QUINCUAGÉSIMO

ANIVERSARIO
1966-2016
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO
1966-2016

© Inscripción Nº 280.518
ISBN 978-956-09028-1
Derechos reservados
2017

Diseño e impresión:
M. Francisco de la Maza
versión | producciones gráficas ltda.

Impreso en Chile
Asociación cultural de artes cristianas
y litúrgicas Magnificat

Capítulo chileno de la Federación internacional
Una Voce

QUINCUAGÉSIMO
ANIVERSARIO
1966-2016
Electi mei non laborabunt frustra
(Isaías 65, 23)
ÍNDICE

11 Nota preliminar

13 Breve relación histórica de la Asociación Magnificat

33 Presidentes de nuestra Asociación

37 Objetivos de la Asociación Magnificat

43 Álbum fotográfico de la Asociación

55 Crónica del I Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile

61 Crónica del II Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile

69 Carta de felicitación de la Federación Internacional Una Voce

71 Homilías del aniversario

77 Directiva original y del quincuagésimo aniversario
Nota preliminar

E stando aún frescas en nuestra memoria las impresiones por las
celebraciones de los cincuenta años de existencia de nuestra Asociación, las
que tuvieron lugar en agosto de 2016, hemos querido plasmar en esta breve
publicación este medio siglo de peregrinaje, nunca exento de incontables
vicisitudes, pero siempre sostenidos y bendecidos por la Divina Providencia
y consolados por el manto protector de nuestra Madre María Santísima.
En primer lugar nos ofrece nuestro Presidente, don Julio Retamal
Favereau, a quien tanto debe nuestra Asociación y que tanto ha hecho por
la defensa y preservación de la Misa de siempre en la ciudad de Santiago de
Chile, una crónica de la historia de Magnificat, rica en recuerdos y detalles,
desde su fundación en 1966 hasta la actualidad. Seguidamente, se recogen
las biografías de nuestros dos presidentes, don Alfonso Letelier Llona (desde
1969 y hasta su muerte, en 1994) y don Julio Retamal (desde 1994 hasta el
día de hoy), recién mencionado.
A continuación consignamos los objetivos de la Asociación, tanto en
su formulación original (1969) como en aquella contenida en los estatutos
que actualmente nos rigen tras la obtención de personalidad jurídica civil
(2014), como muestra de nuestro deseo de institucionalizar a Magnificat,
dotándola de las formas legales que le den la estabilidad necesaria para el
cumplimiento de sus fines propios, los que comprenden en primer lugar la
promoción del rito latino tradicional, pero también la necesaria formación
litúrgica y de fe de los fieles y el cultivo y fomento de todas las artes vincu-
ladas a la sagrada liturgia, en particular la música sacra.

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QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

Luego se recoge una galería fotográfica que contiene valiosos registros
de diversos momentos de la historia de la Asociación.
Seguidamente, se recopilan crónicas del primer y segundo Congreso
Summorum Pontificum de Santiago de Chile, el cual es organizado por Magnificat
y que este año contará con una tercera versión dedicado al décimo aniver-
sario del motu proprio de ese nombre, con lo cual puede hablarse ya de una
tradición, la que esperamos se mantenga en el futuro.
También se reproduce la carta con las gentiles palabras que nos diri-
giera con ocasión del cincuentenario de nuestra Asociación el Presidente
de la Federación Internacional Una Voce, don Felipe Alanís Suárez (Una
Voce México), organización de la cual Magnificat es, desde su fundación, su
capítulo chileno. Nos alegra sobremanera saber que no estamos solos en
nuestros empeños, sino que somos parte de una federación que reúne a más
de cuarenta capítulos nacionales, todos abocados a la restauración del culto
digno y auténtico a Dios Todopoderoso.
Finalmente, se consignan las dos homilías que pronunciara nuestro
capellán, el Rvdo. Milan Tisma Díaz, los días 6 y 7 de agosto de 2016, en las
Misas cantadas con ocasión de las celebraciones de nuestro quincuagésimo
aniversario.
Elevamos nuestra oración al Altísimo para que nos siga sosteniendo
y alentando en los años por venir con el propósito que, siempre procurando
Su mayor gloria, sigamos cumpliendo con nuestra tarea de traer a los fieles
de la ciudad de Santiago de Chile los tesoros de la liturgia perenne de la
Iglesia, Madre y Maestra.

Asociación de Artes Cristianas y Litúrgicas Magnificat
Santiago de Chile, 4 de junio de 2017, Domingo de Pentecostés.

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Breve relación histórica
de la Asociación Magnificat

Julio Retamal Favereau

D urante la segunda mitad del siglo XX, el pensamiento y la acción
de muchos católicos habían sido sometidos a duras pruebas por los cambios
sobrevenidos en la cultura occidental en todos sus ámbitos, en especial du-
rante la crucial década de 1960-1970. Por esos años fueron remecidos los
fundamentos y la aplicación de la filosofía, la política, el arte, la ciencia y las
creencias de Occidente. En este último aspecto el acontecimiento central
fue la celebración del Concilio Vaticano II, entre 1962 y 1965, que sacudió
fuertemente la Iglesia católica, dando lugar a vuelcos espectaculares.
El Concilio, muy pastoral en su esencia, decidió emprender una reforma
de la liturgia para acercar ésta al pueblo y hacerla más eficaz. Con tal motivo
aprobó, hacia fines de 1963, una Constitución acerca de la liturgia latina
con el nombre de Sacrosanctum Concilium. En ella se admitía un mayor uso
de la lengua vernácula en las partes relativas a lecturas y moniciones, pero
se mantenía la estructura de la Misa y su lenguaje casi bimilenario, el latín.
Sin embargo, en los meses siguientes se formó una Comisión destinada
a la revisión de los libros litúrgicos para decidir qué cambios eventualmente
podrían introducirse siguiendo las indicaciones de la Constitución conciliar,
siempre con la idea de favorecer la participación activa (actuosa participatio)
de los fieles. Dicha comisión, presidida por el Cardenal Giacomo Lercaro
(1891-1976) y el arzobispo Annibale Bugnini (1912-1982), sobrepasó con
mucho el criterio de los padres conciliares y acabó por pergeñar una liturgia
completamente nueva. A pesar de la oposición de algunos importantes miembros
de la Curia Romana, como los Cardenales Alfredo Ottaviani (1890-1979) y
Antonio Bacci (1885-1971), autores de un conocido breve examen crítico

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QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

sobre la nueva Misa, la Comisión introdujo cambios radicales en la liturgia y
los sacramentos, no sólo en la lengua –permitiendo el uso del vernáculo en
todas las partes de la Misa–, sino también modificando la estructura misma
del rito. Así, se eliminó el antiguo Ofertorio, se modificó en parte la fórmula
de la Consagración del vino, se suprimieron muchos ritos considerados su-
perfluos (signos de cruz, genuflexiones, purificaciones), se redactaron nuevas
formas consagratorias como alternativas al Canon Romano, se introdujo en
la práctica la forma de comulgar en la mano y de pie, quitando un ya inútil
comulgatorio, se dio la vuelta al altar para que el celebrante mirase al pueblo
y no ya a Dios –representado por el tabernáculo, la cruz y el oriente–, y un
largo e improvisado etcétera. Dentro de este último ámbito, se dio cabida a
muchas lenguas y dialectos –algunos muy primitivos, carentes de la necesaria
profundidad y terminología litúrgica–, a la par de una amplia recepción de
la música profana, con instrumentos nunca antes admitidos en las iglesias y
propios de la interpretación de ritmos populares profanos. La práctica litúrgica
tuvo derroteros similares, pues fueron desbordados rápidamente los límites de
la prudencia y de la legalidad, apareciendo con fuerza un espíritu fantasioso
y antitradicional que afectó radicalmente el sentido sacral y sacrificial de la
Santa Misa. De hecho, la caída en el número de vocaciones a la vida clerical
y religiosa y el aumento de las defecciones fueron prontas consecuencias de
esta pérdida del horizonte sobrenatural en la Iglesia.
Todo esto acabó por provocar una alarma creciente entre muchos
fieles, que conocían y amaban una liturgia que se había ido desarrollando
orgánicamente a lo largo de los siglos. Cabe recordar que ésta se había
originado en Roma, en los primeros siglos de nuestra era y había alcanzado
su forma actual entre los siglos IV y VIII, con escasísimas modificaciones
de ahí en adelante. En esa forma fue extendida a todo el mundo católico
por el decreto Quo primum tempore de San Pío V en 1570, preservándose
en unas pocas iglesias locales las liturgias propias de antigüedad probada,
como ocurrió con los ritos mozárabes, ambrosiano, bracarense y el de algunas
órdenes religiosas. Dicho Papa no inventó entonces una nueva Misa, sino
que impuso la forma romana a todo el orbe, para evitar las desviaciones doc-
trinales durante aquel controversial período de la así denominada Reforma
protestante y de la Contrarreforma católica.
Volviendo a la Comisión litúrgica postconciliar, los cambios que ésta
introdujo fueron inmediatamente aprobados por el papa Pablo VI, quien
extendió e impuso la nueva Misa en todo el ámbito del catolicismo, a partir

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Breve relación histórica de la asociación Magnificat

del Adviento de 1970, con excepción de las Iglesias de rito oriental. Con todo,
ya en 1964 se habían adoptado variaciones importantes del rito en muchos
países, entre los cuales destacó Chile, donde desde el 7 de junio de ese año
había comenzado a celebrarse de modo experimental la liturgia reformada.
Así, por ejemplo, en septiembre de 1964, cuando regresé de Inglaterra des-
pués de pasar algunos años en la Universidad de Oxford, donde nada había
cambiado aún en la liturgia y donde pude conocer la belleza del culto solemne
gracias a la capellanía católica, quedé sorprendido por las innovaciones que
vi en la primera Misa a la que asistí en Santiago. Habían dado la vuelta al
altar, para lo cual habían quitado el Santísimo de su lugar central, y casi la
mitad de la liturgia ya modificada era dicha en un mal castellano. Todo el
ambiente de la Santa Misa reformada carecía de sacralidad, de belleza y,
especialmente, de misterio.
Alarmado por tan bruscos e improvisados cambios, comencé a sondear
el ambiente. Fui descubriendo varias personas y, sobre todo, sacerdotes que
no deseaban estas innovaciones. Durante todo el año de 1965, a medida
que se extendían las reformas a las diversas parroquias, capillas conventuales
y otros lugares de culto, sostuve largas entrevistas con párrocos, vicarios y
monseñores. Todos decían que no les satisfacía la nueva tendencia, pero que
había que obedecer. El arzobispo Raúl Silva Henríquez (1907-1999) había
aprobado o condonado muchas de las novedades. Y así fue surgiendo una
improvisación tras otra, en una especie de rivalidad entre los sacerdotes
“progresistas” por inventar nuevas y desafiantes liturgias. Llegué a visitar al
Nuncio Apostólico, monseñor Egano Righi-Lambertini, hacia mediados de
1965, con un grupo que incluía a Silvia Soublette, esposa del entonces Ministro
de Relaciones Exteriores Gabriel Valdés Subercaseaux; Eduardo Izquierdo
y otras personas. Se trataba de alertar al representante de la Santa Sede
sobre los inventos chilenos. No prometió nada y partió a Roma a participar
en la cuarta y última sesión del Concilio Vaticano II, que comenzó el 14 de
septiembre de ese año. Dicha sesión aportó aún muchas más innovaciones
en otros planos, mientras la liturgia seguía un camino reformista en manos
de la antedicha Comisión.
Durante 1966, comenzamos a tratar de establecer la celebración de
una Misa tradicional en alguna iglesia, pero sin efecto alguno. Con algunas
personas, entre las que destacaban Carlos José Larraín, Laurence Azaïs,
Patricio Garreaud y otros, comenzamos a ensayar la Misa de Angelis en mi
casa. Nuestros contactos con la familia Valdés Subercaseaux fueron muy

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fructíferos, pues doña Margarita Valdés, mujer de don Alfonso Letelier, nos
apoyó y logró un permiso de parte de su hermano el Obispo de Osorno,
Monseñor Francisco Valdés Subercaseaux (1908-1982), quien era el encar-
gado del canto sagrado en la Conferencia Episcopal chilena. Desde entonces
contamos con una autorización oficial para celebrar Misas con cantos en latín.
Así pues, luego de haber recorrido varias iglesias en Santiago buscando
una adecuada, dimos con las Clarisas de la Victoria, llamadas también de
Nueva Fundación, en calle Bellavista, casi frente a la Escuela de Derecho
de la Universidad de Chile. Allí logramos celebrar nuestra primera Misa
tradicional el domingo 7 de agosto de 1966. Ese día fue el comienzo de las
celebraciones litúrgicas de lo que hoy es nuestra Asociación, siempre abier-
tas al público. Esa primera Misa fue oficiada por el P. Miguel Contardo S.J.,
actuando dos hermanos maristas de acólitos, y nuestro grupo vocal de coro.
Aquel día en la nave no había más de 10 ó 12 personas, entre los cuales se
encontraba la familia Allamand Zavala, incluyendo a Andrés, actual senador
por Santiago, que a la sazón era un niño de diez años.
Por mi parte, ya tenía buenas relaciones con los grupos tradicionalis-
tas que se habían formado con los mismos propósitos en Europa. Primero
fue Noruega y, poco más tarde, hacia fines de 1964, Francia. Este último
país llevó la palma de la Tradición en aquellos primeros años, generándose
varios movimientos de corte tradicionalista. Basta recordar a Monseñor
Marcel Lefebvre (1905-1991), ex obispo-arzobispo de Tulle y superior de la
Congregación del Espíritu Santo, quien creó su Seminario de Écône en 1970
para la formación de sacerdotes según la tradición multisecular de la Iglesia.
El movimiento litúrgico francés se llamó “Una Voce”, por estas dos palabras
que van hacia el final del Prefacio de la Santísima Trinidad que se reza en
la Misa de la mayor parte de los domingos. Con el paso de los años, otros
países europeos organizaron grupos similares y, en 1967, se creó la Foederatio
Intemationalis Una Voce para defensa del antiguo rito católico, siendo pronto
reconocida como una asociación privada de fieles de carácter internacional
por la Sede Apostólica.
Entretanto, en Chile manteníamos con grandes dificultades la celebra-
ción de una Misa semanal, el día domingo a mediodía. Todavía había muchos
sacerdotes que nos apoyaban, en particular, los más ancianos. Recuerdo con
especial aprecio a nuestros primeros capellanes. Hubo muchísimos, pero los
nombres que ahora me vienen a la memoria son: el P. Osvaldo Lira SS.CC,
durante años; el P. Francisco Martínez Quintana, ex sotacura de San Ramón;

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Breve relación histórica de la asociación Magnificat

el P. Francisco Martínez Quiroz, capellán de las Monjas Verónicas; el P.
Guillermo Varas Arangua; el P. Rafael Gandolfo SS.CC; el P. Prudencio de
Salvatierra, capuchino; el P. Juan Skowronek, ex Vicerrector de la Pontificia
Universidad Católica de Chile; el P. Ferdinand, de los Sacramentinos; el P.
José Antonio Garín Martínez, que nos legó una casa y una biblioteca; el P.
Jorge Wilde, capellán del Monasterio de la Visitación; los PP. Alfonso Sánchez
y José Juan Vergara, ambos jesuitas; el P. Jorge Guerra Larraín, capuchino;
el P. Walter Hanisch Espíndola S.J., Premio Nacional de Historia en 1996;
el P. Jaime Manríquez, en esa época dominico, recientemente fallecido; el P.
Juan Antonio Cabezas O.P.; el P. Antonio Grill, salesiano; el P. Jorge González
Förster S.J, durante bastante tiempo, y muchos otros.
De entre todos ellos quisiera recordar especialmente la figura del P.
Osvaldo Lira Pérez SS.CC (1904-1996), quien fue un buen signo de los difí-
ciles y contradictorios tiempos que nos ha tocado vivir. En medio del tráfago
angustioso y agotador que supusieron los años del posconcilio, el Padre Lira
permaneció impertérrito en la enseñanza del latín y en la celebración de la
Misa tradicional, si bien, en público, comenzó parsimoniosamente a rezar la
nueva Misa de Pablo VI. Su decidido apoyo a nuestra Asociación, fundada
para la preservación de la liturgia antigua y del sentido tradicional de la fe
cristiana, fue crucial y durante años actuó como principal asesor y capellán,
convencido como estaba –y con razón– de que la liturgia de siempre no podía
ser prohibida ni desaparecer. Aunque no alcanzó a ver el motu proprio con
que Benedicto XVI restablecía de manera absoluta los fueros de la liturgia
antigua, sí vio cómo los decretos pontificios de 1984 y 1988, que reintroducían
la Misa tradicional con ciertas condiciones, le dieron, a la postre, la razón
en su lucha. Por eso, en un justo recuerdo de la memoria de este benemérito
sacerdote, que destacó por su amor y apego a la dimensión sobrenatural
derivada de su sacerdocio, nuestra Asociación celebró una Misa de réquiem
al cumplirse veinte años de su muerte, ocurrida el 20 de diciembre de 1996.
Asimismo, creo que es de justicia mencionar, junto a los sacerdotes
oficiantes, a los maestros de capilla, organistas y miembros del coro que han
colaborado con nosotros, en particular a don José Gaete, que nos ayudó du-
rante muchos años. Falleció, luego de una larga enfermedad cardiovascular,
en febrero de 2007. Además, cabe destacar la presencia en el Coro de nuestro
consocio el Profesor don Eloy Sardón, quien desde 1967 hasta hoy ha cantado
y dirigido, a menudo, la schola que acompaña nuestras celebraciones. Por esta
última han pasado esporádicamente muchas personas que han prestado, a

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veces por años, un enorme servicio a nuestra Asociación. Se puede nombrar
el Dr. Celis, a Laurence Azaïs, a Carmen Luisa Letelier, a Margarita Valdés
de Letelier, a José Miguel Carvallo, a Patricia Gonnelle y a muchos otros. Por
cierto, entre los maestros de capilla se cuenta el Dr. Luis González Catalán,
quien hoy nos acompaña desde el órgano con una cuidada ejecución.
Las celebraciones eucarísticas tuvieron lugar en distintas iglesias y
capillas, según se presentase la ocasión. Entre agosto de 1966 y diciembre
de 1969 celebramos la Misa básicamente en el Monasterio de las Clarisas de
la Victoria, reduciendo la frecuencia a dos veces al mes, siempre el domingo
a mediodía. En diciembre de ese último año, nos encontramos con que la
Superiora del monasterio había demolido el altar mayor y había fijado la
mesa adelante por orden de la curia diocesana. Fue tal su ímpetu en cumplir
la orden, que se fracturó un brazo en tales menesteres. Gestos como éste
muestran la acendrada iconoclastia de esos años y eran muy frecuentes,
incluida la quema y venta de los antiguos ornamentos litúrgicos. Como
fuere, el monasterio duró poco tiempo más en su emplazamiento del barrio
Bellavista. Con el crecimiento de la ciudad, la vida contemplativa y de es-
tricta clausura de las hijas de Santa Clara no fue compatible con el bullicio
y ajetreo del centro capitalino, por lo que en 1974 las clarisas de la Victoria
se trasladaron a un nuevo monasterio en la comuna de La Florida, donde
permanecen hasta hoy. El predio fue comprado por el Liceo Alemán, que se
había visto obligado a dejar su tradicional ubicación de calle Moneda 1661
por la expropiación de dicha sede para los trabajos de construcción de la
Carretera Panamericana y la línea 2 del Metro de Santiago. Sin embargo, la
iglesia fue conservada y pasó a ser, ahora con el altar traído desde la antigua
sede, la capilla mayor de este colegio de la Congregación del Verbo Divino.
Por nuestra parte decidimos entonces trasladarnos, gracias a las
gestiones de Mario Manríquez, al Monasterio de la Visitación situado en
la calle Huérfanos. En aquella oportunidad obtuvimos permiso del Vicario
episcopal, P. Rafael Maroto Pérez (1913-1993), para celebrar la Misa en
latín, pero según el nuevo rito. Así pues, comenzamos en marzo de 1970 y
estuvimos hasta junio de 1976. En lo referente al rito, si bien al comienzo nos
atuvimos a la nueva Misa, los celebrantes volvían al rito antiguo sin darse
cuenta, de manera que fue éste el que finalmente prevaleció. Como nadie nos
iba a vigilar, nadie se percató de que celebrábamos conforme a una liturgia
que, si bien nunca estuvo abrogada, era perseguida como símbolo de una
Iglesia superada por los nuevos aires que había traído consigo el Concilio.

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Breve relación histórica de la asociación Magnificat

Esto evidencia que nuestra defensa no era puramente lingüística, sino que
atañía al sentido teológico de los ritos.
El 11 de septiembre de 1973 se produjo un golpe militar que acabó con
el gobierno de la Unidad Popular, el que fue reemplazado por una Junta de
gobierno integrada por los tres comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas
y el director general de Carabineros. Ese día, el Presidente Salvador Allende
se quitó la vida en el Palacio de la Moneda, sitiado por tierra y aire. A finales
del gobierno de la Unidad Popular, la figura del Presidente Allende se había
hecho execrable para toda la oposición, que se expresaba mal de él y estimaba
que debía retirarse a la vida privada o, si era necesario, debía ser depuesto
por la fuerza. El Padre Lira, nuestro principal capellán por esos años, no
constituyó una excepción en estas materias. No obstante, una vez producido
el alzamiento militar y el consiguiente suicidio del Presidente Allende, el
mismo día 11 de septiembre, el sacerdote hizo lo que el hombre no habría
podido hacer y lo que muchos no hicieron: comenzó a celebrar la serie de
treinta Misas “gregorianas” por la salvación del alma del difunto presidente,
como manda la Iglesia y era de justicia. Frente al altar, el sacerdote se impuso
decididamente al hombre ante el misterio insondable de la muerte. No creo
cometer una infidencia al relatar estos hechos, pese a que han sido comenta-
dos en otras oportunidades, porque revelan la profundidad del sentimiento
religioso del P. Osvaldo, quien era además un entrañable amigo.
Pero la situación se volvió complicada para nosotros por ciertos hechos
ocurridos en Europa. Desgraciadamente, en junio de 1976 se produjo un
desacuerdo entre el papa Pablo VI y monseñor Lefebvre a raíz de las primeras
ordenaciones sacerdotales que ofició este último. El ambiente interno de la
Iglesia se tomó muy tenso y comenzó una verdadera rivalidad entre tradicio-
nalistas y progresistas, como se llamaron en la época. Estos hechos llevaron
a la suspensión de monseñor Lefebvre por parte de la Sede Apostólica. Pero
éste continuó formando sacerdotes en la Fraternidad Sacerdotal de San Pío
X, que había erigido, con permiso canónico del obispo diocesano, unos años
antes en Suiza. La tensión eclesial se volvió contra nosotros. Así fue que, el
siguiente domingo que había Misa en la Visitación, los fieles que acudieron
(yo estaba por entonces desempeñando un cargo diplomático en París) se
encontraron con el templo cerrado y ni siquiera el capellán (el P. Jorge Wilde)
pudo entrar. Nos quedamos en la calle, rechazados por la Iglesia a la que no
queríamos más que servir como hijos fieles, pero no perdimos la esperanza
ni la confianza de estar haciendo lo correcto.

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QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

Este fue el período más negro de Magnificat. En 1969 nos habíamos
incorporado a la Federación Internacional Una Voce, junto con unos 10 países
europeos. El primer Presidente, el Dr. juris Eric de Saventhem (1919-2005),
de origen alemán, condujo la Federación durante un cuarto de siglo, entre
1966 y 1992, en contacto frecuente con la Curia Vaticana, hasta que se re-
tiró por motivos de edad, siendo sucedido por Michael Davies (1936-2004),
representante de Inglaterra. Fue también para la Federación el momento más
infortunado, dado el ambiente de desconfianza y crítica que rodeaba a los
tradicionalistas en general. Así y todo, la organización sobrevivió, apoyando
a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X.
En esa época se constituyó, mediante estatuto (que nunca se proto-
colizó en notaría), nuestra Corporación. Se llamó Magnificat por inspiración
del R.P. José Antonio Garín, designándose como Presidente a don Alfonso
Letelier Llona (1912-1994), gran músico chileno, Capellán a dicho sacerdote,
y como miembros del directorio a Mario Manríquez Guerra (secretario), José
Antonio Lecaros Piffre (tesorero), Margarita Valdés Subercaseaux (vocal) y
Claudio Ferrari Peña (vocal). Por aquellos años participaban también activa-
mente de nuestra Asociación Luis Giachino, Mario Correa y muchos otros.
Por mi parte fui nombrado representante de la recién creada Asociación
en Europa, pues durante la década de 1970 viajé mucho a ese continente
y residí allí por más de seis años (en Oxford de 1970 a 1972, y en París, de
1976 a 1980). En esa calidad asumí formalmente el contacto de Magnificat
con la Federación Internacional Una Voce y he podido asistir a varias de las
reuniones internacionales que ella organiza, en lugares como Roma, Turín,
Colonia, Londres y París. De igual forma, me he encargado íntegramente de
la correspondencia regular con dicha Federación, ya que debe ser hecha en
inglés, francés o alemán. Conservo amistad con los miembros más antiguos,
a quienes solemos enviar poder para representarnos cuando no podemos
asistir a las reuniones o congresos internacionales.
En Chile, en tanto, entre los años 1977 y 1979, nuestro grupo no pudo
funcionar, salvo esporádicamente y no siempre en iglesias, sino también en
salones de hotel y otros lugares. Los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal
de San Pío X –en particular un argentino, el P. Castillo– nos visitaron y el
propio arzobispo monseñor Marcel Lefevbre estuvo en Chile un par de veces,
si no me equivoco, en 1977 ó 1978 y en 1980. En este último año terminé mi
misión diplomática en Francia y, al volver, comencé, ayudado por Osvaldo
Muñoz y otras personas, a buscar una iglesia donde pudiéramos funcionar

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Breve relación histórica de la asociación Magnificat

normalmente. De sobra está decir que esto no era una tarea fácil, dado el
ambiente de tensión y sospecha con respecto a nosotros. Gracias a Osvaldo
Muñoz, fuimos aceptados en el antiguo convento de las Monjas Verónicas
de la calle López, en la comuna de Independencia. Celebraba la Misa para
nosotros el capellán que fue de dichas religiosas, P. Francisco Martínez Quiroz,
ya bastante mayor por esos años, sin ningún inconveniente. Cabe recordar
que, a principios de la década de 1970, el Cardenal Raúl Silva Henríquez
puso fin a la Congregación Franciscana de las Hermanas Verónicas, algunas
de cuyas integrantes emigraron a las Hermanas de la Providencia. Desde
entonces el monasterio comenzó un franco deterioro hasta ser demolido
tras el terremoto de 2010.
En la capilla de las Verónicas estuvimos hasta 1984. El 3 de octubre
de ese año apareció una circular del proprefecto de la Congregación del
Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a los presidentes de las
Conferencias Episcopales, intitulada Quattuor abhinc annos. Este documento
confería a los ordinarios del lugar la posibilidad de conceder un indulto a los
sacerdotes que deseasen celebrar según la edición típica del misal romano
de 1962 y a los fieles que seguían vinculados al llamado “rito tridentino” de
poder participar en esa celebración, con el solo cuidado de que este permiso
no ocasionase perjuicio a la reforma litúrgica en la vida de cada comunidad
eclesial. Este texto, avalado por el papa Juan Pablo II, fue muy importante
porque autorizaba oficialmente la celebración de la Misa tradicional. A la
vez, se recomendaba a los obispos que no fueran desfavorables a los fieles que
reclamaban el derecho a usar la Misa antigua, ya que ésta jamás había sido
abolida, ni por el Concilio ni por los Papas sucesivos. Este fue un importante
respaldo a nuestra causa, ya que ahora teníamos un deseo expreso del Papa
de apoyarnos. Sin embargo, salvo excepciones, sobre todo en Europa, la
situación en torno a la Misa de siempre no mejoró ostensiblemente.
En esas circunstancias y gracias a la intervención de uno de nuestros
antiguos adherentes, Claudio Ferrari Peña, quien había sido decano de la
Facultad de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile
entre 1975 y 1976, conseguimos el uso de la Capilla del Campus Lo Contador
de dicha Universidad, situado en una antigua casona del barrio de Pedro
de Valdivia Norte, a los pies del Cerro San Cristóbal. Comenzamos las
celebraciones en 1985, con el permiso tanto del Cardenal Juan Francisco
Fresno (1914-2004), dado verbalmente, como de las autoridades de la
Universidad. Desde entonces y hasta 2008 estuvimos ahí, funcionando

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QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

solamente una vez al mes, cada tercer domingo, por falta de sacerdotes. A
esto se agregó, después de la salida de Claudio Ferrari de su Facultad, un
cobro en dinero por parte de la Universidad para el uso de la capilla, que fue
subiendo con los años hasta llegar a estabilizarse el último lustro en 60.000
pesos cada vez. Ese gasto se sumaba a los otros propios de la celebración y
al aviso que se publicaba en el diario El Mercurio para recordar a los fieles
cuándo había Misa.
En el intertanto, en junio de 1988 y a raíz de las consagraciones
episcopales que realizó monseñor Lefebvre, vino una nueva tensión entre
la Sede Apostólica y la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X. El arzobispo
celebrante, el asistente Obispo de Campos (Brasil), monseñor Antônio de
Castro Mayer (1904-1991), y los cuatro obispos consagrados, fueron exco-
mulgados. La disputa en torno a estos hechos se agudizó en el mundo del
tradicionalismo católico. Magnificat decidió mantenerse en la plena unidad
canónica con la Sede Romana y se benefició de un nuevo motu propio, el
cual nos permitió hacer conocer y mantener abiertamente el culto antiguo.
El motu pontificio, de Juan Pablo II, por supuesto, titulado Ecclesia Dei
afflicta, creaba una Comisión Pontificia con el mismo nombre para ayudar
a la mantención de la Misa tradicional en el mundo. Si bien la reacción de
los obispos no fue muy acogedora en muchos lugares, lentamente se autorizó
el uso de la Misa antigua con mayor liberalidad. De esta manera, se fueron
creando otras asociaciones nacionales destinadas a este fin en más de 40
países, incluyendo los Estados Unidos, Australia y países que giraban en la
órbita de la Unión Soviética, como Estonia, Polonia y la República Checa.
También comenzaron a aparecer institutos religiosos tradicionales y se
regularizaron otros ya existentes, como ciertas comunidades benedictinas
y dominicanas.
El 30 de marzo de 1990, el papa Juan Pablo II nombró como arzobispo
de Santiago a monseñor Carlos Oviedo Cavada (1927-1998), un merce-
dario que hasta ese momento era arzobispo de Antofagasta. Su gobierno
corresponde a la última década del siglo y del milenio y fue nuestro mejor
momento como Asociación, pues monseñor Oviedo nos dio bastante apoyo.
Apareció más de una vez espontáneamente en nuestras celebraciones y nos
autorizó para celebrar la Misa tradicional, una vez al mes, en la Parroquia
de los Santos Ángeles Custodios, antigua iglesia del Seminario Mayor de
Santiago, además de darnos el permiso para celebrar semanalmente en otros
lugares si así lo deseábamos.

22
Breve relación histórica de la asociación Magnificat

Durante el mismo año en que asumió el gobierno de la arquidiócesis
recibimos una visita sorpresiva de su parte en plena celebración de la Misa
mensual en Lo Contador. Era el mes de diciembre y el arzobispo venía de
una celebración en el santuario de la Inmaculada Concepción del Cerro
San Cristóbal. Cuando bajaba, y enterado por los avisos que publicamos El
Mercurio de que había Misa en el campus, quiso pasar a saludar a los fieles
reunidos en torno a la Misa tradicional. El celebrante, el P. Antonio Grill
sdb., estaba pronunciando la homilía cuando llegó nuestro arzobispo. Después
de unos minutos, monseñor Oviedo tomó la palabra y dirigió una breve
pero afectuosa alocución exhortando a todos a continuar con este hermoso
apostolado de preservación del tesoro litúrgico de la Iglesia.
Hacia fines de 1991 comenzamos a celebrar la Misa, autorizados por
monseñor Oviedo, en la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, situada
en el corazón de la comuna de Providencia. El propio arzobispo celebró ahí
para nosotros, si bien según la forma prelaticia y no pontifical del antiguo rito
romano, por falta de sacerdotes y monaguillos que conocieran el elaborado
ceremonial. La Misa fue oficiada el 10 de noviembre de 1991 y tuvimos
una muy buena asistencia de fieles. El arzobispo celebró con gran decoro
y corrección y, al finalizar, se detuvo en la puerta de la iglesia para saludar
a cada uno de los asistentes. Después nos acompañó a un almuerzo con la
directiva de la época, el que fue servido en la casa parroquial.
Al año siguiente, el 12 de octubre de 1992, cantamos un solemne Te
Deum para celebrar los 500 años de la llegada del cristianismo a este nuevo
continente, gracias a la cual recibimos la Misa que tantos santos ha dado
a la Iglesia.
La Misa en la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios duró algo
más de un año. En un comienzo fue bien acogida por el párroco de la época,
Pbro. Juan Díaz. De hecho, era habitual que mientras se cantaba la Misa el
párroco confesara, algunas veces en compañía de monseñor Ramón Munita
Eyzaguirre (1901-1992), quien falleció hacia mediados de 1992. La situación
cambió radicalmente cuando el P. Juan Díaz debió ser reemplazado por graves
motivos de salud. Su sucesor, el P. Marcial Umaña Ávila, antiguo rector del
Instituto de Humanidades Luis Campino, de inmediato adoptó una actitud
opuesta. El Domingo de Ramos de 1993 correspondía cantar la primera Misa
del año, pero semanas antes había tomado posesión el nuevo párroco, quien
nos impidió continuar con la celebración, tal y como había ocurrido quince
años antes en el Monasterio de la Visitación. Ese día quedamos en la puerta

23
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

de la iglesia sin poder ni siquiera ingresar. Para subrayar su mala disposición, el
nuevo párroco hizo levantar el altar exento hasta ocultar la visión del antiguo
altar mayor, como una manera de impedir algún nuevo intento de reponer la
Misa tradicional en esa iglesia. Desde entonces seguimos celebrando la Misa
de siempre en la Capilla del Campus Lo Contador de la Pontificia Universidad
Católica de Chile, con una frecuancia de una vez al mes.
En 1994, con la ayuda de monseñor Cristián Caro Cordero, entonces
Obispo Auxiliar de Santiago, obtuvimos permiso para celebrar la Santa Misa
en la Iglesia San Pedro de Alcántara en la céntrica calle Mac-Iver. Reunía
muy buenas condiciones, aunque resultaba un tanto pequeña para nuestra
feligresía. Sin embargo, las religiosas del Buen Pastor, propietarias de la
iglesia, me escribieron una carta al mes siguiente de la concesión dada por
el arzobispado, denegando la autorización para utilizar ese templo.
El 8 de septiembre de ese mismo año, poco antes de ser creado car-
denal por San Juan Pablo II, don Carlos Oviedo publicó una carta pastoral
intitulada Un solo rebaño, un solo pastor y dedicada a los fieles católicos
vinculados a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, la que desde hacía
una década contaban con un creciente apostolado en nuestra ciudad cuya
sede era una iglesia comprada en 1986 y situada en Avenida Chile-España,
en la comuna de Ñuñoa. Si bien sus palabras resultan hoy superadas por
los acontecimientos posteriores, allí invitaba a los fieles a permanecer en
comunión con la Iglesia jerárquica, viviendo según la Tradición viva, como
ya había exhortado en 1988 el Cardenal Ratzinger durante su visita a Chile.
En dicha carta existe una referencia a nuestra Asociación a propósito de
la Misa de San Pío V:
También hay fieles católicos atraídos por el rito romano de la antigua
Misa llamada de San Pío X, y en latín, tal como la celebrábamos
antes de la reforma litúrgica originada en el Concilio Vaticano II (el
nuevo rito comenzó entre nosotros el 7 de junio de 1964). A este
respecto debe advertirse que la Santa Misa es una sola y la misma,
tal como la instituyó Nuestro Señor Jesucristo en la Última Cena:
“Haced esto en memoria mía” (cfr. Lc 22, 19-20). ¿Cómo celebran
la Eucaristía los Apóstoles, cómo los cristianos de los primeros
siglos? Ciertamente su rito era distinto del que formalizara San
Pío V después del Concilio de Trento, y del que estableciera San
Pío X a comienzos de este siglo, y del que instituyera la reforma
postconciliar del Vaticano II.

24
Breve relación histórica de la asociación Magnificat

En la tradición latina también se han tenido diversos ritos, por
ejemplo, el ambrosiano, el mozárabe y el de algunas órdenes
religiosas, como también son muy variados los ritos en la Iglesia
católica oriental aún hoy en día. Pero la Santa Misa es, en todos
esos casos, esencialmente la misma, la que instituyera Nuestro
Señor. ¿Por qué, entonces, privilegiar hoy un solo rito y hacer una
cuestión de principios algo que obviamente no lo es?
Ahora bien, la Santa Sede, con el ánimo de allanar todos los
obstáculos en materias que no fueran estrictamente doctrinales,
autorizó que, según la petición del Ordinario del lugar, se celebra-
ra la Santa Misa del rito de San Pío X. Mi antecesor, el Cardenal
Fresno, autorizó esa Misa en un lugar determinado una vez al mes;
y yo, aconsejado por la Santa Sede, extendí ese permiso a todos
los domingos del año. No ha sido fácil para los fieles agrupados en
la asociación “Magnificat”, que se encarga de dicha celebración,
mantener esa frecuencia, por la falta de sacerdote oficiante. Para
apoyar esa iniciativa y expresar mi comprensión hacia ella, yo mismo
les celebré una vez la Santa Misa en ese rito, porque soy Pastor de
todos y a todos debo hacer crecer en la comunión de la Iglesia.
En agosto de 1996, celebramos modestamente los treinta años de
existencia de la Asociación con una Misa en la Parroquia de Santa Ana, la
que tuvo por oficiante a monseñor Polidoro Van Vlierberghe, obispo-prelado
emérito de Illapel. En aquella ocasión el Nuncio de la época, monseñor
Piero Biggio, hizo llegar una afectuosa felicitación. Ese mismo año visitó
Chile el P. Josef Bisig, a la sazón Superior General de la Fraternidad de San
Pedro, quien celebró una Misa también en la Iglesia de Santa Ana y dictó
una interesante conferencia.
El 4 de enero de 1997 fue ordenado sacerdote Milan Tisma Díaz, un
joven que participaba de nuestra corporación desde 1987 cuando acababa sus
estudios secundarios en el tradicional Colegio San Ignacio de calle Alonso
de Ovalle. Fue la última ordenación sacerdotal de don Carlos Oviedo. El
cardenal le concedió autorización verbal e inmediata para celebrar la Santa
Misa y los demás sacramentos con los libros litúrgicos de 1962 cada vez que
hubiera necesidad pastoral. Pocos días después, el P. Milan celebró su primera
Misa de siempre en la Parroquia de Santa Ana, en compañía de varios fieles
de la Asociación. Desde entonces ha permanecido como nuestro capellán
prestando un servicio invaluable por unas ya largas dos décadas. Un año
después, el cardenal Carlos Oviedo presentó su renuncia como arzobispo

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QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

de Santiago debido a la grave enfermedad que lo aquejaba. Falleció el 7 de
diciembre de 1998, víspera de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción,
cuya imagen preside nuestra ciudad desde las alturas del Cerro San Cristóbal.
Durante toda la siguiente década seguimos celebrando la Santa Misa
en el Campus Lo Contador de la Pontificia Universidad Católica sin mayores
novedades. Así las cosas, llegamos al 7 de julio de 2007. En aquella fecha el
Papa del momento, S.S. Benedicto XVI, proclamó el motu proprio Summorum
Pontificum, mediante el cual reconoció la igualdad de los ritos nuevo y antiguo
de la Misa –llamados ahora formas ordinaria y extraordinaria, respectiva-
mente– y autorizó el uso libre de ambos a todos los sacerdotes católicos.
Los fieles tienen derecho a pedir la celebración de la Misa tradicional y las
autoridades eclesiásticas no se lo pueden negar. Mi primera manifestación
como dirigente de Magnificat por este texto fue la publicación de una carta
en el diario El Mercurio, la que apareció en su edición del día jueves 12 de
julio. En ella explicaba el significado y la alegría que la restauración de la
Misa tradicional debía tener para todo católico.
Inmediatamente, fuimos en grupo a saludar al Cardenal Francisco
Javier Errázuriz a nombre de Magnificat, quien nos recibió en audiencia el
31 de julio de 2007. El grupo estaba compuesto por el R.P. Milan Tisma,
Augusto Lecaros, Miguel Zauschkevich, Claudio López, a la sazón estu-
diante de medicina y representante del grupo Juventutem, que por entonces
funcionaba, y por mí. Monseñor Errázuriz nos recibió con gran sencillez y
simpatía y le explicamos nuestro proyecto de futuro, a saber, conseguir una
iglesia o capilla en la cual pudiéramos celebrar la Misa tradicional de ma-
nera regular, todos los domingos del año. El Cardenal quedó de ayudamos
en este propósito.
La siguiente actividad fue la celebración de la Misa solemne que pre-
sidió el P. Milan Tisma el día 14 de septiembre de aquel año de 2007, en la
iglesia del Colegio de los Sagrados Corazones (vulgo: Padres Franceses) de la
Alameda. Esto resultó un éxito, acudiendo a la iglesia alrededor de 400 per-
sonas, pese a que ese mismo día se celebró una Misa pontifical con monseñor
Bernardino Piñera Carvallo, arzobispo emérito de La Serena, en la Iglesia
de San Isidro, donde asistió más de un centenar de fieles, incluidos algunos
de quienes frecuentan nuestro apostolado. A la vez, en distintos lugares se
logró recoger más de 400 firmas para elevar un mensaje de agradecimiento
al papa Benedicto XVI por su motu proprio sobre la liturgia tradicional. Por
desgracia, si bien se redactó la carta dirigida a Su Santidad, nunca pudimos

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Breve relación histórica de la asociación Magnificat

entregarla al Nuncio Apostólico, monseñor Aldo Cavalli, porque éste esta-
ba terminando su misión en Chile y no tuvo tiempo de recibimos. De esta
manera se perdió ese primer efecto positivo de parte nuestra.
Enseguida comenzó la búsqueda de una iglesia que pudiéramos usar
en permanencia, ofreciéndose entonces tres posibilidades: (i) la Capilla del
Liceo Alemán, antigua iglesia de las Clarisas de la Victoria, en Bellavista,
cerca de Pío Nono, donde habíamos comenzado nuestras actividades públicas
hacía más de 41 años, sin culto desde ese año debido a la desaparición de
dicho establecimiento, reemplazado por el nuevo Colegio del Verbo Divino de
Chicureo; (ii) la Capilla de la Congregación de las Monjas de la Providencia,
sita en la avenida del mismo nombre, entre Condell y Salvador; y (iii) la
Capilla de la Congregación de las monjas de La Visitación, también sede
nuestra hacía varios años. En los tres casos hubo gestiones y buena disposición
por parte de quienes nos recibirían. Pero se produjeron algunas dilaciones
por razones de redecoración y acondicionamiento de los templos. Al final,
mediante el apoyo que nos dio el propio Cardenal Errázuriz, a comienzos de
2008 pudimos instalarnos en la capilla de las Hermanas de la Providencia.
En el intertanto, continuábamos celebrando una Misa al mes en la Capilla
del Campus Lo Contador. Cuando nos instalamos en La Providencia, esa
Misa se suspendió y no ha vuelto a celebrarse allí la liturgia tradicional. De
hecho, en la actualidad la propia capilla mayor de ese Campus ya no existe.
En 2008 participamos, como en varias otras ocasiones, de la tradicional
procesión de la Virgen del Carmen que se celebra, desde hace algún tiempo,
el último domingo de septiembre. Ella recorre las principales calles del centro
de nuestra ciudad acompañando la imagen de Nuestra Señora que alguna vez
estuvo en la Basílica del Salvador, destruida por el terremoto de 1985, y que hoy
se venera en una restaurada Capilla del Sagrario, a un costado de la Catedral
metropolitana. Esa vez fue muy especial por la cantidad de gente –sobre todo
jóvenes– que logramos congregar bajo nuestro estandarte y por el decidido
canto de la Salve que entonamos en latín cuando avanzábamos por calle
Agustinas en dirección a la Iglesia de San Agustín, en la esquina con Estado.
Durante nuestra permanencia en la capilla de las hermanas de la
Providencia, tuvimos la suerte de realizar una Misa Pontifical, que celebró
el 14 de septiembre de 2009, a petición nuestra, el Cardenal Jorge Medina
Estévez, Prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos, para dar gracias a Dios por el segundo ani-
versario del motu proprio Summorum Pontificum. Resultó un acontecimiento

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QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

mayor, de gran ayuda espiritual para la buena cantidad de fieles que asistió.
Esta forma de celebración solemne no se llevaba a cabo casi nunca en Chile,
por lo que fue una feliz excepción para todos.
Nuestra “congregación” ha oscilado mucho a lo largo de sus 50 años de
existencia. En sus épocas de esplendor hemos contado con unos 300 fieles, y
en las épocas de receso, sólo con algunas decenas o incluso menos, como en
esa primera Misa de 1966. En la actualidad, el promedio se sitúa alrededor
de las 100 a 120 personas. Además, gracias al P. Milan Tisma se ha ido desa-
rrollando un grupo juvenil importante, que ha mostrado bastante dedicación
a la causa y que permite contar con un cuerpo estable de monaguillos que
asegure el servicio del altar. De ahí han salido incluso algunas vocaciones
al sacerdocio. En la medida en que disminuye sensiblemente el número de
fieles católicos en Chile, algunos encuentran en Magnificat un refugio seguro
frente al caos de la fe en general y a la crisis del catolicismo en particular.
Siempre hay jóvenes que aprecian lo sacral, lo mistérico (en el mejor sentido
de la palabra) y lo bello. Sobre la dimensión cultural de este fenómeno, que
comporta un verdadero suicidio anunciado de nuestro entorno, he tratado
en mi libro Y después de Occidente, ¿qué?, publicado por primera vez en 1983,
y en su secuela intitulada ¿Existe aún Occidente?, aparecida en 2007.
Esta es la razón por la cual siempre hemos defendido como Asociación
la celebración de la Misa antigua, no como una mera preservación del latín y
el canto gregoriano, sino como una expresión integral y plena de la fe católica.
Pero, al mismo tiempo, nunca acusamos a la nueva Misa de ser inválida, pues
su validez y licitud no pueden ser puestas en duda. De hecho, la inmensa
mayoría de los sacerdotes que nos ayudaron han celebrado siempre las dos
Misas, buscando poner en el rito reformado toda la piedad que rezuma el
antiguo. Siempre hemos querido transmitir la idea de que la Santa Misa,
declarada por el Concilio como la fuente y culmen de toda la vida cristiana,
es como una sinfonía, donde no hay improvisaciones ni variantes.
En los últimos años no nos han faltado los problemas. Por ejemplo, el
25 de enero de 2011, un enorme incendio destruyó completamente la iglesia
del convento de las Hermanas de la Providencia, la cual ya había resultado
dañada por el terremoto del 27 de febrero del año anterior. Aunque hay planes
de reconstrucción, hasta el momento nada se ha hecho. Tuvimos, pues, que
mudarnos una vez más. Nos acogieron por casi dos años las religiosas de la
Visitación, pero al cabo de ese plazo, la Superiora le pidió al Arzobispo de
Santiago, monseñor Ricardo Ezzati, que nos marcháramos, con el argumento

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Breve relación histórica de la asociación Magnificat

de que un grupo pequeño de las 25 religiosas profesas no gustaba de la Misa
según la forma extraordinaria. Se nos fijó como plazo máximo de permanencia
el Domingo de Resurrección de aquel año 2012.
Ante esto, como Asociación solicitamos una audiencia con monseñor
Ezzati, quien nos recibió el día 16 de marzo de 2012. El motivo era pedirle
su ayuda ante el estado de necesidad en que habíamos quedado cuando,
para sorpresa nuestra, la nueva Superiora del Convento de las Hermanas
de la Visitación nos había comunicado que había pedido al arzobispado que
dejásemos de celebrar la Santa Misa en su iglesia. Queríamos pedirle que nos
proveyese de una iglesia que reuniese las condiciones para celebrar dignamente
de conformidad a las disposiciones del uso extraordinario de la sagrada liturgia
romana. Monseñor Ezzati no accedió a interceder ante la Superiora de las
Monjas de la Visitación para que reconsiderase su decisión. En cambio, nos
dijo que nos ayudaría a encontrar un lugar adecuado para poder celebrar la
Santa Misa y que, mientras tanto, podíamos asistir a aquella que celebra el P.
Milan Tisma los domingos por la tarde en su parroquia de Cerrillos.
Cumplido el plazo fatal que se nos había fijado, el Domingo de
Resurrección de 2012 celebramos en la Visitación nuestra última Misa y
una vez más debimos emigrar. Los domingos siguientes pudimos cantar
la Santa Misa por una vez en la Iglesia del Convento de las Agustinas de
Limpia Concepción y, posteriormente, en la Iglesia de San Juan de Dios de
Buzeta, donde es párroco el P. Milan Tisma. Lamentablemente, y pese a la
buena disposición de nuestro capellán, esta última iglesia no era idónea para
asegurar la continuidad de las celebración de nuestra Asociación, pues hasta
entonces siempre habíamos celebrado en lugares más o menos céntricos y
fácilmente asequibles para nuestros fieles, que vienen desde distintas puntos
de la ciudad e incluso de fuera de ella.
Sin embargo, como Dios no abandona a sus fieles, unos meses des-
pués fuimos acogidos en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, donde
permanecemos hasta hoy. Curiosamente, volvimos así al primer lugar que
usamos en nuestra defensa de la Misa tradicional. Cabe señalar el inmenso
agradecimiento que le profesamos a don Luis Cordero Barrera, quien se ha
hecho cargo de la iglesia, la ha embellecido constantemente y, además de
destinarla para la Capellanía de la Universidad San Sebastián, nos ha con-
fiado la celebración de la Misa dominical, a mediodía, durante todo el año,
salvo el mes de febrero cuando toda la Universidad cierra por vacaciones. La

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QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

iglesia también se usa para matrimonios y otras actividades litúrgicas, como
el congreso Summorum Pontificum que se organizó en 2015 por iniciativa de
tres sacerdotes y que contó con asistencia de otros veinte venidos de todo
Chile, así como de Argentina y Perú.
En el intertanto, nuestros socios, los abogados Jaime Alcalde y Felipe
Zaldívar, han redactado los estatutos de nuestra Asociación, logrando la apro-
bación oficial de ella y su constitución como persona jurídica por parte de la
Municipalidad de Santiago. Paralelamente, hemos recibido apoyo espiritual
y en dinero de varias personas, donde destaca Sebastián Eyzaguirre, que se
ha preocupado de adquirir en el extranjero misales y ornamentos litúrgicos
de gran calidad. Colaboró igualmente de manera generosa con el dinero
necesario para importar un nuevo órgano, pues el que habíamos comprado
gracias a los aportes de los fieles fue robado en 2014 desde la Iglesia de
Nuestra Señora de la Victoria. También debo agradecer a Augusto Merino
y Andrés Schlack por la gran labor que realizan colaborando con nuestra
bitácora, la que constituye nuestra mayor presencia en las redes sociales y
cada día aumenta en lectores de todas partes del mundo. El agradecimiento
se extiende a todos los bienhechores que con su aporte mensual permiten
sostener la celebración dominical de la Santa Misa.
En agosto de 2016 cumplimos medio siglo de existencia y pudimos
celebrar con toda solemnidad este quincuagésimo aniversario de nuestra
institución. En esta oportunidad decidimos organizar una segunda versión del
Congreso Summorum Pontificum como parte de los festejos, el que contó con
la presencia de dos invitados extranjeros, el Prof. Miguel Ayuso Torres y el
escritor Christopher Ferrara. Gracias a Dios tuvimos una muy buena acogida
de los fieles y el clero durante los tres días de congreso, que concluyeron con
una concurrida Misa solemne seguida de un vino de honor. De este congreso
se trata más adelante en una crónica separada. El domingo siguiente a la
clausura del Congreso contamos con la presencia, asistiendo desde el coro,
del padre Miguel Contardo S.J., quien como ya relatamos había oficiado la
primera Misa de la Asociación cincuenta años atrás en la misma iglesia. A
continuación, tuvimos un concurrido almuerzo de camaradería en uno de
los salones del Hotel Cumbres del barrio Lastarria.
Para las celebraciones del cincuentenario de nuestra Asociación nos
hubiera gustado, en señal de la filial reverencia a la persona del Arzobispo
de Santiago que siempre hemos profesado, contar con la presencia de mon-
señor Ezzati, la que desgraciadamente no se pudo concretar. Tampoco nos

30
Breve relación histórica de la asociación Magnificat

fue posible recibir como invitado al Cardenal Raymond Leo Burke, quien
nos había manifestado su buena disposición para hacer el largo viaje desde
Roma a Chile y acompañarnos en la actividades en las que veníamos traba-
jando desde hacía tiempo. La razón fue que, al solicitar de las autoridades
eclesiásticas locales el permiso para que el Cardenal pudiera pontificar en
la arquidiócesis de Santiago, se nos indicó que la Iglesia local debía poner
todos sus esfuerzos en los preparativos de la proyectada visita del Santo
Padre para 2016, la cual finalmente no se materializó. Sin embargo, tuvimos
la bendición de recibir una felicitación escrita del papa emérito Benedicto
XVI remitida por la Nunciatura. Finalmente, la visita del papa Francisco
tendrá lugar entre el 15 y el 18 de enero de 2018.
Queda comentar una costumbre ya consolidada, como es la reunión
que se celebra, año tras año, en mi casa algunos días antes de Navidad. En
su origen se trataba de un encuentro de carácter social con mis amigos más
íntimos y ayudantes, pero paulatinamente se fue transformando en una fiesta
para los fieles que frecuentan el apostolado de nuestra Asociación. Así se
fue forjando la tradición. Junto con un pequeño cóctel, un rato de conversa-
ción y el canto de villancicos clásicos, la actividad central de la velada es la
puesta de Jesús Niño en el Pesebre, la que va acompañada de la lectura del
nacimiento del Mesías según el Evangelio de San Lucas, algunas oraciones
de nuestro capellán y el canto de las letanías lauretanas.
Uno de los momentos más esperados de esa celebración es el cuento
de Navidad. En un comienzo buscaba un cuento o narración relativa a la
Natividad del Señor, para ser leído en voz alta en algún momento de la reu-
nión. Usé cuentos de autores franceses, ingleses, norteamericanos y chilenos
sucesivamente, hasta que un año se agotó el tema y no encontré nada digno de
ser leído en tal oportunidad. De ahí surgió la idea de que esto no podía volver
a ocurrir y me propuse la tarea de escribir yo mismo un relato que estuviese a
la altura del acontecimiento. Puse manos a la obra, de modo que los concu-
rrentes de ese año (2005) se llevaron la sorpresa de oír un cuento totalmente
inédito y escrito por mí. El cuento fue bien recibido y se pidió que la iniciativa
continuase. En nuestros días de cultura materialista, agnóstica, en que la fe
disminuye a ojos vista, los relatos que fui componiendo con los años intentan
mostrar el impacto que los acontecimientos de la Escritura siguen produciendo
en los hombres de fe sencilla o de buena voluntad, que creen en la existencia
de Dios, encarnado en el Señor Jesús. Y también creen que el Nacimiento, la
Vida, la Muerte y la Resurrección de Cristo tiene todavía, a pesar de todos los

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QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

pesares, un valor trascendental. Para la Navidad de 2016, coincidiendo con
nuestro quincuagésimo aniversario, quienes asistieron a mi casa se encontraron
con una nueva sorpresa: había recopilado 11 cuentos en un pequeño volumen,
intitulado Cuentos de Navidad de siempre, que le di como obsequio a cada uno.
Esa noche acabamos leyendo uno de los cuentos incluidos en el libro.
Nuestra congregación ha crecido lenta pero continuamente y sería de
esperar que, ahora que hemos vuelto al lugar de origen, 50 años más tarde,
pudiéramos permanecer por un tiempo dilatado, en tanto buscamos algún
sitio adecuado para comprar o edificar una iglesia propia. Quiera Dios ayu-
damos en esa difícil tarea, pero en el intertanto seguiremos rindiéndole culto
en la forma más antigua y solemne de que dispone la Santa Iglesia Católica,
Apostólica y Romana. Nos ha sostenido durante 50 años y nos ha permitido
dar un testimonio constante, en medio de las dificultades, incomprensio-
nes y descalificaciones, haciéndonos sentir Su Presencia y la ayuda de Su
Providencia. Por ello, le estamos profundamente agradecidos. Por otro lado,
nunca pensamos que la celebración de la Misa tradicional podía desaparecer.
Esto habría sido poner en duda al Espíritu Santo y haber perdido la virtud
teologal de la Esperanza. El tiempo nos ha acabado dando la razón en el
buen combate de todos estos años por mantener la celebración litúrgica con
el rito de siempre y la solemnidad que merece el culto divino. Si Dios así lo
quiere, poco a poco, como Asociación iremos reuniendo y coordinando a
los que necesitan la dignidad en las celebraciones litúrgica, la disciplina y el
esfuerzo espiritual, tan perdidos en el mundo de hoy. Por encima de todo, la
continuidad de la Misa de siempre parece estar asegurada, por lo menos en
términos puramente humanos.
Creo que este resumen puede servir para detallar nuestra existencia
con todos los altibajos que nos ha tocado vivir, dejando un testimonio para
la posterioridad. Gracias a Dios y a la contribución y perseverancia de tantos,
nuestra existencia futura aparece mucho más promisoria que antes. Luego
de cumplir 50 años podemos comprobar que Dios no abandona a los que
esperan en Él en todos los aspectos de la vida sobrenatural. Sólo Él conoce
el futuro, pero “los suyos sí le recibieron” y esperan presentarse ante Él con
la conciencia de una tarea cumplida, con Su ayuda y con el esfuerzo nuestro.
Tras medio siglo de defensa de la Misa tradicional en este apartado lugar del
mundo, sólo puedo decir como síntesis de una vida: Laus Deo.

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Presidentes
de nuestra Asociación

Alfonso Letelier Llona
(1969-1994)

Alfonso Letelier Llona (1912-1994) es considerado uno de los prin-
cipales artífices del desarrollo de la composición e institucionalidad cultural
del siglo XX chileno. Estudió piano con Raúl Hügel y armonía y composi-
ción con Pedro Humberto Allende, titulándose luego de compositor en el
Conservatorio Nacional de Música. Paralelamente estudió Agronomía en
la Universidad Católica de Chile, graduándose en 1934. Estos estudios no
fueron indiferentes a su formación musical, pues la vida campestre le entregó
material e inspiración para algunas de sus obras sinfónicas, como Vida del
campo (1937), compuesta para piano y orquesta. Se perfeccionó asimismo
en Madrid con el destacado compositor español Conrado del Campo (1878-
1953). La actividad musical de Letelier se orientó básicamente a la creación
de música religiosa y coral (con influencia del canto gregoriano y el canto
modal en general), dándole particular importancia a la poesía y el texto como
vehículos para la transmisión del mensaje musical, aunque nunca abandonó
los formatos grandes (gran orquesta) e intermedios (orquesta de cámara).
Tanto su música sinfónica como su música de cámara (para piano y vocal)
se mueven con versatilidad entre diversos estilos: el impresionista, de gran

33
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

riqueza tímbrica y orquestación colorida (como Aculeo, 1955); el neoclásico,
menos común y más cercano a la tradición clásico-romántica (Divertimento,
1955); y el contemporáneo, que incluye algunos procedimientos como el
dodecafónico (Preludios vegetales, 1967-1968), con ciertas libertades técnicas;
y también las técnicas seriales (La alfombra de la vida, 1968), entre otras.
Sin embargo, a pesar de su diversidad estilística, Letelier fue básicamente
un compositor de estética expresionista, cercano siempre al dramatismo, la
hondura, la angustia y la visión profunda y atormentada de la vida que emana
desde la metafísica del hombre y de la misma profundidad de la naturaleza,
ciertamente inspirada por su fe. Ocupó muchísimos cargos de importancia
durante su vida académica en la Universidad de Chile: fue Presidente de la
Asociación Nacional de Compositores (1950-1956), miembro de la direc-
tiva del Instituto de Investigación Musical (1951 y siguientes), tres veces
Decano de Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad de Chile
(1952-1962), Director de la Revista Musical Chilena (1957) y vicerrector de
la mencionada casa de estudios durante el período de Juan Gómez Millas
(1953-1963). Asimismo, colaboró en la creación de la Escuela Moderna de
Música (1940), junto a René Amengual, Juan Orrego Salas y Elena Waiss.
En 1966 fue admitido como miembro de la Academia de Bellas Artes y en
diciembre de 1968 recibió el Premio Nacional de Arte mención música.

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Presidentes de nuestra Asociación

Julio Retamal Favereau
(1994 a la fecha)

Cursó sus estudios de pregrado en la Universidad de Chile, donde
obtuvo el grado de Licenciado en Filosofía con mención en Historia en 1966.
Posteriormente, realizó estudios doctorales en el St. Antony’s College de la
Universidad de Oxford, Inglaterra, obteniendo el grado correspondiente en
1972 con una tesis sobre las relaciones diplomáticas y comerciales entre España
e Inglaterra durante los años 1560 y 1572. Entre 1973 y 1976 se desempeñó
como director del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica
de Santiago. En 1976 fue designado agregado cultural de la embajada chilena
en París, cargo que desempeñó hasta 1980. Entre 1983 y 1985 fue vicerrec-
tor académico de la recién creada Universidad Metropolitana de Ciencias
de la Educación, conformada a partir del antiguo Instituto Pedagógico de
la Universidad de Chile. En 1992 ingresó como miembro de número a la
Academia Chilena de la Historia. En 2003 fue nombrado profesor emérito
de la Pontificia Universidad Católica de Chile tras completar en dicha casa
de estudios su carrera académica como profesor titular. Se desempeñó asimis-
mo como profesor de historia moderna en las universidades Adolfo Ibáñez
y Gabriela Mistral, la primera de las cuales lo nombró igualmente profesor
emérito en 2017. Ha sido también profesor visitante en la Universidad del
Valle, situada en la ciudad de Cali, Colombia (1966), de la Facultad Libre de
Letras de París (1979) y de la Universidad de San Salvador (1996 y 1999).
Actualmente combina la docencia con un ciclo de formación general que
imparte para el concejo y las autoridades de la Ilustre Municipalidad de La

35
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

Florida. Es miembro del Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas y
autor, entre otras obras, de Y después de Occidente, ¿qué?, ¿Existe aún Occidente?,
El Renacimiento, una invención historiográfica, Diplomacia anglo-española durante
la Contrarreforma y Familias fundadoras de Chile (tres volúmenes).

36
Objetivos de la Asociación
Magnificat

Desde sus comienzos en el año de 1966, la Asociación Magnificat
se ha dedicado a la promoción de la liturgia latina, así como a la educación
y formación de los fieles en la fe y a fomentar su participación consciente
en la celebración de los ritos tradicionales de la Iglesia católica. Una de sus
labores formativas fundamentales se encuentra en el cultivo de la música
litúrgica tradicional, siendo el canto gregoriano y la polifonía sus máximas
expresiones artísticas y espirituales.
Como se ha relatado precedentemente, un primer esfuerzo de institu-
cionalización de la Asociación se hizo en 1969, cuando se redactaron unos
estatutos que no fueron formalizados ante el Ministerio de Justicia y se eligió
la primera directiva. El artículo 2° de ese estatuto, que ha llegado a nosotros
por haber sido reproducido en un cantoral repartido entre los fieles, evidencia
que la Asociación mantiene hoy su misma función y propósito inicial. Ahí
se decía que Magnificat tenía por objeto:
a) Conservación y fomento de la tradición litúrgica de rito latino, cui-
dando especialmente de la salvaguardia del latín, lengua oficial de la
Iglesia occidental. Con dicho fin promoverá la celebración solemne de
la Eucaristía y la administración de los sacramentos en dicho idioma, no
en forma excluyente sino optativa, sometiéndose a las instrucciones de
la jerarquía y pretendiendo con ello mantener una forma venerable por
su antigüedad y dignidad de culto de valor universal;
b) Educación de los fieles y fomento de una participación consciente en los
ritos tradicionales de la Iglesia latina. Con dicho fin, promoverá centros de
investigación teológicas, pastoral e histórica encaminados a profundizar
en las formas y tradiciones litúrgicas;

37
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

c) Formación del ministerio litúrgico seglar, tales como acólitos, lectores,
comentadores, etcétera, necesarios para la celebración solemne del rito
romano;
d) Conservar y cultivar con sumo esmero el tesoro de la música sacra, fo-
mentando diligentemente las Scholae cantorum. Especial importancia se
dará al canto gregoriano, que es el propio de la liturgia romana y al cual,
en igualdad de circunstancias, se le dará el primer lugar en las acciones
litúrgicas. Se cuidará también el cultivo de la polifonía y de la música
para órgano de tubos;
e) Fomentar el arte religioso en todas sus manifestaciones, en especial el arte
sagrado, fomentando la formación de comunidades de artistas cristianos;
f) Promover la investigación, difusión y conocimiento del patrimonio artístico
nacional. Para todos estos fines se procurará la creación de organismos
de enseñanza gratuita o pagada.
Finalmente, el 26 de junio de 2014 nuestra corporación fue constituida
como una persona jurídica sin fines de lucro bajo el nombre de Asociación
cultural de artes cristianas y litúrgicas “Magnificat”, quedando registrada con
el núm. 176.802 en el Registro nacional de personas jurídicas.
En el artículo 4° de los estatutos aprobados por la Municipalidad
de Santiago se contiene el propósito que nos anima y que coincide con el
objetivo fundacional:
La Asociación tendrá por finalidad y objetivo investigar, estudiar, promo-
ver, practicar y enseñar las artes cristianas, especialmente las vinculadas
con la liturgia católica de rito romano, en sus dimensiones ceremoniales,
musicales, literarias, pictóricas, artesanales y las demás que digan relación
con la dimensión cultual de la vida cristiana, así como también investi-
gar, estudiar, promover y enseñar los fundamentos históricos, teológicos,
filosóficos y estéticos que le sirven de base.
Para el cumplimiento de dichas finalidades, la Asociación podrá ejecutar
las siguientes tareas:
a) Cultivar, difundir y estudiar la liturgia católica de rito romano, particular-
mente aquella codificada en el Missale Romanum sancionado por el papa
Juan XXIII, en tanto que es una de las formas reconocidas por la Sede
Apostólica, tarea que se hace extensiva a los demás libros que atesoran
las formas litúrgicas y disciplinarias de la Tradición latina (Pontificale
Romanum, Rituale Romanum, Breviarium Romanum, etcétera).

38
Objetivos de la asociación Magnificat

b) Promover, investigar, conservar, recuperar, cultivar y divulgar todas las artes
que han acompañado desde siempre la realización de las ceremonias del
culto católico, tales como la música gregoriana, la polifonía y, en general,
la música sagrada para órgano, fomentando diligentemente la formación
y el sostenimiento de Scholae cantorum u otras instituciones similares.
c) Promover, investigar, recuperar, conservar y divulgar las artes y artesanías
vinculadas al adorno y decoro de los ornamentos y paramentos litúrgicos
y de los lugares y demás objetos destinados al culto, como cálices, sacras,
custodias y otros de esta naturaleza, cuidando de fomentar la formación
de comunidades de artistas y artesanos cristianos.
d) Salvaguardar y promover el uso de la lengua latina como patrimonio
cultural de la humanidad y, especialmente, de la liturgia de la Iglesia
católica, promoviendo para ello la celebración solemne de la Eucaristía
y la administración de los sacramentos en dicho idioma, con respeto a
las instrucciones que la autoridad competente pueda adoptar y con la
finalidad de mantener una forma que, por su antigüedad y dignidad,
merece preservarse y recibir un culto de valor universal.
e) Llevar a cabo tareas y proyectos de difusión y promoción de los ritos
sagrados y ceremonias litúrgicas, especialmente las que representen o
encarnen la Tradición católica, poniendo particular acento en aquellas que
son propias de la Misa de rito romano y en la formación de un ministerio
litúrgico seglar (acólitos, lectores, comentadores, etcétera) acorde con
su celebración solemne, así como asesorías relacionadas con sus fines.
f) Fomentar, financiar y llevar a cabo proyectos de investigación histórica,
teológica y estética relacionados con el culto y la liturgia católicos, privile-
giando los relativos a la liturgia vigente en 1962, aunque sin excluir períodos
posteriores, en la medida que sean demostración de su desarrollo orgánico.
g) Organizar, realizar, colaborar o participar en toda clase de ceremonias o
cualquier otro tipo de acto o actividad destinados a difundir las actividades
relacionadas con la liturgia católica de rito romano.
h) Realizar proyectos de investigación en las materias propias de sus finali-
dades y objetivos, presentarlos a concurso ante las instancias públicas o
privadas, civiles o religiosas, que corresponda, y divulgar sus resultados
a través de todas las vías de comunicación que estén a su disposición o
a las que pueda tener acceso.
i) Educar a los interesados y fomentar su participación consciente en los ritos
de la Iglesia católica, mediante la promoción, organización y realización

39
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

de cursos, reuniones o encuentros de cualquier tipo para el estudio y
práctica de las acciones propias de sus objetivos, con la periodicidad que
sea necesaria.
j) Realizar, estimular, auspiciar, promover y asesorar todo tipo de estudios,
proyectos y programas de carácter cultural, en colaboración con personas
naturales o jurídicas, sean nacionales o extranjeras, públicas o privadas, que
persigan fines idénticos o similares a los de esta Asociación, con especial
énfasis en la promoción de centros de investigación teológica, pastoral e
histórica encaminados a profundizar en las formas y tradiciones litúrgicas.
k) Coordinar la acción de instituciones, organizaciones, grupos de personas
y talleres que desarrollen o realicen tareas de formación de profesionales
de cualquiera de los ámbitos que son expresión de la cultura, en sus más
variados aspectos, en el ámbito local y nacional.
l) Publicar y distribuir libros y revistas, utilizar espacios radiales, televisivos,
electrónicos u otros similares para divulgar material relativo a la cultura,
las artes y las artesanías vinculadas con la liturgia católica.
m) Apoyar la promoción y desarrollo de actividades culturales, a través de
trabajos, estudios, intercambios, cursos de perfeccionamiento de profe-
sores, alumnos y de cualquier persona interesada en la cultura cristiana.
n) Reconocer, premiar y otorgar reconocimiento a la calidad u otras distin-
ciones a quienes contribuyan al progreso de la cultura y las artes dentro
de los campos de intereses antes enunciados, y a sus personalidades más
valiosas, así sean científicos, artesanos, artistas, investigadores, escrito-
res, comunicadores u otros profesionales o especialistas, y estudiantes
destacados.
o) Promover la investigación, difusión y conocimiento del patrimonio artístico
nacional, procurando la creación de organismos de enseñanza gratuita o
pagada.
p) Planificar un programa de acción cultural integrada, que permita obte-
ner los medios necesarios para la realización de los objetivos anteriores,
sea con elementos propios u obtenidos a través de convenios con otras
entidades o servicios públicos o privados.
q) Formar y preparar personas o grupos que cumplan, preserven y realicen
los objetivos de la Asociación.
r) En general, realizar sin ninguna restricción todas y cualquier clase de
actividades destinadas al cumplimiento y realización de sus objetivos.

40
Objetivos de la asociación Magnificat

La Asociación podrá realizar actividades económicas que se relacionen con
sus fines. Asimismo, podrá invertir sus recursos de la manera que decidan
sus órganos de administración. Las rentas que perciba de esas actividades
sólo deberán destinarse a los fines de la Asociación o a incrementar su
patrimonio.
La Asociación es continuadora de aquel grupo estable de fieles constituido
informalmente en el año 1966 para la conservación y fomento de la tra-
dición litúrgica de rito latino, y que ha continuado ininterrumpidamente
su labor hasta la fecha.

41
Álbum fotográfico de la Asociación
Misa y almuerzo de camaradería en homenaje al R.P. Osvaldo Lira SS.CC.
por sus 50 años de docencia (1973).

Canto del Gloria. De izq. a der.: Julio Retamal, R.P. Santa Misa.
Osvaldo Lira SS.CC., R.P. Rafael Gandolfo SS.CC.
y Rvdo. Guillermo Varas.

Julio Retamal recibe la Santa Comunión de manos del Julio Retamal pronuncia un discurso de felicitación
R.P. Osvaldo Lira. al R.P. Osvaldo Lira. A su lado, Mons. Ramón Munita
Eyzaguirre, el R.P. Osvaldo Lira
y Julio Philippi Izquierdo.

Vista general del almuerzo de camaradería.

43
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

Historia de la Asociación Magnificat (1966-2007).

Primer cantoral de Magnificat (1970). Reunión de los primeros miembros de la Asocación
(1971).

Monseñor Francisco Valdés Subercaseaux (1908-1982) Cardenal Carlos Oviedo Cavada (1927-1998)
Obispo de Osorno. Arzobispo de Santiago.

Preparación para la Santa Misa en la sacristía Mienbros de la Asociación a la salida de la Capilla de
de la Capilla de Lo Contador (2000). Lo Contador junto a nuestro actual capellán (2006).

44
Álbum fotográfico de la asociación

Santa Misa con ocasión de la entrada en vigencia del motu proprio
Summorum Pontificum. Capilla del Colegio de los Sagrados Corazones
de Alameda, 14 de septiembre de 2007,
Fiesta de la Exhaltación de la Santa Cruz.

Procesión de entrada. Vista hacia el altar.

El Cardenal Jorge Medina Estévez Comunión de los fieles.
predica la homilía.

Veneración de la reliquia
del Lignum Crucis al final
de la ceremonia.

45
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

Santa Misa pontifical celebrada por el Cardenal Jorge Medina Estévez
para el segundo aniversario de entrada en vigencia
del motu proprio Summorum Pontificum. Iglesia de la Casa Matriz
de las Hermanas de la Providencia, 14 de septiembre de 2009.

Vista general hacia el trono. Celebrante, clero y asistentes.

Elevación de la Santa Hostia. Bendición final.

Procesión de salida.

46
Álbum fotográfico de la asociación

Historia de la Asociación Magnificat (2007-2016).

Nuestro Presidente junto con nuestro capellán Celebración de la Santa Misa en la Iglesia
en la sacristía de la Iglesia de la Providencia (2009). de la Providencia (2009).

Procesión de la Virgen del Carmen (2007). Celebración de Navidad en la casa de nuestro
Presidente (2015).

Procesión de Domingo de Ramos (2016). Directiva y capellán para el 50º aniversario. De izq.
a der.: Jaime Alcalde Silva, Augusto Merino Medina,
Rvdo. Milan Tisma, Julio Retamal Favereau y Felipe
Zaldívar Kunstmann.

47
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

Primer Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile (2015).

Fotografía oficial de los asistentes. Vista general del oratorio de la casa de retiros durante
la celebración simultánea de la Santa Misa
en diferentes altares.

Conferencia del Cardenal Jorge Medina Estévez. Bendición eucarística final.

Homilía de la Misa de clausura del Congreso, Canto de la Salve.
pronunciada por el Rvdo. Carlos Bolelli
(Arquidiócesis de La Serena).

48
Álbum fotográfico de la asociación

Segundo Congreso Summorum Pontificum
y quincuagésimo aniversario de la Asociación (2016).

Vista general de asistentes al II Congreso Nuestro Presidente pronuncia el discurso inaugural.
Summorum Pontificum.

Canto de Vísperas durante el congreso. Procesión de entrada durante la Santa Misa solemne
de aniversario.

Vista del coro. Vista hacia el altar.

49
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

Preparación para el canto del Evangelio. Vista hacia el pueblo durante la homilía.
En primera fila, Julio Retamal Favereau.

Velación de la patena durante el Ofertorio. Celebrantes, presbiteros asistentes y monaguillos.

Nuestro Presidente y el R.P. Miguel Contardo S.J.,
primer capellán de nuestra Asociación.

Almuerzo de aniversario.

50
Álbum fotográfico de la asociación

Iglesias donde ha celebrado nuestra Asociación.

Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria (1966- Iglesia del Primer Monasterio de la Visitación
1969 y 2012 hasta la actualidad). (1970-1976 y 2011-2012).

Iglesia del Monasterio de la Verónica (1980-1984).

Capilla del Campus Lo Contador de la Pontificia
Universidad Católica de Chile (1984-2007).

51
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

Iglesia de los Santos Ángeles Custodios (1991-1992). Iglesia de Santa Ana (1996-1997).

Iglesia de la Casa Matriz de las Hermanas
de la Providencia (2007-2011).

Iglesia del Monasterio de las Agustinas de la Limpia
Concepción (2012).

52
Álbum fotográfico de la asociación

Capilla del Colegio de los Sagrados Corazones de Alameda (2007 y 2011).

Iglesia de San Juan de Dios de Buzeta
(2012).

53
Crónica del I Congreso
Summorum Pontificum
de Santiago de Chile

Felipe Zaldívar Kunstmann

E l primer congreso dedicado al motu proprio Summorum Pontificum
(2007) del papa Benedicto XVI, relativo a la aplicación de la liturgia romana
tradicional, celebrado en la ciudad de Santiago de Chile tuvo lugar entre los
días 20 y 23 de julio de 2015. El lugar elegido para esta ocasión fue la Casa de
retiros Nuestra Señora de la Dehesa, situada en la comuna de Lo Barnechea,
donde funcionó un monasterio trapense trasladado a Codegua en 1986.
El congreso fue organizado por iniciativa de los Rvdos. Milan Tisma
(Arquidiócesis de Santiago) y Lucio Cáceres (Prelatura de Illapel), y contó
con la invaluable colaboración de los Rvdos. Carlos Bolelli (Arquidiócesis
de La Serena) y Marcelo Guzmán (Diócesis de San Bernardo). Los cuatro
sacerdotes estuvieron a cargo la organización del encuentro trabajando en
diversas áreas. El congreso contó también con la colaboración de la Asociación
de artes cristianas y litúrgicas Magnificat, Capítulo chileno de la Federación
Internacional Una Voce, así como de generosos bienhechores.
Participaron congresistas de Chile, Argentina, Perú, Bolivia y Francia,
lo cual le imprimió al congreso un fuerte carácter internacional. En total
el público estuvo compuesto de dieciocho sacerdotes y siete seglares.
Algunos congresistas tuvieron régimen interno y otros participaron en las
conferencias o talleres como asistentes externos. Particularmente desta-
cable fue la visita de Guillaume Ferluc, colaborador de Paix Liturgique, el
cual viajó especialmente desde Roma, donde reside, para participar en el
encuentro y quien tuvo acertadas e interesantes intervenciones durante
todo el congreso.

55
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

El congreso comenzó con la comida del día lunes 20 y el rezo del
oficio de Completas. Desde este primer momento se hizo evidente que estas
primeras jornadas chilenas relativas al motu proprio que permitió celebrar
con entera libertad la liturgia de siempre, que estarían marcadas por la
Santa Misa y las conferencias matutinas, el canto de Nona, de Vísperas y
de Completas, los talleres prácticos y las comidas, se asemejaban más a un
retiro que a un congreso académico, según comentó posteriormente en su
crónica el mentado Guillaume Ferluc.
El martes 21, las actividades se iniciaron con la celebración de dos
turnos de Misas rezadas según la forma extraordinaria del rito romano, a las
7.00 y 7.30 horas, en los diversos altares laterales que fueron dispuestos en el
oratorio principal de la casa. También se preparó un lugar idóneo que sirviera
como oratorio reservado a la celebración de la forma ordinaria, en lengua
latina y versus ad Deum, para aquellos sacerdotes que aún no sabían celebrar
en la forma extraordinaria, pues una de las finalidades más importantes del
congreso era precisamente dar a conocer los tesoros de la liturgia tradicional
a sacerdotes que no estuvieran todavía familiarizados con ella, ofreciéndoles
talleres de celebración según el misal romano de 1962.
La conferencia inaugural fue pronunciada por el Cardenal Jorge
Medina Estévez, Prefecto emérito de la Congregación del Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos (cargo que ocupó entre 1998 y 2002), quien
centró su intervención en el sentido sacrificial de la Santa Misa. Explicó los
elementos del sacrificio ritual, hizo un completo recorrido por los diversos
sacrificios del Antiguo Testamento, refirió el sentido que adquiere el sacrificio
en el Nuevo Testamento, trató la relación entre sacerdocio y sacrificio, y
realizó una recapitulación final.
La segunda conferencia estuvo a cargo del Profesor Augusto Merino
Medina, Vicepresidente de la Asociación Magnificat, quien abordó el siempre
complicado tema de la reforma litúrgica. Fue una exposición muy amena y
clara. El profesor Merino se refirió a los motivos detrás de la reforma litúrgica,
los cambios proyectados y autorizados por los padres conciliares, los criterios
y normas para la realización de dichas reformas, las cuales excedieron lo
querido por los padres conciliares, y el papel del Consilium, entre otros temas.
Concluyó con reflexiones muy lúcidas sobre la situación litúrgica actual y
delineando orientaciones para el futuro inmediato, recordando que la liturgia
es nada menos que el terruño de los católicos, su heimat según la expresión

56
Crónica del I Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile

de Klaus Gamber (1919-1989), el liturgista alemán que tanto ha marcado
el pensamiento de Benedicto XVI sobre esta materia.
En la tarde, después del canto de Nona, se desarrollaron dos talleres
de entrenamiento litúrgico para aprender a celebrar la Misa rezada según la
forma extraordinaria. Hubo dos grupos, uno a cargo del Rvdo. Carlos Bolelli
y otro dirigido por el Rvdo. Milan Tisma. También se desarrolló un taller
litúrgico orientado a los seglares, el que trató tanto del servicio del sacristán
y de los monaguillos como de la actitud de los fieles durante la Santa Misa.
Este taller estuvo confiado al Profesor David Cortés, con la colaboración
del entonces diácono Adolfo Hormazábal, del Instituto del Buen Pastor. Al
año siguiente, este último fue ordenado en Burdeos por monseñor François
Bacqué, ex nuncio apostólico ante los Países Bajos, convirtiéndose en el
primer sacerdote chileno perteneciente a dicho instituto tradicional.
Luego se celebraron las Vísperas solemnes con canto y acompañamiento
de órgano, seguidas de la cena, tertulia y canto de Completas.
El miércoles 22, las conferencias del día estuvieron precedidas de
dos turnos de Misas matutinas en la forma extraordinaria, así como de la
celebración en la forma ordinaria, siguiendo el deseo del papa Benedicto
XVI de que ambas formas se complementen y enriquezcan mutuamente.
La primera conferencia estuvo a cargo del Profesor Dr. Mario Correa
Bascuñán, miembro de nuestra Asociación desde 1967, quien abordó la situa-
ción jurídica de la forma extraordinaria a la luz del motu proprio Summorum
Pontificum. Su intervención fue atentamente seguida por los participantes
y surgieron diversas e interesantes preguntas que fueron competentemente
respondidas.
La segunda conferencia del día fue dictada por el Profesor Dr. Luis
González Catalán, organista de la Asociación Magnificat. Tras hacer una
introducción sobre la naturaleza, fines y cualidades de la música destinada al
culto divino, dio sugerencias prácticas para la ejecución musical en el contexto
de la forma extraordinaria. Después del canto de Nona, su conferencia fue
puesta en práctica a través de un taller de entrenamiento litúrgico-musical
en plenario a su cargo.
Hacia el final de la tarde, todos los congresistas se trasladaron a la
Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, donde el Rvdo. Lucio Cáceres cantó
la Santa Misa acompañado de un buen número de fieles. El acompañamiento

57
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

musical estuvo a cargo del organista titular de la Asociación Magnificat,
Dr. Luis González Catalán, y del coro Viri Cantores bajo la dirección de D.
Alfredo Díaz. Participó el cuerpo de monaguillos de nuestra Asociación
bajo la guía de D. Sebastián Guijarro como maestro de ceremonias. Predicó
el Rvdo. Carlos Bolelli y dirigió el canto de los fieles el Rvdo. Milan Tisma.
Fue una hermosa celebración que permitió a muchos fieles asociarse a las
actividades del Congreso. Posteriormente, el Presidente de la Asociación
Magnificat ofreció un cóctel en su hogar para todos los congresistas, el que
fue un agradable momento de camaradería y permitió a los participantes
intercambiar impresiones personales sobre el congreso.
La tercera jornada comenzó con la conferencia del Rvdo. Milan Tisma,
capellán de la Asociación Magnificat. En ella ofreció un testimonio de su
experiencia como párroco que celebra desde hace años en ambas formas del
rito romano. Llamó a recuperar el sentido de lo sagrado, a poner a disposición
de los fieles el tesoro de la liturgia tradicional y a contribuir, por medio de
una eficaz acción pastoral, a la reconciliación y a la paz litúrgica dentro de la
Iglesia. Finalmente dio algunas directrices de orden práctico para introducir
la celebración de la forma extraordinaria en una comunidad, atendiendo a
los criterios de gradualidad y de incremento. Sus reflexiones sirvieron de base
después para una entrevista que Paix Liturgique hizo al Rvdo. Claude Barthe.
La conferencia de clausura fue pronunciada por el Profesor Dr. Julio
Retamal Favereau, presidente y fundador de la Asociación Litúrgica Magnificat,
y trató sobre la historia del rito romano. Después de recorrer los diversos
períodos de formación de la liturgia explicó los orígenes apostólicos y patrís-
ticos de la Misa romana tradicional. Concluyó su exposición invitando a los
presentes a perseverar en el empeño de recuperar el sentido de sacralidad
de la liturgia y a mantener las antiquísimas instituciones litúrgicas y rituales
que hemos heredado de nuestros antepasados en la continua y homogénea
evolución de nuestro rito. Se mostró especialmente complacido por la ini-
ciativa del congreso y esperanzado por el futuro de la forma extraordinaria
dentro de la Iglesia latina.
Después del almuerzo final se realizó el sorteo entre los participantes
del encuentro de un misal bilingüe para los fieles y un misal de altar. Para
concluir el congreso, se dio la bendición eucarística y se cantó el Te Deum.
Especial agradecimiento merecen los esfuerzos de la secretaría del
congreso a cargo de D. Francisco Ocaranza, el competente oficio de organista

58
Crónica del I Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile

de D. Matías Morales y la invaluable ayuda en labores de servicio y acolitado
de D. Benjamín Cortés y D. David Cortés.
El balance general es que se trató de un programa de conferencias
denso pero clásico, donde estuvieron recogidos los temas que habitualmente
se abordan en los seminarios y congresos sobre la materia que se celebran en
Estados Unidos y Europa. La gracia es que por primera tuvimos esta oportu-
nidad en Chile y otros países de la región, donde ninguno de los asistentes
tiene posibilidades de participar de la forma extraordinaria del rito romano
de manera frecuente.

59
Crónica del II Congreso
Summorum Pontificum
de Santiago de Chile

Jaime Alcalde Silva

L a primera jornada del II Congreso Summorum Pontificum realizado
en la ciudad de Santiago de Chile tuvo lugar el jueves 4 de agosto de 2016
y comenzó con una Misa rezada a las 16.00 horas en la Iglesia de Nuestra
Señora de la Victoria. Así, junto al altar, nuestra Asociación ofreció al
Señor las actividades que ha organizado con esmero por su quincuagésimo
aniversario. Cerca de una veintena de asistentes, entre ellos nuestros dos
invitados internacionales, asistieron a la Santa Misa de la memoria de Santo
Domingo de Guzmán, fundador de la benemérita Orden de Predicadores,
oficiada por el Rvdo. José Lucio Cáceres (Prelatura de Illapel) y asistido por
D. Juan Pablo Donoso, seminarista del Instituto del Buen Pastor y ex maestro
de ceremonias de Magnificat.
A las 17.00 horas se dio comienzo al congreso en dependencias anexas
a la iglesia, cuyo uso fue posible gracias a la generosidad de la Universidad San
Sebastián. El Presidente de nuestra Asociación, Dr. Julio Retamal Favereau,
dirigió a los asistentes unas palabras de bienvenida, recapitulando el duro
trabajo que ha significado en estos cincuenta años el mantener la celebración
de la Santa Misa tradicional en la ciudad de Santiago de Chile, en especial
durante el período inmediato que siguió a la reforma litúrgica. De ello ha dado
cuenta también en su reseña histórica que precede esta crónica. Acabado
su discurso inaugural, dio lectura a la carta enviada por el Presidente de la
Federación Internacional Una Voce, D. Felipe Alanís Suárez, quien felicitó
al capítulo chileno por su larga trayectoria, la que coincide con la vida de la
propia federación. Ella se reproduce a continuación en facsímil.

61
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

Enseguida se dio la palabra al Rvdo. Andrés Chamorro (Diócesis de
San Bernardo), quien abordó el tema de los fines de la Misa. En una intere-
sante y documentada conferencia, el ponente presentó la doctrina católica
sobre la Santa Misa, con énfasis en su carácter sacrificial y en los fines hacia
los que ella se ordena (latréutico, eucarístico, impetratorio y propiciatorio o
satisfactorio). Después de su presentación, el público hizo algunas preguntas
relacionadas con los requisitos de validez de la Santa Misa y otros aspectos
atingentes a la celebración de la forma extraordinaria.
Más tarde correspondió el turno al autor de esta crónica, Secretario de
la Asociación, quien se ocupó de algunas cuestiones jurídicas relacionadas
con la así llamada “forma extraordinaria del rito romano”. Su exposición
comenzó con una breve historia de los textos que modificaron los libros
litúrgicos de 1962, la que permite comprender por qué el motu proprio
Summorum Pontificum hace referencia a ellos y no a aquellos en vigor antes
de que comenzasen a regir los libros reformados. La segunda parte estuvo
dedicada a diferenciar el derecho litúrgico del derecho canónico en general,
con mención a su concepto, fuentes y contenido. Finalmente, la conferencia
abordó algunos problemas prácticos que supone la aplicación de la forma
extraordinaria.
Después de un café, donde los cerca de cuarenta participantes pudieron
intercambiar opiniones y conocerse, correspondió el turno a nuestro primer
invitado internacional, D. Christopher Ferrara. Su ponencia abordó el ecu-
menismo y el diálogo como “virus” del Cuerpo de Cristo, vale decir, como
elementos extraños a la doctrina tradicional de la Iglesia que han ingresado
para cambiar su propia conformación y misión. Al final hubo también una
enriquecedora discusión con los asistentes.
La primera jornada acabó con una bendición con el Santísimo
Sacramento en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, la que estuvo a
cargo del Rvdo. Marcelo Guzmán Jacob (Diócesis de San Bernardo).
La segunda jornada del II Congreso Summorum Pontificum comenzó
el viernes 5 de agosto por la mañana con el programa de formación para
sacerdotes, el que consistió en un taller de entrenamiento litúrgico sobre
la forma tradicional del rito romano. Los sacerdotes asistentes, venidos de
varios puntos del país, pudieron disfrutar de un café donde compartieron
sus experiencias en torno a la Misa tradicional.

62
Crónica del II Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile

El programa general continuó luego con una Misa rezada a las 16.00
horas en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, la que fue celebrada
nuevamente por el Rvdo. José Lucio Cáceres.
A la hora prevista, se dio inicio a las conferencias con una asistencia
incluso mayor que la vista durante la jornada precedente. La primera de
ellas correspondió a nuestro Presidente, el Dr. Julio Retamal Favereau, quien
hizo un relato de los cincuenta años de existencia de la Asociación Litúrgica
Magnificat, cuya primera Misa fue celebrada en la Iglesia de Nuestra Señora
de la Victoria, entonces dependiente de un convento de clarisas anejo, el
domingo 7 de agosto de 1966 por el P. Miguel Contardo S.J. Con algunos
entusiastas en el coro (entre ellos el compositor Alfonso Letelier Llona y su
familia) y la asistencia de poco más de una decena de personas en la nave,
se cantó por primera vez la Misa según los libros litúrgicos aprobados por
San Juan XXIII cuatro años antes cuando ya la Misa era dicha en vernáculo
en todas las iglesias del país. La trayectoria de la Asociación no ha sido fácil
desde entonces debido a los cambios de iglesias (con celebraciones incluso
en salones de conferencias y hoteles) y de sacerdotes, sin contar con los
robos, incendios e incomprensiones. Nuestro Presidente, testigo privilegiado
del nacimiento de la Federación Internacional Una Voce en Europa y de la
defensa de la Misa tradicional en Chile, contó los detalles y anécdotas que
han rodeado este medio siglo, suscitando incluso risas de los asistentes.
Agradeció asimismo a las personas que en todos estos años han hecho posible
que Santiago nunca haya dejado de contar con una celebración periódica de
la Misa de siempre, lo que pocas ciudades del mundo pueden ostentar como
mérito. Hubo finalmente una mención para la nota de prensa aparecida el
día anterior en El Mercurio de Santiago, el principal periódico chileno, que
permite hacer conocido el particular apostolado de nuestra Asociación para
mucha gente que lo ignora.
Correspondió dictar la segunda conferencia al vicepresidente de nues-
tro Asociación, D. Augusto Merino Medina. El propósito de la conferencia,
en línea con lo expuesto en la primera jornada por Christopher Ferrara, fue
que la conexión entre la fe y la oración ha sufrido cambios que han acabado
alterando el sentido profundo del misterio cristiano. Para demostrarlo hizo
un recuento de un sinnúmero de expresiones, declaraciones y cambios ocu-
rridos desde el Concilio Vaticano II, todos los cuales han significado que la
nueva doctrina expresada en ellos ha ido alejando la liturgia de la Tradición
y modificado, junto con la lex orandi, la lex credendi de la Iglesia. Al finalizar

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QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

ofreció algunos ejemplos de música religiosa actual que poco o nada se
condicen con los criterios dados en su día por San Pío X, demostrando que
la música es un factor de gran importancia en la sutil transformación de la
liturgia y en su alejamiento de la ortodoxia, de suerte que cualquier esfuerzo
de restauración litúrgica no puede prescindir de ella.
Después de una pausa para el café, que dio pie a un interesante diálogo
entre los asistentes provenientes de distintas partes del país, fue el turno de
nuestro segundo invitado internacional, el Prof. Dr. Miguel Ayuso Torres,
catedrático de derecho político de la Universidad Pontificia de Comillas.
Su objetivo era dar algunos jalones para comprender de manera integral la
Tradición que no puede ni debe quedar restringida a aspectos puramente
estéticos o morales, como se observa en ciertos grupos que promueven la
liturgia tradicional o aquellos que se designan a sí mismos como “pro-vida”.
La Tradición sólo se puede entender en su real dimensión a partir de una
premisa: la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona. Esa
tensión entre el ámbito sobrenatural y natural es la constante de la historia.
Así lo demuestra, por ejemplo, la crisis del derecho natural, que ha omitido
el concepto de bien común, o de la cristiandad, dado el olvido del hecho
de que la fe no puede desligarse de las masas. La Tradición se entiende, en-
tonces, en la medida que se asume que todo parte de una novedad radical:
la Revelación que Dios hace por medio de su Hijo, de la cual se sigue un
orden del mundo y la sociedad.
La tarde concluyó con el canto de Vísperas solemnes de la dedicación de
Santa María de las Nieves seguidas de adoración con el Santísimo Sacramento,
las que estuvieron a cargo del Rvdo. Adolfo Hormazábal, sacerdote chileno
ordenado el 25 de julio de 2016 e incardinado en el Instituto del Buen Pastor.
El sábado 6 de agosto fue el tercer y último día del congreso. La jornada
comenzó a las 10.00 horas con un coloquio entre el Rvdo. Pedro Félix Salas
Fernández (diócesis de San Bernardo), el Prof. Dr. Miguel Ayuso Torres y
quien suscribe, Secretario de nuestra Asociación. Cada uno de los contertulios
hizo una pequeña introducción sobre su experiencia con la Misa tradicional
y la importancia que ella tiene para la restauración católica. A continuación
se dio la palabra a los asistentes, quienes pudieron efectuar preguntas o for-
mular comentarios dando origen así a una interesante conversación que se
prolongó por casi dos horas. Entre las ideas que se fueron desarrolladas estuvo
una varias veces repetidas durante los tres días de congreso: una auténtica

64
Crónica del II Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile

vida católica dependen ciertamente de una celebración de la Santa Misa
que ponga en evidencia el sacrificio redentor que allí se cumple y la presen-
cia real, verdadera y sustancial de Cristo en las especies eucarísticas, pero
también de muchas otras cosas que no puede olvidarse, como la oración, el
estudio de la doctrina tradicional de la Iglesia, los sacramentales, la lectura
de la Sagrada Escritura y libros de espiritualidad, etcétera.
A mediodía fue cantada la Santa Misa solemne de la Fiesta de la
Transfiguración del Señor con ocasión del quincuagésimo aniversario de
nuestra Asociación. Ofició como preste el Rvdo. Milan Tisma Díaz (Párroco
de San Juan de Dios), quien ha cumplido cabalmente el encargo de capellán
de la Asociación durante dos décadas, siendo asistido por el Rvdo. José Lucio
Cáceres (Prelatura de Illapel) y el Rvdo. Marcelo Guzmán Jacob (Diócesis de
San Bernardo), como diácono y subdiácono respectivamente. Sirvió como
maestro de ceremonias D. Juan Pablo Donoso Martín, ya mencionado, y de
maestro de capilla el reconocido organista Dr. Luis González Catalán. Cuatro
sacerdotes, todos ellos participantes del congreso y venidos de la arquidió-
cesis de Concepción y la diócesis de San Bernardo, asistieron al coro. Como
señaló nuestro capellán en la homilía, la mayor ofrenda que la Asociación
puede ofrecer al Señor es el trabajo ininterrumpido durante cincuenta años
por preservar la Santa Misa tradicional en la ciudad de Santiago de Chile.
Cerca de trescientas personas siguieron atentas la ceremonia.
Al finalizar la Misa se ofreció un vino de honor para los asistentes en
dependencias anejas a la iglesia. Fue otra instancia para que los asistentes,
muchos de los cuales asistían por primera vez a una Misa tradicional, pu-
dieran conversar y conocer el trabajo que hace la Asociación para difundir
la Fe católica y favorecer la restauración litúrgica en Santiago de Chile y,
por extensión y en la medida de sus posibilidades, en todo el resto del país.
De esta manera, concluyó el II Congreso Summorum Pontificum de
Santiago de Chile. Sin embargo, los festejos de nuestra Asociación conti-
nuaron al día siguiente, domingo 7 de agosto, con la Santa Misa dominical,
el canto del Te Deum y un almuerzo de camaradería.
La jornada de este día comenzó con la Santa Misa cantada que cada
domingo se celebra en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria. En esta
ocasión, la Misa se inició con el rito de aspersión. Celebrada por nuestro
capellán, el Rvdo. Milan Tisma Díaz (párroco de San Juan de Dios de
Cerillos), contó con el servicio de nuestro Presidente como turiferario.

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QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

Al coro estuvieron presentes el P. Miguel Contardo S.J. y el Rvdo. Adolfo
Hormazábal. Ofició como maestro de ceremonias D. Juan Pablo Donoso.
Como con frecuencia ocurría, en el confesionario estuvo el Rvdo. Mario
Cofré (diócesis de Villarrica). La homilía abordó las lecturas de la XII
Domínica después de Pentecostés. Hacia el final, empero, D. Milan Tisma
dedicó algunas palabras al aniversario de la Asociación, justo el día donde
50 años atrás se celebró la primera Misa tradicional organizada por el grupo
que en 1969 pasó a conformar orgánicamente Magnificat, el cual desde 2014
se halla constituido como una corporación cultural de derecho privado.
En el mismo templo que hoy nos acoge, por entonces perteneciente a un
convento de clarisas, el P. Miguel Contardo S.J. cantó la Santa Misa según
el misal aprobado por San Juan XXIII. El sermón hizo especial mención de
la labor desplegada por el Prof. Dr. Julio Retamal Favereau, organizador del
grupo que fue el germen de dicha Asociación y desde 1994 su presidente,
quien será siempre recordado por su labor incansable y comprometida para
mantener la Misa tradicional en Santiago, especialmente en los tiempos más
duros. Al final, se cantó el Te Deum en acción de gracias por este medio siglo
de existencia y de servicio a la Iglesia.
Acabada la Misa, los fieles se trasladaron al Hotel Cumbres de la cer-
cana calle Lastarria, donde se había organizado un almuerzo de camaradería
para compartir y celebrar con más intimidad el aniversario de la Asociación.
Tras un brindis inicial y la bendición del P. Miguel Contardo S.J., fue servido
el almuerzo en un salón especialmente reservado para los 60 comensales que
asistieron. A los postres fue el turno de las palabras de agradecimiento. El
primero en intervenir fue nuestro Presidente, quien recordó los fines de la
Misa y cómo ellos han sido olvidados, permaneciendo sólo el eucarístico. Hizo
un recuerdo de todos aquellos que en los primeros tiempos acompañaron y
sostuvieron la Asociación y que hoy, por distintos motivos, ya no participan.
Enseguida correspondió el turno al autor de esta crónica, quien se sirvió de dos
frases de El Quijote para expresar el agradecimiento por la labor desarrollada
por Julio Retamal en estos cincuenta años y el inesperado despertar que,
desde el motu proprio Summorum Pontificum, ha tenido la Misa tradicional
en el mundo y, aunque en menor escala, también en Chile. Hizo entrega
a nombre de la Asociación de dos recuerdos, uno para nuestro Presidente
y otro para el capellán. Agradeció igualmente al P. Miguel Contardo S.J.,
quien tuvo la valentía de celebrar la primera Misa cuando la iconoclastia
litúrgica comenzaba a manifestarse, y al Rvdo. Mario Cofré, que casi todas las

66
Crónica del II Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile

semanas colaboraba por entonces con la Misa dominical oyendo confesiones.
A nombre de los invitados al congreso tomó la palabra el Prof. Dr. Miguel
Ayuso Torres, quien insistió en el homenaje que por justicia merece Julio
Retamal. Se sucedieron finalmente breves intervenciones de Mario Correa
Bascuñán, Miguel Zauschkevich Domeyko y Jorge Mery García, agradeciendo
Julio Retamal a todos ellos en nombre de la Asociación.
La crónica que aquí concluye muestra que fueron cuatro días intensos
de actividades, donde se mezclaron la cultura y la liturgia, siempre en un grato
ambiente que favorecía la conversación. Como Asociación sólo podemos
agradecer a Dios por estos cincuenta años y por permitirnos seguir sirviendo
a la Iglesia de Santiago desde nuestro particular carisma de promoción de la
Misa tradicional, y también a todos aquellos, sacerdotes y laicos, que desde
distintos puntos del país llegaron a compartir los festejos por estos cincuenta
años de existencia.

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Carta de felicitación
de la Federación Internacional
Una Voce

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QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

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Homilías del aniversario

Rvdo. Milan Tisma Díaz

Sábado 6 de agosto de 2016,
Fiesta de la Transfiguración del Señor

“Cuando Cristo se manifieste seremos semejantes a Él,
porque lo veremos según es”
(1 Jn. 3, 2)

Hermanos sacerdotes, querido don Julio, directivos, fieles y amigos de nues-
tra Asociación, estimados invitados especiales, participantes del Congreso
Summorum Pontificum 2016, fieles todos en Cristo.
Nuestro Señor Jesucristo anunció claramente a sus apóstoles el camino
de padecimientos y muerte que habría de recorrer para reconciliar al género
humano con su Padre celestial y, al hacerlo, los exhortaba a que le siguieran
por caminos de cruz y sacrificio. Para confortar sus corazones y arrancar de
ellos el escándalo de la cruz, aún más, para mostrar que también en ellos y
en la totalidad de la Iglesia se manifestaría un día la luz de la gloria, Nuestro
Señor reveló el esplendor de su divinidad en la cumbre del Tabor, revistiendo
su cuerpo de un extraordinario resplandor. Lumen de lumine!, como cantamos
en el Credo.
Santo Tomás de Aquino enseña que para que una persona camine
rectamente por una vía es preciso que conozca antes, de algún modo, el fin
al que se dirige: “como el arquero no lanza con acierto la saeta si no mira
primero al blanco al que la envía. Y esto es necesario sobre todo cuando la
vía es áspera y difícil y el camino laborioso […] Y por esto fue conveniente
que manifestase a sus discípulos la gloria de su claridad, que es lo mismo
que transfigurarse, pues en esta claridad transfigurará a los suyos” (Suma
Teológica, 3, q. 45, a.1, c.).

71
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

Nuestra vida es un camino al Cielo. En el decir de San Alberto Hurtado,
es un disparo a la eternidad. Pero es una vía que pasa a través de la cruz y
del sacrificio. Para que no nos desalentemos y para que mantengamos viva
la llama de la esperanza sobrenatural, el Señor, ante testigos escogidos, nos
enseña de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la
Resurrección, que la cruz es el camino obligado para entrar en la Gloria y
que por la cruz vamos a la Luz: per crucem ad lucem!
En esta visión gloriosa y radiante los apóstoles experimentaron un
gozo incontenible que dejó una honda huella en sus corazones. El recuerdo
de aquellos momentos junto al Señor, en la gloria del Tabor, fue sin duda de
gran ayuda en las horas de dolor y contradicción. Esa alegría desbordante
provenía de la clara percepción del misterio de la luz y de la gloria divina, del
conocimiento del Dios vivo y verdadero y de la visión del camino seguro de
la salvación. Alegría análoga a la que percibe el creyente bien dispuesto en
contacto con la liturgia tradicional de la Iglesia, gozo indescriptible, sacro
estupor, admirada contemplación que en piadoso éxtasis hace exclamar al
alma: “Señor, qué bien estamos aquí” (Mt. 17, 4a).
Lo que ocurrió aquel día en la cumbre del Tabor se realiza cada vez que
se celebra el santo sacrificio: nosotros, pobres mortales, vemos únicamente
en el altar los simples accidentes, mas con los ojos de la fe vemos a Cristo
transfigurado, al Rey de la Gloria y sus misterios tremendos y fascinantes.
Porque la sagrada liturgia no es un mero objeto, es más bien un sujeto, es el
propio Cristo santificando a sus fieles y actualizando su acción redentora.
Por esa acción santa y eficaz nosotros quedamos incluidos en el estado de
transfiguración de Cristo. La santa Eucaristía es el sacramento de la trans-
figuración, es la semilla de nuestra transfiguración. Por eso la síntesis de la
obra de nuestra Asociación, el mejor resumen de lo que ella es y hace, el
compendio más acabado de estos cincuenta años de servicio a las almas
que hoy ponemos a los pies del altar como holocausto de suave y agradable
aroma en la presencia del Señor, es ésta: contribuimos a la obra que quiere
realizar Cristo a través de la liturgia de la Iglesia católica. Así pues, junto
a la glorificación de Dios tres veces santo procuramos la santificación de
los fieles, su incorporación a Cristo, su transfiguración espiritual en Cristo.
Desde este rincón de la Iglesia trabajamos con ahínco y confianza
segura para que los fieles, al participar de la liturgia terrestre, rodeados de
la luz de la gloria, exultantes de gozo sobrenatural escuchen sin vacilación

72
Homilías del aniversario

alguna la voz potente del Padre: “Este es mi Hijo muy amado. Escuchad al
que ha anunciado los misterios de la ley y ha cantado la voz de los profetas.
Escuchadle que ha redimido al mundo con su sangre, ha atado al diablo y
le ha arrancado sus armas, ha roto la cédula de la condena y el pacto de la
prevaricación. Escuchadle, que abre el camino del Cielo y por el suplicio de la
cruz os prepara la escala para subir al Reino” (San León Magno, sermón 51).
Queridos amigos, subamos al monte sagrado, entremos en la nube
luminosa de la gloria, dejémonos transfigurar por Cristo y que, continua-
mente iluminados por la lex credendi y la lex orandi, seamos conducidos a la
lux operandi et vivendi.

XII Domínica después de Pentecostés, 7 de agosto de 2016,
“El buen samaritano”

“Ve, y procede tú de la misma manera”
(Lc 10, 37)

El Señor enseña que el camino para alcanzar la vida eterna consiste en el
fiel cumplimiento de la ley de su Padre Dios. Los diez mandamientos, que
entregó Dios a Moisés en el monte Sinaí, son la expresión concreta y clara
de la ley natural. Pertenece a la doctrina cristiana la existencia de la ley
natural, que es la participación de la ley eterna en la criatura racional y que
ha sido impresa en la conciencia de cada ser humano creado por Dios. Es
evidente, por tanto, que la ley natural, expresada en los diez mandamientos,
no puede cambiar ni pasa de moda, ya que no depende de la voluntad del
hombre ni de las circunstancias cambiantes de los tiempos.
Nuestro Señor alaba y acepta el resumen de la ley que hace el escriba
judío: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Se
ve que hay una jerarquía y un orden en estos dos mandamientos que cons-
tituyen un doble precepto de la caridad: ante todo y sobre todo amar a Dios
por sí mismo, por ser Él quien es; en segundo lugar, y como consecuencia de
lo anterior, por causa de Dios, amar al prójimo porque ésta es la voluntad
explícita de Dios.
Este pasaje del Evangelio encierra también otra enseñanza fundamental:
la ley de Dios no es algo negativo, un simple “no hacer”, sino algo positivo:

73
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO 1966-2016

es la clara manifestación de la voluntad divina, es el camino de la salvación,
es nuestra guía maestra. Como dice la Escritura: “la ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante,
los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón” (Salmo 18).
San Agustín, siguiendo a otros Padres de la Iglesia, identifica al Señor
con el buen samaritano y al hombre asaltado por los ladrones y al mal herido
con Adán, origen y figura de toda la humanidad caída. Movido por su gran
compasión y misericordia, Nuestro Señor baja a la tierra a curar las llagas del
hombre haciéndolas suyas propias. Viene a sanar nuestras heridas y a curar
los corazones desgarrados con el aceite de la misericordia y con el vino de
su sangre redentora, y luego viene a alojarnos en la hospedería de su Iglesia,
fundada por Él en la Tierra y que recibe en su seno a los pecadores y ofrece
el alivio a sus almas con dones espirituales.
Hace justo cincuenta años, más precisamente el 24 de julio de 1966, el
Cardenal Ottaviani enviaba a todos los Obispos del mundo una carta circular
sobre algunas opiniones erróneas en la interpretación del recién concluido
Concilio Vaticano II. Esos errores, concernientes a la Divina Revelación, a
las fórmulas dogmáticas, a la mismísima persona adorable de Nuestro Señor
Jesucristo, a la liturgia de los sacramentos y a otros puntos centrales del edificio
de la fe católica, eran recogidos y presentados sumariamente en aquella carta
para que los señores obispos cuidaran de frenarlos y prevenirlos. Sólo siete
años después, en una conocida homilía, el beato Pablo VI se quejaba amar-
gamente de la “ola de profanidad, desacralización, secularización, que sube,
que oprime y que quiere confundir y desbordar […] Se diría que a través de
una grieta ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios. Hay dudas,
incertidumbres, problemática, inquietud, insatisfacción, confrontación”. Un
panorama doctrinal y litúrgico verdaderamente desolador, que no ha hecho
más que profundizarse en las últimas décadas.
Hace también cincuenta años, un domingo como hoy, 7 de agosto,
en esta misma iglesia capitalina de Nuestra Señora de la Victoria, entraban
el R.P. Miguel Contardo S.J., quien esta mañana nos acompaña el coro,
y nuestro querido y respetado presidente, el Dr. Julio Retamal Favereau,
para iniciar, con la asistencia del Buen Dios, una aventura que llega hasta
nuestros días. Su propósito era claro y firme: mantener la celebración de la
Santa Misa romana en su forma tradicional, y con ella, conservar y transmitir
todo el patrimonio de la tradición católica unido a ella para beneficio de las

74
Homilías del aniversario

generaciones futuras. En medio de la desolación eclesial había que proteger
ese fuego sagrado para que no se extinguiera. Para que no fuera robado por
maleantes, como narra el Evangelio de este domingo.
Diríase que al ver al mundo y a la propia Iglesia caídos en manos de
ladrones, despojados y medio muertos, heridos terriblemente por los males de
una propia y verdadera revolución, el Buen Dios, suscitó corazones valientes
y generosos, aquí y allá, para que sirvieran de samaritanos, llevando cura y
alivio a muchas almas atribuladas. La medicina utilizada principalmente ha
sido la Misa tradicional, caudal inagotable de gracia y santidad.
Han sido cincuenta años arduos, llenos de incomprensiones, palpando
la precariedad de los medios humanos, gustando la hiel del rechazo, viendo
tristemente, en muchas ocasiones, en el rostro de la Iglesia, más las facciones
de una madrastra severa y lejana, que la de una madre a la que amamos y
necesitamos. Pero aquí estamos y somos lo que somos, por la gracia de Dios,
con nuestros errores y carencias.
Damos gracias al Señor por estos cincuenta años de apostolado prác-
ticamente ininterrumpido, por la constancia y firmeza de don Julio, por la
generosidad de nuestros bienhechores, por la continua presencia de los fieles.
Damos gracias aún por los momentos tristes y amargos. Todo ha ocurrido para
nuestro bien, porque el camino de la santidad es siempre arduo. Pedimos al
Señor que perdone nuestros yerros y supla nuestras deficiencias. Todo esto lo
ponemos hoy espiritualmente sobre la patena del ofertorio como una hostia
viva y santa en la presencia de Dios.
Gracias, don Julio, por esta obra que encuentra en usted buena parte
de su inspiración y apoyo humano y material. Como usted mismo señalara
en ocasión no muy lejana, ni su obra como docente e historiador, ni su ca-
rrera diplomática o artística, nada es tan importante en su vida como este
legado que nos transmite: el apostolado de la Santa Misa tradicional, el que
ha perdurado ya por medio siglo.
Es misión de las nuevas generaciones recoger este fuego sagrado
y cuidarlo para que crezca y se desarrolle e ilumine a nuestros prójimos.
Afirmemos nuestra fe católica cantando el Credo y culminemos nuestra
acción de gracias entonando el Te Deum.

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Directiva original
y del quincuagésimo aniversario

En 1969, el grupo que sostenía la celebración de la Santa Misa tradicional en
Santiago de Chile conformó informalmente la Asociación litúrgica Magnificat.
Su directiva original estaba compuesta por las siguientes personas:

Alfonso Letelier Llona (Presidente)
Mario Manríquez Guerra (Secretario)
José Antonio Lecaros Piffre (Tesorero)
Margarita Valdés Subercaseaux (Vocal)
Claudio Ferrari Peña (Vocal)

La capellanía de la Asociación quedó confiada al Rvdo. José Antonio Garín
Martínez.

A su vez, los festejos por el quincuagésimo aniversario de la Asociación
Magnificat fueron encabezados por la directiva elegida en asamblea extraor-
dinaria de 10 de septiembre de 2014 e integrada por las siguientes personas:

Julio Retamal Favereau (Presidente)
Augusto Merino Medina (Vicepresidente)
Jaime Alcalde Silva (Secretario)
Felipe Zaldívar Kunstmann (Tesorero)

Cumplía entonces las funciones de capellán el Rvdo. Milan Tisma Díaz.

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