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Correcciones al sistema de transporte público

Las deficiencias del Transantiago hacen necesario meditar si deben comprometerse
subsidios por US$ 7 mil millones en la próxima década.
EL GOBIERNO envió al Congreso - con carácter de suma urgencia - un proyecto de ley
mediante el cual se busca establecer un subsidio permanente por un plazo de 10 años
para el sistema de transporte público del país, que entre otros aspectos considera
un programa de mejoramiento de ferrocarriles, la creación de un fondo de apoyo
regional y un subsidio de 40% a los costos de Transantiago. De acuerdo a lo
informado por el Ministerio de Transportes, en el caso del Subsidio Nacional al
Transporte Público se contemplan recursos anuales por $ 740 mil millones,
repartidos equitativamente entre Santiago y el resto de las regiones. El Ejecutivo
ha explicado que uno de los objetivos que se busca conseguir con esta nueva
política de subsidios es evitar que el enorme déficit operacional que arrastra
Transantiago - que desde su puesta en marcha, en 2007, acumula unos US$ 3.000
millones - sea traspasado a tarifas, evitando que los usuarios sean quienes paguen
las graves ineficiencias del sistema.
La enorme cantidad de recursos públicos ya invertidos en Transantiago y los
cuantiosos fondos que se pretenden comprometer para la próxima década - estos
últimos supondrán en el período una erogación de unos US$ 7 mil millones, una cifra
cercana a lo que el gobierno tendrá que invertir en la reconstrucción del país tras
el terremoto del 27/F - hacen cuestionable que ésta sea una alternativa eficiente
en una perspectiva de largo plazo. Parece atendible que mientras se trabaja en
corregir sus graves problemas estructurales se contemplen subsidios temporales que
alivien la carga de los usuarios, especialmente de aquellas familias de muy bajos
ingresos. Pero dado que en 2017 los contratos suscritos con los actuales operadores
expiran, parece más eficiente que en el tiempo que resta el país se aboque a
definir y planificar un nuevo modelo de transporte, sin los vicios del actual, y
evalúe si acaso resulta conveniente destinar cuantiosos fondos a un sistema que
presenta graves deficiencias como el Transantiago. Desde luego, si se llega al
convencimiento de que es necesario gastar miles de millones de dólares para mejorar
el transporte público, cabe analizar si acaso conviene persistir en profundizar en
el modelo de superficie, en circunstancias que el costo por pasajero transportado
en trenes subterráneos es sensiblemente menor. Se trata de un debate importante
dadas las enormes sumas involucradas. Por desgracia, la urgencia que ha colocado el
Ejecutivo a este proyecto impide su reflexión meditada.
Cabría esperar que antes de hacer permanentes los subsidios, y a la espera de una
definición sobre un nuevo modelo de transporte, se profundizara en la línea de
corregir los problemas estructurales del Transantiago, que incluyen los tiempos de
espera y traslado, el control de flota y la fuerte evasión. Bajo el actual gobierno
se logró una renegociación de contratos con los operadores, uno de cuyos efectos
fue que se vinculó de manera más estrecha el pago que éstos reciben al número de
pasajeros transportados. Ello, sin embargo, aún no se refleja en una baja de la
evasión, la que sólo en febrero alcanzó casi 28%. De mantenerse este nivel - que
agrava la cultura de no pago del pasaje - implicará que el sistema recibirá este
año menores ingresos por unos US$ 90 millones.