IVA y la profundización de la desigualdad

Como parte del paquetazo económico que ha empezado a ejecutar el presidente
Santos, se plantea que urge incrementar la tarifa del IVA del 16% al 19% para
intentar paliar la crisis económica y atender las exigencias de la OCDE. Esta
medida intenta sumarse al pírrico aumento del salario mínimo y el alza en las
tarifas de energía, y pretende ser complemento de otras acciones
gubernamentales como la venta de Isagén, el incremento de la edad para
pensionarse, la ampliación de la base gravable del impuesto de renta para
personas que ganen 2,3 salarios mínimos, entre otras.

La propuesta conserva el espíritu oficial de los últimos 25 años: mantener los
privilegios de los poderosos mientras se despoja a las capas medias y bajas de la
población. Es la lógica de apretarle el cinturón a los menos pudientes, no con el
objetivo de resolver la crisis de fondo sino de solventarla momentáneamente en
beneficio de unos pocos.

El IVA es por definición uno de los impuestos más regresivos e inequitativos que
existen. Grava por igual el consumo de ricos y pobres sin que se tenga en cuenta
el nivel de ingresos o de ahorro, es decir, una persona que gana 20 salarios
mínimos al mes, tiene propiedades y puede ahorrar, paga la misma tarifa que un
trabajador que gana 1 salario mínimo, no posee propiedades, no tiene ahorros y
tiene deudas.

A pesar de esto, en Colombia el IVA se ha constituido en una de las principales
fuentes de ingresos del Estado. Mientras en 2014 el IVA significó el 26% del
recaudo tributario total, en el 2015 ya se ubicaba en el 28%. De hecho, en
Latinoamérica el IVA es el único impuesto que se ha incrementado en los
últimos años, pasando de una tarifa promedio del 13% en 1995 al 15% en 2010,
al mismo tiempo que la tasa promedio del impuesto a la renta disminuyó en la
región, pasando del 50% al 28% entre 1980 y 2012 (OXFAM, 2015).

Elevar la tarifa del IVA constituye un ataque a los más pobres ya que productos
de primera necesidad y servicios esenciales que son gravados con este impuesto
son fundamentales para suplir las necesidades más básicas de las personas, o sea,
no son lujos. Plantear -como lo hace el gobierno- que a productos como el arroz,
la leche, los huevos, la carne y el pescado también se les debe aplicar el IVA,
implica además castigar a las familias con un doble incremento ya que el precio
de estos alimentos ha subido considerablemente en los últimos meses por efecto
del alza del dólar.

mientras a las compañías mineras y a las grandes transnacionales las trata con guantes de seda. Esto implica que los más pobres soportan una carga 2. El BID señala que en Latinoamérica el 20% más pobre dedica un 13.7% del ingreso a pagar el IVA. pretende profundizarse. Mientras se pretende poner a los colombianos de a pie a pagar más impuestos.4 veces más alta que los ricos. tocará inventar otro índice para medir la desigualdad en Colombia porque ni el de Gini alcanzará a hacerlo. a las grandes empresas les perdonó por este concepto 6.8% de sus ingresos (Recaudar no basta: los impuestos como instrumento de desarrollo. . A este paso.El propio Banco Interamericano de Desarrollo reconoce la inequidad asociada al cobro del IVA.7 billones de pesos en 2014. 2012). situación que configura una alta regresividad que en lugar de combatirse. mientras que el 20% más rico destina apenas un 5. Contrasta la actitud dura e inflexible del gobierno con los trabajadores y la clase media.