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Indec, vergüenza nacional

Los nulos avances del Gobierno en la recuperación del organismo oficial siguen
degradando la confianza en el país
La escandalosa manipulación de las cifras que publica el Instituto Nacional de
Estadística y Censos (Indec) amenaza con perpetuarse. Desde hace cinco años, la
ciudadanía es testigo de cómo se avanza en la destrucción de un organismo
fundamental que alguna vez alcanzó un gran prestigio internacional que ahora será
difícil de recuperar.
Para todo 2011, el índice de precios al consumidor (IPC) que informó el organismo
oficial fue de apenas el 9,5 por ciento. Se trata de un porcentaje ridículamente
bajo, tanto si se lo compara con las mediciones de organismos oficiales de la
mayoría de las provincias como si se lo coteja con el índice que elabora el
Congreso de la Nación sobre la base de estudios de consultoras privadas, que
alcanzó el 22,8 por ciento.
La falta de credibilidad en los índices del Indec es tan generalizada en toda la
sociedad, que hasta la presidenta Cristina Fernández de Kirchner llegó a decir
públicamente que los créditos del Bicentenario destinados a la producción,
otorgados a una tasa anual fija del 9,9 por ciento, son concedidos a una tasa
negativa. Esto indica que ni para la propia primera mandataria argentina es creíble
la inflación anual del 9,5 por ciento que midió el Indec.
La homologación de convenios laborales por parte del Ministerio de Trabajo, que
toma como referencia a consultoras privadas y descarta por completo los informes
del Indec, indica que ni siquiera el propio gobierno nacional cree en los datos
dibujados del instituto oficial. Del mismo modo, la CGT y los sindicatos de
trabajadores jamás han reparado en los informes de este organismo para sus demandas
salariales.
La alteración alevosa del IPC modifica significativamente el valor de la canasta
básica de alimentos y, por ende, disfraza un dato esencial para toda la sociedad:
la cantidad de habitantes que se encuentran por debajo de la línea de pobreza y de
indigencia. Resulta a todas luces irritante que, para el organismo oficial de
estadísticas, el nivel de pobreza en nuestro país apenas llegue al 8,3 por ciento o
que una familia tipo necesite tan sólo 609 pesos mensuales para no ser considerada
indigente.
Tan increíbles son las estadísticas oficiales que, recientemente, el Comité de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas llamó al gobierno
argentino a adoptar las medidas necesarias para hacer confiables los datos del
Indec y que sus metodologías resulten accesibles para investigadores, académicos y
usuarios en general.
El daño sobre la institucionalidad y la confianza es tan grande que se torna
imprescindible avanzar sin demoras en la rectificación del fraude y la recuperación
del organismo.
Será necesario, primero, un reconocimiento sin vueltas del problema de la
inflación, dejando de lado denominaciones equívocas que sólo irritan a la sociedad
como "tensión de precios", "reacomodamientos temporarios" o "subas estacionales".
Se deberán asumir las culpas propias y no vociferar siempre las responsabilidades
ajenas de los empresarios o del propio crecimiento económico, ante los palpables
ejemplos de los países vecinos que crecen con estabilidad. Es menester ejercer "un
capitalismo en serio" en el país, sostenido en la reunión del G - 20 en Cannes,
impidiendo que un secretario de Estado como Guillermo Moreno digite el valor de los
productos que se ofrecen a la venta, niegue o autorice exportaciones e
importaciones según su parecer u otorgue aumentos de precios con total
discrecionalidad. También se deberá cesar con la ilegalidad y el absurdo de aplicar
multas a las consultoras privadas que miden la inflación utilizando metodologías
enteramente aceptables o con estándares internacionales reconocidos, y hasta con el
"circo" de pretender citar judicialmente a los periodistas que se ocuparon de la
problemática del aumento de precios.
Es que la destrucción del Indec excede incluso la gravedad referida y coloca bajo
sospecha la totalidad de los anuncios oficiales. La pérdida del valor de la palabra
es una inmediata consecuencia de este despropósito.

en el que se cuestionaba el proceso de recolección de datos.. . y también los desplazamientos y nombramientos arbitrarios del personal. tantas veces declamada y siempre pisoteada. Es de esperar que con el segundo mandato de la Presidenta se avance finalmente en la eliminación del falseamiento estadístico y la recuperación del Indec. cinco universidades nacionales prepararon y entregaron al ministro de Economía un informe muy crítico sobre el desenvolvimiento del Indec desde 2007. Las propuestas realizadas nunca fueron atendidas ni mucho menos llevadas a la práctica por el Gobierno. Daríamos así un indispensable paso en procura de mejorar la institucionalidad del país. su procesamiento y uso.Hace un año.