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La chiquilla de Covington - Simahoyo Traducción: Gixane

Sinopsis

Harry Covington ha descuidado terriblemente a su hija
adolescente y ahora se enfrenta a las consecuencias.

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La chiquilla de Covington - Simahoyo Traducción: Gixane

Categoría: Uber XWP

AVISOS

Estos personajes no son míos, pertenecen a Renaissance Pictures.
La situación es nueva para ellos.

Temas adultos. Sin sexo, ni verdadera violencia.

Covington's Kid (La chiquilla de Covington). Traducción
de Gixane. Publicación autorizada por la autora, Simahoyo. Toda
su obra, en inglés, puede ser encontrada en Dreamworker
Magazine. También puedes leer las críticas de Lunacy a sus
fanfics.

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La chiquilla de Covington - Simahoyo Traducción: Gixane

por (Simahoyo)

Cuando miró dentro del ánfora, su corazón casi se detuvo.

Había la suficiente luz para ver el desmenuzado borde del
pergamino. Sitio preciso, capa precisa... si ahora sólo pudiese
lograr abrir la vasija sin dañar más el pergamino de dentro...

Una sombra cayó sobre la luz. La ignoró. Quienquiera que fuera
podía esperar.

—Papi. Necesito preguntarte algo.

—Ahora no, Jan. Hay un pergamino dentro. —Sacó un trozo de
alfarería del tamaño del puño.

—Papi. Es muy importante. ¿Recuerdas cuándo me contaste lo de
los pájaros y las abejas?

¡AHORA NO!, pensó. Entonces le echó un vistazo a su hija.
¿Cuándo se hizo tan mujer? Tenía trece años, supuso él. Y estaba
sucia. Su cabello rojizo le caía sobre los ojos. Llevaba una camisa
vieja de él, que le estaba demasiado grande, y un par de sus
pantalones cortos, ceñidos a su flaca cintura con un cinturón.
Botas de montaña y calcetines de lana completaban el atavío. Se

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quitó el sombrero de los ojos. Tendría que buscar tiempo para
conseguirle ropa decente a la niña.

Sus ojos verdes le suplicaban que prestase atención. Suspiró
mentalmente y esperó.

—¿No dijiste que sangraría todos los meses?

—Sí.

—Bueno, algo debe ir mal conmigo, porque me salté las dos
últimas veces.

La lengua de Covington se quedó pegada al cielo del paladar. La
despegó y tragó, rogando a quienfuera que lo que sospechaba no
fuese verdad.

—Jan, ¿has estado... um, estado con chicos?, preguntó.

—Bueno, sólo con Mahmoud. Eh, tengo catorce años. Casi quince
y quería saber lo que era ser mujer.

Su barbilla se erguía desafiante. Los brazos cruzados sobre el
pecho, pero su boca estaba temblando. Covington se tragó el
comentario de que sólo era una niña. Su mente estaba en
ebullición. Ella no tenía ni idea de cuán peligrosa era la situación.
Esto era Turquía, un país moderno si vivías en una gran ciudad.
Pero ellos estaban en mitad de ninguna parte, rodeados por
miembros de la secta musulmana más fanática que jamás había
conocido. Mahmoud era hijo de uno de sus líderes. Si alguien

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La chiquilla de Covington - Simahoyo Traducción: Gixane

averiguaba que su hija estaba soltera y embarazada, la matarían
en el acto. Harry dejó el ánfora, fue hasta su hija y puso ambas
manos en sus hombros.

—Jan, esto es serio. Probablemente estás embarazada.

Sus ojos verdes se llenaron de lágrimas.

—No lo sabía.

—Eso es culpa mía. Debería haber sido más específico. La lié.

—Yo también. ¿Papi? ¿Tengo que tener un bebé?

La asió contra sí, asustado de que se la llevasen y la mataran si
alguien tan siquiera lo sospechaba.

—Jan, no puedes decírselo a nadie. A NADIE. ¿Lo captas?

—Sí. ¿Pero qué voy a hacer?, —y su voz era débil y remota.

—No lo sé. Simplemente, no lo sé.

Había formas de afrontar tales asuntos si eras del lugar y parte de
la red de mujeres. Harry primero tuvo que planear cómo entrar en
esa red. Fue a Ahmad, su capataz, diciendo que deseaba
encontrar una mujer que pudiese ayudarle a conseguir una poción
de amor para uso propio con una inglesa que conocía en la aldea
cercana. Ahmad sonrió y le proporcionó la dirección de una
curandera de mujeres. Si tenía mucha suerte, ella le ayudaría – o
conocería a alguien que pudiera.

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Condujo su vieja camioneta Ford por las polvorientas colinas
hasta que llegó a una remota choza. Las ovejas pastaban enfrente
de la estructura de madera. El sol estaba poniéndose y, si las
circunstancias hubieran sido diferentes, habría disfrutado la
belleza de este tranquilo lugar. Su mente vagó preocupándose por
Janice, entonces regresó castigándose mentalmente. Esperó en la
camioneta hasta que una mujer con vestido y echarpe negro le
indicó que entrase.

Estaba bastante oscuro dentro. El olor a aceite de oliva asaltó su
nariz. La lámpara en la esquina arrojaba intensas sombras sobre
las toscamente labradas mesa y sillas. La mujer sonrió. Casi se rió
de sí mismo por alegrarle que tuviera todos los dientes.

Sus ojos castaños reflejando el fuego y sus fuertes facciones se
agregaron a su confianza.

—Vine porque necesito ayuda. ¿Hay alguien que pueda ayudar a
mi chiquilla?

Ella le miró a los ojos. De repente se puso muy seria.

—¿Si necesita mi ayuda quizá no es tan pequeña?, —preguntó.

—Necesita muchísima ayuda. Yo... ¿cuánto por ayudarla? ¿Tiene
que venir aquí? Tengo miedo por ella. —Harry se sorprendió
rascándose el brazo. Se detuvo.

—Quinientos dinares.

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La garganta de Harry se comprimió. ¿Cómo iban a terminar la
excavación? ¿Cómo iban a comer? Abrió la cartera y sacó el
dinero. Le alargó los billetes a la mujer, ella los tomó y los puso
bajo el frente de su vestido. Entonces se levantó y fue a la trasera
de la choza. Él apenas podía verla poner hierbas en un saco de
arpillera. Cuando regresó, estaba frunciendo el ceño.

—¿Tienes estómago para esto?, —preguntó.

—¿Para qué?

—Habrá mucha sangre… la sangre de tu chiquilla. ¿Sabes detener
hemorragias?

—Sí, estuve en el Cuerpo de ambulancias de guerra. ¿Cómo
sabremos si esto funcionó?

—Funcionará. Debes tener cuidado de que nadie vea o descubra lo
que estamos haciendo. Si alguien lo averigua, estamos muertos. —
Su voz era monótona, seria, encerrando la verdad amarga. ¿Por
qué había arrastrado a su hija adolescente a este peligroso lugar?
¿Y por qué prácticamente la había ignorado? Sí, el importante
descubrimiento arqueológico de la Destructora de naciones y todo
eso. Pero, esta noche, sus prioridades habían sido
reestructuradas. Tenía que ayudar a Janice.

Condujo de regreso en la oscuridad. Salvo unos guardias, el sitio
de excavación estaba abandonado durante la noche. Sabía que
podía administrarle a Janice esas extrañas hierbas y arriesgarse a
perderla ahora o esperar y permitir que la matasen de seguro.
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Salió de la camioneta y se arrastró a la tienda. Había leído sobre
personas que tenían el corazón pesado, pero no sabían ni la
mitad.

Estaba dormida, su indomable cabello extendido sobre la
almohada. Estaba pálida bajo su bronceado y todavía estaba
sucia, pero a Harry le parecía un ángel. Abrió el saco y se llevó las
hierbas a nariz, olfateándolas. Olían como mil hierbas semejantes.
Cerró la bolsa y prendió un pequeño fuego para el agua caliente
que necesitarían. Después preparó los trapos limpios, agua fresca
y jabón. Se lavó las manos cuidadosamente y se inclinó para tocar
el hombro de su hija. Sus ojos se abrieron de golpe.

—Hola, papi.

—Hola, Jan. Fui a la curandera. Me dio algunas hierbas para ti.
Quiero que sepas que esto es peligroso y... si tuviera cualquier
otra opción...

Su cara registró sorpresa, entonces miedo.

—¿Quieres decir que podría morirme? Y si siguiese adelante y
tuviese a mi...

Harry puso un dedo sobre sus labios.

—Janny, esta gente no piensa como nosotros. Si alguna vez
averiguaran que estás embarazada, te matarían, —susurró.

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Los ojos de Janice se endurecieron.

—Malditos sean. En cualquier caso, ¿qué les importa? Supongo
que entonces tengo que librarme de esto. ¿Qué tengo que hacer?

Harry tuvo que admitir que su hija estaba mucho más calmada
que él. Se bebió su dosis y esperó, su mandíbula apretada.
Cuando sus entrañas le dolieron, Harry sólo supo cuánto por la
fuerza con que le agarraba el brazo. Tendría intensos moretones
allí durante semanas. Cuando nada pasó, le dio otra dosis. Le
agarró el brazo como un cepo y el sudor cubrió su cara. Empezó a
temblar, entonces la sangre empezó a rezumar, después fluyó de
entre sus piernas. Harry se puso a trabajar, usando el agua
fresca, después los trapos y presión. Su corazón se angustiaba
mientras trapo tras trapo se empapaban de sangre. Finalmente, la
hemorragia se detuvo, como la mujer había dicho y Harry le puso
a Janice el trapo que usaba mensualmente. Ella se sumergió en
un sueño exhausto, mientras Harry furtivamente se movía en la
noche quemando la evidencia del procedimiento.

A la siguiente mañana, se excusó por ella y le permitió dormir. Se
obligó a ser amable con Mahmoud, mientras mentalmente se
imaginaba torturándole. Harry una vez había hecho un viaje por el
río Rin, visitando los castillos. En su momento le habían
horrorizado las cámaras de tortura, pero ahora veía útiles tales
instrumentos.

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Harry miró el pergamino y ni siquiera estaba emocionado por
leerlo y descubrir un, hasta entonces, desconocido héroe que
respondía al extraño nombre, nada griego, de Joxer. No tendría el
corazón en esto hasta que tuviera a Janice a salvo. Sintiéndose el
peor padre del mundo, Harry vagó por el bazar provisional que las
esposas de los obreros y otros familiares habían erigido en la zona
de excavación. Algunos vestidos que le irían bien a Janice
llamaron su atención. Y sandalias. Compró ambos y estaba
regresando a casa cuando se tropezó unos ojos azules.

Un hombre alto de facciones europeas estaba frente a él. Estaba
bien vestido y se erguía como si creyese que poseía el mundo.

—Digo, ¿no eres Harry Covington?, —preguntó.

—Lo soy.

—Reginald Smythe. Trabajo para el Museo británico y deseaba
hablar contigo.

Normalmente, Harry le habría dado una patada en el culo. Éste no
era un día normal. Estaba empezando a hacerse una idea de cómo
mantener a salvo a Janice.

—Bueno, éste debe ser tu día de suerte. Estoy de humor
conversador. Ven conmigo, —dijo Harry y llevó a Smythe por la
colina a la tienda de las colecciones.

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La tienda estaba atiborrada con todo tipo de artículos que habían
desenterrado. En su mayor parte eran cosas que todo museo o
coleccionista ya tenía y su valor principal residía en narrar la
historia del sitio. Todo el material estaba catalogado, porque el
gobierno turco era muy estricto sobre a qué artículos se les
permitía abandonar el país. Pero Harry había apartado ciertos
artículos de interés particular y, debido a la emergencia, no los
había catalogado. Smythe se sintió atraído por ellos como una
polilla por la llama.

—Vaya, que excelentes ejemplos de armamento pre-micénico. ¿Y
un pergamino? ¿Es algo nuevo?

—Por lo que puedo decir, son las aventuras de un héroe llamado
Joxer.

—¿Joxer? Nunca oí hablar de él, —dijo Smythe.

—Es una autobiografía.

—Oh, que raro. ¿Están todos enumerados?

Harry supo lo que quería decir y lo que planeaba preguntar a
continuación.

'Todo lo que quiero es lo suficiente para sacar a Jan y tenerla de
regreso a Estados Unidos', pensó.

—No he tenido tiempo. Demasiado ocupado, —dijo Harry mientras
mentalmente cruzaba los dedos.

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Smythe tocó el pergamino amorosamente. Se volvió a Harry y
abrió su cartera.

—¿Cree que cinco mil libras... podrían ayudarte con tu
investigación?

Si aceptaba el dinero, no sería nada más que un ladrón. Si no lo
hacía, dejaba a Janice en mitad del peligro. Harry tragó.

—Podría hacer mucha investigación con cinco mil libras. —Y
tendió la mano por los billetes de libra.

Harry mismo condujo a Janice a los muelles. Ankara era un
puerto en expansión. Esta vez se aseguró de que estuviese limpia
y le dio algún dinero, con instrucciones explícitas de cómo
esconderlo. También le había dado una larga disertación sobre el
uso de condones, sólo por si acaso. Deseaba llorar, pero no
delante de la chiquilla. Ya estaba así pasándolo bastante mal.

—Tienes la dirección de tu tío Ike, ¿verdad? Y dile hola de mi parte
a tu tía Theda. Asegúrate de comportarte y estudia mucho, porque
te quiero de regreso y trabajando conmigo, y encontraremos a esta
Destructor de naciones juntos, ¿vale?

—Papi, no quiero irme. ¿No puedo quedarme? ¿Por favor? Seré
buena.

—Janny, no es seguro. Si lo fuera, te querría aquí mismo. Pero...
ah, infiernos, voy a llorar.

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La chiquilla de Covington - Simahoyo Traducción: Gixane

Fue estupendo perder la entereza. Las lágrimas fluyeron mientras
mantenía a su chiquilla en sus brazos y se preguntaba si volvería
a verla. Sintió las lágrimas de Janice gotear en su cuello. Le besó
la mejilla y observó mientras ella abordaba la nave y después
hasta que la nave fue un punto diminuto en el agua. Entonces se
quedó allí preguntándose en qué tipo de mujer se convertiría.

FIN

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Simahoyo: simahoyo@blarg.net

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