Introducción

“Villa del Carmen, Jujuy. 1977”. El lugar perdido de Norma Huidobro narra el
conflicto que genera la llegada a este pueblo de Ferroni, un torturador al servicio del
Estado terrorista, en busca de las cartas que Matilde Trigo le envió a su amiga María
Valdivieso. La situación de los hechos está resumida en dos sintagmas: un lugar y un
momento histórico cuyos referentes son reales. Se trata de los albores de la última
dictadura militar en nuestro país.

Entre 1975 y 1983 transcurre en la Argentina el tramo más sombrío de la historia que
hemos vivido, cuyo rasgo dominante fue la concepción violenta de la política como
guerra, concepción que halló su realización más siniestra en la forma del estado militar-
terrorista, ejecutor de una represión salvaje que se tradujo en el exilio, la muerte y la
desaparición de miles de ciudadanos. (Gramuglio 242)

Pero ¿en qué medida podemos hablar de El lugar perdido como una novela
histórica? Y en todo caso ¿qué es la novela histórica? Noé Jitrik intenta peculiarizar sus
características y afirma, en principio, que

“las novelas históricas resultan de una ecuación […] entre dos cualidades que se dan por
ciertas: la de veracidad de un documento y la de reinterpretación de una retórica y de
ciertas reglas de una práctica. […] En esta relación, entonces, puede pensarse que la
expresión literaria que se conoce como «novela histórica» es algo así como la «forma»
que asume el triunfo absoluto del «tema» por sobre la estructura”. (Jitrik 1986: 22)

Pero reconoce unas líneas más adelante que

“en los hechos, el segundo elemento, el que debía ser servicial, el de ficción, siempre
terminó por ganar la partida acaso porque su eficacia, antes que plegarse a la
presentación de un saber adecuándose a él, se desvió por el inseguro pero seductor
camino de los “posibles” aristotélicos, invirtiendo los términos ideológicos, subordi-
nando a la historia hasta lograr el milagro de hacerla olvidar.” (Jitrik 1986: 22 y 23)

Si tenemos en cuenta esta afirmación, entendemos por qué en la novela de
Huidobro la historia queda relegada a un segundo plano.

El hecho de estar en un lugar alejado de su rutina. Bajtín nos advierte acerca de la particular interrelación que mantienen estos dos elementos a través del concepto de cronotopo (desarrollar y poner cita) Utilizando este concepto. superposición que repercute en la construcción de ambos con efectos tanto similares como disímiles. Pero el relato de las historias personales no se desarrolla de un modo simple. sino que forma parte de su vida cotidiana. sino a través de un especial tratamiento del espacio y el tiempo. pero su búsqueda del pasado no empieza en un momento en particular ni a partir de un espacio. como en el de su oponente. le había dicho su superior cuando él le preguntó por qué no mandaban a otro. El espacio de Ferroni: el hogar y el recuerdo Ferroni es enviado a Villa del Carmen para buscar las cartas que Matilde Trigo le mandaba a su amiga María Valdivieso. La hipótesis de este trabajo es que en El lugar perdido los conflictos del pasado de los personajes. Desde el primer día Ferroni se siente incómodo con el calor. lo desorientan en el tiempo y en el espacio. En el caso de Ferroni. En el caso de Marita. la tierra. el contacto con un lugar determinado dentro del pueblo (una callecita en particular) le permite desplazarse en el tiempo hacia su infancia. por qué tenía que ser él” (p. . pasan a primer plano y la historia personal “le gana la partida” o al menos equiparará en importancia a la representación de la Historia política. subjetivos. sumado al clima que le resulta insoportable. Para Marita. podemos sostener que en esta novela los personajes superponen al cronotopos real e histórico un tiempo y un lugar personales. Pero ¿por qué a él. ficcionalizada a través del conflicto central de la aparición de las cartas.12). la falta de distracciones en ese pequeño pueblo. el aislamiento del lugar en que vive se corresponde con el papel de mujer que le asigna la moral dominante de la época: el confinamiento al ámbito doméstico y la inhibición del deseo sexual. el tiempo también remite la infancia. que deberían ser secundarios. y en pleno verano. donde hay una falta de identidad de la madre (lo cual implica un hueco en la identidad propia). cuando el pueblo hierve? “Alguien tiene que ir. y hacia su interioridad. ya que recuerda momentos traumáticos de sus primeros años que habían permanecido reprimidos en su memoria ligados a la muerte de su madre. “Demasiada tierra.

¿Puede la tortura ser vivida como parte de la rutina. la misma y todas pero una. administrarla. su historia personal está marcada por la violencia y allí. Lo que más le molesta de estar en Villa del Carmen es la lejanía de su lugar de trabajo. donde no recibía órdenes. en ese pequeño pueblo encuentra una callecita que lo pone en contacto con su pasado. de barrio.demasiadas piedras. inexistente. un espacio que sabe propio a medida que lo descubre o lo . poniendo en un primer plano la banalidad del mal. tan desconocido y tan suyo. en la sala de interrogatorios (…) Ése era su lugar. y a su vez manejarla. matar y violar los derechos más elementales de los seres humanos no habían sido mercenarios especialmente preparados para esos fines sino que eran hombres comunes. Su trabajo se limitaba a la sala de interrogatorios. pero ausente. tan oscuro. No le importaba cumplir órdenes y ser apenas un pequeño engranaje de una máquina poderosa. inventada. La sala de interrogatorios (vale decir: de tortura) es para él para “su lugar”: Otros se encargarían de buscarlos y detenerlos. encima. sino que se jacta de ser “el más eficiente” (buscar cita). ir de vacaciones era ir a Mar del Plata. lo que lo afirmaba en la vida. A propósito de dos de ellas. como una ocupación más? Otras novelas intentan responder la misma pregunta en relación con la última dictadura en Argentina. donde nadie coartaba su imaginación. asumiendo así que quienes tomaron la picana para torturar. Villa de Luis Gusmán y El fin de la historia de Liliana Heker. Para él. el único que le permitía moverse con plena libertad. precisamente. (105-6) Ferroni no manifiesta ningún tipo de culpa por el trabajo que realiza. (…) Y la puerta. (Gazzera 2006: ) (Destacado en el original) Pero si bien Ferroni es un hombre común. Ferroni se siente a gusto con su rutina. Ahí sí que se disfrutaba” (17). dosificarla. Su lugar estaba en Buenos Aires. si era eso. La calle estaba ahí. (…) creando un espacio tan lejano como su infancia. Una ahí y otra superpuesta. Carlos Gazzera afirma: [Villa y El fin de la historia] venían a narrar el otro lado del horror: Villa. pensada. de vidas tan grises como la de miles de mortales. en la imaginación de Ferroni. medirla. controlarla. padres de familia. Ése era su lugar.

le pareció que estaba separada del resto del pueblo. Ferroni llega a ella atraído por el confort de la sombra. (…) Si no era un espejismo. relacionado con la evocación o rememoración y que provoca la aparición o desaparición del recuerdo. el olor de la sombra. Y mientras la caminaba despacio. “Ferroni se preguntó si esa calle no sería un espejismo.” (80) Todos los días de su estadía en el pueblo visita la callecita. sospechosamente silencioso e intransitado. llega la noche en el recuerdo y las lágrimas. los gritos de su madre tirada en el suelo de la cocina. una tregua en la lucha contra el calor. descubre precisamente porque le pertenece. en el pasaje de lo profundo a lo manifiesto encontramos tres formas del olvido. Así. Pero allí recordará momentos dolorosos que vuelven no solo en forma de imágenes. Todos estos recuerdos le llegan a Ferroni paulatina y trabajosamente. Recuerda la sangre y le provoca náuseas. la sangre. recordando cada vez más los hechos tarumáticos de su infancia: primero la puerta. (73) La callecita posibilita el pasaje del plano profundo al plano manifiesto. Adriana Imperatore describe el funcionamiento de la memoria y el olvido a partir de los aportes de Freud Y Ricoeur: En principio. plantea un segundo plano manifiesto. luego. “A Ferroni le gustó la callecita. este filósofo [Ricoeur] reconoce un plano profundo vinculado con la memoria como inscripción. como si no formara parte del pueblo. Luego. que se relaciona con el provocado por el trauma. (100-101) Las condiciones para que se produzca el contacto están dadas: se trata de un locus amoenus. luego la sombra. merecía serlo. retención o conservación del recuerdo.” (36) Allí encuentra la sombra que lo reconforta del calor. y en cada ocasión se adentra un poco más en su pasado. Y tuvo que venir a este pueblo estúpido para encontrarlo. . los revive con incomodidad en el cuerpo. La primera es el olvido pasivo. como si perteneciera a otro sitio y también a otro tiempo. el agua y su madre regando. y las pequeñas gotas de sol que se filtran a través de las hojas crean un espacio onírico que lo hace dudar de los sentidos. sino que a medida que se va adentrando en el pasado. es involuntario e inconciente y se encuentra en un nivel intermedio entre el plano profundo y el manifiesto. A propósito de los usos de la memoria en la literatura y con el objetivo de definir lo que ella llama “memoria crítica”.

El torturador cayó en la trampa. los recuerdos se combinan para acabar con él. Ferroni es por algún motivo indeseable. con ese dolor inconfundible del que ahoga su propio llanto para mantenerlo en secreto. . Villa del Carmen lo está torturando. tan nítido que empezó a dolerle la garganta. (…) A lo mejor la cosa pasaba por lo extensos que le resultaban los días. el silencio. asumiendo el rol de su padre. le dijo su superior. había preguntado él. porque a él lo ganó otra sensación que poco a poco se fue apoderando de su cabeza y su cuerpo. Quizá no fuera Villa del Carmen en sí. Ferroni se tocó la frente y la sintió arder” [155]). (128) Recuerda el llanto y le duele la garganta: “oía. El chico le trajo la sangre (…) Ferroni miraba. sino el mero hecho de estar lejos de Buenos Aires. (…) Ferroni vomitó junto al árbol de flores amarillas.” (p. Alguien tiene que ir. El calor. Ferroni no puede superar la barrera de la represión directamente. “Ferroni pensó en el escarabajo y lo imaginó caminando por el caño del desagüe. más nítido que el gorgoteo de la canaleta [los gemidos del chico]. Te tocó a vos. pero seguramente más del chico. (“Ferroni no tuvo dudas de que el chico estaba temblando porque un tenue pero prolongado temblor recorrió su propio cuerpo desde el pecho hasta los pies” [148]) tiene fiebre y la siente él (“El chico tiene frío y tiembla. sin sospechar (¿o sí?) el final que le esperaría en ese pueblo. a quien identifica con su madre. con tan poco que hacer.” (147) El chico tiembla y él también. (105-106) Como el escarabajo que encuentra en la palangana en que se lava la cara al inicio de la novela. vivía un dolor profundo que sabía era del chico y suyo. sentía. es necesario desecharlo a un lugar sin escape. “De ahí que el viaje a ese pueblo perdido de Jujuy no fuera otra cosa que un castigo. Presentía la trampa cuando lo mandaron allí. ahora. tratando de escapar de esa prisión oscura y tubular. el lento pasar del tiempo. sino que lo sitúa en el cuerpo de una detenida y niega la identidad del rostro hasta último momento. ¿Por qué?. viole y golpee a Marita. 11) Sus superiores se lo quieren sacar de encima. Esto será cuando el recuerdo se apodere completamente de él y. Ferroni se dijo que había algo en Villa del Carmen que lo estaba afectando seriamente. Al momento de recordar el rostro de su madre muerta a golpes.

Bibliografía citada Gazzera. junto a la perra de Marita. Carlos y Carlos Surgí (comps. Ferroni descansará en el seno mismo de la tierra que intentaba insistentemente quitar de sus zapatos. Zubieta (comp. Norma. La violencia empieza por la casa y se extiende al ámbito social. Buenos Aires. Tramas literarias y políticas: el pasado en cuestión. Alfaguara. Buenos Aires. La violencia está instaurada en nuestra sociedad.) Ficciones del horror. y no la de la víctima. 1986. A Symposium. Jitrik. -explica Imperatore. Noé. 2007 Imperatore. Literatura y dictadura. Ediciones Recovecos. La única diferencia en este caso es que la sangre que Ferroni toca es la suya. 71-87. Daniel Balderston (ed. acuerdos en la novela histórica latinoamericana”. sino que lo vive de nuevo. disimetrías.) The historical Novel in Latin America. A. Adriana. sino como acto. Córdoba. 2006. “De la historia a la escritura: predominios. Eudeba. La dictadura no fue un tiempo separado del tiempo. 2008. El castigo que pondrá fin a la tortura es la muerte. A propósito de dos novelas de Luis Gusmán”. y la violencia que ejerce un torturador sobre su víctima no es muy distinta de la que ejerce un marido sobre su esposa. Huidobro.) De memoria. Tulane. “Memoria crítica en la literatura. Debido a las experiencias traumáticas. Ediciones Hispamérica. la del victimario. lo repite sin saber que lo hace. Conclusión La teoría de los dos demonios ya no sirve. como la callecita de Ferroni. Gramuglio.se presenta en la mente de los pacientes un obstáculo para evocar el pasado causado por la represión. no lo reproduce como recuerdo. El lugar perdido. al que Freud denomina “compulsión de repetición” y que se manifiesta del siguiente modo: el paciente no recuerda nada de lo olvidado o reprimido. .M. La sociedad está hecha de estas pequeñas subjetividades.