BARRIADAS Y ELITES

DE ODRIA A VELASCO
David Collier
Barriadas y élites:
de Odría
a Velasco

INSTITUTO DE ESTUDIOS PERUANOS
Serie: Urbanización, migraciones y cambios en la sociedad peruana / 4

Título del original en inglés:

SQUATTERS AND OLIGARCHS
Authoritarian Rule and Policy Change in Peru
The Johns Hopkins University Press ― Baltimore and London, 1976

(Versión castellana de Leonor León de Williams)

© IEP ediciones
Horacio Urteaga 694, Lima 11
Telfs.: 32-3070 - 24-4856

Impreso en el Perú
1ª edición castellana, noviembre 1978
A mis padres, que me dieron la
oportunidad de conocer el Perú
Contenido

Presentación, José Matos Mar 11

Reconocimientos 13

1. Modernización dependiente y cambio político 15

2. Política gubernamental de barriadas en Lima 31

3. El apoyo gubernamental a la formación de barriadas 53

4. Paternalismo e informalidad: el período de Odría 68

5. Autonomía y auto-ayuda: el período liberal 78

6. Compromisos amplios: el período de políticas de partido 94

7. Auto-ayuda y control político: el período de Velasco 105

8. El cambio político desde un punto de vista comparativo 134

Apéndice I. Origen de los datos 147

Apéndice II. Cuadros 151

Bibliografía 158
Presentación

Si hace 20 años el estudio de las barriadas era un reto im-
portante para las ciencias sociales, hoy lo es mucho más. La extraor-
dinaria expansión de este tipo de establecimiento, no sólo en Lima
sino en todas las ciudades del Perú, y los fenómenos sociales que
implica y trasunta, como la marginalización económica y urbana de
gran parte de la población laboral, el creciente proceso de afirma-
ción de un nuevo patrón cultural ―que recoge tanto los aspectos tra-
dicionales rurales como otros nuevos inducidos por el mundo urba-
no―, la explosiva efervescencia política y constitución organizada
de específicos intereses de sus pobladores, hacen de él tema obligado
de cualquier intento de interpretación de la realidad peruana:

Sin embargo, poco es lo avanzado en este tipo de estudios y
mucho lo que aún queda por investigar. De ahí que en el deseo de
proporcionar nuevos elementos de juicio y estimular la investigación
del problema de las barriadas, el IEP ofrece uno de los más
interesantes estudios publicados en inglés, qué lo aborda desde una
perspectiva política, apenas estudiada en este tipo de estableci-
mientos.

El objetivo del estudio es determinar la relación existente entre
la política de los diversos gobiernos frente a las barriadas, en el
lapso comprendido entre los de Odría y Velasco, y la evolución del
autoritarismo en el Perú. Evidentemente, su mérito más notable es la
acuciosidad del trabajo de campo, que permite exponer
articuladamente, teniendo como base una sugestiva hipótesis, un
cúmulo de información inédita, de significativo valor para futuros
trabajos. Su aporte hace de él un texto básico para quienes deseen
penetrar en el mundo de la barriada, a la vez que sugiere una serie
de temas de investigación que necesariamente deben ser enfocados.
Temas entre los que, indudablemente, des taca el de la participación,
cuya importancia ha sido puesta en evidencia con ocasión de las
elecciones generales de junio de 1978 y las recientes movilizaciones
nacionales, en las que los pobladores de barriadas han jugado por
vez primera un papel decisivo.

En este sentido, el estudio de Collier tiene especial signifi-
cación como aporte inicial dentro de una perspectiva de específicos
análisis sociopolíticos, que deben continuar y esperamos ofrecer,

JOSE MATOS MAR
Reconocimientos

Desearía expresar mi gratitud por toda la ayuda, tanto insti-
tucional como personal, que ha hecho posible este libro. El principal
periodo de trabajo de campo, 1968-69, se realizó con un subsidio de
la Latin American Teaching Fellowship. Durante mi estadía en Lima
recibí generosa ayuda del Instituto de Estudios Peruanos, a través
de su director José Matos Mar y colaboradores. Otras visitas al
Perú, la de agosto y setiembre de 1972, fue posible gracias al
Programa de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de
Indiana, y las de agosto de 1974 y agosto de 1975 gracias a bolsas
de viaje del Social Science Research Council. El Centro de Estudios
Internacionales de la Universidad de Princeton me ofreció el
ambiente propicio para la redacción final del manuscrito.
En el Perú muchas personas contribuyeron a la buena marcha
de mi investigación. Jorge Reyes, Dale Nelson y Fernando Calder6n
me ayudaron a realizar las entrevistas de la encuesta sobre la
formación de barriadas, encuesta que no habría sido posible de no
mediar la buena disposición de los dirigentes de las barriadas
―tanto actuales como antiguos― al dedicarme gran parte de su
tiempo a responder las numerosas y detalladas preguntas respecto a
la formación de sus comunidades. Los funcionarios de las oficinas
gubernamentales relacionadas con los problemas de vivienda, así
como otras personas que trabajan en esta área, también brindaron
su valiosa ayuda. En especial, el personal de la Oficina de Barrios
Marginales de la Junta Nacional de la Vivienda y Marcia Koth de
Paredes de PLANDEMET, fueron muy generosos al compartir
conmigo sus datos sobre barriadas y sus apreciaciones sobre los
problemas de la vivienda y de las barriadas. Francisco Codina, del
Centro de Investigaciones Sociales por Muestreo, del Ministerio de
Trabajo del Perú, gentilmente me permitió el acceso a dos encuestas
que constituyen la base de parte de los análisis del capitulo 2. El
archivo del diario LA PRENSA fue una valiosa fuente de datos para
la historia de la formación y de la política de barriadas.
Julio Cotler, Sinesio López y Giorgio Alberti me ofrecieron
cálida amistad y hospitalidad, amplia guía intelectual y numerosas
sugerencias prácticas. Philippe Schmitter, Guillermo O'Donnell y
Julio Cotler han desempeñado un papel muy importante en mi
comprensión de la política latinoamericana y en el desarrollo
de los argumentos expuestos en este libro. Quedo muy reconocido a
Theodore Lowi por iniciarme en el análisis de la política
gubernamental y por hacerme participe de su contagiosa
pasión intelectual por el estudio de la política. Abraham Lowenthal
contribuyó decisivamente a este trabajo como organizador, en 1973,
del Seminario sobre el Perú en el Centro de Relaciones Inter-
Americanas de Nueva York. Este libro no habría alcanzado su forma
actual de no haber sido por su gran capacidad crítica y por el
estímulo que para el desarrollo de la investigación me proporcionó
dicho Seminario. Alfred Stepan y Henry Dietz contribuyeron con
muchas sugerencias y generosamente me ofrecieron su propio
trabajo .de campo en los barriadas, que completa la información
sobre los sucesos políticos posteriores a 1970.
Otros colegas comentaron el borrador, del manuscrito o bien
hicieron sugerencias de mucha utilidad para completar esta in-
vestigación. Entre ellos están Susan Bourque, Peter Cleaves, Alfred
Diamant, Edward Epstein, Fernando Fuenzalida, Howard
Handleman, Carl Herbold, Alex Inkelesr ]ane Jaquette, Robert
Kaufman, Anthony y Elizabeth Leeds, Sherman Lewis, William
Mangin, Patricia Marks, Joan Nelson, Liisa North, Scott Palmer,
Luis Soberón, John Turner y Douglas Uzzell. De todos modos soy el
único responsable de los errores y limitaciones de este trabajo. La
imprenta de la Universidad de Princeton, la Transaction Press y el
Centro de Estudios Internacionales del Instituto Tecnológico de
Massachusetts me han permitido usar aquí material anteriormente
publicado por ellos en forma de artículos, y esta versión castellana
se publica con autorización de la Johns Hopkins University Press.
Finalmente, mi esposa Ruth compartió conmigo la fascinante
experiencia de conocer el Perú, la emoción de armar un proyecto de
investigación, y también, las vicisitudes del análisis de los datos y de
las muchas ocasiones en que el trabajo parecía estancarse.
Igualmente leyó el borrador y tantas veces hizo significativas suge-
rencias que sería imposible contarlas. Por su invalorable ayuda, le
expreso mi cariñoso agradecimiento.
DAVID COLLIER
1

Modernización dependiente
y cambio político

AL COMENZAR la investigación que, origina este libro debí enfrentar la inquietante
pregunta de un amigo peruano: ¿cómo es posible que en un país como el Perú, tan
oligárquico hasta hace poco; se haya podido dar un crecimiento tan grande de barriadas
o pueblos jóvenes* alrededor de Lima, la capital?1 Las barriadas se levantan en violento
contraste con el encanto de la vieja Lima, rompiendo todas las normas convencionales
de la estética y los cánones del planeamiento urbano. Nacidas de la apropiación
aparentemente ilegal de la tierra, parecerían representar una afrenta al sistema de
propiedad privada, base del poder de la oligarquía terrateniente. Por lo general, la clase
urbana limeña consideraba a las barriadas como un "cinturón de miseria" y campo de
cultivo de radicalización política, que rodeaban amenazadoramente a la ciudad y que en
algún levantamiento político, vagamente imaginado, podrían aislada peligrosamente. ¿A
qué se debe que más de una cuarta parte de su población haya llegado a vivir en
semejantes asentamientos en un país que, hasta el golpe militar de 1968, se había
mantenido impermeable a cualquier cambio?
No debe, pues, sorprender qué las investigaciones de los científicos sociales
en Lima hayan llegado a conclusiones más sutiles que las reflejadas en los tradi-
cionales estereotipos2. Se admitía que, en un vasto contexto de urbanización y de
masivo desempleo y sub-empleo urbano, las barriadas permitían soluciones a mu-

* N. del T. El término actualmente en uso en el Perú es pueblos jóvenes (PP.JJ.) como se verá más
adelante.
1
Al usar la expresión oligárquico, me refiero al hecho que las principales élites agrícolas del Perú ―a
las cuales comúnmente los peruanos. denominan "la oligarquía"― han tenido hasta hace poco un sustancial
poder. No pretendo sostener que ellos son todopoderosas, ni tomar parte en la polémica sobre si realmente
"existe" una oligarquía en el Perú. Para una mayor documentación). sobre esta polémica, ver La oligarquía en
el Perú (IEP, ed. 1969). Un excelente estudio sobre los criterios para identificar una oligarquía, puede
encontrarse en Payne (1968). El consenso de autores como Bourricaud y Larson y Bergman, respecto al
importante rol político de la oligarquía en el Perú, obviamente, no es aplicable al período posterior a 1968
(Bourricaud 1970: 14 y Larson y Bergman 1969: 257). Referencias a los rasgos autoritarios del sistema
político peruano se presentarán más adelante.
2
Ver Matos Mar (1961), Goldrich et al., (1967/68), Mangin (1963, 1967a, 1967b). Turner (1963, 1965,
1967, 1968), S. Powell (1969), Dietz (1969), Andrews y Phillips (1970).
16 COLLIER

chos de los problemas de los migrantes pobres. Así: terreno gratuito, casa propia, opor-
tunidad de construir y mejorar la propia vivienda, y posibilidades de desarrollo comunal
basadas en la auto-ayuda, condiciones éstas que no existen en las llamadas viviendas de
interés social. Para alcanzar los beneficios logrados por las barriadas, los migrantes po-
bres debieron luchar denodadamente contra el sistema establecido, con el fin de ocupar
y retener la tierra en que se asentaban. Por lo tanto, una respuesta parcial a la pregunta
de mi amigo se encuentra en la tenacidad y duro trabajo de los propios invasores.
Este libro busca ofrecer una respuesta más completa, basada en un amplio conjunto
de nuevos datos sobre la formación de las barriadas, recogidos tanto en archivos como
en entrevistas personales a sus pobladores. Se demostrará que en Lima una de las causas
más importantes del surgimiento de las barriadas ha sido el amplio, y casi siempre
encubierto, apoyo del propio gobierno y de las élites. En particular, los miembros de la
oligarquía y los líderes políticos que representaban sus intereses, han estado directa-
mente vinculados a su formación, que literalmente no ha sido sino un doble juego entre
invasores y oligarcas. Uno de los objetivos principales de esta investigación es
establecer la magnitud de la vinculación entre élites y Estado, los tipos de gobierno y
grupos políticos involucrados, y las razones de su vinculación.

Política gubernamental y relaciones élite-masa

Al mismo tiempo que los datos satisfacen interrogantes relativamente específicas
respecto a la evolución de las barriadas de Lima, también están relacionados, con un
tema más amplio que ha ganado importancia en las recientes investigaciones sobre
América Latina: el papel que como factor independiente desempeña la política
gubernamental, al influir, en las relaciones entre élite y masa, y entre Estado y sociedad.
Específicamente, en cada caso estas relaciones dependen significativamente de los
niveles de modernización económica, de los patrones de movilización social y política,
y del desarrollo autónomo de la estructura de los grupos políticos. Por otra parte, éstos
se ven modelados por la misma política gubernamental que de esta manera tiene un rol
preponderante. Generalmente, los gobiernos intentan configurar las relaciones entre
élite y masa para adaptadas a los intereses económicos y políticos que representan; es
decir, para que coincidan con su concepción ideológica respecto a los medios
apropiados para el ordenamiento de las relaciones políticas de la sociedad.
Por supuesto que el patrón particular de relaciones entre élite y masa, que en
cualquier sociedad el Estado intenta promover, rara vez es estático. Más bien,
en el curso de la modernización social y económica, este patrón se desarrolla con
la evolución de los intereses que el Estado representa y con la aparición de nuevas
y cambiantes crisis a las que el Estado debe hacer frente. En países como el Perú,
en los cuales la forma de las relaciones élite-masa se caracteriza por ser predomi-
nantemente autoritaria, puede esperarse que la modernización económica y social
produzca una serie de etapas o sub-tipos de autoritarismo. Por lo tanto, el examen
1 / Modernización y cambio político 17

de la trayectoria de la política estatal, respecto a las relaciones entre élite y masa, sería
un medio apropiado para analizar estos sub-tipos. Sin embargo, resulta sorprendente que
haya muy pocos estudios, sea sobre el Perú como sobre cualquier otro país
latinoamericano, que analicen la evolución del autoritarismo a través de un largo
espacio de tiempo y que haya todavía menos estudios que centren su análisis en la
evolución específica de los distintos sub-tipos de autoritarismo3.
Este libro pretende este análisis al examinar la evolución de la política estatal
respecto de un aspecto específico de las relaciones élite-masa: la relación entre el
Estado y la población marginal de Lima.
Un buen número de características de las barriadas de Lima hacen que tal política
de barriadas resulte un tema apropiado para tal análisis. Las barriadas son
numéricamente importantes, con casi un millón de habitantes, que representan más de
un cuarto de la población de la Gran Lima y una proporción aún mayor del sector
urbano pobre. En Lima, más qué en cualquier otro lugar es mayor la posibilidad de
mejorar las viviendas y servicios comunales, debido a que la costa peruana ofrece
condiciones geográficas y climáticas sumamente favorables. Como la ayuda estatal a las
barriadas, aunque pequeña, eleva considerablemente el nivel de auto-ayuda, éstas
ofrecen continuas oportunidades para favorecer al pobre, en cuyas necesidades casi
todos los gobiernos demuestran interés. Por eso, la política de barriadas es una esfera
apropiada para buscar evidencias respecto al tipo de relación que cada gobierno desea
promover entre el Estado y los sectores populares urbanos.
El análisis de la evolución de la política de barriadas de Lima está dividido en
ocho capítulos. Después de esta breve introducción, las páginas siguientes de este
capítulo proporcionan una visión general de los tipos de interrogantes que cabría
formular respecto a la relación entre la modernización económica y social y el cambio
político en un medio conservador y autoritario como el peruano; presentan, también, un
resumen de ciertas transformaciones cruciales de orden económico, social y político
ocurridas en el Perú en este siglo. Se estima que estas transformaciones son la causa
subyacente de los patrones de cambio en las orientaciones políticas, objeto de este
estudio. El capítulo 2 ofrece los aspectos básicos de la política de barriadas en Lima, se
centra en sus características y en las conexiones existentes entre dicha política y otras
políticas conexas, particularmente relevantes para la mejor comprensión de la
problemática de barriadas: políticas relacionadas con la urbanización, vivienda, pobreza,
propiedad e incorporación política del sector urbano pobre.
El capítulo 3 analiza los diferentes tipos de formación de barriadas en Lima, con
especial atención al papel desempeñado por el gobierno, punto antes no tocado. Se
busca demostrar que la política gubernamental ha desempeñado un papel principal en la
formación de las barriadas capitalinas y en la identificación de
3
Germani y Silvert (1967). Para un primer e importante paso hacia este enfoque, ver un estudio más
reciente que adopta explícitamente esta perspectiva, el de O'Donnell (1973). Otros estudios conocidos
relacionados con este enfoque son: Schmitter (1971); Cardoso y Faletto (1969) y Cardoso (1973).
18 COLLIER

ciertas transiciones importantes en la evolución del rol estatal. Desde el capítulo 4 hasta
el 7 se traza el desarrollo de la política gubernamental hacia las barriadas y su
formación, desde 1948 hasta 1975. Estos capítulos estudian cuatro períodos distintos: el
paternalista, el liberal, el de políticas partidarias y el del gobierno militar, desde 1968
hasta 1975. Se verá cómo la particular combinación dé intereses económicos y políticos
presentes en cada gobierno, y la forma en que éstos interactuaban con una serie de crisis
políticas en cada período, condujeron a alternativas diferentes respecto a la política de
barriadas ―es decir, a la estrategia que vincula a los pobladores con el Estado, que se
refleja en la política de barriadas― y respecto al modo en que esta política fue usada
para hacer frente a los problemas de la urbanización, reforma agraria, pobreza,
propiedad y vivienda. El capítulo final, dentro de una perspectiva comparativa, analiza
la cambiante dinámica de la política estatal hacia las barriadas, y aborda el análisis de la
relación entre la modernización económica y social, y el cambio político en el Perú.

Modernización dependiente y cambio político

Al investigar los lazos entre cambio político y modernización dependiente, dentro
de un patrón autoritario, este libro plantea ciertas interrogantes relativas a la relación
existente entre modernización económica y social y cambio político. Desde el principio
cabe enfatizar que las consecuencias políticas de la modernización, aquí consideradas,
son totalmente diferentes de las discutidas por las ciencias sociales a fines de la década
del cincuenta y en la del sesenta. Quienes adoptaron el enfoque de los "pre-requisitos",
común por entonces, argüían que en los países del Tercer Mundo, a medida que
aparecieran la industrialización, urbanización, desarrollo de las comunicaciones,
crecimiento de la clase media y otras transformaciones modernizantes, se produciría
también un crecimiento de la democracia y en la esfera política una declinación del
autoritarismo4.

Tesis de la democratización

Esta tesis parecía estar sólidamente sustentada en tres tipos de evidencias. Primero,
el esquema de desarrollo propuesto era una repetición del esquema de modernización
política seguido por los países del Atlántico Norte que, según la caracterización de
Barrington Moore Jr., son países que han tomado la "ruta democrática" hacia la
modernización (Moore 1966: especialmente el capítulo VII). En estos países, en efecto,
la modernización económica y social estuvo acompañada por una creciente
democratización e igualdad política, y se llegó a suponer que los países del Tercer
Mundo podían seguir una vía de desarrollo semejante5.
4
Esta tesis ha sido elaborada en muchos estudios, incluyendo trabajos de Lipset, Coleman, Hagen,
Cutright, Simpson, Alker, Neubauer, Olsen y otros. Ejemplo importante de un trabajo sobre América Latina
que adoptó esta perspectiva es Johnson (1958). Ver también Szulc (1959).
5
Esta fue una importante suposición de muchos de los trabajos citados en la nota 4.
1 / Modernización y cambio político 19

El segundo fundamento empírico de esta tesis fue la notoria interrelación de
democracia política y modernización económica y social, registrada en numerosos
estudios realizados en la década del sesenta, tanto en países latinoamericanos, como en
otros6. A menudo se infería que, a la larga, esta relación del crecimiento económico y la
modernización social podría eventualmente afirmar una democracia estable en muchos
países del Tercer Mundo.
Finalmente, esta tesis también parecía estar sustentada por el hecho que desde los
años 50 hasta comienzos de los años 60 hubo, sin lugar a dudas, un período de
democratización en el Tercer Mundo. En esos años, América Latina vio caer gran
número de dictaduras ―Perón, Odría, Pérez Jiménez, Rojas Pinilla, Batista y Trujillo―,
produciéndose en el continente un aparente "ocaso de los tiranos" (Szulc 1959). En
1961 había solamente un gobierno latinoamericano que había llegado al poder mediante
un golpe militar (Rouquie 1973). Esta fue también la época en que muchas colonias,
especialmente en Africa, comenzaban a lograr su independencia política tratando de
establecer gobiernos democráticos, reforzando así la impresión de que en el Tercer
Mundo había una vocación democrática.
Esta imagen de cambio político ha sido profundamente sacudida por los sucesos de
las décadas del 60 y 70. Estos años significaron para América Latina y otros países del
Tercer Mundo una nueva realidad política, en la que el predominio de los gobiernos
democráticamente elegidos fue sustituido por el de los gobiernos militares y el
autoritarismo. Argentina, Brasil, Perú, Chile, Bolivia y Panamá figuran entre los más
notorios e importantes regímenes militares; el ejército o los jefes militares gobiernan
también en varios otros países; Argentina y Uruguay han experimentado recientemente
una "militarización" del gobierno Civil. Además, el régimen Civil que ostenta la mayor
duración de gobierno estable y efectivo ―el de México― en Considerable medida debe
su permanencia a la existencia de un sistema partidario no competitivo. Quizá lo más
chocante de todo es que en los países latinoamericanos, social y económicamente más
avanzados, es precisamente donde predominan los regímenes autoritarios.
En consecuencia, para América Latina, así como para otras regiones del Tercer
Mundo, la hipótesis que predecía la democratización, dentro de un contexto de
modernización económica y social, ha quedado sustancialmente desacreditada. Sin
embargo, esto no ha conducido al abandono de la búsqueda de nexos sistemáticos entre
la modernización y el cambio político, sino que ha alentado a los investigadores a
buscar otros tipos de nexos.

Modernización autoritaria

Una de las fuentes más importantes para las nuevas hipótesis de modernización
y cambio político puede encontrarse en la vasta bibliografía sobre los patro-
6
Ver las investigaciones mencionadas en la nota 4.
20 COLLIER

nes autoritarios de modernización7. Muchos de los argumentos que se desprenden de
esta producción pueden agruparse alrededor de la idea de una vía de desarrollo
"corporativista-autoritaria", seguida por muchos países latinoamericanos, en oposición a
la vía "pluralista-democrática", especialmente asumida en los países más avanzados de
Europa y Estados Unidos (Schmitter 1972). En ambos casos, la movilización social, el
crecimiento económico y la diferenciación estructural de la sociedad crean la base
potencial para una más amplia, significativa y masiva participación política, así como
para una política más pluralista. Sin embargo, éstas tienden a cumplirse en los países
democráticos en un grado sustancialmente mayor que en los autoritarios.
Esta diferencia se debería, en parte, al hecho que los tipos específicos de
transformaciones económicas y sociales que ocurren en las sociedades donde rige el
autoritarismo generan grupos políticos frecuentemente menos capaces de hacer efectiva
una masiva participación políticas. Además, juega también un rol decisivo la deliberada
limitación del pluralismo político impuesta por el Estado en estas sociedades. Esta
limitación del pluralismo puede definirse como el uso de los recursos del Estado para
restringir el surgimiento de grupos políticos autónomos, y controlar o canalizar sus
exigencias políticas. De este modo, el Estado no es un factor pasivo; por el contrario,
tiene un papel activo en la formulación de las relaciones élite-masa y Estado-sociedad.
En los países con gobierno autoritario muchas de las más importantes tran-
siciones hacia el desarrollo significan cambios en la medida que está limitado el plu-
ralismo y los métodos empleados para tal fin9. El estudio de estos cambios pro-
porciona un conveniente punto de partida para la investigación sobre los nexos
entre modernización y cambio político. Esta perspectiva coincide con la tradición
analítica nacida a partir del estudio de Juan J. Linz, pionero en su género, quien
plantea que las diferenciasen la limitación del pluralismo pueden ser consideradas
como una importante dimensión en torno a la cual se pueden distribuir los distintos
sub-tipos de autoritarismo10. La limitación del pluralismo por el Estado no es de
ninguna maneta un rasgo exclusivo de los sistemas autoritarios y, obviamente, en cierta
manera, está presente en todo sistema político. Sin embargo, es
7
Ver nota 3. Una útil compilación de estudios sobre el autoritarismo en América Latina puede
encontrarse en el número correspondiente a enero de 1974 de la Review of Politics, dedicado al
Corporativismo y en Malloy, ed., (1977).
8
Un ejemplo de esta relación puede encontrarse en Schmitter (1971: 370-71). Trata del impacto de la
industrialización, basada en la sustitución de las importaciones, sobre el desarrollo de la organización laboral
en el Brasil.
9
Esta conclusión aparece frecuentemente en la bibliografía sobre la política autoritaria en América
Latina. Ver notas 3 y 7.
10
El planteamiento original de Linz sobre los regímenes autoritarios consideraba la limitación del
pluralismo como una de las cuatro características definitorias (ver Linz 1964). Recientemente le ha dado un
lugar aún más central en su análisis, haciendo que el tipo de limitación del pluralismo sea la base de una
tipología de los regímenes autoritarios. Ver Linz (1972 :25-27) y (1975). En Linz (1975) a la limitación del
pluralismo también se le ha dado un rol central entre las dimensiones en que los regímenes pueden
organizarse.
1 / Modernización y cambio político 21

una característica particular de los sistemas autoritarios y parece ofrecer un conveniente
punto de partida para estudiar la dinámica del autoritarismo.
Dentro de este marco de referencia para el análisis de los patrones cambiantes rela-
cionados con la limitación del pluralismo, hay una serie de temas que serán enfatizados.
El primero se refiere a los tipos de transiciones modernizantes que determinan en mayor
grado el surgimiento de tendencias a limitar el pluralismo. Debido, en parte, a que
muchos de los más conocidos estudios sobre la modernización autoritaria en América
Latina se han centrado en naciones relativamente avanzadas, como Argentina y Brasil,
se ha dado en esa literatura un énfasis sustancial a la importancia causal de las
transiciones que ocurren en niveles relativamente altos de modernización. La atención
se ha centrado especialmente en las concomitancias políticas y en las consecuencias de
la industrialización ―basada en la sustitución de las importaciones― y también en las
consecuencias del aparente "agotamiento" de la etapa inicial del mismo proceso11. Una
perspectiva adicional que ha centrado convenientemente la atención sobre los niveles
relativamente altos de modernización, ha sido la que enfatiza la importancia causal de la
dimensión absoluta del sector moderno de cada nación, en lugar de enfatizar la dimen-
sión per capita (O'Donnell 1973), Esto ha permitido un valioso reagrupamiento concep-
tual de países; este reagrupamiento permite la ubicación de países grandes con bajos
niveles de ingreso per capita, como Brasil y México, entre aquellos altamente moderni-
zados, con lo que se proporciona la base para una explicación más adecuada de su
evolución política.
Así como se presta especial atención a la importancia causal de las transiciones
asociadas con los niveles más altos de modernización, merecen igual atención las
transiciones que ocurren en los niveles más bajos, tanto porque aquellas más avanzadas
todavía no son aplicables a algunos de los países menos modernizados, como porque las
principales experiencias formativas que se producen en los niveles bajos de moderniza-
ción pueden tener un impacto perdurable en la vida política nacional. Está segunda con-
sideración es especialmente relevante para el presente análisis. Aunque en el Perú la
industrialización basada en la sustitución de importaciones constituye parte importante
del contexto general del crecimiento económico en el que la política de barriadas se ha
desarrollado, se mostrará que algunas de las decisivas transformaciones modernizantes,
que han tenido un impacto más duradero sobre la política de barriadas, ocurrieron hace
varias décadas, mucho antes que en grado significativo se iniciara la sustitución de
importaciones.
En el Perú la característica de la primera etapa de la modernización, crucial
para los propósitos de este trabajo, tiene que ver con la distinción propuesta por
Cardoso y Faletto relativa al crecimiento orientado hacia la exportación ―como
el que ocurrió en muchos países latinoamericanos a comienzos de este siglo basa-
do en enclaves aislados de economía moderna, tales como las minas y plantacio-
nes muy mecanizadas (Cardoso y Faletto 1969: 48ss y 8255). Así, en con-
11
Estos argumentos 'Son presentados, detalladamente en los trabajos de Cardoso, O'Donnell y
Schmitter, citados anteriormente, así como en otros trabajos brasileños y norteamericanos sobre los períodos
populistas y post-populistas en Brasil.
22 COLLIER

traste con el rol relativamente marginal de los enclaves en países como Argentina y
Brasil, éstos representaron en el Perú el patrón dominante de desarrollo. Tal como
sostiene di Tella en su "teoría del primer impacto del crecimiento económico" (di Tella
s/f) y como será señalado más adelante en. este capítulo con referencia al Perú, este
patrón de crecimiento, aunque en cierto modo aislado dentro de la sociedad nacional,
puede producir modelos de transformaciones económicas, sociales y políticas que
durante varias décadas tuvieron un impacto dramático sobre la evolución de los
regímenes políticos nacionales y sobre los tipos de autoritarismo que surgieron. Las
consecuencias políticas de estas transformaciones para el Perú constituyen el principal
objetivo de los capítulos siguientes.
Un segundo tema, de la mayor importancia para este análisis, es el hecho que la
relación entre la modernización económica y social y los diversos enfoques para la
limitación del pluralismo no es directa sino que, más bien, ocurre al intervenir una serie
de variables. El proceso de modernización produce nuevos grupos económicos y
políticos. Estos grupos interactúan dentro de severas crisis políticas o crisis de
“hegemonía", en las que el control de los grupos anteriormente dominantes se ve
debilitado por transformaciones básicas de la estructura social y económica, por la
movilización de los sectores políticos anteriormente pasivos, o por las crisis económicas
(Gramsci 1957: 174-76, Poulanzas 1969: 169ss y Nun 1969). Estas crisis políticas son
resueltas a través de un reordenamiento de la coalición política dominante, sobre la base
de una nueva combinación de intereses económicos y políticos, y del empleo de nuevas
tácticas para incorporar o excluir la participación de los grupos recientemente
movilizados, de acuerdo a su ubicación, dentro o fuera de la coalición dominante. Estos
patrones de coalición, siempre cambiantes, son determinantes esenciales del tipo de
limitación del pluralismo que emerge de cada crisis12.
Tercero, con la evolución de las distintas maneras empleadas para limitar el
pluralismo, parece presentarse una tendencia hacia una mayor afirmación del con-
trol autoritario sobre la actividad política, especialmente en el contexto latinoame-
ricano13. Aunque el grado de control no es de ninguna manera homogéneo con
respecto a las distintas clases (O'Donnell, P/A), y aunque pueden darse impor-
tantes retrocesos en esta tendencia, el patrón de la mayor afirmación del autori-
12
Pueden encontrarse importantes discusiones sobre los patrones coalicionales en la política
latinoamericana en Anderson (1967: capítulo 4) y Kenworthy (1970).
13
Esta tendencia es, obviamente, una de las más dramáticas características del patrón de cambios que
surge en la política latinoamericana contemporánea y ha sido enfatizada por varios autores, en la bibliografía
sobre la modernización autoritaria citada anteriormente. En un marco más amplio de comparación, Moore, Jr.
(1966: especialmente el capítulo 8) ha señalado la tendencia de los regímenes que adopten una vía autoritaria
de desarrollo (que él caracteriza como modernización a través de revoluciones desde arriba), a pasar por una
etapa autoritaria, semi-parlamentaria, que desemboca en el fascismo" como consecuencia de crisis económicas
y políticas. De este modo, su análisis apunta hacia una mayor restricción del pluralismo, en el curso de la
modernización. El análisis de Organski (1965: capítulo 8) de los regímenes "sincréticos" señala un curso de
desarrollo semejante, aunque él pone mayor énfasis en las posibilidades de un retorno a la vía democrática.
1 / Modernización y cambio político 23

tarismo en altos niveles de modernización, parece ser una característica importante en la
América Latina contemporánea. Examinadas las sucesivas etapas de la política de
barriadas, una de las interrogantes que plantea este estudio es si efectivamente surge
esta tendencia hacia una mayor afirmación del control autoritario.
Finalmente, en conexión con esta mayor afirmación del autoritarismo, parece darse
un mayor grado de diferenciación de los intereses políticos y también de autonomía del
mismo Estado dentro de los esquemas coalicionales presentes en los niveles más altos
de modernizaciónl4. El control y penetración del Estado en ciertos sectores de la
sociedad ―especialmente en la clase obrera― acentúa su libertad de acción y su
autonomía en muchas esferas de la política gubernamental. Así, el Estado se convierte
en algo más que un canal de expresión de los intereses de los grupos económicos y
sociales dominantes: deviene en agente independiente, con intereses propios. Una de las
primeras y más importantes contribuciones respecto a esta tendencia, es el famoso
análisis de Karl Marx sobre la creciente autonomía del Estado en Francia durante
Napoleón III, fenómeno al que algunas veces se ha denominado "bonapartismo"15. Este
patrón de creciente autonomía puede no caracterizar precisamente a todas las áreas de
políticas gubernamentales, y ser reversible en algunas circunstancias16. Como quiera
que sea, aparece como una tendencia importante de los sistemas autoritarios. Esta
investigación ofrece una oportunidad para explorar esta tendencia, dentro del contexto
de un área específica de cambio de relaciones entre Estado y sociedad.
En el Perú el análisis de la relación entre modernización y evolución de los modos
empleados para la limitación del pluralismo ―reflejados en la política de barriadas―
dedicará especial atención a estos cuatro temas interrelacionados: a. la identificación de
los particulares cambios modernizantes, que han sido capitales para el cambio de
orientaciones políticas; b. el surgimiento de nuevos grupos políticos, de nuevas crisis y
de nuevas coaliciones políticas dominantes; c. la tendencia hacia una afirmación más
decisiva del control autoritario sobre la actividad política; y d. la tendencia a una mayor
diferenciación en la esfera política y al incremento de la autonomía del Estado mismo.

Modernización económica y social en el Perú

Al ser uno de los propósitos centrales de este estudio analizar los tipos de
cambios en las orientaciones políticas, relacionados con la modernización econó-

14
La creciente importancia en América Latina del poder político de los militares como institución
dentro del Estado ―en contraste con el poder más personalista de un general o de grupo de generales―, es
una de las más notables manifestaciones contemporáneas de esta tendencia.
15
Marx (1963: especialmente pág. 120ss). Para mayores datos sobre este tema en otras obras sobre
política autoritaria, ver Schmitter (1972: 90-92).
16
Un importante pronunciamiento con respecto a la precaución que debe tenerse al discutir la
autonomía del Estado ―especialmente con referencia a los grados de autonomía vis-à-vis de los diferentes
grupos de clases― puede encontrarse en O'Donnell (1977).
24 COLLIER

mica y social ocurrida en un medio autoritario específico ―el Perú― es conveniente
presentar las características más saltantes del medio y tipo de modernización
dependiente que ha experimentado.
No hay ningún desacuerdo sobre la definición del sistema político peruano como
autoritario. La historia peruana reciente ha sido testigo de varios importantes períodos
de gobierno militar, en los que uno de los objetivos centrales del Estado ha sido imponer
sustanciales limitaciones a la expresión política17. El término "incorporación
segmentaria" se ha usado para describir una táctica usual en el Perú: la de ofrecer una
considerable ayuda estatal a los grupos más organizados de un sector social emergente,
de manera que induzca a estos grupos a interesarse más en la búsqueda de beneficios
adicionales para ellos mismos, que en ampliar y fortalecer el poder de todo el sector
social (Cotler 1967/68: 238-40). Las políticas innovadoras de mayor trascendencia
―por ejemplo, algunas de las primeras e importantes etapas de la seguridad social―
han sido introducidas frecuentemente con el objeto de debilitar los movimientos
políticos radicales (Chaplin 1967: 78), Evidentemente, estas tácticas de prevención y
control son también comunes en los sistemas democráticos. Sin embargo, en un país
como el Perú parecen más difundidas y penetrantes. A diferencia de los países
democráticos, son frecuentemente aplicadas por gobiernos militares, que ejercen un
control político mayor que el de los regímenes civiles de los países democráticos.
Incuestionablemente, por lo menos en apariencia, en el Perú han habido períodos
democráticos. De los cuatro períodos políticos considerados en este estudio, tanto el
período liberal (1956-60) como el de políticas partidarias (1961-68) estuvieron
caracterizados por un grado sustancial de pluralismo y libre competencia entre los
partidos políticos. Se demostrará que este patrón competitivo tuvo importantes
consecuencias en la política de barriadas. Sin embargo, el Perú ha sido un país en el que
generalmente ha predominado el autoritarismo y, por consiguiente, la limitación del
pluralismo es un tema central en la política de barriadas.
Respecto a los patrones de modernización económica y social que han aparecido en
este medio autoritario, se ha enfatizado ya que es de particular relevancia para el
presente análisis el patrón de incremento de los productos básicos de exportación,
surgido en el Perú a principios de siglo. También es de especial importancia el patrón de
crecimiento urbano característico de esta centuria.

El sector exportador, el APRA y la agricultura tradicional
El origen de muchas de las fuerzas de cambio examinadas en este estudio puede
encontrarse en la creciente importancia que adquiere ―a fines del siglo pasado y
comienzos del presente― la exportación de productos primarios, siendo los más
importantes el algodón y azúcar en la costa, y los minerales en varias regiones del país,
especialmente en la sierra central. Este desarrollo es crucial para el presente análisis por
las dos siguientes razones:
17
Estos períodos de gobierno son discutidos en detalle en los próximos capítulos y en las
fuentes citadas en el texto.
1 / Modernización y cambio político 25

1. En primer término, el patrón de crecimiento registrado por el sector exportador,
dio origen al Partido Aprista (Cotler 1967: 6, Klarén 1973 y North 1973), que ha tenido
un rol decisivo en la formulación de la política de barriadas en todos los períodos
considerados, en este estudio. El surgimiento del sector exportador se basó en un alto
grado de concentración de poder económico en crecientes enclaves rurales. Estos
nuevos centros de poder económico desplazaron a importantes elementos de la clase
media urbana provinciana. La concentración de la propiedad de la tierra deterioró,
además, los existentes patrones de producción agrícola en pequeña escala, produciendo
una "proletarización" de pequeños propietarios de tierras, quienes, en muchos casos, se
convirtieron en asalariados de las nuevas grandes empresas. La combinación de este
desplazamiento social y económico, y la formación de un proletariado rural en los
nuevos enclaves de actividad agrícola y minera, crearon las condiciones que condujeron
al surgimiento del Apra, coalición de este proletariado rural y la clase media desplazada.
Aunque dentro de estos enclaves hubo niveles relativamente altos de mecanización y,
por consiguiente, de modernización, estos sucesos ocurrieron en el contexto de un nivel
general relativamente bajo de modernización de la sociedad peruana, produciendo lo
que podría considerarse como una aparición "prematura" de este nuevo partido político.
El Apra surgió como la principal fuerza de cambios radicales dentro del contexto
conservador de la sociedad peruana.
Además de los patrones de dislocación económica y social que dieron origen al
Apra, es evidente que los enclaves representaron un marco eco1ógico particularmente
propicio para la sustentación de un movimiento político como el Apra. Di Tella afirma
que en estas situaciones de "masa aislada" hay una baja movilidad social, y una
identificación común de los trabajadores de la región contra el 'resto de la sociedad', a la
que se percibe distante y hostil. Con cierta frecuencia, el mercado laboral es inestable, y
esto produce en la región un efecto particularmente intenso por la ausencia de otras
fuentes de trabajo. La solidaridad comunitaria o de grupo se fusiona con la solidaridad
sindical, dando lugar a un patrón de agudos antagonismos sociales. En esos casos la
carga emocional que caracteriza al conflicto social puede ser particularmente intensa (di
Tella 1968: 386-87). Este marco ecológico parece haber sido un factor decisivo que
sostuvo al Apra a lo largo de muchas décadas de represión.
El Apra, a su vez, tuvo un gran impacto en la evolución de, la política de
barriadas, como se señalará detalladamente en los próximos capítulos. Las crisis
políticas producidas por este surgimiento "prematuro" del Apra ―y por los sub-
siguientes intentos para incorporar al partido aprista dentro del sistema político
peruano― figuran entre los principales elementos que influyeron en la política de
barriadas.
2. Desde nuestra perspectiva, la segunda consecuencia importante del cre-
cimiento de la economía de exportación fue el consecuente debilitamiento de la
posición relativa de la élite agrícola tradicional de la sierra, cuyos latifundios es-
tuvieron, en general, orientados hacia mercados locales o, a lo más, regionales.
La élite del sector exportador desplazó a esta élite tradicional como elemento do-
26 COLLIER

minante en la oligarquía peruana (véase: Cotler 1970 y Astiz 1969: 48ss). En algunas
partes de la sierra, la aparición de la minería de exportación y también la de la ganadería
en gran escala y altamente eficiente ―vinculada al desarrollo de los enclaves mineros―
se convirtió en un estímulo para el cambio económico y social que ayudó a socavar el
orden agrícola tradicional y, en algunos casos, atrajo hacia estas modernas empresas a
los miembros más capaces de las élites tradicionales, debilitando aún más la tradicional
estructura del control político (Alberti 1972: 321). La disminución de la proporción del
ingreso nacional producido por la agricultura tradicional contribuyó también a la
declinación de su poder político. Se ha calculado que en 1966 el valor de los productos
agrícolas de los latifundios tradicionales fue solamente de 5% a 10% del total de la
producción agrícola, sin incluir el consumo de los campesinos en las haciendas
(Bourricaud 1966: 19).
La pérdida de dominio de la élite tradicional dentro de la oligarquía no fue, en sí
misma, un golpe mortal a su poder. En parte su posición dependía del control que
ejercía en la sierra sobre los gobiernos locales, poder que se le permitía a cambio de los
votos que debía conseguir en las elecciones presidenciales (Bourricaud 1966: 19-20).
Pero, aparte de estos cambios en la posición de la élite tradicional, en la década del 50
otros factores de cambio afectaron la agricultura tradicional. El rápido crecimiento de la
población produjo .el fraccionamiento de los propietarios, un deterioro de la relación
hombre-tierra y una declinación de los niveles de vida (Ford 1962: 145, Alberti 1972:
231, y Martínez 1968: 6). El descontento fue estimulado por la aparición de nuevos
partidos políticos, por la elevación de los niveles de educación y por la difusión de ideo-
logías anti-oligárquicas, en la que el Apra jugó un rol importante (Alberti 1972: 316).

Cambio rural y urbanización

Las transformaciones de la sociedad rural han sido factor principal para otro tipo
de cambio social, que ha desempeñado un papel capital en el desarrollo de las barriadas
en el Perú: la urbanización. En un marco de cambio rural como el descrito, las tres
fuentes alternativas más importantes de mejoramiento del nivel de vida de los
campesinos han sido: reforma agraria hecha por el Estado; invasiones de tierras y
movimientos campesinos; y migración hacia las ciudades. En la sierra peruana, hasta
comienzos de la década del 60, la última de las tres ha sido uno de los medios más
importantes para aliviar la miserable condición de los campesinos. En realidad, en base
a investigaciones sobre otros contextos nacionales, se puede formular la hipótesis que la
urbanización sirvió como un sustituto temporal de las otras dos (véase: Huntington
1968: 299, Bachmura 1970: 4, Germani 1959: 75 y Mac Donald 1963: 61-75).
El análisis de los patrones de migración confirma la hipótesis de que en las
áreas rurales la migración a la ciudad ha funcionado como válvula de escape. Las
causas principales de la migración incluyen el crecimiento de la población, baja
productividad de la agricultura; declinación de los niveles de vida, falta de oportu-
nidades para mejorar los métodos agrícolas y escasez de empleo (Martínez 1968:
1 / Modernización y cambio político 27

316). Para los campesinos que permanecen en las áreas rurales, la migración mejora la
relación hombre-tierra, aumenta la producción agrícola per capita y, en consecuencia,
eleva los niveles de vida (Alers y Appelbaum 1968: 24). Para quienes dejan el agro, la
migración es un medio para alcanzar aspiraciones económicas, educacionales y
movilidad social (Ibid., p. 11). También se ha aducido que el sector más joven, capaz y
educado de la población ―con mayores probabilidades de migrar― es también el de
mayor opción para participar en los movimientos campesinos; esto sugiere una razón
para la existencia de una relación inversa entre migración y presión para el logro de
cambios políticos en las áreas rurales18.
De este modo, mientras que la migración hacia la ciudad parecía proteger
temporalmente la posición de la oligarquía serrana, tenía también importantes re-
percusiones en otros sectores de la sociedad peruana, debido a sus consecuencias en la
importancia política y demográfica de las áreas urbanas. La población de Lima ―punto
central de este estudio― aumentó de 3.9% del total nacional en 1908, a 8.4% en 1940,
17.0% en 1961 y 24.2% en 1972. La proporción del electorado nacional correspondiente
a Lima mostró un aumento igualmente espectacular, elevándose de 9.7% en 1919 a
28.2% en 1931 y 41.7% en 1961 (véase Apéndice II, Cuadro II, I) .
Esta nueva población urbana ha constituido parte importante de la base de los
movimientos políticos reformistas del Perú, incluyendo no sólo al Partido Aprista,
a pesar de su origen rural, sino también a otros partidos reformistas, como Acción
Popular y el Partido Demócrata Cristiano. El creciente poder de los grupos políticos
de base urbana representó una amenaza a la posición de impor-

18 Aníbal Quijano 1967: 11.12). Debe señalarse varios puntos delicados al analizar la relación entre la
migración y la presión para cambios en el área rural. Primero, aunque parecería razonable que la migración
del campo a la ciudad pudiera reducir la presión para cambios políticos, el contacto entre los migrantes que
han abandonado la comunidad rural y los miembros que se han quedado, podría servir de estímulo para el
cambio rural. Sin embargo, a nivel individual, partir en lugar de quedarse a luchar por los cambios representa
una clara decisión, y es probable que los patrones hayan considerado esta migración como una conveniente
válvula de escape. Segundo, como nuestro interés es considerar el crecimiento de Lima, debe enfatizarse que
los migrantes de las áreas rurales, por lo general, no se dirigen directamente a la capital (Alers y Appelbaum
1968: 2). De acuerdo con una encuesta realizada a fines de 1965, solamente el 6.1% de los migrantes en Lima
proviene de centros poblados de 1,000 o menos habitantes. (Dirección Nacional de Estadística y Censos 1968:
9). La razón de esto consiste en que, por lo general, los movimientos poblacionales siguen un patrón de
migración escalonada en el cual la migración de las áréas rurales hacia los grandes centros urbanos es hecha
en etapas, generalmente a través de varias generaciones. Esto no quiere decir que Lima no sea un importante
centro de migración. En 1961, el 39.9% de todos los peruanos que vivían fuera de su provincia natal se
encontraban en Lima, y el 47% de la población de la Gran Lima estaba compuesto por provincianos. (Alers y.
Appelbaurn 1968: 3). La relación entre las migraciones que salen de las áreas rurales y la migración hacia
Lima, debe ser considerada como un patrón por el cual la migración de las ciudades provincianas hacia la
capital de la República, alivia el problema del empleo y de la vivienda en esas provincias, aumentando de esa
manera los incentivos para que los habitantes de las áreas rurales se trasladen a esas provincias. Así la
migración hacia Lima tiene un efecto importante, aunque indirecto, sobre la migración de las áreas rurales.
28 COLLIER

tantes sectores de la sociedad, especialmente para la oligarquía exportadora (Cotler
1970/71: 96-98). Este conflicto entre el sector exportador y los nuevos movimientos po-
líticos basados en las áreas urbanas es, de hecho, común a los países latinoamericanos.
Generalmente, se cristaliza con la formación de coaliciones populistas, que rompen con
el sector exportador introduciendo cambios sustanciales en la política comercial,
fortaleciendo el rol del sector estatal y apoyando la industrialización (véase O'Donnell
1973: 56-57). Parece que el fracaso del Apra para retener el poder y llevar a cabo
semejantes transformaciones se debió, en parte, al limitado desarrollo del sector político
urbano del Perú, en comparación con otros más grandes y modernizados de otros países
latinoamericanos (Cotler 1967: 2-3). Sin embargo, el creciente poder de los nuevos
grupos urbanos ―especialmente de los partidos de base popular― ha sido una amenaza
continua para los exportadores. Las medidas de protección adoptadas por los dirigentes
de este sector han sido de gran importancia en la política de barriadas.

La política peruana como "museo viviente"

Los procesos de cambio experimentados en el Perú: crecimiento de la agricultura
de exportación; surgimiento "prematuro" del Apra; declinación del poder de la élite
tradicional de la sierra; urbanización y consiguiente crecimiento de los sectores políticos
urbanos; creciente divergencia de intereses entre la oligarquía tradicional, oligarquía
exportadora y sectores urbanos orientados hacia reformas fundamentales― forman el
marco general del presente análisis de la política gubernamental de barriadas. En un
período relativamente corto, estos procesos de cambio han llevado al poder a una serie
de grupos políticos con intereses políticos y de clase sumamente diversos. El resultado
ha sido la creación de lo que Charles W. Anderson ha descrito (especialmente para
América Latina) como "un museo viviente", en el cual
"los movimientos democráticos dedicados a los ideales constitucionales y de
bienestar social de mediados del siglo veinte, subsisten lado a lado con una
tradicional aristocracia agraria, virtualmente semi-feudal" (Anderson 1967:
104).
La política peruana se asemeja a un "museo viviente" no sólo a causa de la yux-
taposición de una gran diversidad de grupos políticos, sino también por la aparición,
dentro de un período relativamente corto, de una gran variedad de estrategias de
desarrollo, de diferentes concepciones respecto de las relaciones élite-masa y, por lo
tanto, de una variada gama de políticas de barriadas. Ha habido una superposición de
etapas, tanto en lo que se refiere al desarrollo de los grupos políticos, como en lo que
atañe a las alternativas de política gubernamental.
Esta yuxtaposición de diferentes grupos y políticas en un corto lapso no solamente
proporciona una base conveniente para un análisis comparativo, sino que es en sí un
factor de influencia en el cambio político.
En esta investigación se examinan los medios empleados por diferentes gru-
pos, representados en este "museo viviente" de la política peruana, para influir
1 / Modernización y cambio político 29

en la política de barriadas. El análisis se centra en cuatro períodos entre 1948 y 197.5: 1.
el gobierno de Odría (1948 a 1956), único gobierno entre los examinados que mantuvo
vínculos importantes con la élite tradicional de la sierra cuyo poder era anterior al de la
élite exportadora; 2. los primeros cuatro años y medio del segundo gobierno de Prado
(1956 a 1960), cuyo poder estuvo vinculado a la oligarquía exportadora y los intereses
comerciales urbanos; 3. un período (1961-1968, con una breve interrupción militar entre
1962 y 1963) en el cual la política de barriadas estuvo dominada por los partidos
políticos de ancha base, cuyo poder, en buena medida, se originaba en la economía de
exportación y en otros procesos de cambio social relacionados; y 4. el período del
gobierno militar de Velasco de 1968 a 1975, en el cual la política reformista de los
militares fue, sustancialmente, producto de las crisis provocadas por el estancamiento
político entre los diferentes grupos que habían influido en la política de barriadas
durante los períodos anteriores. Se demostrará que, en cada uno de estos períodos, el
grupo político dominante modeló la política de barriadas en forma tal que se adaptara a
su estrategia general de desarrollo rural y urbano, y a su concepción particular de la
forma adecuada de participación política de las masas y del rol del Estado en la
sociedad.

Conclusión

Dentro del contexto de las profundas transformaciones económicas y sociales
experimentadas en el Perú en el presente siglo, han ocurrido una serie de procesos
de cambio político, de efecto crucial en la política gubernamental de barriadas seguida
en Lima (véase gráfico 1). Han aparecido nuevos grupos económicos y políticos que
han intervenido en una serie de crisis políticas. Estas crisis, a su vez, produjeron nuevas
coaliciones políticas dominantes, que en definitiva influyeron en la política de barriadas
En gran medida, las decisiones adoptadas respecto a la política de barriadas han
sido producto de los procesos de cambio subyacentes. A su vez, dicha políti-
ca ha sido usada deliberadamente para orientar el rumbo de estos procesos de

Surgimiento
de nuevos
grupos eco-
nómicos y
políticos

Gráfico 1. Modernización y cambio político
30 COLLIER

cambio. Esto se ha debido, en parte, al grado de vinculación existente entre la política
de barriadas y otras políticas consideradas de gran impacto en la orientación de los
cambios sociales, económicos y políticos. Estas políticas interrelacionadas, que se
discuten detalladamente en el capítulo 2, incluyen las referentes a la urbanización,
reforma agraria, pobreza, propiedad y vivienda. Además, y esto es lo más importante
desde la perspectiva de este análisis, incluyen también los diferentes medios empleados
en cada período para limitar el pluralismo político. El propósito de este análisis es
explorar cómo estas áreas interrelacionadas de política han evolucionado en el Perú y,
en consecuencia, contribuir a la comprensión de los diversos sub-tipos de autoritarismo
que han aparecido en este singular contexto de modernización dependiente.
2
Política gubernamental de
barriadas en Lima

LA EVOLUCION de la política de barriadas de Lima ha involucrado una serie de
situaciones complejas, relativas a las barriadas mismas y a la relación existente entre la
política de barriadas y problemas tales como urbanización, vivienda, pobreza, propiedad
y los dispositivos usados por los sucesivos gobiernos para incorporar a los sectores
populares a la vida política. Con el objeto de interpretar adecuadamente la relación
existente entre modernización y esta área de cambio de políticas gubernamentales, es
conveniente tener cierto conocimiento de aspectos básicos de la política de barriadas.
Este capítulo presenta una breve caracterización de las barriadas, enfatizando los puntos
más importantes vinculados a su desarrollo. Además, investiga los mecanismos por los
que las barriadas y la política de barriadas se vinculan a otras áreas, dedicando especial
atención a la interrelación existente entre las diversas metas alternativas posibles.

Definiciones y terminología

El término "barriada" se usa en este libro para referirse a las comunidades
residenciales, muchas veces surgidas en forma ilegal, constituidas por familias de bajos
ingresos que, en gran parte, han construido personalmente sus propias viviendas. En
esta definición el obligado epíteto de ilegal se minimiza porque, como se demostrará
más adelante, el amplio apoyo estatal para la formación de barriadas, unas veces encu-
bierto y otras manifiesto, hace de la ilegalidad una cuestión bastante compleja. Algunas
barriadas que recibieron dicho apoyo en realidad se habían formado legalmente, pero en
todos los otros aspectos han sido consideradas al igual que las demás.
En el Perú el término barriada ha sido sustituido por el de "pueblo joven"1.
Antes de 1968 la expresión de mayor uso era barriada. Existían también deno-
minaciones como "barriada popular", "urbanización clandestina", "barriada clan-
destina", "barrio flotante", "pueblo en formación", "barrio marginal" y "barrio
marginalizado". También se han usado expresiones peyorativas como "cáncer so-

1
Para una mayor ilustración acerca de los criterios empleados para incluir a las barriadas en el
presente estudio, véase Apéndice 1.
32 COLLIER

cial", "aberración social" y "cinturón de miseria"2. Estos diferentes términos han tenido
importancia considerable como símbolos políticos y, hasta en tres oportunidades, en la
evolución de la política de barriadas se ha introducido una terminología destinada a
enfatizar el viraje político.

Crecimiento de las barriadas en Lima

Lima ofrece un medio geográfico y climático propicio para la formación de
barriadas. Debido a los suaves inviernos y a la virtual ausencia de lluvia en la costa
peruana, las insignificantes chozas de estera con que se forman las barriadas no podrían
darse en climas menos favorables. La ausencia de lluvia simplifica también los
problemas de drenaje y elimina el peligro, común en otros lugares de América Latina,
de que estos asentamientos sean arrasados por las fuertes lluvias, cuando están
construidos en cerros o laderas. Finalmente, el hecho de que gran parte de Lima esté
rodeada por terrenos desérticos aumenta las posibilidades de su formación.
Su aparición en Lima ha estado acompañada por un patrón de crecimiento urbano,
según el cual la ciudad constantemente va alcanzando y rodeando estos asentamientos
formados inicialmente en la periferia. Por eso, a la vez que aparecen extensas áreas de
nuevas barriadas bordeando Lima, hay otras que desde hace tiempo han sido rodeadas
por la ciudad. Muchas de las primeras barriadas se formaron en la zona del Mercado
Mayorista, cuando éste aún se encontraba en los extramuros de la ciudad (véase gráfico
2). Al crecer el área urbana, las barriadas se vieron rodeadas por nuevas áreas
comerciales y residenciales. La siguiente zona importante de crecimiento de barriadas,
situada a ambas márgenes del río Rímac ―también entonces en la periferia de la
ciudad― fue ocupada a fines de la década del 40 y principios de la del 50. A fines de
los años 50, una considerable proporción de esta área, incluyendo toda la margen
izquierda del río, se encontraba ya rodeada de zonas industriales y comerciales. Buena
parte de las barriadas más recientes han surgido en terrenos desérticos, bastante lejos del
casco urbano, en especial a lo largo de los cinco ejes más importantes de transporte,
hacia el norte, este y sur de Lima.
En la mayor parte del período aquí considerado, se dispuso siempre de amplias
extensiones de tierras desérticas, ubicadas relativamente cerca de los ejes principales de
crecimiento urbano. Sin embargo, se ha llegado a un punto en el que las áreas de tierras
disponibles están tan lejos del centro de Lima que se ha alterado la imagen de la
aparente inagotabilidad de tierras disponibles. Como se demostrará en el capítulo 7, esto
ha tenido importante significación en la política de barriadas del período comprendido
entre 1968 y 1975.

2
Estos términos pueden encontrarse en las informaciones periodísticas sobre las barriadas, en la década
del 50 y del 60. El término "barrio marginal" ha sido usado por la izquierda y ocasionalmente por el Apra. La
expresión "aberración social" aparece en el título de Pablo Berckholtz Salinas, Barrios Marginales:
Aberración social (1963).
2 / Política de barriadas en Lima 33

N

OCEANO PACIFICO

Área urbana metropolitana

Urbanizaciones recientes

Fig. 1. Establecimientos marginales de Lima Metropolitana
34 COLLIER

Desarrollo físico de las barriadas
Las barriadas ofrecen un ambiente habitacional apropiado para la poblaci6n urbana
pobre, debido en gran parte al patrón de desarrollo que siguen una vez que se
establecen. Por lo tanto, para comprender la importancia de estos asentamientos para los
sectores populares, es esencial conocer su patrón de desarrollo físico. Se dedicará
especial atención a los aspectos políticos originados por el desarrollo de las barriadas.
La formación inicial de una barriada puede ocurrir en varias formas. En algunos
casos, hay una invasión organizada; los invasores se apoderan de la tierra durante la
noche y, a menudo, tienen que luchar con la policía para retener su posesión. En muchos
casos, un grupo de familias recibe una indicación del gobierno, formal o informal, de
que determinados terrenos pueden ser ocupados. En otros, finalmente, se forma con la
llegada gradual de familias, por lo que no hay un definido momento inicial en el que un
gran número de familias ocupan las tierras. Estos diferentes tipos de formación se
analizan en detalle en el capítulo 3.
Las mejoras materiales en las barriadas empiezan casi con su surgimiento. Inme-
diatamente después de la ocupación de un sitio, es común la aparición de un camión que
vende las esteras y palos utilizados para construir las chozas, que representan su primera
etapa. Simultáneamente aparecen camiones vendiendo agua para uso doméstico. Aun-
que en muchas barriadas eventualmente se instala un servicio de agua potable, lo gene-
ral es que su aprovisionamiento diario durante muchos años lo hagan, de manera cara y
deficiente, camiones-cisternas.
Según el tipo de área ocupada, el crecimiento de una barriada puede continuar
durante muchos años. Sin embargo, este crecimiento generalmente tiene un límite
natural, como cuando está situada en un valle pequeño o entre un camino y una ladera o
cerro. El área va siendo ocupada gradualmente, por amigos y parientes de quienes ya
viven allí y también por otros que se enteran de la disponibilidad de lotes. Generalmen-
te, las familias ya instaladas tratan, a menudo sin éxito, de regular dicho crecimiento,
cobrando por los nuevos lotes, procurando reservar áreas para plazas, escuelas y merca-
dos e impedir que la densidad demográfica sea demasiado alta.
A causa de este patrón de crecimiento gradual, gran proporción de pobladores llega
bastante después de la formación inicial. En 38 de las 68 barriadas, sobre las que hay
datos exactos obtenidos de la encuesta sobre formación de barriadas realizada por el
autor referida más adelante como "Encuesta de formación de barriadas" (véase
Apéndice 1), casi la totalidad de la población llegó después de su formación. En sólo el
15% de las barriadas quienes llegaron después representan menos de un cuarto de la
población. Su crecimiento continúa generalmente por un período bastante largo. En el
25% de los casos el crecimiento continuó por más de 10 años, otro 19% continuó
creciendo más de 5 años, y un 22% más de 3 años. Unicamente el 16% completó su
crecimiento en un año.
Las barriadas, generalmente, tienen asociaciones de pobladores que son el principal
canal a través del cual se organizan los proyectos de desarrollo de la comunidad. Casi
siempre, los dirigentes de la asociación son elegidos anualmente.
2 / Política de barriadas en Lima 35

Inmediatamente después de la ocupación del sitio, la asociación se encarga de distribuir
y regular los lotes, de tratar con la policía o con cualquier representante del gobierno
que esté relacionado con la inspección, ayuda o interferencias respecto al nuevo
asentamiento. Posteriormente, es frecuente que la asociación inicie proyectos de
mejoramiento comunal, tales como la construcción de una escuela o centro comunal, o
construcción y nivelación de calles. En muchos casos, la asociación original se disuelve,
una vez resueltos los problemas propios a la formación de la barriada y ulteriormente un
nuevo grupo de interesados en algún proyecto comunal puede reunirse y rehacerla a fin
de llevar adelante sus proyectos.
El gobierno ha tenido una influencia decisiva sobre estas asociaciones. En diversas
oportunidades las ha fomentado, reglamentado y controlado. Durante la década del 60,
la decisión de revitalizar los concejos municipales determinó que los trámites destinados
al desarrollo de las barriadas se hicieran en los distritos a cuya jurisdicción correspon-
dían, lo que en muchas áreas determinó el debilitamiento de la importancia de las aso-
ciaciones locales. Sin embargo, después de 1968, durante el gobierno de Velasco recu-
peraron su importancia.
La construcción de casas en las barriadas sigue lineamientos bastante bien
establecidos. El primer paso, después de la inicial construcción de la choza de esteras,
es levantar un muro de ladrillo que define el perímetro del lote. Esto se hace lo más
rápidamente posible, para evitar disputas respecto a su área. Concluido el muro, se
empieza la edificación de la propia casa, comenzando por una habitación delantera.
Generalmente, la choza de esteras, ubicada en la parte media o posterior del terreno,
continúa en uso hasta mucho después de haberse iniciado la construcción en ladrillo. La
adquisición de una costosa puerta principal de madera es una inversión de gran
importancia, porque proporciona seguridad y representa el primero y muy evidente
esfuerzo de embellecer la casa. Posteriormente, a esta primera estructura de ladrillo se le
añaden nuevas habitaciones e incluso un segundo piso y un techo permanente.
Aunque básicamente cada familia trabaja en el mejoramiento de su propia casa,
funciona la cooperación entre vecinos especialmente en las etapas más difíciles de la
construcción. Esta cooperación se da también en los proyectos de mejora comunal,
como son la construcción de escuelas, centros comunales, mercados, mejoramiento de
calles y, en las más desarrolladas, en la pavimentación de calles, construcción de aceras
e instalación de servicios de agua y desagüe.

Barriadas y tugurios
Una manera apropiada de presentar las ventajas de las barriadas es compararlas con
los tugurios del centro de la ciudad, que es la otra clase de vivienda posible para los
sectores populares (Turner 1963). Una de las diferencias básicas la constituye el
contraste fundamental en la seguridad y estabilidad de la vida humana. Los tugurios de
Lima han sido descritos como áreas en las que se da una gran desconfianza y hostilidad
entre vecinos, con una vida asociativa mucho más débil y menos amparada que en las
barriadas (Patch 1961, Gutiérrez 1969).
36 COLLIER

Los científicos sociales han registrado considerables diferencias en el grado de cri-
minalidad, observadas también por las trabajadoras sociales y otros investigadores que
han estudiado tanto las barriadas como los tugurios (Caravedo et al. 1963: 85-93). De
acuerdo con los datos obtenidos en la Encuesta de Lima, llevada a cabo por el Centro de
investigaciones sociales por muestreo del Ministerio de Trabajo del Perú*, las barriadas
y los tugurios se diferencian en términos de la medidas standard de "estabilidad fami-
liar": en los tugurios, la proporción de hogares que no tienen un jefe de familia masculi-
no es bastante mayor respecto a la de barriadas (18 % en comparación con 11%)3.
Las ventajas de la vida en barriadas se reflejan en la encuesta sobre su formación.
A las personas que habían sido dirigentes comunales en el momento de su formación se
les pidió responder a tres razones principales que habían inducido a las familias
fundadoras a dejar su vivienda anterior. En su mayoría procedían de viviendas
tugurizadas del centro de Lima. De los 66 dirigentes provenientes de áreas tugurizadas y
de los que se disponía de datos exactos, el 58% dio como razón el alquiler alto. El 15%
mencionó el desempleo, en el sentido de que tuvieron que dejar sus casas por falta de
ingresos para pagar el alquiler. El 35% señaló el deseo de poseer casa propia y el 20% el
hacinamiento en la vivienda anterior. El 29% manifestó que la barriada había sido
constituida básicamente por quienes eran desalojados de un área tugurizada, sea porque
ésta era desalojada para dar paso a una avenida, edificio público o nuevo conjunto de
viviendas. Un 6% adicional indicó que el grupo se había formado con gente
sucesivamente desahuciada de dos o más áreas tugurizadas.
Las barriadas y tugurios se diferencian también en la proporción de familias que
pagan alquiler por sus viviendas. El 5% de los habitantes de barriadas, que respondieron
a la Encuesta de Lima, informaron ser inquilinos, frente al 78% de los habitantes de
tugurios. Es probable que la veracidad en la información en las barriadas no sea total
puesto que, de acuerdo con disposiciones legales, no debieran haber alquileres en las
barriadas reconocidas por el gobierno y la gente algunas veces no admite ser inquilina.
Sin embargo, es evidente que hay una abrumadora diferencia entre barriadas y tugurios,
respecto a la proporción de quienes pagan alquileres.

* N. del T., hoy, Oficina Técnica de Mano de Obra (OTEMO).
3
Desearía expresar mi reconocimiento al Centro de investigaciones sociales por muestreo, por
concederme acceso a éste y otros datos. Las barriadas no estaban identificadas en el código original y para el
presente estudio fueron identificadas por el autor con la ayuda de los mapas de muestreo. El código original sí
identificaba dos tipos de tugurios: callejones y corralones. Los callejones son conjuntos de departamentos
baratos que constan de una sola habitación, alineados a lo largo de estrechos corredores. Los corralones están
constituidos por viviendas unifamiliares, cuya construcción es muy semejante a la que existe en las barriadas
poco desarrolladas. Estos dos tipos de vivienda son estudiados por Patch (1961), Turner (1965) y por
PLANDEMET (1968). Las conclusiones aquí registradas están basadas en datos sobre 123 migrantes, jefes de
familia, que vivían en barriadas, y 152 que vivían en tugurios. Cuando los que no eran migrantes estaban
incluidos en la muestra, se obtenían idénticos resultados en todos los aspectos considerados. Para una mayor
ilustración sobre estos datos, ver Collier (1975a).
2 / Política de barriadas en Lima 37

La combinación de la diferencia en alquileres y oportunidades existentes en las
barriadas para mejorar las casas mediante la auto-ayuda, alienta el desarrollo de com-
promisos de largo alcance para el mejoramiento de la casa y comunidad. Este com-
promiso se refleja en la Encuesta de Lima, en la cual el 62% de habitantes de barriadas
―en contraste con el 21 % de habitantes de tugurios― manifestó que planeaba mejoras
en sus casas. La cifra promedio que los residentes de barriadas se proponían gastar en
estas mejoras es 4.5 veces más elevada que la de los tugurios4.
Parece que cuando han habido esfuerzos para introducir mejoras en la comunidad,
y éstos han tenido éxito, se crean expectativas de futuras mejoras. En los tugurios
urbanos, donde las oportunidades para el mejoramiento comunal son mucho más
limitadas, es poco probable que existan precedentes que puedan hacer concebir
esperanzas de mejoras. Esta relación entre el pasado y dicha esperanza, se hace evidente
si se establece una comparación de barriadas con diversos índices de mejoramiento.
Entre 82 personas que respondieron a la encuesta sobre formación de barriadas, puede
observarse que los dirigentes comunales, que informaron sobre altos niveles de
mejoramiento de la comunidad en los cinco años anteriores, tienen una pronunciada
tendencia a anticipar mejoras para los próximos cinco años5. Combinando los datos de
una encuesta del Ministerio de Trabajo con los obtenidos sobre la proporción de
mejoramiento de la comunidad, provenientes de la encuesta de formación de barriadas,
se deduce que quienes viven en barriadas con una alta proporción de mejoramiento
muestran una marcada tendencia a estar conformes con el sitio en que viven6.
Una serie de diferencias adicionales, que surgen de la Encuesta de Lima, sugie-
re que los habitantes de barriadas están satisfechos de vivir en Lima e integrados
a ella. Al preguntar a los migrantes sobre su satisfacción de vivir en Lima en
oposición a su provincia natal, se obtuvo respuestas satisfactorias de los habitantes

4
La validez que tiene esta comparación como base para sacar conclusiones acerca de la influencia de la
vida en una barriada, obviamente deriva de suponer que las diferencias en las inversiones planeadas son el
resultado de la experiencia de vivir o en una barriada o en un tugurio. Otra interpretación acerca de las
diferencias entre estos dos grupos podría ser la que considere que las personas que tienen cierta proyección
hacia el futuro están más dispuestas a mudarse a una barriada y, por tanto, este hecho es la consecuencia y no
la causa de la diferencia de actitudes. Campbell y Stanley (1963: 12) han descrito esto como el problema de
selección. La mejor manera de encarar este problema sería tener datos sobre los encuestados, antes y después
de su traslado a una barriada, pero obviamente esto no es posible en este caso. Sin embargo, ciertos hechos
que surgen del análisis, tales como el efecto de introducir el alquiler como una variable de control en la
relación entre las inversiones planeadas y el lugar de residencia (que debilita grandemente esta relación) son
más difíciles de interpretar si asumimos que las diferencias en las inversiones planeadas son el resultado, y no
la causa, de la mudanza a una barriada.
5
Gamma = .46, p < .05. Para un introducción al conocimiento de esta medida de asociación ver
Freeman (1965).
6
Gamma = .38, p < .01. La otra encuesta era el Estudio de Barrios Marginales, llevado a cabo en 1967.
38 COLLIER

de barriadas que contrastaban con las de los tugurios 7. Pese a esto, un mayor porcentaje
de pobladores de barriadas es capaz de reconocer los problemas comunales de la zona
en que viven8. La razón parece estar en la relación anotada anteriormente entre la
capacidad para resolver problemas y la de reconocerlos. Los pobladores de barriadas,
igualmente, se mostraron inclinados a responder que los problemas podían ser resueltos
por ellos mismos9. Aunque la mayoría de encuestados tenía su inscripción en el Registro
Electoral y había votado en las elecciones anteriores, en los habitantes de tugurios había
una mayor incidencia de omisos en la inscripción o votación10. Igualmente, los
pobladores de barriadas tenían altos niveles asociativos y de participación partidaria en
comparación a los de tugurios11. Finalmente, los habitantes de barriadas tuvieron un
puntaje más alto en una escala destinada a medir el grado de capacidad para progresar,
dentro de los esquemas del sistema establecido12.
Hay indicios de que esta diferencia entre barriadas y tugurios, en lo que res-
pecta a la satisfacción e integración a la vida urbana depende, en parte, del hecho
que en las barriadas existe un patrón de continuidad en el mejoramiento de la
comunidad. En las barriadas con bajo nivel de desarrollo, los niveles de sa-
tisfacción eran menores. Asimismo, a causa de que los moradores de las barriadas se
habían vuelto más sensibles al reconocimiento de los problemas ―debido quizá a su
mayor habilidad para resolverlos― también se mostraban más susceptibles a sen-
tirse frustrados, si sus aspiraciones no se concretaban. Así, lo más importante po-
dría no ser la mera existencia de las barriadas, sino el hecho que mantienen un mo-
delo continuo de mejoramiento de la comunidad. Aunque las conclu-

7
Muchos más encuestados de los tugurios que de las barriadas ―26.4% en contraste con 15.4%―
consideraban que la vida en Lima, era igual o peor que la vida en su provincia natal.
8
Aunque la mayoría de los encuestados señalaron problemas, éstos tienen mayor incidencia en los
tugurios (7.2%), en contraste con un 1.6% en las barriadas. Aunque la medida absoluta de esta diferencia es
pequeña en términos relativos, la proporción de encuestados de los tugurios que afirma no tener problemas, es
cuatro veces y media más grande. El valor de gamma en esta relación (.65) es significativo al nivel .05.
9
Para un comentario sobre el nexo entre la capacidad para resolver problemas y la habilidad para
identificarlos, ver Hirschman (1965: 312). Más habitantes de barriadas (7.3%) que habitantes de tugurios
(1.3%), declaraban que los problemas podían ser resueltos por ellos mismos o por sus comunidades. Aquí,
nuevamente, aunque ambos porcentajes son pequeños, en las barriadas se obtenía una respuesta basada en la
auto- ayuda con una frecuencia casi seis veces mayor. El valor de gamma para esta relación (.71) es
significativo al nivel .05.
10
Solamente el 14.8% de los encuestados en las barriadas, en contraste con el 25.2% de los encuestados
en los tugurios ―alrededor de dos tercios más― o no se inscribieron o no votaron.
11
En la escala de participación asociativa y política, el 44.8% de las barriadas ―en contraste con el
28.0% de los tugurios― se encontraba en un nivel mediano o alto.
12
Solamente el 6.5% de los encuestados en las barriadas, se encontraron en las tres categorías más
bajas de esta escala, en contraste con el 15.1% en los tugurios: casi tres veces más. Esta escala combinaba
preguntas concernientes a asuntos tales como conseguir un empleo, el rol de la educación, aspectos de la auto
ayuda y el uso de la conciliación para solucionar los problemas laborales, en lugar de recurrir a las huelgas.
Para mayor documentación sobre este índice, ver Collier (1975a).
2 / Política de barriadas en Lima 39

siones respecto a las consecuencias de distintos patrones de mejoramiento distan mucho
de ser definitivas13, tal como se demostrará más adelante, es evidente que el gobierno ha
estado interesado, a menudo, en este asunto y ha tratado activamente de alentar su
mejoramiento comunal.

Factores que Influyen en el desarrollo de las barriadas

Hay grandes variaciones tanto dentro de una barriada como entre barriadas en lo
relativo a las mejoras de la comunidad y las viviendas. El esfuerzo que una familia está
dispuesta a realizar para mejorar su casa depende de diversos factores, tales como el
grado de seguridad respecto a la posesión de su terreno. Si algunos de los lotes están
inscritos en alguna dependencia oficial de vivienda, sus ocupantes se sienten más
seguros y, por lo tanto, más dispuestos a invertir. Es improbable que hagan inversiones
las familias que viven en lotes no inscritos, sin linderos claramente definidos, o que se
encuentran en zonas donde exista alguna probabilidad de que se abra una calle.
Estos mismos factores ayudan a explicar las diferencias que existen entre las
barriadas, respecto al desarrollo de las viviendas y de los servicios comunales. Una
barriada que tiene lotes bien delimitados, y a la cual se le ha prometido otorgar títulos, o
ha recibido una ayuda gubernamental efectiva que hace legítima su existencia, se
desarrolla más rápidamente. Es imposible que mejore una barriada amenazada, aunque
sea vagamente, de ser erradicada. En 1962, cuando una dependencia oficial de vivienda
clasificó las barriadas en seis categorías, en una de las cuales se establecía la posibilidad
de erradicación, allí las inversiones disminuyeron considerablemente. La verdad es que
mayormente no han sido erradicadas. Del mismo modo, si la disposición de los lotes es
deficiente y existe la posibilidad de que algún organismo estatal de vivienda realice
trabajos de remodelación urbana, es improbable que ante el temor de la demolición se
hagan grandes inversiones.
Existen también otros factores que influyen en el desarrollo de las barriadas.
Delgado ha distinguido entre barriadas internas, que inicialmente se formaron cerca de
zonas industriales o comerciales o al crecer la ciudad y son rodeadas por éstas y las
barriadas periféricas (Delgado 1968). Por muchas razones las barriadas periféricas
tienen más posibilidades de desarrollo que las internas. Un factor que explicaría esta
diferencia es la disponibilidad de tierras en los alrededores de muchas barriadas
periféricas, donde pueden instalarse los parientes y amigos que llegan como alojados,
con lo cual la densidad demográfica puede mantenerse en un nivel bajo. En segundo
lugar, debido a la experiencia adquirida y a la influencia de las dependencias oficiales
de vivienda, las barriadas periféricas que se formaron a partir de los años 50 han sido
organizadas, por lo general, más cuidadosamente, con cierta planificación de sus lotes,
calles amplias y áreas libres y destinadas a
13
Las conclusiones de Cornelius despiertan algunas dudas respecto al grado en que esto va a ocurrir.
Véase Cornelius (1974).
40 COLLIER

servicios. Esto condiciona que sean lugares donde la vida es más agradable y hace
factible que los habitantes piensen que toda mejora en sus casas es una buena inversión.
Finalmente, las calles y lotes bien ordenados de las barriadas periféricas ofrecen una
ventaja más. En los años 60, una dependencia oficial de vivienda, que contaba con
recursos limitados y que estaba ansiosa de producir el mayor impacto posible con estos
recursos, concentró sus programas de ayuda en las barriadas periféricas, cuyos
problemas eran de fácil solución.
Algunos de los factores que influyen en la tasa de desarrollo de las barriadas son
difíciles de alterar mediante los programas gubernamentales, mientras que otros son
relativamente fáciles. Por ejemplo, la antigüedad de una barriada y su ubicación en un
área interna o periférica son evidentemente difíciles de cambiar. Debido a que los
habitantes de las barriadas se resisten tenazmente a ser erradicados, ha sido difícil
adoptar cualquier política sistemática para trasladar a los habitantes de una barriada
interna a zonas periféricas. A causa del elevado costo y del alto grado de resistencia de
los pobladores para remodelar las barriadas, mediante la modificación del trazado
básico de calles y lotes, ha sido también difícil hacer mejoras fundamentales en
asentamientos que desde su formación estuvieron deficientemente dispuestos.
Por otro lado, la intervención del Estado al otorgar títulos de propiedad, realizar
inversiones en infraestructura, dar ayuda para el desarrollo de proyectos comunales y
cualquier otra acción que refleje su interés por las barriadas, tiene un considerable
impacto en el sentimiento de seguridad de los habitantes y en su voluntad para invertir y
mejorar sus viviendas y comunidad. De ahí que la ayuda del Estado a las barriadas se
haya centrado en estos aspectos.

Urbanización, barriadas, vivienda y pobreza

La aparición de las barriadas en el Perú, y en general en los países del Tercer
Mundo, está íntimamente vinculada a un proceso de urbanización acelerada. Por una
parte, la urbanización es, claramente, una de las causas de la formación de barriadas, y
la política de barriadas no es sino una forma mínima de hacer frente a las presiones de la
escasez de vivienda y la pobreza urbana que acompañan a la urbanización acelerada.
Por eso, la formación de barriadas puede servir para explicar por qué la urbanización no
ha causado un mayor desquiciamiento en la vida política y social del país. Por otra
parte, el estímulo a la formación y desarrollo de las barriadas, como medio de hacer
frente a estas presiones puede, a su vez, traducirse en un mayor desarrollo de la
urbanización. Las siguientes páginas estudiarán las interrelaciones entre urbanización,
barriadas, vivienda y pobreza.
Urbanización y formación de barriadas. En Lima el crecimiento de las barria-
das ha ocurrido dentro del contexto de un aumento masivo de la población del
área metropolitana, que de aproximadamente 150,000 habitantes en 1908, subió a
500,000 en 1940, para llegar a más de 3.3 millones en 1972. Este incremento de
más de veinte veces en un período de 64 años, significa un aumento de casi
2 / Política de barriadas en Lima 41

240% entre 1908 y 1940 y de casi 540% entre 1940 y 1972. El crecimiento de la
población de barriadas ocurrió principalmente después de 1940. Comenzando a un nivel
insignificante en 1940, ascendió a más de 300,000 en 1961, lo que representaba el 20%
de la población metropolitana, y a más de 800,000 en 1972, es decir el 25% (véase
Apéndice II, Cuadro II. 1), crecimiento que continúa.
Este patrón de crecimiento urbano y de crecimiento de barriadas no es atípico a
países del Tercer Mundo. Entre 20 países latinoamericanos seleccionados, la tasa de
crecimiento de Lima colocó al Perú, de 1950 a 1960, en décimo lugar en la tasa de
crecimiento de centros urbanos de 100,000 o más habitantes, y en cuarto lugar de 1960
a 1970. Comparadas con otras regiones del Tercer Mundo, estas tasas de crecimiento
urbano colocaban al Perú debajo de Africa, pero al mismo nivel o algo más arriba que la
mayoría de los países de Asia y Medio Oriente (Davis 1969: 149-50). Asimismo, la
proporción de la población de Lima que vive en barriadas, aunque elevada, no es
insólita en ciudades del Tercer Mundo. La proporción de barriadas en algunas ciudades
es aún más alta: 30% en Cali, 33% en Karachi, 35% en Caracas, 45% en Ankara y 50%
en Maracaibo (Abrams 1964: 13).
Son bien conocidos los problemas que este rápido crecimiento urbano plantea a los
moradores de la ciudad y a los planificadores del desarrollo. En un contexto de
crecimiento acelerado, se requieren grandes esfuerzos para mantener los niveles previos
de bienestar en lo que se refiere a vivienda, empleo, ingresos y servicios de salud. A
menudo resulta inalcanzable la meta de aumentar el bienestar. Pero parece que en Lima
la existencia de las barriadas contribuye al logro de estos objetivos.
Vivienda. El crecimiento de las barriadas en Lima ha contribuido a aliviar uno de
los mayores problemas inherentes al rápido crecimiento urbano: la escasez de vivienda
económica. Ya desde 1922 esta escasez comenzó a sentirse (Alexander: 1922) y desde
entonces el problema ha recibido amplia atención. Se han hecho numerosos cálculos
sobre la magnitud del déficit de viviendas, y las cifras obtenidas obviamente muestran
una gran variación de acuerdo con los criterios usados para definir lo que es vivienda
inadecuada y hacinamiento. Sin embargo, es de consenso general el serio déficit de
viviendas14.
En gran parte del presente siglo los esfuerzos del gobierno para solucionar
la escasez de vivienda se han centrado en la construcción de casas por organismos
estatales y para-estatales. Manifestaciones de esta actitud pueden encontrarse ya,
en 1918, en una ley que autorizó al Estado a construir casas para los empleados
públicos, y en numerosas leyes que desde entonces se han promulgado, autori-
zando directamente la construcción de agrupamientos habitacionales, o estable-
ciendo organismos semi-autónomos para su construcción (véase Corporación Na-
cional de la Vivienda 1958). El Ministerio de Fomento y Obras Públicas* de-
14
Ver, por ejemplo, Comisión para la Reforma Agraria y la Vivienda, (1959: 13· 16); Harris et. al.
(1963: 449.58) e Instituto Nacional de Planificación (s/f: 42 ss).
* N. del T. Este ministerio desapareció en 1969, dando origen a los ministerios de Transportes y
Comunicaciones y Energía y Minas.
42 COLLIER

sempeñó un papel muy importante en los proyectos de vivienda. Otras tres de-
pendencias gubernamentales, entonces del Sector Público Independiente, que han
desempeñado un rol importante en la construcción de casas en Lima han sido: la
Corporación Nacional de la Vivienda (establecida por el presidente Bustamante y
Rivero), la Junta de Obras Públicas del Callao, y el Fondo Nacional de Salud y
Bienestar; los dos últimos organismos establecidos durante el gobierno de Odría (Ibid:
9-48). Estos tres organismos habían llegado a construir, a fines de la década del 50, más
de 10,000 casas, y miles de unidades más habían sido construidas por otros organismos
estatales y para-estatales15. En 1967, el número total de viviendas construidas en Lima
por el Estado y entidades para-estatales ascendía a 30,991 (Delgado 1968: 296). Si se
calcula que 5 es el número promedio de residentes por unidad, esto significa que se ha
proporcionado habitaci6n a 150,000 personas aproximadamente.
Otras medidas tomadas respecto a la crisis de la vivienda han sido el control de
alquileres y el establecimiento de normas reguladoras de la construcción. A pesar de que
la intención era bajar los costos y mejorar las condiciones de la vivienda para los
sectores de bajos ingresos, aparentemente estas medidas empeoraron esas condiciones
en lugar de mejorarlas. Es posible que el control de los alquileres haya restringido las
inversiones y agudizado la escasez. La zonificación era tan estricta y poco realista que
no podía ser puesta en práctica y, en realidad, el Estado tenía menos control sobre los
nuevos agrupamientos de vivienda del que habría tenido si las disposiciones hubieran
sido más realistas. Se prohibió, por ejemplo, la construcción de un determinado tipo de
vivienda económica a pesar de ser superior al que existe en muchas áreas tugurizadas16.
Si se compara la contribución del Estado ―a través de sus programas de
vivienda― las barriadas han tenido un efecto mucho mayor para aliviar el problema de
la escasez habitacional de Lima. En 1967 la población residente en barriadas
sobrepasaba los 500,000 habitantes17, frente a las ya mencionadas 150,000 personas que
habitaban casas construidas por el Estado, calculadas para ese año. Es decir que en este
aspecto la contribución de las barriadas resultaba tres veces mayor. Desde entonces, ha
habido un aumento masivo en la población de barriadas lo que, en comparación, hace
que la contribución del Estado sea aún menor.
Puesto que el Estado ha desempeñado un papel importante ―aunque a menudo
informal― en la formación de barriadas, la contribución de éstas a la solución de la
escasez de vivienda es, en parte, una consecuencia de la política

15
Este es un cálculo del autor, basado en el informe sobre una gran cantidad de unidades en cada uno
de los numerosos conjuntos registrados en la Corporación Nacional de la Vivienda (1958).
16
Ver: Comisión para la Reforma Agraria y la Vivienda (1959: 24-25); Dorich (1961: 283-85); Harris
et al. (1963: 405·6 y 408); Dietz (1969: 354); y Austin y Lewis (1970: 140).
17
Esta cifra es un cálculo aproximado para este año, basado en el cuadro II.1 del Apéndice II. Para una
información más detallada acerca de los problemas en los cálculos sobre la población total de las barriadas,
ver Apéndice 1.
2 / Política de barriadas en Lima 43

gubernamental. Uno de los aspectos importantes en la evolución de la política de
barriadas de Lima es el gradual reconocimiento de esta contribución como parte
legítima de la política de vivienda. Por otro lado, el dilema básico de este
reconocimiento, por parte de los organismos gubernamentales, lo constituye la tensión
que se crea entre el reconocimiento de los evidentes méritos de la barriada, como un
tipo sumamente barato de vivienda, y el deseo de aplicar las normas de los urbanistas18,
conflicto gradualmente resuelto en favor del reconocimiento de los méritos de las
barriadas.
Pobreza. Además de su contribución para aliviar la escasez de vivienda, las
barriadas representan aporte singular para ayudar a los problemas del desempleo, sub-
empleo y bajos ingresos de la clase urbana pobre. El terreno gratuito y la vivienda libre
de alquiler que permiten las barriadas representan un gran beneficio para las familias de
bajos ingresos, especialmente en los períodos de desempleo, enfermedad y vejez.
Aunque los migrantes pobres no tienen los conocimientos indispensables para
desempeñar muchas ocupaciones urbanas, hay una habilidad que sí poseen: la de
construir sus propias viviendas. En las barriadas esta habilidad es notable. En muchas de
ellas sus pobladores disponen de un espacio para criar unos cuantos animales ―pollos,
patos o cuyes― que son una fuente de alimentación y también una ayuda económica
para la familia. Como estas comunidades generalmente están formadas por grupos de
amigos, parientes y paisanos (incluso después del período inicial de formación), el
poblador de la barriada generalmente se ve rodeado por una red de amigos, parientes y
allegados, lo que permite un ambiente propicio para la cooperación en los proyectos
comunales y también en la construcción de sus casas. Estas características permiten el
desarrollo de una economía urbana de subsistencia19, en la que resulta mucho más fácil
que las familias pobres subsistan con bajos ingresos.
De este modo, la ayuda estatal a las barriadas y sus pobladores es una forma
económica de ayudar al residente urbano pobre, que obviamente es atractiva para los
gobiernos que desean hacer frente a los problemas de la pobreza sin una significativa
redistribución de ingresos. Como se demostrará, esto proporciona respuesta a la
pregunta de por qué ha habido un crecimiento masivo de barriadas en Lima, pese al
carácter hasta hace poco oligárquico del sistema político peruano. La razón consiste en
que los gobiernos conservadores han ayudado a que esto suceda. Por otro lado, desde el
punto de vista de la izquierda, este tipo de ayuda a los sectores populares, adolece de
fallas evidentes, puesto que alivia su situación, sin efectuar las reformas básicas que la
izquierda propugna. A fines de los años 50, este asunto de la manera cómo la política de
barriadas y de vivienda tendía a enmascarar las causas fundamentales de la pobreza se
convirtió en un tema explícito del debate político.
Aunque, en cierto sentido, la sola existencia de las barriadas ayuda a aliviar el
problema de la pobreza ―sin tomar en cuenta la política estatal― sin embargo,

18
Para una información global sobre este tema, ver Nelson (s/f.a).
19
Esta expresión fue sugerida por Vilmar Faria, en una conversación personal.
44 COLLIER

ha habido una notable variación en los enfoques adoptados por el gobierno para hacer
frente a dicho problema, a través de la política de barriadas. Dos de ellos corresponden a
dos de los principales tipos de estrategias de desarrollo, que Anderson ha identificado en
América Latina: el enfoque convencional, basado en la evolución del sector económico
privado ya existente; y el enfoque democrático reformista, basado en el enfrentamiento
de los problemas del desarrollo y de la pobreza a través de un activo rol estatal (Ch.
Anderson 1967: 162-83). En ciertos períodos, la política de barriadas ha puesto un
mayor énfasis en alentar el papel desempeñado por el sector privado para ayudar al
desarrollo de las barriadas. En otros, los programas estatales masivos han jugado un
papel más importante. Un tercer enfoque ―que en términos de su desarrollo histórico es
anterior a las estrategias de desarrollo de Anderson― es el de la caridad tradicional, que
también ha jugado un papel importante en el desarrollo de las barriadas. Las circuns-
tancias de la aparición de estos tres enfoques para hacer frente a la pobreza a través de
la ayuda a las barriadas, será el tema principal de los próximos capítulos.

Consecuencias políticas del crecimiento urbano

Debido a que las barriadas de Lima, al ayudar a enfrentar los problemas de la
vivienda y la pobreza, han aliviado las presiones del crecimiento urbano, es posible que
hayan reducido el grado de dislocamiento político y social que la urbanización causa en
el país. Hay una considerable base para aducir que la urbanización conlleva un gran
potencial desquiciador y el análisis de este potencial interesa a los científicos sociales
desde hace tiempo20. Las investigaciones hechas en este sentido sostienen que la
migración hacia la ciudad socava los valores y la cultura tradicionales, dejando al
individuo peligrosamente aislado en la vasta y anónima ciudad. Este tema ha sido
tratado por muchos autores, lo que ha producido una literatura de "explosión urbana",
que ha enfatizado las penosas consecuencias políticas del crecimiento urbano21.
Sin embargo, en 1952 Oscar Lewis llamó la atención hacia la notable continuidad
de comportamiento entre pobladores rurales y urbanos (Lewis 1952). Encontró que los
patrones tradicionales de conducta, las instituciones de parentesco y la religión no
solamente persistían sino que, en algunos casos, eran reforzados por el paso a la ciudad.
En trabajos posteriores sugirió que las restricciones impuestas a la conducta humana por
la "cultura de la pobreza" ayudan a explicar esta continuidad (Lewis 1965). La
perspectiva, extremadamente breve, impuesta al pobre urbano en la diaria lucha por la
supervivencia, produce un estilo de vida muy poco diferente del que llevaba antes de la
migración.

20
Las primeras afirmaciones importantes en este sentido se encuentran en Wirth (1938) y Redfield
(1947). Schoultz ha remontado los orígenes de esta tradición de investigación hasta Tonnies, Weber y
Simmel. Ver Schoultz (1972).
21
Cornelius ha realizado un excelente inventario de proposiciones sobre este tema, basado en trabajos
de 41 autores diferentes. Ver Cornelius (1971: cuadro 1).
2 / Política de barriadas en Lima 45

Desde 1952 se han ofrecido otras muchas explicaciones acerca de por qué la
urbanización no produce, necesariamente, abruptos cambios políticos y sociales22. En
primer lugar, se ha señalado que, generalmente, los migrantes no pasan directamente de
las áreas rurales a las grandes ciudades; por el contrario, las familias siguen, a menudo,
un esquema de migración escalonada, que a veces toma más de una generación, por la
cual los miembros de una familia se trasladan progresivamente a centros urbanos más
grandes, en forma tal que se preparan gradualmente para la vida urbana. En segundo
lugar, los migrantes tienen la tendencia a percibir la migración a la ciudad como una
especie de movilidad ascendente, que tiene el efecto de hacerlos más conservadores en
el nuevo ambiente urbano. En tercer lugar, los intentos iniciales para encontrar vivienda
y empleo en la ciudad, generalmente dependen, de los contactos u oportunidades
ofrecidos por parientes o paisanos, de modo que, en vez de aislar al individuo de su
familia extensa, excepcionalmente, la migración puede hacerlo mucho más dependiente
de ella. Finalmente, las tareas iniciales de adaptación a la ciudad absorben la atención
del migrante en tal forma que no le dejan tiempo para interesarse por cuestiones
políticas.
Las oportunidades de empleo y vivienda ofrecidas por la ciudad tienen, también,
una importante influencia en la experiencia de los migrantes. En muchas ciudades éstos
encuentran empleo mucho más rápidamente de lo que pensaban, de modo que el
descontento respecto a las condiciones económicas, a menudo, está mucho menos
difundido de lo que se supone (Nelson 1969: 15-16). Asimismo, el tipo de ambiente en
el que viven los migrantes ejerce una influencia importante sobre su experiencia urbana.
Como se ha dicho anteriormente, la aparición de las barriadas ha sido un factor
importante para facilitar la transición hacia la vida citadina, y ha servido como válvula
de escape social, y política, en contextos de rápido crecimiento urbano.
Otro factor que influye en las consecuencias de la urbanización, es la política y el
contexto en que ocurre23. Este tema ha sido tratado en muchos trabajos sobre América
Latina. Se ha sugerido que el carácter autoritario de los sistemas políticos brasileño y
mexicano ha impuesto importantes limitaciones a la expresión política de sus
respectivas masas urbanas (Perlman 1971 y Eckstein 1971). Con referencia al Brasil, se
ha sostenido que hay una fuerte continuidad histórica en los esquemas de control de las
"favelas" (Leeds s/f).
En el Perú es evidente que el crecimiento masivo de Lima no ha ocasionado
cambios políticos drásticos, y este hecho exige una explicación. Indudablemente,
el crecimiento urbano es el responsable de una mayor centralización de la vida
peruana en Lima y, por lo tanto, de una mayor concentración de la vida política
en la capital; sin embargo, esto no ha tenido consecuencias mayormente desquicia-
doras. Aunque el Partido Aprista es el causante de un considerable grado de
movilización política en las áreas urbanas, se ha señalado en el capítulo 1 que los
22
Muchas de estas explicaciones han sido señaladas por Joan M. Nelson (1969).
23
Ibid.: 70; y Cornelius (1971: 115-16). Ambos refuerzan la importancia de considerar el contexto
político.
46 COLLIER

eventos cruciales que fueron responsables de la formación del Apra no ocurrieron en
áreas urbanas, sino rurales. Ha habido un crecimiento masivo de las barriadas alrededor
de Lima pero, como se expresó anteriormente, éste ha sido más bien una respuesta
constructiva a los problemas del crecimiento urbano masivo, y no la amenaza política
que alguna vez se imaginó que constituiría. En el Perú, así como en América Latina en
general, los gobernantes populistas han movilizado el apoyo de los migrantes de las
ciudades. (Hobsbawm 1970: 60 ss). Sin embargo, esta movilización ha servido más para
controlar políticamente a los sectores populares que para estimular las exigencias
políticas o, menos aún, posibilitar el tipo de movimiento de masas sugerido en las
predicciones de levantamientos urbanos. El Perú tuvo la experiencia de un movimiento
guerrillero rural, pero no urbano. Las universidades son importantes centros de
radicalización política, pero esto no parece deberse al hecho general de la urbanización,
sino a sus características especiales de instituciones urbanas.
La existencia de las barriadas podría ser un factor que ayudaría a explicar esta
ausencia de desquiciamiento político urbano. Parece ser que como las barriadas ofrecen
tantas ventajas a la gente pobre ―terreno gratuito, vivienda libre de alquiler y
oportunidades para la auto-ayuda en la construcción de sus viviendas y en el desarrollo
comunal― su crecimiento masivo y, también, la política de barriadas pueden haber sido
un factor que ha limitado el impacto político del rápido crecimiento urbano.
La formación de barriadas como causa de la urbanización. Al analizar la
relación entre barriadas y urbanización es importante recalcar que se trata, claramente,
de una doble relación. Por un lado, la formación de barriadas puede ocurrir como
respuesta a las presiones de vivienda y pobreza, inherentes al crecimiento urbano y, por
lo tanto, puede servir como una forma de desviar las consecuencias desquiciadoras de la
urbanización. Por otro lado, hay buenas razones para creer que la formación de
barriadas alienta el proceso de urbanización, al ofrecer vivienda barata a los migrantes
que llegan a la ciudad.
Las nuevas barriadas no se forman inicialmente por migrantes que llegan di-
rectamente de otras regiones del Perú sino, al contrario, por quienes anteriormente han
vivido en áreas tugurizadas del centro de la ciudad y en algunos casos en otras
barriadas. Sin embargo, una vez que éstas se han formado, a menudo sus pobladores
llegan directamente de otras regiones del país. Por eso, aunque muchos limeños viven
en barriadas, su población adulta está constituida predominantemente por migrantes. En
1970 el 75% de los pobladores mayores de 15 años eran migrantes (Oficina Nacional de
Estadística y Censos 1972: 7 y 90). En consecuencia, resultan ser los principales
beneficiarios inmediatos del desarrollo de las barriadas.
Además de ofrecerles vivienda también los benefician, indirectamente, en otras
formas. Puesto que las barriadas reducen considerablemente la escasez de vivienda
económica, y ofrecen muchas otras ventajas a las familias de bajos ingresos, su
continuo crecimiento ha hecho que los migrantes recién llegados tengan facilidades
para establecerse en la ciudad. Al llegar se hospedan, generalmente, en
2 / Política de barriadas en Lima 47

casa de algún pariente o amigo. La probabilidad de que el familiar o amigo cuente con
espacio para hospedarlos se ve evidentemente aumentada porque en estos asentamientos
el hacinamiento es menor. Si el familiar vive en una barriada periférica no muy
densamente poblada, el recién llegado no tendrá dificultad en conseguir una vivienda
permanente, puesto que le será relativamente fácil mudarse a un lote vacío, en los
límites de la barriada.
El impacto de las barriadas en los patrones de migración no está restringido a su
influencia sobre el migrante en el período inmediatamente siguiente a su llegada.
Aunque la costumbre del continuo ir y venir de la ciudad a la provincia de origen no
está tan difundida en el Perú como en Africa (Nelson s/f b), la decisión de quedarse en
la ciudad es importante en el caso peruano. El hecho que las barriadas facilitan
considerablemente la vida de la población migrante tiene, seguramente, un efecto de
largo alcance en la decisión de permanecer en Lima. Por ello, si bien parece que la
formación de barriadas se ha originado por el rápido crecimiento urbano, a su vez puede
haber fomentado dicho crecimiento24.
Políticas alternativas de urbanización. Puesto que la formación de barriadas
puede fomentar la urbanización, hay un dilema fundamental que los políticos deben
encarar cuando enfrentan la política de barriadas, y los problemas del crecimiento
urbano. Se puede aducir que hay dos tipos de políticas para tratar los problemas de la
urbanización. Por un lado, hay muchas formas de mejorar las condiciones de vida de los
sectores populares urbanos; por ejemplo, los programas de bienestar social, los
programas estatales de vivienda, los intentos para aumentar el empleo, los esfuerzos
para alentar la inversión privada en vivienda económica y, por último, los programas
que fomentan el desarrollo comunal y la autoayuda entre dichos sectores25.Todos estos
programas tienden a fomentar la urbanización.
Por otro lado, muchas de las políticas referentes a los problemas de urba-
nización se formulan con el objeto de impedir que ésta se lleve a cabo, reducir el
grado en que ocurre, o influir en su dirección. Entre ellas se incluye la formación
de ciudades satélites cerca de los centros urbanos importantes; los intentos de fomentar
el desarrollo de ciudades secundarias; la estrategia de la "descentralización
concentrada", está enfocada hacia las regiones centrales y a los polos de desarrollo
social; la reforma agraria, en áreas con agricultura tradicional impro-

24
La hipótesis de que la formación de barriadas, y la política de formación de barriadas,
fomentan la migración hacia la ciudad, está sustentada también en el trabajo de Rav sobre Venezuela
(1969: 32). Este autor afirma que "La revolución de enero de 1958 introdujo una fase nueva y sin
precedentes en el desarrollo de los barrios (barriadas). Las restricciones sobre las tierras fueron
inmediatamente suprimidas y las familias que vivían en los congestionados ranchos se precipitaron a
apoderarse de cualquier tierra desocupada que hubiera en las afueras de la ciudad. Cuando los campe-
sinos, que aún permanecían en las áreas rurales, se enteraron de las nuevas oportunidades, el flujo de la
migración aumentó espectacularmente..."
25
Para una mayor documentación sobre las políticas que fomentan la auto-ayuda en los sectores
populares urbanos, ver Delgado (1968). Haar (1963) ha estudiado otras políticas incluyendo las que
fomentan la inversión privada en la vivienda.
48 COLLIER

ductiva; los programas para construir carreteras, que abren regiones anteriormente poco
pobladas; y los proyectos de colonización, que establecen nuevas ciudades o fomentan
el desarrollo de la agricultura en regiones del país poco desarrolladas26.
Cualquier programa que ayude a las barriadas, o a su formación, evidentemente
representa una política del primer tipo, es decir tiende a fomentar la urbanización. En
los próximos capítulos, un tema importante será la interacción entre el deseo de ayudar
a las barriadas y el de desalentar la migración a Lima. Uno de los factores que más
afecta la opción entre estas alternativas es la política de reforma agraria de cada
gobierno. En el capítulo 1 se ha sugerido que puede haber una relación inversa entre
urbanización y reforma agraria. Quienes han formulado la política peruana parecen
haber sido sensibles a esta interacción; ha habido una relación inversa entre su buena
disposición para llevar a cabo la reforma agraria y su preocupación por la tendencia de
las barriadas a fomentar la urbanización.

Propiedad

La condición legal de la tierra en la que se forman las barriadas es otro aspecto
básico en su formación. Se pueden identificar tres tipos de propiedad: pública, en litigio
y privada. En la formación o intento de formación de 84 casos, de los cuales se obtuvo
información detallada, casi el 44% se trataba de tierras públicas, 35% de tierras en
litigio y solamente 19% de tierras privadas27. La proporción, sorprendentemente alta, de
casos de tierras en litigio, es el resultado de la difundida ambigüedad de la tenencia de
la tierra en la región de Lima. Esta ambigüedad es, en parte, el resultado del sistema de
concesiones de tierras que existe en la legislación peruana, que permite obtener la
propiedad de las tierras públicas, siempre que sea para la agricultura o minería28. Con
este sistema, las personas que reclaman la propiedad de la tierra, o que proyectan
hacerlo, pueden llamar a la policía si ésta es invadida.
Otra fuente de ambigüedad respecto a la tenencia de la tierra es el conjunto
de leyes y normas constitucionales que regulan su uso en armonía con el "interés
social" y obliga a que las tierras no trabajadas reviertan al Estado. (Manaster
1968a: 29 y 39-39). Estos conceptos respecto a la naturaleza de la propiedad,
son básicos en los sistemas legales de América Latina, habiendo sido un im-
portante instrumento del que se valió la corona española para controlar el uso
de la tierra durante la Colonia; y, también, en la época actual (Karst 1966: 471ss),
ha sido un importante aspecto en los litigios y reformas del agro. Estas normas le-

26 Para mayores datos sobre estas otras estrategias, ver Miller (1971), Friedman (1968), Odell y
Preston (1973: capítulo 5) y Rodwin (1970).
27 Ver apéndice II, cuadro II.3. Se llegó a estos porcentajes combinando las dos columnas de este
cuadro.
28 Ver La Constitución del Perú (Editorial Mejía Baca ed. 1958: 10); Código de Minería, Títulos II y
IX del Capítulo I (Editorial Mercurio s/f); y el Reglamento General de Concesiones de Tierras y de Aguas
Públicas para Irrigación (en Normas Legales: Revista de Legislación y Jurisprudencia, Vol. 28, Nº. 1, 1958).
2 / Política de barriadas en Lima 49

gales son la causa de muchas ambigüedades en la tenencia de la tierra en la Gran Lima y
han dado lugar, también, a expectativa entre los futuros invasores, de que las tierras
desocupadas realmente deberían ser públicas. Aunque recientemente ha aumentado, la
preocupación por estas ambigüedades de las leyes de propiedad, el Estado ha hecho
muy poco para resolverlas. Y no solamente ha descuidado las posibilidades de reforma
existentes en el sistema legal, sino que desde la Colonia no ha sido capaz de usar sus
poderes ni siquiera para preservar los registros de tierras (Glade 1969: 120) que carecían
de ambigüedades.
Aunque dichas ambigüedades y la incapacidad de ejercer más control sobre el uso
de la tierra en la Gran Lima han beneficiado evidentemente a los sectores populares,
debe enfatizarse el hecho de que en modo alguno éstos han sido los únicos beneficiados.
Además de la formación de barriadas, en la Gran Lima se pueden encontrar muchos
tipos de apropiación ilegal, o por lo menos legalmente ambigua, que han beneficiado
tanto al rico como al pobre. Un tipo común es el del abuso del ya referido sistema de
concesiones. Según la ley peruana, la tierra que se obtiene mediante este sistema no
puede usarse para agrupamientos de vivienda, sino 20 años después de otorgada la
concesión inicial (ver art. 16 del Reglamento General de Concesiones de Tierras y de
Aguas Públicas para Irrigación). Hay varios casos famosos de uso ilegal de la tierra en
Lima que violan este requisito. Una de las más importantes familias banqueras del Perú
construyó un gran agrupamiento de vivienda al este de Lima, violando este tipo de
disposiciones. Igualmente, un sobrino del presidente Odría construyó al sur de Lima un
agrupamiento de viviendas en tierras adquiridas con propósitos agrícolas.
Se han dado también otros tipos de uso ilegal de la tierra. La familia de un ex-
presidente del Perú tuvo un papel muy importante en el desarrollo del negocio de bienes
raíces en Lima, al adquirir, ilegalmente, tierras que deberían haber revertido al Estado,
pues su último propietario había muerto sin tener herederos. Hay muchos casos en los
cuales las haciendas vecinas a Lima crecieron simplemente poniendo bajo cultivo las
tierras públicas aledañas. En algunos casos, en los cuales los propietarios protestaban
por la invasión de tierras que reclamaban como suyas, éstas en realidad comprendían
cerros en la periferia de la ciudad que, según la ley peruana, pertenecen al Estado.
Finalmente, la formación misma de las barriadas ha beneficiado también al rico
como al pobre. En más de una cuarta parte de las 60 barriadas, de las cuales se obtuvo
información precisa, su formación hizo posible el desalojo de los habitantes de los
tugurios del centro de la ciudad, a fin de dar paso a proyectos de desarrollo urbano
público o privado. La nueva barriada les ofrecía oportunidad de vivienda, en momentos
en que luchaban contra la expulsión. En este sentido, la formación de barriadas ha
tenido la función de "desplazamiento poblacional" que en los Estados Unidos
cumplieron muchas de las remodelaciones urbanas.
Otras dos barriadas surgieron cuando un prolongado litigio de desalojo de un
tugurio del centro de la ciudad terminó con un incendio sospechosamente
50 COLLIER

oportuno, que facilitó la salida de las familias29. Otras tres barriadas fueron formadas
por familias que estaban siendo desalojadas de dos o más diferentes zonas tugurizadas
del centro de la ciudad. Y tres más se formaron inmediatamente después del desalojo de
grupos de familias de áreas rurales. Estos fueron casos en los que las familias, que hasta
entonces habían vivido en tierras pertenecientes a una hacienda o cantera donde
trabajaban, fueron desalojadas por el propietario y obligadas a establecerse en un área
cercana. En todos estos casos es evidente que los intereses de los propietarios quedaban
inmediatamente servidos por la formación de las barriadas.
En dos casos adicionales los beneficiarios inmediatos eran los supuestos pro-
pietarios que usaban las invasiones como ayuda para el reconocimiento de sus
denuncios. En un caso, una señora que deseaba denunciar unos terrenos eriazos al norte
de Lima "dio permiso" a un grupo de familias para que ocuparan parte de los mismos,
convirtiéndolas en convencidas partidarias de la idea de que ella era la propietaria. Esta
maniobra ponía de su lado a una fuerza, rápidamente movilizable, de familias pobres
que podía usar para proteger su denuncio, en el caso de que el Estado u otro reclamante
particular tratara de sacarla de las tierras. En otro caso, una municipalidad, controlada
por un partido político opuesto al gobierno, deseaba controlar unas tierras reclamadas
por una poderosa familia terrateniente. Al organizar una invasión sobre parte de las
mismas obtuvieron el control del área que les interesaba. Hay algunas evidencias de que
habrían habido otros casos en que las invasiones fueron usadas para efectuar denuncios
de tierras.
En conjunto, de los 60 casos en los que se contaba con información adecuada, casi
el 50% de ellos en alguna manera beneficiaba a intereses inmobiliarios, tanto públicos
como privados. Incuestionablemente, estas ambigüedades han beneficiado a diversos
sectores sociales.
Estas comprobaciones respecto a los patrones del uso de la tierra proporcionan
conocimientos adicionales al porqué se permitió la formación de barriadas. Se permitió
porque eran parte de un doble juego, en el cual los ricos y los poderosos se beneficiaron
enormemente. Estos hechos también ofrecen luces sobre el cambio político. Este doble
juego ha sido posible solamente, porque había una gran cantidad de tierra desocupada
alrededor de Lima y porque la falta de respeto por las leyes de propiedad ―que eran
parte del juego― no le interesaba al gobierno. Durante el período de 25 años que
comprende este estudio, las condiciones de este juego han cambiado notablemente, a
causa de los cambios en la disponibilidad de la tierra y porque ha aumentado el interés
del gobierno por hacer cumplir la ley.
El problema de lo que debe hacerse, acerca de la condición legal de la tierra,
después de la formación de una barriada es otro aspecto importante de la política de
barriadas. Si se otorgan títulos de propiedad es probable que el sentido de seguridad
resultante produzca altos niveles de auto-ayuda e inversión. En ausen-

29
Incendios sospechosos, de este tipo, en barriadas de otros países, han sido mencionados por
Abrams (1964: 22).
2 / Política de barriadas en Lima 51

cia de éstos, lo probable es que haya un gran sentimiento de inseguridad y preocupación
entre los pobladores, quienes se preguntan si el Estado continuará tolerando la
ocupación. Esta inseguridad puede limitar seriamente la disposición para hacer
inversiones, lo que impide el desarrollo comunal.

Estrategias de incorporación política

Un aspecto final, de gran importancia para la política de barriadas, es la evolución
de las diferentes modalidades para alcanzar la participación política de las masas. Las
barriadas y la política de barriadas han sido frecuentemente usadas como medios de
relación entre los sectores populares y el Estado, en una forma considerada por los
gobernantes de turno como constructiva antes que destructiva. Las características de las
barriadas se prestan a una variedad de modalidades para lograr este fin. Por un lado, la
inseguridad asociada a la ausencia de títulos y el temor a la erradicación, antes citados
como rasgos negativos de la política de barriadas, pueden también servir para crear una
relación de dependencia entre la barriada y el Estado, que desalienta ciertos tipos de
conducta política que podría considerarse desquiciadora. Por otro lado, las
oportunidades de auto-ayuda que ofrecen las barriadas pueden servir para crear una
suerte de autonomía y autosuficiencia, que hacen irrelevantes las alternativas políticas
radicales. Otra alternativa se encuentra en las organizaciones locales comunales de las
barriadas. Si estas organizaciones fueran tomadas y controladas por el Estado, sería
posible una total penetración y control de la actividad política de la barriada. Todas
estas diferentes modalidades que originan dependencia, auto-suficiencia, penetración y
control de la actividad política se han empleado en los períodos considerados en este
estudio. El patrón de evolución de una modalidad a otra y las razones por las que los
gobiernos adoptaron una modalidad determinada constituyen el tema central de nuestro
análisis.
Las relaciones entre el residente urbano pobre y el sistema político comprenden no
sólo aspectos del control político, sino también las formas en que éste y el apoyo políti-
co se expresan. Las características de organización de las barriadas permiten un impor-
tante tipo de expresión de apoyo político: las manifestaciones de masas. Un aspecto
importante de la política de barriadas ha sido, en todos los períodos, el grado en que se
cultiva esta fuente potencial de apoyo, así como los medios utilizados para tal fin.

Conclusión

Este capítulo nos ofrece una serie de respuestas preliminares a la pregunta de por
qué se ha permitido la formación de barriadas en Lima. Su formación fue consentida, en
parte, porque eran una solución económica a la escasez de vivienda y al problema de la
pobreza. Las barriadas ofrecen también grandes oportunidades de incorporar al
residente urbano pobre a la vida política, de un modo conveniente al gobierno.
52 COLLIER

Al mismo tiempo hay tensiones y dilemas inherentes a la política de barriadas.
Cuando se intenta solucionar los problemas del crecimiento urbano, apoyando la
formación de barriadas, se produce un incremento del crecimiento urbano. La
utilización de las barriadas, para aliviar la escasez de vivienda, obliga a abandonar los
esquemas tradicionales de los urbanistas respecto a las características mínimas
aceptables para barrios residenciales. Permitir que las invasiones de tierras se
generalicen, permite también percibir la inconsistencia de la ley respecto a la propiedad
de la tierra. Finalmente, las diferentes modalidades adoptadas para incorporar
políticamente a los habitantes de las barriadas, en especial la opción entre fomentar la
dependencia y la autonomía, en cierto sentido son mutuamente exc1uyentes. Uno de los
propósitos centrales de este libro es investigar la forma en que los diferentes gobiernos
han resuelto estas tensiones.
3
El apoyo gubernamental a la
formación de barriadas

UNO DE LOS ASPECTOS más importantes de la política gubernamental de barriadas es la
seguida en torno a su misma formación. Este capítulo presenta una visión general de la
participación del gobierno en dicho campo. El punto central reside en los tipos básicos
de formación que han ocurrido; en la relativa importancia del papel del gobierno en la
formación de barriadas; en las formas de reacción de la policía; en las variaciones de
esta reacción policial, de acuerdo al tipo de tierra ocupada y al grado de apoyo del
gobierno; y en los principales períodos de evolución del apoyo gubernamental.
Finalmente, se intenta caracterizar en líneas generales la política de formación de
barriadas. El análisis, basado en datos del año 1972, comprende una muestra pequeña de
84 barriadas, en las que se obtuvo información detallada, y otra muestra más grande,
que incluye, además de estas 84 barriadas, 52 adicionales, que aportaron información
menos detallada.
El método para la selección de las barriadas que serían estudiadas deliberadamente
privilegiaba a dos tipos de ellas. Como quiera que un propósito principal del estudio es
analizar el apoyo gubernamental a la formación de barriadas, los casos en los que se
sospechaba que el gobierno estaba involucrado se incluían automáticamente.
Evidentemente las inferencias basadas en la muestra, en relación a todas las barriadas de
Lima, deben hacerse considerando esta desviación. Además, las barriadas más grandes
son más importantes porque ofrecen oportunidades de obtener vivienda a más gente. De
allí que también ellas hayan sido privilegiadas. Debido a este énfasis en las más
grandes, la muestra pequeña representa el 81.7% de la población total de las barriadas
de Lima, aunque comprende solamente el 40.4% de las barriadas. La muestra más
grande incluye el 90.2% de los habitantes y el 65.4% de las barriadas. Una explicación
más completa de la encuesta utilizada para obtener estos datos se puede encontrar en el
Apéndice 1.

Tipos de formación

Los tres tipos principales de formación de barriadas en Lima han sido: invasiones,
formaciones graduales y formaciones autorizadas por el gobierno.
54 COLLIER

Invasiones
Una de las imágenes más identificadas generalmente con las barriadas es la de la
invasión, en la cual las familias pobres se agrupan, se apoderan durante la noche de
terrenos baldíos y luchan con la policía, para poder así escapar de las deplorables
condiciones de los tugurios del centro de la ciudad. Esta imagen ha contribuido
enormemente al argumento consistente en que las barriadas representan una "amenaza
para la soberanía" en el Tercer Mundo (Abrams 1964: 23-24).
Las invasiones han cumplido un rol importante en la formación de barriadas en
Lima y han recibido considerable atención en la bibliografía acerca de dichos
asentamientos1. A1gunas invasiones las llevan a cabo grupos relativamente pequeños de
familias que se reúnen, informalmente, muy poco antes de la ocupación de las tierras.
Otras comprenden a cientos de familias y son planeadas con, gran cuidado. Los
promotores de estas invasiones las organizan mucho antes de que éstas ocurran y
realizan numerosas reuniones previas para reclutar miembros, escoger el sitio y planear
la ocupación misma. En algunas de las invasiones más e1aboradamente planeadas, hay
sistemas de delegados, quienes se responsabilizan del reclutamiento de miembros en
determinadas áreas de la ciudad, y que están a cargo de las familias de su zona cuando
se produce la ocupación de la tierra.

Formación gradual
En los casos de formación gradual no existe un momento bien definido para que
un considerable grupo de familias ocupe las tierras (ver Mangin 1967a; 69). Este tipo de
formación puede ocurrir en un área semi-rural, donde una o varias familias viven en
chozas, en tierras en las que trabajan; a éstas se unen, poco después, otras familias que
construyen sus casas en las cercanías, produciendo un patrón de crecimiento gradual de
la comunidad sin que haya un punto de partida bien definido. Ocurren otros casos de
formación gradual dentro de la ciudad; por ejemplo, cuando los trabajadores de una
construcción han edificado viviendas precarias en terrenos cercanos a su centro de
trabajo. En vez de abandonadas cuando ha terminado el trabajo, se han quedado y,
después de algún tiempo, se les han unido otras familias.

Autorizadas por el gobierno
La bibliografía acerca de las barriadas de Lima no se ha referido mayormente
a la autorización gubernamental como un tipo de formación, aunque se han men-
cionado casos en los que han habido grupos políticos comprometidos. Por ejem-
plo, Mangin menciona que, en una época, el gobierno fue sumamente benigno con
las invasiones (Mangin 1963: 50) y afirma que el grupo invasor podía buscar el
apoyo de algún líder político popular a fin de protegerse de la intervención po-

1
Ver, por ejemplo, José Matos Mar (1961); Mangin (1963. 1967a y 1967h); Goldrich et al. (1967/68):
Turner (1967).
3 / Apoyo del gobierno 55

licial (Mangin 1967b: 23). Turner describe un caso en el cual una invasión obtuvo
importante apoyo de una organización de barriadas a nivel metropolitano; Dietz
refiere otro en el cual una institución gubernamental de vivienda reubicó a un grupo
de familias en una barriada (Turner 1967: 171 y Dietz 1969: 364).
Estas observaciones sobre el rol de los grupos políticos señalan la existencia de
apoyo político a la formación de barriadas. Sin embargo, no se ha tenido anterior-
mente datos suficientes sobre un buen número de casos como para poder evaluar la
importancia de ese apoyo político, o los tipos de gobiernos o grupos que lo han
otorgado más activamente. De acuerdo con las evidencias de la encuesta sobre for-
mación de barriadas llevada a cabo por el autor, el apoyo político gubernamental se
ha hecho mayormente a través de autorizaciones formales o informales provenien-
tes, por lo general, del gobierno central aunque, en algunos casos, los gobiernos mu-
nicipales también estaban involucrados. Los partidos políticos, actuando indepen-
dientemente del gobierno, también han participado en la formación de barriadas.
En un cierto tipo de autorización gubernamental, la formación de la barriada es
similar al modelo básico de invasión, con la excepción de una sugerencia informal
de algún funcionario ―a menudo, un representante del presidente― respecto de la
disponibilidad de determinadas tierras y de la no interferencia de la policía si ellas
son ocupadas. Este tipo de implicación del gobierno puede ser motivado por el
deseo de ganar apoyo político, pero también es usado como un medio para facilitar
el desalojo de los inquilinos de los tugurios del centro de la ciudad, para que sus
adinerados propietarios, o el gobierno mismo, puedan utilizar los terrenos para otros
fines.
En otros casos de autorización gubernamental, hay una aprobación pública,
más formal, de la ocupación de las tierras, en ocasiones por medio de una ley o un
decreto especial. En tales casos, la formación no es una invasión nocturna y, a
menudo, los camiones del gobierno o del ejército llevan a las familias hasta el sitio
de sus nuevos hogares; en otros casos, simplemente los dejan en el desierto para que
construyan su nueva comunidad. Generalmente, tales autorizaciones están
acompañadas por promesas de títulos de propiedad; éstos, sin embargo, raramente
han sido otorgados (hasta hace muy poco), y las barriadas formadas con este tipo de
autorización a menudo terminan siendo iguales a las formadas de otras maneras, en
lo que respecta a la condición legal de la tierra. Este tipo de intervención del
gobierno puede ocurrir en diferentes situaciones. Por ejemplo, cuando un litigio
sobre desahucio se ha hecho público y el gobierno desea intervenir dramáticamente,
para dar la impresión de que está interesado en la causa de los sectores populares.
En otros casos, puede ser usado para ayudar a familias que han quedado desampara-
dos a causa de una inundación, terremoto o incendio. Tales autorizaciones también
han sido usadas sistemáticamente como un medio para ganar el apoyo político de
los sectores populares.
Asimismo, en muchos casos el gobierno ha intervenido después de la forma-
ción inicial de la barriada, para impedir que la policía desaloje a los grupos in-
vasores. Puesto que estas barriadas comienzan como invasiones relativamente es-
56 COLLIER

pontáneas, serán tratadas, por el momento, como invasiones. La importancia de estas
intervenciones estatales posteriores a la invasión será examinada más adelante.

Importancia relativa de los tres tipos de formación

Un examen de los datos sobre la formación de barriadas sugiere que de los tres
tipos básicos, el que cuenta con autorización gubernamental es mucho más importante
de lo que se ha admitido hasta ahora. En la muestra grande de 136 barriadas mencionada
anteriormente, los tres tipos básicos de formación son de una importancia aproximada-
mente igual, a saber: el 30% con autorización gubernamental, el 37% son invasiones y
el 30% son de ocupación gradual (ver Cuadro 1). Las cuatro restantes no correspondie-
ron claramente a ninguna de estas categorías.
Debido a la gran variación de su tamaño, debe considerarse en cada categoría no
sólo el número de barriadas, sino también la proporción de la población que vive en
cada tipo de barriada. Esto refleja la importancia de cada tipo de formación, en términos
del número de familias a las cuales se ha ofrecido oportunidad de encontrar una
vivienda mejor2. Desde este punto de vista, el tipo de formación autorizado por el
gobierno es el más importante. El 61% de los pobladores de la muestra grande vive en
barriadas autorizadas por el gobierno, cifra mayor que el 27% correspondiente a las
formadas por invasiones, y el 11% a las formadas por ocupación gradual.
Como el rol del gobierno en la formación de barriadas ha supuesto no solamente
una franca autorización sino también su intervención después de la ocupación en los
casos anteriormente clasificados como invasiones, las cifras anteriores subestiman la
importancia de dicho rol. La muestra pequeña, de 84 casos, sobre los cuales, hay
información más completa, se puede usar para examinar detalladamente la participación
del gobierno3.
Examinando más atentamente los casos de formación anteriormente clasificados
como autorizados por el gobierno o como invasiones, se pueden distinguir los

2
Debe tenerse cierto cuidado al referirse a los datos sobre la población de las barriadas. El número de
familias que toma parte en su formación inicial generalmente es pequeño, en comparación con la población de
la barriada cuando ésta ha adquirido mayores dimensiones, después de varios años de crecimiento. En el
análisis de la actual población total de las barriadas, no quiero sugerir que el gobierno haya autorizado
directamente la llegada de todas las familias que se sumaron posteriormente a ellas. Más bien, creo que se
debe considerar que la invasión inicial (o la autorización), son algo así como la aceptación de la disponibilidad
de un área específica de tierra, y la población actual de una barriada debe ser considerada simplemente como
un medio para evaluar la importancia de una barriada (o de un período de formación) en términos del número
de familias a las cuales ha ofrecido una nueva oportunidad de vivienda.
3
Es importante puntualizar que una mayor proporción de casos de la muestra pequeña contaba con
autorización gubernamental: 42% en vez de 30% (ver Cuadro 1). Esto resulta del intento, mencionado
anteriormente, de obtener más información sobre los casos con más probabilidades de haber contado con
apoyo del gobierno.
3 / Apoyo del gobierno 57

CUADRO 1

Tipos de formación de barriadas hasta 1972

Muestra grande Muestra pequeña
Tipo de
formación Nº. de Porcen- Pobla- Porcen- Nº de Porcen- Pobla- Porcen-
barriadas taje ción taje barriadas taje ción taje
Autorizadas
por el
gobierno 41 30.1 465,169 61.3 35 41.7 460,495 67.0
Invasión 50 36.8 205,762 27.1 37 44.0 177,539 25.8
Ocupación
gradual 41 30.1 85,008 11.2 11 13.1 48,702 7.1
Otros 4 2.9 3,079 0.4 1 1.2 580 0.1
Total 136 99.9 759,018 100.0 84 100.0 687,316 100.0

siguientes tipos de participación política en la formación de barriadas: 1. intervención
informal de alguna rama del Poder Ejecutivo, antes de la invasión, para fomentar la
formación del grupo invasor e indicar que hay tierras disponibles; 2. autorización
pública de algún sector del Poder Ejecutivo, antes de la ocupación de las tierras; 3.
intervención informal del Poder Ejecutivo, tras la ocupación, para limitar la
intervención de la policía; 4. participación de un partido político de oposición; 5.
posible ingerencia del gobierno, pero con carencia de información completa; y 6. sin
participación política aparente.
Entre los casos de la muestra pequeña, clasificados anteriormente como auto-
rizados por el gobierno, en la mayoría hubo intervención informal de éste, o au-
torización pública antes de la ocupación (ver Cuadro 2). En los cuatro casos restantes, la
ocupación fue autorizada por un partido político de oposición. En estos últimos cuatro,
todos ellos pertenecientes a la década del 60, las barriadas aparecieron en un distrito
municipal controlado por un partido político opuesto al régimen, lo que supone una
autorización del gobierno municipal y no del gobierno central. Entre los casos
originalmente clasificados como invasiones, diez cuentan con la intervención informal
del gobierno tras la ocupación de las tierras. En otros cinco, hay alguna intervención de
un partido de oposición, aunque en ninguno de estos casos podría decirse que ello ha
sido crucial en la formación de las barriadas. En siete, hay alguna evidencia de
intervención del gobierno, pero no la suficiente como para permitir que se asignen a otra
categoría; en quince casos no hay ninguna evidencia de intervención del gobierno o de
los partidos.
Se puede fijar la importancia general de este rol del gobierno, indicando el nú-
mero de barriadas en las cuales el apoyo de éste se pueda considerar decisivo.
Ciertamente fue decisivo en los casos de franca autorización gubernamental, y
puede argumentarse que también lo fue en los diez casos de intervención informal
puesto que, sin esta intervención, probablemente, la policía habría desalojado a
58 COLLIER

CUADRO 2

Tipos de formación de barriadas según el papel de los grupos políticos
(Muestra pequeña: formadas con autorización gubernamental
o por invasiones)

Tipo de formación
Papel de los grupos políticos Autorizados por
el gobierno Invasión Total
Intervención informal del gobierno antes
de la ocupación de las tierras. 15 ― 15
Autorización pública antes de la ocupa-
ción de las tierras. 16 ― 16
Intervención informal del gobierno des-
pués de la ocupación de las tierras. ― 10 10
Intervención de un partido de oposición. 4 5 9
Probable intervención del gobierno, pero
con información ambigua o insuficiente. ― 7 7
Sin aparente intervención política. ― 15 15
Total: 15 37 72

los invasores. Además, podemos decir, algo arbitrariamente, que en la mitad de los
casos de posible ingerencia gubernamental (cuatro de los siete, en cifras redondas), el
rol que éste desempeñó fue decisivo. Esto da un total de 49 entre 72 casos, o
aproximadamente dos tercios. Como en esta muestra hay una desviación hacia los casos
de participación gubernamental en el sentido anotado, esta impresionante cifra es,
evidentemente, demasiado grande y no debería suponerse a partir de ella que la
intervención del gobierno fue decisiva en los dos tercios de todos los casos de
formación de barriadas en Lima. Sin embargo, podemos ser más exactos al estimar la
proporción general, añadiendo los seis casos de la muestra grande ―autorizados por el
gobierno― que no fueron incluidos en la muestra pequeña (ver Cuadro 1). Así, hay 55
casos entre 136, ó 40% de la muestra grande, en los cuales puede decirse que el rol del
gobierno fue decisivo. Si el número total de barriadas en Lima asciende a 208 (ver
Apéndice 1), todavía puede aducirse que el gobierno cumplió un rol decisivo, por lo
menos, en la formación de más de un cuarto de las barriadas. Este es, evidentemente, un
cálculo modesto respecto de la importancia del rol gubernamental, pues ciertamente hay
casos adicionales que no están incluidos en la muestra y asimismo existen otros sobre
los cuales no hay información completa. El verdadero porcentaje es algo más elevado.
Si estos hechos se sitúan en términos del porcentaje de los habitantes de estas
barriadas, los resultados son aún más impresionantes. Estos 55 agrupa-
3 / Apoyo del gobierno 59

mientos cuentan con una población de 563,169 habitantes, esto es dos tercios de la
población de las barriadas de Lima. De este modo, por lo menos medio millón de
personas, es decir, más de un sexto de la población total de Lima metropolitana, vive en
barriadas en cuya formación el gobierno ha desempeñado un rol crucial.

El comportamiento de la policía y la propiedad de la tierra

Otro importante aspecto de la política estatal, con respecto a la formación de
barriadas, es la reacción de la policía frente a las invasiones. De acuerdo con el sistema
policial peruano, que está muy centralizado, la fuerza nacional de policía ―la Guardia
Civil― tiene bajo su responsabilidad el control de las invasiones. La Guardia Civil
forma parte del Ministerio del Interior, anteriormente denominado Ministerio de
Gobierno. Aunque las fuerzas policiales forman parte del gobierno nacional, no siempre
hay una perfecta coordinación entre ellas y la política presidencial o la de los
organismos estatales de vivienda. En realidad, como se demostrará en los siguientes
capítulos, hubo dos importantes períodos en los cuales el Ministro del Interior
estableció, independientemente, una relación especial con las barriadas.
La reacción de la policía frente a las barriadas presenta variaciones que van desde
su total ausencia hasta la acción violenta en el desalojo de los invasores, con un gran
número de variaciones intermedias como, por ejemplo, su aparición en el sitio de la
invasión, pero sin tomar ninguna medida; el intentar tan sólo prevenir la llegada de otras
familias no miembros del grupo invasor original, limitando así la magnitud de la
invasión; el esfuerzo simbólico para desalojar a los invasores, derribando quizás unas
cuantas chozas pero sin mayor decisión; y el intento serio de desalojo, pero sin lograrlo.
Aunque la incapacidad del gobierno para desalojar a los invasores parezca sorprendente,
lo cierto es que, en algunos casos, la resistencia de éstos ha sido tan tenaz que, tras un
intento inicial, el gobierno ha tenido que ceder. En otros casos, se ha llegado a desistir
de la acción de desalojo, después de un intento inicial infructuoso, debido a
consideraciones políticas.
El análisis de los tipos de reacción de la policía estará basado en los 72 casos de la
pequeña muestra ―que comprendían invasiones o autorizaciones del gobierno― a los
que se agregan 12 casos más de invasiones previas, ocurridas antes de la ocupación
principal de las tierras, ocupadas posteriormente por barriadas representadas en esta
muestra. Estos 12 casos culminaron en desalojos. Generalmente, la reacción de la
policía ha consistido en no aparecer en absoluto (38%) o desalojar a los invasores
(26%). Las otras reacciones, frecuentes en alguna medida, representan un 10%,
aproximadamente (Apéndice II, Cuadro II. 2).
Aparte de la relativa importancia de cada tipo de reacción, son también de gran
interés las circunstancias en que ocurren. Hipotéticamente, puede decirse que la
reacción de la policía está determinada por el tipo de propiedad de la tierra y de apoyo
político con que cuenta el grupo que ocupa esas tierras.
60 COLLIER

La propiedad de las tierras en las que se han formado las barriadas se ha
clasificado en 3 grupos: del Estado, en litigio y de propiedad particular. De los 72 casos
―tanto de los autorizados por el gobierno como los ocurridos por invasiones― el 51 %
comprendía terrenos públicos, el 28% terrenos en litigio y el 19% terrenos de propiedad
particular. De los casos de desalojo, que ocurrieron en sitios posteriormente ocupados
por barriadas, solamente uno tuvo lugar en tierras de propiedad particular; la mayoría se
efectuó en tierras en litigio. Por lo tanto, estos desalojos no han ocurrido en tierras
incuestionablemente públicas. Considerando los 84 casos en conjunto, había una clara
tendencia hacia una reacción benévola de la policía, cuando se trataba de tierras
públicas, y muy rigurosa cuando las tierras eran de propiedad particular; la reacción era
intermedia cuando se trataba de tierras en litigio (Apéndice II, Cuadros II. 3 y II.4.).
La reacción de la policía dependía también del apoyo político con que contaba el
grupo invasor. La autorización previa del gobierno garantizaba seguridad contra el
desalojo, y todos salvo uno de los 30 casos en los cuales se intentó seriamente el
desalojo (con o sin éxito), ocurrieron en casos de invasiones. Sin embargo, es
interesante anotar que hubo dos intentos simbólicos y un intento serio de desalojo en
casos autorizados (Apéndice II, Cuadro II5). En uno de ellos, un organismo
gubernamental de vivienda autorizó una ocupación, pero el municipio del distrito trató
de impedir que ésta se efectuase, enviando a la fuerza policial. El gobierno municipal y
el organismo gubernamental eran controlados por partidos políticos rivales.
Aunque la autorización previa del gobierno hace improbable el desalojo, un
examen detallado del rol de los grupos políticos en la formación de barriadas, sugiere
una considerable variación en la acción de la policía, de acuerdo con el tipo de apoyo
político con que contaba la barriada. Antes de la ocupación de las tierras, la autorización
estatal es una garantía relativa de que la policía no intervendrá; en cambio, la
autorización informal es seguida a veces por una fuerte intervención policial, aunque
nunca por un desalojo. Las intervenciones informales, después de la ocupación, están
siempre dirigidas a limitar una intervención policial ya iniciada, de modo que esto
ocurre solamente en aquellos casos en que la policía ya se ha hecho presente. No se han
dado casos en los que la intervención informal del gobierno, después de la ocupación de
las tierras, haya fracasado en impedir el desalojo. Todos los desalojos, salvo uno,
comprendían barriadas sin apoyo político, o eran casos sobre los que se tenía
información ambigua (Apéndice II, Cuadro II.6.).
Así, es evidente que tanto la propiedad de la tierra como el apoyo político
influían en la reacción de la policía. No es de sorprender que estas causas estén
estrechamente relacionadas. Las barriadas autorizadas por el gobierno se encuen-
tran predominantemente (74%) en tierras públicas (Apéndice II, Cuadro II.7.).
A causa de esta estrecha relación entre la función desempeñada por el gobierno
y el tipo de tierras en cuestión, es difícil establecer cuál de estos factores tiene
mayor influencia en la reacción de la policía. Es evidente que la relación entre
estas variables es bastante compleja y que la relación causal no siempre tiene
3 / Apoyo del gobierno 61

CUADRO 3

Número y población de las barriadas formadas durante cada
periodo presidencial, basta 1972
(muestra grande)

Número Porcen- Pobla- Porcen-
Presidente
de casos taje ción taje
Antes de Sánchez Cerro (1900-30) 2 1.5 2,712 0.4
Sánchez Cerro (1930-31, 1931-33) 3 2.2 12,975 1.7
Benavides (1933-39) 8 5.9 18,888 2.5
Prado (1939-45) 8 5.9 6,930 0.9
1945 ― Información ambigua* 5 3.7 24,335 3.2
Bustamante (1945-48) 16 11.8 38,545 5.1
Odría (1948-56) 30 22.1 203,877 26.9
1956 ― Información ambigua* 2 1.5 11,890 1.6
Prado (1956-62) 30 22.1 93,249 12.3
1962 ― Información ambigua* 2 1.5 22,377 2.9
Pérez Godoy (1962-63) 2 1.5 1,737 0.2
Lindley (1963) 3 2.2 11,046 1.5
Belaúnde (1963-68) 15 11.0 93,407 12.3
Velasco (de 1968 a 1972 solamente) 10 7.4 217,050 28.6
Total 136 100.3 759,018 100.1
* Una importante fuente de datos para la muestra grande indicaba el año, pero no el mes de la formación.
Por ello, en algunas barriadas no fue posible establecer si se formaron durante el período del presidente
entrante o del saliente.

una dirección constante. Por ejemplo, mientras la condición legal de las tierras es,
generalmente, uno de los factores que determina la reacción de la policía, con todo, la
actitud del gobierno durante uno de los períodos estudiados, favorable al desalojo de los
invasores, alentó a los terratenientes adinerados a hacer denuncios de tierras cuando
éstas eran invadidas. Por ello, la anticipada reacción policial influye en la condición
legal de la tierra.

Periodos de formación
Como el objetivo del presente trabajo es estudiar la trayectoria de las variaciones
de la política de barriadas, las características de la formación de las barriadas en Lima
resultan particularmente interesantes al ser presentadas en el marco de diferentes
períodos históricos. Ante todo, debe señalarse que la formación de barriadas ha
mostrado una tendencia a concentrarse en ciertos períodos (ver cuadro 3). Si se
considera el número de barriadas formadas, el período más importante fue el de Odría,
siendo el segundo gobierno de Prado, asimismo, de gran
62 COLLIER

CUADRO 4

Reacción de la policía frente a la formación de barriadas*

(muestra pequeña)**

Porcentaje de
desalojos y
Presidente
Porcentaje de serios intentos
desalojos de desalojo Total
Bustamante 0 67 6
Odría 10 15 20
Prado 26 37 19
Junta Militar 43 57 7
(1962-63)
Belaúnde 22 22 18
Velasco 70 70 10
Total 80
* Se han omitido cuatro casos en este cuadro, debido a la exclusión de 3 casos y a una invasión, que
ocurrieron antes de 1945. Hubo muy pocos casos durante cada período presidencial en estos primeros
períodos, como para permitir una comparación significativa.
** Formadas con autorización gubernamental o por invasiones, más 12 casos de invasiones anteriores.

importancia. Con respecto a la población actual, nuevamente se debe señalar el de Odría
como el primer período importante si bien hubo, además, una numerosa población en
las barriadas formadas en los cuatro primeros años del gobierno de Velasco; en 1975, la
población de estas últimas era mucho mayor que aquella de las formadas en cualquiera
de los períodos anteriores.
Con respecto a los diferentes tipos de formación, se puede advertir una clara
evolución en las formas de participación del gobierno. Hasta el período de "1945-
Información ambigua" (ver Cuadro 3) predominaron las formaciones graduales.
De un total de 26 barriadas, 17 fueron de formación gradual, cinco procedían de
invasiones y solamente dos fueron autorizadas. Durante Bustamante, hubo un
agudo aumento en la proporción de invasiones, y en 5 de éstas el gobierno inter-
vino después de la ocupación de las tierras para impedir que la policía las desalojara.
Esta tendencia hacia la intervención del gobierno se hizo aún más pronunciada
durante el gobierno de Odría, cuando, como puede verse en la muestra pequeña,
hubo solamente tres casos de formación, sin evidencias de alguna intervención del
gobierno. Los otros dos principales períodos de formación de barriadas ―el se-
gundo gobierno de Prado y el gobierno de Belaúnde― muestran asimismo una
variedad de tipos de ingerencia gubernamental y se dan pocos casos en los que
3 / Apoyo del gobierno 63

los grupos políticos no desempeñaron rol alguno (ver Apéndice II, Cuadros II.9 y
II.10.).
Finalmente, con el correr del tiempo ha habido una sustancial variación en la
severidad de las reacciones de la policía frente a las invasiones. En los períodos sobre
los que hay suficiente información disponible (desde 1945), la más alta proporción de
desalojos (70%) se advierte en el período de Velasco; no hubo ningún desalojo durante
el de Bustamante (ver cuadro 4). Con respecto a los intentos serios de desalojo que no
tuvieron éxito, es digno de notarse que cuatro de ellos se efectuaron durante el período
de Bustamante. En el siguiente capítulo, se mostrará que estos casos representan una
fase importante de la primera etapa de la ingerencia del gobierno en la formación de
barriadas.

Características de la política gubernamental

Los datos demuestran que el apoyo del gobierno a la formación de barriadas ha
sido considerable y que, por lo tanto, la política gubernamental ha desempeñado un rol
importante en la formación de las barriadas de Lima. Antes de proceder, en los
próximos capítulos, a un análisis más detallado del cambio de orientación política, es
conveniente establecer aquí los tipos de política gubernamental que se han presentado.
Debido a que la apropiación de la tierra por los sectores populares ha sido la
característica principal de la formación de barriadas, este hecho podría aparecer como
un intento de redistribución de la tierra en beneficio de los sectores populares, efectuado
por el Estado o, en algunos casos, por adinerados terratenientes. Desde esta perspectiva,
el aspecto básico de la formación de barriadas y de la política de barriadas sería la
predisposición del gobierno a permitir que esta redistribución ocurra. En efecto, esta
perspectiva ha sido adoptada por Mangin y por Delgado, los únicos autores que hasta
ahora han intentado caracterizar la política estatal hacia la formación de barriadas en el
Perú. Ambos autores han usado el término liberal* para describir el clima político del
período de Belaúnde, que posibilitó la formación de barriadas en una forma
relativamente libre, durante la década del 60 (Mangin 1967b: 23, y Delgado 1968: 25).
La interpretación significaría que los gobiernos liberales están más interesados en los
beneficios que los sectores populares obtienen de la formación de barriadas que en una
rígida interpretación de la ley de propiedad. Talton Ray se ha referido a la formación de
barriadas en Venezuela de un modo semejante, describiendo como "permisivas" e
"indulgentes" las actitudes de los gobiernos reformistas de Acción Democrática (de
1945 y 1959), hacia los sectores populares caracterizados por tolerar una amplia
formación de barriadas (Ray 1969: 31-32). Por el contrario,

* Ellos entienden el término liberal en el sentido en el que un simpatizante del Partido Demócrata de los
Estados Unidos, básicamente interesado en el bienestar público, podría ser considerado "liberal"; esto difiere
del uso que se le da en este libro donde el término es usado para referirse a la ideología del laissez-faire y a las
políticas económicas asociadas con el liberalismo clásico.
64 COLLIER

él afirma que el general Pérez Jiménez (1952-1958), quien no era precisamente un
liberal; estuvo "dedicado a mantener el orden [. . .] y que defendió celosamente el
gobierno y la propiedad privada (Ibid: 32-33).
Sobre la base del presente análisis, es evidente que esta caracterización, basada en
la idea del liberalismo, no se adapta al caso peruano. El marco de comparación
implícito, en el que tanto Mangin como Delgado basan sus observaciones, parece
involucrar el contraste entre la más alta proporción de desalojos e intentos de desalojos
ocurridos durante el segundo gobierno de Prado y el gobierno militar de 1962-63, y la
más baja proporción, registrada durante el gobierno de Belaúnde. En términos de
política general, ciertamente el gobierno de Belaúnde fue el más liberal de los tres, en el
sentido en que Mangin y Delgado usan el término. Sin embargo, las causas de las
diferencias en las políticas de barriadas entre estos tres gobiernos son complejas, como
se demostrará más adelante, y en realidad no están relacionadas con el liberalismo de
Belaúnde, y menos aún con el de los otros períodos. Si comparamos el grado de
represión sindical durante el gobierno de Odría y el segundo de Prado, hallaremos que
éste fue más liberal (Payne 1965: 54); sin embargo, en términos de política de barriadas,
Odría fue evidentemente más tolerante.
El inconveniente de esta concepción de la política de barriadas como una forma de
redistribución de la tierra por el Estado y por los poderosos en beneficio de los sectores
populares es que se basa en una definición demasiado estrecha. Es improbable que una
persona rica quiera un lote en una barriada4, de modo que, mientras la política sea
definida solamente como política de formación de barriadas, inevitablemente supondrá
sólo la transferencia de la tierra hacia los sectores populares. Sin embargo, la política de
formación de barriadas es parte de una política más amplia de usos de la tierra en la
gran Lima. El capítulo II muestra la existencia en Lima de una larga tradición de
apropiaciones de tierras, de parte de una gran variedad de individuos y grupos, tanto
ricos como pobres. Solamente cuando se considere este amplio contexto de política de
control de la tierra será posible establecer, significativamente, las relaciones políticas
implícitas en la política de barriadas.
Situando la formación de barriadas en este amplio contexto de apropiaciones
de tierras es más fácil identificar el tipo de juego político implícito. Aunque oca-
sionalmente han habido desalojos y cierto número de barriadas se formaron en
tierras en litigio, se podría entender que ésta fue un área de política caracterizada
por una alta incidencia de conflictos. Sin embargo, los casos de tierras en litigio
y los desalojos fueron, en realidad, un subproducto de la informalidad del sistema
de distribución de la tierra y de las ambigüedades de los casos no resueltos de
concesiones de tierras. Esta afirmación puede sustentarse, como se demostrará
más adelante, por el hecho que cuando el apoyo gubernamental a la formación
4
La única aparente excepción a esta generalización, podría ser la referente a los traficantes mencionados,
en el capítulo 5, y a otras personas que, a veces, adquirían lotes en las barriadas con el propósito de venderlos
o alquilarlos en lugar de ocuparlos. Sin embargo, estas personas difícilmente podían ser consideradas gente
adinerada.
3 / Apoyo del gobierno 65

de barriadas ―durante el período de Belaúnde― se hizo más formal, la proporción de
desalojos fue más baja. La ocurrencia periódica de conflictos y coerciones, en conexión
con la formación de barriadas, fue el resultado de la informalidad de la política de
tierras del gobierno y del fracaso de éste para regular en forma efectiva su uso en la
Gran Lima.
Lejos de ser coercitivo, en cierto sentido el sistema era sumamente generoso.
Generalmente, un grupo de invasores desalojados podía encontrar otro sitio, y si un
denunciante rico perdía un área de tierra debido a una invasión, igualmente podía
efectuar un denuncio en cualquier otra parte. Un factor importante que contribuyó a la
flexibilidad e informalidad de esta área de política fue la divisibilidad del bien
adquirido, en este caso, la divisibilidad de la tierra. Esta puede ser subdividida, y la
tierra de una zona puede substituirse por la de otra zona, a diferencia de otros bienes,
tales como el aire puro, que todos los miembros de una comunidad poseen en conjunto o
no lo poseen. Si no había tierra disponible en una zona, las necesidades de un grupo de
invasores o de un poderoso propietario podían ser satisfechas con tierras en otra zona.
En algunos casos, las necesidades se satisfacían concediendo tierras en varios sitios
diferentes, como cuando un grupo invasor desalojado era reubicado por el gobierno en
terrenos al borde de dos o más barriadas ya establecidas.
Esta combinación de informalidad y divisibilidad es ilustrada por el extraordinario
caso de la autorización dada por el gobierno a una barriada para facilitar el desalojo de
una zona tugurizada del centro de la ciudad. Después de haber sido convencidas de
abandonar sus hogares, las familias desalojadas fueron embarcadas en camiones del
gobierno y llevadas a una zona de terrenos eriazos, al norte de Lima. Los pobladores de
una barriada cercana se opusieron a que fueran ubicados en ese sitio, y los camiones del
gobierno siguieron adelante por la carretera buscando otra ubicación. Una vez más, los
pobladores de otra barriada cercana se opusieron y, finalmente, los camiones, dejaron a
las familias, más adelante aún, en otra zona, donde todavía no habían comenzado a
formarse barriadas. En este caso, como en muchos otros, la política de barriadas pudo
aplicarse como si siempre hubiera tierra disponible "más adelante en la carretera" tanto
para el pobre como para el rico.
Aunque las políticas estatales que tienen estas características de informalidad y
divisibilidad podrían llegar a parecer "no-políticas", en la medida en que actúan por
omisión, en realidad corresponden a un importante tipo de política que ha recibido
considerable atención en las investigaciones en los Estados Unidos. Theodore J. Lowi
las ha llamado “distributivas"; este término fue creado para describir las políticas de
tierras del siglo XIX en los Estados Unidos (Lowi 1964: 690). Lowi sostiene que
"las políticas distributivas se caracterizan por la facilidad con que pueden ser
fraccionadas y repartidas, por pequeñas unidades, con cada unidad más o
menos aislada de las otras unidades y de cualquier regla general [. . .]
Virtualmente no hay una política de conjunto, sino decisiones altamente
individualizadas, a las que solamente por acumulación se les puede consi-
66 COLLIER

derar como una política [. . .] En muchos casos de política distributiva, los
despojados no pueden ser identificados como clase, porque los más influyentes
de ellos pueden ser acomodados mediante un fraccionamiento adicional de los
beneficios" (Ibid).
Estas frases muy bien podrían haber sido escritas para resumir las características
de la política gubernamental de usos de la tierra en Lima.
Lo extraordinario acerca de la política que se está considerando aquí, es que lo que
está siendo tratado distributivamente es el control de la tierra. Aunque en los Estados
Unidos han habido políticas de tierras que fueron distributivas (tales como el Acta de
Concesión de Tierras del siglo XIX), el mantenimiento de un sistema bien definido de
propiedad ha requerido asimismo del uso de los poderes coercitivos y reguladores de la
actividad estatal, que Lowi identifica con un tipo de política claramente distinta de la
distributiva, y que él llama "reguladora" (Ibid: 697ss). La tradición latinoamericana es
muy diferente. Las leyes de propiedad latinoamericanas se han caracterizado por una
tradición de frondosa retórica en favor del uso de la tierra con fines de interés social. En
la práctica, el Estado no ha tenido éxito en regular el uso de la tierra, en lograr metas de
bienestar social, o en definir sin ambigüedades a los poseedores de la propiedad. Así, la
informalidad y el nivel relativamente bajo de coerción de la política de formación de
barriadas del gobierno peruano son aspectos de la forma general en que la propiedad ha
sido tratada políticamente en América Latina.

Conclusión

En este capítulo se ha sugerido que el gobierno peruano ha participado am-
pliamente en el apoyo a la formación de barriadas en Lima. Hubo poca intervención del
gobierno antes de 1945, produciéndose un marcado incremento en el período de
Bustamante y, finalmente, una sustancial intervención de la mayoría de los gobiernos
posteriores. Se ha alegado que es incorrecto explicar esta intervención, destacando la
función del liberalismo de algunos gobiernos en la redistribución de la tierra a los
sectores Populares. La política de barriadas debe ser vista, más bien, como parte de una
política más amplia que ha permitido que se beneficien tanto el pobre como el rico, ya
que los intereses inmobiliarios se han beneficiado directamente con la formación de las
barriadas, y porque también los mismos ricos han sacado provecho de la ambigua
definición de la tenencia de la tierra, apropiándose de terrenos para su uso particular.
Aparte de que una gran variedad de personas y grupos, tanto ricos como pobres,
se ha beneficiado con la blanda aplicación de la ley de propiedad en la Gran
Lima, existen asimismo otras razones para aducir que los sectores populares no
han sido los únicos beneficiados de la formación de barriadas. En el capítulo II,
se ha afirmado que la política de barriadas tiene múltiples fines, aparte de la
simple ayuda a los pobladores. Además de representar un aspecto importante de la
política frente a la pobreza y vivienda urbanas ―hechos que afectan directa-
mente el bienestar de los sectores populares urbanos― la política de barriadas
3 / Apoyo del gobierno 67

está también vinculada a políticas más amplias, que conciernen a los patrones de
desarrollo rural y urbano y a los patrones de control de la propiedad, así como también a
las tácticas adoptadas por cada gobierno para promover la participación política de los
sectores populares urbanos. Como se verá en los próximos capítulos, las alternativas
relacionadas con estas políticas y, por ello, con las barriadas, han supuesto un intrincado
juego entre clases e intereses políticos diferentes, en el cual, además de los mismos
pobladores, ha habido muchos beneficiados.
4
Paternalismo e informalidad:
el período de Odría

EL PRIMER PERIODO de política de barriadas a examinarse en detalle es el período de
paternalismo e informalidad, que corresponde al gobierno populista-militar de Odría
(1948-1956). El factor principal del golpe que llevó a Odría al poder fue la severa crisis
política que vivió el Perú desde mediados hasta fines de la década del 40. El propósito
de este capítulo es demostrar cómo se usó la política de barriadas en el intento para
resolver esta crisis, y tratar de identificar los orígenes del particular enfoque de las
relaciones élite-masa que Odría aplicó a las barriadas. Al intentar la explicación de la
política de barriadas en ese período, el análisis proporcionará asimismo una explicación
de una de las más importantes conclusiones del capítulo anterior: el agudo aumento
después de 1945 de la tasa de formación de barriadas y la magnitud de la intervención
gubernamental1.

1
De esta manera, el primer período de política de barriadas considerado en el análisis es asimismo el
primer período en el que el gobierno tuvo un rol importante en la formación de barriadas. Desgraciadamente,
es difícil encontrar informaciones más detalladas sobre las vinculaciones políticas en la formación de
barriadas antes de 1945, debido en parte, a que pocos de los dirigentes que participaron en la formación de
estas primeras barriadas están todavía vivos. Sin embargo, como se desprende de los datos del capítulo
anterior, aquel fue un período en el cual las barriadas se formaron, principalmente por medio de ocupaciones
graduales, habiéndose realizado unas cuantas invasiones y sólo dos casos con claras evidencias de vinculación
del gobierno. Estos últimos, contaron con intervención informal del gobierno antes de la ocupación de las
tierras, y los dos ocurrieron, bajo presidentes militares: Sánchez Cerro y Benavides. También hay alguna
evidencia de la intervención de Sánchez Cerro para prevenir el desalojo de una barriada después de su
formación. Es digno de señalarse que ambos presidentes llegaron al poder en el contexto de una gran rivalidad
con el partido aprista (ver Pike 1967: 250ss y 268ss). El Apra contaba con un fuerte apoyo popular y, para
contrarrestar esa popularidad, tanto Sánchez Cerro como Benavides trataron de obtener el apoyo de los
sectores populares (Ibid.: 253 y 271). Aunque las informaciones disponibles no establecen claramente si el
auspicio a estas barriadas era parte del esfuerzo para ganar dicho apoyo, este auspicio concordaba con esa in-
tención. Como se demostrará en este capítulo, esta misma combinación de populismo militar y anti-aprismo
desempeñaría, más tarde, un rol importante en el desarrollo de las barriadas en Lima.
4 / Paternalismo de Odría 69

La crisis política de la década del 40

Una característica principal de la política peruana a mediados de la década del 40,
fue el intento de reincorporar el Partido Aprista al sistema político establecido, después
de un período en que éste había sido declarado ilegal (Pike 1967: 280ss). Como se
señaló en el capítulo 1, este partido ―coalición de elementos de la clase media y de la
clase obrera― nació a raíz del trastorno económico y social causado por el surgimiento
de los enclaves de exportación de principios del presente siglo. Su iniciación política se
caracterizó por un programa de reformas radicales para el contexto peruano, y por una
considerable violencia política. El Apra ha recibido una respuesta de los grupos que
dominan el sistema político peruano que ha alternado los intentos para incorporarlo al
sistema electoral establecido, declarado fuera de la ley y la represión.
El período aquí considerado comprende uno de esos intentos para reincorporar
dicho partido al sistema electoral. El Apra había sido legalizado a tiempo para participar
en las elecciones de 1945 como integrante del Frente Democrático Nacional.
Bustamante y Rivero, candidato no aprista de esta coalición, ganó las elecciones, y el
Apra obtuvo la mayoría en el Congreso (Ibid.: 280 y 283).
Con el resurgimiento del Partido Aprista, éste fue un período de intensa
movilización política. El Apra trabajó vigorosamente para cimentar sus bases partidarias
y, una vez en el Congreso, usó los fondos públicos para apoyar el fortalecimiento de su
organización partidaria. En este período también se observó el crecimiento de los
sindicatos, que constituían la mayor parte de su base de apoyo, y un gran aumento del
número de sindicatos reconocidos por el gobierno (Payne 1965: 47). Finalmente, éste
fue un período de considerable violencia política que, en gran medida, parecía atribuible
al Apra (Pike 1967: 284ss). En este clima se produjo, en enero de 1947, el asesinato de
Francisco Graña Garland, director del diario La Prensa, quien había conducido una
vigorosa campaña contra el Apra (Ibid: 286).
En cierto sentido, el doble juego de los invasores y los oligarcas en el Perú
empieza con el asesinato de Graña, pues este suceso fue la causa directa de la aparición
en la lucha contra el Apra de dos líderes que, ulteriormente, desempeñarían un rol
importante en la formulación de la política de barriadas: Pedro Beltrán, un prominente
oligarca, y el general Manuel Odría, futuro presidente del Perú. Estos dos hombres
fueron responsables de la introducción de dos enfoques contrarios con respecto a las
barriadas de Lima, que reaparecerían periódicamente durante los veinticinco años
siguientes: el enfoque liberal y el paternalista. Beltrán había sido embajador del Perú en
los Estados Unidos, a principios del gobierno de Bustamante; tras el asesinato de Graña,
regresó al país para asumir la dirección de La Prensa y continuar la campaña de Graña
contra el Apra (Ibid.). Para Odría, el asesinato marcó el inicio de su carrera política,
debido a su responsabilidad al frente del Ministerio de Gobierno, cartera que le encargó
Bustamante. Como ministro de ese ramo, estaba a cargo de la policía y tenía plenos
poderes para la investigación del asesinato y de los otros hechos violentos que ocurrían
(Bustamante 1949: 109).
70 COLLIER

Odría se convirtió en el eje del sentimiento anti-aprista en el Gabinete, un rol que
no era difícil para un oficial militar, en razón de la larga tradición de enemistad entre las
Fuerzas Armadas y el Apra2. Es fácil imaginar que Odría ya estaría pensando en ese
momento en un golpe militar. Incuestionablemente, sabía que Perón acababa de asumir
el poder en Argentina, después de un período en el que había desempeñado un puesto en
el Gabinete. También debe haber sido consciente de los exitosos esfuerzos de Perón
para movilizar el apoyo de la clase obrera argentina, desde su posición de ministro de
Trabajo. En el contexto peruano, era evidente que, dado el apoyo popular masivo que
tenía el Apra y la legitimidad que había obtenido con su éxito electoral, cualquier
gobierno militar debería tratar de formar su propia base de apoyo popular para legitimar
su autoridad. Fue en este ambiente en el que Odría, como ministro de Gobierno, se
vinculó por primera vez con la formación de barriadas.
La evidencia presentada en el capítulo anterior muestra que en el período
comprendido entre 1945 y 1948 hubo un súbito aumento de las invasiones. De la escasa
información que tenemos acerca de estas invasiones se deduce la vinculación de
miembros de partidos políticos, entre los que se encontraba el Partido Comunista y
quizás también el Apra. Aunque inicialmente la policía intentó desalojar vigorosamente
a los invasores, hay claras evidencias de que, desde su posición de ministro de
Gobierno, Odría impidió estos desalojos por lo menos en tres ocasiones y permitió que
los invasores permanecieran en las tierras. Esto ayuda a explicar el gran número de
infructuosos intentos de desalojo ocurridos durante el período de Bustamante, a los que
se aludió en el capítulo anterior. Estas intervenciones fueron la primera manifestación
del rol más importante que tuvo ulteriormente el gobierno en la formación de barriadas,
durante el gobierno de Odría.
A comienzos de octubre de 1948, una fracción del Apra intentó un golpe militar,
que fue rápidamente debelado (Pike 1967: 288). El presidente Bustamante puso al Apra
fuera de la ley y, tres semanas más tarde, Odría derribó al gobierno de la Coalición con
su propio golpe, contando con fuerte apoyo del poderoso sector exportador de la
oligarquía peruana al asumir la presidencia. Este grupo deseaba terminar con el período
de inestabilidad política y de crisis que el país experimentaba, así como poner término a
ciertas políticas económicas del gobierno de Bustamante, contrarias a sus intereses
(Bourricaud 1966: 26). La oligarquía exportadora proporcionó importante apoyo
financiero para el golpe (Villanueva 1962: 123) buscando utilizar a los militares como
instrumentos políticos en su intento de restaurar el orden en el Perú (Bourricaud 1966:
26). Otros intereses también se involucraron en el golpe. Entre 1945 y 1948, hubo
importantes reducciones en los presupuestos militares, así como otras medidas que los
militares consideraban amenazadoras (Villanueva 1962: 123); este golpe, como mu-
2
Esta enemistad tiene su origen en la confrontación entre el Apra y las Fuerzas Armadas a comienzos
de los años 30. (Ver Pike 1967: 265ss). Esta información está basada en datos recogidos en la encuesta sobre
formación de barriadas y en entrevistas con líderes políticos, especialistas en vivienda y oficiales militares y
de policía, retirados.
4 / Paternalismo de Odría 71

chos otros de América Latina, fue usado para fortalecer su posición dentro del gobierno.
Finalmente, también la ambición personal de Odría fue un factor decisivo (Bustamante
1949: 264). El gobierno que surgió no representó a las instituciones militares ―como lo
seria el posterior régimen de 1968― sino, más bien, fue un gobierno manejado por el
mismo Odría, sobre una base muy personalista.

La presidencia de Odría

Una vez establecido en el poder, Odría buscó destruir la fuerza del Apra y de los
sindicatos y grupos partidarios formados por ese partido. La Ley de Seguridad Interior
―promulgada por Odría en 1949 y vigente durante todo su período― eliminaba la
mayoría de las restricciones judiciales que hubieran podido obstaculizar su campaña
contra el Apra (Pike 1967: 290-91). Gran número de miembros del partido fueron
encarcelados, otros fueron deportados, y los sindicatos y las federaciones laborales
vinculados al Apra fueron destruidos o tomados por líderes que simpatizaban con Odría
(Payne 1965: 50-51 y Pike 1967: 291). Sin embargo, la campaña de Odría contra el
Apra estuvo basada no solamente en la represión, sino también en una intensa cruzada
dirigida hacia las clases populares, en su intento de ofrecer una alternativa a la
movilización popular que el Apra había promovido. Se ha dicho que Odría "era anti-
sindicalista pero no anti-obrero. Mientras que, por un lado, les daba a los empleadores
una casi completa libertad para destruir a los sindicatos formados en sus negocios, a los
obreros se les daba sorprendentes beneficios salariales y sociales. Decretó, por ejemplo,
siete aumentos generales de salarios, mientras estuvo en el poder. . . [Odría dejó] el
poder con mucha gente convencida de que él había hecho por los obreros más que nadie
en la historia del Perú. Su política laboral fue paternalista en un modo elefantino"
(Payne 1965: 51).
La ayuda de Odría a los sectores populares tomó asimismo otras formas. Auspició
una gran cantidad de proyectos públicos de vivienda que significaron nuevos hogares a
familias de bajos ingresos (Mac Lean 1953: 195-96 y 199-200) y estos proyectos, junto
a otros programas de obras públicas en Lima, produjeron un auge de la industria de la
construcción y un gran incremento de empleos para la clase trabajadora (Bourricaud
1964: 94). En su empeño por establecer una relación más paternalista entre el Estado y
los sectores más pobres de Lima, Odría enfatizó en la caridad y el regalo a los pobres.
De esta manera, buscaba reemplazar la política que el Apra había tratado de promover,
en la cual la ayuda del gobierno llegaba, no como una dádiva, sino como respuesta a la
movilización y a la organización de los intereses de las clases necesitadas.
Su esposa, Maria Delgado de Odría, imitando a Eva Perón (Pike 1967: 291), la
esposa del presidente populista argentino, desempeñó un importante rol en este
despliegue de paternalismo. Realizó numerosas visitas de caridad a los pobres,
extensamente publicitadas con fotografías en la primera página del diario del go-
bierno, La Nación. El Centro de Asistencia Social "Maria Delgado de Odría",
72 COLLIER

estructurado a semejanza de la organización de Eva Perón, era el principal canal de sus
actividades caritativas (Ibid: 292). El tono de la relación de doña María con los pobres
está reflejado en un libro publicado en 1953, que es ―de principio a fin― una apología
del gobierno de su esposo (Mc Lean 1953). El resumen del capítulo en que se comentan
las actividades de doña María incluye los siguientes subtítulos:
Misión cristianizadora de la primera dama del Perú; Su incansable lucha por el
bienestar de los humildes; Cómo ganó el amor de su pueblo; [. . .]
Trascendencia humana en su obra; El liderazgo de una mujer admirable;
[. . .] Torrente de amor; El lenguaje del pueblo (Ibid: 205).
El capítulo incluye además numerosas historias personales de gente a la que ella
había ayudado.

Odría y las barriadas

Uno de los más importantes aspectos de los esfuerzos de Odría por establecer un
tipo de política más paternalista, fue su amplio apoyo a la formación de barriadas. Como
se señaló en el último capítulo, éste fue un período de activa participación del gobierno
en la formación de barriadas. Entre las 18 barriadas de la muestra pequeña formadas en
este período, había cuatro casos con autorización pública antes de la ocupación de las
tierras, seis casos de autorización informal antes de la ocupación, dos casos de
intervención informal después de la ocupación y dos más con probable vinculación del
gobierno (aunque acerca de estas dos últimas la información es incompleta). Una
invasión fue auspiciada por la oposición y hubo solamente tres casos en los que,
aparentemente, no hubo intervención política.
Odría y su esposa se identificaron activa y públicamente con las barriadas y
muchas de las actividades caritativas de doña María se centraban en ellas. Las barriadas
formadas con la ayuda de Odría fueron bautizadas con su nombre, el de su esposa, el de
su provincia natal y el de la esposa de un cercano colaborador suyo. Los nombres
incluían Villa María del Triunfo y Villa María del Perpetuo Socorro. Una barriada se
formó el día del cumpleaños de Odría y otra en el de doña María.
Al mismo tiempo que ayudaba a las barriadas y a su formación, Odría también las
usaba como base de apoyo político. Esta relación de intercambio está ilustrada, más
claramente, a través de los estrechos lazos que desarrolló con la más grande y más
importante de las barriadas cuya formación auspició, la "27 de Octubre", que asumió
como nombre la fecha del golpe que lo condujo al poder. En 1951 se promulgó una ley
especial que creaba un nuevo distrito para esta barriada y se otorgó poder a la
asociación de pobladores para enrolar a las personas que se establecieran en el distrito3.
Esa asociación, llamada Asociación de Padres de Familia 27 de Octubre4, era manejada
por estrechos colaboradores de Odría.
3
Ver, la ley 11583 del 14 de febrero de 1951.
4
Este nombre es típico de las asociaciones de barriadas en el Perú.
4 / Paternalismo de Odría 73

Para vivir en 27 de Octubre era necesario inscribirse en la asociación. Aunque
cualquiera podía inscribirse, excepto los apristas reconocidos, a fines del período presi-
dencial de Odría, y cuando éste intentaba una nueva campaña presidencial, a los miem-
bros de la asociación se les exigía inscribirse en el partido de Odría. A través de estos
lazos institucionales y de frecuentes visitas del presidente y de su esposa, se estableció
una identificación particularmente estrecha con 27 de Octubre. En 1956, 9,000 miem-
bros de la asociación habían recibido tierras allí y 31,000 más esperaban todavía sus
lotes5. Aunque una barriada de 9,000 habitantes es pequeña si se la compara con las de
la década del 70, en ese entonces era la más grande de Lima (Matos 1967: 30-32).
Esta Asociación de Pobladores desempeñó un activo rol en las manifestaciones de
apoyo político al presidente. Su local central estaba adornado con grandes retratos de
Odría y de su esposa, así como de Perón y su esposa (La Prensa, 19 de agosto de 1956:
2). Los miembros de la Asociación, así como los de otras barriadas, marchaban periódi-
camente a la Plaza de Armas de Lima manifestando su apoyo al presidente en ocasiones
como su cumpleaños y el de su esposa o el aniversario del golpe. Asimismo, la asocia-
ción publicaba avisos de páginas enteras en los diarios, conmemorando estas fechas6.
Estas demostraciones se efectuaron inclusive después que Odría dejó la presidencia. Por
ejemplo, en 1961, una manifestación de pobladores de barriadas le dio la bienvenida
cuando regresó al país después de una larga ausencia (Bourricaud 1970: 289).

La estrategia de incorporación de Odría

Odría procuró hacer creer que los pobres gozaban de una relación especial con él,
valiéndose de recursos como el ofrecimiento de tierras para la formación de barriadas,
actos de caridad, permitir el uso de su nombre y manifestaciones en la Plaza de Armas.
Esto formaba parte de los esfuerzos de Odría para establecer una relación dependiente,
paternalista, con los sectores populares, y para socavar el tipo de actividad política que
el Apra había estado promoviendo, en la que grupos bastante bien organizados en
términos de clase formulaban severas exigencias políticas en partidos y sindicatos. Cabe
destacarse, como aspecto crucial de esta relación paternalista, el hecho que a cambio de
su ayuda a las barriadas, Odría recibió el apoyo popular que le sirvió para legitimar su
mandato.
A pesar de la amplia y pública vinculación del gobierno de Odría en la formación
de barriadas, es sorprendente que no haya evidencias de concesión de títulos a sus
pobladores. Esta omisión es muy explicable, si se considera el interés de Odría en
restablecer una relación paternalista entre el gobierno y las clases populares. Si los
invasores están simplemente ubicados en tierras del Estado, la seguridad de la tenencia
de esa tierra depende del gobierno; su permanencia en
5
La Prensa; 17 de agosto de 1956, p. 5. La cifra de la población de la barriada se acerca mucho a la
registrada el año anterior por Matos (1967: 31).
6
Los avisos y las informaciones sobre estas manifestaciones pueden encontrarse en los diarios La
Nación, La Prensa y La Crónica del período de Odría.
74 COLLIER

ellas, de la voluntad del presidente. Si se les otorga títulos, la seguridad de la tenencia
tiene una base legal formal, independiente de la buena voluntad del presidente. De este
modo, el no-otorgamiento de títulos, refuerza la idea de que los invasores dependían de
una conexión especial con el presidente. El otorgamiento de títulos no se comenzó a
discutir seriamente sino hasta fines de la década del 50 y, en forma efectiva, sólo
empezó a fines de la década del 60, cuando la presión política del alcalde del distrito de
una barriada obligó, finalmente, la adopción de leyes que establecían medios simples y
efectivos para otorgar títulos.
Este tipo de relación política dependiente no es, por supuesto, exclusivo del Perú.
Corresponde claramente a lo que Powell ha descrito como clientelismo. Powell dice:
"el contrato entre patrón y cliente [. . .] es un acuerdo informal, no escrito,
privado y altamente personalista en contenido. No hay registro público, en los
términos de tales acuerdos [. . .] Esto está en duro contraste con las relaciones
[. . .] de las transacciones políticas en los sistemas modernos. Esencialmente, el
esquema patrón-cliente ocurre en el campo de la responsabilidad privada, el
esquema moderno, en el campo de la responsabilidad pública" J.D. Powell
1970: 423-24).
En la relación clientelista, la falta de fe pública, obviamente, opera en desventaja
del cliente, a causa
“del grado de asimetría de poder entre un superior y un subordinado. Los
superiores en un sistema clientelista son relativamente libres de comportarse de
un modo arbitrario y sumamente personalista al tratar con sus subordinados;
éstos, a su vez tienen relativamente pocos recursos en semejante situación"
(Ibid: 424).
Fue precisamente este tipo de relación jerárquica la que Odría promovió con su
política de barriadas.
Además de la informalidad, la otra manera en que las políticas de Odría tendían a
acentuar la dependencia de los sectores populares hacia el gobierno, puede observarse
en el auspicio a ciertos tipos de grupos políticos. Aunque Odría intentó controlar la
movilización política, destruyendo la fuerte organización partidaria y los agresivos
sindicatos que el Apra había promovido, de ninguna manera trató de eliminar a todos
los grupos políticos. En realidad, por medio de su apoyo a las barriadas, Odría alentó la
formación de las asociaciones de pobladores, que aparecen, típicamente, al formarse una
barriada. Estas asociaciones desempeñaron un rol importante en la relación de Odría
con las barriadas, porque fueron la base para la organización de las numerosas
manifestaciones en la Plaza de Armas de Lima y, más tarde, para la organización del
partido con que esperaba perpetuarse en el poder. En cierto sentido, estas asociaciones
comunitarias "movilizaban" a la gente para que "participara" en las manifestaciones de
masas. Sin embargo, esta movilización y ésta participación servían para expresar un
apoyo político que no se relacionaba con ningún tipo de demandas, muy distinto, por
tanto, al movimiento que el Apra había tratado de promover.
4 / Paternalismo de Odría 75

En general, salvo ciertas excepciones, en estas asociaciones no ha habido una
tendencia a formular demandas al sistema político. Ellas existen, principalmente, con el
propósito de efectuar proyectos comunales y de cooperar con cualquier programa de
ayuda estatal o privado, cambiando a menudo inclusive a sus directivos con cada nuevo
presidente, a fin de enfatizar dicha cooperación. Al fomentar la formación de barriadas
y de asociaciones de barriadas, Odría estaba creando para los sectores populares un
nuevo mundo de benignos lazos asociativos que ofrecían una importante alternativa a
las formas de organización política que el Apra había estado promoviendo.
Puesto que el enfoque de Odría frente a las barriadas, basado en el paternalismo y
la informalidad, estaba tan claramente dirigido contra el Apra, sería justo caracterizarlo
como parte de la estrategia general para limitar el pluralismo político en esta etapa
particular en la evolución de la política peruana. Puesto que los métodos para limitar el
pluralismo han sido identificados como una dimensión esencial para distinguir los
diferentes sub-tipos de autoritarismo, se puede aducir que esta etapa de paternalismo e
informalidad constituye, en efecto, una etapa en la evolución del autoritarismo en el
Perú.
¿Cómo puede explicarse que se haya escogido este particular enfoque ―el del
paternalismo y la informalidad― para vincular a los sectores populares con el Estado?
Por una parte, podría parecer lógico que el otorgamiento de títulos no comenzara hasta
una etapa posterior en la evolución de la política de barriadas. Odría estaba recibiendo
el apoyo político que deseaba y parecía tener una estrategia coherente para las
relaciones élite-masa. Por ello no parecía haber ninguna razón urgente para adoptar un
enfoque que no fuera el del paternalismo y la informalidad.
Sin embargo, es tentador tratar de identificar los modelos de relaciones élite-masa
existentes en la sociedad peruana de los que él podría haber extraído su propio enfoque
frente a las barriadas. Hay un sorprendente paralelo entre ciertas características de la
organización de las haciendas tradicionales de la sierra peruana y la naturaleza de la
relación de Odría con las barriadas. Muchas haciendas eran prácticamente feudales, en
el sentido de una relación entre el patrón y el campesino a base del intercambio del
trabajo, por el uso (pero no la propiedad) de la tierra. En la capital, Odría ofrecía a los
pobladores de las barriadas el uso pero no la propiedad de la tierra, a cambio de su
apoyo político.
El sector de la élite que había llevado a Odría al poder era, por supuesto, el sector
de exportación, y no la élite tradicional de la sierra. Sin embargo, deben señalarse
ciertos importantes lazos entre Odría y este sector. Odría procedía de una zona
relativamente tradicional de la sierra central y era hijo de un administrador de
hacienda7. Además, y especialmente después de su rompimiento con el sector de
exportación (ver capítulo V), en la élite tradicional de la sierra estaban sus más
importantes aliados políticos (Astiz 1969: 124). Aunque la evidencia no
7
Astiz (1969: 124), y entrevistas personales con Víctor Villanueva y Julio de la Piedra.
76 COLLIER

permite inferir una conexión causal directa, existe una sorprendente congruencia entre
estos hechos acerca de Odría y la forma de su política de barriadas.

Urbanización y política estatal

La política de Odría tenía asimismo importante repercusión respecto a la
migración hacia las ciudades. Ya, en el capítulo 2, se ha establecido que la formación de
barriadas fomenta la migración hacia la capital y facilita a los migrantes su permanencia
en ella. El amplio apoyo que Odría dio a la formación de barriadas podría, por lo tanto,
interpretarse como un fomento a la urbanización. Otros aspectos de su gobierno
tuvieron también este efecto. La enorme concentración de obras públicas en la capital8
aumentó ostensiblemente la oferta de empleo para la clase obrera. Por otra parte, se ha
señalado, con referencia a Colombia, que los movimientos migratorios son sumamente
sensibles a las posibilidades de empleo (T. Schultz 1969: 30-31). Los programas de
ayuda en gran escala que Odría activó hacia los sectores populares urbanos de Lima
deben haber fomentado, asimismo, la migración hacia la capital. Consideradas en
conjunto, estas políticas constituyen virtualmente lo que podría denominarse una
"estrategia de urbanización deliberada" (Friedmann 1968).
Esta implícita política de urbanización es claramente consecuente con los intereses
de uno de los importantes sectores que apoyaban a Odría: la élite tradicional de la sierra.
Se ha dicho anteriormente que la urbanización puede servir como una alternativa a los
cambios políticos y sociales en el área rural y que en el Perú la migración a la ciudad
parece haber desempeñado un papel importante en retrasar el derrumbe del orden social
rural en la sierra. Aunque no hay evidencia de que hubo una elección consciente para
fomentar la urbanización como medio de preservar el orden rural tradicional, en
realidad estas políticas fueron congruentes con las necesidades de la oligarquía
tradicional.

Conclusión

Durante el gobierno de Odría las barriadas llegaron a desempeñar un papel
destacado en la política peruana. Odría demostró que el gobierno podía apoyar
activamente la formación de barriadas, como un medio barato de ayuda a los sectores
populares, como un medio para obtener apoyo político y fomentar, entre éstos y el
Estado, una relación política muy diferente de la que había promovido el Apra. En
lugar del esquema de políticas de clase, basado en la formulación de demandas a
través de la movilización desde abajo, Odría trató de fomentar un patrón autoritario
de lazos informales, paternalistas que, más que a intensificar,
8
Pike (1967: 292). Las únicas inversiones significativas en obras públicas realizadas por Odría fuera
de Lima, fueron las de Tacna, cerca de la frontera con Chile y las de Piura cerca de la frontera con Ecuador
(ver Bourricaud 1970: 290). Liisa North (en una comunicación personal) ha sugerido que estas inversiones se
hicieron por razones de seguridad nacional.
4 / Paternalismo de Odría 77

tendían a oscurecer la identificación de clase. En este sentido, la política de barriadas
formaba parte de una estrategia general para limitar el pluralismo y constituía un
aspecto de un subtipo específico de autoritarismo.
Asimismo, el período de Odría influyó notablemente sobre los tipos de juego
político que se desarrollarían, posteriormente, en relación con las barriadas y sobre las
personas que participarían en dichos juegos políticos. Los dirigentes de invasiones que
habían trabajado para Odría, jugaron un rol importante en las invasiones de fines de la
década del 50. Un alto oficial militar estrechamente ligado al gobierno de Odría, y el
hijo de un miembro de su gabinete, intentarían más tarde crear su propia base de apoyo
político en las barriadas. Un futuro presidente y un importante líder político que
aspiraba a la presidencia desarrollarían una estrecha identificación política con una
barriada grande, tal como lo había hecho Odría con "27 de Octubre"; ésta, finalmente,
continuó siendo de gran importancia durante muchos años. Por ejemplo, el político
antes mencionado, que condujo una campaña a fines de la década del 60, pidiendo un
procedimiento simple y efectivo para otorgar títulos, era el alcalde de esa barriada9.
Odría había creado un nuevo sector político urbano que los futuros líderes no podían
ignorar sino a costa de una gran pérdida de apoyo y también, quizás, de control político.
En verdad, tomando prestada una frase de Albert Hirschman, se puede decir que
Odría había puesto en marcha una "dinámica de aprendiz de brujo", por la cual el inicial
ofrecimiento de beneficios moderados estimulaba una mayor demanda de beneficios
adicionales (Hirschman 1974: 11). No solamente se habían creado expectativas en el
ánimo de los políticos y de los invasores en potencia, acerca de la formación de muchas
nuevas barriadas, sino que los pobladores de las ya establecidas se convirtieron en una
fuerza que debía ser tomada en cuenta. Pasado el entusiasmo inicial de fundar una
nueva comunidad, ¿qué esperanzas podían guardarse respecto a la manera en que el
Estado debía ayudar al desarrollo de la barriada ya establecida? Si se prometía una
amplia ayuda estatal, pero no se cumplía, ¿qué tipo de presiones se ejercerían en favor
de una ayuda mayor y más efectiva? Como se verá en los capítulos que siguen
―especialmente en lo que toca al asunto del otorgamiento de títulos― el problema de
las barriadas de Lima, después de haber sido politizado por Odría, adquirió una suerte
de lógica interna propia, mediante la cual cada nueva etapa de compromisos del Estado
parecía empujar a los políticos a compromisos cada vez mayores. Un aspecto central de
la política de barriadas era si los políticos responderían a la tentación de ampliar sus
compromisos con las barriadas (como ocurrió en el período de políticas de partido) o si
intentarían reducir estos compromisos, tal como ocurrió en el período liberal y en el·
comprendido entre 1968 y 1975.

9
Al iniciarse el período de Prado, en 1956, y con el objeto de desligarse de Odría, los dirigentes de la
Asociación de Pobladores de esta barriada le cambiaron el nombre por el de Urbanización Perú. El nombre del
distrito municipal fue cambiado por el de San Martín de Porres.
5
Autonomía y auto-ayuda:
el período liberal

EL SEGUNDO ENFOQUE importante de la política de barriadas es el enfoque liberal1, que
enfatizó en la auto-ayuda y autonomía política entre los pobladores de las barriadas, en
contraste con la dependencia fomentada por Odría. El enfoque liberal surgió del
conflicto entre Odría y algunos elementos de los grupos exportadores y élites urbanas
comerciales. En consecuencia, este enfoque reflejaba muchas de las orientaciones
básicas que los miembros de estas élites utilizan tradicionalmente para influir en la
formulación de políticas. Por ello, para comprender la política de barriadas de este
segundo período es conveniente comenzar haciendo un resumen del enfoque general de
la política gubernamental que estas élites han apoyado.
En el Perú, como en otros países latinoamericanos, el sector exportador ha estado
tradicionalmente asociado a las políticas liberales del laissez-faire. Por lo general, este
sector ha apoyado el libre cambio y la empresa privada; ha sido contrario a los altos
impuestos, a los grandes programas estatales y a la intervención del Estado en la
economía. En oposición a la izquierda política y a la élite de la agricultura tradicional
―cuyo poder estaba basado en patrones semi-feudales de control de la tierra― este
sector ha sido además un celoso defensor de la protección a la propiedad privada, dentro
de un sistema capitalista. En términos de estrategia de desarrollo, el sector exportador
apoya la forma más convencional y ortodoxa del laissez-faire, basada en el fomento a la
expansión del sector moderno privado de la economía y en la presunción que el
crecimiento de este sector se extenderá eventualmente al resto de la sociedad2. Los
líderes de este sector tienden a ser ambivalentes con respecto al crecimiento masivo de
los centros urbanos, así como al surgimiento de nuevos grupos políticos urbanos,
oponiéndose a menudo a las políticas que fomentan estas tendencias.

1
El término liberal es usado aquí en el sentido de la ideología del laissez-faire y de las políticas
económicas asociadas con el liberalismo clásico.
2
En el capítulo 1 se han señalado ya algunas de las políticas preferidas por el sector de exportación.
Jane S. Jaquette (1971: 51-53) hace un análisis muy apropiado de estas preferencias. Para mayores datos sobre
el enfoque convencional de las políticas de desarrollo, ver Anderson 1967: 163ss. La referencia al enfoque del
laissez-faire como una variante "extrema", está en la página 163.
5 / Autonomía y auto-ayuda 79

El sector exportador prefiere las políticas del laissez-faire por muchas razones. El
abandono del libre cambio en favor de aranceles proteccionistas aumenta el Costo de los
bienes importados que este sector consume y propicia el surgimiento de intereses
industriales y manufactureros que, finalmente, aparecen como importantes adversarios
políticos de los exportadores. Con respecto al sistema de propiedad que este sector
prefiere, la combinación de mecanismos necesarios para proteger su propia riqueza (en
un ambiente de aguda desigualdad), para contar can un sistema de control de la tierra
destinado a aumentar la producción (de acuerdo con las cambiantes exigencias de los
mercados mundiales), indica claramente la importancia de un sólido sistema de
propiedad privada dentro del contexto de un mercado de tierra, de tipo capitalista. Con
respecto a los impuestos, los más notorios enclaves exportadores son el blanco lógico
para los impuestos del gobierno. Los gastos gubernamentales que van a ser sostenidos
por estos impuestos tienden a propiciar el surgimiento de grupos de clase media urbana
que eventualmente emergen como opositores políticos del sector exportador.
Al mismo tiempo que la expansión de la vida urbana significa una amenaza al
sector exportador, hay una clara ambivalencia hacia la economía y política urbanas en
ciertos miembros prominentes de este sector, que debe ser comprendida si se quiere
analizar la política de barriadas del período liberal. Esta ambivalencia se manifiesta
objetivamente en la compleja variedad de funciones desempeñadas por Pedro Beltrán, el
principal portavoz del enfoque liberal de la política de barriadas. Como propietario de
una hacienda algodonera y figura importante de la entonces Sociedad Nacional Agraria,
Beltrán era uno de los más destacados miembros de la oligarquía exportadora (Malpica
1968: 69 y 72) y el líder nacional de las políticas económicas del laissez-faire, apoyadas
por este sector (Jaquette 1971: 64-66). Simultáneamente, tenía importantes intereses
comerciales en las áreas urbanas. Además de ser propietario de dos diarios (decisivos
instrumentos de poder político en el medio urbano), Beltrán y otros miembros de su
familia estaban vinculados con los intereses inmobiliarios; asimismo desempeñó un rol
importante en la introducción de las asociaciones mutuales de ahorro y crédito en el
Perú (Malpica 1968: 72 y 135). Esta especial combinación de afiliaciones también se
manifiesta claramente en el caso de Manuel Prado, importante aliado político del sector
de exportación, Presidente del Perú en el período en el cual el enfoque liberal hacia las
barriadas se convirtió en política oficial. Prado pertenecía a una familia de la
aristocracia, con grandes inversiones en bienes raíces, el comercio y la banca (Ibid: 29,
191-92). Esta especial alianza de sectores económicos debe ser tenida en cuenta para
evitar una idea demasiado simplificada del conflicto entre los intereses rurales y urbanos
en el Perú3, y para interpretar adecuadamente las políticas específicas que Beltrán
apoyaría.
En este capítulo se estudia la relación existente entre los intereses económicos y
políticos de personas vinculadas a estos sectores económicos, y el enfoque
3
Un comentario sobre las relaciones entre el sector exportador y el sector urbano, con referencia a
América Latina en general, puede encontrarse en O'Donnell (1973: 56).
80 COLLIER

liberal hacia la política de barriadas. Primeramente, investiga los orígenes de este
enfoque ―en la oposición de la élite a Odría durante la primera mitad de la década del
50― y analiza después su desarrollo en forma de planteamientos oficiales de vivienda y
de política oficial del gobierno, durante el período comprendido entre 1956 y 1960.

La oposición a Odría

Al llegar Odría al poder gozó de un fuerte apoyo inicial del sector exportador de la
oligarquía peruana. Este apoyo fue rápidamente pagado con decretos leyes que
modificaron los controles de cambio extranjero en el Perú, duplicando, con esto, las
ganancias netas del sector exportador (Villanueva 1962: 127; Bustamante 1949: 308ss;
y Astiz 1969: 139). Sin embargo, las estrechas relaciones entre Odría y este sector de la
oligarquía no duraron mucho. En primer lugar, Odría no cumplió con su compromiso
original de un corto gobierno provisional (Villanueva 1962: 124) y, por el contrario
convocó en 1950 a unas elecciones arregladas, para convertirse en presidente
constitucional por un período de seis años (Pike 1967: 291). Quizás habría tratado de
quedarse después de 1956 de no haber sido por la presión de la oligarquía. Asimismo,
Odría abandonó las políticas económicas preferidas por la oligarquía exportadora y
prestó considerable apoyo a la industrialización y a los gastos para obras públicas
(Bourricaud 1966: 26; Cotler 1970/71: 95-96). Amenazó la libertad de prensa de los
diarios que pertenecían a la élite; ―otros costosos regalos a los líderes del gobierno (Vi-
llanueva 1962: 133); y se aprovechó de algunos artículos de la Ley de Seguridad Interna
para hostilizar a ciertos miembros de la oligarquía que se le oponían (Astiz 1969: 140).
Otra área de conflicto entre Odría y la élite surgía del apoyo que éste otorgaba a
aquellas barriadas situadas en tierras reclamadas por personas adineradas. Por ejem-
plo, en 1955 surgió un conflicto entre los pobladores de una barriada (que contaba con
la protección de Odría) y Pedro Roselló, presidente de una asociación de propieta-
rios de tierras urbanas (Asociación Nacional de Propietarios). La Nación (el diario del
gobierno) informó sobre el conflicto con una serie de artículos en primera página,
acompañados de grandes titulares en tinta roja, en donde se presentaba a Roselló
como enemigo del pueblo. Roselló era un estrecho colaborador del editor y oligarca
Pedro Beltrán. En La Prensa ―el diario de Beltrán― aparecieron artículos en defensa
de Roselló y los derechos de la propiedad privada. Cuando Roselló decidió vender
por un precio simbólico las tierras en litigio a los invasores que las ocupaban, La Prensa
y Ultima Hora ―vespertino perteneciente a Beltrán― aclamaron a Roselló como amigo
del pueblo, mientras que La Nación lo atacó como tramposo, por tratar de vender tierras
que no le pertenecían (ver Ultima Hora, 28 de noviembre de 1955: 9). Hubo otros
casos de litigios de este tipo, en los cuales Odría tomó partido por las barriadas,
incluyendo uno, relacionado con parte de las tierras en las que estaba situada
5 / Autonomía y auto-ayuda 81

"27 de Octubre". En estos casos, la actitud de Odría no debe ser interpretada como signo
de una política radical que suponga tomar la tierra del rico para dársela al pobre, pues
frecuentemente los propietarios que reclamaban estas tierras, tenían bases dudosas para
sus reclamos. Sin embargo, la tendencia de Odría de tomar partido por las barriadas
representaba claramente un agravio para los propietarios de tierras urbanas.
Asimismo, la política de Odría dirigida a fomentar la migración hacia las ciudades
era contraria a los intereses de la oligarquía exportadora, que veía el crecimiento del
sector urbano como una amenaza a sus intereses. Sus programas de obras públicas
urbanas y desarrollo industrial fomentaron el desarrollo del sector urbano y fue, en
parte, debido a estos programas, que el sector exportador dejó de apoyarlo (Cotler
1970/71: 95-96). El desarrollo urbano representaba una amenaza no tan inmediata para
la élite de la sierra. Este sector ya había perdido su rol dominante en la política nacional
y en ese momento estaba interesado, primordialmente, en mantener el control sobre la
política local en la sierra. Este control parecía acentuarse con el proceso de urbaniza-
ción, que Odría fomentaba.

La campaña de vivienda de Beltrán

Al deteriorarse las relaciones entre la oligarquía exportadora y Odría, Pedro
Beltrán se convirtió en el principal líder de la oposición. Beltrán había jugado un rol de
primer orden en la campaña anti-aprista durante el período de Bustamante, como se
señaló anteriormente, y fue el miembro principal del grupo civil que apoyó el golpe de
Odría. Sin embargo, cuando las decisiones políticas de Odría comenzaron a enfrentar
incisivamente los intereses de la élite, Beltrán y otras personas se interesaron en
establecer una base viable para oponérsele; Beltrán escogió concentrar esta oposición en
un punto que le permitía atacar vigorosamente la política de Odría y que, simultánea-
mente, parecía ofrecer importantes medios para ganar apoyo popular: el problema de la
escasez de vivienda de bajo costo. Lanzó una campaña masiva en torno al problema de
la vivienda, llevada a cabo principalmente a través de La Prensa y Ultima Hora. Trató
de recalcar la gravedad de la escasez de vivienda, el fracaso del gobierno para tratar el
problema en forma efectiva y que muchas de las políticas gubernamentales de vivienda
eran, de hecho, contraproducentes; aducía que la vivienda construida por el Estado no
podía contribuir de modo significativo a la solución del problema y que se debía tratar
de dar un rol más importante a la empresa privada en la construcción de viviendas.
Beltrán sostenía que únicamente el sector privado tenía la capacidad de producir nuevas
viviendas para satisfacer las necesidades de Lima4.
Para dramatizar la gravedad de la escasez de vivienda en Lima y hacer pú-
blicas las soluciones propuestas por él, Beltrán estuvo involucrado en el apoyo
a una de las más grandes invasiones ocurridas en Lima: la de Ciudad de
4
Estos argumentos pueden encontrarse en numerosos editoriales y artículos en La Prensa de este
período.
82 COLLIER

Dios, la noche de Navidad de 1954. Hay evidencias que sugieren que Beltrán prestó
también su apoyo por lo menos a una invasión en el Cusco. Así, apoyando la formación
de barriadas, escogió luchar contra Odría en su propio terreno.
Es difícil encontrar evidencias directas de su apoyo a la invasión de Lima, pero la
mayoría de peruanos con larga experiencia en barriadas creen que Beltrán estuvo
comprometido. Las evidencias circunstanciales también son sorprendentes. Uno de los
principales líderes de la invasión era un hombre que anteriormente había trabajado para
Beltrán. En una entrevista con el autor de este trabajo, uno de sus cercanos
colaboradores, que había estado envuelto en un litigio de tierras con una barriada
apoyada por Odría, alabó a Ciudad de Dios como una invasión de elevados propósitos
sociales y al mismo tiempo se refirió a las "tácticas de gangster", usadas en las
invasiones auspiciadas por Odría. Mientras los otros diarios le prestaron muy poca
atención, La Prensa y Ultima Hora dieron gran publicidad a la invasión. La Prensa hizo
frecuentes referencias editoriales a la invasión, años después de ocurrida, citándola
siempre como evidencia de la gravedad de la escasez de vivienda en el Perú y de la
necesidad de adoptar las políticas de vivienda que Beltrán y La Prensa proponían5. Uno
de los editoriales llegó al extremo de referirse entusiastamente a la invasión,
calificándola de "fotogénica" (La Prensa, 7 de diciembre de 1957: 8). Desde que,
aparentemente, Beltrán sabía de la invasión antes que ésta ocurriera, es irónico que otro
editorial se refiriera a ella como "sorprendente" (Ibid) 1 de enero de 1956: 3). También
fue descrita como sorprendente en el informe de una importante comisión sobre pro-
blemas de la vivienda, creada a fines de la década del 50, y que Beltrán presidió
(Comisión . . . 1959: 5).
Para dar publicidad a la campaña de vivienda de Beltrán, la invasión de Ciudad de
Dios fue utilizada de otras maneras. Como se dijo anteriormente, Beltrán había
desempeñado un papel importante en la introducción de las asociaciones mutuales de
ahorro y crédito en el Perú, en la década del 50. Estas asociaciones le interesaban no
sólo como un negocio, sino también como parte de su campaña contra la escasez de
vivienda. Curiosamente, el grupo de la invasión de Ciudad de Dios, dirigido por el
hombre que había sido empleado suyo, se autodenominó La Asociación Mutualista,
nombre desusado en las asociaciones de barriadas.
Asimismo, Ciudad de Dios fue usada para dar publicidad a una idea propug-
nada por Beltrán ―"la casa barata que crece"― basada en el desarrollo por me-
dio de la auto-ayuda, nacida de la experiencia en las barriadas, y que consistía en
una casa pequeña ―un núcleo― a la que el dueño podía añadir habitaciones cuan-
do tuviese los recursos necesarios o cuando quisiera hacerlo. En diciembre de
1954, La Prensa rifaba estas casas baratas que crecen justamente antes de la in-
vasión de Ciudad de Dios (La Prensa, 7 de enero de 1955); y es interesante señalar
que un proyecto piloto importante que usaba este tipo de casa fue construido para
los pobladores de Ciudad de Dios, cuando Prado, estrecho colaborador
5
Ver, por ejemplo, La Prensa del 29 de diciembre de 1954 (página editorial); 4 y 7 de enero de 1955; 1º
de enero, 29 de marzo, y 10 de octubre de 1956; y 7 y 26 de diciembre de 1957.
5 / Autonomía y auto-ayuda 83

de Beltrán, subió al poder en 1956 (Ibid, 11 de mayo de 1961: 1). La Prensa se refirió a
1955 como "el año de la casa barata que crece" (Ibid., 1º de enero de 1956). Más tarde,
el interés por crear oportunidades para la auto-ayuda en los proyectos de vivienda, se
convirtió en un elemento importante de los programas de vivienda de Beltrán.
Finalmente, la invasión de Ciudad de Dios se coordinó cuidadosamente para que
ocurriese inmediatamente después de finalizada una gran campaña acerca de los
problemas de vivienda, realizada por La Prensa desde junio hasta noviembre de 1954.
Esta consistió en 22 "boletines" semanales, de toda una página, de la ya mencionada
Asociación Nacional de Propietarios. Usando espacio donado por Beltrán, estos
boletines recalcaban la gravedad de la escasez de vivienda y, para aliviarla, pedían
cambios en la política de vivienda.
De esta manera, la invasión de Ciudad de Dios representa una curiosa situación en
la cual un miembro prominente de la oligarquía ―la clase que se suponía debía estar
profundamente comprometida con la intangibilidad de la propiedad privada― se
involucró visiblemente en la formación de una barriada importante. Inicialmente, esta
misma clase había auspiciado la presidencia de Odría, y sus líderes han debido conocer
las actividades de éste en las barriadas, antes del golpe de 1948. Pero una cosa era que
el militar protector de la oligarquía estuviera vinculado a las barriadas y otra, muy
diferente, que lo estuviera uno de sus más prominentes miembros.
Aunque tanto Beltrán como Odría apoyaron la formación de barriadas, el contraste
entre ellos es marcado. Odría procedía de una ciudad de la sierra central y su esposa era
de origen humilde (Pike 1967: 290). Su identificación con los pobres y con los
migrantes de las barriadas debe haber sido, en cierto grado, auténtica. Beltrán, por el
contrario, ha sido descrito por Pike como un "fanático de derecha", un hombre que
"hacía ostentación de su [. . .] desdén por las clases bajas" y que, después de su período
como Primer Ministro a fines de la década del 50 y comienzos de la del 60, surgió como
"una de las figuras más desagradables que la política peruana ha producido en muchos
años" (Ibid., 1967: 274 y 299). La vinculación de Beltrán con las barriadas podría
quedar bien resumida en la ingeniosa frase de Gordon Tullock, "la caridad del no-
caritativo" (Tullock 1971).
¿Cómo puede, entonces, explicarse la vinculación de Beltrán con esta invasión y
su interés por las barriadas y los problemas de vivienda en general? Deben considerarse
dos aspectos. Primero, Odría había demostrado que las barriadas podían ser usadas
como una fuente de apoyo político, y Beltrán y su grupo estaban interesados en dicho
apoyo. Segundo, al prestar tanta atención a las barriadas y a la vivienda, Odría y Beltrán
pueden haber influido en la forma en que ha sido tratado el problema de la pobreza
urbana en la política peruana. Desde el punto de vista de la derecha, ésta era una manera
conveniente para tratar el problema de la pobreza, mucho más conveniente que los
radicales términos en los que el Apra había expuesto el problema. Además, se prestaba a
soluciones baratas, tales como la formación de barriadas.
84 COLLIER

Se puede decir que Odría y Beltrán intentaron encarar los problemas de la pobreza
en Lima de una manera favorable a sus intereses6. Hirschman ha dicho que en América
Latina, el reformador "astuto" puede crear las oportunidades para resolver los problemas
económicos y sociales subyacentes, identificándolos con las causas de otros problemas
más inmediatos y urgentes (Hirschman 1965: 301ss). En el presente caso, por el
contrario, se da una situación en la cual los "astutos" conservadores intentaron distraer
la atención de los problemas económicos y sociales subyacentes, exagerando la
importancia del problema de la vivienda. Aliviando el problema de la vivienda, se
ayudó a satisfacer algunos de los problemas subyacentes de la pobreza, permitiendo que
esto fuera logrado sin ninguna reforma drástica ni grandes inversiones.
A fines de la década del 50, la cuestión de la forma en que debían definirse los
problemas de la política peruana se convirtió en un tema explícito en la retórica política
peruana. Así, mientras Beltrán proclamaba que la vivienda era el problema número uno
del Perú7, el Movimiento Social Progresista, de tendencia izquierdista, dirigió en su
oportunidad un ataque directo a Beltrán. Los social-progresistas sostenían que:
"el problema número uno del Perú no es el de la vivienda, sino el de la
pobreza, que es la causante de las malas condiciones de vivienda, malnu-
trición, falta de educación, mala salud y falta de vestido adecuado"8.
Mientras Beltrán veía en el problema de la vivienda un modo barato de encarar el
problema de la pobreza, los social-progresistas estaban interesados en destacado como
un síntoma importante de la pobreza9.

Formación de barriadas durante el gobierno de Prado

A comienzos de 1956, el enfoque liberal con respecto a las barriadas comen-
zó a jugar un papel decisivo en la política oficial. En algunos aspectos, hubo con-
tinuidad con el período de Odría y ciertas características de la política de barria-
das no identificaban un claro enfoque liberal. No obstante, los rasgos generales

6
En relación con esta cuestión de la identificación de problemas, ver Schattschneider (1960: 71); y
Bachrach y Baratz (1962: 947-52, 1963: 632.42).
7
Ver por ejemplo, La Prensa, 1 de enero de 1956, p. 3.
8
Caretas X, Nº 21 (22 de diciembre de 1960 a 15 de enero de 1961), p. 19. La cita integra un artículo
que resumía el punto de vista del Social Progresismo sobre el problema de la vivienda.
9
Ibid. Los social progresistas reconocían, en la misma página de este artículo, que Beltrán también
admitía que el subdesarrollo y la pobreza constituían problemas. Evidentemente, la diferencia estaba en cuál
de los problemas debía ser enfrentado por el gobierno. Ese mismo año, estas cuestiones fueron planteadas
nuevamente por El Comercio, diario vinculado a intereses urbanos, comerciales y bancarios y que a menudo
criticaba la posición libre-cambista extrema, de Beltrán, así como también atacaba las mutuales, puesto que
ellas representaban competencia para los bancos limeños. Como parte de su ataque a las mutuales, El
Comercio puntualizaba que debido al problema de la pobreza "el ideal de la casa propia es falaz; de un modo
semejante no es sincero sostener que se podrá lograr este ideal por medio de las asociaciones mutuales de
ahorro y crédito". Ver El Comercio, 25 de octubre de 1961. p. 3.
5 / Autonomía y auto-ayuda 85

de la política de barriadas durante los primeros cuatro años y medio del gobierno de
Prado constituyeron una clara aplicación del enfoque liberal.
Durante este período, la política de barriadas reflejó en un grado mayor los
intereses inmobiliarios, bancarios y comerciales, que Prado representaba. Por ello,
aunque la formación de barriadas continuó en gran escala durante su gobierno, y aunque
ocasionalmente él las apoyara, Prado fue más propenso a adoptar el punto de vista del
propietario frente a las invasiones y a usar a las barriadas en una forma que favoreciera
los intereses comerciales de la élite.
En comparación con el período de Odría, la proporción de desalojos combinada
con la de intentos de desalojo fue dos veces y media mayor durante el período de Prado
(ver capítulo 3). Si se excluye de este cálculo a dos barriadas legalmente establecidas
durante este período bajo el amparo de una ley aprobada por el Congreso en 1961, la
proporción es aún mayor. Hubo también una proporción más alta de barriadas formadas
en tierras en litigio (56%, a diferencia de 17% durante él gobierno de Bustamante y 30%
durante el de Odría). Esto podría haberse debido a que el gobierno estaba más dispuesto
a desalojar a los invasores de tierras reclamadas por personas adineradas, aunque este
reclamo tuviera una base dudosa. Obviamente, esta situación alentaba a la gente a hacer
tales reclamos. En un vergonzoso caso, a un grupo invasor desalojado se le exigió que
efectuara un cuantioso pago a un reclamante, a fin de que el gobierno le permitiera
reocupar el sitio. Más tarde se comprobó que no había base para el reclamo, pero el
dinero había desaparecido y nunca fue devuelto.
El gobierno de Prado también fomentó la formación de nuevas barriadas como un
medio para facilitar el desalojo de los habitantes de los tugurios del centro de la ciudad.
Esto servía más para favorecer los intereses de las inmobiliarias que para satisfacer las
necesidades de los sectores populares; ésta era la utilización de las barriadas que se
podía esperar de Prado, íntimamente ligado a los intereses inmobiliarios. Aunque este
tipo de formación de barriadas ha ocurrido durante casi todos los gobiernos, la
vinculación del presidente fue particularmente estrecha en el caso de Prado.
Las evidencias con respecto a la invasión de Ciudad de Dios sugieren que los
intereses comerciales de Prado ya habían sido favorecidos durante el período de Odría.
Parece que la invasión de Ciudad de Dios fue usada, asimismo, como un medio para
sacar a los habitantes de ciertas zonas tugurizadas del centro de la ciudad, pertenecientes
a la familia Prado. En un caso, el gobierno de Prado permitió la formación de una nueva
barriada para facilitar la erradicación de tugurios, con el objeto de construir un nuevo
hospital. En otros dos casos, se formaron nuevas barriadas, debido a la erradicación de
barriadas ya existentes. Una de ellas estaba situada en la periferia, al sureste de Lima, en
tierras reclamadas por una compañía perteneciente a un pariente de Prado. Después de
un prolongado litigio, la comunidad entera fue invitada al palacio presidencial para
discutir el problema. Nunca llegaron a ver al presidente; pero cuando regresaron a sus
hogares, se encontraron con que sus casas habían sido arrasadas por bulldozers. El
gobierno les ofreció tierras en otra zona para formar una nueva barriada.
86 COLLIER

Un caso semejante es el de Uchumayo, una barriada interna, que gradualmente
llegó a estar rodeada por un barrio de clase media y fue sometida a presión para ser
erradicada porque los nuevos vecinos la consideraron poco atractiva. Después de una
prolongada disputa, estalló un incendio en 1a barriada en circunstancias que hacen
sumamente probable que haya sido provocado con el objeto de hacerla desaparecer. El
fuego destruyó algunas de las casas, pero no de manera tal que las familias se vieran
forzadas a abandonar el lugar. El litigio sobre la erradicación continuó y, finalmente, las
familias fueron obligadas a salir, siendo trasladadas por el gobierno, con la aprobación
directa del presidente ―por intermedio de su esposa―, a una zona de tierras no
ocupadas, al norte de Lima.
Cuando el autor de este trabajo entrevistó a los dirigentes de la barriada, recogió
una historia muy diferente. Al principio, dijeron que habían sido sacados de sus hogares
por un terrible incendio y con gran sentimiento mostraron, como evidencia, el acta de la
asociación de vecinos, que explicaba cómo se había formado la barriada. El documento
establecía que ésta se había formado "con la maternal protección de la primera dama del
Perú, la señora Clorinda Málaga de Prado". Continuaba diciendo que inicialmente a la
barriada se le había dado su nombre
"como demostración de gratitud por sus grandes esfuerzos en favor nuestro, en
momentos en que nos encontrábamos en desgracia debido al voraz incendio
que destruyó nuestros humildes hogares, dejándonos desamparados".
Después de una breve discusión acerca de cuán terrible había sido el incendio y
cuán generosa había sido la esposa del presidente, siguió una discusión más detallada de
lo que realmente había sucedido, y entonces surgió la verdadera historia. Al final de la
conversación admitieron que, más que rescatados, habían sido desalojados por la esposa
del presidente, pero no pudieron ponerse de acuerdo acerca de la contradicción entre
esto y lo que habían dicho al principio de 1a conversación.
Poco después de la formación de esta barriada, sus pobladores fueron invitados a
reunirse con el presidente. A una hora fijada, un camión los recogió y se sorprendieron
cuando advirtieron que los llevaron al aeropuerto para que tomaran parte en una mani-
festación de bienvenida a Prado, quien regresaba de una gira al extranjero. Nunca llega-
ron a hablar con él. Este episodio podría servir como un extraordinario ejemplo de cómo
el mito de la generosidad paternalista puede enmascarar la manipulación de sectores
populares. Este paternalismo y este uso de las barriadas como apoyo político ―mucho
menos importante con Prado de lo que había sido con Odría― reaparecería, no obstante,
ocasionalmente.
Al mismo tiempo que los intereses de la élite y de la clase media influyeron en la
formación de cierto número de barriadas durante este período, también hubo otros tipos
de presiones. Debido al gran número de barriadas formadas durante el período de Odría,
mucha gente tomó conciencia de las oportunidades que éstas ofrecían. Para aprovechar
estas oportunidades, se creó una nueva ocupación, la de "traficante", esto es, la persona
que se ganaba la vida trabajando como promotor de invasiones y consejero de barriadas
en problemas legales y de otra índole.
5 / Autonomía y auto-ayuda 87

Aunque estos promotores hacían uso de sus influencias en el gobierno y en los partidos,
generalmente estaban muy dispuestos a variar sus lealtades políticas, cuando la
situación lo requería. Dos de los más importantes "traficantes" del período de Prado
habían adquirido sus primeras experiencias sobre formación de barriadas en las
invasiones auspiciadas por Odría y Beltrán, durante el gobierno de Odría.
El Apra también desempeñó un rol, aunque algo ambiguo, durante este período.
Así, un aprista fue jefe, del Frente Unico de Barriadas que había apoyado por lo menos
una invasión durante el gobierno de Prado y otra durante el gobierno militar de 1962 a
1963. Este apoyo proveniente de un frente de barriadas ha sido ya señalado en el
capítulo III y registrado por Turner (Turner 1967: 167). Sin embargo, el Apra formaba
parte de una coalición informal con Prado y estaba ostensiblemente de acuerdo con los
intereses conservadores. Esto puede ilustrarse con un caso ocurrido en las inmediacio-
nes de la carretera central, a fines de los años 50, cuando se produjo una invasión en un
cerro situado cerca del cementerio. Para asegurarse que los invasores serían desalojados,
el sindicato aprista de una fábrica cercana hizo un falso reclamo de esas tierras. Después
de un prolongado litigio, los invasores fueron trasladados a otra zona.

Política de barriadas y política de vivienda

En la época del gobierno de Prado hubo gran interés por la política de barriadas y,
más en general, por la política de vivienda. Como lo había hecho en el período de Odría,
Pedro Beltrán desempeñó un rol principal en el debate. Por medio del Decreto Supremo
Nº.1, del 10 de agosto de 1956, Prado creó una Comisión de Vivienda y Reforma
Agraria, presidida por Beltrán (Comisión. . . 1959: Apéndice 1). Más tarde, en 1959,
como primer ministro de Prado, Beltrán tuvo la oportunidad de ensayar muchos de sus
planteamientos sobre la vivienda y las barriadas, principalmente a través de una nueva
institución fundada en 1960, el Instituto Nacional de la Vivienda (Pike 1967: 297;
Dongo 1962: 172-73).
El interés por los problemas de las barriadas y la vivienda no estaba restringido
solamente a Beltrán. Los problemas de la vivienda eran ampliamente discutidos en los
diarios, y no sólo en los periódicos del primer ministro. Además de dos importantes
estudios sobre vivienda, publicados por la Comisión Beltrán, también se efectuaron en
este período dos importantes estudios sobre las barriadas10. El problema de las barriadas
fue extensamente discutido en el Congreso, y el Apra tuvo un rol particularmente activo
en el debate, auspiciando una conferencia sobre los problemas de las barriadas e
introduciendo un nuevo nombre para ellas, "pueblo en formación", para reemplazar los
términos algo peyorativos que se les había aplicado anteriormente (La Prensa, 30 de
abril 1959: 1). Definitivamente, las barriadas y la vivienda se habían convertido en
aspectos fundamentales de la política peruana.
10
El estudio de Matos fue publicado como Estudio de las barriadas limeñas en 1966. Ver también
Fondo Nacional de Salud y Bienestar Social (1960); Córdova (1958) y Comisión para la Reforma Agraria y la
Vivienda. (1959).
88 COLLIER

En el contexto de este debate, Pedro Beltrán tuvo un rol importante en el cambio
de las políticas de barriadas y de vivienda en el Perú. Sostenía que la vivienda
proporcionada por el Estado podía, en el mejor de los casos, dar un aporte marginal al
problema habitacional y que el control de alquileres y las estrictas normas de
zonificación habían sido contraproducentes. Los dos componentes principales del
programa propuesto por Beltrán eran fomentar el papel de la actividad privada en la
construcción de viviendas y aumentar las oportunidades para el desarrollo de ellas,
basándose en la auto-ayuda11.
En el programa de Beltrán, el rol del sector privado debía ser estimulado por
medio de la eliminación del control de alquileres; la liberación de impuestos para
alentar la construcción de viviendas de interés social; la modificación de los impuestos
sobre las transacciones de bienes raíces, para hacer más justas las transacciones
correspondientes a las propiedades pequeñas; el facilitamiento de los requisitos para
obtener hipotecas, e introducción de seguros sobre las mismas; el fomento a las
asociaciones mutuales de ahorro y crédito; e incentivos especiales para la inversión
privada, que ayudarían a bajar el precio de los terrenos (Comisión. . . 1959: capítulo 7 y
Apéndice 4). Para fomentar la auto-ayuda, se construirían ciertos tipos de conjuntos
habitacionales que se adecuasen a dicha actividad y a la cooperación entre vecinos,
proporcionándose además la ayuda técnica necesaria. Beltrán enfatizó particularmente
el valor de la auto-ayuda en las barriadas e insistió en que deberían otorgarse títulos, una
vez que se hubiera realizado el mejoramiento de la comunidad por medio del esfuerzo
propio (Ibid: capítulo 5). De esta manera, las barriadas serían incorporadas al sistema
convencional de propiedad privada. También propuso un programa de ayuda mutua,
consistente en coordinar el trabajo de grupos de quince a veinte familias para construir
de inmediato sus casas, contando con la ayuda técnica del Estado para guiar sus
esfuerzos (Ibid.: 38). Otra parte importante del programa de Beltrán fue "la casa barata
que crece". Esta idea combinaba los dos aspectos de su enfoque sobre la vivienda, pues
se trataba de una unidad de vivienda que podía ser producida por el sector privado y que
se prestaba asimismo para la auto-ayuda.
Los planteamientos de Beltrán sobre política de vivienda fueron reunidos en una
propuesta para una nueva y más completa legislación, incorporada al Informe sobre la
Vivienda en el Perú de la Comisión Beltrán, publicado en 1958. La ley proponía crear
un nuevo organismo nacional de vivienda que coordinaría las actividades de las
instituciones ya existentes, y formaría y supervisaría a otras instituciones que habrían de
desarrollar los programas de Beltrán para fomentar el rol del sector privado en la
vivienda. De otro lado, la propuesta ley estipulaba
11
El Report on Housing es la más importante expresión de las políticas de Beltrán. Una mayor
documentación sobre estas políticas puede encontrarse en La Prensa desde los inicios de la década del 50,
tanto en las secciones informativas como en la página editorial. Mayores referencias sobre sus políticas
durante su gestión como primer ministro se encuentran en fuentes tales como su Exposición sobre la Vivienda
ante el Senado Peruano, íntegramente publicada en La Prensa, el 7 de octubre de 1960.
5 / Autonomía y auto-ayuda 89

que se les diera una función mayor en el desarrollo de la vivienda a los gobiernos
municipales (Ibid: Parte 4).
Las campañas de Beltrán recalcaban constantemente la idea de que la mayor
cantidad posible de familias peruanas deberían convertirse en propietarias; que cada una
debía tener "su casa propia". Este objetivo era mencionado al comienzo del decreto
supremo que creó la Comisión Beltrán (Ibid: Apéndice 1) y, periódicamente, se hacía
referencia a ello en los diarios de Beltrán y también en la propaganda de las mutuales: el
ideal de tener una casa propia, el sueño de tener una casa propia, la meta de una casa
propia para todos los peruanos. Cuando Beltrán fue primer ministro introdujo otro lema,
Techo y Tierra, como el nombre de su programa de desarrollo urbano y rural (Owens
1963: 59).
Al convertir en un asunto político trascendental el de la casa propia para todos los
peruanos, Beltrán estaba respondiendo a un profundo y básico anhelo de las clases
necesitadas. La marcada importancia que los grupos de bajos ingresos daban a la idea de
ser propietarios, está notablemente reflejada en una encuesta hecha a trabajadores
industriales de la gran Lima en 1962-63 (Briones y Mejía Valera 1964: 71). En
respuesta a las preguntas acerca de su más importante ideal personal, el 54% indicó que
era tener una casa propia, ser propietario. En cambio, solamente el 9.9% habló de
trabajo permanente, el 9.7% de una buena situación económica y el 8.6% de buena
salud. Estas tres últimas respuestas representaban ideales que podían suponerse muy
importantes y, sin embargo, la respuesta del ideal de poseer la casa propia era el doble
de las otras tres respuestas juntas.

La estrategia de incorporación de Beltrán

Los peruanos que conocen la historia de la política de vivienda en el Perú, están de
acuerdo en que al tratar de ayudar a los sectores populares urbanos a satisfacer su deseo
de ser propietarios, Beltrán perseguía un conjunto bien definido de metas más amplias.
Se supone que él creía que si a los sectores populares se les daba casas agradables, de
las que pudieran ser propietarios y que ellos mismos pudieran mejorar, esto los ataría al
sistema, aumentaría su respeto por la propiedad privada, los haría menos susceptibles a
los movimientos radicales y menos dependientes del Estado. Algunas de estas ideas
están expresadas en el Informe Preliminar de la Comisión Beltrán, que sostenía que
"El sentido que tienen los bienes todos [. . .] es dar seguridad al hombre y a la
familia tanto en el aspecto de su autonomía económica frente a sus renovadas
y crecientes necesidades, cuanto en el de su propia independencia frente al
poder del Estado. Cualquier programa de habitación [. . .] tiene, en consecuen-
cia, un sentido personal y social sustantivo, que debe tenerse presente. La
formación de personas responsables [. . .] (es) complemento esencial de cual-
quier programa de difusión de la propiedad" (Comisión. . . 1958: Apéndice 2,
pág. 298).
(El subrayado ha sido añadido en ésta y en las tres citas siguientes).
90 COLLIER

De este modo, el enfoque de Beltrán para incorporar a los sectores populares era,
por tanto, contrario al de Odría. Por medio de la caridad y el paternalismo, Odría
aumentaba la dependencia del pobre respecto del Estado y, al no otorgar títulos en las
barriadas, se acentuaba esta dependencia. Beltrán, por el contrario, buscaba reducir esta
dependencia por medio de la creación de comunidades autosuficientes de pequeños
propietarios. En el capítulo 4 se han señalado los vínculos de Odría con la agricultura
tradicional de la sierra y la existencia de un importante paralelo entre las relaciones
económicas precapitalistas, semifeudales, de los latifundios tradicionales y la actitud de
Odría de no otorgar títulos en las barriadas. Beltrán, por el contrario, representaba al
sector dirigente y capitalista del Perú y era su portavoz más prominente. Dado que la
propiedad privada es la base del capitalismo, no es de sorprender el interés de Beltrán
respecto de la propiedad privada en las barriadas.
Además de referirse al asunto de la propiedad, el mencionado Informe Final sobre
la Vivienda en el Perú discutía, con sorprendente claridad, las consecuencias políticas
que se derivan de un hogar en un ambiente agradable y del papel de la auto-ayuda en la
construcción de casas. Los argumentos referidos a las conveniencias de vivir en una
barriada, son bastante similares a los que se han presentado en el capítulo 2. El Informe
Beltrán le daba énfasis a las ventajas de
"una vida familiar sana y normal en un ambiente propicio que consista princi-
palmente del hogar, el vecindario y la comunidad local [. . .] La vida familiar
dentro de estas condiciones no solamente robustece las fibras morales de sus
miembros [. . .] sino que facilita su estabilidad emocional [. . .] y reduce los
conflictos sociales [. . .] Todo lo cual se traduce en seguridad y estabilidad
para el país [. . .]" (Ibid: 33).
Una idea relacionada está contenida en otra sección del Informe con respecto al
papel del Estado en la construcción de vivienda. Aunque el Informe sostenía que el
Estado era incapaz de resolver, por sí mismo, el problema de la vivienda, sugería la
necesidad de alguna intervención estatal en la construcción de vivienda. Al referirse a
las ventajas de las casas "decentes y saludables" que el Estado puede ofrecer, el Informe
insiste en que
"Esta vivienda del Estado hecha no sólo con el objeto de poner una casa
decente a disposición de las familias que no tienen capacidad de pago, sino
con miras a una labor educativa de carácter social [. . .] debe ser una escuela
para inculcar a la gente el convencimiento de que no podrá salir de la
dependencia de la acción del Estado que esas viviendas significan, ni llegar a
vivir en una forma mejor, si no hace el esfuerzo necesario para levantar su
nivel económico" (Ibid.: 77).
En una discusión sobre los méritos de la auto-ayuda y de los proyectos de
desarrollo comunal en las barriadas el Informe establece que
"La organización de la comunidad como método de trabajo destinado a
fomentar la iniciativa y la participación de los interesados, como miembros
de una comunidad, en el análisis y solución de sus propios problemas,
constituye uno de los mejores caminos para formar una ciudadanía activa
5 / Autonomía y auto-ayuda 91

y responsable. Mediante este proceso autoeducativo y no impuesto se forman
comunidades conscientes y progresistas que buscan por sí mismas la atención
de sus asuntos, utilizando los muchos o pocos recursos de que disponen, sin
esperarlo todo del gobierno y las autoridades" (Ibid.: 41).
El mensaje es claro. Mejores casas y auto-ayuda producen estabilidad emocional,
reducen el conflicto social, contribuyen a la seguridad y estabilidad del país; les enseña
a los pobres a cuidar de sus propios asuntos y a hacer uso de los recursos que tienen a la
mano, y los convence de que solamente por su propio esfuerzo, y no por medio de la
ayuda del Estado o de las políticas radicales, podrán lograr una vida mejor.
El tipo de familia y de vida comunal que Beltrán intentaba promover, hace
recordar la famosa definición de Karl Marx respecto de los pequeños propietarios
campesinos de Francia en el siglo XIX, que parecían "papas en un costal", por su
incapacidad para constituirse en una clase económica y política. Marx sostenía que tales
campesinos no constituyen una clase, porque hay entre ellos
"una conexión simplemente local y la identidad de sus intereses no engendra
ni una comunidad, ni lazos nacionales, ni una organización política entre ellos.
Ellos son, por consiguiente, incapaces de reforzar su interés de clase. . ."
(Marx 1963: 124).
Las citas del Informe de la Comisión Beltrán sugieren que su gestor estaba in-
teresado en crear en las barriadas una estructura social de este tipo para inhibir el
desarrollo y la expresión política de los intereses de las clases populares de Lima.
Esta estrategia de incorporación no era, por supuesto, la única meta que Beltrán
intentaba promover por medio de sus políticas de vivienda y de barriadas. El énfasis de
dichas políticas en fomentar el papel del sector privado en el desarrollo de la vivienda,
servía, claramente, intereses comerciales e inmobiliarios con los que él tenía no
solamente una estrecha relación sino una vinculación directa, debido a su función en las
mutuales y en los negocios inmobiliarios. Del mismo modo, la familia Prado poseía una
gran cantidad de bienes raíces urbanos. Además, Roselló, estrechamente relacionado a
la promoción de la vivienda de Beltrán, era propietario de una compañía que vendía
materiales de construcción. De este modo, la promoción de la vivienda ―así como
muchos de los casos de formación de barriadas durante el gobierno de Prado― servía a
los intereses comerciales de aquellos que la patrocinaban.

Política de barriadas, urbanización y reforma agraria

Ya se ha establecido que hay importantes nexos e interacciones entre la polí-
tica de barriadas y la política de desarrollo rural. Estos nexos son particular-
mente interesantes en el período liberal. Se ha dicho anteriormente que una de las
razones fundamentales de la ruptura entre Odría y la oligarquía exportadora fue la
tendencia de algunas políticas de Odría destinadas a fomentar la urbanización y
favorecer, por consiguiente, los intereses implícitos de la oligarquía tradicional
―en lugar de favorecer los de la oligarquía exportadora―, al aliviar la
92 COLLIER

presión que demandaba cambios en las áreas rurales de agricultura tradicional. Aunque
anteriormente la oligarquía exportadora había estado dispuesta a proteger los intereses
de la oligarquía tradicional de la sierra, a fines del período de Odría el orden tradicional
en la sierra estaba tan al borde del colapso que la élite de la costa varió su posición
(Bourricaud 1970:325). En vista de esta crisis, la élite de la costa propuso que se hiciera
la reforma agraria en áreas de agricultura tradicional (Comisión. . . 1959: Apéndice 2,
págs. 207-8). En 1956, la creación de la Comisión de Vivienda y Reforma Agraria
marcó claramente el fin de una era en la que la reforma agraria había sido un tema
prohibido en la política peruana (Bourricaud 1970: 325). La comisión se convirtió en el
canal mediante el cual se formularon las propuestas de la élite de exportadores para el
cambio rural.
La meta principal de la Comisión era fomentar la propiedad privada en las clases
bajas y medias, tanto en las zonas rurales como en las urbanas. La frase con que
empezaba el decreto que creaba la Comisión, declaraba que "la pequeña y mediana
propiedad debe constituir la base de la estructura social y económica del país"
(Comisión. . . 1959: Apéndice 1, pág. 203). El Informe Preliminar de la Comisión
(agosto de 1956) proponía que, para lograr este objetivo, el Estado debería "comprar y
subdividir las grandes extensiones de tierra improductiva [. . .] (y) las haciendas de las
regiones de gran densidad de población y concentración de la propiedad rural" (Ibid.:
Apéndice 2, pág. 208). Las referencias a propiedades improductivas y a la gran densidad
de población tenían la intención de limitar la reforma a las áreas de agricultura
tradicional de la sierra, excluyendo de la propuesta reforma a las haciendas de la costa
―orientadas hacia la exportación― y a algunas grandes haciendas modernas de la
sierra.
El programa propuesto por la Comisión intentaba lograr varias metas. An-
teriormente se ha dicho que una de las razones del interés de Beltrán en promover la
propiedad urbana, era su creencia en que esto hace a la gente más conservadora y menos
dependiente del Estado. El mismo principio se aplicaba a la propiedad rural. Para
contrarrestar la escasez de tierra cultivable, en el Informe Preliminar se sostenía que era
necesario extender la irrigación hacia las zonas desérticas, subdividir y vender las
propiedades estatales no cultivadas, y crear nuevas áreas de agricultura en la región de
la selva peruana, a través de proyectos de colonización (Ibid.: Apéndice 2, págs. 207-8).
De este modo, además de introducir un sistema de propiedad rural que tendría el efecto
de hacer más conservador al campesinado, Beltrán trataba asimismo de resolver la crisis
agraria consiguiendo más tierras disponibles para el cultivo en todas las regiones del
Perú. Durante su gestión como primer ministro, apoyó activamente la reforma agraria y
los programas de colonización de la selva12.
12
Bourricaud (1970: 326); y Ministerio de Agricultura. . . (1962). Tanto los esfuerzos de Beltrán para
fomentar la colonización durante su gestión como Primer Ministro, como sus programas de vivienda tuvieron
amplia publicidad en La Prensa y Ultima Hora. Ver, por ejemplo, La Prensa, 31 de octubre, 1959, p. 1; 15 de
noviembre, 1959, p. 9; 15 de julio, 1960; p. 1; 14 de febrero, 1961, p. 1; 16 de junio, 1962, p. 4; y Ultima
Hora, 1 de agosto, 1960, p. 11.
5 / Autonomía y auto-ayuda 93

Tomadas en conjunto, las propuestas de la Comisión Beltrán representan una
respuesta muy elaborada a la amenaza que se cernía sobre la posición de la oligarquía
costeña. Abandonando a la oligarquía de la sierra y proponiendo la reforma agraria,
había la posibilidad de aliviar la presión de la migración sobre Lima y, por consiguiente,
se inhibiría el crecimiento de los sectores sociales que, en último término, representaban
la amenaza más grande a la oligarquía exportadora. La propiedad de la tierra
garantizaría la continuidad de la orientación conservadora de los campesinos que se
quedaran en las zonas de agricultura tradicional, y aquellos que escogieran la migración
podrían ser atraídos por los programas de irrigación y colonización hacia otras áreas
rurales, en lugar de ir a las ciudades.
Aunque Beltrán auspició la invasión de una importante barriada, es evidente que
no fue tan lejos, como lo hicieron después Belaúnde y Velasco, en su oposición a las
barriadas y al crecimiento urbano, aunque ocasionalmente se pronunció en las páginas
de La Prensa contra el alarmante crecimiento de las barriadas. Más bien, vió, por una
parte, oportunidades para que la migración fuese desviada de Lima y, de otro lado, la
oportunidad para inculcar en la clase urbana baja las virtudes de la confianza en sí
mismos, lo que reduciría su dependencia del Estado y disminuiría la probabilidad de
futuras exigencias de programas estatales masivos.

Conclusión

En el período liberal, el enfoque respecto a las barriadas fue muy distinto del que
había caracterizado al período de Odría. En lugar de la dependencia y la informalidad, el
propósito de este período fue hacer a los pobladores de las barriadas independientes del
Estado y crear un mundo altamente estructurado basado en la propiedad y en la auto-
ayuda, que enseñaría al pobre a cuidar de sí mismo y lo alejaría de movimientos
políticos disociadores. Debido a que la política de barriadas del período liberal incluía
esta estrategia para limitar el pluralismo, puede ser considerada como un componente de
un segundo enfoque del autoritarismo, bastante diferente del que apareció durante el
gobierno de Odría.
6
Compromisos amplios: el período
de políticas de partido

A FINES DE LA DECADA del 50 y, especialmente, durante los años 60, los partidos
políticos de masas desempeñaron un papel cada vez más importante en la for-
mulación de la política de barriadas. Las elecciones presidenciales de 1956 habían sido,
en cierto modo, una contienda entre dos miembros de la élite. Los partidos políticos
tuvieron alguna intervención, pero al Apra no se le había permitido reasumir sus
actividades partidarias normales sino hasta muy poco antes de las elecciones; y el
resultado de éstas giraba mayormente en torno a la incógnita de cuál de los candidatos
le convenía más al Partido Aprista, para que éste (a cambio de sus votos) pudiera ser
legalizado nuevamente (ver Bourricaud 1970: 294ss; Pike 1967: 293ss). Sin embargo,
una vez que se efectuaron las elecciones, las políticas de partido se convirtieron en un
elemento mucho más importante en la escena política peruana. El Apra, entonces,
pareció más dispuesto a desempeñar el rol de un partido convencional dentro del
sistema peruano de partidos políticos; Acción Popular demostró tener muchos
seguidores; y otros partidos ―inclusive el Demócrata Cristiano, el Social Progresista y
el Comunista― cumplieron un rol activo en la política peruana, a fines de la década del
50 y comienzos de la del 60. Parecía que podía existir una competencia partidaria,
relativamente libre, en las elecciones presidenciales de 1962, y gran parte de la política
partidaria y legislativa de este período estuvo orientada a crear una base de apoyo para
esas elecciones.
Una de las consecuencias más significativas para la política de barriadas de este
nuevo período reside en que no es un buen slogan electoral ―en un país donde la masa
de la población y del electorado es pobre― el slogan "enseñarle al pobre a cuidar de sí
mismo". El espectacular fracaso de Beltrán en su intento de lanzar una campaña presi-
dencial con miras a las elecciones de 1962, confirmaba claramente la limitada motiva-
ción electoral de este enfoque (Pike 1967: 299). Las exigencias de la competencia par-
tidaria obligaban a los partidos políticos a compromisos cada vez más amplios y distin-
tos de aquellos de la campaña de Beltrán. Respecto al tipo de orientación que surgió,
puede hablarse de un viraje del ya descrito enfoque "convencional", hacia un enfoque de
"reforma democrática", basado en una intervención mayor y más activa del Estado (Ch.
Anderson 1967: 174ss).
6 / Políticas partidarias 95

Ni en el período de políticas de partido ni en el período liberal hubo una total
discontinuidad en el enfoque de la política de barriadas. La polémica sobre la política de
barriadas, a mediados de la década del 50 ―dirigida por Beltrán, y en la que el Apra
había tomado parte―, definió el amplio marco en que se desarrollaron las políticas
subsiguientes. Sin embargo, hubo claras diferencias en la orientación general de estas
políticas.
La ley 13517, aprobada por el Congreso en febrero de 1961, es el ejemplo más
destacable del nuevo enfoque de dichas políticas (Martínez ed. 1968: 515s). Esta ley
nació de la labor realizada en las barriadas por la Corporación Nacional de la Vivienda
―una institución estatal fundada en los años 40― y fue redactada por funcionarios de
esta institución y por prominentes congresistas, especialmente el senador Arca Parró,
quien no era miembro del partido aprista pero sí un simpatizante. La ley incorporaba
muchas de las ideas de Beltrán acerca de la remodelación y legalización de las barriadas
y de la formación de nuevas agrupaciones de vivienda, basadas en el principio de la
auto-ayudal. Sin embargo, esta ley no incluía los programas de Beltrán destinados a
incrementar el rol del sector privado en el desarrollo de la vivienda y comprometía al
gobierno, aún más ampliamente, en sus programas en las barriadas.
Además de estas diferencias básicas en el enfoque del problema de la vivienda y
de las barriadas, merece también destacarse otro punto importante durante este período
pre-electoral: a quién atribuirle el mérito de esta nueva legislación. Como Beltrán tenía
ambiciones presidenciales, los partidos políticos representados en el Congreso no
querían atribuirle este mérito y trataron de aprobar una ley que no se pudiera identificar
con é12. Al hacerse evidente que las propuestas de Beltrán no serían aceptadas por el
Congreso, Prado creó por medio de un decreto supremo el Instituto Nacional de
Vivienda, que Beltrán utilizó como instrumento para poner en práctica sus propuestas
en vivienda (Dongo 1962: 172-73) . De este modo, Beltrán tenía su propia institución de
vivienda, claramente identificada con sus programas, y mediante la cual empezó a
ponerlas en práctica. Es irónico comprobar que este período, en donde la aplicación de
sus ideas fue más activa, se iniciase después de la derrota de su enfoque en el Congreso.

La ley 13517

La ley 13517 introdujo un nuevo nombre para las barriadas ("barrios marginales"),
buscando con esto ―como lo había hecho antes el Apra― usar un nuevo nombre para
la publicidad de un nuevo enfoque de la política de barriadas. Los dos propósitos
básicos de la leyeran ofrecer una alternativa a la formación ilegal de

1
La similitud es bastante evidente si se compara la ley 13517 (que se verá más adelante), con el capítulo
5 del Report on Housing in Peru.
2
Sobre esta interpretación, especialmente con respecto al papel del Apra, están ampliamente de acuerdo
las personas entrevistadas que habían seguido de cerca los acontecimientos en el Congreso, durante este
período.
96 COLLIER

barriadas y encargarse de la remodelación y legalización de las ya existentes. La
formación de nuevas barriadas por medio de invasiones fue expresamente prohibida por
el artículo 2 de la ley, y las formadas por medio de invasiones realizadas después del 20
de setiembre de 1960 fueron excluidas de los beneficios de la ley. Como una alternativa
ante las invasiones, el artículo 3 autorizaba a la Corporación Nacional de la Vivienda
(CNV) a formar nuevas barriadas llamadas urbanizaciones populares; en éstas, dicha
institución trazaba las calles, instalaba los servicios y construía una casa rudimentaria en
cada lote. Este artículo enfatizaba que la auto-ayuda y los proyectos comunales debían
desempeñar un rol importante en el desarrollo de estas urbanizaciones. Los pobladores
debían solicitar los lotes a través de la CNV, mudarse a ellos y proceder a agrandar sus
casas como lo harían en cualquier barriada. Sin embargo, tendrían la ventaja de hacerlo
en terrenos a nivel (algunas de las primeras barriadas se instalaron en cerros), y donde
las calles, el agua, el desagüe y la electricidad habían sido instalados antes de su llegada,
contando además con el beneficio de un cuidadoso control del tamaño y número de los
lotes de cada zona. Los pobladores pagarían el terreno y los servicios en largos plazos y
recibirían sus títulos definitivos solamente cuando hubieran terminado estos pagos.
El artículo 10.03 del reglamento de la ley 13517, aprobado en julio de 1961
(Martínez ed. 1968: 110ss), amplió considerablemente el alcance potencial del
programa de urbanizaciones populares; con este artículo se concedía autoridad a los
gobiernos locales (y a cualquier otra entidad que no tuviera propósitos de lucro) para
establecer estas comunidades, siempre que lo hicieran de conformidad con esta ley, es
decir, sin que mediasen las invasiones. Este requisito demostró su importancia más
tarde, durante el gobierno de Belaúnde, en el contexto de la democratización de los
gobiernos locales. El artículo 10.04 del reglamento autorizaba a la CNV a formar una
urbanización popular en cualquier momento en que se demostrase que había demanda
para ello. De esta manera, estos dos artículos establecían las bases legales para una
mayor intervención del gobierno en la formación de barriadas.
Además, la ley fijaba un procedimiento para remodelar y otorgar títulos en las
barriadas ya formadas. Antes de la legalización, había que instalar servicios públicos y
hacer remodelaciones en las barriadas que carecían de un trazo regular de calles y cuyos
lotes no eran de un tamaño uniforme. Los residentes tenían que pagar el costo de los
servicios y la remodelación durante varios años y, como se dijo anteriormente, no
recibirían sus títulos definitivos hasta el término de los pagos. Si la barriada estaba en
terrenos públicos, tendrían que pagar un precio simbólico por el terreno; si se
encontraba en terrenos de propiedad privada que tenían que expropiarse, cada familia
tendría que cubrir la parte del costo de la expropiación que le correspondiese.
Como esta ley y su reglamento legalizaban la formación de barriadas, esta
medida podría parecer algo radical. El artículo 10.01 del reglamento también
especificaba el nivel máximo de ingresos con que debían contar las familias para
poder solicitar viviendas en las urbanizaciones populares. En este sentido, la ley
6 / Políticas partidarias 97

especificaba quiénes, en términos económicos, podían obtener este beneficio. Sin
embargo, esta ley no era en realidad económicamente redistributiva puesto que, tanto en
las barriadas remodeladas como en las urbanizaciones populares, los residentes debían
pagar el costo total de la instalación de los servicios. Aún así, algunos artículos
favorecían claramente a los pobladores. Era muy significativo que en las barriadas
formadas en terrenos públicos los pobladores debiesen pagar solamente un precio
simbólico por la tierra. En aquellos casos en que ellas se habían formado en tierras de
propiedad privada, estas tierras eran expropiadas y se tenía que pagar al propietario una
cantidad equivalente a su valor, estimándose éste no en el momento de la expropiación
sino en el de la formación de la barriada. Esto significaba mucho menos dinero, en la
mayoría de los casos, debido al alza constante del valor de las tierras. Pero como la
mayor parte de las comunidades convencionalmente definidas como barriadas no se
encontraban en tierras de propiedad privada, esto no resulta ser un elemento significati-
vo de la ley. Sin embargo, el artículo 27 establecía que las comunidades físicamente pa-
recidas a las barriadas, y en las que sus habitantes hubieran construido sus casas en te-
rrenos alquilados, serían incluidas dentro de la definición de barriadas y podrían solici-
tar la expropiación y los beneficios de la ley. Esto incluía a un gran número de zonas
tugurizadas, cerca del centro de Lima, que inicialmente se habían formado en lotes de
terrenos alquilados, subdivididos o subarrendados en algunos casos. La inclusión de
estas comunidades, por cierto, era la parte más radical de la ley y significaba que los
favorables términos ―desde el punto de vista de los pobladores― de la expropiación,
tenían una aplicación mucho más amplia de la que habrían tenido sin esta inclusión.
Además, la verdadera trascendencia de la ley 13517 radica en que representó el
compromiso de adoptar formalmente políticas que antes habían sido aplicadas sobre
bases muy informales y discrecionales. Anteriormente, el gobierno había apoyado la
formación de barriadas y les había brindado diversas clases de ayuda. Ahora, tenía el
compromiso de formar nuevas barriadas en el momento en que se comprobase una
demanda para ello y a remodelar y legalizar las ya existentes.
Esta política se diferenciaba de la del período liberal, en razón que el gobierno
estaba comprometido a hacer mayores contribuciones al desarrollo de las barriadas. Y
se diferenciaba de la del período de Odría en que, por lo menos a nivel legal, este
compromiso era mucho menos personalista, ya que se había definido claramente la clase
social que debía tener acceso a esta ayuda.
Durante el último año del gobierno de Prado y después de la aprobación
de la ley 13517, la CNV recibió sustancial apoyo financiero y político para im-
pulsar tres grandes urbanizaciones populares las que, a fines de la década del
60, agrupaban aproximadamente a veinte mil habitantes. Pero, rápidamente sur-
gieron problemas en la aplicación de la ley. Tras ser aprobada, los habitantes de
muchas zonas tugurizadas de Lima dejaron de pagar alquileres con la esperanza
que éstas fueran reconocidas como barriadas, de acuerdo con el artículo 27. En
muchos casos, como no llenaban los requisitos necesarios el gobierno resolvía los
litigios ofreciéndoles tierras en las urbanizaciones populares, de modo que se uti-
98 COLLIER

lizaba una considerable proporción de los nuevos lotes para solucionar estos problemas,
Las evidencias obtenidas en las entrevistas sugieren que estas comunidades se
negaron a pagar alquileres, incitadas por una coalición de líderes de diferentes barriadas
que dirigía el mismo miembro del Apra mencionado anteriormente, quien había estado
vinculado con el apoyo a invasiones, Asimismo, este grupo había organizado manifesta-
ciones para solicitar la aprobación de la ley 13517 y su reglamento, aunque fuentes bien
informadas aseguran que estas manifestaciones tuvieron poca influencia en el Congreso,
Sin embargo, es evidente que la suspensión del pago de alquileres creó muchas dificul-
tades a la CNV y, en ese sentido, este grupo influyó significativamente en la aplicación
de la ley.

El gobierno militar de 1962-63

En el período del gobierno militar de 1962 a 1963 se observó que persistía el
apoyo político a la ley 13517, Además, se suscitó un interesante episodio en el que uno
de los líderes de este gobierno intentó, breve e infructuosamente, siguiendo el ejemplo
de Odría, crear una base de apoyo personal en las barriadas. El segundo período de
Prado había terminado en 1962, En las elecciones presidenciales de junio de ese año no
hubo una clara victoria ni para el Apra ni para los otros dos principales candidatos,
Odría y Belaúnde (Pike 1967: 299), Por tanto, según la Constitución peruana, el
Congreso elegiría al presidente y parecía muy probable que surgiera una extraña
coalición, en la que el Apra ofrecería su apoyo a Odría, garantizándole los suficientes
votos para ser elegido presidente (Ibid.: 300). Ante esta perspectiva, los militares
reaccionaron con un golpe el 18 de julio (Ibid.: 301), alegando que había habido fraude
electoral. En realidad, estaban decididos a impedir la oportunista coalición de los que,
hasta entonces, habían sido irreconciliables enemigos. En parte, esto puede explicarse
debido a la tradicional enemistad de las Fuerzas Armadas con el Apra, pero también al
profundo cambio que estaba ocurriendo en la orientación de los militares peruanos.
Estos ya no se sentían defensores del statu quo sino, más bien, pensaban que el Perú
necesitaba reformas urgentemente (Ibid.: 300-301; y Astiz 1969: 146ss). Por lo tanto,
preferían a Belaúnde, el único candidato reformista viable, y tomaron el poder con la
intención de celebrar elecciones en un futuro cercano, confiando asegurar la victoria de
Belaúnde. Este gobierno militar fue diferente al gobierno de Odría; era anti-aprista, pero
no reprimió al Apra, aunque en una oportunidad suspendió las garantías constitucionales
y encarceló a gran número de izquierdistas (Astiz 1969: 146ss). También estaba
interesado en las reformas e introdujo varias medidas reformistas importantes durante el
año que estuvo en el poder (Pike 1967: 301-2).
El gobierno militar estaba profundamente interesado en poner en vigencia
la ley 13517 y apoyó el rol del sector privado en el desarrollo habitacional, con
la formación del Banco Nacional de la Vivienda que reemplazó a una institución
provisional que había formado parte del Instituto Nacional de la Vivienda (Harris
et al. 1963: 568). Tras considerar que la existencia de la Corporación Nacional
6 / Políticas partidarias 99

de la Vivienda y del Instituto Nacional de la Vivienda era un despilfarro, se les unió en
una sola institución, la Junta Nacional de la Vivienda (JNV). El compromiso del
gobierno de cuidar que el crecimiento de las barriadas se materializase dentro de los
canales legales provistos por la ley 13517 se reflejó en varios desalojos violentos que se
efectuaron durante este período. Como se ha señalado en el capítulo 3, hubo desalojos
en el 43% de los casos de la muestra pequeña correspondientes a este período; en el
57%, hubo desalojos o serios intentos de desalojo. Si se excluye a la urbanización
popular, formada según la ley 13517 durante este período, los porcentajes se elevan a 50
y 66.
A diferencia de Odría, este gobierno no estaba interesado en buscar apoyo popular
en las barriadas. Se advierten dos probables razones para esto: a. como su propósito no
era gobernar durante un período largo, sino más bien actuar como un gobierno provi-
sional hasta que se celebrasen nuevas elecciones, no estaba interesado, como Odría, en
el apoyo popular; b. no se consideraba gobierno de un solo jefe militar, sino de los
militares como institución (Astiz 1969: 150). Cuando todo indicaba que Pérez Godoy, el
primer presidente de la Junta Militar, se estaba inclinando hacia la línea personalista,
fue separado del poder para preservar el carácter institucional del gobierno (Bourricaud
1970: 319; Astiz 1969: 149-50). Este episodio cobra especial significación en el
presente contexto a causa de la relación de Pérez Godoy con las barriadas. De acuerdo
con la información obtenida en la encuesta sobre la formación de barriadas, un cercano
colaborador de Pérez Godoy estuvo reclutando gente para realizar una invasión a fines
de 1962. Evidentemente, esto formaba parte de su intento para adoptar una línea perso-
nalista y hacía recordar las tácticas de Odría. El interés de Pérez Godoy en las barriadas
no debe sorprender, ya que él había estado vinculado con el gobierno de Odría. Es digno
de destacar que durante el período de Odría, en el local central de la Asociación de la
barriada 27 de Octubre, había un retrato de Pérez Godoy, junto al retrato de Odría y su
esposa y el de Perón y su esposa (La Prensa, 19 de agosto, 1956: 2).

El gobierno de Belaúnde

Los acontecimientos del período de Belaúnde (1963-1968) ponen en eviden-
cia los riesgos que corren las políticas con compromisos como los surgidos en este
período de políticas de partido. Fernando Belaúnde Terry llegó al poder después
de las elecciones celebradas en junio de 1963. Contaba con el fuerte apoyo de las
clases media y media-alta de Lima y gozaba de gran aceptación electoral en las
áreas rurales, por haber llevado su campaña hasta las más remotas comunidades
andinas (Pike 1967: 307). Por consiguiente, su programa de desarrollo estaba dirigido
al Perú rural. Creía que el Perú sufría de una aguda centralización y deseaba,
específicamente, evitar la centralización en Lima (Ibid.: 308-9). Belaúnde planeó
la construcción de una gran carretera que bordease la selva amazónica al este de
los Andes, y otras medidas de desarrollo rural, con las que tenía la esperanza de aca-
bar con el tradicional esquema de migración de la sierra hacia la costa,
100 COLLIER

alentando a los migrantes a dirigirse hacia las zonas subpobladas, al este de los Andes
(Ibid.: 308). De otro lado, la ya propuesta reforma agraria aliviaría la presión migratoria
sobre Lima y, al dar acceso a la tierra a muchos campesinos, aumentarían los incentivos
para permanecer en la sierra.
Tanto la base de apoyo popular de Belaúnde como su programa de desarrollo,
hacían poco probable un alto grado de interés en las barriadas. Los objetivos principales
de su intento para obtener apoyo popular de las clases populares eran las áreas rurales.
Asimismo, creía que los fondos empleados en las áreas urbanas para mejorar las
barriadas atraerían más migrantes a las ciudades, debilitando, en esta forma, el efecto
positivo de sus otros programas3.
Otra razón que explicaría su falta de interés en las barriadas podría ser su profesión
de arquitecto y urbanista. Aunque introdujo ideas progresistas en muchos campos, había
estado identificado con el enfoque tradicional de la escasez de vivienda, que ponía
énfasis en los convencionales conjuntos de vivienda. Además, él mismo había
proyectado un importante conjunto para familias de medianos a bajos ingresos, que fue
construido en los años 40. Durante el gobierno de Belaúnde, las más importantes
inversiones en vivienda tuvieron muy poca relación con las necesidades de los sectores
populares. En cambio, se privilegió los hermosos proyectos para familias de clase media
y media-alta. En parte, esta preferencia puede ser atribuida a la naturaleza de la base de
apoyo político de Belaúnde en las áreas urbanas, que más procedía de las clases media y
media-alta que de los sectores populares. Es digno de mencionarse que algunos de los
habitantes de los tugurios, erradicados para hacer posible la construcción del más
notable de estos proyectos ―San Felipe― fueron reubicados en barriadas.
Debido a la falta de apoyo por parte de Belaúnde y a la oposición de la coalición
mayoritaria del Congreso ―formada por el Apra y por los partidarios de Odría―, el
programa para aplicar la ley 13517 rápidamente perdió actualidad4. Asimismo
debilitaron el programa las controversias que surgieron en conexión con el artículo 27,
que provocó las huelgas de alquileres de muchos tugurios del centro de la ciudad. En
1967, el Congreso había reducido la partida para la JNV en un 11% con respecto a 1963
(véase, Junta Nacional de la Vivienda s/f). En vista de esta disminución presupuestal, la
JNV tuvo que limitar su programa a algunas barriadas periféricas que requerían menos
remodelación; de esta manera, se limitaban drásticamente sus actividades. Su programa
también se vio restringido debido a que la legalización no podía hacerse hasta la
instalación de los servicios. Sin los fondos para pagar el costo inicial de estos servicios
y de la remodelación, la legalización no podía prosperar.
Los planes para adquirir extensas áreas de terrenos destinados a la formación de
otras urbanizaciones populares fueron abandonados gracias a la falta de apoyo de
Belaúnde y a la oposición parlamentaria. Otras dos urbanizaciones populares
3
Cuatro arquitectos muy vinculados a las políticas de Belaúnde, que fueron entrevistados por el autor,
estaban de acuerdo sobre este punto.
4
Esta información ha sido obtenida en las entrevistas con varios arquitectos familiarizados con las
políticas de la JNV.
6 / Políticas partidarias 101

se formaron al norte de Lima pero, por falta de fondos, no se instalaron los servicios; estas
comunidades se parecían en todo sentido a las barriadas convencionales en su primera
etapa de desarrollo. En el sur de Lima, otra área que la JNV pretendía reservar como una
zona para la pequeña industria ―que daría empleo a los pobladores de las barriadas―
terminó siendo ocupada por nuevas barriadas, formadas en parte por invasiones y en parte
por grupos que la JNV había trasladado allí para solucionar los litigios provocados por la
erradicación de los tugurios del centro de la ciudad. Tampoco se instalaron servicios en
estas áreas.
A fines de la década del 60, la JNV era odiada en las barriadas, gracias al notorio
contraste entre las expectativas estimuladas por la ley 13517 y el fracaso de esta
institución para desarrollar, como se había planeado, el programa de urbanizaciones
populares y para remodelar y legalizar las barriadas existentes. Se ha sugerido que la
actitud tecnócrata y distante, adoptada por muchos funcionarios de la JNV frente a los
pobladores de las barriadas, reforzó la opinión de ellos acerca de esa institución.
Sin embargo, debe señalarse una importante innovación introducida por la JNV a
fines de la década del 60. En un intento de solucionar el problema de la falta de fondos, la
JNV creó una urbanización popular, Chacra Cerro, en donde un banco privado asumió la
responsabilidad directa de atender los pagos periódicos que los pobladores hacían por sus
lotes. Esto era una reminiscencia de la coordinación más activa con el sector privado
propugnada por Beltrán y una anticipación del rol de los bancos en las barriadas,
fomentado por el gobierno después de 1968.
Aunque el interés de Belaúnde por la descentralización significó menos atención para
las barriadas dentro de la política nacional, esto tuvo un efecto contrario a nivel de
gobierno local en Lima. Uno de los aspectos más importantes del programa de
descentralización de Belaúnde fue conseguir que los gobiernos municipales fueran
elegidos y no nombrados (Austin y Lewis 1970: 47-48). Así como la creación de varios
nuevos distritos en las zonas de las barriadas, esta reforma produjo una mayor vitalidad en
la actividad política de éstas. Durante este período, en el que la política de barriadas había
sido influida en grado considerable por las necesidades de los partidos, las actividades
políticas partidarias ―tanto a nivel local como nacional― llegaron a desempeñar un rol
importante en la política de barriadas.
El rol de las políticas de partido se hizo particularmente evidente en momen-
tos cercanos a las elecciones de 1969, cuando los partidos opositores competían
en el ofrecimiento de programas más atractivos para las barriadas. En vista de
las dificultades de la JNV para llevar a cabo el programa para legalizar las barria-
das, no es sorprendente que la legalización se convirtiera en un asunto importante.
En 1967, Enrique León Velarde, alcalde del distrito formado por la barriada 27
de Octubre ―rebautizada como San Martín de Porres a comienzos del período
de Prado―, intentó exitosamente la aprobación de una ley que eliminó la remo-
delación como requisito para otorgar títulos en su distrito5. A mediados de
5
La ley 16584 está incluida en Uchuya ed. (1971: 71.77)
102 COLLIER

1968, en vista de la amenaza de una marcha de pobladores de las barriadas ―conducida
por León Velarde― hacia la Plaza de Armas de Lima, se promulgaron otros decretos
que hacían extensiva esta innovación a todas las barriadas6. A fines del período de
Belaúnde hubo una breve reactivación del otorgamiento de títulos sobre la base de estas
nuevas leyes, ya que se podía actuar sin considerar las costosas remodelaciones que se
requerían anteriormente.
Esta innovación fue significativa en dos sentidos. Primero, porque representa una
de las importantes ocasiones en que la presión desde abajo fue la causa inmediata de un
cambio en la política de barriadas. Segundo, porque señala un aspecto básico en dicha
política en el Perú y en otros países: hasta qué grado es posible disminuir las exigencias
de la aplicación de las normas tradicionales de los urbanistas, en reconocimiento de la
contribución de las barriadas al desarrollo urbano (véase, Nelson s/f). La ley 13517 dio
un importante paso al aceptarlas como un aspecto normal del desarrollo de la vivienda
urbana. Sin embargo, el procedimiento de legalización establecido por la ley solamente
podía ser aplicado una vez que se instalasen los servicios y la remodelación, es decir,
después que las barriadas se ajustaran más o menos a las normas convencionales de los
urbanistas. El Informe de la Comisión Beltrán había recomendado un requisito
semejante para la legalización (Comisión. . . 1959: 40). Las leyes de 1967 y 1968 se ale-
jaron completamente de este enfoque, permitiendo la legalización sin remodelación ni
servicios y llevando al Perú muy lejos de las normas tradicionales de los urbanistas, en
aras de la legalización.
Asimismo, el incremento de la actividad política en las barriadas produjo el
surgimiento de nuevos tipos de juegos partidarios relacionados con las invasiones.
Cuatro barriadas formadas durante este período fueron autorizadas por gobiernos
municipales que alegaban tener autoridad para ello según el reglamento de la ley
135177. Como los apristas controlaban ciertos gobiernos municipales, esto confería al
Apra un canal legal para apoyar la formación de barriadas. Otra invasión fue usada en la
lucha partidaria entre el Apra y Enrique León Velarde. En 1968, el Apra organizó la
invasión de unas tierras (que al parecer pertenecían a León Velarde) con el propósito de
obligado a pedir a la policía que desalojase a los invasores, tratando de desacreditarlo
como amigo de los pobres.
Durante el gobierno de Belaúnde hubo muy pocas invasiones (véase cap. 3) ya
que la presión dirigida a la formación de nuevas barriadas fue absorbida por
aquellas que contaban con el auspicio del gobierno; esto se debía al activo auspicio de
los gobiernos municipales y la JNV. Asimismo, que los gobiernos distritales
proporcionaran un canal para que el Apra pudiese auspiciar barriadas, también
6
Ver, el decreto supremo 066.68.FO del 19 de julio de 1968 (La Crónica, 20 de .julio de 1968. p. 3) y el
decreto supremo 014.68.JC del 2 de agosto de 1968 (El Peruano. 5 de agosto de 1968, p. 7).
7
Por lo menos en un caso esta justificación fue invocada mucho después de la formación. La aparición
de estas barriadas puede explicarse tanto porque estos partidos de oposición dominaban los gobiernos locales,
como por el hecho de que la autorización era legal, según los términos del reglamento.
6 / Políticas partidarias 103

contribuyó a la disminución de invasiones. Por consiguiente, fue baja la proporción de
desalojos e intentos de desalojos durante este período (sólo 22%).
Un caso espectacular, en el cual el gobierno hizo un enérgico intento de desalojo,
ocurrió en octubre de 1963, poco después que Belaúnde asumiese la presidencia.
Aunque existían otras razones para la fuerte reacción de la policía, uno de los factores
principales fue el alto número de invasiones rurales que se producían en la sierra en ese
momento, realizadas por los campesinos como un anticipo de la reforma agraria
prometida por Belaúnde. Estas invasiones lograban gran publicidad en los diarios de
Lima, especialmente en La Prensa, y constituían un gran bochorno para el gobierno.
Una importante invasión tuvo lugar en Lima, en la misma semana en que las invasiones
rurales habían acaparado la atención, y el gobierno se vio presionado para actuar
firmemente contra los invasores urbanos. Como se señalará en el próximo capítulo, la
inestabilidad rural influiría nuevamente ―durante el gobierno de Velasco― en la
respuesta del gobierno a las invasiones urbanas.

¿Una estrategia de incorporación?

En los dos primeros períodos considerados, en este trabajo ―los períodos de
paternalismo y liberalismo― parece haber existido una estrategia relativamente bien
definida, reflejada en la política de barriadas para integrar a los sectores populares
urbanos dentro del sistema nacional. En cada período, el propósito central de la
estrategia ha sido limitar el pluralismo y, por consiguiente, estas estrategias han sido
consideradas como reflejos de un aspecto del autoritarismo en el Perú.
Durante el período de políticas de partido, parecería que la estrategia de in-
corporación suponía la intención de ganar apoyo electoral a cambio de los beneficios
dispensados por las políticas gubernamentales. El control político no era un elemento
central, como lo fue en otros períodos. De alguna manera, las políticas de partido en el
contexto peruano pueden haber tenido la función latente de limitar el pluralismo. El tipo
de política distributiva, que los partidos políticos promueven en el Perú, podría ser una
parte importante del esquema de "incorporación segmentaria", mediante el cual son
integrados al sistema los elementos más avanzados de los nuevos sectores sociales, en
forma tal que los insta a interesarse más en incrementar sus beneficios materiales
inmediatos que en ampliar sus bases partidarias (véase Cotler 1967/68: 238-40).
Del mismo modo, el hecho que los principales partidos reformistas y de centro obtengan
votos y otros tipos de apoyo de los partidos de extrema izquierda, en cierto sentido da
lugar a que se limite el pluralismo. Sin embargo, esto no puede compararse con la
estrategia cuidadosamente elaborada de Beltrán o con la manifiesta intención de
golpe de Odría dirigida a terminar con el tipo de competencia de partidos promovi-
da por el Apra entre 1945 y 1948. De este modo, durante el período de políticas de
partido, la política de barriadas evidenció una clara estrategia de incorporación;
pero, a diferencia de los otros períodos, la limitación del pluralismo ―y en
consecuencia, el autoritarismo― no fue un componente principal de esta estrategia.
104 COLLIER

Esto no quiere decir que el Perú haya carecido, en cierta medida, de un sistema
político autoritario durante este período. Sin embargo, la estrategia de incorporación,
reflejada en la política de barriadas, estaba primordialmente dirigida a ganar apoyo
electoral más que a obtener control político. En este sentido, este período es bastante
diferente de los otros tres analizados en nuestro trabajo.

Conclusión

El período de políticas de partido no fue homogéneo si consideramos el tipo de
política de barriadas que produjo. Combinó los amplios compromisos de la ley 13517
con el poco interés por las barriadas, observado durante Belaúnde. También combinó la
prohibición de nuevas invasiones de esta ley y la parcial puesta en vigencia de su
articulado durante dos diferentes gobiernos, con un nuevo modelo de invasiones,
directamente relacionado con la competencia de partidos. Sin embargo, la política de
barriadas difería claramente de la que se observó durante el período liberal, gracias a la
naturaleza de los amplios compromisos procedentes de la ley 13517. Difería de la que
se aplicó en el período de Odría en que el rol del gobierno en las barriadas llegó a ser
legalizado, en vez de ser informal y paternalista. Además, difería de la política de
barriadas de los dos períodos anteriores, dado que no incluía una estrategia explícita
para limitar el pluralismo político en el Perú. Así, esta fase de política de barriadas no
corresponde a una clara fase de autoritarismo. Esto no debe sorprender, ya que en este
período la característica principal de la escena política estuvo constituida por una
intensa competencia entre los partidos.
Respecto de la forma en que se ejecutó la política de barriadas, el tema dominante
de este período es el fracaso en el cumplimiento de los amplios compromisos
contraídos, debido a la fundamental diferencia entre el enfoque de Belaúnde hacia las
barriadas y el de los autores de la ley, y debido asimismo a la fragmentación producida
por la misma competencia de partidos. Esto produjo una sensación de fracaso y de
desilusión, que ponía en evidencia el tipo de consecuencias negativas que estos amplios
compromisos tuvieron en la política de barriadas, y que Beltrán había ya señalado. Una
de las principales preocupaciones, a partir de 1968, fue precisamente tomar en cuenta
estos problemas del fracaso y la desilusión.
7
Auto-ayuda y control político:
el período de Velasco

AL NO PODER REALIZAR las reformas que se había propuesto, el Perú experimentó un
fracaso en la década del 60, y sufrió una serie de crisis que, tomadas en conjunto,
tuvieron un impacto en la vida política peruana aún mayor que en la década del 401.
Estas nuevas crisis fueron en gran medida resultado del estancamiento de los principales
grupos políticos considerados en este estudio. En el contexto del poder latente de la
oligarquía exportadora y de la tenaz oposición partidaria del Apra, muy pocas de las
reformas propuestas por el gobierno de Be1aúnde pudieron realizarse; éstas habían sido
firmemente apoyadas por los militares peruanos. También contribuyeron a la crisis, las
apropiaciones de tierras, realizadas por los campesinos a comienzos de la década del 60;
el movimiento de guerrillas rurales, a mediados de la misma década; y el espectro de un
movimiento de guerrilla urbana, basado en la experiencia de otros países latinoameri-
canos. Además, otro factor fue la crisis de legitimidad del sistema político peruano,
producida a fines del período de Be1aúnde, debido a los grandes escándalos de
contrabando y al escándalo en torno a un importante contrato con una gran compañía
petrolera extranjera. Las perspectivas para las reformas apoyadas por los militares
fueron disminuidas, aún más, cuando el partido de Belaúnde se dividió en 1968, dejando
de ser una opción reformista viable para las elecciones de 1969.
Estas crisis precipitaron el golpe que llevó al gobierno al general Juan Velasco
A1varado, uno de los más importantes gobiernos militares reformistas que han
aparecido en América Latina. Aunque, evidentemente, había muchas justificaciones
para que este gobierno llegara al poder, una de las más importantes era la que concierne
a la preservación de la institución militar en la sociedad peruana, en un período de
grandes crisis y de inestabilidad política. En este sentido, este cuarto período de política
de barriadas es semejante al de políticas de partido, en que se formularon las estrate-
gias considerando más los intereses de los grupos políticos que los de los grupos
económicos.

1
Importantes trabajos sobre los orígenes y programas del gobierno de Velasco incluyen: Cotler 1970/71:
95·113 y 1972: 3.11; Jaquette 1972: 648.67; Malloy 1974; Lowenthal 1975; y Stepan 1978.
106 COLLIER

En cierta medida, las reformas llevadas a cabo por el gobierno de Velasco, que se
autodenominaba "revolucionario", continuaban en la línea de orientación reformista del
gobierno militar de 1962 a 1963. El interés de los militares por las reformas se
intensificó aún más debido a las crisis políticas de la década del 60 y a la dura
experiencia de la represión para combatir la agitación rural en este período2.
Puede considerarse que las reformas efectuadas tuvieron, en gran medida, el
propósito de eliminar las causas de las crisis de la década del 60. Para conseguido, una
de las más importantes medidas fue eliminar del juego político a todos los partidos que
habían causado el estancamiento político de ese período. El gobierno llevó a cabo un
programa de reforma agraria que liquidó finalmente a la élite tradicional de la sierra y
destruyó el poder de la oligarquía exportadora. Con la clausura del Congreso y la
suspensión de las elecciones ―tanto a nivel nacional como municipal― y con la
adopción de muchos de los programas propuestos por el partido aprista, este último fue
neutralizado, pero no reprimido. Se introdujo nuevas formas de organización económica
comunitaria en todos los sectores de la economía, con la intención de socavar aún más
la base del poder del Apra en el movimiento laboral, así como para debilitar también a
otros grupos laborales, que representaban una amenaza potencial para el gobierno. La
participación de los trabajadores en las comunidades industriales y en las cooperativas
agrícolas fue introducida como un sustituto del modelo conflictivo, tradicional en las
relaciones laborales.
Al mismo tiempo que existía un notable interés en las reformas, también había
mucho interés en controlar la participación política y en canalizar el apoyo político en
una forma que no fuese destructiva sino constructiva para el gobierno. La experiencia de
las invasiones rurales y del movimiento guerrillero de la década del 60 y el temor de un
movimiento de guerrilla urbana motivaron un mayor énfasis en la seguridad interna.
Finalmente, los fracasos de los planes de acción, la corrupción y los escándalos del
período de Belaúnde, despertaron una gran preocupación por terminar con la
corrupción, por terminar con la tradición de grandiosas promesas gubernamentales que
nunca se llegaban a realizar y por restablecer el respeto a la ley en el Perú. Había un
sustancial interés en las leyes de propiedad, debido a que la inestabilidad rural de la
sierra involucraba en considerable medida problemas de propiedad, y también debido
quizás a los problemas de soberanía y propiedad que surgieron del contrato con una
compañía petrolera, que suscitaron un gran escándalo.
En ese contexto de preocupación por las reformas, el control político y la
ley, el gobierno inició una interesante serie de medidas en el área de la política
de barriadas. Tomadas en conjunto, estas medidas constituían una política coherente,
que parece haber sido uno de los aspectos más interesantes de los esfuerzos del gobierno
para transformar la sociedad peruana. Sin embargo, al mismo tiempo

2
Un valioso trabajo sobre esta evolución en la orientación de los militares peruanos frente a la crisis de
la década del 60, se encuentra en Alfred Stepan (1978: cap. 4).
7 / Control político: Velasco 107

el programa del gobierno era una curiosa mezcla de las políticas de los períodos
anteriores.
Este capítulo estudia tres fases de la evolución de la política de barriadas en el
período 1968-75. Primeramente se considera la formulación inicial de la política, hasta
principios de 1971. Después, se analiza la reestructuración de la política que siguió a la
invasión masiva de Pamplona y a otras crisis de participación política de masas, a
comienzos de 1971. Por último, se hace un resumen del patrón de fracaso político
surgido hacia el fin del período de Velasco.

Política de barriadas antes de la invasión de Pamplona

Los primeros pasos importantes en el desarrollo de la política de barriadas después
del golpe de octubre de 1968, fueron el anuncio, a comienzos de noviembre, de un
programa del ejército para nivelar las calles de las barriadas y la creación, a principios
de diciembre, de una nueva institución gubernamental dedicada a las barriadas. Este
programa de nivelación de calles (La Prensa, 7 de noviembre 1968: 4) representó una
importante contribución para su desarrollo material, y en setiembre de 1972 el programa
se había efectuado en 33 barriadas (Ibid., 4 de setiembre 1972). Asimismo, el ejército
había hecho importantes mejoras en las carreteras que conducen hacia las barriadas,
especialmente al norte de Lima. Por lo general, estas carreteras comienzan siendo sólo
estrechos caminos completamente inadecuados para el tránsito pesado que se desarrolla
cuando decenas de miles de pobladores construyen sus casas en sus flancos. De ahí que
el mejoramiento de las carreteras represente un beneficio importante para los habitantes
de las barriadas.
El 3 de diciembre de 1968, el gobierno anunció la creación del Organismo
Nacional de Desarrollo de Pueblos Jóvenes, más tarde conocido como ONDEPJOV3. La
importancia concedida a ONDEPJOV se reflejaba en la responsabilidad directa que
tenía ante el presidente y el primer ministro. La más notable innovación que acompañó
a la creación de ONDEPJOV fue la introducción de un nuevo nombre para las barriadas:
pueblos jóvenes4. Una publicación ulterior de esa institución sugería que la nueva
denominación intentaba reflejar su reciente formación, la juventud de su población y el
deseo de sus habitantes de mejorar sus comunidades (ONDEPJOV 1969a: 5).

El papel de la auto-ayuda

El decreto supremo que creaba ONDEPJOV analizaba en detalle los elementos
positivos de los PP.JJ., recalcando la manera en que sus habitantes hacían frente, por
medio de la auto-ayuda, a los problemas de sus condiciones de vida

3
Decreto supremo Nº 105-68-FO. Está incluido en ONDEPJOV (1969b). Unos meses después un
decreto cambió el nombre de Organismo a Oficina.
4
Como ya se ha explicado en el ler. capítulo, a partir de este punto se utilizará este nuevo término.
108 COLLIER

por debajo del standard. Sugería que los pobladores habían logrado mucho con muy
poca ayuda del Estado y que si esta iniciativa local fuese alentada y dirigida, se
lograrían aún mejores resultados (DS 105-FO, en ONDEPJOV 1969b: 4). El aspecto
más importante de este aliento fue el vigoroso esfuerzo de ONDEPJOV para crear y
fortalecer la organización comunal, mediante el adiestramiento de los líderes locales y
fomentando el desarrollo de organizaciones locales, estructuradas alrededor de una serie
de unidades jerárquicamente dispuestas, desde el nivel de manzana5.
Una semana después de su creación, el anuncio de los nombres de los miembros
del Comité Ejecutivo de ONDEPJOV proporcionó mayor evidencia respecto de su
orientación (véase La Crónica, 20 diciembre 1968: 7). Uno de sus más prominentes
miembros era el Arzobispo Auxiliar de Lima, monseñor Luis Bambarén, conocido
como "el obispo de los Pueblos Jóvenes" quien estaba muy identificado con el enfoque
de la auto-ayuda. Otro miembro era Diego Robles, un arquitecto con gran experiencia
en PP.JJ. y autor de un artículo sobre las oportunidades de la auto-ayuda6. Asimismo, el
comité ejecutivo incluía tres representantes de PP.JJ., todos ellos líderes de
organizaciones comunales y vinculados a proyectos de auto-ayuda.
Otra figura importante fue Carlos Delgado, aunque no era miembro del comité
ejecutivo. El había sido anteriormente miembro prominente del Apra y surgió
rápidamente como un importante asesor del presidente de la República, a comienzos del
período de gobierno militar. Como Robles, Delgado era autor de un artículo acerca del
desarrollo de la auto-ayuda en los PP.JJ. (Delgado 1968), y había trabajado antes del
golpe en una institución gubernamental de planificación (PLANDEMET) con otras
personas que más tarde estuvieron relacionadas con ONDEPJOV, incluyendo a Robles.
Existe una notable semejanza entre las políticas recomendadas por Delgado al final de
su artículo y aquellas aplicadas por el gobierno.
Si bien es cierto que éstos y otros civiles ocupaban posiciones importantes
en ONDEPJOV, los oficiales militares tuvieron un rol predominante. En 1970,
todos los directores de las cuatro zonas de ONDEPJOV de Lima eran militares, así
como veinte de los veintiún directores de las oficinas locales de ONDEPJOV en
provincias (ONDEPJOV 1971b: 5-6, 37). Dos organizaciones privadas de de-
sarrollo comunal tuvieron una influencia importante. Una fue la Oficina de Pue-
blos Jóvenes, entidad privada fundada por monseñor Bambarén, antes del golpe,
para promover la auto-ayuda. El nuevo nombre para las barriadas había sido ori-
ginariamente propuesto por un miembro de esta organización y el énfasis que los
miembros de este grupo imprimieron a la activa organización comunal y a la auto-
ayuda, desempeñó posteriormente un rol importante. La otra organización priva-
da, Acción Comunitaria del Perú, tuvo asimismo un rol destacado; esta organiza-

5 Estos sistemas de organización son discutidos en detalle en Dietz (1973: 15).
6 Robles (1969: 49-63),. Este artículo fue escrito antes de que el gobierno militar llegara al poder.
7 / Control político: Velasco 109

ción fue fundada por Acción Internacional de Nueva York, una organización de
desarrollo comunal, que ha iniciado programas privados de desarrollo comunal en
varios países latinoamericanos. Uno de los propósitos de estos programas era introducir
innovaciones en los enfoques del desarrollo comunal, con la: esperanza de que fueran
imitados por quienes formulan las políticas del gobierno. Posteriormente, Acción
Comunitaria en el Perú se convirtió en un programa autónomo, sostenido por el sector
privado peruano. Durante el primer año del nuevo gobierno, Acción Comunitaria inició
en los PP.JJ. varios proyectos piloto basados en la auto-ayuda comunal, que se
convirtieron en modelos de los proyectos emprendidos posteriormente por el gobierno.
El más importante de éstos se relacionaba con un programa de ahorro, establecido en
coordinación con un banco privado, mediante el cual los PP.JJ. podían reunir el capital
para la instalación de servicios, especialmente el de electricidad. Los miembros del
comité ejecutivo de ONDEPJOV siguieron las actividades de Acción Comunitaria con
visible interés, habiendo hecho varias visitas al proyecto principal en Pamplona Alta.
También debe destacarse que los tres representantes de los PP.JJ. ante el comité
ejecutivo de ONDEPJOV habían trabajado con Acción Comunitaria o con la Oficina de
monseñor Bambarén.

El papel del sector privado

La relación con Acción Comunitaria fue simplemente un aspecto del intento de
ONDEPJOV para incrementar el rol del sector privado en los PP.JJ. Existía un especial
interés en coordinar las actividades del sector privado con los esfuerzos de auto-ayuda
de los pobladores (ONDEPJOV 1969b: 1). Uno de los más importantes aspectos de este
esfuerzo se refería al plan, inicialmente ensayado por Acción Comunitaria, por el cual
los programas de ahorro se desarrollaban con bancos privados en donde se depositaba el
dinero para los proyectos comunales. Una de las primeras publicaciones de ONDEPJOV
incluía un gran cuadro en donde se indicaba las maneras en que 17 diferentes tipos de
proyectos podían ser efectuados en los PP.JJ., coordinando los esfuerzos de diferentes
combinaciones de 20 grupos públicos y privados (ONDEPJOV 1969a: 18-19).
Posteriormente, la institución norteamericana Agencia para el Desarrollo Internacional
preparó para ONDEPJOV un enorme catálogo de 392 páginas en donde aparecían las
instituciones públicas y privadas que proporcionaban servicios a los PP.JJ. de Lima,
Trujillo, Chimbote y Arequipa (ONDEPJOV 1971a). Este catálogo, como muchas pu-
blicaciones de ONDEPJOV, ostentaba en la cubierta un símbolo triangular que
representaba la intención de ONDEPJOV de coordinar estos esfuerzos. En algunas de
las publicaciones que usaron este símbolo, inmediatamente debajo se leía:
"Sólo la combinación del sector público, el sector privado y los pobladores,
puede lograr los objetivos de la promoción del desarrollo económico y del
desarrollo social y cultural de los pueblos jóvenes"7.
7
SINAMOS (1972b: contra-carátula). Este ejemplo corresponde en realidad al período en el que
ONDEPJOV ya había sido absorbido por el SINAMOS.
110 COLLIER

Pobladores

¿Cómo puede explicarse este interés en el rol del sector privado? Si ésta fuera una
cita de los años 50, podría suponerse que eran palabras de Pedro Beltrán. El hecho que
este gobierno expropiase muchas de las propiedades agrícolas del sector de la economía
rural, que Beltrán representaba y que, sin embargo, adoptase políticas de vivienda
propuestas por él, demuestra lo difícil que es definirlo como un gobierno de derecha o
de izquierda. Este interés en alentar la intervención del sector privado en los PP.JJ.
ilustra el hecho que el gobierno no era realmente anti-capitalista sino que más bien se
oponía sólo a ciertos tipos de capital privado. Parecía estar especialmente bien dispuesto
hacia el género de empresa en pequeña escala, que es típico de la industria de la
construcción.
Una razón importante para que el gobierno deseara la intervención activa del
sector privado en el desarrollo de los PP.JJ., se debía a que compartía la creencia de
Beltrán respecto de la incapacidad del Estado para solucionar, por sí solo, el problema
de la vivienda. Y era consciente del sistemático fracaso de los gobiernos civiles y de los
partidos políticos ―de las décadas del 50 y del 60― para satisfacer las expectativas
originadas por las exageradas promesas de ayuda estatal. En 1968 y 1969, una de las
palabras más comúnmente usadas por los pobladores de los PP.JJ. para, describir su
impresión acerca de los gobiernos anteriores y los partidos políticos, era "engaño". El
gobierno de Velasco intentó crear expectativas realistas con respecto, a lo que el
gobierno podía y no podía hacer para ayudar a los PP.JJ., y trató de movilizar todos los
recursos disponibles ―en el sector público, en el sector privado y en potencial de auto-
ayuda de los PP.JJ.― para solucionar el problema de la vivienda en Lima.

Condición legal de los pueblos jóvenes

El gobierno también estaba interesado en la condición legal de los PP.JJ. y por
cierto que la cuestión de la legalidad de los PP.JJ. hacía tiempo que era un tema
importante. Sin embargo, tenía una especial importancia bajo este gobierno, porque era
un aspecto de su acentuada preocupación por la ley, en general, y por la ley de
propiedad, en particular.
7 / Control político: Velasco 111

La preocupación por la ley probablemente nacía de la creencia de que las leyes
ambiguas, especialmente las de propiedad, podían originar inestabilidad política. Esta
creencia fue el producto de la experiencia de los militares, en los años 60, en relación a
las invasiones de tierras rurales y a la inestabilidad en considerable medida, provocadas
por serias ambigüedades en los títulos de las tierras. Muchas de las apropiaciones de
tierras en ese período fueron efectuadas por campesinos que se sentían frustrados, tras
años de costosos juicios sobre tierras en deficientes condiciones legales y de las cuales
ellos creían ser los legítimos propietarios (ver, Strasma 1972: 172). La experiencia de la
sofocación de estos movimientos campesinos causó un fuerte impacto en las Fuerzas
Armadas, y las convencieron de que era necesario hacer cambios fundamentales
(Einaudi s/f: 22-23). Hubo otros acontecimientos en la década del 60 que, sin duda,
contribuyeron a la preocupación por la ley y por la autoridad. Entre ellos figuraban el
escándalo, en agosto de 1968, en torno al contrato con una importante compañía
petrolera extranjera ―que comprendía asimismo una cuestión de derechos de
propiedad― y los escándalos del contrabando, a fines del período de Belaúnde.
Esta preocupación del gobierno por la ley se puso de relieve inmediatamente
después del golpe. El decreto-ley número 1, promulgado al día siguiente de la
instalación del gobierno, declaraba que uno de sus objetivos era "restaurar el principio
de autoridad" y "el respeto por la ley" en el Perú (El Peruano, 4 de octubre 1968).
Desde entonces, esta preocupación se ha reflejado en muchos campos, incluyendo la
reforma del sistema judicial realizada por el Consejo Nacional de Justicia; una más
vigorosa ejecución de las leyes de tributación; la campaña de "moralización" de la
administración pública y el ataque contra la corrupción en la PIP (ver Alinsky 1972: 4;
y Latin America (publicación semanal), 10 de setiembre 1971: 293-94).
La preocupación por la ley se reflejó también en la política de PP.JJ. Ya estaba
claramente expresada en el decreto que creó ONDEPJOV, que establecía la necesidad
de solucionar el problema de los derechos de propiedad en los PP.JJ., en beneficio de su
propia seguridad y desarrollo (ONDEPJOV 1969b: 4). Aunque el programa de
otorgamiento de títulos a los PP.JJ. ya existentes iba a ser aún más importante después
de la invasión de Pamplona en 1971, desde el principio dicho programa había sido
emprendido activamente por el gobierno; primeramente, por la Junta Nacional de la
Vivienda, el organismo de vivienda responsable de la aplicación de la ley 13517 durante
el período de Belaúnde y, más tarde, por ONDEPJOV. La legalización se hizo de
acuerdo a los términos de la ley 13517, con las enmiendas de los decretos de 1967 y
1968. De esta manera, la remodelación no era un requisito para el otorgamiento de
títulos y el programa podía proseguir con relativa facilidad.
Asimismo, la preocupación del gobierno por la ley se manifestaba en la po-
lítica adoptada con respecto a nuevas invasiones. En los primeros dos años y
medio del gobierno de Velasco se produjo una retracción en las invasiones en el
área de Lima. A muchas personas vinculadas a los PP.JJ. se les dio a entender
que el gobierno no tenía la intención de tolerar nuevas invasiones. Aunque se
112 COLLIER

sabe de casos de ocupación de nuevas tierras al borde de PP.JJ. ya establecidos, y de un
caso de ocupación de unas tierras como resultado del conflicto entre los miembros de
una cooperativa de vivienda, realmente no hubo nuevas invasiones.
La determinación del gobierno de prevenir las invasiones también se hizo evidente
fuera de Lima, en octubre de 1969, cuando a una invasión en Talara ―con notable
publicidad a nivel nacional― se le hizo frente con una reacción muy firme. Esto ocurrió
en el primer aniversario de la nacionalización del complejo petrolero que había existido
allí, y durante una visita del presidente Velasco. El nuevo P.J. fue bautizado "Nueve de
Octubre" en honor a la fecha de la nacionalización. Los invasores alegaron que tenían el
patriótico deseo de conmemorar esa ocasión pero el gobierno actuó firmemente contra
ellos y desalojó el sitio (La Prensa, 10 de octubre 1969: 4).

Apoyo político

Otro aspecto importante del interés del gobierno en los PP.JJ. era el deseo de
usados como base de apoyo político. Al igual que Odría, y a diferencia de la Junta
Militar de 1962-63, este gobierno pretendía permanecer un tiempo no definido en el
poder y estaba interesado en el problema de legitimar su autoridad. Las primeras
evidencias de este interés en usar los PP.JJ. como apoyo político pueden encontrarse en
una manifestación de habitantes de esas comunidades, en la que expresaban su apoyo a
la política del gobierno con respecto a los Estados Unidos, y que se realizó en la Plaza
de Armas, frente al Palacio presidencial, exactamente una semana después de la
creación de ONDEPJOV en 1968. Esta manifestación fue organizada por el alcalde
León Velarde, quien estaba empeñado en la tarea de facilitar los requisitos para el
otorgamiento de títulos ―ya mencionado anteriormente―, y que, además, era un
estrecho colaborador del presidente Velasco. Sin embargo, la manifestación de León
Velarde fue mucho más pequeña y menos exitosa de lo que se esperaba, debido
probablemente a que sus rivales políticos, especialmente los apristas, hicieron todo lo
posible para desanimar a los pobladores a participar en ella. Así, no tuvo el efecto
deseado y pasó algún tiempo antes de que el gobierno intentase, nuevamente, una
manifestación de este tipo.
Después de esta manifestación, los intentos más visibles de obtener apoyo fueron
las visitas periódicas que hizo a los PP.JJ. el general Armando Artola, Ministro del
Interior y el miembro del gabinete con más habilidad para acercarse a ellos.
Considerando el papel de Odría en las barriadas, es necesario señalar que el padre de
Artola fue ministro durante el gobierno de Odría (Mac Lean 1953: 203). En 1969,
Artola hizo muchas visitas a los PP.JJ., a menudo en forma espectacular, llegando en
helicóptero y regalando ropa usada y panetones, bailando danzas típicas y manejando, a
veces, las niveladoras del ejército que se usaban para nivelar las calles de los PP.JJ.8.
8
Ver, La Prensa, 28 de febrero de 1969, p. 1; 2 de mayo de 1969, p. 2; Y 10 de mayo de 1969, p. 3; y
Expreso, 26 de mayo de 1969, p. 3.
7 / Control político: Velasco 113

Dos rasgos interesantes de estos primeros intentos para obtener el apoyo político
de los PP.JJ, fueron la no intervención del presidente Velasco y la falta de coordinación
entre los diferentes organismos estatales y las actividades de ONDEPJOV. La no
intervención presidencial puede haber estado relacionada al hecho ―sumamente
enfatizado al comenzar el gobierno de Velasco― de que éste no era un gobierno
personalista sino de la institución militar (Einaudi s/f: 27). Los oficiales de alto nivel en
el gobierno seguramente estaban conscientes del fuerte apoyo personal que Odría tuvo
en las barriadas, así como del intento de Pérez Godoy de destruir el carácter
institucional del gobierno militar de 1962-63, estableciendo una base independiente de
poder. En vista de estos acontecimientos, es comprensible que la actividad para obtener
apoyo fuera efectuada solamente por Artola. El fue "el chivo expiatorio" en el gabinete,
el objeto de muchas de las primeras críticas al gobierno que circularon en Lima, y el
blanco de los primeros chistes acerca del gobierno de Velasco. Al consentir que él
desempeñase ese papel, el gobierno podía comenzar a buscar apoyo popular en los
PP.JJ., sin correr el riesgo de que alguno de sus miembros usara este apoyo como base
de poder personal. Al mismo tiempo, sin embargo, debido a que el padre de Artola
había sido ministro de Odría, podría considerarse que se corría un riesgo al darle rienda.
Y en efecto, en 1971, Artola hizo un breve intento en los PP.JJ. con el objeto de
establecer una base independiente de apoyo.
También es ostensible la falta de coordinación entre las actividades para obtener
apoyo y los programas de ONDEPJOV. Esta institución no buscaba mucha publicidad
para sus actividades. Uno de sus primeros boletines enfatizaba la necesidad de evitar la
excesiva publicidad y, por el contrario, concentrar la atención en la tarea de realizar sus
programas, como un medio para ganarse la confianza de los pobladores (ONDEPJOV
1969b: 27). La diferencia entre este enfoque y el de Artola alcanzó un tono dramático en
mayo de 1969, cuando monseñor Bambarén, importante miembro del comité ejecutivo
de ONDEPJOV, sostuvo una conferencia de prensa criticando a Artola, en la que
puntualizó que los problemas de los PP.JJ. "no pueden ser solucionados con regalos y
ropa usada" sino, más bien, ayudando a sus pobladores a construir sus propias casas y
colaborando para proporcionarles servicios públicos. Los titulares de un artículo de
Expreso alusivo a la conferencia de prensa, y que rezaba "Soluciones, no panetones",
resumen claramente la divergencia de estos enfoques contrarios (Expreso, 23 de mayo
1969: 10). En ellos puede observarse las mismas diferencias que existieron
anteriormente entre los enfoques de Odría y de Beltrán.
La falta de coordinación entre el programa de desarrollo del gobierno y las
actividades para obtener apoyo político continuaron hasta el establecimiento de SI-
NAMOS en 1971. La manifestación de León Velarde podría ser citada como un
ejemplo de coordinación entre estos dos aspectos, puesto que ocurrió sólo una sema-
na después de la creación de ONDEPJOV, dando la impresión de que la manifesta-
ción había sido planeada como expresión de gratitud por ese nuevo programa. Sin
embargo, dado que uno de los representantes de las barriadas ante el comité eje-
114 COLLIER

cutivo de ONDEPJOV era un importante rival político de León Velarde, el nexo entre
estos dos acontecimientos no había sido tan estrecho9.

La invasión de Pamplona

La firme política del gobierno hacia las invasiones fue sometida a una dura prueba
con la invasión masiva de Pamplona, que ocurrió en Lima a comienzos de mayo de
197110. Esta invasión comenzó en una zona de tierras públicas el 29 de abril,
propagándose a las áreas vecinas, tanto públicas como privadas, en una serie de
invasiones que continuaron hasta el 12 de mayo. Decenas de miles de personas
participaron en ellas. El gobierno esperó varios días para iniciar los intentos de desalojo
de los invasores. Entonces se sucedieron encuentros cuyo saldo fue un muerto y muchos
invasores y policías heridos. En uno de los incidentes, la policía abrió fuego contra una
muchedumbre y, en otro, los invasores capturaron a un comandante de la policía,
amenazando darle muerte. Cuando él prometió persuadir al gobierno para que desistiera
de sus intentos de desalojo, acordaron perdonarle la vida. En el compromiso al que
finalmente se llegó, los invasores aceptaron trasladarse a un sitio elegido por el
gobierno; en el cual se formó un P.J. muy grande, llamado Villa El Salvador. Solamente
un pequeño núcleo del grupo invasor original se quedó en una zona de tierras públicas
que habían ocupado.
La invasión ocurrió cuando se realizaba en Lima una reunión de la Junta de
Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo, una institución que había
otorgado en el pasado grandes préstamos al Perú para apoyar proyectos de vivienda de
interés social. El incidente, en cualquier caso, habría sido muy embarazoso para el
gobierno, pero el espectáculo de una confrontación entre las familias pobres y la policía
así como la flagrante evidencia de que el Perú no estaba llenando las necesidades de
vivienda de la población pobre, resultaba especialmente embarazosa en ese momento.
Generalmente, las invasiones en Lima han sido concertadas para producir el máximo
efecto. La sincronización de esta invasión, seguramente, no fue accidental.
Varios rumores circularon acerca de la identidad del organizador de la inva-
sión. La versión más plausible sugiere la vinculación de grupos de estudiantes ra-
dicales, aunque algunas fuentes insinúan que el apoyo pudo venir de una fracción
del gobierno que deseaba dramatizar las necesidades de vivienda en Lima, con el
objetivo de forzar al gobierno a acelerar sus programas en los PP.JJ., y hasta se
llegó a sugerir que Bambarén o Artola habían tomado parte en el planeamiento
de la invasión. Mucho más importante que la cuestión de la identidad del orga-
nizador de la invasión, sin embargo, fue su crecimiento espontáneo y masivo. Esto
11
El rival de León Velarde, en el distrito de San Martín de Porras, era Alberto Díaz Jiménez. Ver, La
Crónica, 20 de diciembre de 1968, p. 7.
10
Buena parte de la información referente a la invasión se ha tomado de El Pamplonazo, de Manuel
Montoya. La colección de recortes de periódicos de Henry Dietz fue también una valiosa ayuda para
reconstruir la historia de la invasión.
7 / Control político: Velasco 115

demostró, dramáticamente, la gravedad del déficit habitacional de Lima y la vul-
nerabilidad del gobierno en el área de la política de vivienda, que deriva del hecho de
que la invasión de tierras es la única solución de los sectores populares para resolver sus
necesidades de vivienda. Era evidente que la lentitud de la expansión de los PP.JJ.,
durante los primeros dos años y medio del gobierno de Velasco, había significado que
muchas familias no pudiesen conseguir un lote, y que estuvieran ansiosas de unirse a
una invasión. Esta escasez de lotes se agravó debido a que, a diferencia del período de
políticas de partido, en el gobierno de Velasco no se habían formado nuevas
urbanizaciones populares.
Asimismo, la invasión de Pamplona es destacable porque precipitó el segundo y
final encuentro entre monseñor Bambarén y el general Artola. Este último se había
identificado con la línea dura de enfrentamiento con los invasores mientras que, cuando
uno de ellos resultó muerto, Bambarén fue al lugar de la invasión y celebró una misa.
Entonces, Artola hizo arrestar a Bambarén por perturbar la paz. La Iglesia protestó
airadamente por la detención (La Prensa, 12 de mayo 1971), y Artola contraatacó,
organizando una manifestación de los pobladores para que le expresaran apoyo por sus
actividades en los PP.JJ. (Ibid.). Bambarén fue puesto en libertad trece horas después, y
Artola fue obligado a renunciar el 17 de mayo (Correo, 11 y 18 de mayo 1971).
Se han propuesto diversas interpretaciones sobre las intenciones de Artola en esta
situación. Algunos dicen que él, deliberadamente, demoró el primer intento de desalojar
a los invasores, convirtiendo el desalojo en una tarea más difícil. Asimismo, podría
especularse con la idea de que tenía la esperanza de aumentar su importancia en el
gobierno, cuando finalmente tuviera éxito en desalojarlos o que, dramáticamente,
decidiera no hacerlo, convirtiéndose con ello en un héroe para los pobladores. Es difícil
decidir cuál de estas versiones es cierta, si alguna lo fue. En cualquier caso, Artola fue
sacado del escenario; terminando así sus espectaculares visitas a los PP.JJ.
La invasión de Pamplona representó un serio desafío a la política del gobierno
destinada a impedir que la gente obtuviese tierras mediante la simple ocupación de ellas,
y el gobierno procuró enfatizar que las invasiones no eran un medio legítimo de
adquirirlas. Se anunció que "el gobierno no expropiaría esas tierras para legalizar los
actos de los agitadores" (Ibid. 15 de mayo 1971: 14), refiriéndose, quizás, a una ley del
año 1969 que ampliaba las facultades del gobierno para expropiar tierras destinadas a
proyectos de vivienda de interés social. Además, se declaró que "el gobierno es
revolucionario pero es respetuoso de la ley y no cree que la gente ignore los medios
adecuados para adquirir tierras" (Ibid.).

SINAMOS y la estrategia de incorporación

Aunque la invasión de Pamplona representaba, en sí misma, una seria crisis para
el gobierno, en la primera mitad de 1971 se produjeron también otras crisis,
especialmente una serie de huelgas que trajeron consigo un considerable desqui-
ciamiento económico y político. Hubo violentos estallidos en las cooperativas azu-
116 COLLIER

careras de la costa norte y numerosos paros laborales en las minas de la sierra central.
Las huelgas de los mineros redujeron sustancialmente las exportaciones de minerales,
perjudicando con ello la balanza de pagos del país y terminaron, por último, a fines de
marzo con el arresto de gran número de líderes sindicales (Latin America) 23 de abril
1971: 129-30, y 11 de junio 1971: 186).

La creación de SINAMOS

Todos estos acontecimientos pusieron de manifiesto que el gobierno necesitaba
aumentar su capacidad para el trato con los sectores sociales capaces de desplegar
acción política de masas. Para ayudar a satisfacer esta necesidad el gobierno creó
SINAMOS (Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social). Por haber asumido
la mayoría de los programas del gobierno en los PP.JJ., esta organización merece
especial atención en el presente análisis.
El D.L. 18896 del 22 de junio de 1971 que creaba SINAMOS, declaraba que esta
organización debía actuar como un nexo entre el gobierno y el pueblo, posibilitando que
la burocracia gubernamental respondiese mejor al público y apoyando a la población
para que expresase sus aspiraciones ante el gobierno (El Peruano) 24 de junio 1971: 5).
Este último objetivo sería logrado mediante la organización activa de la población para
crear nexos entre ésta y el gobierno y "orientando" la participación de la población
(Ibid., artículo 4c). Algo del lenguaje de esta ley recuerda al utilizado anteriormente por
ONDEPJOV con relación a los PP.JJ., especialmente el arto 5 a. que decía que
SINAMOS debería ayudar a aumentar la capacidad de la población para promover su
propio desarrollo, con la ayuda del gobierno.
Los PP.JJ. constituían solamente una de las esferas de la actividad del SINAMOS.
Además de absorber a ONDEPJOV, el SINAMOS tenía relación con las cooperativas,
la reforma agraria y también con muchas otras áreas. Sin embargo, al desarrollarse la
organización del SINAMOS se hizo evidente que los PP.JJ. ocupaban en ella una
posición de especial importancia. El SINAMOS estaba organizado por regiones
geográficas, que correspondían a grupos de departamentos. Sin embargo, había una
excepción a este patrón territorial. La X región del SINAMOS fue asignada
exclusivamente a los PP.JJ. geográficamente dispersos de Lima Metropolitana, a pesar
de que el resto de Lima Metropolitana correspondía a la 4ª Región11. De este modo, los
PP.JJ. recibieron una atención especial dentro de la estructura organizativa de
SINAMOS.
Esta posición especial de los PP.JJ., se hizo aún más evidente con la promul-
gación de la ley orgánica del SINAMOS, el D.L. 19352 del 4 de abril de 1972
(SINAMOS 1972a). En la introducción de esta ley se describía como su finalidad
el establecimiento de una economía básicamente auto-gestionaria, en donde los me-
dios de producción estuvieran ampliamente controlados por los mismos trabaja-
11
Las regiones del SINAMOS están descritas en la edición oficial de la Ley Orgánica del SINAMOS
(SINAMOS 1972a).
7 / Control político: Velasco 117

dores (Ibid.: 3). Obviamente, los PP.JJ. encajaban perfectamente en este modelo de
control. Mientras que en muchas áreas como las haciendas azucareras expropiadas en la
costa, el SINAMOS tenía que supervisar la transferencia del control, de los supervisores
del gobierno a las cooperativas locales, en cambio los PP.JJ. ya tenían una larga práctica
de auto-gestión, tanto en la tradición de iniciativa local para construir casas y servicios
comunales como en la práctica de elegir a los líderes de su comunidad12. Los PP.JJ.
tenían desde hacía tiempo las características organizativas que el gobierno trataba de
desarrollar en otros sectores sociales.

Control de la oposición política

Además del interés por la auto-gestión y la auto-ayuda, otro interés básico del
SINAMOS residía en controlar la oposición política. Las huelgas que ocurrieron en el
período previo a la creación del SINAMOS, y probablemente también la invasión de
Pamplona, contaron con apoyo de los partidos de oposición. El gobierno,
evidentemente, estaba interesado en limitar el poder de estos partidos y en competir con
ellos por el apoyo a nivel local. Aunque en algunas ocasiones se permitía ―porque
hubiera sido muy problemático impedirlo― que gente perteneciente a dichos partidos se
apoderase de las asociaciones locales, el propósito general del SINAMOS era llenar el
espacio político que había sido ―o podría haber sido― ocupado por estos partidos,
creando otras organizaciones en todos los sectores de la sociedad peruana.
El interés por el rol que la oposición política desempeña en los PP.JJ. fue muy
intenso. Las personas bien informadas acerca del criterio del gobierno en las primeras
etapas de la planificación de la política de PP.JJ., expresan que hubo gran preocupación
por su posible radicalización. Los intentos de los estudiantes universitarios radicales de
organizar políticamente a los PP.JJ. y el espectro de las guerrillas urbanas en otros
países latinoamericanos, otorgaban una amplia base a estos temores. Aparentemente, la
preocupación por la radicalización en los PP.JJ, fue expresada con frecuencia por los
miembros de las Fuerzas Armadas que integraban ONDEPJOV, dentro de las
discusiones acerca de la política a seguir por esa organización; y tanto en ONDEPJOV
como en los mismos PP.JJ., el rol del Servicio de Inteligencia del Ejército era
apreciable. Había una considerable vigilancia de las personas extrañas que entraban a
estas comunidades y, a veces, se impedía el ingreso de personas cuya filiación política
de izquierda era conocida. La sistemática organización de los PP.JJ. desde el nivel de
manzana, activamente promovida por ONDEPJOV, primero, y por el SINAMOS,
después, facilitaba el control político.
El programa del SINAMOS en los PP.JJ. estaba coordinado con las Fuerzas
Armadas de tal manera que acentuaba aún más el control político. Se ha señalado
ya que las Fuerzas Armadas habían tenido una intervención directa, desde el co-

12 Un comentario sobre la democracia local en las barriadas puede encontrarse en Mangin (1976b: 25).
118 COLLIER

mienzo del período de Velasco, a través de su programa de nivelación de calles. La ley
orgánica del SINAMOS reafirmó explícitamente el rol de las Fuerzas Armadas en los
proyectos de los PP.JJ.13 Los nexos entre las FF.AA. y el SINAMOS, sin embargo, iban
mucho más allá. El SINAMOS usaba el sistema de radiocomunicaciones del ejército
para efectuar gran parte de sus actividades, lo que le permitía una comunicación
instantánea con todos los PP.JJ. que rodean a Lima. Tres de los cinco generales que eran
jefes de las regiones militares del Perú (unidades básicas de división territorial de la
estructura de comando de las FF.AA.), eran asimismo jefes de las correspondientes
regiones del SINAMOS14. En particular, el Comandante de la Región Militar de Lima
también era jefe de la 10ª Región del SINAMOS, la que se ocupaba de los PP.JJ. de
Lima. Es digno de señalarse que este jefe tenía a su cargo la región que incluía
exclusivamente a los PP.JJ. y no la que incluía a todo el departamento.
Sin exagerar la importancia de los vínculos entre la estructura formal del ejército y
la organización del SINAMOS, es evidente que estaban relacionados con la
preocupación del gobierno por la posible radicalización política de los PP.JJ. Si un
movimiento de guerrilla urbana se hubiera desarrollado en ellos, el SINAMOS y el
ejército habrían estado en las condiciones necesarias para actuar rápidamente.
Las relaciones del SINAMOS con los líderes locales también constituían un canal
de control potencial. El SINAMOS no impedía que miembros de los partidos políticos
fueran elegidos dirigentes, pero no les permitía actuar para su partido desde ese puesto.
Los únicos requisitos formales para ser dirigente eran: vivir en el P.J., tener por lo
menos 18 años y saber leer y escribir, tener una ocupación conocida, y observar "buena
conducta", es decir, no poseer antecedentes policiales (SINAMOS 1972b: 3). Tener una
ocupación conocida no significaba que un dirigente fuese excluido si estaba
provisionalmente desocupado, sino que debía tener, en algún momento, un empleo
estable. Este requisito, junto con el de la residencia, tenía por objeto excluir a los
organizadores políticos profesionales. El SINAMOS mantenía un archivo central de los
records de todos los dirigentes15 y llegó a establecer un grado sustancial de control sobre
la vida política de los PP.JJ., debido a que dificultó la formación de organizaciones
políticas estudiantiles, canalizó los programas privados a través de la estructura de
liderazgo existente, y mantuvo un control estricto sobre los dirigentes.

Apoyo popular

Otra consecuencia importante de la creación del SINAMOS fue la concentra-
ción en una sola institución de los programas del gobierno en los PP.JJ. y de los

13
Ver, Título Cinco, Disposiciones complementarias, Nº. 6. Alfred Stepan me dio a conocer este
interesante documento.
14
Ver, Actualidad Militar 11 Nº 171 (enero de 1972), p. 30, y la edición oficial de 1972, de la Ley
Orgánica, pp. 33-34.
15
De una comunicación personal con Alfred Stepan.
7 / Control político: Velasco 119

intentos para movilizar el apoyo popular. Anteriormente, estos aspectos habían estado
divididos entre ONDEPJOV y Artola. El SINAMOS organizaba grandes manifesta-
ciones de pobladores, como la manifestación de Chimbote, el 29 de julio de 1972, al día
siguiente de la fecha en que se conmemora la Independencia nacional, a la que
asistieron, según un boletín del SINAMOS, 120,000 personas (SINAMOS Informa, Año
1, Nº 1: 20). Las publicaciones del SINAMOS sobre Villa El Salvador, estaban
igualmente enfocadas hacia el apoyo popular. Un artículo sobre este P.J., publicado en
Sinamos Informa) boletín de noticias editado por el SINAMOS, incluía ocho fotografías
de pobladores de Villa El Salvador participando en entusiastas manifestaciones,
agitando banderas peruanas y pancartas con lemas de apoyo al gobierno (SINAMOS
Informa, Año 1, Nº 2: 29-32). Regularmente, el SINAMOS organizaba a los pobladores
de los PP.JJ. para hacer manifestaciones en las fiestas nacionales y en otras ocasiones,
siguiendo de esta manera el precedente sentado por Odría.
El presidente Velasco estableció una estrecha relación con Villa El Salvador, y
tanto él como su esposa visitaron muchas veces este P.J.16 Esto lo alejaba de su práctica
inicial de no identificarse personalmente con los PP.JJ. Así, Velasco ―como antes
Odría y Beltrán― tuvo finalmente "su propia barriada" y su propia base de apoyo
popular.
Existía una significativa divergencia entre la realidad de las manifestaciones
políticas organizadas por el SINAMOS y los objetivos oficialmente declarados por este
organismo, de apoyar la "movilización". La ley que creó al SINAMOS establecía que
uno de sus propósitos era crear el diálogo entre el pueblo y el gobierno y estimular la
participación del pueblo en las decisiones básicas (Decreto Ley 18896, art. 5c). La
propaganda relacionada con estas manifestaciones sostenía que ellas cumplían con estos
propósitos. En varias ocasiones, los pobladores, o los miembros de otros grupos
asistentes a estas manifestaciones, fueron llevados al estrado para manifestar sus
pedidos. En la propaganda, esto era considerado como "diálogo"17. De un modo similar,
respecto a la manifestación de Chimbote, en julio de 1972, las publicaciones del
SINAMOS afirmaban que las manifestaciones de este tipo eran "la consecuencia de una
política coherente que intenta fomentar la participación de la ciudadanía en las tareas
del desarrollo y el progreso" (SINAMOS Informa, Año 1, Nº 1: 14). La interpretación
del SINAMOS en lo que atañe al significado de estas manifestaciones también se
reflejaba en el gran cartel que estaba colgado detrás del estrado en la manifestación de
Chimbote en donde se leía "Tu presencia es Revolución" (Ibid.: carátula).
Estas manifestaciones podían reflejar un considerable apoyo al gobierno. Sin
embargo, la presencia de masas en esta clase de diálogo, participación y "revo-
lución" no entrañaba el ejercicio del poder político. El énfasis sobre este tipo
de participación simbólica representa el dilema básico de los gobiernos militares

16
Comunicación personal de Alfred Stepan.
17
Ver, por ejemplo SINAMOS Informa, Año 1, Nº 2, p. 32 y Expreso 1 de octubre de 1972, p. 1 (Este
último con referencia a la visita de Velasco a la selva).
120 COLLIER

―aun los reformistas o radicales―, con respecto al rol de la participación de las masas.
La solución típica a este dilema ha sido muy bien resumida por Stepan, quien afirma
que
"con respecto a la participación: la voluntad de control de los militares
radicales, estaría en conflicto con las campañas electorales libres y demo-
cráticas, pero sería congruente con el estilo de política militar plebiscitario y
populista. En cuanto a la movilización, la preferencia de los militares
radicales por el orden y la unidad los haría [. . .] estar favorablemente
dispuestos hacia los desfiles de masas" (Stepan 1971: 270).
De ahí que, a pesar de que las políticas de este gobierno diferían de aquellas del
período de Odría, había una marcada continuidad en la preocupación por este uso
plebiscitario del apoyo popular en los PP.JJ.
Sin embargo, al mismo tiempo la participación que el SINAMOS promovía en los
PP.JJ., sí afectaba la toma de decisiones a nivel local. Las asociaciones locales eran
democráticas y, dentro de las limitaciones impuestas sobre la actividad política local, los
pobladores ejercitaban su facultad de elección en las decisiones con respecto a los
programas locales de desarrollo. En gran medida, fue en razón de sus grandes esfuerzos
para desarrollar esta participación a nivel local y de los impresionantes resultados que se
logró en varias zonas mediante estos esfuerzos, que el programa del gobierno de
Velasco se diferenció notablemente del que impulsó Odría.
En resumen: a pesar de los cambios en la política de PP.JJ. que derivaron de la
invasión de Pamplona y de otras crisis de participación de masas que ocurrieron casi al
mismo tiempo, es evidente que los dos objetivos básicos de la política (promover el
desarrollo basado en la auto-ayuda y ganar apoyo político) no sufrieron variaciones. No
obstante, mientras que anteriormente estos objetivos eran perseguidos independiente-
mente por ONDEPJOV y Artola, luego, como consecuencia de las crisis políticas,
fueron reunidos en el SINAMOS, de manera tal que se fortaleció un tercer elemento: la
capacidad de control político. Aunque la preocupación por este tipo de control estuvo
presente desde el principio, se acentuó debido a las crisis de 1971. Este es un ejemplo
más de la manera en que las crisis de participación de masas han producido una
reestructuración de los mecanismos de control político en el Perú.

Política de PP.JJ. después de la invasión de Pamplona

Después de la invasión de Pamplona no sólo se cristalizó una estrategia de
incorporación, sino también los siguientes aspectos de política de PP.JJ.: la política de
desarrollo, la política sobre la ley y la propiedad, y la relación entre la urbanización y la
política de pueblos jóvenes.

Política de desarrollo en los pueblos jóvenes
Después de la invasión de Pamplona, los programas de desarrollo del go-
bierno se hicieron más extensos y notorios, aun cuando esto se debiese únicamen-
7 / Control político: Velasco 121

te a la escala masiva del programa para Villa El Salvador, el P.J. creado por el gobierno
para albergar a las familias que participaron en la invasión de Pamplona. El gobierno
intentó desarrollar este P.J. mediante la rápida instalación de servicios públicos y el
otorgamiento de títulos. Los pobladores podían construir sus propias casas o escoger
uno o varios de los modelos de casas pre-fabricadas ―hechas por el sector privado― en
exhibición en Villa El Salvador.
El objetivo a largo plazo del gobierno era convertir a Villa El Salvador en lo que
inicialmente se denominó una Ciudad Cooperativa y que en 1974 era señalada como la
primera Comunidad Urbana Autogestionaria del mundo. Villa El Salvador, que en 1974
tenía una población fluctuante entre 125,000 y 150,000 habitantes, estaba dividida en
cientos de comités locales, en donde trabajaban docenas de personas, expertas en los
métodos para formar cooperativas18. El objetivo era desarrollar una comunidad que se
interesase no solamente en las necesidades de la vivienda y los servicios públicos, sino
también en problemas básicos, como el del empleo. Un P.J. de tal dimensión albergaba
trabajadores de una gran variedad de ocupaciones, y el objetivo era agruparlos en una
cooperativa que pudiera vender mercaderías y servicios a la comunidad. Para facilitar
esto, se dejó libre una gran área de terreno cerca de la comunidad, a fin de proporcionar
espacio para el desarrollo de varios tipos de industria ligera. Durante el gobierno de Be-
laúnde, también se dejó libre un terreno cerca de una barriada auspiciada por el
gobierno, pero posteriormente esta área fue ocupada por nuevas barriadas. Un índice
importante de la efectividad del gobierno militar para prevenir las invasiones
incontroladas y para promover la auto-suficiencia económica de Villa El Salvador, lo
iba a constituir el éxito o el fracaso en conservar disponible esta reserva de terrenos para
el uso a que estaban destinados. La privilegiada posición de Villa El Salvador, entre los
programas de desarrollo del gobierno, quedaba demostrada en tanto fue la primera
comunidad de la Gran Lima en gozar de los servicios de un nuevo tipo de ómnibus
expresos de gran tamaño, introducido a mediados de 1974. Estos ómnibus facilitaron
enormemente el transporte hacia las áreas centrales de la ciudad y le dieron un prestigio
especial a Villa El Salvador.
Aunque el nivel y la escala de la actividad del gobierno era menor en otros
PP.JJ., el SINAMOS también trabajaba activamente en muchos otros campos,
promoviendo la formación de cooperativas de vivienda y la instalación de servicios.
ONDEPJOV y el SINAMOS crearon una sólida trama de organización comunal,
que fue un factor importante en algunos proyectos como, por ejemplo, la insta-
lación de agua potable, y que estaban basados parcialmente en el trabajo que apor-
taron los mismos pobladores. Cada familia tenía que contribuir con trabajo en estos
proyectos. Si una familia no lo hacía y además no aportaba la contribución finan-
ciera equivalente al valor estimado de ese trabajo, no recibía tampoco el servicio.
Para reunir el capital necesario para la instalación de servicios, se instituyó planes
18
Ver, en SINAMOS Informa, Año 1, Nº 2, los programas para esta barriada. La cifra de población fue
proporcionada por la oficina del SINAMOS para la zona que comprende Villa El Salvador.
122 COLLIER

de ahorro con la cooperación de bancos privados, en los cuales se acumulaban los
fondos. El SINAMOS enfatizaba que su función no consistía en satisfacer todas las
necesidades de los PP.JJ., sino más bien en coordinar los esfuerzos de los pobladores y
del sector privado para promover su desarrollo.

Aspecto legal
Otro punto importante, después de la invasión de Pamplona, fue el concerniente a
la preocupación del gobierno por el aspecto legal. Esto fue expresado en forma más
significativa en las políticas adoptadas con respecto a las nuevas invasiones y con
respecto a la legalización;
Nuevas invasiones. El patrón básico aplicado para hacer frente a la invasión de
Pamplona, se aplicó también a otras invasiones. Por ejemplo, en el caso de la pequeña
invasión de un sitio arqueológico en las afueras de Lima en 1972, las negociaciones
entre el SINAMOS y los invasores devinieron en un acuerdo que significaba el traslado
de éstos a unos terrenos al borde de un P.J. ya existente (La Prensa, 3 de junio 1972: 2).
Por otro lado, el gobierno no fue capaz de aplicar este patrón en el caso de cuatro
invasiones realizadas a orillas del río Rímac en octubre de 1972, planeadas para
coincidir con el cuarto aniversario del golpe militar de 196819. Aunque el SINAMOS
pudo trasladar dos de los grupos a otros sitios dentro de la misma zona, no fue capaz de
convencer a los invasores de trasladarse a Villa El Salvador. Incluso, los esfuerzos de la
policía para prevenir el crecimiento de estos PP.JJ., produjo alguna violencia (El
Comercio, 13 de noviembre 1973), y el gobierno no estuvo dispuesto a aplicar el grado
de violencia que habría sido necesario para desalojar a los invasores. Como respuesta al
fracaso en hacer frente a estas invasiones, el 26 de junio de 1973 el gobierno promulgó
el D.L. 20066, que establecía que toda vinculación con las invasiones sería castigada
hasta con dos años de prisión.. Esta pena podía aplicarse no sólo a los que participaban
en las invasiones, sino también a cualquier persona vinculada a la organización de las
mismas (The Peruvian Times, 6 de julio 1973). El SINAMOS también intentó sancionar
a los pobladores que se negaban a trasladarse a Villa El Salvador, demorando la
inscripción de lotes en su propio P.J., con lo que inhibía la inversión y los esfuerzos
para el auto-desarrollo.
Esta aparente firmeza con respecto a las invasiones no pudo disimular los
importantes fracasos y limitaciones de las políticas del gobierno. En realidad, el
número de invasores que ocuparon nuevos lotes al borde de los PP.JJ. ya esta-
blecidos, fue lo suficientemente alto como para neutralizar el efecto de la política
de control de las invasiones. Además, todos los desalojos que se efectuaron en Lima,
en los inicios del período de Velasco, ocurrieron en respuesta a invasiones de tierras
de propiedad privada. El grupo invasor inicial de Pamplona, en 1971, que ocu-
paba tierras públicas jamás fue desalojado. Las invasiones en las ciudades de
19
Durante la primera semana de octubre de 1972, se publicaban casi diariamente en La Prensa y El
Comercio artículos sobre estas invasiones.
7 / Control político: Velasco 123

provincia, señaladas anteriormente, y que devinieron en desalojos, también ocurrieron
en tierras de propiedad privada. En el capítulo 3, se ha señalado que la mayoría de los
gobiernos ha reaccionado firmemente ante las invasiones de tierras de propiedad
privada. Por ello, no debe suponerse de antemano que la reacción del gobierno de
Velasco haya sido distinta, porque podría ser que lo distinto fuera el esquema de las
invasiones.
¿Cómo podían explicarse estas invasiones de tierras de propiedad privada? Si las
invasiones eran planeadas por partidos de la oposición o por grupos estudiantiles,
podrían haber sido consideradas como parte de una estrategia para hostilizar al
gobierno, forzándolo una y otra vez a desalojar a los invasores y crear una impresión de
desorden, obviamente desagradable para el gobierno. Asimismo, estas invasiones
pueden ser consideradas como un mecanismo, mediante el cual los futuros pobladores
invadían tierras de propiedad privada, con el objeto de ser trasladados por el gobierno a
tierras públicas. Un último factor podía ser la creciente escasez de tierras del Estado,
situadas a una distancia razonable del centro de Lima. Al invadir tierras privadas, los
grupos invasores de octubre de 1972 obligaron al SINAMOS a ubicarlos en tierras
situadas a una distancia más conveniente del centro de la ciudad.
Legalización. El SINAMOS trabajó activamente en el otorgamiento de títulos de
propiedad y, en 1972, tenia en proceso decenas de miles de solicitudes de títulos. Se
otorgaron muchos más títulos entre 1970 y 1972, que durante toda la década del 6020.
Un aspecto interesante de este programa de legalización es el que concierne a los
requisitos señalados para solicitar títulos de un lote en un P.J. Uno de los documentos
que el SINAMOS exigía era un certificado de matrimonio civil21. Este requisito era
especialmente significativo, porque muchas parejas eran simplemente convivientes.
Aunque era posible presentar la solicitud sin ese certificado, la creencia de que éste
sería requerido, provocó una ola de matrimonios masivos en los PP.JJ.22. Para los
conservadores, que consideraban que las uniones en concubinato, generalizadas entre
los migrantes provenientes del campo y los indios de las áreas rurales, eran un signo de
atraso nacional, esas uniones recientemente legalizadas constituían, sin duda, una fuente
de gran satisfacción. Esta fue otra forma en que el gobierno extendió el imperio de la
ley en los PP.JJ.
El SINAMOS también trataba de obligar a los pobladores a ocupar los lotes
que ellos reclamaban como propietarios de facto, o a devolverlos, La necesidad
de hacer esto se originaba en el hecho que muchas familias consideraban a las in-
vasiones como oportunidades para especular con los terrenos, ocupando un lote

20
Comunicación personal de Alfred Stepan.
21
Esto estaba incluido en una lista mimeografiada de requisitos, que podía obtenerse en las oficinas
locales del SINAMOS. También se requerían otros documentos personales y certificados de nacimiento de los
menores de edad. Además, el solicitante debía vivir en el lote y tener un documento que acreditara que no
tenía ninguna propiedad.
22
Ver en La Prensa del 19 de diciembre de 1972, información sobre uno de estos matrimonios masivos.
124 COLLIER

en un P.J. cuando se iniciaba y construyendo allí una casa mínima pero sin habitarla.
Esto se hacía con la intención de mudarse a ella más tarde, o de alquilarla o venderla en
el futuro. La ley 13517 prohibía esto y las instituciones de vivienda trataron de
prevenirlo, generalmente sin éxito. En setiembre de 1972, el SINAMOS inició una
campaña para terminar con esta práctica (ver, La Prensa, 14 de setiembre 1972: 7).
Aunque naturalmente se enfrentó a muchas de las mismas dificultades que otras
instituciones habían encontrado para poner en vigencia este aspecto de la ley, el
SINAMOS actuó con una mayor habilidad para recuperar estos lotes desocupados,
debido a su gran capacidad para organizar los PP.JJ. Las organizaciones locales
cobraban las contribuciones de los pobladores para los proyectos comunales, y si los
lotes no estaban ocupados, se reducía el monto de las cantidades que podían cobrarse, y
el SINAMOS esperaba cooperación total de la labor de los dirigentes.

Nuevos pueblos jóvenes y política de urbanización

Tan significativo como la firme política adoptada con respecto a las invasiones, es
que ―sin contar a Villa El Salvador― el gobierno no utilizó las disposiciones de la ley
13517, que le permitían crear nuevas urbanizaciones populares. Este importante cambio
estableció una gran diferencia con el período de políticas de partido. Sin embargo, en
entrevistas sostenidas con funcionarios del SINAMOS se reveló que sí existían medios
legales para que una familia pudiese obtener un lote en un P.J. Esta "vía legal"
comprendía un programa en el que cualquier familia podía solicitar la compra de un lote
en un P.J. auspiciado por el gobierno. Sin embargo, por temor a una demanda masiva de
nuevos lotes, a este programa se le dio muy poca publicidad y por lo tanto sólo funcionó
en pequeña escala. En 1972, una forma común de obtener un lote era participar en una
invasión, para después ser trasladado a un P.J. auspiciado por el gobierno. De este modo
las invasiones continuaron siendo la principal forma de conseguir un lote. Además,
como se ha señalado anteriormente, muchas otras familias obtuvieron lotes instalándose
simplemente al borde de los PP.JJ. ya establecidos. Esto produjo un crecimiento
particularmente rápido de la población en la extensa zona al sur de Lima, cerca de Villa
El Salvador.
Dada su preocupación por ceñirse a la ley, es sorprendente que el gobierno ―al
trasladar a los invasores a nuevos sitios― tolerara y aun proporcionara incentivos para
este desordenado patrón de crecimiento. Las invasiones que ocurrieron guardaban una
clara relación con la prolongada escasez de vivienda económica en Lima. Aunque los
partidos de oposición o las personas dedicadas a la especulación de terrenos podrían
haber estado interesados en las invasiones, aun sin la existencia de dicha escasez, la
eliminación de ésta, incuestionablemente, habría suprimido una de las causas de estas
invasiones. El programa que garantizaba la entrega de lotes a cualquier familia que lo
solicitase habría podido aliviar la escasez, pero el gobierno se mostraba renuente a
desarrollarlo en la medida necesaria como para permitir que eso sucediera.
7 / Control político: Velasco 125

La razón de esta renuencia radicaba en la estrategia general de desarrollo del
gobierno. Con las medidas para desarrollar otras regiones de la costa, una amplia
reforma agraria y los programas para desarrollar la selva, el gobierno esperaba detener
el torrente de migración hacia Lima. En este sentido, su orientación era semejante a la
de Belaúnde23. Un programa masivo de ofrecimiento de terrenos en los PP.JJ. habría
hecho que la vida en Lima fuera más fácil para los nuevos migrantes; pero como esto
habría sido un nuevo estímulo para la migración hacia la capital, para detenerla, el
gobierno tan sólo toleró las continuas invasiones en Lima.
Esta preocupación por la descentralización se reflejó, también, en la política
adoptada con respecto a las invasiones en provincias. Pese a que hubo desalojos24, la
reacción hacia las invasiones fue menos dura fuera de Lima. Parece que hubo una
deliberada estrategia para restringir las invasiones en Lima y dejar que ellas ocurrieran
más libremente en las ciudades de provincias. Esto tenía el propósito de desalentar la
migración hacia Lima y fomentar en cambio la concentración de migrantes en los
centros poblados secundarios25. Una vez más, la preocupación por la legalidad ocupó un
lugar secundario con respecto a la preocupación por disminuir la migración hacia Lima.
Aunque los esfuerzos para restringir dicha migración y la gran tolerancia mostrada
frente a las invasiones en provincias eran congruentes con una política de descentraliza-
ción, podría pensarse que el crecimiento masivo de Villa El Salvador borró cualquier
efecto positivo que hubiera podido derivar de estos otros aspectos de la política. Sin
embargo, en cierto importante sentido, éste no era el caso. Si se intentase caracterizar el
significado de Villa El Salvador en relación con las estrategias de desarrollo urbano, se
vería claramente que, más que un estímulo para el crecimiento de Lima, Villa El
Salvador fue un intento de formar una ciudad satélite. Las medidas adoptadas para pro-
porcionar empleos dentro de este P.J. tenían el propósito de hacerlo económicamente
autónomo. Las anteriores barriadas fueron primordialmente comunidades habitaciona-
les, aunque en ellas habían aparecido algunos negocios, especialmente pequeñas
tiendas. Contaban con Lima como su principal fuente de empleo y por lo tanto
aumentaron la demanda de empleo en Lima. El intento de desarrollar importantes
centros de trabajo en Villa El Salvador tenía la finalidad de descentralizar la demanda
de empleo. Por eso, la política seguida con Villa El Salvador fue más consecuente con
la estrategia de desarrollo general del gobierno.

23
Para mayores datos sobre los planes de desarrollo regional del gobierno, ver Robin (1973: 25ss).
24
Ver La Prensa, 2 de noviembre de 1969, p. 1 (Chimbote), 1 de junio de 1971 (Talara y Arequipa), y
25 de agosto de 1972 (Chiclayo).
25
Estas conclusiones y esta interpretación sobre la situación en las ciudades de provincia, fueron
proporcionadas por Alfred Stepan.
126 COLLIER

Reforma urbana

Una manera apropiada para caracterizar el período de Velasco, es examinar no
sólo las políticas que fueron adoptadas, sino también las que fueron descartadas. La
reforma urbana fue una importante alternativa ampliamente debatida en Lima durante el
gobierno de Velasco pero que, sin embargo, no fue adoptada. Desde la reforma urbana
cubana de 1960, los gobiernos reformistas latinoamericanos han contado con un modelo
para el fundamental reordenamiento de la propiedad privada urbana. La ley cubana
eliminó los alquileres, puso en manos del Estado la construcción de la vivienda, impuso
nuevas normas para la herencia de bienes raíces y dispuso que la futura expansión
urbana estuviera bajo un estricto control gubernamental (ver Acosta y Hardoy 1971:
capítulos 5 y 6).
Una edición de la ley cubana se publicó en Lima y circuló profusamente durante
los primeros años del gobierno de Velasco26. El apoyo a la reforma urbana provino del
izquierdismo: de la revista Oiga durante el primer año del gobierno de Velasco, cuando
dicha revista era más izquierdista que el gobierno; de los miembros más reformistas del
gobierno (tanto civiles como militares); y del Partido Demócrata Cristiano, que tenía
conexiones muy estrechas con el gobierno27. Las propuestas de Oiga y de los
demócrata-cristianos contemplaban la expropiación de las casas alquiladas; según una
versión, los alquileres ya pagados podrían ser considerados como parte de pago para la
compra y el gobierno cubriría la diferencia (Oiga, 9 de noviembre 1968: 13). Esto no
habría tenido que ser aplicado necesariamente a todas las casas alquiladas y Oiga
sugería que los pequeños propietarios, aquellos con sólo dos o tres propiedades
alquiladas, debían quedar exentos (Ibid.). La reforma también habría frenado la
especulación en las áreas de futura expansión urbana en la periferia de la ciudad
―factor importante en el costo de la vivienda―, mediante la expropiación de estas
áreas y mediante una planificación más cuidadosa del crecimiento urbano28.
En el mensaje del 28 de julio de 1969, el presidente Velasco descartó firme-
mente la posibilidad de una redistribución general de los bienes raíces urbanos, pero
estableció claramente que era inminente algún control sobre la especulación de te-
rrenos (Oficina Nacional de Información 1969: 13-14). Declaró que no habría refor-
ma urbana, “como inexacta e interesadamente se ha dicho en diversos círculos de
opinión" (en parte, un desmentido a Oiga), y que el gobierno no intentaba descono-
cer el derecho a la propiedad privada de la vivienda sino que, por el contrario,
lo defendería. En cambio, el gobierno estaba más interesado en resolver los proble-
mas de los PP.JJ. y de los tugurios del centro de la ciudad y en

26
La información sobre éste y varios de los puntos siguientes fue proporcionada por Sinesio López.
27
Ver por ejemplo Oiga, 8 de noviembre de 1968, p. 13; 30 de noviembre de 1968, p. 11; 21 de marzo
de 1969; 11 de abril de 1969; 12 de setiembre de 1969, p. 14; y 16 de noviembre de 1969. Ver también la
Declaración Política publicada por la Democracia Cristiana en Expreso, 15 de abril de 1973, p. 9.
28
Esto se menciona en la mayoría de las declaraciones sobre la reforma urbana citadas anteriormente.
7 / Control político: Velasco 127

eliminar la especulación de los terrenos. El presidente fue particularmente enérgico en
este último punto, declarando que
"todos sabemos que en el Perú se han amasado inmensas fortunas a través del
encarecimiento artificial de la tierra rústica [. . .]. Esta es una situación de
clamorosa injusticia que no puede continuar en el futuro" (Ibid.).
Naturalmente, el mensaje creó muchas expectativas acerca de las nuevas medidas
que se adoptarían con respecto a los PP.JJ., los tugurios y la especulación de los terre-
nos. Circularon interminables rumores sobre una nueva ley de PP.JJ. De acuerdo con
una versión, la ley atacaría el problema de los tugurios, ofreciéndoles nuevas tierras a
sus moradores, a fin de erradicar dichos tugurios (El Comercio, 3 de setiembre 1969: 3).
Según otra versión, la ley contemplaría la cesión de la propiedad cooperativa de los
PP.JJ. a sus habitantes, lo cual sería un paso previo a la propiedad individual de las
casas. Aparentemente, una ley basada en esta última idea fue redactada y circuló dentro
de los miembros del gobierno; pero jamás fue aprobada. Por ello, la política de PP.JJ.
continuó ejerciéndose de acuerdo a los términos de la ley 13517, revisada en el período
de Belaúnde.
Por otro lado, la ley 17803 referente a la especulación de los terrenos se aprobó
algo más de un mes después del mensaje de Velasco (Ibid., 5 de setiembre 1969: 4).
Esta ley establecía las bases para expropiar los terrenos que serían usados en viviendas
de interés social e incluía criterios bastante estrictos para determinar los precios de la
expropiación y la forma de pago a los propietarios. En general, la medida fue bien
recibida, con algunas quejas de los urbanizadores sobre los términos de la expropiación
(La Prensa, 19 de setiembre 1969: 63).
¿Por qué no se hizo la reforma urbana? El paralelo con la reforma agraria era
tentador. En las áreas rurales, las invasiones de tierras habían amenazado la estabilidad
del sistema y la tierra había sido redistribuida a fin de prevenir futuras invasiones. En
las áreas urbanas continuaban ocurriendo las invasiones de tierras y habría parecido
razonable prevenirlas mediante la redistribución de la propiedad urbana. Sin embargo,
había grandes diferencias. La redistribución en Lima podría entrar en conflicto con el
objetivo del gobierno de desviar la migración, mientras que la redistribución en las áreas
rurales, evidentemente, era consecuente con ese objetivo. Asimismo, en la sierra la
reforma agraria expropió las tierras a una clase tradicional de propietarios de haciendas
cuyo poder político ya estaba declinando. En las áreas urbanas, el sector privado
desempeñaba un rol importante en los planes de vivienda y quizás el gobierno no
deseaba desmoralizar a este sector llevando a cabo grandes expropiaciones. También
pueden haber influido otros factores, como el hecho de que el gobierno no quería retraer
la inversión privada con una ley amenazadora y también el que algunos militares de alto
rango poseían un número significativo de propiedades urbanas. A pesar de todas estas
razones, que hacían pensar que la reforma urbana era improbable, ésta continuó siendo
discutida en Lima y, por lo menos hasta mediados de 1974, había quienes pensaban que
todavía podía realizarse.
Respecto de la posibilidad de una legislación nueva, de amplio alcance para los
PP.JJ. y los tugurios, la propuesta de propiedad cooperativa fue considerada
128 COLLIER

en el gabinete y, en general, en todas partes, como una propuesta que socavaría el
principio de la propiedad privada. Por lo tanto, fue descartada. Pero, aparentemente, el
gobierno no estaba dispuesto a eliminarla de los PP.JJ., porque era una forma de
convertir en propietarios a los sectores populares urbanos, lo que frecuentemente había
sido considerado como una contribución a la estabilidad política. Las razones que
impidieron la reubicación masiva de los habitantes de los tugurios son menos claras. Si
las antiguas zonas de tugurios hubieran sido erradicadas, no existiría ninguna razón para
que esta medida estimulase la migración hacia Lima. Asimismo, esto habría ayudado a
reducir el número y la magnitud de las invasiones que ocurrían en Lima en ese
momento. Por otro lado, esto habría representado un ataque frontal al control privado de
la propiedad urbana. También habría obligado al gobierno a emprender la enorme tarea
de demoler los antiguos tugurios y de ayudar a las nuevas comunidades de la periferia
de la ciudad. Finalmente, en vista de los fracasos del período de Belaúnde, el gobierno
no estaba dispuesto a comprometerse en programas que no pudiese realizar. Este
programa, en especial, parecía requerir un compromiso que iba más allá de lo que el
gobierno consideraba conveniente.
Ubicando las políticas del período de Velasco dentro del contexto de las al-
ternativas que no han sido adoptadas, se puede enfocar mejor la estrategia de desarrollo
general del gobierno. Al evitar los tipos de compromisos contenidos en la ley 13517, el
gobierno descartó con respecto a la política de PP.JJ., lo que Anderson llama el enfoque
"democrático reformista", basado en compromisos amplios y en una mayor intervención
del sector público (Ch. Anderson 1967: 174ss). Al desechar la alternativa de un
reordenamiento básico de las relaciones de la propiedad urbana, desechó también ―con
respecto a la política de PP.JJ.―, lo que Anderson llama el enfoque "revolucionario",
que considera al sector moderno existente como un obstáculo para el desarrollo (Ibid.:
183ss). En cambio, la política que se adoptó para el desarrollo de los PP.JJ. queda
dentro del enfoque "convencional", basado en una combinación de la contribución del
sector privado existente y del potencial de auto-ayuda que existe dentro de los mismos
PP.JJ. (Ibid.: 163ss). En este sentido, y según las categorías de Anderson,' el gobierno
estaba lejos de ser revolucionario.

Comparaciones con otros gobiernos

La política de PP.JJ. adoptada por el gobierno de Velasco parecía estar guiada por
varias preocupaciones: el deseo de evitar compromisos que, por ser de gran alcance y
requerir grandes recursos, no podían ser llevados a cabo; el deseo de evitar programas
que fomentaran el crecimiento de Lima; el deseo de reconstruir la sociedad peruana
alrededor de unidades parcialmente autónomas que operarían sobre la base de la auto-
gestión; y el intento de promover un tipo especial de apoyo popular y participación
controlada de masas, que no estuviese relacionado con la formulación de exigencias
políticas, con excepción de las exigencias a nivel local, excluyendo así el papel
tradicional de los partidos políticos.
7 / Control político: Velasco 129

Aunque el gobierno tuvo que escoger en ocasiones entre estos objetivos ―como,
por ejemplo, al escoger entre el respeto por la ley y el control del crecimiento urbano―
en general éstos constituyeron la base de una política bastante coherente y firme.
Un examen de los precedentes de esta política revela una curiosa mezcla de las
políticas seguidas por el gobierno progresista anterior y por la derecha. El uso que había
hecho Odría: de los PP.JJ., como base de apoyo popular y como parte de su campaña
contra el Apra, fueron un anticipo de ciertas actividades del SINAMOS. El énfasis que
Beltrán imprimía a la auto-ayuda y al rol que cumplía el sector privado para resolver la
crisis habitacional fue reactualizado. Asimismo, se reflejó en el período de Velasco la
preocupación de Belaúnde por el impacto que ejercían los programas masivos de
barriadas sobre el crecimiento urbano.
Sin embargo, sería un error sostener que el gobierno simplemente puso en práctica
viejas políticas. Aunque muchos aspectos de sus políticas habían sido ensayadas durante
los gobiernos anteriores, la innovación consistía en reunirlos en una sola política.
Belaúnde intentó dirigir las prioridades de desarrollo hacia las zonas rurales pero, en el
proceso, descuidó totalmente a los PP.JJ. y fracasó en reprimir su veloz crecimiento, en
la década del 60. Por el contrario, el gobierno de Velasco intentó desviar la migración,
al mismo tiempo que ayudaba a los PP.JJ. Asimismo; parece que Odría mantuvo el
control político descuidando, en parte, la legalización, lo que significó un alto precio
para los habitantes de las barriadas. El gobierno de Velasco intentó controlar la vida
política de los PP.JJ., al mismo tiempo que otorgaba los títulos.
Esta diferencia entre los períodos de Odría y de Velasco merece especial atención.
Se ha sostenido en el capítulo 4 que Odría estableció una relación con los pobres basada
en una dependencia en la cual la informalidad de la política parecía acentuar el control
político. En cambio, el gobierno de Velasco confiaba en un sistema de control basado en
un intento de estructurar y penetrar sistemáticamente las organizaciones comunales de
los PP.JJ. Al canalizar todos los programas de ayuda, estatales y privados, mediante esta
estructura organizada, el SINAMOS intentó dominar la escena política, reduciendo
drásticamente el número de alternativas de acción política a que tenían acceso los
habitantes de los PP.JJ. El alto grado de asimetría de poder que existió durante Odría
todavía estaba presente aunque no la informalidad del sistema. Ciertamente, una de las
características más importantes de la organización montada por el SINAMOS era lo
uniforme y predecible de este sistema de control. En su conjunto, este sistema
representa un tercer tipo distinto de autoritarismo, que se ha reflejado en la política de
PP.JJ. en Lima.

Los cambios en las definiciones de beneficios y costos

Una forma apropiada de resumir las transformaciones de la política de PP.JJ.
ocurridas durante el gobierno de Velasco, es retomar la idea de la política "dis-
tributiva", presentada al final del capítulo 3. Se sugería ahí que la política su-
130 COLLIER

mamente informal que permitía la apropiación de la tierra, correspondía claramente a
una amplia gama de políticas gubernamentales que Lowi ha denominado "distributivas".
Una característica fundamental de estas políticas consiste en que son una especie de
campo de batalla donde no hay perdedores bien definidos. En el caso de la política de
PP.JJ. esto fue posible porque tanto los ricos como los pobres podían beneficiarse, y
porque la tierra, el bien que se adquiría como resultado de esta política., era fácilmente
divisible. Por lo tanto, era relativamente fácil ofrecer beneficios a todos los contendores
creando un juego político en el que parecía no haber perdedores.
Desde esta perspectiva, se puede sugerir que los cambios en la política de PP.JJ.
durante el gobierno de Velasco se efectuaron, en gran medida, a causa de un cambio en
el contexto político, que llevó al gobierno a la conclusión de que la formación de PP.JJ.
era más costosa de lo previsto y de que era un juego en donde sí había perdedores. Uno
de los aspectos de este cambio fue la inestabilidad rural en la sierra peruana, en la
década del 60, y la relación existente entre esta inestabilidad y la ambigüedad de la ley
de propiedad. Aparentemente, los militares advirtieron finalmente que este ambiguo
sistema había cobrado ya un alto precio al haber puesto en peligro la estabilidad del
sistema en las áreas rurales y al abrir la posibilidad de que sucediera lo mismo en las
áreas urbanas. Por lo tanto, el gobierno de Velasco intentó un reordenamiento de las
leyes de propiedad, tanto en las áreas rurales como en las urbanas.
A pesar que los militares temían la radicalización de los PP.JJ., este presunto
potencial radical no ha producido hasta ahora ninguna consecuencia política
significativa en Lima. La ruptura ocurrió en cambio en el campo. Según Hirschman,
podría sostenerse que este es un ejemplo en el que un problema que había sido
"descuidado" ―el reordenamiento de la tenencia de la tierra en Lima― fue tomado en
consideración, porque su solución fue, vista como un aspecto de la solución de un
problema "privilegiado": el problema del reordenamiento de la tenencia de la tierra en
las áreas rurales (Hirschman 1965: 301ss).
Otros cambios en el contexto político fueron también importantes. La idea de que
la formación de PP.JJ. imponía un alto costo, al fomentar la migración hacia Lima, ya
había influido en la política de los períodos anteriores. El espectro de las guerrillas
urbanas de otros países afectó también las consideraciones de los militares con respecto
al costo de la formación incontrolada de PP.JJ. en Lima. Otro cambio que afectó la
formación de PP.JJ. fue la menor disponibilidad de tierras a una distancia razonable del
centro de Lima. Aunque el mejoramiento de las carreteras pudiera haber significado que
las tierras distantes fueran más accesibles, o el desarrollo de Villa El Salvador como
ciudad satélite pudiera haber hecho que el problema de la cercanía a Lima resultara
menos importante, es evidente que la disminución de la disponibilidad de tierras tuvo
una gran influencia sobre la política. Obviamente, esto alteró una de las condiciones que
hacían factible la política anterior: el hecho que siempre hubiese más tierras disponibles
"más adelante en la carretera". La libre disponibilidad de la tierra, que caracte-
7 / Control político: Velasco 131

rizaba a la política anterior, fue claramente reducida por este cambio en el esquema de
disponibilidad de la tierra.
Estas variaciones de costos y beneficios relacionados con la formación de PP.JJ. y
la menor disponibilidad de tierras, produjo un viraje; de una política distributiva,
dispendiosa, se pasó a una política que intentó regular el uso de la tierra. Esta regulación
incluyó no solamente el intento de controlar la formación de PP.JJ., sino también la
dación de la ley 17803, que sentó las bases para impedir la especulación de la tierra. En
gran medida, este viraje fue el resultado del surgimiento de nuevos intereses: los
requisitos de una particular estrategia de desarrollo nacional y los supuestos requisitos
de la seguridad nacional, que durante el gobierno de Velasco se consideró que habían
sido puestos en peligro por la política anterior.
Esta forma de evolución ―de distributiva a regulativa― no es exclusiva de la
política peruana de PP.JJ. Un esquema similar de evolución ha sido observado por Lowi
en el caso de la política arancelaria de los Estados Unidos, explicándola en consonancia
con los cambios del amplio contexto donde se da esa política. Lowi sugiere que a
comienzos de este siglo, la política arancelaria de los Estados Unidos ―especialmente
con el arancel Smoot-Hawley de 1930― estuvo basada en "miles de oscuras decisiones
que simplemente se acumulaban hasta formar una política de protección [. . .]" (Lowi
1964: 695). El Congreso buscó apoyo "dando limitada protección (indulgencia) a
todos los intereses que fueran lo suficientemente fuertes como para ofrecer resistencia"
(Ibid.: 692). Esto significaba uña situación en la que
"un asunto de un billón de dólares (podía) ser desmembrado en muchos
millones de partidas de cinco y diez centavos, siendo posible manejar cual-
quiera de ellas sin tener en cuenta a las otras ... "(Ibid.).
Sin embargo, a principios de los años 30,
"los aranceles comenzaron a perder su capacidad de desmembración ilimitada,
porque sufrieron una lenta redefinición, desplazándose desde su significado
puramente doméstico hasta constituir un instrumento de política internacional.
En resumen, los aranceles ―especialmente después de la Segunda Guerra
Mundial y del supuesto liderazgo internacional de los EE.UU.― se
convirtieron en un recurso para regular la economía nacional, con propósitos
internacionales. Aquí el rasgo importante no es la parte internacional, sino el
aspecto regulador de la redefinición. Al efectuarse el proceso de redefinición,
ocurrieron también importantes cambios de rumbo en las relaciones de poder,
porque ya no era posible manejar cada partida aisladamente [. . .] Ciertos
elementos de la política distributiva permanecen [. . .] (porque) se intenta
siempre desmembrar las políticas con el objeto de ampliar la protección y de
evitar conflictos [. . .] Pero, a pesar de la persistencia de ciertos rasgos
distributivos, la verdadera naturaleza del arancel se presenta en la década del
60 como una política reguladora" (Ibid.: 699-701).
132 COLLIER

Así, tanto en la política arancelaria de los Estados Unidos como en la política de PP.JJ.
en el Perú, surgieron nuevos y más amplios intereses que no podían ser satisfechos con
el esquema distributivo anterior. En ambos casos, la variación de los conceptos de la
élite, acerca de los costos y beneficios relacionados con las áreas específicas de política,
fueron la fuerza principal que produjo los cambios.

Fin del período de Velasco

A fines del gobierno de Velasco se hizo cada vez más evidente que su política de
PP.JJ. había sido seriamente afectada por importantes fracasos ocurridos durante los dos
últimos años de su gobierno, el que concluyó en agosto de 197529. La política
consistente en frenar el crecimiento de los PP.JJ. no tuvo éxito. Ni Villa El Salvador, ni
el recurso a la vía legal pudieron aliviar la presión ejercida para obtener nuevos lotes y
se produjo un crecimiento excepcionalmente rápido, al ser ocupadas las tierras aledañas
a los PP.JJ. ya establecidos, por decenas de miles de nuevos invasores.
El SINAMOS fracasó asimismo en lograr otros importantes objetivos. Al carecer
de personal experimentado, no pudo continuar los proyectos que había ayudado a poner
en marcha y quizás se preocupó demasiado en utilizar su acceso a la población de los
PP.JJ. como un medio de movilización de apoyo político, en lugar de ayudarlos en
forma efectiva. Por todo esto, el SINAMOS se ganó el antagonismo de gran cantidad de
pobladores. Aunque el desarrollo físico de muchos PP.JJ. era impresionante
―incluyendo Villa El Salvador y otros en donde el otorgamiento de títulos había
avanzado rápidamente― estos otros fracasos deterioraron la posición del SINAMOS.
Cuando se intentó retirar el apoyo al desarrollo de los PP.JJ. constituidos por las
invasiones de octubre de 1972 y ejercer una velada represión al paralizar las
lotizaciones previstas, sus pobladores contraatacaron convirtiéndose en activos
antagonistas del SINAMOS y llegando hasta a incendiar el local central destinado a la
zona de Lima. Disminuyó la confianza en la habilidad del SINAMOS para mantener un
efectivo control político mediante la red de organización que había establecido y
aumentó la confianza en la intervención directa de la política. Aunque desde los inicios
del gobierno de Velasco de alguna manera la Policía de Investigaciones (PIP) había
estado presente en los pueblos jóvenes, después de la invasión de Pamplona se advirtió
un notable incremento de la vigilancia policial.
Estos fracasos de la política de PP.JJ. no reducen, por supuesto, la impor-
tancia del período de Velasco, desde la perspectiva del presente análisis. El ob-
jeto de este libro ha sido evaluar los variados enfoques de la política de barriadas,
surgidos de una serie de distintas crisis políticas, y el examen del período de Ve-

29
Este comentario está basado en las informaciones recogidas durante una breve visita a Lima, en
agosto de 1975. Henry Dietz compartió gentilmente conmigo sus apreciaciones basadas en su reciente visita,
las que confirmaron y completaron mis principales conclusiones.
7 / Control político: Velasco 133

lasco ha hecho posible ampliar en grado considerable esta evaluación. Estos últimos
sucesos, sin embargo, son una útil advertencia respecto de la importancia del fracaso de
las políticas de los regímenes autoritarios. Debido a que frecuentemente estos regímenes
llegan al poder como respuesta a los fracasos de las políticas de los regímenes
democráticos, a veces resulta demasiado fácil pasar por alto el grado en que ellos
mismos son vulnerables a estos fracasos. Aunque analíticamente es conveniente
clasificar a estos regímenes como autoritarios, debe recordarse que en muchas áreas
políticas resultan dramáticamente incapaces de ejercer su autoridad.
8
El cambio político desde un
punto de vista comparativo

ESTE LIBRO comenzó con una sencilla pregunta: ¿cómo es posible que en un país, como
el Perú, tan oligárquico hasta hace poco, haya podido darse un crecimiento tan grande
de barriadas, o pueblos jóvenes, alrededor de la capital de la República? Contrariamente
a las suposiciones o conclusiones de muchas investigaciones anteriores, es evidente que
el crecimiento de estas comunidades en Lima ha sido, en parte, el resultado del apoyo
―a veces encubierto, a veces manifiesto― del Estado peruano y de la élite peruana.
Este apoyo se ha extendido por una serie de razones. Ha servido como una forma
poco costosa de ayuda a los sectores urbanos populares, como un medio de facilitar el
desalojo de los tugurios del centro de la ciudad y como un instrumento para obtener
apoyo político. La política de barriadas también ha estado vinculada a la política de
urbanización, la reforma agraria y la protección a la propiedad. Debido a que la
formación de barriadas parece fomentar la urbanización, ha habido una relación inversa
entre el interés de cada gobierno en limitar la urbanización y el aliento a la formación de
barriadas. Debido a que la urbanización parece servir como válvula de escape en las
áreas rurales ―haciendo, quizás, más fácil posponer cambios en dichas áreas, tales
como la reforma agraria ha habido una relación inversa entre el grado de compromiso
de cada gobierno con la reforma agraria y su buena voluntad para promover la
formación de barriadas. Debido a que la formación de estos agrupamientos es una clara
manifestación de la ambigüedad del sistema legal peruano de propiedad, los gobiernos
interesados en dar fin a estas ambigüedades y a la falta de respeto a la ley, han tratado
de desalentar la formación de barriadas y de promover activamente la legalización de
las ya existentes.
Finalmente, la política seguida con respecto a la formación de barriadas y a su
subsiguiente desarrollo, ha sido deliberadamente utilizada para influir y controlar la
expresión política en esas comunidades. Por lo tanto, el análisis de dicha política
proporciona una oportunidad para estudiar la evolución de las formas empleadas en el
Perú para limitar el pluralismo político. Asimismo, constituye una oportunidad para
examinar el surgimiento de distintos sub-tipos de autoritarismo y la relación existente
entre estos sub-tipos y el proceso general de modernización dependiente.
8 / Perspectiva del cambio político 135

Política de barriadas y autoritarismo

Con el fin de enfocar esta relación entre la modernización económica y social y el
surgimiento de distintos sub-tipos de autoritarismo, a estas alturas es conveniente
revisar las conclusiones relacionadas con una serie de puntos interconectados, plantea-
dos en el primer capítulo. En primer lugar, la relación entre el proceso de moderniza-
ción, el surgimiento de nuevos grupos políticos, las crisis políticas, las coaliciones
políticas y los cambios de políticas gubernamentales. En segundo lugar las formas
empleadas para limitar el pluralismo y los sub-tipos de poder autoritarios. Y, finalmen-
te; los cambios en los tipos de control político y en la autonomía de la esfera política.

Modernización dependiente, grupos políticos, crisis,
coaliciones y cambios de orientaciones políticas

Una tesis básica de esta obra es que las fuerzas que originaron las variaciones de la
política de barriadas pueden, en última instancia, ser referidas a ciertas transformaciones
modernizantes fundamentales, ocurridas en la sociedad peruana en el presente siglo: el
surgimiento de una economía exportadora basada en el desarrollo de los enclaves; el
esquema de desplazamiento económico y social que ello produjo; y una serie de
cambios en la estructura social y ocupacional del Perú, tanto en las áreas rurales como
en las urbanas. Estos procesos de modernización dependiente favorecieron la aparición
de nuevos actores políticos: la élite exportadora, el partido Aprista y otros nuevos
partidos que tenían su base principal en las áreas urbanas. A su vez, el estancamiento y
las crisis políticas producidos por la interacción de estos nuevos grupos, ayudaron a
estimular importantes transformaciones en el seno de las Fuerzas Armadas al punto que,
a fines de la década del 60, la institución militar se había convertido en un nuevo tipo de
actor en la escena política peruana.
El creciente poder de estos nuevos grupos produjo el surgimiento de variados
intereses económicos y políticos, que influyeron en la política de barriadas. En un
comienzo, la necesidad de protegerse, frente a la élite exportadora y a los militares, en
vista de la crisis producida por el intento de incorporar el Apra al sistema electoral a
mediados de la década del 40 ―combinada con la ambición personal de Odría― dieron
lugar al golpe de este último y al comienzo del primer período de política de barriadas.
También puede señalarse que hubo una marcada continuidad entre la forma de las
relaciones élite-masa ―promovidas por la política de barriadas durante este período― y
la que era característica de las tradicionales haciendas semifeudales de la sierra peruana.
Como Odría tenía importantes vinculaciones con este sector tradicional, es posible que
las haciendas de la sierra hayan servido de modelo para la relación que él trató de
promover en las barriadas. Este esquema de relaciones élite-masa, tanto en las barriadas
como en toda la sociedad, representó una suerte de "línea de base", desde donde se
produjo posteriormente una clara evolución en ambas esferas.
136 COLLIER

En el segundo período (liberal) los intereses económicos de uno de los principales
grupos surgidos del proceso de modernización del Perú ―la élite exportadora y los
intereses comerciales urbanos― influyeron directamente en la política de barriadas. El
liberalismo clásico de este sector ―reflejado en su apoyo a la propiedad privada, a una
limitada importancia del rol jugado por el Estado en la sociedad y a las políticas
económicas del laíssez-faíre―, condujo directamente al particular enfoque adoptado
por Beltrán respecto a las barriadas.
El tercer período fue influido por un nuevo tipo de factor, surgido del proceso de
modernización: los partidos políticos. Se ha sostenido que los partidos son un tipo
distinto de organización política que, necesitando el apoyo electoral de las masas, se
inclinan a políticas gubernamentales orientadas hacia compromisos amplios y que son
totalmente diferentes de aquellas del período liberal. La naturaleza de estas claras
necesidades de los partidos se resume en la observación acerca del slogan "enseñar al
pobre a cuidar de sí mismo" ―que bien podría usarse para resumir el enfoque liberal―,
respecto de que no constituye un buen lema electoral en un país en donde el grueso de la
población es pobre.
Finalmente, de 1968 a 1975, la política fue delineada por un gobierno militar que
quiso resolver las crisis políticas de la década del 60, producidas en gran medida por el
estancamiento político y por el fracaso de las reformas del período de Belaúnde.
De lo expresado anteriormente; es evidente que las recurrentes crisis políticas son
una importante variable que interviene en el lapso que media entre la aparición de los
nuevos grupos económicos y políticos ―surgidos del proceso de modernización― y los
cambios de políticas gubernamentales. Las crisis políticas de la década del 40 motivaron
directamente a Odría para tomar el poder. Cuando las políticas de Odría comenzaron a
tomar direcciones que amenazaban los intereses de la oligarquía exportadora, Beltrán
introdujo su propio enfoque hacia las barriadas, con la intención que sirviera como
fuente de apoyo político en su batalla con Odría y como una alternativa para solucionar
la crisis de movilización política representada por el Apra. Las crisis de la década del 60
llevaron al poder a Velasco y tuvieron un rol importante en la formulación de la política
de barriadas. Finalmente, la invasión de Pamplona y las crisis de movilización de masas,
desde principios hasta mediados de 1971, fueron causantes de un importante viraje, si
no en el fondo, por lo menos en la forma en que la política se efectuó. De esta manera,
las crisis políticas han desempeñado un rol central, al influir en la política de barriadas.
No es de sorprender que las crisis políticas produzcan cambios de políticas gubernamen-
tales. Sin embargo, sólo recientemente se ha comenzado a tratar sistemáticamente tales
crisis, considerándolas como punto central del análisis político1.
Por cierto que este contexto de modernización ―además de las crisis y las

1
Ver, por ejemplo, Binder et al. 1971; Almond et al. 1973. Hace ya tiempo que la preocupación por
analizar las crisis políticas ha sido un tema central en la bibliografía marxista.
8 / Perspectiva del cambio político 137

variadas coaliciones políticas que surgieron de él― no es la única fuente para los
cambios de orientación política. Otra fuente de cambio puede encontrarse en la lógica
interna de las barriadas, en tanto área problemática. Se ha dicho que cuando el gobierno
peruano comenzó a alentar activamente la formación de barriadas, se puso en marcha
una "dinámica de aprendiz de brujo". Esto impidió que las barriadas ya establecidas
quedasen satisfechas con el otorgamiento de tierras a la manera informal de Odría, por
lo que se tuvo que echar mano a una amplia gama de formas de ayuda y de asistencia.
La gradual evolución de la política en aspectos tales como el otorgamiento de títulos, en
parte puede ser interpretada como resultado de la continua necesidad de descubrir
nuevas formas de ayuda a la población de las barriadas. Asimismo ha influido en esto el
comportamiento de los pobladores, habiendo adquirido un acento dramático reciente-
mente en la forma en que ocurrieron las invasiones durante el período de Velasco. Así,
el doble-juego entre invasores y oligarcas se ha planteado desde ambos lados y el
impacto que ha ejercido la política de barriadas, así como la reacción de los pobladores
hacia ella, ha sido asimismo un factor que ha influido en el subsiguiente cambio de
orientación política.

Limitación del pluralismo y sub-tipos de autoritarismo

Entre los múltiples aspectos de los cambios de orientación política realizados en
este contexto de modernización y de cambiantes coaliciones políticas, el más importante
desde el punto de vista de este análisis es el relacionado con los diferentes modos de
limitar el pluralismo, es decir, las diversas maneras de utilizar los recursos del Estado
para inhibir el surgimiento de grupos políticos y para controlar o canalizar sus
exigencias políticas. Estos diversos enfoques adquieren especial interés ya que pueden
servir como punto de partida para identificar diferentes sub-tipos de autoritarismo.
En el presente análisis se han señalado cuatro maneras diferentes de limitación del
pluralismo: el uso del paternalismo para fomentar la dependencia; el estímulo de la
auto-ayuda y la autonomía, con la intención de limitar las exigencias políticas y de
atomizar políticamente a la población de las barriadas; la represión directa; y el control
basado en estructuras jerárquicas, cuidadosamente montadas, que conectan a las
barriadas con el Estado. En tres de los períodos aquí considerados se ha observado
varias combinaciones de estos modos para limitar el pluralismo. En el período restante
(el de las políticas de partido), era evidente en la política de barriadas una clara
intención de dirigir las relaciones élite-masa, pero la limitación del pluralismo no
constituyó un elemento central de esta intención (ver cuadro 5).
Durante el gobierno de Odría, la política de barriadas fomentó una relación
paternalista, dependiente, informal y clientelista entre el Estado y los pobladores,
orientada hacia la caridad. Esto constituyó una técnica para la limitación del
pluralismo ya que fue parte de la campaña contra el Apra y porque, junto con la
abierta represión del partido aprista, intentó establecer un diferente patrón de
138 COLLIER

CUADRO 5
Intereses económicos y políticos y métodos para limitar el pluralismo

Periodo Intereses económicos y políticos Métodos para limitar el plura-
que influyen la política lismo: vínculo preferido entre
gubernamental las barriadas y el Estado
Odría Necesidades de la coalición anti- Paternalista, dependiente, in-
(1948-56) aprista, formada por la élite formal, orientado hacia la cari-
exportadora y los militares, para dad, clientelista.
dar diferentes formas a las rela-
ciones élite-masa; las haciendas
tradicionales como "modelo".
Prado ― Beltrán Intereses económicos de la oli- Autónomo; los programas del
(1956-60) garquía exportadora y de la élite gobierno sirven para fomentar
urbana comercial. la auto-ayuda.
Periodo de Intereses políticos de los par- Ausencia de una estrategia bien
políticas de tidos, para ganar apoyo electoral. definida para limitar el plura-
partido lismo; rol fundamental del Es-
(1961-68) tado; política de compromisos
formales; criterios objetivos so-
bre el destino específico de la
ayuda.

Velasco Intereses políticos de un nuevo Autónomo, en el sentido de es-
(1968-75) tipo de reformador militar tar orientado hacia la autoayuda,
(producida por el estancamiento pero con fuerte control político;
de los grupos anteriores); políticamente incorporado para
interesado en la seguridad in- llenar el espacio político; orde-
terna y en contrarrestar la polí- namiento cuidadoso de los
tica de compromisos amplios. vínculos verticales.

vínculos entre los sectores populares urbanos y el Estado, no basado en la movilización
de las masas.
En el período liberal, la política de barriadas se dirigió a fomentar la autonomía y
la auto-ayuda de los sectores populares y a reducir su dependencia del Estado. El
propósito era limitar el pluralismo creando para estos sectores un mundo basado en la
propiedad y la auto-ayuda, en donde aprenderían a resolver sus propios problemas,
serían menos propensos a formular exigencias al Estado y estarían alejados de los
planteamientos políticos radicales. Después de los exagerados compromisos del período
de políticas de partido, entre 1968 y 1975 se observó un retorno a la preocupación por la
auto-ayuda y por el fomento a la autonomía, que habían caracterizado al período liberal.
Al mismo tiempo, se intentó establecer una elaborada estructura jerárquica de control
político, que no tiene precedentes en los anteriores períodos.
8 / Perspectiva del cambio político 139

Se debe reiterar que este estudio se interesa ―a través de todos estos período―
en el enfoque de cada gobierno para limitar el pluralismo y en el vínculo que se deseaba
establecer entre los habitantes de las barriadas y el Estado. Es obvio que ha habido una
variación sustancial dado que el gobierno obtuvo éxito en realizar sus planes para
vincular a las barriadas con el Estado. Aquí, el interés principal no reside en el grado de
éxito obtenido, sino en la manera en que se intentó hacerlo. Es evidente, sin embargo,
que el grado de éxito obtenido por las anteriores políticas así como las especulaciones
sobre las causas de los anteriores fracasos, influyeron en el enfoque para limitar el
pluralismo, adoptado en cada período sucesivo.
En estos diferentes enfoques para limitar el pluralismo ―y por lo tanto, para el
autoritarismo― está involucrada la política hacia un solo estrato de la sociedad: un área
importante de los sectores populares de Lima. Sin embargo, la evidencia presentada en
los capítulos precedentes sugiere que esta área particular de política no varió
aisladamente, sino que coincidió con la política general adoptada en cada período con
respecto a las clases bajas en general. Si consideramos que el gobierno de Odría fue
caracterizado ampliamente por Payne como paternalista, así como el rol desempeñado
por su esposa, encontraremos las claves del tipo de relación que Odría trató de
promover entre el Estado y las barriadas y que fue, en términos generales, lo más
característico de su gobierno. El programa de Beltrán, concebido en torno a la casa
propia y la autosuficiencia, no estaba dirigido solamente a los invasores urbanos sino a
toda la población de bajos ingresos del Perú, tanto de las áreas urbanas como de las
rurales. En el período de Velasco, la activa promoción de organizaciones locales semi-
autónomas, vinculadas al Estado mediante una organización jerárquica cuidadosamente
controlada, no se manifestó solamente en los PP.JJ. sino en muchos sectores de la
sociedad peruana. Finalmente, el período de políticas de partido ―que no parecía
contener una estrategia deliberada para limitar el pluralismo― fue, asimismo, un
período de más libre competencia política y más altos niveles de movilización política
en otros sectores de la sociedad peruana, especialmente en los campesinos. Por ello,
aunque la política de barriadas constituye solamente una pequeña "muestra" respecto al
universo de las políticas oficiales que definen el tipo de relaciones de poder político que
caracteriza cada período, es evidente ―en lo que respecta a los períodos aquí
considerados―, que la política de barriadas ha reflejado en un grado sustancial el patrón
general adoptado con respecto a las clases bajas.

Control político y autonomía de la esfera política

Asimismo, las conclusiones de este estudio posibilitan ciertas observaciones
respecto de dos hipótesis que fueron discutidas en el primer capítulo y que conciernen a
la relación existente entre la modernización y el grado de coerción y amplitud del
control político, y el grado de autonomía de la esfera política. El período más reciente
―en cierto sentido, el más "avanzado"― parece contar con el control político más
fuerte, aunque éste no muestra una tendencia definida.
140 COLLIER

Después de éste, el período más coercitivo es el de Odría, debido a su fuerte re-
presión en contra del Apra. Los otros dos períodos fueron menos coercitivos. De este
modo, la conclusión a que se llega con respecto a la vinculación que existe entre la
modernización y la coerción, depende de la importancia que se dé al alto grado de
control del último período, en oposición a las fluctuaciones de los períodos intermedios.
Una 1ógica conclusión podría ser que, pese a que los niveles más altos de
modernización pueden ocasionar un agudo aumento de la coerción y de la intensidad del
control político, esta tendencia puede estar sujeta a retrocesos o modificaciones en los
períodos subsiguientes.
En lo que concierne a la autonomía de la esfera política respecto de los intereses de
clase, parece haber una tendencia más clara. En los dos primeros períodos, los intereses
de clase desempeñaron un rol crucial en la formulación de la política de barriadas. En el
primer período, el golpe de Odría fue apoyado en gran medida por la élite exportadora;
y aunque las políticas de su gobierno se alejaron posteriormente de los intereses de ese
grupo, su enfoque respecto a las barriadas reflejaba claramente uno de los objetivos que
él compartía con ese sector económico: el debilitamiento del Apra. Hubo también
algunas vinculaciones ―aunque mucho más indirectas― entre la élite de las haciendas
tradicionales de la sierra y las políticas de Odría. Se ha sostenido que el esquema
característico de las relaciones élite-masa de este sector, puede haber sido el modelo
para la actitud de Odría hacia las barriadas, y que su política respecto a esos agrupa-
mientos fomentó un patrón de urbanización que estaba de acuerdo con los intereses de
este sector tradicional. En el segundo período intervinieron, aún más directamente, los
intereses e ideologías de un sector económico: el sector de la élite exportadora y el de
los intereses comerciales urbanos.
En el tercer y cuarto períodos, preponderaron los intereses que podrían ser
llamados políticos más que económicos. El estilo de las estrategias del período de
políticas de partido respondió a las necesidades específicas de estos partidos, en tanto
organizaciones de tipo político. Esta conclusión respecto al rol de los partidos implica la
necesidad de llegar a un nivel de modernización lo suficientemente alto como para que
partidos más o menos bien institucionalizados puedan mantenerse, con cierta
autonomía, como organizaciones. Sin embargo, existen dos puntos que requieren
especial atención, respecto a esta conclusión. En primer lugar, en varios períodos de la
historia peruana ―principalmente entre 1945 y 1948― se advierte el predominio casi
manifiesto de un solo partido, si bien es cierto que lejos del grado de competencia
multipartidaria que surgió en los períodos de Prado y Belaúnde. En segundo lugar, uno
de los principales propósitos del gobierno de Velasco fue eliminar las políticas de
partido y la competencia partidaria que existieron en los años anteriores a su gobierno.
Por ello, no debe ser sobreestimada la tendencia de los partidos políticos altamente
organizados a desempeñar un rol mayor.
Las conclusiones respecto a la diferenciación de la esfera política en el cuarto
período son bastante más marcadas. En este período, la necesidad experimentada
por los militares ―como integrantes del Estado―, de protegerse como institución,
8 / Perspectiva del cambio político 141

ha desempeñado un rol fundamental en la formulación de todas las políticas, inclusive la
de barriadas, en una forma que no tiene precedente en los períodos anteriores. Aunque
la preocupación de los militares por protegerse como institución tuvo alguna
importancia en el golpe de Odría en 1948, existe una marcada diferencia en el grado de
preocupación de los militares, lo que los condujo a actuar como institución y de una
manera cohesiva. Una vez que llegó al poder, Odría procedió a gobernar de una manera
tan personalista que su período difícilmente puede ser considerado como un "gobierno
militar". En cambio, el período de Velasco fue uno de los más importantes ejemplos, en
la historia latinoamericana, de gobierno de los militares como institución. La conclusión
respecto a la evolución del rol de los militares podría representar un ejemplo de la
tendencia ―del Estado o de elementos del Estado― para actuar independientemente de
los intereses económicos señalados en el primer capítulo.

Perspectivas comparativas adicionales

Aunque el punto central de esta investigación ha sido analizar la trayectoria de los
cambios ocurridos dentro de un mismo contexto nacional, la introducción de algunas
comparaciones con otros países constituye una provechosa fuente, de donde se puede
extraer conclusiones suplementarias sobre la política de barriadas.

Relación de las barriadas con el sistema político nacional

Los distintos modelos de vinculación entre las barriadas y el Estado, surgidos en
los cuatro períodos considerados en este estudio, demuestran claramente que no hay una
relación necesariamente fija entre las barriadas y el sistema político nacional. Ni la
amenazadora imagen de las barriadas evocada al principio del primer capítulo, ni la
realidad de su manipulación ―que ha sido un tema importante de este libro― son
inevitables. Más bien, las consecuencias políticas de la existencia de las barriadas
dependen del contexto político2. Durante los períodos considerados en este estudio, ese
contexto se ha modificado mucho y, por consiguiente, se han modificado asimismo las
vinculaciones entre las barriadas y el sistema político.
Esta conclusión, referente a la importancia del contexto político, se sustenta

2
Al llegar a la conclusión que la relación entre las barriadas y el sistema político depende del contexto
político, estamos llegando a lo que Joan Nelson, más ampliamente, ha establecido con respecto a las
consecuencias políticas de la urbanización. Ella afirma que las orientaciones políticas de los migrantes de
clase baja, que llegan a la ciudad, están influidas por varios aspectos del contexto político. Una característica
crucial es la que se refiere a qué partidos, u otra clase de grupos políticos, llegan a los migrantes en forma más
efectiva. En Italia, la lealtad de los migrantes que llegan a la ciudad, fue ganada por un bien organizado
Partido Comunista, altamente sensible a sus necesidades y problemas, (Nelson 1969: 24-25 y 69-70). En el
Perú, por el contrario, fue la derecha política la que respondió en forma más efectiva a las necesidades de los
migrantes.
142 COLLIER

en las comparaciones con otros países, donde las diferencias en los contextos políticos
han producido casos, tanto de una mayor radicalización que la observable en las
barriadas del Perú, como casos de una aún mayor debilidad de sus pobladores con
relación al Estado. Este tipo de agrupamientos cumplió una función importante en la
movilización de la izquierda en Chile, antes de la elección de Allende, y el apoyo
otorgado por los partidos de izquierda a las invasiones fue un elemento decisivo en esta
movilización (ver Cleaves 1974: capítulo 8). Aunque ha habido alguna vinculación de la
izquierda con las barriadas en el Perú, y aunque también existe alguna evidencia de una
vinculación similar en México3, el caso chileno parece ser único en América Latina.
Esta condición se explica si se considera que hasta setiembre de 1973, Chile contaba
con la izquierda más poderosa y autónoma de cualquier país latinoamericano, con
excepción de Cuba.
En otros países, la vasta erradicación de las barriadas sugiere que éstas son más
impotentes en sus relaciones con el gobierno que sus similares en el Perú, donde la
erradicación ha sido sólo un rasgo ocasional de la política. Se puede encontrar ejemplos
de políticas sistemáticas de erradicación, en algunas épocas, en Brasil, Venezuela y
Argentina, así como que la erradicación es también un elemento importante de las
políticas de los países africanos y asiáticos (Leeds s/f; Ray 1969: 32; Nelson s/f.a; y
Cohen 1974). En la República Central Africana y en Costa de Marfil se ha llegado al
extremo de embarcar prácticamente a los migrantes en camiones y llevarlos de regreso
al campo4.
Dos factores que ayudan a explicar estas diferencias son el grado de movilización
política de las clases Populares y el grado de capacidad coercitiva del Estado. En Brasil,
Argentina y Venezuela, dentro de un contexto con un espectro de moderados a altos
grados de movilización de las clases populares, la erradicación es posible gracias sola-
mente a que la capacidad coercitiva del Estado es bastante grande. En Brasil y en Ar-
gentina ese grado de coerción estuvo asociado con la fase "burocrático-autoritaria" del
autoritarismo (O'Donnell 1973). En África, dentro de un contexto de gobiernos relativa-
mente débiles, la erradicación ha sido posible debido al bajo grado de movilización
política de las clases populares. En el Perú, el grado relativamente alto ―aunque
esporádico― de movilización de las clases populares, combinado con una moderada
capacidad coercitiva del Estado, ha hecho menos viables esas políticas más duras.
Estas comparaciones ayudan a evaluar la importancia de la variación que se refleja
en los cambios experimentados por las políticas de barriadas, consideradas en este
estudio. Aunque estos cambios han sido sustanciales, ciertas alternativas políticas y
ciertas formas de políticas de barriadas no han sido factibles en el Perú. Aunque
ocasionalmente se contempló la erradicación masiva no fue nunca posible, y la
radicalización, algunas veces temida, nunca ha parecido ser inminente. Así, de acuerdo
con esta amplia comparación, ciertos rasgos importantes de la experiencia de las
barriadas en el Perú han permanecido inalterables.
3
Susan Eckstein, comunicación personal.
4
Comunicación personal de Richard E. Stryker.
8 / Perspectiva del cambio político 143

Cambio político en regímenes autoritarios y democráticos

Este estudio se ha guiado atendiendo a una comparación implícita que se apoya en
la idea de que el cambio de las orientaciones políticas en los regímenes autoritarios tiene
ciertas características distintivas. Esta diferencia entre patrones de desarrollo autorita-
rios y democráticos no pretende constituir una aguda dicotomía con procesos de cambio
totalmente distintos en cada uno de los patrones. En los períodos cubiertos por este
estudio, el Perú experimentó una fase que fue, decididamente, más democrática. De un
modo semejante, la relación entre las crisis políticas y los diversos patrones de control
político ―importante característica de los sistemas autoritarios― también está presente
en los países democráticos, tal como lo ha demostrado una conocida investigación sobre
“la regulación de los pobres", en los Estados Unidos (Piven y Cloward 1971). La
diferencia entre los sistemas autoritarios y democráticos consiste, más bien, en que
ciertos patrones o tendencias aparecen más acentuados en cada tipo de sistema.
Esta combinación de semejanzas y diferencias surge claramente de las similitudes
y contrastes existentes entre los sucesivos patrones de las relaciones élite-masa,
reflejados en la política de barriadas del Perú, y en las principales etapas de las políticas
de bienestar social en algunos países del norte de Europa Occidental, que han seguido
una vía democrática hacia el desarrollo. Se ha sostenido que hay tres etapas principales
en la política de bienestar social de estos países5. Durante el período de formación y de
mercantilismo ―aproximadamente hasta fines del siglo XVIII― prevaleció el enfoque
paternalista, basado en teorías de “dependencia y protección" (Rimlinger 1971: 32-33).
En el período de industrialización y liberalismo ―aproximadamente en el siglo XIX―
el enfoque predominante fue el del laissez-faire, que propendía a que los pobres fuesen
responsables de sí mismos (Ibid.: capítulo 3). Había que enseñarles a tener confianza en
sí mismos y la única caridad permitida era aquella que ayudaba a los pobres a ayudarse
a sí mismos6. La tercera fase es la que cuenta con el gradual crecimiento del bienestar
social moderno, basado en amplios programas de ayuda estatal que proporcionan
beneficios debidamente legalizados y que no se basan en un concepto personalista o
caritativo de la relación entre el Estado y los pobres.
Hay una sorprendente semejanza entre las características generales ―como
también entre muchos de los detalles― de los patrones de las relaciones élite-masa
que caracterizaron cada una de estas tres etapas de la historia de la política de
bienestar social de esos países, y los tres primeros períodos de la política de ba-
rriadas en el Perú. No obstante, al mismo tiempo existen grandes diferencias.
Para el presente estudio, la diferencia más significativa es quizás la que se refiere
al lapso en que se han desarrollado los sucesivos patrones de las relaciones élite-
5
Para mayores datos sobre estas etapas .que se refieren principalmente a Inglaterra, Francia y también
los Estados Unidos, ver Rimlinger (1971: Capítulos 2 y 3 y Parte 2). Para un comentario semejante de estas
etapas ver Myrdal (1968: 152).
6
Ibid.: 38-40 y 48. Para mayor información sobre el enfoque victoriano con respecto a la caridad y la
auto-ayuda, ver, también, Nun (1969: 43).
144 COLLIER

masa. Las transiciones que tuvieron lugar en algunos países europeos en décadas o aun
en cientos de años, han ocurrido en el Perú en sólo unos cuantos años. Esta aceleración
de las etapas en la evolución de la política estatal, es análoga ―y, en, parte, conse-
cuencia de ella― a la tendencia que existe en América Latina hacia una yuxtaposición
de grupos políticos tradicionales y modernos, lo que ha originado que se caracterice a la
política latinoamericana como un "museo viviente" (Ch. Anderson 1967: 104).
Reconociendo que existen estas diferencias entre la experiencia europea y la
peruana, es apropiado preguntarse si ellas tienen, en realidad, importancia. Es evidente
que la tienen y que estas diferencias ayudan a explicar hasta qué punto las políticas
sostenidas han cumplido con su propósito, así como el surgimiento en el Perú de una
cuarta fase que no tiene parangón en la evolución de las políticas de bienestar social en
esos países europeos. La interrogante respecto de si las políticas han cumplido con su
propósito, es especialmente interesante en lo referente al período de políticas de partido.
En los países desarrollados de Europa, la legislación de bienestar social fue, en términos
generales, exitosa. En el Perú, en cambio, la ley 13517 comprometió al gobierno en
programas que no pudo llevar a cabo, contribuyendo así a la atmósfera de crisis e
inestabilidad de la década del 60. Mientras que en otro ambiente, los compromisos
políticos amplios y formales ayudaron a solucionar los problemas del momento y
acentuaron la legitimidad del Estado1, en el Perú, por el contrario, agravaron los
problemas del momento y llevaron al país a una nueva etapa autoritaria.
Evidentemente, las causas de estos fracasos son complejas y no sería propio
argumentar simplemente que el Perú no estaba "preparado" para la aplicación de una ley
como la 13517. Sin embargo, en alguna medida fue debido a los problemas presentados
por el "museo político" formado por diversos grupos, a la aceleración de las etapas y a
la simultánea confrontación de una gran variedad de tareas de desarrollo, que hubo
tantos fracasos políticos durante el gobierno de Belaúnde. En ese período, el Perú tuvo
que afrontar, simultáneamente, los problemas de la liquidación de las desigualdades e
injusticias inherentes a las haciendas tradicionales de la sierra, y los problemas de las
invasiones de tierras con que los campesinos pretendían poner fin a esas desigualdades;
tuvo que reconciliar el poder y las preferencias políticas de la élite exportadora, con el
deseo de modificar las relaciones del Perú con los inversionistas extranjeros, fomentar
la industria nacional y desarrollar un Estado más fuerte; y, finalmente, tuvo que sa-
tisfacer las exigencias de bienestar social de las masas, en un momento en que el Perú
era todavía un país relativamente pobre y subdesarrollado, con un Estado débil y una
burocracia ineficiente. Obviamente, esta confrontación simultánea de tal número de
problemas no es la única explicación para que se haya seguido en el Perú una vía
autoritaria de desarrollo; sin embargo, permitiría explicar parcialmen-

7
Para mayores datos ―con referencia a los Estados Unidos― acerca del significado del formalismo
de los compromisos de los programas de seguridad social, en términos de legitimidad política, ver Lowi
(1969: 223.26).
8 / Perspectiva del cambio político 145

te por qué esta tendencia autoritaria se cristalizó en la forma que se observó en la fase
final de la política de barriadas.

Conclusión: sincronización de los cambios políticos

Estas conclusiones que conciernen a los contrastes de las experiencias del
desarrollo, pueden servir de base para algunas observaciones acerca de la sincronización
del cambio político y del cambio de las políticas gubernamentales en el Perú.
La expansión de la modernización económica y social en el Tercer Mundo, ocurre
en gran medida a través de poderosas fuerzas de difusión, que consisten tanto en la libre
imitación en los países de estas regiones ―o por las sub-unidades contenidas dentro de
éstas― como por la imposición ejercida desde centros modernos más avanzados8. Tanto
las semejanzas como las diferencias de los esquemas de desarrollo pueden ser
entendidos en términos de difusión. Debido a la importancia de la difusión
internacional, no es de sorprender que la misma secuencia de ideales de bienestar y de
enfoques para la estructuración de la relación entre el Estado y los sectores populares
―que ha aparecido en los países del Atlántico Norte― haya surgido posteriormente, en
forma semejante, en un país como el Perú. Al mismo tiempo, esta difusión hace posible
que el Perú se desplace dentro de esa secuencia, en un lapso relativamente breve. Dado
que todas esas fases ya habían surgido en Europa mucho antes del primer período de la
política de barriadas considerado en este trabajo, todas ellas estaban disponibles como
modelo para el Perú, de manera que facilitó la aceleración de etapas, anteriormente
mencionadas 9.
Este patrón no sólo es característico para la política de barriadas del Perú.
También permite una conclusión más amplia si se considera que las fases más im-
portantes en la evolución del rol del Estado en la sociedad ―que en los países
más adelantados de Europa en cierto grado estaban separadas en períodos bien
definidos― en los países del Tercer Mundo a menudo aparecen simultáneamente
o en cercana sucesión (Organski 1965: 160). Por lo tanto, la adopción de nuevas
políticas a menudo puede ocurrir en un momento en que la capacidad del Estado

8
Para un ejemplo de intento de conceptuar la modernización en estos términos, y derivar y probar unas
hipótesis comparativas acerca de las consecuencias de la difusión sobre los procesos de modernización, ver
Collier (1975b: 331-59), y también Collier y Messick (1975).
En estos artículos se investiga y se cita un apreciable volumen de bibliografía referente a estos asuntos.
9
El punto principal, evidentemente, no consiste en que los diferentes modelos de políticas de barriadas
fueron difundidos hacia el Perú, sino que lo que debe entenderse en términos de difusión, es la aparición de
los enfoques básicos para vincular a la clase popular con el Estado, enfoques que provienen del liberalismo
clásico y del surgimiento de los sistemas de competencia de partidos.
146 COLLIER

para ponerlas en práctica sea mucho más limitada, produciéndose un tipo de fracaso que
es menos probable en los países donde esas formas fueron creadas10.
Dentro de América Latina, este fenómeno de cambios políticos "prematuros" se
advierte especialmente re1ievado en el Perú, como se ha señalado en el capítulo 1 al
hacer el análisis del surgimiento del Apra. Se ha dicho que dentro de un marco de
comparación con los otros países latinoamericanos, el patrón de modernización
dependiente debido a los enclaves, seguido por el Perú, produjo ―en un nivel bajo de
modernización― un partido político renovador y sumamente bien organizado, que
durante muchas décadas ha tenido una influencia decisiva tanto en los tipos de
regímenes políticos que han aparecido, como en la política de barriadas. De ahí que,
aunque muchos países latinoamericanos han estado expuestos a los dilemas que surgen
de la aceleración de las etapas del desarrollo y de los estancamientos políticos ―que
frecuentemente ocurren cuando grupos políticos sumamente variados, tanto
tradicionales como modernos, se yuxtaponen dentro del mismo sistema político― en el
Perú estas situaciones han sido especialmente marcadas.
Evidentemente, el argumento no es que el patrón de desarrollo seguido por los
primeros modernizadores fuese "natural" o "correcto" y que él modelo peruano deba ser
considerado como una distorsión de los modelos disponibles de modernización. Lo que
ocurre es que, debido a su difusión internacional, la modernización se produce de
diferentes maneras, en diferentes ambientes históricos, creando distintas oportunidades
y dilemas en cada ambiente. Así como existen importantes diferencias entre los
primeros y los más recientes modernizadores europeos así también difiere la experiencia
peruana, tanto de los primeros modernizadores europeos, como de los primeros
modernizadores latinoamericanos. Debe tenerse en cuenta la contrastante experiencia de
muchos diferentes contextos de modernización, si se quiere obtener una perspectiva
adecuada acerca de la abigarrada relación que ha surgido entre la modernización
económica y social y los cambios políticos.

10
Para mayores datos sobre esta consecuencia, con referencia a la seguridad social en América Latina,
ver Collier y Messick (1975).
Apéndice I

Origen de los datos

Al realizar mis investigaciones sobre las barriadas de Lima, tuve la suerte de poder contar
con un apreciable volumen de material impreso. Las investigaciones efectuadas a mediados
de la década del 50 por José Matos Mar, las de la Comisión para la Reforma Agraria y la
Vivienda, y las del Fondo Nacional de Salud y Bienestar Social, proporcionaron la primera
información digna de confianza sobre las características sociales y económicas de las
barriadas en el Perú. Trabajos más recientes habían sido realizados por el Centro de
Investigaciones Sociales por Muestreo del Ministerio de Trabajo del Perú, y numerosos
estudios hechos por peruanos se estaban finalizando en el momento en que yo efectuaba mi
trabajo en Lima. Asimismo, investigadores extranjeros habían contribuido en grado muy
considerable a una mejor comprensión del problema de las barriadas. Las investigaciones de
Turner y Mangin habían ampliado las primeras apreciaciones respecto a las oportunidades
para la auto-ayuda y el desarrollo comunal, y habían concitado la atención internacional
sobre el positivo rol que las barriadas cumplen en el desarrollo urbano. Las investigaciones
subsiguientes de Goldrich, Dietz, Powell, Manaster y otros, habían añadido otras importantes
apreciaciones referentes a las características políticas de estas comunidades.
Sin embargo, esta bibliografía era limitada en su análisis de los diferentes tipos de
formación de barriadas y de la evolución de la política del gobierno respecto de ellas. Se
consiguieron algunas descripciones de invasiones y otros tipos de formación que fueron
útiles. Pero no había suficientes datos sobre un gran número de casos de formación de
barriadas, que permitieran una evaluación adecuada de la importancia relativa de cada tipo.
Las anteriores investigaciones carecían asimismo de profundidad histórica; generalmente,
enfocaban la política de barriadas de fines de la década del 50 o del 60, y por lo tanto no
tomaban en cuenta los patrones tan diferentes que adoptó su desarrollo a fines de la década
del 40 e inicios de la del 50.
Esta investigación intenta remediar la falta de datos sobre la formación de barriadas y la
carencia de perspectiva histórica, mediante la obtención de nuevos y amplios datos sobre su
formación. Esto se ha logrado principalmente gracias a entrevistas con dirigentes actuales y
antiguos, quienes han estado vinculados con la formación de sus comunidades y que
conocían la historia de esa formación. Las entrevistas se realizaron a partir de un
cuestionario preparado por el autor, usando tanto preguntas cerradas como abiertas, para
descubrir en la forma más detallada posible cómo se formaron las barriadas. Las entrevistas
proporcionaron información detallada sobre el rol desempeñado por el gobierno y, con ello,
han hecho posible la reconstrucción de un importante aspecto de la historia de la política del
gobierno hacia las barriadas.
Las preguntas cubrían una serie de aspectos referentes a la forma en que se or-
ganizó el grupo fundador; sus razones para mudarse a una barriada; cómo selecciona-
ban el sitio; con qué ayuda habían contado al preparar la ocupación; a quién pertenecía
la tierra; cómo ocupaban el sitio; cuántas personas ocupaban el sitio; la reacción
del propietario y la policía; las negociaciones con las autoridades públicas acerca del desa-
lojo y de la intervención de la policía; la velocidad con que crecía la barriada y otras
148 Apéndice 1

preguntas semejantes: El cuestionario fue redactado en tal forma que si el entrevistado tenía
información sobre un intento anterior para ocupar el sitio, las mismas preguntas podían ser
repetidas para obtener información acerca de ese intento. También se incluía preguntas
referentes a las opiniones de los entrevistados acerca del desarrollo de la barriada.
Por lo general, los entrevistados mostraban una actitud cooperadora y se sentían
halagados porque se les preguntase acerca de lo que ellos, generalmente, consideraban un
período emocionante y heroico de sus vidas. Debido a que en la mayoría de los casos ya
habían dejado de ser dirigentes importantes de la comunidad, se sentían muy felices de tener
una oportunidad de narrar la historia inicial de la barriada en donde habían tenido un rol
importante.
Se emplearon muchos medios para verificar la calidad de las informaciones obtenidas
sobre la formación. El cuestionario, que fue aplicado en 72 barriadas, fue reaplicado en los
casos en que la información de la primera entrevista no parecía digna de confianza o en los
que la historia de la formación era especialmente interesante. Se extrajo información
adicional de publicaciones, archivos de los diarios, archivos de las oficinas gubernamentales
de vivienda y, asimismo, de entrevistas con funcionarios del gobierno que tenían una larga
experiencia en barriadas1. Además de asegurar una mayor exactitud en la tabulación de los
tipos de invasiones, esta información sirvió para confirmar ―a través de dos o tres fuentes,
por lo menos― casi la totalidad de los casos más importantes o más dramáticos de
formación de barriadas. Esta verificación múltiple era importante porque personas con
diferentes intereses que proteger o promover; a veces ofrecían diferentes versiones de lo
sucedido. Estos datos adicionales también proporcionaron información detallada sobre
muchos casos no incluidos en la encuesta de dirigentes de barriadas, especialmente los casos
de formación después de 1968. También aportó información, aunque algo menos completa,
sobre gran número de otros casos.

La muestra
La selección de las comunidades en donde se aplicó el cuestionario, fue delibera-
damente desviada hacia dos tipos: hacia las barriadas muy grandes y hacia las que
presumiblemente habían contado con apoyo político para su formación. Se enfatizaban los
casos en que se sospechaba ingerencias políticas porque, además de mostrar la proporción de
barriadas formadas con apoyo político, la investigación se proponía asimismo dar una idea,
lo más clara posible, de cuándo ocurre y en qué consiste ese apoyo. Evidentemente, esta
desviación se considera cuando se quiere obtener de la muestra las características del
universo. En la muestra también se registraba a las barriadas grandes, aquellas que contaban
con una población de 20,000 a 30,000 habitantes y que, en un caso, excedía los 100,000.
Obviamente, ellas son más importantes ―dado que contribuyen a solucionar la escasez de
vivienda en Lima― que las barriadas pequeñas que pueden albergar sólo a unos 100 ó 200
habitantes.
Para aplicar el cuestionario se usó el siguiente procedimiento: 1. 35 barriadas
fueron seleccionadas porque estaban representadas en la encuesta del Centro de In-
vestigaciones Sociales por Muestreo del Ministerio de Trabajo, ya mencionada en el
1
Publicaciones particularmente valiosas fueron: José Matos Mar, Estudio de las barriadas limeñas;
Fondo Nacional de Salud y Bienestar Social, Barriadas de Lima metropolitana, 1958·59; y Carlos Enrique
Paz Soldán, Lima y sus suburbios. Los archivos de la Oficina de Barrios Marginales de la Junta Nacional de la
Vivienda y el Archivo de Recortes de La Prensa fueron también valiosas fuentes de datos.
Origen de los datos 149

capítulo 2. En esta encuesta se usó una cuidadosa muestra probabilística, en varias etapas,
por conglomerados, en la que inicialmente todos los habitantes de la barriada tuvieron la
misma oportunidad de ser entrevistados. Por ello, la representatividad de cualquier barriada
en la muestra fue, exactamente proporcional a su tamaño. Debido, a esto, todas las grandes
barriadas están representadas en estas 35. De este modo, el uso de la muestra de la encuesta
del CISM proporcionó un adecuado criterio para seleccionar las comunidades que asegura-
ban la representación de las barriadas más grandes y, por ende, más importantes. La super-
posición de las muestras también permitió el análisis simultáneo de las datos provenientes de
das fuentes. 2. Muchas otras barriadas fueron seleccionadas porque se sospechaba que
podían tener especial interés, particularmente en casos en que otras fuentes de información
sugerían la existencia de algún apoyo político en su formación. 3. Otros casos se incluyeron,
además, a causa de su proximidad a las barriadas escogidas de acuerdo con el primer y
segundo criterios.
El análisis de los datos está basada en dos muestras: una muestra pequeña de 84 barria-
das, sabre las que se contaba con información detallada, y una muestra más grande que in-
cluía, además, 52 barriadas adicionales, sobre las que se obtuvo información menos detalla-
da. La información sobre las 52 casas adicionales en que no se aplicó el cuestionario, prove-
nía de los registros de la Oficina de Barrios Marginales de la Junta Nacional de la Vivienda
(JNV) y de datos compilados por el Plan Metropolitano de Lima. Pese a que la muestra pe-
queña representa sólo al 40.4% de las barriadas, incluye al 81.7% de la Población total de las
barriadas, debido al énfasis que impuso en la aplicación del cuestionario a las más grandes.
La muestra grande incluye el 65,4% de las barriadas y el 90.2% de los habitantes. Estos cál-
culos sobre el tamaño de la muestra y del universo, cubren el período que abarca hasta 1972.
Debe señalarse que dos barriadas que ya no existen están incluidas en la pequeña
muestra, así como también varios casos de intentos infructuosas de formación. En determi-
nados puntos se ha incluido en la tabulación 12 casos adicionales de intentos infructuosos de
ocupación de tierras en donde posteriormente se formó una barriada. Se decidió no incluir
estos 12 casos en la muestra pequeña o en la definición del universo, pues ello habría signifi-
cado computar dos veces las mismas tierras. De otro lado, en los casos de intentos infructuo-
sos de formación, en la muestra pequeña, las tierras nunca fueron ocupadas de modo que su
inclusión en la definición del universo no significa computar dos veces las mismas tierras.

El universo
Hay varias formas para definir el universo del que provienen estos casos. Una de
las más razonables es la que sostiene que el universo comprende 208 barriadas con una
población total de 841,075 habitantes, en 1972, excluyendo todos los casos conocidos
de formación por medio de alquiler ilegal o por compra (ver más adelante). El cálculo
del universo se deriva de los resultados del censo de barriadas de Lima de 1970, que
registró la existencia de 273 barriadas con una población de 761,755 habitantes (Oficina
Nacional de Desarrollo de Pueblos Jóvenes 1971b). Hubo que hacer varias modifica-
ciones a estas cifras. Primero, hubo 10 casos de formación o de intento de formación
entre 1970 y 1972. Segundo, se añadió 23 antiguas comunidades que son consideradas
como barriadas para los propósitos de esta investigación, pero que han sido excluidas
de las listas del gobierno. Esto incluye dos casos de barriadas que ya no existen. Ter-
cera, se excluyó a 45 comunidades formadas mediante alquiler ilegal y compra. Ellas
habían sido oficialmente reconocidas como barriadas, pero se habían formado mediante
alquiler ilegal o mediante la venta de terrenos a familias de bajos ingresos que habían
construido sus casas en ellas. Esas áreas tendían a ser subdivididas y subarrendadas,
150 Apéndice 1

siguiendo un patrón de desarrollo muy diferente al de las barriadas y por ello no se les
incluyó en el análisis. Debido a que estas comunidades son relativamente pequeñas, la
decisión de excluidas ha tenido poco efecto, en términos de población, sobre la definición
del universo. Como se ha indicado anteriormente, los 12 casos de invasiones infructuosas de
tierras que fueron ocupadas posteriormente no se tomaron en cuenta en la definición del
universo.
Esto nos deja un total de 261 barriadas. Un problema adicional con esta cifra consiste
en que incluye cierto número de pequeñas comunidades que habían sido estudiadas por una
oficina gubernamental de vivienda en una encuesta realizada en 1961 y que no habían sido
declaradas como barriadas, sobre la base de criterios muy parecidos a los usados en esta
investigación. Es imposible estimar la proporción exacta, pero se hizo un cálculo
aproximado sobre la base siguiente: además de las 136 barriadas de la muestra grande, fue
posible determinar que otras 21 comunidades lo eran también, aunque no se pudo conseguir
datos sobre su historia, lo que daba un total de 156 barriadas conocidas. De las 105 restantes
―la diferencia entre 156 y 261― podríamos hacer la conservadora suposición de que la
mitad eran comunidades que habían sido excluidas de la encuesta de 1961 y que, por lo
tanto, no deberían ser consideradas como barriadas. Esto da un total de 208 barriadas con
una población de 841,075 habitantes. El cálculo de la mitad, mencionado anteriormente, no
es muy preciso, pero incluso si la proporción correcta que debía ser excluida fuera más
pequeña, ello no tendría mucha importancia en términos de población puesto que se trataba
de comunidades muy pequeñas.
Como se indicó anteriormente, la muestra incluye 2 barriadas que ya no existen, así
como algunos casos de intentos infructuosos de formación. Puede haber, por supuesto, otros
casos de barriadas que ya no existen y existen, ciertamente, otros casos de invasiones
infructuosas. Idealmente, estos deberían estar incluidos en la definición del universo, pero
esto, es imposible ya que no se dispone de la información apropiada.

Otros datos de las entrevistas

Además de analizar el rol del gobierno peruano en la formación de barriadas, esta
investigación también pretende caracterizar otros aspectos de la política de barriadas. Esta
parte del análisis se basa en documentos de las oficinas gubernamentales de vivienda,
análisis publicados sobre vivienda y política de barriadas, informaciones periodísticas y
amplias entrevistas realizadas a antiguos y actuales empleados de las oficinas de vivienda, a
arquitectos interesados en este campo, a antiguos parlamentarios, y a los mismos pobladores.
En los casos en que una interpretación importante se deriva de una entrevista, se indica el
tipo pero no la identidad de la fuente de origen. Aunque gran parte de estas entrevistas se
llevaron a cabo entre 1968 y 1969, se hicieron visitas adicionales a Lima en agosto y
setiembre de 1972, en agosto de 1974 y, finalmente, en agosto de 1975.
1.
1 6

1908

11
111
1919
1931

1940
1961
1972
152 Apéndice II

CUADRO II.2

Reacción de la policía *

(Muestra pequeña: Barriadas formadas con autorización gubernamental o por invasiones,
más 12 casos de invasiones anteriores)

Reacción de la policía Número de barriadas Porcentaje

No se presentó 32 38.1
Se presentó, pero no hizo nada 6 7.1
Solamente previno la llegada de
familias adicionales 7 8.3
Esfuerzo simbólico de desalojo 8 9.5
Intentó seriamente el desalojo, pero fracasó 8 9.5
Desalojo efectivo 22 26.2
Datos incompletos 1 1.2
TOTAL 84 99.9

* En este cuadro y en los siguientes, los datos cubren el período hasta 1972.

CUADRO II.3

Tipos de tenencia de la tierra

(Muestra pequeña: Barriadas formadas con autorización gubernamental o por invasiones,
más 12 casos de invasiones anteriores)

Muestra Invasiones
Tenencia pequeña Porcentaje anteriores Porcentaje Total
Pública 37 51.4 1 8.3 38
En litigio 20 27.8 9 75.0 29
Privada 14 19.4 2 16.7 16
Datos incompletos 1 1.4 1
Total 72 100.0 12 100.0 84
Cuadros 153

CUADRO II.4
Reacción de la policía según el tipo de tenencia de la tierra

(Muestra pequeña: Barriadas formadas con autorización gubernamental o por invasiones,
más 12 casos de invasiones anteriores)

En Datos in-
Reacción de la policía Pública litigio Privada completos Total
No se presentó 24 6 2 ― 32
Se presentó; pero no hizo nada 3 3 ― ― 6
Solamente previno la llegada de
familias adicionales 3 4 ― ― 7
Esfuerzo simbólico de desalojo 5 2 1 ― 8
Intentó seriamente el desalojo,
pero fracasó 1 4 3 ― 8
Desalojo efectivo 2 10 10 ― 22
Datos incompletos ― ― ― 1 1
Total 38 29 16 1 84

CUADRO II.5

Reacción de la policía según el tipo de formación

(Muestra pequeña: Barriadas formadas con autorización gubernamental o por invasiones,
más 12 casos de invasiones anteriores)

Autorizadas por
Reacción de la policía el gobierno Invasiones Total
No se presentó 26 6 32
Se presentó, pero no hizo nada 2 4 6
Solamente previno la llegada de 3 4 7
familias adicionales
Esfuerzo simbólico de desalojo 2 6 8
Intentó seriamente el desalojo, 1 7 8
pero fracasó
Desalojo efectivo ― 22 22
Datos incompletos 1 ― 1
Total 35 49 84
156 Apéndice II

CUADRO II.8

Papel de los intereses en desarrollo urbano e inmobiliario, públicos y privados,
en la formación de barriadas (Muestra pequeña)*

Número de
Intereses inmediatos favorecidos barriadas Porcentaje

Facilitar el desalojo para dar paso a un proyecto
de urbanización, público o privado. 17 28
Desalojo por incendio sospechoso 2 3
Desalojo rural 3 5
Para que un presunto propietario privado
establezca su derecho a la tierra. 1 2
Para que un presunto propietario público
establezca su derecho a la tierra. 1 2
Sin evidencias de vinculación de los intereses
inmobiliarios ni de los intereses de las
urbanizaciones. 33 55
Total 60 100
* Solamente incluye los casos sobre los que se contaba con información apropiada.

CUADRO II.9

Tipo de formación por período presidencial (Muestra grande)

Tipo de formación
Autorizadas
por el Ocupación
gobierno Invasión gradual Otras Total
Antes de Sánchez Cerro ― 1 1 ― 2
(1900-30)
Sánchez Cerro. (1930-31, 1931-33) 1 1 1 ― 3
Benavides (1933-39) 1 3 4 ― 8
Prado (1939-45) ― ― 6 2 8
1945 - Información ambigua ― ― 5 ― 5
Bustamante (1945-48) 1 6 8 1 16
Odría (1948-56) 11 11 8 ― 30
1956 - Información ambigua ― 2 ― ― 2
Prado (1956-62) 11 11 7 1 30
1962 - Información ambigua ― 1 1 ― 2
Pérez Godoy (1962-63) ― 2 ― ― 2
Lindley (1963) 1 2 ― ― 3
Belaúnde (1963-68) 12 3 ― ― 15
Velasco (de 1968 a 1972 solamente) 3 7 ― ― 10
Total 41 50 41 4 136
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170 COLLIERS

PERIODICOS CONSULTADOS:

1. Actualidad Militar
2. Caretas
3. El Comercio
4. El Peruano
5. Expreso
6. La Crónica
7. La Nación
8. La Prensa
9. La Tribuna
10. Latín America (Londres)
11. Normas Legales: Revista de Legislación y Jurisprudencia
12. Oiga
13. SINAMOS Informa (SINAMOS, Oficina Nacional de Difusión)
14. The Peruvian Times
15. Ultima Hora
El texto de este libro se presenta en
caracteres Garamond de 1012 p.; los
titulas de capitulo en 18 p.; los
subtitulas en Ionic de 10 p.; las no--
tas de pie de página en Bodoni de
9/9 p. El papel empleado es Obra
Paramonga de 70 gramos. La cará-
tula es de cartulina Campcote, cali-
bre 12. La caja mide 30 x 45 picas.
Su impresión tipográfica concluyó el
30 de noviembre de 1978 en los
talleres de Pacific Press S.A., Los
Negocios 219, Lima 34.