Las reglas generales del café filosófico, ésas que se encuentran prácticamente en todos los lugares

que ostentan ese mismo nombre, son extremadamente simples y limitadas en número. (1) Cada
persona hablará cuando sea su turno, levantando la mano para pedir la vez; turnos que serán
concedidos por el animador del café según un orden definido, aproximadamente, según el
momento de la petición. (2) Está terminantemente prohibido interrumpir a quien esté haciendo
uso del turno de palabra. Únicamente el organizador podrá limitar el tiempo de los discursos, o
volver a centrar el desarrollo del debate, o explicar una proposición demasiado enrevesada, etc.
Pero lo que nunca debería hacer es intentar usar su posición de autoridad relativa que le ha sido
concedida por el grupo para imponer cualquier tipo de visión personal

En primer lugar, solicitará que sean aclarados los discursos que le parezcan confusos o de difícil
comprensión.

En segundo lugar, propondrá a quién se haya extendido excesivamente en su discurso, que
formule una conclusión en la que de forma concisa se resuman sus palabras. Debe evitar formular
él mismo la explicación o la conclusión en lugar de la persona en cuestión. Si dicha persona parece
que tiene dificultades para resumir su propio discurso, y si finalmente el animador se decide a ello,
se hará siempre, por supuesto, con el beneplácito del propio participante y con su posterior
aceptación de la formulación de sus palabras por parte del animador.

En tercer lugar, incitará a los participantes a ir más lejos en su pensamiento, formulándoles
preguntas o planteándoles alguna objeción a su argumentación. Este recurso deberá, mediante un
“proceso anagógico”, conseguir que el participante progresivamente tome conciencia de su propio
pensamiento y que sea capaz de expresar los pre-supuestos sobre los que se basa su discurso y
que hasta entonces estaban latentes.

En cuarto lugar, comparará las diversas proposiciones expresadas por distintos participantes, en la
medida en la que este modo de contemplar la problemática permita establecer conexiones y
vínculos insospechados.

En quinto lugar, reformulará periódicamente las aportaciones según vayan surgiendo y
modificándose a lo largo del debate. Lo que no deberá impedirle sugerir una o dos posibles líneas
de reflexión.

En sexto lugar, podrá relacionar las problemáticas que hayan surgido a lo largo del debate con
aquellas formuladas con anterioridad por ciertos filósofos consagrados, con el fin de dar más
seguridad a los participantes, de animarles en su indagación personal y como medio para

. y subrayar así los momentos más destacadas de la discusión.proporcionarles ciertos elementos de la “cultura filosófica”.