You are on page 1of 1

Límites a padres irresponsables

Pocas cosas son tan dicientes del tipo de sociedad que un país construye como el
nivel de cuidado que proporciona a sus niños. Por eso es alarmante que cada mes se
abran en Colombia alrededor de 1.200 procesos para establecer paternidades.
De los 44.913 casos de esta clase acumulados desde el 2011, más del 90 por ciento
se han instaurado contra los hombres.
Las cifras oficiales pueden ser solo el abrebocas de un subregistro de dimensiones
insospechadas, que se alimenta de la falta de denuncias, de las dificultades para
acceder a la justicia e, incluso, de razones culturales.
Esto es algo tan grave como que el 60 por ciento de las demandas vinculan a
miembros de la Fuerza Pública, representantes de la institucionalidad y del orden
en todo el país.
Con las demandas se busca hacer valer el derecho fundamental de los niños a tener
un nombre y una identidad y a contar con la mínima garantía de que alguien responda
por ellos. Se trata, infortunadamente, de procesos largos y engorrosos, que a
menudo no se resuelven antes de que aquellos lleguen a la mayoría de edad.
Pese a la infinidad de normas que los amparan y a las sanciones, incluso de
carácter penal, que caben contra padres irresponsables, el fenómeno no ha hecho más
que crecer.
Para la muestra está el hecho de que este año se duplicó también el número de
menores de edad no reconocidos registrados con los apellidos de sus madres, según
estadísticas de notarías y consulados. En efecto, a 30 de septiembre de este año,
15.911 niños y adolescentes recibieron los apellidos de la mamá, contra 7.597
reportados el año pasado.
Sin desconocer el enorme peso que en este fenómeno tienen los hombres
irresponsables, hay que decir que el papel de las madres amerita una mirada
cuidadosa. Para el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), por ejemplo,
es alarmante que 33 de cada 100 hombres demandados por ellas al final no resulten
ser los padres de sus hijos. Muchas reconocen que los embarazos fueron fruto de
encuentros sexuales casuales.
Se sabe, además, que entre las colombianas hay una tendencia creciente a optar por
tener y criar a sus hijos solas, sin que medie siquiera el apellido del papá, lo
que va de la mano con una evolución en la composición de las familias en Colombia.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS 2010), solo el 56
por ciento de los niños están creciendo en hogares conformados por ambos padres, en
contraste con el nada despreciable 32 por ciento que vive solo con sus mamás. Más
alarmante aún es que el 7 por ciento no tenga ni papá ni mamá. Tampoco es normal,
ni sano desde el punto de vista social, que el 52 por ciento de los niños que nacen
en el país sean no deseados.
Semejante panorama amerita no solo un análisis de las causas del abandono de los
hijos y los cambios en la estructura familiar, sino del impacto que ello tiene en
la sociedad. Los hallazgos deben ser la base para la generación de políticas y
acciones transectoriales que permitan irse adaptando a esa realidad, con la mente
puesta en minimizar los impactos negativos sobre los niños.
En estos momentos, muchos de ellos crecen, debido a todo esto, sin una figura
paterna, sin el apellido de su papá y en medio de precariedades económicas. No es
justo que, mientras el país saca pecho por su desarrollo económico, ellos sigan
creciendo en el seno de un Estado que, en muchos casos, los abandona a su suerte.