Titanic: Una historia verdadera

La historia del Titanic, y la de sus dos barcos gemelos, el Olimpic y el Britanic, comienza en la mansión
londinense, propiedad de Lord James Pirri socio mayoritario de los astilleros más grandes del mundo,
Harland and Wolf. En esta casa se reunió a cenar la noche del 10 de junio de 1907, con Bruce Ismay director
gerente de la compañía naviera White Star Line.

Esa noche, decidieron la construcción de los tres barcos más grandes del mundo. Esa noche también
decidieron los nombres que llevarían cada barco. Al primero le llamarían Olimpic, al segundo Titanic y el
tercero Gigantic, nombre que después de la tragedia del Titanic cambiaron por Britanic.
Curiosamente, la casa donde nació el Titanic, es en la actualidad la Embajada de España en el Reino
Unido.

Aunque la compañía naviera White Star Line fue fundada en 1869 en Inglaterra , desde el año 1902 formaba
parte de un holding norteamericano llamado International Mercantile Marine.

Si visitamos la exposición "Titanic The Exhibition" podemos ver una acción original de este holding. Así
mismo, veremos un cheque original de la compañía naviera propietaria del Titanic, con la firma de su
director gerente, Bruce Ismay, que viajaba en el barco y al que muchos historiadores señalan como el
autentico culpable de la tragedia, al ordenar al capitán Smith navegar a más velocidad de la recomendada
en una zona de hielos.

Bruce Ismay sobrevivió a la tragedia aunque, por ocupar el puesto de una mujer en un bote salvavidas, fue
rechazado por la sociedad británica y murió en la soledad de su mansión irlandesa en 1937.

Un año y medio después de aquella decisiva cena en la mansión de Lord James Pirri, se colocaba la primera
pieza de la quilla del Titanic. Era la mañana del 31 de marzo de 1909.
Aunque en los astilleros Harland and Wolf trabajaban 14.000 operarios, fueron cerca de 3.000 hombres los
que, durante 27 meses, trabajaron intensamente para terminar la construcción del Titanic.

Para su construcción, se necesitaron 27.000 toneladas del mejor acero. El casco del Titanic estaba
compuesto por chapas de acero, de 2 ,5 cms de grosor, que se unían con más de 3 millones de remaches.

En la exposición pueden ver, y tocar, una parte del casco del Titanic y, comparando su grosor y la unión
efectuada por los remaches. Recordemos que en el año 1912 todavía no existía la soldadura y la unión de
las chapas se realizaba con remaches, tal y como pueden apreciar en trozo de chapa expuesto en "Titanic
The Exhibition".
También ,en su visita a la exposición, pueden admirar el colosal tamaño de las hélices del Titanic. Las dos
laterales, ambas con tres palas, tenían un diámetro de siete metros y pesaban la friolera de 38 toneladas
cada una. La hélice del centro, de cuatro palas, media 5 metros de diámetro y pesaba 22 toneladas.

La construcción del Titanic le costó a la compañía naviera White Star Line la astronómica cifra de 10 millones
de dólares de 1912 (actualmente casi mil millones de €uros). El dinero para financiar esta construcción
llegó de los Estados Unidos, concretamente del financiero John Pierpont Morgan, más conocido, incluso
actualmente, por JP Morgan.
A las 12 del mediodía del 31 de mayo de 1911, el Titanic era botado a la mar. A este importante acto
asistieron, junto al Alcalde de Belfast que presidio el acto, JP Morgan, Pirri, Ismay y todos los directivos,
personal de la empresa constructora, de la compañía naviera y más de 100.000 personas, que se agolparon
por las inmediaciones de los astilleros para presenciar el nacimiento del “buque de los sueños”.

Fue un acto impresionante, como impresionante era todo lo relacionado con el Titanic. Por ejemplo, sus
medidas. Desde la cubierta principal hasta la quilla, el Titanic medía 57 metros de alto. Desde la proa hasta
la popa 270 metros de largo y 30 metros de ancho. En la cubierta del Titanic podrían haberse construidos
3 campos de fútbol de primera división.

Cada una de las tres anclas del Titanic pesaba 15 toneladas. El casco pesaba 45.000 toneladas de registro
bruto.

El responsable de hacer realidad las ideas de Lord Pirri y Bruce Ismay no fue otro que el joven ingeniero
jefe de los astilleros Harland and Wolf, Thomas Andrews, que tenia fama de excelente ingeniero naval y
buen diseñador. Era, además, un meticuloso trabajador que acostumbraba a revisar cada plano infinidad
de veces y él mismo estaba muy pendiente de los trabajos que se iban realizando. Hasta tal punto se tomo
en serio su trabajo al frente de la construcción del Titanic, que quiso realizar a bordo del barco su viaje
inaugural para supervisar todo su funcionamiento y anotar todas las mejoras que se tendrían que realizar a
bordo.

Porque llevaba sus compartimentos estancos se decía que el Titanic era prácticamente insumergible, y la
verdad fue que, gracias a estas puertas estancas, el Titanic tardó casi tres horas en hundirse. Los ingenieros
calcularon que si no hubiese llevado estas puertas estancas, el barco se hubiese hundido en menos de 30
minutos, por lo que, gracias a la colocación de estas puertas y a su buen funcionamiento, se pudieron salvar
muchas vidas humanas.

Los tres motores unidos del buque generaban una potencia superior a los 50.000 caballos, lo que podían
hacerle navegar a una velocidad increíble, incluso para nuestro tiempo, de 25 nudos.

Las máquinas del Titanic medían casi 20 metros de altura, igual a un edificio de cuatro plantas.

El mando del Titanic fue confiado al mejor capitán de la época, Eduard James Smith, conocido como
Capitán Smith.

Smith era, sin duda, el más veterano y mejor capitán de la White Star Line. Llevaba 35 años en la compañía
y jamás había sufrido ningún grave accidente. Le llamaban “el capitán de los millonarios” porque la
compañía naviera siempre le daba a él el mando de sus mejores y más modernos barcos, donde viajaban
los millonarios de aquella época.

Este iba a ser el último viaje del capitán Smith, ya que se jubilaba a la llegada del Titanic a Nueva York.

Son las 12 en punto del mediodía, del 10 de abril de 1912 y el Titanic acaba de soltar amarras del muelle
nº 44 de la White Star Line, en el puerto inglés de Southampton.

2.208 personas, entre pasajeros y tripulantes, viajan a bordo del buque más grande del mundo, en su
primer y último viaje. Varios remolcadores ayudan al navío a maniobrar para alejarse del muelle y poner
rumbo a alta mar.
.
Tras abandonar el puerto inglés de Southampton, el Titanic se dirigió al puerto francés de Cherburgo, donde
tuvo que fondear en su bahía, al no caber un barco tan enorme en el interior del puerto, y allí, utilizando
barcazas, subieron pasajeros, sobre todo de segunda y primera clase. En este puerto francés embarco la
famosa Molly Brown y el multimillonario y joven matrimonio español formado por Josefa Peñasco y Víctor
Soto, así como dos de sus sirvientas y su mayordomo.

William Murdoch, fue, sin lugar a dudas, uno de los personajes más importantes en la historia del Titanic,
tanto por el cargo que ocupaba a bordo, como por su heroico comportamiento personal y profesional.

Murdoch era el primer oficial del Titanic y fue la persona que se encontraba al mando del buque cuando
este colisionó con el iceberg. Él tuvo que decidir, en décimas de segundo, qué maniobra tomar y él decidió,
como primera orden después de chocar, cerrar inmediatamente las puertas estancas.

El papel de este oficial también fue ejemplar durante las maniobras de evacuación de los pasajeros. Era el
responsable de los botes salvavidas en la cubierta de estribor, y ordenó llenarlos completamente, aunque
fuese con hombres. En la cubierta de babor, por el contrario, el oficial responsable no permitió que ningún
hombre embarcase en los botes salvavidas, y estos se arriaron sólo con mujeres y niños, llevando en su
interior solamente a la mitad de personas que podían haberse salvado. Algunos botes solo llevaban 14 o
15 personas, cuando su capacidad total era de 72. Debido a ello, más del 80% de los hombres que se
salvaron en el Titanic le debieron su vida a Murdoch

Por último conviene destacar de este excelente oficial que, cuando ya el barco estaba a punto de
desaparecer bajo las heladas aguas, cuando el agua le cubría la mitad de su cuerpo, consiguió, en un
esfuerzo sobrehumano, cortar, con su navaja, los cabos que impedían arriar el ultimo bote salvavidas, el
desplegable A. Gracias a este último esfuerzo del oficial Murdoch, 12 personas pudieron salvarse en ese
bote, aunque a él ya no le quedaron fuerzas para subirse al bote, y murió congelado en la mar, agarrado
al bote salvavidas que había conseguido salvar con el esfuerzo que le costó la vida.
En la exposición podemos ver dos importantes documentos originales. Se trata, ni más ni menos, que las
dos únicas cartas, escritas a bordo del Titanic, por su heroico primer oficial William Murdoch.

También veremos el catalejo utilizado por el primer oficial del Titanic William Murdoch.

Sin duda un objeto importante por haber sido utilizado y ser propiedad, de uno de los hombres que, para
salvar más vidas humanas, lucho enérgicamente hasta los últimos instantes de su ejemplar vida, como un
hombre de honor y como marino.

Eran las 11 de la mañana del miércoles 10 de abril de 1912. En ese momento se quitaba la pasarela que
unía al Titanic con el muelle nº 44 de la White Star Line. Por esa misma pasarela habían atravesado el
portalón de embarque las personas más ricas e influyentes de aquella época junto a las más pobres, los
inmigrantes, que abandonaban sus países con el fin de reiniciar sus vidas en “el nuevo mundo”.

En primera clase embarcaron 324 personas, 277 en segunda y 708 en tercera clase. Además, el Titanic
llevaba 898 tripulantes. En total viajaban en el Titanic 2.207 personas.
Durante su visita a "Titanic The Exhibition" puedan admirarla maqueta más grande que se ha construido y
la única que existe con uno de sus costados abiertos, para que puedan observar la distribución interior del
“barco de los sueños”.

Contemplando esta esplendida maqueta podemos imaginarnos porque al Titanic se le llamaba “palacio
flotante”. Pueden observar las grandes escalinatas, los comedores, la piscina, los baños turcos, las
calderas, carboneras, sala de maquinas, etc.

Cuando el Titanic abandonaba definitivamente las costas de Irlanda, en la tarde del 11 de abril de 1912,
muchos de los inmigrantes que iban a bordo se dieron cuenta de que, quizás, aquella era la última vez que
veían

Una de las familias más adineradas que viajaba a bordo del Titanic era la familia Widener. Ustedes Esta
rica familia regresaba a Fhiladelphia después de haber viajado hasta Paris con el único fin de comprar la
tela para la confección del traje de novia de su hija, que esperaba casarse en el mes de julio, pero que no
viajaba con ellos.

Una vez se produjo el choque y cuando todos se disponían a subir a los botes salvavidas en la cubierta B ,
el oficial solo permitió subir al bote a la señora Eleonor Widener, mientras que a su esposo, su hijo, de 19
años, y a su mayordomo, no se les dejo subir. Este bote fue arriado con solo 28 personas, cuando estaba
preparado para 72.

Tres semanas más tarde, un barco que la compañía White Star Line envió a la zona del naufragio para
recuperar los cuerpos que aparecían flotando, encontró el cadáver de Edwin Keepin, mayordomo de la
familia Widener. En un primer momento se pensó que era el cuerpo de George Widener, pero cuando
revisaron sus datos se comprobó que era el mayordomo. En el cuerpo de Keepin se encontró un
extraordinario medallón de oro y brillantes, así como cientos de dólares en los bolsillos de su abrigo y ropa.

En la exposición pueden admirar este extraordinario medallón, de oro y brillantes, que Edwin Keeping
llevaba puesto cuando fue recuperado su cadáver. Como verán todavía conserva la fotografía de su
mujer en la parte interior del medallón.

Uno de los símbolos de la belleza, el lujo y el esplendor del Titanic. era la gran escalinata de proa. Al entrar
en ella, tras un paseo por la cubierta de primera clase, se notaba como la luz natural penetraba por la cúpula
de hierro y cristal que la cubría y que se reflejaba en la pálida madera de roble real y en sus doradas y
elaboradas balaustradas.

En la pared del rellano superior se podía ver un gran panel, también de roble real, tallado, con un reloj, el
cual está rodeado por dos figuras, que simbolizan el honor y la gloria, que estaban por encima del reloj,
simbolizando como el honor y la gloria deben de estar siempre por encima del tiempo.

Por esta gran escalinata, los pasajeros de primera clase bajaban al salón comedor.

Cuando el Titanic estaba a punto de hundirse, Gerda y su marido Edgar Lindell, junto al pasajero Carl Olor
Jansson, que se encontraban en la cubierta, se lanzaron al agua y nadaron hasta el bote salvavidas
desplegable A, precisamente el último en ser arriado al mar. Este bote se encontraba casi lleno de agua y
completamente abarrotado de gente, aproximadamente 45 personas. El pasajero Oloff y el marido de
Gerda, Edgard, consiguieron subirse al bote salvavidas, pero Gerda, ya sin fuerzas y al límite de morir
congelada, no pudo subir, a pesar de que su marido le estuvo agarrando constantemente e intentando
subirla a bordo del bote. El marido de Gerda cayó desvanecido en el interior del bote y fue otro pasajero,
August Wennerstorm, quien sujeto e intentó subir a Gerda pero cuando se dio cuenta que no le contestaba
pudo comprobar que Gerda había muerto congelada y con su mano agarrada a él. Después de varios
minutos Wennerstorm no tuvo más fuerza y soltó la mano de Gerda.

Al soltar la mano de Gerda, Wennerstorm cayó también desvanecido en el bote. Y en algún momento,
mientras sostenía su mano, el anillo de Gerda se deslizó de su dedo y cayó al fondo del bote.

Casi un mes después de la tragedia, el buque Oceanic encuentra a la deriva, a más de 300 kilómetros de
la tragedia, el bote desplegadle A y al vaciarlo de agua aparece en el fondo del bote el anillo que tienen
ustedes delante, en esta vitrina, y que representa una de las muchas trágicas historias del Titanic.

La mayoría de los pasajeros de tercera clase, inmigrantes de todas las nacionalidades, embarcaron en el
Titanic con el objeto de cumplir el sueño de su vida: labrarse un porvenir en América y regresar a casa con
el futuro económico asegurado.

Cuando estos pasajeros embarcaron y fueron trasladados a sus camarotes, la verdad es que creían vivir
en un palacio.

Todos eran gente muy humilde y poder dormir en una litera limpia y cómoda, con servicio de habitaciones
incluido y ser servidos en el comedor, era para ellos un autentico sueño.

Aunque, la verdad es que estaban situados en la proa y en la popa del barco, donde más se balancea y
donde más ruido se produce, estos camarotes de tercera se podían comparar con los camarotes de
segunda clase de cualquier otro barco de la época. Incluso, en algunos barcos actuales, los camarotes no
se diferencian mucho de este de tercera clase del Titanic.

Aunque los pasajeros que viajaban en la segunda clase del Titanic no disfrutaban, ni mucho menos, de los
lujos de primera, la verdad es que realizaban un placentero y cómodo viaje. Incluso, previo pago de algún
dinero extra, podían tener acceso a algunas de las estancias y servicios de los pasajeros de primera clase,
como por ejemplo el gimnasio, la piscina, los baños turcos, etc.

Alfred Nourney, era un joven alemán, procedente de Colonia, que, durante su estancia a bordo del Titanic
no paró de contar que se dirigía a América para cumplir uno de sus sueños, que era ver a los indios. Esto
es lo que contaba, pero la realidad es que sus padres lo enviaban a Nueva York porque había dejado
embarazada a una de las empleadas de la casa, y querían alejarlo de Colonia durante una temporada.

A bordo del Titanic viajaban 324 personas en primera clase, aunque el barco tuviese capacidad para casi
el doble en esta categoría. Todos los camarotes de primera clase eran excepcionalmente grandes. Jamás
un barco llevó camarotes tan grandes, cómodos y lujosos, donde destacaban los magníficos materiales
empleados para su construcción, su abundante espacio, armarios empotrados, baños privados, bañeras
completas así como agua caliente y fría. Era difícil, en aquella época, encontrar, en ninguna parte del
mundo, un hotel con tanto lujo y refinamiento como los camarotes de primera clase del Titanic.

Uno de los pasajeros de primera clase era Erik Lind.

Erik Lind nació en Suecia y se convirtió en un afamado y poderoso hombre de negocios cuando, de muy
joven, inmigró a Nueva York, donde consiguió amasar una gran fortuna. No obstante, regresó a Suecia para
invertir todo su dinero en un una gran empresa que fracasó estrepitosamente. Por ello decidió regresar a
Nueva York a repetir fortuna.

Pero, debido a las grandes deudas que tenía en Suecia, y para no alertar a sus muchos acreedores, cambió
su apellido por el de Lingrey y, con este falso apellido, compró un billete de primera clase del Titanic, en el
que se gastó sus últimos dólares.

Al producirse la tragedia, Erik Lind, junto a otros dos pasajeros de primera clase, se lanzaron al agua.
Nadaron hasta conseguir llegar cerca de uno de los botes salvavidas, pero Lind no tuvo fuerzas y finalmente
despareció engullido por las gélidas aguas.

Henrik Kviller, un ingeniero escandinavo de 31 años que viajaba con una beca a Estados Unidos para
estudiar las construcciones de acero, y que pretendía casarse con su novia nada más regresar de América.
Desafortunadamente, Kvillner murió en el Titanic, siendo su cuerpo recuperado varios días después.Sus
pertenencias, entre las cuales se encontraba el pequeño reloj que pueden ver en su visita a la exposición,
fueron enviadas a su familia. También pueden apreciar una taza y un plato de café de segunda clase.

Uno de los matrimonios más conocidos que viajaban en 1ª clase era el matrimonio Strauss. Isidor era el
fundador de los grandes almacenes Macy´s en Nueva York, pero este era un viaje de placer que habían
realizado por Europa, por lo que Ida le acompañaba. Después de la colisión, subieron a la cubierta de
botes, donde Ida rechazó subirse a bordo del bote salvavidas número 8, declarando que habían estado
viviendo juntos durante muchos años, y por ello "donde tú vayas, allí iré yo". Se dirigieron entonces hacía
la cubierta de proa, donde, abrazados, aguantaron hasta que el agua les devoró.

Uno de los pocos pasajeros españoles que viajaban en el Titanic era el joven matrimonio Peñasco,
pasajeros de primera clase en su luna de miel.

Víctor y Josefina llevaban más de un año de luna de miel cuando, estando en París, decidieron comprar
billetes en el Titanic para poder conocer América, pero como la madre de Víctor tenía miedo a los barcos,
decidieron dejar a su mayordomo en Paris y que éste fuera enviando unas postales de la capital parisina,
que ellos previamente habían escrito con las fechas futuras. De esta forma, mientras ellos se encontraban
en el Titanic rumbo a Nueva York, la madre de Víctor les creía a salvo en París.

Al producirse la colisión, el joven matrimonio subió corriendo a la cubierta de botes, donde solamente
Josefina pudo subirse al bote salvavidas número 8, junto a su doncella de compañía y otros personajes
ilustres, como Molly Brown o la condesa de Rhodes.

Víctor permaneció en el buque y murió en las gélidas aguas del atlántico. En "Titanic The Exhibition" se
puede contemplar el smoking original de Víctor.
Para mover las enormes maquinas del Titanic, la energía que se utilizaba era el vapor. El vapor se producía
quemando carbón en las 29 calderas situadas en la parte más baja del barco, cuyos abnegados
trabajadores, llamados fogoneros, caldereros o familiarmente “la brigada negra”, trabajaban a unas
temperaturas superiores a los 40ºC. Ellos fueron, sin duda, las tropas de vanguardia de la batalla del Titanic
contra el mar.

Estos trabajadores, tal vez los más humildes de la tripulación y los que , sin duda, trabajaban en peores
condiciones, manejaban constantemente el carbón, a mano y en carretillas, paleando continuamente carbón
al interior de los fogones de las 29 calderas del Titanic.

En la exposición pueden admirar un trozo de carbón original del Titanic. Este trozo estuvo en la Sala de
Calderas nº 1 del Titanic. Fue precisamente en esta Sala donde sus carboneros estuvieron trabajando hasta
el final, hasta que el agua inundo sus dependencias y se los llevó a todos al fondo del mar, en su lugar de
trabajo.

Esta pieza fue recupera de los restos del buque en una de las últimas expediciones realizadas, en agosto
del año 2.000.

Muchos de los pasajeros que viajaron en los camarotes de tercera clase, como muchos de los que hemos
conocido ya, acabaron sus sueños, y sus vidas en la madrugada del 15 de abril de 1912.

Jacob era minero, pero tal vez cansado de esa dura vida, tomo la decisión de coger todos los ahorros de
su vida, juntar los pocos objetos de valor que poseía, y embarcarse en el Titanic, con el fin de comprar una
pequeña granja en cualquier población americana y así comenzar una nueva vida.
Pero no pudo ser. Jacob, como muchísimos de sus compañeros en aquellos camarotes de tercera clase,
dejó su vida en esta tragedia
Algunos de esos objetos que llevaba para vender en Estados Unidos pueden verlos en la exposición-

La familia Kink, formada por Anton, su mujer Luise y su hija de 4 años, también llamada Luise, viajaba
desde Zurich,en Suiza. Eran pasajeros de 3ª clase y, al llegar a la cubierta de botes, sólo a la madre y la
pequeña Luise se les permitió subir a bordo del bote número 2. A Anton no se le permitió subir, y los
marineros hicieron una cadena humana alrededor de bote mientras este comenzaba a ser arriado. Pero
Anton aprovecho un descuido y se escabulló entre los marineros, saltando al bote y aterrizando en él cuando
este ya había comenzado su descenso. De esta forma se convirtieron en una de las pocas familias de 3ª
clase en sobrevivir al completo.

En la exposición pueden observar las botitas que la pequeña Luise Kink llevaba la noche del hundimiento.
Con ellas corrió por la cubierta hasta subirse al bote salvavidas y con ellas consiguió finalmente llegar a
Nueva York. En esta misma vitrina pueden observar la manta con la que la pequeña Luise fue arropada en
el bote salvavidas hasta que fueron rescatadas por el Carpathia. La pequeña Kink guardó con gran afecto
estos objetos durante toda su vida.

El Titanic avanzaba, majestuosa y tranquilamente, a una velocidad de 22 nudos y medio. El capitán había
abandonado el puente a las 21,30 ordenando se le informase de cualquier incidencia.

En la atalaya del palo de proa, pasando mucho frió, se encantaban los vigías Fleet y Lee, haciendo bromas
entre ellos y apostándose una cerveza por quién diría antes “tierra a la vista” al divisar tierra americana.
Estaba siendo una guardia muy tranquila. La mar estaba en calma, la noche no era muy oscura y nadie
podía prever lo que les iba a suceder unos minutos más tarde.

Eran, aproximadamente las 23,40 cuando, de repente, el horizonte que tenían enfrente pareció oscurecerse
y ante sus ojos apareció una montaña negra. La tenían enfrente sin haberla visto llegar. El vigía Fleet hizo
sonar tres veces la campana, mientras su compañero descolgaba el teléfono que le unía al puente de
mando y daba la voz de alarma.

Pero cuando en el puente escucharon la campana del vigía y sonó el teléfono de la torreta, el primer oficial
Murdoch ya se había dado cuenta de que la proa de su barco iba directamente a chocar contra el iceberg.
Tuvo solo un segundo para decidir que maniobra tomar. Lo decidió inmediatamente, ordenó dar marcha
atrás y girar todo a estribor con el fin de que la proa se desplazase hacia babor para evitar la colisión.

La verdad es que estuvo a punto de conseguirlo. Unos metros más y el Titanic no hubiese ni siquiera
rozado el iceberg, pero no pudo ser. La masa de hielo golpeo el costado de estribor, saltaron los remaches
que unían las planchas de acero y el Titanic comenzó a inundarse.

Desde que el vigía Fleet hizo sonar la campana de alarma, pasaron 38 segundos, eternos segundos, hasta
que se produjo la colisión. Se calcula que los vigías divisaron el iceberg a unos 400 metros de distancia.

El tiempo había dictado sentencia. Los vigías no podían haber visto antes el iceberg y cualquier capitán u
oficial de guardia hubiese hecho la misma maniobra que realizó el oficial Murdoch.

La noche de la tragedia del Titanic, en la zona donde navegaba, la temperatura de la mar era,
aproximadamente, entre 0 y 1 grado bajo cero. Como ya conocen, el agua salada no se congela a 0 grados,
sino a una temperatura más baja. No obstante, en un agua a 2 grados, una persona de complexión normal,
puede aguantar viva, como mucho, entre 20 y 25 minutos. Por eso, el 90 % de las muertes del Titanic se
produjeron por congelación, y no por ahogamiento.

Si quieren experimentar la sensación de dolor que producen las aguas heladas, intenten aguantar, solo
unos minutos, tocando este pequeño iceberg. Pongan la mano sobre el hielo y comprueben su aguante.
Imagínense lo que sufrieron las personas que murieron congeladas al lado del Titanic.

En aquellos instantes, una desesperada señal de socorro inundó la gélida noche del atlántico norte.

A los pocos minutos de producirse el choque contra el iceberg, el capitán Smith ordenó que enviasen, sin
cesar, mensajes de socorro, indicando la situación del barco y añadiendo que hacían agua y comenzaban
a hundirse por proa.

Inmediatamente comenzaron a utilizar su equipo trasmisor de morse, intentando comunicarse con todos los
buques que se encontrasen cerca de la zona del naufragio. Uno de los primeros en responder fue el
Carpathia. Fue entonces cuando, el radiotelegrafista jefe Jack Phillips utilizó la nueva señal de socorro,
S.O.S.

Cuando el agua casi inundaba su cabina, los radiotelegrafistas se colocaron los chalecos salvavidas y se
lanzaron al mar, nadando hacia donde se encontraba el desplegable B, que había dado la vuelta en una
falsa maniobra y estaba “con la quilla al aire”. Los dos se subieron al bote donde se encontraba el segundo
oficial Lightoller y alrededor de otros 20 tripulantes.

Dos horas después, el oficial Jack Phillips murió congelado y su cuerpo fue dejado caer al mar.

Eran las 2 y 10 de la madrugada del 15 de abril de 1912. El Titanic estaba ya a punto de hundirse
definitivamente y en su cubierta principal, en el costado de estribor, muy cerca de la puerta de acceso a los
salones, los músicos de la orquesta de primera clase permanecían tocando sus piezas preferidas, con el
único fin de hacer menos dramática la muerte que les esperaba a todos los aun permanecían a bordo.

Según las declaraciones de la mayoría de los supervivientes, inmediatamente después de la colisión con el
iceberg, la orquesta se reunió en el salón de primera clase y comenzaron a tocar para distraer a los
pasajeros. Cuando apenas quedaba gente en aquel salón, se dirigieron al vestíbulo de la cubierta de botes
y finalmente salieron a la cubierta exterior.

En un principio, y sobre planos originales, estaba previsto que el Titanic llevaba un total de 64 botes
salvavidas, pero, finalmente, esta cantidad se redujo a 20, debido a que, la cubierta de paseo de primera
clase quedaba demasiado estrecha para poder pasear y tomar el sol en ella, por este motivo se obligo a su
diseñador a quitar todos los botes de la segunda fila y así dejar más amplio el pasillo.

El buque Carpathia, de la compañía Cunard , rival de la White Star Line, propietaria del Titanic, fue el que,
variando su rumbo, puso sus maquinas a toda potencia y se dirigió al lugar del naufragio del Titanic,
rescatando a todos los supervivientes que quedaban a bordo de los 13 botes salvavidas que permanecían
en la zona. Recogió a un total de 705 personas, navegando hacia Nueva York, donde llegaron a las 6 de la
tarde del día 18 de abril de 1912

Si hay un personaje femenino conocido dentro de la historia del Titanic, esa es sin lugar a dudas Molly
Brown. Procedente de Denver, Colorado, era una excéntrica pasajera de 1ª clase. Su papel durante las
tareas de rescate, animando a las mujeres a remar e intentando que los botes más vacíos volvieran a
rescatar a más pasajeros, le valió una justa valoración. Cuando llegó a Nueva York, encargó hacer unas
medallas en honor a la tripulación del Carpathia, cada una con el nombre personalizado. Pueden ver una
de estas medallas en la exposición La historia bautizó a esta mujer como la insumergible Molly Brown,
llegándose a realizar infinidad de musicales, películas y libros sobre su figura.

En "Titanic The Exhibition" también podemos ver los objetos originales recuperados del cuerpo del pasajero
de tercera clase Carl Asplund. Viajaba junto a su mujer y cinco hijos en los camarotes de tercera clase
situados en la popa del buque. Cuando el buque colisionó contra el iceberg, la familia entera consiguió
llegar hasta la cubierta de botes pero eran incapaces de separarse. Años después Selma, su mujer, declaró
que habían decidido quedarse todos juntos y morir abrazados aquella noche, pero en un instante, al estar
cerca de un bote que estaba siendo arriado, un tripulante agarró a su hija menor, Lillian, y la lanzó al bote.
Segundos después hizo lo mismo con otro de los hijos, Félix. Entonces otro tripulante desde el bote gritó:
“¡Bajad a la madre también al bote!”

Antes de que Selma tuviera tiempo para reaccionar, los tripulantes la habían cogido de pies y manos y le
lanzaron al bote, desde donde alzó la vista para ver a su marido y sus otros tres hijos correr hacía la otra
cubierta del buque. Sería la última vez que los vio.
El cuerpo de Carl Asplund fue recuperado y entregado a su familia, así como estos objetos. Todos ellos
fueron entregados a su hija Lillian, que fue una de las últimas supervivientes en morir, en la primavera de
2006.

Estamos llegando al final de esta mítica historia que deseamos hayan vivido con la misma intensidad y
emociones que nosotros.

Sin género de dudas, esta es la parte más importante de esta historia. A lo largo del recorrido han conocido
mejor la verdadera historia del buque, han visto objetos y documentos originales, algunos de los cuales nos
han puesto al límite los sentimientos. Han conocido datos técnicos que les habrán ayudado a conocer mejor
a este mito llamado Titanic, sin embargo, desde nuestro punto de vista, esta es la parte más importante,
porque, cuando Vds. iniciaron su lectura, no queríamos que conociesen esta historia….queríamos que la
viviesen….que experimentaran sus más profundos sentimientos y que llegasen a la conclusión de que, el
honor y la gloria siempre estuvieron, están y estarán por encima del tiempo. Esto es lo que pensaban los
hombrees mujeres y niños del Titanic y eso es lo que nos gustaría que siguiésemos pensando todos..

Ahora mismo, en su corazón, deben de sentir verdadero significado de lo que representó el Titanic: una
tragedia humana en la que perdieron su vida fallecieron, en total de 1.503, entre hombres mujeres y niños.

Si se fijan, pueden ver que fallecieron familias enteras, sobre todo de tercera clase y niños de apenas unos
días de vida.

En este momento, cuando están a punto de finalizar el conocimiento de lo que verdaderamente pasó en
aquella trágica madrugada del 15 de abril de 1912, nos gustaría homenajear a todos aquellos niños, mujeres
y hombres, que, cuando los relojes marcaban las 2 y 20 minutos de la madrugada, cuando sólo quedaba a
flote una pequeña parte de lo que fue el barco más grande del mundo, cuando desde la mar llegaban los
gritos de angustia y dolor, estas valientes personas sabiendo que estaban viviendo los últimos minutos de
su existencia quisieron finalizar sus vidas invocando la canción religiosa "Cerca de ti señor..."

Seguro que, después de esta lectura, todos estamos convencidos de que el Titanic continua vivo , no
solamente en las películas, libros, exposiciones, medios de comunicación etc, etc sino también en nuestra
memoria, en la memoria de millones de personas que, cada día, encuentran, en su vida, algún parecido
con alguna de las 2.208 personas que iban a bordo.

Por eso el Titanic continúa siendo un mito, porque siempre encontramos nuevas formas para comprender
su historia y porque, en algún lugar de nuestro corazón somos conscientes de que nosotros no somos muy
distintos a las personas que vivieron y murieron a bordo del Titanic.

A todos ellos, desde aquí, nuestro más sincero homenaje.

El buque de los sueños, el mítico Titanic continuara navegando por los ecos de la historia en un largo viaje
sin fin a través de nuestros corazones.

El Barco de los Sueños
La historia del Titanic, el Buque de los Sueños, comienza, según cuenta el mito, el 10 de Junio de 1907.
Lord James Pirrie, dueño de los astilleros Harland and Wolf (Belfast), los más grandes del mundo, invitó a
cenar esa noche a Bruce Ismay, presidente de la White Star Line, y gerente de la Internacional Mercantile
Marine, holding norteamericano presidido por J. P. Morgan que había adquirido recientemente la White Star
Line.

Ismay le pidió a Pirrie que construyera para la White Star Line tres buques, que deberían de ser más rápidos,
más lujosos y más grandes que ningún otro que el hombre hubiera visto hasta entonces. Estos buques
pertenecerían a la línea Olympic, nombre que llevaría, además, el primero de ellos. El segundo sería el
Titanic y el tercero el Gigantic, aunque finalmente se botó con el nombre de Britannic.

Ismay y Pirrie rápidamente tornaron la idea de la Clase ‘Olympic’ de un sueño a una mesa de dibujo: el
equipo de Pirrie trabajó en el diseño de los barcos mientras que el astillero de Harland & Wolff en Belfast
comenzó la conversión de tres grandes atracaderos a dos solamente. Una grúa de puente con 220 pies de
alto, la más grande en el mundo, sería construida sobre estas instalaciones.

El nuevo buque tendría nueve cubiertas, doscientos sesenta y nueve metros de eslora (longitud). La
primera clase por ejemplo, dispondría de un gran salón, una sala de fumadores, un cuarto grande de
recepción, dos salones privados y un salón de lectura, el comedor tendría que ser enorme con 3 cubiertas
de alto y en lo alto un inmenso domo de vidrio. Más abajo estaría el baño turco, la piscina y un gimnasio.
Muchos de estos diseños fueron reducidos o borrados por completo mientras otros eran aumentados o
mejorados.

El 31 de mayo de 1911, a las 12:05, se dispararon dos cohetes, seguidos por un tercero cinco minutos
después. A las 12:13, el casco del impresionante Royal Mail Steamer (Real Buque de Correos) Titanic se
desilizó suavemente hasta encontrarse flotando en las aguas colindantes a los astilleros.

El Titanic descendió 1800 pies a una velocidad de 12 nudos antes de ser detenido por 6 anclas y dos
cadenas que pesaban 80 toneladas cada una. Pero el buque distaba mucho de estar acabado. Una vez
puesto a flote, el Titanic necesitó de 10 meses y millones de horas para poder completar sus interiores. En
total, fueron mil setecientos operarios los que trabajaron en su construcción durante veintisiete meses, de
los casi catorce mil que tenía empleados los astilleros.

El 2 de abril de 1912, el barco más grande del mundo en esa época, zarpó de Belfast para sus pruebas
finales en alta mar.

Primer y último viaje
El Titanic se preparaba para iniciar su travesía. El sábado 6 de abril de 1912 se llevó a cabo el
reclutamiento de la mayoría de la tripulación en un momento en que la huelga de carbón había hecho
aumentar el número de desempleados.

El buque comienza a abastecerse ante su próxima partida. El cargamento comienza a llegar, así como
también el carbón de cinco barcos de la Marina Mercante Internacional, que se encontraban en el puerto,
y las osbras del Olympici. El Titanic, que había llegado con 1.880 toneladas de carbón, sumó otras 4,427
mientras se encontraba en Southampton.
Amarrado al muelle 44, el Titanic vivió los días previos a su partida una aceleración en sus actividades: se
comenzó a embarcar comida que se había traido por tren al muelle. 75.000 libras de carne fresca y
11.000 libras de pescado eran puestas en los largos refrigeradores y bodegas de la parte trasera de la
cubierta “G”. Para aquellos de paladar dulce, se cargaron 1.750 litros de helado.

Por fin, el 10 de abril de 1912, el capitán Smith aborda el Titanic por la mañana y recibe el reporte de
navegación del oficial en jefe Henry Wilde. La larga procesión de bomberos, camareras, engrasadores y
demás, lentamente comienza a llegar a través de las calles y muelles para embarcar.

Los trenes de la línea White Star traen consigo pasajeros de 1ª, 2ª y 3ª clase, provenientes de la estación
Waterloo cerca de Londres. Poco antes del mediodía la sirena del Titanic advierte de su partida.

Son las 12 de la mañana y el Titanic comienza a ser separado del muelle por los remolcadores. Después
de un pequeño retraso el Titanic emprende su viaje de 24 millas por el canal inglés con ruta a Cherbourg,
Francia, donde llegaría a las 5,30 de la tarde. Finalmente los pasajeros abordan pequeñas
embarcaciones que los transportan hasta el Titanic que ya parte con dirección a Queenstown, Irlanda,
donde recogería a unos 130 pasajeros y sacas de correo, navegando por la costa sur de Inglaterra, antes
de emprender su travesía transoceánica.

LA TRAGEDIA DEL TITANIC
HISTORIA DE SU HUNDIMIENTO
Era la noche del 14 de abril de 1912. Sobre la cubierta del transatlántico Titanic, el marinero de
guardia Federico Fleet oteaba en la noche fría y serena. El transatlántico, el “insumergible”, la más
grande y hermosa nave del mundo, avanzaba majestuoso en la quinta noche de su viaje inaugural
hacia Nueva York. Se encontraba a 700 Km. al sur de Terranova y a 1.900 de Nueva York.
A las 23 y 40, Fleet vio de pronto frente a sí una enorme masa blanca en medio de la oscuridad.
Observó un instante y llamó inmediatamente por teléfono al puente de mando.
—¿Qué sucede? —-habló la voz del oficial que atendió el teléfono.
—Un témpano, frente a proa.
—Está bien.
Prontamente se interrumpió el ruido de las maquinarias y él barco se preparó para retroceder. Fleet
observaba con espanto acercarse cada vez más la inmensa montaña de hielo, mucho más alta que el
castillo de proa. El marino se hallaba espantado, esperando el encontronazo. Pero luego, ya en el
último momento, la proa comenzó a doblar a la izquierda, mientras la montaña de hielo se escurría
por el flanco derecho de la nave.
El peligro parecía haberse conjurado. Mas el témpano, con un espolonazo bajo las aguas, había
abierto una enorme hendidura en el casco del buque. En el recinto de la caldera N9 6, el fogonero
Fred Barret estaba hablando con el segundo oficial de máquina, cuando se encendió la luz roja de
.alarma. Se sucedió en seguida un estruendo ensordecedor mientras toda la pared de acero de la
embarcación se abrió, dejando pasar un torbellino de espuma blanca…
Así murió el Titanic, el insumergible. A las 2 y 20 del día 15 de abril, el imponente buque, después de
haberse empinado, comenzó a deslizarse bajo el agua. Hasta que al fin, en una nube de espuma, las
aguas cubrieron el asta de la bandera de popa. Con la nave desaparecieron 1.502 personas.
De este modo, con semejante tragedia, el mundo empezó a conocer qué cosa era un témpano: empezó
a conocer su misteriosa vida, su tremendo poder, el peligro mortal que representaba para las travesías
a bordo.

Desde un principio, el viaje inaugural del Titaníc es marcado por la tragedia. Se cuenta que
al moverse majestuosamente el inmenso barco de 46,329 toneladas de su amarradero en
Southampton, queda junto al trasatlántico New York, que estaba anclado. D pronto se
escucharon voces de alarma al enredarse como cordón las gruesas cuerdas de amarre de
ambo barcos, y luego empezaron a ser arrastrados junto por alguna fuerza
desconocida. El Titanic fue detenido justo a tiempo luego que la extraña “succión cesó, y en
seguida los remolcadores abrieron camino lentamente al New York para llevarlo de vuelta al
amarradero. Una situación idéntica se presentó sólo unos minutos después, cuando
el Teutonic también se enredó en las cuerdas del Titanic ylo siguió de cerca varios grados
hasta que el Títanic logró deslizarse.
Posteriormente, el trasatlántico fue remolcado hacia el mar abierto y la tranquilidad volvió a
la tripulación a su capitán, Edward-Smith. La cubierta temblaba casi imperceptiblemente
ante el empuje de sus imponente turbinas: era el barco más grande, el mejor y el más seguro
que se hubiera construido. Para garantizar esa seguridad, 15 mamparas transversales lo
subdividían de proa a popa y un doble fondo significaba una garantía más contra
accidentes. Era, en la mente de todos los que estaban tanto en tierra como a bordo, lo
máximo: el barco insumergible.

Después de una breve visita a Cherburgo, el Títanic salió de Queenstown (ahora Cobh),
Irlanda, durante la noche del jueves 11 de abril de 1912 y entró al Atlántico, en aguas que
el veterano capitán Smith conocía muy bien. Navegó constantemente hacia el oeste sin
ningún incidente; el mar estaba calmado y el clima despejado aunque muy frío, al grado de
que la temperatura bajó dramáticamente durante la mañana del domingo 14 de abril, y varios
mensajes recibidos por el operador de radio delTitanic advirtieron sobre el peligro de
encontrar icebergs.
El barco proseguía su marcha a toda velocidad y sus luces titilaban sobre el agua oscura y
tranquila: sus máquinas lo impulsaban a una velocidad constante de nudos. De pronto, justo
antes de la medianoche, un vigía gritó: “¡Iceberg al frente !”

Los pasajeros que aún estaban despiertos no se dieron cuenta de lo que ocurría, porque el
impacto había sido suave. Lawrence Beesley, uno de los sobrevivientes, declaró que “no
hubo ruido de choque o de otra cosa; no se sintió el choque, ninguna sacudida de un cuerpo
pesado chocando con otro…”Se dieron órdenes desesperadas para hacer girar el barco
hacia el puerto, pero era demasiado tarde. Cuando empezaba a girar, un inmenso iceberg
raspó su estribor a todo lo largo y luego se deslizó a la popa y se perdió en la noche. El
capitán Smith estaba en el puente antes de que su primer oficial Murdoch pudiera comunicar
la orden de: “¡Paren máquinas!” Ordenó cerrar herméticamente todos los compartimentos
estancos y luego pidió al cuarto oficial Boxhall que hiciera sondeos. El joven oficial estaba
a punto de retirarse cuando el carpintero del barco llegó al puente para informar: “¡Está
haciendo agua rápidamente!”

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Sobre la cubierta, y no obstante el intenso frío, algunos pasajeros entusiasmados sostenían
una “batalla” con bolas de nieve, usando el hielo que el mortífero témpano había depositado
durante el breve encuentro con el barco, mientras que otro pasajero, que no quería dejar la
comodidad del salón de estar, alargó un vaso y pidió a un amigo que “viera si había llegado
un poco de hielo a bordo”.

Algunos pasajeros preguntaron a los camareros por qué se habían parado las máquinas, y
éstos les aseguraron que no había motivo de alarma. Los camareros actuaban de buena
fe, pues hasta el momento creían realmente que todo estaba bajo control. Allá abajo, sin
embargo, la historia era diferente. Los hombres del primer cuarto de calderas se
encontraban nadando en fuertes torrentes de agua que se precipitaban a través de una
enorme grieta en el costado del barco. Lograron llegar al siguiente cuarto de calderas, y
luego al siguiente, hasta entrar al número 4, que estaba casi a la mitad del buque y donde
aún no llegaba el agua.

Al darse cuenta de que el daño era grave, el capitán Smith fue al cuarto de radio, donde los
dos operadores de radio, Jack Phillips y Harold Bride, estaban listos para recibir o transmitir
señales, y les dijo que el barco había chocado con un iceberg y quería que estuvieran listos
para enviar una llamada de auxilio.

Cuando regresó al puente era obvio que el Titanic se hundía lentamente. El témpano había
abierto un corte en la proa de estribor del largo de la tercera parte de la longitud del barco,
y el agua helada del Atlántico entraba incontrolable y copiosamente. A las 00:25, unos
minutos después de la colisión, el capitán Smith ordenó que se descubrieran los botes. Diez
minutos después regresó al cuarto de radio para ordenar a los operadores que empezaran
a transmitir, agregando perturbado: “Podría ser la última oportunidad”. Inmediatamente, el
llamado urgente crepitó en la noche transmitiendo lo que había ocurrido, dando la señal de
llamada MGY del barco y su posición, y pidiendo ayuda urgente.
La señal fue captada por dos trasatlánticos, el Frankfort y el Carpathia, y el capitán de este
último preguntó dos veces a su operador si había leído correctamente el mensaje, pues no
creía que el “insumergible” Titaníc pudiera hallarse en problemas. Cuando se confirmó el
llamado de auxilio, ordenó a su operador responder que iría al rescate a toda velocidad, y
pidió a sus ingenieros que le dieran “toda la información que tenían”.
Mientras tanto, los camareros del Titanic iban de camarote en camarote, tocando a las
puertas y pidiendo a los ocupantes que se pusieran ropa adecuada para el frío y se dirigieran
a las estaciones de botes con sus chalecos salvavidas. Todavía ignorantes de la gravedad
de la situación, la mayoría de los pasajeros hicieron lo que se les pidió, aunque algunos se
negaron a salir del calor de sus camarotes por lo que consideraban simplemente un
inesperado y desconsiderado ejercicio de adiestramiento para evacuación.
Los botes fueron colgados y se dio la orden: “¡Mujeres y niños solamente!”. Al principio hubo
renuencia a abandonar el barco porque éste parecía tan seguro, tan cómodo comparado
con los frágiles botes. Beesley declararía después: “El mar estaba tranquilo como un lago
interior, excepto por el suave oleaje que no podía provocar movimiento alguno a un barco
del tamaño del Titanic. Permanecer en cubierta, a muchos metros por encima del agua que
golpeaba indolentemente contra el costado brindaba una sensación de maravillosa
seguridad…”

Todos se comportaban de manera calmada, casi indiferente. Hasta ese momento no había
aparecido el pánico que reina en otros barcos en circunstancias parecidas ante el peligro de
perder la vida ahogados; sólo se presentó una desagradable escena entre los pasajeros de
tercera clase, misma que fue controlada rápidamente por los oficiales
Finalmente, los botes empezaron a ser cargados de pasajeros y bajados lentamente,
aunque en realidad no los depositaron en el mar, porque el capitán Smith recibió las
respuestas a su señal de socorro, especialmente por parte delCarpathía que informó estar a
sólo 60 millas de distancia y aseguró que llegaría en cuatro horas. Sin embargo, el capitán
pronto se dió cuenta de que su barco se hundía más cada minuto que pasaba, y sabía que,
al hundirse la proa y levantarse el estribor sería más difícil bajar los botes, algunos de los
cuales sólo estaban ocupados a la mitad de su capacidad, pues muchas mujeres se
rehusaban a dejar a sus esposos. La esposa de Isador Strauss fue una de ellas y expresó
firmemente: “Donde tú vayas, yo voy”. Así, permanecieron juntos… y murieron juntos.
Mientras los botes chapoteaban abajo, las notas de Nearer My God to Thee flotaron en la
noche, emitidas por un grupo de músicos del barco que se había reunido en la cubierta con
sus instrumentos. Algunos pasajeros se unieron al canto, otros miraban fijamente sobre el
costado del barco para echar una última mirada y prolongada vista hacia los rostros de sus
seres amados antes de que se volvieran indistinguibles en la oscuridad. Las tripulaciones
de los botes salvavidas estaban integradas casi todas por camareros y fogoneros, pues los
oficiales y casi todos los marineros permanecieron a bordo para ayudar a los que se
quedaban.
Dos horas después de que chocara el trasatlántico, el capitán Smith ordenó: “¡Abandonen
el barco! ¡Cada hombre por sí mismo!” El permaneció en el puente y no se le volvió a ver. A
pesar de la orden, Phillips y Bride aún estaban transmitiendo, urgiendo a los barcos que
venían en su rescate para que se apresuraran, hasta que la energía falló y salieron a
cubierta.

Los de los botes miraban hacia atrás al imponente barco que se hundía. El barco, de casi
300 metros de largo con cuatro enormes chimeneas y que todavía brillaba con la luz
resplandeciente de claraboyas y salones, ahora estaba bajo por las amuras y hundiéndose
despacio pero perceptiblemente. El ángulo se hizo más abierto al levantarse el estribor,
luego se inclinó hasta alcanzar una posición casi vertical y permaneció unos momentos así,
casi inmóvil. Al balancearse, todas sus luces se apagaron de repente y se produjo un
profundo estruendo cuando toneladas de maquinaria se cayeron y rompieron hacia la
proa. En seguida el enorme trasatlántico se deslizó hacia adelante y hacia abajo,
cerrándose las aguas sobre él como una mortaja.

Poco después de las 04:00 horas, el Carpathia que realizó una peligrosa carrera en las aguas
a una velocidad hasta entonces desconocida (para él) de 17 nudos, llegó al escenario de la
tragedia a las 08:00 horas había rescatado a los ocupantes de todos los botes. Con él
estaba el California, un trasatlántico que se había detenido durante la noche a menos de 10
millas del Titaníc y cuyo capitán sería severamente criticado por no observar los cohetes de
auxilio del navío accidentado.
El mundo entero quedó conmocionado cuando se proporcionó el saldo final del desastre. De
las 2,206 personas a bordo, 1,513 murieron o desaparecieron; la mayoría eran miembros de
la tripulación y pasajeros varones del mayor desastre marítimo de todos los tiempos. La
investigación dio como resultado la creación de la International Ice Patrol(Patrulla
Internacional del Hielo) así como una reglamentación más estricta en cuanto a la provisión
de suficientes botes salvavidas para acoger a todas las personas que están a bordo de los
barcos.
Datos concretos Titán (Futility) Titanic

Pasajeros 2.177 2.227

Botes salvamento 24 20

Tonelaje 70.000 66.000

Longitud 240 mts. 268 mts.

Velocidad Impacto 24 nudos 23 nudos

Número de hélices 3 3

Lugar de partida Southampton Southampton

Lugar de naufragio 400 millas Terranova 400 millas Terranova

Supervivientes 705 605

Eslora 275 mts. 300 mts.

Velocidad máxima 25 nudos 25 nudos

Botes salvavidas 24 20
Así cuenta el accidente Víctor Suero en su libro: “Historias Asombrosas Pero Reales”: La gran
publicidad del Titanic, apoyada en la soberbia inglesa de la época, anunciaba que “Ni Dios podía
hundirlo”, pues jamás se había construido un buque de esas características de lujo, capacidad, y
seguridad. Sus 14 compartimentos estancos, y su doble fondo, garantizaban (lo cual es sólo una
manera de decir, tal como lo mostró la historia) que aquella nave pudiera llevar el mote de
insumergible que le habían puesto sus dueños, la compañía inglesa White Star.
El capitán, Ernesl Smith, era un hombre de la mayor experiencia y la tripulación toda fue elegida
entre los mejores. Tenían todo a favor. Pero comenzaron a darse una cantidad de hechos que llevaron
al desastre. Es posible que allí hayan trabajado juntos la chica del pelo suelto, la casualidad, y el
duro trabajador de jeans gastados, el destino. Lo que parece seguro es que, si uno analiza ciertos
detalles de lo ocurrido, casi no quedan dudas de que los del Titanio pagaron carísima su soberbia.
A las 21.40 del 14 de abril de 1912 el Messaba, un buque que navegaba por la zona, envió al Titanic
un aviso de hielos flotantes. Este mensaje no llegó nunca al puente de mando porque se consideró que
“esas cosas” no afectarían a semejante nave. Por lo tanto, siguieron navegando a 22 nudos, casi a
toda máquina. Un nuevo navío, el Baltic, también advirtió sobre los hielos con un mensaje de alerta.
George Ismay, director ejecutivo de la White Star, se ufanaba mostrando el telegrama aun a los
pasajeros, diciendo que lo bueno de estar a bordo de algo como aquello hacía que no den importancia
a esos detalles. Todos reían felices y seguían brindando. A las 23.40 se produce el choque, que abre
todo un costado del buque a lo largo de cien metros. Pero el capitán Smith ni siquiera se inquieta.
Nada de avisos al pasaje, ni estado general de alerta máxima, ni cambios en la alegre rutina. Aquel
barco era “insumergible”, según todos aseguraban. La orquesta seguía tocando y la fiesta a bordo
continuaba mientras los pasajeros jugaban con los trocitos de hielo que habían caído sobre la
cubierta.
Era insumergible, era insumergible. No había nada que temer. Pero comenzó a hundirse, clavándose
en el mar como un cuchillo filoso en la manteca caliente. Sólo había dieciséis botes salvavidas cuando
debieron ser 48. ¿Para qué tantos si era insumergible, era insumergible? De todas maneras había
que cumplir con las reglas y avisar de la colisión a «Iros buques. La radio emitió el pedido de auxilio
pero elCalifornian, a solamente ocho millas del lugar, no lo recibió porque su radiotelegrafista había
desconectado el aparato hacía apenas diez minutos, enojado por el trato altanero que había recibido
hasta entonces de sus colegas del Titanic, que alardeaban de su buque y se comportaban como si
dieran de una casta superior. La soberbia, el peor de los pecados, se pagaría muy cara. Pero el
destino tenía preparadas otras jugadas increíbles.
Murieron 1.513 de las 2.224 personas que iban a bordo. Los sobrevivientes, rescatados
hacia las cuatro de la mañana por el transatlántico Carpathia, describieron escenas de valor
y confusión. Como el Titanio solo contaba con botes salvavidas para la mitad de sus
ocupantes, los oficiales del barco ordenaron que las muje
res y los niños fueran evacuados en primer lugar. Muchos pasajeros y miembros de la
tripulación sacrificaron sus puestos. Pero la evacuación fue tan desorganizada que muchos
botes fueron soltados antes de estar llenos.
Los pasajeros pobres, inmigrantes amontonados en los entrepuentes de la parte inferior, no
pudieron hablar nunca del accidente: la mayoría lo averiguó demasiado tarde, cuando el
barco se deslizaba bajo el agua. Murieron junto a aristócratas y magnates, con la orquesta
del salón de primera clase tocando hasta el final.

El desastre, uno de los peores de toda la historia naval, provocó reformas importantes. Se
estableció la Patrulla Internacional del Hielo para prevenir a los barcos del peligro de los
icebergs del Atlántico Norte, y en 1913 se estipuló que los barcos debían llevar botes
suficientes para todos los pasajeros
EL RESCATE
Casi dos horas después llegó al sitio de los hechos el “Carpathia”. Su capitán dio orden de subir a
bordo a todos los sobrevivientes, descubriendo que sólo alcanzaban la cifra de 711; vale decir, habían
sucumbido cerca de mil quinientas personas.
Antes de emprender viaje a Nueva York con los sobrevivientes del holocausto, el “Carpathia” recorrió
por última vez el contorno donde se había hundido el “Titanic” y su capitán ordenó un breve servicio
fúnebre que fue seguido con profundo recogimiento y silencio por los presentes.
Pronto, también, llegaron hasta la zona del desastre el’ ‘Californian” y, posteriormente, el “Mackay-
Bennett”, que se dedicaron a la muy triste tarea de rescatar los cadáveres a la deriva.
Fue precisamente el “Mackay-Bennetf’ el que encontró 306 restos. Al distinguirlos daban la
impresión de una bandada de gaviotas posadas sobre el agua. Flotaban en posición vertical, “como
si caminaran en el agua”, y la mayor cantidad de cadáveres estaba reunido en un grupo grande,
rodeado por escombros del gran barco siniestrado.
Los tripulantes ocuparon toda una jornada para subir los infortunados cuerpos sin vida a cubierta.
Fue una labor tensa y amarga. Muchas de las víctimas presentaban aplastado el cráneo y
extremidades. Algunas mujeres sujetaban fuertemente a sus pequeños hijos en los brazos. Muchos
rostros estaban tan magullados que resultaba imposible el reconocimiento.
Quienes no pudieron ser identificados recibieron inmediatamente sepelio en el mar.
A las 20:00 horas del domingo 21 de abril se oficiaron las honras fúnebres. El ingeniero Fred
Hamilton, del “Mackay-Bennetf ‘, las describió de la siguiente forma en su diario de vida:
“El toque a muerto de la campana convoca a todos en el castillo de proa, donde treinta cadáveres
van a enviarse a las profundidades; cada uno va envuelto en lona, cosida cuidadosamente, después
de agregarle lastre. La luna creciente arroja sobre nosotros una luz tenue, mientras la nave se
bambolea entre el gran oleaje. El servicio fúnebre es dirigido por el Reverendo Canon Hind; durante
casi una hora se repiten las palabras: ‘Puesto que así lo has dispuesto… entregamos este cuerpo a
las profundidades…’ y, a cada intervalo, sigue el ¡plas! al zambullirse el cuerpo lastrado en el mar,
cuya profundidad, en ese lugar, es de más de tres kilómetros. ¡Plas! ¡Plas! ¡Plas!”
LA LLEGADA DEL “CARPATHIA” A NUEVA YORK
El jueves 18 de abril arribó a Nueva York el vapor “Carpathia”, de la Compañía Naviera “Cunard”,
con los sobrevivientes del’ ‘Titanic”. Más de treinta mil personas se agolparon en las calles para
recibir a los protagonistas de tan espantosa tragedia.
El desembarque fue rápido y expedito debido a una eficiente coordinación de las autoridades
portuarias. A su vez, la policía tuvo que desplegar todos los esfuerzos posibles para mantener a raya
a cientos de periodistas que trataban infructuosamente de acercarse a los sobrevivientes. Asimismo,
en el muelle permanecían estacionadas ambulancias y camillas para ciento veinte pasajeros que
tuvieron que ser conducidos al Hospital de San Vicente.
En las calles adyacentes, la multitud expectante presenciaba con un silencio sepulcral el paso de las
ululantes ambulancias.
Los escasos tripulantes y miembros de la oficialidad del ‘ ‘Titanic” que se salvaron de la catástrofe
fueron trasladados de inmediato al vapor “Capland” para ser enviados a Inglaterra.
La prensa neoyorquina se ocupó del tema por largo tiempo, culpando del desastre a la
irresponsabilidad de la compañía naviera y fustigando fuertemente a su director general, Joseph
Bruce Ismay, quien debió comparecer ante una Comisión del Senado estadounidense encargada de
investigar las causas de la tragedia y las responsabilidades que les cabían a sus propietarios y
oficiales.
INVESTIGACIÓN DE LOS ORÍGENES DEL NAUFRAGIO
Mr. Ismay, abatido por la magnitud de los acontecimientos, relató varias veces su versión de los
hechos y tuvo muchas dificultades para explicar por qué fue uno de los primeros en abordar un bote
salvavida, en circunstancias que sólo se permitía embarcar a mujeres y niños. Dijo nerviosamente, y
tratando de ser convincente, que cuando había ocupado el bote en que se había logrado salvar, a sus
alrededores no se encontraba ninguna señora que hubiera querido ocupar el lugar que él tomó. Pese
a su defensa, la prensa lo tildó de cobarde e irresponsable, pues, también, lo acusaron de haber
mantenido bajo presión al capitán Smith para que le imprimiera al vapor una velocidad temeraria,
pese a las señales de peligro que había recibido.
En el desarrollo de la investigación -más adelante- salió a luz que Mr. Ismay, temeroso de las
responsabilidades que iba a tener que afrontar, trató de transbordarse a otro vapor, en alta mar, para
regresar a Europa, lo que no consiguió.
Finalmente, las dos comisiones que investigaron el naufragio del “Titanic” -una americana y otra
inglesa- llegaron a la misma conclusión. Coincidieron en que el vapor había avanzado a gran
velocidad en una zona de alto riesgo, plagada de icebergs. La tripulación -obedeciendo estrictas
instrucciones de los propietarios de la compañía- debía cumplir un apretado itinerario en el menor
tiempo posible, aun cuando eso significara cruzar a toda máquina bancos de niebla, campos de hielo
o flotas de barcos pesqueros. El “Titanic” pagó altísimo precio por la locura de reducir los tiempos
de travesía del Atlántico.