Primera infancia

El miedo se encuentra presente en nuestra programación genética.

Este se manifiesta antes de los seis meses de vida manifestándose en el miedo a alturas, a
extraños. En esta etapa surge la ansiedad de separación ante la figura de apego. El lograr que
los niños sean autónomos es un objetivo que los padres deben asumir en su educación, para
lograr este objetivo los padres deben considerar al niño como un ser social que debe interactuar
con diversas personas (siempre asegurando la integridad y seguridad del niño), promoviendo la
convivencia familiar, entre amigos, etc.

El miedo infantil

Dicen que los extremos se tocan, y en el tema de los miedos tienen como resultado un común
denominador “MIEDO”. El contexto familiar (padre / madre), influye en la aparición de los
miedos, este se manifiesta de la siguiente forma:

a. Educación sobreprotectora: “Mira ese perro grande, no te acerques te puede morder”(padres
que ven peligros constantes y envían señales de advertencias a sus hijos, impidiendo desarrollar
en los niños experiencias que les permitan adquirir seguridad).

b. Educación autoritaria: (padres y madres que avergüenzan y culpabilizan a sus hijos,
generando inseguridad y baja autoestima).

Los estímulos que genera el miedo mandan señales directas al tálamo y la amígdala, quienes de
forma inmediata avisan a diversos órganos (corazón, pulmones, vasos sanguíneos, sistema
inmunológico, glándulas suprarrenales) de nuestro cuerpo sobre el estado de alerta, el siguiente
aviso lo recibe la corteza cerebral quien analiza la situación logrando identificar el estímulo y
determinar si es peligro superado o no. Cuando un niño escucha un trueno con una explicación,
sentirse seguro o simplemente con racionalizar que es un proceso natural el estímulo – miedo
será superado

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