos en nuestra área
mental-psicológico y emocional, se manifiestan como dolor físico, sensaciones inusuales en el
cuerpo, emociones intensas y contradictorias, voces e imágenes perturbadoras, las cuales parecieran
surgir de la nada. Estas experiencias no se pueden evitar. Es por ello, que si nos permitirnos
expresar estas emociones y sensaciones, prestándole la debida atención, gradualmente nos iremos
liberando de ellas. La liberación de estos “lazos o nudos del karma”, puede ser descrita como “el
desatar”, que nos permite culminar o resolver esa difícil experiencia, lo cual sucederá en el momento
que todas las circunstancias sean las apropiadas para ello, sin que causen más dolor del que puedan
representar.

Existe un aspecto de estos “lazos o nudos del karma”, con el que la mayoría de nosotros,
particularmente es muy difícil de enfrentar y tratar; y es el aspecto emocional, o como algunos
denominan, psicológico, conformado por los traumas o malentendidos ocurridos durante nuestro
crecimiento y crianza en nuestra familia de origen o en nuestro entorno inmediato. Los cuales
pueden involucrar a nuestra madre, padre, e inclusive a ambos. Este trauma pudo haber sido
causado por la ausencia del padre, al haber soportado abusos por su falta de madurez y
comprensión, o por no haber mostrado el debido interés por nosotros; e incluso, pudo haber surgido
por la conflictiva relación de nuestros padres. Todos estos traumas son el objeto a ser observado,
analizado y dilucidado, mediante “La Atención Consciente.”

Los traumas que involucran a la madre o al padre, generalmente se les llaman “heridas”, porque de
alguna manera han dañado al cuerpo y la mente, y requieren un tratamiento apropiado para
sanarlos o curarlos. Estas heridas dejan a menudo cicatrices o debilidades en el cuerpo físico y en el
cuerpo emocional. No hay herida que pese mas en nuestro cuerpo emocional, que la herida materna.
La relación con nuestra madre, o con cualquiera que haya desempeñado ese papel, es la primera y la
más importante durante nuestro crecimiento y desarrollo, por ello, inevitablemente condiciona gran
parte de nuestra vida. Podemos suponer que si tuvimos algún tipo de dificultad en esta relación, ya
la hemos superado, mas no podríamos asegurar esto. En la práctica de yoga y de la meditación nos
encontramos con algunas sorpresas emocionales no resueltas con nuestras madres, que nos
embargan, sin que esto tenga que ver con nuestro sexo, edad, posición social, o nivel cultural. Si no
reconocemos estos sentimientos, y hacemos las paces con ellos, su influencia nos forzara a
mantener una “imagen negativa de nuestra madre” en nuestra mente y en nuestro corazón,
impidiéndonos tener una autentica y sana relación con ella.

Muchas veces hemos escuchado de algunos practicantes de yoga, historias desgarradoras acerca del
desinterés, el trato inadecuado, o la devastadora desaprobación de sus madres, que todavía están
distorsionando sus vidas de manera significante. Y ellos se preguntan ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo me
libero de este enredo? Por fortuna, cualquier trauma, incluyendo la “herida materna”, se puede
convertir en parte de nuestra práctica de la “atención consciente”, y así superarlo. Sin embargo, lo
que no podremos evitar es el sufrimiento que nos pueda producir las creencias y convicciones que
podamos encontrar al poner en práctica “La Atención Consciente.”

El Yoga de la Herida Materna

Mientras practicamos la meditación, de acuerdo a las enseñanzas del dharma, los pensamientos que
surgen en nuestra mente o cuerpo mental, y los sentimientos albergados en nuestro cuerpo
emocional, pueden ser comprendidos y manejados con “La Atención Consciente.” Existen una serie
de reflexiones y técnicas que pueden ser usadas en lo que podemos denominar “el yoga de la herida
materna”, ayudándonos a transformar o cambiar lo que ha venido siendo un impedimento u
obstáculo en nuestra vida, transformándolo en un maestro de nuestro corazón. “Transformar o
cambiar”, no quiere decir que vamos a subsanar y hacer desaparecer los traumas y cicatrices que
traemos desde la niñez, si no, por el contrario, establecer de forma gradual una nueva relación con
nuestros traumas o cicatrices; en otras palabras, que esto no sea más un factor que controle
nuestras vidas. Lo que pareciera ser una herida dolorosa e incurable, se vuelve un motivo de
inspiración y profunda comprensión de nosotros mismos. En un sentido podemos considerar como
una exageración que el evento que ha producido una herida tan profunda, nos presente la
oportunidad de liberarnos de ella; pero no es así, ya que los dos ingredientes más valiosos que
necesitamos para superar este obstáculo, y continuar con nuestra practica de yoga y la meditación
son: la concentración de nuestra atención y la intensa energía puesta en ello.

Entonces, ¿Cómo hacemos para que estas profundas heridas emocionales sean nuestro yoga?
Comencemos por estar alertas y atentos, mediante el ejercicio de La Atención Consciente, en
aquellos momentos cuando nos veamos aferrados, perturbados, o enredados de alguna manera por
la aversión a enfrentar las dificultades en la relación con nuestra madre. Tratemos este difícil
recuerdo emocional como nuestra practica de yoga o de la meditación. Nuestra intención es
volvernos más flexibles y tolerantes con nuestras emociones, abandonando la actitud defensiva,
apaciguando la ira o la cólera, y permitiendo que nuestros sentimientos sean expresados con
libertad.

Las asanas o las posturas en hatha yoga, son el medio físico de ayudar al cuerpo a encontrar la
flexibilidad. Por ello, cuando aprendemos a mantener una asana o postura en forma relajada y
natural, nos percatamos del trabajo que realizamos para alcanzar la flexibilidad. De igual forma
debemos comenzar a tratar esas profundas emociones relacionadas con nuestra madre o nuestra
herida materna, convirtiéndolas en nuestro yoga de la herida materna. Cada vez que mentalmente
percibimos o sentimos esa tensión o molestia, esta viene acompañada de una imagen relacionada
con algún recuerdo, una frustración pasada o actual, o el sentimiento de incapacidad para lograr
nuestras metas, creado por la manera en que el pasado nos ha moldeado. Al permanecer vigilantes
a través de La Atención Consciente, al encarar estas experiencias, notaremos como se despierta en
nosotros los sentimientos de dolor y rechazo, los que enfrentaremos con compasión, ecuanimidad y
amorosa bondad, sin importar si estos son oscuros, indignos o bajos. De esta manera lograremos
ablandar el corazón, entregándose a lo que es la verdad del momento. A pesar del malestar que
experimentemos, debemos enfrentar con una actitud de benevolencia cualquier efecto que se
presente en nuestras mentes, ya que estos pensamientos y efectos pasaran gradualmente.

La práctica de La Atención Consciente consiste en prestar una especial atención y
observación a nuestros actos, pensamientos, deseos, y emociones; como también a las
reacciones que cada uno de estos aspectos pueda manifestar. En otras palabras, es
convertirnos en un testigo de primera fila, de la interacción de estos aspectos con la
naturaleza material que nos contiene, y con esa parte de la creación que contenemos en
nuestro interior.

La Atención Consciente es la práctica del no juzgar, no suponer, no tomar nada de
forma personal, hablar de manera impecable (es decir siempre la verdad de la manera
más gentil y amable posible, de manera que no perturbemos a ninguna otra entidad
viviente o el curso natural de las cosas), y realizar nuestro mejor esfuerzo en cada una de
las alternativas antes mencionadas, para poder llevarlo a cabo. Por lo tanto, es importante
no sentirnos culpables o avergonzados por ninguna emoción o pensamiento que pueda
surgir en nuestra mente y corazón. Al mantener una actitud firme y determinada, cada vez
que surjan sentimientos y pensamientos emocionalmente perturbadores, nuestra
perspectiva del pasado irá cambiando. Así nuestras respuestas emocionales serán menos
reactivas y serán más flexibles y conciliadoras, permitiéndonos alcanzar una condición de
sanidad total. Esto no quiere decir que nuestra historia se rescribe, si no que, empezamos
a ver como nuestra historia se va transformando en aquello que siempre hemos deseado
que sea.
Cuando comenzamos a vislumbrar el trauma, nuestros sentimientos no son del todo claros, y sin
embargo, el cuerpo experimenta emociones contradictorias, que si las enfrentamos, tratando de
comprenderlas, y dejándonos llevar por ellas, nos pondrán en contacto directo con los sentimientos o
emociones relacionadas con él trauma mismo, y así nos ayudaran a identificarlos. Por ello, al poner
esto en práctica, tengamos en cuenta que nuestros recuerdos y sentimientos no son una verdad
absoluta o imparcial sobre el pasado, ni siquiera lo que suponemos debió ser nuestra niñez, si no la
percepción que tenemos en el presente de esos eventos, la cual es el objeto de nuestra aplicación de
La Atención Consciente.

Algunas de las malas interpretaciones que tenemos, nos obstaculizaran la vía para hacer de la herida
materna nuestro yoga. Es un error creer que durante la niñez no vivimos experiencias que hayan
podido herirnos. Algo que los niños aprenden, es vivir con los daños de las heridas en su vida.
Algunas heridas son inevitables, y en algunos casos hasta necesarias. La severidad del trauma, las
circunstancias, y como la herida fue infringida, además de cómo la hemos manejado, es lo que
determina nuestra actitud ante ella.

Incluso podemos tener la certeza, que nuestra herida es horrible, y sentirnos avergonzados por ello,
mas, preguntémonos lo siguiente: ¿Acaso las heridas de nuestros conocidos y amigos, los hacen
menos atractivos a nuestros ojos? ¿Acaso no nos sentimos inspirados cuando ellos las enfrentan con
coraje y valentía? ¿Por qué, esto no puede ser igual para nosotros? Si hay algo de nosotros que
consideramos inaceptable, convirtámoslo en el objeto de la práctica de nuestro amor desinteresado,
compasivo y bondadoso. Sobre todo, observemos como las malas concepciones nos llevan a pensar
que nuestro pasado pudo haber sido diferente, cuando en realidad estamos viviendo el resultado de
ese pasado específico, y no otro. Esta es la forma más cruel e insidiosa de pensar, además de ser un
absoluto engaño

Las Funciones de la Maternidad

Se puede tener una comprensión mucho más amplia de nuestra herida materna al descubrir lo que
significa para nosotros la maternidad. Para ello es importante saber que la maternidad está
conformada principalmente por cuatro funciones básicas que son: la crianza, la protección, la
capacitación y la iniciación. Se debe resaltar que los traumas suelen aparecer durante el desarrollo o
aplicación de una de estas funciones básicas de la maternidad. Aunque ellas están interconectadas,
es bueno examinarlas de forma separada para poder aclarar las posibles causas del trauma. El
investigar cada una de estas funciones, nos ayudara a identificar lo que estamos experimentando en
la vida diaria, en nuestra meditación y la práctica de yoga.

Realizar una investigación acerca de nuestra herida materna como parte del proceso de yoga, no es
igual al trabajo terapéutico de la psicología. Al reflexionar acerca de esta herida materna, debemos
evitar vernos como víctimas o jueces de los hechos que ocurrieron en el pasado. Mediante la práctica
de La Atención Consciente, la compasión y la amorosa bondad, desarrollaremos gradualmente estas
cuatro facultades o funciones que caracterizan a la maternidad. La práctica de desarrollar estas
capacidades internas es lenta, mas su efecto es duradero, sintiendo como crece en nuestro interior.

Tenemos que tener en cuenta que estas cuatro facultades, también están presentes en la
paternidad, aunque con algunas diferencias. Sin embargo, estas facultades deben ser compartidas
por ambos padres, ya que las debilidades de uno son compensadas con las fortalezas del otro. Si
acaso nuestra lucha es con algo irresuelto con nuestro padre, entonces apliquemos estas funciones
de la maternidad al padre y hagamos de la herida paterna nuestro yoga.

Reflejarse en estos aspectos nos ayudara a entender que esa mujer no solo era, o es, nuestra
madre, y que ese hombre no solo era, o es, nuestro padre. Sin embargo, la “maternidad” y la
“paternidad” son el medio para que mujeres y hombres puedan ofrecer lo mejor de sí, sin importar
cuán perfectos sean.

Al reflejarnos en estos aspectos, desempeñando nuestro papel de padres, encontraremos las formas
de sanar nuestras “heridas”, al poder hacer las cosas de la manera más apropiada con nuestros hijos
y por su puesto con nosotros mismos.
La Crianza (La Madre Que Consolida)

La primera de estas funciones es la crianza, el cuidado especial que nos brinda la oportunidad de
vivir, (El amamantar, darle de tomar la leche de sus pechos, es el símbolo con el cual se representa
esta función), la cual abarca una amplia gama de aspectos y necesidades, donde las más
importantes son las físicas y las emocionales, permitiéndole crecer y desarrollarse. Sabemos que los
niños necesitan alimento, refugio, medicinas, comodidad, amor y cuidado que generan los lazos
afectivos que consolidan su crianza. Cuando un niño crece sin estas premisas o bases, se convierte
en un adulto con una gama de dificultades físicas y emocionales; así como una dieta deficiente
puede degenerar en una mala salud posteriormente. Pero existe un aspecto sutil en la crianza que
podemos llamar “la crianza gozosa”, la cual expresa y celebra la existencia del niño, como una
fuente de deleite para aquel que ejerce la “maternidad” o la “paternidad”, manifestándola en el niño,
la cual se extiende a la adultez como un sentido de la natural y espontánea alegría de vivir.

Si nuestra crianza y niñez se desarrollaron en un marco de carencias y deficiencias en alguno de los
aspectos arriba mencionados, es lógico que seamos unos adultos insatisfechos, incapaces de
encontrar gozo en nosotros y en nuestros semejantes, con una auto-estima muy baja y pobre. Estos
sentimientos aparecen en las relaciones con nuestros semejantes, al igual que cuando practicamos
yoga o practicamos la meditación. El desenvolvimiento de nuestro carácter y comportamiento como
padres, y en nuestras relaciones afectivas y sentimentales, se ven obstaculizadas a consecuencia de
estas dificultades o traumas de la niñez. Incluso, es posible que estemos convencidos que es muy
tarde para solucionar esos asuntos, producto del profundo sufrimiento de esas heridas, las cuales
nos mantienen en un estado de limitación emocional, marcado por el temor de ser abandonados, o
ser devorados por la insaciable necesidad de afecto y cuidado. Pero no podemos sustentar nuestra
vida, en la imprecisa y muchas veces fantasiosa impresión que tenemos de los hechos ocurridos en
el pasado, los cuales están acompañados de sentimientos de culpa, desesperación y de ira.

Al ir practicando La Atención Consciente, desarrollaremos la capacidad y la habilidad de vivir el
presente o “el ahora”, mediante la ayuda, cuidado y atención que tenemos con nosotros y con los
que interactuamos. Cuando practicamos y aplicamos la bondad, la empatía y la compasión, con
amor, gozo y convicción, nuestra capacidad de cuidado y diligencia, crece y se perfecciona. Por esa
razón es fundamental encontrar maestros que nos proporcionen la inspiración y el modelo idóneos,
para aprovechar las experiencias de la crianza y el crecimiento, sin que esto genere una excesiva
dependencia. El aplicar La Atención Consciente a nuestros temores, es parte de la transformación
misma. Si observando las variadas maneras con las cuales nos nutrimos emocionalmente, y como
nutrimos a aquellos con quien nos relacionamos en nuestra vida social, familiar y afectiva, es
evidente que quebrantamos la solidez y la credibilidad de nuestra herida materna y su historia.

La crianza, como todas las demás funciones, se fundamenta en la convicción de ser la cuna de los
valores morales, e incluso, es la fuente de esa energía particularmente especial, que nos permite
relacionarnos con aquellos que conforman nuestro entorno, que debemos cultivar con todas nuestras
fuerzas. Por ello, abandonar la que ha sido nuestra fuente de nutrición emocional, debe hacerse con
sumo cuidado, ya que la generación de una nueva fuente, debe sustentarse en el aprendizaje
resultante de La Atención Consciente, y el cuidado que hemos puesto a nuestra herida materna. Al
hacerlo, cambiaremos los sentimientos de culpa, enojo y resentimiento, que hemos albergado en
nuestro corazón, y de esa forma podremos cambiar la historia, nuestra historia.

La Protección (La Madre Que Protege)

La segunda de las funciones de la maternidad es la protección. Es un impulso instintivo y cultivado,
que vela porque ningún daño físico o emocional, sea infringido a alguien vulnerable. Está simbolizado
por el guerrero o el guardián del espíritu. Un niño debe estar protegido de todo abuso y amenaza en
el plano físico (agresión de todo tipo, incluyendo la sexual), mental y emocional. Sin embargo,
aunque parezca irónico, de quien se debe proteger al niño, es de sus padres y sus impulsos
destructivos. Estos impulsos destructivos suelen, por ejemplo, asumir la forma de ira o cólera
excesiva e inestabilidad emocional.

Existe un aspecto sutil de esa energía protectora, y es la intrínseca seguridad que se establece en el
corazón emocional del niño, manifestándose en ese sentimiento de confianza en la vida, lo cual viene
a ser un regalo incomparable. Desafortunadamente, el ambiente hogareño donde crece el niño, con
frecuencia no brinda la seguridad que necesita, aunque no se infrinja un daño explicito. Por ello en la
adultez, solemos estar perdidos por los desoladores e inexplicables sentimientos de inseguridad que
nos asaltan continuamente. Si en nuestra niñez, no recibimos la suficiente protección y cuidado,
mantendremos la creencia, que estamos solos, que nadie está de nuestro lado; lo cual nos genera
un estado de confusión, por las discrepancias existentes entre la “verdadera historia familiar” de
nuestra niñez y los sentimientos que recordamos haber tenido cuando éramos unos niños. Por estas
razones, al enfocar nuestra practica de yoga y nuestra meditación, en querer sanar la herida
materna, necesitamos concentrar nuestra atención y energía en entender nuestros sentimientos
actuales, por ser estos lo que reflejan la realidad que estamos viviendo, los cuales podemos manejar
con un espíritu de desapego y de transformación; y no los del pasado, porque no tenemos una visión
exacta de los hechos y sentimientos de entonces, los cuales aparecen en nuestra memoria, en una
forma vaga e imprecisa.

No existe una fórmula mágica, que pueda diluir todos nuestros traumas del pasado, o que pueda
crear sentimientos instantáneos de seguridad; pero si enfrentamos con amor y compasión esos
sentimientos de miedo, perdida, y confusión, cada vez que aparezcan, gradualmente irán perdiendo
su fuerza destructiva, apareciendo cada vez con menos intensidad, y por periodos muchos más
cortos.

La Capacitación (La Madre Que Capacita)

La tercera de las cuatro funciones de la madre, es la capacitación, mediante la cual el niño es
animado y estimulado para que aprenda a tener confianza en sí mismo, a ser independiente, y a
fortalecer su carácter. Esta simbolizado por la reina, quien usa su soberanía para elevar a sus
súbditos, facilitándoles la consolidación de su poder como individuos. De igual forma, la madre
despliega su poder “real” sobre su hijo, con generosidad, imparcialidad, paciencia, y el claro
compromiso de prepararlo para que llegue a ser igual o superior a ella. La habilidad para
desempeñar esta función viene de la seguridad de la madre, que junto al amor, asume el sagrado
deber de capacitar a sus hijos. Esta capacitación, es lograda mediante las oportunidades que ella le
brinda al niño, enseñándolo a ser independiente, educándolo, disciplinándolo, además del
aprendizaje natural que brindan estos estímulos. Por lo tanto, se le habilita a intentar y hacer su
mejor esfuerzo, permitiéndole ser aceptado completamente, aunque pueda equivocarse. Tomando
en cuenta sus intereses, los cuales se resuelven con entusiasmo; como también se le reconoce la
importancia y la alegría de haber llevado a cabo sus tareas con esfuerzo, animándolo continuamente.
Las faltas son tratadas con indulgencia, mientras que su curiosidad e integridad son atendidas con
mucho cuidado y atención.

En los cuentos de hadas, cuando la reina prohíbe a los jóvenes desarrollar su poder, bien sea por
temor o por negligencia, el reino languidece y se enferma. Lo mismo sucede en la vida real, cuando
vemos a madres que por temor, sobreprotección o descuido, subestiman el alcance del desarrollo y
capacitación del niño, obligándolo a depender de ella en forma enfermiza, a través de la crítica
constante y la negligencia.

Algunas veces, la madre proyecta sus anhelos en el niño, obligándolo que sea como ella, o que
obtenga algún tipo de éxito, solo para satisfacer su ego y reivindicar sus frustraciones, sin importarle
siquiera lo que este necesite, quiera o puede hacer. Esto es una falsa forma de emancipación, por el
contrario, es una sutil forma de esclavitud.

Es posible que no podamos ver o entender la diferencia entre las funciones de consolidación en la
crianza, la protección y la capacitación, pero estas diferencias son cruciales. Con la consolidación de
la crianza y la protección, la madre hace todo por el niño, mientras que la función de la capacitación
le permite al niño encontrar su poder y capacidad por sí mismo, en otras palabras, lo estimula a
medir sus fuerzas, capacidades, habilidades y sus límites. Con la bendición de la madre llegamos a
ser independientes y seguros de nosotros mismos.

Si entablamos una lucha irracional al querer llevar a cabo una capacitación perfecta, nos
encontraremos lamentándonos continuamente por el resultado no deseado de esta, lo cual genera
ansiedad y frustración, las que nos inducen a entrar en una inercia caracterizada por la ineptitud y la
apatía para emprender nuevas empresas; evidenciándose en nuestra meditación y práctica diaria de
yoga, socavando nuestra confianza, e impidiéndonos realizar nuestra práctica en la forma adecuada.
Gradualmente a través de la práctica diaria y constante de la meditación, el yoga y la aplicación de
La Atención Consciente, aprenderemos a brindarnos la oportunidad de alcanzar una “aceptación
incondicional” de nuestras limitaciones, descubriendo que hemos pasado toda nuestra vida tratando
que las cosas sean lo que nunca serán, deteniendo nuestro crecimiento y entendiendo que la
capacitación que nos brindo nuestra madre para enfrentarnos al mundo, se grabo en nuestro
inconsciente de manera crítica, llena de temor y de aversión. La meditación nos enseña, que esa voz
que nos atormenta y limita, es solo un pensamiento, conocida en el Budismo como mara, o aquel
que erosiona la capacidad de nuestro pensamiento a través de la duda, el temor y la avaricia.

A medida que nuestra aceptación crece y se consolida, descubriremos lo que necesitamos, y lo que
podemos cambiar; mostrando que poseemos el poder de iniciar los cambios necesarios, y la
capacidad de responderle a la vida; permitiéndonos aceptar las experiencias que nos ayudaran a
rehacernos. Por ello las cosas que no podemos cambiar, las convertimos en nuestro yoga, mediante
un trabajo constante y consciente, logrando que las limitaciones se conviertan en salidas a la
libertad. Al romper esta falsa identificación con el drama de nuestra historia, gradualmente nos
iremos dirigiendo a un estado de felicidad y paz, que no depende de las condiciones externas de
nuestra vida.

La Iniciación (La Madre Que Inicia)

La cuarta función de la madre es la iniciación, y esto es lo más difícil de entender. Es a través de
actos iniciativos o iniciadores que llegamos a sentir lo valiosos que somos y cuan aceptados y
bienvenidos somos en el seno de nuestras familias. Esta función es la que nos otorga la capacidad de
percibir y apreciar, que nuestra vida tiene sentido. Por ello cuando nos vamos desarrollando, y
vivimos la adolescencia, entendemos el derecho que nos brinda la vida para expresar nuestra
individualidad plena. También nos permite aceptar y celebrar el natural abandono del hogar o el
nido, para comenzar nuestra propia vida.

Una muchacha a veces logra experimentar su condición total de mujer, a través de la iniciación que
le brinda la madre, mediante el ejemplo de cómo ella trata su feminidad y la de su hija. El padre
desempeña también un papel importante en esta iniciación, al reconocer el poder y el derecho que
tiene su hija de convertirse en toda una mujer. Para un muchacho, es el padre quien desempeña el
papel de iniciador, o el que lo conduce a convertirse en hombre. Pero es la madre quien reconoce
que el muchacho está abandonando su lado, para desenvolverse en la compañía de otros hombres,
afirmando que esto es lo apropiado, y que no existe culpa de ninguna especie por este cambio,
demostrándolo mediante el apoyo y aceptación de los sustitutos maternos, tales como: los amigos
masculinos y femeninos, ya que al aceptarlos, la madre reconoce su independencia.

La iniciación es un proceso hermoso, cuando se lleva a cabo en el momento y de la manera
apropiada, aunque suele ser doloroso para los padres. La mayoría de las iniciaciones ocurren
mediante los rituales sociales y familiares, donde los símbolos, el comportamiento y actitudes dicen
mucho más que las palabras. Cuando esto no sucede, existe una sensación de culpabilidad que no
nos permite saber o entender cuál es nuestro lugar apropiado en la vida. Para que la iniciación
otorgada por una madre sea efectiva, ella ha debido recibirla de forma idónea o bien haberla
aprendido. Este es el aspecto menos egoísta de todos, porque ella está propiciando la separación.
Esta iniciación y su energía, se asocian a los procesos que realizan los grandes maestros, shamanes,
magos y curanderos.

No es realista ni sensato, esperar que los padres le proporcionen todas las funciones de la iniciación
a un niño. Los padres solo pueden comenzar el proceso de iniciación, el cual puede ser visto como
una serie de procesos o procedimientos que juntos, van actualizando las vivencias y la educación del
niño, a través de rituales familiares, sociales y sobre todo, el espacio sagrado de la enseñanza
espiritual, que descansa en los hombros de los líderes espirituales y sociales. Si somos afortunados,
lo que no recibimos de nuestros padres, lo recibimos de nuestros abuelos, de los parientes que nos
cuidaban, de un maestro, o el héroe de nuestra juventud. Si nuestra experiencia de las tres
funciones anteriores, fue menos que “bastante buena”, eso nos impedirá tener el ímpetu de buscar
la iniciación.
Así mismo, nuestros padres pudieron haber sufrido a raíz de la carencia en su propia iniciación, ya
que sus padres, aunque siendo muy buenas personas, no tenían la capacidad para otorgarla de la
manera apropiada. La iniciación comienza con la identificación hacia nuestra familia y comunidad,
luego cambia a la iniciación en busca de la integridad dentro de su ser interno, y culmina con un
sentido de unidad con la vida misma. En el viaje de la vida, cada etapa del proceso de la iniciación es
más sutil que la anterior, y las heridas emocionales no curadas se transforman en traidores que
acechan en cada nivel por el cual debemos pasar. Nunca es demasiado tarde para experimentar
cualquiera de las etapas de la iniciación en nuestra vida. A través de sus exploraciones, y trabajando
con aquellos que fungen de guías, podremos lograr una relación profunda y simbólica con nosotros
mismos y con la vida.

La Atención Consciente y la Herida Materna

Hay una serie de reflexiones que nos pueden ayudar a desarrollar nuestro yoga de la herida
materna. Por ejemplo: a través de la historia de la humanidad, las tareas de la maternidad fueron
compartidas con los miembros de la familia, y extendidas a los ancianos de la tribu, y amigos de la
familia. La comunidad tiene rituales que nos ayudan en este proceso, como el de buscar la
comodidad que nos brinda la tierra y la naturaleza, en su papel de la “Gran Madre”.
Desafortunadamente, hoy en día, nos encontramos que a veces hay solo una pareja para hacerlo
todo, o bien en casos extremos, solo un padre o una madre. Como tampoco, el uso de los rituales
para entender a la tierra como nuestra madre, o bien el ritual del grupo o la tribu. ¿Acaso, no es
admirable saber que nuestras madres tuvieron que luchar con alguno de estos aspectos para realizar
su maternidad?

No importa cuán difícil pueda resultar la relación con nuestra madre, el hecho importante y singular,
es que ella nos trajo al mundo, y nos trajo a la vida. El regalo del nacimiento establece un fuerte
lazo o vinculo con nuestra madre, que nos permite tener la seguridad y la certeza de estar
capacitados para integrarnos en la vida.

Quizás, la reflexión más útil de esta experiencia, es apreciar lo valioso que ha sido esta aparente
mala experiencia con nuestra madre o padre, ya que nos ha enseñado que nuestros padres, nos
brindaron lo mejor que pudieron ofrecer. Por ello, mucha de la sabiduría que manejamos, es el
resultado de habernos enfrentado al dolor y la incertidumbre, durante nuestra niñez. La experiencia
negativa de nuestra niñez, nos ha ayudado a valorar y conocer nuestras prioridades en la vida,
motivándonos a ser mejores hijos, padres y ciudadanos. Esta experiencia es la herencia que nos ha
permitido desarrollar un sentido de lo correcto e incorrecto.

Si la experiencia negativa de nuestra niñez, no la vemos como un regalo o una bendición, y solo la
vemos como una experiencia dolorosa y llena de sufrimiento, entonces limitamos nuestras relaciones
en la vida y con la vida, desaprovechando la riqueza que encierran nuestras experiencias vividas. Lo
cual nos aleja del ideal que queremos alcanzar, mostrándonos la tragedia que nuestra vida puede
llegar a ser. Esta es la clave para usar el yoga como el medio para transformar nuestra herida
materna, realzando nuestro sentido de alivio y libertad. ¿Podemos sentir ese alivio en nuestros
corazones? ¿Podemos cultivar esta comprensión, con nuestra intuición?

Al practicar yoga, con el propósito de transformar y sanar nuestra herida materna, nuestro corazón
y mente se van flexibilizando y dulcificando, permitiéndonos tener una comprensión mucho más
profunda y clara de todos nuestros malentendidos. Por lo general tomamos personalmente muchas
cosas que son impersonales o circunstanciales.

Nosotros no debemos soportar, como una carga personal, las acciones que nuestra madre realizó
durante nuestra crianza, ya que no somos responsables de ellas. Por lo tanto, esas heridas que
considerábamos dolorosamente incurables, dejan de tener ese carácter intransigente, tornándose
susceptibles al cambio. Las heridas no desaparecen, solo pierden mucha de la carga que le
otorgamos, mediante nuestro particular modo de pensar. Estas ya no enredan a la mente, ni
aprisionan al corazón. Tengamos presente, que la meditación no es psicoterapia, y lo aquí expresado
es la opinión de un practicante de yoga y estudiante de la verdad y de Dios, no un psicoterapeuta.
La práctica de La Atención Consciente no se parece en nada a la psicoterapia, el contenido especifico
de las emociones que nos afligen, no es el foco de nuestra exposición. Nuestra Atención Consciente
está centrada en el despertar de la mente. Las enseñanzas estas dirigidas a encontrar la libertad de
nuestra ansiosa e intranquila mente. Ellas nos guían a descubrir, que la felicidad no depende de
ninguna condición externa, bien sea pasada, presente o futura. Claro está, que nosotros podemos
trabajar con un psicoterapeuta como una práctica suplementaria de nuestro crecimiento, siempre y
cuando sea requerido.

Si nosotros hacemos de nuestra herida materna, nuestro yoga, es probable que, nos encontremos
con algún trauma que no pueda ser resuelto en el contexto de las metas cotidianas de la vida. Estas
experiencias extremas, son vistas a menudo como “heridas sagradas”. Se denominan “heridas
sagradas, a aquellos traumas que sucedieron muy temprano en nuestras vidas, o las heridas muy
profundas, que de alguna forma, nos inducen a buscar la vida espiritual, ya que no hay otra forma
posible de encontrar paz en esta vida. Debido a la motivación que genera, esta herida, es vista como
un regalo o un don, aunque esto suele tener un costo alto en la vida, y es que las recompensas
ordinarias de la vida, dejan de tener alicientes, lo cual nos pueden conducir a llevar a cabo acciones
irresponsables y caprichosas. Al decidir asumir la “herida materna” como nuestro yoga, y asumimos
ser maestros de nosotros mismos, eventos inesperados y hasta milagrosos ocurren en nuestra vida.
En la medida que nosotros nos liberamos de esa “herida materna”, le devolvemos la vida y el
descanso a nuestra madre, liberándola de la etiqueta de “MADRE”, la cual esta de llena de
responsabilidades y deberes, que esconden a ese ser humano, esa mujer que siente y que padece
los logros y las pérdidas al igual que nosotros. Además ella tiene su propia historia y trayectoria,
como un ser individual que es, sin que esto impida el desempeño de sus roles, como el ser madre.

Namaste.

Glosario
Asana: Es la práctica de las posturas, que brinda firmeza, salud y soltura, afianzando la estabilidad del cuerpo y
la mente.

Dharma: compuesta por la raíz verbal dhr (dhri) que significa “sostener, sustentar, mantener”; lit. Aquello que
sostiene. 1) La esencia natural, función característica de una cosa; lo que no se puede separar de su naturaleza;
2) relativo a la religión en general; 3) los deberes socio-religiosos prescritos en las escrituras (sastras) védicas,
para las diferentes clases según su ocupación, en relación con los ideales más elevados conocidos por el hombre;
4) Deber esencial; 5) Ley de la rectitud; 6) Vivir de acuerdo con la voluntad divina. Se dice que el más alto drama
es reconocer la Verdad Suprema en nuestro corazón.

Hatha Yoga: Sistema de ejercicios físicos, que ayudan a controlar los sentidos y la mente.

Mara: De acuerdo con la cultura Budista, este es el nombre de un demonio, que tentó a Gautama Buda,
seduciéndolo con la visión de bellas mujeres. También representa la “muerte” de la vida espiritual, al hacer que
lo mundano y bajo se vea positivo. Por ello se le conoce como el que erosiona la capacidad de nuestro
pensamiento a través de la duda, el temor y la avaricia.

Yoga: La palabra yoga es una palabra del idioma sánscrito, y tiene dos significados. El primero de ellos deriva
de la raíz “yujir” que significa “unión”, y el segundo de una raíz diferente, “yuja” que se relaciona con el estado
más elevado que puede alcanzar el individuo, samadhi, donde se logra el conocimiento supremo, la realización
final.

® L. Ricardo Iglesias G. 2010