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Política fiscal pro crecimiento ante deterioro en tipo de cambio

Una reducción en el gasto fiscal sería eficaz para provocar un alza en el valor del
dólar que alivie a los sectores afectados por la actual baja de la divisa.
EL TIPO de cambio se ha acercado a los $ 470 por dólar, valor que corregido por
inflación externa e interna representa un tipo de cambio real más bajo que el que
detonó un programa de adquisición de divisas por parte del Banco Central en 2008.
Los sectores productivos más afectados por este deterioro en su competitividad han
manifestado su inquietud y las autoridades están enfrentando presiones para alguna
forma de intervención.
Las intervenciones cambiarias tienen costos que pueden exceder los beneficios
buscados. Con una costosa intervención para proteger su sector industrial de una
excesiva apreciación de la moneda nacional, el Banco Nacional de Suiza avaló
recientemente la visión de que ante la falta de correcciones espontáneas en los
mercados, las apreciaciones cambiarias graves, causadas por flujos de capital
desestabilizadores, deben ser enfrentadas, aun con costos, por la autoridad. Pero,
en general, si la apreciación cambiaria no deriva de flujos de capitales
oportunistas buscando refugio o rentabilidad, sino de determinantes
“fundamentales”, la visión convencional es no intervenir y concentrar la acción en
corregir el valor de esos determinantes si ello es posible. En esta línea, Noruega,
por ejemplo, es el caso paradigmático de un país que enfrentado a extraordinarios
ingresos de exportación que de ser gastados habrían deteriorado drásticamente el
tipo de cambio y con ello la competitividad del resto de la economía, optó por
ahorrar esos recursos en un fondo soberano que ha acumulado recursos equivalentes
al 130% del PIB del país.
No parece haber evidencia en Chile, hoy, de una apreciación de la moneda causada en
forma significativa por flujos de capitales desestabilizadores. Lo que sí se
observa es un fuerte aumento en la fracción del PIB que se destina a consumo, y que
es el determinante del bajo tipo de cambio actual. El consumo ha aumentado por el
crecimiento en los ingresos de las personas, directamente por mayor actividad que
inducen los mejores términos de intercambio y por masivas transferencias de
recursos desde el Fisco.
En un enfoque pasivo, si fuese posible estimar que la bonanza del cobre es
transitoria y que pronto se deberá ajustar el gasto, incluido el gasto fiscal en
transferencias, correspondería ajustar el gasto público desde ya para dar
estabilidad a la evolución de la economía. Algo similar debería hacerse por
precaución, aun sin perfecta previsión de los acontecimientos, ante un mundo
externo que se anticipa con muy poco crecimiento, tal que la probabilidad de caída
en nuestros términos de intercambio es significativa. En una actitud proactiva, sin
embargo, cabría considerar la opción de Noruega: ahorrar más allá de la necesidad
de enfrentar un bache previsible, o de lo que dicta la sola prudencia, para
potenciar el crecimiento y evitar una concentración productiva excesiva en aquellos
productos favorecidos por precios externos.
En una actitud pasiva se puede considerar de equilibrio el tipo de cambio que surge
en una bonanza de materias primas. Pero hay formas de contribuir a “construir” un
escenario pro crecimiento para el país. Solamente retrotraer la situación de gasto
fiscal en transferencias a la que dejó el gobierno del Presidente Lagos
significaría un ahorro de recursos fiscales equivalente a 2,5% del PIB, que
conduciría a un significativo mejoramiento en el tipo de cambio real. Un esfuerzo
aun parcial en este sentido haría una gran diferencia en las perspectivas
productivas sectoriales.