Horror en la casa Alberti

CATORCE

Francis cayó al suelo en una posición en la que pudo proteger a su hijo más pequeño que
había caído junto con él. Felipe moría de miedo mientras veía luchar a Solomon Price contra la
criatura que hacía poco era Antonio, su mejor amigo. No podía aceptar lo que estaba ocurriendo.
Cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas que todo fuera una pesadilla.
El ejecutor Price saltó sobre el merodeador fallando la estocada que había lanzado para
matar a su enemigo. La criatura lo embistió salvajemente haciéndole perder el equilibrio y los
dos rodaron por el piso. Antonio poseído, aprovechó la ocasión y mordió a Solomon en el
hombro derecho con sus dientes de piraña. El ejecutor soltó un grito de dolor y golpeó varias
veces las costillas del merodeador pero este no lo soltó. El monstruo mordisqueó el hombro del
hombre y la sangre que salió de la herida manchando el piso. Un grito agudo salió de la garganta
de la criatura y el ejecutor sintió como se estremecía de dolor sobre él. Solomon Price no perdió
tiempo y se la sacó de encima con ayuda de sus piernas. El merodeador se retorcía de dolor entre
espasmos y horrorosos chillidos. Una sustancia verde luminosa cubría varias partes del cuerpo
de la criatura. Solomon no entendió lo que pasaba hasta que vio a Lucio Alberti en un rincón de
la habitación con las manos sucias de aquella sustancia luminosa, ojeando el libro
frenéticamente.
—Yo también tengo mis trucos, ejecutor Price —le dijo al ejecutor y volvió a zambullir la
cara en el texto. Luego el viejo Alberti inició unos cánticos que había encontrado en una de las
páginas arcanas, y aquellos cánticos afectaban y causaban más dolor a la criatura.
Price se levantó sangrando mucho y a duras penas corrió hasta donde el merodeador para
rematarlo en medio de su sufrimiento. Levantó en alto su cuchillo y apuntó a la criatura.
—Ahora sí ha llegado tu hora. Te veré en el infierno.
La hoja brilló sobrenatural en la oscuridad y se enterró en el estómago del merodeador.
Felipe trató de detener a Solomon para que no matara a su amigo, pero su padre lo detuvo. Ya no
había nada más por hacer. La criatura lanzó un chillido lastimero que laceró los tímpanos del
ejecutor, quien retiró el cuchillo de su vientre y lo volvió a enterrar en el pecho del monstruo. La
sangre surgió a borbotones por la boca del merodeador y sus gritos fueron ahogados por el
líquido rojo que empapó la mueca de maldad que era su cara. La criatura estaba muerta.
—¡Lucio! —se acercó Francis al viejo al verlo precipitarse al suelo. Estaba casi desmayado.
—¿El merodeador está muerto?
—Sí, Solomon acabó el trabajo.
—Bien. Entonces ya podré descansar en paz. Lamento mucho todo lo que ha ocurrido por mi
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El puñal de Lucio Alberti que él había recogido del suelo para matar a Francis probó más sangre. mañana veré un nuevo amanecer lejos de este asqueroso lugar. se lanzaron entre gritos y alaridos contra el ejecutor. sólo no puedo dejar cabos sueltos ni testigos de lo que pasó aquí. —¿Qué haremos ahora con todo lo que ha pasado? —No sé lo que harás tú pero te diré que esto irá a parar a la bóveda de seguridad del Bureau. —Déjalo ya Salander. !Despierta Lucio! —Francis trató de reanimarlo pero Lucio Alberti agotado. donde nadie lo volverá a usar para traer a otra de esas criaturas del Mundo Tenebroso —le dijo el ejecutor al periodista mientras recogía el grueso volumen del suelo—. —¿Pero qué le diremos a Teo sobre Antonio y a la gente sobre lo que ha sucedido aquí? —Nadie le dirá nada a nadie —respondió el ejecutor —porque los muertos no hablan. A diferencia de ti. Solomon se desembarazó de Francis que cayó muerto al suelo y se defendió sin dificultad de los hermanos. sólo dejó escapar un último suspiro y murió. Lamento mucho todo lo que ha en la casapor ocurrido Alberti mi culpa… —¿Lucio? No te mueras ahora que todo ha terminado. Te advertí que no intervinieran en mis asuntos. —Pero no estaré muerto como tú y tus hijos. Miró el rostro inexpresivo de Solomon y lo agarró por la chaqueta tratando de defenderse. Entonces ya podré descansar en paz. Francis sintió como se desgarró algo en su estómago y vio el puñal de Lucio clavado hasta el mango en su barriga. no volvió a abrir los ojos. Horror —Bien. No es algo personal. Este libro es demasiado peligroso para que no esté a buen recaudo. Mario y Felipe. periodista. 55 . al ver a su padre herido. el estúpido está muerto —le dijo el ejecutor a Francis que trataba de reanimar el cadáver de Lucio. Debiste irte con tu hijo cuando te di la oportunidad. —Eres un desgraciado maldito.

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