You are on page 1of 2

Prólogo a "Cuarteto de la Infancia

"

La escuela realista a la que adhiero, más que una porfía o lo que podría pensarse como un
anacronismo, es en mí un sentir profundo. Tal vez por mis ancestro franceses, siempre he
mirado el arte de la prosa como un desafío de exactitud, donde el contenido y el lenguaje
deben restringirse en beneficio de un todo armónico, que intente la controvertida belleza.

De ahí que mis modelos hayan sido los escritores galos, sobre todo los del período que va
entre los dos Napoleones. Admiro en aquellos las búsqueda de lo universal, la economía
de medios, el culto por la provincia y lo que encierra esta verdadera escuela; y ese humor
difícil de definir, entrañable, que se mofa de situaciones y personajes cotidianos encerrando
al mismo tiempo un profundo amor por ellos. Me refiero a Balzac, Stendhal, Flaubert,
Maupassant, Merimée, Michelet, Rénan y tantos otros.

Con el naturalismo de Zolá esta prosa entro en concesiones, se desequilibró y el todo sufrió
mermas hasta hoy irrecuperables. Han sido los poetas norteamericanos como Pound, Eliot
y los novelistas como James, Truman Capote y Scott Fitzgerald quienes han perseverado
en este empeño.

El período aludido contó también con grandes pintores; la desconfianza de la Revolución y
la pervivencia del Imperio requirieron de testimonios convincentes como el de David e
Ingres, o sea una escuela, la neoclásica, quizá un tanto escenográfica pero cargada de
poesía, ingenuidad y afán de organizar un mundo autónomo, un arte por el arte, no
contaminado ni expuesto a situaciones que, por muy justas y justificables, debilitaran tan
dramática ensoñación: la de permanecer en el tiempo.

Guardando las distancias, cuando comencé a escribir me tracé una meta, hacerlo como un
hijo de la Revolución y del Imperio, no me importaron ni las vanguardias locales ni las
modas; quería alcanzar una prosa depurada, convincente, clara, distante, impersonal, unos
renglones donde tuviera que corregir y corregir, aprender a hacer bien la tarea, leerlos en
voz alta, castigar el contenido y el lenguaje, intentar ese engranaje que da como resultado,
más que un libro, un verdadero objeto.
En el año 1974 publiqué mi primera novela: El picadero, epopeya familiar tantas veces
narrada por los míos que intenté llevar al cuaderno. Como soy reacio a las confesiones
personales, exaltar asuntos de familia y caer en memorias, enfrenté este desafío como una
composición: seis capítulos con el nombre de igual número de personajes, intercalando
racontos al estilo colonial y ocultándome tras la voz de un narrador anónimo. Dio como
resultado, para mi sorpresa, el problema de la búsqueda del padre, un hijo de familia, un
retoño terminal que daba tumbos ante seis caras del amor. La crítica me favoreció: Alone,
Ignacio Vlente, Martín Cerda y otros. Había sido capaz de acercarme a un clásico, al borde
de un tema universal, escrito con distancia, con “la tercera mano” como en esa época
afirmaba.

Lo difícil era continuar, lograr la segunda nouvelle, sobre todo después de la primera,
atrayente por el tema y los escenarios.
Los narradores saben del reto que significa intentarlo por segunda vez.

1

alas zarzamoras a horcajadas sobre las lindes que a la interiorización de los personajes. La copia de yeso. mis intentos no rompían un círculo cerrado. ("Cuarteto de la infancia" Seix Barrall. El intento me hizo mal.Chile. El libro alcanzaría varias ediciones y el Ministerio de Educación lo propuso como lectura en los colegios. “mi tetralogía” como suelo llamarla. anacrónico y todos los epítetos para desacreditar a alguien que estaba fuera de contexto y de la moda. Tenía más conciencia y manejo de lo que pretendía. me asusté. enriquecidas por la profunda experiencia americana. Desde hace años vivo retirado en Cartagena. el entonces editor de Planeta leyó este manuscrito. una forma cerrada. vislumbrando la sordidez de la calle. la sincronización no tenía excusa de tropiezo. Tanto el asunto como el lenguaje se requerían mutuamente. En 1989. Tuve que echar mano de la descripción-pilar de los realistas. Una vez conocidas estas obras. la hice dentro de una exigencia peligrosa. Biblioteca Breve. el libro no conoció librerías. esta vez llevé la infancia a la ciudad de Santiago. como si una máquina neumática hubiese extraído el aire. Esta vez trabajé el claroscuro. mayo de 1996. El aprendiz de realista dejaba de serlo. un arabesco estricto. el formato pequeño y los convulsionados días que vivía el país no se prestaban al decantado trabajo que mostraban estos textos. Lo logré. Después de este cuarteto han venido otros libros. Balneario. un niño pintor que muestra a sus mayores y al mundo sus innegables dotes. eran soslayados. escribí la cuarta y última novela que cierra el ciclo. El tema de la tercera infancia lo dediqué al arte. Adolfo Couve Cartagena. ha sido a raíz de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que nuestros colegas argentinos se han interesado por dar a conocer estas cuatro novelas cortas. un interior un tanto sombrío y lúgubre. Sin embargo. el sol. etcétera. un formato asfixiante. dejé de escribir unos años y no publiqué el texto. El libro tuvo éxito de crítica y premios. El mismo año de la publicación de La lección. me gustaría retornaran a su utópico lugar de origen a través de la traducción al francés. La comedia del arte. la segunda infancia. apuré en ella el rigor. Sin embargo. transitaba de la profunda y transparente sombra a la luz radiante. El cumpleaños del señor Balande. se entusiasmó y lo publicó. Así nació El pasaje. Buenos Aires. un tanto exagerada. todo sucedía en un tiempo y espacio propios. un viejo balneario del litoral central. pero el público no le prestó mayor atención. Se me tildaba de inclasificable.y trasvasar más protagonismo. la luz.El año 1976 publiqué El tren de cuerda en una edición restringida. fui a la provincia y opuse a sus panoramas y descripciones de la naturaleza una oscura casa. En el año 1979 publiqué la tercera novela corta: La lección de pintura. por ejemplo. al cemento. obtuve del neoclasicismo una novela de preciso diseño. Octubre 1996) 2 . El segundo niño. probablemente una des obras más logradas.

Related Interests