¿De qué hablamos cuando decimos seguridad jurídica?

En los últimos meses, se ha venido hablando del término “seguridad jurídica” desde
distintos ámbitos políticos y sociales: seguridad jurídica para los inversionistas,
seguridad jurídica para las FFMM y de Policía, seguridad jurídica para los eventuales
desmovilizados de las FARC-EP, seguridad jurídica para las oposiciones políticas,
seguridad jurídica para todos. Y cuando se habla de seguridad jurídica, corremos el
riesgo de entender cosas que no necesariamente son lo que nos querían decir.
En términos generales, seguridad jurídica se refiere a la consolidación de un marco de
derecho (y por lo tanto de políticas públicas también) claro, estable y que puede ser
consultado y utilizado por parte de los ciudadanos (y las empresas, los inversores, los
militares, etc.) para que se cumplan los acuerdos realizados y se respeten los derechos
consagrados en las leyes de la Republica y en los contratos firmados. Esto supone que
ese marco jurídico pre-existe al acto que debería ser susceptible de su control y que
los distintos actores involucrados conocen sus derechos y responsabilidades. La
seguridad jurídica, por lo tanto, es el cumplimiento estricto de ese marco de derechos
o de uno promulgado después y que garantice más derechos.
Sin embargo, en la actual coyuntura de negociaciones de La Habana, con lo que nos
hemos encontrado es con un cambio fuerte en el sentido de la expresión “seguridad
jurídica”. Ahora, por obra y gracia de la necesidad de la implementación de un proceso
de justicia transicional que de vía libre a la desmovilización de los miembros de la
guerrilla, se viene adelantando una campaña mediática, por miembros de distintos
grupos políticos, para que les demos “seguridad jurídica” a todos los actores de
nuestra guerra: militares y policías, empresarios y ganaderos involucrados en
financiación y conformación de grupos paramilitares, funcionarios del Estado,
políticos, etc.
Evidentemente, la “seguridad jurídica” invocada en esta última definición no tiene
nada que ver con la seguridad jurídica del párrafo de más arriba. La seguridad jurídica
invocada por personas tan respetables como el ex presidente Cesar Gaviria Trujillo, se
parece más a un proceso generalizado de amnistías para todos los que hayan
cometido crímenes en el marco de la guerra interna colombiana. El principio bajo el
que se rigen estas propuestas es el siguiente: sí vamos a dejar que los guerrilleros
salgan libres por todos los crímenes cometidos, debemos permitir que los otros
crímenes cometidos por los otros actores sean también acogidos por el mismo
principio de oportunidad.
Sin embargo, hay al menos algunos problemas con esta pretensión: la primera y más
grave es la desestimación de la importancia del marco jurídico convencional (normal,
el que nos rige a todos los colombianos) como forma de regulación de los
comportamientos de todos estos ciudadanos colombianos, ¿cómo vamos a aplicar la
ley a los demás colombianos si les perdonamos a todos estos criminales sus penas?.
Hay otro tema que no es menos, si aplicamos la justicia transicional para los
funcionarios del Estado, estamos enviando el mensaje equivocado de que sus
actuaciones criminales son igual de graves a las que comete un particular, y eso no es
cierto, un crimen cometido por un funcionario del Estado (Policía, militar, juez,
alcalde, congresista, secretaría, asesor, etc.) en cumplimiento de sus funciones, es
mucho más grave que el cometido por un ciudadano cualquiera: el funcionario ha

bajo el argumento de la “seguridad jurídica”. en cumplimiento de sus funciones. el funcionario es depositario de la confianza pública en la democracia y el Estado de derecho. No es lo mismo y no pueden ser equivalentes las dos acciones: el funcionario púbico con su accionar deslegitima y produce una grave herida a la confianza pública de los ciudadanos en el Estado. supone una degradación de la confianza pública en el Estado que representa y un ataque a las instituciones políticas de la Nación. Cuando un particular comete un crimen. involucra al Estado en dicha conducta ilegal. Eduardo Ignacio Gomez Carrillo Investigador Corpovisionarios . cuando un funcionario público comete un crimen. es a nombre propio que lo hace. Un crimen de un funcionario público. Ahora.jurado cumplir la Constitución y la Ley. el funcionario es la base del acuerdo político fundacional de la sociedad política colombiana. nos quieren hacer creer que cuando un “héroe de la patria” asesinó y presentó como miembro de un grupo ilegal a un ciudadano inerme es equivalente a cuando un guerrillero asesinó a sangre fría a un secuestrado en su poder.