Carlos Arniches

LOS CACIQUES

Farsa cómica
de costumbres de política rural
en tres actos

Estrenada en el Teatro de la Comedia, de Madrid
en la noche del 13 de febrero de 1920

Representada en el María Guerrero, en enero de 1963, con arreglo al siguiente reparto:

Eduarda Carmen Carbonell
Don Acisclo José Bódalo
Doña Cesárea Margarita García Ortega
Morrones Alfredo Landa
Don Sabino Erasmo Pascual
Perniles Tomás Carrasco
Garibaldi Antonio Martínez
Cristina Lola Cardona
Cazorla Antonio Ferrandis
Carlanca Joaquín Molina
Don Régulo José Vivó
Pepe Ojeda Manuel Díaz González
Alfredo José Luis Lespe
Anastasia Rafaela Aparicio
Eustaquio Alfredo Cembreros
Melitona Silvia Roussin
DoñaTársila Rosario García Ortega
Monreal Antonio Burgos

Niños y niñas de Vllalgancio

Decorados y figurines: MINGOTE

Dirección: JOSÉ LUIS ALONSO

- La fotografía corresponde al montaje del Teatro María Guerrero (1963) citado.

- Los textos entre [corchetes] se suprimieron en ese montaje.

ACTO PRIMERO

Sala de despacho en la planta baja de un caserón de pueblo, habitado
por gente de buen acomodo. A la derecha, en segundo término,
puerta de entrada en comunicación con el zaguán; en primero, puerta
de otra habitación. Al fondo, una ventana con reja y una puertecilla
que dan al huerto, inundado de sol, y del que se ven arriates llenos
de flores. A la izquierda, puerta de una hoja, que comunica con
habitaciones interiores. Ante esta puerta, una mesa de despacho
antigua y un sillón de vaqueta. El resto del mobiliario, adecuado:
antiguo, cómodo y fuerte. Un reloj de caja en lugar visible.

ESCENA PRIMERA

EDUARDA y DON ACISCLO. Al levantarse el telón aparece la escena sola. A
poco se ve por la ventana del huerto a EDUARDA, que viene
acongojada, huyendo. La sigue, jadeante y ansioso de amor, DON
ACISCLO; ella le rechaza de un empujón y entra indignada en escena
por la puertecilla del foro.

EDUARDA.— ¡No, no!... ¡Por Dios, quieto!... (Huye de él, que entra
siguiéndola.) ¡Déjeme usted o demando auxilio! (Toda la escena en
voz baja y emocionada.)
DON ACISCLO.—¡Es que me tié usté loco!
EDUARDA.—Respete usté que soy casada.
DON ACISCLO.—¡Y a mí qué me importa!
EDUARDA.—¡Qué cínico!... Pero ¿y mi marido? ¿Y su mujer?...
DON ACISCLO.—He dicho que no me importa. (Intenta ir hacia ella.)
¡Esos ojos me tien trastornao y...!
EDUARDA.—(Con cómica energía.) ¡Atrás!
DON ACISCLO.—Pero, Eduarda, si es que...
EDUARDA.—(Heroicamente.) ¡Si da usted un solo paso, me secciono la
carótida con el raspador!
DON ACISCLO.—(Asustado.) ¡Eduarda!
EDUARDA.—¡Atrás!... ¡O me ve usted tinta en sangre! (En uno de sus
ademanes, mete los dedos en el tintero.)
DON ACISCLO.—¿Tinta?
EDUARDA.—¡Tinta! (En un ademán trágico, vuelca el tintero.)
DON ACISCLO.— ¡Por Dios, el tintero!
EDUARDA.—¡Nada me importa! ¡Mi honor ante todo!
DON ACISCLO.—Pero si yo...
EDUARDA.—¡Es usted un miserable!... ¡Estar yo tranquilamente en la

. DOÑA CESÁREA.—Pos ya no tie edad pa andarse por las ramas.. hombre! DON ACISCLO. Ella le rechaza y le coge con la puer- ta la americana. (Intenta sujetarla para darle un beso.—Como darla. pero arrimó la escalera...—Cuando una persona se cae. (Luchan brevemente. pero... se subió al árbol y de poco se cae.) DON ACISCLO.. pero no se la retuerce. nunca!... por la primera derecha.? EDUARDA. dejándole sujeto. pero no será sin que antes. que estoy cogido! ¡Eduarda!.—Pues de ahí. DON ACISCLO...—(Retorciéndose de dolor.—(Cambiando el tono irónico por otro más acre y resuelto. DON ACISCLO..—¿No ibas con doña Eduarda por el huerto? DON ACISCLO.—¿Y me iba usted a sujetar con dos dedos? (Acción de dar un pellizco. ¡El vuelo!. antes que se marche. si lo supiera mi Régulo! ¡Oh Régulo.—(Intenta sujetarla. que sentí un grito? DON ACISCLO. se la sostiene..) .—¿D'ande sales? DON ACISCLO. de la. DOÑA CESÁREA.. Eduarda.. abra usté. EDUARDA.) EDUARDA. (Se sopla el dedo dolorido.. que quería unas manzanas. na la dio na. seductor! ¡Satírico! (Vase puerta izquierda.—Cuando una persona se cae. Eduarda. DOÑA CESÁREA. ESCENA II DON ACISCLO y DOÑA CESÁREA. DON ACISCLO.—¡Canalla.—Sí.. qué vergüenza! (Llora. DOÑA CESÁREA.) Ni tú tampoco la tienes de andarla a los alcances...) DON ACISCLO.—¡Hola..huerta cogiendo manzanas subida a la escalera. ¡Cogido por el vuelo! (Suplicante.. con ella iba.! ¡Oh.) Por Dios.) DON ACISCLO.... ¡Y de dónde se me ha retorcido a mi! Que. ¡Ah.. Déjeme usted salir.—(Rechazándole. ¡Socorro! (Le muerde la mano.... ¿por qué no quie ser una miaja complaciente y.) ¡Rediez.—¡Mi mujer! "Tableteau!" DOÑA CESÁREA. ¡Eduarda!. Régulo! DON ACISCLO.) ¡Atiza! ¡La americana con la puerta!.) DON ACISCLO. DOÑA CESÁREA.—(Con pasión.) Eduarda.. Aterrado.) ¡No..) Salga usté.. qué bocao en el dedo! ¡Si me ha comido la yema! EDUARDA. y de pronto sentir.—(Con altivez..—¿Y qué la dio..) ¡Basta de indignidades!.—¡Toma! Éso la he dicho yo..—¡Cesárea!. EDUARDA.—Y usté.. que venía de.—Es que creí que se caía usté.. Eduarda..

. DON ACISCLO....—(Aparte..—Mujer.. Salomón era Salomón. una persona de tu mando y de tu valer.. después de too...—¿Quién se extraña? MORRONES. Morrones.. que tengo un desgusto.. u de lo que se llevase en aquel entonces. que ya le ties conocío.) ¡Güenos días nos dé Dios. ahora.. el dueño..—¡Que no me dejas una en paz!. un hombre que causa un respeto que eriza.—(Avergonzado..—(Amenazadora. Cesárea. con ser lo que era.—¿Se puede pasar? DON ACISCLO.—Regulares que sean.. DOÑA CESÁREA.—¿Qué te trae por acá tan de mañana? MORRONES...) DON ACISCLO.... que es una meaja menos. Y Napoleón. ¿Te paece bonito? (Le zarandea. ¡Si alguien se enterara!.. un hombre al que too el mundo le tie miedo.—¡El alguacil! Pasa..—(Con gran respeto.... ahí prendío como un murciélago!.—¡Sumandillo. el amo... ¡Que me ties más reconsumía!.. ESCENA III DICHOS y MORRONES. y con esto ya está dicho que semos mu poca cosa.) ¡Cesárea!. no te corte yo los vuelos! DON ACISCLO.. pues.) ¡Ojalá! DOÑA CESÁREA.. ¡tú!.—(Segunda derecha. agarrao como una rata!. DOÑA CESÁREA. ¡Así que una es tonta! ¡Te figurarás que me chupo el dedo como tú! DON ACISCLO.. los hombres semos hombres. también se sumaba lo suyo.—Mujer. DOÑA CESÁREA. el rey del pueblo. parece mentira que tú..—¡Que te creerás que no lo estoy notando too!..—¡Por una broma!. ¡Ahí.) DON ACISCLO. DOÑA CESÁREA.. y llevas veintidós en lo que va de mes. Y que te coste.. MORRONES..—¡Pues traerme otra americana u abrir por detrás! DOÑA CESÁREA. abre la puerta y deja en libertad a DON ACISCLO.—¡Mujer. que ése.—Pos naa... DON ACISCLO. (Levanta el pestillo. con permiso de usté.—¡Y ten cuidao. ¡Acisclo. por una broma. por esa tía cursi.—¡Maldita sea!....) Ave María Purísima... ¡Si yo no tuviera prudencia!... y estamos a cinco!. pues algún sumandillo. que haces que se le mude la color a los más templaos.. DOÑA CESÁREA.. MORRONES. le pega un tiro a su familia.. Desde fuera. yo!. y en cuestión de faldas. pues. ya te acordarás que sumó dos mil y pico. por cuestión de celos.DOÑA CESÁREA. ..) ¿Qué debía yo hacer ahora? DON ACISCLO. con permiso de ustés! DOÑA CESÁREA. que el día que me harte se lo digo a don Régulo. Conque uno.

DON SABINO. les va a doler..—¡Mala troná en ellos! ¡Valiente gentuza! (Vanse DON ACISCLO y DOÑA CESÁREA primera derecha. pues les dices que aguarden. Naa. DOÑA CESÁREA. Pero como me hurguen mucho.—¿Y viene con ellos Garibaldi. MORRONES. el republicanote ese?... DOÑA CESÁREA. (Se lo quita y lo tira sobra una silla.—(Pasa sin quitarse el sombrero. ¡por éstas! Que esos tres me andan buscando las cosquillas. porque quien hablale de no sé qué cosas nómalas y urgüentes. DON SABINO. Que si los sueldos.... pero quítatelo. DOÑA CESÁREA.—¡Madre.—Güeno..—Entonces. DON ACISCLO.—¿Quejas tenemos? MORRONES..) Libertá.—Le he dicho lo que le tenía que icir. pero pa pasar aquí hay que limpiarse los pies.. PERNILES y GARIBALDI... GARIBALDI. que todavía no es el caso. (Mira como buscando una silla. fraternidá.. (Mira un papel. pero que ustés hagan lo que sea de su .. Les abro la puerta y les abro la ventana y ellos escogen: u se marchan u los marcho.. Cuatro garambainas. que ahora saldrá. Se descubre.? MORRONES.—Toma. que yo voy a tomar el chocolate. Ahora ice que s'ha sindicao con un garrote que tiene así de gordo. con permiso de usté. DON ACISCLO. razones siempre tengo. MORRONES. como que el año pasao les cayó la Lotería y elevaron una protesta por haberles caído en la de tres pesetas.) ESCENA IV MORRONES.—Pues pasa que don Sabino.. pus m'han hecho de venir a molestarle a usté. —Igualdá. el Perniles y el Garibaldi.—Yo.. si usté lo manda.—Que ahora saldrá con su señora a dar un paseo y que golverá a la una.—¡Qué sé yo!.—Quítate el sombrero.—Déjales. MORRONES.—¿Has tenido la bondad de decirle al señor alcalde. que si el riego. que le esperen. (Acción de echarlos. qué tropa!.—¿Pues qué pasa? MORRONES. lo e siempre: potrestas. y dice que si quien ustés esperale. MORRONES.) MORRONES.—Igual da.que no sé cómo no le da a uno itiricia. PERNILES.) DON ACISCLO.. DON SABINO. Pero si ésos protestan de too. si quieren. que me lo he tenío que apuntar... MORRONES. Eso si no encuentras alguna razón de las tuyas pa que se vayan.. por la segunda derecha..—(Entra. MORRONES. que si la contrebución.) Buenos días.) DON ACISCLO. el médico.) DON SABINO..) Que les da a ustés su premiso..—El mismo.—(Desde la puerta.

) GARIBALDI. PERNILES.—¿Y por qué fumas tú? MORRONES. DON ACISCLO. ¡Maldita sia! (Va a sentarse junto a la puerta....) ¿Y tú qué miras? PERNILES.conveniencia. que tan hecho está uno a trancas como a barrancas.) ¿Qué es eso? MORRONES.—(Muy extrañado. que las sillas son para los amigos políticos. DON SABINO.) MORRONES. que él no se va a privar de sus cosas por naidie.) DON ACISCLO.. tira ese cigarro. En seguida si fua yo el alcalde iba a tené un reló destapao pa que se aprovechasen d'él los del partido contrario. MORRONES.—¡Silencio! Anda pa un rincón..—(Enfurecido. (Van a coger sillas para sentarse.—Lo que debías tú de hacer.! ESCENA V DICHOS y DON ACISCLO.—Y prencipalmente por don Sabino lo he dicho.—¿A mí?.) ¡ Por vida e.—No se pue fumar viniendo de vesita.—No dejarme.—(Como resignándose. (A PERNILES.. Le quio presentar al noy del fresno. refunfuñando. llena de canas. que es una persona médica y respetable... Mañana lo forro.—Hombre.—Tú lo que vas a hacer es callarte la boca ahora mismo. que es lo tuyo.. MORRONES. te agarro de los cabezones y sales.. Era que.—Ni yo.. MORRONES..—(A GARIBALDI.) MORRONES. MORRONES. ¡Se cae usté de güeno! . MORRONES. y si no te callas.—(Se va a su mesa y se sienta...) GARIBALDI.. aunque seas aguacil y estés amparao por ciertos mandones. que uno al remate no es letrao ni muchísimo menos.) Sentarse. que se vuelve a mirar el reloj. es mirarte una miaja más en la atención de las personas que necesitan del monecipio y no avasallar a too Cristo por menos de naa.) ¿Pero es que se van ustés a sentar? DON SABINO.—Señó alcalde.. (Por el garrote.) Güeno. (Se dispone a acometerle.) Y tú.—(Autoritario y despótico. pero cojan ustés taburetes. y que le falten a uno..—Hombre. si es posible. por la primera derecha. GARIBALDI.—Tú eres un parlero que hablas más de la cuenta.—Ta bien. GARIBALDI. ¿no os parece? PERNILES.—¡La hora!..... MORRONES.—Y encima les dice que se asienten. iba a mirar la hora.. DON ACISCLO. MORRONES. (Se sientan en taburetes.—¡Qué remedio! Yo no me voy sin que me oiga. que aquí no se pue fumar. y anda con Dios. (Le amenaza.) ¡Prueba y te doy con el noy!.—Pues esperaremos.. GARIBALDI..

nada. ¿Y tie usté la frescura de venir aquí con esas quejas? DON SABINO. señor alcalde? DON ACISCLO.—¡Señor alcalde! DON ACISCLO. DON SABINO. no.—(Sobrecogido.—Por muchos años. que importan la insignificante suma de catorce mil quinientas pesetas.. (Se sientan con cómica rapidez. las visitas...—Once anualidades..—¿Cómo la frescura. Escomenzaremos por usté.—¡Una humilde queja!. don Sabino.) .—Nueve.. Porque. DON ACISCLO.Así le tratan.—(Poniéndose en pie. bien a mi pesar... señor. trata de dulcificar el concepto..—Por muchos años. tiene uno que vestir..) ¡Dita sia!. escasas. DON ACISCLO. LOS TRES. carraspea.—Las igualas son cortas. DON ACISCLO. DON ACISCLO. DON SABINO... Acedo. pues yo... agotados todos mis recursos para la vida.) ¡Ejem!. llamémoslo así.—(Dando otro reglazo sobre la mesa. señor.—Pues ustés dirán.) ¡Sentarse he dicho! (Vuelven a sentarse con mayor rapidez que antes.. claro. me permito elevar a usted una humilde súplica.—¡Y viene usté a estrellarse conmigo.. DON ACISCLO.—¡La frescura! No quito una letra.—¡No le han pagao los otros y quie que le pague yo!. DON ACISCLO. y como el digno Ayuntamiento de su acertadísima presidencia tiene la bondad de adeudarme.. DON SABINO.—¿Y en el anterior? DON SABINO.) No quite usté una. Pero cuidiao que hace falta descaro.. Sentarse he dicho. DON ACISCLO. DON SABINO.) DON ACISCLO.—No.—Yo creía que elevar una humilde queja..—A callar. DON ACISCLO. DON SABINO.—Con permiso. acuciado por las dolorosas necesidades de la vida. siete efímeras y cortas anualidades.—Señor alcalde.—Conque usté dirá qué istentino se le ha deteriorao. señor alcalde.. DON SABINO. DON ACISCLO... aunque uno es un humilde médico rural. que no le debo más que siete! DON SABINO.. (Se levantan los tres como para hablar.—Vamos a ver: ¿Qué le debían a usté en el último pueblo? DON SABINO. en la precisión de molestarle respetuosamente.—(Agriando mucho más el gesto y dando un golpe en la mesa con una regla.) Como usté mande.. DON ACISCLO. DON ACISCLO. Me veo.. pues tiene uno que comer de vez en cuando.—(Enardecido.. don Sabino.—Exigencias no faltan. tiene uno que..—Pues..nada. DON SABINO. . que un servidor de usted.. pero uno a uno y cuidaíto con lo que se dice....—¿Le ha pagao a usté alguno? DON SABINO. MORRONES. sí.) Sé que me quien ustés hablar.

—Pero. DON SABINO.—Pues se pone usté d'acuerdo con el boticario. DON SABINO. Y como remate.Pórtese usté bien. que ya sabe lo que tiene que hacer con ella. Usté se lo ha buscao por ser enemigo político mío.—Y le voy a usté a probar su malquerencia.—Pero si usted permitiera que yo le explicase. emplastos.—Pamplinas.) Servidor.—¿Yo enemigo de usted? DON ACISCLO.. DON ACISCLO. Y eso no se lo aguanto yo ni a usté ni a nadie. y a ellas sellos. DON SABINO. que es el mío. pa que encima se lo agradezcan con estas exigencias..—Sí.—Errao completamente. DON ACISCLO.. i Viene usté a ver a mi mujer. güeno. jarabes. DON ACISCLO. DON SABINO. DON ACISCLO. ea! Que si no lo digo.—Señor alcalde. PERNILES.). Pa too hay recursos. DON ACISCLO. De forma que me presenta usté una istancia en papel sellao de tres reales y se la da usté a ése (Por MO- RRONES.—Usté se lo ha buscao. no hay más que dos partidos políticos.—Es que eran distintas las dolencias. Aquí.—¡Sí. DON SABINO. se cuidan mucho. señor...—Y. porque no quiero confusiones. . DON SABINO.—Otro.—Está usté errao. además. perdone usté que le diga que esto es conculcar la ley.—Señor alcalde.. DON SABINO. es que los otristas no son más que tres.—¡Don Acisclo! DON ACISCLO. señor. ¿usté cree que estoy yo aquí p'aguantar menosprecios de nadie?. que pa eso es mi mujer.. don Acisclo! DON ACISCLO. y el otrista.. sanguijuelas... DON ACISCLO.. DON SABINO.—Ni una palabra.. el veterinario. que son toos los demás.—Y encubierto y solapao.—¿Menosprecios? DON ACISCLO. tenga lo que tenga. pues en los dos últimos años se han muerto cinco personas en el pueblo. el miista. que la tengo conocía en toos los detalles.—¡Peor me lo agradecen a mí. píldoras. pues toos de mi partido. reviento. MORRONES.—¿Yo errao?.—¿Yo? DON ACISCLO. A ver. que no me pagan y encima me maltratan. DON SABINO. Conque. señor.—Pues que se mueran dos veces caa uno.. en este pueblo de mi mando.—¡Sí. y manesia fervescente naa más! DON SABINO...—(Se levanta.. ¡dos!. debiendo menos que los demás. u se mueren cinco personas del partido contrario en el término de dos meses u no cobra usté un real. DON ACISCLO. menosprecios!. Va usté a visitar a la mujer del sargento de la Guardia Civil u a la del registrador. A mi mujer hay que darla dobles recetas que a too el mundo. que son los malos.. DON SABINO.. DON SABINO.

PERNILES. PERNILES. mia tú éste! PERNILES. que es la prencipal cosecha del pueblo.—(Aparte.—Eso lo veremos.—Güeno. y u pagas u te se embarga. con urbanidaz.—Es que ya no hay cristiano que aguante esto.—Ca partío tie las calabazas que se merece.) Expón.) Lo de la manesia lo tenía yo clavao en el alma. que voy a mirar yo con sosiego que me se pierdan toas las cosechas? DON ACISCLO.? DON ACISCLO. que no me manden el recibo del agua.—A decirle a usté que me se haga justicia. Perniles. ¡eso es! DON ACISCLO. DON ACISCLO.. porque lo tien enseñao a cocear a los republicanos de una manera. y ties que enjugarlo. ¿vienes también sobre alguna protesta? GARIBALDI. Si vosotros hubieseis votao lo que yo sus decía. que no me dejan vivir. aquí. pues resulta que las mejores calabazas son las del partido miista. calabacines y gracias.. porque aquí no hay más que dos caminos: u te haces miista u vas a regar cuando estornudes. y últimamente..—Pues con eso quio decir que antes toos cogíamos buenas calabazas. vengo como concejal d'oposición.. PERNILES. que en cuanto se habla de Lerroux. el otro líquido que lo enjuague el secretario.—Pues yo. ¡A ver las palabritas que usas. DON ACISCLO.—Servidor vengo sobre su cuñao de usté. que el tío Marcos. (Alto. porque en la cuenta e regantes resulta un líquido en contra tuya. DON ACISCLO. pero hogaño.—Más primos somos nosotros.—No es líquido de humedaz. si no me dejan regar. DON ACISCLO. es de aritmética. Perniles.DON ACISCLO. que ya me ties conocío..—Es que hay que hablar claro.. PERNILES. como no consienten de regar más que a sus amigos de usté. las porquerías que quieras..—Pues si no me dan agua.) DON ACISCLO. PERNILES. ha cogío el agua del acequión de las Jarillas pa su molino y nos quita de regar a los que tenemos derecho pa ello. amparao en usté. porque lo que están haciendo conmigo los sabuesos de usté es una gorrinada. que pagamos y no regamos. El recibo te lo mandan. que me ha tirao dos coces el macho. A ver. PERNILES.—Ya sé que eres otrista. que tú eres muy altanero. no .. PERNILES.—¡Alto allá! Eso es otra cosa.—Riega con ella. tú.—¿Y qué quies decir con eso? PERNILES.—Oye.—¡Pero qué líquido va a resultar si no me dan agua! DON ACISCLO. PERNILES. pero ya que me hicisteis de perder la elección. Garibaldi. no las habría como las vuestras. que no estamos en sesión! PERNILES.—Tú verás lo que te conviene. señor alcalde. (Se sienta. tú.—¿Es decir. Otro.—¿De moo que la conciencia política.—¡Pero es que él es primo mío. DON ACISCLO. no me lo recalques.—En el Ayuntamiento. DON ACISCLO.

—(Airado y dando golpes en la mesa. que esto es peor que la Inquisición. Morrones.—U de sus amigos. de una coz le va a quitar la cabeza a un santo. DON ACISCLO. DON ACISCLO. vamos a ver? GARIBALDI. los compinches. DON ACISCLO.—Contra su consabido cuñao. no me puedo meter. Usté va y mira. paso por que sea cartero.—Tú dirás.. GARIBALDI. pa que usté lo sepa. GARIBALDI. pa cobrar. u de los amigos de sus criás.—(Animado por el ejemplo de GARIBALDI.—Bueno. conque cincuenta duros caa uno.—Pa pagar las contrebuciones. que no es pa usté. pero por lo que no puedo pasar de nenguna de las maneras es por la forma que tiene de repartir la correspondencia. GARIBALDI.—Yo. ¡Yo no os entiendo! Estáis clamando día y noche por la libertá y en cuanto un funcionario público sus deja en libertá.—¿Qué forma tiene.—(Indignado. señor. Anastasio Mangola. paso por lo del macho.. DON ACISCLO. alias Jaro.. Pero de camino vengo a hacerle a usté una denuncia. paso por que sea cojo siendo cartero y paso por que siendo cojo y cartero no sepa leer ni escribir. u de las criás de sus amigos.) Pero ¿qué entiende usté por ley? DON ACISCLO.—Pues naa. que es lo que no hay en este pueblo.. tie que votar lo que usté quiera y ser esclavo de usté. señor.) ¿Qué estás diciendo? GARIBALDI.—U de su otra señora.—¿Y qué pero ties que ponerle a eso?. Y cuando se presenta el interesao a reclamar pues le ice: "¡Haber venío antes!" DON ACISCLO. que hay que icir las cosas como sean. PERNILES... eso ya me lo arreglaré yo.. es mejor echarse por los caminos a pedir una caridá e Dios. avisa a la Guardia Civil..—(Airado.—U de su señora de usté. que coge las cartas y las deja encima una mesa a la puerta e su casa.—Es que queremos liberta con orden y con justicia. pues deja usté diez y la coge si quiere. que hay una carta y que es pa usté. pues deja usté cinco céntimos y se la lleva. DON ACISCLO. DON ACISCLO.hay quien pare a su lao.. GARIBALDI. ¡Esto no pue ser! PERNILES. GARIBALDI.) ¡Garibaldi! PERNILES. que de que oiga mentar a La Cierva.—Y no será.) Sí. para que le dejen respirar a uno y no le quemen la cosecha u le maten el ganao.—Porque aquí.—El Evangelio. en las opiniones políticas del macho.—¿Contra quién? GARIBALDI.—¡Que estáis faltando a la ley! DON SABINO. GARIBALDI. Que antes que vivir en este atropello. está bien. porque estoy educando a mi burra de una forma. .—Pues naa. nosotros .—Una cosa que me permite poner multas. DON ACISCLO. pues no. PERNILES.

Y hay que luchar.) DON ACISCLO.. Cristina.. pasa.. EDUARDA.—Sí...... del huerto. ¡ Me han atropellao! ¡ Me han desacatao!. así te encontraba yo de triste y de pensativa..—(Conteniéndole.. ahora.. EDUARDA.. hay que luchar porque el oprobio y la esclavitud en que vivimos es vergüenza para la civilización y ludibrio y escándalo para la patria. ¡Maldita sia!.. cien veces la muerte!.. DON ACISCLO. Morrones. pero hay que acabar con esta ignominia. no. ¡Si supiera usté. LOS DOS.) ¡Déjeme usté a mí.—(Que ha sacado una escopeta de la primera derecha y quiere ir tras ellos. ¡Seis años! Veinte años..) ESCENA VI CRISTINAy EDUARDA.. Los tengo medio año en la cárcel. hay que vivir como seres civilizados. LOS DOS. DON SABINO.—Hay que luchar.—Pues pasa sin temor.) No..—Sí. Por el otro extremo asoma EDUARDA.—Pero ven acá..—¿No hay nadie? EDUARDA. DON ACISCLO.. Pasa. habla! (Se sientan. que les voy a dar cevelización!..DON SABINO. no sea usté primo! DON ACISCLO.— ¡Muera!. sí.! ¡Habla. ¡Pero cómo iba a imaginar! ¡Oh.. ¡Muera el caciquismo!.. porque yo necesito una persona buena como usté a quien abrirle mi corazón. ¡Dan gritos revolucionarios! MORRONES. Cristina trae unas flores en la mano.—¡Eso les vale!. pero quién iba a figurarse que tú..—Tengo miedo que nos puedan oír.. (Vase primera derecha. señor....! .—¡Me ha costado ya más lágrimas!. de poesía. como hombres siquiera.. siéntate aquí y cuéntamelo todo. hija.—Es verdá.. ¡Seis años de cadena perpetua caa uno y no pagan. de pasión!... porque cuando se vive hundido en la infamia de una tiranía bestial e ignorante.—¡Medio año!..) MORRONES.. es preciso que hablemos. vamos a hacer una denuncia por desacato. es preferible la muerte.. pero no por unas míseras pesetas perdidas. no. (Entran de puntillas. cuarenta años. (Le quita la escopeta y la esconde..—Claro. señora doña Eduarda.) CRISTINA. Se levanta la cortina de la ventana y asoma la cara dulce y graciosa de CRISTINA.) CRISTINA.—¡Canallas! ¡Granujas!. contándole todo lo que me sucede. (Vanse gritando: "¡Muera!". quieto.. CRISTINA... ¡A la calle!. tu aventura es una aventura llena de interés.. ¡ Muera cien veces!.—¡Que avise a quien le dé la gana. ¡Oh.. que es de día y salen de mi casa.. ¡Por éstas! MORRONES. CRISTINA..—Nadie..

Sigue. coge la botella. EDUARDA. dientes blancos.—¡Usté no puede imaginarse un hombre más guapo. metida en estos poblachos.—Pues le dije que aquello no podía ser formal. Allí encontré a Alfredo. que no es que describes.—¡Oh. ¡ay. donde yo había ido acompañando a mi tía Constanza. pero ya desde aquella tarde nos acompañó sin falta en todos nuestros paseos. cuando yo estaba ahogándome.. es alto..—¡Oh!. Y sigue. en fin. EDUARDA. heroicamente. una noche de luna muy clara. Pero ¡qué frases me dijo tan discretas y tan amables!.. CRISTINA.—Él entonces me contó toda su vida.. fuerte como un pugilista. ágil como un berebere?..) ¡Ah! ¿Pero no fue un naufragio? CRISTINA... sino que usté se ha empeñao que me pasó en el océano. de ojos oscuros.—¡Una tontería de moreno. bebo un sorbo y me pasa la espina. porque yo no estaba para colores. señora..EDUARDA. señora. . me lo da. EDUARDA. elegante. de ojos grandes.. a medida que me pintaba su cariño.. qué? CRISTINA.—Pues. fuimos a dar una vuelta por la carretera y se me declaró. después de cenar. como una. iba sintiendo interiormente una alegría y un temblor que yo no sabía cómo disimularlo.—¿Y tú qué le dijiste.. Además.—¿Rosáceo? CRISTINA. muy clara. como digo.—Confiesa que en el mar hubiese sido más romántico. sigue. fue en la fonda del balneario de La Robla. sigue. y fue en una fonda... todo es ahogarse..—Antes de aquello de la espina había notao yo que aquel joven me miraba con interés y que decía al pasar alguna palabra cariñosa.. Y yo no sé. CRISTINA.—No me acuerdo. se lanzó al agua? CRISTINA. señora. pues yo. sigue. de pronto él se tira al agua. es que fotograbas.. Si ya se lo he dicho a usté. en fin. EDUARDA..—Se me declaró pintándome un amor. no ha oído jamás a un joven educado tres palabras cariñosas y bien dichas..—No..—Sí. CRISTINA. ¿y dices que se trata de un joven esbelto. doña Eduarda!. pero.—Sí. llena el vaso..—(Con cierto desencanto. ¿dices que cuando estabas ahogándote.. EDUARDA. vamos.. que yo no podía gustarle.. tú te expresas con un calor.. EDUARDA.. EDUARDA. vaya! CRISTINA. Y claro. labios finos. él... qué cándida ingenuidad! CRISTINA. que era que quería burlarse de mí.. y al cabo. Sigue. doña Eduarda! EDUARDA. EDUARDA. Tú no conoces mi fuerza imaginativa. fue una raspa.—Sigue..—¡Ay! ¡Alfredo! ¡Hasta el nombre escalofría! CRISTINA. pelo negro. todas esas tonterías que dice una mujer cuando quiere decir que sí y no sabe cómo.—Ya lo creo que puedo.

—¿Yo?.—¡Pobre!. y que se me figuraba que esto me tenía amarrada a mis tíos.... nos cogimos las manos y. casarse conmigo. y que yo tenía ansia de un cariño leal y verdadero que me sacara de esta esclavitud y de estos egoísmos. ¡Si viera usté. EDUARDA.) EDUARDA. ¡me da un sofoco recordarlo!.—¡Sí.. ¡Qué elegíaco! CRISTINA.. que me estás atormentando cruelmente. ¡Mi ideal! CRISTINA.—¡Pues ya ve usté si es infamia. pero luego caí en la cuenta.. Quiero también hacerte mi confesión. EDUARDA. tengo una rabia y un coraje! ¡Ser una señorita de pueblo!. (Se levanta.—¡No... EDUARDA.. no tiene modales. ¡ten esperanza! CRISTINA. arrepentido de haberme engañao.—¡Pobrecilla! CRISTINA.. pero qué sé yo.. un beso!. al día siguiente de aquella noche tan feliz desapareció del balneario sin despedirse siquiera! EDUARDA. EDUARDA.. (Llora. ea!.—¡Vivir con un tío!. En el hotel se murmuraba que se había ido sin pagar. Cristina. Yo no hice caso.. no llores..... con voz temblorosa.. tu aventura renueva en mi . se me figuró que aquél me hablaba con un sentir honrado y verdadero. muy pobre. ni nada..) CRISTINA. doña Eduarda! Aquello fue una broma con una pobre señorita de pueblo. sacarme del pueblo. Me estás atormentando.—Yo lloré sin consuelo. pues también le conté mi vida..—¡Huérfano!.—Y yo. que vivía enterrada en esta tristeza de pueblo con un hermano de mi padre que me administraba la fortuna.—¡Dime! ¡Dime!.. ¡Qué poemático! CRISTINA. Me dijo que era pobre.—Que vivía con un tío. EDUARDA. Como una no sabe expresarse..—Que no tenía padres.—¡Qué perfidia! ¡Qué ingratitud!.. EDUARDA.. ¿Volverá? ¿No volverá? ¡Las margaritas que yo he deshojado!.. Le dije que era huérfana como él. CRISTINA. porque...porque a los hombres no los puede una creer..—A los pocos días volvimos al pueblo. me prometió quererme siempre. venir por mí. sábelo de una vez. Yo entonces lloré al oírlo.—¡Y luego nos dimos un beso! EDUARDA... Aquello me pareció una burla. no quiso ni despedirse.—¡Volverá!. ¡Ah Cristina. CRISTINA. ¡Me da una pena!. Él me escuchaba así como emocionao. no llores..—¡Oh.. cuesta tan poco engañarnos!. CRISTINA... y luego. ¡Claro... EDUARDA..—Caí en la cuenta de que quizá. EDUARDA. aquí me paso estas horas largas llorando y pensando en él. ni elegancia. qué recuerdos se despiertan en mí! CRISTINA. que querían casarme a su gusto pa que no pudiese escapar de su lao... no volverá...—El que se conoce que cayó en la cuenta fue él.—Por Dios.

pasó el tiempo.. imprimiómelo! ¡Cuánto adoréle! Pero ¡oh funesta coincidencia!.—Doña Eduarda.—Vamos. el arrebato. me dijo que era militar.—Era un ordenado de Epístola. apasionado.—¡Qué desengaños hay en la vida! EDUARDA... que no se llamaba Rigoberto. Me lo dio en la rotonda. CRISTINA. CRISTINA. hija!..—¿Es posible? EDUARDA. dejando en el alma una huella tan perdurable!. señora..—Sacrilegio. sí. ¡Mamá dormitaba. ¡Ah!.. CRISTINA. vamos hacia el jardín. ¡Tú no puedes imaginarte cómo idolatré a Rigoberto! ¡Aquello era la enajenación. ¡Ah.. yo confiéme. Pertenecía a una gran familia valladolisoletana.. blanco. suave. Rigoberto Piñones de Vargas. CRISTINA.—Lo que oyes. porque todo se lo gastaba en juergas. ¡ pásmate. CRISTINA.. me pongo como la grana. me casé.—(Cogiendo una margarita que lleva en el pecho.. Necesito aire. Cristina. era un desordenado. que lo de los Piñones era una superchería y que lo único que tenía de militar era la licencia absoluta y un gorro de cuartel. mis promesas ardientes murmuradas en un jardín solitario!. soy fiel a mi esposo..—¡También! EDUARDA. CRISTINA. Como guapo.—Pues ya lo ves. El mío se llamaba Rigoberto. como el tuyo..—¡Lo creo! EDUARDA. esos amores fugitivos. ¡Ah. eso fue mucho antes de que yo pusiera los ojos en Blanco.—Muchísimo. Tu relato y mi recuerdo me retraen a rememoraciones que. claro. arrogante.—Era tierno.—¡Ah. porque ¡hay más!.. el traumatismo! ¡Yo también tengo mi noche de luna.. es decir.. recuerdo tanto a aquel hombre que cuando mi marido dice por ahí que estamos a partir un piñón...alma el dolor de un episodio parecido. para colmo.—Lo que oyes. y. No te digo más.—¿Sacrilegio? EDUARDA..—¡Qué horror! EDUARDA. Tuvieron que echarlo del seminario. ¿qué dice usted? EDUARDA. también el mío. aquel hombre estudiaba para sacerdote! CRISTINA. ¡Qué mujer no tiene su dardo en el corazón!... en la rotonda de mi casa.—¡Qué horror y qué sacrilegio! CRISTINA. sino Exuperio. Cristina! CRISTINA.. al fin. CRISTINA.) ¿Volverá? . y. Tú ya habrás oído hablar de los piñones de Valladolid... aterrada. el Apolo del Belvedere era un Charlot a su lado. desapareció un día súbitamente. CRISTINA.—¿Pero todo eso sería antes de casarse con el señor Blanco? EDUARDA. Yo también conocí otro como tu Alfredo.. sin embargo.. y.—¡Jesús! EDUARDA... Yo también gusté de la miel de un beso furtivo. él incitóme. esas poéticas aventuras de unos días. sí. donjuanesco.—También. Y a poco averigüé. EDUARDA.

¡Hay que ponerlos sobre aviso.—¡Pues pasa que el mundo se nos viene encima! MORRONES.. CAZORLA. pero el que haiga sido.. (Volviendo a llamar. .. MORRONES.—Pero ¿qué pasa que vienen ustedes más blancos que un papel?. no. pero pulcramente. CAZORLA.) Voy..—Morrones..—Cae en una aplopejía. para que no se asuste así..—¡Ay Carlanca. no.—¡Señor Cazorla! ¡Carlanca!. que no puedo más! CARLANCA. Hablan con agitación. si no me las paga con su sangre!. avisa a don Acisclo y a la seña Cesaria que salgan a escape.) MORRONES.. ¿pero va en serio? CAZORLA.—¿Quién habrá sido el ladrón? CARLANCA.. que yo no tengo valor pa darles el trago! CARLANCA.—¡Ay..) ¿Quién? LOS DOS. que al causante.. CAZORLA. Carlanca. Sí. pero que se traiga el revólver. pálidos. consternados.. CARLANCA. Llamemos. (Le coge cada uno de un brazo. Sería peor.—Arrea. en cuanto se entere don Acisclo!.) ¡Ah. dile que no es nada. pero déjalo. Hacen mutis por el jardín. luego. con ira. qué disgusto más horrible! ¡Ay. vestido con humildad..—Recontra. MORRONES. fino... por la primera derecha. — (Saliendo primera derecha.—No hay que perder tiempo.. MORRONES. redicho.—El Evangelio es una chirigota comparao con lo que acabas de oír.—(Deteniéndole.¿No volverá?.—¿Y el señor alcalde? MORRONES.) ESCENA VII CARLANCA y CAZORLA. sí..—Que ya puedes ir escogiendo el presidio que te guste más.. mal rayo si no le clavo la faca en las entrañas!.. CAZORLA.. no llames. (La va deshojando. CARLANCA..) ¡Ave María Purísima!.) ¡Alabao sea Dios! MORRONES. ¡Pero déjate.. CAZORLA.—(Inicia el mutis. (Llamando.—¡No sé. voy.. mialas.. párate.. ¡Pero ni pa unto va a servir el que tenga la culpa! ¡Lo asesino!..—¡Mi madre! CARLANCA. por si acaso.—¡Ay. no le hace que reventemos. de pronto.. tien que saber la gravedad de la cosa! CAZORLA. párate. Vienen jadeantes..—Y yo vengo con la lengua fuera. CAZORLA. MORRONES. CARLANCA.—Pero. escucha!... por la segunda derecha..

—(Impaciente. Y añádeles que la cosa no tiene importancia. pero le rajo! ¡Por de contao! CAZORLA.. pero ahora. DOÑA CESÁREA y DON ACISCLO.. y si al decírselo se nos muere.—¿Se nos ha quemao la parva? DOÑA CESÁREA. que m'ahogo de angustia.CAZORLA.) Oye.—Bueno. le dije que era la mía.—Yo lo sabré y ¡ay de él! ¡Iremos a presidio. MORRONES. por Dios. ¿Qué es lo que pasa? CAZORLA.—(Vuelve a detenerlo.—¿S'ha muerto el ganao? CARLANCA. que salen. DON ACISCLO.—Cuando se le murió a usted su suegra. ESCENA VIII DICHOS.? DOÑA CESÁREA.—¿Qué ocurre. CAZORLA. que dicen ustés.—¡Peor! DON ACISCLO.—¡Madre.—Eso. que hagan una meaja de tila. (Vase primera derecha. MORRONES.—¡Pobre don Acisclo! CAZORLA. Arrea.—¿Pa cuántos? CAZORLA.) CAZORLA. y manda. ya lo sé. qué caras! DON ACISCLO. pero.—¿Qué pasa? DON ACISCLO.—Bueno. don Acisclo. por la primera derecha.—Hablen ustés. si no a estas horas ya se lo había yo dao al señor cura u a otro amigo de confianza... DOÑA CESÁREA.—¡Ay don Acisclo. venga..—Pues en cuanto le veas con síntomas así como pa entierro. en diez años que llevo al frente de la secretaría de este Ayuntamiento. ¿qué hago? CARLANCA.—¡Pero.—¡Canastos! ¿Y si es un desgusto. bueno. CAZORLA.—Kilo y medio. DON ACISCLO. DOÑA CESÁREA. como cosa tuya. ahora.) CARLANCA. Dios mío! ¿Quién habrá sido el delator? CARLANCA. te callas.—¡Pues venga..—Es intransferible.—Sí.: ¿qué es lo que pasa ahora? CARLANCA. pero que si no está el médico. pa evitar que usted se afligiese.—Pues ahora pasa que les tenemos que dar a ustés el desgusto más grande de su vida.) Bueno.—Calla. por qué no se lo dan ustés a otro? CAZORLA. qué dice Morrones. así yo me hacía la ilusión y usted no se disgustaba. (Va a marcharse.—¡Peor! DOÑA CESÁREA. nunca le he dado a usted un mal disgusto! DON ACISCLO. lo que sea! ... que lo avisen..

) "Señor don Acisclo Arrambla Pael. tu gestión al frente del Municipio estaba garantizada.—¡Tenga usted valor..—De don Demetrio.) ¿Investigarme a mí?. a ver.—Creo que sí.—Pues verán ustedes. Mire usté." DON ACISCLO." DON ACISCLO.. (Le muestra la carta.—(En el colmo del furor.) "Para que inspeccione tu gestión administrativa durante los dieciocho años que llevas al frente de ese Municipio. CAZORLA.—¡Pero qué es! ¿Qué amenaza es ésa? CARLANCA. Aquí está. y como usté me tiene autorizao pa abrirlas...—(Lee. Sigue.—(Lee. don Acisclo! CAZORLA..—¿Y qué dice? CAZORLA.—(Leyéndolo. la leo y me caigo redondo. Mi querido Acisclo: Si no tienes agua de azahar en casa.—(Leyendo.—¿De nuestro antiguo diputao? CAZORLA.—¡Santo Dios! CAZORLA.—¡Amenaza!. DOÑA CESÁREA." DON ACISCLO..." DON ACISCLO. dándosela a ese imbécil de García Moyuelo. la abro.) "Cuando yo tenía vuestra representación en Cortes. Cazorla. enemigo acérrimo del caciquismo.. pero desde que los otristas me arrebataron el acta." DOÑA CESÁREA.. DON ACISCLO.) "A petición de algunos elementos de ese pueblo.. cuando en esto llega una carta pa usté.—¿Tenemos? DOÑA CESÁREA.—(Leyendo.) "Porque tu corazón municipal y patriota va a sufrir el más terrible de los golpes. deja que siga. ¡Adelante!.. que una terrible amenaza se cernía sobre vosotros." DON ACISCLO..—¡Cómo ladrones!.) "Aseguran que ese Ayuntamiento es una cueva de ladrones..) DON ACISCLO. CAZORLA.. CAZORLA. CAZORLA. García Moyuelo ha solicitado del presidente del Consejo de ministros. Acisclo. calma. y juzguen de mi espanto. ¿Pero dice ladrones? CAZORLA. con aquel expediente que me dijo usté que lo estudiase para ver cómo podíamos dejar de resolverlo.) "Y esta amenaza va a realizarse al fin. ¿Pero qué ladrón se va a atrever a eso?..—¿De qué se trata? CAZORLA.. DON ACISCLO.—Con todas sus letras..DOÑA CESÁREA.—Calma. DON ACISCLO. ¿Pero quién manda eso?.—¡Golpes a mí!.—(Leyendo..—A ver.) ¡Ladrones nada más!. DON ACISCLO..—(Leyendo. si tienen valor.—¿De quién era? CARLANCA.—(Lee.. no empieces la lectura de esta carta." DON ACISCLO. nada menos! . que se envíe un delegado con órdenes severísimas. Los DOS.. ¡Digo.—Óiganla ustedes.—El mismo. Estaba yo en el Ayuntamiento..—¡Rediez! CAZORLA.

—¿Entre nosotros?. que voy a hacerle tila." DON ACISCLO..—¡Quieren mi perdición!.—Desabrocharlo. enterado de la cosa por una confidencia secreta. DON ACISCLO.—(En el colmo de la ira. Quizá estén ya entre vosotros. Demetrio Sánchez Cunero. Quieren sorprendernos." DON ACISCLO..—(Leyendo.. señor Alcalde! Calma. que me ahogo. ha prometido al ministro que." DOÑA CESÁREA.—¡Qué infamia!. u os trae a Madrid atados codo con codo. ¡ Me rechinan los dientes! ¡Me retuerzo de coraje! (Le dan convulsiones de ira.) ESCENA IX ." MORRONES." TODOS.—Sujetarlo.. (Se lo da... que me siento morir! DOÑA CESÁREA. Acisclo. trituro. darme agua!.—¡Santo Dios! CARLANCA.) ¡Ay Cesaria. (Con sonrisa sarcástica.) "Yo.—¡Por Dios. (Mira por todos los rincones. Tuyo siempre.) CAZORLA.—¿Y si quemáramos las dos cosas? CARLANCA..—(Leyendo.) "El delegado que os envía. ¿Yo codo con codo?.—¡La Guardia Civil! DON ACISCLO.—¡Ladrones. granujas! DON ACISCLO.. o le rendís cuentas hasta el último céntimo.. Fúmese usted un cigarro. como persona que sabe muy bien lo que se lleva. hacerle aire.) CAZORLA. machaco.) "Calma y astucia.) ¡No dejarle venir solo! CAZORLA. y no tenerse en cuenta esta antigüedad! ¡Ay. (Vase por la izquierda... vigilad sin descanso.CAZORLA.—¡Por Dios. El delegado y su secretario llegarán a ésa de incógnito. para apoyar la gestión del delegado.—¡Codo con codo! CAZORLA.—(Lee. y como yo sé que tú llevas los libros de una forma especial.. me he creído en el deber de avisarte para que os preparéis.—¡Investigarme a mí!..) "Y por último.. canallas.) DOÑA CESÁREA. ¡Maura.. DOÑA CESÁREA.) "Uno de estos días enviarán al pueblo una sección de la Guardia Civil. ¡Infames! ¡Asesinos! ¡Treinta y dos años haciendo en este pueblo lo que me ha dao la gana. Antes asesino.—(Leyendo. te aconsejo un procedimiento expeditivo: quema los libros o quema el Ayuntamiento. no te pongas de esa forma! CARLANCA. incendio..—¡Es una idea! CAZORLA..—(Acabando de leer.. no!. hombre enérgico y resuelto.

. ancianos!. hombre.. sí... que ha llegao una Nochebuena.. arrasarlo. MORRONES. CAZORLA. un asilo de ancianos.—¡Ah.—También es grave lo del monte de las Jarillas. ahora. Vamos a pensar rápidamente lo que nos conviene hacer. DON ACISCLO..—Bien.—¡Pa qué quie nadie saber leer en este pueblo. CARLANCA.) ¡No asustes sin motivo... pa fundar.. dejemos fruslerías. que tie el sacristán!. lo fui cobrando y.—¡Sí.. DON ACISCLO....—Sí..) ¿Dónde? MORRONES. ¡Yo lo quemo too!.—¡Pero si no los quemamos. porque yo creo que tengamos sin pagar al médico siete años y doce sin abonar naa a la Diputación. CAZORLA. leña al director general.—¡Hay que quemar los libros! CARLANCA.. pues pa que no creyesen que había sío de mala fe..—Lo más dudoso es lo de la cárcel.. ¡Pa lo que van a vivir!. Ya sabe usté que había catorce presos con una consignación de dos pesetas. los dejó en libertad. y me se olvidó suprimir la consignación el primer año. con el producto. (Le dan una cerilla cada uno..—¡La Guardia Civil! DON ACISCLO.. ¡Darme fuego!. hay que incendiarlo.. tortas al subsecretario. pero no de pluma! CAZORLA. señor! CAZORLA. MORRONES.. Un día los cogió usté a todos.—(Aterrado. DON ACISCLO.. DON ACISCLO.. quemarlo too!. CAZORLA. CAZORLA.—En casi naa.) DON ACISCLO. total: ¿en qué renuncio pueden cogernos? CARLANCA. DON ACISCLO. que es del procomún. menos DOÑA CESÁREA.. Yo. pues se ha aprovechao. CAZORLA. si lo único que hay que leer son los rótulos de las calles y cuatro o cinco números atrasados de "La Lidia". CARLANCA.—Digo que la Guardia Civil es lo que más me ha ofendío a mí.—Sí... no hay que perder tiempo.—Darme fuego.... y capones al ministro..—(Iracundo. y éste pidió el aprovechamiento que era del pueblo. Y el aprovechamiento. CARLANCA. que no pue estar uno en too y me distraje..—¿Hacerme esto a mí?. y los demás años.. que estoy muy nervioso y quiero fumar. es posible que vayamos a la cárcel.—¡Ya les daría yo capones. que el asilo.—Bueno. CARLANCA..—¡No. CARLANCA. y que los .. Darme fuego.—Pues claro.—¡Eso qué le importa a nenguno!. por Dios!.—Porque lo de que estén cerradas las escuelas hace ocho años. hombre.. so animal! DON ACISCLO. que en total eran veintiocho diarias.—¡Una distracción cualquiera la tiene.. no creo yo que. es seguro! DON ACISCLO. bueno!.DICHOS.—¡Ancianos..—Pero si los quemamos....

DON ACISCLO.. (Vase por la segunda derecha.—De todo.—(Con resolución. naa. CARLANCA.. MORRONES. me crispa la ira. DON ACISCLO. que dijo Maura! CAZORLA. les pregunta usté que ande están las montañas de Navarra...—En seguía me sacas de donde los haiga nueve ancianos..—Mande usté. Descuide usté. MORRONES.—Está bien. y muy brutos tien que ser pa no decirle a usté que en Aragón....—No importa.—¡Don Régulo! DON RÉGULO.) Señor Alcalde.) Bueno.—¡Y que se vean toos los Ayuntamientos de España.—Pues se le dice a la seña Társila la mujer del sacristán. CAZORLA. CAZORLA.—En ti confío.. que les enseñe a uno u dos cuatro torías de Historia. ESCENA X DON ACISCLO. cuentas y pamplinas de ésas.—¿Se ha enterao usté? DON RÉGULO. sea como sea.. . Cuasi toos con caras de criminales. DON ACISCLO.. vuela. por la segunda derecha. la indignación me corroe.. De ambos sexos los nueve. CARLANCA. DON ACISCLO...fondos pa enseñanza. y el aprovechamiento de riegos.—Too eso.—Márchate inmediatamente y búscame catorce hombres que quieran ir a la cárcel por tres pesetas diarias. DON ACISCLO.. DON RÉGULO.—Hala.—Too se andará.—Catorce presos. CAZORLA y DON RÉGULO. Señores.—(Entrando.... MORRONES.—¿Y si quieren examinarlos? DON ACISCLO. Dentro e media hora estoy aquí con too el ganao. Es una indignidad lo que ese Gobierno centralista y canallesco quiere cometer con nosotros. Pa las ocasiones son los hombres.. nueve ancianos.—¡Si se pudieran arreglar los libros tan fácilmente!.. de toos modos hay que prevenirse. CARLANCA.—Un perro. Y sobre la marcha. DON ACISCLO... DON ACISCLO. a ver si están mejor!. deje usté descansar al macho.. MORRONES. Y despachaos.. Morrones.) DON ACISCLO. de los cuales doce u catorce sean chicas. Verán ustés cómo lo arreglo yo too en dos boleos. te haces con veinticuatro chicos.—Lo malo es que no tenemos ningún chico que sepa leer. con oción a escoger los delitos que más les gusten. cuatro tonterías. ¡Espuma de virutas. que varias sean chicas. DON ACISCLO.. veinticuatro chicos.—Vengo explosivo.

CARLANCA.—Déjenme ustedes a mí. para cuando se me acabe la razón. y el que tiene en su escudo el león rampante de Castilla y seis rodelas en campo de azur. Unámonos ante el enemigo común.—Muy bien.—¡Quieren investigarnos! CAZORLA.—Eso lo he leído yo en alguna parte. no.—Y luego. me queda la puntería. Unámonos y podremos hacer lo que nos dé la gana.. CARLANCA.—¡Eso es ser un caballero! DON RÉGULO. Pues imitemos el ejemplo del arroz.—Y últimamente. CAZORLA. Al menor recelo. y uniéndonos como sabrosos granos.—¡Desconfiar de nosotros! DON RÉGULO. Somos los nietos de los Comuneros.—¡Ajustarnos las cuentas! DON RÉGULO. vamos.... DON RÉGULO. DON RÉGULO. DON ACISCLO. DON RÉGULO. ¡Yo no me dejo ajustar cuentas! ESCENA XI . "La force premier que le droit". Unámonos y seremos fuertes. Nada. si se enteran que cobra usté como matrona de consumos. Viene. ¿Qué es un grano de arroz por sí solo?..—En los hongos. no se deja investigar. que aparte de lo de caballero y de lo de cristiano. el teniente de la Guardia Civil.. Cuestión de honor..) ¿Quieren ustedes que machaque aquella avispa que acaba de pararse en el marco del reloj? CARLANCA. Aprendamos de las sencillas lecciones de las cosas más nimias.—(Saca una pistola.—No debemos tolerarlo. CAZORLA.—Sí. hombre.—La verdad es que usté con la pistola en la mano. adiciona un pollo y paella. DON ACISCLO.—No. Yo soy un caballero.—Muy bien.—(Se guarda la pistola. que es para lo que se une todo el mundo. pero junta usté muchos granos. CAZORLA.—A un hidalgo español no hay quien le ajuste nada.. a la más leve sospecha le cruzo la cara.. DON RÉGULO. CARLANCA.—¡Las cuentas!. por Dios.) Está bien. Se permitió mirar malévolamente a mi Eduarda y le tuvo cojo medio año de un balazo en el peroné. no una cocinera.—¿Y qué haríamos? ¿Usté qué opina? DON RÉGULO. no hace falta. pero por cosa de mujeres. La unión "fait la force". Que venga ese delegado.—Acuérdense ustedes de mi duelo con Menéndez.. DON RÉGULO. De otro hongo. ¡Jamás mientras yo viva en este pueblo! Un caballero español y cristiano no tolera semejante bochorno. examina los libros y en cuanto haga una multiplicación que no nos convenga le mando los padrinos. DON ACISCLO. no seremos pa ella. era otro bochorno. Pues ya lo saben ustedes: no hay que intimidarse. pero seremos pa nosotros. Ya saben ustedes que yo le pego un tiro a una mosca a veinte metros. Los TRES.

—Pues el delegao creo que es un señor muy delgao. y el otro.—Salga usté por la puerta del callejón.—Y creo que el teniente ha ido en seguida a saludar a los forasteros.—A más. (Vanse los dos por la izquierda. CAZORLA.—El delegao y su secretario. DON ACISCLO. DON ACISCLO. lavarse por la tarde! DOÑA CESÁREA. Se supone que pa lavarse. DOÑA CESÁREA.—Creo que de que han llegao. por la izquierda. que los vigilen. vengo a enterarles en un vuelo. si a ustedes les parece. ¡Ellos son!. CARLANCA.. y l'han dicho que acaban de llegar dos forasteros..—Bien pensao.—¿Qué dices? DOÑA CESÁREA. Vaya usté a ver qué averigua.—La Jesusa ha avertío a la Anastasia. ¡Codo con codo!.—Bien hecho. pero elegante también.—Pues ya no hay duda. y en cuanto sepa tanto así de interés.DICHOS y DOÑA CESÁREA.—¡Lo ve usté! DOÑA CESÁREA. DON RÉGULO. ¡Ya han venío. CARLANCA.—¡Ellos son! DOÑA CESÁREA..—Pues por la Jesusa.—¡La Guardia Civil! DOÑA CESÁREA. El uno mu bien vestío y más joven.—¡Qué raro. CARLANCA. de mi parte.. Y yo. DON RÉGULO. y el que no es delegao también es delgao.—Hasta ahora.—¡Lo que oyes! DON ACISCLO.) . ya han venío! DON ACISCLO..—¡Ánimo! CAZORLA. DON RÉGULO. han pedío dos jarros de agua. traicioneros! CAZORLA.—¡Ah. ha dao la coincidencia que no haría una hora que estaban en el pueblo esos dos señores cuando han llegao ocho parejas de la Guardia Civil.—Están en el Hotel Anastasia.. DON ACISCLO. ya entrao en años. DON ACISCLO. que mandéla a la fonda ande tiene sirviendo a su sobrina pa que se enterara.—¡Quieren cogernos desprevenidos! DOÑA CESÁREA.—¡Mi madre! DON RÉGULO.—¿Cómo lo sabes? DOÑA CESÁREA. voy a organizar hábilmente el espionaje. DOÑA CESÁREA.—¿Quién? DOÑA CESÁREA.—No diga usté más. DON ACISCLO. pero no tanto. y allí está de guardia. Parece que s'han metío en el cuarto y que tratan de esquivar que la gente los vea.—¡Ya están ahí!.—¿Y qué señas tienen? DOÑA CESÁREA.

. músicas.. aguarda ahora.. DON ACISCLO. pero seguro.. Ya tenía nueve cuando me he venío.. DON ACISCLO..) DON ACISCLO. viejos y niños? MORRONES. ESCENA XII DICHOS y MORRONES. señor alcalde. Le he dicho que los pague a seis pesetas la media docena. que no sé si servirán pa creminales. pero algo radical. Ya estamos solos. como usté quería.... cohetes.—Traigo una muestra de caa cosa. tú el valor. (Pensando. DON ACISCLO.—Bueno.. pero verá usté luego lo mejor que he encontrado. DON ACISCLO. y vosotros venir p'acá. por nueve pesetas uno con otro. si esos hombres investigan de veras.—Mu antiguaos... DON ACISCLO.—Por fin. DON ACISCLO. por la segunda derecha.—¿Qué? CARLANCA. señor.. he convencío a dos. Hay que echar el corazón por la boca.—Tengo lo mío.. comidas. Abandonemos lo delictivo.—No nos engañemos. yo tengo el único procedimiento! DON ACISCLO.. lo que hacía era sobornarlos..—¡A nueve pesetas la pareja! ¡Cómo se ha puesto too!. MORRONES. vamos a la cárcel. Esto es vulgar.—Sí. otra más. y. ¡Yo. tie cierta novedá y no cae en el Código.—¿Pues? MORRONES. CAZORLA. ¿me expreso? CARLANCA. discursos.—Hombre.) Vosotros sois mis pies y mis manos. agasajos.—Ties razón... Ni por seis pesetas quie ir nadie a la cárcel....—No cae. eso no me acaba a mí de disgustar. Tú eres la estucia.—¿Y meterles un perro rabioso en el cuarto de la fonda? DON ACISCLO.—De ancianos tampoco hay abundancia con esto de la gripe...—¿Traes presos. Con esos delegados hay que hacer algo. DON ACISCLO. CARLANCA.. .... DON ACISCLO. (Forman todos un grupo y discuten en voz baja.—¡Chis! Esos procedimientos son mu antiguaos.—Cojo la manta y el retaco. Dinero. ¡Abusones! MORRONES. es lo más prudente..) DON ACISCLO. ¡Con las veces que han estao de balde! MORRONES. pero los nueve de ambos sexos.—Otra cosa.. me aposto esta noche detrás de una esquina.—iQué canallas!. Y los chicos me los está recogiendo mi mujer. (Acción de disparar...—Venga. DON ACISCLO se acerca a MORRONES. (Los lleva aparte. pero de "requiescat in pace".—Señor Alcalde.) ¡Más de ahora! CARLANCA. CAZORLA. De forma que yo que usted. obsequios... pero tropieza.—Presos no encuentro.—¿Has hecho mi encargo? MORRONES. Semos hombres.

—Sé lo que hay que hacer.—(Del huerto.) DON RÉGULO. los obsequios y quizá la piel.—Pos hay que prepararse..—¡Eres mu grande. dejándose aquí el dinero que les haya usted dado..... (Gesto malicioso. DON ACISCLO. Cazorla! ¡Digno de mí! CARLANCA.. agasajos. yo les juro a ustedes que buscaré quien les haga marcharse a uña de caballo.—Toos dentro.—¡El delegao que viene! Los TRES. aguárdalos aquí y me pasas el recao. descuida....—¿Qué pasa? DON RÉGULO. ahí de mi ingenio! DON ACISCLO. Preguntó en la fonda las señas de usted.. Voy a arreglarme un poco. (Llamando.—Que les conviene el unto y se van. que too se andará.CAZORLA... Adentro..—Deja.—Señores. PEPE OJEDA y ALFREDO...) ¡Morrones! MORRONES.) Mande usté. Pero si no se van.) ESCENA XIV MORRONES. (Suena una campanilla.... ¡Que no se van.—Ya están ahí.—¡Palabra! ¡Me juego la vida! ¡Por éstas! ¡Ya lo tengo medio maquinao! DON ACISCLO.—Es mi secreto. DON ACISCLO. DON ACISCLO. ¡vayan con Dios! A enemigo que huye..—¡Que viene! DON RÉGULO.—¿De veras? CAZORLA.. Que esperen.) DON ACISCLO. DON ACISCLO. CAZORLA. ya están ahí.—¿Qué piensas? CAZORLA. amabilidad.) ¿Da vuecencia su permiso? .. PEPE.. DON RÉGULO.. DON ACISCLO. (Vanse los cuatro por la primera derecha. usted lo pase bien.—¡Qué hombre! ¡Y no tener una mala condecoración! DON ACISCLO.—Que viene hacia aquí. y todo sin responsabilidad nuestra.. ¡y luego!.—Ahí tenemos a esos tíos. señores. ESCENA XIII DICHOS y DON RÉGULO. por la segunda derecha. y él y su secretario se dirigen a esta casa.—(Asomando por la segunda derecha.—Dinero.

.? MORRONES.) del señor alcalde de este excelentísimo. PEPE..—Sí.. PEPE. y en cuanto averigüe que soy un pelafustán. MORRONES... PEPE.) Sí.—(Muy sonriente.—¡Ay..—Pues nosotros deseábamos entrevistarnos con el señor alcalde de esta muy noble. después de hacer una gran reverencia." ALFREDO.—Con muchísimo gusto. Alfredo.—Pero es que tengo entendido que ese don Acisclo es una mala bestia. ¿tú no me has asegurao que la chica te quiere? ALFREDO...—Es que si esto nos sale mal. PEPE. señor.—¿Tengo el honor de estrechar la diestra (Le da la mano. yo creo que sí. PEPE. ...—¡Y cuánta mosca tienen ustedes. PEPE.—¿Entonces.. MORRONES.—¿Usted ve que hay tantas?. pa servir a usté y la compaña. las forasteras no tienen sitio! MORRONES. ALFREDO. (Vase por la primera derecha..—Pasen ustés alante. Morrones!. PEPE. ¡Yo creo que nos mete en la cárcel!. ¡Porque cuidado que hace aquí calor. sí. PEPE. que vengo con la pretensión de casarme con su sobrina. mi estimable y discreto alguacil! ALFREDO.—Confía en mí. cálmate. caramba! MORRONES.— ¡Por Dios. pero ahora que me veo aquí. Aguarden ustés unas miajas.—¡Claro. muy leal y muy calurosa villa. tengo un pánico. que tienes una cara de asustao que va a comprometernos! ALFREDO. Ya no es hora de retroceder.? ALFREDO. soy el alguacil. sin dos reales.—Estoy temblando... y decir que deseamos. tío! Estoy que no respiro..—Sí. ¡Adelante! "Audaces fortuna juvat. según mis referencias..—Felices y municipales.. señor..—Pues si usted nos hiciera el obsequio de avisar al señor alcalde. muy invicta..MORRONES.—No.—¡Hombre. Ustaquio Morrones..—Poco.. PEPE.— ¡Qué va a salirnos! ALFREDO.—¡Ya decía yo que usted me parecía algo municipal! ¿En qué Ayuntamiento no hay morrones? MORRONES.. que es muy rica. señor... ¡Pues cuasi toas son nacías en el pueblo! PEPE.—Hombre.. ALFREDO. PEPE.—Además..) ESCENA XV PEPE OJEDA y ALFREDO.

.. tu elegancia. se lo juro a usted. ¿no son nada? ALFREDO. Ulises. ¡eso no lo quiero! PEPE. No. Y a la fortuna de la chica yo opongo la tuya. señor. tu belleza masculina.. tío. que estamos solos.—¡Pero.PEPE. es decir.—Elegancia. Porque en los tiempos que corremos todo hay que capitalizarlo. hasta el punto que lo único que me aflige y me asusta ahora es que alguien... Porque no tiene nada que ver que no hayas pagado el traje. constituyendo un tesoro interno. ALFREDO. ¡eso son fantasías! PEPE. yo en cambio administro lo que pudiera llamarse tu fortuna estética. eso no. Paris. La Cierva y dos o tres más.. tío.. si se tercia. El bello Narciso. predios rústicos y sumas en metálico. Es que esa indignidad tampoco la apadrinaría yo. Su recuerdo es una alegría en mi corazón..—Bueno. y aun quizá ella misma. ¡Quieres nada más limpio! Ahora que yo he venido aquí acompañándote porque considero necesario subrayar tu romántico amor con una línea sutil de practicismo.—¿Yo? PEPE.. ALFREDO.—¿Pero que está usted diciendo? PEPE. pero si tú le dices al tío todo eso.—Tu belleza masculina. Ya te he dicho que confíes en mí. Alfredito!. haga el tío cuanto se le antoje.—Por Dios. tu simpatía. horadante y revoloteadora es privilegio de los elegidos. PEPE. tú. una fortuna sustantiva. no menos grande. externo y aun medio pensionista. Nada me importa lo que tenga. ni para nada pensé en su dinero. Tus atractivos personales.—Sí. porque yo entiendo que tú eres tan rico como la muchacha. porque si don Acisclo administra a esa bella joven fincas urbanas. aunque esto te lo digo yo a ti en la plaza de toros.. Tu limpio linaje no cede al mío en limpieza. pudiera creer que soy un señorito tramposo que viene a explotar la candidez y el amor de una muchacha de pueblo para salvarse con su fortuna. tío!. Una mirada dulce. porque es buena. ALFREDO. Yo quiero a esa muchacha porque es bonita. que ella te quiere. Y todas estas prendas que se manifiestan en ti. tu figura arrogante. la Cerda fue la mía.. ¡La belleza es la gloria de los dioses! Veinticinco mil pesetas las tiene cualquiera.. tú. porque es sencilla. es decir.—Es que a mí. ALFREDO.—¡Cómo fantasías! Tu fortuna es tan positiva como la de ella y más privilegiada. ¡De modo que estamos a ellas! ALFREDO..—Una realidad como un rascacielos. ALFREDO.—¡Tío! PEPE. que si la Cerda fue tu familia. tuya ha de ser......—¡En la cárcel! ¡No cabemos!.—¡Poco a poco. me molesta sobre todas las cosas la idea de que nadie pudiera imaginar que es una codicia vergonzosa la que me impulsa a esta aventura. Para algo te acompaño. tu juventud. Con que la chica te quiera.

...) EDUARDA.. es ella!.—Sí. No te importe. ¡Trabajo... ¡No insistas.. ¿Y vamos ahora nosotros (hombres cultos) a volver la cara a las corrientes modernas?.—¡Por Dios. ideado por mí. ¡Nada de trabajo!. los "forein besteblat"... ALFREDO. y que consiste en la cruza de loros con palomas mensajeras. se acerca. ¡De ningún modo!..PEPE.. PEPE... (Se escucha rumor de voces femeninas en el huerto. no! ALFREDO.) ¡Sí.—¡Calle usted. y veremos lo que se presenta. PEPE.—Eso es. Todo se resolverá. con el fin de que éstas puedan dar los recados de palabra.. Pues bien.. por Dios! PEPE. como no tenemos un real. Mientras.—¡Ella.. venga usted por aquí!. Ahí tienes las "trade unions" de Inglaterra.. absolutamente identificado con este noble propósito societario. y eso..—Chis..) ¡Ah! ¡Alfredo! ALFREDO. De modo que. ¡Trabajar!. "L'internationel" y todas las grandes actividades societarias. ALFREDO.—¡Cristina! (La abraza apasionadamente. tío.. tú te pones al habla con la chica. caramba! No me hables a mí de trabajo... ¡Porque si te dan mucho dinero y no te dan tiempo para gastártelo.. no! No soy tan indiscreto. Viene. ALFREDO. parece su voz! (Va a mirar.—Y diga usted.—¡Oh! . no... (Entra y queda muda de estupor al ver a ALFREDO... pues dentro de dos días. PEPE... pero es que si no trabajamos. tener trabajo y luego haber venido... los "sein feiner". yo.. CRISTINA. qué haces! ¡Viene el desequilibrio anunciado por los marxianistas.—Tú observa cómo a medida que la gente es más progresiva y más culta.—(Entrando. ALFREDO.. si no podemos pagar la fonda..) ALFREDO.—Y que queremos establecer aquí grandes criaderos lorocolombófilos. eso.. ¡quiere trabajar menos y ganar más!. Nada de propósitos antiprogresivos. pretendo ir de un salto a su absoluta consecución. Alfredo!.) ¡Por aquí.—Bueno.—¿Pues?. El acaso no desatiende a los bienintencionados. es que yo pienso que. tío: ¿no hubiese sido mejor lo que yo me proponía? Haber solicitado una ocupación. PEPE. Al tío le diré lo que nos dijo Menéndez: que venimos a adquirir una gran finca rústica para la implantación de un enorme negocio de avicultura.—(Dentro.. Yo no trabajaré ni tanto así hasta que se logre la triplicación de los sueldos y la supresión total del trabajo. todas las grandes masas obreras uniéndose para no hacer nada o para hacer lo menos posible.) ¿Pero con quién hablas? CRISTINA. no! Yo no quiero la grave responsabilidad de volver la cara a los grandes ideales humanos. bueno.. Fíjate en las aspiraciones del proletariado universal..—¡Ah.—¡Él! EDUARDA..

—Un retrato del rey... el mobiliario de lujo. DON ACISCLO. (Alto.) ¡Ah!..! DON ACISCLO..) Y nos reciben en comisión. PEPE.. señor alcalde.—¡El ordenado!.. José María de Ojeda. que se resuelve en una tremenda exclamación de sorpresa. PEPE.) De forma.—¡Y mondadientes. PEPE. ¿Has oído?. DON ACISCLO.—Ni una palabra.—¡Eduarda! EDUARDA. pero no hace falta.) ESCENA XVI DICHOS. si nos permitiera usted explicarnos.—¡Pero.. pero sin estrenar!.) ¡Por su cuenta!. (Quedan juntas. a ALFREDO... Perdone usted que respetuosamente me presente yo solo.. DON ACISCLO. PEPE. PEPE.—(Aparte. PEPE.—Ce por be.. DON ACISCLO. pero tanto honor. Sé cómo hay que tratar ciertas cosas. ¡Caramba. que ustedes se vuelven a la fonda. DON RÉGULO.) Mi. y en esta casa no tendríamos libertad para expresarnos..—Morrones.) Entonces.—(Aparte.....PEPE. ¡Tú! PEPE..) ¡Atiza! DON ACISCLO. DOÑA CESÁREA. señor alcalde.) ¡Ay Alfredo..—(Con traje de fiesta.—¡Por be! (Aparte... Ellos se separan. PEPE..—(Ídem. CAZORLA.. PEPE. Muy grave... que los pongan en el salón prencipal. ALFREDO. acompáñalos a la fonda. yo..—(Ídem.. ¡Conque a la fonda! ALFREDO.—¡Hasta su majestad!.)¡Señora!.. a ALFREDO. ... yo. puro y copa! DON ACISCLO. a pesar de lo que usted ordena..—(Categórico. DON ACISCLO...) ¿Saben ustedes a lo que venimos? DON ACISCLO. por todas estas distinciones. Todo por mi cuenta. por la primera derecha.—Pero....) ¿A lo que venimos? ALFREDO.—Señor alcalde.—(A EDUARDA...—¡Café.. CARLANCA y MORRONES.—(Aparte.... puro y copa después de las comidas!.) Nos meten en la cárcel.. EDUARDA.—Mucho gusto. (Señalando a ALFREDO... que dice por be! ALFREDO. Sabemos quiénes son ustedes y a lo que vienen.—Bueno.. descansan y esperan mi visita. ¡por su cuenta! ALFREDO..—(Mirándole con fijeza y estupor.) Señores. a PEPE.—Señor alcalde. DON ACISCLO. DON ACISCLO.—Sin embargo. quisiera merecer. PEPE.—Las que ustés se merecen.—(Con gran sorpresa.

—(A CRISTINA....) ¡Tío!. señorita.. (Saludando.. PEPE..) ¡Ah.. PEPE.. señora....—Nada.) En fin... Señora!. (Vanse.—(Aparte.... DON ACISCLO..—¡Tío! DON ACISCLO..—(Ídem... ALFREDO. ¡Mis cordiales saludos a todos!.—(En el colmo del estupor. (Reverencias a todos. señorita... y que les pongan plato de dulce jueves y domingos!. este alcalde lo rifas a cinco duros la papeleta y te las quitan de las manos. PEPE.) Señores. Basta con los domingos.—Señoras..) Señorita.... ¡jueves y domingos! ¡Señor alcalde.. a ALFREDO.. enamora a ese joven! CRISTINA. DON ACISCLO.. ¡Esto es una joya municipal! (Alto..—(A MORRONES....DON ACISCLO...) ¡Si quieres salvar a tu tío. Él sabrá por qué lo hace..) MORRONES. ¡ven aquí! CRISTINA. es verdad!... señores.—(La coge de la mano..—(Aparte.) ¡A la fonda! ¡Respetuosos servidores!..... si quieres salvar al pueblo que te ha visto nacer. ALFREDO..—¡Enamora a ese joven! TELÓN . nada. PEPE. ¡Señora..) ¡Pero este tío!. señores. señores.... es demasiado!. DON ACISCLO. señores. esa amable exageración repostera es que me diluye en gratitud!.—¡Ah.) Bueno.—No.—¡A la fonda! PEPE..—(Aparte. ALFREDO.) Señora.. ¡Mis más rendidas cortesías!. (Alto.. déjalo.—Alguacil.) Cristina.—¡Jueves y domingos! PEPE.) DON ACISCLO. señora. yo voy con ustés. sí.—¡Por Dios. a OJEDA.

[pero va usté a sabe quién serán! . MORRONES. pero de damasco o de algo semejante que suponga un mayor lujo.. la mecedora menos derregá. la cómoda e mármol y la sillería buena: que no siendo al obispo.—¡Atiza! MORRONES. MELITONA y EUSTAQUIO cambian la sillería vieja de cretona. Es practicable. Al fondo.: ¿pero quién serán esos dos presonajes pa tanto ringorrango? MORRONES.—¡Yo no lo sé.—Sí. que sí.. ¡Cosa que no comprendo pa qué! MELITONA. MELITONA.—Pero oye tú. ACTO SEGUNDO Sala en el Hotel Anastasia. que adornaba la sala.—Y me añadió que les pusiese usté un retrato del rey en la sala. Puerta de entrada a la izquierda. alfombra pal suelo y escupidera.—Una pa ca mano será. El balcón tiene un letrero que dice: CÍRCULO DE LA AMISTAD. hombre. con puertas vidrieras. ANASTASIA. MORRONES. ESCENA PRIMERA ANASTASIA.. por otra no menos antigua y deteriorada. Y le ices a don Acisclo que too s'hará y como lo que él tie mandao. endredones. dos balcones que dan a la calle. acabando de colocar una cortina en sustitución de otra. [Y que se tratará a esos señores mismamente como si fuan dos príncipes. Morrones. Por ellos se ven un balcón y una ventana de la casa de enfrente. además. MELITONA pone unas sillas y quita otras.—Y dos toallas ca uno. Añaden. EUSTAQUIO. EUSTAQUIO y MORRONES. Dirigidos por ANASTASIA.—Que sí.—¿De moo y manera que s'ha enterao usté de too? ANASTASIA. así como las cortinas que hay ante las puertas las sustituyen por otras más lujosas. ANASTASIA pasa el plumero a unos cuadros que deben ser colocados.] MORRONES. asi como la ventana. señora..—Pos ya lo estás viendo: el espejo dorao. Al empezar el acto EUSTAQUIO está subido en una escalerilla. porque lo que él me tie dicho fue que me dijo. adornos y utensilios que en el diálogo se indican." ANASTASIA. los muebles. no dejo sentar a naide. dice: "Pos ándate corriendo y le dices a la seña Anastasia que a esos dos señores forasteros pues y que les ponga a su disposición la sala prencipal con toos los muebles de lujo. Dos a la derecha.

—"Mokin" tengo... que largas más guantás. ¡pero muy alto! MELITONA. Cómo será de arisca. MORRONES.—Que si entras a servirles a esos señores pa cualisquier cosa que te llamen y te dieran un abrazo.—Pos a ver si una se va a dejar que la abracen. carcúlate. no siendo a un deputao que vino. y que no lo sé.—Eso voy a hacer. que los guantes son de cuando hice el servicio. en esas presonas cualisquier hinchazón es más notao. ANASTASIA. Ahora. ANASTASIA.—Hombre. porque pa puneles escupiera. no vayas a hacer lo que haces con toos.—¿Pa mí? MORRONES. EUSTAQUIO. MELITONA. MORRONES.—Y bien que lo sabes. de tes pa intrenós. MELITONA. MELITONA. la tengo que bajar al entresuelo. MORRONES.—Como que aquí no se l'ha puesto a naidie. una cosa que te manda el municipio.—¿Ni te lo feguras? MORRONES. que ca vez que vienen señores formales. que se los corté este invierno cuando tuve sabañones. ¡Mía que es tontería! [MELITONA. Melitona.—Que no. ¿De moo y manera que estamos entendíos? .—¡Pues porque es como un servicio del Estao! ANASTASIA. como jueces u canónigos. u cosa así.—Pos tie que ser gente mu gorda. porque. que le gustaba echar toas las colillas en el mesmo sitio..—Hay cosas mu serias y ésta no se hace cargo. MELITONA.) ¡Se ven unas cosas!. señora.—Ni por ensoñación. pero es "mokin".. claro. y a más de ser verdes.MELITONA.—Pos si pican muy alto. es corto. ANASTASIA. MORRONES.—Naturalmente. De moo que pa mí. MELITONA.. que los primeros ocho días paece y que tien erisipela.—¿Y por qué me tengo que aguantar que me abracen? MORRONES. pues les faltan dos deos.—(Riendo.—Yo lo único que pueo deciles a ustés. palabra. ANASTASIA. MORRONES. ANASTASIA. porque toreros pa presonajes no me hace. claro. yo les quitaba el retrato e Joselito. ANASTASIA.] MORRONES.] EUSTAQUIO. que si lo supiera.—Natural..—Güeno.—Tú lo sabes. es que pa mí esas presonas son dos presonas que pican muy alto.—Y digo yo que éste tendrá que serví a la mesa con el "mokin" y guantes. si les faltan dos deos. lo i cía.—Que no..—¡Ah! Y una avertencia que me ha hecho el señó alcalde pa ti. pos que te aguantes. que los guantes no están a la altura de esos señores. pero tú reflexiona que en esta ocasión te dejas dar un abrazo y es un mérito que haces p'al Ayuntamiento..—¡La juventú y que no mira na!. sino que eres más secreto que un candao.

—Adiós. MELITONA y EUSTAQUIO. ANASTASIA.—Pero con éstos m'ha fallao.—Descuida.—Dile al señó alcalde que s'hará too a su satifación.. que yo no me queo con las ganas de sabelo.ANASTASIA.. EUSTAQUIO. por la izquierda. EUSTAQUIO. [ANASTASIA. en la que le acompañan EUSTAQUIO y MELITONA.—(Tanteándose las muelas a ver si se le mueven. PEPE OJEDA y ALFREDO.—¿Y en qué lo conoce usté? ANASTASIA..) ESCENA II ANASTASIA.) Pero.—¡Excelentísimos señoresl (Exagerada reverencia.) .—Por orden del señó alcalde.—Mucho cumplimiento. Morrones.) Justo. y por su cuenta. carcúlate! Ahora. (Le da un pechugón. a la media hora ya sé si es melitar u comisionista y empleao.] ANASTASIA.—(Extendiendo una alfombra.—(A MELITONA.) u así. (Reverencia de los tres.—(Va a la puerta y mira. ellos son. ¿quién serán esos dos presonajes?.—Pos tanto gusto y d'aquí a otro ratejo. ¡madre mía!. si t'hacen así. ¿es cierto? ANASTASIA. EUSTAQUIO. ANASTASIA. ¿eh? ESCENA III DICHOS. sí.. MELITONA..—Ya nos han dicho abajo que hemos sido trasladados de cuarto..) Y ya lo sabes. Callarse. (Vase MORRONES por la izquierda. señor.—(Dándole una bofetada. ANASTASIA..) MELITONA. MORRONES.) Sí. MELITONA.) ¡Señora! ANASTASIA.—¡Pa mandá el señó alcalde lo que ha mandao.. (La abraza.—(Pequeño saludo. que me paece que ya los oigo..—Y malo será que entrambas.—Perespicacia que hay. MELITONA.) ¿Que no haga así? MORRONES. ¡Yo estoy loco!..) PEPE.. excelentísimo señor. Tenemos que hacer lo que haiga que hacer para averigualo... ALFREDO Y PEPE.—Pos unas veces en que me lo icen ellos y otras en que se lo pregunto yo. y que te vaya bien. MELITONA. MORRONES.—Yo tengo un estinto que de que allega uno.—Ni yo.

le llaman La Escorpionera.—(Aparte. (Reverencia de los tres.—La calle está abajo.—(Que queda recogiendo plumeros y paños de limpieza. nada.. ANASTASIA.—Sí. criatura.) Y qué. (Reverencia..) Sigue mi perplejidad. PEPE. EUSTAQUIO.) EUSTAQUIO. que son esos que dan a la calle.—No le hace.—Servidora.—Nada. PEPE.—(Aparte. MELITONA.) ALFREDO.) PEPE. como ven los excelentísimos señores.—Círculo de la Amistad. el salón de Gasparini es la garita de un centinela . Muy bien. PEPE.ALFREDO. (Reverencia.—Ya lo tiene el excelentísimo señorito en su cuarto. que te vas a caer. ANASTASIA. qué señor. que micomía! (Vase por la izquierda.) PEPE.—Señora.—Admirable..—Y enfrentito tien los señores el Casino. (Reverencia.—Una pa caa uno.) ANASTASIA. Pero aquí.—Por Dios.. pues con permiso!. (Otra reverencia. ALFREDO. MELITONA. MELITONA.) MELITONA. Muchas gracias.—¡Excelentísimos señores! PEPE.—(Aparte.—El señó Ayuntamiento ha ordenado que se les pusiá a los excelentísimos señores en la sala prencipal..)] ESCENA IV ANASTASIA y PEPE OJEDA.—Sí.—¡Que tricomía! MELITONA. ALFREDO. ANASTASIA.) Ese animal se va a dejar las narices en el suelo..—¿Y nuestro equipaje? MELITONA.. en el pueblo.—Y la sala. señor.—¿Qué dice el señor? PEPE.. [PEPE.—¡Ay.—Servidor. ¿le gusta al excelentísimo señor cómo ha quedao la sala? PEPE. pa cuando se quian asomar. MELITONA. señor.) Eres una tricomía.—¡Ah.—Un delicado humorismo. (Se lo indica.) ¡Vaya una postal! ¡Qué colores! (Alto. por EUSTAQUIO. como corresponde al rango de presonas tan prencipales. aquí tenemos dos alcobas mu aparentes pa los señores. ANASTASIA. tiene dos balcones.—Verdaderamente panorámico. (Entra en el primero. (Reverencia.—Y vosotros ya sus podéis retirar si no sus manda naa el excelentísimo señor.) EUSTAQUIO.) EUSTAQUIO.

—¡Sí.. sí. PEPE. que se dan mucho aire. Muchísimo gusto.—No. Lo que ustés se merecen y naa más. Ya ve usted que la cosa no. ANASTASIA.—Cincuenta y ocho kilos cuatrocientos gramos. PEPE. ANASTASIA.] (Aparte. se sabe tratar a las presonas de categoría.—Sí. y de que sienta el señor que dan las once. es muy ladino.. señora. ANASTASIA.—Aquí crea el señor que... PEPE.) y apretar pa dentro y aluego dar dos palmás por si no suena. que yo le diré la hora que es.—Sí.—Sí.) ¿Cómo que de qué somos?. ¡Verdaderamente suntuosos! (Aparte. no faltaría otra cosa.... tanto agasajo nosotros. diga usted?. ese trasiego ornamental. y en la meceora siéntese usté con cuidao. y en seguía venimos. porque no lo sabíamos que aquí se nos estimase de manera tan halagüeña. cuando lo oímos.—Y del reló tampoco hagan caso los señores.) Voy a ver si son melitares. arcilla!. ya.—Pues somos de arcilla mortal perecedera. no.. (Alto. aunque esto es un humilde pueblo. (Aparte.—(Aparte. Que este reló no lo entiende más que servidora. (Aparte.—¡Pero mu gorda! PEPE. porque francamente.. que vino un ministro una vez.. [¡Que me lo va usté a hacer de creer! ¡Usté es una presona mu gorda! PEPE.—¡Oh. PEPE.—Conque a la excelentísima disposición de usté.—¡Oh! No diga usted eso. señora.—Ahora. ¡Haga usted el favor de decírmelo! ¿Qué somos nosotros?. muchas gracias.—Y una lo que siente es no haber sabío antes lo que eran ustés.. ANASTASIA. que casi nunca suena. ANASTASIA...) Pos naa.. como son los excelentísimos señores.—Pues no lo hemos querido decir. señora. me lo viene usté a icir.) ¿Nos habrán tomado por dos Sajonias? ANASTASIA. cualquier cosa que les ocurra a los señores no tie el señor más que poner el deo ahí (Indicando el botón de un timbre..—¿Yo? ANASTASIA. sí.. que lo que yo deploro vivísimamente es haber venido a producir a ustedes esta molesta suntuaria.... ¿Y por qué no han querío ustés decirlo al llegar? PEPE. ANASTASIA. ANASTASIA.. eso. y esos ministros se columpian de una forma que too lo esgualdramillan.—(Palpándose con asombro. ya.—Ah. por Dios! ¿Pero qué es lo que somos nosotros. señora. dos personas tan. que por nosotros puede apuntar lo que quiera. señor. y ustés ....—¡Toma. que renguea del lao derecho. ANASTASIA. ¿qué de qué son? PEPE.) ¿Y ustés de qué son? PEPE.. PEPE.comparado con esto. ¡Nada! ¡Una friolera!.. (Alto. Digo. ANASTASIA. ANASTASIA.) ¡Cómo le sacaría yo quién es! PEPE.—Descuide usté.) Si yo pudiera sacarle a esta señora por qué nos agasajan de esta forma. pues menúo!.—Sí.) No se lo saco.

nos colman de atenciones. caramba. Yo no entiendo por quién nos toman o con quién nos confunden.. y lo único que me ha dicho de un modo concreto es que si ella sabe quiénes somos...) [PEPE.—Es casi seguro. Oye: ¿no será una ironía alusiva a la frescura de que nos consideran poseídos? ALFREDO. ¿y usted a qué atribuye esto? PEPE... a la legua se conoce que no hablo en inglés. tenemos unas alcobas.] PEPE. a cualisquier hora les pongo esta mañana como les he puesto en el almuerzo atún en escabeche. pero....] ¿Y usted ha sacado algo en limpio de esa señora?. He tratado de sonsacarla con cierta habilidad. ALFREDO.—¡Bueno. (Vase..—Pues yo atribuyo esto a dos cosas: o a enajenación mental complicada con delirio despilfarrante por parte de don Acisclo o a que ese tío se ha enterao de tus pretensiones y se trae la táctica de colmarnos de agasajos e ir de obsequio en obsequio hasta favorecernos con dos billetes de vuelta para la corte. por la izquierda. Cuando creíamos que nos iban a recibir de un modo hostil y agresivo. cuarenta y cinco.. ¡Qué camas!. De lo que he deducido que nos suponen dos personas a las que no se las puede escabechar... PEPE. Alfredo.—Absolutamente nada.] ESCENA V PEPE OJEDA y ALFREDO. y esto ya es un buen síntoma. [que estupefaccionan. haciendo reverencias... pues sería vano su propósito!.—Pues yo le declaro a usted. es muy posible que sea eso.! ¡Cinco mantas en cada una! PEPE..—Bueno. por la primera derecha.desimulen.—Hombre.—¡Caracoles!.. ¡Como esta gente es tan pérfida!. porque si sé yo lo que son ustés. con el fin de que nos restituyamos con una celeridad cicloniana a la calle de Argumosa. ALFREDO. [Cada hora que pasa es mayor mi sorpresa. nos anegan en lujo..—¡Ah.. PEPE. [Sigo agitándome en el caos. ALFREDO.. ALFREDO.—Tiene usted razón. que me encuentro sumido en la confusión más absoluta. Yo no me explico lo que nos sucede. porque yo tengo cierto parecido con Lloyd George. no lo creo.. tío.] ALFREDO. yo confieso que desde que he llegado a casa del alcalde. ¡m'ha dao una rabia !. que es lo verdaderamente inaudito. abandonando tus pretensiones a la mano de su opulenta sobrina.—Bueno. tío.—Nos recomiendan para una mesa luculesca y nos lo sufragan todo. la perplejidad está a punto de sumirme en la idiotez. ¡Renunciar yo a . ¡Cinco mantas!.. esta mañana no nos da escabeche.

—En fin. esperemos. un secreto. (Pasea. ALFREDO.—¡Una ex víctima! De esto haría ya cinco lustros.—¿Pero la conoce usted? PEPE.—Porque todo es viejo. y esa señora que estaba con ella y que ha dado un grito gutural al verle a usted. pronto saldremos de dudas.—Ya me ha dicho que me dará un cuaderno con instrucciones para usar el mobiliario sin peligro. tío? PEPE. señor. unas largas ristras de chorizos y dos jamones.. EUSTAQUIO y MELITONA. No hagas caso del reloj hasta que se lo consultemos a la dueña del hotel.—¡Es curioso! PEPE. Yo habitaba en la calle de los Tres Peces.—¿Dan los excelentísimos señores su permiso? PEPE. ¡Todo tiene un misterio. no sé por qué.. sin sentido renovador.. una mácula!.. eso es meter la mano en el saco de una tómbola y que te toque la Venus de Milo. que yo..—Lo ignoro. (Entran EUSTAQUIO con cuatro pollos. (Deteniéndole.) Ni te sientes en la mecedora hasta que ella te diga cómo tienes que columpiarte..—¿Y esa señora es casada? PEPE. solapado..—Sí. PEPE.) PEPE. hombre. tan cierto.—Adelante quien sea. y MELITONA con otros dos jamones..—Calla. hice así (Un revuelo de ojos. EUSTAQUIO. certísimo..—No. ¡Calla. al mismo tiempo temo. ALFREDO.. (Dan golpes como llamando en la puerta izquierda... que si no. dos barriles de aceitunas. ALFREDO... ALFREDO.—Eso no es criatura. Porque también eso me ha sorprendido. que deseo ardientemente la visita de don Acisclo.—Bueno.—Sobre todo. ella era mi vecina. Dan las tres en el reloj. por ser amiga de Cristina.. pero de todas formas puede sernos de gran utilidad en el desenvolvimiento de los sucesos que nos aguardan. la incendié y aún le queda rescoldo. Un día se asomó a la ventana. temeroso. que el enigma se aclare.. Muebles y personas.—¿Que quién es?. ¡Qué suerte tienes! ALFREDO.—Cierto. (Alto.. que no he caído al suelo al verla porque no había alfombra.. PEPE. ALFREDO.. ¡Jamás! ¿Ha visto usted qué encanto de criatura.) Las tres. ALFREDO.—Vardaderamente en estos tristes pueblos españoles todo es extraño. estoy seguro. ¿Quién es?. pierdo el conocimiento! ALFREDO. El alcalde nos ha anunciado su inmediata visita. PEPE. desconcertante. una orza de arrope y tres o . sí.).Cristina!. Esperemos.. PEPE.) ¿Quién? ESCENA VI DICHOS.

. cuatro jamones. Servidores de usté pa too lo que sea menester en cuerpo y alma. ¡Ni se lo .—No podemos decirle al excelentísimo señorito. EUSTAQUIO.) PEPE.—Sí... me explico el tratamiento.. [Este kilómetro de longaniza acaba de enrarecer las tinieblas de mi espíritu. que ya dispondremos.) Pos los señores dirán aónde y cómo quieren que dejemos too esto. pero que venga Mangola y nos ponga una tienda de ultramarinos..—No. el postre de cocina. son unos pollos que harían buen papel hasta en el Ritz: [regordetes y tomateros.. aceitunas.) ¡Son mu majos! PEPE. Aniceto Barranco.) "Excelentísimo señor don José María de Ojeda: Al saber por Nemesio Ullares. Porque yo.. Las longanizas son de confianza. señor. Que se lo coman con salú y a mandar a estos sus humildes servidores.—¡Yo estoy atónito.—Pos cuatro pollos. Lo demás amontonarlo en esta mesa. además. pero este señor Mangola. aquí presente. luego." Bueno.) Bueno.cuatro quesos.—Bueno: ¿pero todo eso.? MELITONA. seis ristras de unas longanizas que aquí llamamos fritangueras.. hombre!.. arrope y. dos humildes y fieles servidores le quien significar con este pobre obsequio su gran respeto y simpatía. (Lee... ANASTASIA. pero ¿qué es esto? PEPE. (Se van por la izquierda.—¿Pero qué es eso? MELITONA. EUSTAQUIO.. EUSTAQUIO.? PEPE.—Con permiso. la llegada de vuecencia.—(En el colmo de la estupefacción. la volatería dejarla en el corral.) ESCENA VII ALFREDO y PEPE. alias Carlanca. eso no me lo explico yo. Melitona. Veamos. Calixto Mangola..—¿Cómo todo eso? PEPE.—¡Yo qué voy a comprender. absorto!... too esto lo ha traído el tío Mangola y el señó Aniceto con una carta.. PEPE. (La saca de la faja y se la da.—Pasa.. ALFREDO..—¿Un regalo para nosotros?.—¿Pero este Mangola por qué se ha molestado? MELITONA. tío. me explico lo de instalarnos con comodidad..—(Enseñándole los pollos.—Sí.—¡Pues esto es Mangola.) MELITONA.—Too eso es un regalo pa los excelentísimos señores. ¿Pero usted comprende.—¡Qué raro!.. últimamente.] (Lo deja todo amontonado y se lleva los pollos.—¿Lo dejamos aquí? PEPE. (Entran los dos. ya lo ves!] ALFREDO. [ALFREDO.. ALFREDO.. Somos contratistas del mercao.) EUSTAQUIO. ALFREDO.

pase usted adelante. señor Ojeda. Y que no cabe duda que esto no es confusión. sal.—Sí. señor.—¿Lo ve usted.) ¿Dan ustés su permiso? PEPE. aquí en este pueblo. no me une ningún lazo consanguíneo con el susodicho primate.—Pues que pase. Lo que sospechábamos. PEPE. bajo.) Alfredo. dieciocho.. Eso sí. aquí lo tienes bien claro..—Esto es una paliza que nos esnuca en cuanto caigan de su burro.—Acaba de llegá el señor secretario. Si te refieres a nosotros.) Felices y augurales.—No. me permito intercalar en sus familiares sosiegos la inoportunidad de una intromisión esporádica. ANASTASIA. (Lee el sobre de la carta.—De sus burros. PEPE.—¿Pero viene solo? ANASTASIA. Ya verán ustés elegancia. CAZORLA. señor.—¿No viene el señor alcalde? ANASTASIA. es que crees que te van a pegar un tiro y te ponen un estanco! PEPE.—Adelante.. aquí m'ha dao la tarjeta. perdone usted. señor. ANASTASIA. aunque por honra preclara yo ." ALFREDO. tío?. luego. ALFREDO.) "Justino Cazorla. CAZORLA. viene don Justino naa más.—(Aparte. si en una forma poco rectilínea y cediendo a presiones jerárquicas. qué léxico! (Alto.—(Por la izquierda.—Discúlpeme. Estemos sobre aviso.explica Aristóteles!] PEPE. que no me gusta quedarme solo. Llévate las longanizas. (Entra por la primera derecha." ¡Esto es un cuento de hadas! ALFREDO.—¡Porque.) Sí. señor mío. que si le puen ustés recibir. Prudencia y precaución. ¿Da usted su aquiescencia penetrativa? PEPE. no singularices. Ánimas Benditas..) ALFREDO. secretario del Ayuntamiento. ALFREDO.—Es muy posible.—Las meteré aquí.—(Desde la puerta. PEPE. vamos. PEPE. Me hace poco serio. de too lujo. que ha venido un pariente de Sánchez de Toca. ni menos!.—(La coge y lee. solo. (Vase ANASTASIA. que viene a hacerles a ustés una vesita.—No.— ¡Ni más.—(Alto.) ESCENA VIII PEPE OJEDA y CAZORLA.) CAZORLA.. El alcalde no se atreve a afrontar cara a cara la cuestión y nos envía a éste para que nos eche.) "Señor don José María de Ojeda.. (ALFREDO sale y le hace una reverencia. PEPE. señora Anastasia. PEPE.) ¡Caray.

ALFREDO. arcaico. pero es que servidor dispone en su riqueza idiomática de lo que pudiéramos llamar dos léxicos o lenguajes. Aparte. (Sigue disparando. PEPE. señor Cazorla. PEPE. claro está. PEPE. (Se sientan.—No.) No. digámoslo así. PEPE.) Parece que la torcida está influminable. ALFREDO. CAZORLA. al ver que se hace un lío entre los guantes. y en el segundo. CAZORLA. en que he de dirigir mi verbo sonoro y preciosista a personalidades relevantes que pueden gustar las exquisiteces filológicas de las más selectas locuciones.tendríalo. exégesis. (Toma el cigarrillo.. a ofrendarles los más férvidos .—¡Señor!. ¿y que trae el señor Cazorla por este su cuarto hotelero? CAZORLA. intercalo los bonitos vocablos.—Exacto de toda evidencia. Pero con paciencia. Bueno.. cuando se acaba la bencina le echan anís del Mono y casi nunca prende. (Lo deja en una silla. el bastón y el cigarro.. y similares. un lenguaje de blusa y otro de chaqueta. donde precisa un lenguaje vulgar para la recíproca comprensión. (Señalándole una silla.—A nosotros nos habla usted en mangas de camisa. ALFREDO. Cazorla. cariátide y miasmas. CAZORLA. caramba..—Literariamente.—Pues avance sin temor y obligérese romboideamente en ese adminículo arrellanatorio.—Estoy incurso en el consuntivo y depauperante vicio.—(Al ver que CAZORLA trata en vano de encender un encendedor. sí señor. yo lo decía porque verdaderamente... ante todo.—Es originalísimo.—Muy bien.) A mí no me achicas tú. en nombre del Consistorio que indignamente secretarieo. ¡un cuerno! ¡Que te crees tú eso!.—Pues servidor viene.) ¿Usted fuma? CAZORLA. sabe usted que en casa.—(Algo contrariado..—Gratitudes mil. ALFREDO. como mecachis. jugándolo todo ello con un sentido de agilidad y aristocratismo que me envidia acerbamente el señor Azorín.—Exacto. Lengua de diario o trapillo para conversar con el elemento trashumante y analfabeto de la localidad y lenguaje de lujo para ocasiones como la presente.—(Ofreciéndole un cigarrillo.—Bueno. el sombrero.) PEPE. estulticia. dejaremos aquí su exornación craneana y borsalinesca. CAZORLA.—Vamos.) PEPE.) PEPE.—En el primero uso las frases más corrientes.) CAZORLA. pero a nosotros háblenos usted con toda sencillez..) Y si no se opone. CAZORLA.. se expresa usted con una corrección tan académica como desusada en estos pequeños pueblos.—(Quitándole el sombrero.

pero todo.) CAZORLA. nuestros más derrengados testimonios de inenarrable gratitud.—¡Hombre." ALFREDO. CAZORLA.) Facilítenmela ustedes.—(Que sigue disparando.. (Sigue disparando. que está organizando el homenaje con que pretendemos festejar a ustedes. satisfechas mis dos encomendadas averiguaciones. la seguridad de que su aposentamiento corresponde a cuanto se debe a su jerarquía y el Municipio tiene decretado. CAZORLA. CAZORLA.. Pues como les iba diciendo. señor Cazorla.—No es molestia.—Convénzase usted que lo de hoy es mono.) Celébrolo. deseo decirles.—Pero no se moleste..) PEPE. me ha encomendado don Acisclo una delicada misión. deseo. ¿Ustedes saben a lo que venimos nosotros aquí?.. ¿el señor alcalde? CAZORLA. vendrá dentro de breves instantes al frente de una Comisión del Casino. (Sigue disparando.—No.—Pues trasfusióneles usted nuestros más rendidos.. Otro avance con las sillas. vamos a ver. lo sabemos todo..) PEPE. En cuanto vienen personas de Madrid me pone en ridículo.).—No. si con una cerilla... (Se levanta y .. PEPE.—Entonces.—Tome una cerilla..) Lo sabemos exactamente.) CAZORLA.. (Sigue disparando. Pero... (Todos otro avance con las sillas.? CAZORLA. Veremos quién puede más. PEPE. ¿A ver si ahora.... ALFREDO.. (Acercan los tres las sillas sin levantarse para estar más juntos... PEPE. compenetrado de la dificultad de los primeros "pour parlers".—(Mira a todos lados.—(Otro avance.) PEPE.—¿Festejarnos a nosotros?. Ítem más. ahorrándome para cumplirla..—¿Pero por qué no quiere usted aceptar? (Ofreciéndole su cigarrillo para que encienda. si es cuestión de amor propio. "de visu". en nombre del señor alcalde.. es perseverancia. ALFREDO. es cuestión personal.testimonios admirativos y las más respetuosas sumisiones. dada la enojosa cuestión que les trae a esta villa.—Bueno.—¡Qué sé yo!... que le disculpen esta primera visita.) PEPE. CAZORLA. no.. ALFREDO.. vengo también a adquirir. ¡qué digo rendidos!.) Pero antes.. pero dígame usted.—Pues el señor alcalde. pero a mí delante de forasteros. eso de enojosa!.—Las satisfacciones hospederiles y los aditamentos alimenticios sobrepasan a lo que pudo fantasear nuestra más exaltada apetencia.. e "ipso facto.—¿Delicada?. (Se la ofrece. señor Ojeda. . ALFREDO. CAZORLA. que me encomienda a mí. sutiles disculpas y enojosos alegatos. encantado de su presencia en el pueblo. aunque no nos expliquemos la cortesía concejalesca. en eso esté usted absolutamente tranquilíneo. y voy con esto a internarme en un campo absolutamente confidencial....—Ah. perdone usted. señor.—(Un poco azorado. sí.

—Bueno. pregunta por qué te la piden.. (Se lo da. PEPE.. ¿no te lo digo? ALFREDO. por qué nos las dan? PEPE.) Nada más.) Calla. PEPE.—(Entra de nuevo..) ¡Dos mil pesetas! ALFREDO. (Vase por la izquierda.—¿Cómo te diré?. (Se las guarda.—¡No era mono!. la vorágine espantosa de la duda acaba de sorberme. ALFREDO.—¡Pero esta carta!. Si te la dan. radiante de satisfacción.—Pero.. A mí me puedes quitar la razón.—¿Pero a qué vienen esas dos mil pesetas? PEPE.— ¡Cógeme.) "Desistan de lo que les trae y no ." El que te la da. PEPE.) ALFREDO.—Filosofías.—Me reitero en cordial servidumbre.—(Rasga el sobre y mira. que me derrumbo! ALFREDO.. PEPE. ALFREDO.—No. ALFREDO. con el encendedor encendido. es el encargado de saberlo. ¿y qué contendrá este sobre? PEPE.) ALFREDO. no.—¿Pero de qué sé trata? ALFREDO.—Hombre.—Hombre. dos mil pesetas vienen siempre a una cosa agradabilísima.—Pero no comprende usted. yo lo ignoro. (Rebusca. extraigan y mediten. que todavía hay algo dentro del sobre. ALFREDO.) Sí... groserías. Cuando yo me ausente rasguen.—Argucias.—Te diré. no preguntes por qué. PEPE. a Tales de Mileto.—¡Tío! PEPE.—Esto es una carta diciendo que nos larguemos.. PEPE.—Bueno.—¿Qué es? CAZORLA. ALFREDO. una tarjeta (La lee.—¡Dos mil pesetas! PEPE. (Vase.—(Sacando dos billetes. Hay que arrojárselas a la cara inmediatamente.—¡Enhorabuena! CAZORLA.saca un sobre del bolsillo del pecho. (Coge todos sus chismes apresuradamente e inicia el mutis..—(Sorprendido..) ¡Alfredo! ALFREDO.—Abra usted a ver.—¿Pero qué es? PEPE.—¡Qué hombre más estrafalario! CAZORLA. pero recuerdo lo que decía Tales de Mileto: "Si te piden una peseta.—¿Por qué. ALFREDO.—¡Yo ya no sé qué es esto! PEPE.. CAZORLA.—Pues dos mil pesetas..) PEPE. no.) ¡Por fin! Los DOS.) PEPE.) Internado en este envelope encontrarán algo que es súplica y ofrenda.—Suyísimo.—Supongo que no tendrá usted la pretensión de quedarse con ellas. ALFREDO.

—¿Lo ve usted?. El tiempo todo lo purifica. [Para que yo. PEPE. nos agasaja. Cristina mía! (Se cogen las manos efusivamente y hablan aparte con apasionada vehemencia..—¡Cristina!..] ESCENA IX DICHOS.—(Trayendo de la mano a CRISTINA. no te exaltes. ¿Lo está usted viendo?." Es decir. porque no sé cómo llamarle. "Desistan de lo que les trae.—(Corriendo a él.. CRISTINA.—Exactamente. no me iré ni con dádivas. a todo esto. cobardemente.) EDUARDA.—José María. por la izquierda. EDUARDA. Acisclo Arrambla Pael.—En cambio.] está a estas horas encerrada en su habitación [como en una mazmorra] para que yo no la hable. EDUARDA.—(Aparece en la puerta con digna severidad y saluda a OJEDA con una inclinación ceremoniosa. que ese inmundo sujeto nos adula.—(Deteniéndose con un gesto altivo. ni con millones!". EDUARDA. no y no! PEPE.—(Resignado ante la ironía.) Mi sobrino. ni con halagos. CRISTINA y EDUARDA. Han pasado cinco lustros.) Yo le llamo a usted caballero.. tío? PEPE." ALFREDO..—Hombre.—¡Pero tú! ¡Tú aquí. y garantiza la seriedad de semejante propósito. [la pobre Cristina. ¡Tú! CRISTINA.. me vaya del pueblo renunciando a su sobrina! [¡Cree.. EDUARDA... ven que te presente.) Caballero...) Pero.. PEPE.) ¡Amable joven! CRISTINA. ....—(Dudando.) ¡Eduarda! EDUARDA..—(Yendo a ella con impulso cordial. no me voy.—A cumplirte mi palabra. estoy seguro que Cristina.. Yo comprendo que para usted fui un calavera.. ese miserable..—¡Señorita. para que yo no la vea. encantadísimo de usted! (Presentando ALFREDO a EDUARDA..) Eduarda. ¡No. ALFREDO. Alfredito. Mi tío.) ¡Bah! PEPE.—¿Cómo un calavera? ¡Un osario! ALFREDO. ¡para que yo.. Rigoberto. PEPE.. no me guarde usted rencor.—¡José María.) ¡Alfredo! ALFREDO. PEPE.—(Le da las puntas de los dedos.) ¡Por fin a tu lado! ¡Me parecía imposible! ALFREDO.] ¡Pues no.. sin duda.) Eduarda. por éstas! (Jurando.—¿De modo que viniste sólo por mí? ALFREDO. que es un repugnante egoísmo lo que nos trae aquí!. ¿no es verdad.—Todavía ignoro su verdadero patronímico.—(Asomándose por la puerta izquierda. Exuperio.serán las últimas. nos colma de honores y nos da ¡hasta dinero!...

...—Pues porque. Cuando llegasteis a casa. de tu cariño y me vaya de aquí. o este pueblo pertenece al partido judicial de Jauja.! PEPE. no sin cierto fundamento.. o yo no lo entiendo. dádivas.—Con inquietud. Yo sólo pienso en este instante.—¿Pero qué estás diciendo? ¡Todo lo contrario! ALFREDO. CRISTINA.. La suplicó que le amase a usted.—Bueno.—No lo sé. ALFREDO.—¿Lo sientes? PEPE. ¿No los envidias? EDUARDA.. ¿Tú casada? EDUARDA. ha sido ir a visitar a su pariente y tutor. ALFREDO.) He aquí el pasado que reverdece. porque. no lo sé. tío!. donativos en metálico y encima ¡mandarle a uno la novia!. yo fui testiga. Honores... y señalándote me dice conmovido: "¡Cristina.) ¿Pero tú no sospechas a qué puede obedecer todo esto? CRISTINA. que se ha sentado lejos en una silla. Alfredo.—(Asombrado. me atrae hacia sí. pero suplicarle él mismo que..—¿Eh? PEPE. el cuentecito ese de Pinocho en el Japón..—¡Cómo todo lo contrario! CRISTINA.—(A CRISTINA.—¡No me tutees.) ¿Pero es posible?. que soy casada! PEPE. si me quieres.—¡Que mi tío está encantadísimo con que nos queramos! PEPE. ¡Oh!. ALFREDO.—¿Pero dijo eso? EDUARDA. con la excusa de que vigiláramos los detalles del alojamiento..—¡Casada tú!. (Señala a los muchachos. cuando os alejabais..—Verás.. que estoy a tu lado y que soy la más feliz de las mujeres. regalos en especie.—Lo siento por tu marido. y con cierta inquietud.—¡Ay. francamente. La mano inexcusable del Destino nos acerca de nuevo.) ¡Eduarda!. Os despidió sin escucharos siquiera.. tu tío nos ha recibido con tan exagerada amabilidad y con tales muestras de esplendidez. te lo aseguro.—Como que vinimos aquí porque él nos mandó.—¡Cristina mía! (Quedan hablando aparte en voz baja. me coge de la mano.—Y de ti estábamos hablando precisamente cuando llegasteis.—¡Pero es posible! EDUARDA.—¡Señorita! ALFREDO. por las buenas. a OJEDA. enamora a ese joven!" ALFREDO. ¿por qué? ALFREDO. nosotras oíamos absortas los encargos que hacía a Morrones para que fueseis espléndidamente tratados... y de pronto. ALFREDO. que lo que pretende es que yo desista.) PEPE. Bueno. ¿Pero ha oído usted cosa igual? CRISTINA. ALFREDO.—Como si lo hubieran ustedes oído.el que nuestro primer paso en este pueblo. que te quiero con locura. es un precepto evangélico comparado con lo que nos está pasando en esta localidad... CRISTINA... que sospechamos. .—(Se acerca melancólicamente a EDUARDA.

. Esfumóse en el dolor y en el tiempo.—¡Pepísimo! EDUARDA.... ¡Abandonarme! PEPE.—¡Oh. mucho. yo.—¡Ah.) ¡No. EDUARDA. Caramba. me consolaba diciéndome que sí. que me sentía transportado a aquellas locuras de cinco lustros ha.—¿Pero por qué dudabas? CRISTINA. EDUARDA. todo a un tiempo.—¡Por Dios.—(Alegre.. que eras seminarista y capitán...—¡Si vieras cuánto te he recordado! EDUARDA. ¡Con lo que yo te amaba!. definitivamente? PEPE. a CRISTINA. pues yo. en mi desvarío.) ALFREDO. al verme llorar.—Como me llamo Rigober.—Pues.) ¿De veras? PEPE. mi ritus. perdona. Me abandonaste. que. mi ritus!..... Bueno. como las flores son buenas.—¡Ah!.—Pero..—(Deteniéndola. El tiesto de mis margaritas siempre ha estado sin flores.. vamos a ver? CRISTINA. cuando una me decía que no. ¿te llamas Pepe. Creí que nunca podría interesarte una pobre señorita de pueblo. ¡A quién iba yo a preguntar si volverías! ALFREDO.. que vendrías.—¿Y qué te contestaban. PEPE. EDUARDA. lo dudaba.—¡Pepe!. Eduarda..—Pero mira. ¡ah!. Estoy olvidando. ¿cómo me encuentras? PEPE.) ¿Pero es de veras que dudabas que yo volviese? CRISTINA. CRISTINA.. mucho. mi recuerdo de toda la vida.. no quiero engañarte. sí.—Pues ya ves cómo las que negaron mintieron.—Tú eres como el oro: el tiempo te avalora y te embellece.. ¡ah!. que te esperase. Como me hiciste creer que te llamabas Piñones. Eduarda. ALFREDO. Pepe? PEPE. (Va a caer sentada en una silla. Bueno.—¡Qué sé yo!. Si vuelve será mi amor de siempre.. si no vuelve. en cambio. aborrecí el cascajo y no hacía más que decir "Dominus vobiscum" y saludar militarmente.—¿Es de verdad. otra. una calaverada que me produjo trastornos mentales horribles. a mi corazón a todas horas le decía lo mismo. PEPE. EDUARDA.—¡No hago el ridículo! PEPE... machacao! EDUARDA. caballero. ALFREDO.. Alfredo. Pepe.. ¡Cinco lustros transcurridos! Y dime. no vuelvas a la seriedad! ¡Quiero ver en tus labios aquel ritus de alegría que tanto me gustaba! EDUARDA... Pepe: tú tienes la culpa si me encuentras vinculada a otro hombre.—¡Lo de Pepe. qué galantería tan metalúrgica! Pero.—(Alto. ahí no te sientes que hay manteca! (Se sientan en otro lado y siguen hablando.—Mejor que antes. . Cuando se ama mucho....—Ya te he dicho que aquello fue una calaverada.—Sí...EDUARDA. todo es duda.) PEPE.—Pues bien.

¡todas las que hagan falta para quererte una vida entera! ALFREDO.—¿De veras? ALFREDO. no sé por qué.—¿Qué has de engañarte?. A mí. DON RÉGULO y CAZORLA. así muchas cosas bonitas. y a otra vida que valiera la pena de vivirse. me ha parecido siempre adivinar en la mirada de sus ojos dulces el cansancio de la vida monótona. que sólo ellas encantaban con el hechizo da su juventud.—¡Alfredo! PEPE. como tú.. después de lanzar una mirada mefistofélica.—Cuando en mis viajes he visto.. en los encantos de una gentil desenvoltura.. leal y profundo!. que yo. pero sentirlas.) La víbora ha picado... egoísta y brutal. paseando por los andenes de las pequeñas estaciones.—(Asomándose recatadamente por las persianas entreabiertas.) ¡Porra! ¡Mi mujer bromeando con él! CAZORLA.—¡Cristina! CRISTINA.—¿Y por qué no?. don Régulo.—¡Silencio! Seguiremos observando..—¡Sí.. Ahora.—¡Eduarda! EDUARDA. una viva simpatía. Se escuchan en la calle los sones de una charanga lejana que va acercándose poco a poco y el alegre griterío de la multitud.... pero una que vale por todas!. (Retira a DON RÉGULO. como las señoritas de grandes ciudades.) . ¡Alma propicia a un amor largo. de matiz suave. El veneno hará lo suyo.—¡Amabilidad! ALFREDO. ¡Con que te llevases una!... CRISTINA. el anhelo de una existencia mejor... ALFREDO. que quizá no esté ducha en las artes de una vida refinada. CRISTINA.. pero cuyo aspecto de simpática cortedad. sí....—No lo creas. fuera de aquel estrecho ambiente pueblerino. La señorita de pueblo siempre me ha inspirado a mí una profunda.ALFREDO..—¡Pepe! (Hablan y ríen. CRISTINA. sentirlas las sentiré todas.—(Asomándose. que posee un alma blanda. ¡Con qué resignada melancolía miraban alejarse el tren!. no sabré decir. CRISTINA.) ¡Mire usted.. ¿Me engañé?. mire usted los hombres que nos manda el Gobierno para moralizarnos! DON RÉGULO. en el balcón del Casino. CAZORLA.—¿Pero llevártelas a todas?. Precisamente por eso me interesaste más.. y en su triste sonrisa. ¡Una señorita de pueblo!. te digo que me daban ganas de cogerlas a todas en un puñado y llevarlas a otro mundo. ¡Sois míos! (Cierra. me dice a mí..) ESCENA X DICHOS. esos grupos de muchachas cogidas del brazo. Una..

—Sí. (Entran MELITONA. ANASTASIA. qué ha de haber! Por eso me choca. por la izquierda.. Vienen jadeantes.—¡Música!. ¿se me puede confundir a mí con el obispo?. PEPE. EUSTAQUIO y MORRONES. ¡digo!. vuelve a sonar la música. tú. ¿Pero a qué santo? PEPE. CRISTINA.. CRISTINA. (Todos van hacia la puerta de la izquierda...—¿Pero qué música es ésa? PEPE.—¡No sé.—Conque.) ¿Es a mí? MORRONES. conque usté dirá. pero ¿será eso también por nosotros? ALFREDO. CRISTINA. . grita la gente.—A usía.—¡Mucho me lo temo!. PEPE. PEPE. EDUARDA. ANASTASIA. repican las campanas.—Oye.. que si pue vuecencia recibir a la señá maestra. ya suben..—¡Por ustés! PEPE. ¿qué les digo a las comisiones?. tío. MELITONA.. que vengo de parte del señor alcalde a decirle a usté. ESCENA XI DICHOS. por la izquierda. que suban.—¡A festejarme a mí! EUSTAQUIO. PEPE. ALFREDO. a ALFREDO.—¡Por vosotros!. Porque yo ruedo ya de conjetura en conjetura. yo creo llegado el caso de que pregunte usted de un modo concreto con quién nos confunden..) Oye.—(Que se asoma al balcón. (Estallan cohetes. emocionados y muy alegres.—Y vienen hacia aquí.—Excelentísimo señor..) MORRONES.—A usía excelentísima.—¿Pero es que hay fiestas en el pueblo? CRISTINA.—Ya están ahí. porque yo me llamo Nicomedes!.—¿Lo estás viendo? CRISTINA. PEPE... Aguarda: malo será si a alguna de esta comisiones no le saco yo por quién nos toman.—Bueno..—¿Pero esa música y esos cohetes son por nosotros? EUSTAQUIO. que suban... hombre.—¿Qué ocurrirá? EDUARDA. EUSTAQUIO y MORRONES.—(Atónito. ¿Oyen ustedes? ALFREDO..) Es la charanga del tío Maillo.) ALFREDO. y ponen colgaduras en el Casino! (Un mozo pone colgaduras con los colores nacionales en el Casino.—¡No. con esta gente pérfida nada de lealtades.—Quia. y a una comisión del Casino que viene a festejar a usía.—(Asustado.—¡Anda. y a los alunos de las escuelas públicas.) PEPE.. PEPE.) MORRONES. y les sigue la gente.

EUSTAQUIO. de modo adecuado.. Entra DOÑA TÁRSILA. humilde maestra superior. mucho más docente que yo. delicadas flores. no metas el dedo en el arrope. pero sí honra y prez de la infancia estudiosa y crecedera. se colocan ordenada y convenientemente.) Siga.. (Durante el himno han entrado las Comisiones con trajes de fiesta. Con la venia.. DOÑA TÁRSILA. PEPE. que traen un estandarte.—Con la venia del señor alcalde. Feo está que una servidora lo diga. con permiso de vuecencia. . luego. SOCIOS DEL CASINO. la juventud estudiosa te aclama con fervor. que no es normal.. que no diré yo que sean unos Merlines.) Y ahora.—Vienetoo lo mejor del pueblo. insigne y gran señor! Por tu visita honrosa.—(Al mismo tiempo. CARLANCA. él retrocede.) Excelentísimo señor: Cábeme la inmerecida honra de ofrendar a vuecencia este tierno plantel cultural. que me das con el estandarte. loor. CHICOS Y CHICAS.. loor!.. a un niño.) Delicadas flores que cultivó una servidora. y a medida que avanzan. DOÑA CESÁREA. yo quiero dar a vuecencia un mentís mostrándole los progresos de estos tiernos niños y niñas. párvulo.) DOÑA TÁRSILA. ridículamente vestida y con un peinado muy raro y muy liso. Con honda pena lo manifiesto. para que el conjunto pueda resultar más cómico.—(Aparte. loor. (Alto. ¡Loor.. DON ALICIO. (Aparte. también a compás. a un niño. individual y corporativamente. CHICOS y CHICAS.) Oye.) Mateo no te toques las narices que está feo. Cantan. loor. para que se juzgue de su instrucción.) ¡Loor. DON ACISCLO. me voy a permitir examinarlos. Lleva un papel de música en una mano y una batuta en la otra. haz el favor.—¡Ahora verá usté lo güeno! ESCENA XII DICHOS. honra y prez de la magistratura docente nacional. mi señor padre. La sigue un coro de CHICAS y CHICOS. como asustado de aquello. e hija del pedagogo don Zacarías Ullera. (Reverencia. (Aparte.) Tiburcio. (Alto.. DON RÉGULO.ANASTASIA. etc. ¡Oh. SEÑORITAS. TÁRSILA. una señora con lentes. Vienen formados de cuatro en fondo cantando y andando a pasos rítmicos. como se murmura en la corte que si los ayuntamientos tienen o no tienen abandonadas sus obligaciones respecto a istrucción pública. por envidias. pero mi señor padre era una persona muy docente. (Alto.. etc. Sin embargo.. CAZORLA. avanzando hacia OJEDA.

DOÑA. TÁRSILA.—Vamos a ver... Úrsula Canana.
CHICA 1ª.—(Dando un paso al frente.) Servidora...
DOÑA TÁRSILA.—A ver, tenga usted la bondad de decirnos: ¿cuántos
golfos hay en España?...
CHICA 1ª.—Muchísimos, golfos hay muchísimos...
DOÑA TÁRSILA.—Muy bien... ¿Y cabos, hay muchos cabos?
CHICA 1ª.—Cabos también hay muchísimos.
DOÑA TÁRSILA.—¡Pero determínelos!
CHICA 1ª.—Pues el Finisterre, en Vizcaya; el Ortegal, en Gerona; el...,
el...
DOÑA TÁRSILA.—¿Cómo se llama el que hay en Huelva?... Cabo de...
(Acción de pegar.)
CHICA 1ª.—Cabo de... (Le da golpes con la batuta.), de Palos.
DOÑA TÁRSILA.—¿Y cómo se llama el de Almería, cabo de qué?
CHICA 1ª.——Cabo de..., cabo de...
CHICO 1º.—¡Miau!
CHICA 1ª.—¡Gato!
PEPE.—Gata, rica.
DOÑA TÁRSILA.—Como verá vuecencia, salvo la confusión del sexo, todo
lo demás...
PEPE.—Sí; una verdadera monada. ¡Parece mentira!, y a la edad que
tiene; porque esta niña no habrá cumplido aún los treinta y seis años.
CHICA 1ª.—¡Me voy pa los deciocho!
PEPE.—Bueno, pues vete; anda, rica, vete y no vuelvas; anda.
DOÑA TÁRSILA.—Ahora va a ver vuecencia un discípulo aventajado.
Aniceto Recocho.
CHICO 1º.—Servidor.
DOÑA TÁRSILA.—¿Qué son líneas paralelas?
CHICO 1º.—Mauregato, Sisebuto, Recaredo, Chindasvinto...
DOÑA TÁRSILA.—¿Pero qué estás diciendo, so zarrapastroso?
CHICA 2ª.—Es que él dice los reyes godos, porque lo de las paralelas
me lo tenía usté que haber preguntao a mí. Mire usté el papel y verá.
DOÑA TÁRSILA.—(Confusa.) ¿El papel?...
CHICA 2ª.—Estos dos eran los reyes... Paralelas, mi hermano y yo...
DOÑA TÁRSILA.—Sí, sí; bueno... (Aparte.) Me estáis haciendo correr un
ridículo que eriza. (Alto.) Bien; pues di, di... ¿Qué son líneas
paralelas?
CHICA 2ª.—Pues aquellas que no se prolongan por mucho que se
encuentren. ¿Ve usté como era yo?
DOÑA TÁRSILA.—(Aparte.) ¡Maldita sea tu estampa, so cafre!
PEPE.—Bueno; basta, basta... Si no me lo dijeran creería que estas
criaturas habían estudiado en Bolonia.
DON ACISCLO.—Y ahora, excelentísimo señor, pocas palabras de mi
parte. Ya ha visto usted nuestra juventud estudiosa cómo aprovecha
los desvelos del monecipio, [de forma que sólo nos resta que, "iso
fazto", don Alicio Carrascosa, aquí presente..., llamao por su
elocuencia el Melquíades de Pancorbo (DON ALICIO hace una gran

reverencia.), su ciudad natal, va a tener el honor de ofrecerle el
homenaje que le preparamos. Ande usté don Alicio.]
TODOS.—Chis... (Silencio, expectación.)
DON ALICIO.—(En tono de oratoria rural.) Excelentísimo señor: Mis
nobles y queridos coterráneos. El ilustrísimo Ayuntamiento de esta
villa, [conjuntamente con el Casino de la misma, que tengo el honor
de presidir,] ha organizado un banquete que, a manera de modesto
homenaje, se ofrecerá mañana a este nuestro ilustre y preclaro
huésped.
[PEPE.—(Aparte, a un chico.) ¡Niño, deja las morcillitas! ]
DON ALICIO.—[¡Ah, mis leales y queridos] villalganceños, los
sentimientos patrióticos se exaltan ante las grandes y meritorias
personalidades, honra de la nación!
PEPE.—(A ALFREDO.) Me han tomado por un político. Lo que yo me
figuraba.
DON ALICIO.—Y mucho más cuando el ciudadano integérrimo que nos
honra con su visita no es un político.
PEPE.—(A ALFREDO.) Pues no soy un político.
DON ALICIO.-—No es un político ni mucho menos, y, claro, que ante tal
negativa, vosotros me preguntaréis: ¿es acaso un hombre de
ciencia?... No.
PEPE.—(A ALFREDO.) No.
DON ALICIO.—¿Es un escritor eminente?... No.
PEPE.—No.
DON ALICIO.—¿Es un artista ilustre?... No.
PEPE.—(Asombrado.) Tampoco.
DON ALICIO.—¿Pues qué es este hombre, me preguntaréis?... Y yo voy
a deciros lo que es este hombre.
PEPE.—(Aparte.) ¡Gracias a Dios!
DON ALICIO.—Pues este hombre es ¡nada menos! que el módulo
representativo de una nueva función generatriz del Estado, en su
relación legislativa, ¿he dicho legislativa?..., jurídica, dentro de las
modernas ideologías plasmadas en las grandes síntesis aspirativas de
la Humanidad... ¡Eso es este hombre!
PEPE.—¡Ca, hombre!
DON ALICIO.—Sí, hombre; eso y nada más.
ALFREDO.—(Aparte, a PEPE.) ¿Qué será eso de módulo?
PEPE.—(Ídem, a ALFREDO.) No sé; pero me suena a algo así como a
marisco.
ALFREDO.—(Ídem, a PEPE.) Pues sí que nos ha sacado de dudas.
DON ALICIO.—Y ahora que ya sabéis quién es, una sola palabra para
terminar. Conterráneos, honremos a este hombre; porque
honrándole, nos honramos. He dicho. (Aplausos, bravos,
felicitaciones.)
PEPE.—Señores, unas palabras...
TODOS.—Chis..., chis... (Gran atención.)
ALFREDO.—(Aparte, a PEPE.) ¿Pero qué va usted a decir?

PEPE.—(Ídem, a ALFREDO.) Una cosa parecida a la suya. Yo no me
aguanto eso de módulo. (Alto.) Villalganceños: Honrándome
exageradamente ha dicho, en disculpable exaltación el elocuente
orador que me ha precedido en el uso de la palabra, que yo soy un
módulo. Pues bien, sí, quizá yo sea un módulo; pero él, en cambio,
es una espátula.
ALFREDO.—(Asustado, le tira de la americana.) ¡Tío!
PEPE.—Una espátula con la que se extiende sobre el lienzo de las
realidades españolas el vivo anhelo del espíritu nacional, que trata
laudablemente de incorporarse, en la plenitud de todas sus
conciencias, a la marcha triunfadora de los pueblos libres hacia los
nuevos ideales del Derecho y de la Justicia...
TODOS.—¡Bravo, bravo! (Aplauden.)
PEPE.—Villalganceños: pocas palabras más. Al honrarme a mí,
¿vosotros sabéis qué ideales exaltáis?
TODOS.—¡Sí, sí!
PEPE.—Al ofrecerme este homenaje, ¿vosotros sabéis lo que significo
yo?
TODOS.—¡Sí, sí!
PEPE.—¿Vosotros sabéis quién soy yo?
TODOS.—¡Sí, sí!
PEPE.—Pues si vosotros sabéis quién soy yo, yo no...; yo no os
molestaré en volveros a informar respecto a mis legendarias y
tradicionales convicciones. He dicho. (Aplausos.)
DON ALICIO.—¡Viva España!
TODOS.—¡Viva!
DON ALICIO.—¡Sí, viva la España de Sagunto y de Numancia, de Colón
y de Hernán Cortés, del Dos de Mayo y de Covadonga! (Aplausos
frenéticos.)
TODOS.—¡Vivaaaaa! (Llorando todos, se abrazan; suena la música,
repican las campanas, estallan los cohetes. Van desfilando, después
de estrechar la mano y felicitar a OJEDA. Cantando.)
DOÑA TARSILA, CHICOS Y CHICAS.—(Al mismo tiempo.)
Loor, loor, loor...
¡Oh insigne y gran señor!,
etcétera, etc.
(Vanse todos.)

ESCENA XIII

PEPE OJEDA y ALFREDO.

ALFREDO.—¡Pero,tío!
PEPE.—(Cayendo derrengado sobre una silla.) ¡Ay, Alfredo!
ALFREDO.—¿Qué le pasa a usted?

. siempre el miedo..—Sí.) ¡Viva España! VOCES. PEPE. claudicación!.—¿A nosotros? ¿Que nos temen? ALFREDO. seguro.) ¡Mi madre! (Se cubre los ojos con las manos.—¿Tú? ALFREDO.—¿Qué ha sido? PEPE. [con los] cobardes.—(Lejos.—¡Vivaaaa! (Música.] el dinero.—¡[Y] conciencias [concupiscentes y] claudicadoras que infamó el delito quieren acallar el terror de verse castigadas con gritos de falso patriotismo! PEPE. por eso [son las dádivas.. [con los] claudicadores..) ALFREDO.) ¡Viva España! (Le aclaman frenéticamente.—¡Viva España! VOCES.—Sí. PEPE. las aclamaciones. Todo eso sospecho que lo hacen porque nos temen.—Sí.—¡Es posible! [¡Sin duda es eso!] El miedo.PEPE. aplausos.—¡Que mi confusión sigue en aumento.—(ídem. que yo no sé lo que me pasa! ¿A qué vienen esas explosiones patrióticas? ¿Por quién me toman? ¡Media hora hablando y aún no lo sé! ALFREDO.. ¡viva España! Pero ¡cómo va a vivir si no nos hacemos todos un poco mejores! Viva España.) ¡Vivaaaaa! ALFREDO..—(Ya muy lejos. que yo estoy muy malo. a mí me parece que empiezo a comprender. campanas. Estalla un cohete junto a él.. le aplauden de los balcones del Casino. que acabe para siempre con los] sin miedosos. Nos confunden con algo que para ellos es un fantasma [medroso]. las reliquias sagradas de la Historia!] ¡Cobardía.. pero viva [con un ideal cierto.) ¡Viva España! PEPE. no hay duda. nos tienen miedo.—¡Un cohete! ¡Por poco me deja ciego! ¡Y me lo ha disparado el secretario! ¡Lo he visto! [¡Canalla! ¡Ladrón!] Voz. firme. ¡La cobardía [profanando.) TELÓN . Voz.. (Sale al balcón.. Entrando.—Sin embargo. La gente grita. miedo. [¡Ah miserables!] Voz. para disculparse.. tío.

que ni en el Congreso!] Calma.. (Cierra.—Celebremos. pronunciando un brindis a la cabecera de la mesa.) ¡Sí. hacia el Casino. don Régulo. que en las ocasiones que se indican le aplauden. ahora.] ¡No es éste el momento! [Yo. lo mato sin remedio! ¡Le mato en pleno discurso! CAZORLA.) DON RÉGULO. pero] Conténgase usted ahora! [Sería producir una tragedia inútil..—¡Qué cinismo! ¡Pobre amigo! (Le abraza. [sí.—¿Pero no oye usted lo que dice? ¿No oye usted lo que grita ahora ese cínico? (Quedan atentos. nuestras hermosas conquistas. Es de noche.—¡Ah.) ¡Déjeme usted que dispare! CAZORLA. apunta a PEPE con una "browning" que tiene en la mano. En el cuarto de la fonda. ACTO TERCERO La misma decoración del acto segundo. Se hallan situados junto al balcón de la izquierda.) Piense usted que al disparar desde esta casa. razón por la cual se ve accionar a PEPE OJEDA sin que se le oiga. .—(Iracundo y exaltadísimo. aunque se le sigue viendo accionar. no sólo se comprometería usted. no. Está en pie. mirando a través de las vidrieras. sí.—(Desviándole el brazo. que tiene las vidrieras de los dos balcones cerradas. sino que comprometería a don Acisclo.) DON RÉGULO.) ¡No. no. DON RÉGULO y CAZORLA.) PEPE.—(Esforzándose por contenerle.) [¡Sí. no. que estimo su honor como mi propio honor. Se ven socios sentados cerca de él. Al levantarse el telón. aparece PEPE OJEDA en el Casino. celebremos] todas nuestras conquistas. le diré a usted que realice su justa venganza cuando sea llegado el instante. mi mujer se sonríe! ¡Oh! CAZORLA. yo no lo sufro! (Apunta de nuevo. DON RÉGULO. ESCENA PRIMERA PEPE OJEDA.—¡Ah miserable! ¡Que celebren sus conquistas! ¡Y mírela usted. abren un poco la vidriera y entonces se oye a PEPE OJEDA hablando como un poco lejos y en tono oratorio.] (Misteriosamente. mucha calma. Se deja de oír. donde acaban de celebrar un banquete. por Dios! [¡Sería una tragedia espantosa! ¡Sería una interrupción. para que nos envidien aquellos que. DON RÉGULO. están DON RÉGULO y CAZORLA. le sobra a usted la razón por encima de los pelos. déjeme usted. no.

en complicidad con la Anastasia. ANASTASIA. esos hombres son mu ladinos. ¿No lo oye usté? Cuatro calcetines [con una de tomates..—(A ANASTASIA. —A don Acisclo. es verdad! ¡Eso te vale. dos jerseises y unas silenciosas. tres camisolas sin marca.—¡Naa. por la primera derecha. villano! CAZORLA.] DOÑA CESÁREA.—Es muy posible.—Naa. me vengaré! (Queda junto al balcón. calma ahora... ¡Pásmese usté! DON ACISCLO.. [Zapatería de no sé qué. ni oficios. CAZORLA.. asolutamente na! ¡Ni un papel.—¡Digo. pa haberlo roto. [¡Como que es] su uniforme! CAZORLA. que está ahí dentro (Señala la puerta primera derecha) haciendo. de cinco gorras.) ¡Na. ESCENA II DICHOS.—¡No tener más. DON ACISCLO. ni un detalle! ¡Maldita sea! CAZORLA.—Y la mar de faturas.—[Y] también les hemos encontrao una faztura de la sombrerería. muy bien... pero es que las leales revelaciones de usted han despertado en mi corazón el demonio de los celos. seguido de DOÑA CESÁREA y ANASTASIA. lo comprendo todo.) ¿Y tú no les has visto romper papeles u esconderlos? ANASTASIA. un registro entre los papeles de esos hombres. de quién sabe Dios. cinco gorras. pues si yo lo hubiá visto! Ya los tendrían ustés en . amigo Cazorla. sí. debe. CAZORLA. debe..) DON RÉGULO. es inverosímil! DOÑA CESÁREA.—(Sale cautelosamente por la primera derecha.—¡Sí. y pa mí que han dejao el equipaje en el cuartel de la Guardia Civil. pa que no pudieran tocarles la documentación.. mirando obstinadamente al Casino. yo no podía consentir el ridículo de un amigo entrañable. ni cartas. [Es too lo que tenía la maleta.—Claro..—¡Pero no han encontrado ni siquiera.—Don Régulo..—(Yendo a su encuentro. debe. es cierto.. ha hecho usted bien.) CAZORLA. pero es que yo ya no puedo vivir sin una venganza terrible! ¡Y me vengaré. DOÑA CESÁREA y ANASTASIA. Camisería.) ¿No encontraron nada? DON ACISCLO.! ANASTASIA. estoy que me muerdo! ¡Too registrao y naa! Ni el nombramiento. calma. ¡La salvación del pueblo! DON RÉGULO. DON ACISCLO... ¡naa! CAZORLA.(Entorna la puerta del balcón y deja de verse a PEPE OJEDA..—Sin embargo.—¡Sí. registro que puede ser nuestra salvación. DON RÉGULO. ni credenciales. sí.. qué ni una fábrica e conservas]..—No lo duden ustés.] Esos han dejao a deber hasta el bautizo. Sastrería de no se cuántos.—Sí. DON ACISCLO.

conque usté verá. yo he metido en la cárcel hasta el Perniles y Garibaldi. No suelto las riendas. ya lo han visto ustés. DON ACISCLO.—Haces bien.—¡Pero ten cuidao con Carlanca. Y a más. too! ¿Lo oyes bien? (Con gesto de ira feroz. Ha cogío la bufanda.) ¡Ese eres tú! DON ACISCLO.—Pero no basta. DOÑA CESÁREA. no basta.) DON ACISCLO. y dos amigos. que] de eso s'ha encargao Carlanca. que me espantas! [DON ACISCLO. como se los dejó aquel recaudador de contribuciones.. [Too le llamo yo a un sustejo de naa. No. yo te digo que no. DON ACISCLO. ¡Ahora hay que comenzar por las malas! DOÑA CESÁREA. (Hablando el resto de la escena en tono confidencial.) ¡Too! DOÑA CESÁREA. me se comían!. ¡Qué lástima fue lo del cohete! ¡Con el ingenio que tenía! CAZORLA. CAZORLA...) ¡Mujer!] DOÑA CESÁREA...—¡Nunca! DOÑA CESÁREA.—¡Antes que verme pisao.—Ya les dije a ustés que eso era poco inocente.—Siquiá quítales las dos mil pesetas. Treinta años mandando.su poder.—¡Si estalla medio metro más abajo.—Por de pronto. pa que no les puan dar datos contra nosotros.—(Con entusiasmo.—Tú ties en el pueblo too el poder.—¡Acisclo.. Les llevo una lista hasta de las veces que estornudan.. (Vase al balcón con DON RÉGULO. de veras. estoy yo ya muy duro para que me roan. ¡Por éstas! DOÑA CESÁREA. regalos. dinero.—¡Lo has dicho en un tono.] DOÑA CESÁREA. que el que se ríe de mí.. festejos.—(Sigue sonriendo.—Pues mal año pa ellos.—¡Tú! Ya lo ves. que ése es mu bruto! . no consientas que a ti te quiten de mandar. que me s'han puesto de punta hasta los pelos del añadío! DON ACISCLO. y esos canallas se dejan en el pueblo los billetes.) ¡Y todavía está hablando! Eso es un loro. llora a la postre.] DOÑA CESÁREA. que tú eres un desgraciao. el retaco. DON ACISCLO.) No t'apures.—¡Maldito sea! Pos yo no pueo hacer más pá quitámelos de encima. ya me conoces.—[Déjalo.—¿Yo? DOÑA CESÁREA.—¡Mi plan! Voy a seguir azuzando. No seas infeliz. pos antes que soltar la tajá hay que dejarse en ella los dientes.—Pero por las malas. Por las buenas.. ¡Esos tíos t'han cogío el dinero y s'han reío de ti! [DON ACISCLO. DON ACISCLO. (Yendo hacia el balcón.— (Sonriendo.) DON ACISCLO.. tiene que ir a curarse a Madrid! DON ACISCLO.—Descuida.. ¡Con los enemigos que da eso! [¡Si me vian caído. En el fondo soy un infeliz. Acisclo...] Yo te digo que antes de irme ¡le pegaba fuego al pueblo! DOÑA CESÁREA..

lo mato! [CAZORLA. tiene usted razón: luego se irán a Madrid ufanándose de habernos burlado y habernos escarnecido. no! ANASTASIA.—¡Bah. no. pero ahora.—¡Hombre. la cuestión de honor y lo que sea.) ¿Sabrá lo mío? DOÑA CESÁREA. ¡Déjeme usted.—(Va hacia él. y ella..—(Aparte.—¡Cazorla! DON ACISCLO. [me muero!] DON ACISCLO. no hay que olvidar [tampoco] que usté [mismo] la recomendó que estuviese amable con ese sujeto. so loco!.—Eso le digo yo.) ¡Por la Virgen Santísima! ¡Caramba! ¡Calma!] DON ACISCLO. porque a ése lo mato. otro infeliz!.] mi honra peligra! [¡Estoy en un estado de excitación que.. DON ACISCLO. pero menos que ninguna que nadie levante los ojos hasta mi mujer.).—¡Sí.—Pero le tolera a ese hombre excesivas galanterías.] o mato a ese hombre o me muero de un berrinche. [que no será poco. intervenga usté.—Ese. Cuando le traigan ustés los libros del Ayuntamiento para que los revise..—(Exaltado de nuevo..—Serenidad..—Espérese usté a entonces.... no se ponga usté así! Después de too. volver a su manía de dispararle a PEPE OJEDA.DON ACISCLO. que no le encienda el coraje. y a ANASTASIA y CAZORLA que tratan de detenerlo.) Venga usté aquí. DOÑA CESÁREA.) DON RÉGULO.] (Le separa del balcón.—Ese [rebajuelete. inquieto.) [¡Pero qué va usté a hacer. muy pocas. que le quiere disparar! DON ACISCLO.. señor alcalde.—Seguro. Ya conoce usté mis dotrinas: brutos.—¡Ese muere!] DON ACISCLO. un momento antes se ve a DON RÉGULO. DON RÉGULO.. DON ACISCLO. sí.] [DON ACISCLO. (Para cumplir la indicación del diálogo. CAZORLA.—¿Pero qué le pasa a ese hombre? CAZORLA. y eso. y de que ponga tanto así de reparo en naa. señor alcalde.] De un caballero no se ríen esos..—¡Por Dios. aunque descubriese usté cualisquier cosilla. ¿Sabes quién va a hacerles el avío a los forasteros? DOÑA CESÁREA. señora Cesárea.. le da usté el puñetazo acordao en sesión.] DOÑA CESÁREA. . y en seguía los padrinos.—[¡Don Acisclo. DON RÉGULO. que no semos creaturas. quizá esta misma noche nos dará ocasión para todo. Yo aguanto pocas cosas. siendo usté el atizante.. don Régulo. Que mialo (Riendo socarronamente.].—Es que doña Eduarda es una mujer honrá.) [Sí.—[Bueno...—-(Asustada..] [DON RÉGULO.—No sé si tendré paciencia para esperar.] [DON RÉGULO. pero a tiempo.—¿Quién? DON ACISCLO. no s'arrima una vez a don Régulo. don Régulo. sí.

[quizá que] por hacerle a usté caso. EUSTAQUIO.) Pero asiéntense ustés.—(Ofreciendo una silla a CRISTINA.—Comprenderán ustedes mi deseo de venganza. CRISTINA.—Pero ya saben ustés que esta habitación la ocupan. [¡Caramba!] [CAZORLA.) ESCENA III EDUARDA..—Bueno.) Me sorberé las lágrimas. no. que vienen que s'ahogan.. CRISTINA y EUSTAQUIO. gracias...—(Dando rienda suelta a su dolor. porque te costaría.) ¡Gorda tie que ser la cosa! (Vase por la primera izquierda. (Aparte. lo sabemos todo. EUSTAQUIO.) ¡Dos reales! EDUARDA.—¡Y yo. calma. doña Eduarda. Entran las dos acongojadas.] DON ACISCLO.—Eso es bíblico. EUSTAQUIO. Y ahora.—Si eres discreto. hijo. EUSTAQUIO.. con caras de angustia. Nada más.) ¡Ay Cristina de mi alma. estoy [desolada. EDUARDA.—Mira.)] ESCENA IV EDUARDA y CRISTINA.—Nada. ANASTASIA.—¿Pero qué les ocurre a ustés pa ese desasosiego y ese agobio? EDUARDA.) [Toma y calla. por la primera derecha.—(Aparte. Eustaquio.—Sí.—Pero una cosa es que me haga caso a mí y otra que le haga caso a él. que le da.] lo que deseamos es que nos dejes solas. al Casino. que too llegará. pero nos precisa asomarnos a ese balcón un momento.) Y tú de esto ni tanto así. [no te preocupes.—(Que pasea agitada. (Vanse todos por la segunda derecha. Eustaquio.. Pasen pol gabinete y bajen por la escalera que da al callejón.... (Saca una moneda.—Quie usté callarse. EDUARDA. Por eso venimos. sí.] muerta de angustia! CRISTINA. [y yo]! Mire usted cómo tiemblo desde que sorprendí entre mi tío y el secretario la conversación que .. antes que acabe. EDUARDA. yo no podría estarme quieta. DON RÉGULO.—(Cogiéndola.. EUSTAQUIO. no es nada. (A ANASTASIA. precedidas del CRIADO. no serán los últimos. DON RÉGULO.) No.

] pero [también] para que antes Ojeda [me salve a mí. en el "Blanco y Negro"..] Habérsele ocurrido meter celos contra usted en el corazón de don Régulo para que mate al señor Ojeda y que el Ayuntamiento se vea libre de él. Pues hoy.—Dé usted en los cristales.—Acerquémonos al balcón a ver si nos ven. sin interrumpir por eso el discurso..—[Sí...] ese canalla de Cazorla! [CRISTINA. en la alacena. que no entiende y que le obligan a poner cara de extrañeza. Para que se vayan del pueblo. Antes no tenía más que ojos para mirarme.) CRISTINA. hasta hoy dichoso!. ¡Él. Le haré una seña.—Sí. EDUARDA.—¡Figúrate qué tragedia! ¡Una mujer deshonrada. y lo hace en un tono tan glacial. [EDUARDA. [de suyo] tan amable siempre. la que me ha hecho hoy a los postres. [a mí: que teniendo clavado en mi corazón el dardo] que [tengo. chis! (PEPE OJEDA mira: le hacen señas. hoy como siempre se los di..—Figúrate que yo.. para que se vayan.—Es preciso que estos hombres conozcan el peligro en que están.) Que vengan. EDUARDA. que no paga ni hecho trizas! EDUARDA.] Y luego..—Tiene la maldad del demonio.. nunca me la como sin darle dos o tres cascos.—!Pues si con el carácter que tiene se pone furioso!.] salve mi honor! ¡Ah. EDUARDA.—¡Y haberme infamado a mí. ¡Ah! (Llora. me habla..—Sí.) CRISTINA.. Hay que ponerlos sobre aviso. (Llorando amargamente. es lo mejor.] ¡Ese miserable. [tan cortés] conmigo.—(Abriendo el balcón. sí. [en cualquier parte menos en mí.. (Llora.—[¡Sí.) y me ha dado con los cascos en las narices.. que me enfría hasta la sopa. ya parece que mira..he sorprendido. [pues eso es lo trágico]! En unas cuantas horas mi marido es otro.. un hombre muerto! CRISTINA. para que huyan a escape.) CRISTINA.—Calla. ¡Ay.—¡Peor! ¡El demonio es un niño de primera comunión comparado con él!.—[¡Qué infamia! ¡Si parece mentira!.) CRISTINA. CRISTINA..] antes moriría cien veces que faltar a mi esposo!. [ese infame. ¡Vamos. . Cristina. cuando una naranja me sale dulce.—¿Pero usted cree que don Régulo le dará crédito a esa infamia? EDUARDA.—¿Pero cómo? CRISTINA. EDUARDA.] [Estamos en la mesa. EDUARDA. él.—¿Qué le ha hecho? EDUARDA. ¡Chis. Pues] no perdamos tiempo. devolverme los cascos! CRISTINA. CRISTINA. Llámelos usté. Cristina! (Llora.—¡Ya lo creo que le da crédito.. EDUARDA. haber sembrado el infortunio en mi hogar... Ahora busco su mirada y la encuentro en los calcetines.

—Entonces. y perdona esta imagen pajarera y dolorida. tender el vuelo y hacer el nido en el alero de un tejado cortesano. ¡qué remedio! Alegremos la vida de los que nos enjaularon y bendigamos a Dios hundiendo el pico en el alpiste cotidiano.. hombre! PEPE... [ya lo sabe usted]..—Mira. Ya voy. era capaz de hacer una brutalidad.—¿Y yo.—Que vengan ustedes.. no vivo! EDUARDA..) Yo. Cristina? CRISTINA... ¿no te temes a ti misma y temes a los demás?] No vaciles. [sí. Tú.—Ya nos ha entendido.. CRISTINA. Cristina.—¿Serías tú capaz de algo indigno? CRISTINA. Alfredo parece que me quiere.) Venid. a la puerta de un corral! ] CRISTINA...EDUARDA.. Emancípate de la tutela de estos egoístas. EDUARDA. ¡Estoy inquieta. En amor sigue siempre el impulso de tu corazón. EDUARDA. qué hago yo. ¡Ah..) PEPE. el clavo.) ¿Qué queréis decir?.. EDUARDA..—(Haciendo señas.. ya voy a terminar.. ¡Ay de las que tenemos la jaula colgada en el clavo del deber.—¿Tú no le quieres. EDUARDA.—Voy a terminar y voy en seguida.. cásate con Alfredo.—Pronto.) ¡Ay!.—Pero [por otra parte] le tengo miedo a mi tío.—¿Qué decís a está afirmación que yo os hago?.. que puedes abrir tus alas de golondrina... CRISTINA. ya lo sabe usted. [EDUARDA.—Pero si yo me marchase. EDUARDA. Y ya ves que te lo digo yo. EDUARDA..—¡Que vengas... (Más señas..) cuanto en mi larga actuación. doña Eduarda. yo que cuando te vayas me quedaré sin tu tierno afecto y sin..—Antes me moriría.. porque en este brindis creo haberos confirmado todo... Estoy deseando que lleguen.—(Como si continuara dirigiéndose al auditorio.] no duermo....—Entonces no tardarán. que si supiera que venían a quitarle mi fortuna.. señora. CRISTINA. PEPE. Cristina. ¿no tienes unos parientes en Madrid? CRISTINA..—Con un cariño inmenso.. el pueblo.] [él] sube! . pero hace tan poco que le conozco. Pero la jaula.. [Dichosa tú... CRISTINA. (Cierran y deja de oírse a PEPE OJEDA.. podrían decir..... la gente. aunque lejanos.—Pues vete con ellos.. (Vacila. qué hago? ¿Qué le diré a mi Alfredo?. EDUARDA... vete a Madrid. señores! EDUARDA.) ¿Qué decís? CRISTINA. PEPE.—Usted me da ánimo... (Señas. y luego..—¿Pues entonces?.—Sí.—¿Yo? (Le hacen señas que sí. doña Eduarda.. [indecisa.—¡Calla... No vaciles.

Pepe.—¿Quién se lo ha dicho a ustedes? PEPE.—Sí.—[¡Ay! Pues que yo deseaba por momentos hablar contigo.. ¡Caramba! ¿Pero por qué en un peligro?. De modo que por ese punto nuestra seguridad personal no corre peligro.—¡Pepe! (Se estrechan la mano. Haced el favor de explicaros. (Llora.—¿Yo?.—Ahora vendrá.. Eduarda? [CRISTINA. señor Ojeda! PEPE.—¡Eduarda! EDUARDA. Quedó con unos señores..—Bueno. ESCENA V DICHOS y PEPE OJEDA.—(Muy confidencial.—¡Que está usted en un peligro terrible.—Se llama Abilio Monreal. es preciso que lo sepas todo! Un canalla ha metido en el corazón de mi esposo el torcedor de los celos. .—¿Pero quién ha sido ése? EDUARDA. Creo que querían regalarle un perro y le llevaron a que lo viese.—Un granuja.—¿Y Alfredo? PEPE. EDUARDA. ofendido. para que así mi esposo.) PEPE. te correspondo. LAS DOS. PEPE.] yo también he oído a Cazorla no sé qué de un perro!. ¡pobre de mí!.) CRISTINA.—¿Eh? EDUARDA.] Le conté la confusión de que éramos víctimas y me prometió no presentarse hasta que yo le avise.) Y que yo. para darnos tiempo a que Alfredo y tú resolváis lo que os convenga. Pepe.—¿Un perro? ¡Qué cosa más rara! CRISTINA.—Ese bandolero. [por ser pariente de unos amigos míos.—[¡Ay! Yo no estoy tranquila. ¿y qué ocurre? EDUARDA. EDUARDA.—[¡Caracoles!] ¿Qué dices. te rete a un duelo y te mate.—¡Sí.—¡Ay.] PEPE. [al fin lo sé:] con un Delegado del Gobierno... y da la feliz coincidencia de que le conozco. que llegó esta tarde al pueblo y que se aloja en casa del sargento de la Guardia Civil. que suponiéndole el inspector que esperaban.) Pues el propio Delegado. no.] ¿Sabes ya con quién te confunden? PEPE.] EDUARDA.—¿El secretario? CRISTINA. le ha hecho creer a don Régulo que usted pretende a doña Eduarda. PEPE. CRISTINA.—¿Es posible? PEPE.—El infame de Cazorla. PEPE.—¡Cuerno! ¿Quién dices que ha metido el torcedor? CRISTINA. ¡Si vieran ustedes.. [PEPE. por la puerta izquierda.—(Llorando. no lo creas. tú estás en un error! ¡Tu vida corre más peligro que nunca! PEPE.

PEPE...—¡Qué bestia!. eso. pero en el último "cross country" he batido yo el "record" de los cinco kilómetros con obstáculos. PEPE. yo creo que sólo oyéndole a usted mismo se quedaría tranquilo. pero a mí me quita el cráneo. Además. señor! PEPE. porque hay algo peor! PEPE. [os iréis para siempre]. Pepe. pero yo he de quedarme. [infeliz... Pepe.—¿Y qué puedo hacer yo para disiparle esa ridiculez? EDUARDA. PEPE.—No. y ¡adiós. CRISTINA. PEPE....) ¿Tú crees?.] Y vosotros. .—Pero es que tú no puedes abandonarme. (Desconsolada. no. Mi marido tira a la pistola de un modo que a veinte pasos le quita al canario un cañamón del pico.. te deja en "ocaut". EDUARDA.] que le jures que es una calumnia.) Y lo grave es que mi marido te reta. ¿Y dices que un cañamón? EDUARDA.. te mata.) ¡Canario!] EDUARDA.) ¡Caracoles! [CRISTINA. sí. te reta y te mata. PEPE. porque al canario le quita el cañamón y le estropea el almuerzo.. que aunque no tuviese armas.—Además. tú: ¿ese facineroso ha hecho películas? EDUARDA. sí. Oye.—¿Pero esos blancos? CRISTINA.—Oye.—¿Que no puedo? EDUARDA. hija! Hay que tener sentido común y saber contar.—No. PEPE. ¿cómo puede ese imbécil dudar de tu honra? CRISTINA.—No le fallan. Después de todo. [al fin] os iréis de aquí.—¡A veinte pasos. ¿y todo eso no se lo podría yo decir por escrito? Ya sabes que tengo una letra clarísima y que redacto con cierta soltura. boxea de un modo.—Te reta.—Al canario.—Es que es Otelo. si te coge y te tira un directo al estómago.—Sí.—No. no.. ¿y cómo me quedo yo. te mata.—(Aparte. [que reivindiques mi honor.. ¿"Ocaut" a mí?.—¿"Ocaut"?. y no me habla [y me rechaza y me desprecia..) Mujer. no os digo más. Cristina. EDUARDA.—¿Peor que el cañamón? EDUARDA.—¡No puedes. PEPE.—Que mi marido cree que te correspondo. Me seguían dos sastres en motocicleta y no me vieron.—(Crece su alarma..] EDUARDA. pero es que una persona tan exaltada y con esa puntería..—(Alarmado..—Pues me habéis dejado el corazón que parece un despertador sin timbre..—(Tratando de disimular el miedo. pero tiene un ingenio maléfico que espanta.. Oye: ¿la carretera es saliendo de aquí. PEPE. me mata o le mato yo a él..—Que le hables. Pepísimo!. PEPE.] si del corazón de mi esposo no se disipa la duda infamante? PEPE. PEPE..—¡Aunque sea su padre. a la izquierda? [Porque a boxeo puede que me gane.. PEPE.

Pepe! CRISTINA.—No. Lo que me contaste de que el alcalde te hace el amor es cierto. sí. [A mí a agilidad intelectual no me sobrepasa ningún municipio. (La lleva desgarrada por detrás.) ¡Mire usted qué "seter"! EDUARDA.—(Que entra lívido. ¿qué?. muchas gracias. EDUARDA.—¿Qué intentas? PEPE. ¿verdad? EDUARDA.. como aterrado!. PEPE. PEPE. ya viene Alfredo.) Alfredo. señor Ojeda! PEPE. que yo le hablo a tu marido.—¿Aterrado? ¿Qué le pasará? ESCENA VI DICHOS y ALFREDO. vaya si me las pagan.—(Anhelante.—¡No.—¡Qué siete! ALFREDO.—¿Qué dices? .—¡Tiemblas!] PEPE. que estaba rabioso. ay tío de mi alma! CRISTINA. no tengáis cuidado. nada.—¡Lo digo por los míos! EDUARDA.] sentiría que un ventajista o un loco me hiciera dejar en este villorrio el agradable pergamino que me envuelve y que tantos afanes me ha costado conservar.. [No soy ningún Cid Campeador.—Sí.—Años.—¡Cómo si no iba yo a decírtelo! PEPE. como diría ese mirlo legislativo. ¿eh? Pues mire usted la americana. ¡Ya veréis!] CRISTINA.—Pepe.] un precioso "seter".EDUARDA.—¿Qué te ocurre? EDUARDA. (CRISTINA va al balcón a mirar. ALFREDO.—¿Qué te ha pasado? ALFREDO.—¡Viene usted lívido! CRISTINA.) ¡Ay tío. EDUARDA.—Gracias. PEPE. no la abandone usted. nada. ¿Se acuerda usted del perro que me querían regalar? PEPE.] De modo que me quedo.—El perrito. [un "seter"..) ¡Alfredo! [PEPE. Pepe.—Saber contar. descompuesto. para qué voy a engañaros. ALFREDO. con la americana rota.—No. más mérito tiene jugarse el tipo con el miedo que sin él.—Bueno.—(Que entra del balcón. EDUARDA.—Eso.) PEPE.—"Seter"..—¡Ay. ¡Pero viene corriendo.. no me abandones.. [pero al cabo. pero el Cazorlita ese y el alcalde me las pagan. PEPE.—Basta. le hablaré a tu marido.

—Y.—¡Pobre don Sabino! ¿Qué le ocurrirá? PEPE.—¡Ay!. ya. no me atrevo! ALFREDO. no. irme con ustedes!.. dile que pase.ALFREDO.—Excelentísimo señor. qué rato he pasado! [PEPE.—Ya. [yo os lo prometo!] ¡Ay.. EUSTAQUIO.. ¿Qué acecharán? EDUARDA.. eso.—¡Asesinos! ALFREDO. ESCENA VII DICHOS y EUSTAQUIO.—¿Qué se te ofrece? EUSTAQUIO...—¡Por algo temblaba yo de que no vinieras! ALFREDO. ¡Sois muchos y malos. PEPE. CRISTINA. ALFREDO. el médico. me destroza.—¿Y qué he de hacer yo? ALFREDO. Es necesario que resuelvas pronto. [que viene llorando que da compasión] con su hija [de la mano y un lío de ropa. En ese callejón he visto un tío envuelto en una manta y con algo debajo. venirte a Madrid.—Yo no sé.—¡Ay..] Si no tengo la suerte de esquivarle.—¡Debe ser el Carlanca. que ice que] tie precisión de hablar con usté. además..—[¡Qué infames!.. uno de los que gritaban ¡viva la España del Dos de Mayo y de Covadonga!..—¿Qué pasa? EUSTAQUIO.] ¿Ven ustedes lo que yo decía del perro? EDUARDA.—[Absoluta y totalmente rabioso..—Dispénseme usté y que haiga entrao sin premiso.—¿Que lo reciba yo?. PEPE.. ¡Y de las encrucijadas!..—Entonces me quedo yo también.—¡Pero huir. Alfredo..] PEPE. sálvate. ¡porque yo no te dejo en manos de estos energúmenos! Sea lo que Dios quiera. EDUARDA.—Por lo que parece. la partida que os voy a jugar! ALFREDO. Vosotros mientras entrad ahí y resolver ... CRISTINA. ¡Ladrones!. [¿Al médico?. CRISTINA. tú vete.—En fin. Huir de estos canallas.—Fía en mi amor y en mi lealtad. sospecho que nos preparan algo terrible.—No. CRISTINA. Pero irme sola. CRISTINA..—Decidirte. CRISTINA.—Ya lo oyes.] ¿Pero qué desea? EUSTAQUIO. es un asesino! PEPE..—Don Sabino. en ti fío. estos cafres empiezan a tirar con bala. PEPE. [que por Dios y que si pue usté recibilo.. pero es que la cosa. que si no es un trabuco es un pariente próximo.—Sí. hay que marchar esta misma noche. es imposible permanecer aquí sin grave riesgo. Cristina. pero no podréis conmigo.] CRISTINA. por la primera izquierda...—Sí.. ¡No. pero está el pobre que su alma se la parten.

Después de todo. por la primera izquierda.] (Llora.—¿Pero tanta infamia es posible?.—Cálmese usted.—¿Pero qué le pasa? [¿Qué es lo que teme?] DON SABINO. PEPE. Mis compañeros ya están en la cárcel. irme pronto.. Sospecho que me [persiguen.) PEPE. me llama enemigo y me persigue. Pero pronto.] contra un caciquismo bárbaro.—¿Pero por qué causa? DON SABINO.) ESCENA VIII PEPE OJEDA.—¿Qué le ocurre a usted. Quiero irme. PEPE.—¡Qué saben ustedes. antes que nos corten la retirada.. Tengo miedo. me deben mis honorarios de siete años. seguido de MARÍA TERESA y en actitud suplicante.. (Entran EDUARDA.—Que cometen conmigo la más infame de las iniquidades. desolado. [caballero! ] PEPE..) ¿Pero usted es realmente amigo del alcalde? DON SABINO.. torturador. señor!] PEPE. Treinta y cinco años.—(Aparte. ¡Por Dios.] No tengo otra cosa en el mundo...] . pero como yo no he tolerado que mi asistencia a los enfermos esté mediatizada por los caprichos políticos de un bárbaro. soy el médico de este pueblo. DON SABINO.con urgencia lo que nos conviene a todos. luchando siempre [contra el odioso caciquismo. CRISTINA y ALFREDO por la segunda derecha.—[Por nada en realidad. que pretexta un ridículo desacato.] El alcalde.) ¡Caracoles! ¿Y cómo le digo yo a este pobre señor.. que me] quieren encarcelar. [que en estos instantes es aquí autoridad suprema] como Delegado del Gobierno.. lleno de temor y zozobra.) ¡Caballero. DON SABINO y MARÍA TERESA. señor mío? DON SABINO. [agresivo.? (Alto. [y quiere hundirme en la miseria y en la desesperación.) DON SABINO. caballero! [MARÍA TERESA. ¡Son unos miserables! Pero a mí lo que me importa sobre todo es salvar a mi hija. y no me paga. señor [me he pasado de médico titular. o quizá lanzarme al crimen. DON SABINO.—¡Yo qué he de ser!.] PEPE.) ¡Piedad. Antes que permanecer aquí prefiero morir de hambre en la cuneta de una carretera. yo temo correr la misma suerte. esto coronaría gloriosamente el martirio de una vida consagrada a la Humanidad y a la Ciencia en un país de ingratos.—(Suplicante. Ayer mañana fui con otros dos hombres de bien a elevar una protesta a casa de ese fariseo.—[Caballero. (Se sientan.... Yo no soy enemigo de nadie. Por eso] vengo a implorar auxilio y protección de usted. señor.. [¡A mi hija!. los que viven lejos de estos rincones!.—Ampárenos. [vengo huyendo.] de médico rural.. Por eso solicito el auxilio de usted.—(Entra rápido.

. que envilece. señor mío..—[¿Y cómo no cejar?] [¿No ve usted el resultado de mi rebeldía? La niña y yo hemos sufrido miseria. PEPE.. y] cuando voy a implorar [como una limosna] mi sueldo [no quieren pagarme.—¿Y [será tal] nuestra desgracia. tome usted! (Le entrega los billetes que ha sacado del bolsillo. ¿qué vamos a hacer políticamente los españoles? PEPE. de hambre.—(Asombrado. que aniquila. DON SABINO. que esta vileza] no tenga remedio? PEPE.—Guárdeselas. ¡Canallas!. que absorba para sí la savia fecunda [y saque al otro y dé con él en tierra.....—Exacto. [No le humillo con el oprobio de una limosna..) ¿Qué es esto? PEPE. DON SABINO.] por qué no va a Madrid y lucha para lograrlo... pero hay que buscar la cocinera.. con mis predicaciones.—Ah.... los apostóles no han trabajado nunca. no. estoy seguro de que] en esta iniquidad consentida a la política rural está el origen de la ruina de España. sí. DON SABINO...) ¿Que el Ayuntamiento no tiene dinero?...) DON SABINO. sano [y fuer- te].—(Sigue con exaltación oratoria. ¡comer de fiambre!.—(Exaltado. porque yo.. DON SABINO.) ¡Ojeda.. exacto... porque es base de muchos intereses creados. [Yo he luchado heroicamente contra él con mi rebeldía.—(Vivamente y con disgusto.) ¡Ah. tiene usted razón.. que la conozco. (Aparte. Pero usted..—Pero si la cocinera no parece.. no acción.. A mí pedidme verbo.] me dicen que el Ayuntamiento no tiene dinero. ¡Don Sabino. y lo grave es que esa tremenda iniquidad de que usted habla no desaparece porque en ella tienen su fundamento las tradicionales oligarquías de nuestra vieja política.—¡Señor!. [señor. ¡Y me dan a mí todo esto para que no los lleve a la cárcel!.. Abandonemos valientemente este árbol añoso y carcomido de la política caciquil y plantemos otro joven. ¡señor mío!.—Dos mil pesetas. . nos morimos de hambre.—¡Cómo no!. DON SABINO.. [¿No es usted su acreedor?] Guárdeselo sin escrúpulo.) Por eso este mal es tan hondo y tan permanente. soy como un libro de cocina: tengo recetas para todo. porque sólo en las ramas] de ese árbol nuevo podrá cantar el pájaro de nuestro aurora. PEPE..—¿Y usted que lo sabe [y que lo dice. PEPE.. y trabaja?.contra un caciquismo [que despoja. PEPE. [raíz sustentadora] de muchos poderes constituidos. no. Yo soy un apóstol. que me parezco un poco a los políticos españoles. Además.] Ese dinero es del Ayuntamiento. yo. y] que vive agarrado a estos pueblos como la hiedra a las ruinas...—Pues lo que venimos haciendo. mi pobre amigo.] PEPE. no!. pero. trabajar.. no ceje en su generosa lucha. [¡no tiene dinero!. que te pones cursi! DON SABINO..

señor delegado. Nosotros no tardaremos.] DON SABINO.—¿A qué hora sale el tren? DON SABINO..—¿Da usté su premiso? .—Es la costumbre del alcalde. En cuanto tiene que rendir cuentas de cualquier cosa. ¿Usted tendría inconveniente en acompañarla? DON SABINO.—¡Mi sobrino y la sobrina del alcalde se aman! DON SABINO.—¡Pero usted es el demonio! PEPE. porque no lo soy.—Todavía queda media hora. que no sólo no han de tocarme el pelo de la ropa. Usted y su hija se llevan a Cristina.—¡Pero cómo podrá usted salir del pueblo. sino que hasta alguno de ellos puede que me acompañe a la estación.—Pues.—¡Con alma y vida! Si ella quiere.—Peor.—¿Y cómo le pagaría yo a usted. PEPE..—Es preciso que esa muchacha salga para Madrid esta misma noche.. PEPE... y para la cual usted podría hacerme ahora un favor inmenso. para que en cuanto le pidan una aclaración toque el pasodoble de Joselito y no hay modo de entenderse.—A una cosa muy distinta de la que suponen.—La verdad. [DON SABINO... PEPE. [DON SABINO. [Yo le doy a usted mi palabra.—¿Qué dice usted? PEPE.] DON SABINO. lleva la murga..] esos bribones no tardarán en venir con los libros. DON SABINO. sobra tiempo.—No está mal. ¡y con la murga! PEPE..—¿No le deben a usted siete años? Pues uno menos.. PEPE.? PEPE. [¡por lo que más quiera!] DON SABINO.[DON SABINO. Me iré.] PEPE. Ahora que a mí. porque yo he sabido que quieren coaccionarle. [DON SABINO. [EUSTAQUIO..? PEPE.—A las diez y cuarto. como si me quiere traer la Sinfónica.] DON SABINO.—Además.—Pero.—A mí no me llame usted delegado.—¿Entonces usted ha venido aquí. Soy el hombre que ha vivido sin dinero. ESCENA IX DICHOS y EUSTAQUIO.—¿Con la murga? ¿Para qué? DON SABINO. esperan en la estación y toman los billetes. Precisamente a Madrid vamos nosotros.—[¡Cielos!] ¿Cristinita? PEPE..—Pero ¿por qué? PEPE.—Usted dirá. que le tienen cercado! PEPE. Contra todos puedo.—No importa..

—Sí. DON ACISCLO.—Sí.—No. Dios mío. PEPE.—Y a esos señores. hija. [DON SABINO. a mi sobrino y a doña Eduarda. EUSTAQUIO.] EUSTAQUIO. inspiración y desenvoltura para acabar con estos reptiles. PEPE. por la puerta que da a esa calleja y a la estación.—No.—Dales el recado y vuelve.—Sí.—(Entrando.—Está bien. PEPE.. sí.—Ahora. [MARÍA TERESA. señor.) Ahí están. PEPE.—Vamos. CAZORLA y DON RÉGULO. pero que tengan la bondad de aguardar un instante.—Toma esta carta y llévala a casa del sargento de la Guardia Civil. PEPE. Es una villanía la que voy a hacer. el secretario y don Régulo. Dígale a doña Eduarda que espere mi aviso.—[Muy bien. cuanto hemos convenido. EUSTAQUIO. entre en esa habitación y explique a Cristina.—No tardes..] ESCENA X PEPE OJEDA.] PEPE.—¡Ellos aquí!. señor. PEPE. DON SABINO. DON ACISCLO. [EUSTAQUIO. [PEPE. por la izquierda.—Volando.) DON SABINO. señor. señor..) A mí Carlancas y Régulos.—Calma. EUSTAQUIO.) EUSTAQUIO. EUSTAQUIO.—El señó alcalde.—Sí.. EUSTAQUIO.—Si no la llevas te mando fusilar.—Mientras escribiré yo unas líneas. Salgan al marcharse. que he de hacerte un encargo. ¡Ya veréis la que os preparo! DON SABINO. sin perder minuto. que si pueden pasar a saludarle a usté.—¡Caballero!] (Vanse por la segunda derecha.) El recibo.—(Aparte.. .—¡Excelentísimo señor!. EUSTAQUIO. DON SABINO. (Los dos se sientan y escriben rápidamente. con Cristina y mi sobrino. Pues] ahora. pero con fulleros no es cosa de jugar limpio.—Con mucho gusto. señor.] PEPE. que están en ella. Tenga la bondad de hacerme un recibo de las dos mil pesetas. (Vase. Gracias por todo y hasta luego.—A escape. [PEPE.PEPE. señor.] PEPE..—(Entregándoselo. usted y su hija. que pasen.) Usté mandará.—Pasa.

) ¿Qué será esto? DON RÉGULO.] CAZORLA. PEPE. DON ACISCLO..—Pues nos pinta que ni Zurbarán.—Qué. ¿Qué hay que hacer? PEPE.) Es comodidad.. ¡Un vergel!] DON ACISCLO.—(Ídem.—Porque el accidente del cohete. Si ustedes me permitiesen. (Alto. ¿y qué tal y cómo les pinta a ustés por este pueblo.. DON RÉGULO.—[¿Cómo favor? Toos criaos de usté. [DON ACISCLO. CAZORLA. PEPE. Lleva un garrote enorme. una gloria! DON ACISCLO. DON ACISCLO.. señores. Y [a ustedes. aguarden y perdonen unos minutos. señores.—Bueno.. pa que uno pueda responder el día de mañana.—Gracias..—Fortuito y que si me da en el ojo. DON ACISCLO.—(Ídem.) ¡No sé cómo puedo contenerme! CAZORLA. (Invitándolos a pasar.) PEPE. DON ACISCLO.] como usté mande..—Pues [con permiso de usté.—Pues si no hace falta tenedor.—Pues nada.—Esta contabilidad es tan sencilla que no hace falta tenedor.] y aunque la hora no sea muy allá que digamos. hombre. [Esto es tan pintoresco como paradisíaco. pues para sacarme la niña a paseo.—[Sí.—Pues pasen por aquí..—Amos.—Señor Ojeda. [pues por salir de esto] le traemos a usté los libros. DON ACISCLO. les pediría un favor inmenso.—[Aquello ya comprendería el señor que] fue un accidente meramente fortuito. si viera usté que m'ha quitao a mí el sueño. pero buena voluntá..—Aquí otra cosa no tendremos. y naa.. Cuatro cuentejas. No faltaba más. naa.—(Aparte..] ¿qué les trae por esta su fonda? DON ACISCLO. (Entran por la primera derecha. ¡pero nada más!. yo reanudaría el "pour parler" y en seguida a sus gratas órdenes. (No lo suelta.) Observaremos... el asunto es que me han sorprendido ustedes de visita con una persona que tengo en esa habitación.. señor alcalde.. [naa.) Vaya una carita que trae el del cañamón.... DON ACISCLO. PEPE. señor.. (DON RÉGULO sólo una grave reverencia.—¡Señores! (Aparte.] Usté es el que manda..] Usté nos pone el visto bueno.) Don Régulo. señor Ojeda? PEPE.. PEPE..—De forma que si usté quiere dar un vistacillo. PEPE.. si yo me atreviese. con los dedos. Aquí se puen llevar las cuentas por los deos.CAZORLA. pero antes.. PEPE.) ...) ¿Quiere usted dejar el junquito?. como dice el alcalde.—¡Calle usted.—Con alma y vida..—¿Eh? PEPE.—La cosa que ha venido a tratar es grave y urgente.

perdone esta pequeña [e involuntaria] interrupción en nuestra conferencia. Alto.—Es preciso que su esposo sepa también que el que me inculpa a mí es el canalla de Cazorla.—Sí.. por entre las cortinas. sin sospecharlo. al paño.—Es preciso que le digamos que no soy yo. le diré a su esposo... echarla a usted en brazos del alcalde. los otros.—Y claro está que yo. PEPE.] por rincones y pasillos. (Abre la puerta segunda derecha.—¡Muchísimas gracias. EDUARDA. a EDUARDA. que el que le hace a usted el amor. [que] no soy yo.—(Por entre las cortinillas.. PEPE. EDUARDA. a PEPE OJEDA. Pero le añadiré que él.) Nos oyen.—¡Ah!. EDUARDA. ¿No es verdad todo esto.—Tan verdad como el Evangelio. DON RÉGULO..—(Aparte. PEPE.) Audacia. por la segunda derecha. que he llegado hace cuarenta y ocho horas a este pueblo.. Ojeda.) ¿Quién? PEPE. señora? (Se han ido asomando poco a poco DON ACISCLO y CAZORLA. como usted me exige.) Pero. no.] artera! PEPE. (Le ofrece una silla de espaldas a primera derecha. hace más de seis años. Va a quedar tu honor como las propias rosas. (Se oyen en la habitación primera derecha . señor mío!.. Alto.] porque la honra de una señora tan digna como usted me interesa como mi propia honra.—Que quiere que su esposo me finiquite para que una vez yo en la huesa y don Régulo en presidio.) Pues nada. [dándole cuantas pruebas estime justas. ¡pobre de mí!. por el montante. también es víctima de una villanía inmunda.—(Saliendo.) EDUARDA.—[¡Más que incalificable.) Tenga la bondad.—[¡No ha de serlo!] ¡Pruebas mil puedo dar! PEPE. el que [la viene a usted asediando con cartas y] la atropella y la pellizca bárbara [y villanamente. [que] no soy yo. DON RÉGULO.—¡De una trama diabólica! PEPE. señor. Lo juro por la sagrada memoria de mi padre.—(Ídem. que estaba deseando reanudar. PEPE. señora. ESCENA XI PEPE OJEDA y EDUARDA.] (Se sienta también. [¡que] es el señor alcalde! ¡El señor alcalde! ¿No es esto verdad. [Calma.—Fementida.] que es usted víctima de una calumnia incalificable.—(Aparte. ese zorro consistorial y académico.) EDUARDA. no es verdad? EDUARDA. discreción.—(Aparte. señora..—(Aparte. [y estaba deseando reanudarla. el que le hace a usted el amor. luego.) Silencio.. doña Eduarda.) ¡Ella! EDUARDA.) ¡Tu marido! EDUARDA. EDUARDA. PEPE.

. Ha venido usted con una carga de leña y se va con una viruta..estacazos. y al que no queda ya del bastón más que una viruta.. ¡Por Dios. ¡Falso.—¡Socorro! CAZORLA..—¡Ya le volverá a usted a pegar! ¡No se apure! DON ACISCLO.. DON RÉGULO...—Yo no fue sino que le gasté unas bromas. ¡Mi honor ante todo! [DON ACISCLO. lo que ha dicho este señor es la verdad. y yo le juro.. que los persigue frenético.—¿Pues qué quería usted. ESCENA XII .—[¡Pues a palos!] (Salen... descompuestos... [EDUARDA. pero] sí.—¡Granujas.—¿Qué más satisfacción?. mi cultiparlante amigo! DON ACISCLO. con los pelos en desorden. vámonos. don Régulo!.—¿De modo que todos aquellos cardenales. que es una calumnia! ¡Sujetarlo! [EDUARDA..) ¡Y usté jugarnos esta encerrona! PEPE.—¡Auxilio!.—Parece que están jugando a carambolas. que se juega!] DON RÉGULO.—¡Me ha hecho pedazos! PEPE. DON RÉGULO..) EDUARDA.—¿Pero es de veras lo que he oído. (Señala a DON ACISCLO. PEPE.—¡Y mañana nos vamos del pueblo!.—¡Qué traición! PEPE..—¡Me darán ustedes una satisfacción!. (Más golpes.—¡Ha sido una infamia! CAZORLA.—¡Pues no. vámonos.. por Dios. señor Arrambla? CAZORLA.] EDUARDA.—¡Silencio!] DON RÉGULO.—(Amenazador.—De ese papa. Régulo..—¿Y la que me preparaban ustedes a mí.—¡Pero estaban los tres! PEPE.) ¿Pero qué sucede ahí dentro? PEPE. cálmate! (Se lo lleva. DON ACISCLO y CAZORLA huyendo de DON RÉGULO. conque no sé.) DON ACISCLO.—No..—¡Sujetarlo. ayes.. impostura!.—¡Jesús! PEPE. golpes.. PEPE. zarandearme la masa pilosa y que yo permaneciese estático? CAZORLA. No te pierdas por esos bribones.—¡Canallas! ¡Miserables! DON ACISCLO.. bandidos! EDUARDA..) DON RÉGULO. gritos de socorro.) DON ACISCLO...—¡Cada uno tiene su manera de exterminar insectos acrobáticos. DON RÉGULO. Eduarda? EDUARDA.—¡Cálmate..—[Yo ignoraba que estuvieses con ellos.? PEPE.—¡Meternos en una ratonera! PEPE.. lívidos.—Vámonos.—¡Déjame que los mate!..

..) Señores.—Pase usted.—Entonces.) ¿Pero qué dicen? ALFREDO.. (ALFREDO se la da.) Por su sobrina de usted.. le alojo a usted en la deforme pelota que está haciendo pasar por cráneo. un recibo de dos mil pesetas y un perro rabioso. calma.. y a su digno secretario. (Le apunta con la browning. que ya está en la estación. ALFREDO.—Dale la maleta.—(Asombrado. y debemos advertirle que como en la vía pública cualquier cofrade trate de agredirnos.—No.] alcalde.—Aquí traigo mis credenciales. ¿ustedes han venido?..—(Asombrado. por correo! PEPE.) FIN DE «LOS CACIQUES» . PEPE. dueño y señor de este pueblo insigne.. presento a usted al señor delegado del Gobierno. apreciable y exiguo filósofo.) PEPE. DON ACISCLO.. un poco de calma. CAZORLA. (Se estrechan la mano. MONREAL. el Carlanca...—Señor Ojeda. (A DON ACISCLO. varios jamones. dos kilómetros de longaniza. MONREAL..—Adelante.) ¡Ah. señor alcalde. un ligero "match" de boxeo.) Andando. Tengo el honor de presentarle a don Acisclo [Arrambla Pael.—Nada. y que conste que los españoles no podremos gritar con alegría "¡Viva España!" hasta que hayamos matado para siempre a los caciques! (Vase. No hemos terminado. Telón. MONREAL. Y usted.) ¡Y a este señor es al que deben ustedes tocarle el pasodoble de Joselito! ¡Qué sigan ustedes bien!.DICHOS. ¿Pero qué les ha ocurrido.... ALFREDO. ¿Cómo?. les observo una agitación?... aquí está el señor Monreal. que aparecen por la izquierda. los libros. PEPE. DON ACISCLO. DON ACISCLO. ALFREDO y MONREAL. PEPE.. tendrá la exquisitez de acompañarnos. (Volviendo..—¡Detalles. un esferoide plúmbeo.) CAZORLA.) ¿Eh?.—Hasta el propio "sleeping".—Tío. PEPE... mi querido amigo. con un alcalde de pronóstico.—¿Yo? PEPE.—(Que ha salido con la maleta y la manta. señor Monreal. Señor alcalde.—(Reverencia.—Pero.. que es el que viene a ajustarles a ustedes las cuentas.—Conque aquí le dejo a usted. pase usted...