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A propósito de un aniversario

Les asistía toda la razón a los dirigentes visionarios que hace una década
impulsaron la creación de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI). Las
voces dispersas de los antiguos gremios de la ingeniería, como Acic, Aico, Ascol y
Concesia, dificultaban la interlocución eficaz con el Gobierno y con los diversos
estamentos de la sociedad. Tales dirigentes acertaron en cuanto decidieron fusionar
en la nueva entidad la experticia y el potencial de las empresas constructoras,
consultoras y concesionarias e, incluso, de las firmas proveedoras del sector.
Gracias a ello, en el gremio, que hoy celebra su décimo aniversario, han primado
temas de interés transversal, como las peticiones reiteradas al Ejecutivo sobre
mayores y mejores inversiones en infraestructura, y la prédica en torno a la
necesidad de tener normas y regulaciones que hicieran fácil y expedita la
participación de los particulares en el desarrollo de un ramo en el cual el país
tiene un atraso descomunal.
Gracias en parte a esa insistencia, los resultados están a la vista. En materia de
reglas de juego se ha dado un salto cualitativo. Y en lo que hace a inversiones en
el sector, los recursos destinados ya se acercan al 3 por ciento del Producto
Interno Bruto.
Por otra parte, hay que celebrar en la Cámara la urgencia de diseñar e implementar
un código de autorregulación, que, ante episodios por todos conocidos, ha permitido
proteger y blindar a la entidad en el frente de la ética. Los agremiados han
adquirido un compromiso irrestricto para cumplir con lo estipulado en dicho código,
cuya estructura fue asesorada por los mejores expertos en transparencia y lucha
contra la corrupción.
Razones como las expuestas son las que explican el aumento en diez veces del número
de afiliados a la CCI. Queda mucho futuro por delante, pero por ahora se puede
afirmar que bien ha valido el esfuerzo. Y es que el desarrollo de instituciones de
valía no solo es una responsabilidad del sector público, sino del privado. De este
también depende en una parte significativa el futuro de una patria más equitativa y
de una infraestructura no solo competitiva, sino también amable y cómoda para todos
los colombianos.