Diferencia y repetición: Gilles Deleuze (III

)

Diferencia y Repetición
Se puede llegar a la conclusión de que, mientras la diferencia se encuentre
sometida a las exigencias de la representación no está pensada en sí misma. Sin
embargo, una de las funciones de dicha diferencia puede ser la de excluir toda
relación de lo diferente con lo diferente que la hiciese pensable. Pues una
diferencia mientras se encuentre sometida en al campo de lo pensable debe de
mantenerse bajo las condiciones de la representación, estas son: “la identidad en el
concepto, la oposición en el predicado, la analogía en el juicio, la semejanza en la
percepción”.[1]De lo contrario, toda diferencia que no se someta a estas
condiciones se podrá tomar como desmesurada, no coordinada o inorgánica, pues
abandonará el campo de lo pensable abordándose en el campo del no-ser. Por lo
tanto se debe afirmar que la diferencia debe de ser rescatada bajo las redes de la
razón que la ha de hacer pensable y visible, de manera que convierta en una
representación orgánica.
Por otro lado la tarea de la filosofía consintió en hacer a la representación infinita,
pues buscó extender la representación hasta lo demasiado grande y lo demasiado
pequeño a la diferencia, de esta manera se manifiesta su tarea de creación de
conceptos en los que se da una perspectiva insospechada de la representación, en
dichos conceptos también se ha buscado dar su profundidad a la diferencia.
Afirma Deleuze, que “se trata de hacer que la representación conquiste lo oscuro;
que comprenda el desvanecimiento de la diferencia demasiado pequeña y el
desmembramiento de la diferencia demasiado grande; que capte la potencia del
aturdimiento, de la embriaguez, de la crueldad, hasta de la muerte”.[2]La
diferencia ha podido ser captada por la razón solamente bajo las categorías de la
representación. Pues la razón misma solo puede mediar entre el reinado de lo
idéntico sobre lo infinito, y esto se logra mediante el someter a la diferencia a las
cuatro condiciones de la representación anteriormente mencionadas.
Se de buscar una representación finita que fije la diferencia en algo orgánico, esto
es, ni demasiado grande ni demasiado pequeño, entre el exceso y la carencia.
Deleuze afirma que es posible definir la metafísica por el platonismo, sin embargo
resulta insuficiente definir el platonismo por la distinción que se plantea en el
mismo en relación a la esencia y a la apariencia. En un primer plano aparece la
distinción realizada entre el modelo y la copia, pues la copia no puede ser
únicamente una simple apariencia, sino que “mantiene con la Idea como modelo
una relación interior espiritual, nosológica y ontológica. La segunda distinción,
todavía más profunda, es la de la copia misma y la del fantasma”.[3]
La semejanza aparece en una dimensión interior, pues es necesario que la copia
mantenga una relación interior con el Ser y lo verdadero. Por otro lado, la
representación es el lugar de la ilusión trascendental, que en el pensamiento se

ni sobre lo verdadero singular. En lo relacionado a la univocidad Deleuze afirma que lo que “lo que es unívoco. esto es. es el género e relación con sus especies. . fundado sobre el sujeto pensante”. ha cedido su lugar a la identidad del concepto originario. pues “la univocidad significa: la que es unívoco es el Ser mismo. Sin embargo. pues se debe de hacer una distinción formal y no numérica. pues la repetición no se determina solamente por la multiplicación de de ejemplares del mismo concepto. de esta manera la repetición de ha de confundir con la pura materia. en efecto. Amarrortu editores. ya que el Ser se dice de muchas maneras. Es la materia la que ha de realizar el estado del concepto fuera de sí. como una diferencia sin concepto se puede decir que es así como hay repetición cuando las cosas se distinguen en número. recubre de una imagen que se compone por postulados que han de desnaturalizar su ejercicio y su génesis. si la repetición se representa fuera del concepto. pues todo ocurre entre la diferencia genérica y la diferencia específica. Por otro lado. 460 págs. pues es “por el mismo movimiento que la identidad del concepto en la representación abarca la diferencia y se extiende a la repetición”. El Ser de lo sensible es en donde lo diferente se relaciona con lo sensible. Bibliografía  Gilles Deleuze. pero lo que es equívoco. sino que debe de representar ella misma ese concepto idéntico. y de esta manera queda reducida a una diferencia simplemente conceptual. 2009. garantizado por el bien. de manera que el Ser sea el mismo a pesar de su diferencia genérica o individual. de esta manera es posible pasar del mundo platónico de la Idea al mundo de la representación. Diferencia y repetición. en el espacio y en el tiempo.[4] De esta manera el sujeto pensante puede aportar desde su memoria y el reconocimiento de sí diversasconcomitacias subjetivas. lo que es equívoco es aquello de lo que se dice”[7]. Por lo tanto se puede decir que la representación es el lugar de la ilusión trascendental porque es completamente cierto que la diferencia se ha de anular cualitativamente y por su extensión. ya que pone al concepto fuera de sí y lo hace existir en otros ejemplos. siendo su concepto el mismo. la representación implica la analogía del Ser. Por lo tanto la diferencia se representa en el concepto idéntico.[6] Por lo que la diferencia se ha de entender en el plano individual del ente.[5] La repetición no se ha de definir únicamente con la identidad absoluta del concepto. pues “lo mismo de la Idea platónica como modelo. Buenos Aires. ya que no se puede acertar sobre lo verdadero universal. es el Ser en relación con los géneros mismos o categorías”.